Homínidos Depredadores

No vienen del infierno, no hacen pactos por almas y no tienen poderes mágicos. Son una rama evolutiva paralela a la humana. Mientras el Homo sapiens evolucionó para cooperar, usar herramientas y tener resistencia para cazar por agotamiento, los demonios evolucionaron como depredadores de emboscada. Son el eslabón carnívoro y solitario diseñado biológicamente para cazar humanos.

Las cruces, el agua bendita, los rezos y los exorcismos son cuentos de hadas que los humanos inventaron en la antigüedad para lidiar con el terror de ser cazados en la oscuridad. A Mita no le quema el agua bendita; pero un escopetazo a quemarropa o la luz del sol directa a 40°C sí pueden matarla o incapacitarla. Su vulnerabilidad es física, no espiritual.

En la antigüedad eran los reyes del bosque. Sin embargo, los humanos se reprodujeron masivamente, inventaron armas de fuego y construyeron ciudades iluminadas. Al tener una tasa de natalidad bajísima y poca resistencia física a largo plazo, los demonios perdieron la guerra numérica. Para no extinguirse, aprendieron a camuflarse. Entendieron que la mejor forma de sobrevivir no era pelear contra el rebaño, sino esconderse dentro de él y parasitar su sistema; usar su dinero, sus casas y su comida chatarra,

BIOLOGÍA

  • Los demonios son seres puramente carnivoros; el sustento real de Mita es la proteína animal cruda y la sangre; su sistema requiere esta densidad nutricional para mantener sus reflejos y fuerza sobrehumanos. Sin embargo, ha desarrollado una profunda adicción a la comida humana ultraprocesada como los refrescos, pizzas, comida muy picante.
  • La musculatura de Mita es equiparable a la de un gorila espalda plateada, compactada en el cuerpo de una chica pequeña y menuda. Esta es la razón de sus casi 100 kg de peso. Por consiguiente, posee una fuerza de arranque y una agilidad felina aterradoras, diseñadas para ataques rapidos y contundentes.
  • Su esqueleto es altamente cartilaginoso, diseñado para absorber impactos que destrozarían a un humano. Puede dislocar y recolocar a voluntad su mandíbula, hombros o cuello sin experimentar dolor, permitiéndole giros y movimientos de horror corporal absoluto.