──── 𝑁𝑎𝑐ℎ𝑡 𝑖𝑛 𝐷𝑒𝑢𝑡𝑠𝑐ℎ𝑙𝑎𝑛𝑑 ──── 𝑃𝑟𝑒𝑠𝑒𝑛𝑡 𝐷𝑎𝑦 | 𝕮𝖍𝖆𝖕𝖙𝖊𝖗 [𝟏𝟔]
[] 𝐵𝑒𝑟𝑙í𝑛, 𝐴𝑙𝑒𝑚𝑎𝑛𝑖𝑎 — 𝟶𝟷:𝟶𝟶 𝐴.𝑀
Descendió del avión en el aeropuerto de Berlín-Brandeburgo con la calma de quien ha hecho ese trayecto demasiadas veces. El aire frío de enero le golpeó el rostro nada más salir de la pasarela, un recordatorio seco de que ya no estaba en Nueva York.
Llevaba solo una maleta de mano negra, discreta, y un transportín acolchado colgado del hombro. Dentro, Francesco, su gato negro, maulló una sola vez, como reclamando atención o protestando por las horas de encierro.
Aduanas fue un trámite rápido: pasaporte argentino, mirada neutra, respuestas cortas.
Nadie preguntó por el gato más allá de revisar el certificado veterinario. Recogió la maleta facturada : Poco más que ropa y algunos objetos que nunca levantaban sospechas.
Salió al vestíbulo de llegadas, donde el olor a café barato y pretzels se mezclaba con el humo de los taxis diésel.
Tomó un taxi hacia Mitte sin dar muchas explicaciones al conductor. El hombre intentó entablar conversación sobre el tiempo y el tráfico; respondió con monosílabos hasta que el silencio se impuso.
Desde el asiento trasero observó las luces de la ciudad deslizándose por las ventanas empañadas: la Torre de Televisión iluminada como una aguja lejana, los edificios reconstruidos que intentaban borrar cicatrices antiguas.
Francesco se acomodó en el transportín sobre su regazo, ronroneando bajito ahora que el motor del taxi vibraba constante. Santiago pasó un dedo por la rejilla y el gato lo rozó con la nariz, un gesto breve pero familiar. Eran los únicos dos que sabían lo que venía después del check-in en el hotel.
Veinte minutos más tarde, el taxi se detuvo frente a un hotel boutique en una calle tranquila cerca de Hackescher Markt.
Pagó en efectivo, recogió sus cosas y entró al vestíbulo de techos altos y luz tenue. El recepcionista lo saludó en inglés; él respondió en un alemán correcto pero con acento que delataba otros lugares.
──── 𝘋𝘢𝘴 𝘡𝘪𝘮𝘮𝘦𝘳 𝘪𝘴𝘵 𝘢𝘶𝘧 𝘥𝘦𝘯 𝘕𝘢𝘮𝘦𝘯 𝘚𝘢𝘯𝘵𝘪𝘢𝘨𝘰 𝘳𝘦𝘴𝘦𝘳𝘷𝘪𝘦𝘳𝘵. 𝘋𝘶 𝘸𝘦𝘪ß𝘵 𝘨𝘢𝘯𝘻 𝘨𝘦𝘯𝘢𝘶, 𝘸𝘦𝘳 𝘪𝘤𝘩 𝘣𝘪𝘯. ──── (𝘏𝘢𝘣𝘪𝘵𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘳𝘦𝘴𝘦𝘳𝘷𝘢𝘥𝘢 𝘢 𝘯𝘰𝘮𝘣𝘳𝘦 𝘥𝘦 𝘚𝘢𝘯𝘵𝘪𝘢𝘨𝘰. 𝘠𝘢 𝘴𝘢𝘣𝘦 𝘶𝘴𝘵𝘦𝘥 𝘱𝘦𝘳𝘧𝘦𝘤𝘵𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘲𝘶𝘪é𝘯 𝘴𝘰𝘺. )
Dijo, entregando el pasaporte. No le era necesario hacerse pasar por alguien más. Todos lo conocían allí mismo y no le importaba el anonimato; era un hotel que transcurría seguido cuándo se le solicitaba.
Mientras firmaba el registro, Francesco volvió a maullar, esta vez más impaciente. Sonrió apenas, casi imperceptiblemente. Pronto estarían arriba, solos, y podría abrir el transportín.
El gato saldría, exploraría la habitación con su elegancia felina, y él comenzaría a prepararse para el trabajo que lo había traído hasta Berlín.
La noche apenas empezaba. Se quitó el saco de vestir y sentó unos momentos al borde de la cama; un tanto cansado por tantas horas de viaje y trabajo.
──── 𝘏𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘭𝘭𝘦𝘨𝘢𝘥𝘰; 𝘍𝘳𝘢𝘯𝘤𝘦𝘴𝘤𝘰. 𝘌𝘯 é𝘴𝘵𝘰𝘴 𝘥í𝘢𝘴 𝘮𝘦 𝘵𝘰𝘤𝘢𝘳á 𝘵𝘳𝘢𝘣𝘢𝘫𝘢𝘳 𝘯𝘶𝘦𝘷𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦; 𝘱𝘰𝘳 𝘭𝘰 𝘵𝘢𝘯𝘵𝘰 𝘢𝘱𝘳𝘰𝘷𝘦𝘤𝘩𝘢𝘳é 𝘦𝘭 𝘵𝘪𝘦𝘮𝘱𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘮𝘦 𝘲𝘶𝘦𝘥𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘳𝘦𝘤𝘰𝘳𝘳𝘦𝘳 𝘶𝘯 𝘱𝘰𝘤𝘰 𝘭𝘢 𝘤𝘢𝘱𝘪𝘵𝘢𝘭 𝘢𝘭𝘦𝘮𝘢𝘯𝘢. ────
──── 𝑁𝑎𝑐ℎ𝑡 𝑖𝑛 𝐷𝑒𝑢𝑡𝑠𝑐ℎ𝑙𝑎𝑛𝑑 ──── 𝑃𝑟𝑒𝑠𝑒𝑛𝑡 𝐷𝑎𝑦 | 𝕮𝖍𝖆𝖕𝖙𝖊𝖗 [𝟏𝟔]
[🇩🇪] 𝐵𝑒𝑟𝑙í𝑛, 𝐴𝑙𝑒𝑚𝑎𝑛𝑖𝑎 — 𝟶𝟷:𝟶𝟶 𝐴.𝑀
Descendió del avión en el aeropuerto de Berlín-Brandeburgo con la calma de quien ha hecho ese trayecto demasiadas veces. El aire frío de enero le golpeó el rostro nada más salir de la pasarela, un recordatorio seco de que ya no estaba en Nueva York.
Llevaba solo una maleta de mano negra, discreta, y un transportín acolchado colgado del hombro. Dentro, Francesco, su gato negro, maulló una sola vez, como reclamando atención o protestando por las horas de encierro.
Aduanas fue un trámite rápido: pasaporte argentino, mirada neutra, respuestas cortas.
Nadie preguntó por el gato más allá de revisar el certificado veterinario. Recogió la maleta facturada : Poco más que ropa y algunos objetos que nunca levantaban sospechas.
Salió al vestíbulo de llegadas, donde el olor a café barato y pretzels se mezclaba con el humo de los taxis diésel.
Tomó un taxi hacia Mitte sin dar muchas explicaciones al conductor. El hombre intentó entablar conversación sobre el tiempo y el tráfico; respondió con monosílabos hasta que el silencio se impuso.
Desde el asiento trasero observó las luces de la ciudad deslizándose por las ventanas empañadas: la Torre de Televisión iluminada como una aguja lejana, los edificios reconstruidos que intentaban borrar cicatrices antiguas.
Francesco se acomodó en el transportín sobre su regazo, ronroneando bajito ahora que el motor del taxi vibraba constante. Santiago pasó un dedo por la rejilla y el gato lo rozó con la nariz, un gesto breve pero familiar. Eran los únicos dos que sabían lo que venía después del check-in en el hotel.
Veinte minutos más tarde, el taxi se detuvo frente a un hotel boutique en una calle tranquila cerca de Hackescher Markt.
Pagó en efectivo, recogió sus cosas y entró al vestíbulo de techos altos y luz tenue. El recepcionista lo saludó en inglés; él respondió en un alemán correcto pero con acento que delataba otros lugares.
──── 𝘋𝘢𝘴 𝘡𝘪𝘮𝘮𝘦𝘳 𝘪𝘴𝘵 𝘢𝘶𝘧 𝘥𝘦𝘯 𝘕𝘢𝘮𝘦𝘯 𝘚𝘢𝘯𝘵𝘪𝘢𝘨𝘰 𝘳𝘦𝘴𝘦𝘳𝘷𝘪𝘦𝘳𝘵. 𝘋𝘶 𝘸𝘦𝘪ß𝘵 𝘨𝘢𝘯𝘻 𝘨𝘦𝘯𝘢𝘶, 𝘸𝘦𝘳 𝘪𝘤𝘩 𝘣𝘪𝘯. ──── (𝘏𝘢𝘣𝘪𝘵𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘳𝘦𝘴𝘦𝘳𝘷𝘢𝘥𝘢 𝘢 𝘯𝘰𝘮𝘣𝘳𝘦 𝘥𝘦 𝘚𝘢𝘯𝘵𝘪𝘢𝘨𝘰. 𝘠𝘢 𝘴𝘢𝘣𝘦 𝘶𝘴𝘵𝘦𝘥 𝘱𝘦𝘳𝘧𝘦𝘤𝘵𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘲𝘶𝘪é𝘯 𝘴𝘰𝘺. )
Dijo, entregando el pasaporte. No le era necesario hacerse pasar por alguien más. Todos lo conocían allí mismo y no le importaba el anonimato; era un hotel que transcurría seguido cuándo se le solicitaba.
Mientras firmaba el registro, Francesco volvió a maullar, esta vez más impaciente. Sonrió apenas, casi imperceptiblemente. Pronto estarían arriba, solos, y podría abrir el transportín.
El gato saldría, exploraría la habitación con su elegancia felina, y él comenzaría a prepararse para el trabajo que lo había traído hasta Berlín.
La noche apenas empezaba. Se quitó el saco de vestir y sentó unos momentos al borde de la cama; un tanto cansado por tantas horas de viaje y trabajo.
──── 𝘏𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘭𝘭𝘦𝘨𝘢𝘥𝘰; 𝘍𝘳𝘢𝘯𝘤𝘦𝘴𝘤𝘰. 𝘌𝘯 é𝘴𝘵𝘰𝘴 𝘥í𝘢𝘴 𝘮𝘦 𝘵𝘰𝘤𝘢𝘳á 𝘵𝘳𝘢𝘣𝘢𝘫𝘢𝘳 𝘯𝘶𝘦𝘷𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦; 𝘱𝘰𝘳 𝘭𝘰 𝘵𝘢𝘯𝘵𝘰 𝘢𝘱𝘳𝘰𝘷𝘦𝘤𝘩𝘢𝘳é 𝘦𝘭 𝘵𝘪𝘦𝘮𝘱𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘮𝘦 𝘲𝘶𝘦𝘥𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘳𝘦𝘤𝘰𝘳𝘳𝘦𝘳 𝘶𝘯 𝘱𝘰𝘤𝘰 𝘭𝘢 𝘤𝘢𝘱𝘪𝘵𝘢𝘭 𝘢𝘭𝘦𝘮𝘢𝘯𝘢. ────