• 〔ᴹᴼᴺᴼᴿᴼᴸ〕
    ᴳᵒʳᵉ ˡᵉᵛᵉ, ˡᵉⁿᵍᵘᵃʲᵉ ᵛᵘˡᵍᵃʳ. ᴸᵉᵉʳ ᶜᵒⁿ ᵈⁱˢᶜʳᵉᶜⁱóⁿ.


    𝐒𝖾𝗌𝗂ó𐓣 #19


    Frío, mojado, empapado... dolor.

    Mucho dolor.

    Sus ojos se abrieron de golpe y la oscuridad de la habitación le dio la bienvenida. Pero no estaba sola. No hizo falta que mirara hacia sus pies para saberlo porque podía escucharlo.

    Sonido mojado y como si estuvieran masticando. El dolor se hacía más intenso a pesar que ella no se movía. Solo miraba el techo del cuarto.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    𝑺𝒑𝒆𝒏𝒅𝒊𝒏𝒈 𝒏𝒊𝒈𝒉𝒕𝒔 𝒋𝒖𝒔𝒕 𝒔𝒕𝒂𝒓𝒊𝒏𝒈 𝒂𝒕 𝒕𝒉𝒆 𝒘𝒂𝒍𝒍
    𝑷𝒂𝒚 𝒏𝒐 𝒎𝒊𝒏𝒅 𝒕𝒐 𝒕𝒉𝒆 𝒅𝒆𝒎𝒐𝒏𝒔 𝒊𝒏 𝒕𝒉𝒆 𝒉𝒂𝒍𝒍
    𝒀𝒆𝒂𝒉, 𝑰'𝒎 𝒏𝒖𝒎𝒃 𝑰 𝒅𝒐𝒏'𝒕 𝒇𝒆𝒆𝒍 𝒏𝒐𝒕𝒉𝒊𝒏𝒈 𝒂𝒕 𝒂𝒍𝒍
    𝑩𝒓𝒂𝒄𝒆𝒅 𝒇𝒐𝒓 𝒕𝒉𝒆 𝒇𝒂𝒍𝒍
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    Pero el dolor se volvió tan intenso que no pudo aguantar más. Se sentó de golpe, viendo a esa cosa morder su pierna izquierda como si se tratara del más sabroso bocado.

    Extremidades anormalmente largas, como una sombra y con un aroma a azufre que causaba lágrimas en los ojos.

    Sintió náuseas cuando eso le devolvió la mirada, pero con una sonrisa tan larga que pudo ir de oreja a oreja si las hubiera tenido. Dientes afilados y manchados en sangre, sangre que ahora teñía su cama. Sus sábanas y su colchón absorbían cada gota que el monstruo no podía consumir.

    —V̘̪͆̂̅ư̡͕̭̇ẹ̿͋̒̕l̙͖̑̾ͣv͒̄ͭ̏̇ẹ̿͋̒̕ ā̤̓̍͘ ḑ̴̞͛̒o̯̱̊͊͢r̴̨̦͕̝ḿ̬̏ͤͅỉ͔͖̜͌r̴̨̦͕̝ A̷͙ͭͫ̕l̙͖̑̾ͣā̤̓̍͘s̠҉͍͊ͅḳ̯͍̑ͦā̤̓̍͘.

    —No... —ella negó repetidas veces con la cabeza mientras intentó alejarse de eso.

    —¡D̶͔̭̪̻U̠҉̷̙ͦÉR͉̜̎͡͠M͉̅ͮ͒ͤḚͭ̉̇͟T̨͈͗̌ͥḚͭ̉̇͟! —la orden fue acompañada con manos que torcieron la pierna de la chica con tal fuerza que quebraron ligamentos, tendones y huesos; desgarrando también músculos.

    El grito que salió por parte de ella fue desgarrador--



    —Ha sido una pesadilla, Alaska. Nada más. —la voz de la doctora sacó a la pelinegra de sus pensamientos, de su historia. Levantó la vista para observarla.

    —¿Solo... pesadilla? —estaba perpleja, ¿cómo iba a desestimar algo así tan fácil?—. Y... ¿qué hay de la herida en mi pierna? ¿Las... las mordidas?

    —Eso habrá sido algún perro con el que, quizá, te encontraste por la calle. Tu mente suprimió el recuerdo por demasiado estrés, pero el subconsciente lo llevó a una pesadilla. —la voz tan relajada y despectiva de la mujer le daban a Alaska dolores en el pecho. Un ardor que no podía calmar.

    Inhaló, entrecortado, mientras apretó los puños sobre sus propias piernas. Pero entonces... lo vio. A esa cosa. Detrás de la mujer. Riéndose.

    —N̺̻̔̆ͅā̤̓̍͘ḑ̴̞͛̒ỉ͔͖̜͌ẹ̿͋̒̕ t̲̂̓ͩ̑ẹ̿͋̒̕ c͕͗ͤ̕̕r̴̨̦͕̝ẹ̿͋̒̕ẹ̿͋̒̕... Ḛͭ̉̇͟s̠҉͍͊ͅt̲̂̓ͩ̑ás̠҉͍͊ͅ l̙͖̑̾ͣo̯̱̊͊͢c͕͗ͤ̕̕ā̤̓̍͘.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    𝑻𝒓𝒚 𝒕𝒐 𝒄𝒂𝒍𝒎 𝒎𝒚𝒔𝒆𝒍𝒇 𝒅𝒐𝒘𝒏 𝒃𝒖𝒕 𝑰 𝒇𝒆𝒆𝒍 𝒕𝒉𝒆 𝒑𝒂𝒏𝒊𝒄
    𝑰𝒔 𝒊𝒕 𝒂𝒍𝒍 𝒖𝒑 𝒊𝒏 𝒎𝒚 𝒉𝒆𝒂𝒅, 𝒂𝒎 𝑰 𝒈𝒐𝒊𝒏𝒈 𝒎𝒂𝒏𝒊𝒄?
    𝑻𝒓𝒚 𝒕𝒐 𝒄𝒂𝒍𝒎 𝒎𝒚𝒔𝒆𝒍𝒇 𝒅𝒐𝒘𝒏 𝒃𝒖𝒕 𝑰 𝒇𝒆𝒆𝒍 𝒕𝒉𝒆 𝒑𝒂𝒏𝒊𝒄
    𝑰𝒔 𝒊𝒕 𝒂𝒍𝒍 𝒖𝒑 𝒊𝒏 𝒎𝒚 𝒉𝒆𝒂𝒅?
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    Sus labios tuvieron una rápida contracción nerviosa, apretándose de forma fugaz entre sí antes que en su mente escuchara el quebrarse de un vidrio.

    Estalló. Miles de cristales por doquier.

    —¡NO ESTOY LOCA! —se abalanzó al escritorio, subiéndolo sin esfuerzo mientras tomó una de las lapiceras que reposaban a un lado. De inmediato quiso utilizarla contra la doctora—. ¡NO ME CREEN, NO ME CREEN! ¡YO NO ESTOY LOCA! ¡USTEDES SON LOS QUE NO VEN!

    La lapicera se clavó en la carne cuando la mujer intentó cubrirse con los brazos, gritando del susto.

    —¡TODOS SON IGUALES, HIJOS DE PUTA! ¡NUNCA HACEN NADA! ¡SOLO ME DROGAN, DROGAN, DROGAN! —su frenesí fue tal que no oyó la puerta abrirse ni a los guardias entrar para sujetarla entre ambos. La obligaron a soltar la lapicera mientras la alejaron. Ella igualmente quiso defenderse y continuar... sobre todo porque el monstruo cada vez se reía más fuerte mientras la sacaban de la oficina.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝐌𝐀𝐍𝐈𝐂
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    〔ᴹᴼᴺᴼᴿᴼᴸ〕 ᴳᵒʳᵉ ˡᵉᵛᵉ, ˡᵉⁿᵍᵘᵃʲᵉ ᵛᵘˡᵍᵃʳ. ᴸᵉᵉʳ ᶜᵒⁿ ᵈⁱˢᶜʳᵉᶜⁱóⁿ. 𝐒𝖾𝗌𝗂ó𐓣 #19 Frío, mojado, empapado... dolor. Mucho dolor. Sus ojos se abrieron de golpe y la oscuridad de la habitación le dio la bienvenida. Pero no estaba sola. No hizo falta que mirara hacia sus pies para saberlo porque podía escucharlo. Sonido mojado y como si estuvieran masticando. El dolor se hacía más intenso a pesar que ella no se movía. Solo miraba el techo del cuarto. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 𝑺𝒑𝒆𝒏𝒅𝒊𝒏𝒈 𝒏𝒊𝒈𝒉𝒕𝒔 𝒋𝒖𝒔𝒕 𝒔𝒕𝒂𝒓𝒊𝒏𝒈 𝒂𝒕 𝒕𝒉𝒆 𝒘𝒂𝒍𝒍 𝑷𝒂𝒚 𝒏𝒐 𝒎𝒊𝒏𝒅 𝒕𝒐 𝒕𝒉𝒆 𝒅𝒆𝒎𝒐𝒏𝒔 𝒊𝒏 𝒕𝒉𝒆 𝒉𝒂𝒍𝒍 𝒀𝒆𝒂𝒉, 𝑰'𝒎 𝒏𝒖𝒎𝒃 𝑰 𝒅𝒐𝒏'𝒕 𝒇𝒆𝒆𝒍 𝒏𝒐𝒕𝒉𝒊𝒏𝒈 𝒂𝒕 𝒂𝒍𝒍 𝑩𝒓𝒂𝒄𝒆𝒅 𝒇𝒐𝒓 𝒕𝒉𝒆 𝒇𝒂𝒍𝒍 ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ Pero el dolor se volvió tan intenso que no pudo aguantar más. Se sentó de golpe, viendo a esa cosa morder su pierna izquierda como si se tratara del más sabroso bocado. Extremidades anormalmente largas, como una sombra y con un aroma a azufre que causaba lágrimas en los ojos. Sintió náuseas cuando eso le devolvió la mirada, pero con una sonrisa tan larga que pudo ir de oreja a oreja si las hubiera tenido. Dientes afilados y manchados en sangre, sangre que ahora teñía su cama. Sus sábanas y su colchón absorbían cada gota que el monstruo no podía consumir. —V̘̪͆̂̅ư̡͕̭̇ẹ̿͋̒̕l̙͖̑̾ͣv͒̄ͭ̏̇ẹ̿͋̒̕ ā̤̓̍͘ ḑ̴̞͛̒o̯̱̊͊͢r̴̨̦͕̝ḿ̬̏ͤͅỉ͔͖̜͌r̴̨̦͕̝ A̷͙ͭͫ̕l̙͖̑̾ͣā̤̓̍͘s̠҉͍͊ͅḳ̯͍̑ͦā̤̓̍͘. —No... —ella negó repetidas veces con la cabeza mientras intentó alejarse de eso. —¡D̶͔̭̪̻U̠҉̷̙ͦÉR͉̜̎͡͠M͉̅ͮ͒ͤḚͭ̉̇͟T̨͈͗̌ͥḚͭ̉̇͟! —la orden fue acompañada con manos que torcieron la pierna de la chica con tal fuerza que quebraron ligamentos, tendones y huesos; desgarrando también músculos. El grito que salió por parte de ella fue desgarrador-- —Ha sido una pesadilla, Alaska. Nada más. —la voz de la doctora sacó a la pelinegra de sus pensamientos, de su historia. Levantó la vista para observarla. —¿Solo... pesadilla? —estaba perpleja, ¿cómo iba a desestimar algo así tan fácil?—. Y... ¿qué hay de la herida en mi pierna? ¿Las... las mordidas? —Eso habrá sido algún perro con el que, quizá, te encontraste por la calle. Tu mente suprimió el recuerdo por demasiado estrés, pero el subconsciente lo llevó a una pesadilla. —la voz tan relajada y despectiva de la mujer le daban a Alaska dolores en el pecho. Un ardor que no podía calmar. Inhaló, entrecortado, mientras apretó los puños sobre sus propias piernas. Pero entonces... lo vio. A esa cosa. Detrás de la mujer. Riéndose. —N̺̻̔̆ͅā̤̓̍͘ḑ̴̞͛̒ỉ͔͖̜͌ẹ̿͋̒̕ t̲̂̓ͩ̑ẹ̿͋̒̕ c͕͗ͤ̕̕r̴̨̦͕̝ẹ̿͋̒̕ẹ̿͋̒̕... Ḛͭ̉̇͟s̠҉͍͊ͅt̲̂̓ͩ̑ás̠҉͍͊ͅ l̙͖̑̾ͣo̯̱̊͊͢c͕͗ͤ̕̕ā̤̓̍͘. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 𝑻𝒓𝒚 𝒕𝒐 𝒄𝒂𝒍𝒎 𝒎𝒚𝒔𝒆𝒍𝒇 𝒅𝒐𝒘𝒏 𝒃𝒖𝒕 𝑰 𝒇𝒆𝒆𝒍 𝒕𝒉𝒆 𝒑𝒂𝒏𝒊𝒄 𝑰𝒔 𝒊𝒕 𝒂𝒍𝒍 𝒖𝒑 𝒊𝒏 𝒎𝒚 𝒉𝒆𝒂𝒅, 𝒂𝒎 𝑰 𝒈𝒐𝒊𝒏𝒈 𝒎𝒂𝒏𝒊𝒄? 𝑻𝒓𝒚 𝒕𝒐 𝒄𝒂𝒍𝒎 𝒎𝒚𝒔𝒆𝒍𝒇 𝒅𝒐𝒘𝒏 𝒃𝒖𝒕 𝑰 𝒇𝒆𝒆𝒍 𝒕𝒉𝒆 𝒑𝒂𝒏𝒊𝒄 𝑰𝒔 𝒊𝒕 𝒂𝒍𝒍 𝒖𝒑 𝒊𝒏 𝒎𝒚 𝒉𝒆𝒂𝒅? ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ Sus labios tuvieron una rápida contracción nerviosa, apretándose de forma fugaz entre sí antes que en su mente escuchara el quebrarse de un vidrio. Estalló. Miles de cristales por doquier. —¡NO ESTOY LOCA! —se abalanzó al escritorio, subiéndolo sin esfuerzo mientras tomó una de las lapiceras que reposaban a un lado. De inmediato quiso utilizarla contra la doctora—. ¡NO ME CREEN, NO ME CREEN! ¡YO NO ESTOY LOCA! ¡USTEDES SON LOS QUE NO VEN! La lapicera se clavó en la carne cuando la mujer intentó cubrirse con los brazos, gritando del susto. —¡TODOS SON IGUALES, HIJOS DE PUTA! ¡NUNCA HACEN NADA! ¡SOLO ME DROGAN, DROGAN, DROGAN! —su frenesí fue tal que no oyó la puerta abrirse ni a los guardias entrar para sujetarla entre ambos. La obligaron a soltar la lapicera mientras la alejaron. Ella igualmente quiso defenderse y continuar... sobre todo porque el monstruo cada vez se reía más fuerte mientras la sacaban de la oficina. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝐌𝐀𝐍𝐈𝐂 ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
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  • 𝐋𝐚 𝐧𝐚𝐭𝐮𝐫𝐚𝐥𝐞𝐳𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐞𝐬𝐢𝐨́𝐧.





    El hombre habla con la urgencia de quien teme que el silencio revele demasiado. Sus palabras llegan en ráfagas desordenadas: insomnio, ansiedad, una irritación constante que dice no comprender. Intenta hilar los hechos como si fuesen síntomas de algo externo, algo que pudiera señalarse, nombrarse, tratarse.

    Frente a él, el Dr. Lecter permanece inmóvil.

    Las manos descansan entrelazadas por encima de una de sus rodillas, las cuales están cruzadas una encima de la otra. La postura es impecable, la expresión serena, casi indulgente. A primera vista parece la imagen perfecta de la atención profesional. El paciente interpreta esa quietud como paciencia. Como compasión.

    Es un error garrafal como delicado, cabe mencionar. Hannibal escucha, sí, pero no las palabras.

    Observa.

    El ritmo irregular de la respiración. La forma en que los dedos del hombre se crispan cuando menciona a su hermano. La manera casi imperceptible en que su mirada se aparta cada vez que la conversación se aproxima a algo que preferiría no mirar directamente. Las confesiones humanas rara vez se encuentran en lo que dice.

    𝑆𝑒 𝑒𝑠𝑐𝑜𝑛𝑑𝑒𝑛 𝑒𝑛 𝑙𝑜𝑠 𝑝𝑒𝑞𝑢𝑒𝑛̃𝑜𝑠 𝑎𝑐𝑡𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑒𝑣𝑎𝑠𝑖𝑜́𝑛.

    Qué criatura más transparente, piensa Hannibal con una calma que roza lo contemplativo.

    El paciente continúa hablando, ahora más rápido, como si el simple acto de hablar pudiera mantener a raya aquello que se agita en su interior. Habla de frustración. De rabia contenida, o de una incomodidad de impulso.

    La palabra no llega siquiera a pronunciarse. No todavía.

    Hannibal inclina apenas la cabeza, observándolo como un conservador de museo examinaría una pintura antigua bajo una luz más cuidadosa. Cada grieta en la superficie revela algo del artista.

    Cada silencio revela algo del alma.

    El paciente finalmente se queda sin palabras. El aire del consultorio se aquieta, cargado con esa tensión suave que aparece cuando alguien espera ser juzgado.

    El Dr. Lecter sostiene su mirada durante un instante. Luego una leve sonrisa, tan educada como inescrutable, aparece en sus labios.

    —Es curioso —dice finalmente, con una voz baja y perfectamente cálida—.

    Una pausa elegante, casi pensativa.

    —Las personas suelen venir aquí creyendo que desean respuestas.

    Sus ojos permanecen tranquilos, atentos.

    —Pero con frecuencia... lo que realmente buscan es permiso para reconocer aquello que ya saben.
    𝐋𝐚 𝐧𝐚𝐭𝐮𝐫𝐚𝐥𝐞𝐳𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐞𝐬𝐢𝐨́𝐧. El hombre habla con la urgencia de quien teme que el silencio revele demasiado. Sus palabras llegan en ráfagas desordenadas: insomnio, ansiedad, una irritación constante que dice no comprender. Intenta hilar los hechos como si fuesen síntomas de algo externo, algo que pudiera señalarse, nombrarse, tratarse. Frente a él, el Dr. Lecter permanece inmóvil. Las manos descansan entrelazadas por encima de una de sus rodillas, las cuales están cruzadas una encima de la otra. La postura es impecable, la expresión serena, casi indulgente. A primera vista parece la imagen perfecta de la atención profesional. El paciente interpreta esa quietud como paciencia. Como compasión. Es un error garrafal como delicado, cabe mencionar. Hannibal escucha, sí, pero no las palabras. Observa. El ritmo irregular de la respiración. La forma en que los dedos del hombre se crispan cuando menciona a su hermano. La manera casi imperceptible en que su mirada se aparta cada vez que la conversación se aproxima a algo que preferiría no mirar directamente. Las confesiones humanas rara vez se encuentran en lo que dice. 𝑆𝑒 𝑒𝑠𝑐𝑜𝑛𝑑𝑒𝑛 𝑒𝑛 𝑙𝑜𝑠 𝑝𝑒𝑞𝑢𝑒𝑛̃𝑜𝑠 𝑎𝑐𝑡𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑒𝑣𝑎𝑠𝑖𝑜́𝑛. Qué criatura más transparente, piensa Hannibal con una calma que roza lo contemplativo. El paciente continúa hablando, ahora más rápido, como si el simple acto de hablar pudiera mantener a raya aquello que se agita en su interior. Habla de frustración. De rabia contenida, o de una incomodidad de impulso. La palabra no llega siquiera a pronunciarse. No todavía. Hannibal inclina apenas la cabeza, observándolo como un conservador de museo examinaría una pintura antigua bajo una luz más cuidadosa. Cada grieta en la superficie revela algo del artista. Cada silencio revela algo del alma. El paciente finalmente se queda sin palabras. El aire del consultorio se aquieta, cargado con esa tensión suave que aparece cuando alguien espera ser juzgado. El Dr. Lecter sostiene su mirada durante un instante. Luego una leve sonrisa, tan educada como inescrutable, aparece en sus labios. —Es curioso —dice finalmente, con una voz baja y perfectamente cálida—. Una pausa elegante, casi pensativa. —Las personas suelen venir aquí creyendo que desean respuestas. Sus ojos permanecen tranquilos, atentos. —Pero con frecuencia... lo que realmente buscan es permiso para reconocer aquello que ya saben.
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  • << 𝙄𝙉𝙎𝙏𝘼𝙂𝙍𝘼𝙈 • 𝙋𝙊𝙎𝙏 >>
    @𝗧𝗵𝗮𝗹𝘆𝗮𝘃𝗮𝗹𝗰𝗼𝘂𝗿𝘁
    “En realidad, Grecia me está sentando mejor de lo que esperaba”
    << 𝙄𝙉𝙎𝙏𝘼𝙂𝙍𝘼𝙈 • 𝙋𝙊𝙎𝙏 >> @𝗧𝗵𝗮𝗹𝘆𝗮𝘃𝗮𝗹𝗰𝗼𝘂𝗿𝘁 “En realidad, Grecia me está sentando mejor de lo que esperaba”
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    𝑰 𝒄𝒐𝒖𝒍𝒅 𝒔𝒕𝒂𝒚 𝒂𝒘𝒂𝒌𝒆 𝒋𝒖𝒔𝒕 𝒕𝒐 𝒉𝒆𝒂𝒓 𝒚𝒐𝒖 𝒃𝒓𝒆𝒂𝒕𝒉𝒊𝒏𝒈.
    𝑾𝒂𝒕𝒄𝒉 𝒚𝒐𝒖 𝒔𝒎𝒊𝒍𝒆 𝒘𝒉𝒊𝒍𝒆 𝒚𝒐𝒖 𝒂𝒓𝒆 𝒔𝒍𝒆𝒆𝒑𝒊𝒏𝒈.
    𝑾𝒉𝒊𝒍𝒆 𝒚𝒐𝒖'𝒓𝒆 𝒇𝒂𝒓 𝒂𝒘𝒂𝒚 𝒂𝒏𝒅 𝒅𝒓𝒆𝒂𝒎𝒊𝒏𝒈.
    𝑰 𝒄𝒐𝒖𝒍𝒅 𝒔𝒑𝒆𝒏𝒅 𝒎𝒚 𝒍𝒊𝒇𝒆 𝒊𝒏 𝒕𝒉𝒊𝒔 𝒔𝒘𝒆𝒆𝒕 𝒔𝒖𝒓𝒓𝒆𝒏𝒅𝒆𝒓.
    𝑰 𝒄𝒐𝒖𝒍𝒅 𝒔𝒕𝒂𝒚 𝒍𝒐𝒔𝒕 𝒊𝒏 𝒕𝒉𝒊𝒔 𝒎𝒐𝒎𝒆𝒏𝒕 𝒇𝒐𝒓𝒆𝒗𝒆𝒓.
    𝑰 𝒄𝒐𝒖𝒍𝒅 𝒔𝒕𝒂𝒚 𝒂𝒘𝒂𝒌𝒆 𝒋𝒖𝒔𝒕 𝒕𝒐 𝒉𝒆𝒂𝒓 𝒚𝒐𝒖 𝒃𝒓𝒆𝒂𝒕𝒉𝒊𝒏𝒈. 𝑾𝒂𝒕𝒄𝒉 𝒚𝒐𝒖 𝒔𝒎𝒊𝒍𝒆 𝒘𝒉𝒊𝒍𝒆 𝒚𝒐𝒖 𝒂𝒓𝒆 𝒔𝒍𝒆𝒆𝒑𝒊𝒏𝒈. 𝑾𝒉𝒊𝒍𝒆 𝒚𝒐𝒖'𝒓𝒆 𝒇𝒂𝒓 𝒂𝒘𝒂𝒚 𝒂𝒏𝒅 𝒅𝒓𝒆𝒂𝒎𝒊𝒏𝒈. 𝑰 𝒄𝒐𝒖𝒍𝒅 𝒔𝒑𝒆𝒏𝒅 𝒎𝒚 𝒍𝒊𝒇𝒆 𝒊𝒏 𝒕𝒉𝒊𝒔 𝒔𝒘𝒆𝒆𝒕 𝒔𝒖𝒓𝒓𝒆𝒏𝒅𝒆𝒓. 𝑰 𝒄𝒐𝒖𝒍𝒅 𝒔𝒕𝒂𝒚 𝒍𝒐𝒔𝒕 𝒊𝒏 𝒕𝒉𝒊𝒔 𝒎𝒐𝒎𝒆𝒏𝒕 𝒇𝒐𝒓𝒆𝒗𝒆𝒓.
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  • 𝐸𝑣𝑒𝑛 𝑑𝑟𝑎𝑔𝑜𝑛𝑠 𝑛𝑒𝑒𝑑𝑠 𝑡𝑜 𝑡𝑎𝑘𝑒 𝑠𝑜𝑚𝑒 𝑟𝑒𝑠𝑡.
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  • ❝𝐸𝑙 𝑏𝑜𝑧𝑎𝑙 𝑛𝑜 𝑒𝑠 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑒𝑛𝑒𝑟𝑚𝑒, 𝑒𝑠 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑡𝑟𝑎𝑛𝑞𝑢𝑖𝑙𝑖𝑧𝑎𝑟 𝑎 𝑙𝑜𝑠 𝑑𝑒𝑚𝑎́𝑠.❞
    ❝𝐸𝑙 𝑏𝑜𝑧𝑎𝑙 𝑛𝑜 𝑒𝑠 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑒𝑛𝑒𝑟𝑚𝑒, 𝑒𝑠 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑡𝑟𝑎𝑛𝑞𝑢𝑖𝑙𝑖𝑧𝑎𝑟 𝑎 𝑙𝑜𝑠 𝑑𝑒𝑚𝑎́𝑠.❞
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    𝘕𝘰 𝘳𝘦𝘤𝘶𝘦𝘳𝘥𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘰 𝘴𝘦𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘵𝘦 𝘥𝘦𝘭 𝘢𝘤𝘶𝘦𝘳𝘥𝘰.

    ¿𝘌𝘳𝘢 𝘯𝘦𝘤𝘦𝘴𝘢𝘳𝘪𝘰 𝘭𝘢 𝘤𝘰𝘳𝘳𝘦𝘢? [?]
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  • 𝐋𝐨𝐬 𝐡𝐮𝐦𝐚𝐧𝐨𝐬 𝐜𝐫𝐞𝐞𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐮𝐬 𝐩𝐞𝐧𝐬𝐚𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐥𝐞𝐬 𝐩𝐞𝐫𝐭𝐞𝐧𝐞𝐜𝐞𝐧.
    𝐐𝐮𝐞́ 𝐚𝐝𝐨𝐫𝐚𝐛𝐥𝐞.
    𝐋𝐨𝐬 𝐡𝐮𝐦𝐚𝐧𝐨𝐬 𝐜𝐫𝐞𝐞𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐮𝐬 𝐩𝐞𝐧𝐬𝐚𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐥𝐞𝐬 𝐩𝐞𝐫𝐭𝐞𝐧𝐞𝐜𝐞𝐧. 𝐐𝐮𝐞́ 𝐚𝐝𝐨𝐫𝐚𝐛𝐥𝐞.
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  • ❝𝐴 𝑣𝑒𝑐𝑒𝑠 𝑙𝑎 𝑝𝑢𝑒𝑟𝑡𝑎 𝑎𝑝𝑟𝑒𝑛𝑑𝑒 𝑡𝑢 𝑛𝑜𝑚𝑏𝑟𝑒, 𝑎𝑢𝑛𝑞𝑢𝑒 𝑡𝑢́ 𝑦𝑎 𝑛𝑜 𝑙𝑜 𝑟𝑒𝑐𝑢𝑒𝑟𝑑𝑒𝑠.❞

    𝘌𝘭 𝘣𝘰𝘻𝘢𝘭 𝘴𝘪𝘨𝘶𝘦 𝘦𝘯 𝘴𝘶 𝘴𝘪𝘵𝘪𝘰. 𝘌𝘭 𝘤𝘶𝘦𝘳𝘰 𝘵𝘦𝘯𝘴𝘢 𝘭𝘢 𝘮𝘢𝘯𝘥𝜄́𝘣𝘶𝘭𝘢 𝘺 𝘦𝘭 𝘮𝘦𝘵𝘢𝘭 𝘥𝘦𝘴𝘤𝘢𝘯𝘴𝘢 𝘧𝘳𝜄́𝘰 𝘴𝘰𝘣𝘳𝘦 𝘮𝘪𝘴 𝘭𝘢𝘣𝘪𝘰𝘴 𝘤𝘢𝘥𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘳𝘦𝘴𝘱𝘪𝘳𝘰. 𝘕𝘰 𝘮𝘦 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘪𝘵𝘦 𝘢𝘣𝘳𝘪𝘳 𝘭𝘢 𝘣𝘰𝘤𝘢 𝘮𝘢́𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘰 𝘯𝘦𝘤𝘦𝘴𝘢𝘳𝘪𝘰, 𝘺 𝘤𝘶𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘪𝘯𝘵𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘩𝘢𝘤𝘦𝘳𝘭𝘰 𝘭𝘢𝘴 𝘤𝘰𝘳𝘳𝘦𝘢𝘴 𝘳𝘦𝘴𝘱𝘰𝘯𝘥𝘦𝘯 𝘤𝘰𝘯 𝘶𝘯 𝘵𝘪𝘳𝘰́𝘯 𝘴𝘪𝘭𝘦𝘯𝘤𝘪𝘰𝘴𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘷𝘶𝘦𝘭𝘷𝘦 𝘢 𝘤𝘰𝘭𝘰𝘤𝘢𝘳 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘴𝘶 𝘭𝘶𝘨𝘢𝘳.

    𝘠𝘢 𝘤𝘢𝘴𝘪 𝘯𝘪 𝘭𝘰 𝘯𝘰𝘵𝘰, 𝘱𝘶𝘦𝘴 𝘴𝘦 𝘩𝘢 𝘷𝘶𝘦𝘭𝘵𝘰 𝘱𝘢𝘳𝘵𝘦 𝘥𝘦𝘭 𝘱𝘢𝘪𝘴𝘢𝘫𝘦, 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘭𝘢 𝘭𝘶𝘻 𝘣𝘭𝘢𝘯𝘤𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘶𝘯𝘤𝘢 𝘤𝘢𝘮𝘣𝘪𝘢 𝘰 𝘦𝘭 𝘰𝘭𝘰𝘳 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘢 𝘥𝘦𝘴𝘪𝘯𝘧𝘦𝘤𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘢𝘪𝘳𝘦.

    𝘓𝘢𝘴 𝘤𝘢́𝘮𝘢𝘳𝘢𝘴 𝘰𝘣𝘴𝘦𝘳𝘷𝘢𝘯 𝘥𝘦𝘴𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘦𝘴𝘲𝘶𝘪𝘯𝘢𝘴.

    𝘗𝘶𝘦𝘥𝘰 𝘰𝜄́𝘳𝘭𝘢𝘴 𝘢𝘫𝘶𝘴𝘵𝘢𝘳 𝘦𝘭 𝘦𝘯𝘧𝘰𝘲𝘶𝘦 𝘥𝘦 𝘷𝘦𝘻 𝘦𝘯 𝘤𝘶𝘢𝘯𝘥𝘰, 𝘦𝘴𝘦 𝘻𝘶𝘮𝘣𝘪𝘥𝘰 𝘱𝘦𝘲𝘶𝘦𝘯̃𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘥𝘦𝘭𝘢𝘵𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘢𝘭𝘨𝘶𝘪𝘦𝘯 𝘢𝘭 𝘰𝘵𝘳𝘰 𝘭𝘢𝘥𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘱𝘢𝘯𝘵𝘢𝘭𝘭𝘢𝘴 𝘴𝘪𝘨𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘱𝘦𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘢𝘭𝘨𝘰 𝘥𝘦 𝘮𝜄́. 𝘜𝘯 𝘮𝘰𝘷𝘪𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘣𝘳𝘶𝘴𝘤𝘰. 𝘜𝘯 𝘨𝘦𝘴𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘧𝘳𝘶𝘴𝘵𝘳𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯.
    ❝𝐴 𝑣𝑒𝑐𝑒𝑠 𝑙𝑎 𝑝𝑢𝑒𝑟𝑡𝑎 𝑎𝑝𝑟𝑒𝑛𝑑𝑒 𝑡𝑢 𝑛𝑜𝑚𝑏𝑟𝑒, 𝑎𝑢𝑛𝑞𝑢𝑒 𝑡𝑢́ 𝑦𝑎 𝑛𝑜 𝑙𝑜 𝑟𝑒𝑐𝑢𝑒𝑟𝑑𝑒𝑠.❞ 𝘌𝘭 𝘣𝘰𝘻𝘢𝘭 𝘴𝘪𝘨𝘶𝘦 𝘦𝘯 𝘴𝘶 𝘴𝘪𝘵𝘪𝘰. 𝘌𝘭 𝘤𝘶𝘦𝘳𝘰 𝘵𝘦𝘯𝘴𝘢 𝘭𝘢 𝘮𝘢𝘯𝘥𝜄́𝘣𝘶𝘭𝘢 𝘺 𝘦𝘭 𝘮𝘦𝘵𝘢𝘭 𝘥𝘦𝘴𝘤𝘢𝘯𝘴𝘢 𝘧𝘳𝜄́𝘰 𝘴𝘰𝘣𝘳𝘦 𝘮𝘪𝘴 𝘭𝘢𝘣𝘪𝘰𝘴 𝘤𝘢𝘥𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘳𝘦𝘴𝘱𝘪𝘳𝘰. 𝘕𝘰 𝘮𝘦 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘪𝘵𝘦 𝘢𝘣𝘳𝘪𝘳 𝘭𝘢 𝘣𝘰𝘤𝘢 𝘮𝘢́𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘰 𝘯𝘦𝘤𝘦𝘴𝘢𝘳𝘪𝘰, 𝘺 𝘤𝘶𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘪𝘯𝘵𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘩𝘢𝘤𝘦𝘳𝘭𝘰 𝘭𝘢𝘴 𝘤𝘰𝘳𝘳𝘦𝘢𝘴 𝘳𝘦𝘴𝘱𝘰𝘯𝘥𝘦𝘯 𝘤𝘰𝘯 𝘶𝘯 𝘵𝘪𝘳𝘰́𝘯 𝘴𝘪𝘭𝘦𝘯𝘤𝘪𝘰𝘴𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘷𝘶𝘦𝘭𝘷𝘦 𝘢 𝘤𝘰𝘭𝘰𝘤𝘢𝘳 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘴𝘶 𝘭𝘶𝘨𝘢𝘳. 𝘠𝘢 𝘤𝘢𝘴𝘪 𝘯𝘪 𝘭𝘰 𝘯𝘰𝘵𝘰, 𝘱𝘶𝘦𝘴 𝘴𝘦 𝘩𝘢 𝘷𝘶𝘦𝘭𝘵𝘰 𝘱𝘢𝘳𝘵𝘦 𝘥𝘦𝘭 𝘱𝘢𝘪𝘴𝘢𝘫𝘦, 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘭𝘢 𝘭𝘶𝘻 𝘣𝘭𝘢𝘯𝘤𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘶𝘯𝘤𝘢 𝘤𝘢𝘮𝘣𝘪𝘢 𝘰 𝘦𝘭 𝘰𝘭𝘰𝘳 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘢 𝘥𝘦𝘴𝘪𝘯𝘧𝘦𝘤𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘢𝘪𝘳𝘦. 𝘓𝘢𝘴 𝘤𝘢́𝘮𝘢𝘳𝘢𝘴 𝘰𝘣𝘴𝘦𝘳𝘷𝘢𝘯 𝘥𝘦𝘴𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘦𝘴𝘲𝘶𝘪𝘯𝘢𝘴. 𝘗𝘶𝘦𝘥𝘰 𝘰𝜄́𝘳𝘭𝘢𝘴 𝘢𝘫𝘶𝘴𝘵𝘢𝘳 𝘦𝘭 𝘦𝘯𝘧𝘰𝘲𝘶𝘦 𝘥𝘦 𝘷𝘦𝘻 𝘦𝘯 𝘤𝘶𝘢𝘯𝘥𝘰, 𝘦𝘴𝘦 𝘻𝘶𝘮𝘣𝘪𝘥𝘰 𝘱𝘦𝘲𝘶𝘦𝘯̃𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘥𝘦𝘭𝘢𝘵𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘢𝘭𝘨𝘶𝘪𝘦𝘯 𝘢𝘭 𝘰𝘵𝘳𝘰 𝘭𝘢𝘥𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘱𝘢𝘯𝘵𝘢𝘭𝘭𝘢𝘴 𝘴𝘪𝘨𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘱𝘦𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘢𝘭𝘨𝘰 𝘥𝘦 𝘮𝜄́. 𝘜𝘯 𝘮𝘰𝘷𝘪𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘣𝘳𝘶𝘴𝘤𝘰. 𝘜𝘯 𝘨𝘦𝘴𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘧𝘳𝘶𝘴𝘵𝘳𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯.
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    ━━「 𝕯᥆ ᥡ᥆ᥙ sᥱᥱ 𝗍һᥱm, 𝗍᥆᥆? 」━━



    ➤ 𝐍ⱺꭑᑲ𝗋𝖾: Alaska Crowley.
    ➤ 𝐄ᑯαᑯ: 25 años.
    ➤ 𝐎𝗋𝗂𝖾𐓣𝗍α𝖼𝗂ó𐓣: Indefinida.
    ➤ 𝐆é𐓣𝖾𝗋ⱺ: Femenino.
    ➤ 𝐀ᥣ𝗍υ𝗋α: 1,68 m.
    ➤ 𝐎𝖼υρα𝖼𝗂ó𐓣: Camarera en club nocturno.
    ➤ 𝐅αꭑ𝗂ᥣ𝗂α𝗋𝖾𝗌 𝖼𝖾𝗋𝖼α𐓣ⱺ𝗌: Owen Crowley, tío.
    ➤ 𝕯іᥲgᥒós𝗍іᥴ᥆: Esquizofrenia.


    ➤ Desde nacimiento Alaska siempre presentó ciertos signos extraños para sus padres. Incluso para una recién nacida no era normal llorar todo el tiempo o estar periodos extensos en silencio, mirando puntos fijos. Al principio no quisieron preocuparse demasiado, pero a medida que ella iba creciendo empezó a ser más evidente.
    A los 4 años ya tenía varios amigos imaginarios o creaba alguno cada día. Lo que asustaba a sus padres era el hecho de describirlos con tanto detalle (tanto como una niña de esa edad podía) o decir cosas como "Los están mirando", "No le gustó eso", "Dice que voy a morir", etc.
    Lo que colmó el vaso fue cuando Alaska comenzó a gritar y llorar por las noches como si estuvieran torturándola, solo para encontrarle heridas o hematomas en el cuerpo.
    La llevaron con profesionales y, ya para los 5 años, tras muchas pruebas y diagnósticos incorrectos, terminó siendo diagnosticada con psicosis. Específicamente, esquizofrenia.
    La medicaron, aunque no quisieron ser demasiado invasivos. Por desgracia, no funcionaba muy bien. Intentaron con distintos tipos de medicación antes de subir las dosis. Ahí funcionaban por un tiempo antes de volver a lo mismo.
    A los 11 años ella advirtió a sus padres que no se fueran a dormir. Estaba demasiado inquieta y a toda costa los quiso mantener ocupados. No le hicieron caso. A la mañana siguiente los descubrió muertos: mandíbulas desencajadas, extremidades rotas, sangre por toda la cama... Nunca supieron qué ocurrió exactamente. No habían huellas y Alaska no tenía indicios de haberlo hecho. "Fueron ellos", mencionaba ella durante los testimonios, "Los monstruos que me dijeron que se los iban a comer". Entre tanto, insistió demasiado en eso y comenzó a tener conductas más agresivas que decidieron internarla en un psiquiátrico.
    Su tío, hermano del padre, tuvo que encargarse de ella desde ese entonces. No fue demasiado bueno. Cuando Alaska salió del psiquiátrico a los 16 años tuvo que valerse por su cuenta la mayor parte del tiempo, buscando diferentes trabajos al mentir con su edad o hasta robando dinero para costear los medicamentos y poder comer.
    A día de hoy sigue medicada y con dosis muy altas. Ayudan a que las alucinaciones no sean demasiado fuertes.

    𝗣𝗼𝗿 𝗱𝗲𝘀𝗴𝗿𝗮𝗰𝗶𝗮❟ 𝗻𝗼 𝘀𝗼𝗻 𝗮𝗹𝘂𝗰𝗶𝗻𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝘆 𝗲𝗹𝗹𝗮 𝗻𝗼 𝗲𝘀𝘁á 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗹𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗲𝗻𝗳𝗲𝗿𝗺𝗮。 𝗣𝗲𝗿𝗼❟ ¿𝗾𝘂𝗶é𝗻 𝗰𝗿𝗲𝗲𝗿í𝗮 𝗮𝗹𝗴𝗼 𝗮𝘀í?
    ━━「 𝕯᥆ ᥡ᥆ᥙ sᥱᥱ 𝗍һᥱm, 𝗍᥆᥆? 」━━ ➤ 𝐍ⱺꭑᑲ𝗋𝖾: Alaska Crowley. ➤ 𝐄ᑯαᑯ: 25 años. ➤ 𝐎𝗋𝗂𝖾𐓣𝗍α𝖼𝗂ó𐓣: Indefinida. ➤ 𝐆é𐓣𝖾𝗋ⱺ: Femenino. ➤ 𝐀ᥣ𝗍υ𝗋α: 1,68 m. ➤ 𝐎𝖼υρα𝖼𝗂ó𐓣: Camarera en club nocturno. ➤ 𝐅αꭑ𝗂ᥣ𝗂α𝗋𝖾𝗌 𝖼𝖾𝗋𝖼α𐓣ⱺ𝗌: Owen Crowley, tío. ➤ 𝕯іᥲgᥒós𝗍іᥴ᥆: Esquizofrenia. ➤ Desde nacimiento Alaska siempre presentó ciertos signos extraños para sus padres. Incluso para una recién nacida no era normal llorar todo el tiempo o estar periodos extensos en silencio, mirando puntos fijos. Al principio no quisieron preocuparse demasiado, pero a medida que ella iba creciendo empezó a ser más evidente. A los 4 años ya tenía varios amigos imaginarios o creaba alguno cada día. Lo que asustaba a sus padres era el hecho de describirlos con tanto detalle (tanto como una niña de esa edad podía) o decir cosas como "Los están mirando", "No le gustó eso", "Dice que voy a morir", etc. Lo que colmó el vaso fue cuando Alaska comenzó a gritar y llorar por las noches como si estuvieran torturándola, solo para encontrarle heridas o hematomas en el cuerpo. La llevaron con profesionales y, ya para los 5 años, tras muchas pruebas y diagnósticos incorrectos, terminó siendo diagnosticada con psicosis. Específicamente, esquizofrenia. La medicaron, aunque no quisieron ser demasiado invasivos. Por desgracia, no funcionaba muy bien. Intentaron con distintos tipos de medicación antes de subir las dosis. Ahí funcionaban por un tiempo antes de volver a lo mismo. A los 11 años ella advirtió a sus padres que no se fueran a dormir. Estaba demasiado inquieta y a toda costa los quiso mantener ocupados. No le hicieron caso. A la mañana siguiente los descubrió muertos: mandíbulas desencajadas, extremidades rotas, sangre por toda la cama... Nunca supieron qué ocurrió exactamente. No habían huellas y Alaska no tenía indicios de haberlo hecho. "Fueron ellos", mencionaba ella durante los testimonios, "Los monstruos que me dijeron que se los iban a comer". Entre tanto, insistió demasiado en eso y comenzó a tener conductas más agresivas que decidieron internarla en un psiquiátrico. Su tío, hermano del padre, tuvo que encargarse de ella desde ese entonces. No fue demasiado bueno. Cuando Alaska salió del psiquiátrico a los 16 años tuvo que valerse por su cuenta la mayor parte del tiempo, buscando diferentes trabajos al mentir con su edad o hasta robando dinero para costear los medicamentos y poder comer. A día de hoy sigue medicada y con dosis muy altas. Ayudan a que las alucinaciones no sean demasiado fuertes. 𝗣𝗼𝗿 𝗱𝗲𝘀𝗴𝗿𝗮𝗰𝗶𝗮❟ 𝗻𝗼 𝘀𝗼𝗻 𝗮𝗹𝘂𝗰𝗶𝗻𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝘆 𝗲𝗹𝗹𝗮 𝗻𝗼 𝗲𝘀𝘁á 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗹𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗲𝗻𝗳𝗲𝗿𝗺𝗮。 𝗣𝗲𝗿𝗼❟ ¿𝗾𝘂𝗶é𝗻 𝗰𝗿𝗲𝗲𝗿í𝗮 𝗮𝗹𝗴𝗼 𝗮𝘀í?
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