• -desde que las flores unión aparecieron, los entrenadores empezaron a cambiar sus apariencias físicas comoe recto secundario, ahora me parezco más a Jellicent- suspira mientras se pellizcar las mejillas y se mira el pelo y ojos -mis ojos amapola y pelo rosa.... Bueno supongo que tendré que acostumbrarme al azul de ahora en adelante-
    -desde que las flores unión aparecieron, los entrenadores empezaron a cambiar sus apariencias físicas comoe recto secundario, ahora me parezco más a Jellicent- suspira mientras se pellizcar las mejillas y se mira el pelo y ojos -mis ojos amapola y pelo rosa.... Bueno supongo que tendré que acostumbrarme al azul de ahora en adelante-
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  • No me gusta mancharme las manos pero no me crea otra que hacer esto
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  • Toca decorar Mondstadt para este mes~. ¡Le va a encantar a Klee!
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  • —Sirius estuvo entrenando por meses en compañia de aquella mujer,la cual nunca vio su rostro,solo conocia sus manos y su voz,lo demas estaba cubierto por una tunica marron claro con una capucha que impedia que se viera su rostro,un dia,harto de las simulaciones de combate con muñecos,decidio hacer algo nuevo—



    —¿Por que no entrenas conmigo?


    -le pregunto a aquella mujer-

    "Si eso quieres"

    —Ella tomo una espada de los maniquíes y empezo a entrenar con el,la velocidad,agilidad y fuerza de Sirius se cuadrupicaron en comparación a antes,ahora era un perfecto espadachin,casi recordaba a los antiguos Samurai con su armadura puesta,la mujer era bastante agil con la espada,pero Sirius estaba 3 movimientos adelantados a ella,podia ver todas las opciones de ataque de su contrincante mientras defendia—


    —Luego de unos pocos minutos de combate,el logro desarmarla y empuñar ambas espadas a la vez,siendo el vencedor de el combate—


    "Estas listo,estas listo para salir al mundo y demostrar de lo que eres capaz"


    —Ella se acerco a el y tomo su casco con suavidad—


    "Se que no fallaras"


    —La mujer le dio un pequeño beso en la frente y se retiro,Sirius solo se le quedo viendo bastante confundido—
    —Sirius estuvo entrenando por meses en compañia de aquella mujer,la cual nunca vio su rostro,solo conocia sus manos y su voz,lo demas estaba cubierto por una tunica marron claro con una capucha que impedia que se viera su rostro,un dia,harto de las simulaciones de combate con muñecos,decidio hacer algo nuevo— —¿Por que no entrenas conmigo? -le pregunto a aquella mujer- "Si eso quieres" —Ella tomo una espada de los maniquíes y empezo a entrenar con el,la velocidad,agilidad y fuerza de Sirius se cuadrupicaron en comparación a antes,ahora era un perfecto espadachin,casi recordaba a los antiguos Samurai con su armadura puesta,la mujer era bastante agil con la espada,pero Sirius estaba 3 movimientos adelantados a ella,podia ver todas las opciones de ataque de su contrincante mientras defendia— —Luego de unos pocos minutos de combate,el logro desarmarla y empuñar ambas espadas a la vez,siendo el vencedor de el combate— "Estas listo,estas listo para salir al mundo y demostrar de lo que eres capaz" —Ella se acerco a el y tomo su casco con suavidad— "Se que no fallaras" —La mujer le dio un pequeño beso en la frente y se retiro,Sirius solo se le quedo viendo bastante confundido—
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  • —Estoy bien... no hace falta verlo, Masha y Dimitri se encargaron de esto... —
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  • Es una apariencia que prefería , no vieran los demás .
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  • —Entonces salí a pasear y tuve la suerte de encontrarme con la princesa de la cuadra... ¡Y tuve el honor de acariciarla!
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  • Aja yo te interesaba, aja dame tiempo, Uy si, ME LLEVA LA PXTA MADRE! lo sabía, pero por mi, no hay pedo, así de fácil
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  • Después de su tiempo en los jardines, Adrián se dirigió al salón donde el banquete en su honor estaba a punto de comenzar. Al entrar, el ambiente vibraba con una mezcla de expectación y reverencia. Las amplias mesas estaban dispuestas con meticuloso detalle, cubiertas de finos manteles y adornos florales que contrastaban con los candelabros dorados que iluminaban el lugar. Las copas de cristal relucían bajo la luz, y el aroma de los manjares preparados inundaba el aire.

    A medida que Adrián avanzaba, todos los presentes se levantaron de sus asientos en una muestra de respeto hacia el nuevo rey. Aunque sentía el peso de las miradas sobre él, se mantuvo firme, recordando que su papel ahora no solo consistía en liderar, sino en representar la esperanza del reino. A su lado, Adriana lo acompañaba, y aunque su presencia le daba una sensación de familiaridad, era consciente de que, por esta noche, él era el centro de atención.

    Las conversaciones en el salón continuaron, pero siempre en voz baja, como si la solemnidad del momento exigiera cierta contención. Al llegar a la mesa principal, Adrián tomó asiento en el lugar reservado para él. A su alrededor, figuras prominentes del reino se acomodaban, ansiosos por estar cerca del nuevo monarca. Alexa y Daniel Selene también estaban presentes, situados en una mesa cercana. Ver sus rostros familiares entre los invitados le dio un ligero respiro.

    La comida comenzó a servirse, y pronto el salón se llenó de platos exquisitos: carnes delicadamente asadas, pescados frescos cubiertos de hierbas aromáticas, y una gran variedad de frutas y postres que parecían una obra de arte. Los sirvientes iban y venían, asegurándose de que cada copa estuviera llena de vino y que ningún plato quedara vacío.

    Adrián, sin embargo, apenas podía disfrutar de la comida. A pesar de los abundantes manjares, la presión de la situación lo mantenía alerta. Aunque probaba cada plato que le servían, su mente estaba ocupada con los murmullos a su alrededor, las conversaciones veladas y los gestos de aquellos que buscaban su atención. Los nobles y dignatarios no perdían oportunidad para acercarse y ofrecerle palabras de apoyo o de alabanza, a lo que Adrián respondía con cortesía:
    "Es un honor compartir este momento con todos vosotros."
    "Espero estar a la altura de las expectativas de este reino."

    Mientras avanzaba la noche, el banquete continuaba, y las conversaciones se hacían más animadas, aunque siempre con un trasfondo de formalidad. Adrián notaba cómo las sonrisas y los brindis iban en aumento, pero también percibía la cautela en muchos de los presentes. Era consciente de que para algunos, él seguía siendo el hijo ilegítimo, y su derecho al trono todavía era cuestionado.

    A pesar de esto, se esforzaba por mostrarse confiado, sabiendo que cada gesto suyo sería observado y comentado. Mientras tanto, Adriana le dirigía miradas discretas, como si tratara de asegurarse de que su hermano se mantuviera centrado. Su compañía, junto con la presencia de Alexa y Daniel, le daba algo de consuelo en una noche que, de otro modo, habría sido mucho más solitaria.

    El banquete era grandioso y parecía no tener fin, con una sucesión de platos interminables que reflejaban la opulencia del reino. Aunque la comida y la bebida fluían en abundancia, Adrián sabía que su verdadera tarea no era disfrutar de los placeres del festín, sino establecer su lugar como líder.
    Después de su tiempo en los jardines, Adrián se dirigió al salón donde el banquete en su honor estaba a punto de comenzar. Al entrar, el ambiente vibraba con una mezcla de expectación y reverencia. Las amplias mesas estaban dispuestas con meticuloso detalle, cubiertas de finos manteles y adornos florales que contrastaban con los candelabros dorados que iluminaban el lugar. Las copas de cristal relucían bajo la luz, y el aroma de los manjares preparados inundaba el aire. A medida que Adrián avanzaba, todos los presentes se levantaron de sus asientos en una muestra de respeto hacia el nuevo rey. Aunque sentía el peso de las miradas sobre él, se mantuvo firme, recordando que su papel ahora no solo consistía en liderar, sino en representar la esperanza del reino. A su lado, Adriana lo acompañaba, y aunque su presencia le daba una sensación de familiaridad, era consciente de que, por esta noche, él era el centro de atención. Las conversaciones en el salón continuaron, pero siempre en voz baja, como si la solemnidad del momento exigiera cierta contención. Al llegar a la mesa principal, Adrián tomó asiento en el lugar reservado para él. A su alrededor, figuras prominentes del reino se acomodaban, ansiosos por estar cerca del nuevo monarca. Alexa y Daniel Selene también estaban presentes, situados en una mesa cercana. Ver sus rostros familiares entre los invitados le dio un ligero respiro. La comida comenzó a servirse, y pronto el salón se llenó de platos exquisitos: carnes delicadamente asadas, pescados frescos cubiertos de hierbas aromáticas, y una gran variedad de frutas y postres que parecían una obra de arte. Los sirvientes iban y venían, asegurándose de que cada copa estuviera llena de vino y que ningún plato quedara vacío. Adrián, sin embargo, apenas podía disfrutar de la comida. A pesar de los abundantes manjares, la presión de la situación lo mantenía alerta. Aunque probaba cada plato que le servían, su mente estaba ocupada con los murmullos a su alrededor, las conversaciones veladas y los gestos de aquellos que buscaban su atención. Los nobles y dignatarios no perdían oportunidad para acercarse y ofrecerle palabras de apoyo o de alabanza, a lo que Adrián respondía con cortesía: "Es un honor compartir este momento con todos vosotros." "Espero estar a la altura de las expectativas de este reino." Mientras avanzaba la noche, el banquete continuaba, y las conversaciones se hacían más animadas, aunque siempre con un trasfondo de formalidad. Adrián notaba cómo las sonrisas y los brindis iban en aumento, pero también percibía la cautela en muchos de los presentes. Era consciente de que para algunos, él seguía siendo el hijo ilegítimo, y su derecho al trono todavía era cuestionado. A pesar de esto, se esforzaba por mostrarse confiado, sabiendo que cada gesto suyo sería observado y comentado. Mientras tanto, Adriana le dirigía miradas discretas, como si tratara de asegurarse de que su hermano se mantuviera centrado. Su compañía, junto con la presencia de Alexa y Daniel, le daba algo de consuelo en una noche que, de otro modo, habría sido mucho más solitaria. El banquete era grandioso y parecía no tener fin, con una sucesión de platos interminables que reflejaban la opulencia del reino. Aunque la comida y la bebida fluían en abundancia, Adrián sabía que su verdadera tarea no era disfrutar de los placeres del festín, sino establecer su lugar como líder.
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  • Dato Curioso no. 2

    A Lucifer le importa poco al momento de tener sexo si es quien da o quien recibe (cuando se acuesta con hombres), sin embargo, cuando lo hace (recibir) para poder disfrutarlo de verdad, necesita sentir dolor, mucho dolor, le gusta que le provoquen heridas que lo hagan sangrar, es parte de su placer.
    Dato Curioso no. 2 A Lucifer le importa poco al momento de tener sexo si es quien da o quien recibe (cuando se acuesta con hombres), sin embargo, cuando lo hace (recibir) para poder disfrutarlo de verdad, necesita sentir dolor, mucho dolor, le gusta que le provoquen heridas que lo hagan sangrar, es parte de su placer.
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