• 𝅃 𝑇𝑜𝑜 𝑑𝑒𝑎𝑑 𝑡𝑜 𝑏𝑒 𝑎𝑙𝑖𝑣𝑒, 𝑡𝑜𝑜 𝑎𝑙𝑖𝑣𝑒 𝑡𝑜 𝑏𝑒 𝑑𝑒𝑎𝑑.
    𝅃 𝑇𝑜𝑜 𝑑𝑒𝑎𝑑 𝑡𝑜 𝑏𝑒 𝑎𝑙𝑖𝑣𝑒, 𝑡𝑜𝑜 𝑎𝑙𝑖𝑣𝑒 𝑡𝑜 𝑏𝑒 𝑑𝑒𝑎𝑑.
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  • ㅤ⠀⠀⠀⠀⠀𝑺𝒉𝒆'𝒔 𝒈𝒐𝒕 𝒏𝒐 𝒔𝒆𝒍𝒇 𝒄𝒐𝒏𝒕𝒓𝒐𝒍
    ㅤ⠀⠀⠀⠀⠀𝑨 𝒃𝒆𝒂𝒖𝒕𝒚 𝒘𝒊𝒕𝒉 𝒂𝒏 𝒆𝒎𝒑𝒕𝒚 𝒔𝒐𝒖𝒍
    ㅤ⠀⠀⠀⠀⠀𝑻𝒉𝒆𝒓𝒆 𝒎𝒖𝒔𝒕 𝒃𝒆 𝒔𝒐𝒎𝒆𝒕𝒉𝒊𝒏𝒈 𝒘𝒓𝒐𝒏𝒈
    ㅤ⠀⠀⠀⠀⠀𝑾𝒉𝒆𝒏 𝒄𝒉𝒊𝒄𝒌𝒔 𝒂𝒓𝒆 𝒑𝒍𝒂𝒚𝒊𝒏𝒈 𝒅𝒆𝒂𝒅
    ㅤ⠀⠀⠀⠀⠀𝑺𝒉𝒆'𝒔 𝒈𝒐𝒕 𝒏𝒐 𝒔𝒆𝒍𝒇 𝒄𝒐𝒏𝒕𝒓𝒐𝒍 ㅤ⠀⠀⠀⠀⠀𝑨 𝒃𝒆𝒂𝒖𝒕𝒚 𝒘𝒊𝒕𝒉 𝒂𝒏 𝒆𝒎𝒑𝒕𝒚 𝒔𝒐𝒖𝒍 ㅤ⠀⠀⠀⠀⠀𝑻𝒉𝒆𝒓𝒆 𝒎𝒖𝒔𝒕 𝒃𝒆 𝒔𝒐𝒎𝒆𝒕𝒉𝒊𝒏𝒈 𝒘𝒓𝒐𝒏𝒈 ㅤ⠀⠀⠀⠀⠀𝑾𝒉𝒆𝒏 𝒄𝒉𝒊𝒄𝒌𝒔 𝒂𝒓𝒆 𝒑𝒍𝒂𝒚𝒊𝒏𝒈 𝒅𝒆𝒂𝒅
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  • "𝑽𝒆𝒍𝒗𝒆𝒕 𝒏𝒊𝒈𝒉𝒕𝒔 𝒂𝒏𝒅 𝒄𝒆𝒍𝒆𝒔𝒕𝒊𝒂𝒍 𝒔𝒊𝒏𝒔.”
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  • ❝𝕿𝖎𝖊𝖓𝖊𝖘 𝖚𝖓𝖆 𝖍𝖎𝖘𝖙𝖔𝖗𝖎𝖆 𝖉𝖊𝖓𝖙𝖗𝖔 𝖉𝖊 𝖙𝖎; 𝖞𝖆𝖈𝖊 𝖆𝖗𝖙𝖎𝖈𝖚𝖑𝖆𝖉𝖆 𝖞 𝖊𝖘𝖕𝖊𝖗𝖆𝖓𝖉𝖔 𝖘𝖊𝖗 𝖊𝖘𝖈𝖗𝖎𝖙𝖆, 𝖉𝖊𝖙𝖗𝖆́𝖘 𝖉𝖊 𝖙𝖚 𝖘𝖎𝖑𝖊𝖓𝖈𝖎𝖔 𝖞 𝖙𝖚 𝖘𝖚𝖋𝖗𝖎𝖒𝖎𝖊𝖓𝖙𝖔.❞
    ❝𝕿𝖎𝖊𝖓𝖊𝖘 𝖚𝖓𝖆 𝖍𝖎𝖘𝖙𝖔𝖗𝖎𝖆 𝖉𝖊𝖓𝖙𝖗𝖔 𝖉𝖊 𝖙𝖎; 𝖞𝖆𝖈𝖊 𝖆𝖗𝖙𝖎𝖈𝖚𝖑𝖆𝖉𝖆 𝖞 𝖊𝖘𝖕𝖊𝖗𝖆𝖓𝖉𝖔 𝖘𝖊𝖗 𝖊𝖘𝖈𝖗𝖎𝖙𝖆, 𝖉𝖊𝖙𝖗𝖆́𝖘 𝖉𝖊 𝖙𝖚 𝖘𝖎𝖑𝖊𝖓𝖈𝖎𝖔 𝖞 𝖙𝖚 𝖘𝖚𝖋𝖗𝖎𝖒𝖎𝖊𝖓𝖙𝖔.❞
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  • ──── No he tenido clientes en un tiempo... ────
    Estaba tan aburrida ese día que andaba contando las espadas del barril
    · · ─ ·𖥸· ─ · ·

    𝗞𝗶𝘆𝗼 : 𝗞𝗶𝘆𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗨𝗻𝗶𝘃𝗲𝗿𝘀𝗼 𝟬
    ──── No he tenido clientes en un tiempo... ──── Estaba tan aburrida ese día que andaba contando las espadas del barril · · ─ ·𖥸· ─ · · 𝗞𝗶𝘆𝗼 : 𝗞𝗶𝘆𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗨𝗻𝗶𝘃𝗲𝗿𝘀𝗼 𝟬
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  • "𝑊𝑒 𝑠ℎ𝑎𝑙𝑙 ℎ𝑎𝑣𝑒 𝑏𝑒𝑑𝑠 𝑓𝑢𝑙𝑙 𝑜𝑓 𝑠𝑢𝑏𝑡𝑙𝑒 𝑝𝑒𝑟𝑓𝑢𝑚𝑒𝑠,
    𝐷𝑖𝑣𝑎𝑛𝑠 𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑒𝑝 𝑎𝑠 𝑔𝑟𝑎𝑣𝑒𝑠, 𝑎𝑛𝑑 𝑜𝑛 𝑡ℎ𝑒 𝑠ℎ𝑒𝑙𝑣𝑒𝑠
    𝑊𝑖𝑙𝑙 𝑏𝑒 𝑠𝑡𝑟𝑎𝑛𝑔𝑒 𝑓𝑙𝑜𝑤𝑒𝑟𝑠 𝑡ℎ𝑎𝑡 𝑏𝑙𝑜𝑠𝑠𝑜𝑚𝑒𝑑 𝑓𝑜𝑟 𝑢𝑠
    𝑈𝑛𝑑𝑒𝑟 𝑚𝑜𝑟𝑒 𝑏𝑒𝑎𝑢𝑡𝑖𝑓𝑢𝑙 ℎ𝑒𝑎𝑣𝑒𝑛𝑠."


    https://youtu.be/ON8b11JUOmI
    "𝑊𝑒 𝑠ℎ𝑎𝑙𝑙 ℎ𝑎𝑣𝑒 𝑏𝑒𝑑𝑠 𝑓𝑢𝑙𝑙 𝑜𝑓 𝑠𝑢𝑏𝑡𝑙𝑒 𝑝𝑒𝑟𝑓𝑢𝑚𝑒𝑠, 𝐷𝑖𝑣𝑎𝑛𝑠 𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑒𝑝 𝑎𝑠 𝑔𝑟𝑎𝑣𝑒𝑠, 𝑎𝑛𝑑 𝑜𝑛 𝑡ℎ𝑒 𝑠ℎ𝑒𝑙𝑣𝑒𝑠 𝑊𝑖𝑙𝑙 𝑏𝑒 𝑠𝑡𝑟𝑎𝑛𝑔𝑒 𝑓𝑙𝑜𝑤𝑒𝑟𝑠 𝑡ℎ𝑎𝑡 𝑏𝑙𝑜𝑠𝑠𝑜𝑚𝑒𝑑 𝑓𝑜𝑟 𝑢𝑠 𝑈𝑛𝑑𝑒𝑟 𝑚𝑜𝑟𝑒 𝑏𝑒𝑎𝑢𝑡𝑖𝑓𝑢𝑙 ℎ𝑒𝑎𝑣𝑒𝑛𝑠." https://youtu.be/ON8b11JUOmI
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  • ༒ 𝕮𝖎𝖓𝖎𝖘 𝕽𝖔𝖘𝖆.

    La tormenta había cesado apenas unos minutos antes de que Odette cruzara el arco de piedra que marcaba la entrada a la ciudad.

    Las calles permanecían húmedas, brillando tenuemente bajo la luz de los faroles. El barro se adhería a los bajos de su falda negra mientras avanzaba sin prisa entre comerciantes agotados y mendigos que evitaban levantar la vista. El aroma a humo, cerveza agria y madera mojada impregnaba el aire nocturno.

    Al fondo de la calle principal, una vieja taberna aún permanecía abierta.

    Un letrero oxidado colgaba sobre la puerta balanceándose con el viento: El Cuervo Tuerto.

    Desde dentro escapaban risas toscas, el sonido de jarras golpeando mesas y una melodía mal tocada por algún bardo ebrio.

    Odette se detuvo frente a la entrada un instante.

    Luego empujó la puerta.

    El calor del interior la envolvió de golpe junto con el olor denso a sudor, alcohol y carne cocida. Algunos hombres giraron la cabeza apenas lo suficiente para observar a la extraña mujer de negro entrar bajo la tenue iluminación rojiza.

    Ella solo caminó hasta una mesa apartada, cerca de la pared, donde las sombras ocultaban parcialmente su rostro bajo la capucha oscura.

    El tabernero se aproximó limpiándose las manos en un trapo sucio.

    —¿Qué va a ordenar, hermana? —preguntó con cierta cautela al notar los pequeños frascos colgando de su cinturón.

    —Vino caliente. Y algo de pan, si aún queda.— respondió Odette con voz tranquila.

    El hombre arqueó una ceja.
    No parecía una monja pero tampoco deseaba hacer preguntas.

    Se alejó murmurando para sí mismo.

    La taberna continuó con su ruido habitual.
    Risas, Insultos, una pelea contenida apenas por la borrachera de los involucrados.

    Hasta que la puerta se abrió violentamente.

    Un hombre irrumpió empapado por la lluvia.

    Tropezó apenas cruzar el umbral y cayó de rodillas sobre el suelo. Respiraba agitado. Los ojos abiertos de par en par. Como si hubiese corrido huyendo de algo invisible.

    —¡La vi!— gritó con la voz quebrada.

    Nadie respondió al principio.
    Algunos soltaron risas cansadas.

    —Otra vez no, Edwin...— dijo entre dientes alguien que aparentemente lo conocía desde una mesa.

    Pero el hombre comenzó a señalar desesperadamente hacia las calles exteriores.

    —¡La Santa de los Venenos! ¡La vi en el bosque viejo! ¡Juro por Dios que era ella!

    La taberna estalló en carcajadas.

    —¿La bruja del luto?
    —Ese idiota volvió a beber aguardiente barato.
    —¿No se suponía que estaba muerta?

    Pero el hombre no reía... Temblaba.

    —¡No estaba muerta! ¡La vi caminar entre los árboles! ¡Las serpientes la seguían! ¡Y había cuerpos colgados cerca del río! ¡Hombres enfermos! ¡Todos con flores negras en la boca!

    Algunas risas comenzaron a apagarse.

    Incluso el bardo dejó de tocar.

    Edwin tragó saliva con dificultad.

    —Y entonces ella me miró...

    Un silencio incómodo recorrió la taberna.

    —¿Y cómo sabes que era “La Santa”?— preguntó finalmente el tabernero.

    Edwin señaló con mano temblorosa hacia el fondo del local, directamente hacia Odette.

    —Porque tenía esos mismos ojos.

    El silencio cayó de golpe.

    Varias miradas se clavaron lentamente sobre la mujer de negro.

    La tenue vela de su mesa iluminaba apenas su expresión serena mientras sostenía entre los dedos la taza de vino caliente que acababan de servirle.

    Entonces levantó la vista hacia el hombre.
    Y sonrió... No una sonrisa cálida, sino algo mucho peor: Una expresión tranquila, condescendiente.
    Como la de alguien que escucha a un niño describir un mal sueño que resulta ser completamente real.

    El hombre retrocedió horrorizado.

    —No... no...— balbuceó.

    Odette lentamente retiró la capucha que cubría su cabeza.

    —Deberías dejar de correr bajo la lluvia... Podrías enfermar.
    ༒ 𝕮𝖎𝖓𝖎𝖘 𝕽𝖔𝖘𝖆. La tormenta había cesado apenas unos minutos antes de que Odette cruzara el arco de piedra que marcaba la entrada a la ciudad. Las calles permanecían húmedas, brillando tenuemente bajo la luz de los faroles. El barro se adhería a los bajos de su falda negra mientras avanzaba sin prisa entre comerciantes agotados y mendigos que evitaban levantar la vista. El aroma a humo, cerveza agria y madera mojada impregnaba el aire nocturno. Al fondo de la calle principal, una vieja taberna aún permanecía abierta. Un letrero oxidado colgaba sobre la puerta balanceándose con el viento: El Cuervo Tuerto. Desde dentro escapaban risas toscas, el sonido de jarras golpeando mesas y una melodía mal tocada por algún bardo ebrio. Odette se detuvo frente a la entrada un instante. Luego empujó la puerta. El calor del interior la envolvió de golpe junto con el olor denso a sudor, alcohol y carne cocida. Algunos hombres giraron la cabeza apenas lo suficiente para observar a la extraña mujer de negro entrar bajo la tenue iluminación rojiza. Ella solo caminó hasta una mesa apartada, cerca de la pared, donde las sombras ocultaban parcialmente su rostro bajo la capucha oscura. El tabernero se aproximó limpiándose las manos en un trapo sucio. —¿Qué va a ordenar, hermana? —preguntó con cierta cautela al notar los pequeños frascos colgando de su cinturón. —Vino caliente. Y algo de pan, si aún queda.— respondió Odette con voz tranquila. El hombre arqueó una ceja. No parecía una monja pero tampoco deseaba hacer preguntas. Se alejó murmurando para sí mismo. La taberna continuó con su ruido habitual. Risas, Insultos, una pelea contenida apenas por la borrachera de los involucrados. Hasta que la puerta se abrió violentamente. Un hombre irrumpió empapado por la lluvia. Tropezó apenas cruzar el umbral y cayó de rodillas sobre el suelo. Respiraba agitado. Los ojos abiertos de par en par. Como si hubiese corrido huyendo de algo invisible. —¡La vi!— gritó con la voz quebrada. Nadie respondió al principio. Algunos soltaron risas cansadas. —Otra vez no, Edwin...— dijo entre dientes alguien que aparentemente lo conocía desde una mesa. Pero el hombre comenzó a señalar desesperadamente hacia las calles exteriores. —¡La Santa de los Venenos! ¡La vi en el bosque viejo! ¡Juro por Dios que era ella! La taberna estalló en carcajadas. —¿La bruja del luto? —Ese idiota volvió a beber aguardiente barato. —¿No se suponía que estaba muerta? Pero el hombre no reía... Temblaba. —¡No estaba muerta! ¡La vi caminar entre los árboles! ¡Las serpientes la seguían! ¡Y había cuerpos colgados cerca del río! ¡Hombres enfermos! ¡Todos con flores negras en la boca! Algunas risas comenzaron a apagarse. Incluso el bardo dejó de tocar. Edwin tragó saliva con dificultad. —Y entonces ella me miró... Un silencio incómodo recorrió la taberna. —¿Y cómo sabes que era “La Santa”?— preguntó finalmente el tabernero. Edwin señaló con mano temblorosa hacia el fondo del local, directamente hacia Odette. —Porque tenía esos mismos ojos. El silencio cayó de golpe. Varias miradas se clavaron lentamente sobre la mujer de negro. La tenue vela de su mesa iluminaba apenas su expresión serena mientras sostenía entre los dedos la taza de vino caliente que acababan de servirle. Entonces levantó la vista hacia el hombre. Y sonrió... No una sonrisa cálida, sino algo mucho peor: Una expresión tranquila, condescendiente. Como la de alguien que escucha a un niño describir un mal sueño que resulta ser completamente real. El hombre retrocedió horrorizado. —No... no...— balbuceó. Odette lentamente retiró la capucha que cubría su cabeza. —Deberías dejar de correr bajo la lluvia... Podrías enfermar.
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  • 𝑫𝒊𝒂𝒓𝒊𝒐:

    𝑰𝒏𝒕𝒆𝒓𝒏𝒂𝒕𝒊𝒐𝒏𝒂𝒍 𝑭𝒂𝒍𝒍𝒔, 𝑴𝒊𝒏𝒏𝒆𝒔𝒐𝒕𝒂. 𝑼𝒏 𝒅𝜾́𝒂 𝒅𝒆 𝑴𝒂𝒚𝒐 𝒂𝒏̃𝒐𝒔 𝒅𝒆𝒔𝒑𝒖𝒆́𝒔.

    𝑯𝒂 𝒑𝒂𝒔𝒂𝒅𝒐 𝒖𝒏 𝒕𝒊𝒆𝒎𝒑𝒐 𝒅𝒆𝒔𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒖́𝒍𝒕𝒊𝒎𝒂 𝒗𝒆𝒛 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒔𝒄𝒓𝒊𝒃𝜾́ 𝒂𝒍𝒈𝒐. 𝑴𝒊 𝒗𝒊𝒅𝒂… 𝒃𝒖𝒆𝒏𝒐 𝒄𝒓𝒆𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒍𝒂 𝒉𝒆 𝒕𝒊𝒓𝒂𝒅𝒐 𝒑𝒐𝒓 𝒍𝒂 𝒃𝒐𝒓𝒅𝒂, 𝒑𝒆𝒓𝒅𝜾́ 𝒎𝒂́𝒔 𝒅𝒆 𝒍𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒈𝒂𝒏𝒆́, 𝒑𝒆𝒓𝒐 𝒅𝒆𝒃𝒐 𝒅𝒆𝒄𝒊𝒓 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒔𝒕𝒐𝒚 𝒆𝒏 𝒑𝒂𝒛 𝒄𝒐𝒏 𝒆𝒍𝒍𝒐, 𝒂𝒖́𝒏 𝒄𝒐𝒏𝒕𝒊𝒏𝒖́𝒐 𝒎𝒊 𝒗𝒊𝒂𝒋𝒆 𝒑𝒐𝒓 𝒆𝒍 𝒑𝒂𝜾́𝒔, 𝒔𝒊𝒆𝒏𝒕𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒔𝒕𝒐𝒚 𝒆𝒏 𝒃𝒖́𝒔𝒒𝒖𝒆𝒅𝒂 𝒅𝒆 𝒂𝒍𝒈𝒐 𝒔𝒊𝒏 𝒔𝒂𝒃𝒆𝒓 𝒅𝒆𝒍 𝒕𝒐𝒅𝒐 𝒒𝒖𝒆́ 𝒆𝒔. 𝑷𝒆𝒓𝒐 𝒉𝒆 𝒗𝒖𝒆𝒍𝒕𝒐 𝒂 𝒍𝒂 𝒄𝒂𝒓𝒓𝒆𝒕𝒆𝒓𝒂, 𝒆𝒏 𝒆𝒔𝒕𝒂 𝑯𝒂𝒓𝒍𝒆𝒚, 𝒆𝒏 𝒎𝒆𝒅𝒊𝒐 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒔𝒐𝒍𝒆𝒅𝒂𝒅 𝒚 𝒆𝒍 𝒔𝒊𝒍𝒆𝒏𝒄𝒊𝒐, 𝒂𝒗𝒆𝒄𝒆𝒔 𝒆𝒔𝒂 𝒆𝒔 𝒍𝒂 𝒎𝒆𝒋𝒐𝒓 𝒄𝒐𝒎𝒑𝒂𝒏̃𝜾́𝒂.
    𝑫𝒊𝒂𝒓𝒊𝒐: 𝑰𝒏𝒕𝒆𝒓𝒏𝒂𝒕𝒊𝒐𝒏𝒂𝒍 𝑭𝒂𝒍𝒍𝒔, 𝑴𝒊𝒏𝒏𝒆𝒔𝒐𝒕𝒂. 𝑼𝒏 𝒅𝜾́𝒂 𝒅𝒆 𝑴𝒂𝒚𝒐 𝒂𝒏̃𝒐𝒔 𝒅𝒆𝒔𝒑𝒖𝒆́𝒔. 𝑯𝒂 𝒑𝒂𝒔𝒂𝒅𝒐 𝒖𝒏 𝒕𝒊𝒆𝒎𝒑𝒐 𝒅𝒆𝒔𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒖́𝒍𝒕𝒊𝒎𝒂 𝒗𝒆𝒛 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒔𝒄𝒓𝒊𝒃𝜾́ 𝒂𝒍𝒈𝒐. 𝑴𝒊 𝒗𝒊𝒅𝒂… 𝒃𝒖𝒆𝒏𝒐 𝒄𝒓𝒆𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒍𝒂 𝒉𝒆 𝒕𝒊𝒓𝒂𝒅𝒐 𝒑𝒐𝒓 𝒍𝒂 𝒃𝒐𝒓𝒅𝒂, 𝒑𝒆𝒓𝒅𝜾́ 𝒎𝒂́𝒔 𝒅𝒆 𝒍𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒈𝒂𝒏𝒆́, 𝒑𝒆𝒓𝒐 𝒅𝒆𝒃𝒐 𝒅𝒆𝒄𝒊𝒓 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒔𝒕𝒐𝒚 𝒆𝒏 𝒑𝒂𝒛 𝒄𝒐𝒏 𝒆𝒍𝒍𝒐, 𝒂𝒖́𝒏 𝒄𝒐𝒏𝒕𝒊𝒏𝒖́𝒐 𝒎𝒊 𝒗𝒊𝒂𝒋𝒆 𝒑𝒐𝒓 𝒆𝒍 𝒑𝒂𝜾́𝒔, 𝒔𝒊𝒆𝒏𝒕𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒔𝒕𝒐𝒚 𝒆𝒏 𝒃𝒖́𝒔𝒒𝒖𝒆𝒅𝒂 𝒅𝒆 𝒂𝒍𝒈𝒐 𝒔𝒊𝒏 𝒔𝒂𝒃𝒆𝒓 𝒅𝒆𝒍 𝒕𝒐𝒅𝒐 𝒒𝒖𝒆́ 𝒆𝒔. 𝑷𝒆𝒓𝒐 𝒉𝒆 𝒗𝒖𝒆𝒍𝒕𝒐 𝒂 𝒍𝒂 𝒄𝒂𝒓𝒓𝒆𝒕𝒆𝒓𝒂, 𝒆𝒏 𝒆𝒔𝒕𝒂 𝑯𝒂𝒓𝒍𝒆𝒚, 𝒆𝒏 𝒎𝒆𝒅𝒊𝒐 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒔𝒐𝒍𝒆𝒅𝒂𝒅 𝒚 𝒆𝒍 𝒔𝒊𝒍𝒆𝒏𝒄𝒊𝒐, 𝒂𝒗𝒆𝒄𝒆𝒔 𝒆𝒔𝒂 𝒆𝒔 𝒍𝒂 𝒎𝒆𝒋𝒐𝒓 𝒄𝒐𝒎𝒑𝒂𝒏̃𝜾́𝒂.
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  • ℑ'𝔪 𝔭𝔯𝔬𝔫𝔢 𝔱𝔬 𝔯𝔲𝔫
    I𝔫𝔱𝔬 𝔱𝔥𝔬𝔰𝔢 𝔴𝔬𝔬𝔡𝔰 𝔱𝔥𝔞𝔱 𝔥𝔦𝔡 𝔱𝔥𝔢 𝔰𝔲𝔫.
    ℑ'𝔪 𝔭𝔯𝔬𝔫𝔢 𝔱𝔬 𝔯𝔲𝔫 I𝔫𝔱𝔬 𝔱𝔥𝔬𝔰𝔢 𝔴𝔬𝔬𝔡𝔰 𝔱𝔥𝔞𝔱 𝔥𝔦𝔡 𝔱𝔥𝔢 𝔰𝔲𝔫.
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  • "𝑨 𝒔𝒕𝒂𝒓 𝒘𝒂𝒏𝒅𝒆𝒓𝒆𝒅 𝒕𝒐𝒐 𝒇𝒂𝒓 𝒇𝒓𝒐𝒎 𝒕𝒉𝒆 𝒄𝒐𝒔𝒎𝒐𝒔 𝒂𝒏𝒅 𝒇𝒐𝒖𝒏𝒅 𝒑𝒆𝒂𝒄𝒆 𝒂𝒎𝒐𝒏𝒈 𝒈𝒐𝒅𝒔.”
    "𝑨 𝒔𝒕𝒂𝒓 𝒘𝒂𝒏𝒅𝒆𝒓𝒆𝒅 𝒕𝒐𝒐 𝒇𝒂𝒓 𝒇𝒓𝒐𝒎 𝒕𝒉𝒆 𝒄𝒐𝒔𝒎𝒐𝒔 𝒂𝒏𝒅 𝒇𝒐𝒖𝒏𝒅 𝒑𝒆𝒂𝒄𝒆 𝒂𝒎𝒐𝒏𝒈 𝒈𝒐𝒅𝒔.”
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