• — Sí, bueno, nosotros no nos complicamos. Somos los más guapos, ¿qué importan los monstruos? (?) —

    Nicole Rendaia Hanary Naeko
    — Sí, bueno, nosotros no nos complicamos. Somos los más guapos, ¿qué importan los monstruos? (?) — [vortex_emerald_pigeon_594] [tidal_titanium_lion_574]
    Me encocora
    Me enjaja
    8
    2 turnos 0 maullidos
  • [Luego de desayunar está mañana, Gyuseki fue convocado al salón de entrenamiento para esgrima donde su entrenamiento sería derrotar a varios de los monjes usando una espada de madera, pero por algún motivo este tomaría dos espadas]

    (Que extraño mí cuerpo se siente incómodo si tomo solo una espada.. ¿Será algo de mí pasado? Quizás mí antiguo yo utilizaba dos espadas..)

    Monje 1: de acuerdo es momento de iniciar el entrenamiento, ¿Estás preparado?

    Estoy preparado así que ataquenme con todo lo que tengan.

    -y así fue como el entrenamiento dio inicio, me atacaron primero por delante pero utilizando movimientos sutiles y precisos bloquearía cada ataque y cuando me tocaba atacarlos arrojaba golpes directos hacia las espadas que ellos tenían provocando que se rompieran al instante. Al dejar mí espalda descubierta otros decidieron atacar por ahí pero por algún extraño motivo sentí cosquilleos en las zonas donde me iban golpear, hice aparecer escamas en dichos lugares y bloquearía sus ataques haciendo que rompieran sus espadas-

    (¿Que fue eso? Es como si mí cuerpo recordara perfectamente como pelear en situaciones así..)

    Monje 3: magnífico Gyuseki-san se ve que no has perdido el toque, tu cuerpo recuerda como luchar, continuemos.

    -uno de ellos lanzaría un golpe directo a mis piernas pero levanté mí pie izquierdo lo suficiente como para bloquear el golpe y al mismo tiempo impulsarme hacia atras con la espada de mí enemigo pasando por encima de todos los demás y quedar a sus espaldas, sin darles tiempo a reaccionar me lanzaría rápidamente golpeandolos uno por uno en lugares diferentes como las piernas, estomago, cuello y la zona baja de la espalda-

    [El combate duraria un buen rato hasta que Gyuseki logro vencer a todos sin recibir un solo rasguño]
    [Luego de desayunar está mañana, Gyuseki fue convocado al salón de entrenamiento para esgrima donde su entrenamiento sería derrotar a varios de los monjes usando una espada de madera, pero por algún motivo este tomaría dos espadas] (Que extraño mí cuerpo se siente incómodo si tomo solo una espada.. ¿Será algo de mí pasado? Quizás mí antiguo yo utilizaba dos espadas..) Monje 1: de acuerdo es momento de iniciar el entrenamiento, ¿Estás preparado? Estoy preparado así que ataquenme con todo lo que tengan. -y así fue como el entrenamiento dio inicio, me atacaron primero por delante pero utilizando movimientos sutiles y precisos bloquearía cada ataque y cuando me tocaba atacarlos arrojaba golpes directos hacia las espadas que ellos tenían provocando que se rompieran al instante. Al dejar mí espalda descubierta otros decidieron atacar por ahí pero por algún extraño motivo sentí cosquilleos en las zonas donde me iban golpear, hice aparecer escamas en dichos lugares y bloquearía sus ataques haciendo que rompieran sus espadas- (¿Que fue eso? Es como si mí cuerpo recordara perfectamente como pelear en situaciones así..) Monje 3: magnífico Gyuseki-san se ve que no has perdido el toque, tu cuerpo recuerda como luchar, continuemos. -uno de ellos lanzaría un golpe directo a mis piernas pero levanté mí pie izquierdo lo suficiente como para bloquear el golpe y al mismo tiempo impulsarme hacia atras con la espada de mí enemigo pasando por encima de todos los demás y quedar a sus espaldas, sin darles tiempo a reaccionar me lanzaría rápidamente golpeandolos uno por uno en lugares diferentes como las piernas, estomago, cuello y la zona baja de la espalda- [El combate duraria un buen rato hasta que Gyuseki logro vencer a todos sin recibir un solo rasguño]
    Me gusta
    Me encocora
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • La "S" del emblema que portamos en el pecho con mi primo es el escudo de armas de la Casa de El es la familia a la cuál pertenecemos y a la vez significa esperanza para nosotros los kryptonianos.
    La "S" del emblema que portamos en el pecho con mi primo es el escudo de armas de la Casa de El es la familia a la cuál pertenecemos y a la vez significa esperanza para nosotros los kryptonianos.
    Me encocora
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • {Las nieves perpetuas de las Montañas de Skalvik caían con suavidad sobre los tejados de piedra cuando Ivandore de Ebonhart atravesó las estrechas calles del antiguo poblado de Valdren. Montado sobre su fiel corcel, el caballero avanzaba lentamente entre los aldeanos, cuyos rostros reflejaban tanto respeto como curiosidad.}

    {Hacía semanas que viajaba por los caminos helados del norte, siguiendo rumores sobre antiguos santuarios olvidados y reliquias sagradas perdidas durante las grandes cruzadas. Su armadura, marcada por incontables batallas, crujía bajo el peso de la escarcha, mientras el viento de las montañas agitaba los desgastados estandartes con la cruz roja que aún portaba con orgullo.}

    {A lo lejos, sobre un promontorio rocoso, se alzaba la fortaleza de Frosthall, envuelta en niebla y leyendas. Allí, según las historias de los ancianos, reposaba un secreto capaz de cambiar el destino de Asteria.}

    {Sin embargo, aquella tarde no buscaba gloria ni combate. Solo deseaba encontrar refugio antes de que la tormenta cubriese los caminos y transformase las montañas en una prisión de hielo. Pero el destino, como siempre, parecía tener otros planes para el caballero de Ebonhart.}
    {Las nieves perpetuas de las Montañas de Skalvik caían con suavidad sobre los tejados de piedra cuando Ivandore de Ebonhart atravesó las estrechas calles del antiguo poblado de Valdren. Montado sobre su fiel corcel, el caballero avanzaba lentamente entre los aldeanos, cuyos rostros reflejaban tanto respeto como curiosidad.} {Hacía semanas que viajaba por los caminos helados del norte, siguiendo rumores sobre antiguos santuarios olvidados y reliquias sagradas perdidas durante las grandes cruzadas. Su armadura, marcada por incontables batallas, crujía bajo el peso de la escarcha, mientras el viento de las montañas agitaba los desgastados estandartes con la cruz roja que aún portaba con orgullo.} {A lo lejos, sobre un promontorio rocoso, se alzaba la fortaleza de Frosthall, envuelta en niebla y leyendas. Allí, según las historias de los ancianos, reposaba un secreto capaz de cambiar el destino de Asteria.} {Sin embargo, aquella tarde no buscaba gloria ni combate. Solo deseaba encontrar refugio antes de que la tormenta cubriese los caminos y transformase las montañas en una prisión de hielo. Pero el destino, como siempre, parecía tener otros planes para el caballero de Ebonhart.}
    Me gusta
    Me encocora
    8
    1 turno 0 maullidos
  • No te preocupes.. No es mía..

    *Dijo mientras se limpio la salpicadura de su rostro, aveces tiene que defenderse, ya que el mundo no es color de rosa, así como hay personas buenas también las hay malvadas que disfrutan lastimando a otros. *
    No te preocupes.. No es mía.. *Dijo mientras se limpio la salpicadura de su rostro, aveces tiene que defenderse, ya que el mundo no es color de rosa, así como hay personas buenas también las hay malvadas que disfrutan lastimando a otros. *
    Me shockea
    Me gusta
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • Jean se había tomado un tiempo libre fuera de su oficina, sin embargo, no salió a caminar ni a estirarse. Aprovechó para ir a la arena de entrenamiento con los Caballeros de Favonius. Miró el entrenamiento de ellos detenidamente miró errores, fallas casi de inmediato.

    -Deberé regañar a Kaeya. Los está consintiendo demasiado...

    Al escuchar a la Gran Maestra, los caballeros se tensaron, se pusieron en posición de firmes y saludaron en coro a la maestra. Ella, no sonrió, por primera vez, pudo haber respondido con aquella sonrisa amable con la que siempre saludaba, pero era preocupante lo que vio. Caminó por las escaleras bajando a la arena dejando que su paso firme resonara sobre el suelo de piedra.

    -Agradezco su disposición y su esfuerzo para mejorar enormemente. Sin embargo, no están siendo óptimos. ¿Dónde está Kaeya? -Dijo mientras buscaba al peli azul con la mirada-.

    +E-el Capitán Ka-Kaeya... dijo: "Consideren esto una prueba de iniciativa. Si necesitan que esté aquí para entrenar, entonces ya van retrasados".

    -.....

    Jean puso sus dedos en el puente de su nariz cerrando los ojos emitiendo un profundo suspiro "Me las va a pagar", pensó de inmediato, el caballero se puso nervioso y tragó seco.

    -No están en problemas. Pero vamos a organizar algunas cosas. Los movimientos que están usando carecen de funcionalidad, son movimientos muertos, eso al final cansa al cuerpo, para cuando necesitan responder ya hicieron seis o siente movimientos entre estocada, dejan mucho espacio, no hay una buena guardia.

    Después de irlos corrigiendo e indicando los movimientos que deberían hacer. Jean los puso a prueba. Tomó a siete caballeros en el centro de la arena. La Gran Maestra se enfrentó a todos al mismo tiempo, movimientos fluidos, elegantes, casi automáticos, instinto desarrollado y entrenamiento pulido juntos, esquivaba, bloqueaba, aprovechaba la fuerza de ellos y sus errores para usar el mínimo de fuerza necesario. Todos terminaron derrotados en el suelo, agotados, Jean, en el centro con a penas dos gotas de sudor en su frente por el sol.

    +N-no puede ser...no puede haber tanta diferente...
    Dijeron algunos. Los caballeros expectantes fuera de la arena murmuraban, otros silbaban por ver en acción a la Maestra porque casi nunca pasaba ello.

    -¿Ven lo que les dije?...Tienen "programado" la mala rutina que estuvieron haciendo. Comiencen desde cero con los ejercicios que les puse hasta que se les haga un hábito. Los errores que comentan aquí serán su sentencia en el campo de batalla. No quiero que ninguno de mis caballeros caiga.

    Los Caballeros se miraron entre ellos entendiendo una cosa, no los estaba maltratando, no los estaba humillando, les estaba enseñando, los estaba reconociendo, no como un número en las filas, como personas.

    -No quiero poner un valor a sus vidas, pero si debo hacerlo. Ninguno de ustedes puede morir en un campo de batalla hasta matar a 200 enemigos, uno menos a ello, le diré a Babara que los sane lo antes posible y los mataré yo misma. ¿Queda claro?

    Los caballeros terminaron sonriendo y riendo por el comentario, de alguna forma se habían motivado y entre risas y aplausos hubo un grito de guerra.

    -Bien. Entonces sigan con lo que les enseñé. 10 vueltas a los muros exteriores de Mondstadt, 100 estocadas y 100 bloqueos. ¡Coman, descansen, hidrátense, vayan con Sara al Gran Cazador! ¡La cuenta corre por Kaeya!.

    Jean guardó su espada mientras hablaba y llevó sus manos a la altura de su pecho dando dos aplausos fuertes para romper filas. Los caballeros gritaron, silbaron y rieron por la cuenta de Kaeya mientras se fueron a cumplir el entrenamiento. Jean ahora si sonrió y con aquella sonrisa, sacudió su ropa y caminó por la ciudad.
    Jean se había tomado un tiempo libre fuera de su oficina, sin embargo, no salió a caminar ni a estirarse. Aprovechó para ir a la arena de entrenamiento con los Caballeros de Favonius. Miró el entrenamiento de ellos detenidamente miró errores, fallas casi de inmediato. -Deberé regañar a Kaeya. Los está consintiendo demasiado... Al escuchar a la Gran Maestra, los caballeros se tensaron, se pusieron en posición de firmes y saludaron en coro a la maestra. Ella, no sonrió, por primera vez, pudo haber respondido con aquella sonrisa amable con la que siempre saludaba, pero era preocupante lo que vio. Caminó por las escaleras bajando a la arena dejando que su paso firme resonara sobre el suelo de piedra. -Agradezco su disposición y su esfuerzo para mejorar enormemente. Sin embargo, no están siendo óptimos. ¿Dónde está Kaeya? -Dijo mientras buscaba al peli azul con la mirada-. +E-el Capitán Ka-Kaeya... dijo: "Consideren esto una prueba de iniciativa. Si necesitan que esté aquí para entrenar, entonces ya van retrasados". -..... Jean puso sus dedos en el puente de su nariz cerrando los ojos emitiendo un profundo suspiro "Me las va a pagar", pensó de inmediato, el caballero se puso nervioso y tragó seco. -No están en problemas. Pero vamos a organizar algunas cosas. Los movimientos que están usando carecen de funcionalidad, son movimientos muertos, eso al final cansa al cuerpo, para cuando necesitan responder ya hicieron seis o siente movimientos entre estocada, dejan mucho espacio, no hay una buena guardia. Después de irlos corrigiendo e indicando los movimientos que deberían hacer. Jean los puso a prueba. Tomó a siete caballeros en el centro de la arena. La Gran Maestra se enfrentó a todos al mismo tiempo, movimientos fluidos, elegantes, casi automáticos, instinto desarrollado y entrenamiento pulido juntos, esquivaba, bloqueaba, aprovechaba la fuerza de ellos y sus errores para usar el mínimo de fuerza necesario. Todos terminaron derrotados en el suelo, agotados, Jean, en el centro con a penas dos gotas de sudor en su frente por el sol. +N-no puede ser...no puede haber tanta diferente... Dijeron algunos. Los caballeros expectantes fuera de la arena murmuraban, otros silbaban por ver en acción a la Maestra porque casi nunca pasaba ello. -¿Ven lo que les dije?...Tienen "programado" la mala rutina que estuvieron haciendo. Comiencen desde cero con los ejercicios que les puse hasta que se les haga un hábito. Los errores que comentan aquí serán su sentencia en el campo de batalla. No quiero que ninguno de mis caballeros caiga. Los Caballeros se miraron entre ellos entendiendo una cosa, no los estaba maltratando, no los estaba humillando, les estaba enseñando, los estaba reconociendo, no como un número en las filas, como personas. -No quiero poner un valor a sus vidas, pero si debo hacerlo. Ninguno de ustedes puede morir en un campo de batalla hasta matar a 200 enemigos, uno menos a ello, le diré a Babara que los sane lo antes posible y los mataré yo misma. ¿Queda claro? Los caballeros terminaron sonriendo y riendo por el comentario, de alguna forma se habían motivado y entre risas y aplausos hubo un grito de guerra. -Bien. Entonces sigan con lo que les enseñé. 10 vueltas a los muros exteriores de Mondstadt, 100 estocadas y 100 bloqueos. ¡Coman, descansen, hidrátense, vayan con Sara al Gran Cazador! ¡La cuenta corre por Kaeya!. Jean guardó su espada mientras hablaba y llevó sus manos a la altura de su pecho dando dos aplausos fuertes para romper filas. Los caballeros gritaron, silbaron y rieron por la cuenta de Kaeya mientras se fueron a cumplir el entrenamiento. Jean ahora si sonrió y con aquella sonrisa, sacudió su ropa y caminó por la ciudad.
    Me gusta
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    《MY SHAYLAAAAAAAAA
    Al fin pude verlo y no daré spoilers... pero me gustó y a la vez no xD

    Sólo diré que es una pena que se quedara en una única temporada, pero a la vez es bueno que no vayan a sobre explotar algo que podría acabar mal como ya pasó con otros proyectos.
    《MY SHAYLAAAAAAAAA Al fin pude verlo y no daré spoilers... pero me gustó y a la vez no xD Sólo diré que es una pena que se quedara en una única temporada, pero a la vez es bueno que no vayan a sobre explotar algo que podría acabar mal como ya pasó con otros proyectos.
    Me gusta
    1
    3 comentarios 0 compartidos
  • Unos ciento veinte metros cuadrados abarcaba aquel espacio. Unos doce metros de ancho por diez de largo en su plano horizontal. Seis metros de altura que remataban en un techo de vigas expuestas. Un espacio absurdamente exagerado para ser de carácter personal y ridículamente amplio para una vivienda común. Estantes antiguos de piso a techo de alzaban en las paredes, repletos de miles de libros cuyos lomos gastados exhibían titulos escritos en otros idiomas, ajenos al entendimiento de cualquier lengua humana conocida. Mesones largos de madera y sillas talladas a juego se situaban en el centro de la estancia.

    Sentada sobre uno de esos mesones, en posición de loto, sus piernas cruzadas sobre la superficie, se encontraba con Milaneso en su regazo. Jamás pensó que extrañaría tanto el olor a polvo, humedad y madera vieja de esa biblioteca. (?)

    —¿Y si mejor celebramos que ya no estamos encerrados en una celda? Quiero decir... la grieta ha esperando todo este tiempo. Puede esperar un poco más, ¿no? (?)

    Kyrie Kieran Veyra Leˑron
    Unos ciento veinte metros cuadrados abarcaba aquel espacio. Unos doce metros de ancho por diez de largo en su plano horizontal. Seis metros de altura que remataban en un techo de vigas expuestas. Un espacio absurdamente exagerado para ser de carácter personal y ridículamente amplio para una vivienda común. Estantes antiguos de piso a techo de alzaban en las paredes, repletos de miles de libros cuyos lomos gastados exhibían titulos escritos en otros idiomas, ajenos al entendimiento de cualquier lengua humana conocida. Mesones largos de madera y sillas talladas a juego se situaban en el centro de la estancia. Sentada sobre uno de esos mesones, en posición de loto, sus piernas cruzadas sobre la superficie, se encontraba con Milaneso en su regazo. Jamás pensó que extrañaría tanto el olor a polvo, humedad y madera vieja de esa biblioteca. (?) —¿Y si mejor celebramos que ya no estamos encerrados en una celda? Quiero decir... la grieta ha esperando todo este tiempo. Puede esperar un poco más, ¿no? (?) [forever.broken] [forever.tainted] [vey.ra]
    Me encocora
    Me gusta
    5
    31 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    I CAN'T BELIEVE IT!! ¡CHAYANNE ESTÁ ENTRE NOSOTROS!
    I CAN'T BELIEVE IT!! ¡CHAYANNE ESTÁ ENTRE NOSOTROS!😮😮😮😮
    Me enjaja
    Me shockea
    6
    0 comentarios 0 compartidos
  • —Iomante.

    El ritual Ainu que anuncia el cierre de un ciclo y el inicio del siguiente. Cuando el verano se acerca, cuando el lienzo interminable de infértil y gélido blanco da paso a tonos más verduzcos y misericordiosos, el agradecimiento se vuelve necesario y compulsivo.

    Es que tenemos que dar las gracias. Al sol, a la nieve, al cielo y a la tierra, a los árboles y al viento. A cada Inaw, a cada Kamuy.

    Tenía varios años implorando que me dejasen participar. Creía que, si lo hacía bien, realmente bien, me aceptarían un poco más. Que podía demostrar, a través del encuentro del acero y la sangre, que era una de ellos, una de ellos en verdad. Que sería el inicio de un ciclo nuevo no solamente para el mundo, sino para mí, también.

    Pero no pude. No pude hacerlo.

    El ritual de Iomante comienza al inicio del año, cuando el invierno está en su punto más despiadado. Un osezno se extrae de la seguridad del seno maternal y se cría en la aldea casi como uno de nosotros... presente, pero diferente. Está ahí, sin ser parte.

    Como yo. Quizás por eso fallé.

    ¿Y cómo podía no fallar? Cuando el punto cumbre llegó y la daga debía de encontrarse con la garganta del animal, algo me frenó.

    ¿Qué era? ¿Compasión? ¿Lástima? ¿Cariño que se había gestado con los meses en los que vivimos juntos?

    Debía morir. El Iomante no está completo hasta que el osezno conoce el frío del acero y transfigura en un Kamuy, un ente divino que se sintoniza con el cambio a su alrededor. Es que la muerte es la única forma de trascender, es que la sangre es la única tinta que indeleble es frente al frío que todo borra, que a todo en nostalgia convierte.

    Pero no pude. No pude.

    Fallé.

    Y aún no sé por qué.

    Porque quitarle la vida a otros seres no era algo nuevo para mí. Porque el sacrificio era algo de todos los días, la necesidad que una vida de fría carencia exige. No era falta de práctica, ni miedo a arrancar otra vida de este plano.

    Lo miré a los ojos. Quería obtener de ellos una respuesta, por cruel, por fría, por devastadora que fuese. Si en esos ojos estaba el testimonio de mi debilidad, de ella no iba a huir. Que me persiguiera, que me destruyera si era necesario.

    Pero quería, más que ninguna otra cosa, saber por qué. Saber por qué no podía, saber qué me estaba deteniendo.

    Y no encontré nada. No encontré una respuesta. De cierta manera, aún hoy la sigo buscando.

    Fallé. Fallé, dejé que escapara.

    Fallé y mentí. Su sangre reemplacé con la mía, que fuesen mi dolor y mi sangre, insuficientes como fuesen, una penitencia por mi fracaso. Incompleto el Iomante de ese año, la sangre presente, pero la muerte, ausente.

    Una vida que me persigue. Una respuesta que nunca obtuve.
    —Iomante. El ritual Ainu que anuncia el cierre de un ciclo y el inicio del siguiente. Cuando el verano se acerca, cuando el lienzo interminable de infértil y gélido blanco da paso a tonos más verduzcos y misericordiosos, el agradecimiento se vuelve necesario y compulsivo. Es que tenemos que dar las gracias. Al sol, a la nieve, al cielo y a la tierra, a los árboles y al viento. A cada Inaw, a cada Kamuy. Tenía varios años implorando que me dejasen participar. Creía que, si lo hacía bien, realmente bien, me aceptarían un poco más. Que podía demostrar, a través del encuentro del acero y la sangre, que era una de ellos, una de ellos en verdad. Que sería el inicio de un ciclo nuevo no solamente para el mundo, sino para mí, también. Pero no pude. No pude hacerlo. El ritual de Iomante comienza al inicio del año, cuando el invierno está en su punto más despiadado. Un osezno se extrae de la seguridad del seno maternal y se cría en la aldea casi como uno de nosotros... presente, pero diferente. Está ahí, sin ser parte. Como yo. Quizás por eso fallé. ¿Y cómo podía no fallar? Cuando el punto cumbre llegó y la daga debía de encontrarse con la garganta del animal, algo me frenó. ¿Qué era? ¿Compasión? ¿Lástima? ¿Cariño que se había gestado con los meses en los que vivimos juntos? Debía morir. El Iomante no está completo hasta que el osezno conoce el frío del acero y transfigura en un Kamuy, un ente divino que se sintoniza con el cambio a su alrededor. Es que la muerte es la única forma de trascender, es que la sangre es la única tinta que indeleble es frente al frío que todo borra, que a todo en nostalgia convierte. Pero no pude. No pude. Fallé. Y aún no sé por qué. Porque quitarle la vida a otros seres no era algo nuevo para mí. Porque el sacrificio era algo de todos los días, la necesidad que una vida de fría carencia exige. No era falta de práctica, ni miedo a arrancar otra vida de este plano. Lo miré a los ojos. Quería obtener de ellos una respuesta, por cruel, por fría, por devastadora que fuese. Si en esos ojos estaba el testimonio de mi debilidad, de ella no iba a huir. Que me persiguiera, que me destruyera si era necesario. Pero quería, más que ninguna otra cosa, saber por qué. Saber por qué no podía, saber qué me estaba deteniendo. Y no encontré nada. No encontré una respuesta. De cierta manera, aún hoy la sigo buscando. Fallé. Fallé, dejé que escapara. Fallé y mentí. Su sangre reemplacé con la mía, que fuesen mi dolor y mi sangre, insuficientes como fuesen, una penitencia por mi fracaso. Incompleto el Iomante de ese año, la sangre presente, pero la muerte, ausente. Una vida que me persigue. Una respuesta que nunca obtuve.
    Me encocora
    Me gusta
    Me entristece
    5
    0 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados