ใแดนแดผแดบแดผแดฟแดผแดธใ
๐๐พ๐๐ó๐ฃ #1. ๐๐๐α ๐๐พฦถ.
—Mamá... Papá... —los sollozos de una niña hacían eco en la habitación. Las paredes estaban decoradas con manchas irregulares de sangre, las sábanas empapadas de rojo, una mano colgando del borde, dos cuerpos inmóviles.
Alaska lloraba sin parar en el suelo, sin poder moverse y temblando sin cesar. Tampoco podía levantar la vista del suelo, viendo el charco formarse poco a poco. Tenía miedo de mirar hacia la cama. Y, aunque sabía que no iban a responder, ella siguió llamando a sus padres.
El frío que recorrió su espalda poco después le dio náuseas, tanto que llegaron las arcadas, para nada salió. Pero había algo detrás de ella, podía sentirlo, solo no supo qué.
El silencio llegó de golpe, como quedar sorda. Poco después empezaron los gritos, tan fuertes y distorsionados qje hicieron doler sus tímpanos. Ella gritó, cubriéndose ambas orejas.
.
.
.
—Entonces, Alaska, dices que has estado teniendo sueños recurrentes con el incidente de hace unos años —el hombre habló con voz suave y una mirada atenta—. Cuéntame un poco más. ¿En esos sueños estás reviviendo el evento tal cual como fue? ¿Hay algo diferente?
Para entonces cada terapeuta y psiquiatra sabía la historia desde el inicio por sus registros detallados, había visto a tantos que perdió la cuenta, pero ya le daba igual.
La chica no lo miraba, mantenía la vista en la esquina derecha del cuarto, en frente suyo. Pero sus ojos estaban perdidos. Todavía escuchaba los gritos y podía sentir la sangre caliente en sus rodillas.
—¿Alaska?
—No hay nada diferente —mintió, mirando al hombre—. Es igual... pero solo un momento, que se repite.
—แดแดษดแดษชสแดsแด. แดแดษดแดษชสแดsแด. แด สแดs ษดษชñแดs วซแดแด แดษชแดษดแดแดษด sแด สแดs แดแดสแดแด สแด สแดษดษขแดแด.
—Estaba pensando... —habló de repente la pelinegra, reacomodándose en su asiento— ¿podría aumentar la dosis de los medicamentos?
—¿Aumentar? ...Alaska, según tu expediente ya tienes dosis bastante altas que te han ajustado hace poco, podría haber muchos efectos secundarios. Más de los que queremos.
—O solo con una. ¿Por favor?
—¿Por qué quieres aumentar la dosis? ¿Qué es lo que experimentas?
—ฤษจลษ ๊แตพษ sฬทษจ sฬทษจวฅแตพษ ฤงaฬทศผษจษnฬทฤø แตฝษษวฅแตพnฬทลงaฬทsฬท ลษ vaฬทsฬท aฬท aฬทแตฝลaฬทsฬทลงaฬทษ ลaฬท ศผaฬทฦษฦถaฬท. Ø ลø แตฝแตพษฤø ฤงaฬทศผษษ ษø.
—¡แดบแต! ¡แดฐโฑหกแต เซงแตแต แตแตหข แต แถแตแตแตสณแตแต หขแตหข โฑโฟแตแตหขแตโฑโฟแตหข!
—¿๐ ๐ฅ๐ค๐ง ๐ฆ๐ชé ๐ฃ๐ค ๐จ๐ค๐ก๐ค ๐ก๐ ๐๐ค๐ง๐ฉ๐๐จ ๐ก๐ ๐๐๐ง๐๐๐ฃ๐ฉ๐? ¡๐๐๐ฏ๐ก๐ค! —y un sinfín de comentarios de voces que no reconocía estaban taladrando su cabeza.
Cerró los ojos, pasando las yemas de sus dedos por la sien izquierda. No quería quebrarse. No de nuevo. Si se dejaba llevar los iba a entretener y seguro iban a dejarla aislada de nuevo, como la última vez.
—Yo...creo que mi cuerpo ya está desarrollando resistencia de nuevo. —la voz le tembló, no quiso abrir los ojos para evitar ver el rostro del hombre.
El silencio solo sirvió para que las voces continuaran, se distorsionaran y luego... una especie de estática.
—Seguiremos un poco más con las mismas dosis.
—¡NO LO ENTIENDES! —golpeó la mesa con ambas palmas, viéndolo con frustración y una chispa de miedo que crecía en su interior. Se obligó a exhalar con lentitud— Por favor...
—Lo siento, aún es muy pronto. —notó la lástima en él. No supo si eso la irritó más o la hizo derrumbarse de peor forma.
Quedó muda. Discutir con un doctor como ellos siempre era difícil, pero no fue exactamente por eso que se calló. Fue más bien la imagen de sus padres detrás del sujeto, con rostros desfigurados, pero haciéndole saber que la observaban con severidad. Ahora no solo eran los entes usuales, sus padres la juzgaban también. Le recordaban su error. Todo era su culpa.
Bajó la vista, tratando de evitar el llanto. Era enfermizo el siempre estar llorando. Le cansaba.
—Quiero que la sesión se termine más temprano...
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—Mamá... Papá... —los sollozos de una niña hacían eco en la habitación. Las paredes estaban decoradas con manchas irregulares de sangre, las sábanas empapadas de rojo, una mano colgando del borde, dos cuerpos inmóviles.
Alaska lloraba sin parar en el suelo, sin poder moverse y temblando sin cesar. Tampoco podía levantar la vista del suelo, viendo el charco formarse poco a poco. Tenía miedo de mirar hacia la cama. Y, aunque sabía que no iban a responder, ella siguió llamando a sus padres.
El frío que recorrió su espalda poco después le dio náuseas, tanto que llegaron las arcadas, para nada salió. Pero había algo detrás de ella, podía sentirlo, solo no supo qué.
El silencio llegó de golpe, como quedar sorda. Poco después empezaron los gritos, tan fuertes y distorsionados qje hicieron doler sus tímpanos. Ella gritó, cubriéndose ambas orejas.
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—Entonces, Alaska, dices que has estado teniendo sueños recurrentes con el incidente de hace unos años —el hombre habló con voz suave y una mirada atenta—. Cuéntame un poco más. ¿En esos sueños estás reviviendo el evento tal cual como fue? ¿Hay algo diferente?
Para entonces cada terapeuta y psiquiatra sabía la historia desde el inicio por sus registros detallados, había visto a tantos que perdió la cuenta, pero ya le daba igual.
La chica no lo miraba, mantenía la vista en la esquina derecha del cuarto, en frente suyo. Pero sus ojos estaban perdidos. Todavía escuchaba los gritos y podía sentir la sangre caliente en sus rodillas.
—¿Alaska?
—No hay nada diferente —mintió, mirando al hombre—. Es igual... pero solo un momento, que se repite.
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—Estaba pensando... —habló de repente la pelinegra, reacomodándose en su asiento— ¿podría aumentar la dosis de los medicamentos?
—¿Aumentar? ...Alaska, según tu expediente ya tienes dosis bastante altas que te han ajustado hace poco, podría haber muchos efectos secundarios. Más de los que queremos.
—O solo con una. ¿Por favor?
—¿Por qué quieres aumentar la dosis? ¿Qué es lo que experimentas?
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Cerró los ojos, pasando las yemas de sus dedos por la sien izquierda. No quería quebrarse. No de nuevo. Si se dejaba llevar los iba a entretener y seguro iban a dejarla aislada de nuevo, como la última vez.
—Yo...creo que mi cuerpo ya está desarrollando resistencia de nuevo. —la voz le tembló, no quiso abrir los ojos para evitar ver el rostro del hombre.
El silencio solo sirvió para que las voces continuaran, se distorsionaran y luego... una especie de estática.
—Seguiremos un poco más con las mismas dosis.
—¡NO LO ENTIENDES! —golpeó la mesa con ambas palmas, viéndolo con frustración y una chispa de miedo que crecía en su interior. Se obligó a exhalar con lentitud— Por favor...
—Lo siento, aún es muy pronto. —notó la lástima en él. No supo si eso la irritó más o la hizo derrumbarse de peor forma.
Quedó muda. Discutir con un doctor como ellos siempre era difícil, pero no fue exactamente por eso que se calló. Fue más bien la imagen de sus padres detrás del sujeto, con rostros desfigurados, pero haciéndole saber que la observaban con severidad. Ahora no solo eran los entes usuales, sus padres la juzgaban también. Le recordaban su error. Todo era su culpa.
Bajó la vista, tratando de evitar el llanto. Era enfermizo el siempre estar llorando. Le cansaba.
—Quiero que la sesión se termine más temprano...
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El frío que recorrió su espalda poco después le dio náuseas, tanto que llegaron las arcadas, para nada salió. Pero había algo detrás de ella, podía sentirlo, solo no supo qué.
El silencio llegó de golpe, como quedar sorda. Poco después empezaron los gritos, tan fuertes y distorsionados qje hicieron doler sus tímpanos. Ella gritó, cubriéndose ambas orejas.
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Para entonces cada terapeuta y psiquiatra sabía la historia desde el inicio por sus registros detallados, había visto a tantos que perdió la cuenta, pero ya le daba igual.
La chica no lo miraba, mantenía la vista en la esquina derecha del cuarto, en frente suyo. Pero sus ojos estaban perdidos. Todavía escuchaba los gritos y podía sentir la sangre caliente en sus rodillas.
—¿Alaska?
—No hay nada diferente —mintió, mirando al hombre—. Es igual... pero solo un momento, que se repite.
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