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    El mármol del Olimpo siempre estaba frío, una perfección gélida que reflejaba la eternidad de los dioses. La diosa, de cabellos rosados como el primer amanecer, suspiró, jugueteando distraídamente con el borde dorado de su túnica. Desde su trono de marfil, la vista era impecable: cielos interminables, luz perpetua y el distante resplandor de los templos de sus hermanos.
    Todo era perfecto. Y todo era insoportablemente aburrido.
    Se recostó en la silla, apoyando la barbilla en la mano, con la mirada perdida más allá de las nubes. "¿Es esto la divinidad?", pensó. "¿Observar? ¿Juzgar? ¿Recibir oraciones de seres que vibran de vida, mientras nosotros permanecemos estáticos?" Suspiró de nuevo, su aliento apenas perturbando el aire divinamente perfumado.
    Un movimiento captó su atención. A través de la bruma, el mundo humano se extendía como un tapiz de colores y texturas. Vio las luces de las ciudades cobrando vida, las siluetas de personas moviéndose con un propósito que ella nunca había entendido realmente. Escuchó fragmentos de risas, discusiones ardientes, música imperfecta interpretada con pasión.
    Una punzada de algo nuevo la atravesó. No era celos, ni tampoco simple curiosidad. Era un anhelo, un deseo de *sentir*.
    Se levantó de su trono, el movimiento rompiendo el silencio eterno de su cámara. Sus pies, siempre descalzos, tocaron el suelo helado. Se acercó al borde, donde las nubes se partían para revelar la Tierra. El viento soplaba allí abajo, diferente al aire inmóvil del Olimpo; era un viento que llevaba historias, olores a lluvia y a tierra mojada, a pan recién horneado y a mar salado.
    "Viven tan poco tiempo", murmuró, "y sin embargo, parecen vivir mucho más que nosotros".
    Tomó una decisión. No sería una visita fugaz para entrometerse en un amor mortal o para desatar una tempestad. No. Bajaría como una igual. Sin poderes, sin coronas, sin la red de seguridad de la inmortalidad.
    Se quitó la diadema de hojas de laurel, dejándola caer sobre el mármol con un suave *clink*. Su túnica divina se transformó en un vestido de lino sencillo, como los que usaban las mujeres humanas. Se alisó el cabello rosado, sintiéndolo diferente, más *real*.
    "Solo un momento", se dijo a sí misma, con una sonrisa que no había tenido en milenios. "Una vida mortal. Una sola. Para saber lo que es el hambre, el frío, el cansancio... y quizás, si soy afortunada, un poco de ese amor imperfecto y desesperado que los hace tan fascinantes".
    Con un último vistazo a su trono vacío, se dejó caer. No hubo caída dramática, solo una transición suave, como deslizarse en un sueño.
    Cuando abrió los ojos, sus pies estaban en tierra firme. El aire olía a pino y a polvo. La gente pasaba a su alrededor, demasiado ocupada con sus propias vidas para notar a la extraña con cabello de amanecer. El mármol del Olimpo quedó atrás, reemplazado por la promesa de la fragilidad mortal. Y por primera vez en toda la eternidad, se sintió verdaderamente viva.
    El mármol del Olimpo siempre estaba frío, una perfección gélida que reflejaba la eternidad de los dioses. La diosa, de cabellos rosados como el primer amanecer, suspiró, jugueteando distraídamente con el borde dorado de su túnica. Desde su trono de marfil, la vista era impecable: cielos interminables, luz perpetua y el distante resplandor de los templos de sus hermanos. Todo era perfecto. Y todo era insoportablemente aburrido. Se recostó en la silla, apoyando la barbilla en la mano, con la mirada perdida más allá de las nubes. "¿Es esto la divinidad?", pensó. "¿Observar? ¿Juzgar? ¿Recibir oraciones de seres que vibran de vida, mientras nosotros permanecemos estáticos?" Suspiró de nuevo, su aliento apenas perturbando el aire divinamente perfumado. Un movimiento captó su atención. A través de la bruma, el mundo humano se extendía como un tapiz de colores y texturas. Vio las luces de las ciudades cobrando vida, las siluetas de personas moviéndose con un propósito que ella nunca había entendido realmente. Escuchó fragmentos de risas, discusiones ardientes, música imperfecta interpretada con pasión. Una punzada de algo nuevo la atravesó. No era celos, ni tampoco simple curiosidad. Era un anhelo, un deseo de *sentir*. Se levantó de su trono, el movimiento rompiendo el silencio eterno de su cámara. Sus pies, siempre descalzos, tocaron el suelo helado. Se acercó al borde, donde las nubes se partían para revelar la Tierra. El viento soplaba allí abajo, diferente al aire inmóvil del Olimpo; era un viento que llevaba historias, olores a lluvia y a tierra mojada, a pan recién horneado y a mar salado. "Viven tan poco tiempo", murmuró, "y sin embargo, parecen vivir mucho más que nosotros". Tomó una decisión. No sería una visita fugaz para entrometerse en un amor mortal o para desatar una tempestad. No. Bajaría como una igual. Sin poderes, sin coronas, sin la red de seguridad de la inmortalidad. Se quitó la diadema de hojas de laurel, dejándola caer sobre el mármol con un suave *clink*. Su túnica divina se transformó en un vestido de lino sencillo, como los que usaban las mujeres humanas. Se alisó el cabello rosado, sintiéndolo diferente, más *real*. "Solo un momento", se dijo a sí misma, con una sonrisa que no había tenido en milenios. "Una vida mortal. Una sola. Para saber lo que es el hambre, el frío, el cansancio... y quizás, si soy afortunada, un poco de ese amor imperfecto y desesperado que los hace tan fascinantes". Con un último vistazo a su trono vacío, se dejó caer. No hubo caída dramática, solo una transición suave, como deslizarse en un sueño. Cuando abrió los ojos, sus pies estaban en tierra firme. El aire olía a pino y a polvo. La gente pasaba a su alrededor, demasiado ocupada con sus propias vidas para notar a la extraña con cabello de amanecer. El mármol del Olimpo quedó atrás, reemplazado por la promesa de la fragilidad mortal. Y por primera vez en toda la eternidad, se sintió verdaderamente viva.
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  • El eco de unos pasos apresurados resonaba en el vacío, como si el tiempo mismo se estuviera rompiendo bajo cada pisada. El Conejo Blanco apareció de entre una distorsión tenue, ajustando sus guantes con una precisión casi obsesiva. Sus ojos, inquietos y brillantes, parecían ver más allá de lo evidente… como si siguiera algo que nadie más podía percibir.

    —Ah… llegas tarde. Siempre llegan tarde

    murmuró, sacando un reloj de bolsillo que no marcaba ninguna hora coherente

    —Pero no importa… nunca importa realmente.

    Dejó escapar una risa baja, antes de alzar la mirada. Su expresión cambió, tornándose más serena casi melancólica.

    —¿Sabes por qué me fascina tanto esa historia…? Alicia… ese mundo absurdo… ese descenso sin lógica.

    Giró ligeramente sobre sus talones, como si estuviera recordando algo lejano pero profundamente importante.

    —Porque no es fantasía… es un reflejo. Un espejo distorsionado de lo que somos. Un lugar donde las reglas no tienen sentido… donde la cordura es cuestionable… y donde caer no es un accidente, sino un destino inevitable.

    Se llevó el reloj al pecho, apretándolo con fuerza.

    —Alicia no eligió caer… pero una vez abajo, tuvo que adaptarse. Tuvo que sobrevivir entre criaturas que no seguían ninguna lógica… ¿te suena familiar?

    Una sonrisa torcida apareció en su rostro.

    —Ese mundo… ese caos elegante… es lo más cercano a la verdad que muchos se atreven a admitir. No hay orden. No hay control. Solo… perspectivas.

    Se inclinó ligeramente hacia adelante, como si compartiera un secreto peligroso.

    —Y yo… bueno… supongo que me identifiqué con el Conejo. Siempre corriendo… siempre llegando tarde… siempre siendo el heraldo de algo que nadie entiende del todo.

    Se enderezó, su tono volviéndose más ligero, casi juguetón… pero con un trasfondo inquietante.

    —Además… ¿quién no querría perderse en un lugar donde lo imposible es rutina?
    El eco de unos pasos apresurados resonaba en el vacío, como si el tiempo mismo se estuviera rompiendo bajo cada pisada. El Conejo Blanco apareció de entre una distorsión tenue, ajustando sus guantes con una precisión casi obsesiva. Sus ojos, inquietos y brillantes, parecían ver más allá de lo evidente… como si siguiera algo que nadie más podía percibir. —Ah… llegas tarde. Siempre llegan tarde murmuró, sacando un reloj de bolsillo que no marcaba ninguna hora coherente —Pero no importa… nunca importa realmente. Dejó escapar una risa baja, antes de alzar la mirada. Su expresión cambió, tornándose más serena casi melancólica. —¿Sabes por qué me fascina tanto esa historia…? Alicia… ese mundo absurdo… ese descenso sin lógica. Giró ligeramente sobre sus talones, como si estuviera recordando algo lejano pero profundamente importante. —Porque no es fantasía… es un reflejo. Un espejo distorsionado de lo que somos. Un lugar donde las reglas no tienen sentido… donde la cordura es cuestionable… y donde caer no es un accidente, sino un destino inevitable. Se llevó el reloj al pecho, apretándolo con fuerza. —Alicia no eligió caer… pero una vez abajo, tuvo que adaptarse. Tuvo que sobrevivir entre criaturas que no seguían ninguna lógica… ¿te suena familiar? Una sonrisa torcida apareció en su rostro. —Ese mundo… ese caos elegante… es lo más cercano a la verdad que muchos se atreven a admitir. No hay orden. No hay control. Solo… perspectivas. Se inclinó ligeramente hacia adelante, como si compartiera un secreto peligroso. —Y yo… bueno… supongo que me identifiqué con el Conejo. Siempre corriendo… siempre llegando tarde… siempre siendo el heraldo de algo que nadie entiende del todo. Se enderezó, su tono volviéndose más ligero, casi juguetón… pero con un trasfondo inquietante. —Además… ¿quién no querría perderse en un lugar donde lo imposible es rutina?
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  • 𝐓𝐇𝐄 𝐃𝐄𝐕𝐈𝐋'𝐒 𝐊𝐀𝐑𝐌𝐀.
    Fandom Marvel
    Categoría Acción
    Los últimos meses habían sido toda una sorpresa, desde partes de la ciudad desapareciendo hasta una especie de caza furtiva de vigilantes... No es que el alcalde ayudara mucho, al fin y al cabo es quien más se benefició con todo esto.

    Desde la invasión alienígena del 2012 parecería que Nueva York quedó atrapada en el ojo de una tormenta que, cada cierto tiempo, se acuerda y regresa por más. Luego de que unos supuestos ❛ 𝐍𝐞𝐰 𝐀𝐯𝐞𝐧𝐠𝐞𝐫𝐬 ❜ aparecieran las cosas parecían ir mejor, o por lo menos con más calma, claro que esa ``calma´´ no era más que una trampa del impredecible pronóstico que se avecinaba, ya se lo imaginaba cuando Peter Parker se acercó una vez más para pedir su ayuda, aunque esta vez no era en un juicio, simplemente necesitaba sus palabras, estaba solo y además perdió su hogar, aquel invasor de nombre 𝐏𝐚𝐧𝐝𝐞𝐦𝐨𝐧𝐢𝐮𝐦 había destruido Queens por completo y SHIELD decidió poner la zona en cuarentena sin dar más información al público. Poco pudo hacer por el muchacho, una cosa llevó a la otra y terminó contándole que es el diablo de Hell's Kitchen, no pudo escoger mejor momento porque días después el alcalde Fisk aprobó una ley [ 𝘥𝘦 𝘧𝘰𝘳𝘮𝘢 𝘥𝘶𝘥𝘰𝘴𝘢... ] que según sus palabras todo aquel que hiciera justicia por mano propia y con máscara seria considerado un criminal, nada nuevo... Sin embargo, tenía juguetes nuevos así como un nuevo disipulo que le otorgó dicha tecnología.


    𝗟𝗼𝘀 𝗖𝗲𝗻𝘁𝗶𝗻𝗲𝗹𝗮𝘀.

    Meses después de que se aprobara esa ley y se enseñara al público aquellos robots, cada Vigilante en la ciudad fue perseguido, y si eran capturados jamás se volvía a oír de ellos, por lo cual pelear no era la opción más sensata, no eran policías o agentes, esta vez eran 𝗺𝗮𝗾𝘂𝗶𝗻𝗮𝘀 de acero quienes los cazaban, así que las cosas en la ciudad habían cambiado y solo era el inicio, aquello era un simple proyecto a prueba, de funcionar bien se haría a escala mundial... y estaba funcionando.

    Debido a la cacería tuvo que alejarse de Karen, ella no era un vigilante por lo que estar cerca solo la pondría en peligro y si bien nunca aceptó, Matt tomó sus cosas y simplemente desapareció, era lo mejor. Tuvo que aliarse con otros como Spiderman o hasta Punisher, mantenerse informado a través de otros en su misma situación y por cosas del cruel destino, hacer las paces con 𝐁𝐮𝐥𝐥𝐬𝐞𝐲𝐞.
    Lo había perdonado luego de descubrir la verdad detrás de lo ocurrido con Foggy, pero en el fondo jamás dejó de resentirlo, cree en el perdón, por supuesto, solo que es difícil con alguien tan inestable mentalmente.

    Al final del día tuvieron que convivir, sus habilidades eran similares, una dupla así seria más difícil de atrapar, ahora debían vivir entre las sombras y no podrían hacerlo solos, ningún vigilante estaba por su cuenta y al diablo le había tocado compartir techo con Pointdexter, era el más indicado... Lo había decidido en la última junta con Jessica Jones, ya que con otros como Frank Castle la cosa no iba a terminar bien, se matarían entre ellos y ni hablar de dejarlo a solas con el jóven arácnido.

    𝘛𝘦𝘯𝘪𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘦𝘳 𝙀𝙇.

    Extrañamente luego de casi un mes conviviendo la cosa no iba tan mal, igual nunca entendería como es que Frank estaba tan a gusto en un bunker antibombas, le sienta fatal... aunque tenían electricidad, gas y agua, con el correr de los días consiguieron un par de cosas, como un viejo televisor, radios, provisiones y ropa, el trato era avisar si alguno saldría pero esa misma noche Matt se pasó por alto las reglas, tomó su traje rojo y salió a las calles sin decir palabra a Pointdexter, lo creía dormido.

    Tras varios saltos por los techos por fin vuelve a la calle, repleta de carteles con los muchos vigilantes buscados por las máquinas, aunque entre ellos había un par de personas desaparecidas, entre ellas el abogado Matt Murdock y el doctor Bruce Banner... A diario se pregunta que seria de él y porque no había rastro, no es un vigilante, solía ser un Vengador, pero ahora no tenía tiempo para eso, tenía que correr, llegó hasta un viejo edificio y se metió de un brinco por la única ventana sin tablas, era un sitio abandonado así que nadie lo vigila y pudo subir varios pisos sin preocuparse, por fin llegando al punto de interés y revisar unas cajas hasta sentir el metal de una placa con los nombres 𝐍𝐞𝐥𝐬𝐨𝐧, 𝐌𝐮𝐫𝐝𝐨𝐜𝐤, 𝐏𝐚𝐠𝐞 tallados que pudo leer con el tacto de sus dedos, sus labios se tambalean, por un segundo creyó que sonreiría, inclusive siente la humedad de sus ojos bajo aquel casco, recordando cuando eran los tres unidos contra el mundo y ahora... 𝙚𝙨𝙩𝙖𝙗𝙖 𝙨𝙤𝙡𝙤.

    Abrazó la placa y se tumbó al suelo, había un Centinela volando a un par de calles, no entendía porque estaba tan cerca si juraba no haber dejado rastro alguno, entonces se incorpora y suspira negando con la cabeza, ya lo escuchó... Lo olió... También pensó en si arriesgarlo todo por darle un golpe ahí mismo.

    ──── No te quiero aquí ────. Dice entre labios como en un susurro, dejando la placa en uno de los escritorios de lo que alguna vez fue el bufete de abogados, apenas se gira hacia el ex-agente que seguramente nunca se durmió.

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    Los últimos meses habían sido toda una sorpresa, desde partes de la ciudad desapareciendo hasta una especie de caza furtiva de vigilantes... No es que el alcalde ayudara mucho, al fin y al cabo es quien más se benefició con todo esto. Desde la invasión alienígena del 2012 parecería que Nueva York quedó atrapada en el ojo de una tormenta que, cada cierto tiempo, se acuerda y regresa por más. Luego de que unos supuestos ❛ 𝐍𝐞𝐰 𝐀𝐯𝐞𝐧𝐠𝐞𝐫𝐬 ❜ aparecieran las cosas parecían ir mejor, o por lo menos con más calma, claro que esa ``calma´´ no era más que una trampa del impredecible pronóstico que se avecinaba, ya se lo imaginaba cuando Peter Parker se acercó una vez más para pedir su ayuda, aunque esta vez no era en un juicio, simplemente necesitaba sus palabras, estaba solo y además perdió su hogar, aquel invasor de nombre 𝐏𝐚𝐧𝐝𝐞𝐦𝐨𝐧𝐢𝐮𝐦 había destruido Queens por completo y SHIELD decidió poner la zona en cuarentena sin dar más información al público. Poco pudo hacer por el muchacho, una cosa llevó a la otra y terminó contándole que es el diablo de Hell's Kitchen, no pudo escoger mejor momento porque días después el alcalde Fisk aprobó una ley [ 𝘥𝘦 𝘧𝘰𝘳𝘮𝘢 𝘥𝘶𝘥𝘰𝘴𝘢... ] que según sus palabras todo aquel que hiciera justicia por mano propia y con máscara seria considerado un criminal, nada nuevo... Sin embargo, tenía juguetes nuevos así como un nuevo disipulo que le otorgó dicha tecnología. 𝗟𝗼𝘀 𝗖𝗲𝗻𝘁𝗶𝗻𝗲𝗹𝗮𝘀. Meses después de que se aprobara esa ley y se enseñara al público aquellos robots, cada Vigilante en la ciudad fue perseguido, y si eran capturados jamás se volvía a oír de ellos, por lo cual pelear no era la opción más sensata, no eran policías o agentes, esta vez eran 𝗺𝗮𝗾𝘂𝗶𝗻𝗮𝘀 de acero quienes los cazaban, así que las cosas en la ciudad habían cambiado y solo era el inicio, aquello era un simple proyecto a prueba, de funcionar bien se haría a escala mundial... y estaba funcionando. Debido a la cacería tuvo que alejarse de Karen, ella no era un vigilante por lo que estar cerca solo la pondría en peligro y si bien nunca aceptó, Matt tomó sus cosas y simplemente desapareció, era lo mejor. Tuvo que aliarse con otros como Spiderman o hasta Punisher, mantenerse informado a través de otros en su misma situación y por cosas del cruel destino, hacer las paces con 𝐁𝐮𝐥𝐥𝐬𝐞𝐲𝐞. Lo había perdonado luego de descubrir la verdad detrás de lo ocurrido con Foggy, pero en el fondo jamás dejó de resentirlo, cree en el perdón, por supuesto, solo que es difícil con alguien tan inestable mentalmente. Al final del día tuvieron que convivir, sus habilidades eran similares, una dupla así seria más difícil de atrapar, ahora debían vivir entre las sombras y no podrían hacerlo solos, ningún vigilante estaba por su cuenta y al diablo le había tocado compartir techo con Pointdexter, era el más indicado... Lo había decidido en la última junta con Jessica Jones, ya que con otros como Frank Castle la cosa no iba a terminar bien, se matarían entre ellos y ni hablar de dejarlo a solas con el jóven arácnido. 𝘛𝘦𝘯𝘪𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘦𝘳 𝙀𝙇. Extrañamente luego de casi un mes conviviendo la cosa no iba tan mal, igual nunca entendería como es que Frank estaba tan a gusto en un bunker antibombas, le sienta fatal... aunque tenían electricidad, gas y agua, con el correr de los días consiguieron un par de cosas, como un viejo televisor, radios, provisiones y ropa, el trato era avisar si alguno saldría pero esa misma noche Matt se pasó por alto las reglas, tomó su traje rojo y salió a las calles sin decir palabra a Pointdexter, lo creía dormido. Tras varios saltos por los techos por fin vuelve a la calle, repleta de carteles con los muchos vigilantes buscados por las máquinas, aunque entre ellos había un par de personas desaparecidas, entre ellas el abogado Matt Murdock y el doctor Bruce Banner... A diario se pregunta que seria de él y porque no había rastro, no es un vigilante, solía ser un Vengador, pero ahora no tenía tiempo para eso, tenía que correr, llegó hasta un viejo edificio y se metió de un brinco por la única ventana sin tablas, era un sitio abandonado así que nadie lo vigila y pudo subir varios pisos sin preocuparse, por fin llegando al punto de interés y revisar unas cajas hasta sentir el metal de una placa con los nombres 𝐍𝐞𝐥𝐬𝐨𝐧, 𝐌𝐮𝐫𝐝𝐨𝐜𝐤, 𝐏𝐚𝐠𝐞 tallados que pudo leer con el tacto de sus dedos, sus labios se tambalean, por un segundo creyó que sonreiría, inclusive siente la humedad de sus ojos bajo aquel casco, recordando cuando eran los tres unidos contra el mundo y ahora... 𝙚𝙨𝙩𝙖𝙗𝙖 𝙨𝙤𝙡𝙤. Abrazó la placa y se tumbó al suelo, había un Centinela volando a un par de calles, no entendía porque estaba tan cerca si juraba no haber dejado rastro alguno, entonces se incorpora y suspira negando con la cabeza, ya lo escuchó... Lo olió... También pensó en si arriesgarlo todo por darle un golpe ahí mismo. ──── No te quiero aquí ────. Dice entre labios como en un susurro, dejando la placa en uno de los escritorios de lo que alguna vez fue el bufete de abogados, apenas se gira hacia el ex-agente que seguramente nunca se durmió. [P0INDEXTER]
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  • Que silencio esta, estos pasillos de scarabia kalim ya esta durmiendo supongo que esta noche sera clamada
    Que silencio esta, estos pasillos de scarabia kalim ya esta durmiendo supongo que esta noche sera clamada
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  • El vapor del té ascendía en finas espirales, desdibujándose en el aire como pensamientos que se niegan a tomar forma. Sentado con una elegancia casi antinatural, el Conejo Blanco sostenía la taza entre sus dedos enguantados, inclinándola apenas antes de dar un sorbo lento y medido.
    El mundo a su alrededor parecía irrelevante… distante.
    Sus ojos, ocultos tras aquella máscara inmutable, no observaban realmente la habitación. Miraban más allá. Siempre más allá.
    —Curioso…

    murmuró con una voz suave, apenas un hilo que rompía el silencio

    — Cómo incluso en la calma… el eco del caos persiste.

    Dejó la taza sobre el platillo con un leve clic, perfectamente alineada, como si incluso ese gesto formara parte de algún orden invisible que solo él comprendía.
    Sus pensamientos divagaban fragmentos de poder, ambición, recuerdos que no eran del todo suyos. La sensación de algo incompleto se enroscaba en su mente, insistente, como una melodía que no logra resolverse.
    Una risa baja escapó de sus labios.

    —Y, sin embargo… aquí estoy.

    Apoyó el mentón sobre su mano, ladeando ligeramente la cabeza

    -Jugando a la serenidad… como si el destino fuese algo que pudiera ignorarse con una simple taza de té.

    El silencio volvió a envolverlo.
    Pero no era paz.
    Nunca lo era.
    El vapor del té ascendía en finas espirales, desdibujándose en el aire como pensamientos que se niegan a tomar forma. Sentado con una elegancia casi antinatural, el Conejo Blanco sostenía la taza entre sus dedos enguantados, inclinándola apenas antes de dar un sorbo lento y medido. El mundo a su alrededor parecía irrelevante… distante. Sus ojos, ocultos tras aquella máscara inmutable, no observaban realmente la habitación. Miraban más allá. Siempre más allá. —Curioso… murmuró con una voz suave, apenas un hilo que rompía el silencio — Cómo incluso en la calma… el eco del caos persiste. Dejó la taza sobre el platillo con un leve clic, perfectamente alineada, como si incluso ese gesto formara parte de algún orden invisible que solo él comprendía. Sus pensamientos divagaban fragmentos de poder, ambición, recuerdos que no eran del todo suyos. La sensación de algo incompleto se enroscaba en su mente, insistente, como una melodía que no logra resolverse. Una risa baja escapó de sus labios. —Y, sin embargo… aquí estoy. Apoyó el mentón sobre su mano, ladeando ligeramente la cabeza -Jugando a la serenidad… como si el destino fuese algo que pudiera ignorarse con una simple taza de té. El silencio volvió a envolverlo. Pero no era paz. Nunca lo era.
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  • SavanaClaw Domr
    Fandom Twisted Woderlad/Otros
    Categoría Crossover
    Leona como siempre estaba tomando una siesta mas que nada siendo el, alguen totalmente peresoso durmiendo en habitacion de savanaclaw , aun que algo lo desperto de la nada

    Ruggie : Leona!!! , parece que alguien entro en nuestro territorio

    La vos de ruggie ya lo habia depertado y eso lo pueso gruñon mala ganas.

    "Oye sabes que no me gusta ser despertado"

    Ruggie : shishishi .... si lo se pero creo que tiene que verlo , antes que demas piense que sea la cena

    De mala manera leona se levanto de la cama , claro su mal humor por haberlo despertado asi y que era eso tan urgente ¿quien seria el tonto que habia entrado a savanaclaw? .
    Leona como siempre estaba tomando una siesta mas que nada siendo el, alguen totalmente peresoso durmiendo en habitacion de savanaclaw , aun que algo lo desperto de la nada Ruggie : Leona!!! , parece que alguien entro en nuestro territorio La vos de ruggie ya lo habia depertado y eso lo pueso gruñon mala ganas. "Oye sabes que no me gusta ser despertado" Ruggie : shishishi .... si lo se pero creo que tiene que verlo , antes que demas piense que sea la cena De mala manera leona se levanto de la cama , claro su mal humor por haberlo despertado asi y que era eso tan urgente ¿quien seria el tonto que habia entrado a savanaclaw? .
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  • — Ehm... Supongo que esto significa que no habrá segunda cita, ¿verdad? —

    El chico que había aceptado salir con Antimony huyó despavorido, luego de que ella tuviera la brillantísima idea de arrancarse el brazo para sacar el móvil de él de una alcantarilla.

    Se recostó bajo un árbol, mirando al cielo e intentando ignorar los murmullos y miradas de quienes iban pasando.

    — *Sigh*. —
    — Ehm... Supongo que esto significa que no habrá segunda cita, ¿verdad? — El chico que había aceptado salir con Antimony huyó despavorido, luego de que ella tuviera la brillantísima idea de arrancarse el brazo para sacar el móvil de él de una alcantarilla. Se recostó bajo un árbol, mirando al cielo e intentando ignorar los murmullos y miradas de quienes iban pasando. — *Sigh*. —
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    Me endiabla
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  • Ahhh! Creo que fue demasiado para seguir durmiendo ..... quizas es ahora de ir por comer
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  • Ficrol Rock Band Ep.2 - El camino a la cima
    Fandom Oc
    Categoría Otros
    𝓝𝙖𝙧𝙞
    𝓐𝓷𝓷𝓮𝓵𝓲𝓮𝓼𝓮 𝓒𝓪𝓿𝓪𝓷𝓪𝓾𝓰𝓱
    Lady Céleste
    Bianca Auditore
    Keisha Keina Kamaria
    Drizz Whirlpool

    *Mientras los demás preparan el próximo ensayo, de repente se escuchan pasos y entro a la sala dando un portazo repentino.*

    "Damos y Caballeras, ¡Se viene nuestro primer objetivo!

    *Coloco la pancarta en el pizarrón de un manotazo por el hype que me provoca.*

    "¡Se viene el primer festival de bandas emergentes y nos inscribí para que participemos! Estaremos con artistas de renombre como Wendy Sulca y La Tigreza del Oriente! ¡Así que debemos darlo todo! Por ende hay que dejar en claro los roles."

    Primero: "A nuestras Vocalistas Bianca, Nari, y Celeste, ustedes son la cara visible del proyecto así que quiero ver toda su gama de expresiones para captar fans que vayan a vernos."

    "Segundo: Keisha, Drizz y Yo seremos la base rítmica que de el apoyo necesario a nuestras cantantes y en el caso de Anne, tu tienes que dar todas las texturas y atmósferas con todos los sonidos del piano y sintetizador para darle personalidad a nuestras canciones."

    "Jóvenes el Rock n Roll es como una hamburguesa, Keisha y Drizz serán los 'panes' que den la base de nuestro sandwich, en mi caso yo debo ser el pedazo de carne entre los panes, porque un buen riff de guitarra es como la carne en su punto, bien jugoso y contundente. Y al igual que las hamburguesas sin un 'aderezo' esto tendría un sabor seco y sin gracia, al igual que una banda de rock convencional, esta se escucharia simple y sin gracia. Ahí es donde entran Anne, Celeste, Bianca y Nari. Ustedes son ese 'aderezo' que le dé un sabor especial a los que hacemos con sonidos de teclados y sus voces únicas e inigualables, así que trabajemos arduo para dar una excelente presentación ¿Están listos?"

    *Coloqué mi mano al centro para que todos hagamos un saludo y demos nuestro mejor esfuerzo.*

    //La dinámica es la siguiente, además de lo que ustedes quieran responder aquí, les voy a pedir al menos 2 canciones que su personaje quisiera interpretar en su instrumento para yo tener los links de YT y el día del 'concierto' usar esas canciones como Setlist por fa. Eso gente, gracias por seguir esta tontería jajaja
    [narii_0] [AnneYourMaid12] [LadyCeleste2008] [Freaky_Ghost_Ovni_531] [whisper_garnet_turtle_942] [specter_gold_magician_349] *Mientras los demás preparan el próximo ensayo, de repente se escuchan pasos y entro a la sala dando un portazo repentino.* "Damos y Caballeras, ¡Se viene nuestro primer objetivo! *Coloco la pancarta en el pizarrón de un manotazo por el hype que me provoca.* "¡Se viene el primer festival de bandas emergentes y nos inscribí para que participemos! Estaremos con artistas de renombre como Wendy Sulca y La Tigreza del Oriente! ¡Así que debemos darlo todo! Por ende hay que dejar en claro los roles." Primero: "A nuestras Vocalistas Bianca, Nari, y Celeste, ustedes son la cara visible del proyecto así que quiero ver toda su gama de expresiones para captar fans que vayan a vernos." "Segundo: Keisha, Drizz y Yo seremos la base rítmica que de el apoyo necesario a nuestras cantantes y en el caso de Anne, tu tienes que dar todas las texturas y atmósferas con todos los sonidos del piano y sintetizador para darle personalidad a nuestras canciones." "Jóvenes el Rock n Roll es como una hamburguesa, Keisha y Drizz serán los 'panes' que den la base de nuestro sandwich, en mi caso yo debo ser el pedazo de carne entre los panes, porque un buen riff de guitarra es como la carne en su punto, bien jugoso y contundente. Y al igual que las hamburguesas sin un 'aderezo' esto tendría un sabor seco y sin gracia, al igual que una banda de rock convencional, esta se escucharia simple y sin gracia. Ahí es donde entran Anne, Celeste, Bianca y Nari. Ustedes son ese 'aderezo' que le dé un sabor especial a los que hacemos con sonidos de teclados y sus voces únicas e inigualables, así que trabajemos arduo para dar una excelente presentación ¿Están listos?" *Coloqué mi mano al centro para que todos hagamos un saludo y demos nuestro mejor esfuerzo.* //La dinámica es la siguiente, además de lo que ustedes quieran responder aquí, les voy a pedir al menos 2 canciones que su personaje quisiera interpretar en su instrumento para yo tener los links de YT y el día del 'concierto' usar esas canciones como Setlist por fa. Eso gente, gracias por seguir esta tontería jajaja🙏
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    Tenlo en cuenta al responder.
    El sol de San Petersburgo apenas comenzaba a teñir de oro las agujas de la ciudad cuando Maral Romanov abrió los ojos. No fue el despertador lo que la sacó del sueño, sino el peso familiar y el calor sofocante de una melena blanca como la nieve presionando contra el borde de su cama.

    Maral se incorporó lentamente, estirando los brazos. A su lado, Koldun emitió un rumbido vibrante que hizo eco en las paredes de la habitación. El león blanco no era solo una fiera; era un espectro de elegancia salvaje. Cuando el animal levantó la cabeza, sus ojos azules, gélidos y profundos como glaciares, se clavaron en los de Maral con una inteligencia casi humana.

    — "Cinco minutos más, Koldun" — murmuró ella, acariciando el pelaje áspero pero limpio detrás de sus orejas.

    El león respondió con un bostezo que dejó ver sus colmillos de marfil, para luego apoyar su enorme mentón sobre las sábanas de seda. Sabía que Maral no podía resistirse a esa mirada.

    Maral se puso de pie, su figura reflejada en los altos espejos del palacio. Mientras ella se vestía con la sobriedad que su apellido exigía —telas oscuras y cortes impecables—, Koldun la seguía como una sombra pálida por los pasillos de mármol.

    Cada guardia que encontraban en el camino inclinaba la cabeza, no solo por respeto a la Romanov, sino por el temor instintivo que provocaba el felino que caminaba a su flanco sin necesidad de correa.

    En la terraza acristalada, Maral bebía un té negro fuerte mientras observaba el jardín cubierto de escarcha. Koldun se sentó a sus pies, vigilante. Sus ojos azules escaneaban el horizonte, siempre alerta, siempre protector.

    —Hoy será un día largo —dijo Maral, dejando la taza de porcelana sobre la mesa.

    Koldum se puso en pie al instante, soltando un rugido bajo que era más una afirmación que una queja. Ella le puso una mano firme sobre el lomo, sintiendo la potencia de sus músculos. Juntos, la última heredera del frío y su guardián de ojos de hielo, abandonaron la estancia para enfrentar al mundo. El día de los Romanov no acababa de empezar; acababa de ser reclamado.
    El sol de San Petersburgo apenas comenzaba a teñir de oro las agujas de la ciudad cuando Maral Romanov abrió los ojos. No fue el despertador lo que la sacó del sueño, sino el peso familiar y el calor sofocante de una melena blanca como la nieve presionando contra el borde de su cama. Maral se incorporó lentamente, estirando los brazos. A su lado, Koldun emitió un rumbido vibrante que hizo eco en las paredes de la habitación. El león blanco no era solo una fiera; era un espectro de elegancia salvaje. Cuando el animal levantó la cabeza, sus ojos azules, gélidos y profundos como glaciares, se clavaron en los de Maral con una inteligencia casi humana. — "Cinco minutos más, Koldun" — murmuró ella, acariciando el pelaje áspero pero limpio detrás de sus orejas. El león respondió con un bostezo que dejó ver sus colmillos de marfil, para luego apoyar su enorme mentón sobre las sábanas de seda. Sabía que Maral no podía resistirse a esa mirada. Maral se puso de pie, su figura reflejada en los altos espejos del palacio. Mientras ella se vestía con la sobriedad que su apellido exigía —telas oscuras y cortes impecables—, Koldun la seguía como una sombra pálida por los pasillos de mármol. Cada guardia que encontraban en el camino inclinaba la cabeza, no solo por respeto a la Romanov, sino por el temor instintivo que provocaba el felino que caminaba a su flanco sin necesidad de correa. En la terraza acristalada, Maral bebía un té negro fuerte mientras observaba el jardín cubierto de escarcha. Koldun se sentó a sus pies, vigilante. Sus ojos azules escaneaban el horizonte, siempre alerta, siempre protector. —Hoy será un día largo —dijo Maral, dejando la taza de porcelana sobre la mesa. Koldum se puso en pie al instante, soltando un rugido bajo que era más una afirmación que una queja. Ella le puso una mano firme sobre el lomo, sintiendo la potencia de sus músculos. Juntos, la última heredera del frío y su guardián de ojos de hielo, abandonaron la estancia para enfrentar al mundo. El día de los Romanov no acababa de empezar; acababa de ser reclamado.
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