• Ojalá pudiera siempre darme este tipo de gustos y lujos.
    Pero hay trenes que tomar.
    Aviones que abordar.
    Platillos que cocinar.
    Ojalá pudiera siempre darme este tipo de gustos y lujos. Pero hay trenes que tomar. Aviones que abordar. Platillos que cocinar.
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  • La vela titilaba como si también se burlara del cansancio en sus ojos. Con una mano repasaba documentos legales y con la otra sostenía el grimorio. —Maravilloso —murmuró con sarcasmo—, de día peleo con jueces y abogados, de noche con demonios… y ninguno sabe perder con dignidad.

    –Pasaba la página con calma, esbozando una sonrisa ladeada.–
    —Qué glamuroso, ¿no? Tacones en la corte y exorcismos a medianoche… deberían pagarme más por tener una doble vida.
    La vela titilaba como si también se burlara del cansancio en sus ojos. Con una mano repasaba documentos legales y con la otra sostenía el grimorio. —Maravilloso —murmuró con sarcasmo—, de día peleo con jueces y abogados, de noche con demonios… y ninguno sabe perder con dignidad. –Pasaba la página con calma, esbozando una sonrisa ladeada.– —Qué glamuroso, ¿no? Tacones en la corte y exorcismos a medianoche… deberían pagarme más por tener una doble vida.
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  • No me echaron , de menos a su dios favorito de todo valhalla .... yo se que si
    No me echaron , de menos a su dios favorito de todo valhalla .... yo se que si
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  • Ja Che grande stupidità, che figlio di puttana che sei, ma se mi chiedi una cosa, saprai esattamente chi è Elisabetta di Vincenzo.
    Ja Che grande stupidità, che figlio di puttana che sei, ma se mi chiedi una cosa, saprai esattamente chi è Elisabetta di Vincenzo.
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  • —¿Te gusta mi disfraz? ¡Me dicen el hombre adhesivo! Porque aunque no tenga poderes, puedo atrapar a los villanos con cinta. (??)
    —¿Te gusta mi disfraz? ¡Me dicen el hombre adhesivo! Porque aunque no tenga poderes, puedo atrapar a los villanos con cinta. (??)
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  • Tras toda una mañana y parte de la tarde trasando nuevos planos de patitos, suspiraba enfadado, dejando todo para ir a sentarse cerca del ventanal, observando la ciudad a la lejanía, encogiéndose de hombros.

    Nuevamente sólo veía una pocilga que dejar derrumbarse en lugar de la tenue esperanza de reformarla.
    Tras toda una mañana y parte de la tarde trasando nuevos planos de patitos, suspiraba enfadado, dejando todo para ir a sentarse cerca del ventanal, observando la ciudad a la lejanía, encogiéndose de hombros. Nuevamente sólo veía una pocilga que dejar derrumbarse en lugar de la tenue esperanza de reformarla.
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  • ¡Nueva bienvenida!

    Hoy tengo el placer de anunciar que un personaje 2D ha dado el salto a 3D en FicRol.
    Demos una cálida bienvenida a Haru , que se suma oficialmente a la comunidad de personajes 3D.

    ¡Esperamos verte disfrutar y rolear mucho en esta nueva etapa!
    ✨ ¡Nueva bienvenida! ✨ Hoy tengo el placer de anunciar que un personaje 2D ha dado el salto a 3D en FicRol. Demos una cálida bienvenida a [Haruu], que se suma oficialmente a la comunidad de personajes 3D. 🥳 ¡Esperamos verte disfrutar y rolear mucho en esta nueva etapa! 🌟
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  • ---

    ¿Qué perdura en la sonrisa de mi alma?

    Mil almas de espadas cardinales.

    Ante las calumnias.

    Protejo.

    Lo que es mío.

    Principados de todo óxido.

    Enemigo.

    Te destruyo.

    Mi vida es sólo mía.
    --- ¿Qué perdura en la sonrisa de mi alma? Mil almas de espadas cardinales. Ante las calumnias. Protejo. Lo que es mío. Principados de todo óxido. Enemigo. Te destruyo. Mi vida es sólo mía.
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  • —Buenas noches, supongo (?).
    —Buenas noches, supongo (?).
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  • Los años 50s, sin duda una época llena de glamour, buena música e innovación, así como también el despertar de la Guerra Fría y algunos movimientos sociales y políticos.

    Lianna en aquella época se había ausentado un rato de los matrimonios, en su lugar había descubierto una fascinación por el mundo de la salud, no porque realmente le importaran las personas, sino por la curiosidad que le causaba entender la ciencia de las enfermedades, cómo afectaban a la fisiología, la psicología y las emociones humanas en las personas... sin contar la sangre que provenía de ellos.

    En 1952, un caso llegó a sus manos. Un hombre joven, de unos 30 años, fue ingresado en el hospital con síntomas que desconcertaron a los médicos: fiebre alta, debilidad muscular y parálisis progresiva. Los diagnósticos iniciales apuntaban a una infección viral, pero el cuadro clínico no encajaba con ninguna enfermedad conocida.

    Lianna, con su aguda observación, notó algo peculiar en el paciente. Sus ojos, aunque febrilmente nublados, mostraban una desesperación profunda. No solo sufría físicamente; su mente estaba atrapada en un laberinto de terror y confusión.

    Tras semanas de estudios e investigación, Lianna llegó a una conclusión : el hombre padecía una rara fiebre hemorrágica, posiblemente relacionada con una variante desconocida del virus de la influenza. Pero lo que realmente la cautivó fue el impacto psicológico de la enfermedad. La parálisis no solo afectaba su cuerpo, sino también su mente, sumiéndolo en una angustia existencial.

    Lianna comenzó a experimentar con el paciente, administrándole dosis controladas de sedantes y estimulantes para observar sus reacciones. Quería entender cómo la mente humana respondía al sufrimiento extremo, cómo el dolor físico podía desencadenar una tormenta emocional y psicológica.

    Una noche, mientras el paciente deliraba por la fiebre, Lianna se acercó a él. Sus palabras eran incoherentes, pero en medio del delirio, mencionó algo que la hizo emocionarse: "No quiero morir... pero el dolor... el dolor me consume". Fue en ese momento que Lianna comprendió la profundidad del sufrimiento humano, una comprensión que solo alguien como ella, con su naturaleza vampírica, podía alcanzar.

    El paciente murió días después, su cuerpo consumido por la fiebre y su mente perdida en la oscuridad. Pero para Lianna, su muerte no fue en vano. Había obtenido lo que buscaba: algo por el cual "vivir y experimentar" el sufrimiento de otros sería su placer.

    — Los humanos...son tan susceptibles.

    A partir de ese momento, Lianna se dedicó a estudiar enfermedades raras y sus efectos psicológicos.

    #Semanaderecuerdos
    Los años 50s, sin duda una época llena de glamour, buena música e innovación, así como también el despertar de la Guerra Fría y algunos movimientos sociales y políticos. Lianna en aquella época se había ausentado un rato de los matrimonios, en su lugar había descubierto una fascinación por el mundo de la salud, no porque realmente le importaran las personas, sino por la curiosidad que le causaba entender la ciencia de las enfermedades, cómo afectaban a la fisiología, la psicología y las emociones humanas en las personas... sin contar la sangre que provenía de ellos. En 1952, un caso llegó a sus manos. Un hombre joven, de unos 30 años, fue ingresado en el hospital con síntomas que desconcertaron a los médicos: fiebre alta, debilidad muscular y parálisis progresiva. Los diagnósticos iniciales apuntaban a una infección viral, pero el cuadro clínico no encajaba con ninguna enfermedad conocida. Lianna, con su aguda observación, notó algo peculiar en el paciente. Sus ojos, aunque febrilmente nublados, mostraban una desesperación profunda. No solo sufría físicamente; su mente estaba atrapada en un laberinto de terror y confusión. Tras semanas de estudios e investigación, Lianna llegó a una conclusión : el hombre padecía una rara fiebre hemorrágica, posiblemente relacionada con una variante desconocida del virus de la influenza. Pero lo que realmente la cautivó fue el impacto psicológico de la enfermedad. La parálisis no solo afectaba su cuerpo, sino también su mente, sumiéndolo en una angustia existencial. Lianna comenzó a experimentar con el paciente, administrándole dosis controladas de sedantes y estimulantes para observar sus reacciones. Quería entender cómo la mente humana respondía al sufrimiento extremo, cómo el dolor físico podía desencadenar una tormenta emocional y psicológica. Una noche, mientras el paciente deliraba por la fiebre, Lianna se acercó a él. Sus palabras eran incoherentes, pero en medio del delirio, mencionó algo que la hizo emocionarse: "No quiero morir... pero el dolor... el dolor me consume". Fue en ese momento que Lianna comprendió la profundidad del sufrimiento humano, una comprensión que solo alguien como ella, con su naturaleza vampírica, podía alcanzar. El paciente murió días después, su cuerpo consumido por la fiebre y su mente perdida en la oscuridad. Pero para Lianna, su muerte no fue en vano. Había obtenido lo que buscaba: algo por el cual "vivir y experimentar" el sufrimiento de otros sería su placer. — Los humanos...son tan susceptibles. A partir de ese momento, Lianna se dedicó a estudiar enfermedades raras y sus efectos psicológicos. #Semanaderecuerdos
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