• ¿entonces no era un sitio privado?
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    En el sentido de soñarte; sueño contigo todo el tiempo.
    Verso el imperio de tus recuerdos; timbro tus ruegos;
    Sigilo de mis pasos al encuentro de la paz;
    Mis oraciones son pocas; he regado el iris de las rosas;
    sobre lo embrujado de tu arte; tus cosmos acallados.
    Tú, mi sedal, mi majestad onírica.
    Quiera los alados irrumpir a mi cobijo y entregarte al huso;
    Mis ruegos pecan de tan solo pensarte;
    Ahí añorada; allí risueña; tendida en la cumbre de destinos.
    Los enjambres de lefarias riegan tu nombre entre mis dedos.
    No debo pensarte;
    Ni siquiera indagar entre tus rostros de profundidades;
    Pero si tan solo uno de ellos me dieran el espacio; la cumbre;
    tu nombre; revelate como la majestad;
    el narciso del poniente que arraiga a las dunas a encontrar;
    el cobijo de mis añoranzas; esas pernoctadas entre las estrellas;
    Desliza tus atributos de mansedumbre conocida.
    Desliza tus cosenos entre mis brazos.
    Y no me hagas añorarte; saga de vendavales;
    Musa de mis ozonos.
    Si tan solo me dieras el aliento a almizcle de tu nombre;
    serías malva insana:
    Ese mi lugar secreto de sonrisas serenas;
    mi juvenil misterio.
    mi vieja saga.
    Mi sagaz emperatriz.
    Contigo estoy privado de despertar.
    Pues ante tus flamas; solo el cielo de tu sonrisa.
    Y tu sonrisa es el arrullo que inunda las entrañas de mi alborada.
    Concisa; arraigada a este universo;
    En el que peco ante tu majestad;
    de imperio; de arrullo; de candores incorruptos.
    Mi cielo; mi mar; mi azucena.
    Mi lirio dorado.
    Tú y solo tú.
    --- En el sentido de soñarte; sueño contigo todo el tiempo. Verso el imperio de tus recuerdos; timbro tus ruegos; Sigilo de mis pasos al encuentro de la paz; Mis oraciones son pocas; he regado el iris de las rosas; sobre lo embrujado de tu arte; tus cosmos acallados. Tú, mi sedal, mi majestad onírica. Quiera los alados irrumpir a mi cobijo y entregarte al huso; Mis ruegos pecan de tan solo pensarte; Ahí añorada; allí risueña; tendida en la cumbre de destinos. Los enjambres de lefarias riegan tu nombre entre mis dedos. No debo pensarte; Ni siquiera indagar entre tus rostros de profundidades; Pero si tan solo uno de ellos me dieran el espacio; la cumbre; tu nombre; revelate como la majestad; el narciso del poniente que arraiga a las dunas a encontrar; el cobijo de mis añoranzas; esas pernoctadas entre las estrellas; Desliza tus atributos de mansedumbre conocida. Desliza tus cosenos entre mis brazos. Y no me hagas añorarte; saga de vendavales; Musa de mis ozonos. Si tan solo me dieras el aliento a almizcle de tu nombre; serías malva insana: Ese mi lugar secreto de sonrisas serenas; mi juvenil misterio. mi vieja saga. Mi sagaz emperatriz. Contigo estoy privado de despertar. Pues ante tus flamas; solo el cielo de tu sonrisa. Y tu sonrisa es el arrullo que inunda las entrañas de mi alborada. Concisa; arraigada a este universo; En el que peco ante tu majestad; de imperio; de arrullo; de candores incorruptos. Mi cielo; mi mar; mi azucena. Mi lirio dorado. Tú y solo tú.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Porfavor no pasen por alto este aviso, esta persona o grupo que a estado estafando y robando dinero en muchas plataformas como Amino, ****, OluOlu y otras más.

    Recuerden siempre que el staff y la administración estamos disponibles por mensaje privado o por contacto@ficrol.com para cualquier duda. NUNCA agreguen a alguien por discord por más que les digan que es de seguridad del sitio.

    Gracias por su atención.
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  • La cafetería estaba oficialmente
    cerrada, pero Rem seguía ahí, limpiando con los audífonos puestos y la música a un volumen peligrosamente alto para alguien que estaba solo… o eso creía.

    Con el trapeador en la mano, empezó a moverse de un lado a otro entre las mesas, marcando el ritmo con los pies. Primero tímido, luego más suelto, hasta que su cuerpo ya estaba bailando solo. El reflejo del vidrio le devolvía la imagen de un barista convertido en estrella pop.

    Tomó el trapeador como micrófono y, sin ningún tipo de vergüenza, empezó a cantar:

    —You change your mind like a girl changes clothes…

    Se inclinó hacia adelante, señalando a una silla vacía como si fuera el culpable de todos sus males emocionales. Giró sobre sí mismo, el delantal ondeando como si fuera parte del show.

    Mientras limpiaba la barra, movía las caderas exageradamente y siguió cantando, ya más metido en el papel:

    —You’re hot then you’re cold, you’re yes then you’re no~

    En ese momento, resbaló un poco con el piso mojado. Dio un paso torpe, agitó los brazos como molino humano y logró mantenerse de pie por pura suerte. Se quedó quieto dos segundos… luego hizo una reverencia dramática, como si el tropiezo hubiera sido parte de la coreografía.

    La cafetera soltó un ruido fuerte justo cuando él alzaba la voz:

    —You’re in then you’re out, you’re up then you’re down~

    —Gracias, gracias —murmuró, señalándola—. Excelente acompañamiento.

    Siguió bailando entre las mesas, cantando y limpiando al mismo tiempo, completamente perdido en la música. Si alguien lo hubiera visto, jamás habría adivinado que ese chico era serio durante el horario de trabajo.

    Cuando la canción empezó a bajar, Ren apoyó el trapeador en la pared, respiró hondo y sonrió, satisfecho.

    La cafetería estaba limpia… y su mini concierto privado había sido todo un éxito.
    La cafetería estaba oficialmente cerrada, pero Rem seguía ahí, limpiando con los audífonos puestos y la música a un volumen peligrosamente alto para alguien que estaba solo… o eso creía. Con el trapeador en la mano, empezó a moverse de un lado a otro entre las mesas, marcando el ritmo con los pies. Primero tímido, luego más suelto, hasta que su cuerpo ya estaba bailando solo. El reflejo del vidrio le devolvía la imagen de un barista convertido en estrella pop. Tomó el trapeador como micrófono y, sin ningún tipo de vergüenza, empezó a cantar: —You change your mind like a girl changes clothes… Se inclinó hacia adelante, señalando a una silla vacía como si fuera el culpable de todos sus males emocionales. Giró sobre sí mismo, el delantal ondeando como si fuera parte del show. Mientras limpiaba la barra, movía las caderas exageradamente y siguió cantando, ya más metido en el papel: —You’re hot then you’re cold, you’re yes then you’re no~ En ese momento, resbaló un poco con el piso mojado. Dio un paso torpe, agitó los brazos como molino humano y logró mantenerse de pie por pura suerte. Se quedó quieto dos segundos… luego hizo una reverencia dramática, como si el tropiezo hubiera sido parte de la coreografía. La cafetera soltó un ruido fuerte justo cuando él alzaba la voz: —You’re in then you’re out, you’re up then you’re down~ —Gracias, gracias —murmuró, señalándola—. Excelente acompañamiento. Siguió bailando entre las mesas, cantando y limpiando al mismo tiempo, completamente perdido en la música. Si alguien lo hubiera visto, jamás habría adivinado que ese chico era serio durante el horario de trabajo. Cuando la canción empezó a bajar, Ren apoyó el trapeador en la pared, respiró hondo y sonrió, satisfecho. La cafetería estaba limpia… y su mini concierto privado había sido todo un éxito.
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  • ☆ Entre Mundos y Cócteles ☆
    Fandom OC
    Categoría Slice of Life
    Nueva York vibraba aquella noche,pero Selene sin duda era el epicentro del sismo. Había dejado atrás la solemnidad de Vireth-Nar por una sola razón: el vicio de la diversión. El portal se cerró a sus espaldas, dejando en el aire ese rastro de ozono y pecado que solo ella sabía portar. No buscaba promesas, buscaba el pulso acelerado de la ciudad.

    Su silueta, envuelta en un cuero negro que parecía esculpido sobre su piel, era una declaración de intenciones. La abertura lateral de su vestido revelaba lo justo para cautivar, mientras los detalles en satén violeta jugaban con los neones del club, igualando el brillo hipnótico de sus ojos, los cuales no pertenecían a este mundo, y ella no se molestaba en ocultarlo.

    Se deslizó hacia la barra con una elegancia depredadora. Al sentarse, la lentitud de su movimiento fue un espectáculo privado para quien tuviera la suerte de observarla en ese instante

    —El cóctel más dulce de la casa, por favor...

    pidió, con una voz que era puro terciopelo y malicia.

    Humedeció sus labios con el azúcar del borde, dejando que el sabor rosado encendiera su sonrisa. Sus ojos recorrieron el lugar, deteniéndose apenas un segundo de más en las miradas que se atrevían a sostener la suya. Selene no esperaba a nadie, pero estaba dispuesta a dejar que el hombre o la mujer adecuada intentara convencerla de no pasar esta noche sola.

    Lanzó una mirada de reojo hacia la entrada. El juego ya estaba servido; solo faltaba ver quién sería la primera persona que se atrevería a acercarse a conocerla.
    Nueva York vibraba aquella noche,pero Selene sin duda era el epicentro del sismo. Había dejado atrás la solemnidad de Vireth-Nar por una sola razón: el vicio de la diversión. El portal se cerró a sus espaldas, dejando en el aire ese rastro de ozono y pecado que solo ella sabía portar. No buscaba promesas, buscaba el pulso acelerado de la ciudad. Su silueta, envuelta en un cuero negro que parecía esculpido sobre su piel, era una declaración de intenciones. La abertura lateral de su vestido revelaba lo justo para cautivar, mientras los detalles en satén violeta jugaban con los neones del club, igualando el brillo hipnótico de sus ojos, los cuales no pertenecían a este mundo, y ella no se molestaba en ocultarlo. Se deslizó hacia la barra con una elegancia depredadora. Al sentarse, la lentitud de su movimiento fue un espectáculo privado para quien tuviera la suerte de observarla en ese instante —El cóctel más dulce de la casa, por favor... pidió, con una voz que era puro terciopelo y malicia. Humedeció sus labios con el azúcar del borde, dejando que el sabor rosado encendiera su sonrisa. Sus ojos recorrieron el lugar, deteniéndose apenas un segundo de más en las miradas que se atrevían a sostener la suya. Selene no esperaba a nadie, pero estaba dispuesta a dejar que el hombre o la mujer adecuada intentara convencerla de no pasar esta noche sola. Lanzó una mirada de reojo hacia la entrada. El juego ya estaba servido; solo faltaba ver quién sería la primera persona que se atrevería a acercarse a conocerla.
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    Grupal
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  • Materiales de construcción
    Fandom Original
    Categoría Aventura
    ; Rol privado

    Perder el tiempo era su mejor atributo pero cuando sus neuronas funcionan y promete algo hace todo lo posible para cumplir la meta.

    Comenzó por los planos, extrayendo libros de la biblioteca que un chico mudo le pasaba sin que lo pidiera, consultando a diferentes emprendimientos que tuvieran el conocimiento básico sobre las cámaras fotográficas y los relojes cucú. Cualquier información servía y al tener la estructura la idea comenzó a tener forma.

    ⸻ Bueno creo que ya tengo lo principal, ahora buscaré a la señorita porque va a pensar que soy un olvidadizo.
    ; Rol privado Perder el tiempo era su mejor atributo pero cuando sus neuronas funcionan y promete algo hace todo lo posible para cumplir la meta. Comenzó por los planos, extrayendo libros de la biblioteca que un chico mudo le pasaba sin que lo pidiera, consultando a diferentes emprendimientos que tuvieran el conocimiento básico sobre las cámaras fotográficas y los relojes cucú. Cualquier información servía y al tener la estructura la idea comenzó a tener forma. ⸻ Bueno creo que ya tengo lo principal, ahora buscaré a la señorita porque va a pensar que soy un olvidadizo.
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    Cualquier línea
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  • ──── 𝐿𝑙𝑒𝑔𝑎𝑑𝑎 𝑎 𝑡𝑖𝑒𝑟𝑟𝑎𝑠 𝑚𝑒𝑥𝑖𝑐𝑎𝑛𝑎𝑠. ────

    [ #𝑆𝑎𝑛𝑡𝑖𝑋𝐸𝑙𝑀𝑢𝑛𝑑𝑜 ]

    [] 𝐶𝑖𝑢𝑑𝑎𝑑 𝑑𝑒 𝑀é𝑥𝑖𝑐𝑜 (𝙲𝙳𝙼𝚇 | 𝙼é𝚡𝚒𝚌𝚘 𝙳.𝙵), 𝑀é𝑥𝑖𝑐𝑜 — 𝟷𝟶:𝟶𝟶 𝐴.𝑀

    Luego de su travesía por Berlín, Alemania, el argentino se dispuso a dedicarse a viajar a su próximo destino : México.

    Con el pasar de las horas preparo todo, se dirigió al aeropuerto, tomó el avión desde Berlín hasta Ciudad de México. Varias horas de vuelo en cierto caso; pero que valían la pena para esta ocasión.

    Bajó del avión en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México poco después del atardecer, con el cuerpo aún cargado de la fatiga placentera de once horas de vuelo en primera clase.

    Llevaba solo una maleta mínima que un asistente del hotel ya había recogido para llevarla directamente a la suite.

    Por primera vez en su vida, no había chofer esperándolo con un cartel ni helicóptero contratado; quería sentir la ciudad desde abajo, sin filtros.

    Tomó un taxi común y corriente en la terminal. El conductor, un hombre de unos cincuenta años con bigote recortado, lo miró por el retrovisor y le preguntó con naturalidad:

    𝘛𝘢𝘹𝘪𝘴𝘵𝘢 : ❝ ¿𝘈 𝘥ó𝘯𝘥𝘦, 𝘫𝘦𝘧𝘦? ❞

    Santiago giró su cabeza un momento y dejó ver una sonrisa ladina

    ──── 𝘈𝘭 𝘤𝘦𝘯𝘵𝘳𝘰. 𝘈𝘭 𝘡ó𝘤𝘢𝘭𝘰. ───

    Respondió, y se recargó en el asiento trasero mientras la ciudad comenzaba a desplegarse ante él como un mosaico de luces y caos ordenado.

    Media hora después, el taxi lo dejó en la esquina de 5 de Mayo y Madero.

    Pagó en efectivo con un billete grande y dejó una propina que hizo que el taxista sonriera de oreja a oreja. Santiago se quedó parado un momento en la acera, respirando el aire que olía a tortilla recién hecha, gasolina, perfume barato y algo indefiniblemente vivo.

    Caminó hacia el Zócalo sin prisa.

    La plaza inmensa se abrió ante él como un mar quieto de piedra. En el centro, la bandera mexicana ondeaba lentamente bajo focos potentes.

    A su izquierda, la Catedral Metropolitana se alzaba imponente, con sus torres desiguales recortadas contra el cielo ya oscuro.

    Se detuvo frente a la catedral y alzó la vista. Nunca había visto una fachada tan sobrecargada de historia y ambición: siglos de barroco, terremotos, reconstrucciones y sin embargo seguía allí, firme, presidiendo la plaza como si nada hubiera cambiado desde la colonia.

    Giró sobre sus talones y comenzó a caminar por la calle Madero, la peatonal que vibraba de vida. Vendedores ambulantes ofrecían pulseras de obsidiana, elotes asados, globos luminosos y réplicas baratas de la Piedra del Sol.

    Grupos de jóvenes reían a carcajadas, una pareja de ancianos bailaba un danzón improvisado al ritmo de un trío de mariachis callejeros, y un niño pasó corriendo con un globo en forma de corazón.

    Él, con su traje un tanto arrugado; varias personas a su alrededor, hacían que se sintiera extrañamente invisible.

    Nadie lo reconocía. Nadie esperaba nada de él. Era solo un hombre más caminando entre la multitud, y eso le producía una euforia silenciosa.

    Pasó frente al Palacio de Bellas Artes, cuya cúpula blanca y mármol brillaban bajo la iluminación nocturna.

    Se detuvo un instante a observar el movimiento: turistas sacando fotos, locales apresurados camino a casa, un vendedor de tamales que gritaba

    𝘝𝘦𝘯𝘥𝘦𝘥𝘰𝘳 : ❝ "¡𝘖𝘢𝘹𝘢𝘲𝘶𝘦ñ𝘰𝘴 𝘤𝘢𝘭𝘪𝘦𝘯𝘵𝘪𝘵𝘰𝘴!” ❞

    Con una voz que parecía entrenada para atravesar paredes.

    Más adelante, al doblar hacia el Templo Mayor, el bullicio cedió paso a una quietud diferente. Las ruinas aztecas aparecían iluminadas con focos tenues entre los edificios modernos.

    Piedras milenarias, serpientes talladas, restos de un mundo que había sido destruido y reconstruido encima una y otra vez.

    Se acercó a la reja, apoyó las manos en el metal frío y miró las pirámides truncadas. Por un momento pensó en su propia vida:

    Fortunas construidas y perdidas en mercados lejanos, aviones privados, reuniones en áticos de cristal y sin embargo, aquí estaba, sintiendo por primera vez en mucho tiempo que el suelo bajo sus pies era real.

    ──── 𝘔𝘪𝘦𝘳𝘥𝘢 ¿𝘗𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘷𝘪𝘯𝘦 𝘢𝘲𝘶í 𝘥𝘦𝘴𝘥𝘦 𝘮𝘶𝘤𝘩𝘰 𝘢𝘯𝘵𝘦𝘴? 𝘌𝘴𝘵𝘰 𝘦𝘴 𝘫𝘰𝘥𝘪𝘥𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘩𝘦𝘳𝘮𝘰𝘴𝘰. ────

    Sonrió para sí mismo, una sonrisa pequeña y privada.

    Luego siguió caminando, sin rumbo fijo, dejando que la ciudad lo llevara.

    El centro histórico de México, con su mezcla imposible de grandiosidad y desorden, acababa de adoptarlo aunque fuera solo por esa noche.

    Y él, el hombre que lo tenía casi todo, le pareció el mejor lugar del mundo para no tener nada planeado.

    De un momento a otro, decidió adentrarse a conocer y probar; por primera vez, la buena gastronomía que se manejaban en las calles. Una degustación única a su paladar.
    ──── 𝐿𝑙𝑒𝑔𝑎𝑑𝑎 𝑎 𝑡𝑖𝑒𝑟𝑟𝑎𝑠 𝑚𝑒𝑥𝑖𝑐𝑎𝑛𝑎𝑠. ──── [ #𝑆𝑎𝑛𝑡𝑖𝑋𝐸𝑙𝑀𝑢𝑛𝑑𝑜 ] [🇲🇽] 𝐶𝑖𝑢𝑑𝑎𝑑 𝑑𝑒 𝑀é𝑥𝑖𝑐𝑜 (𝙲𝙳𝙼𝚇 | 𝙼é𝚡𝚒𝚌𝚘 𝙳.𝙵), 𝑀é𝑥𝑖𝑐𝑜 — 𝟷𝟶:𝟶𝟶 𝐴.𝑀 Luego de su travesía por Berlín, Alemania, el argentino se dispuso a dedicarse a viajar a su próximo destino : México. Con el pasar de las horas preparo todo, se dirigió al aeropuerto, tomó el avión desde Berlín hasta Ciudad de México. Varias horas de vuelo en cierto caso; pero que valían la pena para esta ocasión. Bajó del avión en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México poco después del atardecer, con el cuerpo aún cargado de la fatiga placentera de once horas de vuelo en primera clase. Llevaba solo una maleta mínima que un asistente del hotel ya había recogido para llevarla directamente a la suite. Por primera vez en su vida, no había chofer esperándolo con un cartel ni helicóptero contratado; quería sentir la ciudad desde abajo, sin filtros. Tomó un taxi común y corriente en la terminal. El conductor, un hombre de unos cincuenta años con bigote recortado, lo miró por el retrovisor y le preguntó con naturalidad: 𝘛𝘢𝘹𝘪𝘴𝘵𝘢 : ❝ ¿𝘈 𝘥ó𝘯𝘥𝘦, 𝘫𝘦𝘧𝘦? ❞ Santiago giró su cabeza un momento y dejó ver una sonrisa ladina ──── 𝘈𝘭 𝘤𝘦𝘯𝘵𝘳𝘰. 𝘈𝘭 𝘡ó𝘤𝘢𝘭𝘰. ─── Respondió, y se recargó en el asiento trasero mientras la ciudad comenzaba a desplegarse ante él como un mosaico de luces y caos ordenado. Media hora después, el taxi lo dejó en la esquina de 5 de Mayo y Madero. Pagó en efectivo con un billete grande y dejó una propina que hizo que el taxista sonriera de oreja a oreja. Santiago se quedó parado un momento en la acera, respirando el aire que olía a tortilla recién hecha, gasolina, perfume barato y algo indefiniblemente vivo. Caminó hacia el Zócalo sin prisa. La plaza inmensa se abrió ante él como un mar quieto de piedra. En el centro, la bandera mexicana ondeaba lentamente bajo focos potentes. A su izquierda, la Catedral Metropolitana se alzaba imponente, con sus torres desiguales recortadas contra el cielo ya oscuro. Se detuvo frente a la catedral y alzó la vista. Nunca había visto una fachada tan sobrecargada de historia y ambición: siglos de barroco, terremotos, reconstrucciones y sin embargo seguía allí, firme, presidiendo la plaza como si nada hubiera cambiado desde la colonia. Giró sobre sus talones y comenzó a caminar por la calle Madero, la peatonal que vibraba de vida. Vendedores ambulantes ofrecían pulseras de obsidiana, elotes asados, globos luminosos y réplicas baratas de la Piedra del Sol. Grupos de jóvenes reían a carcajadas, una pareja de ancianos bailaba un danzón improvisado al ritmo de un trío de mariachis callejeros, y un niño pasó corriendo con un globo en forma de corazón. Él, con su traje un tanto arrugado; varias personas a su alrededor, hacían que se sintiera extrañamente invisible. Nadie lo reconocía. Nadie esperaba nada de él. Era solo un hombre más caminando entre la multitud, y eso le producía una euforia silenciosa. Pasó frente al Palacio de Bellas Artes, cuya cúpula blanca y mármol brillaban bajo la iluminación nocturna. Se detuvo un instante a observar el movimiento: turistas sacando fotos, locales apresurados camino a casa, un vendedor de tamales que gritaba 𝘝𝘦𝘯𝘥𝘦𝘥𝘰𝘳 : ❝ "¡𝘖𝘢𝘹𝘢𝘲𝘶𝘦ñ𝘰𝘴 𝘤𝘢𝘭𝘪𝘦𝘯𝘵𝘪𝘵𝘰𝘴!” ❞ Con una voz que parecía entrenada para atravesar paredes. Más adelante, al doblar hacia el Templo Mayor, el bullicio cedió paso a una quietud diferente. Las ruinas aztecas aparecían iluminadas con focos tenues entre los edificios modernos. Piedras milenarias, serpientes talladas, restos de un mundo que había sido destruido y reconstruido encima una y otra vez. Se acercó a la reja, apoyó las manos en el metal frío y miró las pirámides truncadas. Por un momento pensó en su propia vida: Fortunas construidas y perdidas en mercados lejanos, aviones privados, reuniones en áticos de cristal y sin embargo, aquí estaba, sintiendo por primera vez en mucho tiempo que el suelo bajo sus pies era real. ──── 𝘔𝘪𝘦𝘳𝘥𝘢 ¿𝘗𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘷𝘪𝘯𝘦 𝘢𝘲𝘶í 𝘥𝘦𝘴𝘥𝘦 𝘮𝘶𝘤𝘩𝘰 𝘢𝘯𝘵𝘦𝘴? 𝘌𝘴𝘵𝘰 𝘦𝘴 𝘫𝘰𝘥𝘪𝘥𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘩𝘦𝘳𝘮𝘰𝘴𝘰. ──── Sonrió para sí mismo, una sonrisa pequeña y privada. Luego siguió caminando, sin rumbo fijo, dejando que la ciudad lo llevara. El centro histórico de México, con su mezcla imposible de grandiosidad y desorden, acababa de adoptarlo aunque fuera solo por esa noche. Y él, el hombre que lo tenía casi todo, le pareció el mejor lugar del mundo para no tener nada planeado. De un momento a otro, decidió adentrarse a conocer y probar; por primera vez, la buena gastronomía que se manejaban en las calles. Una degustación única a su paladar.
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  • Hola, me gustaría conseguir roles.
    Juego en serio, con constancia y buena narrativa.
    Si a alguien le apetece rolear, que me escriba por privado.
    Hola, me gustaría conseguir roles. Juego en serio, con constancia y buena narrativa. Si a alguien le apetece rolear, que me escriba por privado.
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  • Castle of Whispers
    Fandom Original
    Categoría Suspenso
    { Rol privado : Morana }

    El estado solido de un castillo que relatan hace siglos yace abandonado y no parece estarlo, la curiosidad es enemigo clave de la desgracia y está por experimentar esa advertencia.

    No se conocen, aún.
    Caminaban por distintos rumbos.
    Y sin embargo, el castillo reclama con extenuante desprecio la cabeza de aquellos invasores.

    Ingreso por un túnel subterráneo cortando con el filo de su espada las duras raíces, matando pequeñas criaturas en su camino que de juntarse como una horda provocaría problemas severos a futuro. Con su experiencia analizaba el recorrido, dejaba marcas sobre las paredes por si acaso llegase a necesitar esa vía como escape.

    El estaba guiándose por su intuición, con apetito de explorador al escuchar que ahí existe un grimorio capaz de traer las almas de los muertos una única vez, al menos era importante para él.

    ⸻ Si es verdad, quisiera poder comunicarme con mi madre.

    Murmuro, la extrañaba como cualquier hijo lo haría.

    ⸻ Hablar con mis amigos muertos en batalla.

    Su voz cada vez se notaba más entristecida. Tomo aire y exhaló, se golpeo una mejilla con toda la palma.

    ⸻ No es momento de descanso, debes concentrarte.

    Recrimino, continuo caminando varios metros hasta una puerta de piedra. Empujo con todas sus fuerzas apoyando la espalda contra el muro usando las piernas y brazos como ancla, un hueco se abrió. El fuerte olor a muerte entro de lleno provoco que cubriera su nariz con un pañuelo, de entrada esqueletos de animales y exploradores algunos con un gesto de horror, otros mas compasivos y unos pocos aparentemente felices de abrazar la muerte.

    Si el rumor era cierto el ambiente alucinógeno era peor de lo que había especulado, el relicario de obsidium alrededor de su cuello (el último regalo de su viejo amigo enano) espantaba a los espíritus, los anillos anti-veneno y anti-parálisis postrados en los dedos medo y índice por precaución, el pañuelo especial que curaba los estados de confusión estaban ayudando a que su camino fuera menos difícil.

    Por el momento, exploro algunos pasillos, abriendo la puerta de algunas estancias más recuerdos abrazaban el palacio como si esas almas siguieran encerradas ahí. Tesoros de plata y oro, armas y otros objetos que pudo tomar... pero que no lo hizo.

    No ahora que nuevos pasos se escucharon en la lejanía, cuando su cuerpo se tenso y cada bello de su piel se erizo con precaución. Su corazón latió temeroso, sus ojos se clavaron en todas direcciones, más como un susurro no era el único interesado en algo tan peculiar.

    ⸻ Puedo olerte, por favor no estoy buscando conflicto o tesoros; puedes tomarlos si eso quieres.

    Hablando a la espesa niebla que lo rodea (y que desconoce su origen) estaba en alerta máxima.

    { Rol privado : [Undead_Mistress] } El estado solido de un castillo que relatan hace siglos yace abandonado y no parece estarlo, la curiosidad es enemigo clave de la desgracia y está por experimentar esa advertencia. No se conocen, aún. Caminaban por distintos rumbos. Y sin embargo, el castillo reclama con extenuante desprecio la cabeza de aquellos invasores. Ingreso por un túnel subterráneo cortando con el filo de su espada las duras raíces, matando pequeñas criaturas en su camino que de juntarse como una horda provocaría problemas severos a futuro. Con su experiencia analizaba el recorrido, dejaba marcas sobre las paredes por si acaso llegase a necesitar esa vía como escape. El estaba guiándose por su intuición, con apetito de explorador al escuchar que ahí existe un grimorio capaz de traer las almas de los muertos una única vez, al menos era importante para él. ⸻ Si es verdad, quisiera poder comunicarme con mi madre. Murmuro, la extrañaba como cualquier hijo lo haría. ⸻ Hablar con mis amigos muertos en batalla. Su voz cada vez se notaba más entristecida. Tomo aire y exhaló, se golpeo una mejilla con toda la palma. ⸻ No es momento de descanso, debes concentrarte. Recrimino, continuo caminando varios metros hasta una puerta de piedra. Empujo con todas sus fuerzas apoyando la espalda contra el muro usando las piernas y brazos como ancla, un hueco se abrió. El fuerte olor a muerte entro de lleno provoco que cubriera su nariz con un pañuelo, de entrada esqueletos de animales y exploradores algunos con un gesto de horror, otros mas compasivos y unos pocos aparentemente felices de abrazar la muerte. Si el rumor era cierto el ambiente alucinógeno era peor de lo que había especulado, el relicario de obsidium alrededor de su cuello (el último regalo de su viejo amigo enano) espantaba a los espíritus, los anillos anti-veneno y anti-parálisis postrados en los dedos medo y índice por precaución, el pañuelo especial que curaba los estados de confusión estaban ayudando a que su camino fuera menos difícil. Por el momento, exploro algunos pasillos, abriendo la puerta de algunas estancias más recuerdos abrazaban el palacio como si esas almas siguieran encerradas ahí. Tesoros de plata y oro, armas y otros objetos que pudo tomar... pero que no lo hizo. No ahora que nuevos pasos se escucharon en la lejanía, cuando su cuerpo se tenso y cada bello de su piel se erizo con precaución. Su corazón latió temeroso, sus ojos se clavaron en todas direcciones, más como un susurro no era el único interesado en algo tan peculiar. ⸻ Puedo olerte, por favor no estoy buscando conflicto o tesoros; puedes tomarlos si eso quieres. Hablando a la espesa niebla que lo rodea (y que desconoce su origen) estaba en alerta máxima.
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