เผ ๐ธ๐๐๐๐๐๐๐๐๐ ๐บ๐๐๐๐๐๐๐๐๐๐.
El cielo gris dejaba entrar apenas una luz tenue por las ventanas, la noche estaba por caer. El aroma amargo de hierbas secas impregnaba el aire. Todo estaba en calma.
La leña de la chimenea que el fuego hacia crujir suavemente, el sonido del mortero golpeando plantas medicinales, y el lejano sonido de la lluvia comenzando afuera.
Odette trabajaba en silencio detrás del mostrador.
Sus manos trituraban lentamente algunas flores secas de árnica mientras revisaba mentalmente las mezclas que debía preparar antes del anochecer.
Una rutina conocida. Mecánica, segura.
Sin embargo… Algo extraño ocurrió.
Primero fue apenas un murmullo, tan bajo que ni ella misma se dio cuenta al inicio.
Una melodía suave escapando distraídamente de sus labios mientras seguía trabajando.
—โช ๐’๐ฎ ๐ข ๐ฑ๐ฐ๐ฐ๐ณ ๐ญ๐ฐ๐ฏ๐ฆ๐ด๐ฐ๐ฎ๐ฆ ๐ค๐ฐ๐ธ๐ฃ๐ฐ๐บ… โช
El movimiento de sus manos se detuvo abruptamente. El mortero quedó quieto bajo sus dedos.
Y frunció apenas el ceño, ¿por qué conocía esa canción?
El fuego siguió crepitando detrás de ella mientras la lluvia golpeaba los cristales de las ventanas.
Y por un instante algo se removió en lo profundo de su pecho.
Algo lejano, como un recuerdo visto a través de agua oscura.
Una risa grave y cansada.
Un sombrero oscuro inclinado hacia ella bajo la luz naranja de un atardecer.
Odette inhaló con dificultad.
El aire se sintió extraño de pronto, demasiado pesado.
La sensación desapareció casi inmediatamente, dejando detrás solo un vacío incómodo.
Ella parpadeó varias veces mirando el mortero frente a sí. Confundida.
No entendía por qué su corazón acababa de doler un poco.
La lluvia arreció afuera.
Odette apoyó una mano sobre el borde del mostrador mientras intentaba recuperar el hilo de sus pensamientos.
Pero algo seguía ahí...
Esa sensación imposible de explicar.
Como extrañar algo que nunca tuvo.
Como si hubiese olvidado a alguien importante sin haberlo conocido jamás.
Sus labios se movieron otra vez antes de que pudiera evitarlo.
—…๐ข ๐ญ๐ฐ๐ฏ๐จ ๐ธ๐ข๐บ ๐ง๐ณ๐ฐ๐ฎ ๐ฉ๐ฐ๐ฎ๐ฆ… โช — La voz salió apenas en un susurro roto.
Y entonces el recuerdo volvió por un segundo más fuerte.
Una figura alta apoyada contra el marco de una puerta.
Ojos azules cansados.
Una sonrisa ladeada.
La sensación cálida de volver a casa después de un día largo.
Odette cerró los ojos abruptamente.
Desapareció. Todo desapareció.
Solo quedó la botica en silencio.
El olor de las flores secas.
El sonido de la lluvia.
Y un extraño vacío en el pecho que no lograba entender.
Estuvo inmóvil varios segundos antes de volver poco a poco a su trabajo.
Pero ahora sus movimientos eran más lentos, distraídos.
Y aunque intentó ignorarlo… Aquella melodía siguió dando vueltas en su cabeza el resto de la noche como el eco de algo o alguien que nunca existió.
El cielo gris dejaba entrar apenas una luz tenue por las ventanas, la noche estaba por caer. El aroma amargo de hierbas secas impregnaba el aire. Todo estaba en calma.
La leña de la chimenea que el fuego hacia crujir suavemente, el sonido del mortero golpeando plantas medicinales, y el lejano sonido de la lluvia comenzando afuera.
Odette trabajaba en silencio detrás del mostrador.
Sus manos trituraban lentamente algunas flores secas de árnica mientras revisaba mentalmente las mezclas que debía preparar antes del anochecer.
Una rutina conocida. Mecánica, segura.
Sin embargo… Algo extraño ocurrió.
Primero fue apenas un murmullo, tan bajo que ni ella misma se dio cuenta al inicio.
Una melodía suave escapando distraídamente de sus labios mientras seguía trabajando.
—โช ๐’๐ฎ ๐ข ๐ฑ๐ฐ๐ฐ๐ณ ๐ญ๐ฐ๐ฏ๐ฆ๐ด๐ฐ๐ฎ๐ฆ ๐ค๐ฐ๐ธ๐ฃ๐ฐ๐บ… โช
El movimiento de sus manos se detuvo abruptamente. El mortero quedó quieto bajo sus dedos.
Y frunció apenas el ceño, ¿por qué conocía esa canción?
El fuego siguió crepitando detrás de ella mientras la lluvia golpeaba los cristales de las ventanas.
Y por un instante algo se removió en lo profundo de su pecho.
Algo lejano, como un recuerdo visto a través de agua oscura.
Una risa grave y cansada.
Un sombrero oscuro inclinado hacia ella bajo la luz naranja de un atardecer.
Odette inhaló con dificultad.
El aire se sintió extraño de pronto, demasiado pesado.
La sensación desapareció casi inmediatamente, dejando detrás solo un vacío incómodo.
Ella parpadeó varias veces mirando el mortero frente a sí. Confundida.
No entendía por qué su corazón acababa de doler un poco.
La lluvia arreció afuera.
Odette apoyó una mano sobre el borde del mostrador mientras intentaba recuperar el hilo de sus pensamientos.
Pero algo seguía ahí...
Esa sensación imposible de explicar.
Como extrañar algo que nunca tuvo.
Como si hubiese olvidado a alguien importante sin haberlo conocido jamás.
Sus labios se movieron otra vez antes de que pudiera evitarlo.
—…๐ข ๐ญ๐ฐ๐ฏ๐จ ๐ธ๐ข๐บ ๐ง๐ณ๐ฐ๐ฎ ๐ฉ๐ฐ๐ฎ๐ฆ… โช — La voz salió apenas en un susurro roto.
Y entonces el recuerdo volvió por un segundo más fuerte.
Una figura alta apoyada contra el marco de una puerta.
Ojos azules cansados.
Una sonrisa ladeada.
La sensación cálida de volver a casa después de un día largo.
Odette cerró los ojos abruptamente.
Desapareció. Todo desapareció.
Solo quedó la botica en silencio.
El olor de las flores secas.
El sonido de la lluvia.
Y un extraño vacío en el pecho que no lograba entender.
Estuvo inmóvil varios segundos antes de volver poco a poco a su trabajo.
Pero ahora sus movimientos eran más lentos, distraídos.
Y aunque intentó ignorarlo… Aquella melodía siguió dando vueltas en su cabeza el resto de la noche como el eco de algo o alguien que nunca existió.
เผ ๐ธ๐๐๐๐๐๐๐๐๐ ๐บ๐๐๐๐๐๐๐๐๐๐.
El cielo gris dejaba entrar apenas una luz tenue por las ventanas, la noche estaba por caer. El aroma amargo de hierbas secas impregnaba el aire. Todo estaba en calma.
La leña de la chimenea que el fuego hacia crujir suavemente, el sonido del mortero golpeando plantas medicinales, y el lejano sonido de la lluvia comenzando afuera.
Odette trabajaba en silencio detrás del mostrador.
Sus manos trituraban lentamente algunas flores secas de árnica mientras revisaba mentalmente las mezclas que debía preparar antes del anochecer.
Una rutina conocida. Mecánica, segura.
Sin embargo… Algo extraño ocurrió.
Primero fue apenas un murmullo, tan bajo que ni ella misma se dio cuenta al inicio.
Una melodía suave escapando distraídamente de sus labios mientras seguía trabajando.
—โช ๐’๐ฎ ๐ข ๐ฑ๐ฐ๐ฐ๐ณ ๐ญ๐ฐ๐ฏ๐ฆ๐ด๐ฐ๐ฎ๐ฆ ๐ค๐ฐ๐ธ๐ฃ๐ฐ๐บ… โช
El movimiento de sus manos se detuvo abruptamente. El mortero quedó quieto bajo sus dedos.
Y frunció apenas el ceño, ¿por qué conocía esa canción?
El fuego siguió crepitando detrás de ella mientras la lluvia golpeaba los cristales de las ventanas.
Y por un instante algo se removió en lo profundo de su pecho.
Algo lejano, como un recuerdo visto a través de agua oscura.
Una risa grave y cansada.
Un sombrero oscuro inclinado hacia ella bajo la luz naranja de un atardecer.
Odette inhaló con dificultad.
El aire se sintió extraño de pronto, demasiado pesado.
La sensación desapareció casi inmediatamente, dejando detrás solo un vacío incómodo.
Ella parpadeó varias veces mirando el mortero frente a sí. Confundida.
No entendía por qué su corazón acababa de doler un poco.
La lluvia arreció afuera.
Odette apoyó una mano sobre el borde del mostrador mientras intentaba recuperar el hilo de sus pensamientos.
Pero algo seguía ahí...
Esa sensación imposible de explicar.
Como extrañar algo que nunca tuvo.
Como si hubiese olvidado a alguien importante sin haberlo conocido jamás.
Sus labios se movieron otra vez antes de que pudiera evitarlo.
—…๐ข ๐ญ๐ฐ๐ฏ๐จ ๐ธ๐ข๐บ ๐ง๐ณ๐ฐ๐ฎ ๐ฉ๐ฐ๐ฎ๐ฆ… โช — La voz salió apenas en un susurro roto.
Y entonces el recuerdo volvió por un segundo más fuerte.
Una figura alta apoyada contra el marco de una puerta.
Ojos azules cansados.
Una sonrisa ladeada.
La sensación cálida de volver a casa después de un día largo.
Odette cerró los ojos abruptamente.
Desapareció. Todo desapareció.
Solo quedó la botica en silencio.
El olor de las flores secas.
El sonido de la lluvia.
Y un extraño vacío en el pecho que no lograba entender.
Estuvo inmóvil varios segundos antes de volver poco a poco a su trabajo.
Pero ahora sus movimientos eran más lentos, distraídos.
Y aunque intentó ignorarlo… Aquella melodía siguió dando vueltas en su cabeza el resto de la noche como el eco de algo o alguien que nunca existió.