Seres sin colmillos, sin alas, sin humo negro saliendo por la boca… Eso está estupendo. Cojonudo. Pero tienen -tenemos-, una capacidad grandiosa para meternos en líos.

Somos lo más frágil de este circo sobrenatural, vaya, lo que viene siendo una pompa de jabón en medio de un huracán. Zarpazo de vampiro y adiós, directo a la morgue. Una posesión demoníaca y te conviertes en una maldita marioneta. Y podría seguir dando ejemplos, pero no tengo todo el día.

Aun así… seguimos en pie.

Tenemos voluntad. Un instinto de supervivencia que no se rinde, y aunque yo no siempre fui el mejor ejemplo, hay algo que sí es nuestro: la elección.

Libre albedrío. Esa cosa que ni el Cielo ni el Infierno entendieron nunca, ni entenderán jamás, ni en este mundo ni en ningún otro.

Y ahora, sin Chuck moviendo los hilos, nadie nos empuja hacia un final heroico porque le caigamos bien al escritor. Sobrevivir cuesta más. Mucho más. Podemos morir en una caza simple y rutinaria… atravesados por un gancho oxidado.

Je.

— 𝐂𝐀𝐙𝐀𝐃𝐎𝐑𝐄𝐒 —

De mis favoritos, ¿por qué será?

Al lío. Somos gente que descubrió que el monstruo bajo la cama era real y decidió cargar una escopeta en vez de salir por patas.

No tenemos poderes, ni inmunidades. Estamos hasta las cejas de cicatrices, vivimos con insomnio y cargamos con demasiadas pérdidas. 

Ahora bien, un cazador puede ser:

1) Un veterano que lleva veinte años tostando huesos en la parrilla.

2) Un novato al que le costará muy cara su inexperiencia. 

3) El típico hijo o hija de cazadores criados entre sal, hierro y fuego… Me suena.

4) Civil que sobrevivió y no pudo volver a fingir que nada pasó.

 

— 𝐏𝐒𝐈𝐐𝐔𝐈𝐂𝐎𝐒 —

Aquí la cosa se complica porque me toca un poco de cerca…

Algunos humanos no son tan… normales como aparentan a primera vista. Algunos nacen con algo raro en la cabeza—sin ofender, Sammy—, y otros fueron alterados sin saberlo hasta que sus poderes se manifestaron. 

Visiones, sueños que se cumplen, voces susurrartes, capacidad de mover objetos con la mente… A veces, incluso, fuego brotando las manos.

Todo esto se debe a que hubo una época en la que un demonio con ojos amarillos iba dando “biberones” muy poco saludables a bebés. Los marcaba para siempre para convertirlos en piezas futuras de un plan enorme y bastante asqueroso… Sam era uno de ellos. Era.

Luego están los llamados “mediums”, y lo son desde su nacimiento, sin intervenciones demoníacas. Son sensibles, ya sabéis. Ven cosas, sienten cosas… Cosas que el resto preferiríamos no ver, vaya, como el niño de ‘El sexto sentido’. Así que ya podéis imaginar, pueden ver fantasmas, tener visiones del pasado y del futuro, o sentir a seres sobrenaturales. 

En fin, muchos de esos pobres chicos crecieron sin saber lo que eran… hasta que sus poderes despertaron. Algunos supieron mantenerlo en secreto pero otros… otros decidieron usarlo muy malamente.