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    𝑻𝒉𝒆 𝑯𝒐𝒎𝒖𝒏𝒄𝒖𝒍𝒖𝒔 (𝟓)

    Connor trabaja por dinero. O al menos, eso es lo que suele decir, ya que resulta una explicación sencilla, una que la mayoría acepta sin hacer demasiadas preguntas.

    Sin embargo, observando con atención, la idea comienza a desmoronarse, puesto que Connor no necesita gran cosa. Cambia de ciudad con frecuencia, vive solo y rara vez permanece demasiado tiempo en un mismo lugar. Su cuerpo no exige lujos, comodidades ni necesidades que justifiquen una acumulación constante de recursos.

    Aun así, continúa aceptando trabajos. No todos, sólo algunos. Casos que aparecen de forma inesperada y capturan su atención por razones que ni él mismo parece comprender, como una fotografía olvidada, un nombre perdido entre documentos viejos, una dirección incompleta, o una desaparición ocurrida demasiado tiempo atrás para que alguien continúe buscándola.

    Y entonces comienza la búsqueda. Una búsqueda paciente, metódica, persistente. A veces encuentra respuestas, otras veces no, pero la diferencia rara vez parece afectarle, porque el trabajo nunca parece ser el verdadero objetivo. El dinero tampoco.

    Estos son apenas el punto de partida, una excusa conveniente para seguir rastros, hacer preguntas y llegar a lugares donde nadie más se molestaría en mirar. Lo extraño no es que Connor encuentre cosas, lo extraño es aquello que decide buscar.

    Porque entre miles de historias posibles, siempre termina inclinándose hacia aquellas que el resto del mundo ya ha dejado atrás. Y aunque rara vez explica sus motivos, tampoco parece actuar por obligación, como si hubiese algo en los rastros olvidados que continuara llamándolo una y otra vez. Algo que, incluso después de todos estos años, todavía no logra comprender.
    𝑻𝒉𝒆 𝑯𝒐𝒎𝒖𝒏𝒄𝒖𝒍𝒖𝒔 (𝟓) Connor trabaja por dinero. O al menos, eso es lo que suele decir, ya que resulta una explicación sencilla, una que la mayoría acepta sin hacer demasiadas preguntas. Sin embargo, observando con atención, la idea comienza a desmoronarse, puesto que Connor no necesita gran cosa. Cambia de ciudad con frecuencia, vive solo y rara vez permanece demasiado tiempo en un mismo lugar. Su cuerpo no exige lujos, comodidades ni necesidades que justifiquen una acumulación constante de recursos. Aun así, continúa aceptando trabajos. No todos, sólo algunos. Casos que aparecen de forma inesperada y capturan su atención por razones que ni él mismo parece comprender, como una fotografía olvidada, un nombre perdido entre documentos viejos, una dirección incompleta, o una desaparición ocurrida demasiado tiempo atrás para que alguien continúe buscándola. Y entonces comienza la búsqueda. Una búsqueda paciente, metódica, persistente. A veces encuentra respuestas, otras veces no, pero la diferencia rara vez parece afectarle, porque el trabajo nunca parece ser el verdadero objetivo. El dinero tampoco. Estos son apenas el punto de partida, una excusa conveniente para seguir rastros, hacer preguntas y llegar a lugares donde nadie más se molestaría en mirar. Lo extraño no es que Connor encuentre cosas, lo extraño es aquello que decide buscar. Porque entre miles de historias posibles, siempre termina inclinándose hacia aquellas que el resto del mundo ya ha dejado atrás. Y aunque rara vez explica sus motivos, tampoco parece actuar por obligación, como si hubiese algo en los rastros olvidados que continuara llamándolo una y otra vez. Algo que, incluso después de todos estos años, todavía no logra comprender.
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  • Tiempo después del exitoso rescate de Marco y de la amarga derrota frente al Culto de Saturno, Zelkova condujo durante horas sin rumbo fijo. Finalmente estacionó el automóvil al borde de una carretera interestatal, en una de esas áreas frecuentadas por camioneros que se detenían para desayunar, cenar o simplemente descansar antes de continuar el viaje. Apagó el motor.

    A lo lejos podían verse las luces de varios restaurantes abiertos toda la noche, junto con largas filas de camiones aparcados bajo los focos del estacionamiento.

    Zelkova permaneció inmóvil unos segundos, observando el volante. Acomodó la visera de su gorra roja y dejó escapar un suspiro cansado. Habían salvado a Marco. Pero habían perdido el pendrive, su hogar y cualquier posibilidad de llevar una vida normal. Ahora eran fugitivos y necesitaban un plan.

    Apoyó un brazo sobre la ventanilla y contempló las luces del local más cercano mientras aguardaba el momento de organizar estratégicamente su siguiente movimiento. El próximo paso podía significar la diferencia entre mantenerse libres o caer directamente en las manos del culto... o de la policía.
    Tiempo después del exitoso rescate de Marco y de la amarga derrota frente al Culto de Saturno, Zelkova condujo durante horas sin rumbo fijo. Finalmente estacionó el automóvil al borde de una carretera interestatal, en una de esas áreas frecuentadas por camioneros que se detenían para desayunar, cenar o simplemente descansar antes de continuar el viaje. Apagó el motor. A lo lejos podían verse las luces de varios restaurantes abiertos toda la noche, junto con largas filas de camiones aparcados bajo los focos del estacionamiento. Zelkova permaneció inmóvil unos segundos, observando el volante. Acomodó la visera de su gorra roja y dejó escapar un suspiro cansado. Habían salvado a Marco. Pero habían perdido el pendrive, su hogar y cualquier posibilidad de llevar una vida normal. Ahora eran fugitivos y necesitaban un plan. Apoyó un brazo sobre la ventanilla y contempló las luces del local más cercano mientras aguardaba el momento de organizar estratégicamente su siguiente movimiento. El próximo paso podía significar la diferencia entre mantenerse libres o caer directamente en las manos del culto... o de la policía.
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    𝑓𝑡. Elina Drakon



    El bosque no figuraba en ninguno de los mapas.

    Aquello, por supuesto, habría resultado fascinante de no ser porque llevaba varias horas caminando en círculos.

    La espesura se alzaba a su alrededor como una arquitectura primitiva y hostil: troncos desmesurados, raíces retorcidas y copas tan densas que no permitían el paso de la luz; lo que le hacía incapaz de distinguir la mañana del anochecer. Toda la zona olía a tierra húmeda, corteza vieja y algo más difícil de nombrar, una presencia tenue que parecía observarlo desde detrás de cada árbol.

    Vestía un traje negro de corte impecable, ligeramente manchado de barro en el borde del pantalón. Aquella diminuta imperfección había conseguido irritarlo más que la posibilidad de no encontrar la salida.

    Se detuvo frente a una bifurcación idéntica a las seis anteriores.

    — Extraordinario. —murmuró, contemplando ambos senderos con una sonrisa sin humor—. Un reino oculto, completamente protegido y no por ejércitos, sino por algo más...

    Había seguido rumores durante semanas: relatos incompletos, pergaminos deslavados por el tiempo, testimonios pronunciados por personas demasiado aterradas para mentir. Todos hablaban de una nación apartada del mundo, preservada entre montañas y hechicería, un lugar cuyo nombre rara vez era escrito y jamás pronunciado dos veces seguidas.

    Él no buscaba sus tesoros.

    Buscaba algo más que aquel reino, algo que había sido ocultado mucho antes de su propia muerte.

    O quizá algo que había sido ocultado de él.

    Acomodó el puño de su camisa, aunque la tela ya descansaba en su sitio, y examinó el suelo. No había huellas, ramas rotas ni marcas recientes. Solo hojas negras llenas de humedad y una bruma baja que reptaba entre las raíces con una lentitud sospechosamente deliberada.

    — Muy bien. —dijo al bosque—. Admito que la primera hora tuvo cierto encanto.

    El silencio respondió.

    — La segunda fue repetitiva.

    Una rama crujió a su espalda.

    No volteó de inmediato.

    Su expresión permaneció serena, cortés, cuidadosamente compuesta. Sin embargo, bajo aquella elegancia fingida; algo en él se tensó. La oscuridad que habitaba su alma reconoció una presencia cercana; antigua, contenida y ajena a las criaturas ordinarias.

    — Y esta parte... —añadió, ladeando el rostro hacia un costado—. Empieza a parecer una emboscada.

    El viento atravesó las hojas, aunque ninguna rama se movió.

    Entonces distinguió, entre la niebla, una figura.

    No podía determinar si se trataba de un guardián, un viajero o una de las muchas cosas que el bosque había aprendido a imitar. Aun así, giró con completa calma y ofreció una inclinación mínima de su cabeza, como si ambos se encontraran en un salón y no en una espesura que parecía querer tragárselo entero.

    — Buenas noches. O días... Este lugar tiene una relación, francamente, pretenciosa con la luz.

    Sus ojos recorrieron a la presencia con precisión meticulosa.

    — Estoy buscando un reino que, según parece, ha invertido un esfuerzo considerable en no ser encontrado.

    Una pausa. Los labios se le curvaron con suavidad.

    — Y antes de que preguntes, no, no estoy perdido. —desvió la mirada y observó brevemente los dos caminos a su espalda: ambos idénticos.

    — Estoy permitiendo que el bosque se divierta antes de que colme mi paciencia y lo reduzca todo a cenizas.
    𝑓𝑡. Elina Drakon El bosque no figuraba en ninguno de los mapas. Aquello, por supuesto, habría resultado fascinante de no ser porque llevaba varias horas caminando en círculos. La espesura se alzaba a su alrededor como una arquitectura primitiva y hostil: troncos desmesurados, raíces retorcidas y copas tan densas que no permitían el paso de la luz; lo que le hacía incapaz de distinguir la mañana del anochecer. Toda la zona olía a tierra húmeda, corteza vieja y algo más difícil de nombrar, una presencia tenue que parecía observarlo desde detrás de cada árbol. Vestía un traje negro de corte impecable, ligeramente manchado de barro en el borde del pantalón. Aquella diminuta imperfección había conseguido irritarlo más que la posibilidad de no encontrar la salida. Se detuvo frente a una bifurcación idéntica a las seis anteriores. — Extraordinario. —murmuró, contemplando ambos senderos con una sonrisa sin humor—. Un reino oculto, completamente protegido y no por ejércitos, sino por algo más... Había seguido rumores durante semanas: relatos incompletos, pergaminos deslavados por el tiempo, testimonios pronunciados por personas demasiado aterradas para mentir. Todos hablaban de una nación apartada del mundo, preservada entre montañas y hechicería, un lugar cuyo nombre rara vez era escrito y jamás pronunciado dos veces seguidas. Él no buscaba sus tesoros. Buscaba algo más que aquel reino, algo que había sido ocultado mucho antes de su propia muerte. O quizá algo que había sido ocultado de él. Acomodó el puño de su camisa, aunque la tela ya descansaba en su sitio, y examinó el suelo. No había huellas, ramas rotas ni marcas recientes. Solo hojas negras llenas de humedad y una bruma baja que reptaba entre las raíces con una lentitud sospechosamente deliberada. — Muy bien. —dijo al bosque—. Admito que la primera hora tuvo cierto encanto. El silencio respondió. — La segunda fue repetitiva. Una rama crujió a su espalda. No volteó de inmediato. Su expresión permaneció serena, cortés, cuidadosamente compuesta. Sin embargo, bajo aquella elegancia fingida; algo en él se tensó. La oscuridad que habitaba su alma reconoció una presencia cercana; antigua, contenida y ajena a las criaturas ordinarias. — Y esta parte... —añadió, ladeando el rostro hacia un costado—. Empieza a parecer una emboscada. El viento atravesó las hojas, aunque ninguna rama se movió. Entonces distinguió, entre la niebla, una figura. No podía determinar si se trataba de un guardián, un viajero o una de las muchas cosas que el bosque había aprendido a imitar. Aun así, giró con completa calma y ofreció una inclinación mínima de su cabeza, como si ambos se encontraran en un salón y no en una espesura que parecía querer tragárselo entero. — Buenas noches. O días... Este lugar tiene una relación, francamente, pretenciosa con la luz. Sus ojos recorrieron a la presencia con precisión meticulosa. — Estoy buscando un reino que, según parece, ha invertido un esfuerzo considerable en no ser encontrado. Una pausa. Los labios se le curvaron con suavidad. — Y antes de que preguntes, no, no estoy perdido. —desvió la mirada y observó brevemente los dos caminos a su espalda: ambos idénticos. — Estoy permitiendo que el bosque se divierta antes de que colme mi paciencia y lo reduzca todo a cenizas.
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  • — La sonrisa es sagrada, incluso cuando todo está mal, siempre hay un motivo para sonreír otra vez, yo he perdido muchas cosas, pero... Al final, siempre termino sonriendo, y eso hace que no me sienta derrotada. —
    — La sonrisa es sagrada, incluso cuando todo está mal, siempre hay un motivo para sonreír otra vez, yo he perdido muchas cosas, pero... Al final, siempre termino sonriendo, y eso hace que no me sienta derrotada. —
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  • --- Mhm... Esa nube tiene una forma extraña...

    El azabache se encontraba distraído. Perdido en su burbuja. No sabía bien porque, pero ese día no tenía muchas ganas de nada.

    --- ¿Un gato tal vez?

    Su vista perdida en el cielo, no muy al tanto de lo que sucedía a su alrededor.
    --- Mhm... Esa nube tiene una forma extraña... El azabache se encontraba distraído. Perdido en su burbuja. No sabía bien porque, pero ese día no tenía muchas ganas de nada. --- ¿Un gato tal vez? Su vista perdida en el cielo, no muy al tanto de lo que sucedía a su alrededor.
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  • — Y sí te vas, yo te sigo, por que siento que ya venías conmigo... Y si no te tengo cerquita conmigo siento que estoy a la mitad... Oigo tu voz y yo la sigo, te reconozco hasta si estoy dormido y a donde sea que vayamos, aunque estemos perdidos, ese es mi hogar.

    Nicole Rendaia
    — Y sí te vas, yo te sigo, por que siento que ya venías conmigo... Y si no te tengo cerquita conmigo siento que estoy a la mitad... Oigo tu voz y yo la sigo, te reconozco hasta si estoy dormido y a donde sea que vayamos, aunque estemos perdidos, ese es mi hogar. [vortex_emerald_pigeon_594]
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  • He sentido algunas veces que estoy cayendo a un pozo sin fondo, he perdido la luz a seguir y me he sentido solo, pero de pronto alguien ha tocado mi hombro y me ha dicho aquí estoy, toma mi mano y ven conmigo; y esa eres tú... gracias amiga mía... Lady Céleste
    He sentido algunas veces que estoy cayendo a un pozo sin fondo, he perdido la luz a seguir y me he sentido solo, pero de pronto alguien ha tocado mi hombro y me ha dicho aquí estoy, toma mi mano y ven conmigo; y esa eres tú... gracias amiga mía... [LadyCeleste2008]
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  • — Anda perdido el pulgoso luego de su última aventura romántica, si lo ven, griten lo más fuerte que puedan, que me quedé sin celular y no puedo recibir llamadas. (?)
    — Anda perdido el pulgoso luego de su última aventura romántica, si lo ven, griten lo más fuerte que puedan, que me quedé sin celular y no puedo recibir llamadas. (?)
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  • - Si, me e perdido por mucho tiempo pero sigo aqui.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    ||Quiero recuperar el tiempo perdido, meses atrás, estuve aquí y roleaba con algunos del fandom, espero encontrarlos, igualmente acepto roles que NO se enfoquen en el lemon. Tengan un bonito día.
    ||Quiero recuperar el tiempo perdido, meses atrás, estuve aquí y roleaba con algunos del fandom, espero encontrarlos, igualmente acepto roles que NO se enfoquen en el lemon. Tengan un bonito día.
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