Ah, otro día va pasando. No diré que con entusiasmo, pero al menos con una taza de té caliente en la mano y la compañía de mis fieles guías, Shirotama y Kuroimaru. Como de costumbre, Shirotama insiste en que debería tomarme las mañanas con más calma, mientras que Kuroimaru me recuerda los pendientes con su tono seco y sin emociones. Qué simpático par… aunque su concepto de “ayuda” a veces sea cuestionable.

A los 27 años, mi vida ha encontrado un ritmo bastante estable—o tan estable como puede ser cuando trabajas con lo sobrenatural y sales con el mismísimo Dios del Tiempo. Pero incluso con un novio tan fascinante como Artizult Khatsis, hay cuentas que pagar y una sociedad que exige un empleo formal.

Por las mañanas, soy consultora legal especializada en fenómenos inexplicables. Suena mejor que "abogada de lo paranormal", pero la esencia es la misma: grandes corporaciones y familias acaudaladas contratan mis servicios cuando un yokai decide establecer su hogar en una propiedad importante o cuando ocurren eventos "inexplicables" que la ciencia no puede resolver. A veces es un simple caso de actividad espiritual residual, otras, un onryō con ganas de causar estragos.

Por las tardes, mi ocupación es algo más mundana pero igual de placentera: catadora de platos gourmet. La combinación perfecta entre trabajo y placer. Restaurantes exclusivos me pagan por probar sus creaciones y dar una crítica refinada y honesta. Es un arte, en serio. Aunque debo decir que, conociendo a ciertos yokais cocineros, a veces sus platos etéreos superan lo que los humanos pueden ofrecer… pero, por supuesto, jamás lo admitiré en público.

Mi verdadera labor, sin embargo, se encuentra entre estas dos facetas de mi vida. Sigo siendo la Diosa de la Sabiduría para los espíritus y yokais, ayudando a resolver sus problemas, negociando con ellos y manteniendo el equilibrio entre su mundo y el nuestro.

Hoy, por ejemplo, Shirotama y Kuroimaru me han informado de un pequeño desastre en un viejo santuario. Un nue, esa criatura mítica con cuerpo de tigre, cara de mono y patas de tanuki, ha decidido instalarse allí, ahuyentando a los monjes y visitantes. Se rumorea que está buscando algo… o a alguien. Qué molesto.

Pero bueno, ese es un problema para después de mi merienda, que bien podría ser cena por la hora. Después de todo, si voy a lidiar con un yokai con complejo de guardián, al menos lo haré con el estómago lleno.

Y así sigue mi vida. Entre contratos legales, platillos exquisitos y yokais problemáticos, todo es una armoniosa… ¿cómo lo llamarían los humanos? ¿Caótica estabilidad? Sí, eso suena adecuado.