• 𝑹𝒖𝒏 𝒂𝒘𝒂𝒚 𝒂𝒔 𝒇𝒂𝒓 𝒂𝒔 𝒚𝒐𝒖 𝒄𝒂𝒏 𝒂𝒏𝒅 𝒉𝒊𝒅𝒆 𝒃𝒆𝒉𝒊𝒏𝒅 𝒂𝒍𝒍 𝒕𝒉𝒆 𝒑𝒓𝒐𝒎𝒊𝒔𝒆𝒔
    𝑩𝒖𝒕 𝑰'𝒍𝒍 𝒇𝒊𝒏𝒅 𝒚𝒐𝒖 𝒄𝒂𝒖𝒔𝒆 𝒚𝒐𝒖'𝒓𝒆 𝒂 𝒇𝒊𝒓𝒆
    𝑨𝒏𝒅 𝑰'𝒎 𝒕𝒉𝒆 𝒓𝒂𝒊𝒏
    𝑳𝒆𝒕 𝒕𝒉𝒆𝒎 𝒃𝒍𝒆𝒆𝒅
    𝑹𝒖𝒏 𝒂𝒘𝒂𝒚 𝒂𝒔 𝒇𝒂𝒓 𝒂𝒔 𝒚𝒐𝒖 𝒄𝒂𝒏 𝒂𝒏𝒅 𝒉𝒊𝒅𝒆 𝒃𝒆𝒉𝒊𝒏𝒅 𝒂𝒍𝒍 𝒕𝒉𝒆 𝒑𝒓𝒐𝒎𝒊𝒔𝒆𝒔 𝑩𝒖𝒕 𝑰'𝒍𝒍 𝒇𝒊𝒏𝒅 𝒚𝒐𝒖 𝒄𝒂𝒖𝒔𝒆 𝒚𝒐𝒖'𝒓𝒆 𝒂 𝒇𝒊𝒓𝒆 𝑨𝒏𝒅 𝑰'𝒎 𝒕𝒉𝒆 𝒓𝒂𝒊𝒏 𝑳𝒆𝒕 𝒕𝒉𝒆𝒎 𝒃𝒍𝒆𝒆𝒅
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    𝐖𝐡𝐚𝐭 𝐤𝐞𝐞𝐩𝐬 𝐲𝐨𝐮 𝐚𝐰𝐚𝐤𝐞?
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  • [A N N ] ¿𝖫𝖾𝗌 𝗀𝗎𝗌𝗍𝖺 𝗆𝗂 𝗇𝗎𝖾𝗏𝗈 𝗏𝖾𝗌𝗍𝗂𝖽𝗈? 𝖬𝖾 𝗅𝗈 𝗉𝗎𝗌𝖾 𝖾𝗌𝗉𝖾𝖼𝗂𝖺𝗅𝗆𝖾𝗇𝗍𝖾 𝗉𝖺𝗋𝖺 𝗎𝗌𝗍𝖾𝖽𝖾𝗌.
    [A N N ] ¿𝖫𝖾𝗌 𝗀𝗎𝗌𝗍𝖺 𝗆𝗂 𝗇𝗎𝖾𝗏𝗈 𝗏𝖾𝗌𝗍𝗂𝖽𝗈? 𝖬𝖾 𝗅𝗈 𝗉𝗎𝗌𝖾 𝖾𝗌𝗉𝖾𝖼𝗂𝖺𝗅𝗆𝖾𝗇𝗍𝖾 𝗉𝖺𝗋𝖺 𝗎𝗌𝗍𝖾𝖽𝖾𝗌.
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  • 𝐋𝐚𝐬 𝐬𝐨𝐦𝐛𝐫𝐚𝐬 𝐭𝐞 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐮𝐦𝐞𝐧 𝐲 𝐝𝐞 𝐞𝐥𝐥𝐚𝐬 𝐧𝐚𝐜𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐧𝐮𝐞𝐯𝐨.
    𝐋𝐚𝐬 𝐬𝐨𝐦𝐛𝐫𝐚𝐬 𝐭𝐞 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐮𝐦𝐞𝐧 𝐲 𝐝𝐞 𝐞𝐥𝐥𝐚𝐬 𝐧𝐚𝐜𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐧𝐮𝐞𝐯𝐨.
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  • 𝑇𝑢 𝑑𝑒𝑏𝑒𝑟 𝑒𝑠 𝑟𝑒𝑠𝑝𝑒𝑡𝑎𝑟 𝑚𝑖𝑠 𝑙í𝑚𝑖𝑡𝑒𝑠...






    ...𝑦 𝑒𝑙 𝑚í𝑜 𝑝𝑜𝑛𝑒𝑟 𝑎 𝑝𝑟𝑢𝑒𝑏𝑎 𝑙𝑜𝑠 𝑡𝑢𝑦𝑜𝑠.

    𝑇𝑢 𝑑𝑒𝑏𝑒𝑟 𝑒𝑠 𝑟𝑒𝑠𝑝𝑒𝑡𝑎𝑟 𝑚𝑖𝑠 𝑙í𝑚𝑖𝑡𝑒𝑠... ...𝑦 𝑒𝑙 𝑚í𝑜 𝑝𝑜𝑛𝑒𝑟 𝑎 𝑝𝑟𝑢𝑒𝑏𝑎 𝑙𝑜𝑠 𝑡𝑢𝑦𝑜𝑠.
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  • ──── Bueno, esta es la única habitación que me queda libre. Lamento el poco espacio. ────
    · · ─ ·𖥸· ─ · ·

    𝗞𝗶𝘆𝗼 : 𝗞𝗶𝘆𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗨𝗻𝗶𝘃𝗲𝗿𝘀𝗼 𝟬
    ──── Bueno, esta es la única habitación que me queda libre. Lamento el poco espacio. ──── · · ─ ·𖥸· ─ · · 𝗞𝗶𝘆𝗼 : 𝗞𝗶𝘆𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗨𝗻𝗶𝘃𝗲𝗿𝘀𝗼 𝟬
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  • ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❛‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎
    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ 𝐺𝑢𝑠𝑡𝑜𝑠 𝑐𝑎𝑟𝑜𝑠, 𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑝𝑒𝑙𝑖𝑔𝑟𝑜𝑠𝑎 𝑦 𝑒𝑙 𝑒𝑔𝑜 𝑠𝑢𝑓𝑖𝑐𝑖𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑝𝑎𝑟𝑎 ℎ𝑎𝑐𝑒𝑟 𝑞𝑢𝑒 𝑡𝑜𝑑𝑜 𝑝𝑎𝑟𝑒𝑧𝑐𝑎 𝑠𝑒𝑛𝑐𝑖𝑙𝑙𝑜. ¿𝐿𝑎 𝑣𝑒𝑟𝑑𝑎𝑑.ᐣ 𝐷𝑒𝑗𝑒́ 𝑑𝑒 𝑖𝑛𝑡𝑒𝑛𝑡𝑎𝑟 𝑖𝑚𝑝𝑟𝑒𝑠𝑖𝑜𝑛𝑎𝑟 𝑎 𝑙𝑎 𝑔𝑒𝑛𝑡𝑒. 𝐴ℎ𝑜𝑟𝑎 𝑠𝑜𝑙𝑜 𝑒𝑛𝑡𝑟𝑜 𝑎 𝑢𝑛𝑎 ℎ𝑎𝑏𝑖𝑡𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑦 𝑑𝑒𝑗𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑙𝑙𝑜𝑠 𝑠𝑎𝑞𝑢𝑒𝑛 𝑠𝑢𝑠 𝑐𝑜𝑛𝑐𝑙𝑢𝑠𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠.

    𝙄𝙧𝙤𝙣 𝙈𝙖𝙣 𝑛𝑜 𝑛𝑎𝑐𝑖𝑜́ 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑝𝑒𝑟𝑓𝑒𝑐𝑐𝑖𝑜́𝑛. 𝑁𝑎𝑐𝑖𝑜́ 𝑒𝑛 𝑢𝑛𝑎 𝑐𝑢𝑒𝑣𝑎, 𝑒𝑛𝑡𝑟𝑒 𝑝𝑖𝑒𝑧𝑎𝑠 𝑟𝑜𝑡𝑎𝑠 𝑦 𝑎𝑙𝑔𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑑𝑒𝑚𝑎𝑠𝑖𝑎𝑑𝑜 𝑜𝑏𝑠𝑡𝑖𝑛𝑎𝑑𝑜 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑚𝑜𝑟𝑖𝑟 𝑎ℎ𝜄́. 𝑅𝑒𝑐𝑢𝑒𝑟𝑑𝑎 𝑒𝑠𝑜.
    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❛‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ 𝐺𝑢𝑠𝑡𝑜𝑠 𝑐𝑎𝑟𝑜𝑠, 𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑝𝑒𝑙𝑖𝑔𝑟𝑜𝑠𝑎 𝑦 𝑒𝑙 𝑒𝑔𝑜 𝑠𝑢𝑓𝑖𝑐𝑖𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑝𝑎𝑟𝑎 ℎ𝑎𝑐𝑒𝑟 𝑞𝑢𝑒 𝑡𝑜𝑑𝑜 𝑝𝑎𝑟𝑒𝑧𝑐𝑎 𝑠𝑒𝑛𝑐𝑖𝑙𝑙𝑜. ¿𝐿𝑎 𝑣𝑒𝑟𝑑𝑎𝑑.ᐣ 𝐷𝑒𝑗𝑒́ 𝑑𝑒 𝑖𝑛𝑡𝑒𝑛𝑡𝑎𝑟 𝑖𝑚𝑝𝑟𝑒𝑠𝑖𝑜𝑛𝑎𝑟 𝑎 𝑙𝑎 𝑔𝑒𝑛𝑡𝑒. 𝐴ℎ𝑜𝑟𝑎 𝑠𝑜𝑙𝑜 𝑒𝑛𝑡𝑟𝑜 𝑎 𝑢𝑛𝑎 ℎ𝑎𝑏𝑖𝑡𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑦 𝑑𝑒𝑗𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑙𝑙𝑜𝑠 𝑠𝑎𝑞𝑢𝑒𝑛 𝑠𝑢𝑠 𝑐𝑜𝑛𝑐𝑙𝑢𝑠𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠. 𝙄𝙧𝙤𝙣 𝙈𝙖𝙣 𝑛𝑜 𝑛𝑎𝑐𝑖𝑜́ 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑝𝑒𝑟𝑓𝑒𝑐𝑐𝑖𝑜́𝑛. 𝑁𝑎𝑐𝑖𝑜́ 𝑒𝑛 𝑢𝑛𝑎 𝑐𝑢𝑒𝑣𝑎, 𝑒𝑛𝑡𝑟𝑒 𝑝𝑖𝑒𝑧𝑎𝑠 𝑟𝑜𝑡𝑎𝑠 𝑦 𝑎𝑙𝑔𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑑𝑒𝑚𝑎𝑠𝑖𝑎𝑑𝑜 𝑜𝑏𝑠𝑡𝑖𝑛𝑎𝑑𝑜 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑚𝑜𝑟𝑖𝑟 𝑎ℎ𝜄́. 𝑅𝑒𝑐𝑢𝑒𝑟𝑑𝑎 𝑒𝑠𝑜.
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  • Maxence Campbell
    𝖺𝗇𝗇𝗒𝖾𝗈𝗇𝗀𝗁𝖺𝗌𝖾𝗒𝗈﹗
    𝖻𝗂𝖾𝗇𝗏𝖾𝗇𝗂𝖽𝖺﹗
    Y felicidades﹗
    [zephyr_olive_horse_793] 𝖺𝗇𝗇𝗒𝖾𝗈𝗇𝗀𝗁𝖺𝗌𝖾𝗒𝗈﹗ 𝖻𝗂𝖾𝗇𝗏𝖾𝗇𝗂𝖽𝖺﹗ Y felicidades﹗
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  • 𝐂𝐫𝐨́𝐧𝐢𝐜𝐚 𝐝𝐞 𝐒𝐢𝐞𝐠𝐦𝐞𝐲𝐞𝐫 "𝐿𝑎 𝐶𝑎𝑝𝑖𝑙𝑙𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑀𝑖𝑟𝑜́ 𝑑𝑒 𝑉𝑢𝑒𝑙𝑡𝑎".

    La niebla se pegaba a mis botas como un sudario vivo aquella noche de hace más de 200 años. Marchaba al frente de la compañía del Reino de Valdris. Doce hombres, entre ellos tres inquisidores con sus cruces de hierro al cuello, dos caballeros juramentados y el resto mercenarios como yo. El rey nos había enviado a este rincón olvidado del mundo porque los campesinos hablaban de una capilla donde los herejes invocaban demonios. “Blasfemia”, decían. “Brujería”. A estas alturas ya había visto de todo y pensé que sería otro nido de cultistas baratos.

    El camino fue largo y el viento olía a tierra podrida. Los árboles se torcían como dedos rotos, sin hojas, solo ramas que parecían susurrar nombres que no eran de este mundo. Al fin, bajo un cielo que parecía una herida abierta, apareció la capilla. Exactamente como en mis pesadillas de hoy. Madera negra, aguja puntiaguda que rasgaba las nubes, ventanas en arco que brillaban con una luz interna que no era luz. Y figuras, tres o cuatro siluetas encapuchadas, como nosotros, que se arrastraban hacia la puerta principal. No huían. Caminaban como quien va a misa o a la tumba.

    Entramos y dentro no había altar, no había crucifijo. Solo un vacío que se tragaba el sonido de nuestras botas. El aire era espeso, como si respiráramos agua fría. Los inquisidores empezaron a recitar salmos, pero sus voces se ahogaban antes de llegar a las paredes. Entonces lo oímos, un latido lento, profundo, que no provenía de ninguna garganta. Venía de arriba, del techo, del cielo mismo.
    Miré hacia las ventanas altas, y vi.

    No eran demonios, ni ángeles caídos. Eran algo más antiguo. Tentáculos gruesos como troncos de roble, cubiertos de ventosas que se abrían y cerraban como bocas ciegas, descendiendo desde una oscuridad que no era oscuridad, sino la ausencia misma de todo lo que conocemos. Se movían con una lentitud deliberada, como si el tiempo no les importara. Uno de ellos rozó la aguja de la capilla y la madera gimió, no de dolor, sino de placer. Otro se enroscó alrededor de un inquisidor antes de que pudiera gritar. Lo levantó. Lo apretó y sus huesos crujieron como ramas secas y su sangre cayó sobre nosotros como lluvia tibia.

    Grité, todos gritamos, pero los gritos se convertían en risas. En oraciones que nadie había enseñado. Uno de los caballeros se arrodilló, quitó su yelmo y comenzó a arrancarse los ojos con los dedos, murmurando que “al fin veía la verdad”. Otro mercenario corrió hacia la puerta y un tentáculo lo atravesó por la espalda, sacándolo por la boca como un pez ensartado. La sangre dibujaba símbolos que yo reconocí de pesadillas que no eran mías.

    Sentí que mi mente se rompía, no era miedo, era comprensión. Una comprensión que ningún hombre debería tener, que este lugar no era un templo profanado. Que la capilla era solo una costra, una herida abierta en la piel del mundo, y que algo inmenso, indiferente y hambriento la estaba usando como boca. Que nuestros dioses, nuestros demonios, nuestras cruzadas, todo era un chiste para esa cosa. Que el universo entero era un chiste.

    Caí de rodillas y sentí cómo uno de esos tentáculos me envolvía la cintura. La presión fue lenta, cariñosa. Mis costillas se rompieron una a una. La sangre me llenó la boca, había muerto. Pero mi propia maldición no me lo permitió. Desperté horas después, o días, no lo sé. La capilla seguía allí, pero ahora estaba en silencio. Los tentáculos habían regresado al cielo, dejando solo un agujero en las nubes que no se cerraba. Los cuerpos de mis compañeros yacían desparramados, sus bocas abiertas en una sonrisa que nunca se borraría. Intente varias veces levantarme hasta que mis pies volvieron a sentirse firmes. Mis heridas ya se cerraban. Mi mente tardó años en volver a ser mía. Aún hoy, tengo pesadillas recordando algo que pasó hace muchos años. Hay cosas peores que nuestras creencias, el bien y el mal son moldeables.
    𝐂𝐫𝐨́𝐧𝐢𝐜𝐚 𝐝𝐞 𝐒𝐢𝐞𝐠𝐦𝐞𝐲𝐞𝐫 "𝐿𝑎 𝐶𝑎𝑝𝑖𝑙𝑙𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑀𝑖𝑟𝑜́ 𝑑𝑒 𝑉𝑢𝑒𝑙𝑡𝑎". La niebla se pegaba a mis botas como un sudario vivo aquella noche de hace más de 200 años. Marchaba al frente de la compañía del Reino de Valdris. Doce hombres, entre ellos tres inquisidores con sus cruces de hierro al cuello, dos caballeros juramentados y el resto mercenarios como yo. El rey nos había enviado a este rincón olvidado del mundo porque los campesinos hablaban de una capilla donde los herejes invocaban demonios. “Blasfemia”, decían. “Brujería”. A estas alturas ya había visto de todo y pensé que sería otro nido de cultistas baratos. El camino fue largo y el viento olía a tierra podrida. Los árboles se torcían como dedos rotos, sin hojas, solo ramas que parecían susurrar nombres que no eran de este mundo. Al fin, bajo un cielo que parecía una herida abierta, apareció la capilla. Exactamente como en mis pesadillas de hoy. Madera negra, aguja puntiaguda que rasgaba las nubes, ventanas en arco que brillaban con una luz interna que no era luz. Y figuras, tres o cuatro siluetas encapuchadas, como nosotros, que se arrastraban hacia la puerta principal. No huían. Caminaban como quien va a misa o a la tumba. Entramos y dentro no había altar, no había crucifijo. Solo un vacío que se tragaba el sonido de nuestras botas. El aire era espeso, como si respiráramos agua fría. Los inquisidores empezaron a recitar salmos, pero sus voces se ahogaban antes de llegar a las paredes. Entonces lo oímos, un latido lento, profundo, que no provenía de ninguna garganta. Venía de arriba, del techo, del cielo mismo. Miré hacia las ventanas altas, y vi. No eran demonios, ni ángeles caídos. Eran algo más antiguo. Tentáculos gruesos como troncos de roble, cubiertos de ventosas que se abrían y cerraban como bocas ciegas, descendiendo desde una oscuridad que no era oscuridad, sino la ausencia misma de todo lo que conocemos. Se movían con una lentitud deliberada, como si el tiempo no les importara. Uno de ellos rozó la aguja de la capilla y la madera gimió, no de dolor, sino de placer. Otro se enroscó alrededor de un inquisidor antes de que pudiera gritar. Lo levantó. Lo apretó y sus huesos crujieron como ramas secas y su sangre cayó sobre nosotros como lluvia tibia. Grité, todos gritamos, pero los gritos se convertían en risas. En oraciones que nadie había enseñado. Uno de los caballeros se arrodilló, quitó su yelmo y comenzó a arrancarse los ojos con los dedos, murmurando que “al fin veía la verdad”. Otro mercenario corrió hacia la puerta y un tentáculo lo atravesó por la espalda, sacándolo por la boca como un pez ensartado. La sangre dibujaba símbolos que yo reconocí de pesadillas que no eran mías. Sentí que mi mente se rompía, no era miedo, era comprensión. Una comprensión que ningún hombre debería tener, que este lugar no era un templo profanado. Que la capilla era solo una costra, una herida abierta en la piel del mundo, y que algo inmenso, indiferente y hambriento la estaba usando como boca. Que nuestros dioses, nuestros demonios, nuestras cruzadas, todo era un chiste para esa cosa. Que el universo entero era un chiste. Caí de rodillas y sentí cómo uno de esos tentáculos me envolvía la cintura. La presión fue lenta, cariñosa. Mis costillas se rompieron una a una. La sangre me llenó la boca, había muerto. Pero mi propia maldición no me lo permitió. Desperté horas después, o días, no lo sé. La capilla seguía allí, pero ahora estaba en silencio. Los tentáculos habían regresado al cielo, dejando solo un agujero en las nubes que no se cerraba. Los cuerpos de mis compañeros yacían desparramados, sus bocas abiertas en una sonrisa que nunca se borraría. Intente varias veces levantarme hasta que mis pies volvieron a sentirse firmes. Mis heridas ya se cerraban. Mi mente tardó años en volver a ser mía. Aún hoy, tengo pesadillas recordando algo que pasó hace muchos años. Hay cosas peores que nuestras creencias, el bien y el mal son moldeables.
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  • ¿𝗛𝗮𝗰𝗶𝗮 𝗱ó𝗻𝗱𝗲 𝘃𝗮𝘀 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗵𝘂𝘆𝗲𝘀?
    ¿𝗛𝗮𝗰𝗶𝗮 𝗱ó𝗻𝗱𝗲 𝘃𝗮𝘀 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗵𝘂𝘆𝗲𝘀?
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