• El blanco se siente tan celestial y puro...
    Que no concuerda con la tragadera que me acabo de meter, es como un pecado bendito.

    Y si, la banca esta ocupada ¿No lo ves?
    El blanco se siente tan celestial y puro... Que no concuerda con la tragadera que me acabo de meter, es como un pecado bendito. Y si, la banca esta ocupada ¿No lo ves?
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  • A veces, lo único que necesitas es un buen traje… y un martillo para hacer un buen trabajo.
    A veces, lo único que necesitas es un buen traje… y un martillo para hacer un buen trabajo.
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  • ─── Sueltame maldito bastardo sucio y chapulín ♡
    ─── Sueltame maldito bastardo sucio y chapulín ♡
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  • Te he estado persiguiendo como en un sueño inalcanzable.
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  • Si vas a querer acabar conmigo, deja que primero ponga una buena cánción ¿No?

    -Era algo típico el el albino mostrar confianza y arrogancia a te sus enemigos a pesar que eran muchos y que le estaban auntando con armas cada uno de ellos.-
    Si vas a querer acabar conmigo, deja que primero ponga una buena cánción ¿No? -Era algo típico el el albino mostrar confianza y arrogancia a te sus enemigos a pesar que eran muchos y que le estaban auntando con armas cada uno de ellos.-
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  • ❝ 𝘉𝘰𝘯 𝘈𝘱𝘱é𝘵𝘪𝘵 ❞ ──── 𝐃𝐞𝐬𝐬𝐞𝐫𝐭 𝐭𝐢𝐦𝐞 𝐚𝐟𝐭𝐞𝐫 𝐖𝐨𝐫𝐤.
    ❝ 𝘉𝘰𝘯 𝘈𝘱𝘱é𝘵𝘪𝘵 ❞ ──── 𝐃𝐞𝐬𝐬𝐞𝐫𝐭 𝐭𝐢𝐦𝐞 𝐚𝐟𝐭𝐞𝐫 𝐖𝐨𝐫𝐤.
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  • -Había salido de tomar un baño ,eso tal vez aclararía la mente , ayer recibió una visita ,una bruja de Umbra ,pensó que estaba extintas , le propuso trabajo , tenía que distraerse , así que acepto , tendría una reunión con ella ,estaba decidído a ser alguien diferente -
    -Había salido de tomar un baño ,eso tal vez aclararía la mente , ayer recibió una visita ,una bruja de Umbra ,pensó que estaba extintas , le propuso trabajo , tenía que distraerse , así que acepto , tendría una reunión con ella ,estaba decidído a ser alguien diferente -
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  • Antes de que Hikari empiece la preparatoria la va a llevar de compras y va a hacer que sea la chica con mejor estilo de la escuela, con la bendición de Tetsuya y Yoon o sin ella.
    Antes de que Hikari empiece la preparatoria la va a llevar de compras y va a hacer que sea la chica con mejor estilo de la escuela, con la bendición de Tetsuya y Yoon o sin ella.
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  • Espera con muchas ansías y ánimos a que Hyuna deje de estar tan ocupada con el trabajo.

    Quiere enseñarle que ha sido aceptado en la escuela de gastronomía y comenzará clases en unas cuantas semanas. Se muere de ganas de poder cocinarle a ella todo lo que le gusta de comida.
    Espera con muchas ansías y ánimos a que Hyuna deje de estar tan ocupada con el trabajo. Quiere enseñarle que ha sido aceptado en la escuela de gastronomía y comenzará clases en unas cuantas semanas. Se muere de ganas de poder cocinarle a ella todo lo que le gusta de comida.
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  • Escena 2: El museo de sombras
    Fandom OC
    Categoría Original
    La noche envolvía el elegante Museo de Arte Contemporáneo de Seúl como un sudario de terciopelo. Dentro, bajo la tenue luz de emergencia que parpadeaba intermitentemente, el aire estaba cargado de polvo y un silencio casi palpable. Orion se movía con la familiar desenvoltura de un depredador en su territorio, su figura oscura fundiéndose con las sombras de las esculturas abstractas.

    Su objetivo, una marchante de arte de reputación dudosa llamada Madame Evangeline Dubois, se había refugiado en la sala de exposiciones temporales, creyendo que la seguridad del museo la protegería. Craso error. Orion había desactivado las alarmas con la facilidad de un fantasma deslizando los dedos por un teclado y ahora la seguía a través de las salas laberínticas.

    Madame Dubois, una mujer corpulenta vestida con un ostentoso abrigo de piel, jadeaba con dificultad mientras se escondía detrás de una instalación de metal retorcido. Su rostro, iluminado por el tembloroso haz de su teléfono móvil, estaba pálido de terror. Sabía que su tiempo se agotaba.

    Orion la encontró fácilmente. El tenue brillo del móvil la delató como una luciérnaga en la oscuridad. Se acercó en silencio, sus pasos amortiguados por la alfombra gruesa. Madame Dubois dejó escapar un grito ahogado al verlo emerger de las sombras, la silueta amenazante de su figura recortada contra la penumbra.

    —Por favor… —suplicó en un francés entrecortado, sus ojos llenos de lágrimas—. Tengo dinero… ¡Todo el que quieras!

    Orion no respondió. El dinero no significaba nada. Su trabajo era simple: eliminar una amenaza. Y Madame Dubois, con sus tratos turbios y los secretos que guardaba, era una amenaza para su cliente.

    Sin dudarlo, Orion extrajo un cable fino y resistente de un bolsillo interior de su abrigo. En un movimiento rápido y silencioso, lo lanzó hacia adelante, enlazando el cuello de la mujer. Madame Dubois se llevó las manos a la garganta, sus ojos inyectados en sangre mientras luchaba por respirar.

    La fuerza de Orion era implacable. Tiró del cable con firmeza, sintiendo la resistencia y luego el lento ceder. Los estertores de la mujer resonaron brevemente en el silencio del museo antes de ser sofocados. Su cuerpo cayó al suelo con un golpe sordo, el teléfono móvil rodando a su lado, la pantalla aún iluminada mostrando una llamada sin respuesta.

    Orion permaneció inmóvil durante unos segundos, asegurándose de que su objetivo estuviera neutralizado. Luego, con la misma eficiencia con la que había llegado, desapareció entre las sombras del museo, dejando tras de sí otra vida truncada en la oscuridad de la noche de Seúl.
    La noche envolvía el elegante Museo de Arte Contemporáneo de Seúl como un sudario de terciopelo. Dentro, bajo la tenue luz de emergencia que parpadeaba intermitentemente, el aire estaba cargado de polvo y un silencio casi palpable. Orion se movía con la familiar desenvoltura de un depredador en su territorio, su figura oscura fundiéndose con las sombras de las esculturas abstractas. Su objetivo, una marchante de arte de reputación dudosa llamada Madame Evangeline Dubois, se había refugiado en la sala de exposiciones temporales, creyendo que la seguridad del museo la protegería. Craso error. Orion había desactivado las alarmas con la facilidad de un fantasma deslizando los dedos por un teclado y ahora la seguía a través de las salas laberínticas. Madame Dubois, una mujer corpulenta vestida con un ostentoso abrigo de piel, jadeaba con dificultad mientras se escondía detrás de una instalación de metal retorcido. Su rostro, iluminado por el tembloroso haz de su teléfono móvil, estaba pálido de terror. Sabía que su tiempo se agotaba. Orion la encontró fácilmente. El tenue brillo del móvil la delató como una luciérnaga en la oscuridad. Se acercó en silencio, sus pasos amortiguados por la alfombra gruesa. Madame Dubois dejó escapar un grito ahogado al verlo emerger de las sombras, la silueta amenazante de su figura recortada contra la penumbra. —Por favor… —suplicó en un francés entrecortado, sus ojos llenos de lágrimas—. Tengo dinero… ¡Todo el que quieras! Orion no respondió. El dinero no significaba nada. Su trabajo era simple: eliminar una amenaza. Y Madame Dubois, con sus tratos turbios y los secretos que guardaba, era una amenaza para su cliente. Sin dudarlo, Orion extrajo un cable fino y resistente de un bolsillo interior de su abrigo. En un movimiento rápido y silencioso, lo lanzó hacia adelante, enlazando el cuello de la mujer. Madame Dubois se llevó las manos a la garganta, sus ojos inyectados en sangre mientras luchaba por respirar. La fuerza de Orion era implacable. Tiró del cable con firmeza, sintiendo la resistencia y luego el lento ceder. Los estertores de la mujer resonaron brevemente en el silencio del museo antes de ser sofocados. Su cuerpo cayó al suelo con un golpe sordo, el teléfono móvil rodando a su lado, la pantalla aún iluminada mostrando una llamada sin respuesta. Orion permaneció inmóvil durante unos segundos, asegurándose de que su objetivo estuviera neutralizado. Luego, con la misma eficiencia con la que había llegado, desapareció entre las sombras del museo, dejando tras de sí otra vida truncada en la oscuridad de la noche de Seúl.
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    Grupal
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
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