• FLASHBACK – Años atrás
    Ciudad de Nueva York – 2:17 a.m.

    Las sirenas de las patrullas cortaban la noche como cuchillas. Emma corría, su arma empuñada, el corazón latiéndole con fuerza pero su rostro inexpresivo, como si su cuerpo se moviera por inercia.

    —¡Sujeto masculino, abrigo gris, dirección norte por la 53! —gritó por la radio.

    Acababa de salir de la academia. Primera misión real con la UAC. El caso: un asesino en serie que dejaba mensajes codificados en los cuerpos. Ella había logrado descifrar la ubicación del siguiente posible ataque. Pero cuando llegaron, el caos estalló.

    Vio una figura correr. Coincidía con la descripción. El arma en su mano brillaba bajo la luz de un farol. No había tiempo para dudar.

    —¡Alto! ¡Policía! ¡Suelta el arma!

    La figura no se detuvo. Giró en seco, moviendo los brazos, y Emma disparó. Una, dos veces. El cuerpo cayó pesadamente al suelo.

    Se acercó con rapidez. El hombre yacía boca arriba. Sangre en el asfalto. El arma… no era un arma. Era un teléfono. Y sus ojos abiertos no mostraban amenaza, sino terror.

    —Mierda… —murmuró Emma, arrodillándose junto al cuerpo—. No…

    —¡Müller! —La voz de su supervisor tronó detrás de ella—. ¡¿Qué hiciste?!

    Las sirenas se apagaron. El mundo quedó en silencio. Más tarde, sabría que el verdadero sospechoso había huido en dirección opuesta. El hombre al que disparó era un civil que intentaba grabar el operativo.

    La investigación interna la exoneró. "Fue un error comprensible", dijeron. "Un malentendido en condiciones extremas". Pero Emma no olvidó el rostro de aquel hombre. Ni cómo su dedo no titubeó en el gatillo.

    Desde esa noche, algo cambió en ella. Se volvió más fría, más precisa. Y más silenciosa. Porque supo que en su mundo, un error podía costar una vida. Y ella ya había cargado con una.
    FLASHBACK – Años atrás Ciudad de Nueva York – 2:17 a.m. Las sirenas de las patrullas cortaban la noche como cuchillas. Emma corría, su arma empuñada, el corazón latiéndole con fuerza pero su rostro inexpresivo, como si su cuerpo se moviera por inercia. —¡Sujeto masculino, abrigo gris, dirección norte por la 53! —gritó por la radio. Acababa de salir de la academia. Primera misión real con la UAC. El caso: un asesino en serie que dejaba mensajes codificados en los cuerpos. Ella había logrado descifrar la ubicación del siguiente posible ataque. Pero cuando llegaron, el caos estalló. Vio una figura correr. Coincidía con la descripción. El arma en su mano brillaba bajo la luz de un farol. No había tiempo para dudar. —¡Alto! ¡Policía! ¡Suelta el arma! La figura no se detuvo. Giró en seco, moviendo los brazos, y Emma disparó. Una, dos veces. El cuerpo cayó pesadamente al suelo. Se acercó con rapidez. El hombre yacía boca arriba. Sangre en el asfalto. El arma… no era un arma. Era un teléfono. Y sus ojos abiertos no mostraban amenaza, sino terror. —Mierda… —murmuró Emma, arrodillándose junto al cuerpo—. No… —¡Müller! —La voz de su supervisor tronó detrás de ella—. ¡¿Qué hiciste?! Las sirenas se apagaron. El mundo quedó en silencio. Más tarde, sabría que el verdadero sospechoso había huido en dirección opuesta. El hombre al que disparó era un civil que intentaba grabar el operativo. La investigación interna la exoneró. "Fue un error comprensible", dijeron. "Un malentendido en condiciones extremas". Pero Emma no olvidó el rostro de aquel hombre. Ni cómo su dedo no titubeó en el gatillo. Desde esa noche, algo cambió en ella. Se volvió más fría, más precisa. Y más silenciosa. Porque supo que en su mundo, un error podía costar una vida. Y ella ya había cargado con una.
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  • —El otoño es lindo, sus colores cálidos me envuelven como una madre envuelve a su hijo con sus brazos. El sonido crujiente de las hojas marchitas al pisarlas son como cantos de sirenas para mis oídos. Su frescos es relajante y amigable.
    —El otoño es lindo, sus colores cálidos me envuelven como una madre envuelve a su hijo con sus brazos. El sonido crujiente de las hojas marchitas al pisarlas son como cantos de sirenas para mis oídos. Su frescos es relajante y amigable.
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  • Fuego — Libre
    Fandom Original
    Categoría Acción
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    https://ficrol.com/posts/49154

    ———— 06:37 am, New York. En la actualidad.

    De vuelta en la gran ciudad, todo era igual: ruido, prisas, competencia y smog pegajoso en los pulmones. Nada nuevo. Solo una máquina que nunca duerme, devorando gente y tiempo.

    Khan se mantenía ocupado en un viejo almacén abandonado, despejando el lugar. Levantaba estanterías oxidadas, removía escombros, limpiaba la podredumbre de años. Trabajo físico, sordo, útil para no pensar.

    Entonces lo olió.

    El humo. No el de un escape de gas o un contenedor ardiendo. No. Este era distinto. Cargado de miedo y pérdida. Inconfundible. Un incendio de verdad. Grande. Y con gente adentro.

    No necesitó ver las llamas. Devolvió al suelo lo que llevaba entre manos y salió sin apuro, pero sin dudar. No fue la curiosidad lo que lo movió, sino algo más viejo, algo natural que creyó perdido; la voluntad de ayudar.

    Caminó veinte minutos, tal vez más. No los contó. A cada paso el olor crecía, denso, pesado. Hasta que lo vio: el fuego propagándose por un inmenso rascacielos.

    Y, aquí, también olía a magia.

    Los bomberos ya estaban allí, peleando contra una bestia que no cedía. Agua y humo por todas partes. Gritos. Sirenas. Desesperación. Y, como siempre, un montón de curiosos observando desde la distancia, con la fascinación morbosa del que no arriesga nada.

    Khan no se unió al espectáculo. Se mantuvo del otro lado de la calle y se recargó en la fachada de un edificio vecino. Sacó un cigarro, lo encendió sin apuro y observó el fuego. No había tensión en su mirada, tal vez algo de desaprobación, como si estuviera mirando a un viejo amigo haciendo el ridículo.

    Y, bajo su mirada, el fuego obedeció.

    Las llamas empezaron a ceder con una docilidad extraña, impropia, casi imposible.

    El agua de las mangueras, antes inútil, empezó a abrirse paso. El humo se disipaba más rápido de lo normal. Los rescatistas, aún sin saber por qué, notaron la diferencia. Incluso los más nuevos lo sintieron, el fuego ya no peleaba, se rendía, pero ninguno de ellos desperdició tiempo en procesar lo que sucedía.

    Quedaban vidas por salvar.
    ⚠️ Leer antes de responder⚠️ https://ficrol.com/posts/49154 ———— 06:37 am, New York. En la actualidad. De vuelta en la gran ciudad, todo era igual: ruido, prisas, competencia y smog pegajoso en los pulmones. Nada nuevo. Solo una máquina que nunca duerme, devorando gente y tiempo. Khan se mantenía ocupado en un viejo almacén abandonado, despejando el lugar. Levantaba estanterías oxidadas, removía escombros, limpiaba la podredumbre de años. Trabajo físico, sordo, útil para no pensar. Entonces lo olió. El humo. No el de un escape de gas o un contenedor ardiendo. No. Este era distinto. Cargado de miedo y pérdida. Inconfundible. Un incendio de verdad. Grande. Y con gente adentro. No necesitó ver las llamas. Devolvió al suelo lo que llevaba entre manos y salió sin apuro, pero sin dudar. No fue la curiosidad lo que lo movió, sino algo más viejo, algo natural que creyó perdido; la voluntad de ayudar. Caminó veinte minutos, tal vez más. No los contó. A cada paso el olor crecía, denso, pesado. Hasta que lo vio: el fuego propagándose por un inmenso rascacielos. Y, aquí, también olía a magia. Los bomberos ya estaban allí, peleando contra una bestia que no cedía. Agua y humo por todas partes. Gritos. Sirenas. Desesperación. Y, como siempre, un montón de curiosos observando desde la distancia, con la fascinación morbosa del que no arriesga nada. Khan no se unió al espectáculo. Se mantuvo del otro lado de la calle y se recargó en la fachada de un edificio vecino. Sacó un cigarro, lo encendió sin apuro y observó el fuego. No había tensión en su mirada, tal vez algo de desaprobación, como si estuviera mirando a un viejo amigo haciendo el ridículo. Y, bajo su mirada, el fuego obedeció. Las llamas empezaron a ceder con una docilidad extraña, impropia, casi imposible. El agua de las mangueras, antes inútil, empezó a abrirse paso. El humo se disipaba más rápido de lo normal. Los rescatistas, aún sin saber por qué, notaron la diferencia. Incluso los más nuevos lo sintieron, el fuego ya no peleaba, se rendía, pero ninguno de ellos desperdició tiempo en procesar lo que sucedía. Quedaban vidas por salvar.
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  • Jimoto aterrizó sobre la farola de un poste, observando la escena desde arriba. En la esquina de la avenida, un grupo de maleantes armados había rodeado a varios transeúntes, exigiéndoles sus pertenencias con amenazas. Uno de ellos agitaba un arma en el aire, gritando órdenes mientras los demás revisaban bolsillos y bolsos.

    Jimoto chasqueó la lengua. Ya había visto suficiente.

    —No es su día de suerte, chicos —dijo, dejándose caer del poste con un giro acrobático.

    Los maleantes se sobresaltaron cuando su figura impactó el suelo con un leve crujido del pavimento. Uno de ellos, el del arma, reaccionó de inmediato y apuntó directo a su cabeza.

    —¡¿Quién demonios eres tú?!

    Jimoto inclinó la cabeza, con las manos en la cintura.

    —¿De verdad? ¿Aún no me reconocen? Qué decepción…

    El criminal no dudó. Jaló el gatillo.

    *¡BANG! ¡BANG! ¡BANG!*

    Las balas salieron disparadas, pero Jimoto apenas se inmutó. Con un movimiento veloz, levantó la mano y atrapó los proyectiles en el aire, uno tras otro. Los casquillos calientes se deslizaron por su palma antes de caer al suelo con un tintineo metálico.

    El silencio fue absoluto.

    Los maleantes quedaron boquiabiertos. Uno de ellos, el más joven, murmuró con la voz temblorosa:

    —N-no puede ser…

    Jimoto abrió la mano, dejando que los proyectiles cayesen al asfalto. Luego, levantó la mirada y sonrió con confianza.

    —¿Qué decían de suerte?

    El que había disparado se puso pálido. Maldijo entre dientes y trató de disparar de nuevo, pero Jimoto ya estaba en movimiento. En un parpadeo, se deslizó por el suelo y golpeó su muñeca, haciendo que el arma volara por los aires. Antes de que los demás pudieran reaccionar, lanzó una patada giratoria que derribó a dos de ellos de un solo golpe.

    Los otros intentaron correr, pero Jimoto los interceptó con movimientos fluidos, esquivando ataques torpes y dejándolos inconscientes en cuestión de segundos.

    Cuando el último cayó, se sacudió las manos y suspiró.

    Los civiles, aún en shock, lo observaban sin saber qué decir.

    Jimoto sonrió y les hizo un gesto despreocupado.

    —Todo bajo control. Ahora, llamen a la policía.

    Y con eso, se impulsó hacia una azotea cercana y desapareció entre los edificios, dejando atrás el sonido de sirenas que ya comenzaban a acercarse.
    Jimoto aterrizó sobre la farola de un poste, observando la escena desde arriba. En la esquina de la avenida, un grupo de maleantes armados había rodeado a varios transeúntes, exigiéndoles sus pertenencias con amenazas. Uno de ellos agitaba un arma en el aire, gritando órdenes mientras los demás revisaban bolsillos y bolsos. Jimoto chasqueó la lengua. Ya había visto suficiente. —No es su día de suerte, chicos —dijo, dejándose caer del poste con un giro acrobático. Los maleantes se sobresaltaron cuando su figura impactó el suelo con un leve crujido del pavimento. Uno de ellos, el del arma, reaccionó de inmediato y apuntó directo a su cabeza. —¡¿Quién demonios eres tú?! Jimoto inclinó la cabeza, con las manos en la cintura. —¿De verdad? ¿Aún no me reconocen? Qué decepción… El criminal no dudó. Jaló el gatillo. *¡BANG! ¡BANG! ¡BANG!* Las balas salieron disparadas, pero Jimoto apenas se inmutó. Con un movimiento veloz, levantó la mano y atrapó los proyectiles en el aire, uno tras otro. Los casquillos calientes se deslizaron por su palma antes de caer al suelo con un tintineo metálico. El silencio fue absoluto. Los maleantes quedaron boquiabiertos. Uno de ellos, el más joven, murmuró con la voz temblorosa: —N-no puede ser… Jimoto abrió la mano, dejando que los proyectiles cayesen al asfalto. Luego, levantó la mirada y sonrió con confianza. —¿Qué decían de suerte? El que había disparado se puso pálido. Maldijo entre dientes y trató de disparar de nuevo, pero Jimoto ya estaba en movimiento. En un parpadeo, se deslizó por el suelo y golpeó su muñeca, haciendo que el arma volara por los aires. Antes de que los demás pudieran reaccionar, lanzó una patada giratoria que derribó a dos de ellos de un solo golpe. Los otros intentaron correr, pero Jimoto los interceptó con movimientos fluidos, esquivando ataques torpes y dejándolos inconscientes en cuestión de segundos. Cuando el último cayó, se sacudió las manos y suspiró. Los civiles, aún en shock, lo observaban sin saber qué decir. Jimoto sonrió y les hizo un gesto despreocupado. —Todo bajo control. Ahora, llamen a la policía. Y con eso, se impulsó hacia una azotea cercana y desapareció entre los edificios, dejando atrás el sonido de sirenas que ya comenzaban a acercarse.
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  • El rugido del motor rompía el silencio de la noche mientras el auto negro se deslizaba a toda velocidad por las calles iluminadas por faroles parpadeantes. Tres delincuentes reían en su interior, confiados en que habían dejado atrás a la policía.

    Pero la justicia los alcanzaría pronto.

    Desde lo alto de un edificio, una silueta se lanzó al vacío, cayendo con precisión sobre el techo del vehículo. La carrocería rechinó con el impacto y el conductor perdió el control por un instante.

    —¡¿Qué fue eso?! —gritó uno de los delincuentes.

    Antes de que pudieran reaccionar, una voz firme y heroica resonó desde el techo.

    —¡Su paseo ha terminado, criminales! ¡Ríndanse ahora y nadie saldrá lastimado!

    El conductor, en pánico, intentó sacudir al intruso girando el volante bruscamente, pero Gran Sayaman Omega se mantuvo firme. Con un movimiento preciso, golpeó el parabrisas con su puño, haciendo que se astillara al instante. Luego, con un salto ágil, aterrizó en el capó, su capa ondeando al viento.

    —¡Por el bien de la ciudad, no puedo permitir que sigan huyendo!

    Dio un poderoso golpe al capó, forzando el motor a detenerse con un estruendo. El auto patinó unos metros hasta chocar suavemente contra un poste. Los criminales intentaron salir tambaleándose, pero antes de que pudieran huir, el héroe aterrizó frente a ellos, con los brazos en jarras y una postura imponente.

    —¡Se acabó, bribones! ¡Es hora de que enfrenten la justicia!

    Los delincuentes, temblando, levantaron las manos mientras las sirenas de la policía se acercaban. Gran Sayaman Omega sonrió bajo la máscara. Otro día, otra victoria para la justicia.
    El rugido del motor rompía el silencio de la noche mientras el auto negro se deslizaba a toda velocidad por las calles iluminadas por faroles parpadeantes. Tres delincuentes reían en su interior, confiados en que habían dejado atrás a la policía. Pero la justicia los alcanzaría pronto. Desde lo alto de un edificio, una silueta se lanzó al vacío, cayendo con precisión sobre el techo del vehículo. La carrocería rechinó con el impacto y el conductor perdió el control por un instante. —¡¿Qué fue eso?! —gritó uno de los delincuentes. Antes de que pudieran reaccionar, una voz firme y heroica resonó desde el techo. —¡Su paseo ha terminado, criminales! ¡Ríndanse ahora y nadie saldrá lastimado! El conductor, en pánico, intentó sacudir al intruso girando el volante bruscamente, pero Gran Sayaman Omega se mantuvo firme. Con un movimiento preciso, golpeó el parabrisas con su puño, haciendo que se astillara al instante. Luego, con un salto ágil, aterrizó en el capó, su capa ondeando al viento. —¡Por el bien de la ciudad, no puedo permitir que sigan huyendo! Dio un poderoso golpe al capó, forzando el motor a detenerse con un estruendo. El auto patinó unos metros hasta chocar suavemente contra un poste. Los criminales intentaron salir tambaleándose, pero antes de que pudieran huir, el héroe aterrizó frente a ellos, con los brazos en jarras y una postura imponente. —¡Se acabó, bribones! ¡Es hora de que enfrenten la justicia! Los delincuentes, temblando, levantaron las manos mientras las sirenas de la policía se acercaban. Gran Sayaman Omega sonrió bajo la máscara. Otro día, otra victoria para la justicia.
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  • 𝐏𝐨𝐰𝐞𝐫 𝐚𝐧𝐝 𝐌𝐨𝐧𝐞𝐲 Pt 3
    ──── #3D #MonoRol

    ❝ El dinero si importa y cada billete... cuenta. ❞

    Bajo el cielo gris y sombrío de aquella tarde nublada, las patrullas rusas vagaban perdidas entre las calles enrevesadas de un barrio que parecía un laberinto más que un suburbio peligroso. El aroma omnipresente del dinero robado flotaba en el aire, invisible y tentador, burlándose de los policías cuya incapacidad para rastrear el vil metal auguraba la impunidad de George y sus colegas.

    En la oscuridad de un callejón anexo a un taller mecánico, el automóvil de George reposaba agradando con calma y cautela. Deslizándose fuera del vehículo con la cautela de un felino, George se apoyó contra un poste, esperando la desaparición de las sirenas policiales en la distancia. En ese instante, una ola de alivio lo invadió: sus deudas se desvanecían como niebla al sol, y su incipiente imperio criminal se erigía con nuevos cimientos de poder y recursos.

    Sin embargo, a pesar del júbilo que retumbaba en su pecho, George no podía eludir la sombra de una verdad incómoda: con más dinero, venían también mayores responsabilidades hacia su esposa e hija. Y ese compromiso le resultaba una espina envenenada, un pesar profundo que manchaba la euforia de su recién adquirida fortuna.

    𝐏𝐨𝐰𝐞𝐫 𝐚𝐧𝐝 𝐌𝐨𝐧𝐞𝐲 🇷🇺 Pt 3 ──── #3D #MonoRol ❝ El dinero si importa y cada billete... cuenta. ❞ Bajo el cielo gris y sombrío de aquella tarde nublada, las patrullas rusas vagaban perdidas entre las calles enrevesadas de un barrio que parecía un laberinto más que un suburbio peligroso. El aroma omnipresente del dinero robado flotaba en el aire, invisible y tentador, burlándose de los policías cuya incapacidad para rastrear el vil metal auguraba la impunidad de George y sus colegas. En la oscuridad de un callejón anexo a un taller mecánico, el automóvil de George reposaba agradando con calma y cautela. Deslizándose fuera del vehículo con la cautela de un felino, George se apoyó contra un poste, esperando la desaparición de las sirenas policiales en la distancia. En ese instante, una ola de alivio lo invadió: sus deudas se desvanecían como niebla al sol, y su incipiente imperio criminal se erigía con nuevos cimientos de poder y recursos. Sin embargo, a pesar del júbilo que retumbaba en su pecho, George no podía eludir la sombra de una verdad incómoda: con más dinero, venían también mayores responsabilidades hacia su esposa e hija. Y ese compromiso le resultaba una espina envenenada, un pesar profundo que manchaba la euforia de su recién adquirida fortuna.
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  • Estaba en una playa mientras dibujaba el paisaje en un cuaderno grande dando algunos toques típicos de ella como estrellas fugaces y rayones de colores a modo de arcoíris. Deja todo eso al lado debajo de una mochila para luego abrir su paraguas para protegerse.

    Mira la puesta de sol con algo de molestia, no le gustaba los días soleados; es más, detestaba el verano.

    — Sol, eres muy tonto... ¿por qué no te vas?

    Entonces abre su paraguas para protegerse del astro rey mientras mira las olas del mar moverse lentamente. Se pone de pie caminando hacia la orilla. A penas el agua salada moja la punta de sus pies, se aleja raudamente con miedo.

    — Skylar, ¿recuerdas cuando quisimos ser unas sirenas y tu padre no quiso? Dijo que las sirenas no existen.

    De nuevo aquella voz que no quiere recordar, le empieza a doler la cabeza y por su bien se sentó de nuevo protegiéndose con su paraguas.

    #Picasso
    Estaba en una playa mientras dibujaba el paisaje en un cuaderno grande dando algunos toques típicos de ella como estrellas fugaces y rayones de colores a modo de arcoíris. Deja todo eso al lado debajo de una mochila para luego abrir su paraguas para protegerse. Mira la puesta de sol con algo de molestia, no le gustaba los días soleados; es más, detestaba el verano. — Sol, eres muy tonto... ¿por qué no te vas? Entonces abre su paraguas para protegerse del astro rey mientras mira las olas del mar moverse lentamente. Se pone de pie caminando hacia la orilla. A penas el agua salada moja la punta de sus pies, se aleja raudamente con miedo. — Skylar, ¿recuerdas cuando quisimos ser unas sirenas y tu padre no quiso? Dijo que las sirenas no existen. De nuevo aquella voz que no quiere recordar, le empieza a doler la cabeza y por su bien se sentó de nuevo protegiéndose con su paraguas. #Picasso
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  • Echoes from the past
    Fandom The Legend of Zelda
    Categoría Fantasía
    —¿Ya está aquí? —preguntó una voz recorriendo el castillo, interrogando a cualquier pobre sirviente que se topaba en el camino.

    Aún no, decían las mucamas entre suaves risas, enternecidas de ver a su rey como un cachorro con escamas.

    No estoy seguro, respondían los guardias dejando las formalidades de lado cuando lo veían en ese estado.

    Tal era su emoción y desespero que acabó saliendo del palacio, recorriendo las calles de su gente en busca de una respuesta. El sol propio de la mañana extendía sus manos, pálido, reflejándose en el vibrante celeste unía techos, paredes y hasta decoraciones en la calle. La ciudad entera parecía dividida y, al mismo tiempo, unida de algún extraño modo. Las calles níveas estaban bordeadas de edificios y estanques, conectores al fondo del océano donde residían aquello de aletas. Zoras caminaban con tranquilidad y las sirenas se reposaban en los bordes de sus estanques a conversar.

    Por fin, después de tanto, la calma prosperaba en el reino.

    Claro, si no contamos el huracán rojo que iba de un lado a otro buscando información. De haber tenido una cola canina, la estaría moviendo emocionado ¡se enteró que Link venía de visita! ¿Hace cuanto que no lo veía? ¡El héroe legendario! Todos lo conocían, claro, cómo no admirarlo ¿cómo habría estado luego de la última batalla? ¿se acordaría de él? Un montón de dudas en su cabeza hasta que escuchó el chapuzón de una sirena asomándose.

    —Ya llegó, está por la entrada norte —informó con una sonrisa.

    El príncipe agradeció y se metió al agua, ayudándose de aquellos pasajes laberínticos para llegar lo antes posible. Salió un poco antes, acomodándose las ropas y sacudiéndose para no estar escurriendo agua ¡diosas! ¡si tan solo le hubiera avisado con un poco más de antelación! Link era un gran amigo de su hermana, siempre sería bien recibido en el reino, después de todo.

    Disimulando su emoción, fue hasta su encuentro con una sonrisa cálida, de esas que recuerdan a lo vibrante del verano.

    —¡Héroe Link! —saludó cuando lo vio por fin, sus colmillos relucían en cada palabra—. Me alegro que nos esté visitando, quise venir a darle la bienvenida personalmente.

    Lo que tenía a Sidón tan apresurado no era solo la emoción, sin embargo, sino el tiempo. Le quedaban cinco horas antes de huir. Ah, ojalá el tiempo se detuviera un rato, al menos una horita extra.
    —¿Ya está aquí? —preguntó una voz recorriendo el castillo, interrogando a cualquier pobre sirviente que se topaba en el camino. Aún no, decían las mucamas entre suaves risas, enternecidas de ver a su rey como un cachorro con escamas. No estoy seguro, respondían los guardias dejando las formalidades de lado cuando lo veían en ese estado. Tal era su emoción y desespero que acabó saliendo del palacio, recorriendo las calles de su gente en busca de una respuesta. El sol propio de la mañana extendía sus manos, pálido, reflejándose en el vibrante celeste unía techos, paredes y hasta decoraciones en la calle. La ciudad entera parecía dividida y, al mismo tiempo, unida de algún extraño modo. Las calles níveas estaban bordeadas de edificios y estanques, conectores al fondo del océano donde residían aquello de aletas. Zoras caminaban con tranquilidad y las sirenas se reposaban en los bordes de sus estanques a conversar. Por fin, después de tanto, la calma prosperaba en el reino. Claro, si no contamos el huracán rojo que iba de un lado a otro buscando información. De haber tenido una cola canina, la estaría moviendo emocionado ¡se enteró que Link venía de visita! ¿Hace cuanto que no lo veía? ¡El héroe legendario! Todos lo conocían, claro, cómo no admirarlo ¿cómo habría estado luego de la última batalla? ¿se acordaría de él? Un montón de dudas en su cabeza hasta que escuchó el chapuzón de una sirena asomándose. —Ya llegó, está por la entrada norte —informó con una sonrisa. El príncipe agradeció y se metió al agua, ayudándose de aquellos pasajes laberínticos para llegar lo antes posible. Salió un poco antes, acomodándose las ropas y sacudiéndose para no estar escurriendo agua ¡diosas! ¡si tan solo le hubiera avisado con un poco más de antelación! Link era un gran amigo de su hermana, siempre sería bien recibido en el reino, después de todo. Disimulando su emoción, fue hasta su encuentro con una sonrisa cálida, de esas que recuerdan a lo vibrante del verano. —¡Héroe Link! —saludó cuando lo vio por fin, sus colmillos relucían en cada palabra—. Me alegro que nos esté visitando, quise venir a darle la bienvenida personalmente. Lo que tenía a Sidón tan apresurado no era solo la emoción, sin embargo, sino el tiempo. Le quedaban cinco horas antes de huir. Ah, ojalá el tiempo se detuviera un rato, al menos una horita extra.
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    Terminado
    39 turnos 1 maullido
  • La luz del sol avanzo atra vez de la ventana hasta llegar a la cama donde Jean Phantomhive descansaba, despues de cubrirse de la luz se levanto dandose cuenta que aun se encontraba en el orfanato de Bloom, sin embargo ella no se encontraba cerca, al insepccionar la habitacion noto ropa doblada sobre la mesita de noche acompañada de una nota "tengo que salir de apuro, aqui tienes ropa limpia querido, confio en que podras usar teletransporte para volver a la mansion ATTE: Bloom", al caminar hacia la ventana pudo observar a los niños jugando a las afueras del orfanato, como siempre habia mezclas de razas entre sus tierras, los humanos jugaban con los licantropos, las sirenas cantaban con las nereidas, vampiros jugaban al escondite con los slimes, apesar de la rareza de aquel lugar todo resultaba extrañamente acogedor y hogareño

    https://youtu.be/dOL8JfauRHo?si=m3l1PifTGg7ZlYsD
    La luz del sol avanzo atra vez de la ventana hasta llegar a la cama donde [littl3gr3y] descansaba, despues de cubrirse de la luz se levanto dandose cuenta que aun se encontraba en el orfanato de Bloom, sin embargo ella no se encontraba cerca, al insepccionar la habitacion noto ropa doblada sobre la mesita de noche acompañada de una nota "tengo que salir de apuro, aqui tienes ropa limpia querido, confio en que podras usar teletransporte para volver a la mansion ATTE: Bloom", al caminar hacia la ventana pudo observar a los niños jugando a las afueras del orfanato, como siempre habia mezclas de razas entre sus tierras, los humanos jugaban con los licantropos, las sirenas cantaban con las nereidas, vampiros jugaban al escondite con los slimes, apesar de la rareza de aquel lugar todo resultaba extrañamente acogedor y hogareño https://youtu.be/dOL8JfauRHo?si=m3l1PifTGg7ZlYsD
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  • -pobre alma solitaria en un mar violeta oscuro... que pena que tu recidencia aqui sea por tus propios errores- un grupo de humanos hostiles habia ingresado al mar de las brujas, sin embargo Bloom ya los esperaba, algunos humanos trataron de arrodillarse apesar de estar ahogandose pues pensaron que era una diosa, otros simplemente trataron de huir y los ultimos sabiendo que era una bruja quisieron tratar de sellarlo, aquel grupo saco lo que parecia ser un espejo de un cristal claro como el cielo mismo, ver este objeto hizo a Bloom retroceder, como si de una aspiradora s etratara el objeto empezo a atraerlo a su interior -un critsal del sello?! como consiguieron ustedes algo asi?!- los tentaculos de la bruja de sostuvieron de algas y corales para no ser absorbida mientras usaba los restantes para sostener a los humanos asustados y que no terminaran dentro del espejo, el humano que portaba el objeto parecia sonreir pues pensaba que estaba ganando, hasta que una cola de pez rebano sus brazos -mamá! estas bien?!- una de las sirenas de Bloom habia escuchado la conmovion y llego de forma inmediata -tu vieja madre ya no tiene tanta magia como antes pequeña, pero estoy bien gracias a ti daisy- sonrio un poco mientras que con su veneno desintegro al humano del espejo mientras enviaba a los demas a su hogar -por que los liberas? no venian con el?- Bloom sonrio y vio como uno de los humanos se despedia con la mano mientras otro hacia una reverencia de disculpa -en realidad fueron humanos traidos aqui por las acciones de ese, ellos nisiquiera deseaban venir a este lugar, sin embargo el pensaba que tenia el poder, que pena que sus hijos no sean tan buenos como tu mi pequeña- se rio mientras sus tentaculos terminaban con la vida de los otros humanos hostiles -y que haremos con el espejo?- Bloom suspiro ante la pregunta -mmmm.... a decir verdad creo saber quien puede ser una buena portadora de un cristal sellador, cuando vea a [Silfide] le preguntare si le es de utilidad y cree poder usarlo de forma correcta-
    -pobre alma solitaria en un mar violeta oscuro... que pena que tu recidencia aqui sea por tus propios errores- un grupo de humanos hostiles habia ingresado al mar de las brujas, sin embargo Bloom ya los esperaba, algunos humanos trataron de arrodillarse apesar de estar ahogandose pues pensaron que era una diosa, otros simplemente trataron de huir y los ultimos sabiendo que era una bruja quisieron tratar de sellarlo, aquel grupo saco lo que parecia ser un espejo de un cristal claro como el cielo mismo, ver este objeto hizo a Bloom retroceder, como si de una aspiradora s etratara el objeto empezo a atraerlo a su interior -un critsal del sello?! como consiguieron ustedes algo asi?!- los tentaculos de la bruja de sostuvieron de algas y corales para no ser absorbida mientras usaba los restantes para sostener a los humanos asustados y que no terminaran dentro del espejo, el humano que portaba el objeto parecia sonreir pues pensaba que estaba ganando, hasta que una cola de pez rebano sus brazos -mamá! estas bien?!- una de las sirenas de Bloom habia escuchado la conmovion y llego de forma inmediata -tu vieja madre ya no tiene tanta magia como antes pequeña, pero estoy bien gracias a ti daisy- sonrio un poco mientras que con su veneno desintegro al humano del espejo mientras enviaba a los demas a su hogar -por que los liberas? no venian con el?- Bloom sonrio y vio como uno de los humanos se despedia con la mano mientras otro hacia una reverencia de disculpa -en realidad fueron humanos traidos aqui por las acciones de ese, ellos nisiquiera deseaban venir a este lugar, sin embargo el pensaba que tenia el poder, que pena que sus hijos no sean tan buenos como tu mi pequeña- se rio mientras sus tentaculos terminaban con la vida de los otros humanos hostiles -y que haremos con el espejo?- Bloom suspiro ante la pregunta -mmmm.... a decir verdad creo saber quien puede ser una buena portadora de un cristal sellador, cuando vea a [Silfide] le preguntare si le es de utilidad y cree poder usarlo de forma correcta-
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