ㅤ╰─► 𝑹𝒐𝒍 𝒕𝒐:
Adrián Clark
El jardín estaba bonito, eso había que admitirlo. Luces cálidas colgadas entre los árboles, mesas redondas perfectamente ordenadas y camareros sabiendo perfectamente hacia quiénes moverse. Todo muy elegante, muy correcto… y muy insoportable para Vega.
Se quedó a medio paso detrás de sus padres mientras ellos saludaban a otra pareja. Su hermano ya había desaparecido hacia la mesa de bebidas en cuanto pudo escapar sin que su madre lo fulminara con la mirada.
Vega sostuvo la copa que le habían puesto en la mano nada más entrar. Ni siquiera sabía qué era, pero le servía como excusa para no tener que estrechar manos cada diez segundos.
—¿No estás encantada? —susurró su madre sin mirarla, con esa sonrisa fija que no se quitaba ni para respirar.
—Claro —respondió Vega en automático, también sin mirarla—. Mi plan favorito para un viernes.
Su padre rió suavemente como si fuera un chiste, aunque ambos sabían que no lo era, y volvió a girarse hacia la conversación sobre negocios, inversiones y todas esas cosas a las que ella le aburría. Vega aprovechó para dar un pequeño paso atrás. Luego otro. Nadie lo notó.
Caminó hacia uno de los laterales del jardín, donde la música llegaba más baja. Apoyó la copa en una mesa alta y se acomodó allí, observando sin realmente prestar atención a algo concreto.
Cerca de ella, dos mujeres hablaban mientras miraban hacia la entrada principal.
—Dicen que han traído a un fotógrafo muy bueno —comentó una—. No el típico de eventos… uno independiente.
—Sí, el hijo de los Herrera lo pidió, al parecer tiene buena reputación aunque sea joven.
Vega alzó apenas las cejas.
“Sesión de fotos, perfecto. Justo lo que le faltaba a la noche” —pensó, volteando sus ojos de inmediato.
Suspiró suave, tomó de nuevo su copa y se giró un poco, buscando una salida visual… aunque fuera por un momento. Todavía no había visto al famoso fotógrafo, pero ya estaba considerando seriamente en desaparecer entre los setos.
ㅤ╰─► 𝑹𝒐𝒍 𝒕𝒐:
[tempest_lime_cow_260]
El jardín estaba bonito, eso había que admitirlo. Luces cálidas colgadas entre los árboles, mesas redondas perfectamente ordenadas y camareros sabiendo perfectamente hacia quiénes moverse. Todo muy elegante, muy correcto… y muy insoportable para Vega.
Se quedó a medio paso detrás de sus padres mientras ellos saludaban a otra pareja. Su hermano ya había desaparecido hacia la mesa de bebidas en cuanto pudo escapar sin que su madre lo fulminara con la mirada.
Vega sostuvo la copa que le habían puesto en la mano nada más entrar. Ni siquiera sabía qué era, pero le servía como excusa para no tener que estrechar manos cada diez segundos.
—¿No estás encantada? —susurró su madre sin mirarla, con esa sonrisa fija que no se quitaba ni para respirar.
—Claro —respondió Vega en automático, también sin mirarla—. Mi plan favorito para un viernes.
Su padre rió suavemente como si fuera un chiste, aunque ambos sabían que no lo era, y volvió a girarse hacia la conversación sobre negocios, inversiones y todas esas cosas a las que ella le aburría. Vega aprovechó para dar un pequeño paso atrás. Luego otro. Nadie lo notó.
Caminó hacia uno de los laterales del jardín, donde la música llegaba más baja. Apoyó la copa en una mesa alta y se acomodó allí, observando sin realmente prestar atención a algo concreto.
Cerca de ella, dos mujeres hablaban mientras miraban hacia la entrada principal.
—Dicen que han traído a un fotógrafo muy bueno —comentó una—. No el típico de eventos… uno independiente.
—Sí, el hijo de los Herrera lo pidió, al parecer tiene buena reputación aunque sea joven.
Vega alzó apenas las cejas.
“Sesión de fotos, perfecto. Justo lo que le faltaba a la noche” —pensó, volteando sus ojos de inmediato.
Suspiró suave, tomó de nuevo su copa y se giró un poco, buscando una salida visual… aunque fuera por un momento. Todavía no había visto al famoso fotógrafo, pero ya estaba considerando seriamente en desaparecer entre los setos.