• Un lindo día lluvioso en medio del trabajo, no está mal, verdad?
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  • - Aunque Richard no lo diga el quería tener una familia y ser el padre que nunca tuvo. No se dejen llevar por sus boberiss es un buen tipo de gran corazón, con pulgas tal vez . . .
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  • Normalicemos la idea de tener boca pero que no sea forzoso usarla para hablar pura pendejada. Gracias. (?)

    -Amaneció toda intensa.-
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  • ❝ Sad, pathetic, cynical and cretinous. You keep looking for love from others and when you have it you throw it away.

    You are not reaping what you sow?. ❞
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  • Al menos hachi tiene familia mientras que no me pregunte sobre la mía
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  • —Despues de pasar la noche me arreglé y me fui a unos de mis lugares de trabajo, un almacén a las afueras con una fachada perfectamente estructurada donde mantenía uno de mis mayores negocios que era la venta de armas, allí las armaba, se probaban, y se distribuían.

    —Cuando llegué saludo a todos y luego ví a mis dos contadores los cuales se notaban que tramaban algo entonces arme un arma y apunte y disparé dos balas evadiendo sus cabezas por milímetros pero si dejándoles quemaduras.

    Cuéntenos a todos porque falta dinero de mis negocios antes de que si les atiné a la cabeza

    —Dije acercándome a ellos con mi arme para esperar que soltaran todo mientras que mi público eran dos poderes mafiosos y sus guardias, Dylan lujo y Dimitri lujo, me seguí acercando a ellos desafiante mientras ellos balbuceaban hasta que recibí una llamada y solté el arma.

    Más vale que cuando regrese mis millones ya hayan aparecido, entendido?

    —Era una linda persona pero en los negocios era despiada e implacable, me aleje y respondí la llamada sin preocupación.

    Bueno?
    —Despues de pasar la noche me arreglé y me fui a unos de mis lugares de trabajo, un almacén a las afueras con una fachada perfectamente estructurada donde mantenía uno de mis mayores negocios que era la venta de armas, allí las armaba, se probaban, y se distribuían. —Cuando llegué saludo a todos y luego ví a mis dos contadores los cuales se notaban que tramaban algo entonces arme un arma y apunte y disparé dos balas evadiendo sus cabezas por milímetros pero si dejándoles quemaduras. Cuéntenos a todos porque falta dinero de mis negocios antes de que si les atiné a la cabeza —Dije acercándome a ellos con mi arme para esperar que soltaran todo mientras que mi público eran dos poderes mafiosos y sus guardias, Dylan lujo y Dimitri lujo, me seguí acercando a ellos desafiante mientras ellos balbuceaban hasta que recibí una llamada y solté el arma. Más vale que cuando regrese mis millones ya hayan aparecido, entendido? —Era una linda persona pero en los negocios era despiada e implacable, me aleje y respondí la llamada sin preocupación. Bueno?
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  • Mortis: Diario de un Gato Superior
    Entrada #37

    "¿Qué carajos fue eso...?"

    Hoy me desperté en paz.
    Había logrado meditar durante 4 minutos completos antes de que Luna decidiera levantarme bruscamente de mi lugar sagrado en la almohada. Ella, con su bandana, su delineado perfecto y esa costumbre de abrazarme como si yo fuera un peluche, cometió el crimen.

    —"Mortis, vamos a hacernos una selfie."
    ¿Una qué?

    Le advertí con una mirada.
    Ella no entendió.

    Cuando acercó el celular, supe que era demasiado tarde.

    Flash.
    Flash.
    Yo estaba diciendo “¡BAJA ESA COSA, MALDITA HUMANA!” y ella solo decía:
    —“Ay, Mortis, saliste hermoso JAJAJAJ.”

    Hermoso mis bigotes.
    Esa imagen se quedará para siempre en el internet.
    Jamás podré huir de la vergüenza.

    Y lo peor… lo peor…
    Es que me etiquetó con un sticker que decía:

    "what-?"

    Yo no digo "what", Luna.
    Yo digo: “¿Cuál es el sentido de esta existencia caótica en la que fui destinado a vivir contigo, que crees que puedo digerir croquetas veganas?”

    Pero en fin.
    Mañana vomitaré en su suéter favorito.
    Paz, equilibrio y caos calculado.

    —Mortis.
    Félido. Vampiro. Ícono.
    Mortis: Diario de un Gato Superior Entrada #37 "¿Qué carajos fue eso...?" Hoy me desperté en paz. Había logrado meditar durante 4 minutos completos antes de que Luna decidiera levantarme bruscamente de mi lugar sagrado en la almohada. Ella, con su bandana, su delineado perfecto y esa costumbre de abrazarme como si yo fuera un peluche, cometió el crimen. —"Mortis, vamos a hacernos una selfie." ¿Una qué? Le advertí con una mirada. Ella no entendió. Cuando acercó el celular, supe que era demasiado tarde. Flash. Flash. Yo estaba diciendo “¡BAJA ESA COSA, MALDITA HUMANA!” y ella solo decía: —“Ay, Mortis, saliste hermoso JAJAJAJ.” Hermoso mis bigotes. Esa imagen se quedará para siempre en el internet. Jamás podré huir de la vergüenza. Y lo peor… lo peor… Es que me etiquetó con un sticker que decía: "what-?" Yo no digo "what", Luna. Yo digo: “¿Cuál es el sentido de esta existencia caótica en la que fui destinado a vivir contigo, que crees que puedo digerir croquetas veganas?” Pero en fin. Mañana vomitaré en su suéter favorito. Paz, equilibrio y caos calculado. —Mortis. Félido. Vampiro. Ícono.
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  • El sitio es una puta trampa. Lo supe en cuanto crucé la verja rota. El contacto aseguró que el objetivo estaría solo. Michele De Santis, contador del clan Costa. Tenía que ser una ejecución rápida, limpia, sin testigos. Pero alguien le advirtió, porque hay movimiento. Dos hombres más, armados. Uno con una escopeta, y el otro parece nervioso, lo suficiente como para disparar antes de preguntar.

    Me agacho tras un bidón. Reviso el arma. Silenciador colocado, cargador completo. No tengo margen de error. No con un puto cartucho de escopeta apuntando a cada rincón.

    Escucho pasos a la izquierda. Uno de los tipos. Lo espero, dejo que cruce el ángulo muerto y cuando pasa junto a mí, lo agarro por la nuca, cuchillo en la garganta, directo. Cae sin ruido.

    Entonces el otro grita algo y dispara.

    El primer impacto me roza la pierna derecha. Siento el ardor al instante. No me detengo a comprobar si es grave. Me lanzo hacia un montón de madera podrida, disparo dos veces, lo escucho gritar, pero sigue vivo. Cambia de posición. Escopeta de corredera. Malas noticias si acierta el segundo.

    Corto el ángulo. Lo rodeo y tiro el cuchillo acertando en el hombro. Se desequilibra, así que me lanzo encima en un pequeño forcejeo. No me tiembla el pulso. Tres disparos cortos. Respira una vez y muere.

    Y entonces lo veo.

    Michele arriba corriendo. Segunda planta. Disparo y lo roza cayéndose.

    Subo con la pierna sangrando. Me arde, me quema. Aún así sigo. Me apoyo en la barandilla y lo alcanzo. Suplica. Pero le disparo en la cabeza sin decir nada.

    Silencio.

    El almacén queda vacío. El cuerpo de Michele en el suelo. Mi sangre en la pierna. Camino hacia la salida con la respiración acelerada. No sé si de dolor o de rabia. El encargo está cumplido, pero alguien mintió. No estaba solo, el informe estaba mal. Pudo haber salido peor y eso no se tolera.

    Salgo cojeando. Afuera llueve. Borra rastros. Camino dos calles hasta donde dejé la moto. Me subo.

    El muslo me duele. La sangre sigue fluyendo. No me va a matar, pero va a dejar una marca. Otra más. Aprieto los dientes. Ya pensaré después si me lo coso sola o llamo a alguien.

    Ahora solo quiero salir de aquí.
    El sitio es una puta trampa. Lo supe en cuanto crucé la verja rota. El contacto aseguró que el objetivo estaría solo. Michele De Santis, contador del clan Costa. Tenía que ser una ejecución rápida, limpia, sin testigos. Pero alguien le advirtió, porque hay movimiento. Dos hombres más, armados. Uno con una escopeta, y el otro parece nervioso, lo suficiente como para disparar antes de preguntar. Me agacho tras un bidón. Reviso el arma. Silenciador colocado, cargador completo. No tengo margen de error. No con un puto cartucho de escopeta apuntando a cada rincón. Escucho pasos a la izquierda. Uno de los tipos. Lo espero, dejo que cruce el ángulo muerto y cuando pasa junto a mí, lo agarro por la nuca, cuchillo en la garganta, directo. Cae sin ruido. Entonces el otro grita algo y dispara. El primer impacto me roza la pierna derecha. Siento el ardor al instante. No me detengo a comprobar si es grave. Me lanzo hacia un montón de madera podrida, disparo dos veces, lo escucho gritar, pero sigue vivo. Cambia de posición. Escopeta de corredera. Malas noticias si acierta el segundo. Corto el ángulo. Lo rodeo y tiro el cuchillo acertando en el hombro. Se desequilibra, así que me lanzo encima en un pequeño forcejeo. No me tiembla el pulso. Tres disparos cortos. Respira una vez y muere. Y entonces lo veo. Michele arriba corriendo. Segunda planta. Disparo y lo roza cayéndose. Subo con la pierna sangrando. Me arde, me quema. Aún así sigo. Me apoyo en la barandilla y lo alcanzo. Suplica. Pero le disparo en la cabeza sin decir nada. Silencio. El almacén queda vacío. El cuerpo de Michele en el suelo. Mi sangre en la pierna. Camino hacia la salida con la respiración acelerada. No sé si de dolor o de rabia. El encargo está cumplido, pero alguien mintió. No estaba solo, el informe estaba mal. Pudo haber salido peor y eso no se tolera. Salgo cojeando. Afuera llueve. Borra rastros. Camino dos calles hasta donde dejé la moto. Me subo. El muslo me duele. La sangre sigue fluyendo. No me va a matar, pero va a dejar una marca. Otra más. Aprieto los dientes. Ya pensaré después si me lo coso sola o llamo a alguien. Ahora solo quiero salir de aquí.
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  • Mortis: El Guardián del Caos
    Nadie lo escogió. Él vino solo.
    Apareció una noche de tormenta, entre truenos y una botella rota de vino. Desde entonces, Mortis vigila. No se mueve mucho. No hace ruido. Pero lo ve TODO.

    Vive con Luna.
    La sigue cuando llora, cuando se ríe, cuando grita y cuando le dice “no” a Andrés por sexta vez, aunque en la séptima se rinda.
    Mortis no la juzga. Solo observa, con esos ojos como lunas llenas de juicio ancestral.

    Una vez, Andrés trató de sacarlo de la cama.
    Mortis lo miró. Solo eso.
    Andrés no volvió a intentarlo.

    Una vez, Anyel le dijo a Luna:
    —“Ese gato me da miedo.”
    Mortis parpadeó lentamente.
    Desde entonces, Anyel le lleva atún en cada visita.

    Pero hay algo que nadie sabe:
    Mortis habla…
    Pero solo en sueños.

    Luna dice que a veces lo escucha susurrar en la madrugada, mientras duerme enroscado en su almohada:

    —“No vuelvas con él, Lun… no esta vez.”

    Y al despertar, lo encuentra allí, mirándola. Sin moverse. Sin maullar.

    Solo él sabe lo que está por venir.
    Solo Mortis, el gato que ve el alma.

    Mortis: El Guardián del Caos Nadie lo escogió. Él vino solo. Apareció una noche de tormenta, entre truenos y una botella rota de vino. Desde entonces, Mortis vigila. No se mueve mucho. No hace ruido. Pero lo ve TODO. Vive con Luna. La sigue cuando llora, cuando se ríe, cuando grita y cuando le dice “no” a Andrés por sexta vez, aunque en la séptima se rinda. Mortis no la juzga. Solo observa, con esos ojos como lunas llenas de juicio ancestral. Una vez, Andrés trató de sacarlo de la cama. Mortis lo miró. Solo eso. Andrés no volvió a intentarlo. Una vez, Anyel le dijo a Luna: —“Ese gato me da miedo.” Mortis parpadeó lentamente. Desde entonces, Anyel le lleva atún en cada visita. Pero hay algo que nadie sabe: Mortis habla… Pero solo en sueños. Luna dice que a veces lo escucha susurrar en la madrugada, mientras duerme enroscado en su almohada: —“No vuelvas con él, Lun… no esta vez.” Y al despertar, lo encuentra allí, mirándola. Sin moverse. Sin maullar. Solo él sabe lo que está por venir. Solo Mortis, el gato que ve el alma.
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  • Buenas tardes a todos/as ¿ Cómo estáis?
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