• ────Me quedaré un rato más aquí. No será por mucho tiempo, volveré pronto a descansar, lo prometo. Es solo que... bueno, he vuelto a tener ese mismo sueño... a volver a ese instante. Cuando el filo de esa lanza apuntó hacia mí y no pude hacer nada para detenerla. Mi vida y mi magia se escapaban de mis manos, mientras yo luchaba, arrastrándome entre los escombros, intentando evitar la pesadilla que hasta el día de hoy sigue atormentándome –comenzó a decir con la voz pastosa. Apoyó las rodillas contra ella y las abrazó. El viento era frío, a pesar del clima caluroso de aquellos días. Había sido otra de esas noches de insomnio en las que Afro había vuelto a tener el mismo sueño en donde recordaba lo que ocurrió hace tanto tiempo en una ciudad de la que solo quedaba su recuerdo en las leyendas–. Aquellas dos fuerzas sombrías que se habían vuelto parte de mis seres queridos se agitaban desde un lugar lejano. La conexión con ese mundo comenzaba a cerrararse, y mientras ellos rasgaban el velo entre la esfera psíquica y la material, no dejaban de repetirme la misma cosa:

    «Úsanos. Úsanos».

    Ellos sabían lo que estaba ocurriendo. En cuanto yo dejara de moverme, no podrían hacer nada para ayudarme. Yo sabía que habrían consecuencias si mezclaba el poder que en ese instante latía débilmente por mis venas con el suyo. El riesgo de que yo no fuera capaz de soportarlo en el estado en que me encontraba era demasiado alto. No me importó lo que le pasaría a mi carne ni a mis huesos. Los canalicé. Usé su fuerza.

    Pero cuando lo hice, ya era demasiado tarde. El horror se desplegó ante mí. Grité. Caí de rodillas sin poder contener mi magia. Explotó en ráfagas rojas y oscuras que arrasaron con todo a su paso –apretó brevemente los párpados, la imagen revivió nítida en la penumbra. Las ráfagas de energía parecían fuego líquido que devoró ruinas, casas, hicieron temblar los muros altos que rodeaban la ciudad y consumieron al dueño de la lanza. Los cielos tronaron. La tormenta había llegado –. Fue mi dolor el que abrió una grieta en todas las esferas de la realidad y permitió lo imposible: llamé a alguien a quién nunca debí conocer.

    A veces me pregunto, ¿qué habría ocurrido si yo hubiera hecho las cosas de otra forma? ¿Dónde estaría exactamente ahora? «Él» me dijo que tuve las oportunidades de apartarme de este camino. Me ofreció muchas salidas en el momento exacto, pero con cada elección que hice no hacía más que acercarme más a él. Abrazarlo.

    Le supliqué que me devolviera a la persona que perdí. Pero me dijo que no podía hacerlo. Entonces levanté la mirada y le pedí exactamente lo que mi corazón quería: venganza. Había perdido mi hogar, a mi gente. Me iba a vengar.

    En el sueño, «Él» me observa con la misma curiosidad que aquella vez y me pregunta como planeo conseguirlo. Mi respuesta salió clara a pesar de las lágrimas. A «Él» las aflicciones por las que pasamos la mayoría de los seres sintientes le es indiferente. La moral, lo que es justo o lo que no, nada de eso le interesa. Simplemente «Él» existe, es esencia pura y cruda. Él me tuvo en la mira desde mucho antes. Todo ese tiempo estuvo esperando a que yo le abriera la puerta. Lo había llamado, me ayudaría y, a cambio, yo tenía que darle algo.

    Pero ¿Qué podía ofrecerle a un ser infinitamente más poderoso que yo?

    Pensé en los de mi especie, en las cosas que los complacían y en todas sus ofrendas quemadas sobre los altares de piedra. En los héroes y sus hazañas. Busqué en las conversaciones de los banquetes donde nunca faltaba quién presumiera de los castigos que había impuesto para hacer una muestra de su poder. En su momento, aquellas historias me habrían parecido auténticas maravillas que me sentía incapaz de replicar. Pero en ese instante me parecieron tan triviales e insignificantes. No encontré nada verdaderamente valioso, hasta que la respuesta más sencilla, pero que involucraba una entrega real por mi parte llegó a mi mente. Había algo que a ningún dios se le había dado antes.

    Me convertiría en su artífice. En la que traería sus bendiciones a este mundo. De la misma forma en que un devoto entrega objetos preciosos traidos de las olas para las deidades del mar como representación de su dominio en las ofrendas que entrega, yo haría lo mismo para él. Ya lo he dicho, «Él» es quién es. Su existencia es esencia pura y cruda, no podía evitar el anhelo de lo que pertenece a su existencia, así que yo se lo daría. Vida. Cambio.

    Eso lo complació y me hizo una advertencia. Le respondí que estaba dispuesta a pagar el precio. Entonces me dijo:

    «Nuestra voluntad es la misma. Mis tormentas te pertenecen. Levántate como mi musa».

    Y... aquí estoy. Me gustaría dejar de tener ese sueño. Últimamente ocurre con menos frecuencia que antes. A veces sueño con cosas más agradables y regreso a los días en lo que era feliz junto a mi hijo y Anquises. Eulalia, Kyros y Temiste también aparecen. Incluso Ofelia. Me gusta imaginar que ella era la tía lejana que siempre llegaba con ese pescado garum que le quedaba tan bien.
    ────Me quedaré un rato más aquí. No será por mucho tiempo, volveré pronto a descansar, lo prometo. Es solo que... bueno, he vuelto a tener ese mismo sueño... a volver a ese instante. Cuando el filo de esa lanza apuntó hacia mí y no pude hacer nada para detenerla. Mi vida y mi magia se escapaban de mis manos, mientras yo luchaba, arrastrándome entre los escombros, intentando evitar la pesadilla que hasta el día de hoy sigue atormentándome –comenzó a decir con la voz pastosa. Apoyó las rodillas contra ella y las abrazó. El viento era frío, a pesar del clima caluroso de aquellos días. Había sido otra de esas noches de insomnio en las que Afro había vuelto a tener el mismo sueño en donde recordaba lo que ocurrió hace tanto tiempo en una ciudad de la que solo quedaba su recuerdo en las leyendas–. Aquellas dos fuerzas sombrías que se habían vuelto parte de mis seres queridos se agitaban desde un lugar lejano. La conexión con ese mundo comenzaba a cerrararse, y mientras ellos rasgaban el velo entre la esfera psíquica y la material, no dejaban de repetirme la misma cosa: «Úsanos. Úsanos». Ellos sabían lo que estaba ocurriendo. En cuanto yo dejara de moverme, no podrían hacer nada para ayudarme. Yo sabía que habrían consecuencias si mezclaba el poder que en ese instante latía débilmente por mis venas con el suyo. El riesgo de que yo no fuera capaz de soportarlo en el estado en que me encontraba era demasiado alto. No me importó lo que le pasaría a mi carne ni a mis huesos. Los canalicé. Usé su fuerza. Pero cuando lo hice, ya era demasiado tarde. El horror se desplegó ante mí. Grité. Caí de rodillas sin poder contener mi magia. Explotó en ráfagas rojas y oscuras que arrasaron con todo a su paso –apretó brevemente los párpados, la imagen revivió nítida en la penumbra. Las ráfagas de energía parecían fuego líquido que devoró ruinas, casas, hicieron temblar los muros altos que rodeaban la ciudad y consumieron al dueño de la lanza. Los cielos tronaron. La tormenta había llegado –. Fue mi dolor el que abrió una grieta en todas las esferas de la realidad y permitió lo imposible: llamé a alguien a quién nunca debí conocer. A veces me pregunto, ¿qué habría ocurrido si yo hubiera hecho las cosas de otra forma? ¿Dónde estaría exactamente ahora? «Él» me dijo que tuve las oportunidades de apartarme de este camino. Me ofreció muchas salidas en el momento exacto, pero con cada elección que hice no hacía más que acercarme más a él. Abrazarlo. Le supliqué que me devolviera a la persona que perdí. Pero me dijo que no podía hacerlo. Entonces levanté la mirada y le pedí exactamente lo que mi corazón quería: venganza. Había perdido mi hogar, a mi gente. Me iba a vengar. En el sueño, «Él» me observa con la misma curiosidad que aquella vez y me pregunta como planeo conseguirlo. Mi respuesta salió clara a pesar de las lágrimas. A «Él» las aflicciones por las que pasamos la mayoría de los seres sintientes le es indiferente. La moral, lo que es justo o lo que no, nada de eso le interesa. Simplemente «Él» existe, es esencia pura y cruda. Él me tuvo en la mira desde mucho antes. Todo ese tiempo estuvo esperando a que yo le abriera la puerta. Lo había llamado, me ayudaría y, a cambio, yo tenía que darle algo. Pero ¿Qué podía ofrecerle a un ser infinitamente más poderoso que yo? Pensé en los de mi especie, en las cosas que los complacían y en todas sus ofrendas quemadas sobre los altares de piedra. En los héroes y sus hazañas. Busqué en las conversaciones de los banquetes donde nunca faltaba quién presumiera de los castigos que había impuesto para hacer una muestra de su poder. En su momento, aquellas historias me habrían parecido auténticas maravillas que me sentía incapaz de replicar. Pero en ese instante me parecieron tan triviales e insignificantes. No encontré nada verdaderamente valioso, hasta que la respuesta más sencilla, pero que involucraba una entrega real por mi parte llegó a mi mente. Había algo que a ningún dios se le había dado antes. Me convertiría en su artífice. En la que traería sus bendiciones a este mundo. De la misma forma en que un devoto entrega objetos preciosos traidos de las olas para las deidades del mar como representación de su dominio en las ofrendas que entrega, yo haría lo mismo para él. Ya lo he dicho, «Él» es quién es. Su existencia es esencia pura y cruda, no podía evitar el anhelo de lo que pertenece a su existencia, así que yo se lo daría. Vida. Cambio. Eso lo complació y me hizo una advertencia. Le respondí que estaba dispuesta a pagar el precio. Entonces me dijo: «Nuestra voluntad es la misma. Mis tormentas te pertenecen. Levántate como mi musa». Y... aquí estoy. Me gustaría dejar de tener ese sueño. Últimamente ocurre con menos frecuencia que antes. A veces sueño con cosas más agradables y regreso a los días en lo que era feliz junto a mi hijo y Anquises. Eulalia, Kyros y Temiste también aparecen. Incluso Ofelia. Me gusta imaginar que ella era la tía lejana que siempre llegaba con ese pescado garum que le quedaba tan bien.
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    ╔═══════════════ ✦ ✦ ═══════════════╗

    Feliz Día de las Madres

    Hoy recordamos con cariño, admiración y respeto a
    Armitaela Black

    Aunque ya no esté entre nosotros, su esencia sigue viva en cada recuerdo, en cada enseñanza y en la huella que dejó en quienes tuvieron la fortuna de conocer su grandeza.

    Armitaela Black no fue solo una reina del Linaje de la Luna Azul…
    fue una mujer fuerte, elegante y admirable, capaz de transmitir seguridad incluso en los momentos más oscuros.

    Su presencia imponía respeto, pero también brindaba calma y protección.
    Como la luna iluminando la noche, ella siempre encontraba la forma de guiar a los demás aun cuando todo parecía perdido.

    Hoy su ausencia duele…
    porque personas como ella jamás se olvidan.

    Pero aunque físicamente ya no esté aquí, su legado continúa brillando con la misma intensidad que antes.

    Vive en los recuerdos
    Vive en el cariño de quienes la amaron
    Vive en cada momento donde su nombre sigue siendo pronunciado con orgullo

    “Las verdaderas reinas nunca desaparecen…
    se convierten en eternidad.”

    Feliz Día de las Madres hasta donde quiera que estés, Armitaela Black.
    Que la Luna Azul siga iluminando tu camino y que tu memoria jamás deje de brillar en nuestros corazones.

    ╚═══════════════ ✦ ✦ ═══════════════╝
    ╔═══════════════ ✦ 💙 ✦ ═══════════════╗ 🌙 Feliz Día de las Madres 🌙 Hoy recordamos con cariño, admiración y respeto a Armitaela Black 👑💙 Aunque ya no esté entre nosotros, su esencia sigue viva en cada recuerdo, en cada enseñanza y en la huella que dejó en quienes tuvieron la fortuna de conocer su grandeza. ✨ Armitaela Black no fue solo una reina del Linaje de la Luna Azul… fue una mujer fuerte, elegante y admirable, capaz de transmitir seguridad incluso en los momentos más oscuros. 🌌 Su presencia imponía respeto, pero también brindaba calma y protección. Como la luna iluminando la noche, ella siempre encontraba la forma de guiar a los demás aun cuando todo parecía perdido. 💙🌙 Hoy su ausencia duele… porque personas como ella jamás se olvidan. Pero aunque físicamente ya no esté aquí, su legado continúa brillando con la misma intensidad que antes. 👑✨ 💠 Vive en los recuerdos 💠 Vive en el cariño de quienes la amaron 💠 Vive en cada momento donde su nombre sigue siendo pronunciado con orgullo “Las verdaderas reinas nunca desaparecen… se convierten en eternidad.” 💙 Feliz Día de las Madres hasta donde quiera que estés, Armitaela Black. Que la Luna Azul siga iluminando tu camino y que tu memoria jamás deje de brillar en nuestros corazones. 🌙👑✨ ╚═══════════════ ✦ 💙 ✦ ═══════════════╝
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  • Todo comenzó con una mirada perdida.

    La ciudad estaba envuelta en esa niebla espesa que a veces parece no querer irse nunca, como si Morvain misma respirara tristeza. Las luces de los postes apenas lograban abrirse paso entre la lluvia. Las gotas caían con rabia, golpeando el pavimento como si quisieran despertar a quienes aún caminaban dormidos por la vida.


    Morvain. Un nombre que resuena como un susurro entre las montañas, una ciudad encajada en los brazos de los Andes, donde el aire es tan delgado como las mentiras que sus habitantes susurran al oído. Para los de afuera, un sueño pintado de mercados coloridos y cielos que rozan las nubes. Para los de adentro, una jaula de ladrillos y tradiciones, donde el invierno congela las sonrisas y el verano las derrite hasta convertirlas en algo irreconocible.

    Fue aquí, entre calles empinadas y miradas que esquivan la luz, donde ellos se encontraron. Dos extraños cuyos pasos fueron dibujados por el mismo destino oscuro.


    Dicen que los dos caminaban por la misma calle sin saberlo, a pocos pasos de distancia, respirando el mismo aire helado, compartiendo la misma sensación de estar perdidos, aunque no se miraran… todavía.

    Jhosh, caminaba con la cabeza baja, con los hombros vencidos por el peso de algo que aún no se atrevía a nombrar. Iba rumbo a ese lugar al que llamaba “hogar”, aunque en el fondo sabía que no lo era. Era solo un espacio habitado por voces que no entendía, que juzgaban sin preguntar. Caminaba lento, sin apuro, como si no quisieras llegar. Como si cualquier otro lugar fuera mejor que ese.

    Mientras tanto, Khrist, reía. Caminando con sus amigas entre bromas y chismes, envuelto en esa ligereza que a veces usan los que también cargan lo suyo pero no lo muestran. Su risa se confundía con la lluvia, y su mirada, aunque viva, se perdía de tanto en tanto entre los rostros de los demás. Y entonces ocurrió.

    Un cruce de caminos. Un cruce de miradas.

    “Por un instante, los ojos de Khrist se cruzaron con los de Jhosh , simplemente fue coincidencia o tal vez algo más, entre esa pequeña vista que duró apenas un segundo, dio paso a el saber de la existencia del uno como del otro

    Jhosh, seguía caminando. No se detuvo. No hizo ningún gesto. Pero algo en el se rompió un poco más o, quizás, comenzó a despertar. Khrist, giro la cabeza. Lo vio alejarse entre la multitud, como si lo conociera de antes, como si su corazón supiera algo que su mente aún no entendía. Pero también continuo con su camino.

    Así es Morvain: una ciudad que encierra historias en sus esquinas, que guarda secretos entre sus cerros. Una ciudad donde amar todavía se siente como un delito para algunos, y donde ser diferente es, muchas veces, un acto de valentía silenciosa.

    En esta ciudad nacieron ellos, en ese lugar se cruzaron. Y aunque ninguno lo sabía, esa noche marcó el inicio de algo más grande. Porque así empieza esta historia, con una mirada bajo la lluvia, con una duda en el pecho, con dos almas que se rozaron sin tocarse.

    Yo estaba ahí. Yo los vi. Y aunque en ese momento no entendí el peso de lo que presenciaba, ahora lo sé: fue el comienzo de todo. De una historia que no fue perfecta, pero que merecía ser contada. Una historia que no fue feliz… pero fue real.

    Porque a veces, en las ciudades que parecen dormidas, también nacen revoluciones invisibles. A veces, en las jaulas, también se sueña.

    Todo comenzó con una mirada perdida. La ciudad estaba envuelta en esa niebla espesa que a veces parece no querer irse nunca, como si Morvain misma respirara tristeza. Las luces de los postes apenas lograban abrirse paso entre la lluvia. Las gotas caían con rabia, golpeando el pavimento como si quisieran despertar a quienes aún caminaban dormidos por la vida. Morvain. Un nombre que resuena como un susurro entre las montañas, una ciudad encajada en los brazos de los Andes, donde el aire es tan delgado como las mentiras que sus habitantes susurran al oído. Para los de afuera, un sueño pintado de mercados coloridos y cielos que rozan las nubes. Para los de adentro, una jaula de ladrillos y tradiciones, donde el invierno congela las sonrisas y el verano las derrite hasta convertirlas en algo irreconocible. Fue aquí, entre calles empinadas y miradas que esquivan la luz, donde ellos se encontraron. Dos extraños cuyos pasos fueron dibujados por el mismo destino oscuro. Dicen que los dos caminaban por la misma calle sin saberlo, a pocos pasos de distancia, respirando el mismo aire helado, compartiendo la misma sensación de estar perdidos, aunque no se miraran… todavía. Jhosh, caminaba con la cabeza baja, con los hombros vencidos por el peso de algo que aún no se atrevía a nombrar. Iba rumbo a ese lugar al que llamaba “hogar”, aunque en el fondo sabía que no lo era. Era solo un espacio habitado por voces que no entendía, que juzgaban sin preguntar. Caminaba lento, sin apuro, como si no quisieras llegar. Como si cualquier otro lugar fuera mejor que ese. Mientras tanto, Khrist, reía. Caminando con sus amigas entre bromas y chismes, envuelto en esa ligereza que a veces usan los que también cargan lo suyo pero no lo muestran. Su risa se confundía con la lluvia, y su mirada, aunque viva, se perdía de tanto en tanto entre los rostros de los demás. Y entonces ocurrió. Un cruce de caminos. Un cruce de miradas. “Por un instante, los ojos de Khrist se cruzaron con los de Jhosh , simplemente fue coincidencia o tal vez algo más, entre esa pequeña vista que duró apenas un segundo, dio paso a el saber de la existencia del uno como del otro Jhosh, seguía caminando. No se detuvo. No hizo ningún gesto. Pero algo en el se rompió un poco más o, quizás, comenzó a despertar. Khrist, giro la cabeza. Lo vio alejarse entre la multitud, como si lo conociera de antes, como si su corazón supiera algo que su mente aún no entendía. Pero también continuo con su camino. Así es Morvain: una ciudad que encierra historias en sus esquinas, que guarda secretos entre sus cerros. Una ciudad donde amar todavía se siente como un delito para algunos, y donde ser diferente es, muchas veces, un acto de valentía silenciosa. En esta ciudad nacieron ellos, en ese lugar se cruzaron. Y aunque ninguno lo sabía, esa noche marcó el inicio de algo más grande. Porque así empieza esta historia, con una mirada bajo la lluvia, con una duda en el pecho, con dos almas que se rozaron sin tocarse. Yo estaba ahí. Yo los vi. Y aunque en ese momento no entendí el peso de lo que presenciaba, ahora lo sé: fue el comienzo de todo. De una historia que no fue perfecta, pero que merecía ser contada. Una historia que no fue feliz… pero fue real. Porque a veces, en las ciudades que parecen dormidas, también nacen revoluciones invisibles. A veces, en las jaulas, también se sueña. 🦋💖
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  • ¿Cómo estáis? ¿Me he perdido mucho?
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  • 𝖬𝖨𝖭-𝖩𝖨 𝖬𝖮𝖣𝖤: 𝖴𝗇𝖼𝖾𝗇𝗌𝗈𝗋𝖾𝖽

    ¡Hola a todos!
    Me paso de forma breve para lanzaros una idea al aire para que la debatamos en un futuro episodio más largo.

    "Si nos paramos a pensarlo con detenimiento, de los grupos que hicieron la actuación grupal en aquellos MAMA en 2022, que fueron IVE, NMIXX, NewJeans, Kep1er y LE SSERAFIM.
    El único grupo que, técnicamente, sigue con las mismas integrantes que empezó es IVE, ya que todos los demás, en algún punto desde el debut han perdido a una o más miembros.
    Es algo cuanto menos llamativo."
    𝖬𝖨𝖭-𝖩𝖨 𝖬𝖮𝖣𝖤: 𝖴𝗇𝖼𝖾𝗇𝗌𝗈𝗋𝖾𝖽 ¡Hola a todos! Me paso de forma breve para lanzaros una idea al aire para que la debatamos en un futuro episodio más largo. "Si nos paramos a pensarlo con detenimiento, de los grupos que hicieron la actuación grupal en aquellos MAMA en 2022, que fueron IVE, NMIXX, NewJeans, Kep1er y LE SSERAFIM. El único grupo que, técnicamente, sigue con las mismas integrantes que empezó es IVE, ya que todos los demás, en algún punto desde el debut han perdido a una o más miembros. Es algo cuanto menos llamativo."
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  • La suerte era un concepto caprichoso. Podías pasar toda una vida sin rozarla o podía estallarte en la cara justo después de comprar un teléfono -o de que alguien más lo compre por ti, más bien-. En este caso, había decidido que definitivamente, habían ganado gracias a su inmesurable suerte y buena fortuna. Porque si, estaba convencida de que ella era la de la buena suerte, no había discusión posible. (?)

    Tras la compra del móvil, y gracias al ticket ganador que terminaba en "09", se encontraban los tres cruzando las puertas del resort esa misma tarde. Antes de llegar, habían dejado su viejo teléfono en manos de un técnico que prometió revisarlo cuando tuviera un hueco. No estaba segura de si confiar en él o no, pero su entusiasmo por ir a reclamar el premio era más fuerte que el miedo de que se borraran las posibles pistas de sus recuerdos perdidos.

    El vestíbulo del resort era otro mundo. No había dejado de mirar el folleto durante todo el trayecto de camino al lugar, pero la realidad superaba las imagenes. Habían plantas exóticas en macetas del tamaño de ella y un mostrador de recepción que parecía más una obra de arte que un lugar para hacer trámites. ¡Por fin un lugar libre de multitudes que intentaban asfixiarla!

    —¿Tendremos acceso a todas las áreas del resort, no? —murmuró mientras caminaba hacia la recepción, sujetando un pequeño bolso donde, apresurada, había traído lo que creía necesitar— Significa que podemos ir a todas partes, ¿no? A la piscina, al spa, al casino...

    "Bienvenidos" Los recibió la recepcionista con una sonrisa entrenada, aunque su bienvenida sonó más a '¿están seguros que pueden pagar esto?'.

    Deslizaron el ticket con el código ganador sobre el mármol. Al verlo, las cejas de la mujer se elevaron en un gesto de comprensión.

    "Ah, por supuesto. Permítanme verificar el código del ticket... También necesitaré sus identificaciones para completar el check-in..."

    Dijo la mujer, tecleando con rapidez. Mientras tanto, se abanicó con el folleto y se puso a conversar con Veyra Leˑron en voz baja, mientras dejaba que Kieran se encargara de la parte burocrática.

    —Siento que si no toco el agua de la piscina en diez minutos voy a hacer combustión por el calor —apoyó su frente dramáticamente en el hombro de la castaña como si estuviera al borde del desmayo.
    La suerte era un concepto caprichoso. Podías pasar toda una vida sin rozarla o podía estallarte en la cara justo después de comprar un teléfono -o de que alguien más lo compre por ti, más bien-. En este caso, había decidido que definitivamente, habían ganado gracias a su inmesurable suerte y buena fortuna. Porque si, estaba convencida de que ella era la de la buena suerte, no había discusión posible. (?) Tras la compra del móvil, y gracias al ticket ganador que terminaba en "09", se encontraban los tres cruzando las puertas del resort esa misma tarde. Antes de llegar, habían dejado su viejo teléfono en manos de un técnico que prometió revisarlo cuando tuviera un hueco. No estaba segura de si confiar en él o no, pero su entusiasmo por ir a reclamar el premio era más fuerte que el miedo de que se borraran las posibles pistas de sus recuerdos perdidos. El vestíbulo del resort era otro mundo. No había dejado de mirar el folleto durante todo el trayecto de camino al lugar, pero la realidad superaba las imagenes. Habían plantas exóticas en macetas del tamaño de ella y un mostrador de recepción que parecía más una obra de arte que un lugar para hacer trámites. ¡Por fin un lugar libre de multitudes que intentaban asfixiarla! —¿Tendremos acceso a todas las áreas del resort, no? —murmuró mientras caminaba hacia la recepción, sujetando un pequeño bolso donde, apresurada, había traído lo que creía necesitar— Significa que podemos ir a todas partes, ¿no? A la piscina, al spa, al casino... "Bienvenidos" Los recibió la recepcionista con una sonrisa entrenada, aunque su bienvenida sonó más a '¿están seguros que pueden pagar esto?'. Deslizaron el ticket con el código ganador sobre el mármol. Al verlo, las cejas de la mujer se elevaron en un gesto de comprensión. "Ah, por supuesto. Permítanme verificar el código del ticket... También necesitaré sus identificaciones para completar el check-in..." Dijo la mujer, tecleando con rapidez. Mientras tanto, se abanicó con el folleto y se puso a conversar con [vey.ra] en voz baja, mientras dejaba que [forever.tainted] se encargara de la parte burocrática. —Siento que si no toco el agua de la piscina en diez minutos voy a hacer combustión por el calor —apoyó su frente dramáticamente en el hombro de la castaña como si estuviera al borde del desmayo.
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    Perdura en mi la caída de los árboles sin hojas;
    son lágrimas que se extraviaron en el espectro de tus tardes;
    más carentes, más corruptas.
    Oh, en esta búsqueda en la que pierdo la noción de ser,
    Esas hojas caen por mi causa:
    y me someto al delirio de tus níveos espejismos.
    Y callo la manera de como soñarte;
    y buscarlas y soñarlas entre las sienes de mis ojos.

    Los dioses han sangrado desde que conocen el calor de un corazón;
    Y yo colmo el mío con el peso de tu voz;
    sobre mis principios y mis fines.
    Por favor, calma las fronteras en las que el tiempo se inclina ante mí;
    y me demuestra el límite del cielo,
    en las trincheras del perdón,
    de un amor inevitable.

    Oh, calla, muerte ingrata,
    rehúsate a perseguir a los testigos del silencio;
    que oculta la soledad de un Sol de medianoche.
    Viviré la noche entre espantos de codicia y resurrección.
    Haré el amor con mis mañanas y principios.
    Y entonces ella serán mis musas más sagradas.
    En este tiempo de arquetipos y leyes en las que no se miden las costuras.

    Oh, primitivos son los designios de un amor al que no puedo tocar;
    temo mancharlo con esta suciedad que se atisba con el ojo de una tormenta;
    depuesta en mis propiedades asociativas y conmutativas;
    en donde los dueños del Sol, la medianoche y el alba;
    te retienen entre las cadenas del clamor de un tiempo que no tiene nombre.
    Más que el tuyo, al que desconozco.

    Oh, claro amargo, ampárame en tus anhelos;
    ¿puedes escucharme sangre entre olvidos y diretes?
    Tejo un vestir nupcial de allende concisa.
    Y los continentes de tu geografía danzan tan sólo para atormentar a mis luceros.
    Mis ojos malnacidos.
    Este suspenso es demasiado grande.
    ¿Quién me seguirá cuando haya desaparecido en la gloria del amor?
    ¿Quién cuidará mis pasos?
    ¿Qué será de mí, Señor?
    Por favor, auxíliame.

    Desconozco lo que has preparado tan sólo para mí,
    En este sentir de ánimos discretos,
    me tiendes en tu lecho y me preguntas;
    si soy ciego y no lo veo.
    ¿Qué debo vislumbrar más allá de unos ojos que libran la batalla más amada?
    ¿Quién se atreve a modular el templo de mis pisares en la niebla del sentir?

    No lo comprendo.
    He perdido la noción; y la esperanza de hallarla cerca;
    ella que me sonríe de lejos.
    En este imperio de sidéreo amar, que no concibo:
    De atenta liana,
    en la que sí sé que, si admiro la Luna, la podré ver a ella;
    reflejada en mi corazón.

    Aunque anhelo en mi ajado corazón,
    Este el corazón del fantasma de todas las historias,
    tan siquiera conocer el modular de su nombre.
    Como anhelo conocer el de ella.
    --- Perdura en mi la caída de los árboles sin hojas; son lágrimas que se extraviaron en el espectro de tus tardes; más carentes, más corruptas. Oh, en esta búsqueda en la que pierdo la noción de ser, Esas hojas caen por mi causa: y me someto al delirio de tus níveos espejismos. Y callo la manera de como soñarte; y buscarlas y soñarlas entre las sienes de mis ojos. Los dioses han sangrado desde que conocen el calor de un corazón; Y yo colmo el mío con el peso de tu voz; sobre mis principios y mis fines. Por favor, calma las fronteras en las que el tiempo se inclina ante mí; y me demuestra el límite del cielo, en las trincheras del perdón, de un amor inevitable. Oh, calla, muerte ingrata, rehúsate a perseguir a los testigos del silencio; que oculta la soledad de un Sol de medianoche. Viviré la noche entre espantos de codicia y resurrección. Haré el amor con mis mañanas y principios. Y entonces ella serán mis musas más sagradas. En este tiempo de arquetipos y leyes en las que no se miden las costuras. Oh, primitivos son los designios de un amor al que no puedo tocar; temo mancharlo con esta suciedad que se atisba con el ojo de una tormenta; depuesta en mis propiedades asociativas y conmutativas; en donde los dueños del Sol, la medianoche y el alba; te retienen entre las cadenas del clamor de un tiempo que no tiene nombre. Más que el tuyo, al que desconozco. Oh, claro amargo, ampárame en tus anhelos; ¿puedes escucharme sangre entre olvidos y diretes? Tejo un vestir nupcial de allende concisa. Y los continentes de tu geografía danzan tan sólo para atormentar a mis luceros. Mis ojos malnacidos. Este suspenso es demasiado grande. ¿Quién me seguirá cuando haya desaparecido en la gloria del amor? ¿Quién cuidará mis pasos? ¿Qué será de mí, Señor? Por favor, auxíliame. Desconozco lo que has preparado tan sólo para mí, En este sentir de ánimos discretos, me tiendes en tu lecho y me preguntas; si soy ciego y no lo veo. ¿Qué debo vislumbrar más allá de unos ojos que libran la batalla más amada? ¿Quién se atreve a modular el templo de mis pisares en la niebla del sentir? No lo comprendo. He perdido la noción; y la esperanza de hallarla cerca; ella que me sonríe de lejos. En este imperio de sidéreo amar, que no concibo: De atenta liana, en la que sí sé que, si admiro la Luna, la podré ver a ella; reflejada en mi corazón. Aunque anhelo en mi ajado corazón, Este el corazón del fantasma de todas las historias, tan siquiera conocer el modular de su nombre. Como anhelo conocer el de ella.
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  • Una vez más repetiré,
    Mi mantra es,
    Lo que dijiste aquella vez.
    Pues es tu voz aquello
    que al mundo le dio color.

    El futuro que perdimos,
    Las promesas que rompimos,
    Me persiguen hasta hoy.

    Pero otro paso hoy voy a dar,
    Uno a la vez,
    ¿Soy un caso perdido?
    Es que a pesar de todo,
    No me puedo detener.

    Ya tu mano no veo,
    No siento en la mía,
    Pero sigo en la vía
    Hacia esa versión de "tú y yo".

    https://youtu.be/kzdJkT4kp-A
    Una vez más repetiré, Mi mantra es, Lo que dijiste aquella vez. Pues es tu voz aquello que al mundo le dio color. El futuro que perdimos, Las promesas que rompimos, Me persiguen hasta hoy. Pero otro paso hoy voy a dar, Uno a la vez, ¿Soy un caso perdido? Es que a pesar de todo, No me puedo detener. Ya tu mano no veo, No siento en la mía, Pero sigo en la vía Hacia esa versión de "tú y yo". https://youtu.be/kzdJkT4kp-A
    Me entristece
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  • E estado demasiado perdido por estos lugares
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  • Trabajo trabajo... E estado muy perdido por estos lugares
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