• BATALLA DRAGON (parte 1)

    Hace mucho tiempo solíamos tener la protección de nuestros reyes, ahora que los humanos lograron acabar con la vida de ambos nos vemos obligados a huir y escondernos, todo para que no nos quiten la poca libertad que nos queda..

    Nuestros reyes tenían un poder especial que era capaz de tranquilizar a los dragones que peleaban entre si, era como una dulce melodía.. ahora que ellos no están se vuelve más dificil

    -en una zona nevada un dragón de fuego luchaba contra uno de hielo, ambos tenían heridas causadas por su intensa batalla, en ese momento, descendí atravez de las nubes en mí forma de dragón y me estrellaria contra ambos para derribarlos en el suelo y cambiar a mí forma humano/dragón-

    ¿¡Que creen que hacen!? Fue suficiente.. no debemos pelear entre nosotros.. ¿Que diría la reina?

    -no me escucharon y simplemente se levantaron pero está vez mirándome a mí, fue en ese momento que note algo extraño en ellos y así era, tenían unos extraños brazaletes en el cuello y esto me provocó una enorme ira-

    Malditos.. cuánto más debemos sufrir.. ¿¡Quien fue el que hizo esto!?

    -el dragón de hielo arrojo como primer ataque uno de sus rayos pero lo esquivaria dando una voltereta hacia el costado y al ver qué el dragón de fuego estaba por atacar correría para evitar aquel rayo de fuego que me lanzó, hacia esto mientras pensaba en una solucion-

    Los dragones son como mí familia.. no puedo lastimarlos, piensa.. ¿¡Que hago!?

    -observaria a lo lejos unas rocas y en la cima de pequeñas montañas estalactitas afiladas, esto me dio la idea correcta-

    No queda de otra tendré que luchar contra ustedes pero créanme, ¡No voy a lastimarlos ni un poquito! Jeje

    Continuará...
    BATALLA DRAGON (parte 1) Hace mucho tiempo solíamos tener la protección de nuestros reyes, ahora que los humanos lograron acabar con la vida de ambos nos vemos obligados a huir y escondernos, todo para que no nos quiten la poca libertad que nos queda.. Nuestros reyes tenían un poder especial que era capaz de tranquilizar a los dragones que peleaban entre si, era como una dulce melodía.. ahora que ellos no están se vuelve más dificil -en una zona nevada un dragón de fuego luchaba contra uno de hielo, ambos tenían heridas causadas por su intensa batalla, en ese momento, descendí atravez de las nubes en mí forma de dragón y me estrellaria contra ambos para derribarlos en el suelo y cambiar a mí forma humano/dragón- ¿¡Que creen que hacen!? Fue suficiente.. no debemos pelear entre nosotros.. ¿Que diría la reina? -no me escucharon y simplemente se levantaron pero está vez mirándome a mí, fue en ese momento que note algo extraño en ellos y así era, tenían unos extraños brazaletes en el cuello y esto me provocó una enorme ira- Malditos.. cuánto más debemos sufrir.. ¿¡Quien fue el que hizo esto!? -el dragón de hielo arrojo como primer ataque uno de sus rayos pero lo esquivaria dando una voltereta hacia el costado y al ver qué el dragón de fuego estaba por atacar correría para evitar aquel rayo de fuego que me lanzó, hacia esto mientras pensaba en una solucion- Los dragones son como mí familia.. no puedo lastimarlos, piensa.. ¿¡Que hago!? -observaria a lo lejos unas rocas y en la cima de pequeñas montañas estalactitas afiladas, esto me dio la idea correcta- No queda de otra tendré que luchar contra ustedes pero créanme, ¡No voy a lastimarlos ni un poquito! Jeje Continuará...
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    CURIOSADES DE NICOLETTA KIRIJO
    1) Trata a todo el mundo de manera inferior.
    2) Nunca deseo ser madre y no tiene instinto maternal.
    3) A llegado a manipular documentos para su convivencia.
    4) A golpeado dos veces a Mitsuru.
    5) Desde que tiene Hecate sufre de temblor en las manos.
    6) Ha llegado a tener acceso a Niki.
    7) Aunque lo odie Mitsuru es idéntica a ella físicamente.
    8) Quiere ser más rica.
    9) No se lleva con nadie de su familia.
    10) Su mayor miedo es morir sin obtener reconocimiento.
    11) Desde la muerte de su amante no ha vuelto a estar con otro hombre.
    CURIOSADES DE NICOLETTA KIRIJO 1) Trata a todo el mundo de manera inferior. 2) Nunca deseo ser madre y no tiene instinto maternal. 3) A llegado a manipular documentos para su convivencia. 4) A golpeado dos veces a Mitsuru. 5) Desde que tiene Hecate sufre de temblor en las manos. 6) Ha llegado a tener acceso a Niki. 7) Aunque lo odie Mitsuru es idéntica a ella físicamente. 8) Quiere ser más rica. 9) No se lleva con nadie de su familia. 10) Su mayor miedo es morir sin obtener reconocimiento. 11) Desde la muerte de su amante no ha vuelto a estar con otro hombre.
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  • Pasado//


    -vigila a kinger desde la distancia no le gusta verlo tanto tiempo cerca de un ordenador mucho más porque sabe de lo que es capaz de hacer cuando está en su mundo, acciones que no puede evitar al tener prohibido interactuar en el mundo real.
    Dio unos pasos hacia atrás sentándose en el aire sin quitar su vista de todo lo que ve al otro lado de la pantalla en especial al humano creador.....
    Bajo la vista mirando con interés la libreta y el lápiz que tenía entre sus manos carnosas -

    Que es eso?

    -pregunto curioso pegando el rostro a la pantalla que lo separaba del mundo "real"-
    Pasado// -vigila a kinger desde la distancia no le gusta verlo tanto tiempo cerca de un ordenador mucho más porque sabe de lo que es capaz de hacer cuando está en su mundo, acciones que no puede evitar al tener prohibido interactuar en el mundo real. Dio unos pasos hacia atrás sentándose en el aire sin quitar su vista de todo lo que ve al otro lado de la pantalla en especial al humano creador..... Bajo la vista mirando con interés la libreta y el lápiz que tenía entre sus manos carnosas - Que es eso? -pregunto curioso pegando el rostro a la pantalla que lo separaba del mundo "real"-
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  • •Las crónicas de Fenrir Queen•

    KAEL VIREON — ORIGEN

    “El niño que aprendió a romper”

    Antes de que nombres como Fenrir Queen o Yrus alteraran el equilibrio del universo, hubo una guerra. No fue una guerra cualquiera, sino una invasión que desgarró mundos enteros. El cielo se abría como si fuera frágil, la tierra se partía bajo fuerzas imposibles y civilizaciones completas desaparecían sin dejar rastro. En medio de ese caos, donde la destrucción era ley, un niño sobrevivía.

    Herido, abandonado y al borde de la muerte, Kael yacía en una cueva oculta entre montañas devastadas. Su respiración era débil, irregular, y sus heridas no eran normales; no solo estaba roto por fuera, algo en su interior ya mostraba señales de inestabilidad, como si la propia realidad rechazara su existencia.

    Fue allí donde lo encontró una niña. Fenrir, aún joven e inocente, sin comprender la magnitud de la guerra ni el papel que su propia familia jugaba en ella, solo vio a alguien que iba a morir… y decidió que no podía permitirlo. Se acercó lentamente, se arrodilló a su lado y apoyó sus manos sobre la herida. No sabía usar su poder, no lo controlaba, ni siquiera entendía lo que hacía, pero lo intentó. Su energía, pura e inestable, comenzó a fluir de forma torpe y desigual. La curación no fue inmediata ni perfecta; fue lenta, dolorosa, incompleta… pero constante.

    Pasaron días, y esos días se convirtieron en semanas. Fenrir regresaba cada jornada a la cueva, llevándole agua, comida y algo que Kael ya no tenía: compañía. Al principio él apenas reaccionaba, pero con el tiempo empezó a abrir los ojos más seguido, a observarla en silencio, a escucharla. Luego a responder. Poco a poco, sin darse cuenta, dejó de estar completamente solo.

    Una tarde, mientras la luz se colaba débilmente por la entrada de la cueva, ambos estaban sentados en silencio.

    —¿Siempre hablas tanto? —murmuró Kael, con la voz aún débil.

    Fenrir lo miró, sorprendida… y luego sonrió levemente.

    —¿Siempre eres tan serio?

    Kael desvió la mirada.

    —No.

    —Pues deberías —respondió ella, apoyando el mentón sobre sus rodillas—. Si no hablas, todo se vuelve más aburrido.

    —No creo que este lugar pueda ser más aburrido.

    Fenrir soltó una pequeña risa.

    —Entonces tendré que esforzarme más.

    Hubo un breve silencio, pero esta vez no era incómodo.

    —¿Cómo te llamas? —preguntó ella.

    Kael tardó unos segundos en responder.

    —Kael.

    —Kael… —repitió ella, como si probara el nombre—. Suena bien.

    —¿Y tú?

    —Fenrir.

    Kael frunció ligeramente el ceño.

    —Es un nombre raro.

    —El tuyo también —respondió ella sin dudar.

    Por un momento, ambos se miraron… y una ligera sonrisa apareció en el rostro de Kael.

    —Supongo que estamos igual.

    Días después, el ambiente ya no era tan tenso. Kael podía sentarse sin dificultad, y Fenrir seguía llegando cada día con la misma constancia.

    —¿Qué hay fuera? —preguntó Kael un día, mirando hacia la entrada.

    Fenrir dudó.

    —Cosas… malas.

    —¿Guerra?

    Ella bajó la mirada.

    —Creo que sí.

    Kael guardó silencio unos segundos.

    —¿Tienes miedo?

    Fenrir negó lentamente.

    —No… pero tampoco me gusta.

    —A mí tampoco.

    Ella lo miró con curiosidad.

    —Entonces, cuando todo termine… ¿qué harás?

    Kael pensó por un momento.

    —No lo sé… supongo que volver a casa.

    Fenrir sonrió suavemente.

    —Entonces asegúrate de llegar.

    Kael la observó en silencio, como si quisiera decir algo más, pero no lo hizo.

    —¿Y tú? —preguntó finalmente.

    Fenrir levantó la vista hacia el exterior.

    —Creo que… tengo que irme a algún lugar.

    —¿Volverás?

    Ella no respondió de inmediato.

    —…sí.

    Pero en su mirada había duda.

    Pasaron más días. Momentos simples, pequeñas conversaciones, silencios compartidos. Durante ese breve periodo, la guerra dejó de existir para ellos. Eran solo dos niños, construyendo un refugio en medio del fin del mundo.

    Hasta que un día, Fenrir dejó de venir.

    Kael despertó completamente recuperado, solo en la cueva que había sido su refugio. Esperó. Un día, luego otro, y otro más, pero Fenrir no regresó. Finalmente salió al exterior… y el mundo real lo golpeó sin piedad. Su hogar había desaparecido. Todo estaba destruido. El aire era denso, cargado de muerte, y los cuerpos cubrían el suelo como un recordatorio silencioso de lo ocurrido. Los pocos sobrevivientes tenían miradas vacías, rotas. Sus padres… ya no estaban.

    Fue entonces cuando, en la distancia, algo captó su atención. Una nave se elevaba lentamente, abandonando aquel mundo destruido. En ella viajaban los responsables, aquellos que habían causado la guerra, aquellos que lo habían arrebatado todo. Y entre ellos… estaba Fenrir. De pie, sin mirar atrás, marchándose junto a quienes habían provocado la masacre.

    No hubo gritos, ni lágrimas, ni desesperación visible. Solo una comprensión silenciosa, distorsionada y profunda. Sus manos temblaron levemente, y por primera vez el aire a su alrededor se quebró. Una pequeña grieta apareció, casi imperceptible, como si la realidad misma no pudiera sostener lo que estaba naciendo dentro de él. En ese instante, Kael entendió el mundo a su manera, una forma fría y definitiva que marcaría su destino para siempre.

    Ese momento no dio origen a un monstruo ni a un villano. Dio origen a algo mucho más peligroso: alguien que percibía la realidad como algo defectuoso, algo inherentemente roto. Desde ese día, Kael Vireon dejó de ver el mundo como algo estable y comenzó a entenderlo como algo que podía quebrarse, distorsionarse y corregirse. Porque en lo más profundo de su ser, una verdad quedó grabada para siempre: todo lo que existe puede romperse, incluso aquello que una vez te salvó.
    •Las crónicas de Fenrir Queen• 🔥 KAEL VIREON — ORIGEN “El niño que aprendió a romper” Antes de que nombres como Fenrir Queen o Yrus alteraran el equilibrio del universo, hubo una guerra. No fue una guerra cualquiera, sino una invasión que desgarró mundos enteros. El cielo se abría como si fuera frágil, la tierra se partía bajo fuerzas imposibles y civilizaciones completas desaparecían sin dejar rastro. En medio de ese caos, donde la destrucción era ley, un niño sobrevivía. Herido, abandonado y al borde de la muerte, Kael yacía en una cueva oculta entre montañas devastadas. Su respiración era débil, irregular, y sus heridas no eran normales; no solo estaba roto por fuera, algo en su interior ya mostraba señales de inestabilidad, como si la propia realidad rechazara su existencia. Fue allí donde lo encontró una niña. Fenrir, aún joven e inocente, sin comprender la magnitud de la guerra ni el papel que su propia familia jugaba en ella, solo vio a alguien que iba a morir… y decidió que no podía permitirlo. Se acercó lentamente, se arrodilló a su lado y apoyó sus manos sobre la herida. No sabía usar su poder, no lo controlaba, ni siquiera entendía lo que hacía, pero lo intentó. Su energía, pura e inestable, comenzó a fluir de forma torpe y desigual. La curación no fue inmediata ni perfecta; fue lenta, dolorosa, incompleta… pero constante. Pasaron días, y esos días se convirtieron en semanas. Fenrir regresaba cada jornada a la cueva, llevándole agua, comida y algo que Kael ya no tenía: compañía. Al principio él apenas reaccionaba, pero con el tiempo empezó a abrir los ojos más seguido, a observarla en silencio, a escucharla. Luego a responder. Poco a poco, sin darse cuenta, dejó de estar completamente solo. Una tarde, mientras la luz se colaba débilmente por la entrada de la cueva, ambos estaban sentados en silencio. —¿Siempre hablas tanto? —murmuró Kael, con la voz aún débil. Fenrir lo miró, sorprendida… y luego sonrió levemente. —¿Siempre eres tan serio? Kael desvió la mirada. —No. —Pues deberías —respondió ella, apoyando el mentón sobre sus rodillas—. Si no hablas, todo se vuelve más aburrido. —No creo que este lugar pueda ser más aburrido. Fenrir soltó una pequeña risa. —Entonces tendré que esforzarme más. Hubo un breve silencio, pero esta vez no era incómodo. —¿Cómo te llamas? —preguntó ella. Kael tardó unos segundos en responder. —Kael. —Kael… —repitió ella, como si probara el nombre—. Suena bien. —¿Y tú? —Fenrir. Kael frunció ligeramente el ceño. —Es un nombre raro. —El tuyo también —respondió ella sin dudar. Por un momento, ambos se miraron… y una ligera sonrisa apareció en el rostro de Kael. —Supongo que estamos igual. Días después, el ambiente ya no era tan tenso. Kael podía sentarse sin dificultad, y Fenrir seguía llegando cada día con la misma constancia. —¿Qué hay fuera? —preguntó Kael un día, mirando hacia la entrada. Fenrir dudó. —Cosas… malas. —¿Guerra? Ella bajó la mirada. —Creo que sí. Kael guardó silencio unos segundos. —¿Tienes miedo? Fenrir negó lentamente. —No… pero tampoco me gusta. —A mí tampoco. Ella lo miró con curiosidad. —Entonces, cuando todo termine… ¿qué harás? Kael pensó por un momento. —No lo sé… supongo que volver a casa. Fenrir sonrió suavemente. —Entonces asegúrate de llegar. Kael la observó en silencio, como si quisiera decir algo más, pero no lo hizo. —¿Y tú? —preguntó finalmente. Fenrir levantó la vista hacia el exterior. —Creo que… tengo que irme a algún lugar. —¿Volverás? Ella no respondió de inmediato. —…sí. Pero en su mirada había duda. Pasaron más días. Momentos simples, pequeñas conversaciones, silencios compartidos. Durante ese breve periodo, la guerra dejó de existir para ellos. Eran solo dos niños, construyendo un refugio en medio del fin del mundo. Hasta que un día, Fenrir dejó de venir. Kael despertó completamente recuperado, solo en la cueva que había sido su refugio. Esperó. Un día, luego otro, y otro más, pero Fenrir no regresó. Finalmente salió al exterior… y el mundo real lo golpeó sin piedad. Su hogar había desaparecido. Todo estaba destruido. El aire era denso, cargado de muerte, y los cuerpos cubrían el suelo como un recordatorio silencioso de lo ocurrido. Los pocos sobrevivientes tenían miradas vacías, rotas. Sus padres… ya no estaban. Fue entonces cuando, en la distancia, algo captó su atención. Una nave se elevaba lentamente, abandonando aquel mundo destruido. En ella viajaban los responsables, aquellos que habían causado la guerra, aquellos que lo habían arrebatado todo. Y entre ellos… estaba Fenrir. De pie, sin mirar atrás, marchándose junto a quienes habían provocado la masacre. No hubo gritos, ni lágrimas, ni desesperación visible. Solo una comprensión silenciosa, distorsionada y profunda. Sus manos temblaron levemente, y por primera vez el aire a su alrededor se quebró. Una pequeña grieta apareció, casi imperceptible, como si la realidad misma no pudiera sostener lo que estaba naciendo dentro de él. En ese instante, Kael entendió el mundo a su manera, una forma fría y definitiva que marcaría su destino para siempre. Ese momento no dio origen a un monstruo ni a un villano. Dio origen a algo mucho más peligroso: alguien que percibía la realidad como algo defectuoso, algo inherentemente roto. Desde ese día, Kael Vireon dejó de ver el mundo como algo estable y comenzó a entenderlo como algo que podía quebrarse, distorsionarse y corregirse. Porque en lo más profundo de su ser, una verdad quedó grabada para siempre: todo lo que existe puede romperse, incluso aquello que una vez te salvó.
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  • *Había desaparecido por unos días sin dejar rastro alguno, todo fué tan repentino que ni ella a pesar de ser una Deidad no tuvo el tiempo para procesarlo en el momento, sin embargo, cuándo despertó, se dió cuenta de que había sido raptada por algún enemigo de quienes hoy son sus amigos, había sido golpeada y estaba sentada sobre una silla, ella misma no entendió porqué, sólo supo que aquél enemigo era de Bianca, Jero y otros de su grupo, pero decidió tomársela contra ella.*

    ¿Q-Qué? ¿Qué ha.... pasado?
    *Había desaparecido por unos días sin dejar rastro alguno, todo fué tan repentino que ni ella a pesar de ser una Deidad no tuvo el tiempo para procesarlo en el momento, sin embargo, cuándo despertó, se dió cuenta de que había sido raptada por algún enemigo de quienes hoy son sus amigos, había sido golpeada y estaba sentada sobre una silla, ella misma no entendió porqué, sólo supo que aquél enemigo era de Bianca, Jero y otros de su grupo, pero decidió tomársela contra ella.* ¿Q-Qué? ¿Qué ha.... pasado?
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  • -alexander estaba siendo perseguido por un grupo de matones después de matar al líder de su banda, cuando esté noto la lluvia se dirigió a una zona donde no había gente para así taparse los ojos con una venda oscura-

    Emily: no es por interrumpir pero, ¿¡Que crees que haces!? Estamos siendo perseguidos, no es momento de jugar al ciego

    Esto no es un juego, ¿Te cuento algo? La persona ciega siempre será la más difícil de vencer.. no necesita confiar en sus ojos porque su rol es utilizar los oídos y otros sentidos de su cuerpo

    -el grupo de matones había llegado a su posición siendo un total de 8 personas-

    Emily: ¿A dónde quieres llegar con eso? Van a hacerte puré

    Si te concentras lo suficiente podrás tener la mente en blanco, ignorar los sentimientos y deseos, de ese modo, verás todo con claridad

    -uno de los matones se acercó a el y empezó a atacar, Alexander esquivo cuatro golpes sin problema y en el quinto tomo del brazo a aquel matón para tenerlo cerca y darle de lleno un golpe en el cuello que lo dejaría fuera de combate-

    Emily: no se que demonios fue eso pero me gustó, acabemos con ellos para que me los pueda comer

    -los matones restantes atacaron a Alex pero este los esquivo sin esfuerzo y cuando el momento era el indicado los atacaba con golpes letales, cuando la pelea llego a su fin Emily los devoró a todos y regresaron juntos hacia su hogar-
    -alexander estaba siendo perseguido por un grupo de matones después de matar al líder de su banda, cuando esté noto la lluvia se dirigió a una zona donde no había gente para así taparse los ojos con una venda oscura- Emily: no es por interrumpir pero, ¿¡Que crees que haces!? Estamos siendo perseguidos, no es momento de jugar al ciego Esto no es un juego, ¿Te cuento algo? La persona ciega siempre será la más difícil de vencer.. no necesita confiar en sus ojos porque su rol es utilizar los oídos y otros sentidos de su cuerpo -el grupo de matones había llegado a su posición siendo un total de 8 personas- Emily: ¿A dónde quieres llegar con eso? Van a hacerte puré Si te concentras lo suficiente podrás tener la mente en blanco, ignorar los sentimientos y deseos, de ese modo, verás todo con claridad -uno de los matones se acercó a el y empezó a atacar, Alexander esquivo cuatro golpes sin problema y en el quinto tomo del brazo a aquel matón para tenerlo cerca y darle de lleno un golpe en el cuello que lo dejaría fuera de combate- Emily: no se que demonios fue eso pero me gustó, acabemos con ellos para que me los pueda comer -los matones restantes atacaron a Alex pero este los esquivo sin esfuerzo y cuando el momento era el indicado los atacaba con golpes letales, cuando la pelea llego a su fin Emily los devoró a todos y regresaron juntos hacia su hogar-
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  • La lluvia caía con fuerza sobre los adoquines rotos de la fortaleza abandonada. El agua descendía por los muros derruidos como si la propia piedra sangrara siglos de miseria. Entre la niebla y el hedor de carne húmeda, avancé arrastrando las pesadas botas sobre el barro ennegrecido.

    El filo de mi gran hacha descansaba sobre mi hombro, aún goteando una mezcla espesa de sangre y podredumbre. El hierro viejo rechinaba con cada paso, como si el arma misma estuviera cansada de partir cuerpos huecos.

    Entonces los escuché.

    Ese maldito sonido.

    Huesos rozando piedra. Respiraciones inexistentes. Gargantas secas intentando imitar la vida.

    Los huecos comenzaron a emerger desde las
    sombras de las callejuelas; uno arrastraba una pierna
    casi desprendida, otro sostenía una espada oxidada

    que apenas podía levantar. Sus ojos vacíos me observaban con el hambre desesperada de quienes
    olvidaron hasta su propio nombre.

    Solté un gruñido dentro del yelmo.

    Uno de ellos se lanzó primero, chillando como anima herido. Alcé el hacha con ambas manos y dejé caer el filo con brutalidad. El impacto partió al hueco desde el hombro hasta el pecho, estrellándolo contrael suelo empapado.

    No hubo tiempo para respirar.

    Otro intentó abalanzarse sobre mí por el costado. Giré sobre mis pies y el mango del hacha golpeó su mandíbula con un crujido seco. Sentí los dedos huesudos rasgar mi armadura mientras retrocedía.

    Más figuras aparecieron entre la lluvia.

    Demasiados.

    El miedo quiso abrirse paso dentro de mi pecho... pero hacía mucho que aprendí a enterrarlo bajo acero y cerveza.

    Clavé el hacha en el suelo un instante y observé el círculo de monstruos acercándose lentamente.

    La tormenta rugió sobre nosotros. Entonces avancé yo primero para atacar.

    Después de aquella ordalia el último hueco cayó de rodillas frente a mí, atravesado por el filo de mi gran hacha. Permaneció inmóvil unos segundos antes de desplomarse sobre el barro junto a los demás cadáveres.

    La lluvia continuó golpeando mi armadura mientras observaba las ruinas en silencio.

    Solté un suspiro cansado dentro del yelmo y limpié el filo ensangrentado contra el suelo.

    —Sigo vivo… eso basta por esta noche.

    A lo lejos, una pequeña hoguera brillaba entre la niebla. Sin mirar atrás, comencé a caminar hacia ella mientras la tormenta devoraba lentamente el campo de batalla.
    La lluvia caía con fuerza sobre los adoquines rotos de la fortaleza abandonada. El agua descendía por los muros derruidos como si la propia piedra sangrara siglos de miseria. Entre la niebla y el hedor de carne húmeda, avancé arrastrando las pesadas botas sobre el barro ennegrecido. El filo de mi gran hacha descansaba sobre mi hombro, aún goteando una mezcla espesa de sangre y podredumbre. El hierro viejo rechinaba con cada paso, como si el arma misma estuviera cansada de partir cuerpos huecos. Entonces los escuché. Ese maldito sonido. Huesos rozando piedra. Respiraciones inexistentes. Gargantas secas intentando imitar la vida. Los huecos comenzaron a emerger desde las sombras de las callejuelas; uno arrastraba una pierna casi desprendida, otro sostenía una espada oxidada que apenas podía levantar. Sus ojos vacíos me observaban con el hambre desesperada de quienes olvidaron hasta su propio nombre. Solté un gruñido dentro del yelmo. Uno de ellos se lanzó primero, chillando como anima herido. Alcé el hacha con ambas manos y dejé caer el filo con brutalidad. El impacto partió al hueco desde el hombro hasta el pecho, estrellándolo contrael suelo empapado. No hubo tiempo para respirar. Otro intentó abalanzarse sobre mí por el costado. Giré sobre mis pies y el mango del hacha golpeó su mandíbula con un crujido seco. Sentí los dedos huesudos rasgar mi armadura mientras retrocedía. Más figuras aparecieron entre la lluvia. Demasiados. El miedo quiso abrirse paso dentro de mi pecho... pero hacía mucho que aprendí a enterrarlo bajo acero y cerveza. Clavé el hacha en el suelo un instante y observé el círculo de monstruos acercándose lentamente. La tormenta rugió sobre nosotros. Entonces avancé yo primero para atacar. Después de aquella ordalia el último hueco cayó de rodillas frente a mí, atravesado por el filo de mi gran hacha. Permaneció inmóvil unos segundos antes de desplomarse sobre el barro junto a los demás cadáveres. La lluvia continuó golpeando mi armadura mientras observaba las ruinas en silencio. Solté un suspiro cansado dentro del yelmo y limpié el filo ensangrentado contra el suelo. —Sigo vivo… eso basta por esta noche. A lo lejos, una pequeña hoguera brillaba entre la niebla. Sin mirar atrás, comencé a caminar hacia ella mientras la tormenta devoraba lentamente el campo de batalla.
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  • — ¿Qué soléis hacer vosotros cuando no podéis dormir? Yo suelo tomar mi guitarra, tumbarme, tocar y cantar hasta que me entra el sueño.
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  • ¿Hmm? ¿Otro encargo? Bueno está bien no tengo problema con eso.
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