• ¡Yo en peluche!
    ¿Cómo no lo había pensado antes?
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  • 𝖀𝖓... ¿𝖗𝖔𝖘𝖙𝖗𝖔 𝖋𝖆𝖒𝖎𝖑𝖎𝖆𝖗?
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    𝓡𝓸𝓵𝓮𝓹𝓵𝓪𝔂 𝔀𝓲𝓽𝓱: Eʀɪɴ



    𝕻𝖊𝖘𝖙𝖊 𝕭𝖚𝖇ó𝖓𝖎𝖈𝖆 𝖞 𝖇𝖗𝖔𝖙𝖊 𝖉𝖊 𝖛𝖎𝖗𝖚𝖊𝖑𝖆. 𝕮𝖎𝖗𝖈𝖆. 𝟏𝟓𝟗𝟑

    El miedo y la desesperación recorrían cada rincón del país. Las ciudades más grandes notaban en demasía cómo las vidas eran arrasadas por la enfermedad y la imposibilidad de ayudar a cada víctima, sin importar las medidas y cuarentenas que se tomaran. La viruela era lo peor, sin embargo, porque sin importar la casta llegaba a cualquier hogar.

    Fue así con los Lancaster. Quien la padeció terriblemente fue una joven llamada Erin. Por supuesto, los padres de esta hicieron todo lo posible para que se mejorara, pagando por los tratamientos más caros y los mejores doctores que pudieran encontrar. No parecía dar demasiados resultados y el pánico comenzaba a apoderarse del hogar. Pero entonces escucharon sobre otro médico en la ciudad. Uno extraño, de quien muchas malas lenguas decían que la muerte lo seguía allí donde fuera; otras aseguraban que hacía milagros si pagaban bien y le daban las libertades necesarias.

    Loimos fue convocado una noche. Su presencia provocó más inquietud que consuelo mientras se presentaba ante los nobles. Era muy educado, a pesar de que la máscara y el atuendo de cuero negro no transmitían precisamente tranquilidad.

    Llegó a los aposentos de la joven ya postrada en cama y no perdió tiempo en revisarla. Casi no hizo preguntas, solo cuando era estrictamente necesario; el resto lo averiguó a base de observación y pruebas, muchas de ellas realizándolas en privado. La viruela era un problema para el que aún no encontraba una respuesta clara, pero cada paciente lo acercaba un poco más a ella. Por desgracia, sin importar todo lo que hizo e intentó(sin dañar a la joven, pues los padres fueron muy estrictos respecto a su integridad), no encontró solución alguna. Muy a su propia frustración, luego de meses, tuvo que aceptar que no podría ayudarla. Necesitaba otro tipo de pacientes para examinarlos mejor.

    Su presencia desapareció de aquella vivienda como si solo se hubiese tratado de una ilusión, un fantasma y nada más. Incluso dejó de verse en la ciudad. Algunos pensaron que solo había sido un sueño febril colectivo.


    𝕷𝖆𝖘 𝖊𝖓𝖋𝖊𝖗𝖒𝖊𝖉𝖆𝖉𝖊𝖘 𝖈𝖔𝖓𝖙𝖎𝖓𝖚𝖆𝖗𝖔𝖓. 𝕮𝖎𝖗𝖈𝖆. 𝟏𝟕𝟒𝟖

    El tiempo avanzó con relativa rapidez. Las ciudades se veían más refinadas, más elegantes; se levantaron academias prestigiosas y la medicina avanzó, dando paso también a nuevos instrumentos. Los médicos se modernizaron un poco más. Loimos no había cambiado demasiado salvo por algunas prendas. Pero la máscara de pico, el sombrero, los guantes de cuero y el bastón seguían allí. Además, su cuerpo permanecía bien cubierto, como si aún intentara alejar toda peste de sí mismo a pesar de haber estado rodeado de ella durante tantos siglos.

    Las personas caminaban por las calles como si la ciudad no estuviera marcada por enfermedades y guerras. Querían olvidar. Había más control, pero todavía no existían soluciones definitivas. El doctor no creía que fuese momento para relajarse tanto.

    Sus pasos eran tranquilos, escuchándose en ocasiones el golpeteo de su bastón contra el suelo, pero todo se detuvo cuando se paró frente a una plaza. Ladeó apenas la cabeza y luego giró la mirada hacia la izquierda. Creyó haber visto algo que captó su atención. Alguien, más bien.

    Al principio pensó que era coincidencia, pero entonces observó mejor a aquella joven mujer.
    El recuerdo llegó de inmediato, aunque las diferencias eran claras. Ya no había dolor en el rostro, no se veía la fiebre reflejada en cada facción ni el debilitamiento evidente, tampoco la muerte acechando a su lado. Se veía sana. Apenas pálida, quizá. Con fuerza... e igual a la última vez que la vio. Curioso. Demasiado curioso.

    Continuó avanzando, ahora con una nueva dirección, directamente hacia la mujer. Todavía sin prisa; tampoco deseaba arruinarle el paseo o aquello que estuviese haciendo. La analizó un poco más antes de acercarse lo suficiente para que pudiera escucharlo.

    —Lady Lancaster —la voz estaba amortiguada por la máscara, aunque eso no impidió que se notara aquel tono tranquilo de siempre—. Vaya sorpresa encontrarla por aquí.

    Fue evidente que aquellas palabras solo intentaban evitar mencionar directamente el verdadero interés que despertaba en él verla todavía con vida, cuando había observado cómo esta abandonaba lentamente su cuerpo siglo y tanto atrás.

    —Admito que habría esperado encontrar sus huesos bajo tierra antes que verla paseando... o comprobar que los años no han pasado por usted ni un poco.
    𝓡𝓸𝓵𝓮𝓹𝓵𝓪𝔂 𝔀𝓲𝓽𝓱: [Black.Rose] 𝕻𝖊𝖘𝖙𝖊 𝕭𝖚𝖇ó𝖓𝖎𝖈𝖆 𝖞 𝖇𝖗𝖔𝖙𝖊 𝖉𝖊 𝖛𝖎𝖗𝖚𝖊𝖑𝖆. 𝕮𝖎𝖗𝖈𝖆. 𝟏𝟓𝟗𝟑 El miedo y la desesperación recorrían cada rincón del país. Las ciudades más grandes notaban en demasía cómo las vidas eran arrasadas por la enfermedad y la imposibilidad de ayudar a cada víctima, sin importar las medidas y cuarentenas que se tomaran. La viruela era lo peor, sin embargo, porque sin importar la casta llegaba a cualquier hogar. Fue así con los Lancaster. Quien la padeció terriblemente fue una joven llamada Erin. Por supuesto, los padres de esta hicieron todo lo posible para que se mejorara, pagando por los tratamientos más caros y los mejores doctores que pudieran encontrar. No parecía dar demasiados resultados y el pánico comenzaba a apoderarse del hogar. Pero entonces escucharon sobre otro médico en la ciudad. Uno extraño, de quien muchas malas lenguas decían que la muerte lo seguía allí donde fuera; otras aseguraban que hacía milagros si pagaban bien y le daban las libertades necesarias. Loimos fue convocado una noche. Su presencia provocó más inquietud que consuelo mientras se presentaba ante los nobles. Era muy educado, a pesar de que la máscara y el atuendo de cuero negro no transmitían precisamente tranquilidad. Llegó a los aposentos de la joven ya postrada en cama y no perdió tiempo en revisarla. Casi no hizo preguntas, solo cuando era estrictamente necesario; el resto lo averiguó a base de observación y pruebas, muchas de ellas realizándolas en privado. La viruela era un problema para el que aún no encontraba una respuesta clara, pero cada paciente lo acercaba un poco más a ella. Por desgracia, sin importar todo lo que hizo e intentó(sin dañar a la joven, pues los padres fueron muy estrictos respecto a su integridad), no encontró solución alguna. Muy a su propia frustración, luego de meses, tuvo que aceptar que no podría ayudarla. Necesitaba otro tipo de pacientes para examinarlos mejor. Su presencia desapareció de aquella vivienda como si solo se hubiese tratado de una ilusión, un fantasma y nada más. Incluso dejó de verse en la ciudad. Algunos pensaron que solo había sido un sueño febril colectivo. 𝕷𝖆𝖘 𝖊𝖓𝖋𝖊𝖗𝖒𝖊𝖉𝖆𝖉𝖊𝖘 𝖈𝖔𝖓𝖙𝖎𝖓𝖚𝖆𝖗𝖔𝖓. 𝕮𝖎𝖗𝖈𝖆. 𝟏𝟕𝟒𝟖 El tiempo avanzó con relativa rapidez. Las ciudades se veían más refinadas, más elegantes; se levantaron academias prestigiosas y la medicina avanzó, dando paso también a nuevos instrumentos. Los médicos se modernizaron un poco más. Loimos no había cambiado demasiado salvo por algunas prendas. Pero la máscara de pico, el sombrero, los guantes de cuero y el bastón seguían allí. Además, su cuerpo permanecía bien cubierto, como si aún intentara alejar toda peste de sí mismo a pesar de haber estado rodeado de ella durante tantos siglos. Las personas caminaban por las calles como si la ciudad no estuviera marcada por enfermedades y guerras. Querían olvidar. Había más control, pero todavía no existían soluciones definitivas. El doctor no creía que fuese momento para relajarse tanto. Sus pasos eran tranquilos, escuchándose en ocasiones el golpeteo de su bastón contra el suelo, pero todo se detuvo cuando se paró frente a una plaza. Ladeó apenas la cabeza y luego giró la mirada hacia la izquierda. Creyó haber visto algo que captó su atención. Alguien, más bien. Al principio pensó que era coincidencia, pero entonces observó mejor a aquella joven mujer. El recuerdo llegó de inmediato, aunque las diferencias eran claras. Ya no había dolor en el rostro, no se veía la fiebre reflejada en cada facción ni el debilitamiento evidente, tampoco la muerte acechando a su lado. Se veía sana. Apenas pálida, quizá. Con fuerza... e igual a la última vez que la vio. Curioso. Demasiado curioso. Continuó avanzando, ahora con una nueva dirección, directamente hacia la mujer. Todavía sin prisa; tampoco deseaba arruinarle el paseo o aquello que estuviese haciendo. La analizó un poco más antes de acercarse lo suficiente para que pudiera escucharlo. —Lady Lancaster —la voz estaba amortiguada por la máscara, aunque eso no impidió que se notara aquel tono tranquilo de siempre—. Vaya sorpresa encontrarla por aquí. Fue evidente que aquellas palabras solo intentaban evitar mencionar directamente el verdadero interés que despertaba en él verla todavía con vida, cuando había observado cómo esta abandonaba lentamente su cuerpo siglo y tanto atrás. —Admito que habría esperado encontrar sus huesos bajo tierra antes que verla paseando... o comprobar que los años no han pasado por usted ni un poco.
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    Ven conmigo preciosa. Sé que puedo tratarte mil veces mejor que él


    (Mi Zhami ya se canso de los hombres)
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  • LING LING KWONG
    𝖺𝗇𝗇𝗒𝖾𝗈𝗇𝗀𝗁𝖺𝗌𝖾𝗒𝗈﹗
    𝖻𝗂𝖾𝗇𝗏𝖾𝗇𝗂𝖽𝖺﹗
    [echo_green_zebra_474] 𝖺𝗇𝗇𝗒𝖾𝗈𝗇𝗀𝗁𝖺𝗌𝖾𝗒𝗈﹗ 𝖻𝗂𝖾𝗇𝗏𝖾𝗇𝗂𝖽𝖺﹗
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  • ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❝ 𝐀𝐧 𝐞𝐯𝐢𝐥 𝐟𝐨𝐫 𝐭𝐡𝐞𝐬𝐞 𝐭𝐢𝐦𝐞𝐬, 𝐝𝐞𝐬𝐭𝐢𝐧𝐞𝐝 𝐭𝐨 𝐦𝐨𝐯𝐞 𝐭𝐡𝐫𝐨𝐮𝐠𝐡 𝐭𝐡𝐞 𝐰𝐨𝐫𝐥𝐝 𝐢𝐧 𝐚 𝐡𝐚𝐧𝐝𝐬𝐨𝐦𝐞 𝐡𝐮𝐦𝐚𝐧 𝐠𝐮𝐢𝐬𝐞. ❞

    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❝ 𝐀𝐧 𝐞𝐯𝐢𝐥 𝐟𝐨𝐫 𝐭𝐡𝐞𝐬𝐞 𝐭𝐢𝐦𝐞𝐬, 𝐝𝐞𝐬𝐭𝐢𝐧𝐞𝐝 𝐭𝐨 𝐦𝐨𝐯𝐞 𝐭𝐡𝐫𝐨𝐮𝐠𝐡 𝐭𝐡𝐞 𝐰𝐨𝐫𝐥𝐝 𝐢𝐧 𝐚 𝐡𝐚𝐧𝐝𝐬𝐨𝐦𝐞 𝐡𝐮𝐦𝐚𝐧 𝐠𝐮𝐢𝐬𝐞. ❞
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  • ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❝𝑫𝒆𝒔 𝒑𝒓𝒊𝒆̀𝒓𝒆𝒔 𝒒𝒖𝒊 𝒓𝒆𝒄̧𝒐𝒊𝒗𝒆𝒏𝒕 𝒖𝒏𝒆 𝒓𝒆́𝒑𝒐𝒏𝒔𝒆❞
    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ #𝑚𝑜𝑛𝑜𝑟𝑜𝑙

    La iglesia llevaba cerrada casi una hora, y las últimas velas consumían lentamente sus llamas frente al altar mientras el resto del edificio permanecía sumido en silencio. Evander permanecido en silencio durante el rito sagrado en la sacristía, pero no estaba solo; pues una mujer ocupaba uno de los primeros bancos.

    No rezaba. Tampoco parecía especialmente interesada en hacerlo. Simplemente permanecía allí, observando la cruz suspendida sobre el altar como si esperara que esta tuviera algo que decirle. Y entonces, Chevalier abrió los ojos, girando el rostro al costado derecho para poder observar a sus espaldas a quien permanece en silencio.

    —La mayoría de las personas que vienen a estas horas buscan estar a solas —rompió el silencio, algo que hizo a la mujer apartar la vista de la cruz.

    — Quizás —respondió.

    — Y sin embargo sigue aquí —el rosario entre sus manos se menea con ligereza ante el poco movimiento, con la cruz apuntando al sacrosanto crucificado frente suyo. Ella soltó una pequeña sonrisa.

    — ¿Eso le molesta?

    —No —el padre Chevalier observó las velas durante unos segundos antes de devolver la mirada vuelta a ella—. Solo me vuelve curioso.

    El silencio se prolongó entre ambos, siendo el sonido del fuego crepitar entre algunas velas y los inciensos. El silencio se prolongó entre ambos hasta que fue Evander quien continuó.

    — ¿Por qué reza? —devolvió su rostro hacia delante una vez más, esperando una respuesta o el silencio de parte de la mujer, quien pareció sorprenderse.

    — Porque necesito creer que alguien escucha.

    El sacerdote se limita a asentir lentamente.

    — Ya veo.

    — ¿Y usted? ¿Por qué reza?

    Por primera vez alzó la mirada hacia el altar de ello. La mirada permanece fija en los clavos tallados del Nazareno, en la sangre y la imagen de mártir que lo precede. Saboreaba una respuesta en la punta de la lengua, entreabriendo los labios al punto de no emitir algo todavía.

    — Curiosidad.

    La respuesta hizo que ella frunciera el ceño, evaluando una respuesta tan inesperada, y quizás una que rozaba con salirse de los morales dogmáticos.

    — Esa es una razón extraña para un sacerdote.

    Una leve sonrisa aparece entonces en el rostro del inquisidor.

    — Las personas rezan esperando encontrar respuestas. Yo rezo porque las preguntas siguen mejorando. Es la única razón por la que vale la pena formular una pregunta si uno está preparado para aceptar cualquier respuesta. Sea incómoda o no.



    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ † ─────────────────── †
    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎https://youtu.be/9BONcpuDcrc
    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ † ─────────⟡ ✟ ⟡───────── †
    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❝𝑫𝒆𝒔 𝒑𝒓𝒊𝒆̀𝒓𝒆𝒔 𝒒𝒖𝒊 𝒓𝒆𝒄̧𝒐𝒊𝒗𝒆𝒏𝒕 𝒖𝒏𝒆 𝒓𝒆́𝒑𝒐𝒏𝒔𝒆❞ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ #𝑚𝑜𝑛𝑜𝑟𝑜𝑙 La iglesia llevaba cerrada casi una hora, y las últimas velas consumían lentamente sus llamas frente al altar mientras el resto del edificio permanecía sumido en silencio. Evander permanecido en silencio durante el rito sagrado en la sacristía, pero no estaba solo; pues una mujer ocupaba uno de los primeros bancos. No rezaba. Tampoco parecía especialmente interesada en hacerlo. Simplemente permanecía allí, observando la cruz suspendida sobre el altar como si esperara que esta tuviera algo que decirle. Y entonces, Chevalier abrió los ojos, girando el rostro al costado derecho para poder observar a sus espaldas a quien permanece en silencio. —La mayoría de las personas que vienen a estas horas buscan estar a solas —rompió el silencio, algo que hizo a la mujer apartar la vista de la cruz. — Quizás —respondió. — Y sin embargo sigue aquí —el rosario entre sus manos se menea con ligereza ante el poco movimiento, con la cruz apuntando al sacrosanto crucificado frente suyo. Ella soltó una pequeña sonrisa. — ¿Eso le molesta? —No —el padre Chevalier observó las velas durante unos segundos antes de devolver la mirada vuelta a ella—. Solo me vuelve curioso. El silencio se prolongó entre ambos, siendo el sonido del fuego crepitar entre algunas velas y los inciensos. El silencio se prolongó entre ambos hasta que fue Evander quien continuó. — ¿Por qué reza? —devolvió su rostro hacia delante una vez más, esperando una respuesta o el silencio de parte de la mujer, quien pareció sorprenderse. — Porque necesito creer que alguien escucha. El sacerdote se limita a asentir lentamente. — Ya veo. — ¿Y usted? ¿Por qué reza? Por primera vez alzó la mirada hacia el altar de ello. La mirada permanece fija en los clavos tallados del Nazareno, en la sangre y la imagen de mártir que lo precede. Saboreaba una respuesta en la punta de la lengua, entreabriendo los labios al punto de no emitir algo todavía. — Curiosidad. La respuesta hizo que ella frunciera el ceño, evaluando una respuesta tan inesperada, y quizás una que rozaba con salirse de los morales dogmáticos. — Esa es una razón extraña para un sacerdote. Una leve sonrisa aparece entonces en el rostro del inquisidor. — Las personas rezan esperando encontrar respuestas. Yo rezo porque las preguntas siguen mejorando. Es la única razón por la que vale la pena formular una pregunta si uno está preparado para aceptar cualquier respuesta. Sea incómoda o no. ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ † ─────────────────── † ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎https://youtu.be/9BONcpuDcrc ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ † ─────────⟡ ✟ ⟡───────── †
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  • 𝗦𝗮𝗹𝘃𝗮𝗿 𝗮 𝗹𝗮 𝗴𝗲𝗻𝘁𝗲 𝘆 𝗮𝘆𝘂𝗱𝗮𝗿𝗹𝗮 𝗱𝛊́𝗮 𝗮 𝗱𝛊́𝗮 𝗲𝘀 𝗺𝗮𝗿𝗮𝘃𝗶𝗹𝗹𝗼𝘀𝗼. 𝗕𝘂𝘀𝗰𝗮𝗿 𝘂𝗻 𝗺𝘂𝗻𝗱𝗼 𝗹𝗹𝗲𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝘁𝗿𝗮𝗻𝗾𝘂𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗲𝗹𝗹𝗮𝘀, 𝘁𝗮𝗺𝗯𝗶𝗲́𝗻 𝗲𝘀 𝗺𝗶 𝗱𝗲𝘀𝗲𝗼.
    𝗦𝗮𝗹𝘃𝗮𝗿 𝗮 𝗹𝗮 𝗴𝗲𝗻𝘁𝗲 𝘆 𝗮𝘆𝘂𝗱𝗮𝗿𝗹𝗮 𝗱𝛊́𝗮 𝗮 𝗱𝛊́𝗮 𝗲𝘀 𝗺𝗮𝗿𝗮𝘃𝗶𝗹𝗹𝗼𝘀𝗼. 𝗕𝘂𝘀𝗰𝗮𝗿 𝘂𝗻 𝗺𝘂𝗻𝗱𝗼 𝗹𝗹𝗲𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝘁𝗿𝗮𝗻𝗾𝘂𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗲𝗹𝗹𝗮𝘀, 𝘁𝗮𝗺𝗯𝗶𝗲́𝗻 𝗲𝘀 𝗺𝗶 𝗱𝗲𝘀𝗲𝗼.
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  • 𝗨𝗻𝗮 𝗻𝗼𝗰𝗵𝗲 𝗺𝗮́𝘀 𝗱𝗲 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲𝗻𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼. 𝗟𝗮 𝗳𝗮𝗺𝗶𝗹𝗶𝗮 𝗰𝗿𝗲𝗰𝗲, 𝘆 𝗹𝗼𝘀 𝗲𝗻𝗲𝗺𝗶𝗴𝗼𝘀 𝘁𝗮𝗺𝗯𝗶𝗲́𝗻. 𝗘𝗹 𝗲𝘀𝗰𝘂𝗱𝗼 𝗳𝗮𝗺𝗶𝗹𝗶𝗮𝗿 𝗱𝗲𝗯𝗲 𝗳𝗼𝗿𝘁𝗮𝗹𝗲𝗰𝗲𝗿𝘀𝗲.

    #SeductiveSunday
    𝗨𝗻𝗮 𝗻𝗼𝗰𝗵𝗲 𝗺𝗮́𝘀 𝗱𝗲 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲𝗻𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼. 𝗟𝗮 𝗳𝗮𝗺𝗶𝗹𝗶𝗮 𝗰𝗿𝗲𝗰𝗲, 𝘆 𝗹𝗼𝘀 𝗲𝗻𝗲𝗺𝗶𝗴𝗼𝘀 𝘁𝗮𝗺𝗯𝗶𝗲́𝗻. 𝗘𝗹 𝗲𝘀𝗰𝘂𝗱𝗼 𝗳𝗮𝗺𝗶𝗹𝗶𝗮𝗿 𝗱𝗲𝗯𝗲 𝗳𝗼𝗿𝘁𝗮𝗹𝗲𝗰𝗲𝗿𝘀𝗲. #SeductiveSunday
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  • [ ❝ 𝑇𝑎𝑟𝑗𝑒𝑡𝑎 𝑑𝑒 𝑝𝑟𝑒𝑠𝑒𝑛𝑡𝑎𝑐𝑖ó𝑛 ❞ ]

    ──── 𝘘𝘶𝘦 𝘱𝘦𝘳𝘦𝘻𝘢; 𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘴𝘪 𝘢𝘭𝘨𝘶𝘪𝘦𝘯 𝘲𝘶𝘪𝘦𝘳𝘦 𝘶𝘯𝘢 𝘱𝘰𝘳𝘵𝘢𝘥𝘢 𝘝𝘰𝘨𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘥𝘶𝘥𝘦𝘯 𝘦𝘯 𝘱𝘦𝘥í𝘳𝘮𝘦𝘭𝘢 𝘱𝘰𝘳 𝘢𝘲𝘶í 𝘰 𝘦𝘯 𝘱𝘳𝘪𝘷𝘢𝘥𝘰. 𝘊𝘰𝘯 𝘨𝘶𝘴𝘵𝘰 𝘴𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘩𝘢𝘨𝘰 𝘺𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴 𝘮𝘪 𝘱𝘢𝘴𝘢𝘵𝘪𝘦𝘮𝘱𝘰 𝘧𝘢𝘷𝘰𝘳𝘪𝘵𝘰 𝘵𝘢𝘮𝘣𝘪é𝘯. ──── [?]
    [ ❝ 𝑇𝑎𝑟𝑗𝑒𝑡𝑎 𝑑𝑒 𝑝𝑟𝑒𝑠𝑒𝑛𝑡𝑎𝑐𝑖ó𝑛 ❞ ] ──── 𝘘𝘶𝘦 𝘱𝘦𝘳𝘦𝘻𝘢; 𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘴𝘪 𝘢𝘭𝘨𝘶𝘪𝘦𝘯 𝘲𝘶𝘪𝘦𝘳𝘦 𝘶𝘯𝘢 𝘱𝘰𝘳𝘵𝘢𝘥𝘢 𝘝𝘰𝘨𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘥𝘶𝘥𝘦𝘯 𝘦𝘯 𝘱𝘦𝘥í𝘳𝘮𝘦𝘭𝘢 𝘱𝘰𝘳 𝘢𝘲𝘶í 𝘰 𝘦𝘯 𝘱𝘳𝘪𝘷𝘢𝘥𝘰. 𝘊𝘰𝘯 𝘨𝘶𝘴𝘵𝘰 𝘴𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘩𝘢𝘨𝘰 𝘺𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴 𝘮𝘪 𝘱𝘢𝘴𝘢𝘵𝘪𝘦𝘮𝘱𝘰 𝘧𝘢𝘷𝘰𝘳𝘪𝘵𝘰 𝘵𝘢𝘮𝘣𝘪é𝘯. ──── [?]
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