• ⸻⸻¿Tienes un momento para hablar?.

    Anthony Bridgerton
    ⸻⸻¿Tienes un momento para hablar?. [ThxVizconde]
    9 turnos 0 maullidos
  • Me acerco hacia la mujer al instante saludo con una recta reverencia.
    ⸻¿Es usted Claire Fraser?.
    Me acerco hacia la mujer al instante saludo con una recta reverencia. ⸻¿Es usted Claire Fraser?.
    Me gusta
    1
    2 turnos 0 maullidos
  • Siempre trato de mantener una sonrisa para mi pueblo asi soy por fuera y por dentro caigo.
    Siempre trato de mantener una sonrisa para mi pueblo asi soy por fuera y por dentro caigo.
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • [Jaime1]

    Camino en dirección al feliz matrimonio portando en la mano derecha una copa llena de Wischy.

    ⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻Buenas tardes señor y señora Fraser, me presentó soy Colin Bridgerton.
    Un placer conocerles finalmente, todos en Mayfair hablan maravillas de ustedes.
    [Jaime1] Camino en dirección al feliz matrimonio portando en la mano derecha una copa llena de Wischy. ⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻Buenas tardes señor y señora Fraser, me presentó soy Colin Bridgerton. Un placer conocerles finalmente, todos en Mayfair hablan maravillas de ustedes.
    0 turnos 0 maullidos
  • No nací para esto. Me hicieron así.

    Mi padre era un soldado borracho que se metió en demasiados tratos sucios. Vendía información, armas, cualquier cosa que le diera dinero rápido. Cuando desapareció yo tenía ocho años. No se fue por amor a la libertad, se fue porque ya lo estaban buscando para matarlo.

    Desde entonces, vinieron a por nosotras. Primero las amenazas, luego los golpes. Recuerdo a mi madre sangrando en la cocina porque alguien quería cobrar una deuda que ni siquiera era nuestra. Recuerdo esconderme en un armario con un cuchillo oxidado en la mano, rezando para que no encontraran la puerta.

    A los nueve años, uno de esos ‘amigos’ de mi padre intentó abusar de mí. Escapé a mordiscos y arañazos, pero nadie me creyó. No sé qué dolió más: el miedo o que mi madre no quisiera escucharme. Supongo que estaba demasiado ocupada tratando de mantenernos vivas.

    A los catorce, me rompieron dos costillas en un callejón por una deuda que él dejó atrás. No lloré. Aprendí que llorar te hace parecer débil y que la gente que huele debilidad siempre aprieta más fuerte.

    A los dieciséis, mataron a mi madre. Dijeron que fue fuego cruzado en una misión humanitaria. Mentira. No fue un accidente. Fue un mensaje. Y yo lo entendí perfectamente: nadie te salva, nadie te protege, nadie responde por ti.

    Después de eso dormí en estaciones de tren, en casas abandonadas, en cualquier lugar donde pudiera cerrar los ojos sin que me cortaran el cuello. Hacía encargos para cualquiera que pagara: llevar mensajes, mover cajas, cosas pequeñas. Hasta que alguien me vio disparar una pistola y decidió que podía servirme de algo más.

    Me llevaron a un campamento en Europa del Este. No era un colegio, no era un entrenamiento normal. Era un infierno diseñado para convertirte en herramienta. Aprendí a disparar con cualquier cosa que tenga gatillo, a pelear hasta romper huesos, a no confiar en nadie, a dormir con un ojo abierto. Y cada error se pagaba con sangre o con hambre.

    ¿Si fue mi elección? No. Pero entendí que si quería seguir respirando tenía que convertirme en alguien peor que ellos.

    Hoy soy mercenaria. Trabajo donde otros no quieren ensuciarse las manos. Matar, infiltrar, mover armas, robar información, lo que sea. No represento banderas, no doy explicaciones, no firmo contratos. Y no lo hago porque me guste. Lo hago porque el mundo me enseñó que si no aprendes a ser depredador, te comen viva.

    ¿Si me arrepiento? No. ¿Si me preocupa ir al infierno? Ese sitio ya lo conozco. Crecí allí.

    No hago esto por dinero. Lo hago porque no voy a morir como murió mi madre: esperando que alguien venga a salvarme. Y porque algún día, cuando encuentre a mi padre, se lo haré pagar todo.
    No nací para esto. Me hicieron así. Mi padre era un soldado borracho que se metió en demasiados tratos sucios. Vendía información, armas, cualquier cosa que le diera dinero rápido. Cuando desapareció yo tenía ocho años. No se fue por amor a la libertad, se fue porque ya lo estaban buscando para matarlo. Desde entonces, vinieron a por nosotras. Primero las amenazas, luego los golpes. Recuerdo a mi madre sangrando en la cocina porque alguien quería cobrar una deuda que ni siquiera era nuestra. Recuerdo esconderme en un armario con un cuchillo oxidado en la mano, rezando para que no encontraran la puerta. A los nueve años, uno de esos ‘amigos’ de mi padre intentó abusar de mí. Escapé a mordiscos y arañazos, pero nadie me creyó. No sé qué dolió más: el miedo o que mi madre no quisiera escucharme. Supongo que estaba demasiado ocupada tratando de mantenernos vivas. A los catorce, me rompieron dos costillas en un callejón por una deuda que él dejó atrás. No lloré. Aprendí que llorar te hace parecer débil y que la gente que huele debilidad siempre aprieta más fuerte. A los dieciséis, mataron a mi madre. Dijeron que fue fuego cruzado en una misión humanitaria. Mentira. No fue un accidente. Fue un mensaje. Y yo lo entendí perfectamente: nadie te salva, nadie te protege, nadie responde por ti. Después de eso dormí en estaciones de tren, en casas abandonadas, en cualquier lugar donde pudiera cerrar los ojos sin que me cortaran el cuello. Hacía encargos para cualquiera que pagara: llevar mensajes, mover cajas, cosas pequeñas. Hasta que alguien me vio disparar una pistola y decidió que podía servirme de algo más. Me llevaron a un campamento en Europa del Este. No era un colegio, no era un entrenamiento normal. Era un infierno diseñado para convertirte en herramienta. Aprendí a disparar con cualquier cosa que tenga gatillo, a pelear hasta romper huesos, a no confiar en nadie, a dormir con un ojo abierto. Y cada error se pagaba con sangre o con hambre. ¿Si fue mi elección? No. Pero entendí que si quería seguir respirando tenía que convertirme en alguien peor que ellos. Hoy soy mercenaria. Trabajo donde otros no quieren ensuciarse las manos. Matar, infiltrar, mover armas, robar información, lo que sea. No represento banderas, no doy explicaciones, no firmo contratos. Y no lo hago porque me guste. Lo hago porque el mundo me enseñó que si no aprendes a ser depredador, te comen viva. ¿Si me arrepiento? No. ¿Si me preocupa ir al infierno? Ese sitio ya lo conozco. Crecí allí. No hago esto por dinero. Lo hago porque no voy a morir como murió mi madre: esperando que alguien venga a salvarme. Y porque algún día, cuando encuentre a mi padre, se lo haré pagar todo.
    Me gusta
    Me encocora
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • [Jaime1]

    ⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻Buenas tardes señor y señora Fraser, es un gran honor conocerles finalmente.
    Quiero darles la bienvenida a Mayfair, espero que su estancia sea de gran interés y se sientan como en su propio hogar.
    Saludo al matrimonio una vez los saludo a los dos haciendo una leve y perfecta reverencia.
    [Jaime1] ⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻Buenas tardes señor y señora Fraser, es un gran honor conocerles finalmente. Quiero darles la bienvenida a Mayfair, espero que su estancia sea de gran interés y se sientan como en su propio hogar. Saludo al matrimonio una vez los saludo a los dos haciendo una leve y perfecta reverencia.
    Me encocora
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • ⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻Buenas tardes señora Fraser, me alegra tener finalmente la oportunidad para presentarme ante usted.
    Es un placer conocerla, soy Francesca Stirling.
    ⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻Buenas tardes señora Fraser, me alegra tener finalmente la oportunidad para presentarme ante usted. Es un placer conocerla, soy Francesca Stirling.
    0 turnos 0 maullidos
  • ⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻Hola Eloise, ¿estamos solas?.
    ⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻Hola Eloise, ¿estamos solas?.
    16 turnos 0 maullidos
  • Me canse de subir las escaleras asi que me tomare un descanso
    Me canse de subir las escaleras asi que me tomare un descanso
    23 turnos 0 maullidos
  • ⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻¿¡Cuándo has regresado!?.
    ⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻⸻¿¡Cuándo has regresado!?.
    12 turnos 0 maullidos
Patrocinados