• Por lo menos es una tarde muy tranquila , asi que solo tomare un poco de te ~
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  • -Fue una entrega sublime, llena de amor, entre caricias apasionadas y besos ardientes, le demostré lo mucho que la amo, se dejó llevar por mí a cada momento, el sonido de su voz y dulces onomatopeyas las ahogué con mis propios labios, hasta sentirla rendida entre mis brazos; La inocencia que se plasma en su rostro es una máscara, pues ella...  me devoró como solo lo sabe hacer.
    -Fue una entrega sublime, llena de amor, entre caricias apasionadas y besos ardientes, le demostré lo mucho que la amo, se dejó llevar por mí a cada momento, el sonido de su voz y dulces onomatopeyas las ahogué con mis propios labios, hasta sentirla rendida entre mis brazos; La inocencia que se plasma en su rostro es una máscara, pues ella...  me devoró como solo lo sabe hacer.
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  • —Sigo sin entender porque los dioses griegos prefieren algo que ni cubre prácticamente nada... Mejor estar desnudos ¿No?

    Mirando aquella ¿Túnica? ¿Toga?

    —[Mek41] ¿Estoy usando esto correctamente o lo amarré donde no era?
    —Sigo sin entender porque los dioses griegos prefieren algo que ni cubre prácticamente nada... Mejor estar desnudos ¿No? Mirando aquella ¿Túnica? ¿Toga? —[Mek41] ¿Estoy usando esto correctamente o lo amarré donde no era?
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  • Empecé de hacer exacto lo incorrecto, como si se tratará de un reglamento que se debe cumplir al pie de la letra.
    Empecé de hacer exacto lo incorrecto, como si se tratará de un reglamento que se debe cumplir al pie de la letra.
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  • - Yo cuando me ofrecen un poco de té (?)-

    Estás seguro que es té..

    De acuerdo lo tomaré (?)
    - Yo cuando me ofrecen un poco de té (?)- Estás seguro que es té.. De acuerdo lo tomaré (?)
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  • 𝑇𝑜𝑑𝑎𝑠 𝑙𝑎𝑠 𝑣𝑒𝑜 𝑏𝑢𝑒𝑛𝑎𝑠 𝑠𝑖 𝑏𝑒𝑏𝑜 𝑟𝑜𝑛
    𝐿𝑎 𝑏𝑙𝑎𝑛𝑞𝑢𝑖𝑡𝑎 𝑦 𝑙𝑎 𝑚𝑜𝑟𝑒𝑛𝑎, 𝑠𝑖 𝑏𝑒𝑏𝑜 𝑟𝑜𝑛
    𝐿𝑎 𝑔𝑜𝑟𝑑𝑖𝑡𝑎 𝑐𝑎𝑟𝑎 '𝑒 𝑡𝑖𝑒𝑟𝑛𝑎, 𝑠𝑖 𝑏𝑒𝑏𝑜 𝑟𝑜𝑛
    𝐿𝑎 𝑓𝑙𝑎𝑞𝑢𝑖𝑡𝑎 𝑐𝑎𝑟𝑎 '𝑒 𝐵𝑎𝑟𝑏𝑖𝑒 𝑏𝑎𝑖𝑙𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑏𝑎𝑙𝑐ó𝑛.

    ──── 𝚃𝚞𝚎𝚜𝚍𝚊𝚢 𝙰𝚏𝚝𝚎𝚛𝚗𝚘𝚘𝚗 ────

    ( https://youtu.be/QDCIZUDIzGY?si=Y8uwR65pOS1opad5 )
    𝑇𝑜𝑑𝑎𝑠 𝑙𝑎𝑠 𝑣𝑒𝑜 𝑏𝑢𝑒𝑛𝑎𝑠 𝑠𝑖 𝑏𝑒𝑏𝑜 𝑟𝑜𝑛 𝐿𝑎 𝑏𝑙𝑎𝑛𝑞𝑢𝑖𝑡𝑎 𝑦 𝑙𝑎 𝑚𝑜𝑟𝑒𝑛𝑎, 𝑠𝑖 𝑏𝑒𝑏𝑜 𝑟𝑜𝑛 𝐿𝑎 𝑔𝑜𝑟𝑑𝑖𝑡𝑎 𝑐𝑎𝑟𝑎 '𝑒 𝑡𝑖𝑒𝑟𝑛𝑎, 𝑠𝑖 𝑏𝑒𝑏𝑜 𝑟𝑜𝑛 𝐿𝑎 𝑓𝑙𝑎𝑞𝑢𝑖𝑡𝑎 𝑐𝑎𝑟𝑎 '𝑒 𝐵𝑎𝑟𝑏𝑖𝑒 𝑏𝑎𝑖𝑙𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑏𝑎𝑙𝑐ó𝑛. 🎶 ──── 𝚃𝚞𝚎𝚜𝚍𝚊𝚢 𝙰𝚏𝚝𝚎𝚛𝚗𝚘𝚘𝚗 ──── ( https://youtu.be/QDCIZUDIzGY?si=Y8uwR65pOS1opad5 )
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  • — A veces extraño mi antigua casa, al menos cuando enfermaba no estaba sola. ¿A quién le pido un poco de calorcito? ¡Odio los escalofríos! Hoy no iré al instituto.
    — A veces extraño mi antigua casa, al menos cuando enfermaba no estaba sola. ¿A quién le pido un poco de calorcito? ¡Odio los escalofríos! Hoy no iré al instituto.
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  • 𝐂𝐚𝐩í𝐭𝐮𝐥𝐨 𝐈𝐈𝐈 – “𝐃𝐢𝐨𝐬𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐂𝐚𝐨𝐬”

    La discoteca más exclusiva de Nueva York estaba hecha para ella. No para la alta sociedad, no para los artistas, no para los millonarios aburridos. No: para Deianira Zhorkeas. Su entrada al lugar fue una escena coreografiada por el destino; flashes, miradas, un vestido plateado que parecía derretirse sobre su piel, y una seguridad arrogante que convertía la pista en su pasarela privada.

    Las copas se alzaron en su honor. La gente susurraba su nombre como si fuese un conjuro. Y Deianira, con la pupila dilatada y la sonrisa de alguien que ya había probado demasiado de todo, absorbía cada segundo como un aplauso eterno.

    —Brindemos por mí —dijo, elevando una copa de vodka cristalino, con ese tono de broma que no era broma en absoluto.

    El DJ cambió la música solo porque ella había llegado, mezclando su voz en un “welcome queen” improvisado que hizo que el lugar estallara. Pero entre la euforia y los destellos, alguien la observaba desde el bar: un hombre trajeado, con mirada calculadora. No era fan. No era uno de esos que la deseaban como un trofeo. Era un competidor, un inversor de la industria cosmética que había querido comprar parte de Detroyer of Men y al que ella había rechazado con crueldad.

    Él levantó su vaso hacia ella con una media sonrisa. Ella, altiva, respondió con un movimiento de cejas, como quien pisa una hormiga invisible. Pero el gesto la perturbó más de lo que admitió.

    La noche siguió en espiral. Risas, drogas en el baño, besos robados a un desconocido que no recordaría en la mañana. Todo un espectáculo de excesos que ella sabía manejar como nadie. Pero en un rincón de su mente, esa mirada fría seguía clavada, como una advertencia: su imperio no era intocable.

    Deianira salió del club cuando amanecía, rodeada de un séquito de almas perdidas que la seguían como devotos de una diosa del caos. Subió a su coche con la carcajada todavía en los labios, pero al mirarse en el espejo retrovisor, se detuvo. El maquillaje estaba intacto, sí… pero había un cansancio extraño en sus ojos celestes.

    La diosa parecía humana por un instante.

    Sacó una bolsita plateada del bolso y la dejó sobre sus rodillas.

    —Aún no, cariño —susurró, como si hablara con ella. Y con un gesto brusco, la guardó de nuevo.

    El coche arrancó. Afuera, Nueva York despertaba. Y Deianira, entre humo y cristal, se convencía de que aún tenía el control.

    Aunque la grieta ya empezaba a abrirse.
    𝐂𝐚𝐩í𝐭𝐮𝐥𝐨 𝐈𝐈𝐈 – “𝐃𝐢𝐨𝐬𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐂𝐚𝐨𝐬” La discoteca más exclusiva de Nueva York estaba hecha para ella. No para la alta sociedad, no para los artistas, no para los millonarios aburridos. No: para Deianira Zhorkeas. Su entrada al lugar fue una escena coreografiada por el destino; flashes, miradas, un vestido plateado que parecía derretirse sobre su piel, y una seguridad arrogante que convertía la pista en su pasarela privada. Las copas se alzaron en su honor. La gente susurraba su nombre como si fuese un conjuro. Y Deianira, con la pupila dilatada y la sonrisa de alguien que ya había probado demasiado de todo, absorbía cada segundo como un aplauso eterno. —Brindemos por mí —dijo, elevando una copa de vodka cristalino, con ese tono de broma que no era broma en absoluto. El DJ cambió la música solo porque ella había llegado, mezclando su voz en un “welcome queen” improvisado que hizo que el lugar estallara. Pero entre la euforia y los destellos, alguien la observaba desde el bar: un hombre trajeado, con mirada calculadora. No era fan. No era uno de esos que la deseaban como un trofeo. Era un competidor, un inversor de la industria cosmética que había querido comprar parte de Detroyer of Men y al que ella había rechazado con crueldad. Él levantó su vaso hacia ella con una media sonrisa. Ella, altiva, respondió con un movimiento de cejas, como quien pisa una hormiga invisible. Pero el gesto la perturbó más de lo que admitió. La noche siguió en espiral. Risas, drogas en el baño, besos robados a un desconocido que no recordaría en la mañana. Todo un espectáculo de excesos que ella sabía manejar como nadie. Pero en un rincón de su mente, esa mirada fría seguía clavada, como una advertencia: su imperio no era intocable. Deianira salió del club cuando amanecía, rodeada de un séquito de almas perdidas que la seguían como devotos de una diosa del caos. Subió a su coche con la carcajada todavía en los labios, pero al mirarse en el espejo retrovisor, se detuvo. El maquillaje estaba intacto, sí… pero había un cansancio extraño en sus ojos celestes. La diosa parecía humana por un instante. Sacó una bolsita plateada del bolso y la dejó sobre sus rodillas. —Aún no, cariño —susurró, como si hablara con ella. Y con un gesto brusco, la guardó de nuevo. El coche arrancó. Afuera, Nueva York despertaba. Y Deianira, entre humo y cristal, se convencía de que aún tenía el control. Aunque la grieta ya empezaba a abrirse.
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  • — De momento me voy a quedar con esta apariencia, sino te gusta, miras a otro lado.
    — De momento me voy a quedar con esta apariencia, sino te gusta, miras a otro lado.
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  • - Veo que Eggman sabe hacer copias baratas, pero te faltaron detalles... Tengo 6 púas, no 3... Tampoco soy de metal y tengo un huevo en el estomago
    - Veo que Eggman sabe hacer copias baratas, pero te faltaron detalles... Tengo 6 púas, no 3... Tampoco soy de metal y tengo un huevo en el estomago
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