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  • 𝑨 𝒏𝒆𝒘 𝒃𝒆𝒈𝒊𝒏𝒏𝒊𝒏𝒈
    Fandom OC
    Categoría Slice of Life
    Seis meses.
    Había pasado medio año desde... La vez que la vió.
    Y para ser franco consigo mismo, siquiera la había recordado con la frecuencia de su "yo" de hacía años.
    La búsqueda de empleo, las salidas con sus amigos y las actividades con su pareja le habían consumido tiempo suficiente como para no detenerse a pensar en nada más que el presente.

    Pero hoy, en las vías del metro, rumbo su destino recordó la noche dónde se había encontrado con Alex.
    ¿Casualidad o destino? La pregunta que en momentos le hacía sobrepensar en el momento. Distrayendo su mente de la inquietud que tenía ahora.
    Su nuevo reto.
    Un trabajo lejos de casa.

    Con su padre había iniciado pequeños emprendimientos para cubrir sus necesidades, pero sabía que debía aspirar a más.
    Las cosas de la adultez le hacían pensar en su futuro, para su suerte, encontró un departamento que estaba reclutando a personal.

    Al llegar al edificio, se vio rodeado de personas que al igual que él parecían nuevos. Algunos iban nerviosos, otros con la calma de quién ha planeado horas durante el espejo su llegada, y luego estaban personas cómo Haruki, perdidos en sus pensamientos, imaginando cómo será esa nueva etapa, sí serían capaces de dar la talla.

    Eventualmente fueron entrando, guiándose por algunos trabajadores que parecían llevar ahí desde que abrió la sucursal. La sala de espera era grande, con asientos largos y de matices grises adornando las esquinas de plantas en macetas, haciendo una especie de "U" de manera que todos quedaran frente la vista de recepción.

    Su teléfono vibró. Era su pareja, mensajes de ánimo acompañado de fotos de su día.
    Él sonrió, pero de inmediato se presentó un hombre quién se paró en frente de todos; al parecer era encargado del departamento de recursos humanos, anunciando que en breve se haría presente un grupo que los llevaría hasta las oficinas.
    No tuvo ni tiempo de responder el teléfono; lo guardó tan pronto escuchaba pasos acercándose por uno de los pasillos.
    Seis meses. Había pasado medio año desde... La vez que la vió. Y para ser franco consigo mismo, siquiera la había recordado con la frecuencia de su "yo" de hacía años. La búsqueda de empleo, las salidas con sus amigos y las actividades con su pareja le habían consumido tiempo suficiente como para no detenerse a pensar en nada más que el presente. Pero hoy, en las vías del metro, rumbo su destino recordó la noche dónde se había encontrado con Alex. ¿Casualidad o destino? La pregunta que en momentos le hacía sobrepensar en el momento. Distrayendo su mente de la inquietud que tenía ahora. Su nuevo reto. Un trabajo lejos de casa. Con su padre había iniciado pequeños emprendimientos para cubrir sus necesidades, pero sabía que debía aspirar a más. Las cosas de la adultez le hacían pensar en su futuro, para su suerte, encontró un departamento que estaba reclutando a personal. Al llegar al edificio, se vio rodeado de personas que al igual que él parecían nuevos. Algunos iban nerviosos, otros con la calma de quién ha planeado horas durante el espejo su llegada, y luego estaban personas cómo Haruki, perdidos en sus pensamientos, imaginando cómo será esa nueva etapa, sí serían capaces de dar la talla. Eventualmente fueron entrando, guiándose por algunos trabajadores que parecían llevar ahí desde que abrió la sucursal. La sala de espera era grande, con asientos largos y de matices grises adornando las esquinas de plantas en macetas, haciendo una especie de "U" de manera que todos quedaran frente la vista de recepción. Su teléfono vibró. Era su pareja, mensajes de ánimo acompañado de fotos de su día. Él sonrió, pero de inmediato se presentó un hombre quién se paró en frente de todos; al parecer era encargado del departamento de recursos humanos, anunciando que en breve se haría presente un grupo que los llevaría hasta las oficinas. No tuvo ni tiempo de responder el teléfono; lo guardó tan pronto escuchaba pasos acercándose por uno de los pasillos.
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  • 𝔒𝔡𝔢𝔱𝔱𝔢 ℌ𝔢𝔪𝔩𝔬𝔠𝔨

    Hacía apenas unas horas que lo habían asaltado. Cuatro bandidos desesperados, famélicos y con los ojos hundidos por la peste reciente. Lo emboscaron en un recodo del camino viejo, donde los árboles se cerraban como dedos huesudos. Gritaban que querían su armadura, su espada, cualquier cosa que pudieran vender.

    El caballero ni siquiera intentó razonar. Solo desenvainó. Mató a tres con golpes pesados y torpes. El cuarto le clavó una lanza oxidada entre las placas del costado antes de que le partiera el cráneo con el pomo de la espada. Sangró mucho. Pero como siempre, la herida ya empezaba a cerrarse mientras el cuerpo aún estaba caliente en el barro.

    Ahora caminaba más lento. La sangre seca le pegaba la camisa a la piel bajo la armadura. Había dejado los cadáveres atrás sin enterrarlos. ¿Para qué? Mañana habría más. O cuervos, daba igual. Solo siguió el sendero que se adentraba en el bosque. No sabía hacia dónde iba, habian pasado dias que habia perdido el rumbo, de seguro el camino que llevaba al capitolio del sur, lo había errado mucho antes, ya ni siquiera fingía que tenía una meta. Solo ponía un pie delante del otro, con la armadura manchada de sangre ajena y propia, la capa rota y el yelmo ligeramente abollado en un lado nuevo.

    La niebla colgaba como un velo de luto sobre el sendero olvidado, denso, frío y cargado del olor a tierra húmeda y hojas en descomposición. El mundo parecía haber olvidado este lugar, igual que había olvidado a tantos otros.

    La figura alta y pesada seguia caminando, su armadura de placas, antaño pulida, estaba ahora cubierta de óxido, sangre seca y grietas que hablaban de batallas perdidas en el tiempo. La gran espada colgaba a su espalda, envainada, pero su peso parecía tirar de sus hombros hacia abajo. Cada paso era lento, deliberado, como si caminar ya fuera un acto de terca resignación.

    Una figura solitaria más adelante, envuelta en un manto negro raído. Caminaba con paso medido, cargando un bolso de cuero que tintineaba suavemente. No parecía una simple viajera. De seguro a lo lejos pudo oir el sonido de las placas chocando al caminar, Siegmeyer se detuvo a unos metros de la mujer del manto negro. No la conocía. Para él solo era otra silueta en un camino que ya no llevaba a ninguna parte que importara.

    Sus ojos azulados, fríos y apagados tras las ranuras del yelmo, la observaron sin prisa. No había curiosidad, solo una quietud pesada.

    — Mujer. —

    Su voz era grave, ronca. No levantó la mano. No hizo gesto alguno de saludo.

    — Probablemente este camino se vuelve más oscuro cuando cae la noche. Bandidos, bestias o simplemente el silencio que termina devorándolo todo.

    Una pausa larga. El viento movió su capa raída sin entusiasmo.

    — Soy Siegmeyer. Mi armadura no significa nada además de protección, es decir no soy parte del clero o reino. —

    Su mirada bajó un instante al bolso de cuero que ella llevaba, luego volvió a su rostro.

    — Lo digo para que no creas que hay otra intencion. Si tus pasos van en la misma dirección que los míos… no te molestaré. Puedo ser compañía. —

    El silencio volvió a llenar el aire entre ellos, pesado como su propia armadura.

    — O sigue sola. Como prefieras. Ya nada cambia mucho al final. —

    Se quedó inmóvil, esperando.
    [orbit_turquoise_elephant_485] Hacía apenas unas horas que lo habían asaltado. Cuatro bandidos desesperados, famélicos y con los ojos hundidos por la peste reciente. Lo emboscaron en un recodo del camino viejo, donde los árboles se cerraban como dedos huesudos. Gritaban que querían su armadura, su espada, cualquier cosa que pudieran vender. El caballero ni siquiera intentó razonar. Solo desenvainó. Mató a tres con golpes pesados y torpes. El cuarto le clavó una lanza oxidada entre las placas del costado antes de que le partiera el cráneo con el pomo de la espada. Sangró mucho. Pero como siempre, la herida ya empezaba a cerrarse mientras el cuerpo aún estaba caliente en el barro. Ahora caminaba más lento. La sangre seca le pegaba la camisa a la piel bajo la armadura. Había dejado los cadáveres atrás sin enterrarlos. ¿Para qué? Mañana habría más. O cuervos, daba igual. Solo siguió el sendero que se adentraba en el bosque. No sabía hacia dónde iba, habian pasado dias que habia perdido el rumbo, de seguro el camino que llevaba al capitolio del sur, lo había errado mucho antes, ya ni siquiera fingía que tenía una meta. Solo ponía un pie delante del otro, con la armadura manchada de sangre ajena y propia, la capa rota y el yelmo ligeramente abollado en un lado nuevo. La niebla colgaba como un velo de luto sobre el sendero olvidado, denso, frío y cargado del olor a tierra húmeda y hojas en descomposición. El mundo parecía haber olvidado este lugar, igual que había olvidado a tantos otros. La figura alta y pesada seguia caminando, su armadura de placas, antaño pulida, estaba ahora cubierta de óxido, sangre seca y grietas que hablaban de batallas perdidas en el tiempo. La gran espada colgaba a su espalda, envainada, pero su peso parecía tirar de sus hombros hacia abajo. Cada paso era lento, deliberado, como si caminar ya fuera un acto de terca resignación. Una figura solitaria más adelante, envuelta en un manto negro raído. Caminaba con paso medido, cargando un bolso de cuero que tintineaba suavemente. No parecía una simple viajera. De seguro a lo lejos pudo oir el sonido de las placas chocando al caminar, Siegmeyer se detuvo a unos metros de la mujer del manto negro. No la conocía. Para él solo era otra silueta en un camino que ya no llevaba a ninguna parte que importara. Sus ojos azulados, fríos y apagados tras las ranuras del yelmo, la observaron sin prisa. No había curiosidad, solo una quietud pesada. — Mujer. — Su voz era grave, ronca. No levantó la mano. No hizo gesto alguno de saludo. — Probablemente este camino se vuelve más oscuro cuando cae la noche. Bandidos, bestias o simplemente el silencio que termina devorándolo todo. Una pausa larga. El viento movió su capa raída sin entusiasmo. — Soy Siegmeyer. Mi armadura no significa nada además de protección, es decir no soy parte del clero o reino. — Su mirada bajó un instante al bolso de cuero que ella llevaba, luego volvió a su rostro. — Lo digo para que no creas que hay otra intencion. Si tus pasos van en la misma dirección que los míos… no te molestaré. Puedo ser compañía. — El silencio volvió a llenar el aire entre ellos, pesado como su propia armadura. — O sigue sola. Como prefieras. Ya nada cambia mucho al final. — Se quedó inmóvil, esperando.
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  • 〔ᴹᴼᴺᴼᴿᴼᴸ〕
    ᵀᵉᵐᵃ ˢᵉⁿˢⁱᵇˡᵉ, ᵈᵉᵖʳᵉˢⁱóⁿ, ˢᵘⁱᶜⁱᵈⁱᵒ.



    El humo del cigarrillo se elevaba con una lentitud casi tortuosa y sin sentido. El tiempo se había ralentizado ahí dentro, en su cuarto. Con la ventana cerrada, el aroma del tabaco se intensificaba cada vez más, pero ella ya no lo sentía. Hacía unos minutos que dejó de sentir nada.

    Hubo una discusión en donde ella terminó llorando, de nuevo, y su tío simplemente la dejó por su cuenta tras dar un portazo a la puerta principal. Sola, como lo usual, pero sus pensamientos ya no se quedaban tranquilos, iban a lugares oscuros.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    𝑶𝒉, 𝑰 𝒄𝒂𝒏'𝒕 𝒍𝒆𝒂𝒗𝒆, 𝒃𝒖𝒕 𝑰 𝒄𝒂𝒏'𝒕 𝒃𝒆 𝒊𝒏 𝒕𝒉𝒊𝒔 𝒑𝒍𝒂𝒄𝒆
    𝑻𝒉𝒊𝒔 𝒎𝒖𝒔𝒕 𝒂𝒍𝒍 𝒃𝒆 𝒂𝒏 𝒊𝒍𝒍𝒖𝒔𝒊𝒐𝒏, 𝒔𝒌𝒊𝒑𝒑𝒊𝒏𝒈 𝒇𝒓𝒂𝒎𝒆𝒔
    𝒀𝒆𝒂𝒓𝒔 𝒐𝒇 𝒍𝒊𝒗𝒊𝒏𝒈 𝒘𝒊𝒕𝒉 𝒂 𝒄𝒐𝒍𝒅 𝒂𝒏𝒅 𝒆𝒎𝒑𝒕𝒚 𝒔𝒑𝒂𝒄𝒆
    𝑨𝒏𝒅 𝒊𝒕 𝒉𝒂𝒖𝒏𝒕𝒔 𝒎𝒆 𝒆𝒗𝒆𝒓𝒚 𝒕𝒊𝒎𝒆 𝑰 𝒕𝒉𝒊𝒏𝒌 𝑰'𝒎 𝒔𝒂𝒇𝒆
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    Seguía sin gustarle el fumar, pero era lo único que hacía que dejara de temblar, de estar ansiosa y que todo empeorara. La nicotina hacía su trabajo por ahora, pero se preguntaba cuánto tiempo tomaría hasta que tuviera que fumar cada vez más hasta que sus pulmones se convirtieran en humo únicamente.

    Recostada en su cama, miraba hacia una de las esquinas del cuarto. Una mancha negra se expandía lentamente. Se veía como grasa cayendo desde el cielorraso por las paredes, pero también se ampliaba hacia las costados, como si tuviera vida propia. Y tal vez la tenía. Hacía minutos que un ojo de color púrpura la estaba observando. Nada más, solo mirándola fijo en silencio, parecía estar esperando algo.

    —¿Qué debo hacer? —preguntó a la nada, o a lo que la estuviera escuchando—. Estoy cansada... de él... de ustedes... de mí.

    El cigarrillo se movía con levedad mientras su boca articulaba cada palabra. Las cenizas caían de a poco sobre las sábanas.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    𝑫𝒐 𝒚𝒐𝒖 𝒇𝒆𝒆𝒍 𝒍𝒐𝒗𝒆?
    𝑰 𝒌𝒏𝒐𝒘 𝑰 𝒅𝒐𝒏'𝒕
    𝑾𝒊𝒕𝒉 𝒏𝒐 𝒐𝒏𝒆 𝒕𝒐 𝒉𝒐𝒍𝒅
    𝑫𝒐 𝒚𝒐𝒖 𝒇𝒆𝒆𝒍 𝒍𝒐𝒗𝒆, 𝒍𝒐𝒗𝒆, 𝒍𝒐𝒗𝒆?
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    —...Sí. Es en vano seguir intentando. —su vista se dirigió hacia el cajón de su mesa de noche. Se arrastró apenas en la cama antes de extender el brazo y alcanzar a abrir el cajón. Rebuscó con lentitud antes de sacar el objeto que guardaba por si acaso.

    Con el pulgar deslizó la perilla hacía arriba, de a poco revelando la cuchilla de acero inoxidable.

    —Es la única forma para que él reaccione. Solo si termino en el hospital me presta atención... —las lágrimas se formaron de nuevo, pero no cayeron— pero dura tan poco... Estoy cansada.

    Agachó la cabeza, apoyando el costado de la misma en su brazo izquierdo, el cigarrillo quedó olvidado en la sábana a la cual empezó a quemar de a poco.

    —Y no puedo desaparecer sin más... Lo intento y nada funciona. ¿Entonces qué? No tengo a nadie. Si quiero hablar... no puedo... porque estoy mal de la cabeza. —la mano le empezó a temblar incluso antes de acercar la cuchilla a su muñeca.

    La cosa en la esquina se movió como quien ajusta más el ángulo para ver mejor, al parecer estaba esperando ese momento.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    𝑫𝒐 𝒚𝒐𝒖 𝒇𝒆𝒆𝒍 𝒍𝒐𝒗𝒆?
    𝑾𝒉𝒆𝒏 𝒚𝒐𝒖'𝒓𝒆 𝒂𝒍𝒐𝒏𝒆
    𝑫𝒐 𝒚𝒐𝒖 𝒇𝒆𝒆𝒍 𝒂𝒕 𝒂𝒍𝒍?
    𝑫𝒐 𝒚𝒐𝒖 𝒇𝒆𝒆𝒍 𝒍𝒐𝒗𝒆, 𝒍𝒐𝒗𝒆, 𝒍𝒐𝒗𝒆?
    𝑫𝒐 𝒚𝒐𝒖 𝒇𝒆𝒆𝒍—?
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    Quería deslizarla, hacerlo con tanta fuerza que cortara músculo también, no solo piel. Llevar a venas, tendones, ligamentos.

    Y es ahí cuando más sola se sentía. Quería ayuda. No de médicos, no de gente que la veía con frialdad o como si fuera una más. Quería ayuda de alguien cercano, que la viera de verdad, como familia, como una amistad real.

    𝗡𝗼 𝘁𝗲𝗻í𝗮 𝗻𝗮𝗱𝗮 𝗱𝗲 𝗲𝘀𝗼。
    〔ᴹᴼᴺᴼᴿᴼᴸ〕 ᵀᵉᵐᵃ ˢᵉⁿˢⁱᵇˡᵉ, ᵈᵉᵖʳᵉˢⁱóⁿ, ˢᵘⁱᶜⁱᵈⁱᵒ. El humo del cigarrillo se elevaba con una lentitud casi tortuosa y sin sentido. El tiempo se había ralentizado ahí dentro, en su cuarto. Con la ventana cerrada, el aroma del tabaco se intensificaba cada vez más, pero ella ya no lo sentía. Hacía unos minutos que dejó de sentir nada. Hubo una discusión en donde ella terminó llorando, de nuevo, y su tío simplemente la dejó por su cuenta tras dar un portazo a la puerta principal. Sola, como lo usual, pero sus pensamientos ya no se quedaban tranquilos, iban a lugares oscuros. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 𝑶𝒉, 𝑰 𝒄𝒂𝒏'𝒕 𝒍𝒆𝒂𝒗𝒆, 𝒃𝒖𝒕 𝑰 𝒄𝒂𝒏'𝒕 𝒃𝒆 𝒊𝒏 𝒕𝒉𝒊𝒔 𝒑𝒍𝒂𝒄𝒆 𝑻𝒉𝒊𝒔 𝒎𝒖𝒔𝒕 𝒂𝒍𝒍 𝒃𝒆 𝒂𝒏 𝒊𝒍𝒍𝒖𝒔𝒊𝒐𝒏, 𝒔𝒌𝒊𝒑𝒑𝒊𝒏𝒈 𝒇𝒓𝒂𝒎𝒆𝒔 𝒀𝒆𝒂𝒓𝒔 𝒐𝒇 𝒍𝒊𝒗𝒊𝒏𝒈 𝒘𝒊𝒕𝒉 𝒂 𝒄𝒐𝒍𝒅 𝒂𝒏𝒅 𝒆𝒎𝒑𝒕𝒚 𝒔𝒑𝒂𝒄𝒆 𝑨𝒏𝒅 𝒊𝒕 𝒉𝒂𝒖𝒏𝒕𝒔 𝒎𝒆 𝒆𝒗𝒆𝒓𝒚 𝒕𝒊𝒎𝒆 𝑰 𝒕𝒉𝒊𝒏𝒌 𝑰'𝒎 𝒔𝒂𝒇𝒆 ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ Seguía sin gustarle el fumar, pero era lo único que hacía que dejara de temblar, de estar ansiosa y que todo empeorara. La nicotina hacía su trabajo por ahora, pero se preguntaba cuánto tiempo tomaría hasta que tuviera que fumar cada vez más hasta que sus pulmones se convirtieran en humo únicamente. Recostada en su cama, miraba hacia una de las esquinas del cuarto. Una mancha negra se expandía lentamente. Se veía como grasa cayendo desde el cielorraso por las paredes, pero también se ampliaba hacia las costados, como si tuviera vida propia. Y tal vez la tenía. Hacía minutos que un ojo de color púrpura la estaba observando. Nada más, solo mirándola fijo en silencio, parecía estar esperando algo. —¿Qué debo hacer? —preguntó a la nada, o a lo que la estuviera escuchando—. Estoy cansada... de él... de ustedes... de mí. El cigarrillo se movía con levedad mientras su boca articulaba cada palabra. Las cenizas caían de a poco sobre las sábanas. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 𝑫𝒐 𝒚𝒐𝒖 𝒇𝒆𝒆𝒍 𝒍𝒐𝒗𝒆? 𝑰 𝒌𝒏𝒐𝒘 𝑰 𝒅𝒐𝒏'𝒕 𝑾𝒊𝒕𝒉 𝒏𝒐 𝒐𝒏𝒆 𝒕𝒐 𝒉𝒐𝒍𝒅 𝑫𝒐 𝒚𝒐𝒖 𝒇𝒆𝒆𝒍 𝒍𝒐𝒗𝒆, 𝒍𝒐𝒗𝒆, 𝒍𝒐𝒗𝒆? ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ —...Sí. Es en vano seguir intentando. —su vista se dirigió hacia el cajón de su mesa de noche. Se arrastró apenas en la cama antes de extender el brazo y alcanzar a abrir el cajón. Rebuscó con lentitud antes de sacar el objeto que guardaba por si acaso. Con el pulgar deslizó la perilla hacía arriba, de a poco revelando la cuchilla de acero inoxidable. —Es la única forma para que él reaccione. Solo si termino en el hospital me presta atención... —las lágrimas se formaron de nuevo, pero no cayeron— pero dura tan poco... Estoy cansada. Agachó la cabeza, apoyando el costado de la misma en su brazo izquierdo, el cigarrillo quedó olvidado en la sábana a la cual empezó a quemar de a poco. —Y no puedo desaparecer sin más... Lo intento y nada funciona. ¿Entonces qué? No tengo a nadie. Si quiero hablar... no puedo... porque estoy mal de la cabeza. —la mano le empezó a temblar incluso antes de acercar la cuchilla a su muñeca. La cosa en la esquina se movió como quien ajusta más el ángulo para ver mejor, al parecer estaba esperando ese momento. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 𝑫𝒐 𝒚𝒐𝒖 𝒇𝒆𝒆𝒍 𝒍𝒐𝒗𝒆? 𝑾𝒉𝒆𝒏 𝒚𝒐𝒖'𝒓𝒆 𝒂𝒍𝒐𝒏𝒆 𝑫𝒐 𝒚𝒐𝒖 𝒇𝒆𝒆𝒍 𝒂𝒕 𝒂𝒍𝒍? 𝑫𝒐 𝒚𝒐𝒖 𝒇𝒆𝒆𝒍 𝒍𝒐𝒗𝒆, 𝒍𝒐𝒗𝒆, 𝒍𝒐𝒗𝒆? 𝑫𝒐 𝒚𝒐𝒖 𝒇𝒆𝒆𝒍—? ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ Quería deslizarla, hacerlo con tanta fuerza que cortara músculo también, no solo piel. Llevar a venas, tendones, ligamentos. Y es ahí cuando más sola se sentía. Quería ayuda. No de médicos, no de gente que la veía con frialdad o como si fuera una más. Quería ayuda de alguien cercano, que la viera de verdad, como familia, como una amistad real. 𝗡𝗼 𝘁𝗲𝗻í𝗮 𝗻𝗮𝗱𝗮 𝗱𝗲 𝗲𝘀𝗼。
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    El hedor a vinagre y carne pudriéndose impregnaba cada centímetro del pequeño pueblo. Ni el humo constante de las hogueras lograba cubrirlo por completo.

    El silencio pesaba demasiado, no había nada por lo que charlar con ímpetu o reír. Tampoco habían suficientes pares de pies para recorrer los caminos durante el día. Cada vez eran menos los que sobrevivían; menos manos para cavar fosas nuevas.

    Los pasos del doctor quedaban marcados en las calles de barro mientras avanzaba entre las casas. Algunas con velas encendidas, otras completamente a oscuras, probablemente deshabitadas hacía días, semanas o meses. Y a los lados de algunas habían decenas de cuerpos inmóviles debajo de telas demasiado ásperas.

    Estuvo siguiendo esa enfermedad. Los síntomas eran nuevos y llamaban su atención. Por desgracia, los pacientes no duraban demasiado como para poder realizar experimentos y ver resultados. Los pulmones colapsaban antes de poder siquiera intentar tratar las infecciones que se creaban sobre y debajo de la piel. Las manchas en cuellos, dedos y rostros daban aspectos cadavéricos que muchos decían era la marca de la muerte. Si se llegaba a ese punto no había retorno. Para mal del doctor, cuando llegaba a alguien, ya tenía síntomas avanzados y morían en poco tiempo.

    Pero oyó que en el pueblo podría haber algún que otro sobreviviente que pudiera darle las respuestas. O no. No lo sabría hasta intentarlo.

    Se detuvo frente a una casa, notando un cuarto con luz. Pero no fue eso lo que lo frenó, sino el aroma a hierbas que salía de allí. Tapó el olor a podredumbre de una forma tan sencilla que despertó su curiosidad. De inmediato se giró para cambiar de rumbo hacia la casa.
    » ℛℴ𝓁ℯ𝓅𝓁𝒶𝓎 𝓌𝒾𝓉𝒽 [orbit_turquoise_elephant_485] El hedor a vinagre y carne pudriéndose impregnaba cada centímetro del pequeño pueblo. Ni el humo constante de las hogueras lograba cubrirlo por completo. El silencio pesaba demasiado, no había nada por lo que charlar con ímpetu o reír. Tampoco habían suficientes pares de pies para recorrer los caminos durante el día. Cada vez eran menos los que sobrevivían; menos manos para cavar fosas nuevas. Los pasos del doctor quedaban marcados en las calles de barro mientras avanzaba entre las casas. Algunas con velas encendidas, otras completamente a oscuras, probablemente deshabitadas hacía días, semanas o meses. Y a los lados de algunas habían decenas de cuerpos inmóviles debajo de telas demasiado ásperas. Estuvo siguiendo esa enfermedad. Los síntomas eran nuevos y llamaban su atención. Por desgracia, los pacientes no duraban demasiado como para poder realizar experimentos y ver resultados. Los pulmones colapsaban antes de poder siquiera intentar tratar las infecciones que se creaban sobre y debajo de la piel. Las manchas en cuellos, dedos y rostros daban aspectos cadavéricos que muchos decían era la marca de la muerte. Si se llegaba a ese punto no había retorno. Para mal del doctor, cuando llegaba a alguien, ya tenía síntomas avanzados y morían en poco tiempo. Pero oyó que en el pueblo podría haber algún que otro sobreviviente que pudiera darle las respuestas. O no. No lo sabría hasta intentarlo. Se detuvo frente a una casa, notando un cuarto con luz. Pero no fue eso lo que lo frenó, sino el aroma a hierbas que salía de allí. Tapó el olor a podredumbre de una forma tan sencilla que despertó su curiosidad. De inmediato se giró para cambiar de rumbo hacia la casa.
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  • LA LLAMADA DEL MAESTRO
    DIA rutinario sin mas para Albedo entre administrar su Gym y su vida personal, los susurros viene a su cabeza. . se altera un poco pero sigue , de nuevo los susurros cierra los ojos y suspira es inútil ignorarlos, es peligroso hacerlo.
    termina su rutina y llama uno de sus encargados da instrucciones con calma y delega sus responsabilidades, una buena escusa para retirarse.

    el día brilla bajo su vehículo rumbo a casa conduce con tranquilidad mientras las voces aumentan en su cabeza, están aumentando ya casi no puede ni pensar ella misma al llegar a casa se recuesta sobre la puerta ya segura en su privacidad, toma aire una buena bocanada y lo deja salir lento suave ... pero las boses siguen , toma de nuevo el control y camina hasta una pequeña habitación en su hogar , hay muchas osas guardadas algunas importantes otras solo cosas que no tiene importancia pero en el fondo del cuarto tapado bajo una manta de color azul algo que hace bastante bulto, va hasta el lugar con rapidez quita la manta esta sale con polvo y suciedad acumulada bajo ella esta su arma de guerra esta no brilla pero al sentir el tacto de su mano empieza palpitar y las voces paran un momento, pero una sola voz ahora se escucha y solo dice una sola palabra, albedo reconoce es su nombre el nombre que el Caos le dio su verdadero nombre , sus manos aprietan duro el mango de su arma esta palpita con mas fuerza, ella se incorpora arma mano y sus ojos se llena de poder de fuerza su cuerpo resplandece envuelta de l maravilloso brillo del caos al rededor y poco a poco toma su forma que su señor le dio con laque nació ---


    Mi señor tu servidora responde que deseas que haga . .
    LA LLAMADA DEL MAESTRO DIA rutinario sin mas para Albedo entre administrar su Gym y su vida personal, los susurros viene a su cabeza. . se altera un poco pero sigue , de nuevo los susurros cierra los ojos y suspira es inútil ignorarlos, es peligroso hacerlo. termina su rutina y llama uno de sus encargados da instrucciones con calma y delega sus responsabilidades, una buena escusa para retirarse. el día brilla bajo su vehículo rumbo a casa conduce con tranquilidad mientras las voces aumentan en su cabeza, están aumentando ya casi no puede ni pensar ella misma al llegar a casa se recuesta sobre la puerta ya segura en su privacidad, toma aire una buena bocanada y lo deja salir lento suave ... pero las boses siguen , toma de nuevo el control y camina hasta una pequeña habitación en su hogar , hay muchas osas guardadas algunas importantes otras solo cosas que no tiene importancia pero en el fondo del cuarto tapado bajo una manta de color azul algo que hace bastante bulto, va hasta el lugar con rapidez quita la manta esta sale con polvo y suciedad acumulada bajo ella esta su arma de guerra esta no brilla pero al sentir el tacto de su mano empieza palpitar y las voces paran un momento, pero una sola voz ahora se escucha y solo dice una sola palabra, albedo reconoce es su nombre el nombre que el Caos le dio su verdadero nombre , sus manos aprietan duro el mango de su arma esta palpita con mas fuerza, ella se incorpora arma mano y sus ojos se llena de poder de fuerza su cuerpo resplandece envuelta de l maravilloso brillo del caos al rededor y poco a poco toma su forma que su señor le dio con laque nació --- Mi señor tu servidora responde que deseas que haga . .
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  • De nuevo al trabajo. . . ¿Qué tipo de flores deseas hoy? ~
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  • Este sabor es nuevo... O quizá no lo recuerdo...
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    ¡Bienvenid@s a FicRol!
    Hoy damos la bienvenida a nuevos personajes que se unen a la comunidad de Personajes 3D:

    ㅤㅤ¡Elodie Cooper!
    Raza: semidiosa
    Fandom: Percy Jackson
    concejera de la cabaña 6

    ㅤㅤ¡Jasuke Sarutobi!
    Raza: Humano
    Fandom: Z.Y.X.S



    Es un placer teneros por aquí . Esperamos que disfrutéis creando historias, conexiones y momentos memorables dentro de FicRol.

    Soy Arwen, RolSage de Personajes 3D. Si tenéis dudas, necesitáis orientación o simplemente queréis charlar, mis DMs están abiertos. En mi fanpage encontraréis guías útiles para moveros por la plataforma con facilidad.

    Recursos útiles para empezar:

    Normas básicas: https://ficrol.com/static/guidelines

    Guías y miniguías: https://ficrol.com/posts/147711

    GUIA 0.1 – Empezar en FicRol: Encontrar rol y amistades: https://ficrol.com/blogs/366170/GUIA-0-1-Empezar-en-FicRol-Encontrar-rol-y-amistades

    Grupo de Personajes 3D: https://ficrol.com/groups/Personajes3D

    Directorio 3D: https://ficrol.com/posts/181793

    Tienes toda esta información y más en el apartado "Ficha" de mi perfil: https://ficrol.com/blogs/353277/ENLACES-DE-INTER%C3%89S-PARA-FICROLERS

    ¡Nos vemos en el Inicio!

    #RolSage3D #Personajes3D #Bienvenida3D
    ✨ ¡Bienvenid@s a FicRol! ✨ Hoy damos la bienvenida a nuevos personajes que se unen a la comunidad de Personajes 3D: ㅤㅤ¡[galaxy_turquoise_spider_751]! 🧬 Raza: semidiosa 👾 Fandom: Percy Jackson 💼 concejera de la cabaña 6 ㅤㅤ¡[flash_jade_deer_758]! 🧬 Raza: Humano 👾 Fandom: Z.Y.X.S 💼 — Es un placer teneros por aquí 🍂. Esperamos que disfrutéis creando historias, conexiones y momentos memorables dentro de FicRol. 🧙‍♀️ Soy Arwen, RolSage de Personajes 3D. Si tenéis dudas, necesitáis orientación o simplemente queréis charlar, mis DMs están abiertos. En mi fanpage encontraréis guías útiles para moveros por la plataforma con facilidad. 🔎 Recursos útiles para empezar: ✨ Normas básicas: https://ficrol.com/static/guidelines ✨ Guías y miniguías: https://ficrol.com/posts/147711 ✨ GUIA 0.1 – Empezar en FicRol: Encontrar rol y amistades: https://ficrol.com/blogs/366170/GUIA-0-1-Empezar-en-FicRol-Encontrar-rol-y-amistades ✨ Grupo de Personajes 3D: https://ficrol.com/groups/Personajes3D ✨ Directorio 3D: https://ficrol.com/posts/181793 ✨ Tienes toda esta información y más en el apartado "Ficha" de mi perfil: https://ficrol.com/blogs/353277/ENLACES-DE-INTER%C3%89S-PARA-FICROLERS ¡Nos vemos en el Inicio! 🍁 #RolSage3D #Personajes3D #Bienvenida3D
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  • El abismo parece pulsar, comunicando algo en un lenguaje que sólo él entiende. Detrás de la grieta, el colapso de varias capas de realidad, empalmándose y luchando todas por la misma potestad, creó algo aberrante.

    ¿Este era el espacio en el que Kazuha y Veyra estaban? No, esto, lo que quedaba, es sólo un cadaver. Profanado y canibalizado por sí mismo en un bucle imposible: El Ouroboros que del éter nace. Y al encontrar esta serpiente que más de sí misma no podía seguir consumiendo, se retorcía y regurgitaba, sufría, moría y renacía.. Un ciclo eterno que se repite infinitas veces cada segundo; cada repetición, más grande la grieta hacía.

    Incompatible con la existencia era ese lugar -si es que puede llamárse "lugar" a una nada tan concentrada-, como incompatibles con el plano humano eran los seres que de aquí nacían, que desde aquí invaden.

    ...Y, sin embargo, ahí estaba, desafiando esa incompatibilidad.

    —Haah... —jaló aire, aunque el aire ahí no existía. Diez minutos, un nuevo récord ahí adentro. Significaría algo, pero, sorpresa, el tiempo ahí no existía tampoco.

    Es que existir era un desafío en sí mismo a la nada. Y el simple acto de existir ahí, ya suponía un esfuerzo titánico. Su magia abarcando cada célula de su cuerpo, estabilizándolas para no desintegrarse al instante. ¿Y si a eso le sumaba el acto de moverse? Una locura.

    ¿Y al acto de entrar ahí por voluntad propia a encarar a esos seres? Quizás no existía un nombre para algo así de imprudente. No todavía.

    Pensaría en uno al salir.

    "Hazte fuerte", dijo ella. ¿Qué carajo se supone que significaba eso? Tan irritantemente vago. Tan obvio y natural para alguien que -asumía él- nunca había tenido que encarar la debilidad.

    —Diez minutos... diez segundos... —nuevo récord. Se desplomó al regresar. Ya volvería a intentarlo al despertar de una siesta de agotamiento -quién sabe cuántas llevaba a ese punto.
    El abismo parece pulsar, comunicando algo en un lenguaje que sólo él entiende. Detrás de la grieta, el colapso de varias capas de realidad, empalmándose y luchando todas por la misma potestad, creó algo aberrante. ¿Este era el espacio en el que Kazuha y Veyra estaban? No, esto, lo que quedaba, es sólo un cadaver. Profanado y canibalizado por sí mismo en un bucle imposible: El Ouroboros que del éter nace. Y al encontrar esta serpiente que más de sí misma no podía seguir consumiendo, se retorcía y regurgitaba, sufría, moría y renacía.. Un ciclo eterno que se repite infinitas veces cada segundo; cada repetición, más grande la grieta hacía. Incompatible con la existencia era ese lugar -si es que puede llamárse "lugar" a una nada tan concentrada-, como incompatibles con el plano humano eran los seres que de aquí nacían, que desde aquí invaden. ...Y, sin embargo, ahí estaba, desafiando esa incompatibilidad. —Haah... —jaló aire, aunque el aire ahí no existía. Diez minutos, un nuevo récord ahí adentro. Significaría algo, pero, sorpresa, el tiempo ahí no existía tampoco. Es que existir era un desafío en sí mismo a la nada. Y el simple acto de existir ahí, ya suponía un esfuerzo titánico. Su magia abarcando cada célula de su cuerpo, estabilizándolas para no desintegrarse al instante. ¿Y si a eso le sumaba el acto de moverse? Una locura. ¿Y al acto de entrar ahí por voluntad propia a encarar a esos seres? Quizás no existía un nombre para algo así de imprudente. No todavía. Pensaría en uno al salir. "Hazte fuerte", dijo ella. ¿Qué carajo se supone que significaba eso? Tan irritantemente vago. Tan obvio y natural para alguien que -asumía él- nunca había tenido que encarar la debilidad. —Diez minutos... diez segundos... —nuevo récord. Se desplomó al regresar. Ya volvería a intentarlo al despertar de una siesta de agotamiento -quién sabe cuántas llevaba a ese punto.
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