• El viejo parque de atracciones yacía en silencio bajo el cielo grisáceo de la tarde. La hierba había invadido los caminos de cemento agrietado, y los carteles de colores apagados apenas conservaban rastros de la alegría que alguna vez representaron.

    -Cada vez quedan menos.

    Sentado en un banco húmedo y desgastado, estaba el joven cura de gorra de caza roja y abrigo oscuro. El maletín descansaba a un lado de sus piernas, y entre sus dedos sostenía un cigarro consumiéndose lentamente, cuyo humo se elevaba en espirales perezosas hacia el aire frío. Sus ojos permanecían fijos en una pequeña calesita detenida a unos metros, observando cómo uno de los caballitos se balanceaba apenas por culpa del viento.

    -Cómo sería este lugar años atrás

    Por un momento cerró los ojos, como si estuviera escuchando ecos invisibles: risas de niños, pasos apresurados, una voz femenina llamándolo desde algún lugar perdido en sus recuerdos.

    -Realmente nos hubiera encantado tener hijos…

    El viento atravesó el parque, levantando polvo y haciendo rechinar los juegos oxidados. El cura soltó una pequeña sonrisa melancólica mientras bajaba la mirada al cigarro entre sus dedos.

    -Es una verdadera lástima… pero el tiempo que pasé contigo valió más que una vida.

    Tras decir aquello, dio una última calada lenta. Sus ojos, apagados por el cansancio y la enfermedad, permanecieron perdidos en aquella calesita abandonada, como si imaginara por un instante una vida que jamás pudo existir.
    El viejo parque de atracciones yacía en silencio bajo el cielo grisáceo de la tarde. La hierba había invadido los caminos de cemento agrietado, y los carteles de colores apagados apenas conservaban rastros de la alegría que alguna vez representaron. -Cada vez quedan menos. Sentado en un banco húmedo y desgastado, estaba el joven cura de gorra de caza roja y abrigo oscuro. El maletín descansaba a un lado de sus piernas, y entre sus dedos sostenía un cigarro consumiéndose lentamente, cuyo humo se elevaba en espirales perezosas hacia el aire frío. Sus ojos permanecían fijos en una pequeña calesita detenida a unos metros, observando cómo uno de los caballitos se balanceaba apenas por culpa del viento. -Cómo sería este lugar años atrás Por un momento cerró los ojos, como si estuviera escuchando ecos invisibles: risas de niños, pasos apresurados, una voz femenina llamándolo desde algún lugar perdido en sus recuerdos. -Realmente nos hubiera encantado tener hijos… El viento atravesó el parque, levantando polvo y haciendo rechinar los juegos oxidados. El cura soltó una pequeña sonrisa melancólica mientras bajaba la mirada al cigarro entre sus dedos. -Es una verdadera lástima… pero el tiempo que pasé contigo valió más que una vida. Tras decir aquello, dio una última calada lenta. Sus ojos, apagados por el cansancio y la enfermedad, permanecieron perdidos en aquella calesita abandonada, como si imaginara por un instante una vida que jamás pudo existir.
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  • *En algún lugar perdido como en un purgatorio de la conciencia, una bicotomía dolorosa hacia que me arrodillara, sintiendo un dolor intenso, como si estuviera intentando resistirme a la transformación Final, vomitando mi sangre negra ocasionalmente por el estrés de contrastar mi poder en contra del poder del dragón.*

    Jero: "¡Vete! ¡Vete de aquí! ¡Ya no soy tú! ¡Aaaaaaaghhhh!"

    Crosis: "¡TÚ ERES SOLO UN ALTER EGO! ¡SOLO UN CASCARÓN!" "¡TU FUTIL E INNECESARIA EXISTENCIA DEBE LLEGAR A SU FIN!"

    Jero: "¡No....No voy a permitir que.. te apoderes de mi ser! ¡Ahhhhhhh!"

    Crosis: "¡TU INUTILIDAD SOLO HA ENTORPECIDO LA MISIÓN QUE TÚ PROPUSISTE! ¡NO HAGAS MAS DIFICIL TU MUERTE GUSANO!"

    Jero: "¡No...voy a ..... Rendirme!"

    *Un dolor inconmensurable se apoderaba de mi ser intentando no sucumbir a mi verdadera naturaleza.*

    Crosis: "¡VOLVERÁS A SER EL PADRE DE LAS ABERRACIONES! ¡VOLVERÁS A SER PARTE DE LA GRIETA DEL VACIO! ¡DESPIDETE DE TU CONCIENCIA BASURA!"

    Jero: "¡AHHHHHHHHHHHH!"

    *Un enorme grito de dolor retumba por todas partes.*
    *En algún lugar perdido como en un purgatorio de la conciencia, una bicotomía dolorosa hacia que me arrodillara, sintiendo un dolor intenso, como si estuviera intentando resistirme a la transformación Final, vomitando mi sangre negra ocasionalmente por el estrés de contrastar mi poder en contra del poder del dragón.* Jero: "¡Vete! ¡Vete de aquí! ¡Ya no soy tú! ¡Aaaaaaaghhhh!" Crosis: "¡TÚ ERES SOLO UN ALTER EGO! ¡SOLO UN CASCARÓN!" "¡TU FUTIL E INNECESARIA EXISTENCIA DEBE LLEGAR A SU FIN!" Jero: "¡No....No voy a permitir que.. te apoderes de mi ser! ¡Ahhhhhhh!" Crosis: "¡TU INUTILIDAD SOLO HA ENTORPECIDO LA MISIÓN QUE TÚ PROPUSISTE! ¡NO HAGAS MAS DIFICIL TU MUERTE GUSANO!" Jero: "¡No...voy a ..... Rendirme!" *Un dolor inconmensurable se apoderaba de mi ser intentando no sucumbir a mi verdadera naturaleza.* Crosis: "¡VOLVERÁS A SER EL PADRE DE LAS ABERRACIONES! ¡VOLVERÁS A SER PARTE DE LA GRIETA DEL VACIO! ¡DESPIDETE DE TU CONCIENCIA BASURA!" Jero: "¡AHHHHHHHHHHHH!" *Un enorme grito de dolor retumba por todas partes.*
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  • 𝑨 𝒏𝒆𝒘 𝒃𝒆𝒈𝒊𝒏𝒏𝒊𝒏𝒈
    Fandom OC
    Categoría Slice of Life
    Seis meses.
    Había pasado medio año desde... La vez que la vió.
    Y para ser franco consigo mismo, siquiera la había recordado con la frecuencia de su "yo" de hacía años.
    La búsqueda de empleo, las salidas con sus amigos y las actividades con su pareja le habían consumido tiempo suficiente como para no detenerse a pensar en nada más que el presente.

    Pero hoy, en las vías del metro, rumbo su destino recordó la noche dónde se había encontrado con Alex.
    ¿Casualidad o destino? La pregunta que en momentos le hacía sobrepensar en el momento. Distrayendo su mente de la inquietud que tenía ahora.
    Su nuevo reto.
    Un trabajo lejos de casa.

    Con su padre había iniciado pequeños emprendimientos para cubrir sus necesidades, pero sabía que debía aspirar a más.
    Las cosas de la adultez le hacían pensar en su futuro, para su suerte, encontró un departamento que estaba reclutando a personal.

    Al llegar al edificio, se vio rodeado de personas que al igual que él parecían nuevos. Algunos iban nerviosos, otros con la calma de quién ha planeado horas durante el espejo su llegada, y luego estaban personas cómo Haruki, perdidos en sus pensamientos, imaginando cómo será esa nueva etapa, sí serían capaces de dar la talla.

    Eventualmente fueron entrando, guiándose por algunos trabajadores que parecían llevar ahí desde que abrió la sucursal. La sala de espera era grande, con asientos largos y de matices grises adornando las esquinas de plantas en macetas, haciendo una especie de "U" de manera que todos quedaran frente la vista de recepción.

    Su teléfono vibró. Era su pareja, mensajes de ánimo acompañado de fotos de su día.
    Él sonrió, pero de inmediato se presentó un hombre quién se paró en frente de todos; al parecer era encargado del departamento de recursos humanos, anunciando que en breve se haría presente un grupo que los llevaría hasta las oficinas.
    No tuvo ni tiempo de responder el teléfono; lo guardó tan pronto escuchaba pasos acercándose por uno de los pasillos.
    Seis meses. Había pasado medio año desde... La vez que la vió. Y para ser franco consigo mismo, siquiera la había recordado con la frecuencia de su "yo" de hacía años. La búsqueda de empleo, las salidas con sus amigos y las actividades con su pareja le habían consumido tiempo suficiente como para no detenerse a pensar en nada más que el presente. Pero hoy, en las vías del metro, rumbo su destino recordó la noche dónde se había encontrado con Alex. ¿Casualidad o destino? La pregunta que en momentos le hacía sobrepensar en el momento. Distrayendo su mente de la inquietud que tenía ahora. Su nuevo reto. Un trabajo lejos de casa. Con su padre había iniciado pequeños emprendimientos para cubrir sus necesidades, pero sabía que debía aspirar a más. Las cosas de la adultez le hacían pensar en su futuro, para su suerte, encontró un departamento que estaba reclutando a personal. Al llegar al edificio, se vio rodeado de personas que al igual que él parecían nuevos. Algunos iban nerviosos, otros con la calma de quién ha planeado horas durante el espejo su llegada, y luego estaban personas cómo Haruki, perdidos en sus pensamientos, imaginando cómo será esa nueva etapa, sí serían capaces de dar la talla. Eventualmente fueron entrando, guiándose por algunos trabajadores que parecían llevar ahí desde que abrió la sucursal. La sala de espera era grande, con asientos largos y de matices grises adornando las esquinas de plantas en macetas, haciendo una especie de "U" de manera que todos quedaran frente la vista de recepción. Su teléfono vibró. Era su pareja, mensajes de ánimo acompañado de fotos de su día. Él sonrió, pero de inmediato se presentó un hombre quién se paró en frente de todos; al parecer era encargado del departamento de recursos humanos, anunciando que en breve se haría presente un grupo que los llevaría hasta las oficinas. No tuvo ni tiempo de responder el teléfono; lo guardó tan pronto escuchaba pasos acercándose por uno de los pasillos.
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  • 𝔒𝔡𝔢𝔱𝔱𝔢 ℌ𝔢𝔪𝔩𝔬𝔠𝔨

    Hacía apenas unas horas que lo habían asaltado. Cuatro bandidos desesperados, famélicos y con los ojos hundidos por la peste reciente. Lo emboscaron en un recodo del camino viejo, donde los árboles se cerraban como dedos huesudos. Gritaban que querían su armadura, su espada, cualquier cosa que pudieran vender.

    El caballero ni siquiera intentó razonar. Solo desenvainó. Mató a tres con golpes pesados y torpes. El cuarto le clavó una lanza oxidada entre las placas del costado antes de que le partiera el cráneo con el pomo de la espada. Sangró mucho. Pero como siempre, la herida ya empezaba a cerrarse mientras el cuerpo aún estaba caliente en el barro.

    Ahora caminaba más lento. La sangre seca le pegaba la camisa a la piel bajo la armadura. Había dejado los cadáveres atrás sin enterrarlos. ¿Para qué? Mañana habría más. O cuervos, daba igual. Solo siguió el sendero que se adentraba en el bosque. No sabía hacia dónde iba, habian pasado dias que habia perdido el rumbo, de seguro el camino que llevaba al capitolio del sur, lo había errado mucho antes, ya ni siquiera fingía que tenía una meta. Solo ponía un pie delante del otro, con la armadura manchada de sangre ajena y propia, la capa rota y el yelmo ligeramente abollado en un lado nuevo.

    La niebla colgaba como un velo de luto sobre el sendero olvidado, denso, frío y cargado del olor a tierra húmeda y hojas en descomposición. El mundo parecía haber olvidado este lugar, igual que había olvidado a tantos otros.

    La figura alta y pesada seguia caminando, su armadura de placas, antaño pulida, estaba ahora cubierta de óxido, sangre seca y grietas que hablaban de batallas perdidas en el tiempo. La gran espada colgaba a su espalda, envainada, pero su peso parecía tirar de sus hombros hacia abajo. Cada paso era lento, deliberado, como si caminar ya fuera un acto de terca resignación.

    Una figura solitaria más adelante, envuelta en un manto negro raído. Caminaba con paso medido, cargando un bolso de cuero que tintineaba suavemente. No parecía una simple viajera. De seguro a lo lejos pudo oir el sonido de las placas chocando al caminar, Siegmeyer se detuvo a unos metros de la mujer del manto negro. No la conocía. Para él solo era otra silueta en un camino que ya no llevaba a ninguna parte que importara.

    Sus ojos azulados, fríos y apagados tras las ranuras del yelmo, la observaron sin prisa. No había curiosidad, solo una quietud pesada.

    — Mujer. —

    Su voz era grave, ronca. No levantó la mano. No hizo gesto alguno de saludo.

    — Probablemente este camino se vuelve más oscuro cuando cae la noche. Bandidos, bestias o simplemente el silencio que termina devorándolo todo.

    Una pausa larga. El viento movió su capa raída sin entusiasmo.

    — Soy Siegmeyer. Mi armadura no significa nada además de protección, es decir no soy parte del clero o reino. —

    Su mirada bajó un instante al bolso de cuero que ella llevaba, luego volvió a su rostro.

    — Lo digo para que no creas que hay otra intencion. Si tus pasos van en la misma dirección que los míos… no te molestaré. Puedo ser compañía. —

    El silencio volvió a llenar el aire entre ellos, pesado como su propia armadura.

    — O sigue sola. Como prefieras. Ya nada cambia mucho al final. —

    Se quedó inmóvil, esperando.
    [orbit_turquoise_elephant_485] Hacía apenas unas horas que lo habían asaltado. Cuatro bandidos desesperados, famélicos y con los ojos hundidos por la peste reciente. Lo emboscaron en un recodo del camino viejo, donde los árboles se cerraban como dedos huesudos. Gritaban que querían su armadura, su espada, cualquier cosa que pudieran vender. El caballero ni siquiera intentó razonar. Solo desenvainó. Mató a tres con golpes pesados y torpes. El cuarto le clavó una lanza oxidada entre las placas del costado antes de que le partiera el cráneo con el pomo de la espada. Sangró mucho. Pero como siempre, la herida ya empezaba a cerrarse mientras el cuerpo aún estaba caliente en el barro. Ahora caminaba más lento. La sangre seca le pegaba la camisa a la piel bajo la armadura. Había dejado los cadáveres atrás sin enterrarlos. ¿Para qué? Mañana habría más. O cuervos, daba igual. Solo siguió el sendero que se adentraba en el bosque. No sabía hacia dónde iba, habian pasado dias que habia perdido el rumbo, de seguro el camino que llevaba al capitolio del sur, lo había errado mucho antes, ya ni siquiera fingía que tenía una meta. Solo ponía un pie delante del otro, con la armadura manchada de sangre ajena y propia, la capa rota y el yelmo ligeramente abollado en un lado nuevo. La niebla colgaba como un velo de luto sobre el sendero olvidado, denso, frío y cargado del olor a tierra húmeda y hojas en descomposición. El mundo parecía haber olvidado este lugar, igual que había olvidado a tantos otros. La figura alta y pesada seguia caminando, su armadura de placas, antaño pulida, estaba ahora cubierta de óxido, sangre seca y grietas que hablaban de batallas perdidas en el tiempo. La gran espada colgaba a su espalda, envainada, pero su peso parecía tirar de sus hombros hacia abajo. Cada paso era lento, deliberado, como si caminar ya fuera un acto de terca resignación. Una figura solitaria más adelante, envuelta en un manto negro raído. Caminaba con paso medido, cargando un bolso de cuero que tintineaba suavemente. No parecía una simple viajera. De seguro a lo lejos pudo oir el sonido de las placas chocando al caminar, Siegmeyer se detuvo a unos metros de la mujer del manto negro. No la conocía. Para él solo era otra silueta en un camino que ya no llevaba a ninguna parte que importara. Sus ojos azulados, fríos y apagados tras las ranuras del yelmo, la observaron sin prisa. No había curiosidad, solo una quietud pesada. — Mujer. — Su voz era grave, ronca. No levantó la mano. No hizo gesto alguno de saludo. — Probablemente este camino se vuelve más oscuro cuando cae la noche. Bandidos, bestias o simplemente el silencio que termina devorándolo todo. Una pausa larga. El viento movió su capa raída sin entusiasmo. — Soy Siegmeyer. Mi armadura no significa nada además de protección, es decir no soy parte del clero o reino. — Su mirada bajó un instante al bolso de cuero que ella llevaba, luego volvió a su rostro. — Lo digo para que no creas que hay otra intencion. Si tus pasos van en la misma dirección que los míos… no te molestaré. Puedo ser compañía. — El silencio volvió a llenar el aire entre ellos, pesado como su propia armadura. — O sigue sola. Como prefieras. Ya nada cambia mucho al final. — Se quedó inmóvil, esperando.
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  • Ondulaba el inmenso campo de trigo como un océano dorado. En medio de aquella extensión interminable se alzaba una vieja torre de piedra, estrecha y desgastada por el tiempo, repleta de pequeñas ventanas oscuras que parecían ojos vigilando el horizonte. Algunas estaban rotas, otras cubiertas de hiedra, y el interior olía a humedad, polvo y madera podrida.

    Oculto en uno de los niveles superiores, el cura permanecía pegado contra la pared, respirando apenas. Aferraba con fuerza su maletín metálico contra el pecho, tanto que sus nudillos habían perdido el color. El sudor descendía por su frente pese al frío viento que entraba por las rendijas.

    -Joder… ¿dónde me metí…?

    De pronto, la sombra cayó sobre la torre. Detrás del edificio emergió lentamente el gigante, una monstruosa figura de varios metros de altura que apartaba el trigo con cada paso. Su respiración era pesada, profunda, como el sonido lejano de un trueno. El cura sintió cómo la torre crujía apenas cuando la enorme criatura se inclinó hacia las ventanas.

    Un ojo gigantesco apareció frente a la abertura. La pupila se movía lentamente, inspeccionando el interior oscuro de la torre. El joven sacerdote se quedó inmóvil, conteniendo hasta el aire en sus pulmones. Ni un músculo se atrevió a moverse. Por fortuna, la penumbra del lugar y la estrechez de la ventana lo ocultaban perfectamente.

    -Por el amor de... no quiero pelear.

    Pensó el cura.
    Ondulaba el inmenso campo de trigo como un océano dorado. En medio de aquella extensión interminable se alzaba una vieja torre de piedra, estrecha y desgastada por el tiempo, repleta de pequeñas ventanas oscuras que parecían ojos vigilando el horizonte. Algunas estaban rotas, otras cubiertas de hiedra, y el interior olía a humedad, polvo y madera podrida. Oculto en uno de los niveles superiores, el cura permanecía pegado contra la pared, respirando apenas. Aferraba con fuerza su maletín metálico contra el pecho, tanto que sus nudillos habían perdido el color. El sudor descendía por su frente pese al frío viento que entraba por las rendijas. -Joder… ¿dónde me metí…? De pronto, la sombra cayó sobre la torre. Detrás del edificio emergió lentamente el gigante, una monstruosa figura de varios metros de altura que apartaba el trigo con cada paso. Su respiración era pesada, profunda, como el sonido lejano de un trueno. El cura sintió cómo la torre crujía apenas cuando la enorme criatura se inclinó hacia las ventanas. Un ojo gigantesco apareció frente a la abertura. La pupila se movía lentamente, inspeccionando el interior oscuro de la torre. El joven sacerdote se quedó inmóvil, conteniendo hasta el aire en sus pulmones. Ni un músculo se atrevió a moverse. Por fortuna, la penumbra del lugar y la estrechez de la ventana lo ocultaban perfectamente. -Por el amor de... no quiero pelear. Pensó el cura.
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  • [En un día de vagabundeo y patrullaje cualquiera mientras Owen continuaba el entrenamiento de sus habilidades espectrales. Algo le hace dirigirse en una dirección específica. Percibe "algo". Desciende a las líneas del metro y encuentra una suerte de "fisura en la realidad"]

    +Observo la extraña grieta* -¿Uh?. ¿Que es esto?. *Intento tocarle con la mano. "Algo sucede" al tener contacto con mis dedos. La grieta empieza a cerrarse y...* -¿Que rayos fue eso?. Ni idea. Mejor salgo de aquí. *Trato de atravesar una pared y choco con esta* -Ouch... Dolió... Espera... ¿Dolió? *Compruebo mi cuerpo y este ha perdido su aura espectral. Luciendo casi vivo* -¿Que acaba de ocurrir?. *Menciono en voz alta confudido. Las personas del metrotren me observan con curiosidad*
    [En un día de vagabundeo y patrullaje cualquiera mientras Owen continuaba el entrenamiento de sus habilidades espectrales. Algo le hace dirigirse en una dirección específica. Percibe "algo". Desciende a las líneas del metro y encuentra una suerte de "fisura en la realidad"] +Observo la extraña grieta* -¿Uh?. ¿Que es esto?. *Intento tocarle con la mano. "Algo sucede" al tener contacto con mis dedos. La grieta empieza a cerrarse y...* -¿Que rayos fue eso?. Ni idea. Mejor salgo de aquí. *Trato de atravesar una pared y choco con esta* -Ouch... Dolió... Espera... ¿Dolió? *Compruebo mi cuerpo y este ha perdido su aura espectral. Luciendo casi vivo* -¿Que acaba de ocurrir?. *Menciono en voz alta confudido. Las personas del metrotren me observan con curiosidad*
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  • Lleva varias taza de té, no sabe cuántas ha bebido.

    Ha perdido la cuenta.
    Lleva varias taza de té, no sabe cuántas ha bebido. Ha perdido la cuenta.
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  • *Se adentro en la habitación de su padre, su mirada se detuvo en una espada que exibe en un único tocador donde solo esta la misma en mostrador como si fuera una pieza de colección. *

    Creo qud esta espada es muy valiosa para padre.

    *Se dijo a si misma mientras sus ojos estaba perdidos en esa arma *
    *Se adentro en la habitación de su padre, su mirada se detuvo en una espada que exibe en un único tocador donde solo esta la misma en mostrador como si fuera una pieza de colección. * Creo qud esta espada es muy valiosa para padre. *Se dijo a si misma mientras sus ojos estaba perdidos en esa arma *
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  •  El joven cura permanecía inmóvil mientras el sudor descendía lentamente por su rostro, frío a pesar del viento que golpeaba su cuerpo como una ola invisible surgida de la oscuridad. Se encontraba perdido en el purgatorio de sus propias pesadillas; un lugar silencioso y distorsionado donde el cielo parecía muerto y el aire cargaba una sensación insoportable de culpa. Miró a ambos lados con respiración agitada. A lo lejos, las únicas luces visibles provenían de las ventanas de enormes edificios sin forma clara, pequeños destellos cálidos en medio de aquel vacío interminable. Él, en cambio, permanecía atrapado entre campos de herbáceos dorados que se mecían lentamente bajo el viento, como si ocultaran algo bajo sus raíces.

    -¿Este será mi castigo eterno...?

    Por un instante bajó la mirada, sintiendo cómo el peso en su pecho se hacía más insoportable que el propio miedo. Comprendió, con amarga resignación, que su pecado seguía vivo dentro de él… carcomiéndolo lentamente desde el alma.
     El joven cura permanecía inmóvil mientras el sudor descendía lentamente por su rostro, frío a pesar del viento que golpeaba su cuerpo como una ola invisible surgida de la oscuridad. Se encontraba perdido en el purgatorio de sus propias pesadillas; un lugar silencioso y distorsionado donde el cielo parecía muerto y el aire cargaba una sensación insoportable de culpa. Miró a ambos lados con respiración agitada. A lo lejos, las únicas luces visibles provenían de las ventanas de enormes edificios sin forma clara, pequeños destellos cálidos en medio de aquel vacío interminable. Él, en cambio, permanecía atrapado entre campos de herbáceos dorados que se mecían lentamente bajo el viento, como si ocultaran algo bajo sus raíces. -¿Este será mi castigo eterno...? Por un instante bajó la mirada, sintiendo cómo el peso en su pecho se hacía más insoportable que el propio miedo. Comprendió, con amarga resignación, que su pecado seguía vivo dentro de él… carcomiéndolo lentamente desde el alma.
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  • Shiori Novella
    La moto gravitatoria avanzaba a toda velocidad por los senderos sinuosos de los alrededores de aquella ciudad en la Tierra. Hacía no mucho que Janei Khan había llegado desde un lugar muy lejano de la galaxia hasta ese nuevo planeta, y pronto descubrió que en él habitaban humanos y seres con habilidades extraordinarias. Nada parecido a lo que la Khan hubiera conocido antes, así como también descubrió que era un planeta que constantemente tenía que lidiar con amenazas de todo tipo, incluyendo, para su sorpresa, con las que también provenían de donde ella venía.

    El viento agitó su cabello oscuro. Esa tarde iba a la caza de una criatura quimérica; un ser de aspecto humanoide, con rasgos de reptil y un cuerpo arácnido cubierto de escamas que nacía desde la cintura y terminaba en el peligroso aguijón de un escorpión gigante. La Khan le había perdido el rastro, y todas las señales apuntaban a que debía haber pasado por aquella ciudad. Estaba decidida a encontrar alguna pista útil sobre su paradero, y, al mismo tiempo, aprovecharía la oportunidad para conocer más de esa ciudad y de ese planeta.
    [specter_copper_horse_768] La moto gravitatoria avanzaba a toda velocidad por los senderos sinuosos de los alrededores de aquella ciudad en la Tierra. Hacía no mucho que Janei Khan había llegado desde un lugar muy lejano de la galaxia hasta ese nuevo planeta, y pronto descubrió que en él habitaban humanos y seres con habilidades extraordinarias. Nada parecido a lo que la Khan hubiera conocido antes, así como también descubrió que era un planeta que constantemente tenía que lidiar con amenazas de todo tipo, incluyendo, para su sorpresa, con las que también provenían de donde ella venía. El viento agitó su cabello oscuro. Esa tarde iba a la caza de una criatura quimérica; un ser de aspecto humanoide, con rasgos de reptil y un cuerpo arácnido cubierto de escamas que nacía desde la cintura y terminaba en el peligroso aguijón de un escorpión gigante. La Khan le había perdido el rastro, y todas las señales apuntaban a que debía haber pasado por aquella ciudad. Estaba decidida a encontrar alguna pista útil sobre su paradero, y, al mismo tiempo, aprovecharía la oportunidad para conocer más de esa ciudad y de ese planeta.
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