• Disfrutaba de uno de los "paraísos" terrenales, bendecidos por la lluvia de su padre, y la protección de su madre.

    Las aguas en ese lugar, tenían una temperatura increíble, perfecta para la piel.

    Además la privacidad, permitía que su invitada 🦋ℭ𝔞𝔰𝔱𝔬𝔯𝔦𝔠𝔢🦋 no tuviera que preocuparse por el don que poseía. Sólo estarían ellos solos.

    — ¡Entra al agua, está perfecta!—

    #SeductiveSunday
    Disfrutaba de uno de los "paraísos" terrenales, bendecidos por la lluvia de su padre, y la protección de su madre. Las aguas en ese lugar, tenían una temperatura increíble, perfecta para la piel. Además la privacidad, permitía que su invitada [fable_pink_lobster_370] no tuviera que preocuparse por el don que poseía. Sólo estarían ellos solos. — ¡Entra al agua, está perfecta!— #SeductiveSunday
    Me encocora
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • [Luego de acabar las hamburgesas con apetito voraz. Owen finalmente es capaz de dejar el cuerpo en que accidentalmente había quedado atrapado]

    Por fin. Por fortuna creo que esto se resolvió sin ningún incoveniente para la pobre chica. *me encogo de hombros con expresión de verguenza* Bueno quizás rompí su dieta. Lo importante es que luego de esta serie de intentos me estoy dando cuenta poco a poco de como funcionan mis poderes fantasmagóricos. La posesión fantasmal es sumamente inestable. Me bloqueo fácilmente y puedo quedar "atrapado". Es invasivo y atento contra la privacidad de otra persona. Definitivamente evitaré usarla a menos que sea estrictamente necesario... O bueno en caso de que se me antoje una hamburgesa. *sonrío levemente* Hora de pasar al siguiente entrenamiento. ¿Podré generar un fenómeno "Poltergeist"?.
    [Luego de acabar las hamburgesas con apetito voraz. Owen finalmente es capaz de dejar el cuerpo en que accidentalmente había quedado atrapado] Por fin. Por fortuna creo que esto se resolvió sin ningún incoveniente para la pobre chica. *me encogo de hombros con expresión de verguenza* Bueno quizás rompí su dieta. Lo importante es que luego de esta serie de intentos me estoy dando cuenta poco a poco de como funcionan mis poderes fantasmagóricos. La posesión fantasmal es sumamente inestable. Me bloqueo fácilmente y puedo quedar "atrapado". Es invasivo y atento contra la privacidad de otra persona. Definitivamente evitaré usarla a menos que sea estrictamente necesario... O bueno en caso de que se me antoje una hamburgesa. *sonrío levemente* Hora de pasar al siguiente entrenamiento. ¿Podré generar un fenómeno "Poltergeist"?.
    Me enjaja
    Me gusta
    6
    0 turnos 0 maullidos
  • ────Tarde lluviosa con olor a palomitas de maíz. Eso solo puede significar una cosa: el show de magia de Afro está a punto de comenzar. Mientras esos asientos se van llenando y se me va pasando el calambre de la pierna izquierda, les contaré la historia de cómo esta encantadora maga aprendió sus trucos. Siempre he sido una incomprendida. Cuando era más joven, mi cabeza estaba llena de preguntas que los demás consideraban una perdida de tiempo. Y las respuestas que recibía no lograban satisfacer mi curiosidad, algunas me dejaban un nudo de nervios en el estómago y también estaban las que me hacían sentir como una boba por haber preguntado.

    Me molestaba conmigo misma por no poder ser como los demás. ¿Por qué tenía que ser precisamente yo, la hija del tirano del cielo, quién se hiciera esa clase de cuestionamientos? ¿por qué simplemente no podía limitarme a beber una copa de néctar y quedarme quieta, como lo hacían el resto de los habitantes dentro de los muros grises del palacio de Océano?

    Como pude, logré adaptarme a ese lugar lleno de deidades con cabellos trenzados con algas, y moluscos que colgaban de barbas ancianas y túnicas azules. Aprendí a hacer las preguntas y las conversaciones correctas a las deidades correctas. A sonreír en el momento adecuado. A no incomodar demasiado. Desde el primer momento fui una decepción: yo no era lo que todos esperaban de mí. No contaba con la impresionante fuerza de mi progenitor, y en esos días, tampoco parecía que hubiera heredado ningún poder impresionante. No me convertía en bruma, ni en un pez, ni en espuma. No podía manipular las olas, ni el viento, ni hacer crecer las flores a mi paso.

    Todo lo que tenía era este bonito rostro. Así que lo utilice como mi escudo y mi armadura eran mi sonrisa, mi lengua afilada y mi sentido del humor. Suena como una exageración, lo sé, pero era una cuestión de supervivencia. De ello dependía qué tan bien iba a ser mi existencia en ese lugar. A pesar de mis esfuerzos, no pude evitar los comentarios que se hacían sobre mí:

    «¿Porqué tenemos que cuidar de la bastarda del tirano? No tiene sangre del mar, ¿qué hace ella aquí?».

    En otra ocasión, escuché murmurar a alguien en la ala de la Espuma.

    «¿Sabes qué me preguntó el otro día? me preguntó adónde van las deidades al morir. ¿Quién se esta encargado de educarla que le está metiendo semejantes tonterías en la cabeza? Deberías mirar a los otros dos que se escaparon del Señor de la Hoz; la muchacha es extraordinaria con la lanza y el otro tiene fuerza suficiente para hacer temblar montañas. A ellos deberíamos apoyarlos. ¿Y nosotros qué estamos haciendo? Ocultando y alimentando a una diosa que ni siquiera tiene poderes. Cuando la rebelión termine, llegará la repartición de dominios, ¿qué crees que nos quedará a nosotros si se empieza a decirse que nuestra casa se unió hasta el final de la guerra? Escuché que la casa de Nereo ya está negociando una alianza matrimonial. Si seguimos retrasándonos, terminarán pasándonos por encima. Cierto, es la última hija del Padre del Cielo, pero su reinado terminó hace demasiado tiempo. Su linaje ya no tiene el mismo peso que en antaño. No pertenece a nuestra familia; no ganamos ni perdemos nada con ella. Con suerte encontrará con quién unirse y alguien más se encargará de sacarla de aquí».

    Esas palabras vinieron de una deidad de los ríos a quién yo le había contado lo triste que a veces me hacía sentía ser una huérfana, y aquella pregunta sobre la muerte se me escapó en un momento de vulnerabilidad emocional.

    No me quise quedar a seguir escuchando.

    Aunque, si sirve de consuelo, antes de moverme de mi escondite escuché cómo aquel dios comenzaba a ahogarse con un pedazo de cangrejo hervido que se le atoró en la garganta por hablar con la boca abierta. Creo que alguien comenzó a gritar: «¡Alza los brazos! ¡Pégale en la espalda! ¡Así no, idiota!» —Afro hizo una pausa y se llevó un dedo a los labios, intentando recuperar ese momento de sus recuerdos–. Tardó bastante en escupirlo, pero sobrevivió, y eso es lo importante. Supongo. Bueno, en fin...

    Esa experiencia me obligó a endurecerme. Aprendí que no debía entregar mi confianza con tanta facilidad. Me repetí una y otra vez que debía convertirme en una rosa como las que le traían a mi anfitriona: hermosa y radiante por fuera, pero cubierta de espinas bajo los pétalos para cualquiera que intentara marchitarme.

    Mis comentarios se volvieron mordaces. Enterré mi curiosidad debajo de bromas y sonrisas, aunque las preguntas seguían latiendo en mi cabeza como un ruido imposible de ignorar. Recorrí riachuelos y exploré docenas de veces los jardines acuáticos del palacio para matar el aburrimiento, y descubrir, de pura casualidad, si mis poderes finalmente despertarían. No podía salir a la superficie. Si lo hacía, pondría en riesgo la conspiración que ya estaba en marcha para usurpar el trono que una vez perteneció a mi padre.

    Y entonces, un día, me recosté sobre los peldaños que conducían al exterior y una frustración insoportable estalló en más preguntas... y en una gota de agua que se estrelló contra mi nariz.

    ¿Es que eso era todo lo que me esperaba? ¿Pasaría el resto de mi existencia inmortal encerrada en ese palacio? ¿De qué servía la inmortalidad si no podía hacerse nada con ella? ¿Cuándo conocería el mundo de la superficie? ¿Cómo era? Y si moría ¿mi alma por fin sería libre de vagar allá arriba? ¿Las almas podían sentir los rayos del sol? ¿Qué hacían las almas con toda la eternidad?

    Sí, lo sé. Son preguntas muy ruidosas. Pero, como dije, era joven y nadie estaba dispuesto a darme una respuesta que realmente significara algo.

    Me levanté y decidí buscar una forma de salir de allí. Le robaría una capa a alguien o me la jugaría a escapar a hurtadillas si era necesario. Pero iba a subir a la superficie de un modo u otro.

    Hay un defecto mío que suele pasar desapercibido: tengo una imaginación absurdamente activa. En esos días soñaba despierta con poder hacer ilusiones. Hacía gestos con las manos y murmuraba palabras mágicas esperando que un cíclope rosa apareciera enfrente de mí. Nunca ocurría nada.

    Hasta que un día cerré los ojos y me concentré en una planta que estaba frente a mí. Me concentré exactamente en lo que quería que cambiara de ella. La vi con claridad en la oscuridad de mi mente: sus pétalos abriéndose con delicadeza, teñidos de un color azul profundo. Imaginé también su aroma, dulce e inteso, tanto que parecía llegarme realmente a la nariz. El palacio de Océano siempre estaba cubierto de humedad, así que añadí pequeñas gotas de rocío resbalando por los pétalos. Gotas frescas. Podía sentirlas deslizándose por las yemas de mis dedos. Y entonces sentí el agua de verdad. Supuse que alguna gota habría caído del techo. Pero en ese momento ya no importaba. Estaba tan concentrada en la flor que tejía en mi cabeza que había dejado de sentir mi cuerpo y el único sonido que escuchaba era el de mi respiración, lenta y constante. Ni recordaba la mano que había levantado hacia la planta, ni la posición rígida en la que mis dedos habían quedado suspendidos. Pasó un tiempo antes de que el aroma comenzara a molestarme. Entonces abrí los ojos.

    La flor estaba ahí. Exactamente como la imaginé. Y entre mis dedos danzaba un resplandor de color azul atravesado por luces púrpuras –ella sacudió la mano, ese mismo tejido energético, vivo, precioso y ondulante, brilló como una aurora boreal. Sonrió, incluso ahora, el recuerdo seguía emocionándola igual que aquel día–. Esa fue mi primera ilusión y el despertar de mis dones. No era perfecta. A simple vista había detalles que hacían evidente que se trataba de un truco. Uno mal hecho. Pero para mí... eso bastaba.

    No tenía idea de como lo había hecho y en aquel instante sentí la sensación de que era capaz de hacer cualquier cosa. Quería más de ese poder. Quería que mis ilusiones fueran tan realistas que fueran capaces de moldear la realidad a mi gusto. Me obsesioné con perfeccionarlas que me la pasé noches enteras practicando mis ilusiones sin dormir. La cabeza me daba vueltas todos los días, me picaban los ojos, y una vez incluso me desplomé del agotamiento en uno de los pasillos. Era la única manera de hacerlo sin que nadie me descubiera. Porque esas eran mis ilusiones. Era mi poder. Mi llave al exterior, y no iba a permitir que nadie me la arrebatara. Sí... quizá, si les mostraba a los demás lo que podía hacer, finalmente empezarían a tomarme en serio. Pero me había costando trabajo levantarlas como para aceptar que alguien más pudiera decidir hasta dónde era capaz de llegar y cuando usarlas.

    Mejoré y... salí al exterior. Debo admitir que mi truco favorito sigue siendo desaparecer. Es increíblemente útil para adelantarme en la fila de las hamburguesas y convertirme en ser la primera en ordenar. O para escuchar conversaciones que suenan bastante interesantes. Oh, no se molesten en ponerse paranoicos, su privacidad está segura conmigo. Pero si escucho frases como: «Vamos a cerrar el contrato» o «llegó la hora de depositar el aguinaldo», no duden ni un segundo en que ya tengo el ojo puesto en esa dirección. No tengo palabras para describir... lo maravillada que me sentí cuando los rayos del sol tocaron mi piel. Ni el aroma del pasto. Ni la sensación de correr entre las raíces cubiertas de musgo verde bajo los árboles del bosque. Ni lo hermoso que resultó el canto de las aves. Atravesé praderas enteras envuelta en mis ilusiones; para los ojos ajenos, yo simplemente no estaba allí. Crucé ríos, me resbalé con las piedras húmedas y terminé golpeándome contra una roca. Me dolió horrible, pero aquel dolor sabía a libertad. Recuerdo que me eché a reír. Mientras me limpiaba el barro de las piernas, una ranita apareció entre los juncos y se acercó dando saltitos. Le dije:

    «¿No te parece que todo esto es hermoso? Los árboles, el sol, el viento, el agua, la vida. Me pregunto cuántas cosas habrás visto aquí arriba. Cuántos amaneceres conocerás tú y yo me habré perdido haya abajo». La rana respondió lanzando la lengua contra un mosquito que pasaba zumbando. Sonreí y le respondí: «Bueno, supongo que eso es un sí. ¿Sabes? Si existiera una manera de conocer todas las imágenes que guarda esa cabecita verde, sería maravilloso. Podría conocer el mundo entero a través de tus ojos. Todo lo que tú has visto y yo todavía no».

    Y así comenzó el descubrimiento de mi segunda habilidad. Pero eso ya es una historia para otra ocasión. Para la función de esta noche traje conmigo a la ranita del río –Afro extendió ambas manos con las palmas hacia arriba. La rana emergió dando un pequeño salto desde su mano derecha hacia la izquierda y luego se sumergió en su piel como si hubiera atravesado la superficie de un estanque invisible. Ondas azuladas y púrpuras recorrieron sus palmas durante un instante antes de desaparecer–. Así que díganme, ¿están listos para el espectáculo de magia?
    ────Tarde lluviosa con olor a palomitas de maíz. Eso solo puede significar una cosa: el show de magia de Afro está a punto de comenzar. Mientras esos asientos se van llenando y se me va pasando el calambre de la pierna izquierda, les contaré la historia de cómo esta encantadora maga aprendió sus trucos. Siempre he sido una incomprendida. Cuando era más joven, mi cabeza estaba llena de preguntas que los demás consideraban una perdida de tiempo. Y las respuestas que recibía no lograban satisfacer mi curiosidad, algunas me dejaban un nudo de nervios en el estómago y también estaban las que me hacían sentir como una boba por haber preguntado. Me molestaba conmigo misma por no poder ser como los demás. ¿Por qué tenía que ser precisamente yo, la hija del tirano del cielo, quién se hiciera esa clase de cuestionamientos? ¿por qué simplemente no podía limitarme a beber una copa de néctar y quedarme quieta, como lo hacían el resto de los habitantes dentro de los muros grises del palacio de Océano? Como pude, logré adaptarme a ese lugar lleno de deidades con cabellos trenzados con algas, y moluscos que colgaban de barbas ancianas y túnicas azules. Aprendí a hacer las preguntas y las conversaciones correctas a las deidades correctas. A sonreír en el momento adecuado. A no incomodar demasiado. Desde el primer momento fui una decepción: yo no era lo que todos esperaban de mí. No contaba con la impresionante fuerza de mi progenitor, y en esos días, tampoco parecía que hubiera heredado ningún poder impresionante. No me convertía en bruma, ni en un pez, ni en espuma. No podía manipular las olas, ni el viento, ni hacer crecer las flores a mi paso. Todo lo que tenía era este bonito rostro. Así que lo utilice como mi escudo y mi armadura eran mi sonrisa, mi lengua afilada y mi sentido del humor. Suena como una exageración, lo sé, pero era una cuestión de supervivencia. De ello dependía qué tan bien iba a ser mi existencia en ese lugar. A pesar de mis esfuerzos, no pude evitar los comentarios que se hacían sobre mí: «¿Porqué tenemos que cuidar de la bastarda del tirano? No tiene sangre del mar, ¿qué hace ella aquí?». En otra ocasión, escuché murmurar a alguien en la ala de la Espuma. «¿Sabes qué me preguntó el otro día? me preguntó adónde van las deidades al morir. ¿Quién se esta encargado de educarla que le está metiendo semejantes tonterías en la cabeza? Deberías mirar a los otros dos que se escaparon del Señor de la Hoz; la muchacha es extraordinaria con la lanza y el otro tiene fuerza suficiente para hacer temblar montañas. A ellos deberíamos apoyarlos. ¿Y nosotros qué estamos haciendo? Ocultando y alimentando a una diosa que ni siquiera tiene poderes. Cuando la rebelión termine, llegará la repartición de dominios, ¿qué crees que nos quedará a nosotros si se empieza a decirse que nuestra casa se unió hasta el final de la guerra? Escuché que la casa de Nereo ya está negociando una alianza matrimonial. Si seguimos retrasándonos, terminarán pasándonos por encima. Cierto, es la última hija del Padre del Cielo, pero su reinado terminó hace demasiado tiempo. Su linaje ya no tiene el mismo peso que en antaño. No pertenece a nuestra familia; no ganamos ni perdemos nada con ella. Con suerte encontrará con quién unirse y alguien más se encargará de sacarla de aquí». Esas palabras vinieron de una deidad de los ríos a quién yo le había contado lo triste que a veces me hacía sentía ser una huérfana, y aquella pregunta sobre la muerte se me escapó en un momento de vulnerabilidad emocional. No me quise quedar a seguir escuchando. Aunque, si sirve de consuelo, antes de moverme de mi escondite escuché cómo aquel dios comenzaba a ahogarse con un pedazo de cangrejo hervido que se le atoró en la garganta por hablar con la boca abierta. Creo que alguien comenzó a gritar: «¡Alza los brazos! ¡Pégale en la espalda! ¡Así no, idiota!» —Afro hizo una pausa y se llevó un dedo a los labios, intentando recuperar ese momento de sus recuerdos–. Tardó bastante en escupirlo, pero sobrevivió, y eso es lo importante. Supongo. Bueno, en fin... Esa experiencia me obligó a endurecerme. Aprendí que no debía entregar mi confianza con tanta facilidad. Me repetí una y otra vez que debía convertirme en una rosa como las que le traían a mi anfitriona: hermosa y radiante por fuera, pero cubierta de espinas bajo los pétalos para cualquiera que intentara marchitarme. Mis comentarios se volvieron mordaces. Enterré mi curiosidad debajo de bromas y sonrisas, aunque las preguntas seguían latiendo en mi cabeza como un ruido imposible de ignorar. Recorrí riachuelos y exploré docenas de veces los jardines acuáticos del palacio para matar el aburrimiento, y descubrir, de pura casualidad, si mis poderes finalmente despertarían. No podía salir a la superficie. Si lo hacía, pondría en riesgo la conspiración que ya estaba en marcha para usurpar el trono que una vez perteneció a mi padre. Y entonces, un día, me recosté sobre los peldaños que conducían al exterior y una frustración insoportable estalló en más preguntas... y en una gota de agua que se estrelló contra mi nariz. ¿Es que eso era todo lo que me esperaba? ¿Pasaría el resto de mi existencia inmortal encerrada en ese palacio? ¿De qué servía la inmortalidad si no podía hacerse nada con ella? ¿Cuándo conocería el mundo de la superficie? ¿Cómo era? Y si moría ¿mi alma por fin sería libre de vagar allá arriba? ¿Las almas podían sentir los rayos del sol? ¿Qué hacían las almas con toda la eternidad? Sí, lo sé. Son preguntas muy ruidosas. Pero, como dije, era joven y nadie estaba dispuesto a darme una respuesta que realmente significara algo. Me levanté y decidí buscar una forma de salir de allí. Le robaría una capa a alguien o me la jugaría a escapar a hurtadillas si era necesario. Pero iba a subir a la superficie de un modo u otro. Hay un defecto mío que suele pasar desapercibido: tengo una imaginación absurdamente activa. En esos días soñaba despierta con poder hacer ilusiones. Hacía gestos con las manos y murmuraba palabras mágicas esperando que un cíclope rosa apareciera enfrente de mí. Nunca ocurría nada. Hasta que un día cerré los ojos y me concentré en una planta que estaba frente a mí. Me concentré exactamente en lo que quería que cambiara de ella. La vi con claridad en la oscuridad de mi mente: sus pétalos abriéndose con delicadeza, teñidos de un color azul profundo. Imaginé también su aroma, dulce e inteso, tanto que parecía llegarme realmente a la nariz. El palacio de Océano siempre estaba cubierto de humedad, así que añadí pequeñas gotas de rocío resbalando por los pétalos. Gotas frescas. Podía sentirlas deslizándose por las yemas de mis dedos. Y entonces sentí el agua de verdad. Supuse que alguna gota habría caído del techo. Pero en ese momento ya no importaba. Estaba tan concentrada en la flor que tejía en mi cabeza que había dejado de sentir mi cuerpo y el único sonido que escuchaba era el de mi respiración, lenta y constante. Ni recordaba la mano que había levantado hacia la planta, ni la posición rígida en la que mis dedos habían quedado suspendidos. Pasó un tiempo antes de que el aroma comenzara a molestarme. Entonces abrí los ojos. La flor estaba ahí. Exactamente como la imaginé. Y entre mis dedos danzaba un resplandor de color azul atravesado por luces púrpuras –ella sacudió la mano, ese mismo tejido energético, vivo, precioso y ondulante, brilló como una aurora boreal. Sonrió, incluso ahora, el recuerdo seguía emocionándola igual que aquel día–. Esa fue mi primera ilusión y el despertar de mis dones. No era perfecta. A simple vista había detalles que hacían evidente que se trataba de un truco. Uno mal hecho. Pero para mí... eso bastaba. No tenía idea de como lo había hecho y en aquel instante sentí la sensación de que era capaz de hacer cualquier cosa. Quería más de ese poder. Quería que mis ilusiones fueran tan realistas que fueran capaces de moldear la realidad a mi gusto. Me obsesioné con perfeccionarlas que me la pasé noches enteras practicando mis ilusiones sin dormir. La cabeza me daba vueltas todos los días, me picaban los ojos, y una vez incluso me desplomé del agotamiento en uno de los pasillos. Era la única manera de hacerlo sin que nadie me descubiera. Porque esas eran mis ilusiones. Era mi poder. Mi llave al exterior, y no iba a permitir que nadie me la arrebatara. Sí... quizá, si les mostraba a los demás lo que podía hacer, finalmente empezarían a tomarme en serio. Pero me había costando trabajo levantarlas como para aceptar que alguien más pudiera decidir hasta dónde era capaz de llegar y cuando usarlas. Mejoré y... salí al exterior. Debo admitir que mi truco favorito sigue siendo desaparecer. Es increíblemente útil para adelantarme en la fila de las hamburguesas y convertirme en ser la primera en ordenar. O para escuchar conversaciones que suenan bastante interesantes. Oh, no se molesten en ponerse paranoicos, su privacidad está segura conmigo. Pero si escucho frases como: «Vamos a cerrar el contrato» o «llegó la hora de depositar el aguinaldo», no duden ni un segundo en que ya tengo el ojo puesto en esa dirección. No tengo palabras para describir... lo maravillada que me sentí cuando los rayos del sol tocaron mi piel. Ni el aroma del pasto. Ni la sensación de correr entre las raíces cubiertas de musgo verde bajo los árboles del bosque. Ni lo hermoso que resultó el canto de las aves. Atravesé praderas enteras envuelta en mis ilusiones; para los ojos ajenos, yo simplemente no estaba allí. Crucé ríos, me resbalé con las piedras húmedas y terminé golpeándome contra una roca. Me dolió horrible, pero aquel dolor sabía a libertad. Recuerdo que me eché a reír. Mientras me limpiaba el barro de las piernas, una ranita apareció entre los juncos y se acercó dando saltitos. Le dije: «¿No te parece que todo esto es hermoso? Los árboles, el sol, el viento, el agua, la vida. Me pregunto cuántas cosas habrás visto aquí arriba. Cuántos amaneceres conocerás tú y yo me habré perdido haya abajo». La rana respondió lanzando la lengua contra un mosquito que pasaba zumbando. Sonreí y le respondí: «Bueno, supongo que eso es un sí. ¿Sabes? Si existiera una manera de conocer todas las imágenes que guarda esa cabecita verde, sería maravilloso. Podría conocer el mundo entero a través de tus ojos. Todo lo que tú has visto y yo todavía no». Y así comenzó el descubrimiento de mi segunda habilidad. Pero eso ya es una historia para otra ocasión. Para la función de esta noche traje conmigo a la ranita del río –Afro extendió ambas manos con las palmas hacia arriba. La rana emergió dando un pequeño salto desde su mano derecha hacia la izquierda y luego se sumergió en su piel como si hubiera atravesado la superficie de un estanque invisible. Ondas azuladas y púrpuras recorrieron sus palmas durante un instante antes de desaparecer–. Así que díganme, ¿están listos para el espectáculo de magia?
    Me encocora
    Me gusta
    13
    3 turnos 0 maullidos
  • *tras haber pasado casi un día entero durmiendo como gato "literalmente". Intento usar el poder de posesión fantasmal con varios animales pequeños. Aves, ratas, perros... Ha llegado la hora de intentar poseer a una persona. Énfasis en "intentar"*
    Aún estoy avergonzado de cómo me costó tanto salir del cuerpo de ese gato. Bueno... Debería intentar con una persona... Por el bien de entender mis poderes. Pero... No, no. Esto es extremadamente vergonzoso. Una invasión de privacidad máxima. Creo que necesitaré que alguien me ayude con el entrenamiento.
    *tras haber pasado casi un día entero durmiendo como gato "literalmente". Intento usar el poder de posesión fantasmal con varios animales pequeños. Aves, ratas, perros... Ha llegado la hora de intentar poseer a una persona. Énfasis en "intentar"* Aún estoy avergonzado de cómo me costó tanto salir del cuerpo de ese gato. Bueno... Debería intentar con una persona... Por el bien de entender mis poderes. Pero... No, no. Esto es extremadamente vergonzoso. Una invasión de privacidad máxima. Creo que necesitaré que alguien me ayude con el entrenamiento.
    Me shockea
    Me gusta
    3
    11 turnos 0 maullidos
  • Eres nuevo en la facultad y tú rommie también pero ella parece no tener privacidad contigo...~ ¿que harás?
    Eres nuevo en la facultad y tú rommie también pero ella parece no tener privacidad contigo...~ ¿que harás?
    Me gusta
    Me encocora
    Me endiabla
    8
    1 turno 0 maullidos
  • Aikaterine Ouro

    ────¿Uh? Bueno, parece que oficialmente el clima exige que pida otra taza de chocolate caliente –murmuró mientras echaba un vistazo a la calle, difuminada tras las gotas que escurrían raudas por el cristal de la ventana–. Parece que tendré que esperar un poco más antes de volver a casa.

    Su dedo señaló el párrafo en su libreto dónde se había quedado leyendo. Se encontraba en la zona más apartada de la cafetería, justo donde sabía que podía encontrar la privacidad y comodidad que necesitaba tras un largo día. Desde su estancia en aquella ciudad, ese rincón se había convertido en un pequeño refugio del mundo. No solía ser frecuentado por la gente, a excepción de esos días en los que las ofertas especiales hacían rebosar al personal de órdenes nuevas. Quizá, se dijo, se debía a la distancia entre la mesa y el final de la barra dónde se recogían los pedidos.

    El aire llevaba el delicioso aroma del café recién tostado, mezclado con los panecillos humeantes de mantequilla recién salidos del horno. Una calma familiar la recorrió, vista desde lejos, cualquiera que la mirara habría pensado que se trataba de una chica común. No de una deidad que se exilió al mundo de los mortales, viviendo cómo una más de ellos.

    Dejó su nueva taza de chocolate enfriar al lado de su guitarra. Entre muchas cosas que le trajo el exilio, disfrutar de la cotidianidad de una vida normal era una de las que más apreciaba. Llevaba ya tanto tiempo en la esfera de los mortales que el momento en que anunció su exilio ante la sala del trono de los dioses se había vuelto un recuerdo difuso. No era la primera vez que se aventuraba a vivir como humana, pero eso, como muchos otros secretos que guardaba, era algo que los demás dioses no tendrían porque saberlo jamás.

    Mientras esperaba para poder probar de su bebida, continuó leyendo, limitándose a escuchar el repiqueteo insistente de la lluvia en el exterior.
    [Mercenary1x] ────¿Uh? Bueno, parece que oficialmente el clima exige que pida otra taza de chocolate caliente –murmuró mientras echaba un vistazo a la calle, difuminada tras las gotas que escurrían raudas por el cristal de la ventana–. Parece que tendré que esperar un poco más antes de volver a casa. Su dedo señaló el párrafo en su libreto dónde se había quedado leyendo. Se encontraba en la zona más apartada de la cafetería, justo donde sabía que podía encontrar la privacidad y comodidad que necesitaba tras un largo día. Desde su estancia en aquella ciudad, ese rincón se había convertido en un pequeño refugio del mundo. No solía ser frecuentado por la gente, a excepción de esos días en los que las ofertas especiales hacían rebosar al personal de órdenes nuevas. Quizá, se dijo, se debía a la distancia entre la mesa y el final de la barra dónde se recogían los pedidos. El aire llevaba el delicioso aroma del café recién tostado, mezclado con los panecillos humeantes de mantequilla recién salidos del horno. Una calma familiar la recorrió, vista desde lejos, cualquiera que la mirara habría pensado que se trataba de una chica común. No de una deidad que se exilió al mundo de los mortales, viviendo cómo una más de ellos. Dejó su nueva taza de chocolate enfriar al lado de su guitarra. Entre muchas cosas que le trajo el exilio, disfrutar de la cotidianidad de una vida normal era una de las que más apreciaba. Llevaba ya tanto tiempo en la esfera de los mortales que el momento en que anunció su exilio ante la sala del trono de los dioses se había vuelto un recuerdo difuso. No era la primera vez que se aventuraba a vivir como humana, pero eso, como muchos otros secretos que guardaba, era algo que los demás dioses no tendrían porque saberlo jamás. Mientras esperaba para poder probar de su bebida, continuó leyendo, limitándose a escuchar el repiqueteo insistente de la lluvia en el exterior.
    Me encocora
    Me gusta
    15
    6 turnos 0 maullidos
  • *En la privacidad de sus aposentos, exploraba aquel tomo con el tacto. La vibración del grimorio le reveló de inmediato a quién pertenecía, transportándolo a los días en que aún habitaba los cielos. Con los dedos recorriendo la tapa, se dejó envolver por la ilusión de haber sido recibido al fin. Una sonrisa infantil iluminó su cara al imaginar un abrazo; el deseo de buscarlo era inmenso, pero decidió contener su impaciencia y aguardar el momento oportuno.*
    *En la privacidad de sus aposentos, exploraba aquel tomo con el tacto. La vibración del grimorio le reveló de inmediato a quién pertenecía, transportándolo a los días en que aún habitaba los cielos. Con los dedos recorriendo la tapa, se dejó envolver por la ilusión de haber sido recibido al fin. Una sonrisa infantil iluminó su cara al imaginar un abrazo; el deseo de buscarlo era inmenso, pero decidió contener su impaciencia y aguardar el momento oportuno.*
    Me gusta
    Me shockea
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • "Viejos Enemigos"
    Fandom Criminal Minds (Mentes Criminales)
    Categoría Acción

    ㅤㅤㅤㅤ⧽ 𝐒𝐓𝐀𝐑𝐓𝐄𝐑
    ㅤㅤㅤㅤ ˹ Angie Brooks
    ㅤㅤ
    ㅤㅤㅤ
    ㅤㅤㅤㅤㅤEl mes de Enero trajo bastante paz y tranquilidad para Jack y Angie. Como pareja ya estaban perfectamente consolidada, teniendo en cuenta que toda su familia y allegados ya conocían su situación y que, pese a la breve pero tensa escena que se vivió en casa de Lana y Jeremy, estos terminaron aceptándolo y disfrutando de la felicidad de la pareja. Por supuesto Lana tuvo doce mil preguntas que hacerles y no todas ellas fueron respondidas. Pues la verdad era que Jack y Angie todavia eran bastante recelosos de su privacidad y preferían que nadie se entrometiera demasiado en su propia forma de hacer las cosas.

    Por eso, cuando Lana, al conocer que la fecha de aniversario de la pareja se acercaba, habia bombardeado a Jack con medio millón de planes románticos, escapadas, lugares que visitar y hoteles “monísimos”, el federal tuvo que plantarse y decirle a Lana que ya tenía el plan perfecto. Y asi era. Aunque debido a la carga de trabajo extra tuvo que posponer sus planes unas pocas semanas… La UAC se vio sacudida por un extraño caso de un imitador que reconstruía los crímenes que la unidad habia resuelto recientemente. Un tipo al que todavia no eran capaces de echar el guante ni estrechar el cerco sobre él. Por otro lado, el equipo de Hotchner se vio bastante afectado cuando Spencer tomó una baja repentina tras el asesinato de un ser querido. Algo que todos pudieron entender perfectamente. Hotchner y Jack habían pasado por lo mismo en sus vidas…

    Pero, al fin, cerca de San Valentín JT encontró un respiro con el que poder disfrutar de su aniversario con la mujer que queria. No fueron más que tres dias, pero eran tres dias en los que pudieron dejar de pensar en asesinatos, crímenes y sudes. Le hubiera gustado poder llevarse a Angie a la otra punta del mundo, pero el jet lag los mataría a los dos al regresar a casa de un viaje tan corto. Asi que optó por reservar una pequeña casita en un resort de Sacramento en California. Piscina, mojitos, masajes y nada de lo que preocuparse durante casi setenta y dos horas. Allí no tenían que disimular, ni ser otras personas. Solo eran ellos dos…

    La mañana en que tomaban el vuelo de regreso a Virginia, leyeron una preocupante noticia en el periódico. Y los dos supieron que, tarde o temprano tendrían que ser ellos quienes se hicieran cargo de aquello… No les faltó razón…

    Apenas una semana después de regresar a Quántico, la policía de Vallejo, en California, solicitaba la ayuda de la Unidad de Análisis de Conducta. Hotchner y su equipo estaban en activo en un caso por lo que aquello pasó directamente a ellos.

    Debió de sospechar algo aquel día… Debió de hacerse preguntas… Jack pensaría en aquella reunión muchas veces en el futuro. Pero, en ese momento, no lo hizo. Hammond alegó estar enfermo. Incluso presentó una baja médica que lo apartaba del servicio durante una semana. Por lo que su equipo se vio mermado considerablemente, estando formado únicamente por Lauren, Sean, Angie y el propio Jack. Los cuatro reunidos en torno a la mesa donde siempre exponían sus casos.

    Tras comprobar que todos tenían una copia del expediente, Jack se puso manos a la obra.

    -Hace unos dias la policía de Vallejo se vio desconcertada cuando dos adolescentes aparecieron asesinados por múltiples disparos en el interior de su coche -Jack apretó el mando de la televisión y las fotografías de carné de las victimas y algunas fotos de los cadáveres en la escena del crimen aparecieron superponiéndose ordenadamente- Kathy Branson y Braeden Smith eran solo dos adolescentes más que frecuentaban ese descampado para tener, digamos, un escarceo amoroso… -carraspeó ligeramente- Según el análisis forense, Braeden tiene tres disparos en la cara y uno en el abdomen. La chica se llevó la mayor parte de los disparos. Ninguno de los dos sobrevivió. En el escenario aparecieron huellas de botas militares.

    Jack guardó silencio un segundo antes de volver a pulsar la tecla pertinente del mando.

    -En la puerta del vehículo grabaron esto… -dijo cuando la imagen de la cruz y el circulo apareció en pantalla, un símbolo similar al que usaba el asesino del Zodiaco.

    -¿El Zodiaco? ¿De veras? -preguntó Lauren frunciendo las cejas como si algo no encajara.

    -Pero…- Wesson se adelantó- En el caso del Zodiaco los crímenes ocurrieron en diciembre… en el camino hacia el lago Herman… ¿Creéis que el sudes intentó imitar el crimen exacto y falló?

    -Sí, pero… Zodiac no grabó su marca en el coche de Betty Lou aquella noche… Sí lo hizo en el asesinato del Lago Berryesa -intervino Lauren de nuevo.

    Jack negó con la cabeza.

    -Es lo que tenemos que averiguar. Hoy ha llegado esto… -pulsó el mando otra vez y nueva información sustituyó a la anterior- Ha ocurrido en Napa. Ella es Molly Stuart. Treinta y seis años. Apareció asesinada en su coche en el aparcamiento de una tienda veinticuatro horas. Tiene un disparo en la nuca y… falta un trozo de la blusa y el vehículo ha sido limpiado desde dentro por el sudes…

    Lauren asintió.

    -Igual que el Zodiaco cuando mató al taxista, Paul Stine… -frunció las cejas- Pero la localización no encaja. Stine fue asesinado en Presidio Heights a muchos kilómetros de allí. No le mueve el perfil geográfico. Es como si quisiera decir “miradme, la historia puede repetirse en cualquier momento”.

    Jack asintió de nuevo.

    -Grabaron el mismo símbolo en la puerta del coche…

    -Vale… ¿Y que hay de las llamadas? -propuso Sean- El Zodiaco llamaba por teléfono a la policía tras los crímenes… ¿Se han enviado criptogramas a algún periódico?

    -No… -adelantó Jack- La policía de Vallejo no teme enfrentarse al Zodiaco de nuevo… Este buscaba reconocimiento y poder al creerse mas listo que los demás con sus mensajes crípticos… Nuestro sudes es más peligroso… Parece solo buscar el asesinato y el espectáculo. Cuando lleguemos, Lauren y Wesson irán a la primera escena del crimen. Angie y yo iremos a ver el escenario del crimen de Napa. La policía de Vallejo nos espera allí, así que…. Despegamos en veinte minutos… -dijo y se puso en pie- He hablado con el agente Hotchner acerca de nuestra falta de personal, asi que… el agente Morgan se unirá a nosotros mañana por la mañana. Viajará directamente desde Dakota del Sur para ayudarnos.

    Wesson se puso en pie.

    -Genial. Morgan es mucho más divertido que Hammond -dijo con cierto aire divertido.


    #Personajes3D #3D #Comunidad3D #CriminalMinds #NuevoStarter
    ㅤ ㅤㅤㅤㅤ⧽ 𝐒𝐓𝐀𝐑𝐓𝐄𝐑 ㅤㅤㅤㅤ ˹ [AngieBrooks] ㅤㅤ ㅤㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤEl mes de Enero trajo bastante paz y tranquilidad para Jack y Angie. Como pareja ya estaban perfectamente consolidada, teniendo en cuenta que toda su familia y allegados ya conocían su situación y que, pese a la breve pero tensa escena que se vivió en casa de Lana y Jeremy, estos terminaron aceptándolo y disfrutando de la felicidad de la pareja. Por supuesto Lana tuvo doce mil preguntas que hacerles y no todas ellas fueron respondidas. Pues la verdad era que Jack y Angie todavia eran bastante recelosos de su privacidad y preferían que nadie se entrometiera demasiado en su propia forma de hacer las cosas. Por eso, cuando Lana, al conocer que la fecha de aniversario de la pareja se acercaba, habia bombardeado a Jack con medio millón de planes románticos, escapadas, lugares que visitar y hoteles “monísimos”, el federal tuvo que plantarse y decirle a Lana que ya tenía el plan perfecto. Y asi era. Aunque debido a la carga de trabajo extra tuvo que posponer sus planes unas pocas semanas… La UAC se vio sacudida por un extraño caso de un imitador que reconstruía los crímenes que la unidad habia resuelto recientemente. Un tipo al que todavia no eran capaces de echar el guante ni estrechar el cerco sobre él. Por otro lado, el equipo de Hotchner se vio bastante afectado cuando Spencer tomó una baja repentina tras el asesinato de un ser querido. Algo que todos pudieron entender perfectamente. Hotchner y Jack habían pasado por lo mismo en sus vidas… Pero, al fin, cerca de San Valentín JT encontró un respiro con el que poder disfrutar de su aniversario con la mujer que queria. No fueron más que tres dias, pero eran tres dias en los que pudieron dejar de pensar en asesinatos, crímenes y sudes. Le hubiera gustado poder llevarse a Angie a la otra punta del mundo, pero el jet lag los mataría a los dos al regresar a casa de un viaje tan corto. Asi que optó por reservar una pequeña casita en un resort de Sacramento en California. Piscina, mojitos, masajes y nada de lo que preocuparse durante casi setenta y dos horas. Allí no tenían que disimular, ni ser otras personas. Solo eran ellos dos… La mañana en que tomaban el vuelo de regreso a Virginia, leyeron una preocupante noticia en el periódico. Y los dos supieron que, tarde o temprano tendrían que ser ellos quienes se hicieran cargo de aquello… No les faltó razón… Apenas una semana después de regresar a Quántico, la policía de Vallejo, en California, solicitaba la ayuda de la Unidad de Análisis de Conducta. Hotchner y su equipo estaban en activo en un caso por lo que aquello pasó directamente a ellos. Debió de sospechar algo aquel día… Debió de hacerse preguntas… Jack pensaría en aquella reunión muchas veces en el futuro. Pero, en ese momento, no lo hizo. Hammond alegó estar enfermo. Incluso presentó una baja médica que lo apartaba del servicio durante una semana. Por lo que su equipo se vio mermado considerablemente, estando formado únicamente por Lauren, Sean, Angie y el propio Jack. Los cuatro reunidos en torno a la mesa donde siempre exponían sus casos. Tras comprobar que todos tenían una copia del expediente, Jack se puso manos a la obra. -Hace unos dias la policía de Vallejo se vio desconcertada cuando dos adolescentes aparecieron asesinados por múltiples disparos en el interior de su coche -Jack apretó el mando de la televisión y las fotografías de carné de las victimas y algunas fotos de los cadáveres en la escena del crimen aparecieron superponiéndose ordenadamente- Kathy Branson y Braeden Smith eran solo dos adolescentes más que frecuentaban ese descampado para tener, digamos, un escarceo amoroso… -carraspeó ligeramente- Según el análisis forense, Braeden tiene tres disparos en la cara y uno en el abdomen. La chica se llevó la mayor parte de los disparos. Ninguno de los dos sobrevivió. En el escenario aparecieron huellas de botas militares. Jack guardó silencio un segundo antes de volver a pulsar la tecla pertinente del mando. -En la puerta del vehículo grabaron esto… -dijo cuando la imagen de la cruz y el circulo apareció en pantalla, un símbolo similar al que usaba el asesino del Zodiaco. -¿El Zodiaco? ¿De veras? -preguntó Lauren frunciendo las cejas como si algo no encajara. -Pero…- Wesson se adelantó- En el caso del Zodiaco los crímenes ocurrieron en diciembre… en el camino hacia el lago Herman… ¿Creéis que el sudes intentó imitar el crimen exacto y falló? -Sí, pero… Zodiac no grabó su marca en el coche de Betty Lou aquella noche… Sí lo hizo en el asesinato del Lago Berryesa -intervino Lauren de nuevo. Jack negó con la cabeza. -Es lo que tenemos que averiguar. Hoy ha llegado esto… -pulsó el mando otra vez y nueva información sustituyó a la anterior- Ha ocurrido en Napa. Ella es Molly Stuart. Treinta y seis años. Apareció asesinada en su coche en el aparcamiento de una tienda veinticuatro horas. Tiene un disparo en la nuca y… falta un trozo de la blusa y el vehículo ha sido limpiado desde dentro por el sudes… Lauren asintió. -Igual que el Zodiaco cuando mató al taxista, Paul Stine… -frunció las cejas- Pero la localización no encaja. Stine fue asesinado en Presidio Heights a muchos kilómetros de allí. No le mueve el perfil geográfico. Es como si quisiera decir “miradme, la historia puede repetirse en cualquier momento”. Jack asintió de nuevo. -Grabaron el mismo símbolo en la puerta del coche… -Vale… ¿Y que hay de las llamadas? -propuso Sean- El Zodiaco llamaba por teléfono a la policía tras los crímenes… ¿Se han enviado criptogramas a algún periódico? -No… -adelantó Jack- La policía de Vallejo no teme enfrentarse al Zodiaco de nuevo… Este buscaba reconocimiento y poder al creerse mas listo que los demás con sus mensajes crípticos… Nuestro sudes es más peligroso… Parece solo buscar el asesinato y el espectáculo. Cuando lleguemos, Lauren y Wesson irán a la primera escena del crimen. Angie y yo iremos a ver el escenario del crimen de Napa. La policía de Vallejo nos espera allí, así que…. Despegamos en veinte minutos… -dijo y se puso en pie- He hablado con el agente Hotchner acerca de nuestra falta de personal, asi que… el agente Morgan se unirá a nosotros mañana por la mañana. Viajará directamente desde Dakota del Sur para ayudarnos. Wesson se puso en pie. -Genial. Morgan es mucho más divertido que Hammond -dijo con cierto aire divertido. #Personajes3D #3D #Comunidad3D #CriminalMinds #NuevoStarter ㅤ
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    1
    11 turnos 0 maullidos
  • Mi querida audiencia: un consejito de oro. Respeten la privacidad de sus hijos o acabarán en una situación tan humillante y patética como la de este 'rey'. ¡Qué delicia será verlos caer! No cambien de canal, que el ridículo ajeno es mi deporte favorito.jxjxjxjxjxjxj
    Mi querida audiencia: un consejito de oro. Respeten la privacidad de sus hijos o acabarán en una situación tan humillante y patética como la de este 'rey'. ¡Qué delicia será verlos caer! No cambien de canal, que el ridículo ajeno es mi deporte favorito.jxjxjxjxjxjxj :STK-54:
    Me enjaja
    Me gusta
    Me endiabla
    10
    13 turnos 0 maullidos
  • : Irrumpir en la privacidad de alguien no es muy bueno, más cuando esa persona apenas está vestida.
    🪓: Irrumpir en la privacidad de alguien no es muy bueno, más cuando esa persona apenas está vestida.
    Me encocora
    Me gusta
    Me shockea
    Me enjaja
    12
    3 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados