«¿𝘼𝙡𝙜𝙪𝙣𝙖 𝙫𝙚𝙯 𝙩𝙚 𝙥𝙧𝙚𝙜𝙪𝙣𝙩𝙖𝙨𝙩𝙚 𝙦𝙪𝙚 𝙨𝙚 𝙨𝙞𝙚𝙣𝙩𝙚 𝙖𝙡𝙗𝙚𝙧𝙜𝙖𝙧 𝙪𝙣 𝙙𝙞𝙤𝙨 𝙚𝙣 𝙚𝙡 𝙥𝙚𝙘𝙝𝙤?
Te ahorro la fantasía:
𝘓𝘰𝘴 𝘋𝘪𝘰𝘴𝘦𝘴 𝘯𝘰 𝘩𝘢𝘣𝘪𝘵𝘢𝘯. 𝘐𝘯𝘧𝘦𝘴𝘵𝘢𝘯.
Como raíces en un cementerio humano, se enredan en los huesos de quien los invoca y florecen en su carne.
𝘕𝘰 𝘵𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘧𝘶𝘯𝘥𝘢𝘴, 𝘯𝘰 𝘦𝘴 𝘶𝘯𝘢 𝘮𝘢𝘭𝘥𝘪𝘤𝘪𝘰𝘯...
Pero es como un océano desgarrando los límites de un vaso. Cada grieta, cada gota que escapa, te recuerda que el vaso nunca fue suficiente.
𝙔 𝙖𝙦𝙪𝙞 𝙚𝙨𝙩𝙖 𝙚𝙡 𝙨𝙚𝙘𝙧𝙚𝙩𝙤, 𝙥𝙚𝙦𝙪𝙚𝙣𝙖 𝙘𝙧𝙞𝙖𝙩𝙪𝙧𝙖 𝙢𝙤𝙧𝙩𝙖𝙡:
𝘠𝘰 𝘯𝘰 𝘭𝘰 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘦𝘯𝘨𝘰, 𝘯𝘰𝘴 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘦𝘯𝘪𝘢𝘮𝘰𝘴 𝘮𝘶𝘵𝘶𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦...
Dicen que un corazón dividido no puede sostener el peso de su propia existencia.
Que la grieta entre lo que somos y lo que fingimos ser nos consume desde adentro.
Pero...𝙮𝙤 𝙣𝙤 𝙚𝙨𝙩𝙤𝙮 𝙙𝙞𝙫𝙞𝙙𝙞𝙙𝙖. 𝙀𝙨𝙩𝙤𝙮 𝙚𝙣𝙩𝙧𝙚𝙡𝙖𝙯𝙖𝙙𝙖.
𝘌𝘭𝘭𝘢, 𝘭𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘰𝘯𝘳𝘪𝘦, la que dibuja criaturitas innombrables en los márgenes de sus grimorios, es el corcho de la botella.
𝘠 𝘺𝘰, la que susurra con voz de mil eones, 𝘴𝘰𝘺 𝘭𝘢 𝘵𝘦𝘮𝘱𝘦𝘴𝘵𝘢𝘥 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘭𝘪𝘨𝘦 𝘯𝘰 𝘦𝘴𝘤𝘢𝘱𝘢𝘳.
𝙋𝙤𝙧 𝙖𝙝𝙤𝙧𝙖.
¿Ves? Hasta yo miento por omisión.
𝘈𝘭 𝘧𝘪𝘯𝘢𝘭, 𝘯𝘰 𝘩𝘢𝘺 𝘥𝘰𝘴.
𝘕𝘰 𝘩𝘢𝘺 𝘵𝘳𝘦𝘴.
𝘚𝘰𝘭𝘰 𝘩𝘢𝘺 𝘶𝘯 𝘷𝘦𝘳𝘣𝘰 𝘪𝘯𝘧𝘪𝘯𝘪𝘵𝘰 𝘦𝘴𝘤𝘳𝘪𝘵𝘰 𝘦𝘯 𝘭𝘦𝘯𝘨𝘶𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘢𝘩𝘰𝘨𝘢𝘥𝘰𝘴:
'𝙔𝙤 𝙨𝙤𝙮 𝙚𝙡 𝙖𝙡𝙩𝙖𝙧, 𝙡𝙖 𝙤𝙛𝙧𝙚𝙣𝙙𝙖 𝙮 𝙚𝙡 𝙘𝙪𝙘𝙝𝙞𝙡𝙡𝙤'.»
— 𝗜𝗡𝗔 (¿𝘰 𝘧𝘶𝘦 𝘭𝘢 𝘴𝘢𝘤𝘦𝘳𝘥𝘰𝘵𝘪𝘴𝘢 𝘲𝘶𝘪𝘦𝘯 𝘩𝘢𝘣𝘭𝘰?)
«¿𝘼𝙡𝙜𝙪𝙣𝙖 𝙫𝙚𝙯 𝙩𝙚 𝙥𝙧𝙚𝙜𝙪𝙣𝙩𝙖𝙨𝙩𝙚 𝙦𝙪𝙚 𝙨𝙚 𝙨𝙞𝙚𝙣𝙩𝙚 𝙖𝙡𝙗𝙚𝙧𝙜𝙖𝙧 𝙪𝙣 𝙙𝙞𝙤𝙨 𝙚𝙣 𝙚𝙡 𝙥𝙚𝙘𝙝𝙤?
Te ahorro la fantasía:
𝘓𝘰𝘴 𝘋𝘪𝘰𝘴𝘦𝘴 𝘯𝘰 𝘩𝘢𝘣𝘪𝘵𝘢𝘯. 𝘐𝘯𝘧𝘦𝘴𝘵𝘢𝘯.
Como raíces en un cementerio humano, se enredan en los huesos de quien los invoca y florecen en su carne.
𝘕𝘰 𝘵𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘧𝘶𝘯𝘥𝘢𝘴, 𝘯𝘰 𝘦𝘴 𝘶𝘯𝘢 𝘮𝘢𝘭𝘥𝘪𝘤𝘪𝘰𝘯...
Pero es como un océano desgarrando los límites de un vaso. Cada grieta, cada gota que escapa, te recuerda que el vaso nunca fue suficiente.
𝙔 𝙖𝙦𝙪𝙞 𝙚𝙨𝙩𝙖 𝙚𝙡 𝙨𝙚𝙘𝙧𝙚𝙩𝙤, 𝙥𝙚𝙦𝙪𝙚𝙣𝙖 𝙘𝙧𝙞𝙖𝙩𝙪𝙧𝙖 𝙢𝙤𝙧𝙩𝙖𝙡:
𝘠𝘰 𝘯𝘰 𝘭𝘰 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘦𝘯𝘨𝘰, 𝘯𝘰𝘴 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘦𝘯𝘪𝘢𝘮𝘰𝘴 𝘮𝘶𝘵𝘶𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦...
Dicen que un corazón dividido no puede sostener el peso de su propia existencia.
Que la grieta entre lo que somos y lo que fingimos ser nos consume desde adentro.
Pero...𝙮𝙤 𝙣𝙤 𝙚𝙨𝙩𝙤𝙮 𝙙𝙞𝙫𝙞𝙙𝙞𝙙𝙖. 𝙀𝙨𝙩𝙤𝙮 𝙚𝙣𝙩𝙧𝙚𝙡𝙖𝙯𝙖𝙙𝙖.
𝘌𝘭𝘭𝘢, 𝘭𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘰𝘯𝘳𝘪𝘦, la que dibuja criaturitas innombrables en los márgenes de sus grimorios, es el corcho de la botella.
𝘠 𝘺𝘰, la que susurra con voz de mil eones, 𝘴𝘰𝘺 𝘭𝘢 𝘵𝘦𝘮𝘱𝘦𝘴𝘵𝘢𝘥 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘭𝘪𝘨𝘦 𝘯𝘰 𝘦𝘴𝘤𝘢𝘱𝘢𝘳.
𝙋𝙤𝙧 𝙖𝙝𝙤𝙧𝙖.
¿Ves? Hasta yo miento por omisión.
𝘈𝘭 𝘧𝘪𝘯𝘢𝘭, 𝘯𝘰 𝘩𝘢𝘺 𝘥𝘰𝘴.
𝘕𝘰 𝘩𝘢𝘺 𝘵𝘳𝘦𝘴.
𝘚𝘰𝘭𝘰 𝘩𝘢𝘺 𝘶𝘯 𝘷𝘦𝘳𝘣𝘰 𝘪𝘯𝘧𝘪𝘯𝘪𝘵𝘰 𝘦𝘴𝘤𝘳𝘪𝘵𝘰 𝘦𝘯 𝘭𝘦𝘯𝘨𝘶𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘢𝘩𝘰𝘨𝘢𝘥𝘰𝘴:
'𝙔𝙤 𝙨𝙤𝙮 𝙚𝙡 𝙖𝙡𝙩𝙖𝙧, 𝙡𝙖 𝙤𝙛𝙧𝙚𝙣𝙙𝙖 𝙮 𝙚𝙡 𝙘𝙪𝙘𝙝𝙞𝙡𝙡𝙤'.»
— 𝗜𝗡𝗔 (¿𝘰 𝘧𝘶𝘦 𝘭𝘢 𝘴𝘢𝘤𝘦𝘳𝘥𝘰𝘵𝘪𝘴𝘢 𝘲𝘶𝘪𝘦𝘯 𝘩𝘢𝘣𝘭𝘰?)