• No tocaste la puerta primero... Que mala elección.
    · · ─ ·𖥸· ─ · ·

    𝗞𝗶𝘆𝗼 : 𝗞𝗶𝘆𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗨𝗻𝗶𝘃𝗲𝗿𝘀𝗼 𝟬
    No tocaste la puerta primero... Que mala elección. · · ─ ·𖥸· ─ · · 𝗞𝗶𝘆𝗼 : 𝗞𝗶𝘆𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗨𝗻𝗶𝘃𝗲𝗿𝘀𝗼 𝟬
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  • — 𝑃𝑎𝑟𝑒𝑐𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑎𝑙𝑔𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑛𝑒𝑐𝑒𝑠𝑖𝑡𝑎 𝑠𝑎𝑙𝑖𝑟 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑚𝑜𝑛𝑜𝑡𝑜𝑛𝑎 𝑣𝑖𝑑𝑎 ℎ𝑢𝑚𝑎𝑛𝑎, ¡𝑘𝑦𝑎ℎ𝑎ℎ𝑎!, 𝑛𝑜 𝑡𝑒𝑚𝑎𝑠.. ℎ𝑒 𝑣𝑒𝑛𝑖𝑑𝑜 𝑎 𝑚𝑎𝑡𝑎𝑟 𝑡𝑢 𝑎𝑏𝑢𝑟𝑟𝑖𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜, 𝑡𝑎𝑙 𝑣𝑒𝑧. —
    — 𝑃𝑎𝑟𝑒𝑐𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑎𝑙𝑔𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑛𝑒𝑐𝑒𝑠𝑖𝑡𝑎 𝑠𝑎𝑙𝑖𝑟 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑚𝑜𝑛𝑜𝑡𝑜𝑛𝑎 𝑣𝑖𝑑𝑎 ℎ𝑢𝑚𝑎𝑛𝑎, ¡𝑘𝑦𝑎ℎ𝑎ℎ𝑎!, 𝑛𝑜 𝑡𝑒𝑚𝑎𝑠.. ℎ𝑒 𝑣𝑒𝑛𝑖𝑑𝑜 𝑎 𝑚𝑎𝑡𝑎𝑟 𝑡𝑢 𝑎𝑏𝑢𝑟𝑟𝑖𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜, 𝑡𝑎𝑙 𝑣𝑒𝑧. —
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  • « 𝙉𝙤𝙗𝙤𝙙𝙮 𝙘𝙖𝙡𝙡𝙨 𝙞𝙩 𝙛𝙚𝙖𝙧 𝙖𝙣𝙮𝙢𝙤𝙧𝙚 »


    La transmisión seguía encendida aunque nadie realmente estuviera viendo ya. ¿Para qué hacerlo? Sus rostros mostraban un desespero, aunque paulatino, era evidente conforme las voces de los reporteros daban la nota. Se mezclaban unas cosas con otras desde distintos puntos de vista dentro del Instituto. Televisores olvidados en salas comunes, teléfonos apoyados boca arriba sobre escritorios, pantallas abiertas en laboratorios donde estudiantes fingían continuar tareas que habían dejado de leer hacía varios minutos. El nombre de Stark Industries aparecía una y otra vez, acompañado de gráficos bursátiles, declaraciones corporativas y sonrisas cuidadosamente entrenadas frente a cámaras.

    "𝘜𝘯𝘢 𝘯𝘶𝘦𝘷𝘢 𝘦𝘵𝘢𝘱𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘭𝘢 𝘴𝘦𝘨𝘶𝘳𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘯𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘢𝘭. 𝘔𝘰𝘥𝘦𝘳𝘯𝘪𝘻𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘵𝘦𝘤𝘯𝘰𝘭𝘰́𝘨𝘪𝘤𝘢 𝘺 𝘤𝘰𝘰𝘱𝘦𝘳𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘱𝘳𝘦𝘷𝘦𝘯𝘵𝘪𝘷𝘢"

    Había escuchado suficientes ruedas de prensa en su vida para reconocer cuándo alguien intentaba vender miedo utilizando lenguaje elegante. Y 𝙁𝙚𝙞𝙡𝙤𝙣𝙜 no necesitó demasiado tiempo para empezar a meter sus manos donde no debía desde que compró parte de las acciones. Ni siquiera estaba intentando esconderlo. No a ojos de los mutantes.

    Había algo casi insultante en la transparencia de todo aquello; como si supiera perfectamente que ya nadie iba a detenerlo. El programa SENTINEL llevaba años siendo una amenaza latente, cambiando de nombre, de financiamiento y de rostro cada vez que la opción pública necesitaba algo más cómodo que odiar. Pero seguía siendo lo mismo. Siempre era lo mismo, y siempre terminaba de mal en peor.

    Máquinas construidas para vigilar mutantes; máquinas para cazarlos cuando dejara de ser suficiente vigilarlos. Con la única diferencia que ahora era que lo estaban anunciando en televisión nacional como si fuese el lanzamiento de un teléfono nuevo. Permanece sentado frente a la mesa táctica de la sala de guerra, con ambos antebrazos apoyados sobre la superficie metálica. La iluminación tenue del lugar convertía el brillo rojizo de su visor en la única fuente constante de color dentro de la habitación.

    "...𝘦𝘭 𝘚𝘦𝘯𝘢𝘥𝘰 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘪𝘯𝘶𝘢𝘳𝘢́ 𝘥𝘦𝘭𝘪𝘣𝘦𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘦𝘭 𝘱𝘳𝘰𝘺𝘦𝘤𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘙𝘦𝘨𝘪𝘴𝘵𝘳𝘰 𝘔𝘶𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘖𝘣𝘭𝘪𝘨𝘢𝘵𝘰𝘳𝘪𝘰 𝘥𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘱𝘳𝘰́𝘹𝘪𝘮𝘢𝘴 𝘴𝘦𝘮𝘢𝘯𝘢𝘴. 𝘋𝘪𝘷𝘦𝘳𝘴𝘰𝘴 𝘴𝘦𝘤𝘵𝘰𝘳𝘦𝘴 𝘴𝘰𝘴𝘵𝘪𝘦𝘯𝘦𝘯 𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘢 𝘮𝘦𝘥𝘪𝘥𝘢 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘪𝘵𝘪𝘳𝘢́ 𝘮𝘢𝘺𝘰𝘳 𝘵𝘳𝘢𝘯𝘴𝘱𝘢𝘳𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘺 𝘴𝘦𝘨𝘶𝘳𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘭𝘶𝘦𝘨𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘦𝘷𝘦𝘯𝘵𝘰𝘴 𝘳𝘦𝘭𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘢𝘥𝘰𝘴 𝘤𝘰𝘯 𝙆𝙧𝙖𝙠𝙤𝙖..."

    —Siempre empieza igual... —murmuró finalmente, sin apartar la vista de las imágenes frente a él—. Primero hablan de prevención, después de control. Luego empiezan a señalar nombres como si no hubiera terminado ya en una isla llena de cadáveres una vez.

    Su mandíbula se tensa de tan solo recordar la tragedia.

    —Genosha tampoco parecía imposible hasta que ocurrió.
    « 𝙉𝙤𝙗𝙤𝙙𝙮 𝙘𝙖𝙡𝙡𝙨 𝙞𝙩 𝙛𝙚𝙖𝙧 𝙖𝙣𝙮𝙢𝙤𝙧𝙚 » La transmisión seguía encendida aunque nadie realmente estuviera viendo ya. ¿Para qué hacerlo? Sus rostros mostraban un desespero, aunque paulatino, era evidente conforme las voces de los reporteros daban la nota. Se mezclaban unas cosas con otras desde distintos puntos de vista dentro del Instituto. Televisores olvidados en salas comunes, teléfonos apoyados boca arriba sobre escritorios, pantallas abiertas en laboratorios donde estudiantes fingían continuar tareas que habían dejado de leer hacía varios minutos. El nombre de Stark Industries aparecía una y otra vez, acompañado de gráficos bursátiles, declaraciones corporativas y sonrisas cuidadosamente entrenadas frente a cámaras. "𝘜𝘯𝘢 𝘯𝘶𝘦𝘷𝘢 𝘦𝘵𝘢𝘱𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘭𝘢 𝘴𝘦𝘨𝘶𝘳𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘯𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘢𝘭. 𝘔𝘰𝘥𝘦𝘳𝘯𝘪𝘻𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘵𝘦𝘤𝘯𝘰𝘭𝘰́𝘨𝘪𝘤𝘢 𝘺 𝘤𝘰𝘰𝘱𝘦𝘳𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘱𝘳𝘦𝘷𝘦𝘯𝘵𝘪𝘷𝘢" Había escuchado suficientes ruedas de prensa en su vida para reconocer cuándo alguien intentaba vender miedo utilizando lenguaje elegante. Y 𝙁𝙚𝙞𝙡𝙤𝙣𝙜 no necesitó demasiado tiempo para empezar a meter sus manos donde no debía desde que compró parte de las acciones. Ni siquiera estaba intentando esconderlo. No a ojos de los mutantes. Había algo casi insultante en la transparencia de todo aquello; como si supiera perfectamente que ya nadie iba a detenerlo. El programa SENTINEL llevaba años siendo una amenaza latente, cambiando de nombre, de financiamiento y de rostro cada vez que la opción pública necesitaba algo más cómodo que odiar. Pero seguía siendo lo mismo. Siempre era lo mismo, y siempre terminaba de mal en peor. Máquinas construidas para vigilar mutantes; máquinas para cazarlos cuando dejara de ser suficiente vigilarlos. Con la única diferencia que ahora era que lo estaban anunciando en televisión nacional como si fuese el lanzamiento de un teléfono nuevo. Permanece sentado frente a la mesa táctica de la sala de guerra, con ambos antebrazos apoyados sobre la superficie metálica. La iluminación tenue del lugar convertía el brillo rojizo de su visor en la única fuente constante de color dentro de la habitación. "...𝘦𝘭 𝘚𝘦𝘯𝘢𝘥𝘰 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘪𝘯𝘶𝘢𝘳𝘢́ 𝘥𝘦𝘭𝘪𝘣𝘦𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘦𝘭 𝘱𝘳𝘰𝘺𝘦𝘤𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘙𝘦𝘨𝘪𝘴𝘵𝘳𝘰 𝘔𝘶𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘖𝘣𝘭𝘪𝘨𝘢𝘵𝘰𝘳𝘪𝘰 𝘥𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘱𝘳𝘰́𝘹𝘪𝘮𝘢𝘴 𝘴𝘦𝘮𝘢𝘯𝘢𝘴. 𝘋𝘪𝘷𝘦𝘳𝘴𝘰𝘴 𝘴𝘦𝘤𝘵𝘰𝘳𝘦𝘴 𝘴𝘰𝘴𝘵𝘪𝘦𝘯𝘦𝘯 𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘢 𝘮𝘦𝘥𝘪𝘥𝘢 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘪𝘵𝘪𝘳𝘢́ 𝘮𝘢𝘺𝘰𝘳 𝘵𝘳𝘢𝘯𝘴𝘱𝘢𝘳𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘺 𝘴𝘦𝘨𝘶𝘳𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘭𝘶𝘦𝘨𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘦𝘷𝘦𝘯𝘵𝘰𝘴 𝘳𝘦𝘭𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘢𝘥𝘰𝘴 𝘤𝘰𝘯 𝙆𝙧𝙖𝙠𝙤𝙖..." —Siempre empieza igual... —murmuró finalmente, sin apartar la vista de las imágenes frente a él—. Primero hablan de prevención, después de control. Luego empiezan a señalar nombres como si no hubiera terminado ya en una isla llena de cadáveres una vez. Su mandíbula se tensa de tan solo recordar la tragedia. —Genosha tampoco parecía imposible hasta que ocurrió.
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  • —𝖲𝖾́ 𝖾𝗑𝖺𝖼𝗍𝖺𝗆𝖾𝗇𝗍𝖾 𝖺 𝖽𝗈́𝗇𝖽𝖾 𝗍𝖾𝗋𝗆𝗂𝗇𝖺 𝖾𝗌𝗍𝖾 𝗋𝖺𝗒𝗈. 𝖫𝖺 𝖽𝗂𝖿𝖾𝗋𝖾𝗇𝖼𝗂𝖺 𝖾𝗇𝗍𝗋𝖾 𝗍𝗎́ 𝗒 𝗒𝗈 𝖾𝗌 𝗊𝗎𝖾 𝗅𝗅𝖾𝗏𝗈 𝗍𝗈𝖽𝖺 𝗅𝖺 𝗏𝗂𝖽𝖺 𝖺𝗉𝗋𝖾𝗇𝖽𝗂𝖾𝗇𝖽𝗈 𝗅𝗈 𝗊𝗎𝖾 𝗈𝖼𝗎𝗋𝗋𝖾 𝖼𝗎𝖺𝗇𝖽𝗈 𝖽𝖾𝗃𝗈 𝖽𝖾 𝖼𝗈𝗇𝗍𝖾𝗇𝖾𝗋𝗅𝗈. 𝖠𝗌ı́ 𝗊𝗎𝖾 𝗇𝗈 𝗍𝖾 𝗉𝗋𝖾𝗀𝗎𝗇𝗍𝖾𝗌 𝗌𝗂 𝗏𝗈𝗒 𝖺 𝖽𝗂𝗌𝗉𝖺𝗋𝖺𝗋. 𝙈𝙪𝙚́𝙫𝙚𝙩𝙚.
    —𝖲𝖾́ 𝖾𝗑𝖺𝖼𝗍𝖺𝗆𝖾𝗇𝗍𝖾 𝖺 𝖽𝗈́𝗇𝖽𝖾 𝗍𝖾𝗋𝗆𝗂𝗇𝖺 𝖾𝗌𝗍𝖾 𝗋𝖺𝗒𝗈. 𝖫𝖺 𝖽𝗂𝖿𝖾𝗋𝖾𝗇𝖼𝗂𝖺 𝖾𝗇𝗍𝗋𝖾 𝗍𝗎́ 𝗒 𝗒𝗈 𝖾𝗌 𝗊𝗎𝖾 𝗅𝗅𝖾𝗏𝗈 𝗍𝗈𝖽𝖺 𝗅𝖺 𝗏𝗂𝖽𝖺 𝖺𝗉𝗋𝖾𝗇𝖽𝗂𝖾𝗇𝖽𝗈 𝗅𝗈 𝗊𝗎𝖾 𝗈𝖼𝗎𝗋𝗋𝖾 𝖼𝗎𝖺𝗇𝖽𝗈 𝖽𝖾𝗃𝗈 𝖽𝖾 𝖼𝗈𝗇𝗍𝖾𝗇𝖾𝗋𝗅𝗈. 𝖠𝗌ı́ 𝗊𝗎𝖾 𝗇𝗈 𝗍𝖾 𝗉𝗋𝖾𝗀𝗎𝗇𝗍𝖾𝗌 𝗌𝗂 𝗏𝗈𝗒 𝖺 𝖽𝗂𝗌𝗉𝖺𝗋𝖺𝗋. 𝙈𝙪𝙚́𝙫𝙚𝙩𝙚.
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  • 𝑳𝒂 𝒗𝒊𝒅𝒂 𝒏𝒐 𝒆𝒔 𝒖𝒏 𝒓𝒆𝒈𝒂𝒍𝒐 𝒏𝒊 𝒖𝒏𝒂 𝒎𝒂𝒍𝒅𝒊𝒄𝒊𝒐́𝒏. 𝑬𝒔 𝒖𝒏 𝒑𝒓𝒐𝒄𝒆𝒔𝒐. 𝒀 𝒄𝒐𝒎𝒐 𝒕𝒐𝒅𝒐 𝒑𝒓𝒐𝒄𝒆𝒔𝒐, 𝒏𝒐 𝒆𝒔𝒕𝒂́ 𝒄𝒐𝒎𝒑𝒍𝒆𝒕𝒐 𝒉𝒂𝒔𝒕𝒂 𝒒𝒖𝒆 𝒕𝒆𝒓𝒎𝒊𝒏𝒂. 𝑵𝒆𝒈𝒂𝒓 𝒆𝒍 𝒇𝒊𝒏𝒂𝒍 𝒆𝒔 𝒏𝒆𝒈𝒂𝒓 𝒕𝒐𝒅𝒐 𝒍𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒐𝒄𝒖𝒓𝒓𝒊𝒐́ 𝒂𝒏𝒕𝒆𝒔.
    𝑳𝒂 𝒗𝒊𝒅𝒂 𝒏𝒐 𝒆𝒔 𝒖𝒏 𝒓𝒆𝒈𝒂𝒍𝒐 𝒏𝒊 𝒖𝒏𝒂 𝒎𝒂𝒍𝒅𝒊𝒄𝒊𝒐́𝒏. 𝑬𝒔 𝒖𝒏 𝒑𝒓𝒐𝒄𝒆𝒔𝒐. 𝒀 𝒄𝒐𝒎𝒐 𝒕𝒐𝒅𝒐 𝒑𝒓𝒐𝒄𝒆𝒔𝒐, 𝒏𝒐 𝒆𝒔𝒕𝒂́ 𝒄𝒐𝒎𝒑𝒍𝒆𝒕𝒐 𝒉𝒂𝒔𝒕𝒂 𝒒𝒖𝒆 𝒕𝒆𝒓𝒎𝒊𝒏𝒂. 𝑵𝒆𝒈𝒂𝒓 𝒆𝒍 𝒇𝒊𝒏𝒂𝒍 𝒆𝒔 𝒏𝒆𝒈𝒂𝒓 𝒕𝒐𝒅𝒐 𝒍𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒐𝒄𝒖𝒓𝒓𝒊𝒐́ 𝒂𝒏𝒕𝒆𝒔.
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  • "𝐈 𝐰𝐚𝐬 𝐚 𝐤𝐢𝐝 𝐥𝐨𝐨𝐤𝐢𝐧𝐠 𝐟𝐨𝐫 𝐥𝐨𝐯𝐞, 𝐟𝐮𝐥𝐥 𝐨𝐟 𝐡𝐨𝐩𝐞 𝐢𝐧𝐬𝐢𝐝𝐞
    𝐁𝐮𝐭 𝐭𝐢𝐦𝐞 𝐰𝐚𝐬 𝐧𝐞𝐯𝐞𝐫 𝐤𝐢𝐧𝐝 𝐭𝐨 𝐦𝐞, 𝐦𝐲 𝐡𝐞𝐚𝐫𝐭 𝐠𝐫𝐞𝐰 𝐜𝐨𝐥𝐝 𝐚𝐬 𝐢𝐜𝐞
    𝐀𝐥𝐥 𝐨𝐮𝐭 𝐨𝐟 𝐥𝐮𝐜𝐤, 𝐭𝐡𝐨𝐮𝐠𝐡𝐭 𝐈 𝐰𝐚𝐬 𝐬𝐭𝐮𝐜𝐤, 𝐚𝐥𝐨𝐧𝐞 𝐟𝐨𝐫 𝐚𝐥𝐥 𝐦𝐲 𝐥𝐢𝐟𝐞
    𝐁𝐮𝐭 𝐈 𝐰𝐚𝐬 𝐩𝐫𝐨𝐯𝐞𝐧 𝐰𝐫𝐨𝐧𝐠 𝐭𝐡𝐞 𝐦𝐨𝐦𝐞𝐧𝐭 𝐈 𝐥𝐨𝐨𝐤𝐞𝐝 𝐢𝐧 𝐲𝐨𝐮𝐫 𝐞𝐲𝐞𝐬

    𝐈𝐭'𝐬 𝐭𝐫𝐮𝐞, 𝐮𝐧𝐭𝐢𝐥 𝐈'𝐦 𝐢𝐧 𝐭𝐡𝐞 𝐠𝐫𝐚𝐯𝐞
    𝐃𝐚𝐫𝐥𝐢𝐧𝐠, 𝐈'𝐥𝐥 𝐥𝐨𝐯𝐞 𝐲𝐨𝐮

    𝐅𝐨𝐫 𝐚 𝐭𝐡𝐨𝐮𝐬𝐚𝐧𝐝 𝐲𝐞𝐚𝐫𝐬, 𝐝𝐞𝐚𝐫
    𝐓𝐢𝐦𝐞 𝐢𝐬 𝐧𝐨𝐭𝐡𝐢𝐧𝐠 𝐰𝐡𝐞𝐧 𝐈'𝐦 𝐡𝐞𝐫𝐞 𝐰𝐢𝐭𝐡 𝐲𝐨𝐮, 𝐨𝐡-𝐨𝐡-𝐨𝐨𝐡
    𝐀𝐥𝐥 𝐦𝐲 𝐟𝐞𝐚𝐫𝐬, 𝐭𝐞𝐚𝐫𝐬, 𝐭𝐡𝐨𝐬𝐞 𝐦𝐞𝐦𝐨𝐫𝐢𝐞𝐬, 𝐭𝐡𝐞𝐲 𝐝𝐢𝐬𝐚𝐩𝐩𝐞𝐚𝐫 𝐰𝐢𝐭𝐡 𝐲𝐨𝐮, 𝐨𝐡-𝐨𝐡-𝐨𝐨𝐡
    𝐓𝐢𝐥𝐥 𝐈 𝐭𝐮𝐫𝐧 𝐢𝐧𝐭𝐨 𝐝𝐮𝐬𝐭, 𝐈'𝐥𝐥 𝐜𝐚𝐫𝐫𝐲 𝐭𝐡𝐢𝐬 𝐥𝐨𝐯𝐞, 𝐦𝐲 𝐝𝐞𝐚𝐫
    𝐅𝐨𝐫 𝐚 𝐭𝐡𝐨𝐮𝐬𝐚𝐧𝐝 𝐲𝐞𝐚𝐫𝐬"

    Adriana Salvatore

    ( https://www.youtube.com/watch?v=hiDK5EiR254)
    "𝐈 𝐰𝐚𝐬 𝐚 𝐤𝐢𝐝 𝐥𝐨𝐨𝐤𝐢𝐧𝐠 𝐟𝐨𝐫 𝐥𝐨𝐯𝐞, 𝐟𝐮𝐥𝐥 𝐨𝐟 𝐡𝐨𝐩𝐞 𝐢𝐧𝐬𝐢𝐝𝐞 𝐁𝐮𝐭 𝐭𝐢𝐦𝐞 𝐰𝐚𝐬 𝐧𝐞𝐯𝐞𝐫 𝐤𝐢𝐧𝐝 𝐭𝐨 𝐦𝐞, 𝐦𝐲 𝐡𝐞𝐚𝐫𝐭 𝐠𝐫𝐞𝐰 𝐜𝐨𝐥𝐝 𝐚𝐬 𝐢𝐜𝐞 𝐀𝐥𝐥 𝐨𝐮𝐭 𝐨𝐟 𝐥𝐮𝐜𝐤, 𝐭𝐡𝐨𝐮𝐠𝐡𝐭 𝐈 𝐰𝐚𝐬 𝐬𝐭𝐮𝐜𝐤, 𝐚𝐥𝐨𝐧𝐞 𝐟𝐨𝐫 𝐚𝐥𝐥 𝐦𝐲 𝐥𝐢𝐟𝐞 𝐁𝐮𝐭 𝐈 𝐰𝐚𝐬 𝐩𝐫𝐨𝐯𝐞𝐧 𝐰𝐫𝐨𝐧𝐠 𝐭𝐡𝐞 𝐦𝐨𝐦𝐞𝐧𝐭 𝐈 𝐥𝐨𝐨𝐤𝐞𝐝 𝐢𝐧 𝐲𝐨𝐮𝐫 𝐞𝐲𝐞𝐬 𝐈𝐭'𝐬 𝐭𝐫𝐮𝐞, 𝐮𝐧𝐭𝐢𝐥 𝐈'𝐦 𝐢𝐧 𝐭𝐡𝐞 𝐠𝐫𝐚𝐯𝐞 𝐃𝐚𝐫𝐥𝐢𝐧𝐠, 𝐈'𝐥𝐥 𝐥𝐨𝐯𝐞 𝐲𝐨𝐮 𝐅𝐨𝐫 𝐚 𝐭𝐡𝐨𝐮𝐬𝐚𝐧𝐝 𝐲𝐞𝐚𝐫𝐬, 𝐝𝐞𝐚𝐫 𝐓𝐢𝐦𝐞 𝐢𝐬 𝐧𝐨𝐭𝐡𝐢𝐧𝐠 𝐰𝐡𝐞𝐧 𝐈'𝐦 𝐡𝐞𝐫𝐞 𝐰𝐢𝐭𝐡 𝐲𝐨𝐮, 𝐨𝐡-𝐨𝐡-𝐨𝐨𝐡 𝐀𝐥𝐥 𝐦𝐲 𝐟𝐞𝐚𝐫𝐬, 𝐭𝐞𝐚𝐫𝐬, 𝐭𝐡𝐨𝐬𝐞 𝐦𝐞𝐦𝐨𝐫𝐢𝐞𝐬, 𝐭𝐡𝐞𝐲 𝐝𝐢𝐬𝐚𝐩𝐩𝐞𝐚𝐫 𝐰𝐢𝐭𝐡 𝐲𝐨𝐮, 𝐨𝐡-𝐨𝐡-𝐨𝐨𝐡 𝐓𝐢𝐥𝐥 𝐈 𝐭𝐮𝐫𝐧 𝐢𝐧𝐭𝐨 𝐝𝐮𝐬𝐭, 𝐈'𝐥𝐥 𝐜𝐚𝐫𝐫𝐲 𝐭𝐡𝐢𝐬 𝐥𝐨𝐯𝐞, 𝐦𝐲 𝐝𝐞𝐚𝐫 𝐅𝐨𝐫 𝐚 𝐭𝐡𝐨𝐮𝐬𝐚𝐧𝐝 𝐲𝐞𝐚𝐫𝐬" Adriana Salvatore ( https://www.youtube.com/watch?v=hiDK5EiR254)
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  • "𝑺𝒕𝒂𝒓𝒔 𝒔𝒉𝒊𝒏𝒆 𝒃𝒆𝒄𝒂𝒖𝒔𝒆 𝒐𝒇 𝒕𝒉𝒆𝒊𝒓 𝒅𝒂𝒓𝒌 𝒄𝒐𝒓𝒆"
    "𝑺𝒕𝒂𝒓𝒔 𝒔𝒉𝒊𝒏𝒆 𝒃𝒆𝒄𝒂𝒖𝒔𝒆 𝒐𝒇 𝒕𝒉𝒆𝒊𝒓 𝒅𝒂𝒓𝒌 𝒄𝒐𝒓𝒆"
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  • «𝖥𝗎𝗇𝗇𝗒 𝗍𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗂𝗌, 𝖬𝖺𝗀𝗇𝗎𝗌… 𝖨 𝗌𝗉𝖾𝗇𝗍 𝗒𝖾𝖺𝗋𝗌 𝖻𝖾𝗅𝗂𝖾𝗏𝗂𝗇𝗀 𝖷𝖺𝗏𝗂𝖾𝗋 𝗐𝖺𝗌 𝖻𝗎𝗂𝗅𝖽𝗂𝗇𝗀 𝖺 𝖿𝗎𝗍𝗎𝗋𝖾 𝖿𝗈𝗋 𝗎𝗌. 𝖳𝗎𝗋𝗇𝗌 𝗈𝗎𝗍 𝗁𝖾 𝗐𝖺𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝗍𝖾𝖺𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗐𝖾𝖺𝗉𝗈𝗇𝗌 𝗁𝗈𝗐 𝗍𝗈 𝗌𝗍𝖺𝗇𝖽 𝗌𝗍𝗂𝗅𝗅 𝗅𝗈𝗇𝗀 𝖾𝗇𝗈𝗎𝗀𝗁 𝗍𝗈 𝖻𝖾 𝖺𝖼𝖼𝖾𝗉𝗍𝖾𝖽.

    𝖩𝖾𝖺𝗇 𝗐𝖺𝗌 𝗇𝖾𝗏𝖾𝗋 𝖽𝖺𝗇𝗀𝖾𝗋𝗈𝗎𝗌 𝖻𝖾𝖼𝖺𝗎𝗌𝖾 𝗈𝖿 𝗁𝖾𝗋 𝗉𝗈𝗐𝖾𝗋. 𝖧𝖾 𝗐𝖺𝗌 𝖺𝖿𝗋𝖺𝗂𝖽 𝗈𝖿 𝗐𝗁𝖺𝗍 𝗌𝗁𝖾’𝖽 𝖻𝖾𝖼𝗈𝗆𝖾 𝗐𝗂𝗍𝗁𝗈𝗎𝗍 𝗁𝗂𝗌 𝗅𝖾𝖺𝗌𝗁. 𝖨 𝗍𝗁𝗂𝗇𝗄 𝗍𝗁𝖺𝗍’𝗌 𝗍𝗁𝖾 𝗆𝗈𝗆𝖾𝗇𝗍 𝖨 𝗌𝗍𝗈𝗉𝗉𝖾𝖽 𝖻𝖾𝗂𝗇𝗀 𝗁𝗂𝗌 𝗌𝗍𝗎𝖽𝖾𝗇𝗍.»
    «𝖥𝗎𝗇𝗇𝗒 𝗍𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗂𝗌, 𝖬𝖺𝗀𝗇𝗎𝗌… 𝖨 𝗌𝗉𝖾𝗇𝗍 𝗒𝖾𝖺𝗋𝗌 𝖻𝖾𝗅𝗂𝖾𝗏𝗂𝗇𝗀 𝖷𝖺𝗏𝗂𝖾𝗋 𝗐𝖺𝗌 𝖻𝗎𝗂𝗅𝖽𝗂𝗇𝗀 𝖺 𝖿𝗎𝗍𝗎𝗋𝖾 𝖿𝗈𝗋 𝗎𝗌. 𝖳𝗎𝗋𝗇𝗌 𝗈𝗎𝗍 𝗁𝖾 𝗐𝖺𝗌 𝗃𝗎𝗌𝗍 𝗍𝖾𝖺𝖼𝗁𝗂𝗇𝗀 𝗐𝖾𝖺𝗉𝗈𝗇𝗌 𝗁𝗈𝗐 𝗍𝗈 𝗌𝗍𝖺𝗇𝖽 𝗌𝗍𝗂𝗅𝗅 𝗅𝗈𝗇𝗀 𝖾𝗇𝗈𝗎𝗀𝗁 𝗍𝗈 𝖻𝖾 𝖺𝖼𝖼𝖾𝗉𝗍𝖾𝖽. 𝖩𝖾𝖺𝗇 𝗐𝖺𝗌 𝗇𝖾𝗏𝖾𝗋 𝖽𝖺𝗇𝗀𝖾𝗋𝗈𝗎𝗌 𝖻𝖾𝖼𝖺𝗎𝗌𝖾 𝗈𝖿 𝗁𝖾𝗋 𝗉𝗈𝗐𝖾𝗋. 𝖧𝖾 𝗐𝖺𝗌 𝖺𝖿𝗋𝖺𝗂𝖽 𝗈𝖿 𝗐𝗁𝖺𝗍 𝗌𝗁𝖾’𝖽 𝖻𝖾𝖼𝗈𝗆𝖾 𝗐𝗂𝗍𝗁𝗈𝗎𝗍 𝗁𝗂𝗌 𝗅𝖾𝖺𝗌𝗁. 𝖨 𝗍𝗁𝗂𝗇𝗄 𝗍𝗁𝖺𝗍’𝗌 𝗍𝗁𝖾 𝗆𝗈𝗆𝖾𝗇𝗍 𝖨 𝗌𝗍𝗈𝗉𝗉𝖾𝖽 𝖻𝖾𝗂𝗇𝗀 𝗁𝗂𝗌 𝗌𝗍𝗎𝖽𝖾𝗇𝗍.»
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  • 𝔐𝔢𝔪𝔢𝔫𝔱𝔬 𝔐𝔬𝔯𝔦.
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  • ༒ 𝕻𝖔𝖑𝖑𝖊𝖓 𝕾𝖊𝖕𝖚𝖑𝖈𝖗𝖊𝖙𝖚𝖒.

    Era una tarde de tormenta, la noche estaba por caer y la lluvia golpeaba los ventanales con una paciencia funeraria, lenta, insistente… como dedos huesudos reclamando entrar. Dentro de la pequeña botica apenas sobrevivía la luz de unas cuantas velas consumidas, cuya cera derretida caía sobre los muebles antiguos como lágrimas espesas. El aire olía a tierra húmeda, hierbas secas y algo más difícil de nombrar.
    Algo amargo. Algo medicinal. Algo que recordaba demasiado a las criptas.

    Odette permanecía de pie frente a la mesa de trabajo, rodeada de frascos etiquetados con tinta antigua y nombres que la mayoría prefería no pronunciar. Belladona. Beleño negro. Acónito. Estramonio.
    Sus dedos recorrían con delicadeza las páginas abiertas del herbario mientras separaba pequeñas ramas marchitas para dejarlas secar. Había aprendido hacía mucho que las plantas también podían pudrirse con elegancia.

    La tormenta rugió afuera.

    Ella no levantó la vista.

    Sólo cuando el viento hizo estremecer las paredes de madera, sus ojos verdes y apagados se desviaron lentamente hacia la ventana empañada. Durante un segundo creyó distinguir una silueta inmóvil al otro lado del cristal.

    Alta.

    Cubierta por un velo oscuro.

    Observándola.

    Odette permaneció quieta, con la misma serenidad con la que otros aceptaban una oración antes de morir. Sus dedos, manchados tenuemente por los pigmentos de las hierbas que martajaba, sostuvieron una planta seca de Ajenjo que descansaba entre las páginas del libro donde antes se encontraba su rosario de plata.

    La figura desapareció cuando un relámpago iluminó el bosque.

    Silencio otra vez.

    Sólo el crepitar de las velas.

    Sólo la lluvia.

    Sólo ella.

    O eso creyó… hasta que escuchó el sonido húmedo de unas pisadas detrás de su espalda.

    No fueron rápidas.

    No fueron agresivas.

    Odette cerró el herbario con suavidad.

    —La puerta estaba cerrada.—Murmuró tranquila.—Así que supongo que no viene buscando refugio.

    Las pisadas se detuvieron.

    Y en algún rincón oscuro de la botica… algo comenzó a reir.

    Odette permaneció inmóvil unos segundos más, escuchando.

    Aquella risa seguía ahí.

    Suave.

    Siniestra.

    Burlona.

    Parecía surgir desde algún rincón de la botica, mezclándose con el crujido de la madera vieja y el murmullo de la tormenta detrás de los cristales. No sonaba como la risa de una persona… tampoco como la de un niño. Había algo enfermo en ello. Algo demasiado profundo.

    La herborista tomó una vela de la mesa.

    La llama de la vela tembló mientras avanzaba despacio por la habitación. Las sombras de las plantas colgadas del techo se balanceaban sobre las paredes como cadáveres suspendidos.

    Un paso.

    Luego otro.

    Aquella risa parecía moverse cada vez que ella se acercaba.
    Burlona. Incitando a Odette a buscarla.

    Primero junto al estante de frascos.

    Luego detrás de las cortinas.

    Después cerca de la puerta.

    Pero siempre fuera de su alcance.

    Odette entrecerró apenas los ojos.

    —No me agradan los juegos.—Exhaló. Con aparente tono cansado.

    No obtuvo respuesta.

    Sólo aquel sonido.

    Más cerca ahora.

    Demasiado cerca.

    La llama de la vela vaciló violentamente cuando Odette se detuvo frente al rincón más oscuro de la botica: un pequeño espacio detrás de una cortina de hierbas secas y ramilletes marchitos colgando.

    La risa venía de ahí.

    Podía jurarlo.

    Con lentitud apartó las ramas.

    El rincón estaba vacío.

    No había nadie.

    Ni huellas húmedas sobre el suelo.

    Ni barro.

    Ni ropa empapada.

    Nada.

    Esa risa cesó por completo.

    Odette observó el espacio durante largos segundos sin moverse. Su expresión apenas cambió, aunque sintió el frío reptar lentamente bajo su piel.

    Entonces la vela iluminó algo sobre el suelo.

    Un pequeño charco oscuro.

    Espeso.

    No era agua.

    Odette descendió lentamente la vista… y sintió cómo el aire abandonaba sus pulmones.

    El líquido nacía desde debajo del suelo. Desde sus propios zapatos.

    Retrocedió apenas un paso.

    Confundida.

    Y fue entonces cuando lo escuchó otra vez.

    Detrás del cristal empañado donde antes había visto la sombra...

    La suave risa volvió a burlarse de ella.
    ༒ 𝕻𝖔𝖑𝖑𝖊𝖓 𝕾𝖊𝖕𝖚𝖑𝖈𝖗𝖊𝖙𝖚𝖒. Era una tarde de tormenta, la noche estaba por caer y la lluvia golpeaba los ventanales con una paciencia funeraria, lenta, insistente… como dedos huesudos reclamando entrar. Dentro de la pequeña botica apenas sobrevivía la luz de unas cuantas velas consumidas, cuya cera derretida caía sobre los muebles antiguos como lágrimas espesas. El aire olía a tierra húmeda, hierbas secas y algo más difícil de nombrar. Algo amargo. Algo medicinal. Algo que recordaba demasiado a las criptas. Odette permanecía de pie frente a la mesa de trabajo, rodeada de frascos etiquetados con tinta antigua y nombres que la mayoría prefería no pronunciar. Belladona. Beleño negro. Acónito. Estramonio. Sus dedos recorrían con delicadeza las páginas abiertas del herbario mientras separaba pequeñas ramas marchitas para dejarlas secar. Había aprendido hacía mucho que las plantas también podían pudrirse con elegancia. La tormenta rugió afuera. Ella no levantó la vista. Sólo cuando el viento hizo estremecer las paredes de madera, sus ojos verdes y apagados se desviaron lentamente hacia la ventana empañada. Durante un segundo creyó distinguir una silueta inmóvil al otro lado del cristal. Alta. Cubierta por un velo oscuro. Observándola. Odette permaneció quieta, con la misma serenidad con la que otros aceptaban una oración antes de morir. Sus dedos, manchados tenuemente por los pigmentos de las hierbas que martajaba, sostuvieron una planta seca de Ajenjo que descansaba entre las páginas del libro donde antes se encontraba su rosario de plata. La figura desapareció cuando un relámpago iluminó el bosque. Silencio otra vez. Sólo el crepitar de las velas. Sólo la lluvia. Sólo ella. O eso creyó… hasta que escuchó el sonido húmedo de unas pisadas detrás de su espalda. No fueron rápidas. No fueron agresivas. Odette cerró el herbario con suavidad. —La puerta estaba cerrada.—Murmuró tranquila.—Así que supongo que no viene buscando refugio. Las pisadas se detuvieron. Y en algún rincón oscuro de la botica… algo comenzó a reir. Odette permaneció inmóvil unos segundos más, escuchando. Aquella risa seguía ahí. Suave. Siniestra. Burlona. Parecía surgir desde algún rincón de la botica, mezclándose con el crujido de la madera vieja y el murmullo de la tormenta detrás de los cristales. No sonaba como la risa de una persona… tampoco como la de un niño. Había algo enfermo en ello. Algo demasiado profundo. La herborista tomó una vela de la mesa. La llama de la vela tembló mientras avanzaba despacio por la habitación. Las sombras de las plantas colgadas del techo se balanceaban sobre las paredes como cadáveres suspendidos. Un paso. Luego otro. Aquella risa parecía moverse cada vez que ella se acercaba. Burlona. Incitando a Odette a buscarla. Primero junto al estante de frascos. Luego detrás de las cortinas. Después cerca de la puerta. Pero siempre fuera de su alcance. Odette entrecerró apenas los ojos. —No me agradan los juegos.—Exhaló. Con aparente tono cansado. No obtuvo respuesta. Sólo aquel sonido. Más cerca ahora. Demasiado cerca. La llama de la vela vaciló violentamente cuando Odette se detuvo frente al rincón más oscuro de la botica: un pequeño espacio detrás de una cortina de hierbas secas y ramilletes marchitos colgando. La risa venía de ahí. Podía jurarlo. Con lentitud apartó las ramas. El rincón estaba vacío. No había nadie. Ni huellas húmedas sobre el suelo. Ni barro. Ni ropa empapada. Nada. Esa risa cesó por completo. Odette observó el espacio durante largos segundos sin moverse. Su expresión apenas cambió, aunque sintió el frío reptar lentamente bajo su piel. Entonces la vela iluminó algo sobre el suelo. Un pequeño charco oscuro. Espeso. No era agua. Odette descendió lentamente la vista… y sintió cómo el aire abandonaba sus pulmones. El líquido nacía desde debajo del suelo. Desde sus propios zapatos. Retrocedió apenas un paso. Confundida. Y fue entonces cuando lo escuchó otra vez. Detrás del cristal empañado donde antes había visto la sombra... La suave risa volvió a burlarse de ella.
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