Nací en Vireth-Nar, ciudad feérico- industrial donde la niebla engaña y el metal gobierna. Resultado de un amor que nunca debió ocurrir, pero que fue lo más real que vivieron mis padres.
Ella, fae ritualista; él, demonio de pactos. Se conocieron mediante un pacto y terminaron abriendo una herida en el orden establecido de nuestro mundo. Se eligieron sabiendo que el mundo no se lo perdonaría.
En mi ciudad, mezclar ambas razas, es invocar el caos. Ellos lo hicieron en secreto. No nací de un error. Fui un acto de amor rebelde.
Mi nacimiento se ocultó con magia y silencio. Mi padre desapareció, quizás por huida, quizás por muerte, el resultado es el mismo, y mi madre me escondió para salvarme.
Una falla genética en mi cuerpo, lo convirtió en un callejón sin salida desde mi nacimiento. Infértil por la combinación de dos razas incompatibles genéticamente. Lo descubrí cuando un sacerdote de Throgal lo exclamó como condena, cuando el uroboros despertó. Pero para mí, fue solo un dato más, irrelevante.
No sueño con hijos ni bodas. No me hacen falta. El deseo, la atracción, la adrenalina, la curiosidad y el presente me bastan. No necesito proyectarme en futuros inciertos.
Honro el riesgo que tomaron al crearme.
Acepto el límite de mi propia carne.
Su lección fue clara: amar contra la ley es resistir.
Y yo resisto viviendo, aquí y ahora, libre.