Con su taza de café tibio entre sus manos, Sienna meditaba acerca de sus acciones y las consecuencias de estas si las cosas no salían como las planeó en un inicio.
El televisor sintonizando el canal de noticias seguía informando los avances.
Un equipo especial yacia en el lago tratando de sacar el cuerpo.
Era demasiado para una escoria pero... ya no haría más daño.
𝐆𝐎 𝐓𝐎 𝐇𝐄𝐋𝐋 𝐅𝐎𝐑 𝐇𝐄𝐀𝐕𝐄𝐍'𝐒 𝐒𝐀𝐊𝐄
𝐸𝑣𝑖𝑑𝑒𝑛𝑡𝑒𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑛𝑜 𝑚𝑒 𝑎𝑟𝑟𝑒𝑝𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑝𝑒𝑟𝑜... ¿𝑦 𝑠𝑖 𝘩𝑎𝑐𝑒𝑛 𝑢𝑛𝑎 𝑖𝑛𝑣𝑒𝑠𝑡𝑖𝑔𝑎𝑐𝑖𝑜𝑛 𝑒𝑥𝘩𝑎𝑢𝑠𝑡𝑖𝑣𝑎.ᐣ
𝑁𝑜 𝑙𝑜 𝑚𝑒𝑟𝑒𝑐𝑒 𝑝𝑒𝑟𝑜 𝑎 𝑙𝑜𝑠 𝑜𝑗𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑎 𝑐𝑖𝑢𝑑𝑎𝑑 𝑒𝑠 𝑢𝑛𝑎 𝑣𝑖𝑐𝑡𝑖𝑚𝑎...
Con su taza de café tibio entre sus manos, Sienna meditaba acerca de sus acciones y las consecuencias de estas si las cosas no salían como las planeó en un inicio.
El televisor sintonizando el canal de noticias seguía informando los avances.
Un equipo especial yacia en el lago tratando de sacar el cuerpo.
Era demasiado para una escoria pero... ya no haría más daño.
Escribió Sienna sobre el artículo. Ella que tuvo la mala suerte de convivir con el "prodigio" no estaba ni un poco arrepentida del acto cometido.
Tampoco preocupada porque había ocultado bien su rastro y por el tiempo seguro el hielo había hecho su trabajo.
𝐋𝐎𝐂𝐀𝐋𝐈𝐙𝐀𝐃𝐎
𝙴𝚗𝚌𝚞𝚎𝚗𝚝𝚛𝚊𝚗 𝚜𝚒𝚗 𝚟𝚒𝚍𝚊 𝚊 𝚕𝚊 𝚓𝚘𝚟𝚎𝚗 𝚎𝚜𝚝𝚛𝚎𝚕𝚕𝚊 𝚍𝚎 𝚑𝚘𝚌𝚔𝚎𝚢 𝚎𝚜𝚝𝚞𝚍𝚒𝚊𝚗𝚝𝚒𝚕 𝚕𝚊 𝚖𝚊𝚗̃𝚊𝚗𝚊 𝚍𝚎 𝚎𝚜𝚝𝚎 𝚜𝚊𝚋𝚊𝚍𝚘 𝚕𝚞𝚎𝚐𝚘 𝚍𝚎 𝚞𝚗𝚊 𝚜𝚎𝚖𝚊𝚗𝚊 𝚍𝚎 𝚊𝚛𝚍𝚞𝚊 𝚋𝚞𝚜𝚚𝚞𝚎𝚍𝚊 𝚙𝚘𝚛 𝚙𝚊𝚛𝚝𝚎 𝚍𝚎 𝚕𝚊𝚜 𝚊𝚞𝚝𝚘𝚛𝚒𝚍𝚊𝚍𝚎𝚜.
𝚁𝚎𝚙𝚘𝚛𝚝𝚊𝚍𝚘 𝚎𝚗 𝚞𝚗 𝚒𝚗𝚒𝚌𝚒𝚘 𝚌𝚘𝚖𝚘 𝚍𝚎𝚜𝚊𝚙𝚊𝚛𝚎𝚌𝚒𝚍𝚘 𝚙𝚘𝚛 𝚜𝚞𝚜 𝚙𝚊𝚍𝚛𝚎𝚜, 𝚊𝚕𝚋𝚎𝚛𝚐𝚊𝚋𝚊𝚗 𝚕𝚊 𝚎𝚜𝚙𝚎𝚛𝚊𝚗𝚣𝚊 𝚍𝚎 𝚑𝚊𝚕𝚕𝚊𝚛𝚕𝚘 𝚌𝚘𝚗 𝚟𝚒𝚍𝚊.
𝙻𝚊𝚖𝚎𝚗𝚝𝚊𝚋𝚕𝚎𝚖𝚎𝚗𝚝𝚎 𝑛𝑜 𝑡𝑢𝑣𝑜 𝑙𝑎 𝑜𝑝𝑜𝑟𝑡𝑢𝑛𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑑𝑒 𝑠𝑒𝑔𝑢𝑖𝑟 𝑠𝑖𝑒𝑛𝑑𝑜 𝑢𝑛 𝑖𝑑𝑖𝑜𝑡𝑎...
Escribió Sienna sobre el artículo. Ella que tuvo la mala suerte de convivir con el "prodigio" no estaba ni un poco arrepentida del acto cometido.
Tampoco preocupada porque había ocultado bien su rastro y por el tiempo seguro el hielo había hecho su trabajo.
Cuando no está trabajando ni siguiendo algún rastro, Connor suele desaparecer durante horas, y nadie sabe exactamente dónde va. A veces termina sentado sobre la azotea de algún edificio observando una ciudad que jamás repara en su presencia. Otras permanece inmóvil frente a una ventana mientras las luces de los departamentos se encienden y apagan una a una conforme avanza la noche. No busca nada en particular, tampoco parece estar vigilando a alguien.
Simplemente observa, y resulta extraño porque no obtiene nada de ello. Su cuerpo no necesita descansar y su mente es capaz de mantenerse activa durante días enteros sin mostrar señales de agotamiento. Podría dedicar cada segundo de su existencia a investigar, alimentarse o perfeccionar sus capacidades, pero en ocasiones acaba simplemente ocupando su tiempo en cosas que no parecen tener utilidad alguna.
Compra café que rara vez termina. Enciende televisores a los que deja de prestar atención minutos después. Se queda escuchando conversaciones ajenas hasta que terminan, incluso cuando no tienen relación con ningún caso. Algunas veces entra a librerías, estaciones o pequeños comercios sin intención de adquirir nada. Otras simplemente camina.
También conserva objetos, como un encendedor, una fotografía, un reloj detenido, o un boleto de tren. Ninguno posee valor aparente, ni tampoco habla de ellos, mucho menos los utiliza. Y, sin embargo, tampoco los tira.
Connor no recuerda cuándo comenzó a adquirir esas costumbres. No sabe si las aprendió observando a otros, si pertenecieron a alguien más o si siempre estuvieron ahí. Simplemente ocurren, como si en algún punto de su existencia hubiese empezado a repetir comportamientos cuyo origen ya no puede rastrear.
Lo único seguro es que, incluso cuando no está cazando, Connor sigue buscando algo, aunque todavía no sepa qué es.
𝑻𝒉𝒆 𝑯𝒐𝒎𝒖𝒏𝒄𝒖𝒍𝒖𝒔 (𝟒)
Cuando no está trabajando ni siguiendo algún rastro, Connor suele desaparecer durante horas, y nadie sabe exactamente dónde va. A veces termina sentado sobre la azotea de algún edificio observando una ciudad que jamás repara en su presencia. Otras permanece inmóvil frente a una ventana mientras las luces de los departamentos se encienden y apagan una a una conforme avanza la noche. No busca nada en particular, tampoco parece estar vigilando a alguien.
Simplemente observa, y resulta extraño porque no obtiene nada de ello. Su cuerpo no necesita descansar y su mente es capaz de mantenerse activa durante días enteros sin mostrar señales de agotamiento. Podría dedicar cada segundo de su existencia a investigar, alimentarse o perfeccionar sus capacidades, pero en ocasiones acaba simplemente ocupando su tiempo en cosas que no parecen tener utilidad alguna.
Compra café que rara vez termina. Enciende televisores a los que deja de prestar atención minutos después. Se queda escuchando conversaciones ajenas hasta que terminan, incluso cuando no tienen relación con ningún caso. Algunas veces entra a librerías, estaciones o pequeños comercios sin intención de adquirir nada. Otras simplemente camina.
También conserva objetos, como un encendedor, una fotografía, un reloj detenido, o un boleto de tren. Ninguno posee valor aparente, ni tampoco habla de ellos, mucho menos los utiliza. Y, sin embargo, tampoco los tira.
Connor no recuerda cuándo comenzó a adquirir esas costumbres. No sabe si las aprendió observando a otros, si pertenecieron a alguien más o si siempre estuvieron ahí. Simplemente ocurren, como si en algún punto de su existencia hubiese empezado a repetir comportamientos cuyo origen ya no puede rastrear.
Lo único seguro es que, incluso cuando no está cazando, Connor sigue buscando algo, aunque todavía no sepa qué es.