• Vaya, tal parece que será un dia bastante aburrido, creo que me la pasaré durmiendo.
    Vaya, tal parece que será un dia bastante aburrido, creo que me la pasaré durmiendo.
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  • 《El día que por fin deje de existir, seré el último viento que acaricie los rostros de quienes alguna vez me quisieron, y les susurraré que viviré eternamente en sus recuerdos. Pues habré cumplido mi propósito, abrazar los días más felices, incluso cuando todo a mi alrededor se haya hecho pedazos.

    Y en ese susurro leve, casi imperceptible, se quedará también lo que no dije, lo que no pude salvar… porque aun cuando el mundo se rompía bajo mis pies, elegí sonreírle a la vida como quien sabe que el adiós siempre llega demasiado pronto. Incluso para un ser como yo... 》

    Releyó la última línea como si intentara recordar quién era realmente. Los últimos días se habían sentido demasiado extraños, incluso para ella. El parque seguía lleno de murmullos lejanos y pasos distraídos, pero en su banca el mundo parecía suspendido.

    Un suspiro cansado escapó de sus labios. Cerró la libreta con cuidado y apoyó las manos sobre ella, como si necesitara sentir su peso para mantenerse en el presente.

    Alzó la vista hacia el atardecer. No miraba solo los colores, los absorbía, como si temiera que fueran los últimos que sus ojos inmortales alcanzaran a guardar. Su expresión era difícil de descifrar. No era simple nostalgia. Había algo más profundo, una inquietud que ni siquiera ella sabía nombrar. Y que nadie podía ver.

    Justo cuando ese pensamiento cruzó su mente, una hoja cayó del árbol que le daba sombra. Era demasiado verde, demasiado viva para el final del día. La sostuvo entre los dedos unos segundos, observando el contraste entre aquella vida intacta y la sombra que siempre la acompañaba.

    ♧ Qué complicado se pone todo a veces… —susurró. Y aunque su voz fue apenas un hilo, en sus ojos se encendió un destello, como si detrás del cansancio aún latiera algo que se negaba a rendirse, pero que en fondo, sabía que ya estaba empezando a soltarse.
    《El día que por fin deje de existir, seré el último viento que acaricie los rostros de quienes alguna vez me quisieron, y les susurraré que viviré eternamente en sus recuerdos. Pues habré cumplido mi propósito, abrazar los días más felices, incluso cuando todo a mi alrededor se haya hecho pedazos. Y en ese susurro leve, casi imperceptible, se quedará también lo que no dije, lo que no pude salvar… porque aun cuando el mundo se rompía bajo mis pies, elegí sonreírle a la vida como quien sabe que el adiós siempre llega demasiado pronto. Incluso para un ser como yo... 》 Releyó la última línea como si intentara recordar quién era realmente. Los últimos días se habían sentido demasiado extraños, incluso para ella. El parque seguía lleno de murmullos lejanos y pasos distraídos, pero en su banca el mundo parecía suspendido. Un suspiro cansado escapó de sus labios. Cerró la libreta con cuidado y apoyó las manos sobre ella, como si necesitara sentir su peso para mantenerse en el presente. Alzó la vista hacia el atardecer. No miraba solo los colores, los absorbía, como si temiera que fueran los últimos que sus ojos inmortales alcanzaran a guardar. Su expresión era difícil de descifrar. No era simple nostalgia. Había algo más profundo, una inquietud que ni siquiera ella sabía nombrar. Y que nadie podía ver. Justo cuando ese pensamiento cruzó su mente, una hoja cayó del árbol que le daba sombra. Era demasiado verde, demasiado viva para el final del día. La sostuvo entre los dedos unos segundos, observando el contraste entre aquella vida intacta y la sombra que siempre la acompañaba. ♧ Qué complicado se pone todo a veces… —susurró. Y aunque su voz fue apenas un hilo, en sus ojos se encendió un destello, como si detrás del cansancio aún latiera algo que se negaba a rendirse, pero que en fondo, sabía que ya estaba empezando a soltarse.
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  • "𝐻𝑢𝑏𝑜 𝑚𝑢𝑐ℎ𝑜 𝑝𝑟𝑜𝑔𝑟𝑒𝑠𝑜 𝑒𝑛 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑠 𝑠𝑒𝑚𝑎𝑛𝑎𝑠, 𝑡𝑎𝑛𝑡𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑠 𝑑𝑖𝑓í𝑐𝑖𝑙 𝑛𝑢𝑚𝑒𝑟𝑎𝑟𝑙𝑜𝑠 𝑒𝑛 𝑜𝑟𝑑𝑒𝑛. 𝑃𝑒𝑟𝑜 𝑎𝑠í 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑒 𝑟𝑒𝑎𝑙𝑖𝑧𝑎𝑟𝑜𝑛 𝑐𝑖𝑒𝑟𝑡𝑎𝑠 𝑎𝑐𝑐𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠, 𝑡𝑎𝑚𝑏𝑖é𝑛 𝑞𝑢𝑒𝑑𝑎𝑟𝑜𝑛 𝑙𝑎𝑠 𝑐𝑜𝑛𝑠𝑒𝑐𝑢𝑒𝑛𝑐𝑖𝑎𝑠.

    𝑁𝑜 𝑐𝑟𝑒𝑜 𝑑𝑒𝑐𝑖𝑟𝑙𝑒 𝑒𝑛 𝑣𝑜𝑧 𝑎𝑙𝑡𝑎 𝑎 𝐽𝑎𝑐𝑜𝑏 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑎 𝑖𝑑𝑒𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑅𝑜𝑜𝑘𝑠 𝑒𝑠𝑡á 𝑑𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑠𝑢𝑠 𝑓𝑟𝑢𝑡𝑜𝑠. 𝑌𝑎 𝑡𝑒𝑛𝑒𝑚𝑜𝑠 𝑣𝑎𝑟𝑖𝑜𝑠 𝑑𝑖𝑠𝑡𝑟𝑖𝑡𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝐿𝑜𝑛𝑑𝑟𝑒𝑠 𝑏𝑎𝑗𝑜 𝑛𝑢𝑒𝑠𝑡𝑟𝑎 𝑣𝑖𝑔𝑖𝑙𝑎𝑛𝑐𝑖𝑎 𝑦 𝑒𝑠𝑜 𝑛𝑜𝑠 ℎ𝑎 𝑑𝑎𝑑𝑜 𝑚𝑢𝑐ℎ𝑎𝑠 𝑣𝑒𝑛𝑡𝑎𝑗𝑎𝑠 𝑒𝑛 𝑛𝑢𝑒𝑠𝑡𝑟𝑎𝑠 𝑚𝑖𝑠𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠. 𝐼𝑛𝑐𝑙𝑢𝑠𝑜 𝑎𝑑𝑚𝑖𝑡𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑜𝑛 𝑑𝑒 𝑢𝑡𝑖𝑙𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑐𝑢𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑛𝑒𝑐𝑒𝑠𝑖𝑡é 𝑎𝑦𝑢𝑑𝑎 𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑟𝑎𝑠 𝑖𝑏𝑎 𝑒𝑛 𝑚𝑖 𝑡𝑎𝑟𝑒𝑎 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑎𝑟 𝑙𝑎 𝑓𝑜𝑟𝑚𝑎 𝑑𝑒 𝑟𝑒𝑐𝑢𝑝𝑒𝑟𝑎𝑟 𝑙𝑎 𝑙𝑙𝑎𝑣𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑎 𝑠𝑒ñ𝑜𝑟𝑖𝑡𝑎 𝑇ℎ𝑜𝑟𝑛𝑒 𝑠𝑒 𝑙𝑙𝑒𝑣ó 𝑒𝑛 𝑛𝑢𝑒𝑠𝑡𝑟𝑜 ú𝑙𝑡𝑖𝑚𝑜 𝑒𝑛𝑓𝑟𝑒𝑛𝑡𝑎𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜.

    𝐿𝑜 𝑚𝑎𝑙𝑜 𝑒𝑠 𝑞𝑢𝑒, 𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑟𝑎𝑠 𝑦𝑜 𝑒𝑠𝑡𝑢𝑣𝑒 𝑐𝑒𝑛𝑡𝑟𝑎𝑑𝑎 𝑒𝑛 𝑟𝑒𝑐𝑢𝑝𝑒𝑟𝑎𝑟 𝑙𝑎 𝑙𝑙𝑎𝑣𝑒 𝑦 𝑑𝑒 𝑖𝑛𝑡𝑒𝑛𝑡𝑎𝑟 𝑑𝑎𝑟 𝑐𝑜𝑛 𝑒𝑙 𝑆𝑢𝑑𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑦 𝑠𝑢 𝑢𝑏𝑖𝑐𝑎𝑐𝑖ó𝑛, 𝑚𝑖 𝑞𝑢𝑒𝑟𝑖𝑑𝑜 ℎ𝑒𝑟𝑚𝑎𝑛𝑜 𝑒𝑠𝑡𝑢𝑣𝑜 ℎ𝑎𝑐𝑖𝑒𝑛𝑑𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑎𝑠 𝑠𝑢𝑦𝑎𝑠. 𝑆𝑢 𝑝𝑒𝑙𝑒𝑎 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑎 𝑙𝑜𝑠 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑎𝑐𝑡𝑜𝑠 𝑦 𝑒𝑚𝑝𝑙𝑒𝑎𝑑𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝐶𝑟𝑎𝑤𝑓𝑜𝑟𝑑 𝑆𝑡𝑎𝑟𝑟𝑖𝑐𝑘 ℎ𝑎 𝑑𝑒𝑗𝑎𝑑𝑜 𝑢𝑛 𝑠𝑖𝑛𝑓í𝑛 𝑑𝑒 𝑑𝑒𝑠𝑎𝑠𝑡𝑟𝑒𝑠 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑐𝑎𝑚𝑖𝑛𝑜 𝑦 ℎ𝑒 𝑡𝑒𝑛𝑖𝑑𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑖𝑟 𝑎𝑟𝑟𝑒𝑔𝑙𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑐𝑎𝑑𝑎 𝑢𝑛𝑜 𝑑𝑒 𝑒𝑙𝑙𝑜𝑠. 𝑁𝑜 𝑚𝑒 𝑏𝑎𝑠𝑡𝑎𝑛 𝑙𝑎𝑠 𝑝𝑎𝑙𝑎𝑏𝑟𝑎𝑠 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑑𝑒𝑐𝑖𝑟𝑙𝑒 𝑚𝑖𝑙𝑒𝑠 𝑑𝑒 𝑣𝑒𝑐𝑒𝑠 𝑞𝑢𝑒 𝑑𝑒𝑏𝑒 𝑑𝑒 𝑝𝑒𝑛𝑠𝑎𝑟 𝑒𝑛 𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 ℎ𝑎𝑐𝑒 𝑦 𝑛𝑜 𝑠𝑖𝑚𝑝𝑙𝑒𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑙𝑎𝑛𝑧𝑎𝑟𝑠𝑒 𝑠𝑖𝑛 𝑟𝑒𝑚𝑒𝑑𝑖𝑜.

    𝐽𝑎𝑐𝑜𝑏 𝑛𝑜 𝑒𝑠 𝑖𝑛𝑐𝑜𝑚𝑝𝑒𝑡𝑒𝑛𝑡𝑒, 𝑒𝑠 𝑖𝑚𝑝𝑟𝑢𝑑𝑒𝑛𝑡𝑒. 𝐸𝑠𝑜 𝑚𝑒 𝑓𝑟𝑢𝑠𝑡𝑟𝑎 𝑑𝑒𝑚𝑎𝑠𝑖𝑎𝑑𝑜. 𝑆𝑖𝑛 𝑒𝑚𝑏𝑎𝑟𝑔𝑜..."

    La pluma se detuvo antes de poder continuar con el trazado. Evie miró fijamente esas dos palabras que daban comienzo a una nueva oración, pero su mente quedó en blanco.

    No. En blanco sería un malentendido. En realidad, un sentimiento en particular se apoderó de ella. Preocupación. E iba dirigida nada más ni nada menos que a Jacob. O, mejor dicho, su preocupación era por Jacob.

    Hace unos días discutieron debido a que Evie estaba cansada de tener que solucionar lo que su gemelo dejaba como daños colaterales (si se podía llamar de esa forma). Más que liberar a Londres parecía que quería ahogarla. Y Jacob no se quedó callado, en absoluto. Eso era de esperarse. Lo que no esperó era que desapareciera por los días siguientes, ni siquiera una pequeña pisada al tren o a la tienda de Henry Green. Eso la tenía con los nervios creciendo dentro suyo.

    La costumbre que su hermano desapareciera era usual, pero él siempre volvía a la noche siguiente o incluso a la mañana siguiente. Evie tampoco lo podía encontrar y era extraño, porque creía ser buena para rastrearlo teniendo en cuenta el huracán que él dejaba allí donde pisaba. Ahora... nada.

    —Jacob... ¿en dónde te has metido ahora? —murmuró mientras dejó la pluma a un lado, casi al instante poniéndose de pie.

    Ajustó su guantelete, mirando hacia la puerta del vagón del tren en movimiento. No lo pensó demasiado y salió de allí con rapidez. Otra noche para seguir buscando a su hermano (que muy probablemente sólo sería un paseo por la ciudad), porque ya no podía avanzar con nada si no tenía la certeza que él estaba bien.




    || No es exactamente la imagen que tenía en mente para publicar con el escrito, pero mi paciencia en buscar algo hasta similar se agotó.
    "𝐻𝑢𝑏𝑜 𝑚𝑢𝑐ℎ𝑜 𝑝𝑟𝑜𝑔𝑟𝑒𝑠𝑜 𝑒𝑛 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑠 𝑠𝑒𝑚𝑎𝑛𝑎𝑠, 𝑡𝑎𝑛𝑡𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑠 𝑑𝑖𝑓í𝑐𝑖𝑙 𝑛𝑢𝑚𝑒𝑟𝑎𝑟𝑙𝑜𝑠 𝑒𝑛 𝑜𝑟𝑑𝑒𝑛. 𝑃𝑒𝑟𝑜 𝑎𝑠í 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑒 𝑟𝑒𝑎𝑙𝑖𝑧𝑎𝑟𝑜𝑛 𝑐𝑖𝑒𝑟𝑡𝑎𝑠 𝑎𝑐𝑐𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠, 𝑡𝑎𝑚𝑏𝑖é𝑛 𝑞𝑢𝑒𝑑𝑎𝑟𝑜𝑛 𝑙𝑎𝑠 𝑐𝑜𝑛𝑠𝑒𝑐𝑢𝑒𝑛𝑐𝑖𝑎𝑠. 𝑁𝑜 𝑐𝑟𝑒𝑜 𝑑𝑒𝑐𝑖𝑟𝑙𝑒 𝑒𝑛 𝑣𝑜𝑧 𝑎𝑙𝑡𝑎 𝑎 𝐽𝑎𝑐𝑜𝑏 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑎 𝑖𝑑𝑒𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑅𝑜𝑜𝑘𝑠 𝑒𝑠𝑡á 𝑑𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑠𝑢𝑠 𝑓𝑟𝑢𝑡𝑜𝑠. 𝑌𝑎 𝑡𝑒𝑛𝑒𝑚𝑜𝑠 𝑣𝑎𝑟𝑖𝑜𝑠 𝑑𝑖𝑠𝑡𝑟𝑖𝑡𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝐿𝑜𝑛𝑑𝑟𝑒𝑠 𝑏𝑎𝑗𝑜 𝑛𝑢𝑒𝑠𝑡𝑟𝑎 𝑣𝑖𝑔𝑖𝑙𝑎𝑛𝑐𝑖𝑎 𝑦 𝑒𝑠𝑜 𝑛𝑜𝑠 ℎ𝑎 𝑑𝑎𝑑𝑜 𝑚𝑢𝑐ℎ𝑎𝑠 𝑣𝑒𝑛𝑡𝑎𝑗𝑎𝑠 𝑒𝑛 𝑛𝑢𝑒𝑠𝑡𝑟𝑎𝑠 𝑚𝑖𝑠𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠. 𝐼𝑛𝑐𝑙𝑢𝑠𝑜 𝑎𝑑𝑚𝑖𝑡𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑜𝑛 𝑑𝑒 𝑢𝑡𝑖𝑙𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑐𝑢𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑛𝑒𝑐𝑒𝑠𝑖𝑡é 𝑎𝑦𝑢𝑑𝑎 𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑟𝑎𝑠 𝑖𝑏𝑎 𝑒𝑛 𝑚𝑖 𝑡𝑎𝑟𝑒𝑎 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑎𝑟 𝑙𝑎 𝑓𝑜𝑟𝑚𝑎 𝑑𝑒 𝑟𝑒𝑐𝑢𝑝𝑒𝑟𝑎𝑟 𝑙𝑎 𝑙𝑙𝑎𝑣𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑎 𝑠𝑒ñ𝑜𝑟𝑖𝑡𝑎 𝑇ℎ𝑜𝑟𝑛𝑒 𝑠𝑒 𝑙𝑙𝑒𝑣ó 𝑒𝑛 𝑛𝑢𝑒𝑠𝑡𝑟𝑜 ú𝑙𝑡𝑖𝑚𝑜 𝑒𝑛𝑓𝑟𝑒𝑛𝑡𝑎𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜. 𝐿𝑜 𝑚𝑎𝑙𝑜 𝑒𝑠 𝑞𝑢𝑒, 𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑟𝑎𝑠 𝑦𝑜 𝑒𝑠𝑡𝑢𝑣𝑒 𝑐𝑒𝑛𝑡𝑟𝑎𝑑𝑎 𝑒𝑛 𝑟𝑒𝑐𝑢𝑝𝑒𝑟𝑎𝑟 𝑙𝑎 𝑙𝑙𝑎𝑣𝑒 𝑦 𝑑𝑒 𝑖𝑛𝑡𝑒𝑛𝑡𝑎𝑟 𝑑𝑎𝑟 𝑐𝑜𝑛 𝑒𝑙 𝑆𝑢𝑑𝑎𝑟𝑖𝑜 𝑦 𝑠𝑢 𝑢𝑏𝑖𝑐𝑎𝑐𝑖ó𝑛, 𝑚𝑖 𝑞𝑢𝑒𝑟𝑖𝑑𝑜 ℎ𝑒𝑟𝑚𝑎𝑛𝑜 𝑒𝑠𝑡𝑢𝑣𝑜 ℎ𝑎𝑐𝑖𝑒𝑛𝑑𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑎𝑠 𝑠𝑢𝑦𝑎𝑠. 𝑆𝑢 𝑝𝑒𝑙𝑒𝑎 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑎 𝑙𝑜𝑠 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑎𝑐𝑡𝑜𝑠 𝑦 𝑒𝑚𝑝𝑙𝑒𝑎𝑑𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝐶𝑟𝑎𝑤𝑓𝑜𝑟𝑑 𝑆𝑡𝑎𝑟𝑟𝑖𝑐𝑘 ℎ𝑎 𝑑𝑒𝑗𝑎𝑑𝑜 𝑢𝑛 𝑠𝑖𝑛𝑓í𝑛 𝑑𝑒 𝑑𝑒𝑠𝑎𝑠𝑡𝑟𝑒𝑠 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑐𝑎𝑚𝑖𝑛𝑜 𝑦 ℎ𝑒 𝑡𝑒𝑛𝑖𝑑𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑖𝑟 𝑎𝑟𝑟𝑒𝑔𝑙𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑐𝑎𝑑𝑎 𝑢𝑛𝑜 𝑑𝑒 𝑒𝑙𝑙𝑜𝑠. 𝑁𝑜 𝑚𝑒 𝑏𝑎𝑠𝑡𝑎𝑛 𝑙𝑎𝑠 𝑝𝑎𝑙𝑎𝑏𝑟𝑎𝑠 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑑𝑒𝑐𝑖𝑟𝑙𝑒 𝑚𝑖𝑙𝑒𝑠 𝑑𝑒 𝑣𝑒𝑐𝑒𝑠 𝑞𝑢𝑒 𝑑𝑒𝑏𝑒 𝑑𝑒 𝑝𝑒𝑛𝑠𝑎𝑟 𝑒𝑛 𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 ℎ𝑎𝑐𝑒 𝑦 𝑛𝑜 𝑠𝑖𝑚𝑝𝑙𝑒𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑙𝑎𝑛𝑧𝑎𝑟𝑠𝑒 𝑠𝑖𝑛 𝑟𝑒𝑚𝑒𝑑𝑖𝑜. 𝐽𝑎𝑐𝑜𝑏 𝑛𝑜 𝑒𝑠 𝑖𝑛𝑐𝑜𝑚𝑝𝑒𝑡𝑒𝑛𝑡𝑒, 𝑒𝑠 𝑖𝑚𝑝𝑟𝑢𝑑𝑒𝑛𝑡𝑒. 𝐸𝑠𝑜 𝑚𝑒 𝑓𝑟𝑢𝑠𝑡𝑟𝑎 𝑑𝑒𝑚𝑎𝑠𝑖𝑎𝑑𝑜. 𝑆𝑖𝑛 𝑒𝑚𝑏𝑎𝑟𝑔𝑜..." La pluma se detuvo antes de poder continuar con el trazado. Evie miró fijamente esas dos palabras que daban comienzo a una nueva oración, pero su mente quedó en blanco. No. En blanco sería un malentendido. En realidad, un sentimiento en particular se apoderó de ella. Preocupación. E iba dirigida nada más ni nada menos que a Jacob. O, mejor dicho, su preocupación era por Jacob. Hace unos días discutieron debido a que Evie estaba cansada de tener que solucionar lo que su gemelo dejaba como daños colaterales (si se podía llamar de esa forma). Más que liberar a Londres parecía que quería ahogarla. Y Jacob no se quedó callado, en absoluto. Eso era de esperarse. Lo que no esperó era que desapareciera por los días siguientes, ni siquiera una pequeña pisada al tren o a la tienda de Henry Green. Eso la tenía con los nervios creciendo dentro suyo. La costumbre que su hermano desapareciera era usual, pero él siempre volvía a la noche siguiente o incluso a la mañana siguiente. Evie tampoco lo podía encontrar y era extraño, porque creía ser buena para rastrearlo teniendo en cuenta el huracán que él dejaba allí donde pisaba. Ahora... nada. —Jacob... ¿en dónde te has metido ahora? —murmuró mientras dejó la pluma a un lado, casi al instante poniéndose de pie. Ajustó su guantelete, mirando hacia la puerta del vagón del tren en movimiento. No lo pensó demasiado y salió de allí con rapidez. Otra noche para seguir buscando a su hermano (que muy probablemente sólo sería un paseo por la ciudad), porque ya no podía avanzar con nada si no tenía la certeza que él estaba bien. || No es exactamente la imagen que tenía en mente para publicar con el escrito, pero mi paciencia en buscar algo hasta similar se agotó.
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  • Resident evil 4
    Fandom 𝐑𝐞𝐬𝐢𝐝𝐞𝐧 𝐞𝐯𝐢𝐥
    Categoría Ciencia ficción
    [legend_crimson_bear_272]

    El viento frio y humedo de esta región olvidada de España me cala hasta los huesos pero no es nada que no pueda manejar. Llevo un buen rato observando este pueblo mugriento desde la sombra de los arboles muertos. Las casas de madera podrida parecen a punto de colapsar, y el olor a humo mezclado con algo que huele a sangre vieja esta por todas partes.

    Por el rabillo del ojo veo a los aldeanos patrullando los caminos de tierra con antorchas y trinchetes. Ya no queda rastro de humanidad en sus rostros, solo una obediencia ciega y ese brillo rojizo en los ojos. Un pitido sordo en mi comunicador rompe la tranquilidad del bosque. Es Wesker impaciente como siempre, exijiendo saber si ya localize la muestra de Las Plagas. Le respondo con mi tono habitual diciendo que todo va deacuerdo al plan, y corto la comunicación rápido antes de que empiese a darme uno de sus sermones.

    A través de mis binoculares distingo un movimiento brusco cerca de la plaza central. Ahi esta el. Esa chaqueta de cuero y ese flequillo rubio son inconfundibles... Leon. Vaya parece que el agente del presidente tiene la costumbre, de meterse en la boca del lobo sin dudarlo. Por un par de minutos me quedo viendolo esquivar los golpes de los aldeanos, sigue teniendo esa agilidad para sobrevivir. Parte de mi quiere bajar a darle una mano pero mis ordenes son claras, y el sentimentalismo no paga las cuentas.

    Guardo los binoculares en mi cinturón y preparo mi gancho de agarre, apuntando hacia la cornisa de una casa alta que da hacia la iglesia. Necesito llegar a una zona elevada para trazar una ruta hacia el castillo. Salto al vacio y siento el tiron del cable, aterrizando suavemente sobre las tejas resbaladizas por la lluvia fina. Justo debajo de mi posicion, escucho a un Ganado murmurando palabras rasposas en español antiguo... no tiene ni idea de que estoy justo sobre su cabeza.
    [legend_crimson_bear_272] El viento frio y humedo de esta región olvidada de España me cala hasta los huesos pero no es nada que no pueda manejar. Llevo un buen rato observando este pueblo mugriento desde la sombra de los arboles muertos. Las casas de madera podrida parecen a punto de colapsar, y el olor a humo mezclado con algo que huele a sangre vieja esta por todas partes. Por el rabillo del ojo veo a los aldeanos patrullando los caminos de tierra con antorchas y trinchetes. Ya no queda rastro de humanidad en sus rostros, solo una obediencia ciega y ese brillo rojizo en los ojos. Un pitido sordo en mi comunicador rompe la tranquilidad del bosque. Es Wesker impaciente como siempre, exijiendo saber si ya localize la muestra de Las Plagas. Le respondo con mi tono habitual diciendo que todo va deacuerdo al plan, y corto la comunicación rápido antes de que empiese a darme uno de sus sermones. A través de mis binoculares distingo un movimiento brusco cerca de la plaza central. Ahi esta el. Esa chaqueta de cuero y ese flequillo rubio son inconfundibles... Leon. Vaya parece que el agente del presidente tiene la costumbre, de meterse en la boca del lobo sin dudarlo. Por un par de minutos me quedo viendolo esquivar los golpes de los aldeanos, sigue teniendo esa agilidad para sobrevivir. Parte de mi quiere bajar a darle una mano pero mis ordenes son claras, y el sentimentalismo no paga las cuentas. Guardo los binoculares en mi cinturón y preparo mi gancho de agarre, apuntando hacia la cornisa de una casa alta que da hacia la iglesia. Necesito llegar a una zona elevada para trazar una ruta hacia el castillo. Salto al vacio y siento el tiron del cable, aterrizando suavemente sobre las tejas resbaladizas por la lluvia fina. Justo debajo de mi posicion, escucho a un Ganado murmurando palabras rasposas en español antiguo... no tiene ni idea de que estoy justo sobre su cabeza.
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  • Después de clases
    Fandom Multifandom
    Categoría Fantasía
    El aula estaba casi vacía a esa hora. Afuera todavía se escuchaban algunas voces y pasos apurados, pero adentro solo quedaba el ruido del viento entrando por una ventana mal cerrada.

    No era raro quedarse después de clases… aunque claramente nadie quería hacerlo cuando tocaba práctica de control mágico. El suelo todavía tenía marcas quemadas de intentos fallidos y el olor a magia reciente seguía flotando en el aire.

    Suspiró, girando el bastón entre los dedos sin mucha ganas. El hechizo había salido mal otra vez. Nada nuevo.

    —Genial… otra advertencia más y me echan —murmuró para sí, pateando suavemente una chispa azul que todavía brillaba en el piso antes de apagarse.

    Fue ahí cuando notó que no estaba solo.

    Alzó la vista hacia la puerta entreabierta, frunciendo apenas el ceño.

    —Si venís a reírte, llegaste tarde… ya me humillé suficiente por hoy.

    No sonaba molesto. Más bien cansado.

    Se quedó esperando, apoyándose contra uno de los pupitres, curioso por ver si la otra persona entraría o simplemente se iría.
    El aula estaba casi vacía a esa hora. Afuera todavía se escuchaban algunas voces y pasos apurados, pero adentro solo quedaba el ruido del viento entrando por una ventana mal cerrada. No era raro quedarse después de clases… aunque claramente nadie quería hacerlo cuando tocaba práctica de control mágico. El suelo todavía tenía marcas quemadas de intentos fallidos y el olor a magia reciente seguía flotando en el aire. Suspiró, girando el bastón entre los dedos sin mucha ganas. El hechizo había salido mal otra vez. Nada nuevo. —Genial… otra advertencia más y me echan —murmuró para sí, pateando suavemente una chispa azul que todavía brillaba en el piso antes de apagarse. Fue ahí cuando notó que no estaba solo. Alzó la vista hacia la puerta entreabierta, frunciendo apenas el ceño. —Si venís a reírte, llegaste tarde… ya me humillé suficiente por hoy. No sonaba molesto. Más bien cansado. Se quedó esperando, apoyándose contra uno de los pupitres, curioso por ver si la otra persona entraría o simplemente se iría.
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  • *Levantándome después de haber dormido tanto tiempo que ni sabía en qué año, mes o día estábamos, mire a los lados con los ojos medio cerrados casi volviéndose a cerrar*

    … mmm… creo que llevo mucho tiempo durmiendo… aunque por 30 min más no creo que me haga daño…
    *Levantándome después de haber dormido tanto tiempo que ni sabía en qué año, mes o día estábamos, mire a los lados con los ojos medio cerrados casi volviéndose a cerrar* … mmm… creo que llevo mucho tiempo durmiendo… aunque por 30 min más no creo que me haga daño…
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  • Hmm~ ¿Que hora es?

    -Miraria la hora aún con bastante sueño ¡Eran las 5 de la mañana!-

    Y porque me desperté!? Bueno a seguir durmiendo hasta las 12 del día jeje

    -Se volvía a quedar dormida como la dragoncita dormilona que era-
    Hmm~ ¿Que hora es? -Miraria la hora aún con bastante sueño ¡Eran las 5 de la mañana!- Y porque me desperté!? Bueno a seguir durmiendo hasta las 12 del día jeje -Se volvía a quedar dormida como la dragoncita dormilona que era-
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  • Un secuestro y nada más
    Fandom Hazbin hotel y helluvaboss
    Categoría Romance
    ༒𓂀 𝔸𝕝𝕒𝕤𝕥𝕠𝕣 𝕿𝖍𝖊 𝕽𝖆𝖉𝖎𝖔 𝕯𝖊𝖒𝖔𝖓𓂀༒

    -El encargo no le interesaba.
    El pago, sí.
    Straker observaba el hotel desde la azotea del edificio contiguo, inmóvil, como una estatua tallada en sombra. El neón rojizo del Hazbin Hotel parpadeaba frente a él, bañando la calle con una luz enferma. No era un lugar que le agradara… demasiado ruido, demasiada excentricidad.
    Demasiada imprevisibilidad.
    Entre sus manos descansaba la herramienta del trabajo: una soga infernal trenzada con fibras antiguas, oscura como brea, marcada con sellos que pulsaban débilmente. No era un arma común. Era una jaula portátil. Una diseñada específicamente para presas que no podían ser contenidas por medios ordinarios.
    La probó tensándola con ambas manos.
    La cuerda vibró apenas, como si tuviera hambre.

    No eres invencible…

    murmuró para sí, con voz baja y seca.
    Sus ojos se clavaron en la puerta principal del hotel.El objetivo no tardaría en salir. Las rutinas, incluso en demonios poderosos, eran debilidades disfrazadas.
    Straker flexionó los dedos, calculando distancia. Ángulo. Tiempo de caída.
    Un solo intento,cuando la puerta comenzó a abrirse, él ya se había puesto en movimiento.
    [Alastor_rabbit] -El encargo no le interesaba. El pago, sí. Straker observaba el hotel desde la azotea del edificio contiguo, inmóvil, como una estatua tallada en sombra. El neón rojizo del Hazbin Hotel parpadeaba frente a él, bañando la calle con una luz enferma. No era un lugar que le agradara… demasiado ruido, demasiada excentricidad. Demasiada imprevisibilidad. Entre sus manos descansaba la herramienta del trabajo: una soga infernal trenzada con fibras antiguas, oscura como brea, marcada con sellos que pulsaban débilmente. No era un arma común. Era una jaula portátil. Una diseñada específicamente para presas que no podían ser contenidas por medios ordinarios. La probó tensándola con ambas manos. La cuerda vibró apenas, como si tuviera hambre. No eres invencible… murmuró para sí, con voz baja y seca. Sus ojos se clavaron en la puerta principal del hotel.El objetivo no tardaría en salir. Las rutinas, incluso en demonios poderosos, eran debilidades disfrazadas. Straker flexionó los dedos, calculando distancia. Ángulo. Tiempo de caída. Un solo intento,cuando la puerta comenzó a abrirse, él ya se había puesto en movimiento.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    ˖ ݁𖥔. ݁ . 𝑬𝒍 𝑫𝒊𝒂𝒓𝒊𝒐 𝒅𝒆 𝑺𝒄𝒂𝒓𝒍𝒆𝒕𝒕 . ݁.𖥔 ݁ ˖

    
𝑪𝒂𝒑í𝒕𝒖𝒍𝒐 𝑰𝑽: 𝑪𝒐𝒏𝒕𝒓𝒂𝒕𝒐 𝒆𝒏 𝑹𝒖𝒃í

    Querido diario…

    La mañana después de mi llegada al burdel no olía a pecado.

    Olía a café oscuro.

    A madera pulida.


    A decisiones.
    Mirena Blackwood no me observaba como mercancía.

    Me observaba como inversión.
    Yo ya había visto esa mirada antes, en salones cubiertos de oro y promesas firmadas con anillos.

    En contratos disfrazados de matrimonio.

    La diferencia era que aquí nadie fingía pureza.
    evaluaba mi postura o mis manos…
    Me hizo una sola pregunta.

    —¿Quién eres?

    No fue curiosidad.

    Fue diagnóstico.
    Y por alguna razón que todavía no entiendo… respondí.

    Le hablé de la corona italiana que nunca se nombraba en voz alta, pero que marcaba cada cena.
De la Mansión Moretti.

    Del compromiso arreglado con Nikolai Romanov.

    Del anillo que pesaba más que el oro porque no era promesa… era sentencia.
    Le conté que huí.

    Que rompí el espejo la noche en que entendí que mi reflejo ya no me pertenecía.

    Que prefería el escándalo al encierro elegante.
    No omití nada.
    Y mientras hablaba, no me interrumpió.
    Cuando terminé, el silencio no fue incómodo.
Fue evaluador.
    Entonces sí lo dijo.

    —Eres hermosa —murmuró sin dulzura—
Y la belleza sin inteligencia es carne fresca para lobos.

    No bajé la mirada.
    Ya no.

    —No soy un cordero.

    Fue en ese momento cuando algo cambió.
    No vio una víctima.

    No vio una fugitiva.

    Vio a alguien que había tenido el mundo a sus pies… y aun así eligió incendiarlo.
    Me explicó cómo funcionaba su mundo.

    Las chicas no eran obligadas.
Eran entrenadas.
Educadas.
Pulidas como piedras preciosas antes de tocar la vitrina

    —Aquí no se vende el cuerpo —dijo mientras servía el café—Se vende ilusión.

    Y la ilusión es más cara.

    Los hombres que cruzaban esas puertas no eran bestias comunes.


    Eran políticos.
    
Empresarios.

    Herederos.


    Apellidos que no se escribían.
    
Voces que no se grababan.
    No buscaban placer.

    Buscaban silencio.
    Yo aún no entendía todas las reglas.
Pero comenzaba a reconocer el tablero.

    —No te arrojaré a los lobos —continuó—…

    Te enseñaré a sentarte a la mesa con ellos… hasta que olviden que podrían morderte.

    Entonces llegó la verdadera propuesta.
    Aprendería idiomas.

    Finanzas.

    Arte.

    Negociación.

    Aprendería a leer a un hombre antes de que terminara su primera mentira.

    Me sostuvo la mirada como si ya hubiera tomado la decisión.

    —Te convertiré en algo que no puedan comprar por completo —dijo finalmente—


    Lo verdaderamente exclusivo no es lo que se posee…
es lo que nunca se termina de alcanzar.

    Ahí entendí lo que había visto en mí.
    No mi historia.

    No mi apellido.
    Mi contención.
    Mientras otras chicas aprendían a agradar, yo sabía observar.

    Mientras ellas ofrecían, yo retenía.
Mientras suplicaban atención, yo sabía retirarla.
    No reaccionaba.


    Medía.

    No buscaba protección.

    Evaluaba riesgos.
    Eso no se enseña.

    Se sobrevive.
    A cambio, trabajaría para ella.
    No sería exhibida.

    Sería insinuada.
    La pausa antes del deseo.

    La conversación que vale más que cualquier joya.

    La fantasía servida en cristal fino… que nunca se vacía del todo.
    Y oficialmente…
    Sería su protegida.
    Su “hija”.
    La palabra me atravesó el pecho.
    No fue ternura.


    Fue estrategia.

    Yo había dejado de ser hija la noche en que rompí el espejo.

    Pero entendí lo que significaba en su mundo:
    Lo que se protege…
    se vuelve invaluable.

    —¿Y qué gana usted? —pregunté.
    Mirena llenó dos copas de vino.


    El rojo brilló como rubí líquido.
    —Lealtad —respondió—…..

    Y una heredera que entienda que el poder no se implora… se administra.
    No era cariño lo que veía en mí.


    Era potencial.

    “Scarlett no era frágil.

    Estaba sin tallar.”

    Deslizó una copa hacia mí.
    —Los diamantes se forman bajo presión —dijo—
Pero el rubí… el rubí nace del fuego.

    Pensé en la corona.

    En el anillo.

    En la vida exhibida como porcelana.
    Allá mi destino era adornar.

    Aquí… podía aprender a dirigir.

    —Acepto.

    No temblé.
    No fue un gesto maternal cuando extendió la mano.

    Fue un contrato.
    Chocamos las copas.
    El sonido fue delicado.

    Elegante.

    Definitivo.

    Contrato en rubí.
    Después del brindis, Mirena se acercó a un pequeño escritorio y tomó una pluma
    —Si vas a renacer —dijo— necesitas un nombre que no tiemble.

    Escribió en un papel grueso, color marfil:
Scarlett Eleonor Moretti
    Mi segundo nombre.
    
El que mi madre pronunciaba cuando quería recordarme que la debilidad nunca fue una opción.
    Mirena observó el apellido unos segundos.

    Luego, con precisión fría, trazó una línea firme sobre él.
    
Scarlett Eleonor ̶M̶o̶r̶e̶t̶t̶i̶ ̶.

    El gesto no fue desprecio.
    
Fue desafío.

    Sentí el peso del silencio entre nosotras.
    Tomé la pluma de su mano.
Y debajo del apellido tachado… lo escribí otra vez.

    Scarlett Eleonor Moretti.


    Más firme

    Más mío.

    Mirena no sonrió.

    Asintió—Bien —murmuró—
La sangre no se abandona.

    Se domina.

    Entonces extendió la hoja hacia ella nuevamente.

    Añadió, con tinta roja profunda, una última palabra al final del nombre

    Scarlett Eleonor Moretti Blackwood.

    El contraste era evidente.

    Uno era herencia.

    El otro, elección.

    —Moretti es tu origen —dijo con voz serena—
Blackwood será tu escudo.
    Observé el nombre completo.


    No sentí ruptura.

    Sentí expansión.

    No estaba dejando atrás mi linaje.
Estaba sumando poder al mío.
    Me miré en el espejo intacto.

    No sonaba a huida.

    Sonaba a advertencia.

    Y comprendí algo, querido diario…
    Algunas mujeres nacen con un apellido.


    Otras lo construyen.


    Yo acababa de decidir portar ambos.

    Scarlett Eleonor Moretti Blackwood.ᢉ𐭩
    ˖ ݁𖥔. ݁ . 𝑬𝒍 𝑫𝒊𝒂𝒓𝒊𝒐 𝒅𝒆 𝑺𝒄𝒂𝒓𝒍𝒆𝒕𝒕 . ݁.𖥔 ݁ ˖ 
𝑪𝒂𝒑í𝒕𝒖𝒍𝒐 𝑰𝑽: 𝑪𝒐𝒏𝒕𝒓𝒂𝒕𝒐 𝒆𝒏 𝑹𝒖𝒃í Querido diario… La mañana después de mi llegada al burdel no olía a pecado.
 Olía a café oscuro.
 A madera pulida.
 A decisiones. Mirena Blackwood no me observaba como mercancía.
 Me observaba como inversión. Yo ya había visto esa mirada antes, en salones cubiertos de oro y promesas firmadas con anillos.
 En contratos disfrazados de matrimonio.
 La diferencia era que aquí nadie fingía pureza. evaluaba mi postura o mis manos… Me hizo una sola pregunta. —¿Quién eres? No fue curiosidad.
 Fue diagnóstico. Y por alguna razón que todavía no entiendo… respondí. Le hablé de la corona italiana que nunca se nombraba en voz alta, pero que marcaba cada cena.
De la Mansión Moretti.
 Del compromiso arreglado con Nikolai Romanov.
 Del anillo que pesaba más que el oro porque no era promesa… era sentencia. Le conté que huí.
 Que rompí el espejo la noche en que entendí que mi reflejo ya no me pertenecía.
 Que prefería el escándalo al encierro elegante. No omití nada. Y mientras hablaba, no me interrumpió. Cuando terminé, el silencio no fue incómodo.
Fue evaluador. Entonces sí lo dijo. —Eres hermosa —murmuró sin dulzura—
Y la belleza sin inteligencia es carne fresca para lobos. No bajé la mirada. Ya no. —No soy un cordero. Fue en ese momento cuando algo cambió. No vio una víctima.
 No vio una fugitiva.
 Vio a alguien que había tenido el mundo a sus pies… y aun así eligió incendiarlo. Me explicó cómo funcionaba su mundo.
 Las chicas no eran obligadas.
Eran entrenadas.
Educadas.
Pulidas como piedras preciosas antes de tocar la vitrina —Aquí no se vende el cuerpo —dijo mientras servía el café—Se vende ilusión. Y la ilusión es más cara. Los hombres que cruzaban esas puertas no eran bestias comunes.
 Eran políticos. 
Empresarios.
 Herederos.
 Apellidos que no se escribían. 
Voces que no se grababan. No buscaban placer.
 Buscaban silencio. Yo aún no entendía todas las reglas.
Pero comenzaba a reconocer el tablero. —No te arrojaré a los lobos —continuó—… Te enseñaré a sentarte a la mesa con ellos… hasta que olviden que podrían morderte. Entonces llegó la verdadera propuesta. Aprendería idiomas.
 Finanzas.
 Arte.
 Negociación. Aprendería a leer a un hombre antes de que terminara su primera mentira. Me sostuvo la mirada como si ya hubiera tomado la decisión. —Te convertiré en algo que no puedan comprar por completo —dijo finalmente—
 Lo verdaderamente exclusivo no es lo que se posee…
es lo que nunca se termina de alcanzar. Ahí entendí lo que había visto en mí. No mi historia.
 No mi apellido. Mi contención. Mientras otras chicas aprendían a agradar, yo sabía observar.
 Mientras ellas ofrecían, yo retenía.
Mientras suplicaban atención, yo sabía retirarla. No reaccionaba.
 Medía. No buscaba protección.
 Evaluaba riesgos. Eso no se enseña.
 Se sobrevive. A cambio, trabajaría para ella. No sería exhibida.
 Sería insinuada. La pausa antes del deseo.
 La conversación que vale más que cualquier joya.
 La fantasía servida en cristal fino… que nunca se vacía del todo. Y oficialmente… Sería su protegida. Su “hija”. La palabra me atravesó el pecho. No fue ternura.
 Fue estrategia. Yo había dejado de ser hija la noche en que rompí el espejo.
 Pero entendí lo que significaba en su mundo: Lo que se protege… se vuelve invaluable. —¿Y qué gana usted? —pregunté. Mirena llenó dos copas de vino.
 El rojo brilló como rubí líquido. —Lealtad —respondió—….. Y una heredera que entienda que el poder no se implora… se administra. No era cariño lo que veía en mí.
 Era potencial. “Scarlett no era frágil.
 Estaba sin tallar.” Deslizó una copa hacia mí. —Los diamantes se forman bajo presión —dijo—
Pero el rubí… el rubí nace del fuego. Pensé en la corona.
 En el anillo.
 En la vida exhibida como porcelana. Allá mi destino era adornar.
 Aquí… podía aprender a dirigir. —Acepto. No temblé. No fue un gesto maternal cuando extendió la mano.
 Fue un contrato. Chocamos las copas. El sonido fue delicado.
 Elegante.
 Definitivo. Contrato en rubí. Después del brindis, Mirena se acercó a un pequeño escritorio y tomó una pluma —Si vas a renacer —dijo— necesitas un nombre que no tiemble. Escribió en un papel grueso, color marfil:
Scarlett Eleonor Moretti Mi segundo nombre. 
El que mi madre pronunciaba cuando quería recordarme que la debilidad nunca fue una opción. Mirena observó el apellido unos segundos.
 Luego, con precisión fría, trazó una línea firme sobre él. 
Scarlett Eleonor ̶M̶o̶r̶e̶t̶t̶i̶ ̶. El gesto no fue desprecio. 
Fue desafío.
 Sentí el peso del silencio entre nosotras. Tomé la pluma de su mano.
Y debajo del apellido tachado… lo escribí otra vez. Scarlett Eleonor Moretti.
 Más firme Más mío. Mirena no sonrió.
 Asintió—Bien —murmuró—
La sangre no se abandona. Se domina. Entonces extendió la hoja hacia ella nuevamente.
 Añadió, con tinta roja profunda, una última palabra al final del nombre Scarlett Eleonor Moretti Blackwood. El contraste era evidente.
 Uno era herencia.
 El otro, elección. —Moretti es tu origen —dijo con voz serena—
Blackwood será tu escudo. Observé el nombre completo.
 No sentí ruptura.
 Sentí expansión.
 No estaba dejando atrás mi linaje.
Estaba sumando poder al mío. Me miré en el espejo intacto. No sonaba a huida.
 Sonaba a advertencia.
 Y comprendí algo, querido diario… Algunas mujeres nacen con un apellido.
 Otras lo construyen.
 Yo acababa de decidir portar ambos. Scarlett Eleonor Moretti Blackwood.ᢉ𐭩
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  • -La parca venía concentrada y contenta mirando su bollo nuevo sabor, que la vendedora de la panadería le regaló para que probará, su aroma era de queso con jamón. En eso un paciente que estaba pidiendo que lo atendieran, lanzó un aletazo golpeando la mejilla de la albina haciendo que su bollo se cayera de la bolsa. Los ojos gélidos de la mujer solo vieron como su nuevo desayuno caía al suelo en cámara lenta con tristeza, subió su mirada al hombre que le golpeó y sin decir nada caminó hacia el puesto de informaciones, tomó una tablilla y comenzó a llenar unos datos.
    Los datos eran del sujeto-

    Alan Beck, 45 años, soltero.
    -Y en la parte de motivo de consulta colocó “ Vasectomía voluntaria”. Firmo igual que el paciente, al poder ver los registros podía ver también sus datos personales y copiarlos.
    Puso en observaciones “ Paciente agresivo, colocar anestesia total y sedante antes de la intervención”.
    Y en la autorización del doctor firmó ella, le pasó la tablilla a la enfermera, quien le preguntó si ella haría la intervención a la cual negó que tenía otra operación.
    La enfermera llamó por altavoz al paciente, y este pensando que lo atenderían, se acercó a informaciones. Dos enfermeros grandes llegaron y le colocaron un sedante y lo subieron a la camilla en dirección al pabellón mientras el segundo cirujano iba detrás leyendo la tablilla.
    Los internos miraron aquello y luego a la albina quien se iba nuevamente a la panadería con las manos en los bolsillos a buscar otro bollo mientras silbaba, murmurando que la jefa de cirugía daba miedo-
    -La parca venía concentrada y contenta mirando su bollo nuevo sabor, que la vendedora de la panadería le regaló para que probará, su aroma era de queso con jamón. En eso un paciente que estaba pidiendo que lo atendieran, lanzó un aletazo golpeando la mejilla de la albina haciendo que su bollo se cayera de la bolsa. Los ojos gélidos de la mujer solo vieron como su nuevo desayuno caía al suelo en cámara lenta con tristeza, subió su mirada al hombre que le golpeó y sin decir nada caminó hacia el puesto de informaciones, tomó una tablilla y comenzó a llenar unos datos. Los datos eran del sujeto- Alan Beck, 45 años, soltero. -Y en la parte de motivo de consulta colocó “ Vasectomía voluntaria”. Firmo igual que el paciente, al poder ver los registros podía ver también sus datos personales y copiarlos. Puso en observaciones “ Paciente agresivo, colocar anestesia total y sedante antes de la intervención”. Y en la autorización del doctor firmó ella, le pasó la tablilla a la enfermera, quien le preguntó si ella haría la intervención a la cual negó que tenía otra operación. La enfermera llamó por altavoz al paciente, y este pensando que lo atenderían, se acercó a informaciones. Dos enfermeros grandes llegaron y le colocaron un sedante y lo subieron a la camilla en dirección al pabellón mientras el segundo cirujano iba detrás leyendo la tablilla. Los internos miraron aquello y luego a la albina quien se iba nuevamente a la panadería con las manos en los bolsillos a buscar otro bollo mientras silbaba, murmurando que la jefa de cirugía daba miedo-
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