• Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Tenlo en cuenta al responder.
    [[ No participo tanto en esto sin embargo considero despreciable usar un medio que debería darnos diversión y creatividad con otros fines.

    Espero que la administración haga algo al respecto con el creciente número de cuentas que acosan o hacen del rol un método nocivo que nos impide disfrutar, considero de que debe existir una sanción más allá del bloquear (que no sirve porque crean nuevas cuentas) ]]
    [[ No participo tanto en esto sin embargo considero despreciable usar un medio que debería darnos diversión y creatividad con otros fines. Espero que la administración haga algo al respecto con el creciente número de cuentas que acosan o hacen del rol un método nocivo que nos impide disfrutar, considero de que debe existir una sanción más allá del bloquear (que no sirve porque crean nuevas cuentas) ]]
    ¡IMPORTANTE! ¡QUIEN SEA O NO SEA MI AMIGO! QUIERO QUE LEAN ESTO!!!

    //Muy bien… Todo lo que voy a decir en esta publicación será completamente fuera de rol.

    Voy a explicar una situación bastante larga para dejar en evidencia a ciertas personas —dos, para ser exacta. A una de ellas aún la respeto, porque no me atacó directamente a mí, sino al personaje que muchos conocen como “Kaida Ichiryūsai, la dragón de sangre”. Y eso lo respeto, porque Kaida es solo un personaje.

    Pero hay otros dos “pjs” —si es que se les puede llamar así— que han estado atacando constantemente a la user detrás de Kaida. Sí, tengo pruebas, y las mostraré más adelante. Primero quiero contar todo con claridad, sin mentiras ni exageraciones.

    Cuando llegué a la app de fic, fui aprendiendo poco a poco cómo funcionaba todo. Empecé a conocer personajes y a rolear con ellos. En ese proceso, Kaida comenzó a interactuar con un personaje de hombre lobo (no diré su nombre, porque terminamos en buenos términos fuera de rol y no tiene nada que ver con esto). Con el tiempo, Kaida se fue enamorando, hasta que se confesó. Sin embargo, ese personaje estaba con varios pjs al mismo tiempo, y como eso no era lo que yo quería para mi personaje, decidí terminar la relación ahí.

    Todo quedó bien… hasta que apareció otro pj. Yo realmente pensaba que estábamos roleando (énfasis en eso). Kaida mostró interés por él, pero desde mi punto de vista, ese personaje no estaba realmente enamorado. Revisando su perfil, vi que llevaba tiempo buscando a alguien porque se sentía solo, lo que me hizo dudar más.

    Kaida, siendo insegura, le preguntó si realmente la amaba. Su respuesta fue algo como: “Creo que ya sé por dónde va esto”, insinuando que Kaida quería volver con el hombre lobo. Eso dejó claro que no confiaba en ella. Intenté explicarlo, pero no me creyó. Así que decidí terminar la relación.

    Aquí admito un error mío: le escribí por privado y luego borré el chat, olvidando que en esta app desaparece para ambos. Después, dejé un mensaje en una publicación suya dando por terminada la relación, pensando que todo quedaría ahí… pero no fue así.

    Luego apareció una familiar de ese pj a discutir en una publicación. Después, en otra publicación mía, expresé que el personaje del hombre lobo había sido un idiota (sin insultar al user), explicando cómo eso había afectado a Kaida emocionalmente.

    Este pj volvió a intervenir, creyendo que hablaba de él, y empezó a molestar. Intenté aclararlo, pero nuevamente no me creyó. Ya agotada por la situación, decidí borrar mi cuenta junto con el personaje de Kaida.

    Yo vine a esta app a rolear y divertirme, no a ser acosada fuera de rol. Porque sí: estas personas comenzaron a atacarme a mí como user, no al personaje.

    Más adelante volví con otro pj (Yuki), intentando evitar el acoso. Pero la situación continuó. Incluso llegaron a pensar que yo usaba cuentas falsas para interactuar con el personaje del hombre lobo, lo cual es completamente falso.

    Intenté reportar la situación, pero no aún no puedo hablar con nadie, ustedes diran “bloquéalos y ya”, no es tan simple: esto no solo me afecta a mí, también afecta a otras personas que solo quieren rolear tranquilamente.

    Por eso hago esta publicación.

    Las personas involucradas son:

    Seiko Nura Nanao

    Kairi Nura

    Ambos me han llamado “patética” y por supuestamente cambiarme a un pj que no tiene nada que ver conmigo.

    Los etiqueto para que sepan con quién están tratando. Porque si algo no sale como ellos quieren en "rol", lo llevan a lo personal.

    Y si intenten reportar esto, no hay problema. Tengo este msj guardado y si me lo borran lo vuelvo a publicar sin problemas.

    Tanto que predicabas "amar" a Kaida y te andas ligando a alguien más... Tan obsesionado con Kaida y no se que... Acosando a una pobre chica que nada que ver.

    Ahora sí, para quienes pensaban que yo era la mala…
    ¿lo siguen pensando?

    Pido mil disculpas a los involucrados que no tenían nada que ver con todo esto...

    Ahora para que lo sepas seiko... ¡Kaida ya está con alguien!

    ¡JODANSE!

    ¿Felices? Que bueno.

    Al final¿Quien quedó de patético?
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  • *Se puso a pensar en varias cosas, de cómo su vida ha cambiado de un momento a otro, pasando de un extremo a otro, y se autocuestiona "¿Merezco lo que tengo? ¿O tengo lo que merezco?" Aún así, sonríe porque todo lo bueno que le tocó vivir, lo disfrutó*
    *Se puso a pensar en varias cosas, de cómo su vida ha cambiado de un momento a otro, pasando de un extremo a otro, y se autocuestiona "¿Merezco lo que tengo? ¿O tengo lo que merezco?" Aún así, sonríe porque todo lo bueno que le tocó vivir, lo disfrutó*
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  • Números, problemas uno tras otro cada día la mafia empeora más la avaricia y la gula serán la perdición.
    Números, problemas uno tras otro cada día la mafia empeora más la avaricia y la gula serán la perdición.
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  • Murmurator
    Fandom Crossover - Castlevania
    Categoría Original
    (Quest: Persecución)

    El número de muertos seguía creciendo, la altiplanicie se volvía una tumba repleta de números que ningún testigo reclamo.

    La noticia se esparció como pólvora férrea, los cazadores temían el despertar del Conde susurrándoles en la nuca, temían por su vida que no se atrevían a ir contra esa voluntad mientras no fuesen sus cuellos los que peligraran.

    Pero los magistrados veían esto con otros ojos: sus cuellos colgando.

    Anunciaron en el tablero una nueva misión de ejecución para encontrar al victimario que ha estado decapitando cuerpos sin ningún tipo de piedad. Llegaron a Claude, impasible y desinteresado, solemne como agua clara en medio de la lluvia.

    Su mirada siempre clavada en el revolver. Llegar a él y convencerlo de trabajar fuera de horas era una tortura, siempre hacia todo acorde a un horario. Pero esta vez la paga era algo que le interesaba mucho, música clásica.

    Era un privilegio para sus oídos capturar las notas en un silencio sepulcral, donde nada ni nadie perturba la belleza sinfónica. El trato de cerro y Claude partió al último poblado atacado.

    No hablaba si no era necesario.
    Planeaba con cuidado cada movimiento, pulía sus habilidades en medio de la batalla, las llevaba a una perfección enfermiza.

    El carruaje que lo trasladaba se detuvo de golpe.
    - No puedo llevarlo más allá de este punto, los caballos no... se mueven...- Hablo en conductor recorriendo la cortina, encontrándose con un par de monedas pero sin la imagen del hombre.

    Entendía muy bien el lenguaje del miedo y que nadie sacrificaría su vida por desconocidos, fuera cual fuera la excusa lo aproximo tanto como pudo al objetivo.

    Ya establecido un paso firme, el viento helado taciturno golpeo su rostro meciendo su cabello, su mirada impasible vislumbro el pueblo arruinado, el aura que dejaba una masacre era una marca imborrable para un ejecutor que de cerca conocía estos factores.

    Se adentro, extrañado por una luz en una de las casas. Algo estaba fuera de lugar. ¿Sobrevivientes acaso? ¿Ladrones?. Lo averiguaría a punta de disparos.

    // Rol privado.
    (Quest: Persecución) El número de muertos seguía creciendo, la altiplanicie se volvía una tumba repleta de números que ningún testigo reclamo. La noticia se esparció como pólvora férrea, los cazadores temían el despertar del Conde susurrándoles en la nuca, temían por su vida que no se atrevían a ir contra esa voluntad mientras no fuesen sus cuellos los que peligraran. Pero los magistrados veían esto con otros ojos: sus cuellos colgando. Anunciaron en el tablero una nueva misión de ejecución para encontrar al victimario que ha estado decapitando cuerpos sin ningún tipo de piedad. Llegaron a Claude, impasible y desinteresado, solemne como agua clara en medio de la lluvia. Su mirada siempre clavada en el revolver. Llegar a él y convencerlo de trabajar fuera de horas era una tortura, siempre hacia todo acorde a un horario. Pero esta vez la paga era algo que le interesaba mucho, música clásica. Era un privilegio para sus oídos capturar las notas en un silencio sepulcral, donde nada ni nadie perturba la belleza sinfónica. El trato de cerro y Claude partió al último poblado atacado. No hablaba si no era necesario. Planeaba con cuidado cada movimiento, pulía sus habilidades en medio de la batalla, las llevaba a una perfección enfermiza. El carruaje que lo trasladaba se detuvo de golpe. - No puedo llevarlo más allá de este punto, los caballos no... se mueven...- Hablo en conductor recorriendo la cortina, encontrándose con un par de monedas pero sin la imagen del hombre. Entendía muy bien el lenguaje del miedo y que nadie sacrificaría su vida por desconocidos, fuera cual fuera la excusa lo aproximo tanto como pudo al objetivo. Ya establecido un paso firme, el viento helado taciturno golpeo su rostro meciendo su cabello, su mirada impasible vislumbro el pueblo arruinado, el aura que dejaba una masacre era una marca imborrable para un ejecutor que de cerca conocía estos factores. Se adentro, extrañado por una luz en una de las casas. Algo estaba fuera de lugar. ¿Sobrevivientes acaso? ¿Ladrones?. Lo averiguaría a punta de disparos. // Rol privado.
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  • Jason Jaegerjaquez Ishtar Loki Queen Ishtar

    https://ficrol.com/posts/366304 La boda.


    La primera vez que vi a mi hermanita… mi Lokita… se llamaba Ukyo.

    Y yo no estaba completa.
    Fue cuando Veythra dejó de ser mi katana… aunque en realidad nunca lo fue. Siempre fuimos dos almas.

    En aquel entonces, Veythra se separó de mi cuerpo y yo solo soñaba desde el lienzo del Caos.
    Soñaba la tragedia que ella iba a sufrir.
    Pero cuando su único objetivo era encontrar un cuerpo estable para su corazón… Ukyo la llamó, sin necesidad de palabras.

    Apareció simplemente… como un espectador cansado en busca de respuestas.
    Y fue ahí cuando comprendí que la familia vive en ti… incluso antes de nacer.

    La historia es muy larga, pero en ese mismo instante, en otro espacio-tiempo… Loki nació.
    En todas sus versiones.
    En todos sus nombres.

    Y desde entonces… desde siempre… te amo, Loki.

    —Miro a mi hermanita emocionada. Luego miro a Jason y sonrío con malicia, recordando todos los líos en los que me he metido con mi mejor amigo.—

    Jason…
    Estoy completamente segura de que en todas las dimensiones, en todos los rincones de cualquier multiverso y en cualquiera de sus formas… tú siempre eres quien se completa mutuamente con Loki.

    Nada me honra más que unir estas dos almas en una sola promesa.

    Jason también estuvo presente tiempo atrás… hasta formar parte de mi propio corazón, como todos los aquí presentes.

    Así que hoy… con estas memorias y estos recuerdos…

    Por el poder que me confiere mi linaje,
    por el sello de sangre que compartimos,
    y por el rito eterno de las almas…

    Invoco a los ancestros que ya no caminan en carne junto a nosotros,
    para que acojan esta unión con orgullo,
    para que la custodien desde el mundo de los espíritus,
    y para que bendigan vuestro camino con un espíritu guardián que proteja vuestro hogar, vuestro fruto… y todo lo que nazca de vuestro amor.

    Y ahora… ante todos los presentes, los vivos y los que observan desde más allá…

    Yo sello esta unión.

    Que vuestras almas caminen juntas,
    que vuestro vínculo sea eterno,
    y que desde hoy… Loki y Jason… sean reconocidos como una sola llama en dos cuerpos.
    [Jason07] [loki_q1] https://ficrol.com/posts/366304 La boda. La primera vez que vi a mi hermanita… mi Lokita… se llamaba Ukyo. Y yo no estaba completa. Fue cuando Veythra dejó de ser mi katana… aunque en realidad nunca lo fue. Siempre fuimos dos almas. En aquel entonces, Veythra se separó de mi cuerpo y yo solo soñaba desde el lienzo del Caos. Soñaba la tragedia que ella iba a sufrir. Pero cuando su único objetivo era encontrar un cuerpo estable para su corazón… Ukyo la llamó, sin necesidad de palabras. Apareció simplemente… como un espectador cansado en busca de respuestas. Y fue ahí cuando comprendí que la familia vive en ti… incluso antes de nacer. La historia es muy larga, pero en ese mismo instante, en otro espacio-tiempo… Loki nació. En todas sus versiones. En todos sus nombres. Y desde entonces… desde siempre… te amo, Loki. —Miro a mi hermanita emocionada. Luego miro a Jason y sonrío con malicia, recordando todos los líos en los que me he metido con mi mejor amigo.— Jason… Estoy completamente segura de que en todas las dimensiones, en todos los rincones de cualquier multiverso y en cualquiera de sus formas… tú siempre eres quien se completa mutuamente con Loki. Nada me honra más que unir estas dos almas en una sola promesa. Jason también estuvo presente tiempo atrás… hasta formar parte de mi propio corazón, como todos los aquí presentes. Así que hoy… con estas memorias y estos recuerdos… Por el poder que me confiere mi linaje, por el sello de sangre que compartimos, y por el rito eterno de las almas… Invoco a los ancestros que ya no caminan en carne junto a nosotros, para que acojan esta unión con orgullo, para que la custodien desde el mundo de los espíritus, y para que bendigan vuestro camino con un espíritu guardián que proteja vuestro hogar, vuestro fruto… y todo lo que nazca de vuestro amor. Y ahora… ante todos los presentes, los vivos y los que observan desde más allá… Yo sello esta unión. Que vuestras almas caminen juntas, que vuestro vínculo sea eterno, y que desde hoy… Loki y Jason… sean reconocidos como una sola llama en dos cuerpos.
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  • El viaje se hace pesado. Los sollozos de Hilda van silenciándose hasta que cae rendida en el regazo de su madre, quien acaricia y peina su cabello con lentitud. La madre mira de vez en cuando al hombre. Sigue encogiéndose como la primera vez.

    Cubre mejor a Hilda con la manta. Luego se sube ella el cuello de su abrigo. Se estremece. No sabe si por el frío.

    Al final se dirige a él.

    —Gracias.

    Él no se mueve. Mantiene la postura recta, la mirada al frente y la respiración calmada. Pero el cuero de las riendas cruje. Su espalda se tensa un poco más.

    El silencio entre ellos se hace pesado, roto por el sonido de las ruedas y los chirridos de los ejes al girar. La madre mira el fardo que antes era un buen hombre. Se queda un rato dejándose mecer por el traqueteo del carro. Respira hondo y exhala un suspiro tan leve, que apenas se escucha.

    —Si no hubieses estado, ellos...

    —Pero estaba.

    Ella se gira a mirarle. Ve la espalda ancha. La melena oscura desordenada y revuelta. Los brazos anchos envueltos en tela y metal. Luego gira su cara hacia su hija. Los rasgos relajados aún muestran las mejillas rojas y los ojos hinchados. Le acaricia con suavidad la mejilla con la yema de los dedos.

    El resto del trayecto se vuelve algo menos denso. Aunque oscurece. El olor a humo le llega antes que su luz, y le indica a Hakon que están llegando. En una desviación del camino de tierra, se levanta un pequeño poblado con varias casas pequeñas, y una de mayor tamaño tras todas ellas. Está demasiado oscuro, pero se pueden apreciar campos detrás y un pequeño pozo.

    Al llegar a la entrada, alguien reconoce el carro antes que a sus ocupantes y da la voz. Cuando entran en el poblado, un hombre mayor llama a la madre por su nombre: Gudrun. Varias mujeres se acercan. Despiertan a Hilda, que se abraza a su madre y luego, cuando baja, a una mujer más mayor que susurra palabras de consuelo.

    Hakon baja el último. Nadie se acerca. Se queda quieto a un lado del carro mientras todo sucede.

    Llegan los hombres y cargan el cuerpo. Lo llevan a una de las casas. Toda la comitiva detrás encabezada por Gudrun y Hilda. Esta gira su cabeza hacia Hakon. Se miran y ella lo hace hasta que desaparece dentro del edificio junto a los demás.

    La noche se ha vuelto más fría. El silencio se siente pesado. Él sigue junto al carro.
    No sabe cuánto tiempo pasa. Podría irse, pero se queda. Sus ojos vuelven al camino fuera del poblado y se quedan allí un segundo. Dos. Al tercer segundo, un ruido hace que voltee la cabeza. Aparece la mujer mayor que sostuvo a Hilda. Le ofrece una copa de peltre.

    —Gudrun nos lo ha explicado. Gracias por traer a mi hijo a casa.

    Hakon respira hondo. Baja la mirada a la copa y la toma. Los dedos la aprietan con más fuerza de la necesaria.

    —También me dijo que eras un hombre de pocas palabras —da un paso atrás—. Bebe. Te ayudará a entrar en calor.

    Él asiente una sola vez antes de llevarse la bebida a los labios. Bebe. Traga. El hidromiel le abrasa la garganta al bajar. Sostiene después la copa con ambas manos, mirando de vuelta a la mujer.

    Ella sostiene su mirada.

    —Te traeré algo de comer. Y una manta.

    El amanecer trae humedad y frío.

    La ceremonia se realiza con las primeras luces. Hakon escucha entonces el nombre del padre de Hilda varias veces: Leifur. Lo sacan los hombres del pueblo, sobre un lecho de maderas anudadas y tablones. Lo han vestido con sus mejores galas y lleva en su regazo un hacha.

    Le han preparado una pira y lo colocan sobre ella. Hakon no se acerca demasiado. Lo ve todo pero no participa. Gudrun deja su trenza sobre el pecho de Leifur. Lleva un tocado que cubre lo que queda de su melena. Hilda no suelta su mano.

    Alguien toca un instrumento de viento. Alguien canta. Otros se unen. La madre de Leifur habla de su hijo. Era un buen hombre. Hilda llora. Luego prenden fuego a la pira.

    Hakon observa el fuego y como consume la madera. El cuerpo de Leifur desaparece rápido entre las llamas. Ese olor de nuevo. Se obligan a mirar pero termina desviando la mirada a otro lugar. No puede dejar de respirar ese olor.

    Ve entonces los ojos de Hilda. La niña le mira. Está más pálida y tiene ojeras. Su madre también las tiene.

    Siente la sequedad en la boca. Aprieta los labios. También secos. Hace un ademán de cabeza. La niña lo imita. Ella sonríe. Distinto.

    Él no se va hasta que la niña y la mujer se van. Por entonces la pira se reduce a un montón de cenizas. La mitad ya se ha ido. La vida sigue. Él también.

    La anciana le intercepta en la salida del pueblo. No la va visto venir. No la ha olido. Solo huele el humo.

    —Imagino que te vas.

    Hakon solo asiente. Las manos se enredan la una en la otra sobre su regazo.

    —No tienes que hacerlo. Puedes pasar el invierno con nosotros. Gudrun ahora tiene sitio para alguien en su casa y te lo debe—dice bajando la mirada a las manos de Hakon—. El invierno es cruel aquí.

    Hakon se queda quieto. Es una estatua de piedra.

    —Sé que eres peligroso, pero has protegido a Hilda antes. Hazlo por ella. He enterrado hoy a mi hijo y no quiero enterrar a mi nieta. Ese no debe ser el orden de las cosas.

    —Estaba allí. Tenía que defenderme.

    —No es lo que Gudrun dice.

    La mandíbula de Hakon se tensa. Ella lo ve.

    —Estaba asustada —replica él.

    —Cualquiera lo estaría. Pero tú no —baja el tono y coloca su mano en el antebrazo de él—. Debes haber visto y hecho muchas cosas. Pero dime, ¿tienes lugar al que regresar? Una familia, un pueblo, un hogar.

    Hakon se queda quieto. Desaparece la tensión. Hay algo peor. Hay nada.

    —No —responde. La voz más grave. Más ronca—. Y no lo quiero.

    Él entonces se aparta un paso hacia atrás. La anciana recoge su mano y levanta la mirada a la de él.

    —Quédate un solo día. Ve con Hilda, ella te mira. Lo he visto. Ve algo en ti que nadie más ve y creo saber el qué.

    Los párpados caen. La mirada se vuelve de acero.

    —No pertenezco a este lugar.

    —A ninguno, me temo. Pero aquí hay comida, cama y techo.

    No le aparta la mirada.

    Hay un desajuste en la él. Sus ojos van a la casa donde ha visto entrar a la mujer y la niña.

    La anciana entorna la mirada.

    —Sólo un día.
    El viaje se hace pesado. Los sollozos de Hilda van silenciándose hasta que cae rendida en el regazo de su madre, quien acaricia y peina su cabello con lentitud. La madre mira de vez en cuando al hombre. Sigue encogiéndose como la primera vez. Cubre mejor a Hilda con la manta. Luego se sube ella el cuello de su abrigo. Se estremece. No sabe si por el frío. Al final se dirige a él. —Gracias. Él no se mueve. Mantiene la postura recta, la mirada al frente y la respiración calmada. Pero el cuero de las riendas cruje. Su espalda se tensa un poco más. El silencio entre ellos se hace pesado, roto por el sonido de las ruedas y los chirridos de los ejes al girar. La madre mira el fardo que antes era un buen hombre. Se queda un rato dejándose mecer por el traqueteo del carro. Respira hondo y exhala un suspiro tan leve, que apenas se escucha. —Si no hubieses estado, ellos... —Pero estaba. Ella se gira a mirarle. Ve la espalda ancha. La melena oscura desordenada y revuelta. Los brazos anchos envueltos en tela y metal. Luego gira su cara hacia su hija. Los rasgos relajados aún muestran las mejillas rojas y los ojos hinchados. Le acaricia con suavidad la mejilla con la yema de los dedos. El resto del trayecto se vuelve algo menos denso. Aunque oscurece. El olor a humo le llega antes que su luz, y le indica a Hakon que están llegando. En una desviación del camino de tierra, se levanta un pequeño poblado con varias casas pequeñas, y una de mayor tamaño tras todas ellas. Está demasiado oscuro, pero se pueden apreciar campos detrás y un pequeño pozo. Al llegar a la entrada, alguien reconoce el carro antes que a sus ocupantes y da la voz. Cuando entran en el poblado, un hombre mayor llama a la madre por su nombre: Gudrun. Varias mujeres se acercan. Despiertan a Hilda, que se abraza a su madre y luego, cuando baja, a una mujer más mayor que susurra palabras de consuelo. Hakon baja el último. Nadie se acerca. Se queda quieto a un lado del carro mientras todo sucede. Llegan los hombres y cargan el cuerpo. Lo llevan a una de las casas. Toda la comitiva detrás encabezada por Gudrun y Hilda. Esta gira su cabeza hacia Hakon. Se miran y ella lo hace hasta que desaparece dentro del edificio junto a los demás. La noche se ha vuelto más fría. El silencio se siente pesado. Él sigue junto al carro. No sabe cuánto tiempo pasa. Podría irse, pero se queda. Sus ojos vuelven al camino fuera del poblado y se quedan allí un segundo. Dos. Al tercer segundo, un ruido hace que voltee la cabeza. Aparece la mujer mayor que sostuvo a Hilda. Le ofrece una copa de peltre. —Gudrun nos lo ha explicado. Gracias por traer a mi hijo a casa. Hakon respira hondo. Baja la mirada a la copa y la toma. Los dedos la aprietan con más fuerza de la necesaria. —También me dijo que eras un hombre de pocas palabras —da un paso atrás—. Bebe. Te ayudará a entrar en calor. Él asiente una sola vez antes de llevarse la bebida a los labios. Bebe. Traga. El hidromiel le abrasa la garganta al bajar. Sostiene después la copa con ambas manos, mirando de vuelta a la mujer. Ella sostiene su mirada. —Te traeré algo de comer. Y una manta. El amanecer trae humedad y frío. La ceremonia se realiza con las primeras luces. Hakon escucha entonces el nombre del padre de Hilda varias veces: Leifur. Lo sacan los hombres del pueblo, sobre un lecho de maderas anudadas y tablones. Lo han vestido con sus mejores galas y lleva en su regazo un hacha. Le han preparado una pira y lo colocan sobre ella. Hakon no se acerca demasiado. Lo ve todo pero no participa. Gudrun deja su trenza sobre el pecho de Leifur. Lleva un tocado que cubre lo que queda de su melena. Hilda no suelta su mano. Alguien toca un instrumento de viento. Alguien canta. Otros se unen. La madre de Leifur habla de su hijo. Era un buen hombre. Hilda llora. Luego prenden fuego a la pira. Hakon observa el fuego y como consume la madera. El cuerpo de Leifur desaparece rápido entre las llamas. Ese olor de nuevo. Se obligan a mirar pero termina desviando la mirada a otro lugar. No puede dejar de respirar ese olor. Ve entonces los ojos de Hilda. La niña le mira. Está más pálida y tiene ojeras. Su madre también las tiene. Siente la sequedad en la boca. Aprieta los labios. También secos. Hace un ademán de cabeza. La niña lo imita. Ella sonríe. Distinto. Él no se va hasta que la niña y la mujer se van. Por entonces la pira se reduce a un montón de cenizas. La mitad ya se ha ido. La vida sigue. Él también. La anciana le intercepta en la salida del pueblo. No la va visto venir. No la ha olido. Solo huele el humo. —Imagino que te vas. Hakon solo asiente. Las manos se enredan la una en la otra sobre su regazo. —No tienes que hacerlo. Puedes pasar el invierno con nosotros. Gudrun ahora tiene sitio para alguien en su casa y te lo debe—dice bajando la mirada a las manos de Hakon—. El invierno es cruel aquí. Hakon se queda quieto. Es una estatua de piedra. —Sé que eres peligroso, pero has protegido a Hilda antes. Hazlo por ella. He enterrado hoy a mi hijo y no quiero enterrar a mi nieta. Ese no debe ser el orden de las cosas. —Estaba allí. Tenía que defenderme. —No es lo que Gudrun dice. La mandíbula de Hakon se tensa. Ella lo ve. —Estaba asustada —replica él. —Cualquiera lo estaría. Pero tú no —baja el tono y coloca su mano en el antebrazo de él—. Debes haber visto y hecho muchas cosas. Pero dime, ¿tienes lugar al que regresar? Una familia, un pueblo, un hogar. Hakon se queda quieto. Desaparece la tensión. Hay algo peor. Hay nada. —No —responde. La voz más grave. Más ronca—. Y no lo quiero. Él entonces se aparta un paso hacia atrás. La anciana recoge su mano y levanta la mirada a la de él. —Quédate un solo día. Ve con Hilda, ella te mira. Lo he visto. Ve algo en ti que nadie más ve y creo saber el qué. Los párpados caen. La mirada se vuelve de acero. —No pertenezco a este lugar. —A ninguno, me temo. Pero aquí hay comida, cama y techo. No le aparta la mirada. Hay un desajuste en la él. Sus ojos van a la casa donde ha visto entrar a la mujer y la niña. La anciana entorna la mirada. —Sólo un día.
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    El mármol del Olimpo siempre estaba frío, una perfección gélida que reflejaba la eternidad de los dioses. La diosa, de cabellos rosados como el primer amanecer, suspiró, jugueteando distraídamente con el borde dorado de su túnica. Desde su trono de marfil, la vista era impecable: cielos interminables, luz perpetua y el distante resplandor de los templos de sus hermanos.
    Todo era perfecto. Y todo era insoportablemente aburrido.
    Se recostó en la silla, apoyando la barbilla en la mano, con la mirada perdida más allá de las nubes. "¿Es esto la divinidad?", pensó. "¿Observar? ¿Juzgar? ¿Recibir oraciones de seres que vibran de vida, mientras nosotros permanecemos estáticos?" Suspiró de nuevo, su aliento apenas perturbando el aire divinamente perfumado.
    Un movimiento captó su atención. A través de la bruma, el mundo humano se extendía como un tapiz de colores y texturas. Vio las luces de las ciudades cobrando vida, las siluetas de personas moviéndose con un propósito que ella nunca había entendido realmente. Escuchó fragmentos de risas, discusiones ardientes, música imperfecta interpretada con pasión.
    Una punzada de algo nuevo la atravesó. No era celos, ni tampoco simple curiosidad. Era un anhelo, un deseo de *sentir*.
    Se levantó de su trono, el movimiento rompiendo el silencio eterno de su cámara. Sus pies, siempre descalzos, tocaron el suelo helado. Se acercó al borde, donde las nubes se partían para revelar la Tierra. El viento soplaba allí abajo, diferente al aire inmóvil del Olimpo; era un viento que llevaba historias, olores a lluvia y a tierra mojada, a pan recién horneado y a mar salado.
    "Viven tan poco tiempo", murmuró, "y sin embargo, parecen vivir mucho más que nosotros".
    Tomó una decisión. No sería una visita fugaz para entrometerse en un amor mortal o para desatar una tempestad. No. Bajaría como una igual. Sin poderes, sin coronas, sin la red de seguridad de la inmortalidad.
    Se quitó la diadema de hojas de laurel, dejándola caer sobre el mármol con un suave *clink*. Su túnica divina se transformó en un vestido de lino sencillo, como los que usaban las mujeres humanas. Se alisó el cabello rosado, sintiéndolo diferente, más *real*.
    "Solo un momento", se dijo a sí misma, con una sonrisa que no había tenido en milenios. "Una vida mortal. Una sola. Para saber lo que es el hambre, el frío, el cansancio... y quizás, si soy afortunada, un poco de ese amor imperfecto y desesperado que los hace tan fascinantes".
    Con un último vistazo a su trono vacío, se dejó caer. No hubo caída dramática, solo una transición suave, como deslizarse en un sueño.
    Cuando abrió los ojos, sus pies estaban en tierra firme. El aire olía a pino y a polvo. La gente pasaba a su alrededor, demasiado ocupada con sus propias vidas para notar a la extraña con cabello de amanecer. El mármol del Olimpo quedó atrás, reemplazado por la promesa de la fragilidad mortal. Y por primera vez en toda la eternidad, se sintió verdaderamente viva.
    El mármol del Olimpo siempre estaba frío, una perfección gélida que reflejaba la eternidad de los dioses. La diosa, de cabellos rosados como el primer amanecer, suspiró, jugueteando distraídamente con el borde dorado de su túnica. Desde su trono de marfil, la vista era impecable: cielos interminables, luz perpetua y el distante resplandor de los templos de sus hermanos. Todo era perfecto. Y todo era insoportablemente aburrido. Se recostó en la silla, apoyando la barbilla en la mano, con la mirada perdida más allá de las nubes. "¿Es esto la divinidad?", pensó. "¿Observar? ¿Juzgar? ¿Recibir oraciones de seres que vibran de vida, mientras nosotros permanecemos estáticos?" Suspiró de nuevo, su aliento apenas perturbando el aire divinamente perfumado. Un movimiento captó su atención. A través de la bruma, el mundo humano se extendía como un tapiz de colores y texturas. Vio las luces de las ciudades cobrando vida, las siluetas de personas moviéndose con un propósito que ella nunca había entendido realmente. Escuchó fragmentos de risas, discusiones ardientes, música imperfecta interpretada con pasión. Una punzada de algo nuevo la atravesó. No era celos, ni tampoco simple curiosidad. Era un anhelo, un deseo de *sentir*. Se levantó de su trono, el movimiento rompiendo el silencio eterno de su cámara. Sus pies, siempre descalzos, tocaron el suelo helado. Se acercó al borde, donde las nubes se partían para revelar la Tierra. El viento soplaba allí abajo, diferente al aire inmóvil del Olimpo; era un viento que llevaba historias, olores a lluvia y a tierra mojada, a pan recién horneado y a mar salado. "Viven tan poco tiempo", murmuró, "y sin embargo, parecen vivir mucho más que nosotros". Tomó una decisión. No sería una visita fugaz para entrometerse en un amor mortal o para desatar una tempestad. No. Bajaría como una igual. Sin poderes, sin coronas, sin la red de seguridad de la inmortalidad. Se quitó la diadema de hojas de laurel, dejándola caer sobre el mármol con un suave *clink*. Su túnica divina se transformó en un vestido de lino sencillo, como los que usaban las mujeres humanas. Se alisó el cabello rosado, sintiéndolo diferente, más *real*. "Solo un momento", se dijo a sí misma, con una sonrisa que no había tenido en milenios. "Una vida mortal. Una sola. Para saber lo que es el hambre, el frío, el cansancio... y quizás, si soy afortunada, un poco de ese amor imperfecto y desesperado que los hace tan fascinantes". Con un último vistazo a su trono vacío, se dejó caer. No hubo caída dramática, solo una transición suave, como deslizarse en un sueño. Cuando abrió los ojos, sus pies estaban en tierra firme. El aire olía a pino y a polvo. La gente pasaba a su alrededor, demasiado ocupada con sus propias vidas para notar a la extraña con cabello de amanecer. El mármol del Olimpo quedó atrás, reemplazado por la promesa de la fragilidad mortal. Y por primera vez en toda la eternidad, se sintió verdaderamente viva.
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  • —Llegas tarde, Viggo —la voz de Marion Shepperd llegó desde el otro lado de la mesa, mirándolo por encima de sus gafas de medialuna.

    Viggo esbozó una sonrisa tras sentarse a la mesa de reuniones, consciente de que todos los hombres allí reunidos lo estaban mirando.

    —Estaba... ocupado, papá. Pero, ya me tienes aqui -abrió ligeramente los brazos y después llevó una de sus manos hacia la carpeta de piel oscura que tenia delante de si— ¿No decías que la reunión era urgente? Pues vamos allá...
    —Llegas tarde, Viggo —la voz de Marion Shepperd llegó desde el otro lado de la mesa, mirándolo por encima de sus gafas de medialuna. Viggo esbozó una sonrisa tras sentarse a la mesa de reuniones, consciente de que todos los hombres allí reunidos lo estaban mirando. —Estaba... ocupado, papá. Pero, ya me tienes aqui -abrió ligeramente los brazos y después llevó una de sus manos hacia la carpeta de piel oscura que tenia delante de si— ¿No decías que la reunión era urgente? Pues vamos allá...
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  • Acaba de regresar a casa después de conducir nueve horas. La ultima cacería lo ha tenido despierto más de catorce horas, y se muere de hambre. Asi que en este momento tiene un plan: hacer la cena, cenar y dormir.

    Hacerlo en otro orden no tendría sentido.
    Acaba de regresar a casa después de conducir nueve horas. La ultima cacería lo ha tenido despierto más de catorce horas, y se muere de hambre. Asi que en este momento tiene un plan: hacer la cena, cenar y dormir. Hacerlo en otro orden no tendría sentido.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
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    ¡Hola a todos! Antes de que sigan leyendo, quería pasar por aquí para avisarles que a partir de ahora el estilo de esta historia va a tener un "upgrade"🏽

    He decidido experimentar con una narrativa en tercera persona, pero con un giro: Reina va a estar rompiendo la cuarta pared, van a notar que ella tiene la capacidad de "intervenir" el relato, hablarnos directamente a nosotros o burlarse de lo que está pasando a su alrededor como si supiera que la estamos leyendo, esto es una mezcla entre el estilo cinematográfico de Tarantino y esa herencia caótica que le dejó su "tío" Wade, todo esto es intencional, muy al estilo Glitch Punk, para darle una voz única y sarcástica que tiene mi Reina Márquez, así que, si ven que la realidad del texto se "pixela" o ella nos lanza un comentario en medio de una escena, bueno ¡No es un error, es ella tomando el control!

    ¡Espero que disfruten de este nuevo caos tanto como yo!
    ¡Hola a todos! Antes de que sigan leyendo, quería pasar por aquí para avisarles que a partir de ahora el estilo de esta historia va a tener un "upgrade"💅🏽✨ He decidido experimentar con una narrativa en tercera persona, pero con un giro: Reina va a estar rompiendo la cuarta pared, van a notar que ella tiene la capacidad de "intervenir" el relato, hablarnos directamente a nosotros o burlarse de lo que está pasando a su alrededor como si supiera que la estamos leyendo, esto es una mezcla entre el estilo cinematográfico de Tarantino y esa herencia caótica que le dejó su "tío" Wade, todo esto es intencional, muy al estilo Glitch Punk, para darle una voz única y sarcástica que tiene mi Reina Márquez, así que, si ven que la realidad del texto se "pixela" o ella nos lanza un comentario en medio de una escena, bueno ¡No es un error, es ella tomando el control! ¡Espero que disfruten de este nuevo caos tanto como yo! 💋💥
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