• 𝑆𝑖 𝑚𝑒 𝑚𝑖𝑟𝑎𝑠 𝑡𝑎𝑛𝑡𝑜 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑡𝑒 𝑚𝑖𝑟𝑜... 𝑉𝑜𝑦 𝑎 𝑝𝑒𝑛𝑠𝑎𝑟 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑠𝑡á 𝑏𝑖𝑒𝑛 𝑚𝑖𝑟𝑎𝑟𝑡𝑒... 𝐸 𝑖𝑚𝑎𝑔𝑖𝑛𝑎𝑟...
    𝑆𝑖 𝑚𝑒 𝑚𝑖𝑟𝑎𝑠 𝑡𝑎𝑛𝑡𝑜 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑡𝑒 𝑚𝑖𝑟𝑜... 𝑉𝑜𝑦 𝑎 𝑝𝑒𝑛𝑠𝑎𝑟 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑠𝑡á 𝑏𝑖𝑒𝑛 𝑚𝑖𝑟𝑎𝑟𝑡𝑒... 𝐸 𝑖𝑚𝑎𝑔𝑖𝑛𝑎𝑟...
    Me gusta
    Me endiabla
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • ❝𝑀𝑜𝑠𝑡 𝑝𝑒𝑜𝑝𝑙𝑒 𝑠𝑢𝑟𝑣𝑖𝑣𝑒 𝑚𝑦 𝑚𝑎𝑔𝑖𝑐. 𝑇𝘩𝑒 𝑙𝑢𝑐𝑘𝑦 𝑜𝑛𝑒𝑠 𝑠𝑢𝑟𝑣𝑖𝑣𝑒 𝒎𝒚 𝒂𝒕𝒕𝒆𝒏𝒕𝒊𝒐𝒏. 𝑇𝘩𝑒 𝑠𝑤𝑜𝑟𝑑 𝑖𝑠𝑛’𝑡 𝑡𝘩𝑒 𝑑𝑎𝑛𝑔𝑒𝑟𝑜𝑢𝑠 𝑝𝑎𝑟𝑡 𝑜𝑓 𝑚𝑒.❞


    https://youtu.be/1xlijyn3j8E
    ❝𝑀𝑜𝑠𝑡 𝑝𝑒𝑜𝑝𝑙𝑒 𝑠𝑢𝑟𝑣𝑖𝑣𝑒 𝑚𝑦 𝑚𝑎𝑔𝑖𝑐. 𝑇𝘩𝑒 𝑙𝑢𝑐𝑘𝑦 𝑜𝑛𝑒𝑠 𝑠𝑢𝑟𝑣𝑖𝑣𝑒 𝒎𝒚 𝒂𝒕𝒕𝒆𝒏𝒕𝒊𝒐𝒏. 𝑇𝘩𝑒 𝑠𝑤𝑜𝑟𝑑 𝑖𝑠𝑛’𝑡 𝑡𝘩𝑒 𝑑𝑎𝑛𝑔𝑒𝑟𝑜𝑢𝑠 𝑝𝑎𝑟𝑡 𝑜𝑓 𝑚𝑒.❞ https://youtu.be/1xlijyn3j8E
    Me encocora
    Me gusta
    5
    0 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    𝑻𝒉𝒆 𝑯𝒐𝒎𝒖𝒏𝒄𝒖𝒍𝒖𝒔 (𝟒)

    Cuando no está trabajando ni siguiendo algún rastro, Connor suele desaparecer durante horas, y nadie sabe exactamente dónde va. A veces termina sentado sobre la azotea de algún edificio observando una ciudad que jamás repara en su presencia. Otras permanece inmóvil frente a una ventana mientras las luces de los departamentos se encienden y apagan una a una conforme avanza la noche. No busca nada en particular, tampoco parece estar vigilando a alguien.

    Simplemente observa, y resulta extraño porque no obtiene nada de ello. Su cuerpo no necesita descansar y su mente es capaz de mantenerse activa durante días enteros sin mostrar señales de agotamiento. Podría dedicar cada segundo de su existencia a investigar, alimentarse o perfeccionar sus capacidades, pero en ocasiones acaba simplemente ocupando su tiempo en cosas que no parecen tener utilidad alguna.

    Compra café que rara vez termina. Enciende televisores a los que deja de prestar atención minutos después. Se queda escuchando conversaciones ajenas hasta que terminan, incluso cuando no tienen relación con ningún caso. Algunas veces entra a librerías, estaciones o pequeños comercios sin intención de adquirir nada. Otras simplemente camina.

    También conserva objetos, como un encendedor, una fotografía, un reloj detenido, o un boleto de tren. Ninguno posee valor aparente, ni tampoco habla de ellos, mucho menos los utiliza. Y, sin embargo, tampoco los tira.

    Connor no recuerda cuándo comenzó a adquirir esas costumbres. No sabe si las aprendió observando a otros, si pertenecieron a alguien más o si siempre estuvieron ahí. Simplemente ocurren, como si en algún punto de su existencia hubiese empezado a repetir comportamientos cuyo origen ya no puede rastrear.

    Lo único seguro es que, incluso cuando no está cazando, Connor sigue buscando algo, aunque todavía no sepa qué es.
    𝑻𝒉𝒆 𝑯𝒐𝒎𝒖𝒏𝒄𝒖𝒍𝒖𝒔 (𝟒) Cuando no está trabajando ni siguiendo algún rastro, Connor suele desaparecer durante horas, y nadie sabe exactamente dónde va. A veces termina sentado sobre la azotea de algún edificio observando una ciudad que jamás repara en su presencia. Otras permanece inmóvil frente a una ventana mientras las luces de los departamentos se encienden y apagan una a una conforme avanza la noche. No busca nada en particular, tampoco parece estar vigilando a alguien. Simplemente observa, y resulta extraño porque no obtiene nada de ello. Su cuerpo no necesita descansar y su mente es capaz de mantenerse activa durante días enteros sin mostrar señales de agotamiento. Podría dedicar cada segundo de su existencia a investigar, alimentarse o perfeccionar sus capacidades, pero en ocasiones acaba simplemente ocupando su tiempo en cosas que no parecen tener utilidad alguna. Compra café que rara vez termina. Enciende televisores a los que deja de prestar atención minutos después. Se queda escuchando conversaciones ajenas hasta que terminan, incluso cuando no tienen relación con ningún caso. Algunas veces entra a librerías, estaciones o pequeños comercios sin intención de adquirir nada. Otras simplemente camina. También conserva objetos, como un encendedor, una fotografía, un reloj detenido, o un boleto de tren. Ninguno posee valor aparente, ni tampoco habla de ellos, mucho menos los utiliza. Y, sin embargo, tampoco los tira. Connor no recuerda cuándo comenzó a adquirir esas costumbres. No sabe si las aprendió observando a otros, si pertenecieron a alguien más o si siempre estuvieron ahí. Simplemente ocurren, como si en algún punto de su existencia hubiese empezado a repetir comportamientos cuyo origen ya no puede rastrear. Lo único seguro es que, incluso cuando no está cazando, Connor sigue buscando algo, aunque todavía no sepa qué es.
    0 comentarios 0 compartidos
  • ❝ 𝐋𝐞 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐞𝐬𝐞́ 𝐝𝐞 𝐧𝐮𝐞𝐯𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐨 𝐝𝐞𝐬𝐞𝐚𝐛𝐚, 𝐪𝐮𝐞 𝐪𝐮𝐞𝐫𝛊́𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐞𝐫𝐚 𝐦𝐢 𝐬𝐨𝐥𝐞𝐝𝐚𝐝. 𝐐𝐮𝐞𝐫𝛊́𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐞𝐫𝐚 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐨𝐝𝛊́𝐚 𝐞𝐧𝐬𝐞𝐧̃𝐚𝐫𝐥𝐞 𝐲 𝐝𝐚𝐫𝐥𝐞. ¡𝐎𝐡, 𝐪𝐮𝐞́ 𝐝𝐨𝐥𝐨𝐫ⵑ 𝐓𝐨𝐝𝐨 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐨𝐝𝛊́𝐚 𝐞𝐧𝐬𝐞𝐧̃𝐚𝐫𝐥𝐞 𝐲 𝐝𝐚𝐫𝐥𝐞. ❞
    ❝ 𝐋𝐞 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐞𝐬𝐞́ 𝐝𝐞 𝐧𝐮𝐞𝐯𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐨 𝐝𝐞𝐬𝐞𝐚𝐛𝐚, 𝐪𝐮𝐞 𝐪𝐮𝐞𝐫𝛊́𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐞𝐫𝐚 𝐦𝐢 𝐬𝐨𝐥𝐞𝐝𝐚𝐝. 𝐐𝐮𝐞𝐫𝛊́𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐞𝐫𝐚 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐨𝐝𝛊́𝐚 𝐞𝐧𝐬𝐞𝐧̃𝐚𝐫𝐥𝐞 𝐲 𝐝𝐚𝐫𝐥𝐞. ¡𝐎𝐡, 𝐪𝐮𝐞́ 𝐝𝐨𝐥𝐨𝐫ⵑ 𝐓𝐨𝐝𝐨 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐨𝐝𝛊́𝐚 𝐞𝐧𝐬𝐞𝐧̃𝐚𝐫𝐥𝐞 𝐲 𝐝𝐚𝐫𝐥𝐞. ❞
    Me encocora
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • • 「𝔗𝔯𝔞𝔦𝔩𝔟𝔩𝔞𝔷𝔢」
    Categoría Original


    𝑓𝑡. Elina Drakon



    El bosque no figuraba en ninguno de los mapas.

    Aquello, por supuesto, habría resultado fascinante de no ser porque llevaba varias horas caminando en círculos.

    La espesura se alzaba a su alrededor como una arquitectura primitiva y hostil: troncos desmesurados, raíces retorcidas y copas tan densas que no permitían el paso de la luz; lo que le hacía incapaz de distinguir la mañana del anochecer. Toda la zona olía a tierra húmeda, corteza vieja y algo más difícil de nombrar, una presencia tenue que parecía observarlo desde detrás de cada árbol.

    Vestía un traje negro de corte impecable, ligeramente manchado de barro en el borde del pantalón. Aquella diminuta imperfección había conseguido irritarlo más que la posibilidad de no encontrar la salida.

    Se detuvo frente a una bifurcación idéntica a las seis anteriores.

    — Extraordinario. —murmuró, contemplando ambos senderos con una sonrisa sin humor—. Un reino oculto, completamente protegido y no por ejércitos, sino por algo más...

    Había seguido rumores durante semanas: relatos incompletos, pergaminos deslavados por el tiempo, testimonios pronunciados por personas demasiado aterradas para mentir. Todos hablaban de una nación apartada del mundo, preservada entre montañas y hechicería, un lugar cuyo nombre rara vez era escrito y jamás pronunciado dos veces seguidas.

    Él no buscaba sus tesoros.

    Buscaba algo más que aquel reino, algo que había sido ocultado mucho antes de su propia muerte.

    O quizá algo que había sido ocultado de él.

    Acomodó el puño de su camisa, aunque la tela ya descansaba en su sitio, y examinó el suelo. No había huellas, ramas rotas ni marcas recientes. Solo hojas negras llenas de humedad y una bruma baja que reptaba entre las raíces con una lentitud sospechosamente deliberada.

    — Muy bien. —dijo al bosque—. Admito que la primera hora tuvo cierto encanto.

    El silencio respondió.

    — La segunda fue repetitiva.

    Una rama crujió a su espalda.

    No volteó de inmediato.

    Su expresión permaneció serena, cortés, cuidadosamente compuesta. Sin embargo, bajo aquella elegancia fingida; algo en él se tensó. La oscuridad que habitaba su alma reconoció una presencia cercana; antigua, contenida y ajena a las criaturas ordinarias.

    — Y esta parte... —añadió, ladeando el rostro hacia un costado—. Empieza a parecer una emboscada.

    El viento atravesó las hojas, aunque ninguna rama se movió.

    Entonces distinguió, entre la niebla, una figura.

    No podía determinar si se trataba de un guardián, un viajero o una de las muchas cosas que el bosque había aprendido a imitar. Aun así, giró con completa calma y ofreció una inclinación mínima de su cabeza, como si ambos se encontraran en un salón y no en una espesura que parecía querer tragárselo entero.

    — Buenas noches. O días... Este lugar tiene una relación, francamente, pretenciosa con la luz.

    Sus ojos recorrieron a la presencia con precisión meticulosa.

    — Estoy buscando un reino que, según parece, ha invertido un esfuerzo considerable en no ser encontrado.

    Una pausa. Los labios se le curvaron con suavidad.

    — Y antes de que preguntes, no, no estoy perdido. —desvió la mirada y observó brevemente los dos caminos a su espalda: ambos idénticos.

    — Estoy permitiendo que el bosque se divierta antes de que colme mi paciencia y lo reduzca todo a cenizas.
    𝑓𝑡. Elina Drakon El bosque no figuraba en ninguno de los mapas. Aquello, por supuesto, habría resultado fascinante de no ser porque llevaba varias horas caminando en círculos. La espesura se alzaba a su alrededor como una arquitectura primitiva y hostil: troncos desmesurados, raíces retorcidas y copas tan densas que no permitían el paso de la luz; lo que le hacía incapaz de distinguir la mañana del anochecer. Toda la zona olía a tierra húmeda, corteza vieja y algo más difícil de nombrar, una presencia tenue que parecía observarlo desde detrás de cada árbol. Vestía un traje negro de corte impecable, ligeramente manchado de barro en el borde del pantalón. Aquella diminuta imperfección había conseguido irritarlo más que la posibilidad de no encontrar la salida. Se detuvo frente a una bifurcación idéntica a las seis anteriores. — Extraordinario. —murmuró, contemplando ambos senderos con una sonrisa sin humor—. Un reino oculto, completamente protegido y no por ejércitos, sino por algo más... Había seguido rumores durante semanas: relatos incompletos, pergaminos deslavados por el tiempo, testimonios pronunciados por personas demasiado aterradas para mentir. Todos hablaban de una nación apartada del mundo, preservada entre montañas y hechicería, un lugar cuyo nombre rara vez era escrito y jamás pronunciado dos veces seguidas. Él no buscaba sus tesoros. Buscaba algo más que aquel reino, algo que había sido ocultado mucho antes de su propia muerte. O quizá algo que había sido ocultado de él. Acomodó el puño de su camisa, aunque la tela ya descansaba en su sitio, y examinó el suelo. No había huellas, ramas rotas ni marcas recientes. Solo hojas negras llenas de humedad y una bruma baja que reptaba entre las raíces con una lentitud sospechosamente deliberada. — Muy bien. —dijo al bosque—. Admito que la primera hora tuvo cierto encanto. El silencio respondió. — La segunda fue repetitiva. Una rama crujió a su espalda. No volteó de inmediato. Su expresión permaneció serena, cortés, cuidadosamente compuesta. Sin embargo, bajo aquella elegancia fingida; algo en él se tensó. La oscuridad que habitaba su alma reconoció una presencia cercana; antigua, contenida y ajena a las criaturas ordinarias. — Y esta parte... —añadió, ladeando el rostro hacia un costado—. Empieza a parecer una emboscada. El viento atravesó las hojas, aunque ninguna rama se movió. Entonces distinguió, entre la niebla, una figura. No podía determinar si se trataba de un guardián, un viajero o una de las muchas cosas que el bosque había aprendido a imitar. Aun así, giró con completa calma y ofreció una inclinación mínima de su cabeza, como si ambos se encontraran en un salón y no en una espesura que parecía querer tragárselo entero. — Buenas noches. O días... Este lugar tiene una relación, francamente, pretenciosa con la luz. Sus ojos recorrieron a la presencia con precisión meticulosa. — Estoy buscando un reino que, según parece, ha invertido un esfuerzo considerable en no ser encontrado. Una pausa. Los labios se le curvaron con suavidad. — Y antes de que preguntes, no, no estoy perdido. —desvió la mirada y observó brevemente los dos caminos a su espalda: ambos idénticos. — Estoy permitiendo que el bosque se divierta antes de que colme mi paciencia y lo reduzca todo a cenizas.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    Me encocora
    Me endiabla
    3
    4 turnos 0 maullidos
  • 𝔖é 𝔮𝔲𝔢 𝔪𝔢 𝔣𝔲𝔫𝔡𝔢 𝔢𝔩 𝔠𝔞𝔩𝔬𝔯
    𝔖é 𝔡𝔢𝔰𝔞𝔭𝔞𝔯𝔢𝔠𝔢𝔯
    ℭ𝔲𝔞𝔫𝔡𝔬 𝔱ú 𝔳𝔦𝔢𝔫𝔢𝔰 𝔢𝔰 𝔠𝔲𝔞𝔫𝔡𝔬 𝔪𝔢 𝔳𝔬𝔶...
    𝔖é 𝔮𝔲𝔢 𝔪𝔢 𝔣𝔲𝔫𝔡𝔢 𝔢𝔩 𝔠𝔞𝔩𝔬𝔯 𝔖é 𝔡𝔢𝔰𝔞𝔭𝔞𝔯𝔢𝔠𝔢𝔯 ℭ𝔲𝔞𝔫𝔡𝔬 𝔱ú 𝔳𝔦𝔢𝔫𝔢𝔰 𝔢𝔰 𝔠𝔲𝔞𝔫𝔡𝔬 𝔪𝔢 𝔳𝔬𝔶...
    Me gusta
    Me encocora
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • ❝ 𝐎𝐣𝐚𝐥𝐚́ 𝐝𝐞𝐬𝐩𝐞𝐫𝐭𝐚́𝐫𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐨𝐬 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐝𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐨𝐥𝐯𝐢𝐝𝐨 𝐜𝐨𝐧 𝐥𝐚 𝐜𝐞𝐫𝐭𝐞𝐳𝐚 𝐝𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐚 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐧𝐨 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐦𝐢𝐬𝐭𝐞𝐫𝐢𝐨 𝐚𝐥𝐠𝐮𝐧𝐨, 𝐝𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐚 𝐜𝐫𝐮𝐞𝐥𝐝𝐚𝐝 𝐞𝐬 𝐩𝐮𝐫𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐢𝐦𝐩𝐞𝐫𝐬𝐨𝐧𝐚𝐥, 𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐧𝐨 𝐥𝐨 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐦𝐨𝐬. ❞
    ❝ 𝐎𝐣𝐚𝐥𝐚́ 𝐝𝐞𝐬𝐩𝐞𝐫𝐭𝐚́𝐫𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐨𝐬 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐝𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐨𝐥𝐯𝐢𝐝𝐨 𝐜𝐨𝐧 𝐥𝐚 𝐜𝐞𝐫𝐭𝐞𝐳𝐚 𝐝𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐚 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐧𝐨 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐦𝐢𝐬𝐭𝐞𝐫𝐢𝐨 𝐚𝐥𝐠𝐮𝐧𝐨, 𝐝𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐚 𝐜𝐫𝐮𝐞𝐥𝐝𝐚𝐝 𝐞𝐬 𝐩𝐮𝐫𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐢𝐦𝐩𝐞𝐫𝐬𝐨𝐧𝐚𝐥, 𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐧𝐨 𝐥𝐨 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐦𝐨𝐬. ❞
    Me encocora
    1
    2 turnos 0 maullidos
  • ❝ 𝐏𝐞𝐫𝐨 𝐞𝐥 𝐜𝐢𝐞𝐥𝐨 𝐧𝐮𝐧𝐜𝐚 𝐯𝐨𝐥𝐯𝐢𝐨́ 𝐚 𝐭𝐞𝐧𝐞𝐫 𝐞𝐥 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐨 𝐭𝐨𝐧𝐨 𝐝𝐞 𝐚𝐳𝐮𝐥. 𝐐𝐮𝐢𝐞𝐫𝐨 𝐝𝐞𝐜𝐢𝐫, 𝐞𝐥 𝐦𝐮𝐧𝐝𝐨 𝐬𝐞 𝐯𝐞𝛊́𝐚 𝐝𝐢𝐟𝐞𝐫𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐬𝐢𝐞𝐦𝐩𝐫𝐞 𝐝𝐞𝐬𝐩𝐮𝐞́𝐬, 𝐞 𝐢𝐧𝐜𝐥𝐮𝐬𝐨 𝐞𝐧 𝐥𝐨𝐬 𝐦𝐨𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐞𝐱𝐪𝐮𝐢𝐬𝐢𝐭𝐚 𝐟𝐞𝐥𝐢𝐜𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐚𝐜𝐞𝐜𝐡𝐚𝐛𝐚 𝐥𝐚 𝐨𝐬𝐜𝐮𝐫𝐢𝐝𝐚𝐝, 𝐥𝐚 𝐬𝐞𝐧𝐬𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐟𝐫𝐚𝐠𝐢𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐲 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐝𝐞𝐬𝐞𝐬𝐩𝐞𝐫𝐚𝐧𝐳𝐚. ❞
    ❝ 𝐏𝐞𝐫𝐨 𝐞𝐥 𝐜𝐢𝐞𝐥𝐨 𝐧𝐮𝐧𝐜𝐚 𝐯𝐨𝐥𝐯𝐢𝐨́ 𝐚 𝐭𝐞𝐧𝐞𝐫 𝐞𝐥 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐨 𝐭𝐨𝐧𝐨 𝐝𝐞 𝐚𝐳𝐮𝐥. 𝐐𝐮𝐢𝐞𝐫𝐨 𝐝𝐞𝐜𝐢𝐫, 𝐞𝐥 𝐦𝐮𝐧𝐝𝐨 𝐬𝐞 𝐯𝐞𝛊́𝐚 𝐝𝐢𝐟𝐞𝐫𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐬𝐢𝐞𝐦𝐩𝐫𝐞 𝐝𝐞𝐬𝐩𝐮𝐞́𝐬, 𝐞 𝐢𝐧𝐜𝐥𝐮𝐬𝐨 𝐞𝐧 𝐥𝐨𝐬 𝐦𝐨𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐞𝐱𝐪𝐮𝐢𝐬𝐢𝐭𝐚 𝐟𝐞𝐥𝐢𝐜𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐚𝐜𝐞𝐜𝐡𝐚𝐛𝐚 𝐥𝐚 𝐨𝐬𝐜𝐮𝐫𝐢𝐝𝐚𝐝, 𝐥𝐚 𝐬𝐞𝐧𝐬𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐟𝐫𝐚𝐠𝐢𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐲 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐝𝐞𝐬𝐞𝐬𝐩𝐞𝐫𝐚𝐧𝐳𝐚. ❞
    Me gusta
    Me encocora
    Me endiabla
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    ALICE SNOW

    𝓣𝓸𝓭𝓸𝓼 𝓽𝓮𝓷𝓮𝓶𝓸𝓼 𝓷𝓾𝓮𝓼𝓽𝓻𝓪 𝓹𝓻𝓸𝓹𝓲𝓪 𝓯𝓮𝓬𝓱𝓪 𝓭𝓮 𝓬𝓪𝓭𝓾𝓬𝓲𝓭𝓪𝓭
    ALICE SNOW 𝓣𝓸𝓭𝓸𝓼 𝓽𝓮𝓷𝓮𝓶𝓸𝓼 𝓷𝓾𝓮𝓼𝓽𝓻𝓪 𝓹𝓻𝓸𝓹𝓲𝓪 𝓯𝓮𝓬𝓱𝓪 𝓭𝓮 𝓬𝓪𝓭𝓾𝓬𝓲𝓭𝓪𝓭
    0 comentarios 0 compartidos
  • 𝐴𝑖𝑛𝑠... 𝑂𝑡𝑟𝑎 𝑣𝑒𝑧 𝑚𝑒 ℎ𝑎𝑛 𝑑𝑒𝑗𝑎𝑑𝑜 𝑝𝑙𝑎𝑛𝑡𝑎𝑑𝑎... 𝑆𝑒𝑟á 𝑞𝑢𝑒 𝑚𝑖 𝑚𝑎𝑑𝑟𝑒 𝑡𝑖𝑒𝑛𝑒 𝑟𝑎𝑧ó𝑛 𝑦 𝑛𝑜 𝑠𝑒 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑓𝑖𝑎𝑟 𝑒𝑛 𝑙𝑜𝑠 ℎ𝑜𝑚𝑏𝑟𝑒𝑠...
    𝐴𝑖𝑛𝑠... 𝑂𝑡𝑟𝑎 𝑣𝑒𝑧 𝑚𝑒 ℎ𝑎𝑛 𝑑𝑒𝑗𝑎𝑑𝑜 𝑝𝑙𝑎𝑛𝑡𝑎𝑑𝑎... 𝑆𝑒𝑟á 𝑞𝑢𝑒 𝑚𝑖 𝑚𝑎𝑑𝑟𝑒 𝑡𝑖𝑒𝑛𝑒 𝑟𝑎𝑧ó𝑛 𝑦 𝑛𝑜 𝑠𝑒 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑓𝑖𝑎𝑟 𝑒𝑛 𝑙𝑜𝑠 ℎ𝑜𝑚𝑏𝑟𝑒𝑠...
    Me gusta
    Me encocora
    Me entristece
    6
    24 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados