• *Cosas que echa de menos del Siglo XXI :
    Su teclado y la guitarra, el calzado decente, el café y las frases de los Simpsons. Hoy en la calle ha adelantado a un señor que iba súper lento, y por costumbre ha soltado la frase de " paaaaso, que voy ardiendo" y la ha mirao como si estuviera loca.... Pos PA LOCA TÚ, CALVA , ea (???).*
    *Cosas que echa de menos del Siglo XXI : Su teclado y la guitarra, el calzado decente, el café y las frases de los Simpsons. Hoy en la calle ha adelantado a un señor que iba súper lento, y por costumbre ha soltado la frase de " paaaaso, que voy ardiendo" y la ha mirao como si estuviera loca.... Pos PA LOCA TÚ, CALVA , ea (???).*
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  • Fenrir deberias ver a tu padre bueno se que no lo.vez hace muchos siglos pero a cambiado mucho .....

    - Ella caminaba con el , sabia que el y sus hermanos eran hijos de loki pero en algo los entendia su soledad o eso pensaba -

    ¿Sabes que? , si consigo un buen hechizo antiguo imgregente para comentirte en humano .... lo aceptarias? , lo se idea loca mia
    Fenrir deberias ver a tu padre bueno se que no lo.vez hace muchos siglos pero a cambiado mucho ..... - Ella caminaba con el , sabia que el y sus hermanos eran hijos de loki pero en algo los entendia su soledad o eso pensaba - ¿Sabes que? , si consigo un buen hechizo antiguo imgregente para comentirte en humano .... lo aceptarias? , lo se idea loca mia
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  • // OPEN ROL// Ok con respuesta en mensaje privado, nuevo tema o en comentarios.//

    ────────────────────────────────────────

    Todos podemos caer, todos podemos fallar. Pero existe un momento aún más peligroso que la caída misma: ese instante silencioso en el que la mente se abre apenas lo suficiente para que los viejos horrores respiren desde dentro.

    Las pesadillas no siempre nacen afuera; muchas veces viven agazapadas en lo profundo, esperando pacientemente el momento de debilidad que les permita filtrarse. Incluso los monstruos que dominan la noche conocen esa sensación. Incluso los depredadores que han sobrevivido siglos entienden lo que es la vulnerabilidad.


    La noche llegó con su elegancia habitual, como un telón de terciopelo cayendo sobre la ciudad, y con ella la necesidad natural de alimentarse de Zenith.

    Para la mujer aquello no era una urgencia salvaje, sino un ritual casi íntimo: el mismo camino discreto, el mismo bar de luces cálidas donde el humo de cigarro y el olor a alcohol barato se mezclaban con la música suave y las conversaciones sin importancia.


    Un lugar perfecto para que un depredador civilizado pasara desapercibido entre humanos que jamás sospecharían lo que caminaba entre ellos.


    Pero apenas cruzó la puerta supo que algo estaba mal...muuuy mal.


    No fue un ruido. Fue la ausencia de todos ellos.
    En lugar del aroma rancio del tabaco y el whisky, su olfato captó algo distinto: cloro, pero debajo de este, escondido como una firma imposible de ocultar… pólvora.


    Caminó hacia la barra con pasos tranquilos, elegantes, como si nada en el mundo pudiera perturbar su calma. El lugar estaba impecable; las mesas alineadas, el suelo húmedo como si alguien hubiese intentado borrar todo rastro de vida.
    Se sentó lentamente en uno de los taburetes y apoyó los codos sobre la madera pulida mientras su mirada se levantaba hacia el espejo que colgaba detrás de la barra, aquel espejo donde ella no se reflejaba.
    Una pequeña sonrisa apareció en sus labios, una mezcla de diversión y desprecio que apenas curvó la comisura de su boca.


    ─── ¿Todo esto para cazarme solo a mí?

    Preguntó con una calma casi insultante mientras se levantaba apoyando su torso en la barra buscando alguna botella y darles a aquellos tipos la vista de su ropa interior de encaje que se alcanzaba a ver en el bode de su vestido corto.

    Cuando tomó una botella de whisky regreso a sentarse bebiendo directamente de la botella.

    ─── Debe ser triste creer que mi tranquilidad significa debilidad.

    El sonido de varios seguros de armas deslizándose al mismo tiempo rompió el silencio. Un instante después, las luces se apagaron de golpe y la oscuridad se apoderó del lugar.

    El primer disparo llegó acompañado por el estallido de los cristales cuando focos ultravioletas inundaron el bar con una luz brutal, seguida por una lluvia de balas trazadoras que cortaron el aire con precisión militar.

    Pero para cuando los cazadores comenzaron a disparar, la silla en la que ella estaba sentada ya estaba vacía.

    El primer hombre apenas alcanzó a girar la cabeza antes de sentir cómo algo se movía detrás de él con una velocidad imposible. Su garganta se abrió en un instante y su cuerpo cayó al suelo mientras el segundo disparaba una escopeta cargada con estacas comprimidas que atravesaron la barra de madera.

    Ella apareció a su lado como una sombra sólida, torció el arma con una fuerza sobrehumana y lo arrojó contra una mesa que se partió en dos con el impacto.

    Los atacantes descendieron desde las vigas y las escaleras laterales con disciplina perfecta: trajes tácticos, máscaras filtradas, armas modificadas para enfrentar criaturas como ella. Granadas de plata rodaron por el suelo antes de detonar con destellos blancos; redes metálicas electrificadas se dispararon desde dispositivos montados en los brazos; rifles automáticos vomitaron munición especializada diseñada para penetrar carne inmortal.

    Claramente habían estudiado cada mito, cada debilidad, cada historia transmitida entre generaciones de cazadores.

    --Pero cometieron un error.--

    Pensaron que estaban cazando a una simple vampiresa. Y en realidad estaban atacando a una criatura que llevaba siglos perfeccionando la guerra.

    Ella se movió entre los disparos con la fluidez de una danza mortal las balas no rozaban ni su cabello mientras saltaba sobre la barra destruida y arrebataba un arma de las manos de uno de los cazadores para vaciar el cargador a quemarropa contra sus propios compañeros.

    Otro intentó atraparla con una cadena electrificada, pero ella la sujetó en el aire, tiró de ella con violencia y lo arrastró hasta estrellarlo contra el suelo con tal fuerza que el impacto resonó en todo el bar.

    Un flash más reveló aquel rostro de bestia, fauces enormes, colmillos bañados en sangre.

    En menos de cinco muntos, el silencio regresó.

    El humo flotaba en el aire mezclado con el olor metálico de la sangre. Cuerpos yacían esparcidos entre las mesas rotas, las luces de emergencia parpadeaban en rojo.

    Ella permanecía de pie en el centro del bar, completamente inmóvil, observando la escena como si simplemente evaluara una obra mal ejecutada.


    Uno de los hombres aún respiraba.
    Se arrastraba hacia la puerta dejando un rastro oscuro detrás de él.

    Zenith caminó hacia él con pasos tranquilos, el sonido de sus tacones resonando sobre el suelo húmedo mientras se agachaba frente a su rostro. Sus ojos brillaban en la penumbra con un fulgor antiguo, algo que no pertenecía del todo a este mundo.
    ─── La próxima vez…
    Murmuró mientras su brazo cambia a una ala de murciélago.
    ─── entiendan que cantidad no es igual a calidad.

    Detrás de ella, el espejo del bar volvió a temblar con el parpadeo de las luces de emergencia, y por un instante su reflejo de bestia hibrida apareció brevemente en el cristal como si algo en la oscuridad hubiera decidido reconocer su presencia.

    Ella lo notó, aunque no dijo nada, porque en ese preciso momento comprendió que aquella emboscada no fue casualidad, alguien ya estaba detrás de ella....otra vez.

    Era hora de irse, no solo del bar, si no de esa zona por completo.
    // OPEN ROL// Ok con respuesta en mensaje privado, nuevo tema o en comentarios.// ──────────────────────────────────────── Todos podemos caer, todos podemos fallar. Pero existe un momento aún más peligroso que la caída misma: ese instante silencioso en el que la mente se abre apenas lo suficiente para que los viejos horrores respiren desde dentro. Las pesadillas no siempre nacen afuera; muchas veces viven agazapadas en lo profundo, esperando pacientemente el momento de debilidad que les permita filtrarse. Incluso los monstruos que dominan la noche conocen esa sensación. Incluso los depredadores que han sobrevivido siglos entienden lo que es la vulnerabilidad. La noche llegó con su elegancia habitual, como un telón de terciopelo cayendo sobre la ciudad, y con ella la necesidad natural de alimentarse de Zenith. Para la mujer aquello no era una urgencia salvaje, sino un ritual casi íntimo: el mismo camino discreto, el mismo bar de luces cálidas donde el humo de cigarro y el olor a alcohol barato se mezclaban con la música suave y las conversaciones sin importancia. Un lugar perfecto para que un depredador civilizado pasara desapercibido entre humanos que jamás sospecharían lo que caminaba entre ellos. Pero apenas cruzó la puerta supo que algo estaba mal...muuuy mal. No fue un ruido. Fue la ausencia de todos ellos. En lugar del aroma rancio del tabaco y el whisky, su olfato captó algo distinto: cloro, pero debajo de este, escondido como una firma imposible de ocultar… pólvora. Caminó hacia la barra con pasos tranquilos, elegantes, como si nada en el mundo pudiera perturbar su calma. El lugar estaba impecable; las mesas alineadas, el suelo húmedo como si alguien hubiese intentado borrar todo rastro de vida. Se sentó lentamente en uno de los taburetes y apoyó los codos sobre la madera pulida mientras su mirada se levantaba hacia el espejo que colgaba detrás de la barra, aquel espejo donde ella no se reflejaba. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios, una mezcla de diversión y desprecio que apenas curvó la comisura de su boca. ─── ¿Todo esto para cazarme solo a mí? Preguntó con una calma casi insultante mientras se levantaba apoyando su torso en la barra buscando alguna botella y darles a aquellos tipos la vista de su ropa interior de encaje que se alcanzaba a ver en el bode de su vestido corto. Cuando tomó una botella de whisky regreso a sentarse bebiendo directamente de la botella. ─── Debe ser triste creer que mi tranquilidad significa debilidad. El sonido de varios seguros de armas deslizándose al mismo tiempo rompió el silencio. Un instante después, las luces se apagaron de golpe y la oscuridad se apoderó del lugar. El primer disparo llegó acompañado por el estallido de los cristales cuando focos ultravioletas inundaron el bar con una luz brutal, seguida por una lluvia de balas trazadoras que cortaron el aire con precisión militar. Pero para cuando los cazadores comenzaron a disparar, la silla en la que ella estaba sentada ya estaba vacía. El primer hombre apenas alcanzó a girar la cabeza antes de sentir cómo algo se movía detrás de él con una velocidad imposible. Su garganta se abrió en un instante y su cuerpo cayó al suelo mientras el segundo disparaba una escopeta cargada con estacas comprimidas que atravesaron la barra de madera. Ella apareció a su lado como una sombra sólida, torció el arma con una fuerza sobrehumana y lo arrojó contra una mesa que se partió en dos con el impacto. Los atacantes descendieron desde las vigas y las escaleras laterales con disciplina perfecta: trajes tácticos, máscaras filtradas, armas modificadas para enfrentar criaturas como ella. Granadas de plata rodaron por el suelo antes de detonar con destellos blancos; redes metálicas electrificadas se dispararon desde dispositivos montados en los brazos; rifles automáticos vomitaron munición especializada diseñada para penetrar carne inmortal. Claramente habían estudiado cada mito, cada debilidad, cada historia transmitida entre generaciones de cazadores. --Pero cometieron un error.-- Pensaron que estaban cazando a una simple vampiresa. Y en realidad estaban atacando a una criatura que llevaba siglos perfeccionando la guerra. Ella se movió entre los disparos con la fluidez de una danza mortal las balas no rozaban ni su cabello mientras saltaba sobre la barra destruida y arrebataba un arma de las manos de uno de los cazadores para vaciar el cargador a quemarropa contra sus propios compañeros. Otro intentó atraparla con una cadena electrificada, pero ella la sujetó en el aire, tiró de ella con violencia y lo arrastró hasta estrellarlo contra el suelo con tal fuerza que el impacto resonó en todo el bar. Un flash más reveló aquel rostro de bestia, fauces enormes, colmillos bañados en sangre. En menos de cinco muntos, el silencio regresó. El humo flotaba en el aire mezclado con el olor metálico de la sangre. Cuerpos yacían esparcidos entre las mesas rotas, las luces de emergencia parpadeaban en rojo. Ella permanecía de pie en el centro del bar, completamente inmóvil, observando la escena como si simplemente evaluara una obra mal ejecutada. Uno de los hombres aún respiraba. Se arrastraba hacia la puerta dejando un rastro oscuro detrás de él. Zenith caminó hacia él con pasos tranquilos, el sonido de sus tacones resonando sobre el suelo húmedo mientras se agachaba frente a su rostro. Sus ojos brillaban en la penumbra con un fulgor antiguo, algo que no pertenecía del todo a este mundo. ─── La próxima vez… Murmuró mientras su brazo cambia a una ala de murciélago. ─── entiendan que cantidad no es igual a calidad. Detrás de ella, el espejo del bar volvió a temblar con el parpadeo de las luces de emergencia, y por un instante su reflejo de bestia hibrida apareció brevemente en el cristal como si algo en la oscuridad hubiera decidido reconocer su presencia. Ella lo notó, aunque no dijo nada, porque en ese preciso momento comprendió que aquella emboscada no fue casualidad, alguien ya estaba detrás de ella....otra vez. Era hora de irse, no solo del bar, si no de esa zona por completo.
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  • Hace demasiados siglos cometí un error pero gracias a cierta rubia, me ayudado a volver a ser el que una vez fui.

    Sae Feliz cumpleaños, reina de los corazones
    Hace demasiados siglos cometí un error pero gracias a cierta rubia, me ayudado a volver a ser el que una vez fui. [Thxredwitch28] Feliz cumpleaños, reina de los corazones
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  • #Undiaenlavidade Erik Silverfang

    - ¿Es esto una cita? .- La mujer sonríe de forma cálida, con esos hermosos labios de color carmesí que la caracterizaban en los encuentros más especiales. - ¿O es que te has visto tan desesperado que has acudido a la única persona en este mundo que parece no abandonarte a pesar de que tú sí la dejaste de lado?.- se apoya sobre la pared, de espaldas al vástago, observando el atardecer desde aquella azotea.

    El vampiro calla, apartando la mirada.

    Era cierto que había acudido a su puerta, como hubiera hecho hacía ya demasiados años atrás, sin saber exactamente qué buscaba, pero con la única certeza que a sus golpes, respondería, como él hubiera respondido a su particular llamada. En lo más hondo de su ser, en lo más profundo de su alma, pesa a intentar oponerse y negarlo con todas sus fuerzas, había algo que le seguía fascinando en la forma en que era tratado por aquella mujer.

    - ¿No vas a responder? Por favor, no me hagas obligarte... anda, ven, esta vez por voluntad propia, por favor.-

    Erik duda por un instante, pero a pesar de su más que claro orgullo que parecía querer imponerse, finalmente sus piernas obedecen a esa petición sutilmente ordenada, llegando a su lado y observando, al igual que ella, ese atardecer en la ciudad de París.

    - Siempre has tenido un lado romántico, no lo puedes evitar. Esa faceta de ti me gustaba, y de hecho me sigue gustando, pese al tiempo y la distancia. No te he querido molestar, dado que sabía que eras más feliz al lado de otra mujer y que yo, tan sólo fui maestra de alguien descarriado, el cual parece que ha vuelto a perderse. Y pensar... que todo parecía darse por la aparente diferencia de edad y resulta... resulta que el cachorro no aparenta los siglos que tiene...-

    Se pudo notar una sutil provocación en la forma en la que se había dirigido a él. Aquella palabra le hizo estremecer, apretar los nudillos y sentir cómo se le erizaba el cabello de la nuca.

    - Yo... yo no...-

    - Shhh... tranquilo, sé que no pretendías desvelarte a los ojos de una mortal, tranquilo. Pero agradezco que finalmente adquirieras la confianza suficiente como para poder hacerlo, más teniendo en cuenta la relación que hemos llevado hasta ahora y que no sé si quieres volver a tener.-Los ojos de la mujer se clavan en el vampiro y él siente todo el peso de aquella mirada sobre sus hombros.

    Se sentía asfixiado, cohibido, sometido a la voluntad de una mujer que había sabido dominarlo desde el mismo instante en el que se conocieron. Ella tan segura, él tan perdido, pese a los años y años de experiencia en aquél plano terrenal. Había sido tan intensa, tan fuerte la conexión, que él por mucho tiempo, había creído que ella tenía poderes, poderes que no había sabido identificar y sin embargo, por más que la hubiera analizado, nada hacía sospechar de tal hecho. Era pura presencia, pura habilidad, pura seguridad en sí misma, y él, pese a todo, gustoso se había arrodillado cuando ella así se lo hubo ordenado.

    - Sé lo que anhelas, cachorro, lo sé muy bien. Quieres volver a ceder el control, quieres volver a sentirte liberado de la responsabilidad, a obedecer sin rechistar, sin mayores deseos que el complacer a tu señora, sin mayores preocupaciones. Puedo verlo en tus ojos, quieres ser ajeno a la vida que te rodea, a esos sentimientos que te afligen, que te abaten y que muestran de ti algo que por desgracia, en el fondo eres y no te puedes deshacer de ello. Deja que te ayude... cachorro...-

    Como si de un embrujo se tratara, el vampiro abrió sus labios, queriendo hablar, pero tan solo emitiendo un pequeño quejido, el que emite alguien que siente cómo lo acaban de desnudar y no tiene lugar en el que esconderse. Eleva su mirar y lo baja inmediatamente cuando ve a esa mujer ante él, erguida, poderosa.

    - De rodillas, cachorro...-

    Erik obedece, primero una pierna y luego otra. Agacha finalmente la cabeza, en señal de rendición y pleitesía.

    Ella da un paso y coloca su mano sobre la cabeza de él, acariciando su cabello y enredando ligeramente sus dedos entre los mechones. Él, por una vez en mucho tiempo, siente calma y paz. Nota que a través de esa caricia su dolor se desvanece, su miedo pasa a un segundo plano y toda su realidad se torna clara, cristalina y transparente. No hay peligro, no hay odio, no hay sed, tan sólo devoción, obediencia y sumisión.

    - Buen chico...- desliza la mano dentro de su abrigo y del bolsillo interno saca un objeto que el vástago reconoce.

    Él eleva la mirada hacia ese accesorio, contemplando una vez más ante sus ojos el collar de cuero tintado en tono carmesí, con tachuelas, que una vez hubiera engalanado su cuello.

    - Lo reservaba para tu regreso, cachorro, y ahora, es la hora de que vuelva al lugar que le corresponde.- ella se agacha ligeramente y con una maestría que en nada les sorprende, cierra el broche alrededor de la garganta del vástago.

    De forma instintiva, él lo acaricia, dejando escapar una pequeña sonrisa, siendo aquello muestra inequívoca del lazo cerrado, de nuevo, entre ambos. Aquél símbolo era un ancla, una promesa, una certeza de realidad y por ello, le estaba agradecido.

    - Y ahora, levántate. Vamos a disfrutar de lo que la noche de París nos aguarda para nosotros, cachorro. Disfruta de tu nueva libertad y vivamos como si nunca fuera a haber un nuevo amanecer.-

    Erik se alza, con una fuerza renovada, sintiendo orgullo a la par que protección.

    - Sí, mi señora.-

    Finalmente, el sol se oculta en el horizonte y aquella azotea queda desierta, dejando cómo único testigo de su paso, el sonido de la puerta al cerrarse.
    #Undiaenlavidade Erik Silverfang - ¿Es esto una cita? .- La mujer sonríe de forma cálida, con esos hermosos labios de color carmesí que la caracterizaban en los encuentros más especiales. - ¿O es que te has visto tan desesperado que has acudido a la única persona en este mundo que parece no abandonarte a pesar de que tú sí la dejaste de lado?.- se apoya sobre la pared, de espaldas al vástago, observando el atardecer desde aquella azotea. El vampiro calla, apartando la mirada. Era cierto que había acudido a su puerta, como hubiera hecho hacía ya demasiados años atrás, sin saber exactamente qué buscaba, pero con la única certeza que a sus golpes, respondería, como él hubiera respondido a su particular llamada. En lo más hondo de su ser, en lo más profundo de su alma, pesa a intentar oponerse y negarlo con todas sus fuerzas, había algo que le seguía fascinando en la forma en que era tratado por aquella mujer. - ¿No vas a responder? Por favor, no me hagas obligarte... anda, ven, esta vez por voluntad propia, por favor.- Erik duda por un instante, pero a pesar de su más que claro orgullo que parecía querer imponerse, finalmente sus piernas obedecen a esa petición sutilmente ordenada, llegando a su lado y observando, al igual que ella, ese atardecer en la ciudad de París. - Siempre has tenido un lado romántico, no lo puedes evitar. Esa faceta de ti me gustaba, y de hecho me sigue gustando, pese al tiempo y la distancia. No te he querido molestar, dado que sabía que eras más feliz al lado de otra mujer y que yo, tan sólo fui maestra de alguien descarriado, el cual parece que ha vuelto a perderse. Y pensar... que todo parecía darse por la aparente diferencia de edad y resulta... resulta que el cachorro no aparenta los siglos que tiene...- Se pudo notar una sutil provocación en la forma en la que se había dirigido a él. Aquella palabra le hizo estremecer, apretar los nudillos y sentir cómo se le erizaba el cabello de la nuca. - Yo... yo no...- - Shhh... tranquilo, sé que no pretendías desvelarte a los ojos de una mortal, tranquilo. Pero agradezco que finalmente adquirieras la confianza suficiente como para poder hacerlo, más teniendo en cuenta la relación que hemos llevado hasta ahora y que no sé si quieres volver a tener.-Los ojos de la mujer se clavan en el vampiro y él siente todo el peso de aquella mirada sobre sus hombros. Se sentía asfixiado, cohibido, sometido a la voluntad de una mujer que había sabido dominarlo desde el mismo instante en el que se conocieron. Ella tan segura, él tan perdido, pese a los años y años de experiencia en aquél plano terrenal. Había sido tan intensa, tan fuerte la conexión, que él por mucho tiempo, había creído que ella tenía poderes, poderes que no había sabido identificar y sin embargo, por más que la hubiera analizado, nada hacía sospechar de tal hecho. Era pura presencia, pura habilidad, pura seguridad en sí misma, y él, pese a todo, gustoso se había arrodillado cuando ella así se lo hubo ordenado. - Sé lo que anhelas, cachorro, lo sé muy bien. Quieres volver a ceder el control, quieres volver a sentirte liberado de la responsabilidad, a obedecer sin rechistar, sin mayores deseos que el complacer a tu señora, sin mayores preocupaciones. Puedo verlo en tus ojos, quieres ser ajeno a la vida que te rodea, a esos sentimientos que te afligen, que te abaten y que muestran de ti algo que por desgracia, en el fondo eres y no te puedes deshacer de ello. Deja que te ayude... cachorro...- Como si de un embrujo se tratara, el vampiro abrió sus labios, queriendo hablar, pero tan solo emitiendo un pequeño quejido, el que emite alguien que siente cómo lo acaban de desnudar y no tiene lugar en el que esconderse. Eleva su mirar y lo baja inmediatamente cuando ve a esa mujer ante él, erguida, poderosa. - De rodillas, cachorro...- Erik obedece, primero una pierna y luego otra. Agacha finalmente la cabeza, en señal de rendición y pleitesía. Ella da un paso y coloca su mano sobre la cabeza de él, acariciando su cabello y enredando ligeramente sus dedos entre los mechones. Él, por una vez en mucho tiempo, siente calma y paz. Nota que a través de esa caricia su dolor se desvanece, su miedo pasa a un segundo plano y toda su realidad se torna clara, cristalina y transparente. No hay peligro, no hay odio, no hay sed, tan sólo devoción, obediencia y sumisión. - Buen chico...- desliza la mano dentro de su abrigo y del bolsillo interno saca un objeto que el vástago reconoce. Él eleva la mirada hacia ese accesorio, contemplando una vez más ante sus ojos el collar de cuero tintado en tono carmesí, con tachuelas, que una vez hubiera engalanado su cuello. - Lo reservaba para tu regreso, cachorro, y ahora, es la hora de que vuelva al lugar que le corresponde.- ella se agacha ligeramente y con una maestría que en nada les sorprende, cierra el broche alrededor de la garganta del vástago. De forma instintiva, él lo acaricia, dejando escapar una pequeña sonrisa, siendo aquello muestra inequívoca del lazo cerrado, de nuevo, entre ambos. Aquél símbolo era un ancla, una promesa, una certeza de realidad y por ello, le estaba agradecido. - Y ahora, levántate. Vamos a disfrutar de lo que la noche de París nos aguarda para nosotros, cachorro. Disfruta de tu nueva libertad y vivamos como si nunca fuera a haber un nuevo amanecer.- Erik se alza, con una fuerza renovada, sintiendo orgullo a la par que protección. - Sí, mi señora.- Finalmente, el sol se oculta en el horizonte y aquella azotea queda desierta, dejando cómo único testigo de su paso, el sonido de la puerta al cerrarse.
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  • "Ayúdame"
    Fandom Sobrenatural ~ Crónicas Vampíricas
    Categoría Crossover
    sᴛᴀʀᴛᴇʀ ᴘᴀʀᴀ: 𝐒A𝐌 W𝐈N𝐂H𝐄S𝐓E𝐑

    Las manadas de hombres lobo ya no eran tan escasas como lo fueron antaño. Siglos atrás los hombres lobo eran una de las especies dominantes sobre la tierra, pero la proliferación de vampiros y cazadores habia obligado a las manadas a esconderse. A ocultarse en pueblos, en las montañas, en lugares donde poder pasar desapercibidos. Y asi, poco a poco, el gen del hombre lobo durmió. No todos los descendientes de las grandes manadas activaban su maldición lupina. Hombres y mujeres vivían y morían sin activar nunca su maldición y, poco a poco, se perdió el legado.

    Pero ese no habia sido el caso de los Wood. De las familias licántropas, los pertenecientes a la manada Apisi, ahora disgregada por el país, los Wood eran los únicos que todavia reconocían y recordaban su legado, sus leyendas. Asentados en Kansas, disfrutaban de la licantropía y no la consideraban una maldición. El dolor de la transformación, a diferencia de para otras familias, se tornaba cada vez más soportable con cada luna llena. Y, en lugar de encerrarse y encadenarse en sótanos y celdas, la familia Wood corría por el bosque. Libres. Aullando a la luna y disfrutando del instinto y las horas lupinas. Asi habia sido desde que Hazel tenia uso de razón. Desde que desatara su maldición a los diecisiete años se habia transformado con cada luna llena al resguardo y cobijo de sus padres y su familia. Su padre, era el alfa de la manada o al menos, de aquel grupo de lobos y, algún día, esperaba que su hija ocupara su lugar. Para ello la habia criado…

    Hasta aquella luna llena…

    Hazel corría por el bosque, olfateando, sintiendo el aire en su pelaje, sintiéndose libre. Sus patas parecían volar sobre el suelo, corriendo a tal velocidad que nada podía pararla. Nada salvo… Aquel sonido estridente y desgarrador. La loba alzó sus orejas irguiendo el cuello, alarmada, preocupada. Un aullido de dolor y muerte llegó hasta ella. Cercano y fulminante. Y supo que habia perdido a alguien de su manada.

    Un nuevo disparo. Un nuevo aullido mortecino.

    Hazel no se quedó a esperar su turno. Echó a correr en dirección contraria sabiendo que no podía regresar a casa. Porque si esos cazadores los habían encontrado allí era porque sabían exactamente cómo y dónde Vivian. Asi que Hazel corrió a toda velocidad, huyendo de los disparos y la muerte que amenazaba con alcanzarla.

    Un proyectil le acertó en el costado en plena carrera y la loba, herida y magullada, cayó estrepitosamente contra el suelo. Resollaba, asustada. Dolía, quemaba. Aquella herida le habia quitado el aliento y sabia que se desangraba. Pero no podía dejar que su manada terminara asi. Tenia que vivir.

    Asi que tratando de hacer caso omiso a los disparos que llenaban el ambiente, Hazel volvio a erguirse sobre sus cuatro patas. Sanaria. Aquella herida sanaría gracias a la magia de la luna llena. Sanaria… Echó a correr de nuevo, esta vez algo más cansada, algo más lenta. Pero corrió todo cuanto daban sus patas. Y corrió toda la noche, cruzando pueblos, atravesando bosques mientras aquella ultima noche de luna llena duraba. Corrió hasta que los disparos ya eran inexistentes en el eco de la noche.

    >> Despertó desnuda en medio del bosque. Con la salida del sol su cuerpo habia recuperado su forma humana y ella se habia desmayado entre ramas y pequeños arbustos. Profirió un quejido llevándose una mano al costado allí donde la herida de bala aun sanaba lentamente. La sangre teñía su piel bronceada. Pero sabia que, aunque dolía, estaba fuera de peligro. Sobreviviría. Lo haría.

    Era la única superviviente de su manada. Y la certeza y la soledad de aquel pensamiento la abrumaron haciendo que la muchacha dejara ir un ligero y corto sollozo. Por todos los que queria, que habia perdido y que no volvería a ver. Se llevó una mano a los labios y se encogió sobre si misma, llorando a los caídos, a aquella terrorífica noche. Y cuando sintió que se quedaba sin aire, decidió que tenia que salir de allí.

    Desnuda recorrió el bosque hasta encontrar civilización. Y cuando el cansancio hizo que sus piernas temblaran, finalmente encontró un pequeño camping de caravanas. Le llegaban voces. Niños, familias. Salpicaduras de agua en una piscina. El olor de una barbacoa, podía ver la pequeña columna de humo alzarse entre algunas caravanas… Y allí, delante de ella, desprotegida… una cuerda de tender con algo de ropa. No se paró a ver qué era. Llegó hasta allí, y cogió lo primero que pilló. Una camiseta blanca de manga corta, una chaqueta vaquera y unos pantalones de chándal. Y, con las mismas, salió de allí volviendo a internarse en el bosque.

    Porque habia algo que no os he contado. Y es que la familia Wood tenia una leyenda. Una leyenda inmemorial. Su padre siempre le habia contado que la razon por la que su bisabuelo se habia instalado allí con su manada era una muy sencilla. Protección. La manada protegía a un grupo de Hombres. Los Hombres de Letras. Y ellos los protegían tambien. Un acuerdo del pasado, un pacto de no dañarse mutuamente nunca más. Un pacto de hermandad. No estaba firmado en ninguna parte y nadie podía corroborar que fuera real. Pero tenia una localización. Lebanon. Y hasta allí le habían conducido sus pisadas. Si quedaba alguien allí, habrían de ayudarla, darle cobijo o un lugar donde averiguar quién le habia arrebatado a su familia..

    “A las puertas de Lebanon, interno en el bosque, accesible por pocos caminos, se yergue el orgulloso bastión. Lobos y hombres lo consideran su salvación”

    Era una mierda de rima y parecía demasiado barata para ser una leyenda demasiado antigua, pero Hazel siempre habia creído que su bisabuelo no tendría demasiada idea de mensajes crípticos. Hubiera sido un espía terrible.

    Pero al menos tenia una pista. A las afueras de Lebanon, en el bosque…

    Caminó descalza por la tierra, indemne a las ramas o piedras. Cansada, desolada y sangrando. La sangre se habia transferido a su camiseta, y sin alimento y descanso correcto, aquella herida no sanaba de forma correcta.

    Escuchó los pasos de una carrera. Cerca de ella. Pero no lo advirtió tan a tiempo como podría haberlo hecho en pleno uso de sus facultades físicas. Antes de que la vista se le nublase pudo ver como un hombre se acercaba a ella haciendo footing y se detenía al verla en el camino. Quizás se lo habia imaginado, quizás no. Pero…

    -Ayuda… me… -dijo Hazel antes de perder el sentido y caer, desmayada, en medio del camino.
    sᴛᴀʀᴛᴇʀ ᴘᴀʀᴀ: [SAM.MY] Las manadas de hombres lobo ya no eran tan escasas como lo fueron antaño. Siglos atrás los hombres lobo eran una de las especies dominantes sobre la tierra, pero la proliferación de vampiros y cazadores habia obligado a las manadas a esconderse. A ocultarse en pueblos, en las montañas, en lugares donde poder pasar desapercibidos. Y asi, poco a poco, el gen del hombre lobo durmió. No todos los descendientes de las grandes manadas activaban su maldición lupina. Hombres y mujeres vivían y morían sin activar nunca su maldición y, poco a poco, se perdió el legado. Pero ese no habia sido el caso de los Wood. De las familias licántropas, los pertenecientes a la manada Apisi, ahora disgregada por el país, los Wood eran los únicos que todavia reconocían y recordaban su legado, sus leyendas. Asentados en Kansas, disfrutaban de la licantropía y no la consideraban una maldición. El dolor de la transformación, a diferencia de para otras familias, se tornaba cada vez más soportable con cada luna llena. Y, en lugar de encerrarse y encadenarse en sótanos y celdas, la familia Wood corría por el bosque. Libres. Aullando a la luna y disfrutando del instinto y las horas lupinas. Asi habia sido desde que Hazel tenia uso de razón. Desde que desatara su maldición a los diecisiete años se habia transformado con cada luna llena al resguardo y cobijo de sus padres y su familia. Su padre, era el alfa de la manada o al menos, de aquel grupo de lobos y, algún día, esperaba que su hija ocupara su lugar. Para ello la habia criado… Hasta aquella luna llena… Hazel corría por el bosque, olfateando, sintiendo el aire en su pelaje, sintiéndose libre. Sus patas parecían volar sobre el suelo, corriendo a tal velocidad que nada podía pararla. Nada salvo… Aquel sonido estridente y desgarrador. La loba alzó sus orejas irguiendo el cuello, alarmada, preocupada. Un aullido de dolor y muerte llegó hasta ella. Cercano y fulminante. Y supo que habia perdido a alguien de su manada. Un nuevo disparo. Un nuevo aullido mortecino. Hazel no se quedó a esperar su turno. Echó a correr en dirección contraria sabiendo que no podía regresar a casa. Porque si esos cazadores los habían encontrado allí era porque sabían exactamente cómo y dónde Vivian. Asi que Hazel corrió a toda velocidad, huyendo de los disparos y la muerte que amenazaba con alcanzarla. Un proyectil le acertó en el costado en plena carrera y la loba, herida y magullada, cayó estrepitosamente contra el suelo. Resollaba, asustada. Dolía, quemaba. Aquella herida le habia quitado el aliento y sabia que se desangraba. Pero no podía dejar que su manada terminara asi. Tenia que vivir. Asi que tratando de hacer caso omiso a los disparos que llenaban el ambiente, Hazel volvio a erguirse sobre sus cuatro patas. Sanaria. Aquella herida sanaría gracias a la magia de la luna llena. Sanaria… Echó a correr de nuevo, esta vez algo más cansada, algo más lenta. Pero corrió todo cuanto daban sus patas. Y corrió toda la noche, cruzando pueblos, atravesando bosques mientras aquella ultima noche de luna llena duraba. Corrió hasta que los disparos ya eran inexistentes en el eco de la noche. >> Despertó desnuda en medio del bosque. Con la salida del sol su cuerpo habia recuperado su forma humana y ella se habia desmayado entre ramas y pequeños arbustos. Profirió un quejido llevándose una mano al costado allí donde la herida de bala aun sanaba lentamente. La sangre teñía su piel bronceada. Pero sabia que, aunque dolía, estaba fuera de peligro. Sobreviviría. Lo haría. Era la única superviviente de su manada. Y la certeza y la soledad de aquel pensamiento la abrumaron haciendo que la muchacha dejara ir un ligero y corto sollozo. Por todos los que queria, que habia perdido y que no volvería a ver. Se llevó una mano a los labios y se encogió sobre si misma, llorando a los caídos, a aquella terrorífica noche. Y cuando sintió que se quedaba sin aire, decidió que tenia que salir de allí. Desnuda recorrió el bosque hasta encontrar civilización. Y cuando el cansancio hizo que sus piernas temblaran, finalmente encontró un pequeño camping de caravanas. Le llegaban voces. Niños, familias. Salpicaduras de agua en una piscina. El olor de una barbacoa, podía ver la pequeña columna de humo alzarse entre algunas caravanas… Y allí, delante de ella, desprotegida… una cuerda de tender con algo de ropa. No se paró a ver qué era. Llegó hasta allí, y cogió lo primero que pilló. Una camiseta blanca de manga corta, una chaqueta vaquera y unos pantalones de chándal. Y, con las mismas, salió de allí volviendo a internarse en el bosque. Porque habia algo que no os he contado. Y es que la familia Wood tenia una leyenda. Una leyenda inmemorial. Su padre siempre le habia contado que la razon por la que su bisabuelo se habia instalado allí con su manada era una muy sencilla. Protección. La manada protegía a un grupo de Hombres. Los Hombres de Letras. Y ellos los protegían tambien. Un acuerdo del pasado, un pacto de no dañarse mutuamente nunca más. Un pacto de hermandad. No estaba firmado en ninguna parte y nadie podía corroborar que fuera real. Pero tenia una localización. Lebanon. Y hasta allí le habían conducido sus pisadas. Si quedaba alguien allí, habrían de ayudarla, darle cobijo o un lugar donde averiguar quién le habia arrebatado a su familia.. “A las puertas de Lebanon, interno en el bosque, accesible por pocos caminos, se yergue el orgulloso bastión. Lobos y hombres lo consideran su salvación” Era una mierda de rima y parecía demasiado barata para ser una leyenda demasiado antigua, pero Hazel siempre habia creído que su bisabuelo no tendría demasiada idea de mensajes crípticos. Hubiera sido un espía terrible. Pero al menos tenia una pista. A las afueras de Lebanon, en el bosque… Caminó descalza por la tierra, indemne a las ramas o piedras. Cansada, desolada y sangrando. La sangre se habia transferido a su camiseta, y sin alimento y descanso correcto, aquella herida no sanaba de forma correcta. Escuchó los pasos de una carrera. Cerca de ella. Pero no lo advirtió tan a tiempo como podría haberlo hecho en pleno uso de sus facultades físicas. Antes de que la vista se le nublase pudo ver como un hombre se acercaba a ella haciendo footing y se detenía al verla en el camino. Quizás se lo habia imaginado, quizás no. Pero… -Ayuda… me… -dijo Hazel antes de perder el sentido y caer, desmayada, en medio del camino.
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  • |||Mi día a día|||

    —"Explorar el cosmos está bien, viajar entre realidades y multiversos está bien, supongo..."

    —"Desde que tengo memoria, he conocído a mucha gente de bien y de mal, siempre hubo un equilibrio."

    —"Suelo pensar el porque madre me dijo que me mantuviera lejos de hogar natal, yo no creo que Gensokyo sea tan peligroso... Pese a ello le prometí no pisar un solo pie, Pero claro, simples palabras pueden volverse un juego de vacíos legales."

    —"¿Mi alimento? Aunque suene raro, no he comido en siglos, sin embargo me decanto por la comida terricola, creo que mi paladar se adapta más a ellos de lo que creo."

    —"Anterior a lo que mencioné, he notado que muchos de los portales que suelo usar para entrelazar multiversos, algunos se han plantado en distintos lugares del cosmos, estudio su comportamiento, llegando a una vaga conclusión, pues seres de otros multiversos terminan accediendo a este mismo sitio, es como una red de oportunidades..."

    —"Mi trabajo no es sencillo o demasiado complejo, pues solo debo encargarme de que haya equilibrio, Pero seamos honestos, hasta los dioses merecen divertirse de vez en cuando."
    |||Mi día a día||| —"Explorar el cosmos está bien, viajar entre realidades y multiversos está bien, supongo..." —"Desde que tengo memoria, he conocído a mucha gente de bien y de mal, siempre hubo un equilibrio." —"Suelo pensar el porque madre me dijo que me mantuviera lejos de hogar natal, yo no creo que Gensokyo sea tan peligroso... Pese a ello le prometí no pisar un solo pie, Pero claro, simples palabras pueden volverse un juego de vacíos legales." —"¿Mi alimento? Aunque suene raro, no he comido en siglos, sin embargo me decanto por la comida terricola, creo que mi paladar se adapta más a ellos de lo que creo." —"Anterior a lo que mencioné, he notado que muchos de los portales que suelo usar para entrelazar multiversos, algunos se han plantado en distintos lugares del cosmos, estudio su comportamiento, llegando a una vaga conclusión, pues seres de otros multiversos terminan accediendo a este mismo sitio, es como una red de oportunidades..." —"Mi trabajo no es sencillo o demasiado complejo, pues solo debo encargarme de que haya equilibrio, Pero seamos honestos, hasta los dioses merecen divertirse de vez en cuando."
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  • A través del velo.
    Fandom OC
    Categoría Drama
    Elyndar Vëlloren

    "¿Tienes miedo a revelar algo de ti?¿Te da miedo que alguien te conozca?¿O te da miedo aceptar que la que más se odia eres tú misma?"

    [España - Galicia - 14:23]

    La vida de Morana podría ser un sueño para muchos... Una vida larga, llena de lujos, con un poder que para muchos no era más que una leyenda, pero para ella, los años pesaban demasiado como para soportarlos.

    La inmortalidad dejó de ser un regalo hace tiempo, o quizás... Nunca lo fue ¿Cuántas decisiones horribles había tenido que tomar?¿A cuánta gente habría que matar para poder tener una vida tranquila? La respuesta era simple; nunca la tendría... Pues el problema hace mucho dejó de estar en la gente que la rodeaba.

    Un corazón curtido por los siglos, por la pérdida, por el dolor, por el luto, no importaba lo que hiciera, los recuerdos nunca se desvanecerían, y esa era la realidad que Morana no quería aceptar, así que se esforzó en ocultarla durante toda su larga vida.

    Pero... ¿Qué ocurriría si alguien fuera capaz de ver a través de ella de la misma forma que ella ve a través de los demás? Si tan solo una vez fuera ella la víctima de análisis ¿Qué podría hacer la nigromante para evitar esto mismo?

    Un rumor llegó a oídos de Morana, fruto de su amplia red de información en Europa, y, por mucho que no fueran más que rumores, habría que investigarlo, pues si por algún motivo llegaba a haber algo de verdad... No podría controlarlo.

    Una persona, de género desconocido para ella, que podía leer a las personas como si de un libro se tratase, casi de una forma sobrenatural... Pero que no salía a la luz.

    Tan escurridizo como una sombra, tan ajeno al día como la luna, tan misterioso como ella misma... Ni siquiera tenía pistas sobre su paradero, solamente que era posible que se encontrase en el norte de la península ibérica.

    Morana tenía personas de sobra para buscar, pero ¿Qué ocurriría si este ser por algún motivo ya sabía algo sobre ella? Era mejor mantenerlo como algo personal, que se filtrase algo sobre Morana era algo que mejor evitar a toda costa.

    Se encontraba en un piso que tenía en Galicia, planeando su próximo paso... Pero estaba tan perdida como al inicio ¿Cómo se mantenía tan oculta esta persona? La luna esta noche estará oculta, las lluvias eran algo común en esta parte del país, pero eso noe vitaría que Morana, aunque perdida, decidiera salir a probar suerte mientras pensaba en alguna manera de encontrar al ya mencionado.

    Salió del piso, la mirada perdida en el suelo, cerró la puerta tras de si para salir a la calle, la lluvia no sería un problema para ella, su cuerpo ya era frío cual cadáver y el agua no sería precisamente una molestia.

    Comenzó a caminar por la calle, cada paso haciendo ruido, hoy no se podría ser precisamente silencioso... Quizás una ventaja para ella, sería más difícil ocultarse si es que el otro aparecía.

    Su mirada plateada se mantuvo perdida por un rato en el suelo, estaba pensando mientras caminaba, pero sus oídos seguían atentos a su entorno, aunque el ruido de la lluvia lo dificultara, tenía los sentidos muy agudos.

    Alzó la mirada, esta vez observando al frente y apenas pudo, se detuvo en la entrada de un edificio ¿Para algo importante...? No, para encenderse un cigarrillo. Dio una larga calada al cigarro, que gracias al material de su abrigo se mantuvo totalmente seco, exhaló el humo antes de alzar la voz para si misma. — Esto es una pérdida de tiempo. — Su mirada volvió al suelo un momento, antes de dar otra calada y alzarla, parece que la lluvia se había calmado un poco.
    [fable_violet_giraffe_247] "¿Tienes miedo a revelar algo de ti?¿Te da miedo que alguien te conozca?¿O te da miedo aceptar que la que más se odia eres tú misma?" [España - Galicia - 14:23] La vida de Morana podría ser un sueño para muchos... Una vida larga, llena de lujos, con un poder que para muchos no era más que una leyenda, pero para ella, los años pesaban demasiado como para soportarlos. La inmortalidad dejó de ser un regalo hace tiempo, o quizás... Nunca lo fue ¿Cuántas decisiones horribles había tenido que tomar?¿A cuánta gente habría que matar para poder tener una vida tranquila? La respuesta era simple; nunca la tendría... Pues el problema hace mucho dejó de estar en la gente que la rodeaba. Un corazón curtido por los siglos, por la pérdida, por el dolor, por el luto, no importaba lo que hiciera, los recuerdos nunca se desvanecerían, y esa era la realidad que Morana no quería aceptar, así que se esforzó en ocultarla durante toda su larga vida. Pero... ¿Qué ocurriría si alguien fuera capaz de ver a través de ella de la misma forma que ella ve a través de los demás? Si tan solo una vez fuera ella la víctima de análisis ¿Qué podría hacer la nigromante para evitar esto mismo? Un rumor llegó a oídos de Morana, fruto de su amplia red de información en Europa, y, por mucho que no fueran más que rumores, habría que investigarlo, pues si por algún motivo llegaba a haber algo de verdad... No podría controlarlo. Una persona, de género desconocido para ella, que podía leer a las personas como si de un libro se tratase, casi de una forma sobrenatural... Pero que no salía a la luz. Tan escurridizo como una sombra, tan ajeno al día como la luna, tan misterioso como ella misma... Ni siquiera tenía pistas sobre su paradero, solamente que era posible que se encontrase en el norte de la península ibérica. Morana tenía personas de sobra para buscar, pero ¿Qué ocurriría si este ser por algún motivo ya sabía algo sobre ella? Era mejor mantenerlo como algo personal, que se filtrase algo sobre Morana era algo que mejor evitar a toda costa. Se encontraba en un piso que tenía en Galicia, planeando su próximo paso... Pero estaba tan perdida como al inicio ¿Cómo se mantenía tan oculta esta persona? La luna esta noche estará oculta, las lluvias eran algo común en esta parte del país, pero eso noe vitaría que Morana, aunque perdida, decidiera salir a probar suerte mientras pensaba en alguna manera de encontrar al ya mencionado. Salió del piso, la mirada perdida en el suelo, cerró la puerta tras de si para salir a la calle, la lluvia no sería un problema para ella, su cuerpo ya era frío cual cadáver y el agua no sería precisamente una molestia. Comenzó a caminar por la calle, cada paso haciendo ruido, hoy no se podría ser precisamente silencioso... Quizás una ventaja para ella, sería más difícil ocultarse si es que el otro aparecía. Su mirada plateada se mantuvo perdida por un rato en el suelo, estaba pensando mientras caminaba, pero sus oídos seguían atentos a su entorno, aunque el ruido de la lluvia lo dificultara, tenía los sentidos muy agudos. Alzó la mirada, esta vez observando al frente y apenas pudo, se detuvo en la entrada de un edificio ¿Para algo importante...? No, para encenderse un cigarrillo. Dio una larga calada al cigarro, que gracias al material de su abrigo se mantuvo totalmente seco, exhaló el humo antes de alzar la voz para si misma. — Esto es una pérdida de tiempo. — Su mirada volvió al suelo un momento, antes de dar otra calada y alzarla, parece que la lluvia se había calmado un poco.
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  • Sorprendente
    Fandom Crónicas Vampíricas
    Categoría Drama
    Mi regreso a Mystic Falls después del viaje que realicé junto a mis hermanos Elijah y Rebeka.
    Jamás me habría llegado a imaginar que a nuestro regreso, mi querida ángel Caroline Forbes estaría esperándome apoyada en su nuevo coche.

    Hace muchos siglos que ya no tengo sueños, pero estoy viviendo en uno ahora mismo.
    Mi regreso a Mystic Falls después del viaje que realicé junto a mis hermanos Elijah y Rebeka. Jamás me habría llegado a imaginar que a nuestro regreso, mi querida ángel [stellar_1] estaría esperándome apoyada en su nuevo coche. Hace muchos siglos que ya no tengo sueños, pero estoy viviendo en uno ahora mismo.
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  • Dulce mentira.
    Fandom OC
    Categoría Drama
    ღ➶ 𝑺𝒂𝒓𝒂𝒉 ➶ღ

    "Cuando caigan las máscaras, cuando toda mentira sea descubierta, tu identidad será todo lo que te quede, pero a ti, que usas cada rostro como si de una moneda se tratase... ¿Qué te quedará?"

    [París - x/x/1885 - 11:28]

    Una época incierta en la que el nombre de Morana aún resonaba en alguna historia de los pueblos, pero como nada más que una fábula, la historia de una bruja avariciosa que se llevaba a los que se alejaban demasiado de las ciudades...

    La verdad era que no importaba dónde estuvieras, si le interesabas, incluso a plena vista era capaz de tomar lo que ella veía suyo... Pero no estamos aquí para hablar de eso ¿Verdad?

    Un mensaje, una carta, una invitación... El papel aún en su mano, su mirada leía las letras tratando de descifrar un mensaje oculto que... Sencillamente no había.

    "Hola, llevábamos tiempo sin hablar, así que pensé que una reunión estaría bien, te esperaré en ____ a mediodía."

    Una invitación tan simple y directa era algo extraño en el cerrado círculo de Morana, pero no era algo impensable ¿Quizás alguno de sus conocidos quería arrimar el hombro? Era posible.

    Caminaba sin prisa pero con paso firme, como era costumbre, el tiempo era algo tan abundante para ella como lo era el aire mismo, beneficios de tener una vida inmortal.

    Esta persona con la que había quedado era de las pocas que conocían el estado de su... Corazón, vamos a decir. Sabía que su esposo había fallecido, aunque no la forma y sabía que Morana prácticamente vivía en luto.

    Cierto era que la soledad por su parte había cobrado bastante, si no fuera por su regeneración, el insomnio constante al que se somete Morana se hubiera cobrado su vida y su cordura hace siglos, y es que dormir le traía las pesadillas más horribles que podía concebir... Los recuerdos.

    Apenas se dio cuenta de que se acercaba al sitio, guardó el papel en el bolsillo interior de su abrigo, no sin antes doblarlo un par de veces. Su mirada recorrió el lugar, tratando de ver si con quien se iba a reunir había llegado.

    Una cafetería, lo suficientemente simple como para no acumular gente, pero lo suficientemente buena como para ser uno de los lugares favoritos de Morana. Fue ahí que reconoció a la mujer y con calma se acercó.

    Una tenue sonrisa se dibujó en su rostro, alzó la mano un poco a modo de saludo y fue entonces que alzó la voz. — Hola, cuanto tiempo... — Su voz era tranquila, pues desconocía totalmente que ella no era la persona que aparentaba ser...
    [cyclone_jade_cow_411] "Cuando caigan las máscaras, cuando toda mentira sea descubierta, tu identidad será todo lo que te quede, pero a ti, que usas cada rostro como si de una moneda se tratase... ¿Qué te quedará?" [París - x/x/1885 - 11:28] Una época incierta en la que el nombre de Morana aún resonaba en alguna historia de los pueblos, pero como nada más que una fábula, la historia de una bruja avariciosa que se llevaba a los que se alejaban demasiado de las ciudades... La verdad era que no importaba dónde estuvieras, si le interesabas, incluso a plena vista era capaz de tomar lo que ella veía suyo... Pero no estamos aquí para hablar de eso ¿Verdad? Un mensaje, una carta, una invitación... El papel aún en su mano, su mirada leía las letras tratando de descifrar un mensaje oculto que... Sencillamente no había. "Hola, llevábamos tiempo sin hablar, así que pensé que una reunión estaría bien, te esperaré en ____ a mediodía." Una invitación tan simple y directa era algo extraño en el cerrado círculo de Morana, pero no era algo impensable ¿Quizás alguno de sus conocidos quería arrimar el hombro? Era posible. Caminaba sin prisa pero con paso firme, como era costumbre, el tiempo era algo tan abundante para ella como lo era el aire mismo, beneficios de tener una vida inmortal. Esta persona con la que había quedado era de las pocas que conocían el estado de su... Corazón, vamos a decir. Sabía que su esposo había fallecido, aunque no la forma y sabía que Morana prácticamente vivía en luto. Cierto era que la soledad por su parte había cobrado bastante, si no fuera por su regeneración, el insomnio constante al que se somete Morana se hubiera cobrado su vida y su cordura hace siglos, y es que dormir le traía las pesadillas más horribles que podía concebir... Los recuerdos. Apenas se dio cuenta de que se acercaba al sitio, guardó el papel en el bolsillo interior de su abrigo, no sin antes doblarlo un par de veces. Su mirada recorrió el lugar, tratando de ver si con quien se iba a reunir había llegado. Una cafetería, lo suficientemente simple como para no acumular gente, pero lo suficientemente buena como para ser uno de los lugares favoritos de Morana. Fue ahí que reconoció a la mujer y con calma se acercó. Una tenue sonrisa se dibujó en su rostro, alzó la mano un poco a modo de saludo y fue entonces que alzó la voz. — Hola, cuanto tiempo... — Su voz era tranquila, pues desconocía totalmente que ella no era la persona que aparentaba ser...
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