• "-El insomnio se había convertido en una presencia asfixiante, una vez más que no me permitía encontrar descanso alguno. Incapaz de seguir luchando contra las sábanas, decidí levantarme y vestirme con movimientos mecánicos. Sabía perfectamente a dónde debía ir. Con un gesto decidido, invoqué un portal, un paso directo hacia el único refugio capaz de apaciguar el caos que reinaba en mi mente.
    Al cruzar el umbral, me envolvió instantáneamente la espesura de un bosque ancestral. El aire, cargado con el perfume inconfundible a tierra húmeda, resina y madera antigua, recorrió mis sentidos como un escalofrío que me obligó a estremecerme. Una sonrisa llena de una profunda nostalgia se dibujó en mi rostro mientras me adentraba en la penumbra arbolada, guiado por la familiaridad del camino, hasta que, entre la vegetación, comenzó a vislumbrarse la silueta de aquella cabaña que no visitaba desde hacía una eternidad.-"

    —Oh, mi pequeño refugio… mi nido maternal —
    susurré para mí mismo, con la voz cargada de emocion y nostalgia
    —. Por fin he vuelto a casa.—

    "-Al posar mi mano sobre el pomo frío de la puerta, una sensación de calidez me invadió al instante. Al abrirla, la estancia cobró vida propia: las luces se encendieron automáticamente, revelando una decoración que parecía haber quedado congelada en el tiempo, esperando pacientemente mi retorno. Mis pasos me llevaron hacia una pequeña mesa donde descansaba un retrato. Con delicadeza, acaricié la superficie del cristal, reviviendo recuerdos en el silencio del lugar antes de devolverlo con suavidad a su sitio.
    Mi atención fue atraído hacia un rincón, una figura alta e inamovible cubierta por una sábana blanca, que ocultaba un secreto bien guardado. Con un movimiento lento, retiré la tela, dejando al descubierto un piano antiguo, una pieza adornada con grabados intrincados que brillaban bajo la luz tenue.-"

    —Oh, mi viejo amigo… —
    murmuré con ternura, rozando con reverencia la madera.
    — Cuántos años han pasado desde nuestro último encuentro. Debes haberte sentido muy solo esperando mi regreso, ¿verdad? Pero no te preocupes, ya estoy aquí es momento de devolverte la vida. Acompáñame esta noche, ¿qué te parece?—

    "-Me acomodé en el asiento y, con una suavidad, apoyé mis dedos sobre las teclas. Al primer contacto, una melodía empezó a fluir, llenando cada rincón de la cabaña con notas que hablaban de ausencias y reencuentros. Cerré los ojos, dejándome arrastrar por la armonía, sumergiéndome profundamente en cada nota hasta desaparecer dentro de la propia música.-"

    https://music.youtube.com/watch?v=PiCa76Ch5O8&si=v4kHGcww6bQ8mSds
    "-El insomnio se había convertido en una presencia asfixiante, una vez más que no me permitía encontrar descanso alguno. Incapaz de seguir luchando contra las sábanas, decidí levantarme y vestirme con movimientos mecánicos. Sabía perfectamente a dónde debía ir. Con un gesto decidido, invoqué un portal, un paso directo hacia el único refugio capaz de apaciguar el caos que reinaba en mi mente. Al cruzar el umbral, me envolvió instantáneamente la espesura de un bosque ancestral. El aire, cargado con el perfume inconfundible a tierra húmeda, resina y madera antigua, recorrió mis sentidos como un escalofrío que me obligó a estremecerme. Una sonrisa llena de una profunda nostalgia se dibujó en mi rostro mientras me adentraba en la penumbra arbolada, guiado por la familiaridad del camino, hasta que, entre la vegetación, comenzó a vislumbrarse la silueta de aquella cabaña que no visitaba desde hacía una eternidad.-" —Oh, mi pequeño refugio… mi nido maternal — susurré para mí mismo, con la voz cargada de emocion y nostalgia —. Por fin he vuelto a casa.— "-Al posar mi mano sobre el pomo frío de la puerta, una sensación de calidez me invadió al instante. Al abrirla, la estancia cobró vida propia: las luces se encendieron automáticamente, revelando una decoración que parecía haber quedado congelada en el tiempo, esperando pacientemente mi retorno. Mis pasos me llevaron hacia una pequeña mesa donde descansaba un retrato. Con delicadeza, acaricié la superficie del cristal, reviviendo recuerdos en el silencio del lugar antes de devolverlo con suavidad a su sitio. Mi atención fue atraído hacia un rincón, una figura alta e inamovible cubierta por una sábana blanca, que ocultaba un secreto bien guardado. Con un movimiento lento, retiré la tela, dejando al descubierto un piano antiguo, una pieza adornada con grabados intrincados que brillaban bajo la luz tenue.-" —Oh, mi viejo amigo… — murmuré con ternura, rozando con reverencia la madera. — Cuántos años han pasado desde nuestro último encuentro. Debes haberte sentido muy solo esperando mi regreso, ¿verdad? Pero no te preocupes, ya estoy aquí es momento de devolverte la vida. Acompáñame esta noche, ¿qué te parece?— "-Me acomodé en el asiento y, con una suavidad, apoyé mis dedos sobre las teclas. Al primer contacto, una melodía empezó a fluir, llenando cada rincón de la cabaña con notas que hablaban de ausencias y reencuentros. Cerré los ojos, dejándome arrastrar por la armonía, sumergiéndome profundamente en cada nota hasta desaparecer dentro de la propia música.-" https://music.youtube.com/watch?v=PiCa76Ch5O8&si=v4kHGcww6bQ8mSds
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  • Zelkova hollaba una vasta comarca nivosa, con los brazos ceñidos al torso en vano intento de conservar el calor. La ventisca, feroz e inclemente, le flagelaba el semblante con millares de agujas de escarcha, mientras el horizonte desaparecía tras un velo blanquecino e inescrutable. Cada paso se hundía en la nieve hasta las pantorrillas, y toda senda parecía haberse desvanecido bajo el manto invernal. Entrecerrando los ojos para resistir el embate del temporal, murmuró con voz fatigada:

    ●Realmente he extraviado el derrotero... ¿Es acaso éste mi castigo divino?

    Sus palabras fueron engullidas por el ulular del vendaval. Solo, rodeado por aquella inmensidad alba y desolada, Zelkova continuó avanzando a tientas, como un peregrino errabundo condenado a vagar por un páramo sin fin.
    Zelkova hollaba una vasta comarca nivosa, con los brazos ceñidos al torso en vano intento de conservar el calor. La ventisca, feroz e inclemente, le flagelaba el semblante con millares de agujas de escarcha, mientras el horizonte desaparecía tras un velo blanquecino e inescrutable. Cada paso se hundía en la nieve hasta las pantorrillas, y toda senda parecía haberse desvanecido bajo el manto invernal. Entrecerrando los ojos para resistir el embate del temporal, murmuró con voz fatigada: ●Realmente he extraviado el derrotero... ¿Es acaso éste mi castigo divino? Sus palabras fueron engullidas por el ulular del vendaval. Solo, rodeado por aquella inmensidad alba y desolada, Zelkova continuó avanzando a tientas, como un peregrino errabundo condenado a vagar por un páramo sin fin.
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  • 𝐏𝐀𝐑𝐀𝐍𝐎𝐈𝐃

    𝑨𝒍𝒍 𝒕𝒉𝒆𝒔𝒆 𝒇𝒖𝒄𝒌𝒊𝒏𝒈 𝒗𝒐𝒊𝒄𝒆𝒔 𝒊𝒏 𝒎𝒚 𝒉𝒆𝒂𝒅
    𝑻𝒆𝒍𝒍 𝒎𝒆 𝑰'𝒎 𝒏𝒐𝒕 𝒈𝒐𝒐𝒅 𝒆𝒏𝒐𝒖𝒈𝒉 𝒇𝒐𝒓 𝒕𝒉𝒆𝒎
    𝑻𝒉𝒆𝒚 𝒋𝒖𝒔𝒕 𝒍𝒆𝒂𝒗𝒆 𝒎𝒆 𝒑𝒂𝒓𝒂𝒏𝒐𝒊𝒅
    𝑷𝒂𝒓𝒂𝒏𝒐𝒊𝒅, 𝒑𝒂𝒓𝒂𝒏𝒐𝒊𝒅 𝒂𝒈𝒂𝒊𝒏...

    —Nada que un café y un par de analgésicos no puedan solucionar... — Murmuró mientras se colocaba un abrigo, la mañana se sentía más fría que de costumbre. ¿O era por lo que había hecho? No... no era eso.
    𝐏𝐀𝐑𝐀𝐍𝐎𝐈𝐃 𝑨𝒍𝒍 𝒕𝒉𝒆𝒔𝒆 𝒇𝒖𝒄𝒌𝒊𝒏𝒈 𝒗𝒐𝒊𝒄𝒆𝒔 𝒊𝒏 𝒎𝒚 𝒉𝒆𝒂𝒅 𝑻𝒆𝒍𝒍 𝒎𝒆 𝑰'𝒎 𝒏𝒐𝒕 𝒈𝒐𝒐𝒅 𝒆𝒏𝒐𝒖𝒈𝒉 𝒇𝒐𝒓 𝒕𝒉𝒆𝒎 𝑻𝒉𝒆𝒚 𝒋𝒖𝒔𝒕 𝒍𝒆𝒂𝒗𝒆 𝒎𝒆 𝒑𝒂𝒓𝒂𝒏𝒐𝒊𝒅 𝑷𝒂𝒓𝒂𝒏𝒐𝒊𝒅, 𝒑𝒂𝒓𝒂𝒏𝒐𝒊𝒅 𝒂𝒈𝒂𝒊𝒏... —Nada que un café y un par de analgésicos no puedan solucionar... — Murmuró mientras se colocaba un abrigo, la mañana se sentía más fría que de costumbre. ¿O era por lo que había hecho? No... no era eso.
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  • Habia salido a dar un paseo junto con un poco de música para matar el aburrimiento. Se bajo los auriculares cuando escucho su nombre.

    --- Tal vez lo imaginé...

    Murmuró mirando a sus alrededores, se encogio de hombros y volvió a colocarse los audífonos.
    Habia salido a dar un paseo junto con un poco de música para matar el aburrimiento. Se bajo los auriculares cuando escucho su nombre. --- Tal vez lo imaginé... Murmuró mirando a sus alrededores, se encogio de hombros y volvió a colocarse los audífonos.
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  • El cura Zelkova yacía asentado en la barra de la taberna, hecho una lástima. Sus vestiduras, ajadas y polvorientas, le daban trazas de mendicante errabundo; su semblante, macilento y rendido, mostraba el peso de innumerables cuitas. Entre sus dedos sostenía una bebida ruin y de escaso precio, de la cual sorbía con desgana.

    ●Cuanto más lo intento, más siento que fallo

    Murmuró con voz queda.

    ●Me hallo extraviado cual avecilla separada de su bandada. No soy capaz de abatir a mis adversarios, ni de honrar la promesa hecha a mi esposa... ¿Y aun así pretendo ser un padre digno?

    Concluyó, bajando la vista hacia el vaso casi vacío.
    El cura Zelkova yacía asentado en la barra de la taberna, hecho una lástima. Sus vestiduras, ajadas y polvorientas, le daban trazas de mendicante errabundo; su semblante, macilento y rendido, mostraba el peso de innumerables cuitas. Entre sus dedos sostenía una bebida ruin y de escaso precio, de la cual sorbía con desgana. ●Cuanto más lo intento, más siento que fallo Murmuró con voz queda. ●Me hallo extraviado cual avecilla separada de su bandada. No soy capaz de abatir a mis adversarios, ni de honrar la promesa hecha a mi esposa... ¿Y aun así pretendo ser un padre digno? Concluyó, bajando la vista hacia el vaso casi vacío.
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  • La taberna se encontraba extrañamente tranquila aquella noche. El crepitar de la leña y el murmullo distante de algunos viajeros eran los únicos sonidos que acompañaban el momento.

    Apoyado contra un muro de piedra, Gavlan sostuvo su pesado tarro de cerveza entre las manos. El metal de su armadura reflejaba la cálida luz de los faroles mientras observaba el contenido de la bebida.

    Tomó un largo trago.

    —Hm...

    El mercader dejó escapar un gruñido satisfecho.

    —Nada mal. Quizá la última cerveza decente que pruebe durante semanas.

    Giró ligeramente la cabeza hacia el camino que se extendía más allá de la taberna. Bosques, ruinas y senderos olvidados aguardaban más allá del horizonte.

    Otro trago.

    —Las flechas están listas. Los cuchillos también.

    Bajó el tarro y observó la espuma que aún reposaba en la superficie.

    —Y si la fortuna sonríe, volveré con una bolsa llena de monedas... y todas mis extremidades.

    Una breve pausa.

    —Aunque siendo sincero, con una de las dos me conformo.

    El viejo casco ocultaba su expresión, pero su voz denotaba cierto entusiasmo.

    Alzó el tarro en dirección a los pocos presentes.

    —Por los caminos inciertos.

    Otro sorbo.

    —Por los negocios honestos.

    Y finalmente añadió con una leve carcajada grave:

    —Y por los tontos dispuestos a comprarle a Gavlan.

    El tarro chocó contra la mesa de madera.

    —¡Que comience la expedición!
    La taberna se encontraba extrañamente tranquila aquella noche. El crepitar de la leña y el murmullo distante de algunos viajeros eran los únicos sonidos que acompañaban el momento. Apoyado contra un muro de piedra, Gavlan sostuvo su pesado tarro de cerveza entre las manos. El metal de su armadura reflejaba la cálida luz de los faroles mientras observaba el contenido de la bebida. Tomó un largo trago. —Hm... El mercader dejó escapar un gruñido satisfecho. —Nada mal. Quizá la última cerveza decente que pruebe durante semanas. Giró ligeramente la cabeza hacia el camino que se extendía más allá de la taberna. Bosques, ruinas y senderos olvidados aguardaban más allá del horizonte. Otro trago. —Las flechas están listas. Los cuchillos también. Bajó el tarro y observó la espuma que aún reposaba en la superficie. —Y si la fortuna sonríe, volveré con una bolsa llena de monedas... y todas mis extremidades. Una breve pausa. —Aunque siendo sincero, con una de las dos me conformo. El viejo casco ocultaba su expresión, pero su voz denotaba cierto entusiasmo. Alzó el tarro en dirección a los pocos presentes. —Por los caminos inciertos. Otro sorbo. —Por los negocios honestos. Y finalmente añadió con una leve carcajada grave: —Y por los tontos dispuestos a comprarle a Gavlan. El tarro chocó contra la mesa de madera. —¡Que comience la expedición!
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  • Escena I.
    Sección: Memorias del pasado.
    Relato: El principe va a casa.

    Rose corrió hacia donde había escuchado a Maeron, buscándolo asustada.

    Había escuchado quejidos, gritos y cadenas; temía que se hubiese encontrado con cazadores y que estos lo lastimaran.

    Lo primero que vio fue el cuerpo de un hombre en el suelo, con rasguños. Avanzó un poco más solo para encontrar otros dos hombres inconscientes, una jaula y sus redes; en el centro estaba Maeron, transformado en zorro, estaba alerta, agresivo.

    Maeron vio a Rose, pero no se calmo al reconocerla. Dio unos cuantos pasos atrás en posición de ataque, enseñando sus colmillos carmesí, con el pelaje erizado y la cola entre las patas.

    Rose lo miró quieta un segundo antes de ir hacia él y abrazarlo. Sintió a Maeron removerse y arañar, emitiendo gruñidos profundos por el miedo, pero a pesar de que eso le causara dolor, ella no lo soltó.

    Rose se mordió la lengua para no emitir ningún quejido y apretó ligeramente a Maeron contra sí, acariciando su pelaje con sus dedos, esperando a que se calmara.

    Maeron poco a poco dejó de moverse y rasguñarla, en cuanto Rose sintió eso relajó el agarre y cerró los ojos, respirando profundamente.

    El pequeño zorro se quedó quieto, respirando con agitación sobre el hombro de Rose. Lamió sus dientes, reconociendo el sabor metálico sobre su lengua. Su cuerpo entero se ensanchaba con cada respiración y Rose noto que el pelaje debajo de sus dedos se sentía puntiagudo.

    Rose apretó los labios y cerró con cuidado las alas alrededor de ellos. No tanto, en caso de que Maeron quisiera apartarse. Comenzó a tararear una canción y acarició la cabeza del zorro, mientras su otra mano permanecía rodeando su cuerpo.

    Maeron emitió un gruñido cuando la mano se poso sobre su cabeza, pero no se movió, se quedó inmóvil en los brazos de Rose.

    Pasaron varios minutos antes de que Rose percibiera que el cuerpo del zorro se relajaba dentro de su agarre. Maeron apoyo lentamente la cabeza en el hombro de Rose, escuchando su canción.

    Finalmente el gran zorro comenzó a disminuir su tamaño y Rose quitó sus alas para ver al niño de doce años que ahora descansaba sobre ella.

    Maeron no la abrazo. Sujeto su cola con ambas manos contra su pecho y la mirada perdida en el horizonte. Sus ojos estaban humedos de lágrimas sin derramar.

    - Mi casa... - Murmuro Maeron, con la quebrada.

    Rose sintió que se le rompía el corazón al oírlo, porque había visto en estado de la pequeña cabaña que el zorro había cuidado con tanto esmero para vivir en paz; los cazadores lo habían destruido todo.

    Maeron ya no tenía un hogar aquí, pero puede ser que todavía podría darle uno.

    Rose atrajo al niño hacia ella de nuevo y lo abrazo con fuerza. Rodeo a Maeron y a si mismo con un capullo de alas, deseando poder proteger al niño de este mundo.

    - No tengo casa, Rose... - Hablo de nuevo, con la voz desprovista de calor.- Ya no tengo... Ya no sé donde... - Su voz se cortó. - Van a volver... Van a volver - Repitió, impotente.

    Colaboración con: Rose Walcott
    Escena I. Sección: Memorias del pasado. Relato: El principe va a casa. Rose corrió hacia donde había escuchado a Maeron, buscándolo asustada. Había escuchado quejidos, gritos y cadenas; temía que se hubiese encontrado con cazadores y que estos lo lastimaran. Lo primero que vio fue el cuerpo de un hombre en el suelo, con rasguños. Avanzó un poco más solo para encontrar otros dos hombres inconscientes, una jaula y sus redes; en el centro estaba Maeron, transformado en zorro, estaba alerta, agresivo. Maeron vio a Rose, pero no se calmo al reconocerla. Dio unos cuantos pasos atrás en posición de ataque, enseñando sus colmillos carmesí, con el pelaje erizado y la cola entre las patas. Rose lo miró quieta un segundo antes de ir hacia él y abrazarlo. Sintió a Maeron removerse y arañar, emitiendo gruñidos profundos por el miedo, pero a pesar de que eso le causara dolor, ella no lo soltó. Rose se mordió la lengua para no emitir ningún quejido y apretó ligeramente a Maeron contra sí, acariciando su pelaje con sus dedos, esperando a que se calmara. Maeron poco a poco dejó de moverse y rasguñarla, en cuanto Rose sintió eso relajó el agarre y cerró los ojos, respirando profundamente. El pequeño zorro se quedó quieto, respirando con agitación sobre el hombro de Rose. Lamió sus dientes, reconociendo el sabor metálico sobre su lengua. Su cuerpo entero se ensanchaba con cada respiración y Rose noto que el pelaje debajo de sus dedos se sentía puntiagudo. Rose apretó los labios y cerró con cuidado las alas alrededor de ellos. No tanto, en caso de que Maeron quisiera apartarse. Comenzó a tararear una canción y acarició la cabeza del zorro, mientras su otra mano permanecía rodeando su cuerpo. Maeron emitió un gruñido cuando la mano se poso sobre su cabeza, pero no se movió, se quedó inmóvil en los brazos de Rose. Pasaron varios minutos antes de que Rose percibiera que el cuerpo del zorro se relajaba dentro de su agarre. Maeron apoyo lentamente la cabeza en el hombro de Rose, escuchando su canción. Finalmente el gran zorro comenzó a disminuir su tamaño y Rose quitó sus alas para ver al niño de doce años que ahora descansaba sobre ella. Maeron no la abrazo. Sujeto su cola con ambas manos contra su pecho y la mirada perdida en el horizonte. Sus ojos estaban humedos de lágrimas sin derramar. - Mi casa... - Murmuro Maeron, con la quebrada. Rose sintió que se le rompía el corazón al oírlo, porque había visto en estado de la pequeña cabaña que el zorro había cuidado con tanto esmero para vivir en paz; los cazadores lo habían destruido todo. Maeron ya no tenía un hogar aquí, pero puede ser que todavía podría darle uno. Rose atrajo al niño hacia ella de nuevo y lo abrazo con fuerza. Rodeo a Maeron y a si mismo con un capullo de alas, deseando poder proteger al niño de este mundo. - No tengo casa, Rose... - Hablo de nuevo, con la voz desprovista de calor.- Ya no tengo... Ya no sé donde... - Su voz se cortó. - Van a volver... Van a volver - Repitió, impotente. Colaboración con: [haze_amethyst_lion_533]
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  • -- El día está bastante agradable hoy...

    Había aprovechado que su profesor había ido a quien sabe dónde para salir y tomar un poco de aire y sol.

    -- Muy agradable...

    Murmuró mirando el cielo mientras cubría el sol con su mano para que no le diera en los ojos.
    -- El día está bastante agradable hoy... Había aprovechado que su profesor había ido a quien sabe dónde para salir y tomar un poco de aire y sol. -- Muy agradable... Murmuró mirando el cielo mientras cubría el sol con su mano para que no le diera en los ojos.
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  • La luna me ha visto llorar tantas veces… esta noche no es diferente. Me siento tan cansada, tan pesada… pero entonces pienso en ti, mi pequeña luz, mi pequeña Naty, durmiendo en cama. Tú me necesitas fuerte y por ti mami siempre será fuerte ♥
    La luna me ha visto llorar tantas veces… esta noche no es diferente. Me siento tan cansada, tan pesada… pero entonces pienso en ti, mi pequeña luz, mi pequeña Naty, durmiendo en cama. Tú me necesitas fuerte y por ti mami siempre será fuerte ♥
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  • ㅤㅤㅤㅤ⸻ La noche guarda en sus pliegues las palabras que la conciencia destierra; en su seno germinan los secretos y bebe los pecados de su propia sombra. El día, en cambio, viste de oro las cadenas, adormece la fiera bajo la piel y sepulta los deseos bajo un jardín de apariencias.

    ¿No percibes el murmullo bajo el velo nocturno?

    Toda existencia gira en un remolino de espejismos, una danza de máscaras que se contemplan unas a otras y se llaman verdad. Nos alimentamos de ficciones cuidadosamente pulidas, de mentiras tan antiguas que han aprendido a confundirse con nuestra sangre.

    Y mientras el abismo sonríe desde el fondo de cada certeza, seguimos llamando realidad al eco de nuestros propios engaños.
    ㅤㅤㅤㅤ⸻ La noche guarda en sus pliegues las palabras que la conciencia destierra; en su seno germinan los secretos y bebe los pecados de su propia sombra. El día, en cambio, viste de oro las cadenas, adormece la fiera bajo la piel y sepulta los deseos bajo un jardín de apariencias. ¿No percibes el murmullo bajo el velo nocturno? Toda existencia gira en un remolino de espejismos, una danza de máscaras que se contemplan unas a otras y se llaman verdad. Nos alimentamos de ficciones cuidadosamente pulidas, de mentiras tan antiguas que han aprendido a confundirse con nuestra sangre. Y mientras el abismo sonríe desde el fondo de cada certeza, seguimos llamando realidad al eco de nuestros propios engaños.
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