"Bienvenido a Graveshollow, la joya oculta del noreste de Inglaterra... oculta por razones obvias."

¿Ves esa niebla espesa que cubre el pueblo? No es solo el clima; es también una señal que te da la oportunidad de huir. Pero, ya que has llegado hasta aquí, déjame darte un recorrido y contarte la historia de este inolvidable lugar.
 
 
Ah, los fundadores de Graveshollow… ¡qué audaces y torpes al mismo tiempo! Descubrieron una red de cuevas ocultas bajo los acantilados, llenas de petroglifos y reliquias que, sinceramente, no parecían pertenecer a ningún pueblo decente. Claro, creyeron haber encontrado un pasaje secreto hacia el mar abierto, una especie de atajo comercial digno de un premio, y se pusieron a excavar y ampliar rutas como si fueran arquitectos del destino.
 
Pero, oh, ¡qué sorpresa tan macabra les esperaba! Un día, el único sonido que regresó fue el eco de sus pasos, como si algo en la oscuridad hubiera decidido hacerles una broma mortal. Primero desaparecieron los trabajadores de las cavernas, luego aquellos que hablaban demasiado de lo que vieron en ese abismo olvidado. La niebla se deslizó, cubriendo el pueblo como un sudario de mal humor, y el mar, antes generoso, se volvió un bromista, devolviendo cuerpos con expresiones de terror que ni el mejor actor podría imitar. Desde entonces, Graveshollow se ha ganado su reputación: un lugar del que pocos se marchan y nadie, ni siquiera el destino, se atreve a olvidar. ¡Ah, la marea! Siempre trae cosas que no deberían ser vistas. 
 


Las casas de piedra parecen a punto de derrumbarse, aunque juran que se mantienen en pie por pura costumbre. Los aldeanos… bueno, digamos que si te miran demasiado, no es por hospitalidad. Aquí todos saben demasiado o prefieren no saber nada. ¿Y el puerto? Ah, una maravilla del turismo costero… si te gusta el turismo de embarcaciones malditas y redes que a veces devuelven algo más que peces.



En el centro del pueblo tenemos la famosa Iglesia de la Marea Roja. Larga historia. Si alguna vez escuchas su campanario sonar por la noche, probablemente sea una despedida para alguien. O una bienvenida. Aún no tengo claro cuál de las dos.



Más allá, en las colinas, está el Cementerio de Hollowvale. La gente aquí es tan amigable que algunos no se quedan en sus tumbas. Siempre es lindo ver un espíritu con sentido de comunidad.


 
Ah, pero el verdadero anfitrión de este pueblo es el mar. Siempre te está llamando, susurrando, esperando. Solo asegúrate de no responderle… a menos que quieras quedarte aquí para siempre.