• Abriendo las cajas de la mudanza encuentra el peluche de nutria que recibió de Alessandro hace muchos años atrás, no puede evitar reírse un poco y decide tomar una foto. Se la envía:
    Mira, encontré esto en las cosas de la mudanza, ¿lo recuerdas?
    Alessandro Wang Balissari
    Abriendo las cajas de la mudanza encuentra el peluche de nutria que recibió de Alessandro hace muchos años atrás, no puede evitar reírse un poco y decide tomar una foto. Se la envía: 📨 Mira, encontré esto en las cosas de la mudanza, ¿lo recuerdas? [flare_onyx_bear_870]
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  • 》 Rol Priv con Lázaro

    Un juramento Irrompible. 《

    El miedo a los límites de la ciudad había quedado atrás. Las antiguas inseguridades de Lyssandre se disolvieron entre mapas polvorientos, senderos hostiles y el acero de su propia determinación.

    Ya no era solo una sanadora de interiores; los viajes la moldearon en una bruja autosuficiente. Aprendió a leer la caligrafía de la tierra, a pisar sin despertar trampas naturales y a ejecutar hechizos de defensa con la misma precisión con la que medía los gramos de un pastel de luna.

    Su motivación actual no era el oro, sino el conocimiento. Los rumores sobre las ruinas de una civilización olvidada describían un milagro botánico: una flor mística capaz de revertir maldiciones de forma paulatina. Para una bruja gastronómica, aquello era el ingrediente definitivo.

    El viaje en solitario exigió una preparación meticulosa. Su mochila de suministros no contenía raciones comunes, sino frascos de cristal con masa madre encantada, mermeladas de bayas lunares que restauraban la estamina y panes de centeno bendecidos contra el cansancio.

    A su lado, su fiel unicornio Kamerynn avanzaba con paso firme. Su presencia no solo aligeraba el camino, sino que purificaba el aire de las toxinas del bosque circundante.

    Al cabo de unos días, la vegetación dio paso a imponentes estructuras de piedra devoradas por el musgo y las enredaderas. El ambiente en las ruinas se volvió denso, cargado de una quietud sepulcral. Lyssandre descendió de su montura, ajustó las correas de su bolso médico y avanzó a pie entre los pilares derruidos. El aroma a piedra húmeda y magia antigua era casi masticable.

    Fue al cruzar el umbral del que parecía ser el templo principal cuando el viento cambió. El sutil pero inconfundible olor a hierro rompió la pureza del lugar. No era la flor mágica. Era sangre....

    Lyssandre apresuró el paso, esquivando unos bloques de granito caídos, hasta que sus ojos se abrieron con sorpresa. Tendido sobre las losas frías, inmóvil y cubierto, se encontraba el cuerpo de una persona.
    》 Rol Priv con [ELEAZ.AR] Un juramento Irrompible. 《 El miedo a los límites de la ciudad había quedado atrás. Las antiguas inseguridades de Lyssandre se disolvieron entre mapas polvorientos, senderos hostiles y el acero de su propia determinación. Ya no era solo una sanadora de interiores; los viajes la moldearon en una bruja autosuficiente. Aprendió a leer la caligrafía de la tierra, a pisar sin despertar trampas naturales y a ejecutar hechizos de defensa con la misma precisión con la que medía los gramos de un pastel de luna. Su motivación actual no era el oro, sino el conocimiento. Los rumores sobre las ruinas de una civilización olvidada describían un milagro botánico: una flor mística capaz de revertir maldiciones de forma paulatina. Para una bruja gastronómica, aquello era el ingrediente definitivo. El viaje en solitario exigió una preparación meticulosa. Su mochila de suministros no contenía raciones comunes, sino frascos de cristal con masa madre encantada, mermeladas de bayas lunares que restauraban la estamina y panes de centeno bendecidos contra el cansancio. A su lado, su fiel unicornio Kamerynn avanzaba con paso firme. Su presencia no solo aligeraba el camino, sino que purificaba el aire de las toxinas del bosque circundante. Al cabo de unos días, la vegetación dio paso a imponentes estructuras de piedra devoradas por el musgo y las enredaderas. El ambiente en las ruinas se volvió denso, cargado de una quietud sepulcral. Lyssandre descendió de su montura, ajustó las correas de su bolso médico y avanzó a pie entre los pilares derruidos. El aroma a piedra húmeda y magia antigua era casi masticable. Fue al cruzar el umbral del que parecía ser el templo principal cuando el viento cambió. El sutil pero inconfundible olor a hierro rompió la pureza del lugar. No era la flor mágica. Era sangre.... Lyssandre apresuró el paso, esquivando unos bloques de granito caídos, hasta que sus ojos se abrieron con sorpresa. Tendido sobre las losas frías, inmóvil y cubierto, se encontraba el cuerpo de una persona.
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  • Hoy el clima es horrible, entre calor y humedad, tendré que pedirle a Lyssandre que me ayude a evitar humedad en los libros. ──
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  • 𝕱𝖔𝖗𝖌𝖔𝖙𝖙𝖊𝖓 𝖓𝖎𝖌𝖍𝖙
    Categoría Slice of Life
    La noche parecía una burla a su soledad. Los ruidos de una ciudad que jamás dormía invadían su cabeza tal se tratase de una maldición, apenas eran cerca de las diez de la noche pero Alex no quería ni tocar su teléfono, era la noche de Halloween, y aparentemente una de sus amigas del trabajo (quizá la única que medio conocía realmente a Alex, sin llegar a saber todo) insistía en que salieran, le parecía un desperdicio que prefiriera quedarse en casa y no ir a enfiestarse.

    La puerta sonó como si la tocaran con desesperación, Alex se aproximó rápidamente porque parecía que alguien necesitaba algo con urgencia. Una vez que abrió la puerta ahí estaba, una hermosa rubia vestida de maid, entró antes de que la pelirroja cerrara la puerta de un empujón.

    — ¡Alessandra Bennet! — nadie, absolutamente nadie sabía que se llamaba así. Achinó la mirada con cierto desprecio. — Deja de sufrir por lo que no fue y vamos a ese bar, la fiesta de Halloween estará increíble y quizá ya te consiga un novio porque tu soledad me está deprimiendo.—

    Alex negó, no necesitaba un novio. — Ni siquiera tengo un disfraz de Halloween y no pretendo ir como... Sirvienta. — alzó una ceja, cuando menos lo pensó, Jen sacó una caja, que efectivamente traía un disfraz, peluca negra incluso y zapatillas.

    — Nadie sabrá que eres tú si no quieres, pero salgamos de aquí y ya. Arréglate rápido que yo estaré haciéndome un sándwich. — ya ni siquiera podía decir que no, Jen hasta había gastado dinero en eso.

    Cuando salió perdió su más grande característica, no había cabello rojo, ahora era pelinegra y con un velo que ocultaba parte de su rostro, veía bien porque era delgado, pero de afuera hacia adentro si parecía otra.

    — Eh... Pero te ves increíble, nos iremos en mi coche porque te voy a traer, Alex.

    — Sí, si. No voy a conseguir novio ni nada de eso, pero te acompañaré. El lunes me iré de la ciudad y será la última vez que me arrastras en los pies. — Alex misma rió, de alguna manera Jen era la única que lograba sacarla de casa después del trabajo.

    Cuando llegaron al lugar, las luces neón parecían reinar, pero Alex ni siquiera bebía ya, así que se acercó a pedir unas botellas de agua. Pero mientras ella hacía eso, Jen parecía haber encontrado más amigos, por lo que el bartender le obseauió un par de tragos, no era buena bebiendo pero tampoco quería pasarla aburriendo a los demás con su aura.
    La noche parecía una burla a su soledad. Los ruidos de una ciudad que jamás dormía invadían su cabeza tal se tratase de una maldición, apenas eran cerca de las diez de la noche pero Alex no quería ni tocar su teléfono, era la noche de Halloween, y aparentemente una de sus amigas del trabajo (quizá la única que medio conocía realmente a Alex, sin llegar a saber todo) insistía en que salieran, le parecía un desperdicio que prefiriera quedarse en casa y no ir a enfiestarse. La puerta sonó como si la tocaran con desesperación, Alex se aproximó rápidamente porque parecía que alguien necesitaba algo con urgencia. Una vez que abrió la puerta ahí estaba, una hermosa rubia vestida de maid, entró antes de que la pelirroja cerrara la puerta de un empujón. — ¡Alessandra Bennet! — nadie, absolutamente nadie sabía que se llamaba así. Achinó la mirada con cierto desprecio. — Deja de sufrir por lo que no fue y vamos a ese bar, la fiesta de Halloween estará increíble y quizá ya te consiga un novio porque tu soledad me está deprimiendo.— Alex negó, no necesitaba un novio. — Ni siquiera tengo un disfraz de Halloween y no pretendo ir como... Sirvienta. — alzó una ceja, cuando menos lo pensó, Jen sacó una caja, que efectivamente traía un disfraz, peluca negra incluso y zapatillas. — Nadie sabrá que eres tú si no quieres, pero salgamos de aquí y ya. Arréglate rápido que yo estaré haciéndome un sándwich. — ya ni siquiera podía decir que no, Jen hasta había gastado dinero en eso. Cuando salió perdió su más grande característica, no había cabello rojo, ahora era pelinegra y con un velo que ocultaba parte de su rostro, veía bien porque era delgado, pero de afuera hacia adentro si parecía otra. — Eh... Pero te ves increíble, nos iremos en mi coche porque te voy a traer, Alex. — Sí, si. No voy a conseguir novio ni nada de eso, pero te acompañaré. El lunes me iré de la ciudad y será la última vez que me arrastras en los pies. — Alex misma rió, de alguna manera Jen era la única que lograba sacarla de casa después del trabajo. Cuando llegaron al lugar, las luces neón parecían reinar, pero Alex ni siquiera bebía ya, así que se acercó a pedir unas botellas de agua. Pero mientras ella hacía eso, Jen parecía haber encontrado más amigos, por lo que el bartender le obseauió un par de tragos, no era buena bebiendo pero tampoco quería pasarla aburriendo a los demás con su aura.
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  • — El castaño se acomodó en el regazo del pelinegro y acarició sus mejillas con delicadeza.—

    ¿Estás seguro de que estás bien?, aún tienes rastros de sangre...

    — La expresión de Mike era de preocupación pura, aquel joven se había presentado en su casa para cenar juntos, pero había un pequeño detalle que había llamado al más pequeño, Alessandro tenía rastros de sangre en sus manos.—

    Oh dios, ¿ estás bien?

    Alessandro Wang Balissari
    — El castaño se acomodó en el regazo del pelinegro y acarició sus mejillas con delicadeza.— ¿Estás seguro de que estás bien?, aún tienes rastros de sangre... — La expresión de Mike era de preocupación pura, aquel joven se había presentado en su casa para cenar juntos, pero había un pequeño detalle que había llamado al más pequeño, Alessandro tenía rastros de sangre en sus manos.— Oh dios, ¿ estás bien? [flare_onyx_bear_870]
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  • Tan...predecibles. Son como las desgraciadas polillas, incapaces de resistirse a la luz...así son ellos, incapaces de resistirse a unos cuántos billetes y unas migajas de poder, ¿no es así?

    El cuerpo de un hombre con varias heridas desde el cuello hasta el vientre, yacía tendido a los pies de Alessandro en un charco de su propio líquido vital mientras éste lo miraba con fría indiferencia a pesar de la sangre que cubría su hermoso rostro.

    — Con él, ¿cuántos faltan, Lorenzo?—preguntó mientras miraba sus manos llenas de sangre.

    — Unos 20, señor. Sospecharan y podría ser peligroso para usted.

    —Lo sé, pero es más peligroso para ellos, se metieron con mi familia y tú sabes que eso no se hace...— respondió él como si hablara con un niño pequeño.

    — No creí que fuera tan duro, señor Balissari.

    —En mi defensa, jamás dije que sería una conversación amistosa...pero, Lorenzo...¿debo recordarte que juraste permanecer a mi lado hasta la muerte?

    —No, señor.

    —Encárgate del cuerpo.
    Y, como si hubiera ido a tomar el té, se limpió la sangre de cara y manos y salió del lugar.
    Tan...predecibles. Son como las desgraciadas polillas, incapaces de resistirse a la luz...así son ellos, incapaces de resistirse a unos cuántos billetes y unas migajas de poder, ¿no es así? El cuerpo de un hombre con varias heridas desde el cuello hasta el vientre, yacía tendido a los pies de Alessandro en un charco de su propio líquido vital mientras éste lo miraba con fría indiferencia a pesar de la sangre que cubría su hermoso rostro. — Con él, ¿cuántos faltan, Lorenzo?—preguntó mientras miraba sus manos llenas de sangre. — Unos 20, señor. Sospecharan y podría ser peligroso para usted. —Lo sé, pero es más peligroso para ellos, se metieron con mi familia y tú sabes que eso no se hace...— respondió él como si hablara con un niño pequeño. — No creí que fuera tan duro, señor Balissari. —En mi defensa, jamás dije que sería una conversación amistosa...pero, Lorenzo...¿debo recordarte que juraste permanecer a mi lado hasta la muerte? —No, señor. —Encárgate del cuerpo. Y, como si hubiera ido a tomar el té, se limpió la sangre de cara y manos y salió del lugar.
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  • Era la media noche y Alessandro regresaba de una sesión de fotos extenuante para una revista, las luces de la Ciudad de New York brillaban con fuerza sin dejar que la oscuridad se apoderara del espacio, anuncios, tiendas, bares, restaurantes...la ciudad parecía igual o tanto más viva que si fueran las diez de la mañana.
    Entró a su habitación en el hotel y de las sombras emergió un hombre, Alessandro no se imnutó; se sirvió una copa de vino y dio un largo trago antes de ir a sentarse en el sofá que estaba cerca de la ventana, contemplando las luces de la ciudad.
    — ¿Lo encontraste?— preguntó en voz baja apenas audible.
    — Sí, señor. Se encuentra trabajando para una empresa de "importaciones" con sede en Barcelona.— respondió el hombre cuya identidad se mantenía oculta por la oscuridad.
    — Barcelona, ¿eh?— murmuró para sí mismo. — Deja la información sobre la mesa, la leeré mañana.
    El sobre se deslizó sobre la superficie marmoleada de la mesa de la salita de estar mientras Alessandro bebía otro sorbo de su vino antes de ponerse de pie, lentamente abrió su camisa y la dejó caer al suelo, dejando su torso desnudo, tranquilamente siguió con el resto de su ropa y, una vez desnudo, se recostó en la cama y extendió su mano.
    — Sírveme, Lorenzo.
    Era la media noche y Alessandro regresaba de una sesión de fotos extenuante para una revista, las luces de la Ciudad de New York brillaban con fuerza sin dejar que la oscuridad se apoderara del espacio, anuncios, tiendas, bares, restaurantes...la ciudad parecía igual o tanto más viva que si fueran las diez de la mañana. Entró a su habitación en el hotel y de las sombras emergió un hombre, Alessandro no se imnutó; se sirvió una copa de vino y dio un largo trago antes de ir a sentarse en el sofá que estaba cerca de la ventana, contemplando las luces de la ciudad. — ¿Lo encontraste?— preguntó en voz baja apenas audible. — Sí, señor. Se encuentra trabajando para una empresa de "importaciones" con sede en Barcelona.— respondió el hombre cuya identidad se mantenía oculta por la oscuridad. — Barcelona, ¿eh?— murmuró para sí mismo. — Deja la información sobre la mesa, la leeré mañana. El sobre se deslizó sobre la superficie marmoleada de la mesa de la salita de estar mientras Alessandro bebía otro sorbo de su vino antes de ponerse de pie, lentamente abrió su camisa y la dejó caer al suelo, dejando su torso desnudo, tranquilamente siguió con el resto de su ropa y, una vez desnudo, se recostó en la cama y extendió su mano. — Sírveme, Lorenzo.
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  • Flashback: "𝙱𝙸𝙴𝙽𝚅𝙴𝙽𝙸𝙳𝙰 𝙰𝙻 𝙴𝚀𝚄𝙸𝙿𝙾"
    Fandom MENTES CRIMINALES
    Categoría Slice of Life
    𝚂𝚃𝙰𝚁𝚃𝙴𝚁 𝙿𝙰𝚁𝙰 Sean Wesson


    Hace cuatro años…

    Siendo sinceros, ¿cuántas personas tenían la suerte de enviar su solicitud para entrar en el FBI y ser aceptadas? No demasiadas, ¿verdad? Y ahora… ¿Cuántas personas conseguían entrar en la Unidad de Análisis de Conducta? Muchísimas menos. Las probabilidades de entrar en la Unidad de ciencias del comportamiento eran mucho menores que el que te tocase la lotería. Aquel departamento era la joya de la corona, la creme de la creme. Allí solo entraban los mejores.

    Y Lauren habia pasado la vida esforzándose para ser una de las mejores. Desde que era una niña habia trabajado el doble para llegar a donde habia llegado. Sus raíces puertorriqueñas no le habían hecho un favor en un país como Estados Unidos. Pero si lo habia hecho su tesón y su afán por superarse a sí misma. Su currículo era testigo de esto.

    Después de graduarse en Criminología Forense y terminar su postgrado sobre Análisis de Escenas del Crimen, el cual habia realizado a la vez que se preparaba en la Academia, Lauren habia pasado dos años trabajando para la división de Narcotráfico en la policía de DC. Logró ascenso a Homicidios y allí siguió formándose y realizando cursos del FBI. Pues desde que habia entrado en la universidad, Lauren tenía una meta clara.

    Supo que habia tenido suerte de que Aaron Hotchner y Martin Hammond la vieran en acción cuando la UAC acudió a ayudar con un caso de terrorismo en la ciudad. Y no era tan engreída como para pensarlo, pero cuando su teléfono habia sonado dos semanas atrás anunciándole que habia un puesto vacante para ella en el Equipo B de la UAC, la muchacha no cabía en sí. En un primer momento pensó que alguien le estaba gastando una broma. No creyó que era verdad hasta que, tras recoger sus credenciales, se reunió con Erin Strauss, la jefa del Departamento.

    Y mientras Strauss alababa su currículo y sus éxitos laborales, Lauren tenía la sensación de estar viviendo un sueño del que tenía miedo de despertar. La voz de la jefa del departamento parecía distorsionarse en sus oídos y solo cuando percibió como ella se ponía en pie, Lauren lo hizo también.

    Alargó una mano para estrechar la de la contraria.

    -Bienvenida al FBI, agente Smith -dijo la mujer estrechando su mano con firmeza- ¿Quiere que le presente al resto de la Unidad?

    >> Siquiera recordaría que habia asentido, estaba tan nerviosa que tenía un nudo en el estómago y la cabeza embotada. Y esa sensación de eco que la habia embargado toda la mañana se disipó cuando tuvo delante a su nuevo jefe y sus compañeros en el que sería su nuevo lugar de trabajo.

    Erin los dejó tras un par de palabras más y Lauren se quedó allí sola con…

    -Martin Hammond -un tipo alto de cabello rubio y ojos azules alargó su mano derecha, y Lauren la estrechó con firmeza- Bienvenida, agente Smith. Deje que le presente al resto del equipo…

    Hammond soltó la mano de la agente y con esta señaló a los dos hombres cerca de ellos.

    -El agente Jack Tessaro, JT para los compañeros y amigos…- mientras Hammond lo presentaba el hombre se adelantó para estrechar la mano de la fémina.

    “Es un placer, agente Smith”, dijo Tessaro.

    -Y el agente Sean Wesson -la presentación recayó en un hombre de ojos castaños y cabello oscuro, ligeramente entrecano cubierto de bucles.

    Lauren curvó una suave sonrisa y alargó su mano.

    -Agente Wesson. Encantada de conocerle…
    𝚂𝚃𝙰𝚁𝚃𝙴𝚁 𝙿𝙰𝚁𝙰 [WESS0N] Hace cuatro años… Siendo sinceros, ¿cuántas personas tenían la suerte de enviar su solicitud para entrar en el FBI y ser aceptadas? No demasiadas, ¿verdad? Y ahora… ¿Cuántas personas conseguían entrar en la Unidad de Análisis de Conducta? Muchísimas menos. Las probabilidades de entrar en la Unidad de ciencias del comportamiento eran mucho menores que el que te tocase la lotería. Aquel departamento era la joya de la corona, la creme de la creme. Allí solo entraban los mejores. Y Lauren habia pasado la vida esforzándose para ser una de las mejores. Desde que era una niña habia trabajado el doble para llegar a donde habia llegado. Sus raíces puertorriqueñas no le habían hecho un favor en un país como Estados Unidos. Pero si lo habia hecho su tesón y su afán por superarse a sí misma. Su currículo era testigo de esto. Después de graduarse en Criminología Forense y terminar su postgrado sobre Análisis de Escenas del Crimen, el cual habia realizado a la vez que se preparaba en la Academia, Lauren habia pasado dos años trabajando para la división de Narcotráfico en la policía de DC. Logró ascenso a Homicidios y allí siguió formándose y realizando cursos del FBI. Pues desde que habia entrado en la universidad, Lauren tenía una meta clara. Supo que habia tenido suerte de que Aaron Hotchner y Martin Hammond la vieran en acción cuando la UAC acudió a ayudar con un caso de terrorismo en la ciudad. Y no era tan engreída como para pensarlo, pero cuando su teléfono habia sonado dos semanas atrás anunciándole que habia un puesto vacante para ella en el Equipo B de la UAC, la muchacha no cabía en sí. En un primer momento pensó que alguien le estaba gastando una broma. No creyó que era verdad hasta que, tras recoger sus credenciales, se reunió con Erin Strauss, la jefa del Departamento. Y mientras Strauss alababa su currículo y sus éxitos laborales, Lauren tenía la sensación de estar viviendo un sueño del que tenía miedo de despertar. La voz de la jefa del departamento parecía distorsionarse en sus oídos y solo cuando percibió como ella se ponía en pie, Lauren lo hizo también. Alargó una mano para estrechar la de la contraria. -Bienvenida al FBI, agente Smith -dijo la mujer estrechando su mano con firmeza- ¿Quiere que le presente al resto de la Unidad? >> Siquiera recordaría que habia asentido, estaba tan nerviosa que tenía un nudo en el estómago y la cabeza embotada. Y esa sensación de eco que la habia embargado toda la mañana se disipó cuando tuvo delante a su nuevo jefe y sus compañeros en el que sería su nuevo lugar de trabajo. Erin los dejó tras un par de palabras más y Lauren se quedó allí sola con… -Martin Hammond -un tipo alto de cabello rubio y ojos azules alargó su mano derecha, y Lauren la estrechó con firmeza- Bienvenida, agente Smith. Deje que le presente al resto del equipo… Hammond soltó la mano de la agente y con esta señaló a los dos hombres cerca de ellos. -El agente Jack Tessaro, JT para los compañeros y amigos…- mientras Hammond lo presentaba el hombre se adelantó para estrechar la mano de la fémina. “Es un placer, agente Smith”, dijo Tessaro. -Y el agente Sean Wesson -la presentación recayó en un hombre de ojos castaños y cabello oscuro, ligeramente entrecano cubierto de bucles. Lauren curvó una suave sonrisa y alargó su mano. -Agente Wesson. Encantada de conocerle…
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  • Alessandro viajaba en su lujosa camioneta por las calles de la ciudad camino de la escuela de artes donde trabajaba su amigo, el célebre artista Sebastian Rowe, a quien Alessandro conoció en una exposición de sus obras en una galería de arte en Nápoles donde tanto uno como otro quedaron prendados, el uno del arte del otro y el otro de la belleza del contrario, fue así que básicamente Alessandro se convirtió en la musa de Sebastian y éste a su vez, en confidente y amigo del menor, una amistad que se forjó de una forma en la que ninguno de los dos esperaba. Por esa amistad, Alessandro no podía negarse a nada que éste le pidiera y por eso, ahora se encontraba caminando a paso lento por los pasillos de la universidad en busca de la sala en la que lo esperaba su amigo y sus curiosos alumnos.
    La sala era todo lo que se puede esperar de una escuela de artes, el olor a pintura reinaba en el ambiente, en contraste con el caluroso ambiente de fuera, el interior estaba a la temperatura exacta, ni demasiado frío, ni demasiado caliente, justo como al italiano le gustaba, no pudo evitar sonreír, claro que su amigo lo iba a consentir aunque fuera con el aire acondicionado.
    Sebastian entró en la sala y al ver la esbelta figura de su amigo, lo saludó con gran alegría. Intercambiaron un par de palabras hasta que los alumnos empezaron a llegar y Sebastian le indicó a su amigo y modelo que fuera a su oficina, se quitara la ropa y volviera, y Wang así, lo hizo. Una vez desnudo, salió y ocupó su lugar en el sofá en medio de la sala. Miraba con cierto aburrimiento a su alrededor mientras Sebastian daba indicaciones a los alumnos, notaba que algunos lo miraban con morbo, otros como si jamás hubieran visto a un hombre desnudo, pero él se encontraba perfectamente cómodo con su desnudez. Después de todo, era italiano. Recorrió con su mirada a los alumnos que se encontraban ahí y por un breve instante, se quedó fija en un chico que estaba justo frente a él, era...diferente, probablemente era también asiático por los ojos rasgados y el color blanco lechoso de su piel. Le gustó, era lindo. Lo observó un momento mientras veía cómo se preparaba y después, continúo mirando el resto del lugar que lo rodeaba hasta que le ordenaron quedarse quieto para que los chicos pudieran pintarlo.
    Mike Kim
    Alessandro viajaba en su lujosa camioneta por las calles de la ciudad camino de la escuela de artes donde trabajaba su amigo, el célebre artista Sebastian Rowe, a quien Alessandro conoció en una exposición de sus obras en una galería de arte en Nápoles donde tanto uno como otro quedaron prendados, el uno del arte del otro y el otro de la belleza del contrario, fue así que básicamente Alessandro se convirtió en la musa de Sebastian y éste a su vez, en confidente y amigo del menor, una amistad que se forjó de una forma en la que ninguno de los dos esperaba. Por esa amistad, Alessandro no podía negarse a nada que éste le pidiera y por eso, ahora se encontraba caminando a paso lento por los pasillos de la universidad en busca de la sala en la que lo esperaba su amigo y sus curiosos alumnos. La sala era todo lo que se puede esperar de una escuela de artes, el olor a pintura reinaba en el ambiente, en contraste con el caluroso ambiente de fuera, el interior estaba a la temperatura exacta, ni demasiado frío, ni demasiado caliente, justo como al italiano le gustaba, no pudo evitar sonreír, claro que su amigo lo iba a consentir aunque fuera con el aire acondicionado. Sebastian entró en la sala y al ver la esbelta figura de su amigo, lo saludó con gran alegría. Intercambiaron un par de palabras hasta que los alumnos empezaron a llegar y Sebastian le indicó a su amigo y modelo que fuera a su oficina, se quitara la ropa y volviera, y Wang así, lo hizo. Una vez desnudo, salió y ocupó su lugar en el sofá en medio de la sala. Miraba con cierto aburrimiento a su alrededor mientras Sebastian daba indicaciones a los alumnos, notaba que algunos lo miraban con morbo, otros como si jamás hubieran visto a un hombre desnudo, pero él se encontraba perfectamente cómodo con su desnudez. Después de todo, era italiano. Recorrió con su mirada a los alumnos que se encontraban ahí y por un breve instante, se quedó fija en un chico que estaba justo frente a él, era...diferente, probablemente era también asiático por los ojos rasgados y el color blanco lechoso de su piel. Le gustó, era lindo. Lo observó un momento mientras veía cómo se preparaba y después, continúo mirando el resto del lugar que lo rodeaba hasta que le ordenaron quedarse quieto para que los chicos pudieran pintarlo. [myth_white_ape_407]
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Gemstones and magic alone cannot bring about my deepest wish.
    There’s never an end to these miserable days.
    I breathe like I’m gasping for air,
    While greed rears its ugly head.
    As my desire grows, it just feels too narrow here.
    This is a light that won’t ever disappear,
    An anger that won’t ever wane.
    If it were to ever be revealed, ah ah ah―
    As the shadows dance all around,
    Listen to the incessant voices
    To grasp freedom in my hands.
    As if it were a curse, off to the far reaches we fly.
    Ah-ah, it’s still not enough.
    Blinking with the snake.
    The stars all shattered again, and with them, my wish.
    Every sliver of hope on a new dawn just gets dragged down each time.
    I’ve weaved together a patchwork illusion,
    Over this tasteless reality.
    But even if I were to overwrite it all, it just feels too dark here.
    And that is a future that is all blotted out.
    But maybe someday this vertigo will clear up,
    If it were to ever be destroyed, ah-ah-ah―
    With a thirst unable to be quenched,
    My dry throat trembles.
    One day I’ll tear through this sky,
    And what I’ll see beyond that is…
    As the shadows flicker in and out,
    Follow where the scarab leads
    To grasp freedom in my hands.
    I can only pine since it’s all a lie.
    Ah-ah, I just want to know.
    Gemstones and magic alone cannot bring about my deepest wish. There’s never an end to these miserable days. I breathe like I’m gasping for air, While greed rears its ugly head. As my desire grows, it just feels too narrow here. This is a light that won’t ever disappear, An anger that won’t ever wane. If it were to ever be revealed, ah ah ah― As the shadows dance all around, Listen to the incessant voices To grasp freedom in my hands. As if it were a curse, off to the far reaches we fly. Ah-ah, it’s still not enough. Blinking with the snake. The stars all shattered again, and with them, my wish. Every sliver of hope on a new dawn just gets dragged down each time. I’ve weaved together a patchwork illusion, Over this tasteless reality. But even if I were to overwrite it all, it just feels too dark here. And that is a future that is all blotted out. But maybe someday this vertigo will clear up, If it were to ever be destroyed, ah-ah-ah― With a thirst unable to be quenched, My dry throat trembles. One day I’ll tear through this sky, And what I’ll see beyond that is… As the shadows flicker in and out, Follow where the scarab leads To grasp freedom in my hands. I can only pine since it’s all a lie. Ah-ah, I just want to know.
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