Tenía la espalda encorvada y la mirada agotada siendo rodeada por pequeñas manchitas de colores, producto de pasar demasiado tiempo pegada a la máquina de peluches. Tiró una última vez de la palanca sin mucho ánimo y la garra se zambulló en el mar de peluches. Allí iba su último dracma, en ese lamentable intento de miles que le precedieron por conseguir alguno de esos peluches. Justo cuando había perdido las esperanzas, la garra pareció haber pescado algo y jaló hacia arriba de una larga orejita de conejo.
──────¡Ah! ¡No me... !
Allí frente a sus ojos como si la máquina se hubiera apiadado de aquella alma en desgracia, había no uno sino cinco peluches agarrados de las orejitas, sacados de un solo movimiento. Ella solo contempló boquiabierta como estos pasaron del otro lado y salieron por la puertita al exterior, hacia ella. La suerte le había sonreído.
──────¡¿Y ahora qué haré con todos ellos?!
Tenía la espalda encorvada y la mirada agotada siendo rodeada por pequeñas manchitas de colores, producto de pasar demasiado tiempo pegada a la máquina de peluches. Tiró una última vez de la palanca sin mucho ánimo y la garra se zambulló en el mar de peluches. Allí iba su último dracma, en ese lamentable intento de miles que le precedieron por conseguir alguno de esos peluches. Justo cuando había perdido las esperanzas, la garra pareció haber pescado algo y jaló hacia arriba de una larga orejita de conejo.
──────¡Ah! ¡No me... !
Allí frente a sus ojos como si la máquina se hubiera apiadado de aquella alma en desgracia, había no uno sino cinco peluches agarrados de las orejitas, sacados de un solo movimiento. Ella solo contempló boquiabierta como estos pasaron del otro lado y salieron por la puertita al exterior, hacia ella. La suerte le había sonreído.
──────¡¿Y ahora qué haré con todos ellos?!