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    Buscamos personajes para esta bella comunidad¡~ todos son bienvenidos.

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    No puedo poner todos los juegos rpg horror maker porque son una banda pero si quieren usar un personaje de otro juego rpg horror siempre estoy encantada y siempre van a ser recibidos con los brazos abiertos ojala esta nostálgica y bella comunidad logre atraer mas gente.
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  • ÚLTIMA HORA | EL HORROR TIENE NUEVA DIRECCIÓN: HALLAZGO INDESCRIBIBLE EN LA CIUDAD

    "No hay palabras": La policía ha sellado un perímetro de tres manzanas tras el descubrimiento de una escena de violencia tan extrema que los reportes oficiales han sido clasificados de inmediato.

    "He visto cosas terribles en mi carrera, pero esto... esto no tiene nombre. No es solo un crimen, es una carnicería que desafía la lógica humana. Es como si una bestia hubiera sido liberada en este almacén." — Declaración anónima de un oficial en la escena.

    Los peritos confirman que, aunque hay claros indicios de una lucha desesperada, la naturaleza de las marcas y la dispersión de los restos sugieren que el asesino posiblemente tenga problemas psicológicos.
    ÚLTIMA HORA | EL HORROR TIENE NUEVA DIRECCIÓN: HALLAZGO INDESCRIBIBLE EN LA CIUDAD "No hay palabras": La policía ha sellado un perímetro de tres manzanas tras el descubrimiento de una escena de violencia tan extrema que los reportes oficiales han sido clasificados de inmediato. "He visto cosas terribles en mi carrera, pero esto... esto no tiene nombre. No es solo un crimen, es una carnicería que desafía la lógica humana. Es como si una bestia hubiera sido liberada en este almacén." — Declaración anónima de un oficial en la escena. Los peritos confirman que, aunque hay claros indicios de una lucha desesperada, la naturaleza de las marcas y la dispersión de los restos sugieren que el asesino posiblemente tenga problemas psicológicos.
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  • ──── De la sangre derramada nacen los horrores que llaman a la violencia,
    y solo mediante un castigo aún más cruel puede esa violencia ser silenciada.
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  • Castle of Whispers
    Fandom Original
    Categoría Suspenso
    { Rol privado : Morana }

    El estado solido de un castillo que relatan hace siglos yace abandonado y no parece estarlo, la curiosidad es enemigo clave de la desgracia y está por experimentar esa advertencia.

    No se conocen, aún.
    Caminaban por distintos rumbos.
    Y sin embargo, el castillo reclama con extenuante desprecio la cabeza de aquellos invasores.

    Ingreso por un túnel subterráneo cortando con el filo de su espada las duras raíces, matando pequeñas criaturas en su camino que de juntarse como una horda provocaría problemas severos a futuro. Con su experiencia analizaba el recorrido, dejaba marcas sobre las paredes por si acaso llegase a necesitar esa vía como escape.

    El estaba guiándose por su intuición, con apetito de explorador al escuchar que ahí existe un grimorio capaz de traer las almas de los muertos una única vez, al menos era importante para él.

    ⸻ Si es verdad, quisiera poder comunicarme con mi madre.

    Murmuro, la extrañaba como cualquier hijo lo haría.

    ⸻ Hablar con mis amigos muertos en batalla.

    Su voz cada vez se notaba más entristecida. Tomo aire y exhaló, se golpeo una mejilla con toda la palma.

    ⸻ No es momento de descanso, debes concentrarte.

    Recrimino, continuo caminando varios metros hasta una puerta de piedra. Empujo con todas sus fuerzas apoyando la espalda contra el muro usando las piernas y brazos como ancla, un hueco se abrió. El fuerte olor a muerte entro de lleno provoco que cubriera su nariz con un pañuelo, de entrada esqueletos de animales y exploradores algunos con un gesto de horror, otros mas compasivos y unos pocos aparentemente felices de abrazar la muerte.

    Si el rumor era cierto el ambiente alucinógeno era peor de lo que había especulado, el relicario de obsidium alrededor de su cuello (el último regalo de su viejo amigo enano) espantaba a los espíritus, los anillos anti-veneno y anti-parálisis postrados en los dedos medo y índice por precaución, el pañuelo especial que curaba los estados de confusión estaban ayudando a que su camino fuera menos difícil.

    Por el momento, exploro algunos pasillos, abriendo la puerta de algunas estancias más recuerdos abrazaban el palacio como si esas almas siguieran encerradas ahí. Tesoros de plata y oro, armas y otros objetos que pudo tomar... pero que no lo hizo.

    No ahora que nuevos pasos se escucharon en la lejanía, cuando su cuerpo se tenso y cada bello de su piel se erizo con precaución. Su corazón latió temeroso, sus ojos se clavaron en todas direcciones, más como un susurro no era el único interesado en algo tan peculiar.

    ⸻ Puedo olerte, por favor no estoy buscando conflicto o tesoros; puedes tomarlos si eso quieres.

    Hablando a la espesa niebla que lo rodea (y que desconoce su origen) estaba en alerta máxima.

    { Rol privado : [Undead_Mistress] } El estado solido de un castillo que relatan hace siglos yace abandonado y no parece estarlo, la curiosidad es enemigo clave de la desgracia y está por experimentar esa advertencia. No se conocen, aún. Caminaban por distintos rumbos. Y sin embargo, el castillo reclama con extenuante desprecio la cabeza de aquellos invasores. Ingreso por un túnel subterráneo cortando con el filo de su espada las duras raíces, matando pequeñas criaturas en su camino que de juntarse como una horda provocaría problemas severos a futuro. Con su experiencia analizaba el recorrido, dejaba marcas sobre las paredes por si acaso llegase a necesitar esa vía como escape. El estaba guiándose por su intuición, con apetito de explorador al escuchar que ahí existe un grimorio capaz de traer las almas de los muertos una única vez, al menos era importante para él. ⸻ Si es verdad, quisiera poder comunicarme con mi madre. Murmuro, la extrañaba como cualquier hijo lo haría. ⸻ Hablar con mis amigos muertos en batalla. Su voz cada vez se notaba más entristecida. Tomo aire y exhaló, se golpeo una mejilla con toda la palma. ⸻ No es momento de descanso, debes concentrarte. Recrimino, continuo caminando varios metros hasta una puerta de piedra. Empujo con todas sus fuerzas apoyando la espalda contra el muro usando las piernas y brazos como ancla, un hueco se abrió. El fuerte olor a muerte entro de lleno provoco que cubriera su nariz con un pañuelo, de entrada esqueletos de animales y exploradores algunos con un gesto de horror, otros mas compasivos y unos pocos aparentemente felices de abrazar la muerte. Si el rumor era cierto el ambiente alucinógeno era peor de lo que había especulado, el relicario de obsidium alrededor de su cuello (el último regalo de su viejo amigo enano) espantaba a los espíritus, los anillos anti-veneno y anti-parálisis postrados en los dedos medo y índice por precaución, el pañuelo especial que curaba los estados de confusión estaban ayudando a que su camino fuera menos difícil. Por el momento, exploro algunos pasillos, abriendo la puerta de algunas estancias más recuerdos abrazaban el palacio como si esas almas siguieran encerradas ahí. Tesoros de plata y oro, armas y otros objetos que pudo tomar... pero que no lo hizo. No ahora que nuevos pasos se escucharon en la lejanía, cuando su cuerpo se tenso y cada bello de su piel se erizo con precaución. Su corazón latió temeroso, sus ojos se clavaron en todas direcciones, más como un susurro no era el único interesado en algo tan peculiar. ⸻ Puedo olerte, por favor no estoy buscando conflicto o tesoros; puedes tomarlos si eso quieres. Hablando a la espesa niebla que lo rodea (y que desconoce su origen) estaba en alerta máxima.
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  • Hmmm…que horror… -Habia tenido una peculiar pesadillla que no queria ni recordar, no era capaz de levantarse de la camilla, sufrió una golpiza en la calle por ser una meta animal.-
    Hmmm…que horror… -Habia tenido una peculiar pesadillla que no queria ni recordar, no era capaz de levantarse de la camilla, sufrió una golpiza en la calle por ser una meta animal.-
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  • Que horror... Que vilipendio... ¿Por qué hay tanto pobre? Deberían quedarse en las cajas de cartón en las que viven en lugar de llenar la calle. Menuda ofensa a mí sentido de la vista, y que atentado al buen gusto
    Que horror... Que vilipendio... ¿Por qué hay tanto pobre? Deberían quedarse en las cajas de cartón en las que viven en lugar de llenar la calle. Menuda ofensa a mí sentido de la vista, y que atentado al buen gusto
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  • -"aveces para comprender la belleza debes entender el horror primero" es algo que el tipo fantasma me a enseñado en multiples ocasiones.. quizas se apor eso que la mayoria de mis pokemon tengan ese tipo-

    https://music.youtube.com/watch?v=BS49mbOY_2g&si=sTmn-AotuxDHgq7P
    -"aveces para comprender la belleza debes entender el horror primero" es algo que el tipo fantasma me a enseñado en multiples ocasiones.. quizas se apor eso que la mayoria de mis pokemon tengan ese tipo- https://music.youtube.com/watch?v=BS49mbOY_2g&si=sTmn-AotuxDHgq7P
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  • "Era hermosa. Desde joven, fue usado su rostro como inspiración para figuras, lienzos y otras representaciones de lo Divino. Estuvieron sus inmaculadas facciones tan ligadas con la Santidad, que los fieles empezaron a adorarla a ella, como si pasaran por encima del intermediario que eran las imágenes, y al rendirle tributo, se comunicasen directamente con «Eso» que observa desde arriba.

    No pudo soportarlo mucho. ¿Quién podría? ¿Ser Divino entre mortales? De dementes. Con aceite caliente, desfiguró la preciosa faz que la había maldecido. Dicen que se retorció de dolor por siete días.

    Su horrible suplicio, aunque tortuoso y duradero, no logró terminar con ella, ni con sus días como Santa. No, por el contrario: Creyentes de que el dolor la había convertido en una pía de aún mayor trascendencia, sus fieles sólo se multiplicaron, diseminando la maravillosa historia de la virgen doncella de la tez dorada que había decidido burlar a la muerte y permanecer aquí, con los mortales, los sucios, los pecadores.

    Bendito sea su horrendo dolor. Bendita sea su grotesca, desfigurada tez.

    Bendito sea el horror de la carne. Amén".
    "Era hermosa. Desde joven, fue usado su rostro como inspiración para figuras, lienzos y otras representaciones de lo Divino. Estuvieron sus inmaculadas facciones tan ligadas con la Santidad, que los fieles empezaron a adorarla a ella, como si pasaran por encima del intermediario que eran las imágenes, y al rendirle tributo, se comunicasen directamente con «Eso» que observa desde arriba. No pudo soportarlo mucho. ¿Quién podría? ¿Ser Divino entre mortales? De dementes. Con aceite caliente, desfiguró la preciosa faz que la había maldecido. Dicen que se retorció de dolor por siete días. Su horrible suplicio, aunque tortuoso y duradero, no logró terminar con ella, ni con sus días como Santa. No, por el contrario: Creyentes de que el dolor la había convertido en una pía de aún mayor trascendencia, sus fieles sólo se multiplicaron, diseminando la maravillosa historia de la virgen doncella de la tez dorada que había decidido burlar a la muerte y permanecer aquí, con los mortales, los sucios, los pecadores. Bendito sea su horrendo dolor. Bendita sea su grotesca, desfigurada tez. Bendito sea el horror de la carne. Amén".
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  • Desde lo alto de la azotea, Lyra había dejado que la ciudad se desdibujara ante sus ojos. Donde ahora se alzaban edificios fríos y luces constantes, su memoria insistía en devolverle otras formas, calles estrechas, piedra húmeda, sombras profundas donde la noche parecía respirar. Lugares que ya no existían, pero que para ella seguían intactos. Allí había corrido cuando apenas tenía nueve años.

    Huía de los Varkhûn, vampiros sanguinarios para quienes la sangre noble era ofrenda y destino. Incluso siendo una niña, Lyra lo sabía. Sabía que su linaje la marcaba, que por sus padres su sangre tenía valor. Aquella noche no corría solo para escapar...corría porque iba a ser sacrificada. Porque debía morir junto a ellos.

    La lluvia había caído sin piedad, empapándole el cabello, cegándole los ojos. Sus rodillas y brazos estaban cubiertos de raspones, la piel ardiendo con cada tropiezo, pero no se había detenido. El miedo era más fuerte que el dolor. Solo pensaba en esconderse, en seguir adelante, en no desobedecer la última voz que había escuchado.
    Su madre se había arrodillado frente a ella, con una calma rota que no encajaba con el horror de la noche. Con manos temblorosas le había colocado el collar alrededor del cuello, ajustándolo con cuidado, como si ese gesto pudiera protegerla del mundo.

    ♧ Corre, Lyra -le había susurrado -No mires atrás. Pase lo que pase… yo siempre estaré en tu corazón -Entonces corrió...corrió aferrándose a esas palabras. No miró atrás. No vio cómo sus padres se quedaban. No vio cómo la noche los reclamaba. Solo apretó el collar contra su pecho, creyendo que aquel objeto era lo único que la mantenía con vida. Lo único que le quedaba de ellos.

    No murió esa noche. No como estaba escrito. Vivió gracias al sacrificio de sus padres, y esa verdad se había convertido en una herida silenciosa que el tiempo nunca cerró. Ahora, siglos después, Lyra suspiró despacio. El sonido se perdió en el aire nocturno. Sus dedos rozaron el collar con un gesto cansado, nostálgico.

    ♧ Suficiente -se dijo a sí misma -Los lamentos no traen a los muertos de vuelta -su mente, traicionera, insinuó otra posibilidad -A menos que… no - Se obligó a apartar ese pensamiento. Comunicarse con ellos, buscar sus voces más allá del velo, era demasiado arriesgado. Ya lo había intentado una vez. Recordaba demasiado bien cómo había terminado. Nada había salido como esperaba… y las consecuencias aún la perseguían.

    Cerró los ojos un instante, dejando que la nostalgia se drenara de su mente. Cuando volvió a abrirlos, la ciudad seguía allí, viva e indiferente. Ella permanecía inmóvil, con el peso del pasado colgando de su cuello, que parecía recordarle los estragos de su yo de la niñez.
    Desde lo alto de la azotea, Lyra había dejado que la ciudad se desdibujara ante sus ojos. Donde ahora se alzaban edificios fríos y luces constantes, su memoria insistía en devolverle otras formas, calles estrechas, piedra húmeda, sombras profundas donde la noche parecía respirar. Lugares que ya no existían, pero que para ella seguían intactos. Allí había corrido cuando apenas tenía nueve años. Huía de los Varkhûn, vampiros sanguinarios para quienes la sangre noble era ofrenda y destino. Incluso siendo una niña, Lyra lo sabía. Sabía que su linaje la marcaba, que por sus padres su sangre tenía valor. Aquella noche no corría solo para escapar...corría porque iba a ser sacrificada. Porque debía morir junto a ellos. La lluvia había caído sin piedad, empapándole el cabello, cegándole los ojos. Sus rodillas y brazos estaban cubiertos de raspones, la piel ardiendo con cada tropiezo, pero no se había detenido. El miedo era más fuerte que el dolor. Solo pensaba en esconderse, en seguir adelante, en no desobedecer la última voz que había escuchado. Su madre se había arrodillado frente a ella, con una calma rota que no encajaba con el horror de la noche. Con manos temblorosas le había colocado el collar alrededor del cuello, ajustándolo con cuidado, como si ese gesto pudiera protegerla del mundo. ♧ Corre, Lyra -le había susurrado -No mires atrás. Pase lo que pase… yo siempre estaré en tu corazón -Entonces corrió...corrió aferrándose a esas palabras. No miró atrás. No vio cómo sus padres se quedaban. No vio cómo la noche los reclamaba. Solo apretó el collar contra su pecho, creyendo que aquel objeto era lo único que la mantenía con vida. Lo único que le quedaba de ellos. No murió esa noche. No como estaba escrito. Vivió gracias al sacrificio de sus padres, y esa verdad se había convertido en una herida silenciosa que el tiempo nunca cerró. Ahora, siglos después, Lyra suspiró despacio. El sonido se perdió en el aire nocturno. Sus dedos rozaron el collar con un gesto cansado, nostálgico. ♧ Suficiente -se dijo a sí misma -Los lamentos no traen a los muertos de vuelta -su mente, traicionera, insinuó otra posibilidad -A menos que… no - Se obligó a apartar ese pensamiento. Comunicarse con ellos, buscar sus voces más allá del velo, era demasiado arriesgado. Ya lo había intentado una vez. Recordaba demasiado bien cómo había terminado. Nada había salido como esperaba… y las consecuencias aún la perseguían. Cerró los ojos un instante, dejando que la nostalgia se drenara de su mente. Cuando volvió a abrirlos, la ciudad seguía allí, viva e indiferente. Ella permanecía inmóvil, con el peso del pasado colgando de su cuello, que parecía recordarle los estragos de su yo de la niñez.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
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    —•L̶a̶ ̶E̶u̶c̶a̶r̶i̶s̶t̶í̶a̶ ̶d̶e̶ ̶H̶i̶e̶r̶r̶o̶ ̶y̶ ̶P̶l̶o̶m̶o̶.

    El traqueteo del tren era un metrónomo marcando el final de sus insignificantes vidas. Sentada, con la espalda expuesta como un cebo deliberado, escuché el amartillar de sus armas. El metal desgarró mi cráneo desde atrás con una violencia deliciosa.

    La oscuridad no fue un vacío, fue un velo negro que me envolvió con suavidad. Mientras mi cuerpo se desplomaba y la sangre comenzaba a alimentar las grietas del suelo, me quedé allí, suspendida en ese zumbido eléctrico que lo borraba todo. Mis asesinos celebraban con el aliento agitado; podía oler su miedo disfrazado de triunfo, un aroma rancio que solo servía para abrirme el apetito.

    Me puse en pie sin que un solo músculo de mi rostro traicionara la paz de mi muerte ficticia. Sentí el calor de la hemorragia deslizándose por mis mejillas, encontrando el camino hacia las comisuras de mi boca. Saboreé ese licor ferroso, espeso y sucio, y dejé que se mezclara con mi aliento. Pero lo que realmente me cautivó fueron las punzadas. La bala, incrustada como un parásito en mi cerebro, enviaba latigazos de una agonía exquisita que hacían vibrar cada nervio de mi columna. Era un dolor purificador, una confirmación de que su odio era tan real como mi superioridad. Me encantaba. Disfrutaba de la caricia del plomo caliente fundiéndose con mi propia carne mientras mis tejidos, obedientes, comenzaban a devorar el proyectil.

    Me giré. Sus gritos fueron música para mis oídos. El horror en sus ojos era la única oración que sabían rezar. Vaciaron sus cargadores contra mí en un espasmo de desesperación absoluta. Las balas golpeaban mi cuerpo, pero yo solo veía fragmentos de metal intentando herir a un abismo. Con una lentitud depredadora, levanté mi mano derecha. Los miré no como a enemigos, sino como a ganado que ha olvidado su lugar en el matadero. El vagón se volvió frío, un frío sepulcral que detuvo el tiempo. Coloqué mi dedo índice frente a sus corazones desbocados y dejé que el silencio se prolongara lo suficiente para que el terror los consumiera por dentro.

    — Bang. —

    No hubo eco, solo el sonido de la realidad rompiéndose. La presión invisible los golpeó no desde fuera, sino desde su propio núcleo, obligando a sus cuerpos a estallar de adentro hacia afuera. En un parpadeo, el vagón se convirtió en una pesadilla de vísceras; el impacto proyectó fragmentos de hueso, trozos de órganos y una lluvia densa de sesos contra las paredes y el techo. El espacio quedó perdido entre un rojo absoluto y un olor a muerte tan pesado que se podía palpar.
    Me quedé allí, en medio de la carnicería, respirando el vaho caliente que emanaba de los restos. La punzada en mi cráneo finalmente cesó cuando mi cuerpo expulsó el trozo de plomo deformado, que cayó al suelo con un tintineo metálico sobre el charco de carne. Con una tranquilidad absoluta, saqué un pañuelo y limpié el desorden de mi rostro. Cuando el tren frenó y las puertas se abrieron, salí con paso firme, dejando atrás aquel matadero sagrado sin dedicarle una sola mirada a los restos de lo que alguna vez se atrevió a atacarme.
    —•L̶a̶ ̶E̶u̶c̶a̶r̶i̶s̶t̶í̶a̶ ̶d̶e̶ ̶H̶i̶e̶r̶r̶o̶ ̶y̶ ̶P̶l̶o̶m̶o̶. El traqueteo del tren era un metrónomo marcando el final de sus insignificantes vidas. Sentada, con la espalda expuesta como un cebo deliberado, escuché el amartillar de sus armas. El metal desgarró mi cráneo desde atrás con una violencia deliciosa. La oscuridad no fue un vacío, fue un velo negro que me envolvió con suavidad. Mientras mi cuerpo se desplomaba y la sangre comenzaba a alimentar las grietas del suelo, me quedé allí, suspendida en ese zumbido eléctrico que lo borraba todo. Mis asesinos celebraban con el aliento agitado; podía oler su miedo disfrazado de triunfo, un aroma rancio que solo servía para abrirme el apetito. Me puse en pie sin que un solo músculo de mi rostro traicionara la paz de mi muerte ficticia. Sentí el calor de la hemorragia deslizándose por mis mejillas, encontrando el camino hacia las comisuras de mi boca. Saboreé ese licor ferroso, espeso y sucio, y dejé que se mezclara con mi aliento. Pero lo que realmente me cautivó fueron las punzadas. La bala, incrustada como un parásito en mi cerebro, enviaba latigazos de una agonía exquisita que hacían vibrar cada nervio de mi columna. Era un dolor purificador, una confirmación de que su odio era tan real como mi superioridad. Me encantaba. Disfrutaba de la caricia del plomo caliente fundiéndose con mi propia carne mientras mis tejidos, obedientes, comenzaban a devorar el proyectil. Me giré. Sus gritos fueron música para mis oídos. El horror en sus ojos era la única oración que sabían rezar. Vaciaron sus cargadores contra mí en un espasmo de desesperación absoluta. Las balas golpeaban mi cuerpo, pero yo solo veía fragmentos de metal intentando herir a un abismo. Con una lentitud depredadora, levanté mi mano derecha. Los miré no como a enemigos, sino como a ganado que ha olvidado su lugar en el matadero. El vagón se volvió frío, un frío sepulcral que detuvo el tiempo. Coloqué mi dedo índice frente a sus corazones desbocados y dejé que el silencio se prolongara lo suficiente para que el terror los consumiera por dentro. — Bang. — No hubo eco, solo el sonido de la realidad rompiéndose. La presión invisible los golpeó no desde fuera, sino desde su propio núcleo, obligando a sus cuerpos a estallar de adentro hacia afuera. En un parpadeo, el vagón se convirtió en una pesadilla de vísceras; el impacto proyectó fragmentos de hueso, trozos de órganos y una lluvia densa de sesos contra las paredes y el techo. El espacio quedó perdido entre un rojo absoluto y un olor a muerte tan pesado que se podía palpar. Me quedé allí, en medio de la carnicería, respirando el vaho caliente que emanaba de los restos. La punzada en mi cráneo finalmente cesó cuando mi cuerpo expulsó el trozo de plomo deformado, que cayó al suelo con un tintineo metálico sobre el charco de carne. Con una tranquilidad absoluta, saqué un pañuelo y limpié el desorden de mi rostro. Cuando el tren frenó y las puertas se abrieron, salí con paso firme, dejando atrás aquel matadero sagrado sin dedicarle una sola mirada a los restos de lo que alguna vez se atrevió a atacarme.
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