• Había pasado mucho tiempo desde que Arielle había puesto un pie en la ciudad, era tarde y se encontraba usando esa característica capa aterciopelada de color verde oscuro con la que cubría su cabeza intentando no llamar mucho la atención de las pocas personas que transitaban aquel lugar.

    Había pasado prácticamente un año desde que perdió el contacto con cualquier otro ser, no por intención propia si no porque al embarcarse en aquel viaje tan largo cualquier rastro de magia y de cualquier otra forma en que pudiese ser localizado se había esfumado por completo, nunca fué su intención desaparecer pero las cosas se habían complicado demasiado durante el trayecto.

    Tomó asiento en una de las bancas y suspiró, estaba de vuelta pero las cosas se sentían diferentes, ya no había quien lo acompañara y se preguntaba si esa persona a quien amaba lo recordaría aún o si había llegado demasiado tarde y tal vez aquel chico lo habría terminado de olvidar por completo. Metiendo la mano en el bolsillo de su pantalón sacó ese collar, lo había llevado consigo todo el tiempo, se le quedó observando un par de minutos y no pudo evitar sentir una fuerte punzada en el corazón, se sentía realmente perdido pero sabía que ser fuerte era lo único que lo salvaría.

    Alarion Kwon
    Había pasado mucho tiempo desde que Arielle había puesto un pie en la ciudad, era tarde y se encontraba usando esa característica capa aterciopelada de color verde oscuro con la que cubría su cabeza intentando no llamar mucho la atención de las pocas personas que transitaban aquel lugar. Había pasado prácticamente un año desde que perdió el contacto con cualquier otro ser, no por intención propia si no porque al embarcarse en aquel viaje tan largo cualquier rastro de magia y de cualquier otra forma en que pudiese ser localizado se había esfumado por completo, nunca fué su intención desaparecer pero las cosas se habían complicado demasiado durante el trayecto. Tomó asiento en una de las bancas y suspiró, estaba de vuelta pero las cosas se sentían diferentes, ya no había quien lo acompañara y se preguntaba si esa persona a quien amaba lo recordaría aún o si había llegado demasiado tarde y tal vez aquel chico lo habría terminado de olvidar por completo. Metiendo la mano en el bolsillo de su pantalón sacó ese collar, lo había llevado consigo todo el tiempo, se le quedó observando un par de minutos y no pudo evitar sentir una fuerte punzada en el corazón, se sentía realmente perdido pero sabía que ser fuerte era lo único que lo salvaría. [specter_gold_spider_606]
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  • -Desde la azotea de un rascacielos perdido entre el mar de luces de la ciudad, Vaelith permanecía inmóvil bajo la oscuridad de la noche, con su larga cabellera blanca agitándose suavemente por el viento. Sus ojos rojizos recorrían las interminables avenidas iluminadas, los vehículos que se desplazaban como corrientes de fuego y las miles de vidas humanas que existían muy por debajo de él, ajenas a la presencia de una entidad nacida mucho antes que sus imperios y sus dioses modernos. La brisa arrastraba el eco distante de sirenas, música y conversaciones, pero nada de aquello lograba alterar la serenidad melancólica del Rey del Eclipse. Con una mano apoyada sobre el borde del edificio, observaba aquel mundo frenético y brillante con una mezcla de curiosidad y nostalgia, hasta que noto la presencia de alguien observandole-

    "Que te trae por aqui?"


    |Puden rolear quien quiera con el Elfo, no teman.|
    -Desde la azotea de un rascacielos perdido entre el mar de luces de la ciudad, Vaelith permanecía inmóvil bajo la oscuridad de la noche, con su larga cabellera blanca agitándose suavemente por el viento. Sus ojos rojizos recorrían las interminables avenidas iluminadas, los vehículos que se desplazaban como corrientes de fuego y las miles de vidas humanas que existían muy por debajo de él, ajenas a la presencia de una entidad nacida mucho antes que sus imperios y sus dioses modernos. La brisa arrastraba el eco distante de sirenas, música y conversaciones, pero nada de aquello lograba alterar la serenidad melancólica del Rey del Eclipse. Con una mano apoyada sobre el borde del edificio, observaba aquel mundo frenético y brillante con una mezcla de curiosidad y nostalgia, hasta que noto la presencia de alguien observandole- "Que te trae por aqui?" |Puden rolear quien quiera con el Elfo, no teman.|
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    𝑻𝒉𝒆 𝑯𝒐𝒎𝒖𝒏𝒄𝒖𝒍𝒖𝒔 (𝟔)

    Connor observa, lo hace constantemente. Mientras trabaja, mientras recorre una ciudad desconocida o incluso durante aquellos raros momentos en los que no parece estar haciendo nada en particular.

    No busca información de forma consciente, tampoco parece realizar esfuerzo alguno por memorizar aquello que ve, simplemente ocurre. Su atención rara vez se detiene donde lo hace la de los demás.

    Parece sentirse atraído por pequeñas irregularidades dentro de comportamientos aparentemente normales: una respiración que se acelera apenas una fracción de segundo, una mirada que desciende antes de una mentira, o un pie que cambia de dirección antes de que una persona decida marcharse.

    Connor registra esas cosas y después continúa. Resulta extraño porque rara vez vuelve a necesitarlas.

    De hecho, muchas de las personas que observa desaparecen de su vida para siempre. Algunas cambian de ciudad, otras mueren, otras simplemente se convierten en un encuentro irrelevante perdido entre miles de rostros distintos.

    Sin embargo, ciertos rastros permanecen. No se trata de nombres, ni de fechas, ni siquiera de historias. Se trata de patrones, gestos o conductas. Fragmentos de algo que alguna vez distinguió a una persona de todas las demás.

    Connor nunca ha mostrado interés por entender por qué ocurre. Parece aceptarlo de la misma forma en que acepta el resto de las particularidades de su existencia, como si fuese normal. Como si todas las mentes funcionaran de esa manera, pero no lo hacen.

    Quizá por eso, incluso años después, todavía es capaz de reconocer detalles que el resto del mundo habría olvidado hace mucho tiempo. No personas, rastros. Y cuanto más tiempo pasa, más parecen acumularse, como si alguna parte de él fuese incapaz de dejarlos atrás.

    𝑻𝒉𝒆 𝑯𝒐𝒎𝒖𝒏𝒄𝒖𝒍𝒖𝒔 (𝟔) Connor observa, lo hace constantemente. Mientras trabaja, mientras recorre una ciudad desconocida o incluso durante aquellos raros momentos en los que no parece estar haciendo nada en particular. No busca información de forma consciente, tampoco parece realizar esfuerzo alguno por memorizar aquello que ve, simplemente ocurre. Su atención rara vez se detiene donde lo hace la de los demás. Parece sentirse atraído por pequeñas irregularidades dentro de comportamientos aparentemente normales: una respiración que se acelera apenas una fracción de segundo, una mirada que desciende antes de una mentira, o un pie que cambia de dirección antes de que una persona decida marcharse. Connor registra esas cosas y después continúa. Resulta extraño porque rara vez vuelve a necesitarlas. De hecho, muchas de las personas que observa desaparecen de su vida para siempre. Algunas cambian de ciudad, otras mueren, otras simplemente se convierten en un encuentro irrelevante perdido entre miles de rostros distintos. Sin embargo, ciertos rastros permanecen. No se trata de nombres, ni de fechas, ni siquiera de historias. Se trata de patrones, gestos o conductas. Fragmentos de algo que alguna vez distinguió a una persona de todas las demás. Connor nunca ha mostrado interés por entender por qué ocurre. Parece aceptarlo de la misma forma en que acepta el resto de las particularidades de su existencia, como si fuese normal. Como si todas las mentes funcionaran de esa manera, pero no lo hacen. Quizá por eso, incluso años después, todavía es capaz de reconocer detalles que el resto del mundo habría olvidado hace mucho tiempo. No personas, rastros. Y cuanto más tiempo pasa, más parecen acumularse, como si alguna parte de él fuese incapaz de dejarlos atrás.
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  • -Sentado en silencio, apoyó el rostro sobre una mano mientras la noche avanzaba sin que le importara. Sus ojos permanecieron perdidos en aquel recuerdo lejano-

    Qué extraño

    -Había sobrevivido a guerras, derrotado enemigos imposibles y recorrido caminos que pocos podían imaginar. Sin embargo, al recordar aquellos días bajo los árboles, con las manos cubiertas de polvo y el cuerpo agotado por el entrenamiento, algo en su pecho se volvía más pesado
    No era tristeza-

    -Era la sensación de mirar un lugar al que ya no podía regresar
    El tiempo había seguido avanzando sin pedir permiso, llevándose consigo a aquel muchacho que corría entre las sombras persiguiendo sueños demasiado grandes para él
    Y por primera vez en mucho tiempo, se preguntó si aquel joven estaría orgulloso de lo que había llegado a ser-
    -Sentado en silencio, apoyó el rostro sobre una mano mientras la noche avanzaba sin que le importara. Sus ojos permanecieron perdidos en aquel recuerdo lejano- Qué extraño -Había sobrevivido a guerras, derrotado enemigos imposibles y recorrido caminos que pocos podían imaginar. Sin embargo, al recordar aquellos días bajo los árboles, con las manos cubiertas de polvo y el cuerpo agotado por el entrenamiento, algo en su pecho se volvía más pesado No era tristeza- -Era la sensación de mirar un lugar al que ya no podía regresar El tiempo había seguido avanzando sin pedir permiso, llevándose consigo a aquel muchacho que corría entre las sombras persiguiendo sueños demasiado grandes para él Y por primera vez en mucho tiempo, se preguntó si aquel joven estaría orgulloso de lo que había llegado a ser-
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  • ──Demasiado tiempo perdido, demasiado anonimato. Es hora de volver a casa.
    ──Demasiado tiempo perdido, demasiado anonimato. Es hora de volver a casa.
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  • A veces me siento tan perdido......y digo.....que en una borrachera le escribiré de nuevo, pero nunca llega el momento, porque aunque el alcohol me quema la garganta no soy capaz de perderme

    Sin importar cuantas copas tome, sigo cuerdo pero lo único que quiero es desconectarme, no sentir el tiempo ni el dolor que pasa por mi vida.
    A veces me siento tan perdido......y digo.....que en una borrachera le escribiré de nuevo, pero nunca llega el momento, porque aunque el alcohol me quema la garganta no soy capaz de perderme Sin importar cuantas copas tome, sigo cuerdo pero lo único que quiero es desconectarme, no sentir el tiempo ni el dolor que pasa por mi vida.
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  • Un cliente habitual dejó de venir. Alaska nunca supo por qué.

    —...supongo que no se necesita cerrar una puerta para irse.

    Un pensamiento en voz alta, perdido entre los pasillos de la librería. A veces, solo dejar de aparecer era suficiente. Suficiente y peor. Porque no habían respuestas. Solo preguntas, y el silencio que las llena.
    Un cliente habitual dejó de venir. Alaska nunca supo por qué. —...supongo que no se necesita cerrar una puerta para irse. Un pensamiento en voz alta, perdido entre los pasillos de la librería. A veces, solo dejar de aparecer era suficiente. Suficiente y peor. Porque no habían respuestas. Solo preguntas, y el silencio que las llena.
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    𝑻𝒉𝒆 𝑯𝒐𝒎𝒖𝒏𝒄𝒖𝒍𝒖𝒔 (𝟓)

    Connor trabaja por dinero. O al menos, eso es lo que suele decir, ya que resulta una explicación sencilla, una que la mayoría acepta sin hacer demasiadas preguntas.

    Sin embargo, observando con atención, la idea comienza a desmoronarse, puesto que Connor no necesita gran cosa. Cambia de ciudad con frecuencia, vive solo y rara vez permanece demasiado tiempo en un mismo lugar. Su cuerpo no exige lujos, comodidades ni necesidades que justifiquen una acumulación constante de recursos.

    Aun así, continúa aceptando trabajos. No todos, sólo algunos. Casos que aparecen de forma inesperada y capturan su atención por razones que ni él mismo parece comprender, como una fotografía olvidada, un nombre perdido entre documentos viejos, una dirección incompleta, o una desaparición ocurrida demasiado tiempo atrás para que alguien continúe buscándola.

    Y entonces comienza la búsqueda. Una búsqueda paciente, metódica, persistente. A veces encuentra respuestas, otras veces no, pero la diferencia rara vez parece afectarle, porque el trabajo nunca parece ser el verdadero objetivo. El dinero tampoco.

    Estos son apenas el punto de partida, una excusa conveniente para seguir rastros, hacer preguntas y llegar a lugares donde nadie más se molestaría en mirar. Lo extraño no es que Connor encuentre cosas, lo extraño es aquello que decide buscar.

    Porque entre miles de historias posibles, siempre termina inclinándose hacia aquellas que el resto del mundo ya ha dejado atrás. Y aunque rara vez explica sus motivos, tampoco parece actuar por obligación, como si hubiese algo en los rastros olvidados que continuara llamándolo una y otra vez. Algo que, incluso después de todos estos años, todavía no logra comprender.
    𝑻𝒉𝒆 𝑯𝒐𝒎𝒖𝒏𝒄𝒖𝒍𝒖𝒔 (𝟓) Connor trabaja por dinero. O al menos, eso es lo que suele decir, ya que resulta una explicación sencilla, una que la mayoría acepta sin hacer demasiadas preguntas. Sin embargo, observando con atención, la idea comienza a desmoronarse, puesto que Connor no necesita gran cosa. Cambia de ciudad con frecuencia, vive solo y rara vez permanece demasiado tiempo en un mismo lugar. Su cuerpo no exige lujos, comodidades ni necesidades que justifiquen una acumulación constante de recursos. Aun así, continúa aceptando trabajos. No todos, sólo algunos. Casos que aparecen de forma inesperada y capturan su atención por razones que ni él mismo parece comprender, como una fotografía olvidada, un nombre perdido entre documentos viejos, una dirección incompleta, o una desaparición ocurrida demasiado tiempo atrás para que alguien continúe buscándola. Y entonces comienza la búsqueda. Una búsqueda paciente, metódica, persistente. A veces encuentra respuestas, otras veces no, pero la diferencia rara vez parece afectarle, porque el trabajo nunca parece ser el verdadero objetivo. El dinero tampoco. Estos son apenas el punto de partida, una excusa conveniente para seguir rastros, hacer preguntas y llegar a lugares donde nadie más se molestaría en mirar. Lo extraño no es que Connor encuentre cosas, lo extraño es aquello que decide buscar. Porque entre miles de historias posibles, siempre termina inclinándose hacia aquellas que el resto del mundo ya ha dejado atrás. Y aunque rara vez explica sus motivos, tampoco parece actuar por obligación, como si hubiese algo en los rastros olvidados que continuara llamándolo una y otra vez. Algo que, incluso después de todos estos años, todavía no logra comprender.
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  • Tiempo después del exitoso rescate de Marco y de la amarga derrota frente al Culto de Saturno, Zelkova condujo durante horas sin rumbo fijo. Finalmente estacionó el automóvil al borde de una carretera interestatal, en una de esas áreas frecuentadas por camioneros que se detenían para desayunar, cenar o simplemente descansar antes de continuar el viaje. Apagó el motor.

    A lo lejos podían verse las luces de varios restaurantes abiertos toda la noche, junto con largas filas de camiones aparcados bajo los focos del estacionamiento.

    Zelkova permaneció inmóvil unos segundos, observando el volante. Acomodó la visera de su gorra roja y dejó escapar un suspiro cansado. Habían salvado a Marco. Pero habían perdido el pendrive, su hogar y cualquier posibilidad de llevar una vida normal. Ahora eran fugitivos y necesitaban un plan.

    Apoyó un brazo sobre la ventanilla y contempló las luces del local más cercano mientras aguardaba el momento de organizar estratégicamente su siguiente movimiento. El próximo paso podía significar la diferencia entre mantenerse libres o caer directamente en las manos del culto... o de la policía.
    Tiempo después del exitoso rescate de Marco y de la amarga derrota frente al Culto de Saturno, Zelkova condujo durante horas sin rumbo fijo. Finalmente estacionó el automóvil al borde de una carretera interestatal, en una de esas áreas frecuentadas por camioneros que se detenían para desayunar, cenar o simplemente descansar antes de continuar el viaje. Apagó el motor. A lo lejos podían verse las luces de varios restaurantes abiertos toda la noche, junto con largas filas de camiones aparcados bajo los focos del estacionamiento. Zelkova permaneció inmóvil unos segundos, observando el volante. Acomodó la visera de su gorra roja y dejó escapar un suspiro cansado. Habían salvado a Marco. Pero habían perdido el pendrive, su hogar y cualquier posibilidad de llevar una vida normal. Ahora eran fugitivos y necesitaban un plan. Apoyó un brazo sobre la ventanilla y contempló las luces del local más cercano mientras aguardaba el momento de organizar estratégicamente su siguiente movimiento. El próximo paso podía significar la diferencia entre mantenerse libres o caer directamente en las manos del culto... o de la policía.
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  • • 「𝔗𝔯𝔞𝔦𝔩𝔟𝔩𝔞𝔷𝔢」
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    𝑓𝑡. Elina Drakon



    El bosque no figuraba en ninguno de los mapas.

    Aquello, por supuesto, habría resultado fascinante de no ser porque llevaba varias horas caminando en círculos.

    La espesura se alzaba a su alrededor como una arquitectura primitiva y hostil: troncos desmesurados, raíces retorcidas y copas tan densas que no permitían el paso de la luz; lo que le hacía incapaz de distinguir la mañana del anochecer. Toda la zona olía a tierra húmeda, corteza vieja y algo más difícil de nombrar, una presencia tenue que parecía observarlo desde detrás de cada árbol.

    Vestía un traje negro de corte impecable, ligeramente manchado de barro en el borde del pantalón. Aquella diminuta imperfección había conseguido irritarlo más que la posibilidad de no encontrar la salida.

    Se detuvo frente a una bifurcación idéntica a las seis anteriores.

    — Extraordinario. —murmuró, contemplando ambos senderos con una sonrisa sin humor—. Un reino oculto, completamente protegido y no por ejércitos, sino por algo más...

    Había seguido rumores durante semanas: relatos incompletos, pergaminos deslavados por el tiempo, testimonios pronunciados por personas demasiado aterradas para mentir. Todos hablaban de una nación apartada del mundo, preservada entre montañas y hechicería, un lugar cuyo nombre rara vez era escrito y jamás pronunciado dos veces seguidas.

    Él no buscaba sus tesoros.

    Buscaba algo más que aquel reino, algo que había sido ocultado mucho antes de su propia muerte.

    O quizá algo que había sido ocultado de él.

    Acomodó el puño de su camisa, aunque la tela ya descansaba en su sitio, y examinó el suelo. No había huellas, ramas rotas ni marcas recientes. Solo hojas negras llenas de humedad y una bruma baja que reptaba entre las raíces con una lentitud sospechosamente deliberada.

    — Muy bien. —dijo al bosque—. Admito que la primera hora tuvo cierto encanto.

    El silencio respondió.

    — La segunda fue repetitiva.

    Una rama crujió a su espalda.

    No volteó de inmediato.

    Su expresión permaneció serena, cortés, cuidadosamente compuesta. Sin embargo, bajo aquella elegancia fingida; algo en él se tensó. La oscuridad que habitaba su alma reconoció una presencia cercana; antigua, contenida y ajena a las criaturas ordinarias.

    — Y esta parte... —añadió, ladeando el rostro hacia un costado—. Empieza a parecer una emboscada.

    El viento atravesó las hojas, aunque ninguna rama se movió.

    Entonces distinguió, entre la niebla, una figura.

    No podía determinar si se trataba de un guardián, un viajero o una de las muchas cosas que el bosque había aprendido a imitar. Aun así, giró con completa calma y ofreció una inclinación mínima de su cabeza, como si ambos se encontraran en un salón y no en una espesura que parecía querer tragárselo entero.

    — Buenas noches. O días... Este lugar tiene una relación, francamente, pretenciosa con la luz.

    Sus ojos recorrieron a la presencia con precisión meticulosa.

    — Estoy buscando un reino que, según parece, ha invertido un esfuerzo considerable en no ser encontrado.

    Una pausa. Los labios se le curvaron con suavidad.

    — Y antes de que preguntes, no, no estoy perdido. —desvió la mirada y observó brevemente los dos caminos a su espalda: ambos idénticos.

    — Estoy permitiendo que el bosque se divierta antes de que colme mi paciencia y lo reduzca todo a cenizas.
    𝑓𝑡. Elina Drakon El bosque no figuraba en ninguno de los mapas. Aquello, por supuesto, habría resultado fascinante de no ser porque llevaba varias horas caminando en círculos. La espesura se alzaba a su alrededor como una arquitectura primitiva y hostil: troncos desmesurados, raíces retorcidas y copas tan densas que no permitían el paso de la luz; lo que le hacía incapaz de distinguir la mañana del anochecer. Toda la zona olía a tierra húmeda, corteza vieja y algo más difícil de nombrar, una presencia tenue que parecía observarlo desde detrás de cada árbol. Vestía un traje negro de corte impecable, ligeramente manchado de barro en el borde del pantalón. Aquella diminuta imperfección había conseguido irritarlo más que la posibilidad de no encontrar la salida. Se detuvo frente a una bifurcación idéntica a las seis anteriores. — Extraordinario. —murmuró, contemplando ambos senderos con una sonrisa sin humor—. Un reino oculto, completamente protegido y no por ejércitos, sino por algo más... Había seguido rumores durante semanas: relatos incompletos, pergaminos deslavados por el tiempo, testimonios pronunciados por personas demasiado aterradas para mentir. Todos hablaban de una nación apartada del mundo, preservada entre montañas y hechicería, un lugar cuyo nombre rara vez era escrito y jamás pronunciado dos veces seguidas. Él no buscaba sus tesoros. Buscaba algo más que aquel reino, algo que había sido ocultado mucho antes de su propia muerte. O quizá algo que había sido ocultado de él. Acomodó el puño de su camisa, aunque la tela ya descansaba en su sitio, y examinó el suelo. No había huellas, ramas rotas ni marcas recientes. Solo hojas negras llenas de humedad y una bruma baja que reptaba entre las raíces con una lentitud sospechosamente deliberada. — Muy bien. —dijo al bosque—. Admito que la primera hora tuvo cierto encanto. El silencio respondió. — La segunda fue repetitiva. Una rama crujió a su espalda. No volteó de inmediato. Su expresión permaneció serena, cortés, cuidadosamente compuesta. Sin embargo, bajo aquella elegancia fingida; algo en él se tensó. La oscuridad que habitaba su alma reconoció una presencia cercana; antigua, contenida y ajena a las criaturas ordinarias. — Y esta parte... —añadió, ladeando el rostro hacia un costado—. Empieza a parecer una emboscada. El viento atravesó las hojas, aunque ninguna rama se movió. Entonces distinguió, entre la niebla, una figura. No podía determinar si se trataba de un guardián, un viajero o una de las muchas cosas que el bosque había aprendido a imitar. Aun así, giró con completa calma y ofreció una inclinación mínima de su cabeza, como si ambos se encontraran en un salón y no en una espesura que parecía querer tragárselo entero. — Buenas noches. O días... Este lugar tiene una relación, francamente, pretenciosa con la luz. Sus ojos recorrieron a la presencia con precisión meticulosa. — Estoy buscando un reino que, según parece, ha invertido un esfuerzo considerable en no ser encontrado. Una pausa. Los labios se le curvaron con suavidad. — Y antes de que preguntes, no, no estoy perdido. —desvió la mirada y observó brevemente los dos caminos a su espalda: ambos idénticos. — Estoy permitiendo que el bosque se divierta antes de que colme mi paciencia y lo reduzca todo a cenizas.
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