Con el paso de los meses, el nombre de Yen dejó de ser solo un susurro entre enemigos y se convirtió en un símbolo, "La Hija del Monstruo".
Así la llamaban los Elunai, los soldados, incluso los demonios que habían sobrevivido a su furia. Lo que nació como un insulto terminó transformándose en un título que Yen portaba con orgullo. Cada vez que lo escuchaba, no sentía vergüenza sino una extraña satisfacción. Era la prueba de que su existencia pesaba en el mundo. De que ya no era la niña olvidada en un calabozo sino que era alguien a quien temer.
Pero mientras su leyenda crecía, la de los Elunai comenzaba a desmoronarse, las generaciones dejaron de renovarse. Los nacimientos disminuyeron. Los templos ya no podían ocultarlo: algo estaba fallando en la raíz misma de su raza.
No sabían que su destino ya había sido sellado mucho antes. En las sombras de la guerra, Ozma había descubierto el secreto mejor guardado de los dioses: "El Árbol de las Almas".
No era un símbolo ni un mito, era una prisión. Cada Elunai que moría no regresaba al flujo natural de la existencia. Su alma era arrastrada hacia ese árbol, atrapada, reciclada y obligada a renacer una y otra vez como parte de la misma raza. Un ciclo cerrado, perfecto, controlado.
Los dioses no otorgaban vida, la administraban, así evitaban compartir su poder con nuevas almas. Así mantenían intacto el número de aquellos bendecidos. Así aseguraban que su dominio jamás fuera desafiado.
Ozma no buscó ese árbol por odio, lo buscó por amor. Durante años, entre ruinas y templos destruidos, reunió fragmentos de conocimiento, persiguió rumores, desenterró secretos con un solo objetivo: Encontrar el alma de Selin y devolverla para darle un nuevo cuerpo.
Pero cuando finalmente encontró el Árbol de las Almas no la halló, no estaba allí, no había rastro de ella, ni esencia o eco, tampoco fragmentos.
Era como si Selin jamás hubiese existido. En ese instante algo en Ozma se quebró de forma irreversible, porque la muerte y el tiempo podía aceptarlos, pero aquello era peor que la muerte, era el olvido absoluto, la negación de toda existencia.
La furia que nació en él no fue como las anteriores, no fue un estallido, fue algo más frío y profundo. Ozma no destruyó el Árbol, lo corrompió silenciosamente sin que los dioses lo notaran. Alteró su esencia, envenenó su función, rompió su ciclo desde dentro. Las almas ya no serían reclamadas, ya no regresarían, ya no alimentarían el sistema que los dioses habían creado.
Los Elunai seguirían viviendo pero lentamente se extinguirían. No lo hizo solo por venganza, también lo hizo por Yen, porque comprendió algo aterrador: Si los dioses pudieron borrar a Selin… También podrían borrar a su hija.
Y eso eso era algo que jamás permitiría, ya había perdido a Selin y a su hija no nacida, no perdería a Yen. Desde ese momento, la guerra dejó de ser una lucha contra templos o ejércitos. Se convirtió en algo mucho más oscuro, Ozma ya no peleaba por justicia ni siquiera por venganza, ahora peleaba contra el propio orden del mundo y mientras él se hundía cada vez más en esa oscuridad, Yen, la Hija del Monstruo… Caminaba sin saber que el destino que la aguardaba era incluso más cruel que el de su padre.
****Edad del Caos****
El Árbol de las Almas"
Con el paso de los meses, el nombre de Yen dejó de ser solo un susurro entre enemigos y se convirtió en un símbolo, "La Hija del Monstruo".
Así la llamaban los Elunai, los soldados, incluso los demonios que habían sobrevivido a su furia. Lo que nació como un insulto terminó transformándose en un título que Yen portaba con orgullo. Cada vez que lo escuchaba, no sentía vergüenza sino una extraña satisfacción. Era la prueba de que su existencia pesaba en el mundo. De que ya no era la niña olvidada en un calabozo sino que era alguien a quien temer.
Pero mientras su leyenda crecía, la de los Elunai comenzaba a desmoronarse, las generaciones dejaron de renovarse. Los nacimientos disminuyeron. Los templos ya no podían ocultarlo: algo estaba fallando en la raíz misma de su raza.
No sabían que su destino ya había sido sellado mucho antes. En las sombras de la guerra, Ozma había descubierto el secreto mejor guardado de los dioses: "El Árbol de las Almas".
No era un símbolo ni un mito, era una prisión. Cada Elunai que moría no regresaba al flujo natural de la existencia. Su alma era arrastrada hacia ese árbol, atrapada, reciclada y obligada a renacer una y otra vez como parte de la misma raza. Un ciclo cerrado, perfecto, controlado.
Los dioses no otorgaban vida, la administraban, así evitaban compartir su poder con nuevas almas. Así mantenían intacto el número de aquellos bendecidos. Así aseguraban que su dominio jamás fuera desafiado.
Ozma no buscó ese árbol por odio, lo buscó por amor. Durante años, entre ruinas y templos destruidos, reunió fragmentos de conocimiento, persiguió rumores, desenterró secretos con un solo objetivo: Encontrar el alma de Selin y devolverla para darle un nuevo cuerpo.
Pero cuando finalmente encontró el Árbol de las Almas no la halló, no estaba allí, no había rastro de ella, ni esencia o eco, tampoco fragmentos.
Era como si Selin jamás hubiese existido. En ese instante algo en Ozma se quebró de forma irreversible, porque la muerte y el tiempo podía aceptarlos, pero aquello era peor que la muerte, era el olvido absoluto, la negación de toda existencia.
La furia que nació en él no fue como las anteriores, no fue un estallido, fue algo más frío y profundo. Ozma no destruyó el Árbol, lo corrompió silenciosamente sin que los dioses lo notaran. Alteró su esencia, envenenó su función, rompió su ciclo desde dentro. Las almas ya no serían reclamadas, ya no regresarían, ya no alimentarían el sistema que los dioses habían creado.
Los Elunai seguirían viviendo pero lentamente se extinguirían. No lo hizo solo por venganza, también lo hizo por Yen, porque comprendió algo aterrador: Si los dioses pudieron borrar a Selin… También podrían borrar a su hija.
Y eso eso era algo que jamás permitiría, ya había perdido a Selin y a su hija no nacida, no perdería a Yen. Desde ese momento, la guerra dejó de ser una lucha contra templos o ejércitos. Se convirtió en algo mucho más oscuro, Ozma ya no peleaba por justicia ni siquiera por venganza, ahora peleaba contra el propio orden del mundo y mientras él se hundía cada vez más en esa oscuridad, Yen, la Hija del Monstruo… Caminaba sin saber que el destino que la aguardaba era incluso más cruel que el de su padre.
La espera fue agonizante, pero grande su recompensa, el Rey Dragón había regresado a su palacio, a su tierra con su gente y al lado de sus Feridas .
Navaja la esposa de verde cabellera no había perdido tiempo, en el momento que tuvo la oportunidad tomo al Rey Basilio para ella y lo encerró por varios días en su alcoba, hicieron el amor hasta quemar todo deseo, toda pasión, alcanzaron el clímax y el éxtasis en medio de besos, caricias y pasión desbordada, fue de ella el error, en uno de esos días la pulcera en su tobillo se desprendió sin que ella lo notará, un artilugio que parece ser un decorativo más, pero este objeto en particular es el que evita que las mujeres Basilias queden embarazadas, no fue hasta el décimo tercer día que la mujer se da cuenta que no la lleva en su pie izquierdo, en el momento y de forma inmediata evita el contacto con su conyugue, no menciona nada de lo ocurrido a su esposo, en ese momento parecía todo estar normal, los días pasaron y la mujer anuncia su retiro del palacio, por unos días solicita permiso al Rey Basilio para viajar a sus tierras y visitar a su familia, Zet no le niega el derecho y la mujer deja la capital de Basil, pasaron días, semanas y poco más de un mes, luego de aquel tiempo Navaja comienza a comportarse de manera extraña, duerme mucho, come demasiado, sufre mareos y somnolencia, la Ferida intenta ocultar sus síntomas, pero Rafat su Padre es un Dragón viejo y muy sabio, él nota algo extraño en su hija, especialmente cuando le ve comiendo carne cruda, algo para nada normal en Navaja, él varón siendo el jefe de su casa y preocupado por su hija envía un mensaje junto con una ofrenda al Rey Zeilen, pidiendo al Señor de los Basilios que se hiciera presente en su casa, añadió al mensaje que le preocupaba la salud de su hija, y que algo no andaba bien con ella .
La espera fue agonizante, pero grande su recompensa, el Rey Dragón había regresado a su palacio, a su tierra con su gente y al lado de sus Feridas .
Navaja la esposa de verde cabellera no había perdido tiempo, en el momento que tuvo la oportunidad tomo al Rey Basilio para ella y lo encerró por varios días en su alcoba, hicieron el amor hasta quemar todo deseo, toda pasión, alcanzaron el clímax y el éxtasis en medio de besos, caricias y pasión desbordada, fue de ella el error, en uno de esos días la pulcera en su tobillo se desprendió sin que ella lo notará, un artilugio que parece ser un decorativo más, pero este objeto en particular es el que evita que las mujeres Basilias queden embarazadas, no fue hasta el décimo tercer día que la mujer se da cuenta que no la lleva en su pie izquierdo, en el momento y de forma inmediata evita el contacto con su conyugue, no menciona nada de lo ocurrido a su esposo, en ese momento parecía todo estar normal, los días pasaron y la mujer anuncia su retiro del palacio, por unos días solicita permiso al Rey Basilio para viajar a sus tierras y visitar a su familia, Zet no le niega el derecho y la mujer deja la capital de Basil, pasaron días, semanas y poco más de un mes, luego de aquel tiempo Navaja comienza a comportarse de manera extraña, duerme mucho, come demasiado, sufre mareos y somnolencia, la Ferida intenta ocultar sus síntomas, pero Rafat su Padre es un Dragón viejo y muy sabio, él nota algo extraño en su hija, especialmente cuando le ve comiendo carne cruda, algo para nada normal en Navaja, él varón siendo el jefe de su casa y preocupado por su hija envía un mensaje junto con una ofrenda al Rey Zeilen, pidiendo al Señor de los Basilios que se hiciera presente en su casa, añadió al mensaje que le preocupaba la salud de su hija, y que algo no andaba bien con ella .
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1- Tiene bastante aguante al alcohol
2- Es muy directa
3- Si le caes mal te lo va a decir sin ningún tapujo
4- A veces extraña a sus abuelos
5- Antes era una cabra loca y poco a poco por fin esta madurando
6- Quiere recuperar el tiempo perdido con su madre
7- Es bastante mal hablada
8- Cierto pocionero rubio es su mayor debilidad
9-Le encanta mimarse
10- Nunca ha tenido instinto materno
CURIOSIDADES
DE
ℐ𝒱𝒜𝒩𝒩𝒜 𝒮𝒫ℰℒℒℳ𝒜𝒩
1- Tiene bastante aguante al alcohol
2- Es muy directa
3- Si le caes mal te lo va a decir sin ningún tapujo
4- A veces extraña a sus abuelos
5- Antes era una cabra loca y poco a poco por fin esta madurando
6- Quiere recuperar el tiempo perdido con su madre
7- Es bastante mal hablada
8- Cierto pocionero rubio es su mayor debilidad
9-Le encanta mimarse
10- Nunca ha tenido instinto materno
Perdí el rumbo.
Y si he perdido el rumbo... ¿a dónde voy?
¿Adelante? ¿Atrás?
¿En círculos? ¿A ningún lado?
Y si no sé a dónde voy... ¿quién es la que camina?
¿Soy yo? ¿Fui yo? ¿Seré yo?
¿Y si quien camina es solo el rastro de alguien que ya no está?
Y si no sé quién soy... ¿quién fui?
¿La que fui sigue siendo, o se quedó en el camino?
Y si me busco... ¿me encontraré?
¿O solo encontraré a una extraña con mi nombre?
¿Cómo se vuelve a encontrar algo que ni siquiera estoy segura de haber tenido alguna vez?
Perdí el rumbo.
Y si he perdido el rumbo... ¿a dónde voy?
¿Adelante? ¿Atrás?
¿En círculos? ¿A ningún lado?
Y si no sé a dónde voy... ¿quién es la que camina?
¿Soy yo? ¿Fui yo? ¿Seré yo?
¿Y si quien camina es solo el rastro de alguien que ya no está?
Y si no sé quién soy... ¿quién fui?
¿La que fui sigue siendo, o se quedó en el camino?
Y si me busco... ¿me encontraré?
¿O solo encontraré a una extraña con mi nombre?
¿Cómo se vuelve a encontrar algo que ni siquiera estoy segura de haber tenido alguna vez?
//Eres una persona increíble. Y aunque haya un mar que nos separe, siempre siento que tengo a una amiga como tú cerca de mí. Aunque nunca hayamos perdido el contacto del todo, tenerte de vuelta me ha dado una alegría inmensa 🥹.Eres y serás siempre mi partner, aunque alguna vez nuestros caminos se separen. Eres alguien a quien quiero mucho y siempre desearé que seas feliz en tu vida. No sé realmente si hoy es tu cumpleaños o el de tu OC, pero de igual forma, te felicito en este día. Porque da igual el día que sea, porque todos los celebro sabiendo que estás ahí .//
Kazuo fué a la alcoba de la reina [Liz_bloodFlame]. La mujer que ocupaba sus pensamientos día y noche. Aquella que le arrancaba suspiros sin permiso.
Este dejó un pequeño Doruma con ojos blancos encima de su mesilla de noche con una nota.
𝓝𝓸 𝓼𝓮 𝓬𝓾𝓪𝓷𝓭𝓸 𝓬𝓾𝓶𝓹𝓵𝓮𝓼 𝓹𝓻𝓲𝓶𝓪𝓿𝓮𝓻𝓪𝓼, 𝓪𝓼𝓲 𝓺𝓾𝓮 𝓪𝓹𝓻𝓸𝓿𝓮𝓬𝓱𝓪𝓷𝓭𝓸 𝓵𝓪𝓼 𝓶𝓲𝓪𝓼 𝓽𝓮 𝓮𝓷𝓽𝓻𝓮𝓰𝓸 𝓮𝓼𝓽𝓮 𝓹𝓻𝓮𝓼𝓮𝓷𝓽𝓮. 𝓔𝓼𝓽𝓸 𝓮𝓼 𝓾𝓷 𝓓𝓸𝓻𝓾𝓶𝓪. 𝓔𝓷 𝓶𝓲 𝓽𝓲𝓮𝓻𝓻𝓪 𝓼𝓮 𝓮𝓷𝓽𝓻𝓮𝓰𝓪 𝓬𝓸𝓷 𝓵𝓸𝓼 𝓸𝓳𝓸𝓼 𝓫𝓵𝓪𝓷𝓬𝓸𝓼 𝓼𝓲𝓷 𝓹𝓲𝓷𝓽𝓪𝓻. 𝓢𝓮 𝓭𝓲𝓬𝓮 𝓺𝓾𝓮 𝓭𝓮𝓫𝓮𝓼 𝓹𝓮𝓭𝓲𝓻𝓵𝓮 𝓾𝓷 𝓭𝓮𝓼𝓸, 𝔂 𝓺𝓾𝓮 𝓬𝓾𝓪𝓷𝓭𝓸 𝓮𝓼𝓽𝓮 𝓼𝓮 𝓬𝓾𝓶𝓹𝓵𝓪, 𝓭𝓮𝓫𝓮𝓼 𝓹𝓲𝓷𝓽𝓪𝓻 𝓼𝓾𝓼 𝓸𝓳𝓸𝓼 𝓹𝓪𝓻𝓪 𝓺𝓾𝓮 𝓭𝓲𝓬𝓱𝓸 𝓭𝓮𝓼𝓮𝓸 𝓹𝓮𝓻𝓭𝓾𝓻𝓮.
//Eres una persona increíble. Y aunque haya un mar que nos separe, siempre siento que tengo a una amiga como tú cerca de mí. Aunque nunca hayamos perdido el contacto del todo, tenerte de vuelta me ha dado una alegría inmensa 🥹❣️.Eres y serás siempre mi partner, aunque alguna vez nuestros caminos se separen. Eres alguien a quien quiero mucho y siempre desearé que seas feliz en tu vida. No sé realmente si hoy es tu cumpleaños o el de tu OC, pero de igual forma, te felicito en este día. Porque da igual el día que sea, porque todos los celebro sabiendo que estás ahí ❣️.//
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𝐓𝐇𝐄 𝐁𝐎𝐒𝐒 𝐎𝐅 𝐓𝐇𝐄 𝐀𝐑𝐄𝐍𝐀
“ 𝘼𝙧𝙚 𝙮𝙤𝙪 𝙡𝙤𝙣𝙚𝙡𝙮 ? “
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ㅤ⠀──── ¡¿Tantos años y aún no lo entiendes, Settrigh?! ──── Gritó el mayor acercándose al bastardo gradualmente, apenas la pobre luz del lugar podía dejar en vista la silueta de su ser.
ㅤ⠀
ㅤ⠀──── ¡No te pedí que vinieras! ¡Solo déjame estar solo, maldita sea! ──── Respondió Settrigh, golpeando aún más fuerte el muñeco con el que practicaba.
ㅤ⠀
Le molestaban los sermones que venían de el, más aún no podía pensar con claridad al haber perdido aquel combate contra Jack, la ira lo recorría, a pesar de haber perdido, aún quería pelear. Habían apostado algo más allá que simple dinero, lo más importante en aquel mundo de luchadores, el honor.
ㅤ⠀
ㅤ⠀──── Settrigh... Para. ──── Musitó Bingween mientras se posaba a su lado, observandolo en silencio con un rostro preocupado. Después de todo, era como su hijo.
ㅤ⠀
ㅤ⠀──── Déjame... Por favor. ──── Suplico el bastardo mientras lentamente las lágrimas empezaron a recorrer su rostro, un par que habían trazado camino. Limpiaron la suciedad de su rostro, del polvo que había mordido.
Sus nudillos ya estaban dañados de tanto golpear el muñeco a carne viva, su cuerpo magullado al punto de que si seguía en pie, sus daños tardarían en sanarse un buen tiempo. Había desgarrado sus músculos, su determinación los arrastró.
ㅤ⠀
──── Sabes que sus palabras no valen nada, solamente buscan herirte, ellos lo han hecho desde que eres un cachorro. Lo sabes muy bien. ──── Comentó, manteniendo su postura erguida para pronto acomodar sus gafas. Se acercó al bastardo, agarrando suavemente el dorso de sus manos para detenerlo y así mismo, ver las heridas a profundidad.
ㅤ⠀
ㅤ⠀──── Mamá no lo merece. Solo... Si papá se hubiera quedado, ¿Todo sería normal? ──── Comentó, suspirando suavemente. Siquiera el llanto se percibía, solamente sus lágrimas. El llanto se desgasto a lo largo de su vida.
ㅤ⠀
Bingween sabía que nunca Sett aún lidiaba con ese trauma, después de tantos años. Mas aún se esforzaba en tratarlo desde que era un pequeño y simple chico, tratando de sobrevivir. Quizá nunca dejó de ser un cachorro.
Settrigh apenas lo vio unos segundos... Cerró sus ojos, idiota.
ㅤ⠀
ㅤ⠀──── Lo lamento... Maestro. ──── Susurró el bastardo, pronto tomando al mayor en sus brazos para poder atraparlo en un abrazo. Al final, ¿Porque necesitaba a papá? Pensó.
ㅤ⠀
Ya tenía un padre a su lado.
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𝐓𝐇𝐄 𝐁𝐎𝐒𝐒 𝐎𝐅 𝐓𝐇𝐄 𝐀𝐑𝐄𝐍𝐀
“ 𝘼𝙧𝙚 𝙮𝙤𝙪 𝙡𝙤𝙣𝙚𝙡𝙮 ? “
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ㅤ⠀──── ¡¿Tantos años y aún no lo entiendes, Settrigh?! ──── Gritó el mayor acercándose al bastardo gradualmente, apenas la pobre luz del lugar podía dejar en vista la silueta de su ser.
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ㅤ⠀──── ¡No te pedí que vinieras! ¡Solo déjame estar solo, maldita sea! ──── Respondió Settrigh, golpeando aún más fuerte el muñeco con el que practicaba.
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Le molestaban los sermones que venían de el, más aún no podía pensar con claridad al haber perdido aquel combate contra Jack, la ira lo recorría, a pesar de haber perdido, aún quería pelear. Habían apostado algo más allá que simple dinero, lo más importante en aquel mundo de luchadores, el honor.
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ㅤ⠀──── Settrigh... Para. ──── Musitó Bingween mientras se posaba a su lado, observandolo en silencio con un rostro preocupado. Después de todo, era como su hijo.
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ㅤ⠀──── Déjame... Por favor. ──── Suplico el bastardo mientras lentamente las lágrimas empezaron a recorrer su rostro, un par que habían trazado camino. Limpiaron la suciedad de su rostro, del polvo que había mordido.
Sus nudillos ya estaban dañados de tanto golpear el muñeco a carne viva, su cuerpo magullado al punto de que si seguía en pie, sus daños tardarían en sanarse un buen tiempo. Había desgarrado sus músculos, su determinación los arrastró.
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──── Sabes que sus palabras no valen nada, solamente buscan herirte, ellos lo han hecho desde que eres un cachorro. Lo sabes muy bien. ──── Comentó, manteniendo su postura erguida para pronto acomodar sus gafas. Se acercó al bastardo, agarrando suavemente el dorso de sus manos para detenerlo y así mismo, ver las heridas a profundidad.
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ㅤ⠀──── Mamá no lo merece. Solo... Si papá se hubiera quedado, ¿Todo sería normal? ──── Comentó, suspirando suavemente. Siquiera el llanto se percibía, solamente sus lágrimas. El llanto se desgasto a lo largo de su vida.
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Bingween sabía que nunca Sett aún lidiaba con ese trauma, después de tantos años. Mas aún se esforzaba en tratarlo desde que era un pequeño y simple chico, tratando de sobrevivir. Quizá nunca dejó de ser un cachorro.
Settrigh apenas lo vio unos segundos... Cerró sus ojos, idiota.
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ㅤ⠀──── Lo lamento... Maestro. ──── Susurró el bastardo, pronto tomando al mayor en sus brazos para poder atraparlo en un abrazo. Al final, ¿Porque necesitaba a papá? Pensó.
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Ya tenía un padre a su lado.
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ㅤ⠀
La historia de un hombre que se plantó como un árbol de cara a un alud, con el mundo en su contra, vuelve a recordar. Y, con el relato, la última esfrofa de ese último vestigio de la tierra donde todo se ha perdido, una canción que sólo él recuerda.
Pese a tener los dedos entumecidos por el frío de la tundra, no deja de dibujar. De su memoria evocando el níveo blanco de su cabello, sus finas facciones, la intensidad de su mirada...
"Disculpe. ¿Ha visto a esta mujer?"
Practica de nuevo, mirando el retrato que de su puño y pulso ha nacido. Practica, haciendo lo posible por enmascarar su acento, prueba fehaciente y vívida de que es un forastero, un extraño, un errante.
De que está solo. Profunda, insondable, completamente solo.
Un acento que suena como uñas sobre la pizarra que son esos campos de blanco infinito. Un acento que, según muchos, ya no debería existir. Una reliquia de tiempos peores, desechados. El residuo de un dialecto barbárico.
"Na-gi. Ese es su nombre. Por favor, dígame si sabe algo sobre ella".
Otro ensayo. Otro, mientras sus pasos, la evidencia que deja en la nieve tras de sí, conducen al más cercano poblado.
¿Y a quién es que busca?
A nadie más que a una superviviente. Como él, a alguien que entiende, quizás mejor que nadie, lo que es el perderlo todo. El no tener un pasado ni un futuro. En ser menos que un pie de página en el libro de este mundo.
A la única persona que puede tener pistas del Libro.
"𝘋𝘪𝘮𝘦 𝘴𝘪, 𝘢𝘭 𝘧𝘪𝘯𝘢𝘭, 𝘢𝘩𝘪 𝘷𝘢𝘴 𝘢 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘳,
𝘰𝘩, 𝘔𝘢𝘥𝘳𝘦, 𝘦𝘴𝘱𝘦𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘮í.
𝘘𝘶𝘦 𝘦𝘭 𝘥𝘰𝘭𝘰𝘳 𝘺 𝘭𝘢 𝘴𝘢𝘯𝘨𝘳𝘦,
𝘉𝘪𝘦𝘯 𝘷𝘢𝘭𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘱𝘦𝘯𝘢
𝘚𝘪 𝘩𝘢𝘯 𝘥𝘦 𝘴𝘦𝘳 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘵𝘪"
"Y aún así, se mueve".
La historia de un hombre que se plantó como un árbol de cara a un alud, con el mundo en su contra, vuelve a recordar. Y, con el relato, la última esfrofa de ese último vestigio de la tierra donde todo se ha perdido, una canción que sólo él recuerda.
Pese a tener los dedos entumecidos por el frío de la tundra, no deja de dibujar. De su memoria evocando el níveo blanco de su cabello, sus finas facciones, la intensidad de su mirada...
"Disculpe. ¿Ha visto a esta mujer?"
Practica de nuevo, mirando el retrato que de su puño y pulso ha nacido. Practica, haciendo lo posible por enmascarar su acento, prueba fehaciente y vívida de que es un forastero, un extraño, un errante.
De que está solo. Profunda, insondable, completamente solo.
Un acento que suena como uñas sobre la pizarra que son esos campos de blanco infinito. Un acento que, según muchos, ya no debería existir. Una reliquia de tiempos peores, desechados. El residuo de un dialecto barbárico.
"Na-gi. Ese es su nombre. Por favor, dígame si sabe algo sobre ella".
Otro ensayo. Otro, mientras sus pasos, la evidencia que deja en la nieve tras de sí, conducen al más cercano poblado.
¿Y a quién es que busca?
A nadie más que a una superviviente. Como él, a alguien que entiende, quizás mejor que nadie, lo que es el perderlo todo. El no tener un pasado ni un futuro. En ser menos que un pie de página en el libro de este mundo.
A la única persona que puede tener pistas del Libro.
Había perdido rastro de aquella ordenada oficial a la que se le ha criado desde un principio, volviéndose completamente distinta, ya no era como la de antes siendo manejada por el odio, el rencor y el resentimiento de haber perdido a una persona cercana suya.
Ahora solo evita su deseo de venganza, hacer que aquella persona pague por sus crímenes.
Había perdido rastro de aquella ordenada oficial a la que se le ha criado desde un principio, volviéndose completamente distinta, ya no era como la de antes siendo manejada por el odio, el rencor y el resentimiento de haber perdido a una persona cercana suya.
Ahora solo evita su deseo de venganza, hacer que aquella persona pague por sus crímenes.