Aikaterine Ouro
Se había encontrado con aquel planeta mientras viajaba por la galaxia en busca de un nuevo objetivo que cazar. Se trataba del planeta Tierra. Al recorrer a toda velocidad los alrededores de aquella ciudad a la que había llegado abordo de su moto gravitatoria, notó que guardaba cierta similitud con el planeta del que ella provenía. La arquitectura de algunos de los edificios, que ella dedujo, pertenecían a una época antigua, se parecía demasiado a la de las pagodas de los palacios de Chogoris. Palacios donde habían habitado legendarios emperadores dorados, cuyo mandato Janei había llevado a su fin.
Lo que la Khan habría esperado que fuera una noche de cacería y exploración de territorio nuevo cambió abruptamente cuando, al cabo de un rato, percibió un cambio en el aire; una sensación que no le era del todo desconocida, se filtró en forma de adrenalina que corría con fuerza en su interior y le puso rígida la columna. Afiló sus ojos almendrados. A menudo era ella quien provocaba aquella sensación, igual que un halcón planeando en los cielos, pero los papeles podían invertirse. Hacía mucho que eso no ocurría.
«Yo soy el objetivo». Pensó.
Detuvo la moto gravitatoria y se bajó de ella de un salto.
—¿Vamos a seguir prolongando este juego? –la voz de la Gran Khan reverberó en el sendero solitario. Desenvainó su dao–. Ven aquí y muéstrate.
[Mercenary1x]
Se había encontrado con aquel planeta mientras viajaba por la galaxia en busca de un nuevo objetivo que cazar. Se trataba del planeta Tierra. Al recorrer a toda velocidad los alrededores de aquella ciudad a la que había llegado abordo de su moto gravitatoria, notó que guardaba cierta similitud con el planeta del que ella provenía. La arquitectura de algunos de los edificios, que ella dedujo, pertenecían a una época antigua, se parecía demasiado a la de las pagodas de los palacios de Chogoris. Palacios donde habían habitado legendarios emperadores dorados, cuyo mandato Janei había llevado a su fin.
Lo que la Khan habría esperado que fuera una noche de cacería y exploración de territorio nuevo cambió abruptamente cuando, al cabo de un rato, percibió un cambio en el aire; una sensación que no le era del todo desconocida, se filtró en forma de adrenalina que corría con fuerza en su interior y le puso rígida la columna. Afiló sus ojos almendrados. A menudo era ella quien provocaba aquella sensación, igual que un halcón planeando en los cielos, pero los papeles podían invertirse. Hacía mucho que eso no ocurría.
«Yo soy el objetivo». Pensó.
Detuvo la moto gravitatoria y se bajó de ella de un salto.
—¿Vamos a seguir prolongando este juego? –la voz de la Gran Khan reverberó en el sendero solitario. Desenvainó su dao–. Ven aquí y muéstrate.