• Todo comenzó con una mirada perdida.

    La ciudad estaba envuelta en esa niebla espesa que a veces parece no querer irse nunca, como si Morvain misma respirara tristeza. Las luces de los postes apenas lograban abrirse paso entre la lluvia. Las gotas caían con rabia, golpeando el pavimento como si quisieran despertar a quienes aún caminaban dormidos por la vida.


    Morvain. Un nombre que resuena como un susurro entre las montañas, una ciudad encajada en los brazos de los Andes, donde el aire es tan delgado como las mentiras que sus habitantes susurran al oído. Para los de afuera, un sueño pintado de mercados coloridos y cielos que rozan las nubes. Para los de adentro, una jaula de ladrillos y tradiciones, donde el invierno congela las sonrisas y el verano las derrite hasta convertirlas en algo irreconocible.

    Fue aquí, entre calles empinadas y miradas que esquivan la luz, donde ellos se encontraron. Dos extraños cuyos pasos fueron dibujados por el mismo destino oscuro.


    Dicen que los dos caminaban por la misma calle sin saberlo, a pocos pasos de distancia, respirando el mismo aire helado, compartiendo la misma sensación de estar perdidos, aunque no se miraran… todavía.

    Jhosh, caminaba con la cabeza baja, con los hombros vencidos por el peso de algo que aún no se atrevía a nombrar. Iba rumbo a ese lugar al que llamaba “hogar”, aunque en el fondo sabía que no lo era. Era solo un espacio habitado por voces que no entendía, que juzgaban sin preguntar. Caminaba lento, sin apuro, como si no quisieras llegar. Como si cualquier otro lugar fuera mejor que ese.

    Mientras tanto, Khrist, reía. Caminando con sus amigas entre bromas y chismes, envuelto en esa ligereza que a veces usan los que también cargan lo suyo pero no lo muestran. Su risa se confundía con la lluvia, y su mirada, aunque viva, se perdía de tanto en tanto entre los rostros de los demás. Y entonces ocurrió.

    Un cruce de caminos. Un cruce de miradas.

    “Por un instante, los ojos de Khrist se cruzaron con los de Jhosh , simplemente fue coincidencia o tal vez algo más, entre esa pequeña vista que duró apenas un segundo, dio paso a el saber de la existencia del uno como del otro

    Jhosh, seguía caminando. No se detuvo. No hizo ningún gesto. Pero algo en el se rompió un poco más o, quizás, comenzó a despertar. Khrist, giro la cabeza. Lo vio alejarse entre la multitud, como si lo conociera de antes, como si su corazón supiera algo que su mente aún no entendía. Pero también continuo con su camino.

    Así es Morvain: una ciudad que encierra historias en sus esquinas, que guarda secretos entre sus cerros. Una ciudad donde amar todavía se siente como un delito para algunos, y donde ser diferente es, muchas veces, un acto de valentía silenciosa.

    En esta ciudad nacieron ellos, en ese lugar se cruzaron. Y aunque ninguno lo sabía, esa noche marcó el inicio de algo más grande. Porque así empieza esta historia, con una mirada bajo la lluvia, con una duda en el pecho, con dos almas que se rozaron sin tocarse.

    Yo estaba ahí. Yo los vi. Y aunque en ese momento no entendí el peso de lo que presenciaba, ahora lo sé: fue el comienzo de todo. De una historia que no fue perfecta, pero que merecía ser contada. Una historia que no fue feliz… pero fue real.

    Porque a veces, en las ciudades que parecen dormidas, también nacen revoluciones invisibles. A veces, en las jaulas, también se sueña.

    Todo comenzó con una mirada perdida. La ciudad estaba envuelta en esa niebla espesa que a veces parece no querer irse nunca, como si Morvain misma respirara tristeza. Las luces de los postes apenas lograban abrirse paso entre la lluvia. Las gotas caían con rabia, golpeando el pavimento como si quisieran despertar a quienes aún caminaban dormidos por la vida. Morvain. Un nombre que resuena como un susurro entre las montañas, una ciudad encajada en los brazos de los Andes, donde el aire es tan delgado como las mentiras que sus habitantes susurran al oído. Para los de afuera, un sueño pintado de mercados coloridos y cielos que rozan las nubes. Para los de adentro, una jaula de ladrillos y tradiciones, donde el invierno congela las sonrisas y el verano las derrite hasta convertirlas en algo irreconocible. Fue aquí, entre calles empinadas y miradas que esquivan la luz, donde ellos se encontraron. Dos extraños cuyos pasos fueron dibujados por el mismo destino oscuro. Dicen que los dos caminaban por la misma calle sin saberlo, a pocos pasos de distancia, respirando el mismo aire helado, compartiendo la misma sensación de estar perdidos, aunque no se miraran… todavía. Jhosh, caminaba con la cabeza baja, con los hombros vencidos por el peso de algo que aún no se atrevía a nombrar. Iba rumbo a ese lugar al que llamaba “hogar”, aunque en el fondo sabía que no lo era. Era solo un espacio habitado por voces que no entendía, que juzgaban sin preguntar. Caminaba lento, sin apuro, como si no quisieras llegar. Como si cualquier otro lugar fuera mejor que ese. Mientras tanto, Khrist, reía. Caminando con sus amigas entre bromas y chismes, envuelto en esa ligereza que a veces usan los que también cargan lo suyo pero no lo muestran. Su risa se confundía con la lluvia, y su mirada, aunque viva, se perdía de tanto en tanto entre los rostros de los demás. Y entonces ocurrió. Un cruce de caminos. Un cruce de miradas. “Por un instante, los ojos de Khrist se cruzaron con los de Jhosh , simplemente fue coincidencia o tal vez algo más, entre esa pequeña vista que duró apenas un segundo, dio paso a el saber de la existencia del uno como del otro Jhosh, seguía caminando. No se detuvo. No hizo ningún gesto. Pero algo en el se rompió un poco más o, quizás, comenzó a despertar. Khrist, giro la cabeza. Lo vio alejarse entre la multitud, como si lo conociera de antes, como si su corazón supiera algo que su mente aún no entendía. Pero también continuo con su camino. Así es Morvain: una ciudad que encierra historias en sus esquinas, que guarda secretos entre sus cerros. Una ciudad donde amar todavía se siente como un delito para algunos, y donde ser diferente es, muchas veces, un acto de valentía silenciosa. En esta ciudad nacieron ellos, en ese lugar se cruzaron. Y aunque ninguno lo sabía, esa noche marcó el inicio de algo más grande. Porque así empieza esta historia, con una mirada bajo la lluvia, con una duda en el pecho, con dos almas que se rozaron sin tocarse. Yo estaba ahí. Yo los vi. Y aunque en ese momento no entendí el peso de lo que presenciaba, ahora lo sé: fue el comienzo de todo. De una historia que no fue perfecta, pero que merecía ser contada. Una historia que no fue feliz… pero fue real. Porque a veces, en las ciudades que parecen dormidas, también nacen revoluciones invisibles. A veces, en las jaulas, también se sueña. 🦋💖
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  • ¿Cómo estáis? ¿Me he perdido mucho?
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  • 𝖬𝖨𝖭-𝖩𝖨 𝖬𝖮𝖣𝖤: 𝖴𝗇𝖼𝖾𝗇𝗌𝗈𝗋𝖾𝖽

    ¡Hola a todos!
    Me paso de forma breve para lanzaros una idea al aire para que la debatamos en un futuro episodio más largo.

    "Si nos paramos a pensarlo con detenimiento, de los grupos que hicieron la actuación grupal en aquellos MAMA en 2022, que fueron IVE, NMIXX, NewJeans, Kep1er y LE SSERAFIM.
    El único grupo que, técnicamente, sigue con las mismas integrantes que empezó es IVE, ya que todos los demás, en algún punto desde el debut han perdido a una o más miembros.
    Es algo cuanto menos llamativo."
    𝖬𝖨𝖭-𝖩𝖨 𝖬𝖮𝖣𝖤: 𝖴𝗇𝖼𝖾𝗇𝗌𝗈𝗋𝖾𝖽 ¡Hola a todos! Me paso de forma breve para lanzaros una idea al aire para que la debatamos en un futuro episodio más largo. "Si nos paramos a pensarlo con detenimiento, de los grupos que hicieron la actuación grupal en aquellos MAMA en 2022, que fueron IVE, NMIXX, NewJeans, Kep1er y LE SSERAFIM. El único grupo que, técnicamente, sigue con las mismas integrantes que empezó es IVE, ya que todos los demás, en algún punto desde el debut han perdido a una o más miembros. Es algo cuanto menos llamativo."
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  • La suerte era un concepto caprichoso. Podías pasar toda una vida sin rozarla o podía estallarte en la cara justo después de comprar un teléfono -o de que alguien más lo compre por ti, más bien-. En este caso, había decidido que definitivamente, habían ganado gracias a su inmesurable suerte y buena fortuna. Porque si, estaba convencida de que ella era la de la buena suerte, no había discusión posible. (?)

    Tras la compra del móvil, y gracias al ticket ganador que terminaba en "09", se encontraban los tres cruzando las puertas del resort esa misma tarde. Antes de llegar, habían dejado su viejo teléfono en manos de un técnico que prometió revisarlo cuando tuviera un hueco. No estaba segura de si confiar en él o no, pero su entusiasmo por ir a reclamar el premio era más fuerte que el miedo de que se borraran las posibles pistas de sus recuerdos perdidos.

    El vestíbulo del resort era otro mundo. No había dejado de mirar el folleto durante todo el trayecto de camino al lugar, pero la realidad superaba las imagenes. Habían plantas exóticas en macetas del tamaño de ella y un mostrador de recepción que parecía más una obra de arte que un lugar para hacer trámites. ¡Por fin un lugar libre de multitudes que intentaban asfixiarla!

    —¿Tendremos acceso a todas las áreas del resort, no? —murmuró mientras caminaba hacia la recepción, sujetando un pequeño bolso donde, apresurada, había traído lo que creía necesitar— Significa que podemos ir a todas partes, ¿no? A la piscina, al spa, al casino...

    "Bienvenidos" Los recibió la recepcionista con una sonrisa entrenada, aunque su bienvenida sonó más a '¿están seguros que pueden pagar esto?'.

    Deslizaron el ticket con el código ganador sobre el mármol. Al verlo, las cejas de la mujer se elevaron en un gesto de comprensión.

    "Ah, por supuesto. Permítanme verificar el código del ticket... También necesitaré sus identificaciones para completar el check-in..."

    Dijo la mujer, tecleando con rapidez. Mientras tanto, se abanicó con el folleto y se puso a conversar con Veyra Leˑron en voz baja, mientras dejaba que Kieran se encargara de la parte burocrática.

    —Siento que si no toco el agua de la piscina en diez minutos voy a hacer combustión por el calor —apoyó su frente dramáticamente en el hombro de la castaña como si estuviera al borde del desmayo.
    La suerte era un concepto caprichoso. Podías pasar toda una vida sin rozarla o podía estallarte en la cara justo después de comprar un teléfono -o de que alguien más lo compre por ti, más bien-. En este caso, había decidido que definitivamente, habían ganado gracias a su inmesurable suerte y buena fortuna. Porque si, estaba convencida de que ella era la de la buena suerte, no había discusión posible. (?) Tras la compra del móvil, y gracias al ticket ganador que terminaba en "09", se encontraban los tres cruzando las puertas del resort esa misma tarde. Antes de llegar, habían dejado su viejo teléfono en manos de un técnico que prometió revisarlo cuando tuviera un hueco. No estaba segura de si confiar en él o no, pero su entusiasmo por ir a reclamar el premio era más fuerte que el miedo de que se borraran las posibles pistas de sus recuerdos perdidos. El vestíbulo del resort era otro mundo. No había dejado de mirar el folleto durante todo el trayecto de camino al lugar, pero la realidad superaba las imagenes. Habían plantas exóticas en macetas del tamaño de ella y un mostrador de recepción que parecía más una obra de arte que un lugar para hacer trámites. ¡Por fin un lugar libre de multitudes que intentaban asfixiarla! —¿Tendremos acceso a todas las áreas del resort, no? —murmuró mientras caminaba hacia la recepción, sujetando un pequeño bolso donde, apresurada, había traído lo que creía necesitar— Significa que podemos ir a todas partes, ¿no? A la piscina, al spa, al casino... "Bienvenidos" Los recibió la recepcionista con una sonrisa entrenada, aunque su bienvenida sonó más a '¿están seguros que pueden pagar esto?'. Deslizaron el ticket con el código ganador sobre el mármol. Al verlo, las cejas de la mujer se elevaron en un gesto de comprensión. "Ah, por supuesto. Permítanme verificar el código del ticket... También necesitaré sus identificaciones para completar el check-in..." Dijo la mujer, tecleando con rapidez. Mientras tanto, se abanicó con el folleto y se puso a conversar con [vey.ra] en voz baja, mientras dejaba que [forever.tainted] se encargara de la parte burocrática. —Siento que si no toco el agua de la piscina en diez minutos voy a hacer combustión por el calor —apoyó su frente dramáticamente en el hombro de la castaña como si estuviera al borde del desmayo.
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  • ---

    Perdura en mi la caída de los árboles sin hojas;
    son lágrimas que se extraviaron en el espectro de tus tardes;
    más carentes, más corruptas.
    Oh, en esta búsqueda en la que pierdo la noción de ser,
    Esas hojas caen por mi causa:
    y me someto al delirio de tus níveos espejismos.
    Y callo la manera de como soñarte;
    y buscarlas y soñarlas entre las sienes de mis ojos.

    Los dioses han sangrado desde que conocen el calor de un corazón;
    Y yo colmo el mío con el peso de tu voz;
    sobre mis principios y mis fines.
    Por favor, calma las fronteras en las que el tiempo se inclina ante mí;
    y me demuestra el límite del cielo,
    en las trincheras del perdón,
    de un amor inevitable.

    Oh, calla, muerte ingrata,
    rehúsate a perseguir a los testigos del silencio;
    que oculta la soledad de un Sol de medianoche.
    Viviré la noche entre espantos de codicia y resurrección.
    Haré el amor con mis mañanas y principios.
    Y entonces ella serán mis musas más sagradas.
    En este tiempo de arquetipos y leyes en las que no se miden las costuras.

    Oh, primitivos son los designios de un amor al que no puedo tocar;
    temo mancharlo con esta suciedad que se atisba con el ojo de una tormenta;
    depuesta en mis propiedades asociativas y conmutativas;
    en donde los dueños del Sol, la medianoche y el alba;
    te retienen entre las cadenas del clamor de un tiempo que no tiene nombre.
    Más que el tuyo, al que desconozco.

    Oh, claro amargo, ampárame en tus anhelos;
    ¿puedes escucharme sangre entre olvidos y diretes?
    Tejo un vestir nupcial de allende concisa.
    Y los continentes de tu geografía danzan tan sólo para atormentar a mis luceros.
    Mis ojos malnacidos.
    Este suspenso es demasiado grande.
    ¿Quién me seguirá cuando haya desaparecido en la gloria del amor?
    ¿Quién cuidará mis pasos?
    ¿Qué será de mí, Señor?
    Por favor, auxíliame.

    Desconozco lo que has preparado tan sólo para mí,
    En este sentir de ánimos discretos,
    me tiendes en tu lecho y me preguntas;
    si soy ciego y no lo veo.
    ¿Qué debo vislumbrar más allá de unos ojos que libran la batalla más amada?
    ¿Quién se atreve a modular el templo de mis pisares en la niebla del sentir?

    No lo comprendo.
    He perdido la noción; y la esperanza de hallarla cerca;
    ella que me sonríe de lejos.
    En este imperio de sidéreo amar, que no concibo:
    De atenta liana,
    en la que sí sé que, si admiro la Luna, la podré ver a ella;
    reflejada en mi corazón.

    Aunque anhelo en mi ajado corazón,
    Este el corazón del fantasma de todas las historias,
    tan siquiera conocer el modular de su nombre.
    Como anhelo conocer el de ella.
    --- Perdura en mi la caída de los árboles sin hojas; son lágrimas que se extraviaron en el espectro de tus tardes; más carentes, más corruptas. Oh, en esta búsqueda en la que pierdo la noción de ser, Esas hojas caen por mi causa: y me someto al delirio de tus níveos espejismos. Y callo la manera de como soñarte; y buscarlas y soñarlas entre las sienes de mis ojos. Los dioses han sangrado desde que conocen el calor de un corazón; Y yo colmo el mío con el peso de tu voz; sobre mis principios y mis fines. Por favor, calma las fronteras en las que el tiempo se inclina ante mí; y me demuestra el límite del cielo, en las trincheras del perdón, de un amor inevitable. Oh, calla, muerte ingrata, rehúsate a perseguir a los testigos del silencio; que oculta la soledad de un Sol de medianoche. Viviré la noche entre espantos de codicia y resurrección. Haré el amor con mis mañanas y principios. Y entonces ella serán mis musas más sagradas. En este tiempo de arquetipos y leyes en las que no se miden las costuras. Oh, primitivos son los designios de un amor al que no puedo tocar; temo mancharlo con esta suciedad que se atisba con el ojo de una tormenta; depuesta en mis propiedades asociativas y conmutativas; en donde los dueños del Sol, la medianoche y el alba; te retienen entre las cadenas del clamor de un tiempo que no tiene nombre. Más que el tuyo, al que desconozco. Oh, claro amargo, ampárame en tus anhelos; ¿puedes escucharme sangre entre olvidos y diretes? Tejo un vestir nupcial de allende concisa. Y los continentes de tu geografía danzan tan sólo para atormentar a mis luceros. Mis ojos malnacidos. Este suspenso es demasiado grande. ¿Quién me seguirá cuando haya desaparecido en la gloria del amor? ¿Quién cuidará mis pasos? ¿Qué será de mí, Señor? Por favor, auxíliame. Desconozco lo que has preparado tan sólo para mí, En este sentir de ánimos discretos, me tiendes en tu lecho y me preguntas; si soy ciego y no lo veo. ¿Qué debo vislumbrar más allá de unos ojos que libran la batalla más amada? ¿Quién se atreve a modular el templo de mis pisares en la niebla del sentir? No lo comprendo. He perdido la noción; y la esperanza de hallarla cerca; ella que me sonríe de lejos. En este imperio de sidéreo amar, que no concibo: De atenta liana, en la que sí sé que, si admiro la Luna, la podré ver a ella; reflejada en mi corazón. Aunque anhelo en mi ajado corazón, Este el corazón del fantasma de todas las historias, tan siquiera conocer el modular de su nombre. Como anhelo conocer el de ella.
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  • Una vez más repetiré,
    Mi mantra es,
    Lo que dijiste aquella vez.
    Pues es tu voz aquello
    que al mundo le dio color.

    El futuro que perdimos,
    Las promesas que rompimos,
    Me persiguen hasta hoy.

    Pero otro paso hoy voy a dar,
    Uno a la vez,
    ¿Soy un caso perdido?
    Es que a pesar de todo,
    No me puedo detener.

    Ya tu mano no veo,
    No siento en la mía,
    Pero sigo en la vía
    Hacia esa versión de "tú y yo".

    https://youtu.be/kzdJkT4kp-A
    Una vez más repetiré, Mi mantra es, Lo que dijiste aquella vez. Pues es tu voz aquello que al mundo le dio color. El futuro que perdimos, Las promesas que rompimos, Me persiguen hasta hoy. Pero otro paso hoy voy a dar, Uno a la vez, ¿Soy un caso perdido? Es que a pesar de todo, No me puedo detener. Ya tu mano no veo, No siento en la mía, Pero sigo en la vía Hacia esa versión de "tú y yo". https://youtu.be/kzdJkT4kp-A
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  • Trabajo trabajo... E estado muy perdido por estos lugares
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    ****Edad del Caos****
    El Árbol de las Almas"

    Con el paso de los meses, el nombre de Yen dejó de ser solo un susurro entre enemigos y se convirtió en un símbolo, "La Hija del Monstruo".

    Así la llamaban los Elunai, los soldados, incluso los demonios que habían sobrevivido a su furia. Lo que nació como un insulto terminó transformándose en un título que Yen portaba con orgullo. Cada vez que lo escuchaba, no sentía vergüenza sino una extraña satisfacción. Era la prueba de que su existencia pesaba en el mundo. De que ya no era la niña olvidada en un calabozo sino que era alguien a quien temer.

    Pero mientras su leyenda crecía, la de los Elunai comenzaba a desmoronarse, las generaciones dejaron de renovarse. Los nacimientos disminuyeron. Los templos ya no podían ocultarlo: algo estaba fallando en la raíz misma de su raza.

    No sabían que su destino ya había sido sellado mucho antes. En las sombras de la guerra, Ozma había descubierto el secreto mejor guardado de los dioses: "El Árbol de las Almas".

    No era un símbolo ni un mito, era una prisión. Cada Elunai que moría no regresaba al flujo natural de la existencia. Su alma era arrastrada hacia ese árbol, atrapada, reciclada y obligada a renacer una y otra vez como parte de la misma raza. Un ciclo cerrado, perfecto, controlado.

    Los dioses no otorgaban vida, la administraban, así evitaban compartir su poder con nuevas almas. Así mantenían intacto el número de aquellos bendecidos. Así aseguraban que su dominio jamás fuera desafiado.

    Ozma no buscó ese árbol por odio, lo buscó por amor. Durante años, entre ruinas y templos destruidos, reunió fragmentos de conocimiento, persiguió rumores, desenterró secretos con un solo objetivo: Encontrar el alma de Selin y devolverla para darle un nuevo cuerpo.

    Pero cuando finalmente encontró el Árbol de las Almas no la halló, no estaba allí, no había rastro de ella, ni esencia o eco, tampoco fragmentos.

    Era como si Selin jamás hubiese existido. En ese instante algo en Ozma se quebró de forma irreversible, porque la muerte y el tiempo podía aceptarlos, pero aquello era peor que la muerte, era el olvido absoluto, la negación de toda existencia.

    La furia que nació en él no fue como las anteriores, no fue un estallido, fue algo más frío y profundo. Ozma no destruyó el Árbol, lo corrompió silenciosamente sin que los dioses lo notaran. Alteró su esencia, envenenó su función, rompió su ciclo desde dentro. Las almas ya no serían reclamadas, ya no regresarían, ya no alimentarían el sistema que los dioses habían creado.

    Los Elunai seguirían viviendo pero lentamente se extinguirían. No lo hizo solo por venganza, también lo hizo por Yen, porque comprendió algo aterrador: Si los dioses pudieron borrar a Selin… También podrían borrar a su hija.

    Y eso eso era algo que jamás permitiría, ya había perdido a Selin y a su hija no nacida, no perdería a Yen. Desde ese momento, la guerra dejó de ser una lucha contra templos o ejércitos. Se convirtió en algo mucho más oscuro, Ozma ya no peleaba por justicia ni siquiera por venganza, ahora peleaba contra el propio orden del mundo y mientras él se hundía cada vez más en esa oscuridad, Yen, la Hija del Monstruo… Caminaba sin saber que el destino que la aguardaba era incluso más cruel que el de su padre.
    ****Edad del Caos**** El Árbol de las Almas" Con el paso de los meses, el nombre de Yen dejó de ser solo un susurro entre enemigos y se convirtió en un símbolo, "La Hija del Monstruo". Así la llamaban los Elunai, los soldados, incluso los demonios que habían sobrevivido a su furia. Lo que nació como un insulto terminó transformándose en un título que Yen portaba con orgullo. Cada vez que lo escuchaba, no sentía vergüenza sino una extraña satisfacción. Era la prueba de que su existencia pesaba en el mundo. De que ya no era la niña olvidada en un calabozo sino que era alguien a quien temer. Pero mientras su leyenda crecía, la de los Elunai comenzaba a desmoronarse, las generaciones dejaron de renovarse. Los nacimientos disminuyeron. Los templos ya no podían ocultarlo: algo estaba fallando en la raíz misma de su raza. No sabían que su destino ya había sido sellado mucho antes. En las sombras de la guerra, Ozma había descubierto el secreto mejor guardado de los dioses: "El Árbol de las Almas". No era un símbolo ni un mito, era una prisión. Cada Elunai que moría no regresaba al flujo natural de la existencia. Su alma era arrastrada hacia ese árbol, atrapada, reciclada y obligada a renacer una y otra vez como parte de la misma raza. Un ciclo cerrado, perfecto, controlado. Los dioses no otorgaban vida, la administraban, así evitaban compartir su poder con nuevas almas. Así mantenían intacto el número de aquellos bendecidos. Así aseguraban que su dominio jamás fuera desafiado. Ozma no buscó ese árbol por odio, lo buscó por amor. Durante años, entre ruinas y templos destruidos, reunió fragmentos de conocimiento, persiguió rumores, desenterró secretos con un solo objetivo: Encontrar el alma de Selin y devolverla para darle un nuevo cuerpo. Pero cuando finalmente encontró el Árbol de las Almas no la halló, no estaba allí, no había rastro de ella, ni esencia o eco, tampoco fragmentos. Era como si Selin jamás hubiese existido. En ese instante algo en Ozma se quebró de forma irreversible, porque la muerte y el tiempo podía aceptarlos, pero aquello era peor que la muerte, era el olvido absoluto, la negación de toda existencia. La furia que nació en él no fue como las anteriores, no fue un estallido, fue algo más frío y profundo. Ozma no destruyó el Árbol, lo corrompió silenciosamente sin que los dioses lo notaran. Alteró su esencia, envenenó su función, rompió su ciclo desde dentro. Las almas ya no serían reclamadas, ya no regresarían, ya no alimentarían el sistema que los dioses habían creado. Los Elunai seguirían viviendo pero lentamente se extinguirían. No lo hizo solo por venganza, también lo hizo por Yen, porque comprendió algo aterrador: Si los dioses pudieron borrar a Selin… También podrían borrar a su hija. Y eso eso era algo que jamás permitiría, ya había perdido a Selin y a su hija no nacida, no perdería a Yen. Desde ese momento, la guerra dejó de ser una lucha contra templos o ejércitos. Se convirtió en algo mucho más oscuro, Ozma ya no peleaba por justicia ni siquiera por venganza, ahora peleaba contra el propio orden del mundo y mientras él se hundía cada vez más en esa oscuridad, Yen, la Hija del Monstruo… Caminaba sin saber que el destino que la aguardaba era incluso más cruel que el de su padre.
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  • Un nuevo amanecer
    Fandom Crónicas de Basilia
    Categoría Original
    La espera fue agonizante, pero grande su recompensa, el Rey Dragón había regresado a su palacio, a su tierra con su gente y al lado de sus Feridas .

    Navaja la esposa de verde cabellera no había perdido tiempo, en el momento que tuvo la oportunidad tomo al Rey Basilio para ella y lo encerró por varios días en su alcoba, hicieron el amor hasta quemar todo deseo, toda pasión, alcanzaron el clímax y el éxtasis en medio de besos, caricias y pasión desbordada, fue de ella el error, en uno de esos días la pulcera en su tobillo se desprendió sin que ella lo notará, un artilugio que parece ser un decorativo más, pero este objeto en particular es el que evita que las mujeres Basilias queden embarazadas, no fue hasta el décimo tercer día que la mujer se da cuenta que no la lleva en su pie izquierdo, en el momento y de forma inmediata evita el contacto con su conyugue, no menciona nada de lo ocurrido a su esposo, en ese momento parecía todo estar normal, los días pasaron y la mujer anuncia su retiro del palacio, por unos días solicita permiso al Rey Basilio para viajar a sus tierras y visitar a su familia, Zet no le niega el derecho y la mujer deja la capital de Basil, pasaron días, semanas y poco más de un mes, luego de aquel tiempo Navaja comienza a comportarse de manera extraña, duerme mucho, come demasiado, sufre mareos y somnolencia, la Ferida intenta ocultar sus síntomas, pero Rafat su Padre es un Dragón viejo y muy sabio, él nota algo extraño en su hija, especialmente cuando le ve comiendo carne cruda, algo para nada normal en Navaja, él varón siendo el jefe de su casa y preocupado por su hija envía un mensaje junto con una ofrenda al Rey Zeilen, pidiendo al Señor de los Basilios que se hiciera presente en su casa, añadió al mensaje que le preocupaba la salud de su hija, y que algo no andaba bien con ella .
    La espera fue agonizante, pero grande su recompensa, el Rey Dragón había regresado a su palacio, a su tierra con su gente y al lado de sus Feridas . Navaja la esposa de verde cabellera no había perdido tiempo, en el momento que tuvo la oportunidad tomo al Rey Basilio para ella y lo encerró por varios días en su alcoba, hicieron el amor hasta quemar todo deseo, toda pasión, alcanzaron el clímax y el éxtasis en medio de besos, caricias y pasión desbordada, fue de ella el error, en uno de esos días la pulcera en su tobillo se desprendió sin que ella lo notará, un artilugio que parece ser un decorativo más, pero este objeto en particular es el que evita que las mujeres Basilias queden embarazadas, no fue hasta el décimo tercer día que la mujer se da cuenta que no la lleva en su pie izquierdo, en el momento y de forma inmediata evita el contacto con su conyugue, no menciona nada de lo ocurrido a su esposo, en ese momento parecía todo estar normal, los días pasaron y la mujer anuncia su retiro del palacio, por unos días solicita permiso al Rey Basilio para viajar a sus tierras y visitar a su familia, Zet no le niega el derecho y la mujer deja la capital de Basil, pasaron días, semanas y poco más de un mes, luego de aquel tiempo Navaja comienza a comportarse de manera extraña, duerme mucho, come demasiado, sufre mareos y somnolencia, la Ferida intenta ocultar sus síntomas, pero Rafat su Padre es un Dragón viejo y muy sabio, él nota algo extraño en su hija, especialmente cuando le ve comiendo carne cruda, algo para nada normal en Navaja, él varón siendo el jefe de su casa y preocupado por su hija envía un mensaje junto con una ofrenda al Rey Zeilen, pidiendo al Señor de los Basilios que se hiciera presente en su casa, añadió al mensaje que le preocupaba la salud de su hija, y que algo no andaba bien con ella .
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