• ¿𝗤𝘂𝗶𝗲𝗿𝗲𝘀 𝘂𝗻𝗮 𝗯𝘂𝗳𝗮𝗻𝗱𝗮 𝗵𝗲𝗰𝗵𝗮 𝗰𝗼𝗻 𝗲𝘀𝗺𝗲𝗿𝗼 𝘆 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗼𝗻𝗮𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱?
    𝘠𝘷𝘰𝘯𝘯𝘦 𝘢𝘮𝘢 𝘵𝘦𝘫𝘦𝘳, 𝘦𝘴𝘱𝘦𝘤𝘪𝘢𝘭𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘣𝘶𝘧𝘢𝘯𝘥𝘢𝘴. 𝘠 𝘦𝘯 𝘶𝘯𝘢 𝘦́𝘱𝘰𝘤𝘢 𝘵𝘢𝘯 𝘧𝘳𝘪𝘰𝘭𝘦𝘯𝘵𝘢 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘢𝘩𝘰𝘳𝘢 ¡𝘋𝘦𝘤𝘪𝘥𝘪𝘰́ 𝘳𝘦𝘨𝘢𝘭𝘢𝘳 𝘣𝘶𝘧𝘢𝘯𝘥𝘢𝘴.ᐟ ¿𝘗𝘰𝘳 𝘲𝘶𝘦́.ᐣ 𝘕𝘰 𝘩𝘢𝘺 𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦, 𝘴𝘪𝘮𝘱𝘭𝘦𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘭𝘦 𝘢𝘨𝘳𝘢𝘥𝘢 𝘷𝘦𝘳 𝘤𝘰́𝘮𝘰 𝘭𝘢 𝘨𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘳𝘦𝘤𝘪𝘣𝘦. *𝚋𝚊 𝚍𝚞𝚖 𝚝𝚜𝚜*

    ✧ 𝐶𝑜𝑚𝑒𝑛𝑡𝑎 𝑎𝑞𝑢𝜄́ 𝑎𝑏𝑎𝑗𝑜 𝑒 𝑌𝑣𝑜𝑛𝑛𝑒 𝑡𝑒 𝑟𝑒𝑔𝑎𝑙𝑎𝑟𝑎́ 𝑙𝑎 𝑡𝑢𝑦𝑎, ¡𝑠𝑖𝑛 𝑐𝑜𝑠𝑡𝑜𝑠 𝑎𝑑𝑖𝑐𝑖𝑜𝑛𝑎𝑙𝑒𝑠.ᐟ
    ㅤㅤㅤㅤ︶ ⏝ ︶ ୨୧ ︶ ⏝ ︶

    ¿𝗤𝘂𝗶𝗲𝗿𝗲𝘀 𝘂𝗻𝗮 𝗯𝘂𝗳𝗮𝗻𝗱𝗮 𝗵𝗲𝗰𝗵𝗮 𝗰𝗼𝗻 𝗲𝘀𝗺𝗲𝗿𝗼 𝘆 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗼𝗻𝗮𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱? 𝘠𝘷𝘰𝘯𝘯𝘦 𝘢𝘮𝘢 𝘵𝘦𝘫𝘦𝘳, 𝘦𝘴𝘱𝘦𝘤𝘪𝘢𝘭𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘣𝘶𝘧𝘢𝘯𝘥𝘢𝘴. 𝘠 𝘦𝘯 𝘶𝘯𝘢 𝘦́𝘱𝘰𝘤𝘢 𝘵𝘢𝘯 𝘧𝘳𝘪𝘰𝘭𝘦𝘯𝘵𝘢 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘢𝘩𝘰𝘳𝘢 ¡𝘋𝘦𝘤𝘪𝘥𝘪𝘰́ 𝘳𝘦𝘨𝘢𝘭𝘢𝘳 𝘣𝘶𝘧𝘢𝘯𝘥𝘢𝘴.ᐟ ¿𝘗𝘰𝘳 𝘲𝘶𝘦́.ᐣ 𝘕𝘰 𝘩𝘢𝘺 𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦, 𝘴𝘪𝘮𝘱𝘭𝘦𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘭𝘦 𝘢𝘨𝘳𝘢𝘥𝘢 𝘷𝘦𝘳 𝘤𝘰́𝘮𝘰 𝘭𝘢 𝘨𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘳𝘦𝘤𝘪𝘣𝘦. *𝚋𝚊 𝚍𝚞𝚖 𝚝𝚜𝚜* ✧ 𝐶𝑜𝑚𝑒𝑛𝑡𝑎 𝑎𝑞𝑢𝜄́ 𝑎𝑏𝑎𝑗𝑜 𝑒 𝑌𝑣𝑜𝑛𝑛𝑒 𝑡𝑒 𝑟𝑒𝑔𝑎𝑙𝑎𝑟𝑎́ 𝑙𝑎 𝑡𝑢𝑦𝑎, ¡𝑠𝑖𝑛 𝑐𝑜𝑠𝑡𝑜𝑠 𝑎𝑑𝑖𝑐𝑖𝑜𝑛𝑎𝑙𝑒𝑠.ᐟ ㅤㅤㅤㅤ︶ ⏝ ︶ ୨୧ ︶ ⏝ ︶
    Me gusta
    Me encocora
    3
    1 turno 0 maullidos
  • 𝐋𝐎𝐂𝐀𝐋𝐈𝐙𝐀𝐃𝐎

    𝙴𝚗𝚌𝚞𝚎𝚗𝚝𝚛𝚊𝚗 𝚜𝚒𝚗 𝚟𝚒𝚍𝚊 𝚊 𝚕𝚊 𝚓𝚘𝚟𝚎𝚗 𝚎𝚜𝚝𝚛𝚎𝚕𝚕𝚊 𝚍𝚎 𝚑𝚘𝚌𝚔𝚎𝚢 𝚎𝚜𝚝𝚞𝚍𝚒𝚊𝚗𝚝𝚒𝚕 𝚕𝚊 𝚖𝚊𝚗̃𝚊𝚗𝚊 𝚍𝚎 𝚎𝚜𝚝𝚎 𝚜𝚊𝚋𝚊𝚍𝚘 𝚕𝚞𝚎𝚐𝚘 𝚍𝚎 𝚞𝚗𝚊 𝚜𝚎𝚖𝚊𝚗𝚊 𝚍𝚎 𝚊𝚛𝚍𝚞𝚊 𝚋𝚞𝚜𝚚𝚞𝚎𝚍𝚊 𝚙𝚘𝚛 𝚙𝚊𝚛𝚝𝚎 𝚍𝚎 𝚕𝚊𝚜 𝚊𝚞𝚝𝚘𝚛𝚒𝚍𝚊𝚍𝚎𝚜.

    𝚁𝚎𝚙𝚘𝚛𝚝𝚊𝚍𝚘 𝚎𝚗 𝚞𝚗 𝚒𝚗𝚒𝚌𝚒𝚘 𝚌𝚘𝚖𝚘 𝚍𝚎𝚜𝚊𝚙𝚊𝚛𝚎𝚌𝚒𝚍𝚘 𝚙𝚘𝚛 𝚜𝚞𝚜 𝚙𝚊𝚍𝚛𝚎𝚜, 𝚊𝚕𝚋𝚎𝚛𝚐𝚊𝚋𝚊𝚗 𝚕𝚊 𝚎𝚜𝚙𝚎𝚛𝚊𝚗𝚣𝚊 𝚍𝚎 𝚑𝚊𝚕𝚕𝚊𝚛𝚕𝚘 𝚌𝚘𝚗 𝚟𝚒𝚍𝚊.

    𝙻𝚊𝚖𝚎𝚗𝚝𝚊𝚋𝚕𝚎𝚖𝚎𝚗𝚝𝚎 𝑛𝑜 𝑡𝑢𝑣𝑜 𝑙𝑎 𝑜𝑝𝑜𝑟𝑡𝑢𝑛𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑑𝑒 𝑠𝑒𝑔𝑢𝑖𝑟 𝑠𝑖𝑒𝑛𝑑𝑜 𝑢𝑛 𝑖𝑑𝑖𝑜𝑡𝑎...

    Escribió Sienna sobre el artículo. Ella que tuvo la mala suerte de convivir con el "prodigio" no estaba ni un poco arrepentida del acto cometido.
    Tampoco preocupada porque había ocultado bien su rastro y por el tiempo seguro el hielo había hecho su trabajo.

    𝐋𝐎𝐂𝐀𝐋𝐈𝐙𝐀𝐃𝐎 𝙴𝚗𝚌𝚞𝚎𝚗𝚝𝚛𝚊𝚗 𝚜𝚒𝚗 𝚟𝚒𝚍𝚊 𝚊 𝚕𝚊 𝚓𝚘𝚟𝚎𝚗 𝚎𝚜𝚝𝚛𝚎𝚕𝚕𝚊 𝚍𝚎 𝚑𝚘𝚌𝚔𝚎𝚢 𝚎𝚜𝚝𝚞𝚍𝚒𝚊𝚗𝚝𝚒𝚕 𝚕𝚊 𝚖𝚊𝚗̃𝚊𝚗𝚊 𝚍𝚎 𝚎𝚜𝚝𝚎 𝚜𝚊𝚋𝚊𝚍𝚘 𝚕𝚞𝚎𝚐𝚘 𝚍𝚎 𝚞𝚗𝚊 𝚜𝚎𝚖𝚊𝚗𝚊 𝚍𝚎 𝚊𝚛𝚍𝚞𝚊 𝚋𝚞𝚜𝚚𝚞𝚎𝚍𝚊 𝚙𝚘𝚛 𝚙𝚊𝚛𝚝𝚎 𝚍𝚎 𝚕𝚊𝚜 𝚊𝚞𝚝𝚘𝚛𝚒𝚍𝚊𝚍𝚎𝚜. 𝚁𝚎𝚙𝚘𝚛𝚝𝚊𝚍𝚘 𝚎𝚗 𝚞𝚗 𝚒𝚗𝚒𝚌𝚒𝚘 𝚌𝚘𝚖𝚘 𝚍𝚎𝚜𝚊𝚙𝚊𝚛𝚎𝚌𝚒𝚍𝚘 𝚙𝚘𝚛 𝚜𝚞𝚜 𝚙𝚊𝚍𝚛𝚎𝚜, 𝚊𝚕𝚋𝚎𝚛𝚐𝚊𝚋𝚊𝚗 𝚕𝚊 𝚎𝚜𝚙𝚎𝚛𝚊𝚗𝚣𝚊 𝚍𝚎 𝚑𝚊𝚕𝚕𝚊𝚛𝚕𝚘 𝚌𝚘𝚗 𝚟𝚒𝚍𝚊. 𝙻𝚊𝚖𝚎𝚗𝚝𝚊𝚋𝚕𝚎𝚖𝚎𝚗𝚝𝚎 𝑛𝑜 𝑡𝑢𝑣𝑜 𝑙𝑎 𝑜𝑝𝑜𝑟𝑡𝑢𝑛𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑑𝑒 𝑠𝑒𝑔𝑢𝑖𝑟 𝑠𝑖𝑒𝑛𝑑𝑜 𝑢𝑛 𝑖𝑑𝑖𝑜𝑡𝑎... Escribió Sienna sobre el artículo. Ella que tuvo la mala suerte de convivir con el "prodigio" no estaba ni un poco arrepentida del acto cometido. Tampoco preocupada porque había ocultado bien su rastro y por el tiempo seguro el hielo había hecho su trabajo.
    0 turnos 0 maullidos
  • – 𝐓𝐫𝐚𝐢𝐠𝐨 𝐮𝐧 𝐩𝐞𝐝𝐢𝐝𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐚 𝐦𝐞𝐬𝐚... ¿8?

    La araña estaba pagando una deuda
    – 𝐓𝐫𝐚𝐢𝐠𝐨 𝐮𝐧 𝐩𝐞𝐝𝐢𝐝𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐚 𝐦𝐞𝐬𝐚... ¿8? La araña estaba pagando una deuda
    Me gusta
    Me encocora
    2
    1 turno 0 maullidos
  • — 𝐴 𝑣𝑒𝑐𝑒𝑠 𝑒𝑙 𝑜𝑐𝑖𝑜 𝑚𝑎𝑡𝑎 𝑒𝑙 𝑎𝑏𝑢𝑟𝑟𝑖𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜... 𝑒 𝑖𝑔𝑛𝑜𝑟𝑎 𝑒𝑙 ℎ𝑎𝑚𝑏𝑟𝑒.~
    — 𝐴 𝑣𝑒𝑐𝑒𝑠 𝑒𝑙 𝑜𝑐𝑖𝑜 𝑚𝑎𝑡𝑎 𝑒𝑙 𝑎𝑏𝑢𝑟𝑟𝑖𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜... 𝑒 𝑖𝑔𝑛𝑜𝑟𝑎 𝑒𝑙 ℎ𝑎𝑚𝑏𝑟𝑒.~
    Me gusta
    Me encocora
    Me endiabla
    5
    0 turnos 0 maullidos
  • 𝑆𝑖 𝑚𝑒 𝑚𝑖𝑟𝑎𝑠 𝑡𝑎𝑛𝑡𝑜 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑡𝑒 𝑚𝑖𝑟𝑜... 𝑉𝑜𝑦 𝑎 𝑝𝑒𝑛𝑠𝑎𝑟 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑠𝑡á 𝑏𝑖𝑒𝑛 𝑚𝑖𝑟𝑎𝑟𝑡𝑒... 𝐸 𝑖𝑚𝑎𝑔𝑖𝑛𝑎𝑟...
    𝑆𝑖 𝑚𝑒 𝑚𝑖𝑟𝑎𝑠 𝑡𝑎𝑛𝑡𝑜 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑡𝑒 𝑚𝑖𝑟𝑜... 𝑉𝑜𝑦 𝑎 𝑝𝑒𝑛𝑠𝑎𝑟 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑠𝑡á 𝑏𝑖𝑒𝑛 𝑚𝑖𝑟𝑎𝑟𝑡𝑒... 𝐸 𝑖𝑚𝑎𝑔𝑖𝑛𝑎𝑟...
    Me gusta
    Me encocora
    Me endiabla
    Me shockea
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • ❝𝑀𝑜𝑠𝑡 𝑝𝑒𝑜𝑝𝑙𝑒 𝑠𝑢𝑟𝑣𝑖𝑣𝑒 𝑚𝑦 𝑚𝑎𝑔𝑖𝑐. 𝑇𝘩𝑒 𝑙𝑢𝑐𝑘𝑦 𝑜𝑛𝑒𝑠 𝑠𝑢𝑟𝑣𝑖𝑣𝑒 𝒎𝒚 𝒂𝒕𝒕𝒆𝒏𝒕𝒊𝒐𝒏. 𝑇𝘩𝑒 𝑠𝑤𝑜𝑟𝑑 𝑖𝑠𝑛’𝑡 𝑡𝘩𝑒 𝑑𝑎𝑛𝑔𝑒𝑟𝑜𝑢𝑠 𝑝𝑎𝑟𝑡 𝑜𝑓 𝑚𝑒.❞


    https://youtu.be/1xlijyn3j8E
    ❝𝑀𝑜𝑠𝑡 𝑝𝑒𝑜𝑝𝑙𝑒 𝑠𝑢𝑟𝑣𝑖𝑣𝑒 𝑚𝑦 𝑚𝑎𝑔𝑖𝑐. 𝑇𝘩𝑒 𝑙𝑢𝑐𝑘𝑦 𝑜𝑛𝑒𝑠 𝑠𝑢𝑟𝑣𝑖𝑣𝑒 𝒎𝒚 𝒂𝒕𝒕𝒆𝒏𝒕𝒊𝒐𝒏. 𝑇𝘩𝑒 𝑠𝑤𝑜𝑟𝑑 𝑖𝑠𝑛’𝑡 𝑡𝘩𝑒 𝑑𝑎𝑛𝑔𝑒𝑟𝑜𝑢𝑠 𝑝𝑎𝑟𝑡 𝑜𝑓 𝑚𝑒.❞ https://youtu.be/1xlijyn3j8E
    Me gusta
    Me encocora
    6
    0 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    𝑻𝒉𝒆 𝑯𝒐𝒎𝒖𝒏𝒄𝒖𝒍𝒖𝒔 (𝟒)

    Cuando no está trabajando ni siguiendo algún rastro, Connor suele desaparecer durante horas, y nadie sabe exactamente dónde va. A veces termina sentado sobre la azotea de algún edificio observando una ciudad que jamás repara en su presencia. Otras permanece inmóvil frente a una ventana mientras las luces de los departamentos se encienden y apagan una a una conforme avanza la noche. No busca nada en particular, tampoco parece estar vigilando a alguien.

    Simplemente observa, y resulta extraño porque no obtiene nada de ello. Su cuerpo no necesita descansar y su mente es capaz de mantenerse activa durante días enteros sin mostrar señales de agotamiento. Podría dedicar cada segundo de su existencia a investigar, alimentarse o perfeccionar sus capacidades, pero en ocasiones acaba simplemente ocupando su tiempo en cosas que no parecen tener utilidad alguna.

    Compra café que rara vez termina. Enciende televisores a los que deja de prestar atención minutos después. Se queda escuchando conversaciones ajenas hasta que terminan, incluso cuando no tienen relación con ningún caso. Algunas veces entra a librerías, estaciones o pequeños comercios sin intención de adquirir nada. Otras simplemente camina.

    También conserva objetos, como un encendedor, una fotografía, un reloj detenido, o un boleto de tren. Ninguno posee valor aparente, ni tampoco habla de ellos, mucho menos los utiliza. Y, sin embargo, tampoco los tira.

    Connor no recuerda cuándo comenzó a adquirir esas costumbres. No sabe si las aprendió observando a otros, si pertenecieron a alguien más o si siempre estuvieron ahí. Simplemente ocurren, como si en algún punto de su existencia hubiese empezado a repetir comportamientos cuyo origen ya no puede rastrear.

    Lo único seguro es que, incluso cuando no está cazando, Connor sigue buscando algo, aunque todavía no sepa qué es.
    𝑻𝒉𝒆 𝑯𝒐𝒎𝒖𝒏𝒄𝒖𝒍𝒖𝒔 (𝟒) Cuando no está trabajando ni siguiendo algún rastro, Connor suele desaparecer durante horas, y nadie sabe exactamente dónde va. A veces termina sentado sobre la azotea de algún edificio observando una ciudad que jamás repara en su presencia. Otras permanece inmóvil frente a una ventana mientras las luces de los departamentos se encienden y apagan una a una conforme avanza la noche. No busca nada en particular, tampoco parece estar vigilando a alguien. Simplemente observa, y resulta extraño porque no obtiene nada de ello. Su cuerpo no necesita descansar y su mente es capaz de mantenerse activa durante días enteros sin mostrar señales de agotamiento. Podría dedicar cada segundo de su existencia a investigar, alimentarse o perfeccionar sus capacidades, pero en ocasiones acaba simplemente ocupando su tiempo en cosas que no parecen tener utilidad alguna. Compra café que rara vez termina. Enciende televisores a los que deja de prestar atención minutos después. Se queda escuchando conversaciones ajenas hasta que terminan, incluso cuando no tienen relación con ningún caso. Algunas veces entra a librerías, estaciones o pequeños comercios sin intención de adquirir nada. Otras simplemente camina. También conserva objetos, como un encendedor, una fotografía, un reloj detenido, o un boleto de tren. Ninguno posee valor aparente, ni tampoco habla de ellos, mucho menos los utiliza. Y, sin embargo, tampoco los tira. Connor no recuerda cuándo comenzó a adquirir esas costumbres. No sabe si las aprendió observando a otros, si pertenecieron a alguien más o si siempre estuvieron ahí. Simplemente ocurren, como si en algún punto de su existencia hubiese empezado a repetir comportamientos cuyo origen ya no puede rastrear. Lo único seguro es que, incluso cuando no está cazando, Connor sigue buscando algo, aunque todavía no sepa qué es.
    Me gusta
    2
    0 comentarios 0 compartidos
  • ❝ 𝐋𝐞 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐞𝐬𝐞́ 𝐝𝐞 𝐧𝐮𝐞𝐯𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐨 𝐝𝐞𝐬𝐞𝐚𝐛𝐚, 𝐪𝐮𝐞 𝐪𝐮𝐞𝐫𝛊́𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐞𝐫𝐚 𝐦𝐢 𝐬𝐨𝐥𝐞𝐝𝐚𝐝. 𝐐𝐮𝐞𝐫𝛊́𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐞𝐫𝐚 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐨𝐝𝛊́𝐚 𝐞𝐧𝐬𝐞𝐧̃𝐚𝐫𝐥𝐞 𝐲 𝐝𝐚𝐫𝐥𝐞. ¡𝐎𝐡, 𝐪𝐮𝐞́ 𝐝𝐨𝐥𝐨𝐫ⵑ 𝐓𝐨𝐝𝐨 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐨𝐝𝛊́𝐚 𝐞𝐧𝐬𝐞𝐧̃𝐚𝐫𝐥𝐞 𝐲 𝐝𝐚𝐫𝐥𝐞. ❞
    ❝ 𝐋𝐞 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐞𝐬𝐞́ 𝐝𝐞 𝐧𝐮𝐞𝐯𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐨 𝐝𝐞𝐬𝐞𝐚𝐛𝐚, 𝐪𝐮𝐞 𝐪𝐮𝐞𝐫𝛊́𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐞𝐫𝐚 𝐦𝐢 𝐬𝐨𝐥𝐞𝐝𝐚𝐝. 𝐐𝐮𝐞𝐫𝛊́𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐞𝐫𝐚 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐨𝐝𝛊́𝐚 𝐞𝐧𝐬𝐞𝐧̃𝐚𝐫𝐥𝐞 𝐲 𝐝𝐚𝐫𝐥𝐞. ¡𝐎𝐡, 𝐪𝐮𝐞́ 𝐝𝐨𝐥𝐨𝐫ⵑ 𝐓𝐨𝐝𝐨 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐨𝐝𝛊́𝐚 𝐞𝐧𝐬𝐞𝐧̃𝐚𝐫𝐥𝐞 𝐲 𝐝𝐚𝐫𝐥𝐞. ❞
    Me encocora
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • • 「𝔗𝔯𝔞𝔦𝔩𝔟𝔩𝔞𝔷𝔢」
    Categoría Original


    𝑓𝑡. Elina Drakon



    El bosque no figuraba en ninguno de los mapas.

    Aquello, por supuesto, habría resultado fascinante de no ser porque llevaba varias horas caminando en círculos.

    La espesura se alzaba a su alrededor como una arquitectura primitiva y hostil: troncos desmesurados, raíces retorcidas y copas tan densas que no permitían el paso de la luz; lo que le hacía incapaz de distinguir la mañana del anochecer. Toda la zona olía a tierra húmeda, corteza vieja y algo más difícil de nombrar, una presencia tenue que parecía observarlo desde detrás de cada árbol.

    Vestía un traje negro de corte impecable, ligeramente manchado de barro en el borde del pantalón. Aquella diminuta imperfección había conseguido irritarlo más que la posibilidad de no encontrar la salida.

    Se detuvo frente a una bifurcación idéntica a las seis anteriores.

    — Extraordinario. —murmuró, contemplando ambos senderos con una sonrisa sin humor—. Un reino oculto, completamente protegido y no por ejércitos, sino por algo más...

    Había seguido rumores durante semanas: relatos incompletos, pergaminos deslavados por el tiempo, testimonios pronunciados por personas demasiado aterradas para mentir. Todos hablaban de una nación apartada del mundo, preservada entre montañas y hechicería, un lugar cuyo nombre rara vez era escrito y jamás pronunciado dos veces seguidas.

    Él no buscaba sus tesoros.

    Buscaba algo más que aquel reino, algo que había sido ocultado mucho antes de su propia muerte.

    O quizá algo que había sido ocultado de él.

    Acomodó el puño de su camisa, aunque la tela ya descansaba en su sitio, y examinó el suelo. No había huellas, ramas rotas ni marcas recientes. Solo hojas negras llenas de humedad y una bruma baja que reptaba entre las raíces con una lentitud sospechosamente deliberada.

    — Muy bien. —dijo al bosque—. Admito que la primera hora tuvo cierto encanto.

    El silencio respondió.

    — La segunda fue repetitiva.

    Una rama crujió a su espalda.

    No volteó de inmediato.

    Su expresión permaneció serena, cortés, cuidadosamente compuesta. Sin embargo, bajo aquella elegancia fingida; algo en él se tensó. La oscuridad que habitaba su alma reconoció una presencia cercana; antigua, contenida y ajena a las criaturas ordinarias.

    — Y esta parte... —añadió, ladeando el rostro hacia un costado—. Empieza a parecer una emboscada.

    El viento atravesó las hojas, aunque ninguna rama se movió.

    Entonces distinguió, entre la niebla, una figura.

    No podía determinar si se trataba de un guardián, un viajero o una de las muchas cosas que el bosque había aprendido a imitar. Aun así, giró con completa calma y ofreció una inclinación mínima de su cabeza, como si ambos se encontraran en un salón y no en una espesura que parecía querer tragárselo entero.

    — Buenas noches. O días... Este lugar tiene una relación, francamente, pretenciosa con la luz.

    Sus ojos recorrieron a la presencia con precisión meticulosa.

    — Estoy buscando un reino que, según parece, ha invertido un esfuerzo considerable en no ser encontrado.

    Una pausa. Los labios se le curvaron con suavidad.

    — Y antes de que preguntes, no, no estoy perdido. —desvió la mirada y observó brevemente los dos caminos a su espalda: ambos idénticos.

    — Estoy permitiendo que el bosque se divierta antes de que colme mi paciencia y lo reduzca todo a cenizas.
    𝑓𝑡. Elina Drakon El bosque no figuraba en ninguno de los mapas. Aquello, por supuesto, habría resultado fascinante de no ser porque llevaba varias horas caminando en círculos. La espesura se alzaba a su alrededor como una arquitectura primitiva y hostil: troncos desmesurados, raíces retorcidas y copas tan densas que no permitían el paso de la luz; lo que le hacía incapaz de distinguir la mañana del anochecer. Toda la zona olía a tierra húmeda, corteza vieja y algo más difícil de nombrar, una presencia tenue que parecía observarlo desde detrás de cada árbol. Vestía un traje negro de corte impecable, ligeramente manchado de barro en el borde del pantalón. Aquella diminuta imperfección había conseguido irritarlo más que la posibilidad de no encontrar la salida. Se detuvo frente a una bifurcación idéntica a las seis anteriores. — Extraordinario. —murmuró, contemplando ambos senderos con una sonrisa sin humor—. Un reino oculto, completamente protegido y no por ejércitos, sino por algo más... Había seguido rumores durante semanas: relatos incompletos, pergaminos deslavados por el tiempo, testimonios pronunciados por personas demasiado aterradas para mentir. Todos hablaban de una nación apartada del mundo, preservada entre montañas y hechicería, un lugar cuyo nombre rara vez era escrito y jamás pronunciado dos veces seguidas. Él no buscaba sus tesoros. Buscaba algo más que aquel reino, algo que había sido ocultado mucho antes de su propia muerte. O quizá algo que había sido ocultado de él. Acomodó el puño de su camisa, aunque la tela ya descansaba en su sitio, y examinó el suelo. No había huellas, ramas rotas ni marcas recientes. Solo hojas negras llenas de humedad y una bruma baja que reptaba entre las raíces con una lentitud sospechosamente deliberada. — Muy bien. —dijo al bosque—. Admito que la primera hora tuvo cierto encanto. El silencio respondió. — La segunda fue repetitiva. Una rama crujió a su espalda. No volteó de inmediato. Su expresión permaneció serena, cortés, cuidadosamente compuesta. Sin embargo, bajo aquella elegancia fingida; algo en él se tensó. La oscuridad que habitaba su alma reconoció una presencia cercana; antigua, contenida y ajena a las criaturas ordinarias. — Y esta parte... —añadió, ladeando el rostro hacia un costado—. Empieza a parecer una emboscada. El viento atravesó las hojas, aunque ninguna rama se movió. Entonces distinguió, entre la niebla, una figura. No podía determinar si se trataba de un guardián, un viajero o una de las muchas cosas que el bosque había aprendido a imitar. Aun así, giró con completa calma y ofreció una inclinación mínima de su cabeza, como si ambos se encontraran en un salón y no en una espesura que parecía querer tragárselo entero. — Buenas noches. O días... Este lugar tiene una relación, francamente, pretenciosa con la luz. Sus ojos recorrieron a la presencia con precisión meticulosa. — Estoy buscando un reino que, según parece, ha invertido un esfuerzo considerable en no ser encontrado. Una pausa. Los labios se le curvaron con suavidad. — Y antes de que preguntes, no, no estoy perdido. —desvió la mirada y observó brevemente los dos caminos a su espalda: ambos idénticos. — Estoy permitiendo que el bosque se divierta antes de que colme mi paciencia y lo reduzca todo a cenizas.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me encocora
    Me gusta
    Me endiabla
    4
    5 turnos 0 maullidos
  • 𝔖é 𝔮𝔲𝔢 𝔪𝔢 𝔣𝔲𝔫𝔡𝔢 𝔢𝔩 𝔠𝔞𝔩𝔬𝔯
    𝔖é 𝔡𝔢𝔰𝔞𝔭𝔞𝔯𝔢𝔠𝔢𝔯
    ℭ𝔲𝔞𝔫𝔡𝔬 𝔱ú 𝔳𝔦𝔢𝔫𝔢𝔰 𝔢𝔰 𝔠𝔲𝔞𝔫𝔡𝔬 𝔪𝔢 𝔳𝔬𝔶...
    𝔖é 𝔮𝔲𝔢 𝔪𝔢 𝔣𝔲𝔫𝔡𝔢 𝔢𝔩 𝔠𝔞𝔩𝔬𝔯 𝔖é 𝔡𝔢𝔰𝔞𝔭𝔞𝔯𝔢𝔠𝔢𝔯 ℭ𝔲𝔞𝔫𝔡𝔬 𝔱ú 𝔳𝔦𝔢𝔫𝔢𝔰 𝔢𝔰 𝔠𝔲𝔞𝔫𝔡𝔬 𝔪𝔢 𝔳𝔬𝔶...
    Me gusta
    Me encocora
    4
    0 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados