• 𝐂𝐫𝐨́𝐧𝐢𝐜𝐚 𝐝𝐞 𝐒𝐢𝐞𝐠𝐦𝐞𝐲𝐞𝐫 "𝐿𝑎 𝐶𝑎𝑝𝑖𝑙𝑙𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑀𝑖𝑟𝑜́ 𝑑𝑒 𝑉𝑢𝑒𝑙𝑡𝑎".
    (Descripciones gráficas + 18)

    La niebla se pegaba a mis botas como un sudario vivo aquella noche de hace más de 200 años. Marchaba al frente de la compañía del Reino de Valdris. Doce hombres, entre ellos tres inquisidores con sus cruces de hierro al cuello, dos caballeros juramentados y el resto mercenarios como yo. El rey nos había enviado a este rincón olvidado del mundo porque los campesinos hablaban de una capilla donde los herejes invocaban demonios. “Blasfemia”, decían. “Brujería”. A estas alturas ya había visto de todo y pensé que sería otro nido de cultistas baratos.

    El camino fue largo y el viento olía a tierra podrida. Los árboles se torcían como dedos rotos, sin hojas, solo ramas que parecían susurrar nombres que no eran de este mundo. Al fin, bajo un cielo que parecía una herida abierta, apareció la capilla. Exactamente como en mis pesadillas de hoy. Madera negra, aguja puntiaguda que rasgaba las nubes, ventanas en arco que brillaban con una luz interna que no era luz. Y figuras, tres o cuatro siluetas encapuchadas, como nosotros, que se arrastraban hacia la puerta principal. No huían. Caminaban como quien va a misa o a la tumba.

    Entramos y dentro no había altar, no había crucifijo. Solo un vacío que se tragaba el sonido de nuestras botas. El aire era espeso, como si respiráramos agua fría. Los inquisidores empezaron a recitar salmos, pero sus voces se ahogaban antes de llegar a las paredes. Entonces lo oímos, un latido lento, profundo, que no provenía de ninguna garganta. Venía de arriba, del techo, del cielo mismo.
    Miré hacia las ventanas altas, y vi.

    No eran demonios, ni ángeles caídos. Eran algo más antiguo. Tentáculos gruesos como troncos de roble, cubiertos de ventosas que se abrían y cerraban como bocas ciegas, descendiendo desde una oscuridad que no era oscuridad, sino la ausencia misma de todo lo que conocemos. Se movían con una lentitud deliberada, como si el tiempo no les importara. Uno de ellos rozó la aguja de la capilla y la madera gimió, no de dolor, sino de placer. Otro se enroscó alrededor de un inquisidor antes de que pudiera gritar. Lo levantó. Lo apretó y sus huesos crujieron como ramas secas y su sangre cayó sobre nosotros como lluvia tibia.

    Grité, todos gritamos, pero los gritos se convertían en risas. En oraciones que nadie había enseñado. Uno de los caballeros se arrodilló, quitó su yelmo y comenzó a arrancarse los ojos con los dedos, murmurando que “al fin veía la verdad”. Otro mercenario corrió hacia la puerta y un tentáculo lo atravesó por la espalda, sacándolo por la boca como un pez ensartado. La sangre dibujaba símbolos que yo reconocí de pesadillas que no eran mías.

    Sentí que mi mente se rompía, no era miedo, era comprensión. Una comprensión que ningún hombre debería tener, que este lugar no era un templo profanado. Que la capilla era solo una costra, una herida abierta en la piel del mundo, y que algo inmenso, indiferente y hambriento la estaba usando como boca. Que nuestros dioses, nuestros demonios, nuestras cruzadas, todo era un chiste para esa cosa. Que el universo entero era un chiste.

    Caí de rodillas y sentí cómo uno de esos tentáculos me envolvía la cintura. La presión fue lenta, cariñosa. Mis costillas se rompieron una a una. La sangre me llenó la boca, había muerto. Pero mi propia maldición no me lo permitió. Desperté horas después, o días, no lo sé. La capilla seguía allí, pero ahora estaba en silencio. Los tentáculos habían regresado al cielo, dejando solo un agujero en las nubes que no se cerraba. Los cuerpos de mis compañeros yacían desparramados, sus bocas abiertas en una sonrisa que nunca se borraría. Intente varias veces levantarme hasta que mis pies volvieron a sentirse firmes. Mis heridas ya se cerraban. Mi mente tardó años en volver a ser mía. Aún hoy, tengo pesadillas recordando algo que pasó hace muchos años. Hay cosas peores que nuestras creencias, el bien y el mal son moldeables.
    𝐂𝐫𝐨́𝐧𝐢𝐜𝐚 𝐝𝐞 𝐒𝐢𝐞𝐠𝐦𝐞𝐲𝐞𝐫 "𝐿𝑎 𝐶𝑎𝑝𝑖𝑙𝑙𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑀𝑖𝑟𝑜́ 𝑑𝑒 𝑉𝑢𝑒𝑙𝑡𝑎". (Descripciones gráficas + 18) La niebla se pegaba a mis botas como un sudario vivo aquella noche de hace más de 200 años. Marchaba al frente de la compañía del Reino de Valdris. Doce hombres, entre ellos tres inquisidores con sus cruces de hierro al cuello, dos caballeros juramentados y el resto mercenarios como yo. El rey nos había enviado a este rincón olvidado del mundo porque los campesinos hablaban de una capilla donde los herejes invocaban demonios. “Blasfemia”, decían. “Brujería”. A estas alturas ya había visto de todo y pensé que sería otro nido de cultistas baratos. El camino fue largo y el viento olía a tierra podrida. Los árboles se torcían como dedos rotos, sin hojas, solo ramas que parecían susurrar nombres que no eran de este mundo. Al fin, bajo un cielo que parecía una herida abierta, apareció la capilla. Exactamente como en mis pesadillas de hoy. Madera negra, aguja puntiaguda que rasgaba las nubes, ventanas en arco que brillaban con una luz interna que no era luz. Y figuras, tres o cuatro siluetas encapuchadas, como nosotros, que se arrastraban hacia la puerta principal. No huían. Caminaban como quien va a misa o a la tumba. Entramos y dentro no había altar, no había crucifijo. Solo un vacío que se tragaba el sonido de nuestras botas. El aire era espeso, como si respiráramos agua fría. Los inquisidores empezaron a recitar salmos, pero sus voces se ahogaban antes de llegar a las paredes. Entonces lo oímos, un latido lento, profundo, que no provenía de ninguna garganta. Venía de arriba, del techo, del cielo mismo. Miré hacia las ventanas altas, y vi. No eran demonios, ni ángeles caídos. Eran algo más antiguo. Tentáculos gruesos como troncos de roble, cubiertos de ventosas que se abrían y cerraban como bocas ciegas, descendiendo desde una oscuridad que no era oscuridad, sino la ausencia misma de todo lo que conocemos. Se movían con una lentitud deliberada, como si el tiempo no les importara. Uno de ellos rozó la aguja de la capilla y la madera gimió, no de dolor, sino de placer. Otro se enroscó alrededor de un inquisidor antes de que pudiera gritar. Lo levantó. Lo apretó y sus huesos crujieron como ramas secas y su sangre cayó sobre nosotros como lluvia tibia. Grité, todos gritamos, pero los gritos se convertían en risas. En oraciones que nadie había enseñado. Uno de los caballeros se arrodilló, quitó su yelmo y comenzó a arrancarse los ojos con los dedos, murmurando que “al fin veía la verdad”. Otro mercenario corrió hacia la puerta y un tentáculo lo atravesó por la espalda, sacándolo por la boca como un pez ensartado. La sangre dibujaba símbolos que yo reconocí de pesadillas que no eran mías. Sentí que mi mente se rompía, no era miedo, era comprensión. Una comprensión que ningún hombre debería tener, que este lugar no era un templo profanado. Que la capilla era solo una costra, una herida abierta en la piel del mundo, y que algo inmenso, indiferente y hambriento la estaba usando como boca. Que nuestros dioses, nuestros demonios, nuestras cruzadas, todo era un chiste para esa cosa. Que el universo entero era un chiste. Caí de rodillas y sentí cómo uno de esos tentáculos me envolvía la cintura. La presión fue lenta, cariñosa. Mis costillas se rompieron una a una. La sangre me llenó la boca, había muerto. Pero mi propia maldición no me lo permitió. Desperté horas después, o días, no lo sé. La capilla seguía allí, pero ahora estaba en silencio. Los tentáculos habían regresado al cielo, dejando solo un agujero en las nubes que no se cerraba. Los cuerpos de mis compañeros yacían desparramados, sus bocas abiertas en una sonrisa que nunca se borraría. Intente varias veces levantarme hasta que mis pies volvieron a sentirse firmes. Mis heridas ya se cerraban. Mi mente tardó años en volver a ser mía. Aún hoy, tengo pesadillas recordando algo que pasó hace muchos años. Hay cosas peores que nuestras creencias, el bien y el mal son moldeables.
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  • ¿𝗛𝗮𝗰𝗶𝗮 𝗱ó𝗻𝗱𝗲 𝘃𝗮𝘀 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗵𝘂𝘆𝗲𝘀?
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    𝖧𝖾𝗒 𝗁𝖾𝗒! 𝖶𝖺𝗄𝖾 𝗎𝗉
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  • 𝘚𝘪 𝘦𝘭 𝘮𝘶𝘯𝘥𝘰 𝘲𝘶𝘪𝘦𝘳𝘦 𝘨𝘶𝘦𝘳𝘳𝘢 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘢 𝘭𝘰𝘴 𝘮𝘶𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦𝘴, 𝘮𝘦 𝘦𝘯𝘤𝘢𝘳𝘨𝘢𝘳𝘦́ 𝘥𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘯𝘵𝘪𝘦𝘯𝘥𝘢 𝘦𝘭 𝘱𝘳𝘦𝘤𝘪𝘰. 𝘓𝘰𝘴 𝘮𝘶𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘯𝘰 𝘵𝘦𝘯𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘴𝘢𝘭𝘷𝘢𝘥𝘰𝘳𝘦𝘴; 𝘵𝘦𝘯𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘴𝘰𝘣𝘳𝘦𝘷𝘪𝘷𝘪𝘦𝘯𝘵𝘦𝘴. 𝘠𝘰 𝘦𝘭𝘪𝘫𝘰 𝘤𝘶𝘢́𝘭 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘥𝘰𝘴 𝘴𝘰𝘺.
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  • ────❝ ᛞᛟ ᚾᛟᛏ ᛚᛁᚡᛖ ᛟᚾ ᛦᛟᚢᚱ ᚲᚾᛖᛖᛊ· ᛞᛁᛖ ᛟᚾ ᛦᛟᚢᚱ ᚠᛖᛖᛏ· ❞────
    (𝐷𝑜 𝑛𝑜𝑡 𝑙𝑖𝑣𝑒 𝑜𝑛 𝑦𝑜𝑢𝑟 𝑘𝑛𝑒𝑒𝑠, 𝑑𝑖𝑒 𝑜𝑛 𝑦𝑜𝑢𝑟 𝑓𝑒𝑒𝑡.)


    #TodaysOdinsWisdom #Allfather #Wodensday
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  • ──── 𝘓𝘢 𝘮𝘶𝘦𝘳𝘵𝘦 𝘯𝘰𝘴 𝘴𝘰𝘯𝘳í𝘦 𝘢 𝘵𝘰𝘥𝘰𝘴, 𝘥𝘦𝘷𝘰𝘭𝘷á𝘮𝘰𝘴𝘭𝘦 𝘭𝘢 𝘴𝘰𝘯𝘳𝘪𝘴𝘢. ──── [•]
    ──── 𝘓𝘢 𝘮𝘶𝘦𝘳𝘵𝘦 𝘯𝘰𝘴 𝘴𝘰𝘯𝘳í𝘦 𝘢 𝘵𝘰𝘥𝘰𝘴, 𝘥𝘦𝘷𝘰𝘭𝘷á𝘮𝘰𝘴𝘭𝘦 𝘭𝘢 𝘴𝘰𝘯𝘳𝘪𝘴𝘢. ──── [•]
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    𝗜'𝗺 𝗻𝗼𝘁 𝗮𝗹𝘄𝗮𝘆𝘀 𝘀𝗲𝗹𝗳𝗶𝘀𝗵,
    𝗝𝘂𝘀𝘁 𝗯𝗮𝗱 𝗮𝘁 𝗿𝗼𝗺𝗮𝗻𝗰𝗲, 𝗶𝘁'𝘀 𝗻𝗼𝘁 𝗶𝗻 𝗺𝘆 𝗯𝗼𝗻𝗲𝘀 ...
    𝗜'𝗺 𝗻𝗼𝘁 𝗮𝗹𝘄𝗮𝘆𝘀 𝘀𝗲𝗹𝗳𝗶𝘀𝗵, 𝗝𝘂𝘀𝘁 𝗯𝗮𝗱 𝗮𝘁 𝗿𝗼𝗺𝗮𝗻𝗰𝗲, 𝗶𝘁'𝘀 𝗻𝗼𝘁 𝗶𝗻 𝗺𝘆 𝗯𝗼𝗻𝗲𝘀 ...
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  • [Dancing in the Moonlight – Toploader]
    1:03──⚬────3:52
    ⇆ ◃◃ ıı ▹▹ ↻

    —Antes era solo ruido acústico... Ahora, hay algo más que no entiendo, pero quiero seguir escuchando...

    [𝙸𝚗𝚎𝚜𝚝𝚊𝚋𝚒𝚕𝚒𝚍𝚊𝚍 𝚍𝚎 𝚜𝚘𝚏𝚝𝚠𝚊𝚛𝚎: ↑38%]

    https://youtu.be/98nXdHqIw-o?si=av90W-ARpPw6IANh
    [Dancing in the Moonlight – Toploader] 1:03──⚬────3:52 ⇆ ◃◃ ıı ▹▹ ↻ —Antes era solo ruido acústico... Ahora, hay algo más que no entiendo, pero quiero seguir escuchando... [𝙸𝚗𝚎𝚜𝚝𝚊𝚋𝚒𝚕𝚒𝚍𝚊𝚍 𝚍𝚎 𝚜𝚘𝚏𝚝𝚠𝚊𝚛𝚎: ↑38%] https://youtu.be/98nXdHqIw-o?si=av90W-ARpPw6IANh
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  • 𝘐'𝘮 𝘯𝘰𝘵 𝘢 𝘱𝘦𝘳𝘧𝘦𝘤𝘵 𝘱𝘦𝘳𝘴𝘰𝘯
    𝘛𝘩𝘦𝘳𝘦'𝘴 𝘮𝘢𝘯𝘺 𝘵𝘩𝘪𝘯𝘨𝘴 𝘐 𝘸𝘪𝘴𝘩 𝘐 𝘥𝘪𝘥𝘯'𝘵 𝘥𝘰
    𝘉𝘶𝘵 𝘐 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘪𝘯𝘶𝘦 𝘭𝘦𝘢𝘳𝘯𝘪𝘯𝘨

    𝘐 𝘯𝘦𝘷𝘦𝘳 𝘮𝘦𝘢𝘯𝘵 𝘵𝘰 𝘥𝘰 𝘵𝘩𝘰𝘴𝘦 𝘵𝘩𝘪𝘯𝘨𝘴 𝘵𝘰 𝘺𝘰𝘶
    𝘈𝘯𝘥 𝘴𝘰 𝘐 𝘩𝘢𝘷𝘦 𝘵𝘰 𝘴𝘢𝘺 𝘣𝘦𝘧𝘰𝘳𝘦 𝘐 𝘨𝘰
    𝘛𝘩𝘢𝘵 𝘐 𝘫𝘶𝘴𝘵 𝘸𝘢𝘯𝘵 𝘺𝘰𝘶 𝘵𝘰 𝘬𝘯𝘰𝘸
    𝘐'𝘮 𝘯𝘰𝘵 𝘢 𝘱𝘦𝘳𝘧𝘦𝘤𝘵 𝘱𝘦𝘳𝘴𝘰𝘯 𝘛𝘩𝘦𝘳𝘦'𝘴 𝘮𝘢𝘯𝘺 𝘵𝘩𝘪𝘯𝘨𝘴 𝘐 𝘸𝘪𝘴𝘩 𝘐 𝘥𝘪𝘥𝘯'𝘵 𝘥𝘰 𝘉𝘶𝘵 𝘐 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘪𝘯𝘶𝘦 𝘭𝘦𝘢𝘳𝘯𝘪𝘯𝘨 𝘐 𝘯𝘦𝘷𝘦𝘳 𝘮𝘦𝘢𝘯𝘵 𝘵𝘰 𝘥𝘰 𝘵𝘩𝘰𝘴𝘦 𝘵𝘩𝘪𝘯𝘨𝘴 𝘵𝘰 𝘺𝘰𝘶 𝘈𝘯𝘥 𝘴𝘰 𝘐 𝘩𝘢𝘷𝘦 𝘵𝘰 𝘴𝘢𝘺 𝘣𝘦𝘧𝘰𝘳𝘦 𝘐 𝘨𝘰 𝘛𝘩𝘢𝘵 𝘐 𝘫𝘶𝘴𝘵 𝘸𝘢𝘯𝘵 𝘺𝘰𝘶 𝘵𝘰 𝘬𝘯𝘰𝘸
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  • ( ❝ )
    ㅤㅤㅤ𝑌𝑒𝑎ℎ! 𝑀𝑦 𝑠𝑚𝑖𝑙𝑒 𝑜𝑛 𝑝𝑜𝑖𝑛𝑡... 𝑈 𝑓𝑒𝑒𝑙 𝑚𝑒?
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