• ⸻ "𝐴𝑛𝑑 𝑓𝑜𝑟 𝑡ℎ𝑒 𝑓𝑖𝑟𝑠𝑡 𝑡𝑖𝑚𝑒, 𝐼 𝑐𝑜𝑢𝑙𝑑 𝑓𝑒𝑒𝑙 𝑎 𝑠𝑜𝑓𝑡 𝑒𝑚𝑏𝑟𝑎𝑐𝑒. 𝑇ℎ𝑒 𝑜𝑛𝑒 𝑡ℎ𝑎𝑡 𝑐𝑎𝑚𝑒 𝑤𝑖𝑡ℎ 𝑡ℎ𝑒 𝑔𝑒𝑛𝑡𝑙𝑒 𝑖𝑛𝑑𝑖𝑓𝑓𝑒𝑟𝑒𝑛𝑐𝑒 𝑜𝑓 𝑡ℎ𝑒 𝑤𝑜𝑟𝑙𝑑."
    ⸻ "𝐴𝑛𝑑 𝑓𝑜𝑟 𝑡ℎ𝑒 𝑓𝑖𝑟𝑠𝑡 𝑡𝑖𝑚𝑒, 𝐼 𝑐𝑜𝑢𝑙𝑑 𝑓𝑒𝑒𝑙 𝑎 𝑠𝑜𝑓𝑡 𝑒𝑚𝑏𝑟𝑎𝑐𝑒. 𝑇ℎ𝑒 𝑜𝑛𝑒 𝑡ℎ𝑎𝑡 𝑐𝑎𝑚𝑒 𝑤𝑖𝑡ℎ 𝑡ℎ𝑒 𝑔𝑒𝑛𝑡𝑙𝑒 𝑖𝑛𝑑𝑖𝑓𝑓𝑒𝑟𝑒𝑛𝑐𝑒 𝑜𝑓 𝑡ℎ𝑒 𝑤𝑜𝑟𝑙𝑑."
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  • ➹ 𝗕𝗶𝘁𝗮́𝗰𝗼𝗿𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝘀𝗲𝗺𝗮𝗻𝗮; 𝗠𝗲𝘀𝗮 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗱𝗼𝘀.
    #𝖲𝗁𝗈𝗋𝗍𝖲𝗍𝗈𝗋𝗒 .

    Los motores encienden, pero no hay forma de mover el resto de las turbinas. El sistema está dañado, sin posibilidad de enviar señales pero ya no suena como la última vez que el tablero se encendió. La tecnología de la tierra es tan anticuada que no se puede ayudar de nada, menos cuando se está en lo que ellos llaman ''el campo''.

    Algunos días se sentía esperanzado, otros simplemente impotente. El calor en aquella zona rural requería descansos continuos, no tenía muchos suministros disponibles además del agua que encontraba de los ríos o algunos estanques, el sabor a tierra no era su favorito.
    Quejarse lo hacía sentir estúpido pues era lo que mantenía su energía, algo de cordura y la paciencia para seguir haciendo anotaciones en una libreta vieja de hojas quemadas.

    '' Revisión continua, al día de hoy no se han encontrado avances. El mismo mantenimiento se realizó ayer cuando aún había luz solar, no hay mejoría.''

    La boca de Shep se torció al plasmar esa última oración con el viejo bolígrafo en mano. Exhaló pesadamente por la nariz encorvándose un poco al bajar la mirada a sus pies. La libreta en sus manos seguía abierta, volviendo las pupilas a revisar lo pendiente.

    — Al menos tengo tiempo de sobra para comer.

    Se murmuró a sí mismo mientras recuperaba la postura, la puerta de la nave subía y bajaba por el viento si no se le colocaba un soporte mientras encontraba como reparar el circuito que la conectaba a la nave. Eso daba oportunidad a ciertos animales para curiosear su morada, entre ellos un conocido peludo de cuatro patas que, a ese punto exigía al menos una cena digna a lado del alienígena.

    El sonido agudo del animal propició a que este se alzara de su desgastado asiento, revisando una caja debajo de herramientas arrumbadas en las que almacenó maíz que encontró (robó) tras explorar algunos metros por el campo. Donde algunas pequeñas chozas se alzaban, corrales con especies animales se alertaban por su paso y las cosechas estaban libres a merced del viento y las criaturas salvajes, como él.

    — Supongo que hoy será mesa para dos.
    ➹ 𝗕𝗶𝘁𝗮́𝗰𝗼𝗿𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝘀𝗲𝗺𝗮𝗻𝗮; 𝗠𝗲𝘀𝗮 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗱𝗼𝘀. #𝖲𝗁𝗈𝗋𝗍𝖲𝗍𝗈𝗋𝗒 . Los motores encienden, pero no hay forma de mover el resto de las turbinas. El sistema está dañado, sin posibilidad de enviar señales pero ya no suena como la última vez que el tablero se encendió. La tecnología de la tierra es tan anticuada que no se puede ayudar de nada, menos cuando se está en lo que ellos llaman ''el campo''. Algunos días se sentía esperanzado, otros simplemente impotente. El calor en aquella zona rural requería descansos continuos, no tenía muchos suministros disponibles además del agua que encontraba de los ríos o algunos estanques, el sabor a tierra no era su favorito. Quejarse lo hacía sentir estúpido pues era lo que mantenía su energía, algo de cordura y la paciencia para seguir haciendo anotaciones en una libreta vieja de hojas quemadas. '' Revisión continua, al día de hoy no se han encontrado avances. El mismo mantenimiento se realizó ayer cuando aún había luz solar, no hay mejoría.'' La boca de Shep se torció al plasmar esa última oración con el viejo bolígrafo en mano. Exhaló pesadamente por la nariz encorvándose un poco al bajar la mirada a sus pies. La libreta en sus manos seguía abierta, volviendo las pupilas a revisar lo pendiente. — Al menos tengo tiempo de sobra para comer. Se murmuró a sí mismo mientras recuperaba la postura, la puerta de la nave subía y bajaba por el viento si no se le colocaba un soporte mientras encontraba como reparar el circuito que la conectaba a la nave. Eso daba oportunidad a ciertos animales para curiosear su morada, entre ellos un conocido peludo de cuatro patas que, a ese punto exigía al menos una cena digna a lado del alienígena. El sonido agudo del animal propició a que este se alzara de su desgastado asiento, revisando una caja debajo de herramientas arrumbadas en las que almacenó maíz que encontró (robó) tras explorar algunos metros por el campo. Donde algunas pequeñas chozas se alzaban, corrales con especies animales se alertaban por su paso y las cosechas estaban libres a merced del viento y las criaturas salvajes, como él. — Supongo que hoy será mesa para dos.
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  • ༒ 𝕻𝖆𝖕𝖆𝖛𝖊𝖗 𝕾𝖔𝖒𝖓𝖎𝖋𝖊𝖗𝖚𝖒.

    En la penumbra de una noche sin luna, las calles de la ciudad parecían más estrechas de lo habitual.
    La humedad descendía lentamente por los muros de piedra y las ventanas permanecían cerradas a cal y canto, como si los habitantes temieran mirar hacia el exterior. Solo algunas lámparas colgaban fuera de las casas. Moribundas, derramando una luz enfermiza que apenas lograba atravesar la niebla.

    Y aun así, alguien caminaba.

    El sonido suave de unas botas sobre el empedrado rompía el silencio con una cadencia tranquila, casi adormecedora.
    Odette avanzaba entre las sombras con la serenidad de quien no le teme a la noche. Su larga falda rozaba apenas el suelo húmedo mientras pequeños frascos tintineaban bajo su capa. El aroma tenue de hierbas secas y flores amargas parecía seguirla como un perfume fúnebre.

    Fue al cruzar una calle angosta cuando lo notó: Una ventana abierta en el tercer piso de una vieja pensión, dentro no había luz, solo una figura inmóvil observando hacia afuera.
    La silueta permanecía allí, completamente quieta detrás de las cortinas desgastadas. Ni siquiera parecía respirar.
    Entonces la ventana se cerró de golpe.

    Odette continuó caminando.
    Pero... al doblar la siguiente esquina volvió a verla.

    La misma ventana. La misma habitación. La misma figura inmóvil tras el cristal.

    Odette se detuvo esta vez.

    Sus ojos claros observaron lentamente la fachada del edificio. Las paredes estaban cubiertas de humedad y musgo oscuro. Ninguna luz habitaba el interior. Ni una sola.
    El aire olía extraño.
    No a cadáver. No a enfermedad.
    A flores.
    Flores demasiado dulces. Como lirios abandonados durante días junto a un ataúd.

    La figura detrás del cristal alzó una mano lentamente y señaló hacia abajo. Hacia la calle.

    Odette bajó la mirada.

    Había pétalos húmedos sobre el empedrado. Pequeños pétalos blancos dispersos entre los charcos oscuros, perdiéndose hacia un callejón estrecho entre dos edificios antiguos. Un camino.

    La ciudad entera parecía guardar silencio mientras ella seguía el rastro paso a paso y sin prisa, hasta llegar al final del callejón.
    Allí no había puertas ni ventanas.
    Solo un muro de piedra vieja cubierto de raíces secas.

    Y en medio de la pared… Una silla.
    Una simple silla de madera colocada frente al muro húmedo y encima de ella descansaba un ramo marchito atado con cinta negra.

    Odette observó el lugar en silencio.

    Después notó algo que hizo que sus dedos se tensaran apenas alrededor de la lámpara.
    Los pétalos no estaban sobre el suelo. Salían de las grietas entre las piedras.
    Como si algo hubiese florecido detrás del muro.

    Entonces escuchó el golpe.
    Suave. Del otro lado.

    …toc.

    Otro más.

    …toc.

    Lento... Paciente...
    Como alguien atrapado tras la pared intentando llamar la atención sin despertar a nadie.

    Odette siguió su camino.

    Lo que sea que estuviese ahí, paciente... Esperando ser notado... No formaba parte del lugar y no habría rezo o veneno que lo alejase.
    ༒ 𝕻𝖆𝖕𝖆𝖛𝖊𝖗 𝕾𝖔𝖒𝖓𝖎𝖋𝖊𝖗𝖚𝖒. En la penumbra de una noche sin luna, las calles de la ciudad parecían más estrechas de lo habitual. La humedad descendía lentamente por los muros de piedra y las ventanas permanecían cerradas a cal y canto, como si los habitantes temieran mirar hacia el exterior. Solo algunas lámparas colgaban fuera de las casas. Moribundas, derramando una luz enfermiza que apenas lograba atravesar la niebla. Y aun así, alguien caminaba. El sonido suave de unas botas sobre el empedrado rompía el silencio con una cadencia tranquila, casi adormecedora. Odette avanzaba entre las sombras con la serenidad de quien no le teme a la noche. Su larga falda rozaba apenas el suelo húmedo mientras pequeños frascos tintineaban bajo su capa. El aroma tenue de hierbas secas y flores amargas parecía seguirla como un perfume fúnebre. Fue al cruzar una calle angosta cuando lo notó: Una ventana abierta en el tercer piso de una vieja pensión, dentro no había luz, solo una figura inmóvil observando hacia afuera. La silueta permanecía allí, completamente quieta detrás de las cortinas desgastadas. Ni siquiera parecía respirar. Entonces la ventana se cerró de golpe. Odette continuó caminando. Pero... al doblar la siguiente esquina volvió a verla. La misma ventana. La misma habitación. La misma figura inmóvil tras el cristal. Odette se detuvo esta vez. Sus ojos claros observaron lentamente la fachada del edificio. Las paredes estaban cubiertas de humedad y musgo oscuro. Ninguna luz habitaba el interior. Ni una sola. El aire olía extraño. No a cadáver. No a enfermedad. A flores. Flores demasiado dulces. Como lirios abandonados durante días junto a un ataúd. La figura detrás del cristal alzó una mano lentamente y señaló hacia abajo. Hacia la calle. Odette bajó la mirada. Había pétalos húmedos sobre el empedrado. Pequeños pétalos blancos dispersos entre los charcos oscuros, perdiéndose hacia un callejón estrecho entre dos edificios antiguos. Un camino. La ciudad entera parecía guardar silencio mientras ella seguía el rastro paso a paso y sin prisa, hasta llegar al final del callejón. Allí no había puertas ni ventanas. Solo un muro de piedra vieja cubierto de raíces secas. Y en medio de la pared… Una silla. Una simple silla de madera colocada frente al muro húmedo y encima de ella descansaba un ramo marchito atado con cinta negra. Odette observó el lugar en silencio. Después notó algo que hizo que sus dedos se tensaran apenas alrededor de la lámpara. Los pétalos no estaban sobre el suelo. Salían de las grietas entre las piedras. Como si algo hubiese florecido detrás del muro. Entonces escuchó el golpe. Suave. Del otro lado. …toc. Otro más. …toc. Lento... Paciente... Como alguien atrapado tras la pared intentando llamar la atención sin despertar a nadie. Odette siguió su camino. Lo que sea que estuviese ahí, paciente... Esperando ser notado... No formaba parte del lugar y no habría rezo o veneno que lo alejase.
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    ''𝐼𝑓 𝑡𝘩𝑖𝑠 𝑖𝑠 𝑡𝘩𝑒 𝑙𝑎𝑠𝑡 𝑡𝑖𝑚𝑒… 𝑙𝑒𝑡 𝑚𝑒 𝑙𝑒𝑎𝑣𝑒 𝑤𝑖𝑡𝘩 𝑠𝑜𝑚𝑒𝑡𝘩𝑖𝑛𝑔 𝑤𝑎𝑟𝑚 𝑡𝑜 𝑟𝑒𝑚𝑒𝑚𝑏𝑒𝑟.''
    ''𝐼𝑓 𝑡𝘩𝑖𝑠 𝑖𝑠 𝑡𝘩𝑒 𝑙𝑎𝑠𝑡 𝑡𝑖𝑚𝑒… 𝑙𝑒𝑡 𝑚𝑒 𝑙𝑒𝑎𝑣𝑒 𝑤𝑖𝑡𝘩 𝑠𝑜𝑚𝑒𝑡𝘩𝑖𝑛𝑔 𝑤𝑎𝑟𝑚 𝑡𝑜 𝑟𝑒𝑚𝑒𝑚𝑏𝑒𝑟.''
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  • 𝑈𝑛 𝑓𝑟𝑎𝑔𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑝𝑎𝑠𝑎𝑑𝑜.

    Me senté en aquella roca junto al agua, como tantas veces antes. El peso de la armadura ya no me molestaba; era solo otra capa más sobre un cuerpo que se negaba a morir. Miré mi reflejo en el lago quieto: un caballero roto, un casco vacío, ojos que habían visto demasiado.

    Aquella voz me inundó cuando era solo un niño. Una presencia fría y eterna que susurró en lo más profundo de mi ser: “Levantate. La guerra te ha elegido.”. Y cumplió su palabra, pero nunca entendi que guerra era la que tenia que pelear. Vi cómo mataban a mis padres y a mis hermanos y hermanas en aquella misma noche de sangre y fuego. Intenté morir con ellos… pero no pude. Desde entonces he enterrado a amigos, a mis compañeros de armas. Imperios enteros se levantaron y cayeron mientras yo seguía aquí, respirando.

    Intenté acabar con esto muchas veces, la espada en mi propio pecho, el precipicio, el veneno. Nada funcionó. La herida se cerraba antes de que pudiera sentir alivio.

    Quinientos años. Mil. Ya ni siquiera recordaba el número. Solo sabía que estaba cansado. Muy cansado.
    —¿Cuánto más? —susurré dentro del yelmo, y mi voz sonó como grava vieja—. ¿Hasta cuándo tendré que seguir cargando esto?
    El reflejo no respondió. Solo me devolvió la misma mirada resignada.
    𝑈𝑛 𝑓𝑟𝑎𝑔𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑝𝑎𝑠𝑎𝑑𝑜. Me senté en aquella roca junto al agua, como tantas veces antes. El peso de la armadura ya no me molestaba; era solo otra capa más sobre un cuerpo que se negaba a morir. Miré mi reflejo en el lago quieto: un caballero roto, un casco vacío, ojos que habían visto demasiado. Aquella voz me inundó cuando era solo un niño. Una presencia fría y eterna que susurró en lo más profundo de mi ser: “Levantate. La guerra te ha elegido.”. Y cumplió su palabra, pero nunca entendi que guerra era la que tenia que pelear. Vi cómo mataban a mis padres y a mis hermanos y hermanas en aquella misma noche de sangre y fuego. Intenté morir con ellos… pero no pude. Desde entonces he enterrado a amigos, a mis compañeros de armas. Imperios enteros se levantaron y cayeron mientras yo seguía aquí, respirando. Intenté acabar con esto muchas veces, la espada en mi propio pecho, el precipicio, el veneno. Nada funcionó. La herida se cerraba antes de que pudiera sentir alivio. Quinientos años. Mil. Ya ni siquiera recordaba el número. Solo sabía que estaba cansado. Muy cansado. —¿Cuánto más? —susurré dentro del yelmo, y mi voz sonó como grava vieja—. ¿Hasta cuándo tendré que seguir cargando esto? El reflejo no respondió. Solo me devolvió la misma mirada resignada.
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  • † 𝖂𝖍𝖆𝖙 𝖎𝖋... †
    Categoría Terror
    { ᴀᴜ: ᴄᴀᴛʜᴇʀɪɴᴇ ᴊᴏᴠᴇɴ ʙᴜꜱᴄᴀ ᴍᴀɴᴇʀᴀꜱ ᴅᴇ ꜱᴜᴘᴇʀᴀʀ ᴀ ʟᴀ ʀᴇɪɴᴀ ʙʀᴜᴊᴀ ʏ ᴀᴅᴜᴇñᴀʀꜱᴇ ᴅᴇʟ ᴀQᴜᴇʟᴀʀʀᴇ }

    ¿𝕼𝖚é 𝖊𝖘𝖙á𝖘 𝖉𝖎𝖘𝖕𝖚𝖊𝖘𝖙𝖆 𝖆 𝖍𝖆𝖈𝖊𝖗 𝖕𝖆𝖗𝖆 𝖆𝖑𝖈𝖆𝖓𝖟𝖆𝖗 𝖑𝖆 𝖈𝖎𝖒𝖆, 𝕮𝖆𝖙𝖍𝖊𝖗𝖎𝖓𝖊?

    Lo había leído varias veces. Acerca del rey de Amarillo, la piel se le erizaba solo de pensar en ello. Iba más allá de entes infernales, de ángeles, demonios, no. El rey Amarillo era algo cósmico. La sola idea de leer su libro era capaz de provocar locura. Lo sabía bien, pero estaba más que dispuesta a intentarlo, ¿no? ¿Qué podía salir mal? Catherine era la hija de Lucifer y algún nivel de locura debería poder soportar... ¿No?

    Se observó en el espejo. Sus largos cabellos dorados caían sobre sus hombros, su juventud aún resaltaba. Apenas tenía unos veinte años, quizá un poco más. Pero su madre, la Reina bruja, seguía siendo la más poderosa del aquelarre, a Catherine la veían como la joven promesa; ella no quería ser una promesa, quería ser la más poderosa.

    El sueño más profundo de Cath se basaba en que los humanos tuvieran miedo hasta de decir su nombre, que su presencia fuese incómoda para todos, y, que si alguna vez quería venir la Santa inquisición a su puerta, no hubiera tortura que no dejase caer sobre ellos por haber matado a tantas de las suyas. ¿Acaso era culpa de las brujas ser superiores a ellos? La humanidad debía sucumbir ante los poderosos, sin el control y el orden impuesto por las brujas, éstos seguirían matándose en guerras estúpidas por más tierras, mientras los más pobres peleaban sus guerras por dos migas de pan; humanos estúpidos.

    Entonces...

    ¿𝖁𝖆𝖘 𝖆 𝖉𝖊𝖘𝖈𝖊𝖓𝖉𝖊𝖗 𝖊𝖑 𝖑𝖆𝖗𝖌𝖔 𝖈𝖆𝖒𝖎𝖓𝖔 𝖉𝖊𝖑 𝖉𝖊𝖑𝖎𝖗𝖎𝖔?

    Sí, lo haría. Tomó el libro, aún sin abrirlo emanaba una esencia poderosa. Pudo resistir... Pudo empezar a leer, cómo si se tratase de algo tan blasfemo, inefable... Que tenía que concentrarse y no dejarse caer en la demencia de una vez. Se resistía, aunque el libro parecía arrastrarla lentamente en ese vacío.

    Suspiró, intentaba recobrar su equilibrio. La resistencia no cedía aún. La búsqueda del libro fue tan ardua que jamás imaginó el impacto que tendría en ella.
    { ᴀᴜ: ᴄᴀᴛʜᴇʀɪɴᴇ ᴊᴏᴠᴇɴ ʙᴜꜱᴄᴀ ᴍᴀɴᴇʀᴀꜱ ᴅᴇ ꜱᴜᴘᴇʀᴀʀ ᴀ ʟᴀ ʀᴇɪɴᴀ ʙʀᴜᴊᴀ ʏ ᴀᴅᴜᴇñᴀʀꜱᴇ ᴅᴇʟ ᴀQᴜᴇʟᴀʀʀᴇ } ¿𝕼𝖚é 𝖊𝖘𝖙á𝖘 𝖉𝖎𝖘𝖕𝖚𝖊𝖘𝖙𝖆 𝖆 𝖍𝖆𝖈𝖊𝖗 𝖕𝖆𝖗𝖆 𝖆𝖑𝖈𝖆𝖓𝖟𝖆𝖗 𝖑𝖆 𝖈𝖎𝖒𝖆, 𝕮𝖆𝖙𝖍𝖊𝖗𝖎𝖓𝖊? Lo había leído varias veces. Acerca del rey de Amarillo, la piel se le erizaba solo de pensar en ello. Iba más allá de entes infernales, de ángeles, demonios, no. El rey Amarillo era algo cósmico. La sola idea de leer su libro era capaz de provocar locura. Lo sabía bien, pero estaba más que dispuesta a intentarlo, ¿no? ¿Qué podía salir mal? Catherine era la hija de Lucifer y algún nivel de locura debería poder soportar... ¿No? Se observó en el espejo. Sus largos cabellos dorados caían sobre sus hombros, su juventud aún resaltaba. Apenas tenía unos veinte años, quizá un poco más. Pero su madre, la Reina bruja, seguía siendo la más poderosa del aquelarre, a Catherine la veían como la joven promesa; ella no quería ser una promesa, quería ser la más poderosa. El sueño más profundo de Cath se basaba en que los humanos tuvieran miedo hasta de decir su nombre, que su presencia fuese incómoda para todos, y, que si alguna vez quería venir la Santa inquisición a su puerta, no hubiera tortura que no dejase caer sobre ellos por haber matado a tantas de las suyas. ¿Acaso era culpa de las brujas ser superiores a ellos? La humanidad debía sucumbir ante los poderosos, sin el control y el orden impuesto por las brujas, éstos seguirían matándose en guerras estúpidas por más tierras, mientras los más pobres peleaban sus guerras por dos migas de pan; humanos estúpidos. Entonces... ¿𝖁𝖆𝖘 𝖆 𝖉𝖊𝖘𝖈𝖊𝖓𝖉𝖊𝖗 𝖊𝖑 𝖑𝖆𝖗𝖌𝖔 𝖈𝖆𝖒𝖎𝖓𝖔 𝖉𝖊𝖑 𝖉𝖊𝖑𝖎𝖗𝖎𝖔? Sí, lo haría. Tomó el libro, aún sin abrirlo emanaba una esencia poderosa. Pudo resistir... Pudo empezar a leer, cómo si se tratase de algo tan blasfemo, inefable... Que tenía que concentrarse y no dejarse caer en la demencia de una vez. Se resistía, aunque el libro parecía arrastrarla lentamente en ese vacío. Suspiró, intentaba recobrar su equilibrio. La resistencia no cedía aún. La búsqueda del libro fue tan ardua que jamás imaginó el impacto que tendría en ella.
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    No frieguen, acabo de recordar por qué me fuí. Me aburro como ostra jajaja. No hay rol! //
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    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝑚y 𝙗𝒊𝙜 a𝑛d 𝙨𝒕𝙧𝒐𝙣𝒈 𝑠o𝑙d𝑖e𝑟 𝑏o𝑦


    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ ⋆ 𝚂𝙾𝙻𝙳𝙸𝙴𝚁 𝙱𝙾𝚈 ⋆
    ㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝑚y 𝙗𝒊𝙜 a𝑛d 𝙨𝒕𝙧𝒐𝙣𝒈 𝑠o𝑙d𝑖e𝑟 𝑏o𝑦 ㅤ ㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ [D0NTUSEDRUGS]
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  • Soy leal al 𝕴𝖓𝖋𝖎𝖊𝖗𝖓𝖔,no a esta patética raza de criatutas ,apenas los tocas y se mueren.
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  • Agradece a todos por sus 𝖗𝖊𝖌𝖆𝖑𝖔𝖘 y 𝖔𝖋𝖗𝖊𝖓𝖉𝖆𝖘 .

    Cómo agradecimiento no les cortará la cabeza
    Agradece a todos por sus 𝖗𝖊𝖌𝖆𝖑𝖔𝖘 y 𝖔𝖋𝖗𝖊𝖓𝖉𝖆𝖘 . Cómo agradecimiento no les cortará la cabeza
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