• ❝-¡𝐇𝐎𝐇𝐎! 𝐋𝐋𝐞𝐠𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐥𝐥𝐨𝐫𝐚𝐛𝐚𝐧 ¿𝐦𝐞 𝐞𝐱𝐭𝐫𝐚ñ𝐚𝐫𝐨𝐧? 𝐬𝐢𝐬𝐢, 𝐬𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐢¡ 𝐧𝐨 𝐡𝐚𝐜𝐞 𝐟𝐚𝐥𝐭𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐨 𝐝𝐢𝐠𝐚𝐧, 𝐬𝐨𝐲 𝐞𝐥 𝐦𝐞𝐣𝐨𝐫¡❞

    𝐔𝐧𝐚 𝐞𝐱𝐭𝐫𝐚𝐯𝐚𝐠𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐲 𝐦𝐮𝐲 𝐫𝐞𝐜𝐨𝐧𝐨𝐜𝐢𝐛𝐥𝐞 𝐟𝐢𝐠𝐮𝐫𝐚 𝐞𝐦𝐞𝐫𝐠𝐢𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐨𝐬𝐜𝐮𝐫𝐢𝐝𝐚𝐝, 𝐝𝐞𝐬𝐥𝐢𝐳𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐬𝐮𝐚𝐯𝐞𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐬𝐮 𝐦𝐚𝐧𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐬𝐮 𝐛𝐢𝐠𝐨𝐭𝐞 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐬𝐢 𝐬𝐞 𝐭𝐫𝐚𝐭𝐚𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐮𝐧 𝐩𝐞𝐢𝐧𝐞, 𝐬𝐮 𝐫𝐢𝐬𝐚 𝐫𝐞𝐬𝐨𝐧𝐨 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐥𝐮𝐠𝐚𝐫.

    ❝-*𝐂𝐨𝐟* *𝐜𝐨𝐟* ¡𝐁𝐈𝐄𝐍! 𝐓𝐞𝐧𝐠𝐨 𝐢𝐧𝐜𝐫𝐞𝐢𝐛𝐥𝐞𝐬 𝐩𝐥𝐚𝐧𝐞𝐬 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐞𝐱𝐩𝐚𝐧𝐝𝐢𝐫 𝐦𝐢 𝐢𝐦𝐩𝐞𝐫𝐢𝐨¡ 𝐲 𝐞𝐬𝐞 𝐞𝐫𝐢𝐳𝐨 𝐲 𝐬𝐮𝐬 𝐭𝐨𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐚𝐦𝐢𝐠𝐨𝐬 𝐧𝐨 𝐩𝐨𝐝𝐫𝐚𝐧 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐫 𝐧𝐚𝐝𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐝𝐞𝐭𝐞𝐧𝐞𝐫𝐥𝐨¡❞
    ❝-¡𝐇𝐎𝐇𝐎! 𝐋𝐋𝐞𝐠𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐥𝐥𝐨𝐫𝐚𝐛𝐚𝐧 ¿𝐦𝐞 𝐞𝐱𝐭𝐫𝐚ñ𝐚𝐫𝐨𝐧? 𝐬𝐢𝐬𝐢, 𝐬𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐢¡ 𝐧𝐨 𝐡𝐚𝐜𝐞 𝐟𝐚𝐥𝐭𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐨 𝐝𝐢𝐠𝐚𝐧, 𝐬𝐨𝐲 𝐞𝐥 𝐦𝐞𝐣𝐨𝐫¡❞ 𝐔𝐧𝐚 𝐞𝐱𝐭𝐫𝐚𝐯𝐚𝐠𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐲 𝐦𝐮𝐲 𝐫𝐞𝐜𝐨𝐧𝐨𝐜𝐢𝐛𝐥𝐞 𝐟𝐢𝐠𝐮𝐫𝐚 𝐞𝐦𝐞𝐫𝐠𝐢𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐨𝐬𝐜𝐮𝐫𝐢𝐝𝐚𝐝, 𝐝𝐞𝐬𝐥𝐢𝐳𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐬𝐮𝐚𝐯𝐞𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐬𝐮 𝐦𝐚𝐧𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐬𝐮 𝐛𝐢𝐠𝐨𝐭𝐞 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐬𝐢 𝐬𝐞 𝐭𝐫𝐚𝐭𝐚𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐮𝐧 𝐩𝐞𝐢𝐧𝐞, 𝐬𝐮 𝐫𝐢𝐬𝐚 𝐫𝐞𝐬𝐨𝐧𝐨 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐥𝐮𝐠𝐚𝐫. ❝-*𝐂𝐨𝐟* *𝐜𝐨𝐟* ¡𝐁𝐈𝐄𝐍! 𝐓𝐞𝐧𝐠𝐨 𝐢𝐧𝐜𝐫𝐞𝐢𝐛𝐥𝐞𝐬 𝐩𝐥𝐚𝐧𝐞𝐬 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐞𝐱𝐩𝐚𝐧𝐝𝐢𝐫 𝐦𝐢 𝐢𝐦𝐩𝐞𝐫𝐢𝐨¡ 𝐲 𝐞𝐬𝐞 𝐞𝐫𝐢𝐳𝐨 𝐲 𝐬𝐮𝐬 𝐭𝐨𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐚𝐦𝐢𝐠𝐨𝐬 𝐧𝐨 𝐩𝐨𝐝𝐫𝐚𝐧 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐫 𝐧𝐚𝐝𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐝𝐞𝐭𝐞𝐧𝐞𝐫𝐥𝐨¡❞
    Me emputece
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • 𝐴𝘩, 𝑝𝑒𝑟𝑜 𝑙𝑜𝑠 𝑝𝑙𝑎𝑐𝑒𝑟𝑒𝑠, 𝑞𝑢𝑒𝑟𝑖𝑑𝑜, 𝑠𝑜𝑛 𝑢𝑛 𝑡𝑖𝑝𝑜 𝑑𝑒 𝑡𝑟𝑎𝑛𝑠𝑎𝑐𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑚𝑢𝑦 𝑑𝑖𝑓𝑒𝑟𝑒𝑛𝑡𝑒. 𝐴𝑙𝑔𝑢𝑛𝑜𝑠 𝑒𝑥𝑖𝑔𝑒𝑛 𝑢𝑛 𝑝𝑒𝑑𝑎𝑧𝑜 𝑑𝑒 𝑡𝑢 𝑎𝑙𝑚𝑎, 𝑙𝑜𝑠 𝑚𝑒𝑗𝑜𝑟𝑒𝑠 𝑎𝑛̃𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑡𝑢 𝑡𝑖𝑒𝑚𝑝𝑜 𝑜 𝑢𝑛𝑎 𝑓𝑖𝑑𝑒𝑙𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑎𝑏𝑠𝑜𝑙𝑢𝑡𝑎... —𝘩𝑖𝑧𝑜 𝑢𝑛𝑎 𝑝𝑎𝑢𝑠𝑎, 𝑙𝑎𝑑𝑒𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑙𝑎 𝑐𝑎𝑏𝑒𝑧𝑎 𝑐𝑜𝑛 𝑢𝑛𝑎 𝑠𝑜𝑛𝑟𝑖𝑠𝑎 𝑑𝑢𝑙𝑐𝑒 𝑦 𝑑𝑖𝑣𝑒𝑟𝑡𝑖𝑑𝑎—. 𝑌 𝑒𝑛𝑡𝑟𝑒𝑔𝑎𝑟𝑙𝑒 𝑡𝑜𝑑𝑜 𝑒𝑠𝑜 𝑎 𝑢𝑛𝑎 𝑠𝑖𝑚𝑝𝑙𝑒 𝑏𝑟𝑢𝑗𝑎 𝑎𝑚𝑏𝑢𝑙𝑎𝑛𝑡𝑒... 𝑛𝑜 𝑠𝑒𝑟𝜄́𝑎𝑠 𝑡𝑎𝑛 𝑡𝑜𝑛𝑡𝑜, ¿𝑣𝑒𝑟𝑑𝑎𝑑.ᐣ
    𝐴𝘩, 𝑝𝑒𝑟𝑜 𝑙𝑜𝑠 𝑝𝑙𝑎𝑐𝑒𝑟𝑒𝑠, 𝑞𝑢𝑒𝑟𝑖𝑑𝑜, 𝑠𝑜𝑛 𝑢𝑛 𝑡𝑖𝑝𝑜 𝑑𝑒 𝑡𝑟𝑎𝑛𝑠𝑎𝑐𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑚𝑢𝑦 𝑑𝑖𝑓𝑒𝑟𝑒𝑛𝑡𝑒. 𝐴𝑙𝑔𝑢𝑛𝑜𝑠 𝑒𝑥𝑖𝑔𝑒𝑛 𝑢𝑛 𝑝𝑒𝑑𝑎𝑧𝑜 𝑑𝑒 𝑡𝑢 𝑎𝑙𝑚𝑎, 𝑙𝑜𝑠 𝑚𝑒𝑗𝑜𝑟𝑒𝑠 𝑎𝑛̃𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑡𝑢 𝑡𝑖𝑒𝑚𝑝𝑜 𝑜 𝑢𝑛𝑎 𝑓𝑖𝑑𝑒𝑙𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑎𝑏𝑠𝑜𝑙𝑢𝑡𝑎... —𝘩𝑖𝑧𝑜 𝑢𝑛𝑎 𝑝𝑎𝑢𝑠𝑎, 𝑙𝑎𝑑𝑒𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑙𝑎 𝑐𝑎𝑏𝑒𝑧𝑎 𝑐𝑜𝑛 𝑢𝑛𝑎 𝑠𝑜𝑛𝑟𝑖𝑠𝑎 𝑑𝑢𝑙𝑐𝑒 𝑦 𝑑𝑖𝑣𝑒𝑟𝑡𝑖𝑑𝑎—. 𝑌 𝑒𝑛𝑡𝑟𝑒𝑔𝑎𝑟𝑙𝑒 𝑡𝑜𝑑𝑜 𝑒𝑠𝑜 𝑎 𝑢𝑛𝑎 𝑠𝑖𝑚𝑝𝑙𝑒 𝑏𝑟𝑢𝑗𝑎 𝑎𝑚𝑏𝑢𝑙𝑎𝑛𝑡𝑒... 𝑛𝑜 𝑠𝑒𝑟𝜄́𝑎𝑠 𝑡𝑎𝑛 𝑡𝑜𝑛𝑡𝑜, ¿𝑣𝑒𝑟𝑑𝑎𝑑.ᐣ
    Me encocora
    Me gusta
    Me endiabla
    8
    0 turnos 0 maullidos
  • 𝙸𝚗𝚒𝚝𝚒𝚊𝚝𝚒𝚗𝚐 𝚋𝚘𝚘𝚝 𝚜𝚎𝚚𝚞𝚎𝚗𝚌𝚎. . . 𝙰𝚕𝚕 𝚌𝚑𝚎𝚌𝚔𝚜 𝙾𝙺.
    𝙲𝚘𝚖𝚖𝚎𝚗𝚌𝚒𝚗𝚐 𝚘𝚙𝚎𝚛𝚊𝚝𝚒𝚘𝚗. . .
    𝚄𝚗𝚒𝚝 𝙳𝙷𝙰𝚁𝙼𝙰-𝚇 𝚛𝚎𝚊𝚍𝚢 𝚏𝚘𝚛 𝚍𝚎𝚙𝚕𝚘𝚢𝚖𝚎𝚗𝚝.
    . . .
    Current Protocol: 𝗦 𝗛 𝗢 𝗪 𝗧 𝗜 𝗠 𝗘.
    𝙸𝚗𝚒𝚝𝚒𝚊𝚝𝚒𝚗𝚐 𝚋𝚘𝚘𝚝 𝚜𝚎𝚚𝚞𝚎𝚗𝚌𝚎. . . 𝙰𝚕𝚕 𝚌𝚑𝚎𝚌𝚔𝚜 𝙾𝙺. 𝙲𝚘𝚖𝚖𝚎𝚗𝚌𝚒𝚗𝚐 𝚘𝚙𝚎𝚛𝚊𝚝𝚒𝚘𝚗. . . 𝚄𝚗𝚒𝚝 𝙳𝙷𝙰𝚁𝙼𝙰-𝚇 𝚛𝚎𝚊𝚍𝚢 𝚏𝚘𝚛 𝚍𝚎𝚙𝚕𝚘𝚢𝚖𝚎𝚗𝚝. . . . Current Protocol: 𝗦 𝗛 𝗢 𝗪 𝗧 𝗜 𝗠 𝗘.
    Me gusta
    Me endiabla
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • ❝ 𝐏𝐞𝐫𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐦𝛊́ 𝐞𝐬𝐭𝐚́𝐬 𝐦𝐮𝐞𝐫𝐭𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐝𝐞𝐧𝐭𝐫𝐨, 𝐞𝐫𝐞𝐬 𝐟𝐫𝛊́𝐚 𝐞 𝐢𝐧𝐚𝐥𝐜𝐚𝐧𝐳𝐚𝐛𝐥𝐞. 𝐄𝐬 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐬𝐢 𝐧𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐮𝐯𝐢𝐞𝐫𝐚 𝐚𝐪𝐮𝛊́, 𝐚 𝐭𝐮 𝐥𝐚𝐝𝐨. 𝐘, 𝐚𝐥 𝐧𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐫 𝐚𝐪𝐮𝛊́ 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐢𝐠𝐨, 𝐭𝐞𝐧𝐠𝐨 𝐥𝐚 𝐭𝐞𝐫𝐫𝐢𝐛𝐥𝐞 𝐬𝐞𝐧𝐬𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐧𝐨 𝐞𝐱𝐢𝐬𝐭𝐢𝐫 𝐞𝐧 𝐚𝐛𝐬𝐨𝐥𝐮𝐭𝐨. 𝐘 𝐞𝐫𝐞𝐬 𝐭𝐚𝐧 𝐟𝐫𝛊́𝐚 𝐲 𝐝𝐢𝐬𝐭𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐞𝐬𝐚𝐬 𝐞𝐱𝐭𝐫𝐚𝐧̃𝐚𝐬 𝐩𝐢𝐧𝐭𝐮𝐫𝐚𝐬 𝐦𝐨𝐝𝐞𝐫𝐧𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐥𝛊́𝐧𝐞𝐚𝐬 𝐲 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚𝐬 𝐝𝐮𝐫𝐚𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐨 𝐚𝐦𝐚𝐫 𝐧𝐢 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐞𝐫, 𝐭𝐚𝐧 𝐚𝐣𝐞𝐧𝐚 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐞𝐬𝐚𝐬 𝐝𝐮𝐫𝐚𝐬 𝐞𝐬𝐜𝐮𝐥𝐭𝐮𝐫𝐚𝐬 𝐦𝐞𝐜𝐚́𝐧𝐢𝐜𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐞́𝐩𝐨𝐜𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐜𝐚𝐫𝐞𝐜𝐞𝐧 𝐝𝐞 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚 𝐡𝐮𝐦𝐚𝐧𝐚. 𝐌𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐫𝐞𝐦𝐞𝐳𝐜𝐨 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐨𝐲 𝐜𝐞𝐫𝐜𝐚 𝐝𝐞 𝐭𝐢. 𝐌𝐢𝐫𝐨 𝐭𝐮𝐬 𝐨𝐣𝐨𝐬 𝐲 𝐦𝐢 𝐫𝐞𝐟𝐥𝐞𝐣𝐨 𝐧𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐚́ 𝐚𝐡𝛊́… ❞
    ❝ 𝐏𝐞𝐫𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐦𝛊́ 𝐞𝐬𝐭𝐚́𝐬 𝐦𝐮𝐞𝐫𝐭𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐝𝐞𝐧𝐭𝐫𝐨, 𝐞𝐫𝐞𝐬 𝐟𝐫𝛊́𝐚 𝐞 𝐢𝐧𝐚𝐥𝐜𝐚𝐧𝐳𝐚𝐛𝐥𝐞. 𝐄𝐬 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐬𝐢 𝐧𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐮𝐯𝐢𝐞𝐫𝐚 𝐚𝐪𝐮𝛊́, 𝐚 𝐭𝐮 𝐥𝐚𝐝𝐨. 𝐘, 𝐚𝐥 𝐧𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐫 𝐚𝐪𝐮𝛊́ 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐢𝐠𝐨, 𝐭𝐞𝐧𝐠𝐨 𝐥𝐚 𝐭𝐞𝐫𝐫𝐢𝐛𝐥𝐞 𝐬𝐞𝐧𝐬𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐧𝐨 𝐞𝐱𝐢𝐬𝐭𝐢𝐫 𝐞𝐧 𝐚𝐛𝐬𝐨𝐥𝐮𝐭𝐨. 𝐘 𝐞𝐫𝐞𝐬 𝐭𝐚𝐧 𝐟𝐫𝛊́𝐚 𝐲 𝐝𝐢𝐬𝐭𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐞𝐬𝐚𝐬 𝐞𝐱𝐭𝐫𝐚𝐧̃𝐚𝐬 𝐩𝐢𝐧𝐭𝐮𝐫𝐚𝐬 𝐦𝐨𝐝𝐞𝐫𝐧𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐥𝛊́𝐧𝐞𝐚𝐬 𝐲 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚𝐬 𝐝𝐮𝐫𝐚𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐨 𝐚𝐦𝐚𝐫 𝐧𝐢 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐞𝐫, 𝐭𝐚𝐧 𝐚𝐣𝐞𝐧𝐚 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐞𝐬𝐚𝐬 𝐝𝐮𝐫𝐚𝐬 𝐞𝐬𝐜𝐮𝐥𝐭𝐮𝐫𝐚𝐬 𝐦𝐞𝐜𝐚́𝐧𝐢𝐜𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐞́𝐩𝐨𝐜𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐜𝐚𝐫𝐞𝐜𝐞𝐧 𝐝𝐞 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚 𝐡𝐮𝐦𝐚𝐧𝐚. 𝐌𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐫𝐞𝐦𝐞𝐳𝐜𝐨 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐨𝐲 𝐜𝐞𝐫𝐜𝐚 𝐝𝐞 𝐭𝐢. 𝐌𝐢𝐫𝐨 𝐭𝐮𝐬 𝐨𝐣𝐨𝐬 𝐲 𝐦𝐢 𝐫𝐞𝐟𝐥𝐞𝐣𝐨 𝐧𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐚́ 𝐚𝐡𝛊́… ❞
    Me encocora
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • “𝑰 𝒍𝒆𝒕 𝒕𝒉𝒆 𝒏𝒊𝒈𝒉𝒕 𝒉𝒐𝒍𝒅 𝒎𝒆 𝒇𝒐𝒓 𝒂 𝒘𝒉𝒊𝒍𝒆.”
    “𝑰 𝒍𝒆𝒕 𝒕𝒉𝒆 𝒏𝒊𝒈𝒉𝒕 𝒉𝒐𝒍𝒅 𝒎𝒆 𝒇𝒐𝒓 𝒂 𝒘𝒉𝒊𝒍𝒆.”
    Me gusta
    Me encocora
    Me endiabla
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • ❝ 𝐍𝐮𝐞𝐯𝐚 𝐎𝐫𝐥𝐞𝐚𝐧𝐬, 𝐚𝐮𝐧𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐞𝐫𝐦𝐨𝐬𝐚 𝐲 𝐫𝐞𝐛𝐨𝐬𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐝𝐞 𝐯𝐢𝐝𝐚, 𝐞𝐫𝐚 𝐚 𝐥𝐚 𝐯𝐞𝐳 𝐝𝐞𝐬𝐞𝐬𝐩𝐞𝐫𝐚𝐝𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐟𝐫𝐚́𝐠𝐢𝐥. 𝐇𝐚𝐛𝛊́𝐚 𝐚𝐥𝐥𝛊́ 𝐚𝐥𝐠𝐨 𝐞𝐭𝐞𝐫𝐧𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐬𝐚𝐥𝐯𝐚𝐣𝐞 𝐲 𝐩𝐫𝐢𝐦𝐢𝐭𝐢𝐯𝐨. 𝐀𝐥𝐠𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐚𝐦𝐞𝐧𝐚𝐳𝐚𝐛𝐚 𝐥𝐚 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐞𝐱𝐨́𝐭𝐢𝐜𝐚 𝐲 𝐬𝐨𝐟𝐢𝐬𝐭𝐢𝐜𝐚𝐝𝐚 𝐭𝐚𝐧𝐭𝐨 𝐝𝐞𝐬𝐝𝐞 𝐝𝐞𝐧𝐭𝐫𝐨 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐝𝐞𝐬𝐝𝐞 𝐟𝐮𝐞𝐫𝐚. 𝐍𝐢 𝐮𝐧 𝐜𝐞𝐧𝐭𝛊́𝐦𝐞𝐭𝐫𝐨 𝐝𝐞 𝐞𝐬𝐚𝐬 𝐜𝐚𝐥𝐥𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐦𝐚𝐝𝐞𝐫𝐚 𝐧𝐢 𝐮𝐧 𝐥𝐚𝐝𝐫𝐢𝐥𝐥𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚𝐬 𝐚𝐛𝐚𝐫𝐫𝐨𝐭𝐚𝐝𝐚𝐬 𝐜𝐚𝐬𝐚𝐬 𝐞𝐬𝐩𝐚𝐧̃𝐨𝐥𝐚𝐬 𝐧𝐨 𝐡𝐚𝐛𝛊́𝐚𝐧 𝐬𝐢𝐝𝐨 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐫𝐚𝐝𝐨𝐬 𝐚 𝐥𝐚 𝐢𝐧𝐝𝐨́𝐦𝐢𝐭𝐚 𝐧𝐚𝐭𝐮𝐫𝐚𝐥𝐞𝐳𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐫𝐨𝐝𝐞𝐚𝐛𝐚 𝐥𝐚 𝐜𝐢𝐮𝐝𝐚𝐝, 𝐥𝐢𝐬𝐭𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐞𝐧𝐠𝐮𝐥𝐥𝐢𝐫𝐥𝐚. 𝐇𝐮𝐫𝐚𝐜𝐚𝐧𝐞𝐬, 𝐢𝐧𝐮𝐧𝐝𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬, 𝐟𝐢𝐞𝐛𝐫𝐞𝐬, 𝐥𝐚 𝐩𝐞𝐬𝐭𝐞 𝐲 𝐥𝐚 𝐡𝐮𝐦𝐞𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞𝐥 𝐩𝐫𝐨𝐩𝐢𝐨 𝐜𝐥𝐢𝐦𝐚 𝐝𝐞 𝐋𝐮𝐢𝐬𝐢𝐚𝐧𝐚 𝐭𝐫𝐚𝐛𝐚𝐣𝐚𝐛𝐚𝐧 𝐢𝐧𝐜𝐚𝐧𝐬𝐚𝐛𝐥𝐞𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 𝐜𝐚𝐝𝐚 𝐭𝐚𝐛𝐥𝐨́𝐧 𝐥𝐚𝐛𝐫𝐚𝐝𝐨 𝐨 𝐟𝐚𝐜𝐡𝐚𝐝𝐚 𝐝𝐞 𝐩𝐢𝐞𝐝𝐫𝐚, 𝐝𝐞 𝐦𝐨𝐝𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐍𝐮𝐞𝐯𝐚 𝐎𝐫𝐥𝐞𝐚𝐧𝐬 𝐩𝐚𝐫𝐞𝐜𝛊́𝐚 𝐞𝐧 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐦𝐨𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐮𝐧 𝐬𝐮𝐞𝐧̃𝐨 𝐞𝐧 𝐥𝐚 𝐢𝐦𝐚𝐠𝐢𝐧𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐬𝐮 𝐩𝐨𝐛𝐥𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐥𝐮𝐜𝐡𝐚𝐝𝐨𝐫𝐚, 𝐮𝐧 𝐬𝐮𝐞𝐧̃𝐨 𝐦𝐚𝐧𝐭𝐞𝐧𝐢𝐝𝐨 𝐢𝐧𝐭𝐚𝐜𝐭𝐨 𝐚 𝐜𝐚𝐝𝐚 𝐬𝐞𝐠𝐮𝐧𝐝𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐮𝐧𝐚 𝐯𝐨𝐥𝐮𝐧𝐭𝐚𝐝 𝐜𝐨𝐥𝐞𝐜𝐭𝐢𝐯𝐚 𝐭𝐞𝐧𝐚𝐳, 𝐚𝐮𝐧𝐪𝐮𝐞 𝐢𝐧𝐜𝐨𝐧𝐬𝐜𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞. ❞
    ❝ 𝐍𝐮𝐞𝐯𝐚 𝐎𝐫𝐥𝐞𝐚𝐧𝐬, 𝐚𝐮𝐧𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐞𝐫𝐦𝐨𝐬𝐚 𝐲 𝐫𝐞𝐛𝐨𝐬𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐝𝐞 𝐯𝐢𝐝𝐚, 𝐞𝐫𝐚 𝐚 𝐥𝐚 𝐯𝐞𝐳 𝐝𝐞𝐬𝐞𝐬𝐩𝐞𝐫𝐚𝐝𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐟𝐫𝐚́𝐠𝐢𝐥. 𝐇𝐚𝐛𝛊́𝐚 𝐚𝐥𝐥𝛊́ 𝐚𝐥𝐠𝐨 𝐞𝐭𝐞𝐫𝐧𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐬𝐚𝐥𝐯𝐚𝐣𝐞 𝐲 𝐩𝐫𝐢𝐦𝐢𝐭𝐢𝐯𝐨. 𝐀𝐥𝐠𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐚𝐦𝐞𝐧𝐚𝐳𝐚𝐛𝐚 𝐥𝐚 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐞𝐱𝐨́𝐭𝐢𝐜𝐚 𝐲 𝐬𝐨𝐟𝐢𝐬𝐭𝐢𝐜𝐚𝐝𝐚 𝐭𝐚𝐧𝐭𝐨 𝐝𝐞𝐬𝐝𝐞 𝐝𝐞𝐧𝐭𝐫𝐨 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐝𝐞𝐬𝐝𝐞 𝐟𝐮𝐞𝐫𝐚. 𝐍𝐢 𝐮𝐧 𝐜𝐞𝐧𝐭𝛊́𝐦𝐞𝐭𝐫𝐨 𝐝𝐞 𝐞𝐬𝐚𝐬 𝐜𝐚𝐥𝐥𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐦𝐚𝐝𝐞𝐫𝐚 𝐧𝐢 𝐮𝐧 𝐥𝐚𝐝𝐫𝐢𝐥𝐥𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚𝐬 𝐚𝐛𝐚𝐫𝐫𝐨𝐭𝐚𝐝𝐚𝐬 𝐜𝐚𝐬𝐚𝐬 𝐞𝐬𝐩𝐚𝐧̃𝐨𝐥𝐚𝐬 𝐧𝐨 𝐡𝐚𝐛𝛊́𝐚𝐧 𝐬𝐢𝐝𝐨 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐫𝐚𝐝𝐨𝐬 𝐚 𝐥𝐚 𝐢𝐧𝐝𝐨́𝐦𝐢𝐭𝐚 𝐧𝐚𝐭𝐮𝐫𝐚𝐥𝐞𝐳𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐫𝐨𝐝𝐞𝐚𝐛𝐚 𝐥𝐚 𝐜𝐢𝐮𝐝𝐚𝐝, 𝐥𝐢𝐬𝐭𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐞𝐧𝐠𝐮𝐥𝐥𝐢𝐫𝐥𝐚. 𝐇𝐮𝐫𝐚𝐜𝐚𝐧𝐞𝐬, 𝐢𝐧𝐮𝐧𝐝𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬, 𝐟𝐢𝐞𝐛𝐫𝐞𝐬, 𝐥𝐚 𝐩𝐞𝐬𝐭𝐞 𝐲 𝐥𝐚 𝐡𝐮𝐦𝐞𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞𝐥 𝐩𝐫𝐨𝐩𝐢𝐨 𝐜𝐥𝐢𝐦𝐚 𝐝𝐞 𝐋𝐮𝐢𝐬𝐢𝐚𝐧𝐚 𝐭𝐫𝐚𝐛𝐚𝐣𝐚𝐛𝐚𝐧 𝐢𝐧𝐜𝐚𝐧𝐬𝐚𝐛𝐥𝐞𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 𝐜𝐚𝐝𝐚 𝐭𝐚𝐛𝐥𝐨́𝐧 𝐥𝐚𝐛𝐫𝐚𝐝𝐨 𝐨 𝐟𝐚𝐜𝐡𝐚𝐝𝐚 𝐝𝐞 𝐩𝐢𝐞𝐝𝐫𝐚, 𝐝𝐞 𝐦𝐨𝐝𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐍𝐮𝐞𝐯𝐚 𝐎𝐫𝐥𝐞𝐚𝐧𝐬 𝐩𝐚𝐫𝐞𝐜𝛊́𝐚 𝐞𝐧 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐦𝐨𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐮𝐧 𝐬𝐮𝐞𝐧̃𝐨 𝐞𝐧 𝐥𝐚 𝐢𝐦𝐚𝐠𝐢𝐧𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐬𝐮 𝐩𝐨𝐛𝐥𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐥𝐮𝐜𝐡𝐚𝐝𝐨𝐫𝐚, 𝐮𝐧 𝐬𝐮𝐞𝐧̃𝐨 𝐦𝐚𝐧𝐭𝐞𝐧𝐢𝐝𝐨 𝐢𝐧𝐭𝐚𝐜𝐭𝐨 𝐚 𝐜𝐚𝐝𝐚 𝐬𝐞𝐠𝐮𝐧𝐝𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐮𝐧𝐚 𝐯𝐨𝐥𝐮𝐧𝐭𝐚𝐝 𝐜𝐨𝐥𝐞𝐜𝐭𝐢𝐯𝐚 𝐭𝐞𝐧𝐚𝐳, 𝐚𝐮𝐧𝐪𝐮𝐞 𝐢𝐧𝐜𝐨𝐧𝐬𝐜𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞. ❞
    Me encocora
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • ❝ 𝐄𝐫𝐞𝐬 𝐚𝐥𝐠𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐝𝐢𝐠𝐧𝐨 𝐝𝐞 𝐬𝐞𝐫 𝐚𝐦𝐚𝐝𝐨. ❞
    ❝ 𝐄𝐫𝐞𝐬 𝐚𝐥𝐠𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐝𝐢𝐠𝐧𝐨 𝐝𝐞 𝐬𝐞𝐫 𝐚𝐦𝐚𝐝𝐨. ❞
    Me gusta
    Me encocora
    Me shockea
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • 𝑂𝑓 𝑤𝘩𝑎𝑡 𝑟𝑒𝑚𝑎𝑖𝑛𝑒𝑑 𝑢𝑛𝑠𝑙𝑎𝑖𝑛, 𝑜𝑓 𝑎 𝑑𝑎𝑟𝑘𝑛𝑒𝑠𝑠 𝑘𝑛𝑜𝑤𝑛 𝑏𝑦 𝑛𝑎𝑚𝑒
    Fandom 𝑵/𝑨
    Categoría Otros
    𝑹𝒐𝒍 𝒄𝒐𝒏: 𝑨𝒆𝒍𝒊𝒂𝒏𝒏𝒂


    𝑨𝒃𝒂𝒅𝜾́𝒂 𝒅𝒆 𝑺𝒂𝒊𝒏𝒕 𝑬𝒊𝒓𝒊𝒍𝒅, 𝑬𝒊𝒄𝒉𝒆𝒏𝒘𝒂𝒍𝒅

    𝐴 𝑙𝑎 𝑑𝑢𝑜𝑑𝑒́𝑐𝑖𝑚𝑎 𝑐𝑎𝑚𝑝𝑎𝑛𝑎𝑑𝑎; 𝑎 𝑙𝑎 𝘩𝑜𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑙𝑜𝑏𝑜𝑠 - 𝙢𝙚𝙙𝙞𝙖 𝙣𝙤𝙘𝙝𝙚.


    La tormenta había terminado dos días atrás, pero el barro seguía aferrándose a las botas melladas de acero y al borde de la capa como si algo en el camino se negara a dejarlo marchar. El Vaeltaja no regresó a la abadía con prisa. Nunca lo hacía, pues durante el viaje hubo una incomodidad persistente acompañándolo entre árboles, una sensación que ni las bestias del bosque ni los espectros de los viejos caminos habían logrado provocarle jamás. Había enfrentado criaturas nacidas antes que sus reinos. Había contemplado horrores que hacían retroceder a hombres de fe y guerreros por igual. Aquello era diferente.

    Era duda que lo devora por dentro como una maldición.

    La abadía apareció finalmente entre la niebla de la madrugada, erguida sobre la colina como siempre había estado. Inmutable, familiar. Durante un instante permaneció observándola desde la distancia. Las agujas de piedra elevándose hacia un cielo gris, los muros antiguos, los vitrales oscuros y todos donde la luz moría antes de atravesarlos del todo. Allí dentro sabe que estaba esperando. Lo sabía con la misma certeza con la que conocía el peso de su espada o el sonido de su propia respiración. Y precisamente por eso había tardado tanto en regresar.

    𝑃𝑜𝑟𝑞𝑢𝑒 𝑛𝑜 𝑠𝑎𝑏𝜄́𝑎 𝑞𝑢𝑒́ 𝘩𝑎𝑐𝑒𝑟 𝑐𝑜𝑛 𝑎𝑞𝑢𝑒𝑙𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝘩𝑎𝑏𝜄́𝑎 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑎𝑑𝑜.

    La pesada puerta cedió bajo su mano enguantada de acero negro. El interior lo recibió con el olor familiar a muerte, a cadáveres, el incienso antiguo. La piedra húmeda y algo más difícil de nombrar. Algo que siempre parecía pertenecerle únicamente a ella. Sus pies resonaron por la piedra caliza a paso silencioso, mientras avanzaba sin anunciarse. No traía presas para alimentar su hambre, no arrastraba cadáveres ni trofeos de alguna cacería. Tampoco estaba herido. A simple vista parecía el mismo hombre que había partido semanas atrás.

    No lo era.

    Bajo uno de sus brazos descansaba un objeto envuelto en tela oscura. Grande, plano, protegido con más cuidado del que normalmente reservaba para cualquier reliquia. Y cuando finalmente se detuvo, el silencio permaneció entre las columnas durante varios segundos antes que su voz rompiera la quietud.

    —𝘌𝘯𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘦́ 𝘵𝘶 𝘳𝘰𝘴𝘵𝘳𝘰 —la frase salió simple, directa. Como una herida que no ha sido sanada. Sus ojos permanecieron fijos en algún punto de la oscuridad, esperando sentir su presencia incluso antes de verla—. 𝘈 𝘵𝘳𝘦𝘴 𝘴𝘦𝘮𝘢𝘯𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘢𝘲𝘶𝜄́.

    La tela fue retirada lentamente. Debajo apareció una tabla de madera ennegrecida por los siglos; los bordes estaban consumidos por el tiempo y las grietas recorrían la superficie como venas secas. En el centro, apenas conservado por milagro o maldición, permanecía el retrato de una mujer.

    Cabello claro y níveo, rasgos delicados. La misma curva de sus labios y... extrañamente, asumía que los mismos ojos. No parecida, sino idéntica. La inscripción inferior estaba casi destruida, pero todavía podían leerse fragmentos de una fecha tan antigua que pertenecía a una época anterior a varios reinos que hoy seguro gobernaban aquellas tierras. Kanwulf no apartó la mirada del retrato todavía.

    —𝘋𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘦𝘭 𝘤𝘢𝘮𝘪𝘯𝘰 𝘪𝘯𝘵𝘦𝘯𝘵𝘦́ 𝘤𝘰𝘯𝘷𝘦𝘯𝘤𝘦𝘳𝘮𝘦 𝘥𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘦𝘳𝘢𝘴 𝘵𝘶́ —la confesión fue apenas más baja, honesta—. 𝘕𝘰 𝘧𝘶𝘯𝘤𝘪𝘰𝘯𝘰́.

    Por primera vez levantó la vista. No hacia la pintura, sino hacia donde —𝘦́𝘭 𝘱𝘪𝘦𝘯𝘴𝘢— ella está, en algún lugar de la inmensa y abandonada abadía. Porque aquello era lo que realmente le siembra una duda que aterra en el pecho. No la posibilidad de que la mujer fuera un retrato de Aelianna; no la posibilidad de que algo imposible estuviera ocurriendo. Lo que le inquietaba era haberse dado cuenta, en algún punto del regreso, de que la respuesta no cambiaría nada. Si aquel rostro había esperado por siglos sumido en la oscuridad. Si existían más o si ella era algo mucho más antiguo de lo que muchos pudieran imaginar.

    Y quizá esa era la parte verdaderamente oscura de toda la historia. Que la duda había viajado con él durante semanas, pero la devoción había llegado primero. En cómo los Vaeltaja fueron creados para reconocer la oscuridad allí donde se ocultara. Quizá por eso la encontró; la tragedia nunca fue haberla amado. La tragedia fue reconocer exactamente lo que era... y permanecer de todos modos.

    𝐻𝑎𝑏𝜄́𝑎 𝑙𝑙𝑒𝑔𝑎𝑑𝑜 𝑎 𝑙𝑎 𝑎𝑏𝑎𝑑𝜄́𝑎 𝑏𝑢𝑠𝑐𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑢𝑛 𝑚𝑜𝑛𝑠𝑡𝑟𝑢𝑜. 𝐶𝑜𝑛 𝑒𝑙 𝑡𝑖𝑒𝑚𝑝𝑜 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜́ 𝑎𝑙𝑔𝑜 𝑚𝑎́𝑠 𝑝𝑒𝑙𝑖𝑔𝑟𝑜𝑠𝑜: 𝑢𝑛𝑎 𝑟𝑎𝑧𝑜́𝑛 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑑𝑒𝑗𝑎𝑟 𝑑𝑒 𝑏𝑢𝑠𝑐𝑎𝑟.
    𝑹𝒐𝒍 𝒄𝒐𝒏: [meine.sehnsucht] 𝑨𝒃𝒂𝒅𝜾́𝒂 𝒅𝒆 𝑺𝒂𝒊𝒏𝒕 𝑬𝒊𝒓𝒊𝒍𝒅, 𝑬𝒊𝒄𝒉𝒆𝒏𝒘𝒂𝒍𝒅 𝐴 𝑙𝑎 𝑑𝑢𝑜𝑑𝑒́𝑐𝑖𝑚𝑎 𝑐𝑎𝑚𝑝𝑎𝑛𝑎𝑑𝑎; 𝑎 𝑙𝑎 𝘩𝑜𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑙𝑜𝑏𝑜𝑠 - 𝙢𝙚𝙙𝙞𝙖 𝙣𝙤𝙘𝙝𝙚. La tormenta había terminado dos días atrás, pero el barro seguía aferrándose a las botas melladas de acero y al borde de la capa como si algo en el camino se negara a dejarlo marchar. El Vaeltaja no regresó a la abadía con prisa. Nunca lo hacía, pues durante el viaje hubo una incomodidad persistente acompañándolo entre árboles, una sensación que ni las bestias del bosque ni los espectros de los viejos caminos habían logrado provocarle jamás. Había enfrentado criaturas nacidas antes que sus reinos. Había contemplado horrores que hacían retroceder a hombres de fe y guerreros por igual. Aquello era diferente. Era duda que lo devora por dentro como una maldición. La abadía apareció finalmente entre la niebla de la madrugada, erguida sobre la colina como siempre había estado. Inmutable, familiar. Durante un instante permaneció observándola desde la distancia. Las agujas de piedra elevándose hacia un cielo gris, los muros antiguos, los vitrales oscuros y todos donde la luz moría antes de atravesarlos del todo. Allí dentro sabe que estaba esperando. Lo sabía con la misma certeza con la que conocía el peso de su espada o el sonido de su propia respiración. Y precisamente por eso había tardado tanto en regresar. 𝑃𝑜𝑟𝑞𝑢𝑒 𝑛𝑜 𝑠𝑎𝑏𝜄́𝑎 𝑞𝑢𝑒́ 𝘩𝑎𝑐𝑒𝑟 𝑐𝑜𝑛 𝑎𝑞𝑢𝑒𝑙𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝘩𝑎𝑏𝜄́𝑎 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑎𝑑𝑜. La pesada puerta cedió bajo su mano enguantada de acero negro. El interior lo recibió con el olor familiar a muerte, a cadáveres, el incienso antiguo. La piedra húmeda y algo más difícil de nombrar. Algo que siempre parecía pertenecerle únicamente a ella. Sus pies resonaron por la piedra caliza a paso silencioso, mientras avanzaba sin anunciarse. No traía presas para alimentar su hambre, no arrastraba cadáveres ni trofeos de alguna cacería. Tampoco estaba herido. A simple vista parecía el mismo hombre que había partido semanas atrás. No lo era. Bajo uno de sus brazos descansaba un objeto envuelto en tela oscura. Grande, plano, protegido con más cuidado del que normalmente reservaba para cualquier reliquia. Y cuando finalmente se detuvo, el silencio permaneció entre las columnas durante varios segundos antes que su voz rompiera la quietud. —𝘌𝘯𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘦́ 𝘵𝘶 𝘳𝘰𝘴𝘵𝘳𝘰 —la frase salió simple, directa. Como una herida que no ha sido sanada. Sus ojos permanecieron fijos en algún punto de la oscuridad, esperando sentir su presencia incluso antes de verla—. 𝘈 𝘵𝘳𝘦𝘴 𝘴𝘦𝘮𝘢𝘯𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘢𝘲𝘶𝜄́. La tela fue retirada lentamente. Debajo apareció una tabla de madera ennegrecida por los siglos; los bordes estaban consumidos por el tiempo y las grietas recorrían la superficie como venas secas. En el centro, apenas conservado por milagro o maldición, permanecía el retrato de una mujer. Cabello claro y níveo, rasgos delicados. La misma curva de sus labios y... extrañamente, asumía que los mismos ojos. No parecida, sino idéntica. La inscripción inferior estaba casi destruida, pero todavía podían leerse fragmentos de una fecha tan antigua que pertenecía a una época anterior a varios reinos que hoy seguro gobernaban aquellas tierras. Kanwulf no apartó la mirada del retrato todavía. —𝘋𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘦𝘭 𝘤𝘢𝘮𝘪𝘯𝘰 𝘪𝘯𝘵𝘦𝘯𝘵𝘦́ 𝘤𝘰𝘯𝘷𝘦𝘯𝘤𝘦𝘳𝘮𝘦 𝘥𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘦𝘳𝘢𝘴 𝘵𝘶́ —la confesión fue apenas más baja, honesta—. 𝘕𝘰 𝘧𝘶𝘯𝘤𝘪𝘰𝘯𝘰́. Por primera vez levantó la vista. No hacia la pintura, sino hacia donde —𝘦́𝘭 𝘱𝘪𝘦𝘯𝘴𝘢— ella está, en algún lugar de la inmensa y abandonada abadía. Porque aquello era lo que realmente le siembra una duda que aterra en el pecho. No la posibilidad de que la mujer fuera un retrato de Aelianna; no la posibilidad de que algo imposible estuviera ocurriendo. Lo que le inquietaba era haberse dado cuenta, en algún punto del regreso, de que la respuesta no cambiaría nada. Si aquel rostro había esperado por siglos sumido en la oscuridad. Si existían más o si ella era algo mucho más antiguo de lo que muchos pudieran imaginar. Y quizá esa era la parte verdaderamente oscura de toda la historia. Que la duda había viajado con él durante semanas, pero la devoción había llegado primero. En cómo los Vaeltaja fueron creados para reconocer la oscuridad allí donde se ocultara. Quizá por eso la encontró; la tragedia nunca fue haberla amado. La tragedia fue reconocer exactamente lo que era... y permanecer de todos modos. 𝐻𝑎𝑏𝜄́𝑎 𝑙𝑙𝑒𝑔𝑎𝑑𝑜 𝑎 𝑙𝑎 𝑎𝑏𝑎𝑑𝜄́𝑎 𝑏𝑢𝑠𝑐𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑢𝑛 𝑚𝑜𝑛𝑠𝑡𝑟𝑢𝑜. 𝐶𝑜𝑛 𝑒𝑙 𝑡𝑖𝑒𝑚𝑝𝑜 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜́ 𝑎𝑙𝑔𝑜 𝑚𝑎́𝑠 𝑝𝑒𝑙𝑖𝑔𝑟𝑜𝑠𝑜: 𝑢𝑛𝑎 𝑟𝑎𝑧𝑜́𝑛 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑑𝑒𝑗𝑎𝑟 𝑑𝑒 𝑏𝑢𝑠𝑐𝑎𝑟.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me encocora
    1
    1 turno 0 maullidos
  • — ¿𝑇𝑒 𝑠𝑒𝑛𝑡𝑖𝑠𝑡𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑟𝑒𝑠𝑎𝑑𝑜 𝑐𝑢𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑢𝑛𝑜 𝑑𝑒 𝑡𝑢𝑠 𝑠𝑒𝑛𝑡𝑖𝑑𝑜𝑠 𝑠𝑒 𝑣𝑖𝑜 𝑒𝑛𝑡𝑜𝑟𝑝𝑒𝑐𝑖𝑑𝑜, 𝑝𝑒𝑐𝑎𝑑𝑜𝑟.ᐣ 𝑀𝑎́𝑠 𝑏𝑖𝑒𝑛, 𝑑𝑒𝑏𝑖𝑠𝑡𝑒 𝑎𝑝𝑟𝑜𝑣𝑒𝑐𝘩𝑎𝑟 𝑙𝑎 𝑜𝑝𝑜𝑟𝑡𝑢𝑛𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑡𝑒𝑛𝑒𝑟 𝑝𝑒𝑛𝑠𝑎𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜𝑠 𝑚𝑎́𝑠 𝑝𝜄́𝑜𝑠. 𝑇𝑜𝑑𝑜 𝑒𝑙 𝑝𝑒𝑐𝑎𝑑𝑜 𝑠𝑒 𝑎𝑙𝑖𝑚𝑒𝑛𝑡𝑎 𝑐𝑜𝑛 𝑙𝑜𝑠 𝑠𝑒𝑛𝑡𝑖𝑑𝑜𝑠, 𝑦 𝑒𝑙 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑣𝑖𝑠𝑡𝑎 𝑒𝑠 𝑒𝑙 𝑞𝑢𝑒 𝑚𝑎́𝑠 𝑐𝑜𝑚𝑢́𝑛𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑠𝑖𝑟𝑣𝑒 𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑚𝑏𝑢𝑠𝑡𝑖𝑏𝑙𝑒 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑒𝑙 𝑑𝑒𝑠𝑐𝑒𝑛𝑠𝑜 𝑎 𝑙𝑎𝑠 𝑡𝑒𝑛𝑡𝑎𝑐𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠.

    || Pues yo sí me estresé por las fotos que no se veían. [?]
    — ¿𝑇𝑒 𝑠𝑒𝑛𝑡𝑖𝑠𝑡𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑟𝑒𝑠𝑎𝑑𝑜 𝑐𝑢𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑢𝑛𝑜 𝑑𝑒 𝑡𝑢𝑠 𝑠𝑒𝑛𝑡𝑖𝑑𝑜𝑠 𝑠𝑒 𝑣𝑖𝑜 𝑒𝑛𝑡𝑜𝑟𝑝𝑒𝑐𝑖𝑑𝑜, 𝑝𝑒𝑐𝑎𝑑𝑜𝑟.ᐣ 𝑀𝑎́𝑠 𝑏𝑖𝑒𝑛, 𝑑𝑒𝑏𝑖𝑠𝑡𝑒 𝑎𝑝𝑟𝑜𝑣𝑒𝑐𝘩𝑎𝑟 𝑙𝑎 𝑜𝑝𝑜𝑟𝑡𝑢𝑛𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑡𝑒𝑛𝑒𝑟 𝑝𝑒𝑛𝑠𝑎𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜𝑠 𝑚𝑎́𝑠 𝑝𝜄́𝑜𝑠. 𝑇𝑜𝑑𝑜 𝑒𝑙 𝑝𝑒𝑐𝑎𝑑𝑜 𝑠𝑒 𝑎𝑙𝑖𝑚𝑒𝑛𝑡𝑎 𝑐𝑜𝑛 𝑙𝑜𝑠 𝑠𝑒𝑛𝑡𝑖𝑑𝑜𝑠, 𝑦 𝑒𝑙 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑣𝑖𝑠𝑡𝑎 𝑒𝑠 𝑒𝑙 𝑞𝑢𝑒 𝑚𝑎́𝑠 𝑐𝑜𝑚𝑢́𝑛𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑠𝑖𝑟𝑣𝑒 𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑚𝑏𝑢𝑠𝑡𝑖𝑏𝑙𝑒 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑒𝑙 𝑑𝑒𝑠𝑐𝑒𝑛𝑠𝑜 𝑎 𝑙𝑎𝑠 𝑡𝑒𝑛𝑡𝑎𝑐𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠. || Pues yo sí me estresé por las fotos que no se veían. [?]
    Me encocora
    Me enjaja
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • ╔════════════❖[𝙰 𝚀𝚄𝙸𝙲𝙺-𝙵𝙸𝚇-]❖════════════╗

    <<El viaje inició después de completar las actividades que ya tenían programadas a mitad de la noche. ¿Por qué a esas horas? Simple… porque la oscuridad de la noche les protegería de los posibles testigos entorpeciendo su buena visión ante la escasez de la luz del astro rey. Impidiendo ser identificados a ojo de los curiosos, que seguramente se volverían testigos importantes de aquel suceso. O al menos que los hayasen encontrado por mera casualidad.

    Sólo así se reducían los riesgos.

    Tres tripulantes abordaron el auto negro y se dieron a la fuga a gran velocidad, logrando salir de aquella ciudad tras cumplir dos ciclos de aquella manecilla larga del reloj.

    Giovanni se había sentado a la derecha del conductor que era el mismo Boris, un hombre corpulento al que conoció al poco tiempo de salir del servicio militar. Giovanni giró su cabeza para mirar hacia el asiento trasero de dicho auto. Un Mercedes Sedán negro, sin placas.

    Al mirar al tercer hombre en la zona de pasajeros, un semblante lleno de disgusto apareció en su rostro. Orillándolo a fruncir el entrecejo.

    — ¿Qué es lo que haces? Te dije que te sentaras en el asiento de en medio. — llevó su mano izquierda hasta el puente de su entrecejo y apretó, era una clara señal de estrés y hartazgo. — ¿Por qué tenemos que andar haciendo esto repetidamente? — cuestiona, la molestia era clara.

    — ¿Es mucho pedir un poco de cortesía cuando prácticamente nosotros te estamos llevando en auto? — Siguió moviendo la misma mano en un acto de sincronización con lo que decía, tratando de evocar algo de empatía por lo que ellos hacían con aquel pasajero. Giovanni cambió su expresión a consternación. — ¿Acaso no establecimos que nuestro límite de simetría está por aquí? — Señaló el punto medio entre asientos.

    Ahora se tornaba un reclamo.
    — Claramente no te das cuenta de que tu desprecio por la armonía geométrica espacial se está yendo a la mierda con tu muy molesta necedad. — Alzó una ceja sin dejar de mirarlo. Quería hacerle entender que a veces habían que seguir ciertos protocolos y, éste, era el suyo. — En serio, dime… ¿Es eso lo que quieres? ¿Es eso lo que quieres lograr? — Le miró inquisitivo, pareciera que la necedad de aquel pasajero desafiaba al mismo Giovanni Di Vincenzo. — ¡¿Es eso?! ¡¿Asimetría?! — Exclamó al sujeto atrás.

    Y era en la parte de atrás, un hombre atado de manos y pies, amordazado con un pedazo de tela, querían evitar que hablara o gritara para pedir ayuda. Aquel sujeto miró a Giovanni igual que un perrito regañado, confundido por lo que sucedía y lo que estaba por ocurrir con él.

    Pasaron unos segundos.
    Giovanni le miró molesto y en reacción, aquel sujeto se acomodó como pudo pues estaba recostado en el asiento a base de saltitos hasta sentarse nuevamente en donde le indicó. Mientras tanto, Boris miró por el retrovisor para cerciorarse de que nadie les estuviese siguiendo.

    ???: — ¿Mn-mmf? (¿Así?) — cuestionó el sujeto con cara de arrepentimiento, alzando sus cejas y descenso que no sacaran su arma y terminasen el trabajo ahí.

    — Sí… es una mejora, muchas gracias por comprender. — Respondió Giovanni con su calma habitual, complacido por que aquel sujeto entendió su punto. Pero eso no quedó ahí, pues no tardó aquel sujeto en comenzar a sollozar con el sonido ahogado por la mordaza. No se dió cuenta aquel sujeto que lloraba cerca de Boris, eso sin duda le molestó. Tanto, que giró su rostro para gruñirle e intimidar al chico cautivo.

    Boris: — ¡Aaaaagh! ¡Basta! — Exclamó hasta asustar a su rehén, ocasionando que éste se recorriera al asiento atrás de Giovanni, a lo que éste último no tardó en expresar su disgusto y protesta.

    — Ví eso y lo hiciste a propósito… — apuntó con su índice a Boris.

    Boris: — ¡Agh! Ya vamos a empezar… ¡Siempre estan llorando al oído, y eso me desconcentra de conducir! ¡Son molestos! — replicó sin mostrar miedo hacia su jefe, más que nada era una plática entre dos personas, antes de la relación jefe-subordinado.

    — ¿Por qué no mejor admites que odias la simetría? ¡Nunca te gustó! — contradijo Giovanni.
    Boris: — ¡Y también tu ruido! — volvió a decir.
    — Dime una cosa… ¿También me mentiste cuando dijiste que te gustaba la gramática? — volvió a argumentar. Esto ya se estaba saliendo de proporción.
    Boris: — ¡Nada de lo que dices tiene sentido! — ya se estaba molestando, no tardaba en soltar sus puños contra Gio.

    — ¡Eres un fraude! ¡Incluso tu fachada es toda una mentira asimetrica! — reclamó a su amigo, pues era cierto que Boris tenía algunas cicatrices que dejaban su rostro disparejo, en especial las quemaduras de su lado izquierdo. — ¡Pero ahorita voy a arreglar eso! — Amenazó Giovanni.

    Ambos comenzaron a pelear, se tomaron de los cuellos de sus camisas y comenzaron a forcejear, dejando que el auto se sacudiera por la falta de control en su dirección. Se salieron de camino y se internaron a un campo de maíz mientras que el chico maniatado atrás se sacudió a lo ancho del vehículo, golpeándose en ambos lados del mismo.

    Tan pronto como la marcha se detuvo, una gallina voló golpeando el parabrisas hasta que los hombres al frente detuvieron su pelea para mirar a su alrededor. Se quedaron inmóviles ante el momento. No sabían exactamente qué lugar era ese, pero unos segundos después se encargaron de su pasajero, lo sacaron del auto y terminaron su trabajo…

    Minutos más tarde Boris y Giovanni entraron al auto, excepto su peculiar pasajero. Ambos condujeron de vuelta a la ciudad.>>
    ╚═══════════❖═════════════❖═══════════╝
    ╔════════════❖[𝙰 𝚀𝚄𝙸𝙲𝙺-𝙵𝙸𝚇-]❖════════════╗ <<El viaje inició después de completar las actividades que ya tenían programadas a mitad de la noche. ¿Por qué a esas horas? Simple… porque la oscuridad de la noche les protegería de los posibles testigos entorpeciendo su buena visión ante la escasez de la luz del astro rey. Impidiendo ser identificados a ojo de los curiosos, que seguramente se volverían testigos importantes de aquel suceso. O al menos que los hayasen encontrado por mera casualidad. Sólo así se reducían los riesgos. Tres tripulantes abordaron el auto negro y se dieron a la fuga a gran velocidad, logrando salir de aquella ciudad tras cumplir dos ciclos de aquella manecilla larga del reloj. Giovanni se había sentado a la derecha del conductor que era el mismo Boris, un hombre corpulento al que conoció al poco tiempo de salir del servicio militar. Giovanni giró su cabeza para mirar hacia el asiento trasero de dicho auto. Un Mercedes Sedán negro, sin placas. Al mirar al tercer hombre en la zona de pasajeros, un semblante lleno de disgusto apareció en su rostro. Orillándolo a fruncir el entrecejo. — ¿Qué es lo que haces? Te dije que te sentaras en el asiento de en medio. — llevó su mano izquierda hasta el puente de su entrecejo y apretó, era una clara señal de estrés y hartazgo. — ¿Por qué tenemos que andar haciendo esto repetidamente? — cuestiona, la molestia era clara. — ¿Es mucho pedir un poco de cortesía cuando prácticamente nosotros te estamos llevando en auto? — Siguió moviendo la misma mano en un acto de sincronización con lo que decía, tratando de evocar algo de empatía por lo que ellos hacían con aquel pasajero. Giovanni cambió su expresión a consternación. — ¿Acaso no establecimos que nuestro límite de simetría está por aquí? — Señaló el punto medio entre asientos. Ahora se tornaba un reclamo. — Claramente no te das cuenta de que tu desprecio por la armonía geométrica espacial se está yendo a la mierda con tu muy molesta necedad. — Alzó una ceja sin dejar de mirarlo. Quería hacerle entender que a veces habían que seguir ciertos protocolos y, éste, era el suyo. — En serio, dime… ¿Es eso lo que quieres? ¿Es eso lo que quieres lograr? — Le miró inquisitivo, pareciera que la necedad de aquel pasajero desafiaba al mismo Giovanni Di Vincenzo. — ¡¿Es eso?! ¡¿Asimetría?! — Exclamó al sujeto atrás. Y era en la parte de atrás, un hombre atado de manos y pies, amordazado con un pedazo de tela, querían evitar que hablara o gritara para pedir ayuda. Aquel sujeto miró a Giovanni igual que un perrito regañado, confundido por lo que sucedía y lo que estaba por ocurrir con él. Pasaron unos segundos. Giovanni le miró molesto y en reacción, aquel sujeto se acomodó como pudo pues estaba recostado en el asiento a base de saltitos hasta sentarse nuevamente en donde le indicó. Mientras tanto, Boris miró por el retrovisor para cerciorarse de que nadie les estuviese siguiendo. ???: — ¿Mn-mmf? (¿Así?) — cuestionó el sujeto con cara de arrepentimiento, alzando sus cejas y descenso que no sacaran su arma y terminasen el trabajo ahí. — Sí… es una mejora, muchas gracias por comprender. — Respondió Giovanni con su calma habitual, complacido por que aquel sujeto entendió su punto. Pero eso no quedó ahí, pues no tardó aquel sujeto en comenzar a sollozar con el sonido ahogado por la mordaza. No se dió cuenta aquel sujeto que lloraba cerca de Boris, eso sin duda le molestó. Tanto, que giró su rostro para gruñirle e intimidar al chico cautivo. Boris: — ¡Aaaaagh! ¡Basta! — Exclamó hasta asustar a su rehén, ocasionando que éste se recorriera al asiento atrás de Giovanni, a lo que éste último no tardó en expresar su disgusto y protesta. — Ví eso y lo hiciste a propósito… — apuntó con su índice a Boris. Boris: — ¡Agh! Ya vamos a empezar… ¡Siempre estan llorando al oído, y eso me desconcentra de conducir! ¡Son molestos! — replicó sin mostrar miedo hacia su jefe, más que nada era una plática entre dos personas, antes de la relación jefe-subordinado. — ¿Por qué no mejor admites que odias la simetría? ¡Nunca te gustó! — contradijo Giovanni. Boris: — ¡Y también tu ruido! — volvió a decir. — Dime una cosa… ¿También me mentiste cuando dijiste que te gustaba la gramática? — volvió a argumentar. Esto ya se estaba saliendo de proporción. Boris: — ¡Nada de lo que dices tiene sentido! — ya se estaba molestando, no tardaba en soltar sus puños contra Gio. — ¡Eres un fraude! ¡Incluso tu fachada es toda una mentira asimetrica! — reclamó a su amigo, pues era cierto que Boris tenía algunas cicatrices que dejaban su rostro disparejo, en especial las quemaduras de su lado izquierdo. — ¡Pero ahorita voy a arreglar eso! — Amenazó Giovanni. Ambos comenzaron a pelear, se tomaron de los cuellos de sus camisas y comenzaron a forcejear, dejando que el auto se sacudiera por la falta de control en su dirección. Se salieron de camino y se internaron a un campo de maíz mientras que el chico maniatado atrás se sacudió a lo ancho del vehículo, golpeándose en ambos lados del mismo. Tan pronto como la marcha se detuvo, una gallina voló golpeando el parabrisas hasta que los hombres al frente detuvieron su pelea para mirar a su alrededor. Se quedaron inmóviles ante el momento. No sabían exactamente qué lugar era ese, pero unos segundos después se encargaron de su pasajero, lo sacaron del auto y terminaron su trabajo… Minutos más tarde Boris y Giovanni entraron al auto, excepto su peculiar pasajero. Ambos condujeron de vuelta a la ciudad.>> ╚═══════════❖═════════════❖═══════════╝
    Me gusta
    Me enjaja
    2
    0 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados