• Aikaterine Ouro

    — Había decidido salir al centro de la ciudad en donde me encontraba, en pocas palabras como que me había perdido múltiples de veces era mi primera vez aquí así que decidí ir a una cafetería, aunque más bien fué por que una persona me había citado —

    Ok, gracias por la malteada

    — Dije entonces que tomaba de ella y revisaba a mi alrededor si lograba verla —
    [Mercenary1x] — Había decidido salir al centro de la ciudad en donde me encontraba, en pocas palabras como que me había perdido múltiples de veces era mi primera vez aquí así que decidí ir a una cafetería, aunque más bien fué por que una persona me había citado — Ok, gracias por la malteada — Dije entonces que tomaba de ella y revisaba a mi alrededor si lograba verla —
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  • “De vuelta al mundo…”
    Fandom Harry Potter
    Categoría Acción
    𝓙𝑒𝑠𝑠 𝓦𝑖𝑙𝑙𝑜𝑤𝑠

    Todavía sentía el vértigo en su estómago y las náuseas. Quería vomitar. Riley levantó la mirada del lavabo hacía su reflejo en el espejo de su cuarto de baño y una pálida muchacha de cabello oscuro y ojos marrones le devolvía la mirada. Hacía menos de 20 minutos que había echado a Balt de su apartamento.

    Cerró los ojos ante otra nueva náusea, y se concentró en respirar profundamente.

    “ — Uno,... dos,... tres,... –” Respiración profunda.

    – Estoy bien… Estoy bien… – se dijo, y apretó los bordes del mueble de lavabo como si fuera su ancla a ese estado de bienestar que estaba muy lejos de ser real.

    Volvió a respirar profundamente, y a contar hasta diez. Otra vez, y una vez más. Abrió los ojos, y la Riley que esta vez le devolvía la mirada no parecía estar a punto de perder el conocimiento o de echar hasta su primera papilla. La mujer que ahora le devolvía la mirada respiraba casi con normalidad y tenía un color menos… fantasmagórico.

    – Vale… Que no cunda el pánico… Vamos a analizar la situación y decidiré si mato a Balt… ¡Al idiota de Balthazar! Si se llama así, y no me ha mentido también en eso… – el pánico parecía que iba a volver a ganar la guerra — La idiota soy yo… Una idiota de los pies a la cabeza… Red Flags. Las malditas Red Flags, una tras otra, pero nooooo…. ¡NO! Yo como estúpida que soy, voy y decido ignorarlas toooodas… Un tío interesante, alto y guapo, con acento británico en Nueva York aparece por casualidad en mi biblioteca accediendo a una cita, que no era una cita, aun teniendo pareja… Y yo soy tan idiota de acceder a una amistad cuando siempre tomo distancia… Pero nooo, en esa ocasión decido… ¡Qué leches! Soy tan idiota que, aunque él me encanta y tengo cero oportunidades, dejarle entrar en mi vida… Y ¡Sorpresa! Todo lo hace porque soy la maldita hija de Alexander Barrow, no porque realmente hayamos conectado… No… solo era un jodido trabajo.. Y lo peor es que mi padre viene a por mí… Mi padre quien debería estar en Azkaban y tiene a todo el mundo engañado… Y yo en vez de estar aquí contándole mis dramas familiares y amoroso a un maldito espejo, debería estar denunciándolo en el Macusa…–.

    El discurso dicho en voz alta le robó las fuerzas en las piernas, sintiendo como le temblaban, y pudiendo caer al suelo sino fuera porque se mantenía bien sujeta al lavamanos. Decir en voz alta lo sucedido ayudaba. Era una táctica, no solo para poder sacar todos sus pensamientos de la cabeza y que no se convirtieran en un bucle de pensamientos recurrentes, también para tomar conciencia sobre sus siguientes pasos.

    Por el momento, y lo que Riley había sacado en claro de todo lo que Bob, apodo cariñoso por el que también se dirigía a él siendo la única que lo hacía, le había confesado era que, además de haberse acercado a ella por tema laboral, sin ahondar en cuestiones sentimentales (como era que Riley estaba enamorada de él), que la persona que estaba detrás de todo era Alexander Barrow, su padre. La estaba buscando, y eso implicaba que debía de hacer algo antes de que él la encontrase. En esos momentos no podía fiarse de nadie, y eso dejaba claro que si las cosas no habían funcionado, a su manera, tendría que utilizar otras formas; hacer una denuncia oficial.

    - Vale, vale, vale… Sé lo que tengo que hacer y… respira… uff, uno, dos, tres… mantengamos la calma… – Tomó aire, y agitó las manos intentando descargar tanta tensión. Se cuadró frente al espejo y se miró directamente. – Soy Anna… – dijo con inseguridad – Soy Anna Elise… Soy Anna Elise Barrow y vengo a denunciar la desaparición de Alexander Barrow… – Asintió con menos determinación de lo que su reflejo le devolvía.

    – Soy Anna Elise Barrow, y vengo a denunciar la desaparición de Alexander Barrow. Lo siento, papá, pero has ido demasiado lejos y es hora de volver al mundo –.

    Media hora después Riley, Anna, salía de su apartamento en Nueva York con la apariencia de cualquier muggle más. Llevaba su habitual vestimenta, y su chaquetón largo y un paraguas de mano. Además, de su bolso repleto de cosas muggles. Solo una cosa nueva; su varita. Un nuevo destino, el Macusa.

    El Macusa, un edificio subterráneo en el centro de Nueva York, mucho más monumental y señorial que el británico, al menos a ojos de Riley. Imponía estar allí. No solo por sus líneas rectas y el aspecto que daba la sensación de poder y control, también porque se sentía fuera de lugar. Se sentía extraña, como si ahora realmente fuera una farsante.

    Caminó por la amplia y majestuosa sala principal intentando disimular lo perdida que se sentía. Miró los diferentes carteles que derivan a salas que se distribuían por pasillos. “Archivos, juicios, cámaras de interrogatorios, Confiscación de artefactos…”. Continuó caminando por la sala en silencio leyendo los carteles que se encontraba y evitando los brujos y magos que se cruzaba con pasos apresurados.

    Parecía que no encontraría a dónde debía ir, y que aquel lugar donde no había siquiera ventanas y parecía que todo estaba hecho para sentirte pequeño, la devoraría sin tregua. Sus pasos se volvieron erráticos mirando a una u otra columnas hasta que se chocó de pronto contra alguien.

    – Lo siento… – se disculpó, encontrando a un hombre algo mayor que ella.

    – Tranquila… ¿Necesitas ayuda? –. preguntó mirando a la joven, claramente Riley daba la impresión de estar perdida.

    – Quería… quería ir al departamento de seguridad, pero estoy un poco pérdida… – se atrevió a confesar que no sabía a donde tenía que ir, tampoco es que estuviera haciendo nada malo, y en el Macusa no tenía nada que temer. Si Alexander la buscaba, allí no entraría.

    – No se preocupe, la acompaño… – dijo, señalando un pasillo que se perdía al fondo de la sala – Yo voy una planta más abajo, pero le indicaré cómo llegar –.

    Caminó junto al mago hacía el pasillo, y allí, en lo alto de la primera columna de granito oscuro que iba desde el suelo al techo, había un cartel que indicaba “Seguridad” encima de “Licencias”.

    – No te preocupes… La primera vez que entré en este edificio, bueno, digamos que terminé en una sala de juicios y me confundieron con el acusado… Fue un gran primer día –.

    Menos de cinco minutos después, Riley se encontraba en la recepción del departamento de seguridad.

    – Buenas tardes, soy Anna Elise Barrow y necesito hablar con un auror sobre Alexander Barrow… –
    [FIGHTERAUR0R] Todavía sentía el vértigo en su estómago y las náuseas. Quería vomitar. Riley levantó la mirada del lavabo hacía su reflejo en el espejo de su cuarto de baño y una pálida muchacha de cabello oscuro y ojos marrones le devolvía la mirada. Hacía menos de 20 minutos que había echado a Balt de su apartamento. Cerró los ojos ante otra nueva náusea, y se concentró en respirar profundamente. “ — Uno,... dos,... tres,... –” Respiración profunda. – Estoy bien… Estoy bien… – se dijo, y apretó los bordes del mueble de lavabo como si fuera su ancla a ese estado de bienestar que estaba muy lejos de ser real. Volvió a respirar profundamente, y a contar hasta diez. Otra vez, y una vez más. Abrió los ojos, y la Riley que esta vez le devolvía la mirada no parecía estar a punto de perder el conocimiento o de echar hasta su primera papilla. La mujer que ahora le devolvía la mirada respiraba casi con normalidad y tenía un color menos… fantasmagórico. – Vale… Que no cunda el pánico… Vamos a analizar la situación y decidiré si mato a Balt… ¡Al idiota de Balthazar! Si se llama así, y no me ha mentido también en eso… – el pánico parecía que iba a volver a ganar la guerra — La idiota soy yo… Una idiota de los pies a la cabeza… Red Flags. Las malditas Red Flags, una tras otra, pero nooooo…. ¡NO! Yo como estúpida que soy, voy y decido ignorarlas toooodas… Un tío interesante, alto y guapo, con acento británico en Nueva York aparece por casualidad en mi biblioteca accediendo a una cita, que no era una cita, aun teniendo pareja… Y yo soy tan idiota de acceder a una amistad cuando siempre tomo distancia… Pero nooo, en esa ocasión decido… ¡Qué leches! Soy tan idiota que, aunque él me encanta y tengo cero oportunidades, dejarle entrar en mi vida… Y ¡Sorpresa! Todo lo hace porque soy la maldita hija de Alexander Barrow, no porque realmente hayamos conectado… No… solo era un jodido trabajo.. Y lo peor es que mi padre viene a por mí… Mi padre quien debería estar en Azkaban y tiene a todo el mundo engañado… Y yo en vez de estar aquí contándole mis dramas familiares y amoroso a un maldito espejo, debería estar denunciándolo en el Macusa…–. El discurso dicho en voz alta le robó las fuerzas en las piernas, sintiendo como le temblaban, y pudiendo caer al suelo sino fuera porque se mantenía bien sujeta al lavamanos. Decir en voz alta lo sucedido ayudaba. Era una táctica, no solo para poder sacar todos sus pensamientos de la cabeza y que no se convirtieran en un bucle de pensamientos recurrentes, también para tomar conciencia sobre sus siguientes pasos. Por el momento, y lo que Riley había sacado en claro de todo lo que Bob, apodo cariñoso por el que también se dirigía a él siendo la única que lo hacía, le había confesado era que, además de haberse acercado a ella por tema laboral, sin ahondar en cuestiones sentimentales (como era que Riley estaba enamorada de él), que la persona que estaba detrás de todo era Alexander Barrow, su padre. La estaba buscando, y eso implicaba que debía de hacer algo antes de que él la encontrase. En esos momentos no podía fiarse de nadie, y eso dejaba claro que si las cosas no habían funcionado, a su manera, tendría que utilizar otras formas; hacer una denuncia oficial. - Vale, vale, vale… Sé lo que tengo que hacer y… respira… uff, uno, dos, tres… mantengamos la calma… – Tomó aire, y agitó las manos intentando descargar tanta tensión. Se cuadró frente al espejo y se miró directamente. – Soy Anna… – dijo con inseguridad – Soy Anna Elise… Soy Anna Elise Barrow y vengo a denunciar la desaparición de Alexander Barrow… – Asintió con menos determinación de lo que su reflejo le devolvía. – Soy Anna Elise Barrow, y vengo a denunciar la desaparición de Alexander Barrow. Lo siento, papá, pero has ido demasiado lejos y es hora de volver al mundo –. Media hora después Riley, Anna, salía de su apartamento en Nueva York con la apariencia de cualquier muggle más. Llevaba su habitual vestimenta, y su chaquetón largo y un paraguas de mano. Además, de su bolso repleto de cosas muggles. Solo una cosa nueva; su varita. Un nuevo destino, el Macusa. El Macusa, un edificio subterráneo en el centro de Nueva York, mucho más monumental y señorial que el británico, al menos a ojos de Riley. Imponía estar allí. No solo por sus líneas rectas y el aspecto que daba la sensación de poder y control, también porque se sentía fuera de lugar. Se sentía extraña, como si ahora realmente fuera una farsante. Caminó por la amplia y majestuosa sala principal intentando disimular lo perdida que se sentía. Miró los diferentes carteles que derivan a salas que se distribuían por pasillos. “Archivos, juicios, cámaras de interrogatorios, Confiscación de artefactos…”. Continuó caminando por la sala en silencio leyendo los carteles que se encontraba y evitando los brujos y magos que se cruzaba con pasos apresurados. Parecía que no encontraría a dónde debía ir, y que aquel lugar donde no había siquiera ventanas y parecía que todo estaba hecho para sentirte pequeño, la devoraría sin tregua. Sus pasos se volvieron erráticos mirando a una u otra columnas hasta que se chocó de pronto contra alguien. – Lo siento… – se disculpó, encontrando a un hombre algo mayor que ella. – Tranquila… ¿Necesitas ayuda? –. preguntó mirando a la joven, claramente Riley daba la impresión de estar perdida. – Quería… quería ir al departamento de seguridad, pero estoy un poco pérdida… – se atrevió a confesar que no sabía a donde tenía que ir, tampoco es que estuviera haciendo nada malo, y en el Macusa no tenía nada que temer. Si Alexander la buscaba, allí no entraría. – No se preocupe, la acompaño… – dijo, señalando un pasillo que se perdía al fondo de la sala – Yo voy una planta más abajo, pero le indicaré cómo llegar –. Caminó junto al mago hacía el pasillo, y allí, en lo alto de la primera columna de granito oscuro que iba desde el suelo al techo, había un cartel que indicaba “Seguridad” encima de “Licencias”. – No te preocupes… La primera vez que entré en este edificio, bueno, digamos que terminé en una sala de juicios y me confundieron con el acusado… Fue un gran primer día –. Menos de cinco minutos después, Riley se encontraba en la recepción del departamento de seguridad. – Buenas tardes, soy Anna Elise Barrow y necesito hablar con un auror sobre Alexander Barrow… –
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  • | Flashback: Un wimbleton mas |


    —Cuando se empezo a correr la voz de que yo era descendiente de la familia Wimbleton, muchos empezaron a verme como un bicho raro, no podia concentrarme porque robaban mis libros o arrojaban mis cosas a la basura, y en las clases siempre los profesores tenian algo en contra mia por los crimenes de mi padre, mis notas bajaron y varias veces me amenzaron de muerte por ser quien era, asi que tuve que dejar de ser el chico bueno y dedicado y me tuve que endurecer mi caracter para sobrevivir a ese manicomio
    | Flashback: Un wimbleton mas | —Cuando se empezo a correr la voz de que yo era descendiente de la familia Wimbleton, muchos empezaron a verme como un bicho raro, no podia concentrarme porque robaban mis libros o arrojaban mis cosas a la basura, y en las clases siempre los profesores tenian algo en contra mia por los crimenes de mi padre, mis notas bajaron y varias veces me amenzaron de muerte por ser quien era, asi que tuve que dejar de ser el chico bueno y dedicado y me tuve que endurecer mi caracter para sobrevivir a ese manicomio
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  • En un mundo completamente nuevo, decide explorarlo, intentando desbloquear nuevas habilidades, recibió varios consejos de su progenitora, decide tomárselo con calma, aunque claramente necesita entrenamiento.

    En un intento decidió volar, una habilidad que a ella le gustaría tener entonces decide practicar con la esperanza de que pueda salirle bien.
    En un mundo completamente nuevo, decide explorarlo, intentando desbloquear nuevas habilidades, recibió varios consejos de su progenitora, decide tomárselo con calma, aunque claramente necesita entrenamiento. En un intento decidió volar, una habilidad que a ella le gustaría tener entonces decide practicar con la esperanza de que pueda salirle bien.
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  • Me gustaría cambiar el final de cierto cuento que me marco en parte de mi vida, el monstruo del Este seguía buscando la humanidad ya que era algo que simplemente le traía curiosidad, pero nadie era capaz de entrar en el oscuro corazón. El cual tantas vidas había arrebatado, no sentía culpa ni tristeza. De todas las chicas se fijo en una en especial, no era como las demás en absoluto ella prefería los libros que las fiestas, la tranquilidad y no el caos. Fue entonces cuando se quedó prendado por su belleza y fue entonces donde la quiso para él. Hoy en día el monstruo sabe que es la humanidad pero sobre todo que es el amor, gracias a una bruja que lo sabe calmar de todo lo que le ocurrio. Elisabeth Turner
    Me gustaría cambiar el final de cierto cuento que me marco en parte de mi vida, el monstruo del Este seguía buscando la humanidad ya que era algo que simplemente le traía curiosidad, pero nadie era capaz de entrar en el oscuro corazón. El cual tantas vidas había arrebatado, no sentía culpa ni tristeza. De todas las chicas se fijo en una en especial, no era como las demás en absoluto ella prefería los libros que las fiestas, la tranquilidad y no el caos. Fue entonces cuando se quedó prendado por su belleza y fue entonces donde la quiso para él. Hoy en día el monstruo sabe que es la humanidad pero sobre todo que es el amor, gracias a una bruja que lo sabe calmar de todo lo que le ocurrio. [Turney_thcx]
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  • Cuenta una leyenda japonesa que las personas tienen un hilo rojo, el cual están ligadas al extremo de otra persona. El hilo puede enredarse, estirarse, también crear nudos.
    Pero nunca romperse, yo pensé que era una tontería que me contó mi abuelo de niña. Ya que crecí en ambiente donde los matrimonios se concertaban no había amor, solo mantener en flote el prestigio. Pero desde que te conocí vi que nuestros hilos se unieron en uno solo. Nos ha pasado muchas cosas, unas buenas y otras no tanto. Pero aquí estamos luchando para romper las reglas, para muchos eres mi guardaespaldas personal, pero solo unos pocos afortunados saben que lo que fue un amor de Preparatoria ha sido y será hasta la muerte.

    Akihiko Sanada
    Cuenta una leyenda japonesa que las personas tienen un hilo rojo, el cual están ligadas al extremo de otra persona. El hilo puede enredarse, estirarse, también crear nudos. Pero nunca romperse, yo pensé que era una tontería que me contó mi abuelo de niña. Ya que crecí en ambiente donde los matrimonios se concertaban no había amor, solo mantener en flote el prestigio. Pero desde que te conocí vi que nuestros hilos se unieron en uno solo. Nos ha pasado muchas cosas, unas buenas y otras no tanto. Pero aquí estamos luchando para romper las reglas, para muchos eres mi guardaespaldas personal, pero solo unos pocos afortunados saben que lo que fue un amor de Preparatoria ha sido y será hasta la muerte. [Sanada_Thcx]
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  • Era innegable que Carmina habitaba una contradicción silenciosa. A veces, su corazón se desviaba hacia la vida de sus amigas: alianzas brillando en los dedos, promesas de futuro, títulos por concluir y esa idea de éxito cuidadosamente adornada para existir en pantallas ajenas.
    Otras veces —las más sinceras—, se aferraba a la calma de lo que ya tenía. Al murmullo cotidiano del negocio familiar, a la rutina compartida con su abuela, la mujer que la había criado y que, sin saberlo, se había convertido en su centro. ¿Cómo abandonarla? La sola idea resultaba inconcebible.
    Por eso, una tarde cualquiera de viernes, después del trabajo, con el té humeante entre las manos, algo sencillo para comer y la silenciosa compañía de los gatos del barrio que iban y venían como viejos conocidos, era un pequeño refugio. Un instante tan pleno que no cambiaría por nada.
    Era innegable que Carmina habitaba una contradicción silenciosa. A veces, su corazón se desviaba hacia la vida de sus amigas: alianzas brillando en los dedos, promesas de futuro, títulos por concluir y esa idea de éxito cuidadosamente adornada para existir en pantallas ajenas. Otras veces —las más sinceras—, se aferraba a la calma de lo que ya tenía. Al murmullo cotidiano del negocio familiar, a la rutina compartida con su abuela, la mujer que la había criado y que, sin saberlo, se había convertido en su centro. ¿Cómo abandonarla? La sola idea resultaba inconcebible. Por eso, una tarde cualquiera de viernes, después del trabajo, con el té humeante entre las manos, algo sencillo para comer y la silenciosa compañía de los gatos del barrio que iban y venían como viejos conocidos, era un pequeño refugio. Un instante tan pleno que no cambiaría por nada.
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  • —A solo días antes de comenzar la escuela, ya era hora de renovar su flequillo. Los cortos cabellos se colaban en sus ojos y su madre ya le había reclamado más de una vez que debía cortarlo si no quería que estorbara en sus estudios.—

    —Buscó las viejas tijeras de la casa, guardadas en la alacena de la cocina y se dirigió al baño.
    Con cuidado, agarró los cabellos que colgaban en su frente y delante el espejo empezó a cortar lentamente, aguantando la respiración.—

    —Todo iba bien, hasta que un grito de su madre alegando por su desordenada habitacion le saco de su concentración, desviando la tijera y ahora en vez de una línea recta, su flequillo se conformaba de un lado más largo y otro más corto.—

    —Posterior al accidente, Mi-ae buscó a su madre por toda la casa para reclamarle "por arruinar" su aspecto, y luego de una larga discusión ambas llegaron a un acuerdo para dejar en manos de la señora Lee aquel desastre.—

    —La mañana siguiente. El primer día de clases, por fin llego. Y una vez lista con el uniforme se dirigió al baño para admirar su nueva apariencia.—

    Hmph... quizás si lo peino así....
    —A solo días antes de comenzar la escuela, ya era hora de renovar su flequillo. Los cortos cabellos se colaban en sus ojos y su madre ya le había reclamado más de una vez que debía cortarlo si no quería que estorbara en sus estudios.— —Buscó las viejas tijeras de la casa, guardadas en la alacena de la cocina y se dirigió al baño. Con cuidado, agarró los cabellos que colgaban en su frente y delante el espejo empezó a cortar lentamente, aguantando la respiración.— —Todo iba bien, hasta que un grito de su madre alegando por su desordenada habitacion le saco de su concentración, desviando la tijera y ahora en vez de una línea recta, su flequillo se conformaba de un lado más largo y otro más corto.— —Posterior al accidente, Mi-ae buscó a su madre por toda la casa para reclamarle "por arruinar" su aspecto, y luego de una larga discusión ambas llegaron a un acuerdo para dejar en manos de la señora Lee aquel desastre.— —La mañana siguiente. El primer día de clases, por fin llego. Y una vez lista con el uniforme se dirigió al baño para admirar su nueva apariencia.— Hmph... quizás si lo peino así....
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  • Arreglo
    Fandom Los Bridgerton
    Categoría Contemporáneo
    Observo las pequeñas muestras de diferentes telas, cada uno es un color distinto, que ha traído nuestra doncella Beth.
    Lady Do ha pasado por tiempos mejores, madre tenía razón ella fue mi primera mejor amiga y ahora necesita un completo cambio de imagen antes de que conozca a su nueva dueña.
    Me veo interrumpida por la presencia de mi hermana menor Hyacinth au Violet Bridgerton
    Observo las pequeñas muestras de diferentes telas, cada uno es un color distinto, que ha traído nuestra doncella Beth. Lady Do ha pasado por tiempos mejores, madre tenía razón ella fue mi primera mejor amiga y ahora necesita un completo cambio de imagen antes de que conozca a su nueva dueña. Me veo interrumpida por la presencia de mi hermana menor Hyacinth au [L_Bridgerton]
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Sueño de Selin — Parte II

    Parte I: https://ficrol.com/posts/345777


    Despierto tranquila.
    Demasiado.

    La noche se ha retirado sin resistencia y, al abrir los ojos, veo a Akane durmiendo junto a mí. Su respiración es lenta, profunda. Real.
    Durante un instante pienso que todo ha sido solo un sueño más.
    Entonces lo siento.
    Un pulso.
    Suave, constante.

    Un poder que viene de ella, pero que no es suyo.
    Mi mano se mueve sola.

    La yema de mis dedos roza su vientre y, en cuanto lo hago, el mundo encaja de golpe.
    No hay visiones.
    No hay palabras.
    Solo certeza.

    —¿Selin…?—
    No responde.
    No hace falta.

    Entonces lo sé.
    Con una claridad que no admite duda.
    Akane está en cinta.
    Y algo —alguien— acaba de encontrar el camino de regreso.
    Sueño de Selin — Parte II Parte I: https://ficrol.com/posts/345777 Despierto tranquila. Demasiado. La noche se ha retirado sin resistencia y, al abrir los ojos, veo a Akane durmiendo junto a mí. Su respiración es lenta, profunda. Real. Durante un instante pienso que todo ha sido solo un sueño más. Entonces lo siento. Un pulso. Suave, constante. Un poder que viene de ella, pero que no es suyo. Mi mano se mueve sola. La yema de mis dedos roza su vientre y, en cuanto lo hago, el mundo encaja de golpe. No hay visiones. No hay palabras. Solo certeza. —¿Selin…?— No responde. No hace falta. Entonces lo sé. Con una claridad que no admite duda. Akane está en cinta. Y algo —alguien— acaba de encontrar el camino de regreso.
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