• ❝Violet se apartó de las rejas y se acercó rápidamente hacia Cameron. Se acomodó el cabello detrás de una de sus orejas mientras se arrodillaba en el suelo para comprobar el estado del más alto. Aun respiraba. Solo estaba inconsciente. Violet suspiró aliviada, notando que una enorme carga que no habia notado hasta ese momento se libraba de encima de sus hombros.

    -No puedes volver a darme un susto asi… -le riñó, aunque no podía escucharla- A ver… Hagamos que estés un poco más cómodo…

    Terminó por sentarse en el suelo y con un esfuerzo somero tiró de Cameron para acomodar su cabeza sobre su regazo. Apoyó la espalda contra la pared y centró su mirada en las rejas frente a ella, buscando una forma en la que pudieran salir de allí… de cualquier modo…

    Y mientras pensaba, paseaba suavemente sus dedos por los bucles oscuros del mago, apartándolos de su rostro y peinándolos hacia atrás de forma mimosa y tranquila.

    -Hace veinticuatro horas era solo una bruja sin futuro alguno, con sueños que no entendía.. Sueños en los que era una persona mejor, una mujer más valiente… -se humedeció los labios con la punta de la lengua- Cuando te vi en la tienda no supe qué hacer… Pensé que me estaba volviendo loca. Estabas allí… -negó con la cabeza y descendió la mirada para, luego, atreverse a, deslizar sus dedos por el costado del rostro ajeno, perfilando su efigie inconsciente- Puede que aún esté en pleno brote psicótico, no lo sé. Pero… Quiero ser esa mujer.. Porque si es la clase de mujer por la que te enfrentarías a un gobierno podrido, es que vale la pena pelear por ella. Te ayudaré a salir de aquí y recuperarla… Sea real o no… Porque aunque no sea real… Esta está siendo la aventura de mi vida…❞




    ㅤㅤㅤ⸻ 𝑒𝑥𝑡𝑟𝑎𝑐𝑡𝑜 𝑑𝑒 𝑚𝑖 𝑟𝑜𝑙 𝑐𝑜𝑛 Cameron Lee Keane
    ❝Violet se apartó de las rejas y se acercó rápidamente hacia Cameron. Se acomodó el cabello detrás de una de sus orejas mientras se arrodillaba en el suelo para comprobar el estado del más alto. Aun respiraba. Solo estaba inconsciente. Violet suspiró aliviada, notando que una enorme carga que no habia notado hasta ese momento se libraba de encima de sus hombros. -No puedes volver a darme un susto asi… -le riñó, aunque no podía escucharla- A ver… Hagamos que estés un poco más cómodo… Terminó por sentarse en el suelo y con un esfuerzo somero tiró de Cameron para acomodar su cabeza sobre su regazo. Apoyó la espalda contra la pared y centró su mirada en las rejas frente a ella, buscando una forma en la que pudieran salir de allí… de cualquier modo… Y mientras pensaba, paseaba suavemente sus dedos por los bucles oscuros del mago, apartándolos de su rostro y peinándolos hacia atrás de forma mimosa y tranquila. -Hace veinticuatro horas era solo una bruja sin futuro alguno, con sueños que no entendía.. Sueños en los que era una persona mejor, una mujer más valiente… -se humedeció los labios con la punta de la lengua- Cuando te vi en la tienda no supe qué hacer… Pensé que me estaba volviendo loca. Estabas allí… -negó con la cabeza y descendió la mirada para, luego, atreverse a, deslizar sus dedos por el costado del rostro ajeno, perfilando su efigie inconsciente- Puede que aún esté en pleno brote psicótico, no lo sé. Pero… Quiero ser esa mujer.. Porque si es la clase de mujer por la que te enfrentarías a un gobierno podrido, es que vale la pena pelear por ella. Te ayudaré a salir de aquí y recuperarla… Sea real o no… Porque aunque no sea real… Esta está siendo la aventura de mi vida…❞ ㅤㅤㅤ⸻ 𝑒𝑥𝑡𝑟𝑎𝑐𝑡𝑜 𝑑𝑒 𝑚𝑖 𝑟𝑜𝑙 𝑐𝑜𝑛 [xLKeane] ⸻
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  • ¡¡¡Atención!!!. No suelo hacer transmisiones en vivo que no sean mis podcast. Pero creo que esto es de suma importancia. De acuerdo a la información que me brindó mi amigo el archimago. El "día de la oscuridad" que todos presenciamos... No fue arbitrario. Una entidad surgida desde las tinieblas de la infraoscuridad parece estar relacionada al evento. Y no es un críptido genérico o una mera aparición. Todo indica que se trata de un lyche. Que para quien no lo sepa, un lyche es un mago corrompido por su búsqueda de poder y vida eterna. Un mago no muerto inmortal y muy poderoso básicamente. El cuál alberga un poder tan inmenso que podríamos estar hablando de una amenaza de tipo multiversal. Por favor. Necesitamos su ayuda. Contactenme. Toda ayuda cuenta. Pronto me embarcaré a investigar el caso pero necesitamos más personas. *termino la transmisión y siento un escalofrío recorrer mi cuerpo. Fijo mi mirada en la ventana. ¿Estaremos a tiempo para detener esta amenaza?*
    ¡¡¡Atención!!!. No suelo hacer transmisiones en vivo que no sean mis podcast. Pero creo que esto es de suma importancia. De acuerdo a la información que me brindó mi amigo el archimago. El "día de la oscuridad" que todos presenciamos... No fue arbitrario. Una entidad surgida desde las tinieblas de la infraoscuridad parece estar relacionada al evento. Y no es un críptido genérico o una mera aparición. Todo indica que se trata de un lyche. Que para quien no lo sepa, un lyche es un mago corrompido por su búsqueda de poder y vida eterna. Un mago no muerto inmortal y muy poderoso básicamente. El cuál alberga un poder tan inmenso que podríamos estar hablando de una amenaza de tipo multiversal. Por favor. Necesitamos su ayuda. Contactenme. Toda ayuda cuenta. Pronto me embarcaré a investigar el caso pero necesitamos más personas. *termino la transmisión y siento un escalofrío recorrer mi cuerpo. Fijo mi mirada en la ventana. ¿Estaremos a tiempo para detener esta amenaza?*
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  • ( 𝐀𝐔 — 新選組 ) / 𝟭𝟴𝟲𝟰’, 𝙃𝙞𝙟𝙞𝙠𝙖𝙩𝙖 𝙏𝙤𝙨𝙝𝙞𝙯𝙤, 𝙨𝙚𝙜𝙪𝙣𝙙𝙤 𝙖𝙡 𝙢𝙖𝙣𝙙𝙤. 𝙀𝙡 𝘿𝙚𝙢𝙤𝙣𝙞𝙤 𝙙𝙚𝙡 𝙎𝙝𝙞𝙣𝙨𝙚𝙣𝙜𝙪𝙢𝙞.

    El bochorno de Kioto en aquel julio de 1864 se había filtrado hasta la médula de los caídos, una humedad pegajosa que convertía el aire en algo sólido y difícil de tragar. Frente a la 𝗽𝗼𝘀𝗮𝗱𝗮 𝗜𝗸𝗲𝗱𝗮𝘆𝗮, el calor del verano era una mala combinación junto con el vaho de la madera calcinada y el rastro metálico de la carnicería. Hijikata se mantenía en pie, aunque el mundo a su alrededor oscilaba con un 𝗿𝗶𝘁𝗺𝗼 𝗳𝗲𝗯𝗿𝗶𝗹. Sus pulmones reclamaban aire, pero solo encontraba brasas invisibles en cada inhalación, un castigo tras dos horas de combate cuerpo a cuerpo en el interior de aquel horno de vigas y papel.
    La yukata azul oscuro que vestía bajo el haori castaño estaba tan empapada que se adhería a su piel. No era solo sudor; manchas irregulares, densas y oscuras, se extendían por la tela, testamento de 𝘃𝗶𝗱𝗮𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲 𝗵𝗮𝗯𝛊́𝗮𝗻 𝗲𝘅𝘁𝗶𝗻𝗴𝘂𝗶𝗱𝗼 𝗯𝗮𝗷𝗼 𝘀𝘂 𝗮𝗰𝗲𝗿𝗼. Por una vez, esa sangre no era la suya, pero el peso de la fatiga era tan letal como una herida abierta.
    A sus espaldas, la fachada del Ikedaya parecían salidas del mismo infierno. Las puertas de madera noble colgaban de sus goznes, astilladas por cortes de katana que habían partido el grano de la madera como si fuera pergamino. Los postigos yacían hechos añicos en el suelo, y a través de la entrada abierta de par en par, el caos se revelaba bajo la luz vacilante de las linternas: muebles destrozados, biombos fusuma desgarrados y cuerpos que parecían multiplicarse ante sus ojos cansados cada vez que parpadeaba para limpiarse el sudor. Ocho insurgentes del dominio de Choshu habían quedado allí, sus ambiciones cercenadas en el tatami, mientras otros treinta y dos aguardaban encadenados en la calle, destinados a un juicio que Hijikata sabía que terminaría con 𝘀𝘂𝘀 𝗰𝗮𝗯𝗲𝘇𝗮𝘀 𝗲𝘅𝗽𝘂𝗲𝘀𝘁𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗽𝗶𝗰𝗮𝘀 𝗳𝗿𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗮 𝗹𝗮 𝗰𝗮́𝗿𝗰𝗲𝗹 𝗱𝗲 𝗦𝗮𝗻𝗷𝗼.
    Dos horas, ciento veinte minutos de tensión absoluta donde la deshidratación había tirado de sus músculos como si fueran sogas a punto de romperse. Había visto a sus mejores hombres tambalearse, y el momento más amargo fue ver a su soldado más letal desplomarse sobre las esteras. No había sido el acero enemigo, sino el calor traicionero y el esfuerzo sobrehumano lo que había apagado su chispa. Hijikata mismo sentía que el control sobre su propio cuerpo se le escapaba; sus piernas vibraban bajo el hakama y un temblor involuntario recorría sus antebrazos, una reacción eléctrica al agotamiento que intentaba ocultar.
    Su mano derecha seguía aferrada a la empuñadura de su katana, los nudillos blancos y endurecidos por la tensión.

    ❛¡Kondō-san!❜­­ ­ llamó, y su voz surgió como un estallido de grava, áspera por los gritos de guerra y el humo denso de las lámparas de aceite.
    A pocos metros, Kondō Isami inspeccionaba los restos de la refriega. El comandante del Shinsengumi se giró hacia él. En su rostro se leía la misma fatiga, pero sus ojos brillaban con la luz salvaje de la victoria. Al preguntarle por las bajas, la respuesta de Kondō fue poco satisfactoria: un muerto en el acto, dos más que no verían el amanecer. Los números en el papel dirían que fue un triunfo aplastante, pero él sabía que las matemáticas nunca hacían justicia al horror de la lucha.

    Sus ojos recorrieron la calle principal de Kioto. El reloj de agua ya había marcado la hora del Buey, pero las calles estaban lejos de ser silenciosas. Los curiosos se asomaban desde los callejones como espectros atraídos por la luz de las antorchas. Su presencia le revolvió el estómago. Eran mirones que buscaban entretenimiento en el rastro de la carnicería.
    Cuando Hijikata avanzó hacia ellos, su figura pareció estirarse bajo el resplandor de las teas. Era un hombre imponente, cuya estatura superaba con creces el metro ochenta, una rareza física en aquel Japón que le otorgaba un aura casi mítica. Su constitución no era la de un hombre delgado o frágil; poseía una densidad física notable que hacían que su velocidad en combate fuera aún más aterradora. Su piel, bronceada por las interminables horas de entrenamiento bajo el sol de los campos de Tama, relucía con una pátina de sudor y violencia.

    Incluso en aquel estado lamentable, cubierto de hollín y sangre, Hijikata poseía una belleza destacable. Sus rasgos eran afilados, de una simetría perfecta que parecía haber sido esculpida en piedra para encarnar el ideal del guerrero. Los rumores que corrían por las casas de té no mentían: era el hombre más hermoso que jamás hubiera portado el uniforme del Shogún, pero era una belleza peligrosa, una que advertía que detrás de aquel rostro perfecto habitaba el 𝗗𝗲𝗺𝗼𝗻𝗶𝗼 𝗱𝗲 𝗠𝗶𝗯𝘂.

    ❛¡Ustedes!❜ su voz tronó, cortando el aire húmedo como un tajo limpio. ❛¡Largo de aquí!❜
    Los civiles retrocedieron en bloque, pero algunos permanecieron paralizados por el terror. Un anciano, apoyado en un bastón de bambú, parecía a punto de desfallecer al ver el rastro rojo que manchaba las sandalias de Hijikata. El vicecomandante dio un paso más, sintiendo cómo sus propias rodillas flaqueaban por un instante antes de recuperar la compostura. El temblor de su cuerpo era una danza de nervios agotados, pero su presencia seguía siendo temible.

    ❛¿No me han oído?❜ dijo, esta vez con calma, resultaba más aterradora que cualquier grito. ❛Esto no es un espectáculo para su diversión. Largo. Ahora.❜
    El pánico surtió efecto. Los civiles huyeron hacia las sombras de los callejones, desapareciendo como ratas ante la luz. Hijikata se quedó solo en mitad de la calle, con la respiración aún agitada y el corazón golpeando sus costillas como un animal enjaulado. El silencio que siguió fue denso, roto solo por los lamentos distantes de los heridos y el zumbido persistente en sus oídos.
    ( 𝐀𝐔 — 新選組 ) / 𝟭𝟴𝟲𝟰’, 𝙃𝙞𝙟𝙞𝙠𝙖𝙩𝙖 𝙏𝙤𝙨𝙝𝙞𝙯𝙤, 𝙨𝙚𝙜𝙪𝙣𝙙𝙤 𝙖𝙡 𝙢𝙖𝙣𝙙𝙤. 𝙀𝙡 𝘿𝙚𝙢𝙤𝙣𝙞𝙤 𝙙𝙚𝙡 𝙎𝙝𝙞𝙣𝙨𝙚𝙣𝙜𝙪𝙢𝙞. El bochorno de Kioto en aquel julio de 1864 se había filtrado hasta la médula de los caídos, una humedad pegajosa que convertía el aire en algo sólido y difícil de tragar. Frente a la 𝗽𝗼𝘀𝗮𝗱𝗮 𝗜𝗸𝗲𝗱𝗮𝘆𝗮, el calor del verano era una mala combinación junto con el vaho de la madera calcinada y el rastro metálico de la carnicería. Hijikata se mantenía en pie, aunque el mundo a su alrededor oscilaba con un 𝗿𝗶𝘁𝗺𝗼 𝗳𝗲𝗯𝗿𝗶𝗹. Sus pulmones reclamaban aire, pero solo encontraba brasas invisibles en cada inhalación, un castigo tras dos horas de combate cuerpo a cuerpo en el interior de aquel horno de vigas y papel. La yukata azul oscuro que vestía bajo el haori castaño estaba tan empapada que se adhería a su piel. No era solo sudor; manchas irregulares, densas y oscuras, se extendían por la tela, testamento de 𝘃𝗶𝗱𝗮𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲 𝗵𝗮𝗯𝛊́𝗮𝗻 𝗲𝘅𝘁𝗶𝗻𝗴𝘂𝗶𝗱𝗼 𝗯𝗮𝗷𝗼 𝘀𝘂 𝗮𝗰𝗲𝗿𝗼. Por una vez, esa sangre no era la suya, pero el peso de la fatiga era tan letal como una herida abierta. A sus espaldas, la fachada del Ikedaya parecían salidas del mismo infierno. Las puertas de madera noble colgaban de sus goznes, astilladas por cortes de katana que habían partido el grano de la madera como si fuera pergamino. Los postigos yacían hechos añicos en el suelo, y a través de la entrada abierta de par en par, el caos se revelaba bajo la luz vacilante de las linternas: muebles destrozados, biombos fusuma desgarrados y cuerpos que parecían multiplicarse ante sus ojos cansados cada vez que parpadeaba para limpiarse el sudor. Ocho insurgentes del dominio de Choshu habían quedado allí, sus ambiciones cercenadas en el tatami, mientras otros treinta y dos aguardaban encadenados en la calle, destinados a un juicio que Hijikata sabía que terminaría con 𝘀𝘂𝘀 𝗰𝗮𝗯𝗲𝘇𝗮𝘀 𝗲𝘅𝗽𝘂𝗲𝘀𝘁𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗽𝗶𝗰𝗮𝘀 𝗳𝗿𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗮 𝗹𝗮 𝗰𝗮́𝗿𝗰𝗲𝗹 𝗱𝗲 𝗦𝗮𝗻𝗷𝗼. Dos horas, ciento veinte minutos de tensión absoluta donde la deshidratación había tirado de sus músculos como si fueran sogas a punto de romperse. Había visto a sus mejores hombres tambalearse, y el momento más amargo fue ver a su soldado más letal desplomarse sobre las esteras. No había sido el acero enemigo, sino el calor traicionero y el esfuerzo sobrehumano lo que había apagado su chispa. Hijikata mismo sentía que el control sobre su propio cuerpo se le escapaba; sus piernas vibraban bajo el hakama y un temblor involuntario recorría sus antebrazos, una reacción eléctrica al agotamiento que intentaba ocultar. Su mano derecha seguía aferrada a la empuñadura de su katana, los nudillos blancos y endurecidos por la tensión. ❛¡Kondō-san!❜­­ ­ llamó, y su voz surgió como un estallido de grava, áspera por los gritos de guerra y el humo denso de las lámparas de aceite. A pocos metros, Kondō Isami inspeccionaba los restos de la refriega. El comandante del Shinsengumi se giró hacia él. En su rostro se leía la misma fatiga, pero sus ojos brillaban con la luz salvaje de la victoria. Al preguntarle por las bajas, la respuesta de Kondō fue poco satisfactoria: un muerto en el acto, dos más que no verían el amanecer. Los números en el papel dirían que fue un triunfo aplastante, pero él sabía que las matemáticas nunca hacían justicia al horror de la lucha. Sus ojos recorrieron la calle principal de Kioto. El reloj de agua ya había marcado la hora del Buey, pero las calles estaban lejos de ser silenciosas. Los curiosos se asomaban desde los callejones como espectros atraídos por la luz de las antorchas. Su presencia le revolvió el estómago. Eran mirones que buscaban entretenimiento en el rastro de la carnicería. Cuando Hijikata avanzó hacia ellos, su figura pareció estirarse bajo el resplandor de las teas. Era un hombre imponente, cuya estatura superaba con creces el metro ochenta, una rareza física en aquel Japón que le otorgaba un aura casi mítica. Su constitución no era la de un hombre delgado o frágil; poseía una densidad física notable que hacían que su velocidad en combate fuera aún más aterradora. Su piel, bronceada por las interminables horas de entrenamiento bajo el sol de los campos de Tama, relucía con una pátina de sudor y violencia. Incluso en aquel estado lamentable, cubierto de hollín y sangre, Hijikata poseía una belleza destacable. Sus rasgos eran afilados, de una simetría perfecta que parecía haber sido esculpida en piedra para encarnar el ideal del guerrero. Los rumores que corrían por las casas de té no mentían: era el hombre más hermoso que jamás hubiera portado el uniforme del Shogún, pero era una belleza peligrosa, una que advertía que detrás de aquel rostro perfecto habitaba el 𝗗𝗲𝗺𝗼𝗻𝗶𝗼 𝗱𝗲 𝗠𝗶𝗯𝘂. ❛¡Ustedes!❜ su voz tronó, cortando el aire húmedo como un tajo limpio. ❛¡Largo de aquí!❜ Los civiles retrocedieron en bloque, pero algunos permanecieron paralizados por el terror. Un anciano, apoyado en un bastón de bambú, parecía a punto de desfallecer al ver el rastro rojo que manchaba las sandalias de Hijikata. El vicecomandante dio un paso más, sintiendo cómo sus propias rodillas flaqueaban por un instante antes de recuperar la compostura. El temblor de su cuerpo era una danza de nervios agotados, pero su presencia seguía siendo temible. ❛¿No me han oído?❜ dijo, esta vez con calma, resultaba más aterradora que cualquier grito. ❛Esto no es un espectáculo para su diversión. Largo. Ahora.❜ El pánico surtió efecto. Los civiles huyeron hacia las sombras de los callejones, desapareciendo como ratas ante la luz. Hijikata se quedó solo en mitad de la calle, con la respiración aún agitada y el corazón golpeando sus costillas como un animal enjaulado. El silencio que siguió fue denso, roto solo por los lamentos distantes de los heridos y el zumbido persistente en sus oídos.
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    ****Edad del Caos****
    -La Primera Anomalía

    Lejos del alcance inmediato de su padre, Yen’naferiel fue trasladada a un templo secundario por orden de Arcyelle Veltharys. No fue un acto de traición, sino de desesperación. La Santa buscaba ganar tiempo, desviando su destino para poder rescatarla después. Sin embargo, el error fue sutil y fatal: aquel templo no estaba vacío, sino ocupado por investigadores Elunai que esperaban su traslado.

    Sin saberlo, Arcyelle la había entregado directamente en manos de quienes no debían encontrarla.

    La niña fue llevada a un laboratorio oculto, donde su consciencia fue apagada mediante magia de sueño. Bajo hechizos de evaluación, los Elunai comenzaron a estudiar su esencia. Los resultados los inquietaron desde el inicio: su capacidad de aprendizaje superaba incluso la de los magos más dotados. Uno de ellos, en un intento de restar peso a lo que observaba, bromeó con que la niña parecía poseer una insaciable hambre de conocimiento, una "Gula" según sus palabras.

    Su estructura era anómala. Su “pureza” no significaba perfección, sino compatibilidad absoluta. Yen’naferiel no estaba limitada por las barreras que regían a los Elunai. En teoría, podría engendrar descendencia con cualquier raza: Elunai, Nómadas… incluso demonios.

    Ese pensamiento sembró temor, no por lo que era… sino por lo que podría llegar a crear.

    Cuando despertó, no fue recibida por cadenas ni interrogatorios, sino por una ilusión cuidadosamente diseñada. Ante ella apareció una vasta biblioteca, y junto a ella, la figura de su madre, Selin, construida con magia.

    Yen no dudó, corrió hacia ella, la ilusión respondió con dulzura, guiándola hacia los libros, observando y esperando. Aquello no era compasión, sino experimento. Querían medir cuánto podía aprender y qué tan rápido.

    La niña tomó un libro. Sus páginas estaban llenas de complejos círculos mágicos, diseñados para producir un efecto trivial: pequeñas burbujas de agua. Hechizos inútiles, usados solo como prueba de comprensión.

    Los ojos de Yen recorrieron las líneas y sonrió, sin pronunciar palabra, trazó el círculo con su propio maná bajo los pies de la falsa Selin. Las burbujas comenzaron a emerger, flotando suavemente en el aire. Los observadores, ocultos tras su velo de invisibilidad contuvieron la respiración, aquello ya era impresionante, pero luego algo cambió.

    Las burbujas dejaron de ser transparentes. Su color se tornó rojo, espeso, como si cada una estuviera hecha de sangre. La más grande envolvió a la falsa Selin, sellándola en su interior. El aire desapareció y la ilusión comenzó a fallar, el cuerpo que la sostenía, la Elunai real, no podía escapar.

    No había oxígeno, no había forma de romper la prisión. Yen la observaba ya no como una niña.

    La voz que salió de ella no era furiosa, sino fría, precisa y sobre todo molesta. Aquella figura no era su madre, podía sentirlo, su maná era incorrecto, incompleto, además faltaba algo. Faltaba la vida que Selin llevaba dentro.

    Yen le expreso el asco que sintió por ella al sentir su mana sucio y falso. Los investigadores emergieron entonces, abandonando su escondite e intentaron contenerla, pero ya era tarde. Las mismas burbujas que consideraban inofensivas se convirtieron en jaulas mortales. Uno a uno, fueron atrapados en esferas donde el aire no existía.

    El experimento había terminado y el resultado era claro. Tuvieron que intervenir soldados para someterla por la fuerza. No fue fácil e incluso siendo una niña, su control era preciso, casi instintivo pero finalmente, fue contenida y encerrada.

    Los informes posteriores fueron unánimes... Yen’naferiel no era solo una anomalía, era un peligro, no solo por su poder bruto… sino por su capacidad de comprender, alterar y perfeccionar.

    Donde otros veían un hechizo inútil… ella veía una herramienta, donde otros seguían reglas… ella las reescribía.

    Y en medio del silencio que siguió a aquel incidente, uno de los Elunai se atrevió a decir lo que muchos ya pensaban pero ninguno quería admitir. Aquello que habitaba en la niña no podía ser llamado poder, no en el sentido puro que ellos conocían. No era la luz de los dioses, ni la armonía del maná. Era algo distinto, algo que tomaba lo simple, lo inocente y lo deformaba en algo peligroso. Un hechizo infantil convertido en una trampa mortal. Una risa suave escondiendo una mente que analizaba sin emoción. Para ellos, eso no era el don de una niña… sino la manifestación de algo oscuro. Algo que corrompía desde su origen. Y fue entonces cuando, por primera vez, comenzaron a llamarla en susurros: La hija del monstruo.

    No porque conocieran la verdad… sino porque, incluso antes de que el caos descendiera sobre ellos, ya temían aquello que la había creado.
    ****Edad del Caos**** -La Primera Anomalía Lejos del alcance inmediato de su padre, Yen’naferiel fue trasladada a un templo secundario por orden de Arcyelle Veltharys. No fue un acto de traición, sino de desesperación. La Santa buscaba ganar tiempo, desviando su destino para poder rescatarla después. Sin embargo, el error fue sutil y fatal: aquel templo no estaba vacío, sino ocupado por investigadores Elunai que esperaban su traslado. Sin saberlo, Arcyelle la había entregado directamente en manos de quienes no debían encontrarla. La niña fue llevada a un laboratorio oculto, donde su consciencia fue apagada mediante magia de sueño. Bajo hechizos de evaluación, los Elunai comenzaron a estudiar su esencia. Los resultados los inquietaron desde el inicio: su capacidad de aprendizaje superaba incluso la de los magos más dotados. Uno de ellos, en un intento de restar peso a lo que observaba, bromeó con que la niña parecía poseer una insaciable hambre de conocimiento, una "Gula" según sus palabras. Su estructura era anómala. Su “pureza” no significaba perfección, sino compatibilidad absoluta. Yen’naferiel no estaba limitada por las barreras que regían a los Elunai. En teoría, podría engendrar descendencia con cualquier raza: Elunai, Nómadas… incluso demonios. Ese pensamiento sembró temor, no por lo que era… sino por lo que podría llegar a crear. Cuando despertó, no fue recibida por cadenas ni interrogatorios, sino por una ilusión cuidadosamente diseñada. Ante ella apareció una vasta biblioteca, y junto a ella, la figura de su madre, Selin, construida con magia. Yen no dudó, corrió hacia ella, la ilusión respondió con dulzura, guiándola hacia los libros, observando y esperando. Aquello no era compasión, sino experimento. Querían medir cuánto podía aprender y qué tan rápido. La niña tomó un libro. Sus páginas estaban llenas de complejos círculos mágicos, diseñados para producir un efecto trivial: pequeñas burbujas de agua. Hechizos inútiles, usados solo como prueba de comprensión. Los ojos de Yen recorrieron las líneas y sonrió, sin pronunciar palabra, trazó el círculo con su propio maná bajo los pies de la falsa Selin. Las burbujas comenzaron a emerger, flotando suavemente en el aire. Los observadores, ocultos tras su velo de invisibilidad contuvieron la respiración, aquello ya era impresionante, pero luego algo cambió. Las burbujas dejaron de ser transparentes. Su color se tornó rojo, espeso, como si cada una estuviera hecha de sangre. La más grande envolvió a la falsa Selin, sellándola en su interior. El aire desapareció y la ilusión comenzó a fallar, el cuerpo que la sostenía, la Elunai real, no podía escapar. No había oxígeno, no había forma de romper la prisión. Yen la observaba ya no como una niña. La voz que salió de ella no era furiosa, sino fría, precisa y sobre todo molesta. Aquella figura no era su madre, podía sentirlo, su maná era incorrecto, incompleto, además faltaba algo. Faltaba la vida que Selin llevaba dentro. Yen le expreso el asco que sintió por ella al sentir su mana sucio y falso. Los investigadores emergieron entonces, abandonando su escondite e intentaron contenerla, pero ya era tarde. Las mismas burbujas que consideraban inofensivas se convirtieron en jaulas mortales. Uno a uno, fueron atrapados en esferas donde el aire no existía. El experimento había terminado y el resultado era claro. Tuvieron que intervenir soldados para someterla por la fuerza. No fue fácil e incluso siendo una niña, su control era preciso, casi instintivo pero finalmente, fue contenida y encerrada. Los informes posteriores fueron unánimes... Yen’naferiel no era solo una anomalía, era un peligro, no solo por su poder bruto… sino por su capacidad de comprender, alterar y perfeccionar. Donde otros veían un hechizo inútil… ella veía una herramienta, donde otros seguían reglas… ella las reescribía. Y en medio del silencio que siguió a aquel incidente, uno de los Elunai se atrevió a decir lo que muchos ya pensaban pero ninguno quería admitir. Aquello que habitaba en la niña no podía ser llamado poder, no en el sentido puro que ellos conocían. No era la luz de los dioses, ni la armonía del maná. Era algo distinto, algo que tomaba lo simple, lo inocente y lo deformaba en algo peligroso. Un hechizo infantil convertido en una trampa mortal. Una risa suave escondiendo una mente que analizaba sin emoción. Para ellos, eso no era el don de una niña… sino la manifestación de algo oscuro. Algo que corrompía desde su origen. Y fue entonces cuando, por primera vez, comenzaron a llamarla en susurros: La hija del monstruo. No porque conocieran la verdad… sino porque, incluso antes de que el caos descendiera sobre ellos, ya temían aquello que la había creado.
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  • -Luego de volver del mundo espiritual, Angyar venía acompañada de Nathaniel solo para asegurarse que descansará.
    A unos metros de la casa ambos sintieron unas presencias conocidas para ellos, se miraron y siguieron entrando a la casa.
    Al abrir la puerta se encontraron con tres figuras, dos mujeres una pelirroja, la otra cabello canoso y un hombre de barba cabello negro, todos de traje del color de su cabello.-

    War: Vaya, te has demorado “muerte”, ya íbamos a ir a buscar.
    -dijo la mujer de cabello rojo levantándose del sillón de la peliblanca -

    Famine: tranquila “guerra”, la única inquieta de los cuatro siempre has sido tú.
    -dijo el hombre de cabello y barba negra con calma-

    Pandemic: “guerra” nos vino a buscar, y tú “ muerte” eras la última como siempre, junto con “oscuridad”.
    -Mencionó la mujer de cabello corto y canoso, la peliblanca miró de reojo a Nathaniel quien mantenía la mirada a los otros tres-

    Angy: y bien.. que hacen acá los tres. No sabía que había pijama party.
    -Pandemic se rió tapándose la boca, pero a War no le causó gracia acercándose a la peliblanca -

    War: debemos volver, yo ya estoy actuando.. luego será Famine y Pandemic, y tú darás el golpe final Death junto con Dark.

    -Angyar suspiro cruzándose de brazos cerrando los ojos, Nathaniel fue a la cocina a traer té para todos y galletas.-

    Angyar: Gracias pero está vez paso War.. si quieres hacerlo háganlo pero no cuenten conmigo.

    -Eso no le gustó mucho a la pelirroja, frunciendo el ceño agarrando el cuello de la blusa de la peliblanca acercandola-

    War: vas a ir con nosotros quieras o no Death..

    -La mirada de Angyar se volvió más fría que antes-

    Angyar: ¿o que?, vas a matarme “guerra” por no cumplir tus caprichos de niña malcriada…
    -termino de decir eso la regente del mundo espiritual y la pelirroja le lanzó un puñetazo en el rostro. El rostro de Famine y Pandemic quedaron congelados con los ojos abiertos, Nathaniel en cambio estaba en alerta.
    La peliblanca, se limpio la sangre del labio, sus ojos ya no eran azul gélidos eran un azul oscuro.-

    Angyar: déjame devolverte la caricia..
    -dijo la parca, y dió un empujón a la pelirroja hacia el baño, pero cuando está cayó la habitación no era el cuarto del baño, era un lugar oscuro que no se veía ni puertas ni salidas.
    Frente a la pelirroja una figura con una túnica negra que entre avanzaba parecía crecer, 1,87 cm o 2,00 cm.
    Debajo de la túnica una calavera con ojos brillantes se veía, antes de que la pelirroja pudiera ir a por ella, un golpe seco le dió en el estómago, la guadaña.
    Lanzandola a unos metros pisadas que no se escuchaban, cuando la pelirroja se iba a incorporar un corte en su torso rompió el silencio del lugar con el grito del jinete del apocalipsis, el dolor era insoportable, no era la piel era el alma que estaba abriendo y una luz se veía.
    Los dedos huesudos de la muerte acercaron a la luz apretando el alma de “guerra” quien grito nuevamente. Una voz completamente distorsionada y grave, que no era humana-

    Death: escúchame, está es una advertencia… si digo, no participaré, es no… si vuelves a insistir. Ya sabes que haré, ¿entendido?

    -la pelirroja se retorcía de dolor las cuencas de los ojos de la calavera parecían entrecerrar-

    Death: no te escuché… ¿entendiste?

    War: Si!!..
    -los dedos huesudos soltaron el alma del jinete y la pelirroja quedó desmayada, la apertura se cerró en cuanto sacó su mano del lugar.
    La miro un momento, y luego dió un chasquido de sus dedos, un golpe sordo se escuchó en el baño, Nathaniel sintió la presencia de ambas y fue al baño abriendo la puerta, la escena la pelirroja en la bañera desmayada y la peliblanca mirando la ventana tranquilamente.-

    Pandemic: ¿A dónde fueron?..y ¿está muerta?...
    -dijo acercándose a la pelirroja, Famine le negó mientras con Nathaniel la sacaban de la bañera, y la peliblanca caminaba a la sala de estar sentadose para terminar su té -

    Famine: Es un lugar que no está en ningún lugar físico, ni en el mundo espiritual. Dicen que ahí se alojan las pesadillas más horribles.

    Nathaniel: es un lugar creado y hecho por Azrael, si entras ahí solo ella puede sacarte, las pesadillas que están ahí Azrael las dejo en ese lugar. Y el poder de Azrael es mayor en ese lugar así como su crueldad.
    -Los dos hombres dejaron a War en el sillón largo descansar, Pandemic miraba a Angyar con algo de respeto-

    Pandemic: siento mucho molestarte, Death.
    -La peliblanca levantó su mirada a la canosa ladeando el rostro como si no entendiera lo que pasaba-

    Angyar: está bien, de igual forma es bueno ver que están bien… y no te preocupes, War está bien.. dormirá un rato pero despertará
    -Sabía que le preocupaba su amiga al menos eso podía escuchar en sus pensamientos -

    Famine: me sorprende que siendo el que podía hacer algo no intervinieran Nathaniel..
    -El secretario lo miró y luego miró a la peliblanca -

    Nathaniel: War la provocó primero, y tú ya has visto qué pasa si se enoja… podría intervenir pero si no resulta podría haberse enojado más
    -Famine se rió al escucharlo apoyando su mano en el hombro -

    Famine: veo que no solo respetas a Death… si solo te hubieran incluído no seríamos cuatro sino cinco, todos olvidaron que en Egipto después de la muerte venía..

    Nathaniel: la oscuridad…
    -añadió con voz suave mirando sombriamente-
    -Luego de volver del mundo espiritual, Angyar venía acompañada de Nathaniel solo para asegurarse que descansará. A unos metros de la casa ambos sintieron unas presencias conocidas para ellos, se miraron y siguieron entrando a la casa. Al abrir la puerta se encontraron con tres figuras, dos mujeres una pelirroja, la otra cabello canoso y un hombre de barba cabello negro, todos de traje del color de su cabello.- War: Vaya, te has demorado “muerte”, ya íbamos a ir a buscar. -dijo la mujer de cabello rojo levantándose del sillón de la peliblanca - Famine: tranquila “guerra”, la única inquieta de los cuatro siempre has sido tú. -dijo el hombre de cabello y barba negra con calma- Pandemic: “guerra” nos vino a buscar, y tú “ muerte” eras la última como siempre, junto con “oscuridad”. -Mencionó la mujer de cabello corto y canoso, la peliblanca miró de reojo a Nathaniel quien mantenía la mirada a los otros tres- Angy: y bien.. que hacen acá los tres. No sabía que había pijama party. -Pandemic se rió tapándose la boca, pero a War no le causó gracia acercándose a la peliblanca - War: debemos volver, yo ya estoy actuando.. luego será Famine y Pandemic, y tú darás el golpe final Death junto con Dark. -Angyar suspiro cruzándose de brazos cerrando los ojos, Nathaniel fue a la cocina a traer té para todos y galletas.- Angyar: Gracias pero está vez paso War.. si quieres hacerlo háganlo pero no cuenten conmigo. -Eso no le gustó mucho a la pelirroja, frunciendo el ceño agarrando el cuello de la blusa de la peliblanca acercandola- War: vas a ir con nosotros quieras o no Death.. -La mirada de Angyar se volvió más fría que antes- Angyar: ¿o que?, vas a matarme “guerra” por no cumplir tus caprichos de niña malcriada… -termino de decir eso la regente del mundo espiritual y la pelirroja le lanzó un puñetazo en el rostro. El rostro de Famine y Pandemic quedaron congelados con los ojos abiertos, Nathaniel en cambio estaba en alerta. La peliblanca, se limpio la sangre del labio, sus ojos ya no eran azul gélidos eran un azul oscuro.- Angyar: déjame devolverte la caricia.. -dijo la parca, y dió un empujón a la pelirroja hacia el baño, pero cuando está cayó la habitación no era el cuarto del baño, era un lugar oscuro que no se veía ni puertas ni salidas. Frente a la pelirroja una figura con una túnica negra que entre avanzaba parecía crecer, 1,87 cm o 2,00 cm. Debajo de la túnica una calavera con ojos brillantes se veía, antes de que la pelirroja pudiera ir a por ella, un golpe seco le dió en el estómago, la guadaña. Lanzandola a unos metros pisadas que no se escuchaban, cuando la pelirroja se iba a incorporar un corte en su torso rompió el silencio del lugar con el grito del jinete del apocalipsis, el dolor era insoportable, no era la piel era el alma que estaba abriendo y una luz se veía. Los dedos huesudos de la muerte acercaron a la luz apretando el alma de “guerra” quien grito nuevamente. Una voz completamente distorsionada y grave, que no era humana- Death: escúchame, está es una advertencia… si digo, no participaré, es no… si vuelves a insistir. Ya sabes que haré, ¿entendido? -la pelirroja se retorcía de dolor las cuencas de los ojos de la calavera parecían entrecerrar- Death: no te escuché… ¿entendiste? War: Si!!.. -los dedos huesudos soltaron el alma del jinete y la pelirroja quedó desmayada, la apertura se cerró en cuanto sacó su mano del lugar. La miro un momento, y luego dió un chasquido de sus dedos, un golpe sordo se escuchó en el baño, Nathaniel sintió la presencia de ambas y fue al baño abriendo la puerta, la escena la pelirroja en la bañera desmayada y la peliblanca mirando la ventana tranquilamente.- Pandemic: ¿A dónde fueron?..y ¿está muerta?... -dijo acercándose a la pelirroja, Famine le negó mientras con Nathaniel la sacaban de la bañera, y la peliblanca caminaba a la sala de estar sentadose para terminar su té - Famine: Es un lugar que no está en ningún lugar físico, ni en el mundo espiritual. Dicen que ahí se alojan las pesadillas más horribles. Nathaniel: es un lugar creado y hecho por Azrael, si entras ahí solo ella puede sacarte, las pesadillas que están ahí Azrael las dejo en ese lugar. Y el poder de Azrael es mayor en ese lugar así como su crueldad. -Los dos hombres dejaron a War en el sillón largo descansar, Pandemic miraba a Angyar con algo de respeto- Pandemic: siento mucho molestarte, Death. -La peliblanca levantó su mirada a la canosa ladeando el rostro como si no entendiera lo que pasaba- Angyar: está bien, de igual forma es bueno ver que están bien… y no te preocupes, War está bien.. dormirá un rato pero despertará -Sabía que le preocupaba su amiga al menos eso podía escuchar en sus pensamientos - Famine: me sorprende que siendo el que podía hacer algo no intervinieran Nathaniel.. -El secretario lo miró y luego miró a la peliblanca - Nathaniel: War la provocó primero, y tú ya has visto qué pasa si se enoja… podría intervenir pero si no resulta podría haberse enojado más -Famine se rió al escucharlo apoyando su mano en el hombro - Famine: veo que no solo respetas a Death… si solo te hubieran incluído no seríamos cuatro sino cinco, todos olvidaron que en Egipto después de la muerte venía.. Nathaniel: la oscuridad… -añadió con voz suave mirando sombriamente-
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  • *En una zona recóndita del reino de Ariantle, se encontraba Demian avanzando por las zonas de cultivo, usando su magia para curar o hidratar las plantas, revisando plagas y manteniendo el lugar con la armonía de la naturaleza*

    — (A veces me pregunto si soy agricultor mágico o mago.... y me faltan otros 30 zonas por revisar... no acabaré hasta la semana siguiente)

    *Un suspiro se percibió del hombre mientras regresaba a ver los amplios cultivos que tenía por delante y los árboles frutales que enmarcaban la zona, negando con la cabeza continuo avanzando con su labor*

    — (Bueno... trabajo es trabajo... mago de la corte.. sonaba genial en papel....)

    #FreeRol #MagicWork #MagicLife
    *En una zona recóndita del reino de Ariantle, se encontraba Demian avanzando por las zonas de cultivo, usando su magia para curar o hidratar las plantas, revisando plagas y manteniendo el lugar con la armonía de la naturaleza* — (A veces me pregunto si soy agricultor mágico o mago.... y me faltan otros 30 zonas por revisar... no acabaré hasta la semana siguiente) *Un suspiro se percibió del hombre mientras regresaba a ver los amplios cultivos que tenía por delante y los árboles frutales que enmarcaban la zona, negando con la cabeza continuo avanzando con su labor* — (Bueno... trabajo es trabajo... mago de la corte.. sonaba genial en papel....) #FreeRol #MagicWork #MagicLife
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  • —Recuérdame otra vez ¿Por qué tenemos que ir por esa cosa nosotros?

    Ambos jóvenes caminaban por el árido desierto, el sol abrasador y el viento seco que levantaba la caliente arena hasta sus rostros hacía del camino a su objetivo fuera más complicado de lo que esperaban.

    —Primero, —dice la chica— no es una «cosa» es un artefacto.

    El camino parecía infinito, el calor hacía que el entorno se difuminara a la lejanía.

    —Segundo, —continuaba ella— Si no fuera por la culpa de «alguien» —dijo volteando su rostro hacia él con ojos entrecerrados— no tendríamos que buscar un nuevo catalizador para esta pobre e indefensa maga.

    Una sensación de vergüenza y culpa cosquilleó en el estómago del joven espadachín, sabía que estar en esta situación tan molesta era su culpa, por lo cual no rechistó y siguió su camino.

    —Bueno... supongo que es «en parte» mi culpa.
    —Recuérdame otra vez ¿Por qué tenemos que ir por esa cosa nosotros? Ambos jóvenes caminaban por el árido desierto, el sol abrasador y el viento seco que levantaba la caliente arena hasta sus rostros hacía del camino a su objetivo fuera más complicado de lo que esperaban. —Primero, —dice la chica— no es una «cosa» es un artefacto. El camino parecía infinito, el calor hacía que el entorno se difuminara a la lejanía. —Segundo, —continuaba ella— Si no fuera por la culpa de «alguien» —dijo volteando su rostro hacia él con ojos entrecerrados— no tendríamos que buscar un nuevo catalizador para esta pobre e indefensa maga. Una sensación de vergüenza y culpa cosquilleó en el estómago del joven espadachín, sabía que estar en esta situación tan molesta era su culpa, por lo cual no rechistó y siguió su camino. —Bueno... supongo que es «en parte» mi culpa.
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  • Hail, dice la bruja. Los cuerpos se encuentran descansando, suavemente tendidos entre las raíces como si meramente durmieran, la tétrica ciudad del silencio ausente de roca.
    Hail, responde el espíritu. Sentado a la vera de un tronco caído, disfrutando de manera extraña el susurro constante de una estaca removiendo tierra. Una pequeña montaña de musgo a la derecha, un balde de leche recién ordeñada frente a él.

    — No es necesario. —

    La declaración los tomó a ambos por sorpresa, aun el peso haciendo eco en el aire como si esperara que en algún momento alguno tuviera la decencia de reclamarlo, pero no fue así. Simplemente, los encerró una vez más en sus pensamientos, ¿Estaban en ese momento de un encuentro casual? ¿Era eso realmente una elección o simplemente eran dos esclavos de la inercia? El estómago de uno rugía mientras la mirada del otro se apesadumbraba, curiosa danza que giraba eternamente cambiando de huésped según el momento del día.

    La luz escaseaba, llamando al olvido, y lo más cercano a un abrazo cálido que tuvo en un largo tiempo aconteció solamente por el proceso de descomposición. La muchacha tendía frente a ella, aun con pigmentos sobre la piel y el hedor ligero de lo desagradable debajo de la resina de pino que usó para asegurar su trenzado. Cómplice como solo los cadáveres pueden serlo, el espantoso encuentro del frío en las extremidades contra la sombra de la vida pasada en el vientre… Morir encinta, dos veces muerte.

    El primer búho anunció el inicio de la penumbra, y la cubeta vacía, caía hacia un lado, iniciaba el festín del bosque.

    No hubo palabras de despedida, siquiera un leve reconocimiento como para determinarse entre ellos, individuos. La bruja caminó de espaldas hasta salir del umbral dibujado en la tierra y recién ahí llegó a girarse como si realmente no hubiera nadie allí. El demonio seguiría en su espacio, siempre paciente, de que los animales tomen la parte legitima que les corresponde, después de todo, no es carroña sin la saliva de alguien más.

    Hail, dice la bruja. Los cuerpos se encuentran descansando, suavemente tendidos entre las raíces como si meramente durmieran, la tétrica ciudad del silencio ausente de roca. Hail, responde el espíritu. Sentado a la vera de un tronco caído, disfrutando de manera extraña el susurro constante de una estaca removiendo tierra. Una pequeña montaña de musgo a la derecha, un balde de leche recién ordeñada frente a él. — No es necesario. — La declaración los tomó a ambos por sorpresa, aun el peso haciendo eco en el aire como si esperara que en algún momento alguno tuviera la decencia de reclamarlo, pero no fue así. Simplemente, los encerró una vez más en sus pensamientos, ¿Estaban en ese momento de un encuentro casual? ¿Era eso realmente una elección o simplemente eran dos esclavos de la inercia? El estómago de uno rugía mientras la mirada del otro se apesadumbraba, curiosa danza que giraba eternamente cambiando de huésped según el momento del día. La luz escaseaba, llamando al olvido, y lo más cercano a un abrazo cálido que tuvo en un largo tiempo aconteció solamente por el proceso de descomposición. La muchacha tendía frente a ella, aun con pigmentos sobre la piel y el hedor ligero de lo desagradable debajo de la resina de pino que usó para asegurar su trenzado. Cómplice como solo los cadáveres pueden serlo, el espantoso encuentro del frío en las extremidades contra la sombra de la vida pasada en el vientre… Morir encinta, dos veces muerte. El primer búho anunció el inicio de la penumbra, y la cubeta vacía, caía hacia un lado, iniciaba el festín del bosque. No hubo palabras de despedida, siquiera un leve reconocimiento como para determinarse entre ellos, individuos. La bruja caminó de espaldas hasta salir del umbral dibujado en la tierra y recién ahí llegó a girarse como si realmente no hubiera nadie allí. El demonio seguiría en su espacio, siempre paciente, de que los animales tomen la parte legitima que les corresponde, después de todo, no es carroña sin la saliva de alguien más.
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  • *En el estudio de magia dentro del palacio, Demian revisaba diversos documentos sobre estudios solicitados y peticiones de la realeza, posando la mano en el mentón mientras regresaba a ver los frascos con el contenido de varias medicinas solicitadas*

    — (Al menos la decadencia de mana esta contenida... ¿Donde fueron a meterse esos caballeros y magos?.... bueno eso está solucionado solo hay que esperar a que se termine de filtrar la medicina, ahora.... ¿Una forma de mejorar la belleza?, la princesa cada vez hace peticiones mas exageradas, soy un mago no un estilista)

    *Suspirando, Demian caminaba hacia los estantes sacando libros con temáticas de magia glamour, regresando a ver por la ventana hacia el cielo, observó aquel sol de coloraciones blanco azuladas*

    — (Siempre me pregunto... ¿donde queda exactamente mi nación?, se que para llegar aqui hay que bajar, pero cualquier analicis hecho desde aqui no da resultados de nada ahi arriba... y cualquier investigación de ciencia en supra mundo no encuentra nada aqui abajo... ¿Donde entonces existe mi mundo?)

    *Al final, sacudía la cabeza finalmente regresando a centrarse en la solicitud real, observando la diversidad de magia de glamour desarrollada por sus predecesores*

    #FreeRol #MagicLife #MagicWork #ParalelLive
    *En el estudio de magia dentro del palacio, Demian revisaba diversos documentos sobre estudios solicitados y peticiones de la realeza, posando la mano en el mentón mientras regresaba a ver los frascos con el contenido de varias medicinas solicitadas* — (Al menos la decadencia de mana esta contenida... ¿Donde fueron a meterse esos caballeros y magos?.... bueno eso está solucionado solo hay que esperar a que se termine de filtrar la medicina, ahora.... ¿Una forma de mejorar la belleza?, la princesa cada vez hace peticiones mas exageradas, soy un mago no un estilista) *Suspirando, Demian caminaba hacia los estantes sacando libros con temáticas de magia glamour, regresando a ver por la ventana hacia el cielo, observó aquel sol de coloraciones blanco azuladas* — (Siempre me pregunto... ¿donde queda exactamente mi nación?, se que para llegar aqui hay que bajar, pero cualquier analicis hecho desde aqui no da resultados de nada ahi arriba... y cualquier investigación de ciencia en supra mundo no encuentra nada aqui abajo... ¿Donde entonces existe mi mundo?) *Al final, sacudía la cabeza finalmente regresando a centrarse en la solicitud real, observando la diversidad de magia de glamour desarrollada por sus predecesores* #FreeRol #MagicLife #MagicWork #ParalelLive
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  • Creo que termine justo a tiempo con esto .....

    Espero, que con esto el estomago de kalim este sadifecho .....
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