•  El joven cura permanecía inmóvil mientras el sudor descendía lentamente por su rostro, frío a pesar del viento que golpeaba su cuerpo como una ola invisible surgida de la oscuridad. Se encontraba perdido en el purgatorio de sus propias pesadillas; un lugar silencioso y distorsionado donde el cielo parecía muerto y el aire cargaba una sensación insoportable de culpa. Miró a ambos lados con respiración agitada. A lo lejos, las únicas luces visibles provenían de las ventanas de enormes edificios sin forma clara, pequeños destellos cálidos en medio de aquel vacío interminable. Él, en cambio, permanecía atrapado entre campos de herbáceos dorados que se mecían lentamente bajo el viento, como si ocultaran algo bajo sus raíces.

    -¿Este será mi castigo eterno...?

    Por un instante bajó la mirada, sintiendo cómo el peso en su pecho se hacía más insoportable que el propio miedo. Comprendió, con amarga resignación, que su pecado seguía vivo dentro de él… carcomiéndolo lentamente desde el alma.
     El joven cura permanecía inmóvil mientras el sudor descendía lentamente por su rostro, frío a pesar del viento que golpeaba su cuerpo como una ola invisible surgida de la oscuridad. Se encontraba perdido en el purgatorio de sus propias pesadillas; un lugar silencioso y distorsionado donde el cielo parecía muerto y el aire cargaba una sensación insoportable de culpa. Miró a ambos lados con respiración agitada. A lo lejos, las únicas luces visibles provenían de las ventanas de enormes edificios sin forma clara, pequeños destellos cálidos en medio de aquel vacío interminable. Él, en cambio, permanecía atrapado entre campos de herbáceos dorados que se mecían lentamente bajo el viento, como si ocultaran algo bajo sus raíces. -¿Este será mi castigo eterno...? Por un instante bajó la mirada, sintiendo cómo el peso en su pecho se hacía más insoportable que el propio miedo. Comprendió, con amarga resignación, que su pecado seguía vivo dentro de él… carcomiéndolo lentamente desde el alma.
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  • 》 Tuvo una pesadilla y no quiere dormir solo.
    ¿Puede dormir a los pies de tu cama? 《

    ❝ Hn.....hn.... ❞
    》Esta pidiendo permiso para pasar.《

    ///
    Inserte el meme:
    "Me Puedo Dormir Con Usted Jefa? Es que Soñe Feo"
    》 Tuvo una pesadilla y no quiere dormir solo. ¿Puede dormir a los pies de tu cama? 《 ❝ Hn.....hn.... ❞ 》Esta pidiendo permiso para pasar.《 /// Inserte el meme: "Me Puedo Dormir Con Usted Jefa? Es que Soñe Feo"
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  • Si eres de la raza dragón seguramente recordarás que esto solían contarte cuando te portadas mal o no querías dormir

    Así es me refiero a la historia del legendario dragón sepulcral que a muchos en su momento nos dio miedo, ¿Empezamos?

    ×Sostenia el libro en mis manos y me acercaria a una silla para ponerme comodo y mirar al público con una leve sonrisa para después abrir dicho libro y empezar a leer×

    LA HISTORIA DEL DRAGON SEPULCRAL
    (Basada en hechos reales)

    Cuando este dragón nació su familia lo llamo Zeldri y tenía un rol muy importante en la historia de nuestra raza pues el era nada más ni nada menos que un príncipe.

    Sus padres murieron a causa de una enfermedad cuando el tenía solo 15 años así que fue criado por los sirvientes del castillo hasta que finalmente llego a la adolescencia.

    Su trabajo como heredero al trono estaba iniciando pero le hacía falta una mujer que lo acompañará el resto de su vida, todos pensaron que el elegiría a una dragona.

    Pero el príncipe terminaria cometiendo el mayor error de su vida el cual fue enamorarse de una mujer humana.. cuando esto ocurrió nadie lo acepto todos querían oponerse ya que sentían que esa humana tramaba algo

    El príncipe no hizo caso a las muchas advertencias que se le daban y con tal de hacerlos callar ataco a su propia gente para demostrar que él está por encima de ellos y que no debían cuestionar sus decisiones.

    Pero claramente el príncipe fue muy ingenuo al no hacer caso a dichas advertencias, una noche la mujer humana llego a la ciudad pero no venía sola la acompañaba un grupo de mercenarios que sin dudarlo una sola ves atacaron a los habitantes y quemaron sus hogares, fue toda una masacre..

    El último en morir fue el príncipe Zeldri pero antes de soltar su último aliento miro a los humanos y dijo..

    "Los maldigo a todos ustedes por haberme engañado.. juro que aunque muera aquí voy a regresar, volveré convertido en la peor pesadilla de todos ustedes.. no dejaré ni un solo pueblo sin aniquilar"

    Después de su muerte los humanos destruyeron su reino para construir uno nuevo pero solo con habitantes humanos, todo parecía ir de maravilla como si la maldición de Zeldri no fueran más que palabras.

    Pero cuando pasaron 20 años desde lo ocurrido comenzaron a llegar reportes día tras día sobre un dragón inmortal que estaba arrasando tanto con fortalezas militares como también ciudades.. cuando ese dragón pasaba solo dejaba muerte y destrucción a su paso, era una bestia enfurecida y con una insaciable sed de sangre.

    Según la historia ese dragón llego a la antigua ciudad de Zeldri y destrozo hasta los cimientos.. se dice que hasta el día de hoy ese dragón sigue volando alrededor del planeta tierra buscando saciar esa sed de sangre.

    Muchos se siguen haciendo la pregunta.. ¿Será el fantasma de Zeldri? ¿O algo más allá de nuestro entendimiento?

    Son preguntas que nunca se responderán pero todos los padres dragones usaron esta historia para sus hijos pronunciando lo siguiente.

    "Si te portas mal o no duermes bien el gran dragón sepulcral vendrá a buscar tu carne y alma porque el no tiene piedad con los niños traviesos"

    Dudo mucho que esa historia siga asustando a alguien pero tenía que compartirla con ustedes jajaja
    Si eres de la raza dragón seguramente recordarás que esto solían contarte cuando te portadas mal o no querías dormir Así es me refiero a la historia del legendario dragón sepulcral que a muchos en su momento nos dio miedo, ¿Empezamos? ×Sostenia el libro en mis manos y me acercaria a una silla para ponerme comodo y mirar al público con una leve sonrisa para después abrir dicho libro y empezar a leer× LA HISTORIA DEL DRAGON SEPULCRAL (Basada en hechos reales) Cuando este dragón nació su familia lo llamo Zeldri y tenía un rol muy importante en la historia de nuestra raza pues el era nada más ni nada menos que un príncipe. Sus padres murieron a causa de una enfermedad cuando el tenía solo 15 años así que fue criado por los sirvientes del castillo hasta que finalmente llego a la adolescencia. Su trabajo como heredero al trono estaba iniciando pero le hacía falta una mujer que lo acompañará el resto de su vida, todos pensaron que el elegiría a una dragona. Pero el príncipe terminaria cometiendo el mayor error de su vida el cual fue enamorarse de una mujer humana.. cuando esto ocurrió nadie lo acepto todos querían oponerse ya que sentían que esa humana tramaba algo El príncipe no hizo caso a las muchas advertencias que se le daban y con tal de hacerlos callar ataco a su propia gente para demostrar que él está por encima de ellos y que no debían cuestionar sus decisiones. Pero claramente el príncipe fue muy ingenuo al no hacer caso a dichas advertencias, una noche la mujer humana llego a la ciudad pero no venía sola la acompañaba un grupo de mercenarios que sin dudarlo una sola ves atacaron a los habitantes y quemaron sus hogares, fue toda una masacre.. El último en morir fue el príncipe Zeldri pero antes de soltar su último aliento miro a los humanos y dijo.. "Los maldigo a todos ustedes por haberme engañado.. juro que aunque muera aquí voy a regresar, volveré convertido en la peor pesadilla de todos ustedes.. no dejaré ni un solo pueblo sin aniquilar" Después de su muerte los humanos destruyeron su reino para construir uno nuevo pero solo con habitantes humanos, todo parecía ir de maravilla como si la maldición de Zeldri no fueran más que palabras. Pero cuando pasaron 20 años desde lo ocurrido comenzaron a llegar reportes día tras día sobre un dragón inmortal que estaba arrasando tanto con fortalezas militares como también ciudades.. cuando ese dragón pasaba solo dejaba muerte y destrucción a su paso, era una bestia enfurecida y con una insaciable sed de sangre. Según la historia ese dragón llego a la antigua ciudad de Zeldri y destrozo hasta los cimientos.. se dice que hasta el día de hoy ese dragón sigue volando alrededor del planeta tierra buscando saciar esa sed de sangre. Muchos se siguen haciendo la pregunta.. ¿Será el fantasma de Zeldri? ¿O algo más allá de nuestro entendimiento? Son preguntas que nunca se responderán pero todos los padres dragones usaron esta historia para sus hijos pronunciando lo siguiente. "Si te portas mal o no duermes bien el gran dragón sepulcral vendrá a buscar tu carne y alma porque el no tiene piedad con los niños traviesos" Dudo mucho que esa historia siga asustando a alguien pero tenía que compartirla con ustedes jajaja
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  • • Las Crónicas De Fenrir Queen •

    ~El día que ella se marchó..~

    Después de semanas oculto entre montañas nevadas y restos de una guerra que todavía seguía ardiendo dentro de su cabeza, Kael Vireon finalmente había conseguido volver a caminar gracias a la ayuda constante de Fenrir Queen. Para él, aquella chica se había convertido lentamente en algo mucho más importante de lo que quería admitir. En un mundo donde todo olía a humo, sangre y cenizas, Fenrir era la única cosa que todavía parecía cálida. Cada vez que aparecía entrando a la cueva con comida, agua o vendas improvisadas, Kael sentía por unos instantes que el dolor desaparecía un poco. Ella hablaba poco, pero incluso su silencio transmitía tranquilidad. Y para un niño que acababa de perder absolutamente todo… aquello terminó convirtiéndose en un refugio emocional del que ni siquiera era consciente.

    Había noches donde Kael despertaba sobresaltado por las pesadillas, escuchando nuevamente los gritos de su pueblo, viendo otra vez el fuego devorando las casas mientras el cielo se llenaba de aquellas monstruosas estructuras flotantes. Recordaba el abrazo desesperado de su madre, el último grito de su padre y la sensación de impotencia mientras el mundo entero colapsaba frente a él. Pero entonces veía a Fenrir dormida cerca del fuego o escuchaba su voz tranquila preguntándole si las heridas todavía dolían… y por un momento podía respirar otra vez.

    Por eso jamás imaginó lo que estaba a punto de descubrir.

    Aquella mañana el sonido regresó.

    Un estruendo profundo atravesó las montañas haciendo vibrar la nieve bajo sus pies. Kael abrió los ojos inmediatamente y su cuerpo reaccionó por puro instinto. Ese ruido… era exactamente el mismo. El mismo sonido que escuchó el día que comenzó la masacre.

    Sin decir nada salió rápidamente de la cueva mientras el viento helado golpeaba su rostro. Desde la altura de la montaña pudo ver enormes sombras moviéndose entre las nubes. Varias estructuras gigantescas descendían lentamente sobre el valle rodeadas de humo y energía, como depredadores regresando al lugar donde ya habían arrasado todo una vez.

    El corazón de Kael comenzó a acelerarse violentamente.

    No.

    No podía ser.

    Sus piernas avanzaron solas entre la nieve hasta alcanzar un punto desde donde podía observar mejor el valle… y entonces la vio.

    Fenrir.

    Estaba allí.

    De pie sobre una de aquellas enormes plataformas flotantes mientras el viento movía lentamente su vestido blanco. Detrás de ella caminaban soldados armados cubiertos con las mismas armaduras oscuras que Kael jamás había podido olvidar. Desde esa distancia ella parecía tranquila, completamente integrada entre aquel ejército monstruoso que dominaba el cielo.

    Y fue entonces cuando Kael empezó a reconocer los símbolos.

    Las banderas negras.

    Los emblemas grabados sobre el metal.

    Las marcas que vio entre humo y sangre el día que su hogar desapareció.

    Todo encajó de golpe.

    Fenrir no era una superviviente.
    No era una chica perdida.
    No era alguien que simplemente apareció en medio de la guerra.

    Ella pertenecía a ellos.

    Al mismo ejército que redujo su hogar a cenizas.
    Al mismo ejército que asesinó a su madre, a su padre, a sus vecinos… a todos.

    Kael sintió que algo dentro de él simplemente se rompía.

    Las imágenes comenzaron a mezclarse violentamente en su cabeza. Su madre abrazándolo mientras lloraba. Su padre cubierto de sangre intentando detener a aquellos soldados. El fuego consumiendo las calles. Los gritos. La nieve teñida de rojo. Y luego Fenrir… sentada junto al fuego de la cueva mirándolo con aquella expresión tranquila mientras curaba sus heridas.

    El contraste era demasiado.

    Su respiración empezó a fallar.

    —…no…—

    La voz apenas salió de su garganta mientras retrocedía un paso sobre la nieve. Abajo, varias naves comenzaron a elevarse lentamente y soldados seguían moviéndose alrededor de Fenrir como si aquel infierno fuera algo normal para ella.

    —…tú…?—

    Las lágrimas empezaron a caerle sin siquiera darse cuenta.

    Todo lo que había construido emocionalmente alrededor de ella empezó a derrumbarse de golpe. Porque Fenrir no solo había sido alguien importante para él. Había sido literalmente lo único que le quedaba después de perderlo todo. La única persona que logró hacerle sentir protegido otra vez. La única voz capaz de calmar sus pesadillas.

    Y ahora estaba viendo que esa misma persona pertenecía al monstruo que destruyó su vida.

    Kael apretó los puños con tanta fuerza que sus uñas atravesaron la piel de sus manos. Su cuerpo entero comenzó a temblar mientras una mezcla insoportable de dolor, rabia y traición crecía dentro de él como algo vivo.

    Quería odiarla.

    Quería gritarle.

    Quería arrancarse de encima cada recuerdo relacionado con ella.

    Pero justamente eso era lo que más lo destruía… porque aun viendo todo aquello, una parte de él seguía recordando a la chica que se sentaba junto al fuego para hacerle compañía en silencio.

    Y esa contradicción terminó quebrándolo completamente.

    El aire empezó a vibrar.

    Primero levemente.

    Después violentamente.

    La nieve alrededor de Kael comenzó a agrietarse mientras una presión monstruosa explotaba desde su cuerpo de forma descontrolada. Rocas enteras empezaron a fracturarse bajo sus pies y el espacio alrededor suyo pareció deformarse por un instante.

    Kael cayó de rodillas gritando mientras el dolor emocional terminaba despertando algo dormido en lo más profundo de su existencia.

    La Resonancia Sísmica del Vacío.

    Una habilidad nacida del colapso absoluto de sus emociones y de un odio tan intenso que literalmente hacía vibrar el mundo a su alrededor. Ondas invisibles comenzaron a expandirse desde su cuerpo deformando el aire y resquebrajando todo lo que tocaban. La montaña explotó en múltiples fracturas gigantescas mientras árboles enteros eran arrancados desde la raíz y enormes pedazos de tierra colapsaban hacia el vacío.

    El cielo mismo parecía partirse.

    Las estructuras flotantes comenzaron a sacudirse violentamente.

    Varios soldados perdieron el equilibrio.

    Incluso el océano lejano empezó a agitarse bajo aquellas vibraciones monstruosas.

    Y en medio de aquel nacimiento aterrador… Kael solo podía mirar a Fenrir con el rostro completamente roto por el dolor.

    Porque en ese instante murió el niño que todavía quería creer en ella.

    Y nació alguien capaz de hacer temblar el mundo entero con su odio.
    • Las Crónicas De Fenrir Queen • ~El día que ella se marchó..~ Después de semanas oculto entre montañas nevadas y restos de una guerra que todavía seguía ardiendo dentro de su cabeza, Kael Vireon finalmente había conseguido volver a caminar gracias a la ayuda constante de Fenrir Queen. Para él, aquella chica se había convertido lentamente en algo mucho más importante de lo que quería admitir. En un mundo donde todo olía a humo, sangre y cenizas, Fenrir era la única cosa que todavía parecía cálida. Cada vez que aparecía entrando a la cueva con comida, agua o vendas improvisadas, Kael sentía por unos instantes que el dolor desaparecía un poco. Ella hablaba poco, pero incluso su silencio transmitía tranquilidad. Y para un niño que acababa de perder absolutamente todo… aquello terminó convirtiéndose en un refugio emocional del que ni siquiera era consciente. Había noches donde Kael despertaba sobresaltado por las pesadillas, escuchando nuevamente los gritos de su pueblo, viendo otra vez el fuego devorando las casas mientras el cielo se llenaba de aquellas monstruosas estructuras flotantes. Recordaba el abrazo desesperado de su madre, el último grito de su padre y la sensación de impotencia mientras el mundo entero colapsaba frente a él. Pero entonces veía a Fenrir dormida cerca del fuego o escuchaba su voz tranquila preguntándole si las heridas todavía dolían… y por un momento podía respirar otra vez. Por eso jamás imaginó lo que estaba a punto de descubrir. Aquella mañana el sonido regresó. Un estruendo profundo atravesó las montañas haciendo vibrar la nieve bajo sus pies. Kael abrió los ojos inmediatamente y su cuerpo reaccionó por puro instinto. Ese ruido… era exactamente el mismo. El mismo sonido que escuchó el día que comenzó la masacre. Sin decir nada salió rápidamente de la cueva mientras el viento helado golpeaba su rostro. Desde la altura de la montaña pudo ver enormes sombras moviéndose entre las nubes. Varias estructuras gigantescas descendían lentamente sobre el valle rodeadas de humo y energía, como depredadores regresando al lugar donde ya habían arrasado todo una vez. El corazón de Kael comenzó a acelerarse violentamente. No. No podía ser. Sus piernas avanzaron solas entre la nieve hasta alcanzar un punto desde donde podía observar mejor el valle… y entonces la vio. Fenrir. Estaba allí. De pie sobre una de aquellas enormes plataformas flotantes mientras el viento movía lentamente su vestido blanco. Detrás de ella caminaban soldados armados cubiertos con las mismas armaduras oscuras que Kael jamás había podido olvidar. Desde esa distancia ella parecía tranquila, completamente integrada entre aquel ejército monstruoso que dominaba el cielo. Y fue entonces cuando Kael empezó a reconocer los símbolos. Las banderas negras. Los emblemas grabados sobre el metal. Las marcas que vio entre humo y sangre el día que su hogar desapareció. Todo encajó de golpe. Fenrir no era una superviviente. No era una chica perdida. No era alguien que simplemente apareció en medio de la guerra. Ella pertenecía a ellos. Al mismo ejército que redujo su hogar a cenizas. Al mismo ejército que asesinó a su madre, a su padre, a sus vecinos… a todos. Kael sintió que algo dentro de él simplemente se rompía. Las imágenes comenzaron a mezclarse violentamente en su cabeza. Su madre abrazándolo mientras lloraba. Su padre cubierto de sangre intentando detener a aquellos soldados. El fuego consumiendo las calles. Los gritos. La nieve teñida de rojo. Y luego Fenrir… sentada junto al fuego de la cueva mirándolo con aquella expresión tranquila mientras curaba sus heridas. El contraste era demasiado. Su respiración empezó a fallar. —…no…— La voz apenas salió de su garganta mientras retrocedía un paso sobre la nieve. Abajo, varias naves comenzaron a elevarse lentamente y soldados seguían moviéndose alrededor de Fenrir como si aquel infierno fuera algo normal para ella. —…tú…?— Las lágrimas empezaron a caerle sin siquiera darse cuenta. Todo lo que había construido emocionalmente alrededor de ella empezó a derrumbarse de golpe. Porque Fenrir no solo había sido alguien importante para él. Había sido literalmente lo único que le quedaba después de perderlo todo. La única persona que logró hacerle sentir protegido otra vez. La única voz capaz de calmar sus pesadillas. Y ahora estaba viendo que esa misma persona pertenecía al monstruo que destruyó su vida. Kael apretó los puños con tanta fuerza que sus uñas atravesaron la piel de sus manos. Su cuerpo entero comenzó a temblar mientras una mezcla insoportable de dolor, rabia y traición crecía dentro de él como algo vivo. Quería odiarla. Quería gritarle. Quería arrancarse de encima cada recuerdo relacionado con ella. Pero justamente eso era lo que más lo destruía… porque aun viendo todo aquello, una parte de él seguía recordando a la chica que se sentaba junto al fuego para hacerle compañía en silencio. Y esa contradicción terminó quebrándolo completamente. El aire empezó a vibrar. Primero levemente. Después violentamente. La nieve alrededor de Kael comenzó a agrietarse mientras una presión monstruosa explotaba desde su cuerpo de forma descontrolada. Rocas enteras empezaron a fracturarse bajo sus pies y el espacio alrededor suyo pareció deformarse por un instante. Kael cayó de rodillas gritando mientras el dolor emocional terminaba despertando algo dormido en lo más profundo de su existencia. La Resonancia Sísmica del Vacío. Una habilidad nacida del colapso absoluto de sus emociones y de un odio tan intenso que literalmente hacía vibrar el mundo a su alrededor. Ondas invisibles comenzaron a expandirse desde su cuerpo deformando el aire y resquebrajando todo lo que tocaban. La montaña explotó en múltiples fracturas gigantescas mientras árboles enteros eran arrancados desde la raíz y enormes pedazos de tierra colapsaban hacia el vacío. El cielo mismo parecía partirse. Las estructuras flotantes comenzaron a sacudirse violentamente. Varios soldados perdieron el equilibrio. Incluso el océano lejano empezó a agitarse bajo aquellas vibraciones monstruosas. Y en medio de aquel nacimiento aterrador… Kael solo podía mirar a Fenrir con el rostro completamente roto por el dolor. Porque en ese instante murió el niño que todavía quería creer en ella. Y nació alguien capaz de hacer temblar el mundo entero con su odio.
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  • ¿Quién eres?

    No perteneces a las pesadillas.
    No perteneces a los anhelos.
    Ni siquiera pareces hecha de sueño.

    Y lo peor…
    es que comienzo a esperar la noche para verte.

    Qué debilidad tan humana...
    ¿Quién eres? No perteneces a las pesadillas. No perteneces a los anhelos. Ni siquiera pareces hecha de sueño. Y lo peor… es que comienzo a esperar la noche para verte. Qué debilidad tan humana...
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  • ❝Si tienes la fortuna de sobrevivir a la sentencia de sus ojos, haz una reverencia y huye. No hay refugio para las pesadillas que habitan en tu mente. Dime, ¿qué es lo que más temes en el fondo de tu alma? Guarda silencio. Nunca dejes que ella lo averigüe.❞
    ❝Si tienes la fortuna de sobrevivir a la sentencia de sus ojos, haz una reverencia y huye. No hay refugio para las pesadillas que habitan en tu mente. Dime, ¿qué es lo que más temes en el fondo de tu alma? Guarda silencio. Nunca dejes que ella lo averigüe.❞
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  • ────────────────── 𝕾𝖔𝖗𝖔𝖗 𝕸𝖔𝖗𝖙𝖎𝖘.
    Categoría Terror
    [https://youtu.be/aKseWO-PHpc?si=PYm6d1bnYU5KLRXJ
    TW: Música posiblemete embrujada. Se recomienda discreción.(?)]
    .


    Una capilla apareció entre la niebla poco antes del amanecer.
    Pequeña. Olvidada. Hundida entre árboles muertos y lápidas torcidas por las raíces.

    Odette la observó desde el sendero mientras el viento hacía sonar las campanas oxidadas del campanario.
    No había luz dentro.
    Y aun así… alguien estaba cantando.

    Una voz baja y quebradiza escapaba desde el interior de la iglesia, apenas audible entre el crujido de las ramas. No era un himno. Sonaba más parecido a una canción de cuna.

    Odette empujó las puertas lentamente.
    El olor la recibió primero:
    Incienso viejo, cera derretida, flores marchitas y debajo de todo eso… El dulzor espeso de la descomposición.

    La capilla estaba llena de velas ya gastadas hace tiempo. Algunas permanecían encendidas pese a no haber nadie cuidándolas. Otras iluminaban figuras cubiertas por telas blancas sentadas en los bancos de oración.

    Odette avanzó despacio entre ellas, con cautela. Ninguna se movía.
    Parecían fieles rezando en silencio.

    Hasta que la herborista pasó junto a uno de los bancos y la tela cayó ligeramente hacia un lado.
    Debajo no había rostro, solo huesos mohosos cubiertos de flores secas cosidas con hilo negro entre las costillas.

    Odette permaneció en silencio.
    Sus ojos descendieron apenas hacia el suelo de piedra. Había marcas, surcos. Como si algo pesado hubiese sido arrastrado innumerables veces hacia el altar.

    La canción continuaba.
    Más suave. Más cerca.

    Odette alzó la lámpara.

    Y allí la vio... Frente al altar, sentada de espaldas a ella, había una mujer extremadamente delgada vestida con las características ropas de la Orden de la Misericordia Pálida, podridas por la humedad. Su cabello gris caía en mechones largos mientras mecía algo entre los brazos cantándole... Despacio... Como una madre agotada intentando dormir a un niño enfermo.

    Odette avanzó un paso.

    El canto se detuvo.
    Y la mujer habló sin girarse

    —Llegaste tarde para la misa.—La voz sonaba seca. Rasposa. Como páginas viejas deshaciéndose entre los dedos.

    Odette inclinó apenas la cabeza.—No sabía que aún quedaban Hermanas aquí...

    La mujer soltó una risa baja. Siniestra.

    Entonces se giró lentamente.
    Lo que sostenía entre los brazos no era un niño.
    Era un cadáver pequeño cubierto por flores blancas, cuidadosamente vestido con ropa de funeral. Sus manos diminutas habían sido cosidas alrededor de un ramo de flores secas, marchitas hace mucho tiempo ya.

    Pero lo peor...
    Era que el cadáver aún respiraba.
    Lento. Como un debil silbido.

    Odette no mostró horror. Solo cansancio.

    Sus ojos fueron dirigidos hacia las raíces que emergían bajo las ropas de la mujer, extendiéndose por el suelo de la iglesia como venas oscuras.
    Cada banco. Cada cadáver. Cada vela. Todo estaba conectado a ella.

    La hermana le sonrió. De sus cuencas vacías salían lágrimas espesas, oscuras como sangre añeja, mientras pétalos negros se deshacían entre sus dientes y caían lentamente de su boca.

    —Despierta, pequeña y temerosa Odette…—La voz de la hermana retumbó por toda la iglesia, aunque sus labios jamás se movieron.—Ya viene… Y viene por ti.

    —"Sólo fue un sueño…"— Odette permaneció inmóvil, con los ojos cerrados, aferrándose a la idea de que por fin había escapado de aquella pesadilla.

    Pero algo la inquietó.

    Su mano izquierda seguía crispada entre los pliegues del ropaje de su cama. Y entre los dedos de la derecha sintió el frío tacto de las cuentas de su rosario de plata: el mismo que utilizaba al recitar la última oración para los moribundos, justo antes de que abandonaran este mundo.
    [https://youtu.be/aKseWO-PHpc?si=PYm6d1bnYU5KLRXJ TW: Música posiblemete embrujada. Se recomienda discreción.(?)] . ༒ Una capilla apareció entre la niebla poco antes del amanecer. Pequeña. Olvidada. Hundida entre árboles muertos y lápidas torcidas por las raíces. Odette la observó desde el sendero mientras el viento hacía sonar las campanas oxidadas del campanario. No había luz dentro. Y aun así… alguien estaba cantando. Una voz baja y quebradiza escapaba desde el interior de la iglesia, apenas audible entre el crujido de las ramas. No era un himno. Sonaba más parecido a una canción de cuna. Odette empujó las puertas lentamente. El olor la recibió primero: Incienso viejo, cera derretida, flores marchitas y debajo de todo eso… El dulzor espeso de la descomposición. La capilla estaba llena de velas ya gastadas hace tiempo. Algunas permanecían encendidas pese a no haber nadie cuidándolas. Otras iluminaban figuras cubiertas por telas blancas sentadas en los bancos de oración. Odette avanzó despacio entre ellas, con cautela. Ninguna se movía. Parecían fieles rezando en silencio. Hasta que la herborista pasó junto a uno de los bancos y la tela cayó ligeramente hacia un lado. Debajo no había rostro, solo huesos mohosos cubiertos de flores secas cosidas con hilo negro entre las costillas. Odette permaneció en silencio. Sus ojos descendieron apenas hacia el suelo de piedra. Había marcas, surcos. Como si algo pesado hubiese sido arrastrado innumerables veces hacia el altar. La canción continuaba. Más suave. Más cerca. Odette alzó la lámpara. Y allí la vio... Frente al altar, sentada de espaldas a ella, había una mujer extremadamente delgada vestida con las características ropas de la Orden de la Misericordia Pálida, podridas por la humedad. Su cabello gris caía en mechones largos mientras mecía algo entre los brazos cantándole... Despacio... Como una madre agotada intentando dormir a un niño enfermo. Odette avanzó un paso. El canto se detuvo. Y la mujer habló sin girarse —Llegaste tarde para la misa.—La voz sonaba seca. Rasposa. Como páginas viejas deshaciéndose entre los dedos. Odette inclinó apenas la cabeza.—No sabía que aún quedaban Hermanas aquí... La mujer soltó una risa baja. Siniestra. Entonces se giró lentamente. Lo que sostenía entre los brazos no era un niño. Era un cadáver pequeño cubierto por flores blancas, cuidadosamente vestido con ropa de funeral. Sus manos diminutas habían sido cosidas alrededor de un ramo de flores secas, marchitas hace mucho tiempo ya. Pero lo peor... Era que el cadáver aún respiraba. Lento. Como un debil silbido. Odette no mostró horror. Solo cansancio. Sus ojos fueron dirigidos hacia las raíces que emergían bajo las ropas de la mujer, extendiéndose por el suelo de la iglesia como venas oscuras. Cada banco. Cada cadáver. Cada vela. Todo estaba conectado a ella. La hermana le sonrió. De sus cuencas vacías salían lágrimas espesas, oscuras como sangre añeja, mientras pétalos negros se deshacían entre sus dientes y caían lentamente de su boca. —Despierta, pequeña y temerosa Odette…—La voz de la hermana retumbó por toda la iglesia, aunque sus labios jamás se movieron.—Ya viene… Y viene por ti. —"Sólo fue un sueño…"— Odette permaneció inmóvil, con los ojos cerrados, aferrándose a la idea de que por fin había escapado de aquella pesadilla. Pero algo la inquietó. Su mano izquierda seguía crispada entre los pliegues del ropaje de su cama. Y entre los dedos de la derecha sintió el frío tacto de las cuentas de su rosario de plata: el mismo que utilizaba al recitar la última oración para los moribundos, justo antes de que abandonaran este mundo.
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  • las peores invaciones con las que se podian lidiar en los territorios de las brujas era la miasma, a diferencia de otras criaturas esta solo se mostraba como un humo negro que consumia todo a su paso a cambio de dar entrada a las demas bestias "FUEGO!" el sonido de cañones resono por toda la ciudad, Yuhi habia preparado sus calderos los cuales habian empezado a disparar a aquella nube oscura alejandola lo mas posible.

    En el suelo Nova usaba su espejo lanzando hechizos una tras de otro dejando cuerpos de criaturas de pesadilla tras de el -ZONA NORTE ESTA ENTRANDO!- Uno de los ccomandantes de defensa anuncio por los altavoces de la ciudad, Nova se apresuro a llegar dejando salir las manos de su espejo, manos que atarian a las criatura sy las llevarian al interior del reflejo, el sonido de los calderos explotando y de las armas de fuego inundaban las calles, los ciudadanos que aprendieron de las brujas empezaron a usar la Cloroquinesis para tratar de crear defensas en los hogares y calles principales sin embargo la miasma no retrocedia.

    Ante el estres el espejo de nova se empezo a agrietar "Que hago! que hago! que hago!" el chico no podia pensar bien dejando que el panico lo consumiera hasta que su espejo exploto, su cuerpo como vidrio se resquebrajo dejando salir algo distinto, los cristales se reconstruyeron en una criatura sin forma definida las cual unicamente imitaba a las bestias rompiendose en añicos para liberar replicas hechas de vidrio tan resistente que nisiquiera golpes directos podian romperlas, con aquello parecieron haber alejado a las criaturas y a miasma una vez mas sin embargo Nova tardo un tiempo en recuperar su forma original pues se habia roto en multiples piezas gracias al estres -eso.... no estuvo bien- fue lo unico que pudo decir mientras obserbava el cristal unirse para fromar nuevamente su cuerpo.

    https://youtu.be/sjRdTyWh7To?si=JSDEGCR9nmD76jYl
    las peores invaciones con las que se podian lidiar en los territorios de las brujas era la miasma, a diferencia de otras criaturas esta solo se mostraba como un humo negro que consumia todo a su paso a cambio de dar entrada a las demas bestias "FUEGO!" el sonido de cañones resono por toda la ciudad, Yuhi habia preparado sus calderos los cuales habian empezado a disparar a aquella nube oscura alejandola lo mas posible. En el suelo Nova usaba su espejo lanzando hechizos una tras de otro dejando cuerpos de criaturas de pesadilla tras de el -ZONA NORTE ESTA ENTRANDO!- Uno de los ccomandantes de defensa anuncio por los altavoces de la ciudad, Nova se apresuro a llegar dejando salir las manos de su espejo, manos que atarian a las criatura sy las llevarian al interior del reflejo, el sonido de los calderos explotando y de las armas de fuego inundaban las calles, los ciudadanos que aprendieron de las brujas empezaron a usar la Cloroquinesis para tratar de crear defensas en los hogares y calles principales sin embargo la miasma no retrocedia. Ante el estres el espejo de nova se empezo a agrietar "Que hago! que hago! que hago!" el chico no podia pensar bien dejando que el panico lo consumiera hasta que su espejo exploto, su cuerpo como vidrio se resquebrajo dejando salir algo distinto, los cristales se reconstruyeron en una criatura sin forma definida las cual unicamente imitaba a las bestias rompiendose en añicos para liberar replicas hechas de vidrio tan resistente que nisiquiera golpes directos podian romperlas, con aquello parecieron haber alejado a las criaturas y a miasma una vez mas sin embargo Nova tardo un tiempo en recuperar su forma original pues se habia roto en multiples piezas gracias al estres -eso.... no estuvo bien- fue lo unico que pudo decir mientras obserbava el cristal unirse para fromar nuevamente su cuerpo. https://youtu.be/sjRdTyWh7To?si=JSDEGCR9nmD76jYl
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  • ────Me quedaré un rato más aquí. No será por mucho tiempo, volveré pronto a descansar, lo prometo. Es solo que... bueno, he vuelto a tener ese mismo sueño... a volver a ese instante. Cuando el filo de esa lanza apuntó hacia mí y no pude hacer nada para detenerla. Mi vida y mi magia se escapaban de mis manos, mientras yo luchaba, arrastrándome entre los escombros, intentando evitar la pesadilla que hasta el día de hoy sigue atormentándome –comenzó a decir con la voz pastosa. Apoyó las rodillas contra ella y las abrazó. El viento era frío, a pesar del clima caluroso de aquellos días. Había sido otra de esas noches de insomnio en las que Afro había vuelto a tener el mismo sueño en donde recordaba lo que ocurrió hace tanto tiempo en una ciudad de la que solo quedaba su recuerdo en las leyendas–. Aquellas dos fuerzas sombrías que se habían vuelto parte de mis seres queridos se agitaban desde un lugar lejano. La conexión con ese mundo comenzaba a cerrararse, y mientras ellos rasgaban el velo entre la esfera psíquica y la material, no dejaban de repetirme la misma cosa:

    «Úsanos. Úsanos».

    Ellos sabían lo que estaba ocurriendo. En cuanto yo dejara de moverme, no podrían hacer nada para ayudarme. Yo sabía que habrían consecuencias si mezclaba el poder que en ese instante latía débilmente por mis venas con el suyo. El riesgo de que yo no fuera capaz de soportarlo en el estado en que me encontraba era demasiado alto. No me importó lo que le pasaría a mi carne ni a mis huesos. Los canalicé. Usé su fuerza.

    Pero cuando lo hice, ya era demasiado tarde. El horror se desplegó ante mí. Grité. Caí de rodillas sin poder contener mi magia. Explotó en ráfagas rojas y oscuras que arrasaron con todo a su paso –apretó brevemente los párpados, la imagen revivió nítida en la penumbra. Las ráfagas de energía parecían fuego líquido que devoró ruinas, casas, hicieron temblar los muros altos que rodeaban la ciudad y consumieron al dueño de la lanza. Los cielos tronaron. La tormenta había llegado –. Fue mi dolor el que abrió una grieta en todas las esferas de la realidad y permitió lo imposible: llamé a alguien a quién nunca debí conocer.

    A veces me pregunto, ¿qué habría ocurrido si yo hubiera hecho las cosas de otra forma? ¿Dónde estaría exactamente ahora? «Él» me dijo que tuve las oportunidades de apartarme de este camino. Me ofreció muchas salidas en el momento exacto, pero con cada elección que hice no hacía más que acercarme más a él. Abrazarlo.

    Le supliqué que me devolviera a la persona que perdí. Pero me dijo que no podía hacerlo. Entonces levanté la mirada y le pedí exactamente lo que mi corazón quería: venganza. Había perdido mi hogar, a mi gente. Me iba a vengar.

    En el sueño, «Él» me observa con la misma curiosidad que aquella vez y me pregunta como planeo conseguirlo. Mi respuesta salió clara a pesar de las lágrimas. A «Él» las aflicciones por las que pasamos la mayoría de los seres sintientes le es indiferente. La moral, lo que es justo o lo que no, nada de eso le interesa. Simplemente «Él» existe, es esencia pura y cruda. Él me tuvo en la mira desde mucho antes. Todo ese tiempo estuvo esperando a que yo le abriera la puerta. Lo había llamado, me ayudaría y, a cambio, yo tenía que darle algo.

    Pero ¿Qué podía ofrecerle a un ser infinitamente más poderoso que yo?

    Pensé en los de mi especie, en las cosas que los complacían y en todas sus ofrendas quemadas sobre los altares de piedra. En los héroes y sus hazañas. Busqué en las conversaciones de los banquetes donde nunca faltaba quién presumiera de los castigos que había impuesto para hacer una muestra de su poder. En su momento, aquellas historias me habrían parecido auténticas maravillas que me sentía incapaz de replicar. Pero en ese instante me parecieron tan triviales e insignificantes. No encontré nada verdaderamente valioso, hasta que la respuesta más sencilla, pero que involucraba una entrega real por mi parte llegó a mi mente. Había algo que a ningún dios se le había dado antes.

    Me convertiría en su artífice. En la que traería sus regalos a este mundo. De la misma forma en que un devoto entrega objetos preciosos traidos de las olas para las deidades del mar como representación de su dominio en las ofrendas que quema, yo haría lo mismo para él. Ya lo he dicho, «Él» es quién es. Su existencia es esencia pura y cruda, no podía evitar el anhelo de lo que pertenece a su existencia, así que yo se lo daría. Vida. Cambio.

    Eso lo complació y me hizo una advertencia. Le respondí que estaba dispuesta a pagar el precio. Entonces me dijo:

    «Nuestra voluntad es la misma. Mis tormentas te pertenecen. Levántate como mi musa».

    Y... aquí estoy. Me gustaría dejar de tener ese sueño. Últimamente ocurre con menos frecuencia que antes. A veces sueño con cosas más agradables y regreso a los días en lo que era feliz junto a mi hijo y Anquises. Eulalia, Kyros y Temiste también aparecen. Incluso Ofelia. Me gusta imaginar que ella era la tía lejana que siempre llegaba con ese pescado garum que le quedaba tan bien.
    ────Me quedaré un rato más aquí. No será por mucho tiempo, volveré pronto a descansar, lo prometo. Es solo que... bueno, he vuelto a tener ese mismo sueño... a volver a ese instante. Cuando el filo de esa lanza apuntó hacia mí y no pude hacer nada para detenerla. Mi vida y mi magia se escapaban de mis manos, mientras yo luchaba, arrastrándome entre los escombros, intentando evitar la pesadilla que hasta el día de hoy sigue atormentándome –comenzó a decir con la voz pastosa. Apoyó las rodillas contra ella y las abrazó. El viento era frío, a pesar del clima caluroso de aquellos días. Había sido otra de esas noches de insomnio en las que Afro había vuelto a tener el mismo sueño en donde recordaba lo que ocurrió hace tanto tiempo en una ciudad de la que solo quedaba su recuerdo en las leyendas–. Aquellas dos fuerzas sombrías que se habían vuelto parte de mis seres queridos se agitaban desde un lugar lejano. La conexión con ese mundo comenzaba a cerrararse, y mientras ellos rasgaban el velo entre la esfera psíquica y la material, no dejaban de repetirme la misma cosa: «Úsanos. Úsanos». Ellos sabían lo que estaba ocurriendo. En cuanto yo dejara de moverme, no podrían hacer nada para ayudarme. Yo sabía que habrían consecuencias si mezclaba el poder que en ese instante latía débilmente por mis venas con el suyo. El riesgo de que yo no fuera capaz de soportarlo en el estado en que me encontraba era demasiado alto. No me importó lo que le pasaría a mi carne ni a mis huesos. Los canalicé. Usé su fuerza. Pero cuando lo hice, ya era demasiado tarde. El horror se desplegó ante mí. Grité. Caí de rodillas sin poder contener mi magia. Explotó en ráfagas rojas y oscuras que arrasaron con todo a su paso –apretó brevemente los párpados, la imagen revivió nítida en la penumbra. Las ráfagas de energía parecían fuego líquido que devoró ruinas, casas, hicieron temblar los muros altos que rodeaban la ciudad y consumieron al dueño de la lanza. Los cielos tronaron. La tormenta había llegado –. Fue mi dolor el que abrió una grieta en todas las esferas de la realidad y permitió lo imposible: llamé a alguien a quién nunca debí conocer. A veces me pregunto, ¿qué habría ocurrido si yo hubiera hecho las cosas de otra forma? ¿Dónde estaría exactamente ahora? «Él» me dijo que tuve las oportunidades de apartarme de este camino. Me ofreció muchas salidas en el momento exacto, pero con cada elección que hice no hacía más que acercarme más a él. Abrazarlo. Le supliqué que me devolviera a la persona que perdí. Pero me dijo que no podía hacerlo. Entonces levanté la mirada y le pedí exactamente lo que mi corazón quería: venganza. Había perdido mi hogar, a mi gente. Me iba a vengar. En el sueño, «Él» me observa con la misma curiosidad que aquella vez y me pregunta como planeo conseguirlo. Mi respuesta salió clara a pesar de las lágrimas. A «Él» las aflicciones por las que pasamos la mayoría de los seres sintientes le es indiferente. La moral, lo que es justo o lo que no, nada de eso le interesa. Simplemente «Él» existe, es esencia pura y cruda. Él me tuvo en la mira desde mucho antes. Todo ese tiempo estuvo esperando a que yo le abriera la puerta. Lo había llamado, me ayudaría y, a cambio, yo tenía que darle algo. Pero ¿Qué podía ofrecerle a un ser infinitamente más poderoso que yo? Pensé en los de mi especie, en las cosas que los complacían y en todas sus ofrendas quemadas sobre los altares de piedra. En los héroes y sus hazañas. Busqué en las conversaciones de los banquetes donde nunca faltaba quién presumiera de los castigos que había impuesto para hacer una muestra de su poder. En su momento, aquellas historias me habrían parecido auténticas maravillas que me sentía incapaz de replicar. Pero en ese instante me parecieron tan triviales e insignificantes. No encontré nada verdaderamente valioso, hasta que la respuesta más sencilla, pero que involucraba una entrega real por mi parte llegó a mi mente. Había algo que a ningún dios se le había dado antes. Me convertiría en su artífice. En la que traería sus regalos a este mundo. De la misma forma en que un devoto entrega objetos preciosos traidos de las olas para las deidades del mar como representación de su dominio en las ofrendas que quema, yo haría lo mismo para él. Ya lo he dicho, «Él» es quién es. Su existencia es esencia pura y cruda, no podía evitar el anhelo de lo que pertenece a su existencia, así que yo se lo daría. Vida. Cambio. Eso lo complació y me hizo una advertencia. Le respondí que estaba dispuesta a pagar el precio. Entonces me dijo: «Nuestra voluntad es la misma. Mis tormentas te pertenecen. Levántate como mi musa». Y... aquí estoy. Me gustaría dejar de tener ese sueño. Últimamente ocurre con menos frecuencia que antes. A veces sueño con cosas más agradables y regreso a los días en lo que era feliz junto a mi hijo y Anquises. Eulalia, Kyros y Temiste también aparecen. Incluso Ofelia. Me gusta imaginar que ella era la tía lejana que siempre llegaba con ese pescado garum que le quedaba tan bien.
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  • El cielo nocturno ya no era un manto de promesas, sino una bóveda asfixiante, una prisión a la que le aterraba volver. Mirando hacia la inmensidad oscura, los ojos dorados de Raziel dejaron escapar nuevas lágrimas. Reprimir los siglos de devoción que atesoraba por ella era una tarea imposible, incluso cuando la imagen de la Comandante, empapada en la sangre de sus hermanos, monopolizaba cada una de sus pesadillas.

    La necesitaba con desesperación. La distancia era un veneno corrosivo que le devoraba el alma más rápido que el propio abandono de Padre. El corazón le latía dividido: por un lado, el pánico de que Mikhael la encontrara; por el otro, la agonía de querer sentir su presencia una vez más.

    Desplegó sus alas rotas, forzando un último impulso que la llevó hasta la azotea de un edificio desolado. Tenía que estar lejos. Lejos de la casa de Vael, asegurándose de que su propia imprudencia no lo arrastrara a la muerte. Una vez a salvo en la cornisa, cerró los ojos y dejó que su voz viajara a través de ese vínculo mental que alguna vez juraron que sería eterno. Un hilo que ahora se sentía infectado por la guerra, pero al que Raziel se aferraba con obstinación.

    —He caminado entre ellos... he visto de cerca lo pútrido de su alma... lo inmoral de sus acciones... —Su confesión viajó por el hilo invisible, dándole la razón a todas esas noches de preguntas que siempre la atormentaron. Si tan solo hubiera prestado más atención... quizá habría podido evitar esto, pero ya era muy tarde—. Pero también he visto el rezago del amor de Padre en ellos, Mikhael... lo que alguna vez habitó en ti y en mí... ese amor...

    La palabra le quemó la garganta, dejándole un sabor a ceniza—… el que ya no tiene cabida en tu pecho... he decidido que voy a protegerlo.

    La declaración se cortó por el llanto. Se estaba convirtiendo en la enemiga de la dueña de su corazón, pero se aferró a la certeza de que detenerla era la única forma de salvarla de sí misma; de evitar que las manos puras de la General se perdieran para siempre en la sangre inocente.

    —Sé que pretendes asesinarlos a todos. Y solo quería que supieras... amor mío... que voy a detenerte. Sin importar el costo.
    El cielo nocturno ya no era un manto de promesas, sino una bóveda asfixiante, una prisión a la que le aterraba volver. Mirando hacia la inmensidad oscura, los ojos dorados de Raziel dejaron escapar nuevas lágrimas. Reprimir los siglos de devoción que atesoraba por ella era una tarea imposible, incluso cuando la imagen de la Comandante, empapada en la sangre de sus hermanos, monopolizaba cada una de sus pesadillas. La necesitaba con desesperación. La distancia era un veneno corrosivo que le devoraba el alma más rápido que el propio abandono de Padre. El corazón le latía dividido: por un lado, el pánico de que Mikhael la encontrara; por el otro, la agonía de querer sentir su presencia una vez más. Desplegó sus alas rotas, forzando un último impulso que la llevó hasta la azotea de un edificio desolado. Tenía que estar lejos. Lejos de la casa de Vael, asegurándose de que su propia imprudencia no lo arrastrara a la muerte. Una vez a salvo en la cornisa, cerró los ojos y dejó que su voz viajara a través de ese vínculo mental que alguna vez juraron que sería eterno. Un hilo que ahora se sentía infectado por la guerra, pero al que Raziel se aferraba con obstinación. —He caminado entre ellos... he visto de cerca lo pútrido de su alma... lo inmoral de sus acciones... —Su confesión viajó por el hilo invisible, dándole la razón a todas esas noches de preguntas que siempre la atormentaron. Si tan solo hubiera prestado más atención... quizá habría podido evitar esto, pero ya era muy tarde—. Pero también he visto el rezago del amor de Padre en ellos, Mikhael... lo que alguna vez habitó en ti y en mí... ese amor... La palabra le quemó la garganta, dejándole un sabor a ceniza—… el que ya no tiene cabida en tu pecho... he decidido que voy a protegerlo. La declaración se cortó por el llanto. Se estaba convirtiendo en la enemiga de la dueña de su corazón, pero se aferró a la certeza de que detenerla era la única forma de salvarla de sí misma; de evitar que las manos puras de la General se perdieran para siempre en la sangre inocente. —Sé que pretendes asesinarlos a todos. Y solo quería que supieras... amor mío... que voy a detenerte. Sin importar el costo.
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