Todo era oscuro. La oscuridad le envolvía, crecía y se extendía allí donde uno podía posar la vista. Siquiera era consciente de su cuerpo o de si mismo. No sentía nada. Absolutamente nada. Echó a andar. O creyó hacerlo. Avanzaba por esa oscuridad, hasta que ya no había oscuridad. De pronto sus pies estaban en medio de un suelo de madera recién encerado. La luz que lo rodeaba era cálida y acogedora.
Giró el rostro.
Todas las paredes estaban repletas de estanterías tan altas que se perdían en el techo hacia lo alto allá donde uno podía fijar la vista. Podía escuchar el crepitar de una chimenea y como alguien pasaba tranquilamente las hojas de un libro.
Avanzó de forma precavida, casi dudando de estar en el lugar correcto, o de si estaba realmente en alguna parte. Conforme sus pasos avanzaron pudo ver aparecer delante de él dos butacas de orejas de color burdeos frente a la chimenea y solo una de ellas estaba ocupada.
El ocupante de la butaca alargó su mano hacia una mesita auxiliar de madera oscura que Klaus hubiera jurado antes no se encontraba allí. Tomó una taza de porcelana blanca y pareció llevársela a los labios.
Klaus llegó hasta el desconocido.
-Hola, amigo… ¿Puedes decirme donde estoy? -preguntó.
Entonces, una voz sonó tranquila a sus espaldas.
-¡Ya estaba esperando que llegaras! -habló alguien de forma alegre y entusiasmada.
Klaus se giró rápidamente sobre sus propios pies y sus cejas se arquearon con sorpresa al ver a un hombre sentado a medias sobre una mesa robusta de madera de caoba que antes no había estado allí. La hubiera visto… ¿verdad?
Klaus arrugó sus labios mostrando los colmillos ante aquella posible amenaza. Entonces el tipo dejó el libro que tenia en las manos, (espera, ¿desde cuando tenia un libro en las manos?) y se levantó alzando sus manos en son de paz.
-Tranquilo, Klaus Mikaelson. No corres peligro aquí… -le dijo con voz calmada.
-¿Qué extraño ardid es este? ¿Qué brujería has tramado? ¿Quién eres? -preguntó, molesto, el hibrido.
El desconocido alzó su mirada y extendió sus brazos a ambos lados.
-Estás en el limbo. Bueno, mi limbo –aclaró el desconocido- Estoy atrapado aquí, así que lo he reformado a mi gusto… -el hombre alzó la mirada, orgulloso- Ha quedado chulo, ¿eh?.
Klaus fue a replicar pero fue interrumpido.
-Ah no, no, tranquilo…- respondió, como si Klaus hubiera hecho una pregunta- No, no te preocupes. Tú solo estás de paso. Volverás a casa en un santiamén. Y sí, aquí puedo saber lo que piensas. Es mi limbo, ¿recuerdas? -preguntó con una sonrisa afable.
Klaus dejó ir el aire por la nariz.
-Vale, y, ¿porqué estoy aquí? -preguntó el hibrido, sin demasiada paciencia.
El habitante del limbo dejó ir una sonrisita.
-Una pequeña travesura, me temo… -reconoció- Pero he de reconocer que mi pupila ha hecho un trabajo exquisito…
Klaus lo miró extrañado.
-Ah, claro. Qué maleducado…- el hombre desconocido se dio una palmada en la frente- No me he presentado. Me llamo Merlín -alargó una mano hacia Klaus- El Mago. Merlín el Mago.
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ㅤㅤㅤㅤㅤㅤfragmento de rol de trama:
ㅤㅤㅤㅤㅤ https://ficrol.com/posts/377425
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Giró el rostro.
Todas las paredes estaban repletas de estanterías tan altas que se perdían en el techo hacia lo alto allá donde uno podía fijar la vista. Podía escuchar el crepitar de una chimenea y como alguien pasaba tranquilamente las hojas de un libro.
Avanzó de forma precavida, casi dudando de estar en el lugar correcto, o de si estaba realmente en alguna parte. Conforme sus pasos avanzaron pudo ver aparecer delante de él dos butacas de orejas de color burdeos frente a la chimenea y solo una de ellas estaba ocupada.
El ocupante de la butaca alargó su mano hacia una mesita auxiliar de madera oscura que Klaus hubiera jurado antes no se encontraba allí. Tomó una taza de porcelana blanca y pareció llevársela a los labios.
Klaus llegó hasta el desconocido.
-Hola, amigo… ¿Puedes decirme donde estoy? -preguntó.
Entonces, una voz sonó tranquila a sus espaldas.
-¡Ya estaba esperando que llegaras! -habló alguien de forma alegre y entusiasmada.
Klaus se giró rápidamente sobre sus propios pies y sus cejas se arquearon con sorpresa al ver a un hombre sentado a medias sobre una mesa robusta de madera de caoba que antes no había estado allí. La hubiera visto… ¿verdad?
Klaus arrugó sus labios mostrando los colmillos ante aquella posible amenaza. Entonces el tipo dejó el libro que tenia en las manos, (espera, ¿desde cuando tenia un libro en las manos?) y se levantó alzando sus manos en son de paz.
-Tranquilo, Klaus Mikaelson. No corres peligro aquí… -le dijo con voz calmada.
-¿Qué extraño ardid es este? ¿Qué brujería has tramado? ¿Quién eres? -preguntó, molesto, el hibrido.
El desconocido alzó su mirada y extendió sus brazos a ambos lados.
-Estás en el limbo. Bueno, mi limbo –aclaró el desconocido- Estoy atrapado aquí, así que lo he reformado a mi gusto… -el hombre alzó la mirada, orgulloso- Ha quedado chulo, ¿eh?.
Klaus fue a replicar pero fue interrumpido.
-Ah no, no, tranquilo…- respondió, como si Klaus hubiera hecho una pregunta- No, no te preocupes. Tú solo estás de paso. Volverás a casa en un santiamén. Y sí, aquí puedo saber lo que piensas. Es mi limbo, ¿recuerdas? -preguntó con una sonrisa afable.
Klaus dejó ir el aire por la nariz.
-Vale, y, ¿porqué estoy aquí? -preguntó el hibrido, sin demasiada paciencia.
El habitante del limbo dejó ir una sonrisita.
-Una pequeña travesura, me temo… -reconoció- Pero he de reconocer que mi pupila ha hecho un trabajo exquisito…
Klaus lo miró extrañado.
-Ah, claro. Qué maleducado…- el hombre desconocido se dio una palmada en la frente- No me he presentado. Me llamo Merlín -alargó una mano hacia Klaus- El Mago. Merlín el Mago.
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ㅤㅤㅤㅤㅤㅤfragmento de rol de trama:
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Todo era oscuro. La oscuridad le envolvía, crecía y se extendía allí donde uno podía posar la vista. Siquiera era consciente de su cuerpo o de si mismo. No sentía nada. Absolutamente nada. Echó a andar. O creyó hacerlo. Avanzaba por esa oscuridad, hasta que ya no había oscuridad. De pronto sus pies estaban en medio de un suelo de madera recién encerado. La luz que lo rodeaba era cálida y acogedora.
Giró el rostro.
Todas las paredes estaban repletas de estanterías tan altas que se perdían en el techo hacia lo alto allá donde uno podía fijar la vista. Podía escuchar el crepitar de una chimenea y como alguien pasaba tranquilamente las hojas de un libro.
Avanzó de forma precavida, casi dudando de estar en el lugar correcto, o de si estaba realmente en alguna parte. Conforme sus pasos avanzaron pudo ver aparecer delante de él dos butacas de orejas de color burdeos frente a la chimenea y solo una de ellas estaba ocupada.
El ocupante de la butaca alargó su mano hacia una mesita auxiliar de madera oscura que Klaus hubiera jurado antes no se encontraba allí. Tomó una taza de porcelana blanca y pareció llevársela a los labios.
Klaus llegó hasta el desconocido.
-Hola, amigo… ¿Puedes decirme donde estoy? -preguntó.
Entonces, una voz sonó tranquila a sus espaldas.
-¡Ya estaba esperando que llegaras! -habló alguien de forma alegre y entusiasmada.
Klaus se giró rápidamente sobre sus propios pies y sus cejas se arquearon con sorpresa al ver a un hombre sentado a medias sobre una mesa robusta de madera de caoba que antes no había estado allí. La hubiera visto… ¿verdad?
Klaus arrugó sus labios mostrando los colmillos ante aquella posible amenaza. Entonces el tipo dejó el libro que tenia en las manos, (espera, ¿desde cuando tenia un libro en las manos?) y se levantó alzando sus manos en son de paz.
-Tranquilo, Klaus Mikaelson. No corres peligro aquí… -le dijo con voz calmada.
-¿Qué extraño ardid es este? ¿Qué brujería has tramado? ¿Quién eres? -preguntó, molesto, el hibrido.
El desconocido alzó su mirada y extendió sus brazos a ambos lados.
-Estás en el limbo. Bueno, mi limbo –aclaró el desconocido- Estoy atrapado aquí, así que lo he reformado a mi gusto… -el hombre alzó la mirada, orgulloso- Ha quedado chulo, ¿eh?.
Klaus fue a replicar pero fue interrumpido.
-Ah no, no, tranquilo…- respondió, como si Klaus hubiera hecho una pregunta- No, no te preocupes. Tú solo estás de paso. Volverás a casa en un santiamén. Y sí, aquí puedo saber lo que piensas. Es mi limbo, ¿recuerdas? -preguntó con una sonrisa afable.
Klaus dejó ir el aire por la nariz.
-Vale, y, ¿porqué estoy aquí? -preguntó el hibrido, sin demasiada paciencia.
El habitante del limbo dejó ir una sonrisita.
-Una pequeña travesura, me temo… -reconoció- Pero he de reconocer que mi pupila ha hecho un trabajo exquisito…
Klaus lo miró extrañado.
-Ah, claro. Qué maleducado…- el hombre desconocido se dio una palmada en la frente- No me he presentado. Me llamo Merlín -alargó una mano hacia Klaus- El Mago. Merlín el Mago.
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ㅤㅤㅤㅤㅤㅤfragmento de rol de trama:
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