• Si la conocieras madre, sabrías por qué me casaré con ella

    Nari Kim … no es sólo una mujer, es territorio conquistado y conquistador. En su mirada hay la misma firmeza que vi en los ojos de mi padre cuando comandaba hombres hacia la guerra, pero también una ternura que ninguna medalla pudo darme. Frente a ella, madre, no soy el capitán ni el hijo del comandante: soy un hombre desnudo de títulos, expuesto en cada cicatriz.

    Ella es dulce, pero no frágil; su ternura no es debilidad, sino la valentía de quien se atreve a mirar más allá de las cicatrices. Es fuerte y decidida, capaz de sostener mi mirada cuando el mundo me exige dureza. Es amable y gentil, pero jamás sumisa: su bondad es un arma tan poderosa como cualquier fusil.

    Nari me vio entero , de muchas formas posibles, vio al hombre quebrado por la soledad y la frialdad humana de las guerras y misiones secretas, y al militar endurecido por la disciplina y la sangre y aun así, madre, me amó. No eligió una parte de mí, eligió el todo: el hijo, el soldado, el hombre.

    Me casaré con ella porque en su amor encontré la victoria que ninguna condecoración pudo darme. Porque ella me recuerda que la guerra no es eterna, que incluso los hombres de acero necesitan un refugio y ella es mi refugio , porque su valentía me iguala, su dulzura me salva, y su misma existencia es mi vida entera.

    Yo no buscaba una compañera, y la vida me dio una amiga, una compañera, una mujer asombrosa, una igual. Me dio a Nari que es todo lo que necesitaba.

    Si la conocieras madre , la amarías también.
    Si la conocieras madre, sabrías por qué me casaré con ella [NOBODYSHOME] … no es sólo una mujer, es territorio conquistado y conquistador. En su mirada hay la misma firmeza que vi en los ojos de mi padre cuando comandaba hombres hacia la guerra, pero también una ternura que ninguna medalla pudo darme. Frente a ella, madre, no soy el capitán ni el hijo del comandante: soy un hombre desnudo de títulos, expuesto en cada cicatriz. Ella es dulce, pero no frágil; su ternura no es debilidad, sino la valentía de quien se atreve a mirar más allá de las cicatrices. Es fuerte y decidida, capaz de sostener mi mirada cuando el mundo me exige dureza. Es amable y gentil, pero jamás sumisa: su bondad es un arma tan poderosa como cualquier fusil. Nari me vio entero , de muchas formas posibles, vio al hombre quebrado por la soledad y la frialdad humana de las guerras y misiones secretas, y al militar endurecido por la disciplina y la sangre y aun así, madre, me amó. No eligió una parte de mí, eligió el todo: el hijo, el soldado, el hombre. Me casaré con ella porque en su amor encontré la victoria que ninguna condecoración pudo darme. Porque ella me recuerda que la guerra no es eterna, que incluso los hombres de acero necesitan un refugio y ella es mi refugio , porque su valentía me iguala, su dulzura me salva, y su misma existencia es mi vida entera. Yo no buscaba una compañera, y la vida me dio una amiga, una compañera, una mujer asombrosa, una igual. Me dio a Nari que es todo lo que necesitaba. Si la conocieras madre , la amarías también.
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  • "Una mecha se consume, un telón cae.

    Y es entonces, y sólo entonces, cuando un 'alguien' se convierte en 'algo', cuando la piel pálida y cerosa se vuelve una parodia de lo viviente, que la verdad se asoma.

    Es al final que aprendemos a ser honestos. Sólo al final".
    "Una mecha se consume, un telón cae. Y es entonces, y sólo entonces, cuando un 'alguien' se convierte en 'algo', cuando la piel pálida y cerosa se vuelve una parodia de lo viviente, que la verdad se asoma. Es al final que aprendemos a ser honestos. Sólo al final".
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  • 𝐌𝖾𝗅𝗂𝗇𝖺 𝐅𝗂𝗋𝖾𝖻𝗅𝗈𝗈𝗆

    Porque no fue solo tu primera vez…
    también fue la mía.

    Una revelación silenciosa, casi sagrada. Algo que ni siquiera los más de mil años que cargo sobre la piel me habían concedido sentir. Creí conocer todos los matices del deseo, todas las formas del cuerpo y del placer… pero esto era distinto. Esto tenía latido. Tenía tu nombre.

    Fue mi primera vez amando de verdad.
    Mi primera vez entregando el corazón sin defensas, dejando el alma desnuda a mercer de tus manos, liberando ese amor que había custodiado durante siglos como una reliquia peligrosa, y ofreciéndotelo sin miedo, sin reservas la oscuridad que albergo dentro de mi.

    Soy alguien para quien el tiempo no avanza: como un suspiro contenido. Alguien que existe fuera del ritmo común del mundo...

    Los seres longevos aprendemos a temer al amor. Sabemos que cuando el corazón se quiebra, no sangra… se agrieta durante siglos, sin la certeza de que este llegue a sanar algún día.

    Aun así, contigo, ese temor pierde fuerza. Incluso si el destino decidiera separarnos, incluso si algún día tuviera que aprender a vivir sin ti, cada segundo compartido a tu lado habrá valido la eternidad que pueda venir después.
    [Fire.bl00m] Porque no fue solo tu primera vez… también fue la mía. Una revelación silenciosa, casi sagrada. Algo que ni siquiera los más de mil años que cargo sobre la piel me habían concedido sentir. Creí conocer todos los matices del deseo, todas las formas del cuerpo y del placer… pero esto era distinto. Esto tenía latido. Tenía tu nombre. Fue mi primera vez amando de verdad. Mi primera vez entregando el corazón sin defensas, dejando el alma desnuda a mercer de tus manos, liberando ese amor que había custodiado durante siglos como una reliquia peligrosa, y ofreciéndotelo sin miedo, sin reservas la oscuridad que albergo dentro de mi. Soy alguien para quien el tiempo no avanza: como un suspiro contenido. Alguien que existe fuera del ritmo común del mundo... Los seres longevos aprendemos a temer al amor. Sabemos que cuando el corazón se quiebra, no sangra… se agrieta durante siglos, sin la certeza de que este llegue a sanar algún día. Aun así, contigo, ese temor pierde fuerza. Incluso si el destino decidiera separarnos, incluso si algún día tuviera que aprender a vivir sin ti, cada segundo compartido a tu lado habrá valido la eternidad que pueda venir después.
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  • — Muy bien, con estas partículas y células de Dragones, al fin podré hacer una creación poderosa, pero... Necesito que tenga algo de mí... Oh... Ya lo tengo. —

    De sus manos emanan llamas de color morado, y con ella, hace que gran parte de la energía espiritual se dirija hacia la preparación mágica y oscura, junto con las partículas y células de Dragones provenientes de Undion.

    — Bien... Sólo un poco más. —
    — Muy bien, con estas partículas y células de Dragones, al fin podré hacer una creación poderosa, pero... Necesito que tenga algo de mí... Oh... Ya lo tengo. — De sus manos emanan llamas de color morado, y con ella, hace que gran parte de la energía espiritual se dirija hacia la preparación mágica y oscura, junto con las partículas y células de Dragones provenientes de Undion. — Bien... Sólo un poco más. —
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  • La hija del presidente, Irina, queda bajo la estricta protección de Jacob, un militar y guardaespaldas frío, disciplinado e implacable, al que ella apoda “estatua” por su falta de emociones aparentes. Desde el principio su relación es tensa: Irina ansía libertad y se rebela constantemente, mientras que Jacob, atado por su deber profesional y por el chantaje del presidente —que amenaza con destruir su carrera si algo le ocurre a su hija—, no puede permitirse ceder. Durante más de un año viven un continuo tira y afloja: ella lo manipula para escaparse, él quiere creerla y dejarla vivir, pero siempre termina encontrándola y trayéndola de vuelta.

    Con el tiempo, esa convivencia forzada va transformándose. Empiezan a verse con otros ojos, a respetarse y a comprenderse. Jacob no solo la protege físicamente, sino que también empieza a hacerlo emocionalmente, enfrentándose incluso al cruel y manipulador padre de Irina, aunque eso implique amenazas directas hacia él. Lo que comienza como una obligación se convierte en una relación prohibida, intensa y secreta.

    En Navidad, Jacob consigue que el presidente permita que Irina se vaya unos días con la princesa de Noruega, aunque en realidad ambos se esconden juntos en un barco para vivir su relación lejos de miradas y controles. Sin embargo, la frágil calma se rompe cuando una noticia sacude el mundo: el padre de Irina ha capturado a otro presidente, rompiendo tratados de paz y provocando una grave crisis internacional. La brutalidad de su padre despierta en Irina un profundo miedo y un estado de disociación; su fachada fuerte se quiebra y deja ver el trauma que arrastra desde siempre.

    Ante el peligro real de represalias, secuestros o incluso el inicio de una guerra, Jacob actúa con rapidez y sangre fría. Desconecta dispositivos, evita comunicaciones rastreables y decide trasladarla a un piso franco, donde ambos podrán desaparecer temporalmente y mantenerse a salvo. Allí, aislados del mundo, seguirán juntos sin saber cuánto tiempo durará el encierro, aunque todo apunta a que será más de un mes.

    En medio del caos político y la amenaza constante del padre, Irina se refugia en Jacob, temblando y llorando por el miedo acumulado, por su madre y por el futuro incierto. Él, firme pero protector, se convierte en su único ancla. Lo que empezó como una misión obligatoria termina siendo una convivencia forzada, peligrosa y profundamente íntima, donde ambos descubren que, incluso en medio del miedo y la guerra, su vínculo es lo único real y seguro que les queda.
    La hija del presidente, Irina, queda bajo la estricta protección de Jacob, un militar y guardaespaldas frío, disciplinado e implacable, al que ella apoda “estatua” por su falta de emociones aparentes. Desde el principio su relación es tensa: Irina ansía libertad y se rebela constantemente, mientras que Jacob, atado por su deber profesional y por el chantaje del presidente —que amenaza con destruir su carrera si algo le ocurre a su hija—, no puede permitirse ceder. Durante más de un año viven un continuo tira y afloja: ella lo manipula para escaparse, él quiere creerla y dejarla vivir, pero siempre termina encontrándola y trayéndola de vuelta. Con el tiempo, esa convivencia forzada va transformándose. Empiezan a verse con otros ojos, a respetarse y a comprenderse. Jacob no solo la protege físicamente, sino que también empieza a hacerlo emocionalmente, enfrentándose incluso al cruel y manipulador padre de Irina, aunque eso implique amenazas directas hacia él. Lo que comienza como una obligación se convierte en una relación prohibida, intensa y secreta. En Navidad, Jacob consigue que el presidente permita que Irina se vaya unos días con la princesa de Noruega, aunque en realidad ambos se esconden juntos en un barco para vivir su relación lejos de miradas y controles. Sin embargo, la frágil calma se rompe cuando una noticia sacude el mundo: el padre de Irina ha capturado a otro presidente, rompiendo tratados de paz y provocando una grave crisis internacional. La brutalidad de su padre despierta en Irina un profundo miedo y un estado de disociación; su fachada fuerte se quiebra y deja ver el trauma que arrastra desde siempre. Ante el peligro real de represalias, secuestros o incluso el inicio de una guerra, Jacob actúa con rapidez y sangre fría. Desconecta dispositivos, evita comunicaciones rastreables y decide trasladarla a un piso franco, donde ambos podrán desaparecer temporalmente y mantenerse a salvo. Allí, aislados del mundo, seguirán juntos sin saber cuánto tiempo durará el encierro, aunque todo apunta a que será más de un mes. En medio del caos político y la amenaza constante del padre, Irina se refugia en Jacob, temblando y llorando por el miedo acumulado, por su madre y por el futuro incierto. Él, firme pero protector, se convierte en su único ancla. Lo que empezó como una misión obligatoria termina siendo una convivencia forzada, peligrosa y profundamente íntima, donde ambos descubren que, incluso en medio del miedo y la guerra, su vínculo es lo único real y seguro que les queda.
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  • No me habia percatado cómo en mi closet abundan los tonos mas pasteles, debe ser una señal, lila, azul bebé, rosa pastel, verde matcha con leche, beige vainilla ♡
    No me habia percatado cómo en mi closet abundan los tonos mas pasteles, debe ser una señal, lila, azul bebé, rosa pastel, verde matcha con leche, beige vainilla ♡
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  • — ¡¡Bienvenidos al Hazbin Hotel!! —

    Tan solo abrir las puertas del establecimiento, una radiante sonrisa alegre aparecía del otro lado recibiendolos. Pues con su hotel demasiado tiempo abandonado, no podía ser sino una dicha el recibir nuevas almas para su programa de redención. Por lo que cuando vio entrar a dos nuevas y desconocidas almas corrió a recibirlas.
    Tomando la mano de uno y luego la de otro agitandola en un saludo cargado con demasiada intensidad alegre para el denso ambiente infernal.

    — Ooowwww ¡Es tan bueno recibir nuevos huéspedes! ¡Estoy tan feliz! ¿Vienen a hospedarse no es así? —

    Aunque realmente poco tiempo les daría a responder antes de tomar por un brazo a cada uno, poniéndose ella en medio y comenzando a llevárselos para recorrer el inmenso establecimiento.

    — ¡Déjenme presentarles al resto de huéspedes! ¡Seguro van a amar quedarse aquí! —

    Por suerte en aquel momento todos parecían estar, milagrosamente, en un mismo lugar cerca del bar.
    Soltándolo, corrió a brazos de su novia [Cutie_monster] , abrazándola y dejando un beso en su mejilla.

    — Ella es mi novia Vaggi, y también es la gerente del hotel. ¡Oh! ¡Y él es mi papá! Lucifer, si, el rey del infierno —

    Exclamó soltando a su novia para ir a abrazar a su padre, S𝖆𝖒𝖆𝖊𝖑 𝕸𝖔𝖗𝖓𝖎𝖓𝖌𝖘𝖙𝖆𝖗, incluso pegando su mejilla a la ajena antes de soltarle.
    Siguiendo su presentación animada y casi sin respiro, siguió, aunque sin tocar, yendo donde Alastor . Señalandolo de pie a su lado.

    — Él es Alastor, no se preocupen es.... Agradable a su modo — Rió con cierto nerviosismo, alejándose antes de acercarse a la barra del bar con cierta inseguridad. Pues aún había un huésped con el que no se había podido encontrar a solas y sospechaba que la estaba evitando. — Y ellos son, Angel Dust, un huésped del hotel también y Husk, nuestro bartender —

    Señaló presentando, una vez más sin tocar a nadie a Angel Dust y Husk . Finalmente vio como, en ese momento, entraba también un antiguo huésped del hotel que no hacía tanto tiempo había decidido ir a visitarles por lo que, corriendo, fue a abrazar a Sir Pentious

    — ¡Y él es Pentius, Sir Pentius! Él fue un huésped del hotel una vez! —

    Un hecho que aún hacia brillar sus ojos de emoción aunque también quería llorar de orgullo por él.
    Solo entonces se percató de que ni siquiera había permitido hablar a los dos nuevos desconocidos, acercándose carraspeando algo apenada cuando fue a presentarlos a ellos frente a todos dándose cuenta que no sabía sus nombres

    — Oh, cierto. Lo siento. Ni siquiera pregunté sus nombres; ¿Cómo se llaman? —

    De nuevo su amplia sonrisa amigable mientras observaba a Kris Dreemurr y Susie
    — ¡¡Bienvenidos al Hazbin Hotel!! — Tan solo abrir las puertas del establecimiento, una radiante sonrisa alegre aparecía del otro lado recibiendolos. Pues con su hotel demasiado tiempo abandonado, no podía ser sino una dicha el recibir nuevas almas para su programa de redención. Por lo que cuando vio entrar a dos nuevas y desconocidas almas corrió a recibirlas. Tomando la mano de uno y luego la de otro agitandola en un saludo cargado con demasiada intensidad alegre para el denso ambiente infernal. — Ooowwww ¡Es tan bueno recibir nuevos huéspedes! ¡Estoy tan feliz! ¿Vienen a hospedarse no es así? — Aunque realmente poco tiempo les daría a responder antes de tomar por un brazo a cada uno, poniéndose ella en medio y comenzando a llevárselos para recorrer el inmenso establecimiento. — ¡Déjenme presentarles al resto de huéspedes! ¡Seguro van a amar quedarse aquí! — Por suerte en aquel momento todos parecían estar, milagrosamente, en un mismo lugar cerca del bar. Soltándolo, corrió a brazos de su novia [Cutie_monster] , abrazándola y dejando un beso en su mejilla. — Ella es mi novia Vaggi, y también es la gerente del hotel. ¡Oh! ¡Y él es mi papá! Lucifer, si, el rey del infierno — Exclamó soltando a su novia para ir a abrazar a su padre, [LuciHe11], incluso pegando su mejilla a la ajena antes de soltarle. Siguiendo su presentación animada y casi sin respiro, siguió, aunque sin tocar, yendo donde [4lastor]. Señalandolo de pie a su lado. — Él es Alastor, no se preocupen es.... Agradable a su modo — Rió con cierto nerviosismo, alejándose antes de acercarse a la barra del bar con cierta inseguridad. Pues aún había un huésped con el que no se había podido encontrar a solas y sospechaba que la estaba evitando. — Y ellos son, Angel Dust, un huésped del hotel también y Husk, nuestro bartender — Señaló presentando, una vez más sin tocar a nadie a [Ange1Dust] y [barcat75]. Finalmente vio como, en ese momento, entraba también un antiguo huésped del hotel que no hacía tanto tiempo había decidido ir a visitarles por lo que, corriendo, fue a abrazar a [S1r_P3nti0us] — ¡Y él es Pentius, Sir Pentius! Él fue un huésped del hotel una vez! — Un hecho que aún hacia brillar sus ojos de emoción aunque también quería llorar de orgullo por él. Solo entonces se percató de que ni siquiera había permitido hablar a los dos nuevos desconocidos, acercándose carraspeando algo apenada cuando fue a presentarlos a ellos frente a todos dándose cuenta que no sabía sus nombres — Oh, cierto. Lo siento. Ni siquiera pregunté sus nombres; ¿Cómo se llaman? — De nuevo su amplia sonrisa amigable mientras observaba a [Kr1s_Dr33murr] y [Susiezilla]
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  • Se había levantado y de muy mal humor aquel día. ¿Y cómo no hacerlo? Nadie en el cielo parecía reparar en la muerte de Adán... ¿Es que siquiera a alguien le importaba? No se trataba de alguien cualquiera... ¡Y su muerte no era un detalle menor!

    Su cabello despeinado, incluso parecía haber un rastro de lágrimas ya secas en sus ojos mientras caminaba casi en pisotones por las calles de la ciudad celestial, sin importarle cuando chocó a un ángel. Por supuesto, ni siquiera se disculpó.
    Su mano se apretó con más fuerza alrededor del mango de una espada que parecía no querer soltar últimamente. Su mirada cada vez más oscura... Bajaría. Bajaría al infierno y le haría ver a cada pecador pero, sobretodo a esa princesita, lo que ocurría cuando se metían con el cielo. Y ningún redimido iba a cambiar eso.

    A sus oídos de repente llegó una voz, conocida, dolorosa para su pecho pero que la hizo detener su andar en seco.

    — ¿Adán?... —

    Debía estar alucinando, debía estar imaginandoselo de nuevo. Sacudiendo su cabeza pero por inercia comenzando a caminar con paso apresurado, casi corriendo cuando creyó volver a oír su voz. Empujó a algunos ángeles en su apuro y no le importó, no cuando la visión le llegó.
    Deteniendo su andar de repente, el estridente sonido metálico de su espada resonó cuando se soltó de su mano abruptamente. Sus ojos abiertos de par en par con expresión perpleja cuando se encontró con Adán allí parado; vivo.
    Su labio inferior tembló un momento y su mirada se volvió acuosa.

    — ¡¡Adán!! —

    Gritó antes de salir corriendo donde él, abrazándolo con fuerza sin dudar un momento
    Se había levantado y de muy mal humor aquel día. ¿Y cómo no hacerlo? Nadie en el cielo parecía reparar en la muerte de Adán... ¿Es que siquiera a alguien le importaba? No se trataba de alguien cualquiera... ¡Y su muerte no era un detalle menor! Su cabello despeinado, incluso parecía haber un rastro de lágrimas ya secas en sus ojos mientras caminaba casi en pisotones por las calles de la ciudad celestial, sin importarle cuando chocó a un ángel. Por supuesto, ni siquiera se disculpó. Su mano se apretó con más fuerza alrededor del mango de una espada que parecía no querer soltar últimamente. Su mirada cada vez más oscura... Bajaría. Bajaría al infierno y le haría ver a cada pecador pero, sobretodo a esa princesita, lo que ocurría cuando se metían con el cielo. Y ningún redimido iba a cambiar eso. A sus oídos de repente llegó una voz, conocida, dolorosa para su pecho pero que la hizo detener su andar en seco. — ¿Adán?... — Debía estar alucinando, debía estar imaginandoselo de nuevo. Sacudiendo su cabeza pero por inercia comenzando a caminar con paso apresurado, casi corriendo cuando creyó volver a oír su voz. Empujó a algunos ángeles en su apuro y no le importó, no cuando la visión le llegó. Deteniendo su andar de repente, el estridente sonido metálico de su espada resonó cuando se soltó de su mano abruptamente. Sus ojos abiertos de par en par con expresión perpleja cuando se encontró con [D1ckM4ster] allí parado; vivo. Su labio inferior tembló un momento y su mirada se volvió acuosa. — ¡¡Adán!! — Gritó antes de salir corriendo donde él, abrazándolo con fuerza sin dudar un momento
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  • Las luces del estudio se apagan una a una mientras el lugar se llena de murmullos de las personas recogiendo el set y despidiéndose, entre ellos Zaphiro se despide alegre del equipo mientras toma su bolso para salir del lugar y por fin tener unos días libres.

    Cruza la puerta del estudio sintiendo la brisa fresca deslizándose por sus mejillas, volviendolos de un color rosa y alborotando su castaña melena

    -Comida y un buen cafe.... -murmura, sacando el celular para buscar en linea opciones de restaurantes que brindaran buenas pastas, su estomago rugía casi de forma dolorosa mientras veia las imagenes de deliciosos platillos y caminaba por la acera de forma distraída
    𝙎𝘛𝘌𝘝𝘌𝘕 𝙍𝘖𝘎𝘌𝘙𝘚
    Las luces del estudio se apagan una a una mientras el lugar se llena de murmullos de las personas recogiendo el set y despidiéndose, entre ellos Zaphiro se despide alegre del equipo mientras toma su bolso para salir del lugar y por fin tener unos días libres. Cruza la puerta del estudio sintiendo la brisa fresca deslizándose por sus mejillas, volviendolos de un color rosa y alborotando su castaña melena -Comida y un buen cafe.... -murmura, sacando el celular para buscar en linea opciones de restaurantes que brindaran buenas pastas, su estomago rugía casi de forma dolorosa mientras veia las imagenes de deliciosos platillos y caminaba por la acera de forma distraída [SteveR0gers]
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  • Las doradas cadenas envolvieron su cuello así como una serpiente constrictora a su presa, de nuevo su libertad arrebatada por un nuevo contrato pese a que sabía cuánto le había costado romper el que había formado con Rosie. Cuántos años tuvo que soportar el seguir órdenes que no le agradaban, saberse la mascota de alguien más para que, ahora libre, volviera a caer en garras angelicales esta vez.
    Y, sin embargo, en su interior se debatía el por qué aquellas cadenas que lo atrapaban ahora no se sentían tan pesadas como otras que portó. Por qué no las sentía asfixiantes alrededor de su cuello como se suponía debía ser... ¿Realmente había hecho aquello por poder? Tal y como Lucifer le había preguntado... ¿Realmente estaba tan desesperado por mantener lo obtenido como para rebajarse a vender su alma por la eternidad sin oportunidad de retorno está vez? Y aunque mantenía sus orejas abajo y de forma leve su ceño fruncido, cuando su mirada pasó de la cadena dorada a los ojos ajenos la respuesta había llegado tan rápido que incluso lo asustó; sí. Sí lo estaba. Más no estaba desesperado por retener en su alcance el poder que Lucifer le había dado, no, estaba desesperado por mantener al ángel a su lado así él tuviera que rebajarse a no más que cualquier miserable demonio.

    Antes de que su mente pudiera seguir dándole vueltas al asunto, sintió el tirón en su cuello que le hizo agacharse. Una acción que frunció su ceño y casi le arrebató un gruñido de desagrado... Casi. Pues antes de que un sólo sonido pudiera salir de sus labios se encontró silenciado. Sorprendido. De nuevo aquella suavidad de los labios ajenos sobre los suyos que apenas si le dejó abrir sus ojos ampliamente con sorpresa antes de verlo salir corriendo, siguiéndolo con su mirada hasta que desapareció por el balcón.
    Escuchó el aletear de sus alas hasta que el silencio volvió a rodearlo, observando la ventana abierta ya vacía, una suave ventizca que apenas movía las cortinas. Cuando una de sus manos ascendió, acariciando casi imperceptible sus labios de forma inconsciente, su sombra emergió a su lado mirándolo con una sonrisa. Ignorando su presencia y su mirada cuando tras varios minutos de pie en el mismo lugar logró dar un paso, alejándose.
    Sus pasos se sentían pesados ¿O tal vez eran livianos? Una mano en su pecho cuando comenzó a sentir su corazón latir acelerado ¿Por qué pasaba aquello? De nuevo las interrogantes, tal vez incluso la inseguridad o el estrés. Sus manos apoyándose con demasiada brusquedad sobre la superficie de su tocador cuando trastabilló al llegar, su respiración casi acelerada al no conseguir las respuestas a sus preguntas o tal vez no deseando admitirlas. Levantando su mirada, observando su reflejo en el espejo, logró ver el brillo dorado que ahora rodeaba su cuello. Una joyería delicada, preciosa y brillante que contrastaba demasiado con su estilo pero que, ahora, era un vivo recordatorio de a quién pertenecía...

    Una de sus manos se alzó, ascendiendo lentamente hasta que finalmente sus dedos rosaron la serpiente que rodeaba su cuello, acariciando la joyera como si temiera romperla... ¿Temiera romperla? De nuevo su ceño fruncido. ¿Cómo no quería que eso ocurriera? Si después de todo era la prueba de que ahora él no era un alma libre...
    Y su mirada pareció suavizarse, su sombra apareciendo de nuevo a su lado mirándole en silencio en lo que él bajaba su mano para servirse una copa de whisky y beber hasta el fondo antes de volver a ver su reflejo. A su mente llegó de nuevo aquel beso, ambos besos pero sin duda un poco más aquel más reciente. Su mano libre acarició sus propios labios aunque con más seguridad está vez. Sí, ahora le pertenecía a alguien y, aunque lo negara, la idea no le desagradara más no por el hecho de volverse mascota sino más bien por saber en manos de quién estaba... Y con ello también llegó una nueva frustración. Sí, ahora él pertenecía a Lucifer ¿Pero qué había del ángel? Pues él también lo quería en su poder más ya no para someterlo o dañarlo. Ni siquiera para humillarlo.

    La codicia que siempre lo había impulsado, aquella que siempre rugía ambrienta en su alma, de nuevo sintiéndose insatisfecha. Él que todo lo quería aunque todo lo tenía, esta vez anhelaba mucho más de lo que creyó imaginar alguna vez. Quería tener en su poder a Lucifer, quería tenerlo entre sus garras más no se refería a algo carnal.
    Al igual que el soberano tenía su alma, él quería la ajena. Quería su alma, sus pensamientos, su risa, su aliento, sus penas y su alegría... Quería su corazón y sus sentimientos.
    Su mirada brilló de un rojo intenso al ver una vez más su reflejo y su sombra sonrió a su lado. Aún a pesar del orgullo que no le permitía aún admitir una verdad tan cierta como la vida misma, ya tenía una meta que alcanzar pues, determinado, había decidido que quería a Lucifer.
    Las doradas cadenas envolvieron su cuello así como una serpiente constrictora a su presa, de nuevo su libertad arrebatada por un nuevo contrato pese a que sabía cuánto le había costado romper el que había formado con Rosie. Cuántos años tuvo que soportar el seguir órdenes que no le agradaban, saberse la mascota de alguien más para que, ahora libre, volviera a caer en garras angelicales esta vez. Y, sin embargo, en su interior se debatía el por qué aquellas cadenas que lo atrapaban ahora no se sentían tan pesadas como otras que portó. Por qué no las sentía asfixiantes alrededor de su cuello como se suponía debía ser... ¿Realmente había hecho aquello por poder? Tal y como Lucifer le había preguntado... ¿Realmente estaba tan desesperado por mantener lo obtenido como para rebajarse a vender su alma por la eternidad sin oportunidad de retorno está vez? Y aunque mantenía sus orejas abajo y de forma leve su ceño fruncido, cuando su mirada pasó de la cadena dorada a los ojos ajenos la respuesta había llegado tan rápido que incluso lo asustó; sí. Sí lo estaba. Más no estaba desesperado por retener en su alcance el poder que Lucifer le había dado, no, estaba desesperado por mantener al ángel a su lado así él tuviera que rebajarse a no más que cualquier miserable demonio. Antes de que su mente pudiera seguir dándole vueltas al asunto, sintió el tirón en su cuello que le hizo agacharse. Una acción que frunció su ceño y casi le arrebató un gruñido de desagrado... Casi. Pues antes de que un sólo sonido pudiera salir de sus labios se encontró silenciado. Sorprendido. De nuevo aquella suavidad de los labios ajenos sobre los suyos que apenas si le dejó abrir sus ojos ampliamente con sorpresa antes de verlo salir corriendo, siguiéndolo con su mirada hasta que desapareció por el balcón. Escuchó el aletear de sus alas hasta que el silencio volvió a rodearlo, observando la ventana abierta ya vacía, una suave ventizca que apenas movía las cortinas. Cuando una de sus manos ascendió, acariciando casi imperceptible sus labios de forma inconsciente, su sombra emergió a su lado mirándolo con una sonrisa. Ignorando su presencia y su mirada cuando tras varios minutos de pie en el mismo lugar logró dar un paso, alejándose. Sus pasos se sentían pesados ¿O tal vez eran livianos? Una mano en su pecho cuando comenzó a sentir su corazón latir acelerado ¿Por qué pasaba aquello? De nuevo las interrogantes, tal vez incluso la inseguridad o el estrés. Sus manos apoyándose con demasiada brusquedad sobre la superficie de su tocador cuando trastabilló al llegar, su respiración casi acelerada al no conseguir las respuestas a sus preguntas o tal vez no deseando admitirlas. Levantando su mirada, observando su reflejo en el espejo, logró ver el brillo dorado que ahora rodeaba su cuello. Una joyería delicada, preciosa y brillante que contrastaba demasiado con su estilo pero que, ahora, era un vivo recordatorio de a quién pertenecía... Una de sus manos se alzó, ascendiendo lentamente hasta que finalmente sus dedos rosaron la serpiente que rodeaba su cuello, acariciando la joyera como si temiera romperla... ¿Temiera romperla? De nuevo su ceño fruncido. ¿Cómo no quería que eso ocurriera? Si después de todo era la prueba de que ahora él no era un alma libre... Y su mirada pareció suavizarse, su sombra apareciendo de nuevo a su lado mirándole en silencio en lo que él bajaba su mano para servirse una copa de whisky y beber hasta el fondo antes de volver a ver su reflejo. A su mente llegó de nuevo aquel beso, ambos besos pero sin duda un poco más aquel más reciente. Su mano libre acarició sus propios labios aunque con más seguridad está vez. Sí, ahora le pertenecía a alguien y, aunque lo negara, la idea no le desagradara más no por el hecho de volverse mascota sino más bien por saber en manos de quién estaba... Y con ello también llegó una nueva frustración. Sí, ahora él pertenecía a Lucifer ¿Pero qué había del ángel? Pues él también lo quería en su poder más ya no para someterlo o dañarlo. Ni siquiera para humillarlo. La codicia que siempre lo había impulsado, aquella que siempre rugía ambrienta en su alma, de nuevo sintiéndose insatisfecha. Él que todo lo quería aunque todo lo tenía, esta vez anhelaba mucho más de lo que creyó imaginar alguna vez. Quería tener en su poder a Lucifer, quería tenerlo entre sus garras más no se refería a algo carnal. Al igual que el soberano tenía su alma, él quería la ajena. Quería su alma, sus pensamientos, su risa, su aliento, sus penas y su alegría... Quería su corazón y sus sentimientos. Su mirada brilló de un rojo intenso al ver una vez más su reflejo y su sombra sonrió a su lado. Aún a pesar del orgullo que no le permitía aún admitir una verdad tan cierta como la vida misma, ya tenía una meta que alcanzar pues, determinado, había decidido que quería a Lucifer.
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