Era temprano en la mañana pero él estaba despierto desde hacía aún más y es que se había asegurado de levantarse con cuidado de no despertar a
Angel Dust, incluso colocando un dedo sobre sus labios en una señal silenciosa que le hizo al pequeño puerco antes de salir de la habitación.
¿El motivo? Sorprender a la araña, claro. Pues no se le pasaba la festividad de aquel particular día; una celebración que, por muchos años, pasó de ella tan sólo ahogando sus penas en una botella mientras se pasaba la vida jugando juegos en su casino.
Ahora, mucho tiempo después, tenía motivos para celebrarlo. Un alma que se había convertido en su mitad y que, incluso, habían decidido unirse por la eternidad en una ceremonia matrimonial. ¿Creía que San Valentín era algo innecesario? Podía ser, después de todo no necesitaba de una fecha para demostrarle a Angel cuánto lo amaba, cuánto lo complementaba y cuánto había llenado aquel vacío en su vida.
Pero sabía que el otro era cursi y que gustaba de aquellas cosas por lo que no necesitaba más motivo para participar de ellas.
Tras algunas horas volvió, una pequeña bandeja entre sus manos con un pequeño desayuno que él preparó. Seguía sin ser tan habilidoso en la cocina como Anthony, claro, pero tampoco tenía mal sabor. Algunas galletas en forma de corazón, algunos cupcakes con alguna ñoña decoración romántica arriba de la crema, algunas golosinas pues eran infaltables los chocolates aunque había preparado un trago donde con golosinas lo había adornado. ¿Solía rechazar la idea de decorar con dulces sus tragos? Sí, pero a Angel le gustaba entonces esta vez había tocado hacerlo. Por supuesto, fue infaltable la tacita de chocolate caliente que le preparó.
Abriendo la puerta con cuidado la cerró con la misma cautela con su cola antes de dirigirse a la cama. Un pequeño ronroneo se le escapó al ver al otro dormido, colocando la bandeja en la pequeña mesilla de luz para encender una radio cercana en un volumen intermedio y poderse sentar a su lado en el lecho para reclinarse depositando un pequeño beso en la cabeza ajena.
— Despierta bello durmiente —
Bromeó con una suave risa en lo que su ronroneo continuaba de forma sonora. Y es que aguardaría a que abriera los ojos para observarlo con cálida sonrisa, incluso quitándose el sombrero de la cabeza para sacar de su interior, en un pequeño truco de magia, una rosa que le extendió.
— Feliz San Valentín, Angel —
Le deseó no sólo enseñándole la bandeja de cosas que trajo también, sino además extendiéndole una mano en una invitación a que se levantara. ¿Por qué? Pues la canción que la radio transmitía no era otra que sino una que en vida habían bailado varias veces, un pequeño detalle adrede para sorprenderlo y ahora invitarlo a bailar también