• [Humor Time]

    -Estaba lloviendo pero eso no evitó que Robin se pusiera a cantar, mientras su hermano, Sunday, solo pensaba.
    ¿En que momento su hermana hizo corto circuito? (?) -
    [Humor Time] -Estaba lloviendo pero eso no evitó que Robin se pusiera a cantar, mientras su hermano, Sunday, solo pensaba. ¿En que momento su hermana hizo corto circuito? (?) -
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  • 2 años 4 mese y 1 dia: primer dia de casado con claus hoy salimos a la ciudad y por mi lado a conocer nuevo orleans ya que soy demonio creo que me hare chaman claus pregunto que si le hice brujeria por desgracia eso no sirve con vampiros solo con humanos bueno hasta aqui mi reporte del dia nos vemos mañana
    2 años 4 mese y 1 dia: primer dia de casado con claus hoy salimos a la ciudad y por mi lado a conocer nuevo orleans ya que soy demonio creo que me hare chaman claus pregunto que si le hice brujeria por desgracia eso no sirve con vampiros solo con humanos bueno hasta aqui mi reporte del dia nos vemos mañana
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  • Así es mi humor jxjxjxjxjx jajajajaja jajajajajajaja mi estómago mi estómago ahhhhhhhh!! Jxjxjxjxjxjx veamos quien responde




    https://vm.tiktok.com/ZMkceMH4j/
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  • [PrincipeLiones01] mira, este campo de flores es hermoso..
    ¿No lo crees?
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  • Lisa sostenía la taza de té entre las manos, disfrutando del calor reconfortante que se filtraba a través de la porcelana. La biblioteca estaba en absoluto silencio, solo roto por el ocasional crujir de las páginas al pasar. El aroma a hierbas flotaba en el aire, mezclándose con el sutil olor a libros antiguos. Bebió un sorbo, cerrando los ojos por un instante, saboreando la calma. Afuera, el mundo seguía su curso, pero aquí dentro, todo parecía suspendido en una armonía perfecta. Apoyó la taza en la mesa y retomó su lectura, sumergiéndose de nuevo en su propio refugio.
    Lisa sostenía la taza de té entre las manos, disfrutando del calor reconfortante que se filtraba a través de la porcelana. La biblioteca estaba en absoluto silencio, solo roto por el ocasional crujir de las páginas al pasar. El aroma a hierbas flotaba en el aire, mezclándose con el sutil olor a libros antiguos. Bebió un sorbo, cerrando los ojos por un instante, saboreando la calma. Afuera, el mundo seguía su curso, pero aquí dentro, todo parecía suspendido en una armonía perfecta. Apoyó la taza en la mesa y retomó su lectura, sumergiéndose de nuevo en su propio refugio.
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  • Algún día tener a esa persona que haga que mi piel se erice con un pequeño pero significativo roce ~
    Algún día tener a esa persona que haga que mi piel se erice con un pequeño pero significativo roce ~
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  • "La Sombra del Ayer".
    #monorol

    Lucia observaba a Carmina desde la ventana de la tienda, viendo cómo la joven acomodaba cajas en los estantes con la paciencia de quien ha hecho ese trabajo toda su vida. Su nieta tenía el cabello rizado de su madre, la misma expresión soñadora en los ojos verdes. Cada vez que la veía, un miedo antiguo y persistente le oprimía el pecho. No podía evitarlo.

    Su hija había sido su más grande alegría y su más profundo dolor. Desde que era una niña, Lucia la había visto brillar con una energía vibrante, llena de sueños y anhelos que parecían inalcanzables. Había querido tanto para ella, había esperado que encontrara su camino en la vida sin tropezar con las sombras que acechaban en cada esquina. Pero el amor… el amor había sido su ruina. Se enamoró de un hombre que solo trajo destrucción y miseria, un mafioso que la arrastró a un mundo de drogas, peligro y desesperación. Lucia aún recordaba las noches en vela, las súplicas, los intentos desesperados de recuperar a su hija de ese abismo. Todo en vano.

    Cuando finalmente la perdió, quedó Carmina. Una niña inocente que no tenía la culpa de nada. Lucia y su esposo, Pietro, habían decidido desde el primer momento que no cometerían los mismos errores. Criarían a Carmina con disciplina, con cuidado, protegiéndola de todo lo que pudiera torcer su destino. La inscribieron en una escuela solo para mujeres, la rodearon de un ambiente seguro, sin distracciones, sin peligros. Querían que creciera fuerte, que tuviera oportunidades, que jamás cayera en la trampa de un amor equivocado.

    Pero a veces, cuando Carmina sonreía de cierta manera o cuando la encontraba perdida en pensamientos mientras miraba por la ventana, Lucia sentía un escalofrío recorrerle la espalda. Temía que en algún rincón de su corazón, la misma llama que había consumido a su hija estuviera ardiendo en su nieta. Temía que, a pesar de todos sus esfuerzos, la historia volviera a repetirse.

    Carmina era la mezcla perfecta entre su hija y aquel hombre. Heredó de él el cabello rojizo, como un eco de la pasión de un pasado lleno de sombras, y los mismos ojos verdes que alguna vez brillaron en la mirada de aquella joven llena de sueños. Cada vez que Lucia veía esos ojos, veía no solo el reflejo de su hija, sino también la sombra del hombre que tanto daño había causado, como si en cada uno de esos detalles se escondiera un recordatorio de lo que había perdido. No importaba cuánto amara a su nieta, siempre sentía esa mezcla de amor y temor profundo al verla.

    Pietro le decía que debía confiar en Carmina, que no todas las mujeres estaban destinadas a cometer los mismos errores. Que su nieta era fuerte, que tenía más de ella que de su madre. Pero Lucia no podía simplemente aceptar eso. El miedo de una madre, y ahora de una abuela, no se disipaba con palabras bonitas.

    Y, además, había algo que la inquietaba aún más: el día en que ella ya no estuviera para guiar a Carmina. El día en que no pudiera protegerla, ni acompañarla en las decisiones difíciles que la vida le depararía. Ese pensamiento la llenaba de angustia, como una sombra constante en su pecho. ¿Qué pasaría con Carmina cuando ella ya no pudiera estar allí para impedirle caer en los mismos errores de antes? ¿Quién la cuidaría cuando la fortaleza de la abuela ya no fuera suficiente?

    Por eso, a veces, sin darse cuenta, dejaba caer comentarios sobre su deseo de verla casada algún día, de encontrar un buen hombre que la protegiera, alguien que la hiciera feliz. Lo decía con una sonrisa, como si fuera un simple anhelo de abuela, pero en el fondo era su mayor temor disfrazado de esperanza. Porque si Carmina encontraba a la persona correcta, Lucia podría irse en paz. Pero si elegía mal… si la historia volvía a repetirse…

    Suspiró y se apartó de la ventana. Carmina era joven, inteligente, trabajadora. Pero el amor era traicionero. Y Lucia no estaba dispuesta a perderla también.
    "La Sombra del Ayer". #monorol Lucia observaba a Carmina desde la ventana de la tienda, viendo cómo la joven acomodaba cajas en los estantes con la paciencia de quien ha hecho ese trabajo toda su vida. Su nieta tenía el cabello rizado de su madre, la misma expresión soñadora en los ojos verdes. Cada vez que la veía, un miedo antiguo y persistente le oprimía el pecho. No podía evitarlo. Su hija había sido su más grande alegría y su más profundo dolor. Desde que era una niña, Lucia la había visto brillar con una energía vibrante, llena de sueños y anhelos que parecían inalcanzables. Había querido tanto para ella, había esperado que encontrara su camino en la vida sin tropezar con las sombras que acechaban en cada esquina. Pero el amor… el amor había sido su ruina. Se enamoró de un hombre que solo trajo destrucción y miseria, un mafioso que la arrastró a un mundo de drogas, peligro y desesperación. Lucia aún recordaba las noches en vela, las súplicas, los intentos desesperados de recuperar a su hija de ese abismo. Todo en vano. Cuando finalmente la perdió, quedó Carmina. Una niña inocente que no tenía la culpa de nada. Lucia y su esposo, Pietro, habían decidido desde el primer momento que no cometerían los mismos errores. Criarían a Carmina con disciplina, con cuidado, protegiéndola de todo lo que pudiera torcer su destino. La inscribieron en una escuela solo para mujeres, la rodearon de un ambiente seguro, sin distracciones, sin peligros. Querían que creciera fuerte, que tuviera oportunidades, que jamás cayera en la trampa de un amor equivocado. Pero a veces, cuando Carmina sonreía de cierta manera o cuando la encontraba perdida en pensamientos mientras miraba por la ventana, Lucia sentía un escalofrío recorrerle la espalda. Temía que en algún rincón de su corazón, la misma llama que había consumido a su hija estuviera ardiendo en su nieta. Temía que, a pesar de todos sus esfuerzos, la historia volviera a repetirse. Carmina era la mezcla perfecta entre su hija y aquel hombre. Heredó de él el cabello rojizo, como un eco de la pasión de un pasado lleno de sombras, y los mismos ojos verdes que alguna vez brillaron en la mirada de aquella joven llena de sueños. Cada vez que Lucia veía esos ojos, veía no solo el reflejo de su hija, sino también la sombra del hombre que tanto daño había causado, como si en cada uno de esos detalles se escondiera un recordatorio de lo que había perdido. No importaba cuánto amara a su nieta, siempre sentía esa mezcla de amor y temor profundo al verla. Pietro le decía que debía confiar en Carmina, que no todas las mujeres estaban destinadas a cometer los mismos errores. Que su nieta era fuerte, que tenía más de ella que de su madre. Pero Lucia no podía simplemente aceptar eso. El miedo de una madre, y ahora de una abuela, no se disipaba con palabras bonitas. Y, además, había algo que la inquietaba aún más: el día en que ella ya no estuviera para guiar a Carmina. El día en que no pudiera protegerla, ni acompañarla en las decisiones difíciles que la vida le depararía. Ese pensamiento la llenaba de angustia, como una sombra constante en su pecho. ¿Qué pasaría con Carmina cuando ella ya no pudiera estar allí para impedirle caer en los mismos errores de antes? ¿Quién la cuidaría cuando la fortaleza de la abuela ya no fuera suficiente? Por eso, a veces, sin darse cuenta, dejaba caer comentarios sobre su deseo de verla casada algún día, de encontrar un buen hombre que la protegiera, alguien que la hiciera feliz. Lo decía con una sonrisa, como si fuera un simple anhelo de abuela, pero en el fondo era su mayor temor disfrazado de esperanza. Porque si Carmina encontraba a la persona correcta, Lucia podría irse en paz. Pero si elegía mal… si la historia volvía a repetirse… Suspiró y se apartó de la ventana. Carmina era joven, inteligente, trabajadora. Pero el amor era traicionero. Y Lucia no estaba dispuesta a perderla también.
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  • How impolite of him.
    I asked him a civil question, and he pretended not to hear me.
    That's not at all nice.
    I say, Sir Knight, where are you going?
    Hmmm.
    He won't answer me.
    And I do so want to know what he is late for.
    I wonder if I might follow him.
    Why not? There's no rule that I may not go where I please.
    I--I will
    follow him.
    Wait for me, Sir. Knight.
    I'm coming, too!
    How impolite of him. I asked him a civil question, and he pretended not to hear me. That's not at all nice. I say, Sir Knight, where are you going? Hmmm. He won't answer me. And I do so want to know what he is late for. I wonder if I might follow him. Why not? There's no rule that I may not go where I please. I--I will follow him. Wait for me, Sir. Knight. I'm coming, too!
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  • — ¿Se retrasó la producción del disco de Chieko? Bueno, Kenji, me gustaría ayudarte a sacar un letrista de mi sombrero mágico pero me temo que no tengo esos poderes. Debiste cuidar al que tenían, escribía buenas canciones para ella. Pero preferiste amenazarlo y hacerte el chulo. —

    — "No me gusta tu puto tono burlón, recuerda tu lugar. Deberías estar haciendo dinero para mí, buscar gente a quien patrocinar, por quien apostar. Cantantes, actores, deportistas, lo que sea. Tú puedes conseguir de ésos, sólo mueve un poco la cola como la perra que -... "—

    — Ya no sigas, por favor. Perdón. Moderaré mi boca y si encuentro algo, te avisaré. —

    Frustrada y con un nudo en la garganta, hizo una reverencia protocolaria y salió de la oficina de su primo. No quería pasar más tiempo allí.
    — ¿Se retrasó la producción del disco de Chieko? Bueno, Kenji, me gustaría ayudarte a sacar un letrista de mi sombrero mágico pero me temo que no tengo esos poderes. Debiste cuidar al que tenían, escribía buenas canciones para ella. Pero preferiste amenazarlo y hacerte el chulo. — — "No me gusta tu puto tono burlón, recuerda tu lugar. Deberías estar haciendo dinero para mí, buscar gente a quien patrocinar, por quien apostar. Cantantes, actores, deportistas, lo que sea. Tú puedes conseguir de ésos, sólo mueve un poco la cola como la perra que -... "— — Ya no sigas, por favor. Perdón. Moderaré mi boca y si encuentro algo, te avisaré. — Frustrada y con un nudo en la garganta, hizo una reverencia protocolaria y salió de la oficina de su primo. No quería pasar más tiempo allí.
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  • Los cuatro jinetes del apocalipsis
    Los cuatro jinetes del apocalipsis
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