• “Cuando cruzamos, pudimos verlo.

    La oscuridad… la oscuridad ahí estaba, y ante su comando las sombras respondieron.

    Vimos como la noche se levantaba cual soldado marchando hacia nosotros mientras la oscuridad los comandaba

    Y temimos, pues vimos como la muerte nos fijaba la mirada, anhelando tomar nuestras almas.

    Reclamándonos para también unirnos a sus filas
    “Cuando cruzamos, pudimos verlo. La oscuridad… la oscuridad ahí estaba, y ante su comando las sombras respondieron. Vimos como la noche se levantaba cual soldado marchando hacia nosotros mientras la oscuridad los comandaba Y temimos, pues vimos como la muerte nos fijaba la mirada, anhelando tomar nuestras almas. Reclamándonos para también unirnos a sus filas
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  • Como me encantaría tener aventuras asi con mi lado animal, porque la vida humana es aburrida

    - Suspiraba acostado fuera de su casa, lo cubrian mantas ya que necesitaba mantenerse caliente por las temperaturas bajas

    Y este cuerpo es intolerante, me enfermo rápido
    Como me encantaría tener aventuras asi con mi lado animal, porque la vida humana es aburrida - Suspiraba acostado fuera de su casa, lo cubrian mantas ya que necesitaba mantenerse caliente por las temperaturas bajas Y este cuerpo es intolerante, me enfermo rápido
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  • Hiro Muchas gracias, lo leere con atención. Me gusta este tipo de cosas.
    [Hiritox3] Muchas gracias, lo leere con atención. Me gusta este tipo de cosas.
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  • — Otra noche sin dormir y me gustaría que fuese por insomnio, demencia, ansiedad o algún pensamiento intrusivo, pero esos malditos vecinos con sus melodías trágicas uh... Tendré más arrugas que una ciruela ya pasada.

    — Otra noche sin dormir y me gustaría que fuese por insomnio, demencia, ansiedad o algún pensamiento intrusivo, pero esos malditos vecinos con sus melodías trágicas uh... Tendré más arrugas que una ciruela ya pasada.
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  • ─────¿Me dejarías tocar un poco el violín para ti esta noche?
    ─────¿Me dejarías tocar un poco el violín para ti esta noche?
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  • Aquel que posee todas las cosas del mundo, que ve al propio mundo como su jardín.
    El pilar del cielo.
    Una existencia mítica como ninguna.
    Aquel que posee todas las cosas del mundo, que ve al propio mundo como su jardín. El pilar del cielo. Una existencia mítica como ninguna.
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  • '╭❥ Gatita bonita y mimosita~
    '╭❥ Gatita bonita y mimosita~
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  • Es hora de fiesta osi osi *dijo posando y pidiendo el taxi*
    Es hora de fiesta osi osi *dijo posando y pidiendo el taxi*
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  • https://youtu.be/5jTMfVwwqfc?si=lCtmpAOrHa3_7Gsf
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  • Atropos yacía en su cama, la penumbra arropándola como un susurro antiguo. Entre sus dedos pálidos, el hilo danzaba con la cadencia de un destino aún no sellado. Lo observaba, paciente, como si en su textura pudiera leerse el eco de vidas que ya no recordaban su nombre.

    Recordó entonces una escena, una de tantas que contempló desde la altura muda de la azotea.
    Una mujer.
    Un rostro común, pero la obsesión la había transformado.
    Moldeó su cuerpo como arcilla herida, esculpida con bisturíes y dietas,
    con palabras que no eran suyas, con gestos robados de otras mujeres.
    Todo por él.

    Él, que la evitaba como se evita un mal augurio,
    como se esquiva una grieta en el hielo.
    Él, que jamás la vio.
    Ella lo perseguía con los ojos, con la voz, con cada parte de sí que ya no le pertenecía.
    Su sombra era una plegaria insistente,
    una súplica que rozaba la locura.

    Cada noche, cerraba los ojos convencida de que mañana él la amaría.
    Y cada día, el vacío respondía en su lugar.

    Atropos suspiró, los ojos cerrándose lentamente como un telón que cae tras la última escena.
    El hilo vibró entre sus dedos, complacido.

    —No era amor —murmuró, con una frialdad tan afilada como las tijeras que ya no usaba y sus ojos se cerraban lentamente—. Era desesperación disfrazada de deseo. Y ni así fue suficiente.

    Atropos yacía en su cama, la penumbra arropándola como un susurro antiguo. Entre sus dedos pálidos, el hilo danzaba con la cadencia de un destino aún no sellado. Lo observaba, paciente, como si en su textura pudiera leerse el eco de vidas que ya no recordaban su nombre. Recordó entonces una escena, una de tantas que contempló desde la altura muda de la azotea. Una mujer. Un rostro común, pero la obsesión la había transformado. Moldeó su cuerpo como arcilla herida, esculpida con bisturíes y dietas, con palabras que no eran suyas, con gestos robados de otras mujeres. Todo por él. Él, que la evitaba como se evita un mal augurio, como se esquiva una grieta en el hielo. Él, que jamás la vio. Ella lo perseguía con los ojos, con la voz, con cada parte de sí que ya no le pertenecía. Su sombra era una plegaria insistente, una súplica que rozaba la locura. Cada noche, cerraba los ojos convencida de que mañana él la amaría. Y cada día, el vacío respondía en su lugar. Atropos suspiró, los ojos cerrándose lentamente como un telón que cae tras la última escena. El hilo vibró entre sus dedos, complacido. —No era amor —murmuró, con una frialdad tan afilada como las tijeras que ya no usaba y sus ojos se cerraban lentamente—. Era desesperación disfrazada de deseo. Y ni así fue suficiente.
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