• ¿𝑺𝒂𝒃𝒊́𝒂𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒍𝒂𝒔 𝒆𝒔𝒕𝒓𝒆𝒍𝒍𝒂𝒔 𝒕𝒂𝒎𝒃𝒊𝒆́𝒏 𝒄𝒖𝒆𝒏𝒕𝒂𝒏 𝒔𝒆𝒄𝒓𝒆𝒕𝒐𝒔, 𝒑𝒆𝒓𝒐 𝒔𝒐𝒍𝒐 𝒂 𝒒𝒖𝒊𝒆𝒏𝒆𝒔 𝒔𝒆 𝒅𝒆𝒕𝒊𝒆𝒏𝒆𝒏 𝒂 𝒆𝒔𝒄𝒖𝒄𝒉𝒂𝒓𝒍𝒂𝒔?
    ¿𝑺𝒂𝒃𝒊́𝒂𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒍𝒂𝒔 𝒆𝒔𝒕𝒓𝒆𝒍𝒍𝒂𝒔 𝒕𝒂𝒎𝒃𝒊𝒆́𝒏 𝒄𝒖𝒆𝒏𝒕𝒂𝒏 𝒔𝒆𝒄𝒓𝒆𝒕𝒐𝒔, 𝒑𝒆𝒓𝒐 𝒔𝒐𝒍𝒐 𝒂 𝒒𝒖𝒊𝒆𝒏𝒆𝒔 𝒔𝒆 𝒅𝒆𝒕𝒊𝒆𝒏𝒆𝒏 𝒂 𝒆𝒔𝒄𝒖𝒄𝒉𝒂𝒓𝒍𝒂𝒔?
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  • Kymsu dejó la carta de renuncia en la pastelería. Pidió disculpas a sus compañeras de piso y empacó sus cosas en preparación a lo que iba a hacer.

    Habían pasado meses desde que cambió a su cuerpo actual, pero, ¿había valido la pena? Por años pensaba que las catames que cambiaban por la aceptación social eran débiles, estúpidas, traicioneras... sin embargo, ella cayó, y mucho peor que caer, se dejó convencer por una bruja que le prometió maravillas, ¡una vida mejor! Pero esa vida fue al costo de lo que profundamente hacía a Kymsu ser ella misma.

    Su arrepentimiento comenzó tras encontrar unas fotografías y los diarios que había escrito mientras trabajaba en el bar de Koray, el bar "Chichonas" donde escribía sobre la libertad de su gente y cómo nunca iba a rendirse.

    — ¡Quiero revertirlo! —Su puño golpeaba la puerta de aquella casa remota, rodeada de un bosque que parecía abrazarla, esconderla de los demás. Ella estaba buscando a la hechicera que la transformó.

    —¿¿Hola??— Su rostro apegado al vidrio de la puerta buscaba a la anciana, pero nadie parecía estar en casa. ¿Estaba ignorándola? Kymsu continuó golpeando la puerta, desesperándose al imaginarse que no había manera de volver a como era antes. —¡¡Por favor!! ¡Necesito su ayuda! —

    Un par de horas habían pasado, el cielo se empezaba a oscurecer y su voz estaba ronca de tanto gritar y sus ojos enrojecidos por tanto llorar. Estaba a punto de rendirse cuando escuchó movimiento aproximarse desde el camino entre los árboles: era ella. Una anciana de menos de metro y medio, cabello rizado blanco que caía como cascada alrededor de su rostro. Parecía contenta y sorprendida de ver a Kymsu.

    — Oh my, la-niña, ¿qué haces aquí? — la señora se movía con tranquilidad, arrastrando un pequeño cesto con ruedas que estaba lleno de frutas, verduras y hojas verdes de todo tamaño. Se detuvo en la entrada, ofreciéndole una mano a la muchacha. Kymsu se puso de pie rápidamente y se limpió el rostro húmedo en lágrimas.

    —... P-pensé que me estaba ignorando. —
    —¡Jajaja! —su carcajada acompañó el campaneo de sus llaves tras adelantarse para abrir la puerta. Su voz era como un cálido abrazo.— Calma esos nervios. Adelante, adelante. Ya que estás aquí, qué tal si me ayudas a guardar las verduras y me cuentas qué buscabas, ¿hm? —

    Kymsu asintió.

    Pasó la tarde con la anciana, haciendo lo que le pedía. De cierta manera había entrado a modo "trabajo" y solamente actuaba por costumbre: barría, limpiaba, recogía, apartaba las sobras que pudieran entorpecer a la hechicera mientras parecía trabajar una poción de color cambiante. Kymsu quería esperar a que terminara de trabajar para pedirle ayuda, pero cayó exhausta en el sofá.

    Y en el estado hipnagogico escuchó a la anciana aproximarse a paso lento. Sostenía una taza con la pócima que había estado preparando.

    — La-niña, toma. Te hará bien—dijo—, te buscaré una cobijita.

    Kymsu no recordó haberse dormido; tras haberse tomado el té de hierbas, su cabeza se sintió pesada y experimentó sueños vívidos bastante extraños. No sabía por cuántas horas había dormido, pero despertó bañada en sudor.

    —¿Qué hora es...? —y al intentar buscar su teléfono, sintió que su mano estaba atascada en el sofá. Intentó halar, pero no podía soltarse. Se asustó aún más al notar que escuchaba todo mucho más alto que antes, los colores se veían distintos, y algo le estorbaba en la espalda ¿tenía su cola nuevamente? Se incorporó lo más rápido que pudo, sus garras se habían atascado al mueble. Se sentía torpe en su cuerpo nuevamente, se tropezó en su propia cola al caminar y el sonido de la madera crujiendo mientras caminaba resultaba escandaloso a sus oídos, pero cuando alcanzó a encontrar un espejo, sus ojos se humedecieron, emocionada.

    ¡Volvió a ser una catame!

    Escuchó a la anciana hablar desde la otra habitación.

    —¿Ya te despertaste, la-niña? —
    Kymsu corrió hacia ella y la abrazó con fuerza.

    — ¡G-gracias! —sollozaba de felicidad. La anciana sólo le palmeó la espalda, y agregó, soltándose de su abrazo con delicadeza.

    —Ya... ya, pero váyase pronto, que los gatos me dan alergias. —se rió y tras besar la frente de Kymsu, le dejó ir.
    Kymsu dejó la carta de renuncia en la pastelería. Pidió disculpas a sus compañeras de piso y empacó sus cosas en preparación a lo que iba a hacer. Habían pasado meses desde que cambió a su cuerpo actual, pero, ¿había valido la pena? Por años pensaba que las catames que cambiaban por la aceptación social eran débiles, estúpidas, traicioneras... sin embargo, ella cayó, y mucho peor que caer, se dejó convencer por una bruja que le prometió maravillas, ¡una vida mejor! Pero esa vida fue al costo de lo que profundamente hacía a Kymsu ser ella misma. Su arrepentimiento comenzó tras encontrar unas fotografías y los diarios que había escrito mientras trabajaba en el bar de Koray, el bar "Chichonas" donde escribía sobre la libertad de su gente y cómo nunca iba a rendirse. — ¡Quiero revertirlo! —Su puño golpeaba la puerta de aquella casa remota, rodeada de un bosque que parecía abrazarla, esconderla de los demás. Ella estaba buscando a la hechicera que la transformó. —¿¿Hola??— Su rostro apegado al vidrio de la puerta buscaba a la anciana, pero nadie parecía estar en casa. ¿Estaba ignorándola? Kymsu continuó golpeando la puerta, desesperándose al imaginarse que no había manera de volver a como era antes. —¡¡Por favor!! ¡Necesito su ayuda! — Un par de horas habían pasado, el cielo se empezaba a oscurecer y su voz estaba ronca de tanto gritar y sus ojos enrojecidos por tanto llorar. Estaba a punto de rendirse cuando escuchó movimiento aproximarse desde el camino entre los árboles: era ella. Una anciana de menos de metro y medio, cabello rizado blanco que caía como cascada alrededor de su rostro. Parecía contenta y sorprendida de ver a Kymsu. — Oh my, la-niña, ¿qué haces aquí? — la señora se movía con tranquilidad, arrastrando un pequeño cesto con ruedas que estaba lleno de frutas, verduras y hojas verdes de todo tamaño. Se detuvo en la entrada, ofreciéndole una mano a la muchacha. Kymsu se puso de pie rápidamente y se limpió el rostro húmedo en lágrimas. —... P-pensé que me estaba ignorando. — —¡Jajaja! —su carcajada acompañó el campaneo de sus llaves tras adelantarse para abrir la puerta. Su voz era como un cálido abrazo.— Calma esos nervios. Adelante, adelante. Ya que estás aquí, qué tal si me ayudas a guardar las verduras y me cuentas qué buscabas, ¿hm? — Kymsu asintió. Pasó la tarde con la anciana, haciendo lo que le pedía. De cierta manera había entrado a modo "trabajo" y solamente actuaba por costumbre: barría, limpiaba, recogía, apartaba las sobras que pudieran entorpecer a la hechicera mientras parecía trabajar una poción de color cambiante. Kymsu quería esperar a que terminara de trabajar para pedirle ayuda, pero cayó exhausta en el sofá. Y en el estado hipnagogico escuchó a la anciana aproximarse a paso lento. Sostenía una taza con la pócima que había estado preparando. — La-niña, toma. Te hará bien—dijo—, te buscaré una cobijita. Kymsu no recordó haberse dormido; tras haberse tomado el té de hierbas, su cabeza se sintió pesada y experimentó sueños vívidos bastante extraños. No sabía por cuántas horas había dormido, pero despertó bañada en sudor. —¿Qué hora es...? —y al intentar buscar su teléfono, sintió que su mano estaba atascada en el sofá. Intentó halar, pero no podía soltarse. Se asustó aún más al notar que escuchaba todo mucho más alto que antes, los colores se veían distintos, y algo le estorbaba en la espalda ¿tenía su cola nuevamente? Se incorporó lo más rápido que pudo, sus garras se habían atascado al mueble. Se sentía torpe en su cuerpo nuevamente, se tropezó en su propia cola al caminar y el sonido de la madera crujiendo mientras caminaba resultaba escandaloso a sus oídos, pero cuando alcanzó a encontrar un espejo, sus ojos se humedecieron, emocionada. ¡Volvió a ser una catame! Escuchó a la anciana hablar desde la otra habitación. —¿Ya te despertaste, la-niña? — Kymsu corrió hacia ella y la abrazó con fuerza. — ¡G-gracias! —sollozaba de felicidad. La anciana sólo le palmeó la espalda, y agregó, soltándose de su abrazo con delicadeza. —Ya... ya, pero váyase pronto, que los gatos me dan alergias. —se rió y tras besar la frente de Kymsu, le dejó ir.
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  • ──── 𝑺𝒆 𝒒𝒖𝒆 𝒉𝒆 𝒔𝒊𝒅𝒐 𝒖𝒏𝒂 𝒏𝒆𝒏𝒂 𝒎𝒖𝒚 𝒎𝒂𝒍𝒂... ⁠♡ ──── ❛ ❛ 𝑰𝒇 𝒕𝒉𝒆𝒓𝒆'𝒔 𝒏𝒐 𝒐𝒏𝒆 𝒕𝒐 𝒃𝒍𝒂𝒎𝒆, 𝒃𝒍𝒂𝒎𝒆 𝒊𝒕 𝒐𝒏 𝒎𝒆 ❜ ❜────



    #SeductiveSunday ⁠♡ ────⁠



    https://youtu.be/TNn22P-9juY?si=aghWVgl6OeM3ivLz




    ──── 𝑺𝒆 𝒒𝒖𝒆 𝒉𝒆 𝒔𝒊𝒅𝒐 𝒖𝒏𝒂 𝒏𝒆𝒏𝒂 𝒎𝒖𝒚 𝒎𝒂𝒍𝒂... ⁠♡ ──── ❛ ❛ 𝑰𝒇 𝒕𝒉𝒆𝒓𝒆'𝒔 𝒏𝒐 𝒐𝒏𝒆 𝒕𝒐 𝒃𝒍𝒂𝒎𝒆, 𝒃𝒍𝒂𝒎𝒆 𝒊𝒕 𝒐𝒏 𝒎𝒆 ❜ ❜──── #SeductiveSunday ⁠♡ ────⁠ https://youtu.be/TNn22P-9juY?si=aghWVgl6OeM3ivLz
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  • —Sus dedos sujetaban los lados de su teléfono apagado, la batería se agotó minutos atrás. Cerró los ojos y suspiró con un notable desgano.—
    ¿Y ahora cómo se supone que le avise que ya llegué?
    —Sus dedos sujetaban los lados de su teléfono apagado, la batería se agotó minutos atrás. Cerró los ojos y suspiró con un notable desgano.— ¿Y ahora cómo se supone que le avise que ya llegué?
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  • — Te gusta lo que ves amor? ~ si es asi... Acercate y podras hacer mas que solo ver~

    #SeductiveSunday <3
    — Te gusta lo que ves amor? ~ si es asi... Acercate y podras hacer mas que solo ver~ #SeductiveSunday <3
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  • — Mi traviesa chica elfo.... Y no pienso compartirla—

    #SeductiveSunday

    Adriana Salvatore
    — Mi traviesa chica elfo.... Y no pienso compartirla— #SeductiveSunday [Adri_Salvatore]
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  • — Como no voy a amarla, si ella es asi conmigo —

    <3

    Adriana Salvatore
    — Como no voy a amarla, si ella es asi conmigo — <3 [Adri_Salvatore]
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  • -Gracias... Esto es lo más lindo que alguien me a dado amor mío...

    Sonriendo mientras tomaba aquel dije entre sus dedos notando la magia que desprendía de este.

    -No me lo quitare nunca amor...

    Daniel Selene
    -Gracias... Esto es lo más lindo que alguien me a dado amor mío... Sonriendo mientras tomaba aquel dije entre sus dedos notando la magia que desprendía de este. -No me lo quitare nunca amor... [Hijo_de_la_luna]
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  • —Poco a poco,sus hermanos empezaron a tenerle miedo,su actitud y su sola presencia les erizaba la piel—
    —Poco a poco,sus hermanos empezaron a tenerle miedo,su actitud y su sola presencia les erizaba la piel—
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  • #Byul
    #Family
    - Sleepless part 01 -



    Había regresado de sus clases normalmente, su día había sido tranquilo, concurrente, lleno de actividades que surgieron sin problemas hasta pocas horas antes de terminar su rutina escolar.

    Aunque el único problema fue encontrar cartas de felicitaciones por su cumpleaños impregnadas de feromonas de omegas en su escritorio, no entendía porqué hacían eso, pero supuso que era algo normal, así que las guardó sin pensar mucho en eso. Pero inesperadamente se enfermó después y se desmayó por fiebre y calor. Fue llevado a la enfermería y llamaron a sus padres lo cual creía demasiado dramático, sólo había tenido un poco de calor, pero sus papás sospechaban de algo, así que tuvieron que llevarlo al hospital de confianza.

    Luego de unos exámenes, les dijeron a sus padres que ya era tiempo de volverse a diferenciar. Lo cual hizo y nuevamente se diferenció como Alfa, sólo que ahora en un Alfa dominante. Byul sólo quería ir a casa a dormir, estaba un poco cansado, pero cuando llegaron le hicieron sentarse en el sofá a escuchar las discusiones de sus padres sobre lo que sería de él ahora y que tendría que hacer. Byul se cruzó de brazos y sólo escuchó.

    — Bien, ahora que nuestro pequeño Byul cumplió sus 18 años, es tiempo de que sus medicamentos cambien, según el doctor. Aunque éstos serán un poco fuertes, más que los otros porque.. es posible que tengas tu primer..

    Byul se avergonzó sabiendo lo que sugería e interrumpió a su mamá, había escuchado algo sobre eso en la escuela, pero nunca le había prestado atención por haber estado jugando con sus amigos con pequeñas notas de papel para pasar el rato. No queriendo escuchar el resto y levantándose del sofá decidió reunir fuerzas para hablar en un débil intento de que detuvieran el tema.

    — ¡Me tomaré los medicamentos! ¿Ya puedo irme?

    De repente fue nuevamente sentado por su papá quién tenía una sonrisa tenebrosa en su rostro, Byul se quedó sentado y quieto, aunque su rostro estaba un poco rojizo.

    — No, ahora tendremos la charla, "esa charla" sobre ti.

    Byul se estremeció y negó desconfiado, miró a su mamá en busca de ayuda, pero él sólo sonreía apoyando a su esposo, incluso aplaudía por la nueva función que estaba a punto de suceder, parecía que habían estado esperando ese momento hace mucho tiempo o que lo habían ensayado varias veces. Una función la cual se trataría en traumarlo de por vida, claro eran sus pensamientos un poco exagerados, pero en ese momento mientras escuchaba a su papá, era todo en lo que podía pensar.

    ─────────────

    Después de ese momento incómodo con sus padres, llegó a su habitación, tiró su mochila en su cama y se dejó caer de cara contra ésta también. Ni siquiera quería verse él mismo al espejo para saber que su cara era similar a un tomate, incluso las puntas de sus orejas estaban rojizas y ardían. Suspiró profundamente y deseó poder fundirse en el suave colchón hasta olvidar todo.

    Seguramente esa noche tendría insomnio, seguramente todas las noches tendría insomnio a partir de ahora.

    #Byul #Family - Sleepless part 01 - Había regresado de sus clases normalmente, su día había sido tranquilo, concurrente, lleno de actividades que surgieron sin problemas hasta pocas horas antes de terminar su rutina escolar. Aunque el único problema fue encontrar cartas de felicitaciones por su cumpleaños impregnadas de feromonas de omegas en su escritorio, no entendía porqué hacían eso, pero supuso que era algo normal, así que las guardó sin pensar mucho en eso. Pero inesperadamente se enfermó después y se desmayó por fiebre y calor. Fue llevado a la enfermería y llamaron a sus padres lo cual creía demasiado dramático, sólo había tenido un poco de calor, pero sus papás sospechaban de algo, así que tuvieron que llevarlo al hospital de confianza. Luego de unos exámenes, les dijeron a sus padres que ya era tiempo de volverse a diferenciar. Lo cual hizo y nuevamente se diferenció como Alfa, sólo que ahora en un Alfa dominante. Byul sólo quería ir a casa a dormir, estaba un poco cansado, pero cuando llegaron le hicieron sentarse en el sofá a escuchar las discusiones de sus padres sobre lo que sería de él ahora y que tendría que hacer. Byul se cruzó de brazos y sólo escuchó. — Bien, ahora que nuestro pequeño Byul cumplió sus 18 años, es tiempo de que sus medicamentos cambien, según el doctor. Aunque éstos serán un poco fuertes, más que los otros porque.. es posible que tengas tu primer.. Byul se avergonzó sabiendo lo que sugería e interrumpió a su mamá, había escuchado algo sobre eso en la escuela, pero nunca le había prestado atención por haber estado jugando con sus amigos con pequeñas notas de papel para pasar el rato. No queriendo escuchar el resto y levantándose del sofá decidió reunir fuerzas para hablar en un débil intento de que detuvieran el tema. — ¡Me tomaré los medicamentos! ¿Ya puedo irme? De repente fue nuevamente sentado por su papá quién tenía una sonrisa tenebrosa en su rostro, Byul se quedó sentado y quieto, aunque su rostro estaba un poco rojizo. — No, ahora tendremos la charla, "esa charla" sobre ti. Byul se estremeció y negó desconfiado, miró a su mamá en busca de ayuda, pero él sólo sonreía apoyando a su esposo, incluso aplaudía por la nueva función que estaba a punto de suceder, parecía que habían estado esperando ese momento hace mucho tiempo o que lo habían ensayado varias veces. Una función la cual se trataría en traumarlo de por vida, claro eran sus pensamientos un poco exagerados, pero en ese momento mientras escuchaba a su papá, era todo en lo que podía pensar. ───────────── Después de ese momento incómodo con sus padres, llegó a su habitación, tiró su mochila en su cama y se dejó caer de cara contra ésta también. Ni siquiera quería verse él mismo al espejo para saber que su cara era similar a un tomate, incluso las puntas de sus orejas estaban rojizas y ardían. Suspiró profundamente y deseó poder fundirse en el suave colchón hasta olvidar todo. Seguramente esa noche tendría insomnio, seguramente todas las noches tendría insomnio a partir de ahora.
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