Siegmeyer
Edad: ¿?
Estatura: 2,13 mts
Cabello: Negro
Peso: ¿? (Más de 120 kg seguro)
Prólogo
Siegmeyer llegó de las Tierras Marchitas hace años, sin estandarte ni blasón. Aunque para ser mas certeros nadie sabe de dónde salió realmente. Su armadura es de acero, simple y gastada por batallas que nadie ha presenciado enteras. No lleva emblemas, ni siquiera un casco con plumas. Solo un yelmo cerrado que oculta su rostro casi siempre.
Historia
Nació en un pueblo fronterizo que ya no existe. Una noche, cuando tenía 14 años, una guerra entre dos señores feudales arrasó todo. Su familia fue masacrada delante de él. En medio de la matanza, mientras sostenía el cuerpo de su hermana pequeña, escuchó una voz en su cabeza, “Levántate. La guerra te ha elegido”. Desde ese momento, algo cambió dentro de él. No recuerda cómo sobrevivió esa noche, pero al amanecer estaba solo entre los cadáveres… y sus manos aún sostenían la espada que no era suya.
Desde entonces vaga. Ha servido a reyes, ha traicionado a señores, ha defendido aldeas y ha quemado otras. Nadie sabe por qué hace lo que hace. Ni siquiera él parece saberlo del todo.
Rumores
Dicen que fue bendecido por el Dios de la Guerra en persona. Quien lo ha visto pelear jura que su fuerza y resistencia son sobrehumanas. Una vez partió un escudo de roble de un solo golpe y siguió luchando con una lanza clavada en el pecho como si nada. Es justo cuando quiere. Ha liberado prisioneros inocentes y ejecutado a tiranos. Pero también se le ha visto dejar morir a inocentes si considera que ‘la guerra así lo exige’. Nadie entiende su sentido de la justicia. Nunca habla más de lo necesario.
Personalidad
• Reservado hasta el extremo: Habla poco, con frases cortas y graves. Usa pausas largas. En ocasiones se traba si trata de explicarse mucho.
• Difícil de abrirse: Solo muestra grietas muy de vez en cuando.
• Oscuro y melancólico: Hay una tristeza profunda en él, pero también una calma aterradora. No disfruta la violencia, pero la acepta como algo inevitable.
• Código propio: No sigue leyes de reyes ni iglesias. Su moral es gris y personal.
Siegmeyer, el errante