• Estoy en la cocina acabo de meter en el horno las cupcakes de chocolate, son para la reunión de esta noche con mis hermanas.
    ⸻¡Gracias por ayudarme cielo Lucy Argent Turner !
    Estoy en la cocina acabo de meter en el horno las cupcakes de chocolate, son para la reunión de esta noche con mis hermanas. ⸻¡Gracias por ayudarme cielo [Little_Witch] !
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  • ¿Te parecen bien 47 centimDIGOOOOO botellas? Este es sólo un avance de lo que se viene, jefaza [TREACHERXUSGIRL]

    Ahora me falta el palet de vasos y todo un arcón de hielo (picado).

    Si es que me tengo que encargar yo de todo, así va el mundo.
    ¿Te parecen bien 47 centimDIGOOOOO botellas? Este es sólo un avance de lo que se viene, jefaza [TREACHERXUSGIRL] Ahora me falta el palet de vasos y todo un arcón de hielo (picado). Si es que me tengo que encargar yo de todo, así va el mundo.
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  • *Después de un día largo Ace duerme, pensando en la chica de cabello de fuego...
    Curiosamente, la fruta del diablo de tipo logia que Ace comió también es de fuego.*
    😴😴😴😴 *Después de un día largo Ace duerme, pensando en la chica de cabello de fuego... Curiosamente, la fruta del diablo de tipo logia que Ace comió también es de fuego.*
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  • — ¿Cómo que me vas a hacer un masaje de pechos? Si yo te pedí un masaje de hombros…
    — ¿Cómo que me vas a hacer un masaje de pechos? Si yo te pedí un masaje de hombros…
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  • El sol de la mañana acariciaba suavemente los jardines de la Villa Di Vincenzo, donde el perfume de las bugambilias se mezclaba con el aroma a café recién hecho y pan horneado. Una mesa dispuesta con impecable gusto esperaba bajo la sombra de una pérgola cubierta de glicinas. Frutas frescas, jugos naturales, embutidos finos, quesos artesanales y una selección de dulces italianos adornaban el mantel blanco con bordados dorados. Todo estaba dispuesto con precisión, sin excesos, pero con el refinamiento propio de una anfitriona como Elisabetta Di Vincenzo.

    Ella ya estaba allí, sentada con elegancia en una silla de hierro forjado tapizada en terciopelo gris perla. Llevaba un conjunto cómodo pero cuidadosamente escogido: un pantalón palazzo color marfil, una blusa de seda verde esmeralda que resaltaba sus ojos violeta, y un chal ligero sobre los hombros. Su cabello rubio, suelto y ligeramente ondulado, caía con gracia por su espalda. Ni una joya de más, ni una arruga fuera de lugar.

    Aparentemente tranquila, sostenía una copa de jugo de naranja con una mano, mientras la otra pasaba lentamente las páginas de un libro antiguo de poesía italiana. Pero su mente no estaba en los versos de Petrarca. Su atención estaba puesta en la entrada de la villa, esperando el sonido de los pasos que anunciarían la llegada de su hermano Giovanni... y de ella. Su novia. La mujer que, según Giovanni, había logrado hacerlo feliz de nuevo.

    Elisabetta había sonreído por cortesía cuando recibió la noticia, pero por dentro, las alertas se encendieron de inmediato. ¿Quién era esa mujer? ¿Qué quería realmente? Nadie se acercaba a un Di Vincenzo sin un motivo, y menos aún a Giovanni, que en los últimos años se había convertido en su único verdadero aliado, el único que no la había dejado tras la muerte de su padre.

    Naturalmente, Elisabetta no había esperado una presentación formal para comenzar a conocerla. Su equipo ya había investigado todo: nombre, familia, pasado, fotos antiguas, viajes, ex parejas, movimientos bancarios... Todo. Y aunque hasta ahora nada era "alarmante", el instinto de la Farfalla della Morte nunca se equivocaba.

    El canto lejano de un ruiseñor cesó cuando escuchó el ruido de un motor acercándose por el camino de grava. Cerró el libro con elegancia y lo dejó sobre la mesa, mientras una leve sonrisa, tan bella como inquietante, curvaba sus labios.

    —Finalmente, llegó el momento —susurró, tomando una aceituna entre sus dedos perfectamente cuidados.

    Elisabetta se puso de pie con la gracia de quien domina cada centímetro del terreno que pisa. Con el sol acariciando su silueta, parecía una diosa romana lista para recibir a sus invitados. Pero sus ojos... esos ojos color amatista, brillaban con la intensidad de quien va a juzgar, aunque no lo diga con palabras.

    Aquella mujer iba a conocer a Elisabetta Di Vincenzo.

    Y lo haría con desayuno... y con advertencia velada incluida.

    Yuki Prakliaty
    Gɪᴏᴠᴀɴɴɪ Dɪ Vɪɴᴄᴇɴᴢᴏ
    El sol de la mañana acariciaba suavemente los jardines de la Villa Di Vincenzo, donde el perfume de las bugambilias se mezclaba con el aroma a café recién hecho y pan horneado. Una mesa dispuesta con impecable gusto esperaba bajo la sombra de una pérgola cubierta de glicinas. Frutas frescas, jugos naturales, embutidos finos, quesos artesanales y una selección de dulces italianos adornaban el mantel blanco con bordados dorados. Todo estaba dispuesto con precisión, sin excesos, pero con el refinamiento propio de una anfitriona como Elisabetta Di Vincenzo. Ella ya estaba allí, sentada con elegancia en una silla de hierro forjado tapizada en terciopelo gris perla. Llevaba un conjunto cómodo pero cuidadosamente escogido: un pantalón palazzo color marfil, una blusa de seda verde esmeralda que resaltaba sus ojos violeta, y un chal ligero sobre los hombros. Su cabello rubio, suelto y ligeramente ondulado, caía con gracia por su espalda. Ni una joya de más, ni una arruga fuera de lugar. Aparentemente tranquila, sostenía una copa de jugo de naranja con una mano, mientras la otra pasaba lentamente las páginas de un libro antiguo de poesía italiana. Pero su mente no estaba en los versos de Petrarca. Su atención estaba puesta en la entrada de la villa, esperando el sonido de los pasos que anunciarían la llegada de su hermano Giovanni... y de ella. Su novia. La mujer que, según Giovanni, había logrado hacerlo feliz de nuevo. Elisabetta había sonreído por cortesía cuando recibió la noticia, pero por dentro, las alertas se encendieron de inmediato. ¿Quién era esa mujer? ¿Qué quería realmente? Nadie se acercaba a un Di Vincenzo sin un motivo, y menos aún a Giovanni, que en los últimos años se había convertido en su único verdadero aliado, el único que no la había dejado tras la muerte de su padre. Naturalmente, Elisabetta no había esperado una presentación formal para comenzar a conocerla. Su equipo ya había investigado todo: nombre, familia, pasado, fotos antiguas, viajes, ex parejas, movimientos bancarios... Todo. Y aunque hasta ahora nada era "alarmante", el instinto de la Farfalla della Morte nunca se equivocaba. El canto lejano de un ruiseñor cesó cuando escuchó el ruido de un motor acercándose por el camino de grava. Cerró el libro con elegancia y lo dejó sobre la mesa, mientras una leve sonrisa, tan bella como inquietante, curvaba sus labios. —Finalmente, llegó el momento —susurró, tomando una aceituna entre sus dedos perfectamente cuidados. Elisabetta se puso de pie con la gracia de quien domina cada centímetro del terreno que pisa. Con el sol acariciando su silueta, parecía una diosa romana lista para recibir a sus invitados. Pero sus ojos... esos ojos color amatista, brillaban con la intensidad de quien va a juzgar, aunque no lo diga con palabras. Aquella mujer iba a conocer a Elisabetta Di Vincenzo. Y lo haría con desayuno... y con advertencia velada incluida. [Yuki2104] [Gi0vanni]
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  • Por si les quedan dudas.
    Esta señorita besó a una chica y le gustó.
    Por si les quedan dudas. Esta señorita besó a una chica y le gustó.
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  • Pasar tiempo con mi hermoso búho me hace tan feliz, es que el es muy lindo, el es el motivo de mi felicidad y mi sonrisa, es todo lo que necesito, te quiero [Goet1aprince]
    Pasar tiempo con mi hermoso búho me hace tan feliz, es que el es muy lindo, el es el motivo de mi felicidad y mi sonrisa, es todo lo que necesito, te quiero [Goet1aprince]
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  • Eliminaron a mi novio... ¿Y ahora que hago? ¿Y si vuelve? Lo esperaré... Y sino... A tirarme de un puente (Mentira pero me deprimiré)
    Eliminaron a mi novio... ¿Y ahora que hago? ¿Y si vuelve? Lo esperaré... Y sino... A tirarme de un puente (Mentira pero me deprimiré)
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  • No importa cuanto lo intente, siempre vulvo a inicio .
    No importa cuanto lo intente, siempre vulvo a inicio .
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  • La peli negra buscaba refugio debajo de los árboles y grandes plantas para evitar empaparse. Finalmente había encontrado su refugio, quedándose allí mientras observaba las gotas caer con fuerza.
    La peli negra buscaba refugio debajo de los árboles y grandes plantas para evitar empaparse. Finalmente había encontrado su refugio, quedándose allí mientras observaba las gotas caer con fuerza.
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