• Llevaba horas golpeando a un individuo, en una habitación solitaria, en alguna ubicación secreta y muy difícil de encontrar. Se suponía que debía sacarle información, pero era como si estuviese en un trance, ya no veía el objetivo en sus acciones, tampoco había algún gusto o disgusto, el motivo de sus actos no existía, era solo violencia sin más, porque sí.

    Tal vez era sadismo, simple crueldad.

    A veces, para ese tipo de situaciones no sé necesita alguna explicación, razonamiento o un “porque”, eran simples acciones sin significado alguno, solo actos que se llevaban a cabo y ya.

    O solo era un paso más a la locura, o incluso algo peor.

    Los puñetazos que tenían desfigurados el rostro de aquel hombre, ya irreconocible, terminarían cambiando en simples y sonoras bofetadas. Su palma azotando las mejillas de esa deforme e hinchada cara, la sangre salpicaba, incluso algunos dientes del pobre desdichado se caían ante lo que parecía un festival de golpes sin fin.

    Mientras ese castigo sin razón continuaba, él emitía un tipo de tarareo poco sonoro, casi como un murmuro.

    ──"No remorse, no repent, we don't care what it meant, another day, another death, another sorrow, another breath…"

    Entonces dio una última y fuerte bofetada, finalizando esa tortura y castigo. Se quedo en silencio, incluso observó su propia mano impregnada de líquido vital, sangre que no le pertenecía. Estaba manchado, pero aún así recordaba esas palabras que le habían dicho: “… Eres libre de todo karma”.

    Ya no prestaba atención al pobre individuo a quién llevaba horas agrediendo, le había dejado de importar desde hace bastante. El cuerpo de ese hombre había dejado de respirar, su chispa de vida se había extinguido para siempre.

    Fue entonces que algo se le cruzó en su mente, un pensamiento particular, una frase que tenía grabada en su cabeza y no se la podía sacar.

    ──"El amor es violencia, el odio es paz".
    Llevaba horas golpeando a un individuo, en una habitación solitaria, en alguna ubicación secreta y muy difícil de encontrar. Se suponía que debía sacarle información, pero era como si estuviese en un trance, ya no veía el objetivo en sus acciones, tampoco había algún gusto o disgusto, el motivo de sus actos no existía, era solo violencia sin más, porque sí. Tal vez era sadismo, simple crueldad. A veces, para ese tipo de situaciones no sé necesita alguna explicación, razonamiento o un “porque”, eran simples acciones sin significado alguno, solo actos que se llevaban a cabo y ya. O solo era un paso más a la locura, o incluso algo peor. Los puñetazos que tenían desfigurados el rostro de aquel hombre, ya irreconocible, terminarían cambiando en simples y sonoras bofetadas. Su palma azotando las mejillas de esa deforme e hinchada cara, la sangre salpicaba, incluso algunos dientes del pobre desdichado se caían ante lo que parecía un festival de golpes sin fin. Mientras ese castigo sin razón continuaba, él emitía un tipo de tarareo poco sonoro, casi como un murmuro. ──"No remorse, no repent, we don't care what it meant, another day, another death, another sorrow, another breath…" Entonces dio una última y fuerte bofetada, finalizando esa tortura y castigo. Se quedo en silencio, incluso observó su propia mano impregnada de líquido vital, sangre que no le pertenecía. Estaba manchado, pero aún así recordaba esas palabras que le habían dicho: “… Eres libre de todo karma”. Ya no prestaba atención al pobre individuo a quién llevaba horas agrediendo, le había dejado de importar desde hace bastante. El cuerpo de ese hombre había dejado de respirar, su chispa de vida se había extinguido para siempre. Fue entonces que algo se le cruzó en su mente, un pensamiento particular, una frase que tenía grabada en su cabeza y no se la podía sacar. ──"El amor es violencia, el odio es paz".
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  • Recuerdos Ardiendo
    Fandom Original, sobrenatural
    Categoría Acción
    con Sephtálon Feu

    Escuchó el rumor, siendo aún niña, como se escuchan las cosas que uno no quiere oír pero no puede ignorar.

    Que el día en que el bosque Tsukimori ardió hasta las raíces, un dragón surcaba el cielo.
    Que su fuego no fue accidental ni inocente.
    Que bajo las llamas se alzaron gritos que jamás volverían a escucharse.

    Años después, los rumores aletearon de regreso.
    Aquel dragón caminaba entre los hombres.
    Con rostro humano.
    Con nombre nuevo.
    Pretendiendo una vida que no le correspondía a un homicida.

    Y un día como cualquier otro, el Gremio confirmó lo que las voces murmuraban en las calles.

    Una carpeta en su taquilla.
    El sello carmesí.
    Una fotografía.
    Una dirección.
    Una lista de crímenes que no necesitaba leer completa para saber que eran suficientes.

    La llama del resentimiento se avivó.
    Silenciosa. Constante. Azul.

    Esa misma noche se dispuso a darle seguimiento.

    La dirección no tenía nada de especial: una calle ordinaria, el murmullo indiferente de una ciudad que jamás oyó los árboles arder.
    Vestida de civil, Saya se mezcló con la multitud. Paso medido. Ojos atentos.
    Localizar. Observar. Estudiar patrones.
    Como siempre.

    Era una cazadora.
    No una niña huérfana.
    Pero las emociones enterradas no desaparecen; se sedimentan.
    Y cuando el tiempo erosiona lo suficiente, el dique cede con un simple roce.

    Lo vio.

    El mismo rostro del expediente.

    El mundo no se detuvo.
    Pero en su interior, algo sí.

    No hubo advertencia.

    El acero susurró al abandonar la vaina.
    La katana respondió a su pulso y se cubrió de aquel fuego fatuo capaz de fundir la roca.

    En un solo movimiento, Saya blandió la hoja contra el hombre.
    con [storm_pink_crow_361] Escuchó el rumor, siendo aún niña, como se escuchan las cosas que uno no quiere oír pero no puede ignorar. Que el día en que el bosque Tsukimori ardió hasta las raíces, un dragón surcaba el cielo. Que su fuego no fue accidental ni inocente. Que bajo las llamas se alzaron gritos que jamás volverían a escucharse. Años después, los rumores aletearon de regreso. Aquel dragón caminaba entre los hombres. Con rostro humano. Con nombre nuevo. Pretendiendo una vida que no le correspondía a un homicida. Y un día como cualquier otro, el Gremio confirmó lo que las voces murmuraban en las calles. Una carpeta en su taquilla. El sello carmesí. Una fotografía. Una dirección. Una lista de crímenes que no necesitaba leer completa para saber que eran suficientes. La llama del resentimiento se avivó. Silenciosa. Constante. Azul. Esa misma noche se dispuso a darle seguimiento. La dirección no tenía nada de especial: una calle ordinaria, el murmullo indiferente de una ciudad que jamás oyó los árboles arder. Vestida de civil, Saya se mezcló con la multitud. Paso medido. Ojos atentos. Localizar. Observar. Estudiar patrones. Como siempre. Era una cazadora. No una niña huérfana. Pero las emociones enterradas no desaparecen; se sedimentan. Y cuando el tiempo erosiona lo suficiente, el dique cede con un simple roce. Lo vio. El mismo rostro del expediente. El mundo no se detuvo. Pero en su interior, algo sí. No hubo advertencia. El acero susurró al abandonar la vaina. La katana respondió a su pulso y se cubrió de aquel fuego fatuo capaz de fundir la roca. En un solo movimiento, Saya blandió la hoja contra el hombre.
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  • Vaya, tal parece que será un dia bastante aburrido, creo que me la pasaré durmiendo.
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  • 《El día que por fin deje de existir, seré el último viento que acaricie los rostros de quienes alguna vez me quisieron, y les susurraré que viviré eternamente en sus recuerdos. Pues habré cumplido mi propósito, abrazar los días más felices, incluso cuando todo a mi alrededor se haya hecho pedazos.

    Y en ese susurro leve, casi imperceptible, se quedará también lo que no dije, lo que no pude salvar… porque aun cuando el mundo se rompía bajo mis pies, elegí sonreírle a la vida como quien sabe que el adiós siempre llega demasiado pronto. Incluso para un ser como yo... 》

    Releyó la última línea como si intentara recordar quién era realmente. Los últimos días se habían sentido demasiado extraños, incluso para ella. El parque seguía lleno de murmullos lejanos y pasos distraídos, pero en su banca el mundo parecía suspendido.

    Un suspiro cansado escapó de sus labios. Cerró la libreta con cuidado y apoyó las manos sobre ella, como si necesitara sentir su peso para mantenerse en el presente.

    Alzó la vista hacia el atardecer. No miraba solo los colores, los absorbía, como si temiera que fueran los últimos que sus ojos inmortales alcanzaran a guardar. Su expresión era difícil de descifrar. No era simple nostalgia. Había algo más profundo, una inquietud que ni siquiera ella sabía nombrar. Y que nadie podía ver.

    Justo cuando ese pensamiento cruzó su mente, una hoja cayó del árbol que le daba sombra. Era demasiado verde, demasiado viva para el final del día. La sostuvo entre los dedos unos segundos, observando el contraste entre aquella vida intacta y la sombra que siempre la acompañaba.

    ♧ Qué complicado se pone todo a veces… —susurró. Y aunque su voz fue apenas un hilo, en sus ojos se encendió un destello, como si detrás del cansancio aún latiera algo que se negaba a rendirse, pero que en fondo, sabía que ya estaba empezando a soltarse.
    《El día que por fin deje de existir, seré el último viento que acaricie los rostros de quienes alguna vez me quisieron, y les susurraré que viviré eternamente en sus recuerdos. Pues habré cumplido mi propósito, abrazar los días más felices, incluso cuando todo a mi alrededor se haya hecho pedazos. Y en ese susurro leve, casi imperceptible, se quedará también lo que no dije, lo que no pude salvar… porque aun cuando el mundo se rompía bajo mis pies, elegí sonreírle a la vida como quien sabe que el adiós siempre llega demasiado pronto. Incluso para un ser como yo... 》 Releyó la última línea como si intentara recordar quién era realmente. Los últimos días se habían sentido demasiado extraños, incluso para ella. El parque seguía lleno de murmullos lejanos y pasos distraídos, pero en su banca el mundo parecía suspendido. Un suspiro cansado escapó de sus labios. Cerró la libreta con cuidado y apoyó las manos sobre ella, como si necesitara sentir su peso para mantenerse en el presente. Alzó la vista hacia el atardecer. No miraba solo los colores, los absorbía, como si temiera que fueran los últimos que sus ojos inmortales alcanzaran a guardar. Su expresión era difícil de descifrar. No era simple nostalgia. Había algo más profundo, una inquietud que ni siquiera ella sabía nombrar. Y que nadie podía ver. Justo cuando ese pensamiento cruzó su mente, una hoja cayó del árbol que le daba sombra. Era demasiado verde, demasiado viva para el final del día. La sostuvo entre los dedos unos segundos, observando el contraste entre aquella vida intacta y la sombra que siempre la acompañaba. ♧ Qué complicado se pone todo a veces… —susurró. Y aunque su voz fue apenas un hilo, en sus ojos se encendió un destello, como si detrás del cansancio aún latiera algo que se negaba a rendirse, pero que en fondo, sabía que ya estaba empezando a soltarse.
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  • "𝐻𝑢𝑏𝑜 𝑚𝑢𝑐ℎ𝑜 𝑝𝑟𝑜𝑔𝑟𝑒𝑠𝑜 𝑒𝑛 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑠 𝑠𝑒𝑚𝑎𝑛𝑎𝑠, 𝑡𝑎𝑛𝑡𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑠 𝑑𝑖𝑓í𝑐𝑖𝑙 𝑛𝑢𝑚𝑒𝑟𝑎𝑟𝑙𝑜𝑠 𝑒𝑛 𝑜𝑟𝑑𝑒𝑛. 𝑃𝑒𝑟𝑜 𝑎𝑠í 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑒 𝑟𝑒𝑎𝑙𝑖𝑧𝑎𝑟𝑜𝑛 𝑐𝑖𝑒𝑟𝑡𝑎𝑠 𝑎𝑐𝑐𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠, 𝑡𝑎𝑚𝑏𝑖é𝑛 𝑞𝑢𝑒𝑑𝑎𝑟𝑜𝑛 𝑙𝑎𝑠 𝑐𝑜𝑛𝑠𝑒𝑐𝑢𝑒𝑛𝑐𝑖𝑎𝑠.

    𝑁𝑜 𝑐𝑟𝑒𝑜 𝑑𝑒𝑐𝑖𝑟𝑙𝑒 𝑒𝑛 𝑣𝑜𝑧 𝑎𝑙𝑡𝑎 𝑎 𝐽𝑎𝑐𝑜𝑏 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑎 𝑖𝑑𝑒𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑅𝑜𝑜𝑘𝑠 𝑒𝑠𝑡á 𝑑𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑠𝑢𝑠 𝑓𝑟𝑢𝑡𝑜𝑠. 𝑌𝑎 𝑡𝑒𝑛𝑒𝑚𝑜𝑠 𝑣𝑎𝑟𝑖𝑜𝑠 𝑑𝑖𝑠𝑡𝑟𝑖𝑡𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝐿𝑜𝑛𝑑𝑟𝑒𝑠 𝑏𝑎𝑗𝑜 𝑛𝑢𝑒𝑠𝑡𝑟𝑎 𝑣𝑖𝑔𝑖𝑙𝑎𝑛𝑐𝑖𝑎 𝑦 𝑒𝑠𝑜 𝑛𝑜𝑠 ℎ𝑎 𝑑𝑎𝑑𝑜 𝑚𝑢𝑐ℎ𝑎𝑠 𝑣𝑒𝑛𝑡𝑎𝑗𝑎𝑠 𝑒𝑛 𝑛𝑢𝑒𝑠𝑡𝑟𝑎𝑠 𝑚𝑖𝑠𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠. 𝐼𝑛𝑐𝑙𝑢𝑠𝑜 𝑎𝑑𝑚𝑖𝑡𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑜𝑛 𝑑𝑒 𝑢𝑡𝑖𝑙𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑐𝑢𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑛𝑒𝑐𝑒𝑠𝑖𝑡é 𝑎𝑦𝑢𝑑𝑎 𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑟𝑎𝑠 𝑖𝑏𝑎 𝑒𝑛 𝑚𝑖 𝑡𝑎𝑟𝑒𝑎 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑎𝑟 𝑙𝑎 𝑓𝑜𝑟𝑚𝑎 𝑑𝑒 𝑟𝑒𝑐𝑢𝑝𝑒𝑟𝑎𝑟 𝑙𝑎 𝑙𝑙𝑎𝑣𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑎 𝑠𝑒ñ𝑜𝑟𝑖𝑡𝑎 𝑇ℎ𝑜𝑟𝑛𝑒 𝑠𝑒 𝑙𝑙𝑒𝑣ó 𝑒𝑛 𝑛𝑢𝑒𝑠𝑡𝑟𝑜 ú𝑙𝑡𝑖𝑚𝑜 𝑒𝑛𝑓𝑟𝑒𝑛𝑡𝑎𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜.

    𝐿𝑜 𝑚𝑎𝑙𝑜 𝑒𝑠 𝑞𝑢𝑒, 𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑟𝑎𝑠 𝑦𝑜 𝑒𝑠𝑡𝑢𝑣𝑒 𝑐𝑒𝑛𝑡𝑟𝑎𝑑𝑎 𝑒𝑛 𝑟𝑒𝑐𝑢𝑝𝑒𝑟𝑎𝑟 𝑙𝑎 𝑙𝑙𝑎𝑣𝑒 𝑦 𝑑𝑒 𝑖𝑛𝑡𝑒𝑛𝑡𝑎𝑟 𝑑𝑎𝑟 𝑐𝑜𝑛 𝑒𝑙 𝑆𝑢𝑑𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑦 𝑠𝑢 𝑢𝑏𝑖𝑐𝑎𝑐𝑖ó𝑛, 𝑚𝑖 𝑞𝑢𝑒𝑟𝑖𝑑𝑜 ℎ𝑒𝑟𝑚𝑎𝑛𝑜 𝑒𝑠𝑡𝑢𝑣𝑜 ℎ𝑎𝑐𝑖𝑒𝑛𝑑𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑎𝑠 𝑠𝑢𝑦𝑎𝑠. 𝑆𝑢 𝑝𝑒𝑙𝑒𝑎 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑎 𝑙𝑜𝑠 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑎𝑐𝑡𝑜𝑠 𝑦 𝑒𝑚𝑝𝑙𝑒𝑎𝑑𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝐶𝑟𝑎𝑤𝑓𝑜𝑟𝑑 𝑆𝑡𝑎𝑟𝑟𝑖𝑐𝑘 ℎ𝑎 𝑑𝑒𝑗𝑎𝑑𝑜 𝑢𝑛 𝑠𝑖𝑛𝑓í𝑛 𝑑𝑒 𝑑𝑒𝑠𝑎𝑠𝑡𝑟𝑒𝑠 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑐𝑎𝑚𝑖𝑛𝑜 𝑦 ℎ𝑒 𝑡𝑒𝑛𝑖𝑑𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑖𝑟 𝑎𝑟𝑟𝑒𝑔𝑙𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑐𝑎𝑑𝑎 𝑢𝑛𝑜 𝑑𝑒 𝑒𝑙𝑙𝑜𝑠. 𝑁𝑜 𝑚𝑒 𝑏𝑎𝑠𝑡𝑎𝑛 𝑙𝑎𝑠 𝑝𝑎𝑙𝑎𝑏𝑟𝑎𝑠 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑑𝑒𝑐𝑖𝑟𝑙𝑒 𝑚𝑖𝑙𝑒𝑠 𝑑𝑒 𝑣𝑒𝑐𝑒𝑠 𝑞𝑢𝑒 𝑑𝑒𝑏𝑒 𝑑𝑒 𝑝𝑒𝑛𝑠𝑎𝑟 𝑒𝑛 𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 ℎ𝑎𝑐𝑒 𝑦 𝑛𝑜 𝑠𝑖𝑚𝑝𝑙𝑒𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑙𝑎𝑛𝑧𝑎𝑟𝑠𝑒 𝑠𝑖𝑛 𝑟𝑒𝑚𝑒𝑑𝑖𝑜.

    𝐽𝑎𝑐𝑜𝑏 𝑛𝑜 𝑒𝑠 𝑖𝑛𝑐𝑜𝑚𝑝𝑒𝑡𝑒𝑛𝑡𝑒, 𝑒𝑠 𝑖𝑚𝑝𝑟𝑢𝑑𝑒𝑛𝑡𝑒. 𝐸𝑠𝑜 𝑚𝑒 𝑓𝑟𝑢𝑠𝑡𝑟𝑎 𝑑𝑒𝑚𝑎𝑠𝑖𝑎𝑑𝑜. 𝑆𝑖𝑛 𝑒𝑚𝑏𝑎𝑟𝑔𝑜..."

    La pluma se detuvo antes de poder continuar con el trazado. Evie miró fijamente esas dos palabras que daban comienzo a una nueva oración, pero su mente quedó en blanco.

    No. En blanco sería un malentendido. En realidad, un sentimiento en particular se apoderó de ella. Preocupación. E iba dirigida nada más ni nada menos que a Jacob. O, mejor dicho, su preocupación era por Jacob.

    Hace unos días discutieron debido a que Evie estaba cansada de tener que solucionar lo que su gemelo dejaba como daños colaterales (si se podía llamar de esa forma). Más que liberar a Londres parecía que quería ahogarla. Y Jacob no se quedó callado, en absoluto. Eso era de esperarse. Lo que no esperó era que desapareciera por los días siguientes, ni siquiera una pequeña pisada al tren o a la tienda de Henry Green. Eso la tenía con los nervios creciendo dentro suyo.

    La costumbre que su hermano desapareciera era usual, pero él siempre volvía a la noche siguiente o incluso a la mañana siguiente. Evie tampoco lo podía encontrar y era extraño, porque creía ser buena para rastrearlo teniendo en cuenta el huracán que él dejaba allí donde pisaba. Ahora... nada.

    —Jacob... ¿en dónde te has metido ahora? —murmuró mientras dejó la pluma a un lado, casi al instante poniéndose de pie.

    Ajustó su guantelete, mirando hacia la puerta del vagón del tren en movimiento. No lo pensó demasiado y salió de allí con rapidez. Otra noche para seguir buscando a su hermano (que muy probablemente sólo sería un paseo por la ciudad), porque ya no podía avanzar con nada si no tenía la certeza que él estaba bien.




    || No es exactamente la imagen que tenía en mente para publicar con el escrito, pero mi paciencia en buscar algo hasta similar se agotó.
    "𝐻𝑢𝑏𝑜 𝑚𝑢𝑐ℎ𝑜 𝑝𝑟𝑜𝑔𝑟𝑒𝑠𝑜 𝑒𝑛 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑠 𝑠𝑒𝑚𝑎𝑛𝑎𝑠, 𝑡𝑎𝑛𝑡𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑠 𝑑𝑖𝑓í𝑐𝑖𝑙 𝑛𝑢𝑚𝑒𝑟𝑎𝑟𝑙𝑜𝑠 𝑒𝑛 𝑜𝑟𝑑𝑒𝑛. 𝑃𝑒𝑟𝑜 𝑎𝑠í 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑒 𝑟𝑒𝑎𝑙𝑖𝑧𝑎𝑟𝑜𝑛 𝑐𝑖𝑒𝑟𝑡𝑎𝑠 𝑎𝑐𝑐𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠, 𝑡𝑎𝑚𝑏𝑖é𝑛 𝑞𝑢𝑒𝑑𝑎𝑟𝑜𝑛 𝑙𝑎𝑠 𝑐𝑜𝑛𝑠𝑒𝑐𝑢𝑒𝑛𝑐𝑖𝑎𝑠. 𝑁𝑜 𝑐𝑟𝑒𝑜 𝑑𝑒𝑐𝑖𝑟𝑙𝑒 𝑒𝑛 𝑣𝑜𝑧 𝑎𝑙𝑡𝑎 𝑎 𝐽𝑎𝑐𝑜𝑏 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑎 𝑖𝑑𝑒𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑅𝑜𝑜𝑘𝑠 𝑒𝑠𝑡á 𝑑𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑠𝑢𝑠 𝑓𝑟𝑢𝑡𝑜𝑠. 𝑌𝑎 𝑡𝑒𝑛𝑒𝑚𝑜𝑠 𝑣𝑎𝑟𝑖𝑜𝑠 𝑑𝑖𝑠𝑡𝑟𝑖𝑡𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝐿𝑜𝑛𝑑𝑟𝑒𝑠 𝑏𝑎𝑗𝑜 𝑛𝑢𝑒𝑠𝑡𝑟𝑎 𝑣𝑖𝑔𝑖𝑙𝑎𝑛𝑐𝑖𝑎 𝑦 𝑒𝑠𝑜 𝑛𝑜𝑠 ℎ𝑎 𝑑𝑎𝑑𝑜 𝑚𝑢𝑐ℎ𝑎𝑠 𝑣𝑒𝑛𝑡𝑎𝑗𝑎𝑠 𝑒𝑛 𝑛𝑢𝑒𝑠𝑡𝑟𝑎𝑠 𝑚𝑖𝑠𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠. 𝐼𝑛𝑐𝑙𝑢𝑠𝑜 𝑎𝑑𝑚𝑖𝑡𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑜𝑛 𝑑𝑒 𝑢𝑡𝑖𝑙𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑐𝑢𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑛𝑒𝑐𝑒𝑠𝑖𝑡é 𝑎𝑦𝑢𝑑𝑎 𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑟𝑎𝑠 𝑖𝑏𝑎 𝑒𝑛 𝑚𝑖 𝑡𝑎𝑟𝑒𝑎 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑎𝑟 𝑙𝑎 𝑓𝑜𝑟𝑚𝑎 𝑑𝑒 𝑟𝑒𝑐𝑢𝑝𝑒𝑟𝑎𝑟 𝑙𝑎 𝑙𝑙𝑎𝑣𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑎 𝑠𝑒ñ𝑜𝑟𝑖𝑡𝑎 𝑇ℎ𝑜𝑟𝑛𝑒 𝑠𝑒 𝑙𝑙𝑒𝑣ó 𝑒𝑛 𝑛𝑢𝑒𝑠𝑡𝑟𝑜 ú𝑙𝑡𝑖𝑚𝑜 𝑒𝑛𝑓𝑟𝑒𝑛𝑡𝑎𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜. 𝐿𝑜 𝑚𝑎𝑙𝑜 𝑒𝑠 𝑞𝑢𝑒, 𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑟𝑎𝑠 𝑦𝑜 𝑒𝑠𝑡𝑢𝑣𝑒 𝑐𝑒𝑛𝑡𝑟𝑎𝑑𝑎 𝑒𝑛 𝑟𝑒𝑐𝑢𝑝𝑒𝑟𝑎𝑟 𝑙𝑎 𝑙𝑙𝑎𝑣𝑒 𝑦 𝑑𝑒 𝑖𝑛𝑡𝑒𝑛𝑡𝑎𝑟 𝑑𝑎𝑟 𝑐𝑜𝑛 𝑒𝑙 𝑆𝑢𝑑𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑦 𝑠𝑢 𝑢𝑏𝑖𝑐𝑎𝑐𝑖ó𝑛, 𝑚𝑖 𝑞𝑢𝑒𝑟𝑖𝑑𝑜 ℎ𝑒𝑟𝑚𝑎𝑛𝑜 𝑒𝑠𝑡𝑢𝑣𝑜 ℎ𝑎𝑐𝑖𝑒𝑛𝑑𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑎𝑠 𝑠𝑢𝑦𝑎𝑠. 𝑆𝑢 𝑝𝑒𝑙𝑒𝑎 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑎 𝑙𝑜𝑠 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑎𝑐𝑡𝑜𝑠 𝑦 𝑒𝑚𝑝𝑙𝑒𝑎𝑑𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝐶𝑟𝑎𝑤𝑓𝑜𝑟𝑑 𝑆𝑡𝑎𝑟𝑟𝑖𝑐𝑘 ℎ𝑎 𝑑𝑒𝑗𝑎𝑑𝑜 𝑢𝑛 𝑠𝑖𝑛𝑓í𝑛 𝑑𝑒 𝑑𝑒𝑠𝑎𝑠𝑡𝑟𝑒𝑠 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑐𝑎𝑚𝑖𝑛𝑜 𝑦 ℎ𝑒 𝑡𝑒𝑛𝑖𝑑𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑖𝑟 𝑎𝑟𝑟𝑒𝑔𝑙𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑐𝑎𝑑𝑎 𝑢𝑛𝑜 𝑑𝑒 𝑒𝑙𝑙𝑜𝑠. 𝑁𝑜 𝑚𝑒 𝑏𝑎𝑠𝑡𝑎𝑛 𝑙𝑎𝑠 𝑝𝑎𝑙𝑎𝑏𝑟𝑎𝑠 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑑𝑒𝑐𝑖𝑟𝑙𝑒 𝑚𝑖𝑙𝑒𝑠 𝑑𝑒 𝑣𝑒𝑐𝑒𝑠 𝑞𝑢𝑒 𝑑𝑒𝑏𝑒 𝑑𝑒 𝑝𝑒𝑛𝑠𝑎𝑟 𝑒𝑛 𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 ℎ𝑎𝑐𝑒 𝑦 𝑛𝑜 𝑠𝑖𝑚𝑝𝑙𝑒𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑙𝑎𝑛𝑧𝑎𝑟𝑠𝑒 𝑠𝑖𝑛 𝑟𝑒𝑚𝑒𝑑𝑖𝑜. 𝐽𝑎𝑐𝑜𝑏 𝑛𝑜 𝑒𝑠 𝑖𝑛𝑐𝑜𝑚𝑝𝑒𝑡𝑒𝑛𝑡𝑒, 𝑒𝑠 𝑖𝑚𝑝𝑟𝑢𝑑𝑒𝑛𝑡𝑒. 𝐸𝑠𝑜 𝑚𝑒 𝑓𝑟𝑢𝑠𝑡𝑟𝑎 𝑑𝑒𝑚𝑎𝑠𝑖𝑎𝑑𝑜. 𝑆𝑖𝑛 𝑒𝑚𝑏𝑎𝑟𝑔𝑜..." La pluma se detuvo antes de poder continuar con el trazado. Evie miró fijamente esas dos palabras que daban comienzo a una nueva oración, pero su mente quedó en blanco. No. En blanco sería un malentendido. En realidad, un sentimiento en particular se apoderó de ella. Preocupación. E iba dirigida nada más ni nada menos que a Jacob. O, mejor dicho, su preocupación era por Jacob. Hace unos días discutieron debido a que Evie estaba cansada de tener que solucionar lo que su gemelo dejaba como daños colaterales (si se podía llamar de esa forma). Más que liberar a Londres parecía que quería ahogarla. Y Jacob no se quedó callado, en absoluto. Eso era de esperarse. Lo que no esperó era que desapareciera por los días siguientes, ni siquiera una pequeña pisada al tren o a la tienda de Henry Green. Eso la tenía con los nervios creciendo dentro suyo. La costumbre que su hermano desapareciera era usual, pero él siempre volvía a la noche siguiente o incluso a la mañana siguiente. Evie tampoco lo podía encontrar y era extraño, porque creía ser buena para rastrearlo teniendo en cuenta el huracán que él dejaba allí donde pisaba. Ahora... nada. —Jacob... ¿en dónde te has metido ahora? —murmuró mientras dejó la pluma a un lado, casi al instante poniéndose de pie. Ajustó su guantelete, mirando hacia la puerta del vagón del tren en movimiento. No lo pensó demasiado y salió de allí con rapidez. Otra noche para seguir buscando a su hermano (que muy probablemente sólo sería un paseo por la ciudad), porque ya no podía avanzar con nada si no tenía la certeza que él estaba bien. || No es exactamente la imagen que tenía en mente para publicar con el escrito, pero mi paciencia en buscar algo hasta similar se agotó.
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  • Resident evil 4
    Fandom 𝐑𝐞𝐬𝐢𝐝𝐞𝐧 𝐞𝐯𝐢𝐥
    Categoría Ciencia ficción
    [legend_crimson_bear_272]

    El viento frio y humedo de esta región olvidada de España me cala hasta los huesos pero no es nada que no pueda manejar. Llevo un buen rato observando este pueblo mugriento desde la sombra de los arboles muertos. Las casas de madera podrida parecen a punto de colapsar, y el olor a humo mezclado con algo que huele a sangre vieja esta por todas partes.

    Por el rabillo del ojo veo a los aldeanos patrullando los caminos de tierra con antorchas y trinchetes. Ya no queda rastro de humanidad en sus rostros, solo una obediencia ciega y ese brillo rojizo en los ojos. Un pitido sordo en mi comunicador rompe la tranquilidad del bosque. Es Wesker impaciente como siempre, exijiendo saber si ya localize la muestra de Las Plagas. Le respondo con mi tono habitual diciendo que todo va deacuerdo al plan, y corto la comunicación rápido antes de que empiese a darme uno de sus sermones.

    A través de mis binoculares distingo un movimiento brusco cerca de la plaza central. Ahi esta el. Esa chaqueta de cuero y ese flequillo rubio son inconfundibles... Leon. Vaya parece que el agente del presidente tiene la costumbre, de meterse en la boca del lobo sin dudarlo. Por un par de minutos me quedo viendolo esquivar los golpes de los aldeanos, sigue teniendo esa agilidad para sobrevivir. Parte de mi quiere bajar a darle una mano pero mis ordenes son claras, y el sentimentalismo no paga las cuentas.

    Guardo los binoculares en mi cinturón y preparo mi gancho de agarre, apuntando hacia la cornisa de una casa alta que da hacia la iglesia. Necesito llegar a una zona elevada para trazar una ruta hacia el castillo. Salto al vacio y siento el tiron del cable, aterrizando suavemente sobre las tejas resbaladizas por la lluvia fina. Justo debajo de mi posicion, escucho a un Ganado murmurando palabras rasposas en español antiguo... no tiene ni idea de que estoy justo sobre su cabeza.
    [legend_crimson_bear_272] El viento frio y humedo de esta región olvidada de España me cala hasta los huesos pero no es nada que no pueda manejar. Llevo un buen rato observando este pueblo mugriento desde la sombra de los arboles muertos. Las casas de madera podrida parecen a punto de colapsar, y el olor a humo mezclado con algo que huele a sangre vieja esta por todas partes. Por el rabillo del ojo veo a los aldeanos patrullando los caminos de tierra con antorchas y trinchetes. Ya no queda rastro de humanidad en sus rostros, solo una obediencia ciega y ese brillo rojizo en los ojos. Un pitido sordo en mi comunicador rompe la tranquilidad del bosque. Es Wesker impaciente como siempre, exijiendo saber si ya localize la muestra de Las Plagas. Le respondo con mi tono habitual diciendo que todo va deacuerdo al plan, y corto la comunicación rápido antes de que empiese a darme uno de sus sermones. A través de mis binoculares distingo un movimiento brusco cerca de la plaza central. Ahi esta el. Esa chaqueta de cuero y ese flequillo rubio son inconfundibles... Leon. Vaya parece que el agente del presidente tiene la costumbre, de meterse en la boca del lobo sin dudarlo. Por un par de minutos me quedo viendolo esquivar los golpes de los aldeanos, sigue teniendo esa agilidad para sobrevivir. Parte de mi quiere bajar a darle una mano pero mis ordenes son claras, y el sentimentalismo no paga las cuentas. Guardo los binoculares en mi cinturón y preparo mi gancho de agarre, apuntando hacia la cornisa de una casa alta que da hacia la iglesia. Necesito llegar a una zona elevada para trazar una ruta hacia el castillo. Salto al vacio y siento el tiron del cable, aterrizando suavemente sobre las tejas resbaladizas por la lluvia fina. Justo debajo de mi posicion, escucho a un Ganado murmurando palabras rasposas en español antiguo... no tiene ni idea de que estoy justo sobre su cabeza.
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  • Después de clases
    Fandom Multifandom
    Categoría Fantasía
    El aula estaba casi vacía a esa hora. Afuera todavía se escuchaban algunas voces y pasos apurados, pero adentro solo quedaba el ruido del viento entrando por una ventana mal cerrada.

    No era raro quedarse después de clases… aunque claramente nadie quería hacerlo cuando tocaba práctica de control mágico. El suelo todavía tenía marcas quemadas de intentos fallidos y el olor a magia reciente seguía flotando en el aire.

    Suspiró, girando el bastón entre los dedos sin mucha ganas. El hechizo había salido mal otra vez. Nada nuevo.

    —Genial… otra advertencia más y me echan —murmuró para sí, pateando suavemente una chispa azul que todavía brillaba en el piso antes de apagarse.

    Fue ahí cuando notó que no estaba solo.

    Alzó la vista hacia la puerta entreabierta, frunciendo apenas el ceño.

    —Si venís a reírte, llegaste tarde… ya me humillé suficiente por hoy.

    No sonaba molesto. Más bien cansado.

    Se quedó esperando, apoyándose contra uno de los pupitres, curioso por ver si la otra persona entraría o simplemente se iría.
    El aula estaba casi vacía a esa hora. Afuera todavía se escuchaban algunas voces y pasos apurados, pero adentro solo quedaba el ruido del viento entrando por una ventana mal cerrada. No era raro quedarse después de clases… aunque claramente nadie quería hacerlo cuando tocaba práctica de control mágico. El suelo todavía tenía marcas quemadas de intentos fallidos y el olor a magia reciente seguía flotando en el aire. Suspiró, girando el bastón entre los dedos sin mucha ganas. El hechizo había salido mal otra vez. Nada nuevo. —Genial… otra advertencia más y me echan —murmuró para sí, pateando suavemente una chispa azul que todavía brillaba en el piso antes de apagarse. Fue ahí cuando notó que no estaba solo. Alzó la vista hacia la puerta entreabierta, frunciendo apenas el ceño. —Si venís a reírte, llegaste tarde… ya me humillé suficiente por hoy. No sonaba molesto. Más bien cansado. Se quedó esperando, apoyándose contra uno de los pupitres, curioso por ver si la otra persona entraría o simplemente se iría.
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  • *Levantándome después de haber dormido tanto tiempo que ni sabía en qué año, mes o día estábamos, mire a los lados con los ojos medio cerrados casi volviéndose a cerrar*

    … mmm… creo que llevo mucho tiempo durmiendo… aunque por 30 min más no creo que me haga daño…
    *Levantándome después de haber dormido tanto tiempo que ni sabía en qué año, mes o día estábamos, mire a los lados con los ojos medio cerrados casi volviéndose a cerrar* … mmm… creo que llevo mucho tiempo durmiendo… aunque por 30 min más no creo que me haga daño…
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  • Hmm~ ¿Que hora es?

    -Miraria la hora aún con bastante sueño ¡Eran las 5 de la mañana!-

    Y porque me desperté!? Bueno a seguir durmiendo hasta las 12 del día jeje

    -Se volvía a quedar dormida como la dragoncita dormilona que era-
    Hmm~ ¿Que hora es? -Miraria la hora aún con bastante sueño ¡Eran las 5 de la mañana!- Y porque me desperté!? Bueno a seguir durmiendo hasta las 12 del día jeje -Se volvía a quedar dormida como la dragoncita dormilona que era-
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  • Un secuestro y nada más
    Fandom Hazbin hotel y helluvaboss
    Categoría Romance
    ༒𓂀 𝔸𝕝𝕒𝕤𝕥𝕠𝕣 𝕿𝖍𝖊 𝕽𝖆𝖉𝖎𝖔 𝕯𝖊𝖒𝖔𝖓𓂀༒

    -El encargo no le interesaba.
    El pago, sí.
    Straker observaba el hotel desde la azotea del edificio contiguo, inmóvil, como una estatua tallada en sombra. El neón rojizo del Hazbin Hotel parpadeaba frente a él, bañando la calle con una luz enferma. No era un lugar que le agradara… demasiado ruido, demasiada excentricidad.
    Demasiada imprevisibilidad.
    Entre sus manos descansaba la herramienta del trabajo: una soga infernal trenzada con fibras antiguas, oscura como brea, marcada con sellos que pulsaban débilmente. No era un arma común. Era una jaula portátil. Una diseñada específicamente para presas que no podían ser contenidas por medios ordinarios.
    La probó tensándola con ambas manos.
    La cuerda vibró apenas, como si tuviera hambre.

    No eres invencible…

    murmuró para sí, con voz baja y seca.
    Sus ojos se clavaron en la puerta principal del hotel.El objetivo no tardaría en salir. Las rutinas, incluso en demonios poderosos, eran debilidades disfrazadas.
    Straker flexionó los dedos, calculando distancia. Ángulo. Tiempo de caída.
    Un solo intento,cuando la puerta comenzó a abrirse, él ya se había puesto en movimiento.
    [Alastor_rabbit] -El encargo no le interesaba. El pago, sí. Straker observaba el hotel desde la azotea del edificio contiguo, inmóvil, como una estatua tallada en sombra. El neón rojizo del Hazbin Hotel parpadeaba frente a él, bañando la calle con una luz enferma. No era un lugar que le agradara… demasiado ruido, demasiada excentricidad. Demasiada imprevisibilidad. Entre sus manos descansaba la herramienta del trabajo: una soga infernal trenzada con fibras antiguas, oscura como brea, marcada con sellos que pulsaban débilmente. No era un arma común. Era una jaula portátil. Una diseñada específicamente para presas que no podían ser contenidas por medios ordinarios. La probó tensándola con ambas manos. La cuerda vibró apenas, como si tuviera hambre. No eres invencible… murmuró para sí, con voz baja y seca. Sus ojos se clavaron en la puerta principal del hotel.El objetivo no tardaría en salir. Las rutinas, incluso en demonios poderosos, eran debilidades disfrazadas. Straker flexionó los dedos, calculando distancia. Ángulo. Tiempo de caída. Un solo intento,cuando la puerta comenzó a abrirse, él ya se había puesto en movimiento.
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