• De vacaciones en Turín mi tierra *decía orgullos ya que seiko es italiano*
    De vacaciones en Turín mi tierra *decía orgullos ya que seiko es italiano*
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  • - "¿Debo preocuparme por los demás?. Creo que es mejor solo preocuparme por mis hijas. No malgastare mi tiempo en personas que me tienen miedo o desprecian"
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  • ¿Qué deberé proyectar? ¿El adorable felino, o la figura de un antiguo amigo?
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  • -explotar nariz de sangre..-

    c-claro b-barón


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  • La noche en Seúl estaba bañada en un silencio pesado, interrumpido solo por el murmullo distante del tráfico y el resplandor neón que se filtraba tímidamente a través de los ventanales. En lo alto de un penthouse cuya vista dominaba la ciudad, Lián Xuefeng dormía. O al menos lo intentaba. Su cuerpo descansaba en sábanas de seda negra, pero su mente se debatía en los pasillos de un pasado que no había muerto con los siglos.

    Primero vinieron las llamas. El sueño lo arrastró al palacio ardiente, a los corredores de jade convertidos en ruinas. El humo se alzaba como demonios danzantes, y entre ellos, el rostro de ella: la sacerdotisa de mirada serena que había jurado protegerlo. Sus labios se movían, pero las palabras nunca llegaban; solo un grito ahogado antes de ser engullida por las llamas. Lián extendía la mano, pero sus dedos rozaban solo el vacío, una ausencia que ardía más que el fuego mismo.

    Luego, el hierro. El altar frío, la traición de su hermano menor clavada más hondo que las cuchillas. Sentía aún el ardor metálico en su pecho, el desgarrar de su carne, la sangre que manaba como un río oscuro. Los cánticos de los traidores lo rodeaban, celebrando su caída. Y en ese instante, justo antes de morir, el rugido interior: no humano, no terrenal. Algo dentro de él se alzó con furia, reclamando eternidad. El eco de aquel despertar aún lo perseguía.

    Lián jadeó, abriendo los ojos de golpe. La habitación estaba intacta: los ventanales de cristal, el mobiliario minimalista, la calma aséptica del presente. Y sin embargo, él seguía encadenado a la imagen de la sacerdotisa muriendo entre llamas. Su pecho subía y bajaba con violencia, como si aún llevara dentro el filo de aquellas cuchillas.

    Se incorporó lentamente, dejando que la seda resbalara por su piel pálida. Una mano fue a su rostro, cubriéndose los ojos como si pudiera borrar el recuerdo. Pero no había escapatoria. No había amanecer que pudiera disipar esa pesadilla, porque no era un sueño: era memoria.

    Caminó hasta el ventanal, observando la ciudad que brillaba como un mar de estrellas caídas. Seúl, vibrante, viva, indiferente a su tragedia. Sus dedos rozaron el cristal, fríos como el mármol, y en su mente un pensamiento lo atravesó con fuerza:
    "¿Cuántos siglos más debo cargar con este peso? ¿Soy un hombre, un monstruo, o algo que ni siquiera los dioses quisieron nombrar?"

    Un dejo de melancolía se mezcló en su mirada oscura, pero también una chispa de ira latente, de deseo de recuperar lo perdido o destruir lo que se interpusiera. La ciudad no lo sabía, pero bajo su calma nocturna caminaba un emperador olvidado, marcado por el fuego y condenado a nunca despertar del todo de sus propias pesadillas.
    La noche en Seúl estaba bañada en un silencio pesado, interrumpido solo por el murmullo distante del tráfico y el resplandor neón que se filtraba tímidamente a través de los ventanales. En lo alto de un penthouse cuya vista dominaba la ciudad, Lián Xuefeng dormía. O al menos lo intentaba. Su cuerpo descansaba en sábanas de seda negra, pero su mente se debatía en los pasillos de un pasado que no había muerto con los siglos. Primero vinieron las llamas. El sueño lo arrastró al palacio ardiente, a los corredores de jade convertidos en ruinas. El humo se alzaba como demonios danzantes, y entre ellos, el rostro de ella: la sacerdotisa de mirada serena que había jurado protegerlo. Sus labios se movían, pero las palabras nunca llegaban; solo un grito ahogado antes de ser engullida por las llamas. Lián extendía la mano, pero sus dedos rozaban solo el vacío, una ausencia que ardía más que el fuego mismo. Luego, el hierro. El altar frío, la traición de su hermano menor clavada más hondo que las cuchillas. Sentía aún el ardor metálico en su pecho, el desgarrar de su carne, la sangre que manaba como un río oscuro. Los cánticos de los traidores lo rodeaban, celebrando su caída. Y en ese instante, justo antes de morir, el rugido interior: no humano, no terrenal. Algo dentro de él se alzó con furia, reclamando eternidad. El eco de aquel despertar aún lo perseguía. Lián jadeó, abriendo los ojos de golpe. La habitación estaba intacta: los ventanales de cristal, el mobiliario minimalista, la calma aséptica del presente. Y sin embargo, él seguía encadenado a la imagen de la sacerdotisa muriendo entre llamas. Su pecho subía y bajaba con violencia, como si aún llevara dentro el filo de aquellas cuchillas. Se incorporó lentamente, dejando que la seda resbalara por su piel pálida. Una mano fue a su rostro, cubriéndose los ojos como si pudiera borrar el recuerdo. Pero no había escapatoria. No había amanecer que pudiera disipar esa pesadilla, porque no era un sueño: era memoria. Caminó hasta el ventanal, observando la ciudad que brillaba como un mar de estrellas caídas. Seúl, vibrante, viva, indiferente a su tragedia. Sus dedos rozaron el cristal, fríos como el mármol, y en su mente un pensamiento lo atravesó con fuerza: "¿Cuántos siglos más debo cargar con este peso? ¿Soy un hombre, un monstruo, o algo que ni siquiera los dioses quisieron nombrar?" Un dejo de melancolía se mezcló en su mirada oscura, pero también una chispa de ira latente, de deseo de recuperar lo perdido o destruir lo que se interpusiera. La ciudad no lo sabía, pero bajo su calma nocturna caminaba un emperador olvidado, marcado por el fuego y condenado a nunca despertar del todo de sus propias pesadillas.
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  • Jamás imaginé que llegaría este día
    donde apostaria yo toda mi vida
    por amarte y por hablarte otra vez.
    Pero que diablos, ya perdí todo mi tiempo
    y por mis errores ahora estoy sufriendo,
    quisiera regresar.
    Pero antes de andar y salir de tu vida
    y andar a solas,
    quisiera llorar y sacarme de adentro tus besos
    tu cuerpo.
    Antes, de olvidar
    quisiera llorarte una vez más y soñarte
    antes, del libro cerrar
    quisiera contarte que no me gustó su final.
    Antes...
    Jamás imaginé que llegaría a perderte
    llegué a sentirme tan seguro de tenerte
    pero ves mi vida que no fue asi.
    Pero que ya diablos, ya perdí todo mi tiempo
    y por mis errores ahora estoy sufriendo
    quisiera regresar.
    Pero antes de andar y salir de tu vida
    y andar a solas,
    quisiera llorar y sacarme de adentro tus besos
    tu cuerpo.
    Antes, de olvidar
    quisiera llorarte una vez más y soñarte
    antes, del libro cerrar
    quisiera contarte que no me gustó su final.
    Antes, de olvidar
    quisiera llorarte una vez más y soñarte
    antes, del libro cerrar
    quisiera contarte que no me gustó su final.
    Antes...
    Jamás imaginé que llegaría este día donde apostaria yo toda mi vida por amarte y por hablarte otra vez. Pero que diablos, ya perdí todo mi tiempo y por mis errores ahora estoy sufriendo, quisiera regresar. Pero antes de andar y salir de tu vida y andar a solas, quisiera llorar y sacarme de adentro tus besos tu cuerpo. Antes, de olvidar quisiera llorarte una vez más y soñarte antes, del libro cerrar quisiera contarte que no me gustó su final. Antes... Jamás imaginé que llegaría a perderte llegué a sentirme tan seguro de tenerte pero ves mi vida que no fue asi. Pero que ya diablos, ya perdí todo mi tiempo y por mis errores ahora estoy sufriendo quisiera regresar. Pero antes de andar y salir de tu vida y andar a solas, quisiera llorar y sacarme de adentro tus besos tu cuerpo. Antes, de olvidar quisiera llorarte una vez más y soñarte antes, del libro cerrar quisiera contarte que no me gustó su final. Antes, de olvidar quisiera llorarte una vez más y soñarte antes, del libro cerrar quisiera contarte que no me gustó su final. Antes...
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  • Si, estoy bien. (no) te preocupes.
    Si, estoy bien. (no) te preocupes.
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  • -Fue que en uno de sus viajes, por un mundo fantástico inspirado en Japón, llego a aquel hermoso pueblo donde el corazón del lugar, parecía sacado de un sueño, maravillada por ese gran árbol de cerezo, cuyos pétalos son llevados por el viento, dado sensación de estar nevado.

    Como si estuviera hipnotizada, camino hasta el cerezo, donde ai estar cerca de aquel cerezo, pudo sentir una gran paz.

    Cerro sus ojos para asi sentir la suave brisa acariciando su rostro.

    Dio un profundo suspiro, abriendo los ojos-.

    Hermoso...

    -Comentó con una gentil sonrisa -.
    -Fue que en uno de sus viajes, por un mundo fantástico inspirado en Japón, llego a aquel hermoso pueblo donde el corazón del lugar, parecía sacado de un sueño, maravillada por ese gran árbol de cerezo, cuyos pétalos son llevados por el viento, dado sensación de estar nevado. Como si estuviera hipnotizada, camino hasta el cerezo, donde ai estar cerca de aquel cerezo, pudo sentir una gran paz. Cerro sus ojos para asi sentir la suave brisa acariciando su rostro. Dio un profundo suspiro, abriendo los ojos-. Hermoso... -Comentó con una gentil sonrisa -.
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  • ⏱- ¿Será que Kotoko regrese... Así como lo hice yo..?

    [Se había aparecido en medio de una ciudad desconocida para el]

    ⏱- Ella también es una diosa... Entiendo si no vuelve... O si no me quiere volver a ver... Después de todo no le di la atención que pedia
    ⏱- ¿Será que Kotoko regrese... Así como lo hice yo..? [Se había aparecido en medio de una ciudad desconocida para el] ⏱- Ella también es una diosa... Entiendo si no vuelve... O si no me quiere volver a ver... Después de todo no le di la atención que pedia
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  • No puedo morir aún , lo siento humano Pero aquí único que puede caer eres tu .
    No puedo morir aún , lo siento humano Pero aquí único que puede caer eres tu .
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