• — La sonrisa es sagrada, incluso cuando todo está mal, siempre hay un motivo para sonreír otra vez, yo he perdido muchas cosas, pero... Al final, siempre termino sonriendo, y eso hace que no me sienta derrotada. —
    — La sonrisa es sagrada, incluso cuando todo está mal, siempre hay un motivo para sonreír otra vez, yo he perdido muchas cosas, pero... Al final, siempre termino sonriendo, y eso hace que no me sienta derrotada. —
    Me encocora
    Me gusta
    14
    2 turnos 0 maullidos
  • --- Mhm... Esa nube tiene una forma extraña...

    El azabache se encontraba distraído. Perdido en su burbuja. No sabía bien porque, pero ese día no tenía muchas ganas de nada.

    --- ¿Un gato tal vez?

    Su vista perdida en el cielo, no muy al tanto de lo que sucedía a su alrededor.
    --- Mhm... Esa nube tiene una forma extraña... El azabache se encontraba distraído. Perdido en su burbuja. No sabía bien porque, pero ese día no tenía muchas ganas de nada. --- ¿Un gato tal vez? Su vista perdida en el cielo, no muy al tanto de lo que sucedía a su alrededor.
    Me gusta
    Me entristece
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • — Y sí te vas, yo te sigo, por que siento que ya venías conmigo... Y si no te tengo cerquita conmigo siento que estoy a la mitad... Oigo tu voz y yo la sigo, te reconozco hasta si estoy dormido y a donde sea que vayamos, aunque estemos perdidos, ese es mi hogar.

    Nicole Rendaia
    — Y sí te vas, yo te sigo, por que siento que ya venías conmigo... Y si no te tengo cerquita conmigo siento que estoy a la mitad... Oigo tu voz y yo la sigo, te reconozco hasta si estoy dormido y a donde sea que vayamos, aunque estemos perdidos, ese es mi hogar. [vortex_emerald_pigeon_594]
    Me encocora
    4
    9 turnos 0 maullidos
  • He sentido algunas veces que estoy cayendo a un pozo sin fondo, he perdido la luz a seguir y me he sentido solo, pero de pronto alguien ha tocado mi hombro y me ha dicho aquí estoy, toma mi mano y ven conmigo; y esa eres tú... gracias amiga mía... Lady Céleste
    He sentido algunas veces que estoy cayendo a un pozo sin fondo, he perdido la luz a seguir y me he sentido solo, pero de pronto alguien ha tocado mi hombro y me ha dicho aquí estoy, toma mi mano y ven conmigo; y esa eres tú... gracias amiga mía... [LadyCeleste2008]
    0 turnos 0 maullidos
  • — Anda perdido el pulgoso luego de su última aventura romántica, si lo ven, griten lo más fuerte que puedan, que me quedé sin celular y no puedo recibir llamadas. (?)
    — Anda perdido el pulgoso luego de su última aventura romántica, si lo ven, griten lo más fuerte que puedan, que me quedé sin celular y no puedo recibir llamadas. (?)
    Me enjaja
    Me shockea
    10
    0 turnos 0 maullidos
  • - Si, me e perdido por mucho tiempo pero sigo aqui.
    - Si, me e perdido por mucho tiempo pero sigo aqui.
    Me encocora
    Me gusta
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    ||Quiero recuperar el tiempo perdido, meses atrás, estuve aquí y roleaba con algunos del fandom, espero encontrarlos, igualmente acepto roles que NO se enfoquen en el lemon. Tengan un bonito día.
    ||Quiero recuperar el tiempo perdido, meses atrás, estuve aquí y roleaba con algunos del fandom, espero encontrarlos, igualmente acepto roles que NO se enfoquen en el lemon. Tengan un bonito día.
    Me entristece
    1
    1 comentario 0 compartidos
  • Derrota absoluta:

    ○Cuánta razón...

    Yacía Zelkova en decúbito supino sobre la nieve y neblina. Su gorra reposaba a un costado, el puño crispado con férrea porfía. Los ojos, enrojecidos por los vasos reventados, contemplaban el vacío mientras los copos descendían y fenecían sobre su rostro inmóvil.

    A pocos pasos se divisaba una silueta borrosa. El varón emitió un gruñido gutural cuando su hueso quebrantado volvió a encajar con un chasquido ominoso.

    ○Kakulkm... Eres más jodido de lo que imaginaba. Por todos los demonios, no es extraño que los de rango inferior tuvieran tantos problemas en darte caza.

    Se desperezó de un lado a otro.

    ○En otros tiempos me habrías dado la muerte. Te lo aseguro. Hace mucho que no gozaba de una batalla de tal calibre.

    Mas Zelkova despertó de súbito. El desmayo le había vedado oír palabra alguna. El desconocido avanzó y, sin advertirlo, aplastó la gorra del clérigo bajo su bota.

    ○En fin. Te empeñaste demasiado a la investigación. Cualquier necio habría retrocedido, pero tú seguiste hurgando y hurgando. Y ahora he de matarte.

    Se acuclilló junto a él con gesto zahiriente.

    ○No te sientas mal. Aquel a quien llamas Mr. M mostró interés en tu persona. Lo bastante para enviarme.

    Luego se incorporó.

    ○Eres quien más lejos ha llegado. Al menos no tropezaste con el Recaudador de Impuestos.

    La tierra se estremeció al pronunciar aquel apelativo.

    ○Sayonara, padre Legasov.

    Descendió el pie sobre la cabeza del cura. Y todo pareció perdido. Mas fue mera falacia urdida por el propio poder de Zelkova. Una ilusión. Su testa volvió a su lugar como si jamás hubiese sido hollada.

    El sacerdote, jadeante y maltrecho, alzó la vista hacia los cielos plomizos.

    ●Esto aún no ha fenecido... mas no puedo afrontarlo en soledad. No poseo aliados; sólo tengo a Dios...

    Su voz se tornó más tenue.

    ●...y a ti, amada mía.

    Y permaneció contemplando el firmamento nevado.
    Derrota absoluta: ○Cuánta razón... Yacía Zelkova en decúbito supino sobre la nieve y neblina. Su gorra reposaba a un costado, el puño crispado con férrea porfía. Los ojos, enrojecidos por los vasos reventados, contemplaban el vacío mientras los copos descendían y fenecían sobre su rostro inmóvil. A pocos pasos se divisaba una silueta borrosa. El varón emitió un gruñido gutural cuando su hueso quebrantado volvió a encajar con un chasquido ominoso. ○Kakulkm... Eres más jodido de lo que imaginaba. Por todos los demonios, no es extraño que los de rango inferior tuvieran tantos problemas en darte caza. Se desperezó de un lado a otro. ○En otros tiempos me habrías dado la muerte. Te lo aseguro. Hace mucho que no gozaba de una batalla de tal calibre. Mas Zelkova despertó de súbito. El desmayo le había vedado oír palabra alguna. El desconocido avanzó y, sin advertirlo, aplastó la gorra del clérigo bajo su bota. ○En fin. Te empeñaste demasiado a la investigación. Cualquier necio habría retrocedido, pero tú seguiste hurgando y hurgando. Y ahora he de matarte. Se acuclilló junto a él con gesto zahiriente. ○No te sientas mal. Aquel a quien llamas Mr. M mostró interés en tu persona. Lo bastante para enviarme. Luego se incorporó. ○Eres quien más lejos ha llegado. Al menos no tropezaste con el Recaudador de Impuestos. La tierra se estremeció al pronunciar aquel apelativo. ○Sayonara, padre Legasov. Descendió el pie sobre la cabeza del cura. Y todo pareció perdido. Mas fue mera falacia urdida por el propio poder de Zelkova. Una ilusión. Su testa volvió a su lugar como si jamás hubiese sido hollada. El sacerdote, jadeante y maltrecho, alzó la vista hacia los cielos plomizos. ●Esto aún no ha fenecido... mas no puedo afrontarlo en soledad. No poseo aliados; sólo tengo a Dios... Su voz se tornó más tenue. ●...y a ti, amada mía. Y permaneció contemplando el firmamento nevado.
    Me entristece
    Me gusta
    5
    0 turnos 0 maullidos
  • Zelkova arrimóse a un mástil vetusto, cuya enseña indeterminada flameaba al capricho de los vientos. Con la mirada perdida en el confín y el ceño levemente fruncido, expuso en alta voz el dilema que le corroía el ánima:

    ●¿Qué es la fuerza?

    La cuestión quedó suspendida en el aire como un presagio. Apoyado contra la madera ajada, aguardaba que cualquier viandante, aldeano o caminante que transitase por allí osara darle respuesta.

    ●¿Es acaso el vigor del brazo que doblega al adversario? ¿O la templanza del espíritu que resiste cuando todo parece perdido?

    Sus ojos siguieron el ondear de la bandera.

    ●Decidme, buen pueblo. ¿Qué nombráis fuerza? ¿La potestad de imponer la propia voluntad, o la entereza de cargar con aquello que otros rehúsan portar.

    Y así permaneció, silencioso cual centinela, aguardando la voz de algún mortal que se atreviese a desentrañar tan antiguo enigma.
    Zelkova arrimóse a un mástil vetusto, cuya enseña indeterminada flameaba al capricho de los vientos. Con la mirada perdida en el confín y el ceño levemente fruncido, expuso en alta voz el dilema que le corroía el ánima: ●¿Qué es la fuerza? La cuestión quedó suspendida en el aire como un presagio. Apoyado contra la madera ajada, aguardaba que cualquier viandante, aldeano o caminante que transitase por allí osara darle respuesta. ●¿Es acaso el vigor del brazo que doblega al adversario? ¿O la templanza del espíritu que resiste cuando todo parece perdido? Sus ojos siguieron el ondear de la bandera. ●Decidme, buen pueblo. ¿Qué nombráis fuerza? ¿La potestad de imponer la propia voluntad, o la entereza de cargar con aquello que otros rehúsan portar. Y así permaneció, silencioso cual centinela, aguardando la voz de algún mortal que se atreviese a desentrañar tan antiguo enigma.
    Me gusta
    Me encocora
    6
    0 turnos 0 maullidos
  • Apoyo la espalda en la fría pared del apartamento. El cigarrillo entre mis dedos derrama cenizas en el suelo.

    Afuera, la noche callada.

    Aquí, retumba mi pecho.

    Todo lo que he perdido. Todo lo que no me he atrevido a ganar.
    Apoyo la espalda en la fría pared del apartamento. El cigarrillo entre mis dedos derrama cenizas en el suelo. Afuera, la noche callada. Aquí, retumba mi pecho. Todo lo que he perdido. Todo lo que no me he atrevido a ganar.
    Me gusta
    2
    0 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados