Nunca pensé que alguien pudiera romperte por completo y seguir sonriendo.
Yo tenía 16 años cuando conocí a Chen. Era mi profesor de literatura y tenía 32 años.
Todo en él parecía perfecto.
Cada palabra, cada gesto, cada mirada me hacía sentir que yo era lo único que existía. Lo admiraba, lo amaba, lo necesitaba.
Fue mi primer amor, mi primer beso, mi primera experiencia sexual.
Todo era perfecto, hasta que descubrí la verdad.
Demasiado tarde.
Todo empezó por rumores y pequeñas señales que quise ignorar, hasta que todo encajó como un golpe en el pecho: Chen manipulaba a otros alumnos para conseguir lo que quería. Usaba su poder para que otros alumnos accedieran a acostarse con él a cambio de pasar su asignatura.
Yo había confiado en él. Lo había amado con todo lo que era. Descubrir la verdad me destrozó.
Chen no solo me engañó, me arrancó el corazón y me lo devolvió roto.
Desde entonces, todo cambió.
He sido incapaz de volver a amar de una forma sana. Los celos me dominan. Me he vuelto paranoico. Dependiente emocionalmente.
Necesito tener a los que amo cerca, sentir que no me van a dejar… aunque eso me haga parecer irracional, obsesivo. No puedo evitarlo. Ese dolor me persigue. Siempre. En cada palabra, en cada silencio, en cada pensamiento.
He empezado a estudiar periodismo. Estoy intentando construir algo bueno en mi vida, pero hay un fantasma a mi lado.
Chen me enseñó que amar puede doler más que cualquier otra cosa. Que confiar puede ser la peor decisión de tu vida. Que cuando alguien en quien confías te traiciona, te marca para siempre.
Y aquí estoy, con dieciocho años, intentando aprender a vivir con este miedo que me define. Porque amar después de lo que pasó duele más de lo que puedo soportar.
Zhang Shuo