Las personas creiĢan que sus recuerdos uĢnicamente quedaban en su memoria, en una parte de la mente que a veces se encargaba de proyectar las imaĢgenes como remedio puntual a la nostalgia. Pero estaban equivocados.
Los recuerdos estaban en todas partes. En el cielo, en la piel, en una cancioĢn, en un lugar, en un olor, en un perfume. A veces, podiĢas huir de ellos, pero cuando pesaban lo suficiente, era imposible escapar.
QuizaĢ ella nunca quiso huir. Tal vez siempre deseoĢ quedarse ahiĢ, buscarle en todas partes. En el cielo, en la piel, en una cancioĢn, en un lugar, en un olor, en un perfume. Y aunque aquel lugar en el que ahora se encontraba no tuviera ni una sola parte del pasado y de sus recuerdos, eĢl auĢn seguiĢa ahiĢ. En su piel, marcado para siempre.
Sus dedos recorrieron la marca que dejoĢ la cicatriz, justo en su cadera, sobre su marcada pelvis. Recordaba como si fuera ayer coĢmo se la hizo. CoĢmo talloĢ su piel dejando su huella impresa para acompanĢarla a todas partes, aunque eĢl ya no estuviera. AsiĢ ella se lo pidioĢ, sin saber auĢn que bajo la maĢscara de aquel villano se ocultaba el amor de su vida. No habriĢa habido ninguna otra explicacioĢn a por queĢ ella se habiĢa enamorado de dos personas al mismo tiempo, claro. No... no cuando nunca antes en su vida habiĢa sentido algo asiĢ. Nunca se habiĢa enamorado. Hasta que lo conocioĢ a eĢl.
Ahora Norman ya no estaba. Un anĢo habiĢa pasado desde aquella fatiĢdica noche en la que su mundo se derrumboĢ y su vida dejoĢ de tener sentido. JamaĢs olvidariĢa su cuerpo inerte sobre el sofaĢ. La ventana abierta. La cortina mecieĢndose en su direccioĢn, senĢalando el cadaĢver de la uĢnica persona a la que habiĢa querido. La uĢnica que la habiĢa ensenĢado a amar, a sufrir, a vivir, a ser feliz, a romperse.
Ahora ya no estaba.
Las laĢgrimas terminaron enrojeciendo sus mejillas. HabiĢa dejado de secarlas despueĢs de comprobar que aquella noche no cesariĢan.
El cosmos pareciĢa brillar con maĢs intensidad aquel diĢa. Las estrellas reluciĢan con maĢs fuerza, en especial una de ellas, una a la que ella atribuyoĢ su nombre. SabiĢa que nunca la abandonariĢa. No del todo.
El cielo, la piel, una cancioĢn, un lugar, un olor, un perfume...
SorbioĢ por la nariz en una sonrisa que ella misma se obligoĢ a pronunciar, en un burdo intento por recuperarla de verdad. Pero habiĢa olvidado coĢmo ser feliz. Y aquel diĢa, aquella noche, lo supo con exactitud. Su falta doliĢa, sangraba, taladraba y desgarraba. Su alma gritaba desde su interior y nunca se cansaba. Pero su cuerpo era la barrera, la que la protegiĢa de lo que aconteciĢa en su interior. Cada vez maĢs marchitada, maĢs afectada.
Nada es eterno, ¿verdad? Ni siquiera cuando te has acostumbrado tanto a fingir estar bien.
Pero un sentimiento maĢs aquella noche la acompanĢaba, y fue quizaĢ el culpable de que doliera auĢn maĢs.
La culpa.
Desde que Stephen la habiĢa expulsado de la Tierra, y su hogar habiĢa pasado a ser aquella nave, habiĢa sentido que le traicionaba. A eĢl, a sus recuerdos.
HabiĢa habido una sola persona que habiĢa conseguido sacarla momentaĢneamente de esa oscuridad en la que la muerte del empresario la habiĢa sepultado. NeĢbula.
AuĢn recordaba la primera vez que la vio, la primera vez que se vieron, las primeras palabras que se dijeron, y todo lo que vino despueĢs...
Seis meses antes.
Acababan de entregarle el uniforme que llevariĢa a partir de ese momento, justo despueĢs de una ducha de desinfeccioĢn terrana de lo maĢs dolorosa. Rocket, uno de los integrantes del grupo de los Guardianes la contemplaba desinteresado cuando la Lufomoide se acercoĢ a eĢl de brazos cruzados.
—¿QuieĢn es? —le preguntoĢ maĢs por curiosidad que por intereĢs.
—Se llama Angelique. Viene de la Tierra.
—¿De la Tierra?
—Hhmm —afirmoĢ asintiendo.
—¿Es humana?
—Eso parece. Aunque tiene algunos poderes.
—¿Poderes? —preguntoĢ desconcertada—. ¿CuaĢles? —la miroĢ de arriba abajo, cuestionaĢndoselo.
—SeguĢn Quill: fuerza sobrehumana, grandes reflejos...
NeĢbula soltoĢ un bufido sarcaĢstico, mofaĢndose.
—... y habilidades en combate cuerpo a cuerpo. Ah, y telequinesis.
—Interesante...
—Eso me dijo. Pero soĢlo puede utilizarla si lleva puesto su traje.
—¿Traje? —lo miroĢ cenĢuda.
—El que le hemos quitado —se mordisqueoĢ las unĢas—. Al parecer usa alguĢn tipo de suero. Una foĢrmula que le roboĢ a su jefe y que por lo visto estaba defectuosa. La perfeccionoĢ y la anĢadioĢ a la armadura.
—¿Y sin ella?
Rocket se encogioĢ de hombros, bajando de un salto del muro de piedra en el que estaba sentado. NeĢbula lo siguioĢ, ahora siĢ interesada.
—¿Por queĢ estaĢ aquiĢ?
—Un hechicero nos la entregoĢ como reheĢn.
—¿Un hechicero?
—SiĢ. Un tal Doctor “no seĢ queĢ”. Uno de los Vengadores. Supuestamente es un peligro para la Tierra.
—¿Y nos la endinĢan a nosotros?
—Dijo para la Tierra, no para el Espacio.
NeĢbula se quedoĢ parada, dejando que Rocket se marchase. AguzoĢ la mirada, con la vista fija en la chica. GrunĢoĢ, entrecerrando los ojos, con recelo.
Esa misma noche, durante la cena, decidioĢ acercarse a averiguar maĢs sobre la nueva integrante. Se dejoĢ caer a su lado bruscamente, sobresaltaĢndola. No se andoĢ con rodeos, le preguntoĢ directamente aquello que le interesaba.
—¿Por queĢ estaĢs aquiĢ?
Por supuesto, la pregunta y su presencia la pillaron completamente por sorpresa. Su corazoĢn auĢn estaba acelerado y su respiracioĢn acababa de empezar a buscar acompasarse. No pudo procesar la informacioĢn y lo uĢnico que pudo hacer fue fruncir el cenĢo en respuesta. Ella no deseaba estar alliĢ, a decir verdad la habiĢan llevado a rastras y obligada. Poco pudo hacer en contra de la voluntad de Strange. PodiĢa haberse resistido, pataleado, ¿pero acaso le haciĢa falta a eĢl agarrarla de un brazo? No con esos malditos portales...
—Te he hecho una pregunta, Terrana. Responde.
Pero aquella cuestioĢn traiĢa consigo el motivo por el cual habiĢa estado llorando las tres horas antes de la cena. Algo por lo que auĢn no estaba preparada para hablar, ni lo estariĢa nunca realmente. Angelique se levantoĢ de la mesa, bandeja en mano, para marcharse de alliĢ, pero NeĢbula la agarroĢ del brazo, detenieĢndola.
—¡¿A doĢnde vas?! —le protestoĢ.
La castanĢa tiroĢ con fuerza para liberarse del agarre, miraĢndola con enojo.
—DeĢjame en paz.
Y se marchoĢ, dejaĢndola con la palabra en la boca. Lo cierto es que se quedoĢ quieta simplemente porque no esperaba aquella respuesta, mucho menos que se atreviera a contestarle asiĢ y a marcharse sin maĢs.
Drax se acercoĢ por su espalda.
—Menudo caraĢcter —carcajeoĢ toscamente—. Me recuerda a alguien que es azul y tiene el mismo mal genio que ella.
NeĢbula rodoĢ los ojos.
Drax esperoĢ con una sonrisa a que lo adivinara, pensando que no lo habiĢa hecho ya.
—¿Quieres que te diga a quieĢn? —se inclinoĢ hacia ella.
—¡No! —gritoĢ NeĢbula, que ya sabiĢa que se estaba refiriendo a ella.
—SoĢlo digo, que las dos teneĢis el mismo mal genio. Cuando alguien intenta ayudaros: ¡AAAAH! GritaĢis como locas —rio.
—Yo no intentaba ayudarla —repuso con indignacioĢn.
—¿Ah, no? ¿Y queĢ haciĢas entonces?
—QueriĢa averiguar a quieĢn nos han metido aquiĢ.
—Creo que se llama Angelique-
—¡Ya seĢ coĢmo se llama pedazo de inuĢtil! —lo reprendioĢ—. Lo que no seĢ es por queĢ nos la han encasquetado a nosotros. Y por queĢ es un peligro para la Tierra.
—¿Un peligro para la Tierra? No creo que ella sea un peligro para la Tierra.
—Eso dicen ellos.
—¿QuieĢnes?
VolvioĢ a rodar los ojos, perdiendo la paciencia.
—El que la ha traiĢdo aquiĢ.
—¡Oh! El mago.
NeĢbula se giroĢ hacia Drax completamente cenĢuda, indignada.
—¿TuĢ tambieĢn lo conoces?
—No... SoĢlo le vi traerla y fui a saludarle. PareciĢa un hombre muy serio.
—¿Y no le preguntaste por queĢ debiĢamos custodiarla nosotros?
—No —respondioĢ como si fuera lo maĢs normal del mundo.
—¡Aghhh! —protestoĢ NeĢbula, perdiendo los nervios—. ¡Malditos idiotas!...
Se marchoĢ, dejaĢndolo solo. Drax se quedoĢ mirando coĢmo se marchaba, indiferente.
—El mismo mal genio —repitioĢ, ahora para siĢ, negando con la cabeza. Se alejoĢ, al igual que lo hizo ella.
Pero evidentemente las cosas no iban a quedar asiĢ. ¿Y permitir que la nueva la retara el primer diĢa? ¿En queĢ lugar la dejariĢa eso?
AbandonoĢ el puente de mando. Esa noche le tocaba guardia junto a Quill, asiĢ que en cuanto ella se levantoĢ con intenciones de marcharse eĢl se quitoĢ uno de los auriculares y viroĢ el asiento en direccioĢn a su marcha.
—¡¿A doĢnde vas?! —le protestoĢ. Si habiĢa algo que detestaba era quedarse solo en una guardia. Aunque NeĢbula no fuese una gran companĢiĢa. La verdad es que ni siquiera habiĢan hablado desde que habiĢan llegado al control, y seguramente no lo hariĢan en toda la noche. AsiĢ era ella, y eĢl estaba acostumbrado. Tampoco es que disfrutara de su companĢiĢa, pero de ahiĢ a tener que quedarse solo, era algo muy distinto. AdemaĢs, ¿por queĢ ella podiĢa escaquearse y eĢl teniĢa que quedarse ahiĢ?
—Ahora vuelvo —le respondioĢ ella con aburrimiento. A veces Quill se comportaba como un criĢo. NeĢbula no podiĢa entender queĢ veiĢa su hermana en eĢl.
—¡Dile a Groot que venga, al menos!
—SoportaraĢs mi ausencia unos minutos maĢs —y la puerta se cerroĢ tras su espalda. Ni siquiera se molestoĢ en detenerse o mirarle mientras respondiĢa aquello, simplemente siguioĢ su camino—. Menudo idiota —murmuroĢ para siĢ.
No les faltaba mucho tiempo para llegar al proĢximo planeta en el que se quedariĢan como miĢnimo un mes. Se asentariĢan alliĢ, como soliĢan hacer, hasta que requirieran de sus servicios en otro lugar. Con suerte incluso, podriĢan quedarse para siempre si era un buen sitio que habitar. Aunque a ella eso no le importaba ni lo maĢs miĢnimo. A decir verdad... habiĢa pocas cosas en ese momento que le interesaran maĢs que poner las cosas en orden...
Se dirijo hacia la respectiva celda, dispuesta a dejarle claras cuaĢles eran las normas alliĢ, y se encontroĢ con que estaba vaciĢa. Se detuvo en seco, cenĢuda, y escuchoĢ pequenĢos pasos en el pasillo. Rocket estaba a punto de irse a la cama, ella lo interceptoĢ.
—¿DoĢnde estaĢ?
—¿DoĢnde estaĢ el queĢ?
—Ella. La terrana.
—A miĢ queĢ me cuentas.
NeĢbula abrioĢ de par en par los ojos, tomando el aire para soltarlo de golpe.
—¿¡Has dejado por ahiĢ suelto a uno de nuestros prisioneros!?
—No es un prisionero —respondioĢ con indiferencia.
El pequenĢo Groot aparecioĢ de pronto, con una sonrisa.
—Yo soy Groot.
—Eh, tiĢo —saludoĢ Rocket—. ¿Has visto tuĢ a la chica nueva?
—Yo soy Groot.
NeĢbula miroĢ a Rocket, buscando entender lo que acababa de decir, impaciente.
—Se fue por alliĢ —senĢaloĢ el camino hacia el lavabo.
NeĢbula corrioĢ, pasando entre los dos, provocando que Groot por poco cayera al suelo.
—¡Eh, eh! —reclamoĢ Rocket—. ¡Sin empujar!
—¿Yo soy Groot?
—Ni idea. EstaĢ chiflada.
Los pasos de la arpiĢa eran raĢpidos, resonaban en el metaĢlico suelo de la nave. La puerta del banĢo estaba ligeramente entreabierta, pudo verlo desde lejos, asiĢ que se detuvo, aproximaĢndose despacio y sin hacer ruido.
Angelique acababa de vestirse tras la ducha. HabiĢa llevado su mochila consigo para buscar en aquella miĢnima intimidad un minuto de tranquilidad en la que refugiarse en sus recuerdos. Las gotas de agua resbalaban por su cabello mojado, cayendo sobre sus hombros desnudos. Sus manos sosteniĢan la uĢnica foto que conservaba del empresario y ella juntos. No teniĢan demasiadas, por no decir ninguna, puesto que siempre habiĢan priorizado el secretismo y el que nadie llegase a descubrirlos. Aquella, en concreto, la tomaron en el laboratorio, celebrando que habiĢan conseguido finalizar exitosamente uno de los proyectos en los que llevaban meses trabajando. Ambos con el uniforme y la bata de Oscorp.
Los recuerdos le cosquillearon en el vientre, una mezcla de nostalgia dulce y agria. Una taciturna sonrisa se esbozoĢ en su rostro. DejoĢ la fotografiĢa sobre el lavabo y comenzoĢ a vestirse con el uniforme que le habiĢan proporcionado, cuando su piel se erizoĢ repentinamente. Se detuvo en seco, con la espalda encorvada hacia delante, a punto de recoger la ropa sucia del suelo.
NeĢbula era silenciosa, pero no sabiĢa que aquella chica teniĢa los sentidos muy bien aguzados... Su mirada se desplazoĢ hasta su mochila, y despueĢs hacia la puerta. Sus latidos se acallaron a la par que su respiracioĢn, facilitaĢndole a su oiĢdo escuchar aquello que se aproximaba. No eran pasos, era una presencia. El peligro. AvecinaĢndose.
NeĢbula golpeoĢ la puerta y la abrioĢ de una patada. Apenas le dio tiempo de gritar: “al suelo”. Que unas pequenĢas bombas calabaza se dirigieron directamente hacia ella. De eĢstas brotaron unas afiladas hojas giratorias, que amenazaron con rasgar ropa, piel, y carne. Dos de ellas pudo esquivarlas, pero la tercera le resquebrajoĢ la tela de la manga del brazo, y por ende, la piel. NeĢbula se llevoĢ la mano hacia la herida, apretaĢndola con fuerza. Su palma no tardoĢ en empaparse con su sangre. La miroĢ y gritoĢ, abalanzaĢndose hacia ella.
Angelique esquivoĢ los primeros golpes, pero la fuerza y la rapidez de la arpiĢa jugaron en su contra. Un certero golpe en el vientre la hizo girar sobre siĢ en el aire, cayendo de espaldas contra el suelo. AhiĢ la atrapoĢ, colocaĢndose sobre su cintura con una pierna flexionada y la otra al otro lado de su cuerpo, impidiendo que se moviera. AtrapoĢ sus mejillas y las apretoĢ con fuerza.
—¡¿De doĢnde has sacado eso?! —no habiĢa visto aquellas armas, pero en ninguĢn momento imaginoĢ que no eran propiedad de los Guardianes.
—Son miĢas —le respondioĢ mostraĢndole los dientes, tanto por la rabia, como por la presioĢn que ejerciĢan sus dedos contra sus mofletes, hundieĢndose dolorosamente.
SoltoĢ de golpe el agarre, giraĢndole la cara hacia un lado.
—¿Por queĢ estaĢs aquiĢ? —volvioĢ a preguntarle, y esta vez su silencio recibiriĢa un castigo—. ¡Contesta!
¿Pero queĢ iba a decirle ella? ¿SabiĢa acaso el verdadero motivo? ¿Lo entendiĢa? No... Y preferiĢa no saberlo.
—No estoy aquiĢ por voluntad propia.
La sujetoĢ de la barbilla, con rabia.
—¿Y quieĢn es el culpable de que ahora esteĢs aquiĢ?
—Strange... Stephen Strange.
—¿Por queĢ aquiĢ?... ¿Por queĢ con nosotros? —le cuestionoĢ con enojo.
—No lo seĢ.
SoltoĢ su barbilla para apoderarse de su cuello, apretaĢndolo como advertencia.
—Habla —ordenoĢ con la voz afilada.
Angelique llevoĢ las manos a la que se aferraba en su garganta, buscando liberarse.
—EstaĢs ahogaĢndome —dijo con la voz entrecortada.
NeĢbula soltoĢ una carcajada iroĢnica.
—Y es soĢlo el principio si no haces lo que te digo.
Un solo instante en el que bajoĢ la guardia, creyendo que teniĢa el absoluto control, y la castanĢa golpeoĢ con la rodilla su espalda. En el momento en el que se doblegoĢ hacia atraĢs, ella aprovechoĢ para golpear su garganta y liberarse, rodando sobre el suelo hasta alejarse. NeĢbula, con la mano sobre su garganta, comenzoĢ a toser, recomponieĢndose, inclinada hacia delante.
—Te arrepentiraĢs de eso. ¡AGH! —gritoĢ, lanzaĢndose sobre ella.
Una vez maĢs, golpes fueron al aire y otros impactaron sobre cuerpo ajeno. Sus respiraciones agitadas, una sobre la otra. ConsiguioĢ atraparla, lanzaĢndola contra la pared. NeĢbula aprovechoĢ para acercarse al lavabo, sostenieĢndose de eĢl, cuando vio la fotografiĢa. Su cenĢo se fruncioĢ y su mirada se aguzoĢ. Angelique apenas estaba recuperaĢndose del gran impacto cuando reparoĢ hacia doĢnde apuntaban los orbes oscuros de la contraria. Los suyos se abrieron de par en par, sacando la fuerza necesaria para levantarse despueĢs de semejante golpe.
—¡No la toques! —le gritoĢ, pero la arpiĢa ya se habiĢa aduenĢado de la fotografiĢa.
—¿QuieĢn es eĢl? —preguntoĢ auĢn con la respiracioĢn entrecortada—. ¿EstaĢs aquiĢ por eĢl?
Su mirada se alternoĢ entre ella y la forma en la que sus dedos sosteniĢan la imagen. Que alguien pusiera sus sucias manos en el uĢnico recuerdo palpable que le quedaba de eĢl la llenaba de odio. Y cuando eso sucediĢa, no traiĢa nada bueno.
—SueĢltala... —le advirtioĢ, y su mirada parecioĢ cambiar. NeĢbula fruncioĢ auĢn maĢs el cenĢo, aguzando la mirada con sospecha.
—¿EstaĢs aquiĢ por tu padre?
—EĢl no es... mi padre.
—¿Y entonces quieĢn es? ¿Tu abuelo? —se burloĢ.
Y aquello parecioĢ tocar en alguĢn lugar profundo de su corazoĢn. Reactivando aquello que se refugiaba en su interior esperando salir en el momento propicio. Y ese... era uno de ellos. Los orbes de la castanĢa se tinĢeron de negro, su iris de rojo, los ojos del cisne. Del cisne negro.
Los resquicios del uĢltimo aĢpice de foĢrmula que quedaba en su organismo recorrieron cada fibra de su cuerpo. Los pies de la arpiĢa amenazaron con levantarse de un suelo que comenzaba a temblar.
El munĢequito bobblehead que Quill teniĢa sobre el control comenzoĢ a vibrar, junto con el resto de la nave. FruncioĢ el cenĢo y abrioĢ de par en par los ojos.
Groot y Rocket se sostuvieron raĢpidamente de la pared en el pasillo.
—¿¡QueĢ estaĢ pasando!?
Mientras tanto, NeĢbula, en el banĢo, la contemploĢ con un gesto inquieto, alarmado.
—¿QueĢ estaĢs haciendo? ¿¡QueĢ haces!?
Y el cuerpo de la joven se elevoĢ en el aire. Pocos segundos despueĢs, NeĢbula salioĢ despedida contra la banĢera, llevaĢndose con el impacto los pedazos de la ceraĢmica. Angelique gritoĢ, y liberoĢ todo aquello que residiĢa en su interior, ensordecieĢndolo todo, colmaĢndolo todo. La nave vibroĢ, se agitoĢ como si acabaran de atravesar un campo magneĢtico. NeĢbula se llevoĢ las manos a los oiĢdos y gritoĢ en protesta, ensordecida.
Poco despueĢs, el cuerpo de la joven se derrumboĢ sobre el suelo, quedando inconsciente. Quill y Mantis corrieron hacia el banĢo, seguidos de Rocket. Abrieron la puerta de una embestida y se encontraron con la escena.
—¡¿Pero queĢ has hecho?! —le recriminoĢ Peter a NeĢbula, que acababa de recomponerse y estaba sacudieĢndose la ropa de los restos de porcelana.
Rocket entroĢ despueĢs, contemplando el cuerpo en el suelo.
—Ay, Dios...
—¿Que queĢ he hecho? ¿QueĢ he hecho yo? —rio de manera iroĢnica —. ¡No! ¡QueĢ habeĢis hecho vosotros trayendo esto aquiĢ! ¡Sea lo que sea, no es humano!
Rocket se agachoĢ frente al cuerpo, girando suavemente su rostro, comprobando que seguiĢa viva. MiroĢ a Quill y asintioĢ, hacieĢndoselo saber.
—Han discutido —reveloĢ de pronto Mantis, como si pudiera leerlo por alguna extranĢa razoĢn. MiroĢ a su al rededor, siendo capaz de ver lo que otros no veiĢan; unas pequenĢas partiĢculas oscuras que flotaban en el aire. Su mirada se desvioĢ hacia la fotografiĢa tendida sobre el suelo—. La foto. Ella no queriĢa que la tocase...
—¡Espera, espera! ¿CoĢmo sabes todo eso? —preguntoĢ Quill. Mantis volvioĢ a contemplar el espacio que los rodeaba, adivinando que ahora algunas de las partiĢculas se habiĢan tornado rojas como la sangre. Las senĢaloĢ, pero nadie podiĢa verlas.
—DebiĢan quedar restos en el traje —anĢadioĢ Rocket.
—¿Restos? —preguntoĢ Quill.
—Su fuente de poder proviene de un suero que se administraba directamente en sus venas gracias al traje. Estuve echaĢndole un vistazo. Es una tecnologiĢa bastante curiosa. Algo que no habiĢa visto nunca.
—¿Me estaĢs diciendo que las sobras de un maldito suero de superfuerza han hecho que la nave por poco implosione?
Rocket ascendioĢ la mirada hacia Quill, asintiendo.
—¿¡Pero quieĢn es esta tiĢa!?
—Eso me pregunto yo —interrumpioĢ NeĢbula.
—¿Y por queĢ nos la han endinĢado a nosotros? —insistioĢ Quill.
—Eso llevo yo preguntaĢndome todo el diĢa.
—El Doctor Strange dijo que no era peligrosa para nuestro mundo —interfirioĢ Mantis.
—¡¿Para nuestro mundo?! Si todo esto lo han causado los residuos de esa cosa que se ha estado inyectando antes de venir aquiĢ, ¿queĢ haremos si recupera el dichoso traje?
—Hay que sacarla de aquiĢ —anĢadioĢ NeĢbula.
—No... —intervino Mantis, con las cejas curvadas—. Ella no nos haraĢ danĢo. EstaĢ... —soltoĢ un suspiro, como si auĢn pudiera leer a traveĢs de aquello que nadaba en el aire—... triste... Ha perdido a alguien... Su poder... se alimenta de su dolor, de su peĢrdida, de su enfado...
Quill miroĢ directamente a NeĢbula.
—¿QueĢ le has hecho para que se ponga asiĢ?
—¡Eh! ¡A miĢ no me mires!
Rocket se agachoĢ para recoger los restos de las razor bats.
—No toques eso —le advirtioĢ NeĢbula, mostraĢndole la herida en su brazo.
—EstaĢn destruidas —aclaroĢ al examinarlas. SabiĢa bien de lo que hablaba—. Se autodestruyen cuando cumplen su funcioĢn, de lo contrario, no se detienen. Son como un bumeraĢn.
—¿Y coĢmo sabes todo eso? —preguntoĢ Quill.
—Las he visto antes. Un colega me mandoĢ los planos. Pertenecen a Industrias Oscorp.
—Oscorp... —murmuroĢ de pronto Mantis.
—¿Hmm? —musitoĢ NeĢbula.
—EstaĢ en sus recuerdos. Muy... presente... Es algo importante para ella.
—Lo que no entiendo... es coĢmo es posible que tuviera tan a mano ese tipo de artefactos. ¿QuieĢn se encargoĢ de su registro? Quill y Rocket se miraron fijamente alzando las cejas, como si no supieran de queĢ estaba hablando.
—Su inspeccioĢn —aclaroĢ NeĢbula, por si no lo habiĢan entendido. Pero entonces supo que simplemente nadie la habiĢa registrado. RodoĢ los ojos y dejoĢ caer pesadamente los brazos.
—Oye, tiĢo —dijo de pronto Rocket—. Si tuĢ y tuĢ —senĢaloĢ a NeĢbula — estaĢis aquiĢ... ¿Entonces quieĢn estaĢ al mando del control?
NeĢbula miroĢ a Quill, severa.
—Tranquilos, tiĢos. EstaĢ todo controlado.
—Responde —exigioĢ NeĢbula.
—... Drax.
—¡Aghh! —bramoĢ la arpiĢa, pasando a traveĢs de ellos, por encima del cuerpo de la chica como si fuera cualquier cosa, marchaĢndose de alliĢ. Quill volvioĢ a mirar a Rocket, encogieĢndose de hombros.
—¿TuĢ sabiĢas algo de un registro?
...
Mantis se arrodilloĢ al lado del cuerpo de Angelique, apartando un mechoĢn de su rostro, ensangrentado por la pelea. AcaricioĢ su mejilla con cuidado, y recibioĢ de golpe todos sus recuerdos, el sufrimiento, el dolor. AhogoĢ un gemido, mientras una laĢgrima resbalaba por su mejilla.
Los diĢas se convirtieron en semanas y las semanas en meses. La relacioĢn entre la arpiĢa azul y la terrana no cambioĢ demasiado en aquel tiempo, sino que se mantuvo como resultoĢ al comienzo. Angelique encontroĢ inesperadamente en el caraĢcter de NeĢbula y en sus enfrentamientos, una viĢa de escape al dolor de sus memorias, de todos aquellos recuerdos de los que no podiĢa desprenderse ni un solo segundo. Y es que, los momentos que pasaban luchando cuerpo a cuerpo, enfrentaĢndose como si se hubiera tornado un pasatiempo, eran los uĢnicos en los que en su mente no se proyectaba su nombre: Norman.
La cyborg habiĢa descubierto tambieĢn algo especial en la humana. Era la primera vez que las victorias llevaban su nombre, que no perdiĢa. Era maĢs fuerte que ella, por supuesto, y aunque la castanĢa no dejaba nada que desear en cuanto a los combates cuerpo a cuerpo, no era suficiente para ganarle. AsiĢ, mutuamente se complementaban, llenando reciĢprocamente sus vaciĢos. Era de esperar, que al final, los sentimientos trascendieran... DespueĢs de todo, su alma estaba rota por un motivo, uno que NeĢbula supo, sin pretenderlo, reparar.
Angelique se enamoroĢ de ella, mantenieĢndolo como uno de sus maĢs valiosos secretos. Ahora ya no buscaba los enfrentamientos para desprenderse de un recuerdo, sino para disfrutar de la uĢnica manera que podiĢa, la cercaniĢa del cuerpo de la arpiĢa. Pelea tras pelea, ella siempre terminaba perdiendo. O eso era lo que creiĢa NeĢbula.
—Otra vez —suplicaba Angelique, con la respiracioĢn desbordada por la agitacioĢn.
—¿No te cansas de perder siempre? No puedes conmigo. Deja de intentarlo.
Pero Angelique no buscaba ganarle, no... Tan solo volver a sentirla cerca. Lo suficiente como para que su corazoĢn no suplicara por su nombre.
—Otra vez.
InsistioĢ, y la contraria volviĢa a arremeter contra ella. Sus brazos rodearon su cuerpo hasta dejarla a su merced. Pegando su pecho a la pared, cinĢeĢndose a su espalda mientras la sujetaba por la nuca, determinante, autoritaria. Su respiracioĢn contra su oreja.
—Has vuelto a perder —le deciĢa, pero Angelique estaba ocupada intentando serenar las pulsaciones de su acalorado corazoĢn. Cada vez anhelando maĢs sentirla maĢs y maĢs cerca, hasta fundir sus cuerpos.
NeĢbula la giroĢ bruscamente para que la mirara, sus cuerpos demasiado juntos como para no tentarse. Si no sospechaba ya que habiĢa algo detraĢs de aquellas intenciones Angelique no se lo explicaba. Su respiracioĢn golpeaba los labios contrarios, estaban demasiado cerca como para que su mirada no se desviara hacia los de su contrincante. No buscoĢ disimularlo. NeĢbula fruncioĢ el cenĢo y tras eso rio con suficiencia, separaĢndose.
—Los terranos y vuestra incansable tendencia por intentar ser maĢs que los demaĢs. Siempre habeĢis creiĢdo que sois los uĢnicos, que no hay nada maĢs allaĢ de vuestros ombligos. Una raza claramente inferior...
La provocaba, pero ella no reaccionaba. No como antes. Y no era una idiota, por supuesto que se habiĢa dado cuenta de que ya no era tan sencillo hacerla caer en sus provocaciones.
No... Angelique soĢlo queriĢa que la golpeara, una y otra vez, por un motivo que desconociĢa.
Ella. Porque el resto...
—Hay que estar muy ciego para no darse cuenta —comentoĢ Rocket cruzado de brazos, apoyado en la pared, contemplaĢndolas a ambas en la zona de combates. NegoĢ, chasqueando la lengua. Mantis lo miroĢ con una sonrisa.
—Lo suficiente ciego como para que te guste alguien como NeĢbula.
—Y que lo digas...
—Es... tan friĢa.
—Muy friĢa.
—Malhumorada.
—Terriblemente malhumorada.
—Y saĢdica.
—Y auĢn asiĢ miĢrala. Tiene a Angelique completamente coladita por ella.
—SiĢ. Es... curioso. ¿No crees?
—Lo curioso es que disfrute de que alguien la golpee diĢa siĢ diĢa tambieĢn —se despegoĢ de la pared, abandonando “el espectaĢculo”. Mantis se encogioĢ de hombros, siguieĢndole.
—Bueno... es lo maĢs cerca que puede estar de...
—Calla, no me lo cuentes, no quiero oiĢrlo —un escalofriĢo desagradable lo hizo retorcerse—. ¡Uhh! No me malinterpretes, me cae bien, las dos me caen bien. Pero NeĢbula es...
—SiĢ...
—No pegan ni con cola.
—SiĢ. Angelique merece alguien mejor... Alguien que le deĢ el carinĢo que necesita. Alguien que la quiera, y la cuide.
—¿Y te imaginas a NeĢbula cuidando de ella? —rio Rocket—. La misma persona que te destroza es la que puede curar tus heridas —soltoĢ un bufido iroĢnico—. Tiene gracia.
Mantis fruncioĢ las cejas, entristecida.
—Pobre Angelique...
—SiĢ, pobre Angelique. Venga, volvamos al trabajo. Esta nave no va a pilotarse sola.
Actualidad.
Se limpioĢ las laĢgrimas y se recostoĢ sobre el asiento, cerrando los ojos frente al eterno firmamento. La puerta se abrioĢ tras su espalda, sobresaltaĢndola. Se reincorporoĢ raĢpidamente, volviendo a frotar sus ojos por si quedaban rastros de tristeza que revelaran que habiĢa estado llorando.
—Eh... —la voz de NeĢbula aceleroĢ su pulso—. ¿CoĢmo estaĢs? Todos alliĢ conociĢan ya su historia, y Mantis se habiĢa encargado de proporcionar el resto de detalles de vez en cuando. Cuando el tema apareciĢa en conversacioĢn. AsiĢ pues, no era ninguna novedad que ese diĢa, haciĢa un anĢo de la muerte de Norman Osborn.
No le hizo falta ver sus laĢgrimas para saber que estaba triste, cualquiera lo estariĢa en su lugar.
—Bien. Me he quedado dormida un momento.
Pero NeĢbula sabiĢa que le mentiĢa. No podiĢa verla, tan solo apreciar parte de su figura al otro lado del asiento.
—Ya... —repuso—. Le he pedido a Rocket que te sustituya. —¿QueĢ? —ahora siĢ se giroĢ a mirarla; nariz rosada, mejillas encendidas y ojos hinchados. Una obviedad en toda regla. NeĢbula apartoĢ la mirada momentaĢneamente, como si verla asiĢ le doliera inexplicablemente.
—¿Por queĢ has hecho eso? —la increpoĢ Angelique.
—Quiero que vengas conmigo.
Aquello apagoĢ su indignacioĢn de un zarpazo. ParpadeoĢ deprisa, confusa.
Su relacioĢn habiĢa mejorado considerablemente, y es que, aunque a veces siguieran discutiendo por cualquier tonteriĢa (algo muy tiĢpico en ambas, que pareciĢan necesitar fervientemente enfrentarse por alguĢn motivo), era evidente que habiĢan habido algunos cambios importantes. Que se habiĢa ganado su carinĢo era maĢs que evidente, y es que, NeĢbula ya no podiĢa vivir sin tenerla cerca un solo diĢa. La necesitaba, igual que Angelique la necesitaba a ella.
La siguioĢ, curiosa a la par que inquieta, sin entender lo que queriĢa. La llevoĢ hasta la sala de reuniones. La luz estaba apagada, pero la bombilla del proyector titilaba sobre la pared. Mantis las esperaba, con las manos entrelazadas sobre su cintura. Angelique miroĢ a NeĢbula, interrogativa. EĢsta extendioĢ el brazo hacia la mesa, para que avanzara, y bajoĢ la mirada, como si ni ella misma quisiera enfrentar aquello. Angelique obedecioĢ, acercaĢndose hasta Mantis.
—Hola —la saludoĢ amablemente, pero a la vez nerviosa. Ella tambieĢn miroĢ a la azul, pero eĢsta negoĢ; no se atreviĢa a ser quien iniciara esa conversacioĢn.
—¿QueĢ pasa?... —preguntoĢ Angelique, nerviosa.
—S-sabemos... Sabemos que hoy es un diĢa importante para ti — empezoĢ Mantis—. Que hoy... hace un anĢo que... le perdiste... Angelique tragoĢ saliva al sentir la punzada en su vientre. ParpadeoĢ deprisa y se esforzoĢ fervientemente por controlar el impulso de romperse.
Tras una pausa, Mantis continuoĢ:
—NeĢbula y yo queriĢamos darte una sorpresa. QueriĢamos... llevarte a la Tierra, de vuelta a tu casa aunque soĢlo fuera durante unas horas... Pero a causa de oĢrdenes superiores...
—¿OĢrdenes superiores? ¿QueĢ oĢrdenes superiores?
Mantis no respondioĢ, apretoĢ los labios y fruncioĢ las cejas.
—Ha sido Stephen, ¿a que siĢ? —preguntoĢ Angelique, alterada—. ¿¡A que siĢ!? —insistioĢ al no tener respuesta. Mantis asintioĢ.
—Pero nos ha ofrecido una alternativa.
—¿Una alternativa? —soltoĢ una carcajada iroĢnica—. ¿QueĢ alternativa?
Esta vez fue NeĢbula la que se acercoĢ, miraĢndola fijamente a los ojos. TomoĢ sus manos, robaĢndole un suspiro, aceleraĢndole el pulso.
—NeĢbula es capaz de proyectar imaĢgenes a traveĢs de su mirada, como ya sabes... El Dr. Strange nos ayudoĢ a... recuperar algunos recuerdos del pasado... Reminiscencias que tal vez quedaron en el olvido y que la gema del tiempo es capaz de recolectar como si fuera una base de datos.
Angelique miroĢ a NeĢbula suĢbitamente, comprendiendo. Sus ojos brillaron ansiosos.
—No tienes por queĢ hacerlo si no quieres —soltoĢ sus manos con suavidad.
—¿PodreĢ volver a verle? —preguntoĢ sin dejarla terminar la frase.
—No solo verle —intervino Mantis—. Es... como volver a... sentirlo. Como si...
—... como si siguiera alliĢ —terminoĢ Angelique, con la mirada perdida, comprendiendo.
Mantis asintioĢ. An levantoĢ la vista hacia NeĢbula, recuperando su mano, acariciaĢndola como si fuera un salvavidas.
—EstareĢ aquiĢ cuando vuelvas —le dijo la azul, tranquilizadora.
—¿Cuando vuelva?...
—NeĢbula proyectaraĢ las imaĢgenes, y yo... puedo hacerte entrar en ellas.
—No seĢ si es buena idea —interpuso NeĢbula.
—No —interrumpioĢ la castanĢa—. Quiero hacerlo.
—Puedes verlo a traveĢs de mis ojos, no hace falta que vuelvas a alliĢ.
—Quiero hacerlo. Necesito hacerlo.
—He visto esas imaĢgenes. Si vuelves alliĢ... todo lo que has conseguido hasta ahora no valdraĢ para nada.
—Antes no te teniĢa a ti —sentencioĢ de pronto, dejaĢndola completamente paralizada.
Mantis alzoĢ las cejas con sorpresa, sabiendo lo revelador que podriĢa suponer aquella declaracioĢn para NeĢbula.
—Quiero hacerlo —insistioĢ Angelique, mirando a Mantis. EĢsta miroĢ a NeĢbula.
—Es su decisioĢn —se desentendioĢ, apartaĢndose incluso, como si aquellas palabras hubieran causado estragos. AuĢn podiĢa escucharlas en bucle en su cabeza. Pensar en ese momento no era tan sencillo despueĢs de haber escuchado aquello—. Hazlo. Mantis asintioĢ, acercaĢndose a la chica, ofrecieĢndole tumbarse sobre la mesa.
—ColocareĢ mis manos sobre tu cabeza para hacerte llegar.
—De acuerdo —respondioĢ nerviosa.
—¿Preparada?
Angelque asintioĢ, cerrando los ojos. NeĢbula apartoĢ la mirada, frunciendo el cenĢo.
—NeĢbula —la nombroĢ Mantis—. Las imaĢgenes.
La azul asintioĢ, y los recuerdos empezaron a proyectarse frente a ella. El corazoĢn de Angelique se aceleroĢ, su respiracioĢn se desacompasoĢ. Mantis aproximoĢ los dedos a sus sienes.
—Cierra los ojos...
Entonces, colocoĢ sus manos y el veĢrtigo se aduenĢoĢ de su estoĢmago, cayendo en picado.
Su cuerpo se desplomoĢ sobre un mullido asiento, y la luz de pronto se hizo. Los rayos del sol atravesaban las ventanas. Un cielo azul despejado, con esponjosas nubes. Sus ojos parecieron acostumbrarse lentamente. Sus oiĢdos percibieron un sonido lejano que poco a poco se fue aclarando. We'll met again de Vera Lynnsonaba de fondo en el tocadiscos. Una cancioĢn que reconocioĢ al instante; su cancioĢn. Sus ojos buscaron el entorno, reconocieĢndose en el apartamento en Nueva York, el mismo que eĢl le regaloĢ. Y ah... aquel olor... el olor de su perfume de pronto parecioĢ golpearla.
—Eh...
Su voz...
—¿EstaĢs bien? Pareces distraiĢda.
Sus ojos se anegaron de laĢgrimas instantaĢneamente, pero una sonrisa no pudo evitar colmar sus labios. Rio torpemente, con una feliz tristeza.
—S-siĢ, es solo que-
—Que el cafeĢ estaĢ asqueroso, ¿verdad? Lo seĢ. Me equivoqueĢ y echeĢ sal en lugar de azuĢcar —bromeoĢ—. ¿Tan malo estaĢ? — preguntoĢ divertido.
Ella no pudo responder, una risa se atoroĢ en su garganta, el aire le faltaba. Se encogioĢ de hombros y apretoĢ los labios, procurando no llorar.
—No esteĢs triste, volvereĢ antes de que te des cuenta.
Y aquellas palabras se clavaron en ella, porque sabiĢa bien que no lo hariĢa, que no podriĢa. TragoĢ saliva, el nudo cada vez maĢs atravesado en su garganta. AsintioĢ, y eĢl le secoĢ una laĢgrima que resbalaba hacia su comisura.
—Eres tan preciosa cuando intentas no parecer vulnerable...
—Yo no intento no parecer vulnerable.
—Ya han pasado muchos anĢos, ¿cuaĢndo dejaraĢ de avergonzarte el llorar frente a miĢ?
Angelique rio con torpeza, sorbiendo por la nariz.
—Nunca —se secoĢ las laĢgrimas.
Norman sonrioĢ.
—¿QueĢ tal las cosas ahiĢ arriba?
Aquello parecioĢ confundirla. Su mirada se desvioĢ hacia el techo, como si pudiera atravesarlo hasta llegar al espacio.
—Me han dicho que el meĢdico que visitoĢ a tu hermano te ha estado invitado a tomar teĢ uĢltimamente en mi ausencia. Supongo que no debo preocuparme —bromeoĢ.
—¡Oh! —soltoĢ el aire de golpe—. EĢ-eĢl... —pero se quedoĢ callada al comprender que seguramente, de no haberle conocido nunca, de no haber subido a tomar ese teĢ, quizaĢ ahora seguiriĢa alliĢ, en ese apartamento, cerca de sus recuerdos, de ese cielo, de esa muĢsica, de aquel lugar, de ese olor, de su perfume...—. EĢl es... S-se le da bien preparar teĢ.
Norman rio.
—Supongo que no confunde la sal con el azuĢcar —le guinĢoĢ un ojo, levantaĢndose para sembrar un beso en su frente. Ella cerroĢ los ojos pesadamente al sentir de nuevo aquella sensacioĢn: su piel contra su piel. Un suspiro escapoĢ de sus labios, colmaĢndola. Norman estuvo a punto de separarse, pero ella lo agarroĢ con urgencia. Lo miroĢ fijamente con los ojos vidriosos, deseosos y besoĢ sus labios.
Mantis miroĢ a NeĢbula, quien pareciĢa querer apartar la mirada. En su gesto pudo atisbarse cierto resquicio de molestia, como una espina clavada bajo la piel.
Y algo extranĢo sucedioĢ con aquel beso... Y es que, cuando eĢl se apartoĢ, ella parecioĢ sentir un extranĢo vaciĢo, como si ya... la llama se hubiera extinguido. Todo aquello que creiĢa recordar, que creiĢa sentir cuando le recordaba, cuando rebuscaba en sus recuerdos no era como pensaba. Su mirada se desvioĢ hacia su pecho, alliĢ donde latiĢa su corazoĢn que pareciĢa lejano, como si el sentimiento que compartiĢa su nostalgia no fuera el mismo que ahora residiĢa en su interior. PareciĢa ya no pertenecerle, no a eĢl. Lo miroĢ confusa, asustada. ParpadeoĢ deprisa, sintiendo que se desvaneceriĢa.
—Llego tarde, te vereĢ en unos diĢas.
Pero ella seguiĢa perdida en aquel sentimiento, como si ya no fuera suyo.
—Te quiero —dijo eĢl, sacaĢndola momentaĢneamente de aquel trance.
—Y-y yo...
Las imaĢgenes poco a poco se fueron nublando. EĢl se alejaba hacia la puerta y la casa se quedoĢ vaciĢa. Hasta desvanecerse. Los dedos de Mantis poco a poco se separaron de su piel, trayeĢndola de vuelta. Los ojos de NeĢbula dejaron de proyectar.
Angelique abrioĢ los suyos, reincorporaĢndose con la ayuda de Mantis, buscando a NeĢbula, casi con desesperacioĢn. EĢsta se encontroĢ con su mirada, implorante.
Y su corazoĢn parecioĢ latir en respuesta. Esa que le habiĢa faltado antes. DescendioĢ la mirada hacia su pecho, como si por fin hubiera comprendido cuaĢl era la respuesta.
—¿QueĢ? —preguntoĢ NeĢbula, extranĢada—. ¿QueĢ pasa?
Angelique se levantoĢ despacio, acercaĢndose a ella, indecisa, pero segura. NeĢbula miroĢ a Mantis con preocupacioĢn, pero la contraria pareciĢa comprender mejor incluso que la propia An lo que estaba sucediendo, asiĢ se lo indicoĢ la sonrisa apaciguada que teniĢa en su rostro. La chica se acercoĢ lo suficiente hasta quedar frente a ella y entonces la abrazoĢ.
Pum, pum. Pum, pum.
La miroĢ.
El cosmos reflejado en la profundidad oscura de sus ojos, como pozos de alquitraĢn caliente.
Sus dedos acariciaron tiĢmidamente los suyos.
Pum, pum. Pum, pum.
—¿EstaĢs bien?
Su voz. La cancioĢn.
Se separoĢ, observando la habitacioĢn, todo aquello que la rodeaba. Su nuevo hogar, su nueva casa.
RespiroĢ.
“En el cielo, en la piel,
en una cancioĢn, en un lugar, en un olor, en un perfume.”