• *El aire gélido que rodea a la figura alada comienza a disiparse. Las enormes alas blancas, que antes brillaban con un fulgor plateado y severo, se envuelven alrededor de su cuerpo como un capullo de seda. Sus ojos azules, afilados y distantes, se cierran por un instante mientras la intensa energía mágica fluye de regreso a su núcleo.
    De pronto, el brillo gélido se transforma en un resplandor tenue y acogedor. Las alas desaparecen, convirtiéndose en partículas de luz que se desvanecen en el aire. La larga cabellera plateada se acorta rápidamente, tornándose de un castaño suave, y la túnica blanca se transforma en el uniforme de la preparatoria Seijou.
    Mi contraparte Yukito abre los ojos, parpadeando un par de veces con confusión, mientras se ajusta las gafas que parecen haber aparecido por arte de magia.*

    -Ah... ¿eh? ¿Que hago aqui?" —

    *dice con una voz suave y algo aletargada, rascándose la mejilla con una sonrisa apenada.*

    —Me quedé dormido de pie otra vez, ¿verdad? Qué extraño... siento como si hubiera tenido un sueño muy largo donde volaba por el cielo.—

    *Se lleva una mano al estómago y suelto una risita ligera.*

    —Vaya, de repente tengo muchísima hambre. ¿Creen que podamos ir por unos bollos al vapor antes de regresar a casa? ¡Siento que podría comerme diez yo solo!—
    *El aire gélido que rodea a la figura alada comienza a disiparse. Las enormes alas blancas, que antes brillaban con un fulgor plateado y severo, se envuelven alrededor de su cuerpo como un capullo de seda. Sus ojos azules, afilados y distantes, se cierran por un instante mientras la intensa energía mágica fluye de regreso a su núcleo. De pronto, el brillo gélido se transforma en un resplandor tenue y acogedor. Las alas desaparecen, convirtiéndose en partículas de luz que se desvanecen en el aire. La larga cabellera plateada se acorta rápidamente, tornándose de un castaño suave, y la túnica blanca se transforma en el uniforme de la preparatoria Seijou. Mi contraparte Yukito abre los ojos, parpadeando un par de veces con confusión, mientras se ajusta las gafas que parecen haber aparecido por arte de magia.* -Ah... ¿eh? ¿Que hago aqui?" — *dice con una voz suave y algo aletargada, rascándose la mejilla con una sonrisa apenada.* —Me quedé dormido de pie otra vez, ¿verdad? Qué extraño... siento como si hubiera tenido un sueño muy largo donde volaba por el cielo.— *Se lleva una mano al estómago y suelto una risita ligera.* —Vaya, de repente tengo muchísima hambre. ¿Creen que podamos ir por unos bollos al vapor antes de regresar a casa? ¡Siento que podría comerme diez yo solo!—
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  • Un nuevo capítulo.
    Fandom Supernatural
    Categoría Drama
    sᴛᴀʀᴛᴇʀ ᴘᴀʀᴀ: 𝑴𝒂𝒆 ·𝑺𝒂𝒎𝒂𝒆𝒍𝒊𝒕𝒉· 𝑪𝒂𝒓𝒕𝒆𝒓

    Habían sobrevivido a todo. A absolutamente todo. Literalmente. Si, literalmente. Porque a esas alturas de su vida, Sam y Dean Winchester habían derrotado al propio Dios. Al mismísimo DIOS, en mayúsculas. Al hombre que habia orquestado cada desgracia que habia acontecido en sus vidas. Al hombre que, por capricho y divertimento habia matado a sus padres, amigos y familia. Al hombre que los habia condenado a una vida de dolor, a una vida fugitiva, a una vida sin más futuro que el de morir cazando. Al hombre que habia dictaminado cada aspecto de sus vidas. Pero ahora… Ahora eran libres. Se acabó. Libres para ser quienes les diera la gana.

    -Libres, Sammy -habia dicho Dean, con más optimismo del que sentía, cuando había regresado al bunker aquel día.

    Porque aunque habían derrotado a Chuck y habían devuelto la vida a la tierra gracias a Jack… Las perdidas eran todavia dolorosas. Castiel nunca regresaría. Y Jack… tampoco. Habia dicho que siempre estaría con ellos, que estaría en el viento y Dean no sabía cuántas mierdas más. Pero al cazador no le valía con eso. Habia criado a ese chico desde que habia llegado al mundo. Era prácticamente un hijo para él. Lo habia acogido y lo habia criado igual que hicieron otros hombres con el propio Dean. Porque, aunque ya era adulto cuando Bobby Singer regresó a sus vidas, Dean estaba seguro de que no seria la persona que era a día de hoy si no hubiera tenido al viejo Singer.

    Bobby. Castiel. Jack. Mary Winchester… Demasiadas perdidas en muy poco tiempo. Y ahora el bunker estaba en silencio. La primera semana se la tomaron de reflexión, para asumir qué hacer a partir de ahora. Podían hacer sus vidas sin la mano de Chuck oprimiéndoles la garganta, pero… ¿podían olvidarse de la caza? Seria perfecto, ¿no? Sam podría regresar a la universidad. Y Dean… Seguro que encontraría un taller en el pueblo donde trabajar como mecánico por doscientos pavos a la semana. Vidas normales.

    Pero ellos no eran normales. No era ego. Era certeza.

    Aquella mañana, Dean estaba leyendo, sin demasiada emoción las ofertas de trabajos normales en Lebanon gracias a la versión digital del periódico local. Pero el bloc de notas a su lado en la mesa estaba vacío.

    ¿Queria ser normal? ¿De verdad?

    Resopló y se apartó del ordenador echándose hacia atrás en la silla mientras echaba mano de su vaso donde se habia servido tres dedos de whisky. Su ceño estaba fruncido, estaba mosqueado.

    Entonces su teléfono sonó y leer el nombre “Jody Mills” en la pantalla casi lo animó. ¿Esa esa una señal divina? ¿Era cosa de Jack? ¿Le estaba ayudando el nuevo “Dios” a tomar una decisión? ¿Era esa una de esa clase de cosas para las que “Jack siempre estaría ahí”? ¿Quién diablos podía saberlo? Descolgó el teléfono y se lo llevó a la oreja mientras se reclinaba en la silla.

    -¿Jody? -preguntó- ¿Qué tal? ¿Estás bien? -preguntó el cazador.

    -Dean, hola… -dijo, se la notaba apesadumbrada.

    -¿Estás bien? -preguntó el cazador frunciendo las cejas.

    -Se supone que las cosas se habían calmado desde que tu amigo, el chico estaba en el cielo, ¿no? -preguntó Jody.

    -Hmm…- Dean profirió un dudoso sonido afirmativo- ¿A qué te refieres?

    Jody suspiró.

    -¿Te acuerdas de esa cacería a la que no fuisteis? –preguntó ella.

    -¿La de los niños secuestrados? -preguntó Dean de vuelta incorporándose en la silla.

    -Resulta que era una trampa para vosotros. Dos amigos mios, Carl y Rafe se ocuparon… Eran vampiros y no les gustó que Sam y tú no os presentarais. Están todos muertos, no te preocupes. Pero mi amigo Rafe no sobrevivió.

    Dean sintió un nudo en el estómago, pues repentinamente tuvo la sensación de acabar de eludir una muerte segura.

    -Lo siento, Jody… ¿Hay algo que…? -empezó a decir el cazador.

    Jody profirió un sonido suave de negativa.

    -No… Lo siento por Rafe, ¿sabes? Pero no hubiera soportado que os ocurriera nada a vosotros dos, idiotas…- dijo la sheriff de Sioux Falls- Por eso… Me siento mal al decirte esto, pero… Creo que algo está pasando en Pocatello, Idaho. Varios cazadores están yendo hacia allí. He controlado a Claire de puro milagro. Dicen que hay una criatura desconocida…. Te mando todo lo que tengo, ¿vale?

    Dean asintió dando después un largo trago a su vaso.

    -Vale, tranquila. Vamos para allá. Y, oye… Jody. De verdad que siento lo de tu amigo…

    Colgó el teléfono antes de ponerse en pie.

    -¡Sam! -llamó Dean -¡Sammy! ¡Tenemos trabajo! -dijo, ahora sí, con optimismo- ¡Nos vamos a Idaho! ¡Guarda tu champú favorito! -rio entre dientes mientras caminaba hacia la salida de la biblioteca que conducía hacia los dormitorios y la cocina.

    ᴄʀᴇᴅɪᴛs ɪᴍᴀɢᴇɴ sᴛᴀʀᴛᴇʀ: deanlenalove
    sᴛᴀʀᴛᴇʀ ᴘᴀʀᴀ: [SAMAEL1TH] Habían sobrevivido a todo. A absolutamente todo. Literalmente. Si, literalmente. Porque a esas alturas de su vida, Sam y Dean Winchester habían derrotado al propio Dios. Al mismísimo DIOS, en mayúsculas. Al hombre que habia orquestado cada desgracia que habia acontecido en sus vidas. Al hombre que, por capricho y divertimento habia matado a sus padres, amigos y familia. Al hombre que los habia condenado a una vida de dolor, a una vida fugitiva, a una vida sin más futuro que el de morir cazando. Al hombre que habia dictaminado cada aspecto de sus vidas. Pero ahora… Ahora eran libres. Se acabó. Libres para ser quienes les diera la gana. -Libres, Sammy -habia dicho Dean, con más optimismo del que sentía, cuando había regresado al bunker aquel día. Porque aunque habían derrotado a Chuck y habían devuelto la vida a la tierra gracias a Jack… Las perdidas eran todavia dolorosas. Castiel nunca regresaría. Y Jack… tampoco. Habia dicho que siempre estaría con ellos, que estaría en el viento y Dean no sabía cuántas mierdas más. Pero al cazador no le valía con eso. Habia criado a ese chico desde que habia llegado al mundo. Era prácticamente un hijo para él. Lo habia acogido y lo habia criado igual que hicieron otros hombres con el propio Dean. Porque, aunque ya era adulto cuando Bobby Singer regresó a sus vidas, Dean estaba seguro de que no seria la persona que era a día de hoy si no hubiera tenido al viejo Singer. Bobby. Castiel. Jack. Mary Winchester… Demasiadas perdidas en muy poco tiempo. Y ahora el bunker estaba en silencio. La primera semana se la tomaron de reflexión, para asumir qué hacer a partir de ahora. Podían hacer sus vidas sin la mano de Chuck oprimiéndoles la garganta, pero… ¿podían olvidarse de la caza? Seria perfecto, ¿no? Sam podría regresar a la universidad. Y Dean… Seguro que encontraría un taller en el pueblo donde trabajar como mecánico por doscientos pavos a la semana. Vidas normales. Pero ellos no eran normales. No era ego. Era certeza. Aquella mañana, Dean estaba leyendo, sin demasiada emoción las ofertas de trabajos normales en Lebanon gracias a la versión digital del periódico local. Pero el bloc de notas a su lado en la mesa estaba vacío. ¿Queria ser normal? ¿De verdad? Resopló y se apartó del ordenador echándose hacia atrás en la silla mientras echaba mano de su vaso donde se habia servido tres dedos de whisky. Su ceño estaba fruncido, estaba mosqueado. Entonces su teléfono sonó y leer el nombre “Jody Mills” en la pantalla casi lo animó. ¿Esa esa una señal divina? ¿Era cosa de Jack? ¿Le estaba ayudando el nuevo “Dios” a tomar una decisión? ¿Era esa una de esa clase de cosas para las que “Jack siempre estaría ahí”? ¿Quién diablos podía saberlo? Descolgó el teléfono y se lo llevó a la oreja mientras se reclinaba en la silla. -¿Jody? -preguntó- ¿Qué tal? ¿Estás bien? -preguntó el cazador. -Dean, hola… -dijo, se la notaba apesadumbrada. -¿Estás bien? -preguntó el cazador frunciendo las cejas. -Se supone que las cosas se habían calmado desde que tu amigo, el chico estaba en el cielo, ¿no? -preguntó Jody. -Hmm…- Dean profirió un dudoso sonido afirmativo- ¿A qué te refieres? Jody suspiró. -¿Te acuerdas de esa cacería a la que no fuisteis? –preguntó ella. -¿La de los niños secuestrados? -preguntó Dean de vuelta incorporándose en la silla. -Resulta que era una trampa para vosotros. Dos amigos mios, Carl y Rafe se ocuparon… Eran vampiros y no les gustó que Sam y tú no os presentarais. Están todos muertos, no te preocupes. Pero mi amigo Rafe no sobrevivió. Dean sintió un nudo en el estómago, pues repentinamente tuvo la sensación de acabar de eludir una muerte segura. -Lo siento, Jody… ¿Hay algo que…? -empezó a decir el cazador. Jody profirió un sonido suave de negativa. -No… Lo siento por Rafe, ¿sabes? Pero no hubiera soportado que os ocurriera nada a vosotros dos, idiotas…- dijo la sheriff de Sioux Falls- Por eso… Me siento mal al decirte esto, pero… Creo que algo está pasando en Pocatello, Idaho. Varios cazadores están yendo hacia allí. He controlado a Claire de puro milagro. Dicen que hay una criatura desconocida…. Te mando todo lo que tengo, ¿vale? Dean asintió dando después un largo trago a su vaso. -Vale, tranquila. Vamos para allá. Y, oye… Jody. De verdad que siento lo de tu amigo… Colgó el teléfono antes de ponerse en pie. -¡Sam! -llamó Dean -¡Sammy! ¡Tenemos trabajo! -dijo, ahora sí, con optimismo- ¡Nos vamos a Idaho! ¡Guarda tu champú favorito! -rio entre dientes mientras caminaba hacia la salida de la biblioteca que conducía hacia los dormitorios y la cocina. ᴄʀᴇᴅɪᴛs ɪᴍᴀɢᴇɴ sᴛᴀʀᴛᴇʀ: deanlenalove
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  • Para nada le desespera ver cómo sus alumnos o sus atletas llegan con el estómago vacío, u sin dormir.
    Para nada le desespera ver cómo sus alumnos o sus atletas llegan con el estómago vacío, u sin dormir.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    ¡Bienvenid@ a FicRol!
    Hoy damos la bienvenida a un nuevo personaje que se une a la comunidad de Personajes 3D:

    ㅤㅤ¡𝙻𝚄𝙲𝙸𝙴𝙽 𝙷𝙰𝙶𝚁𝙸𝙳 !
    Raza: Mago
    Fandom: Harry Potter
    Asistente en la Reserva de Criaturas Mágicas

    Es un placer tenerte por aquí . Esperamos que disfrutes creando historias, conexiones y momentos memorables en FicRol.

    Soy Arwen, RolSage de Personajes 3D. Si tienes dudas, necesitas orientación o simplemente quieres charlar, mis DMs están abiertos. En mi fanpage encontrarás guías útiles para moverte por la plataforma.

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    #RolSage3D #Personajes3D #Bienvenida3D
    ✨ ¡Bienvenid@ a FicRol! ✨ Hoy damos la bienvenida a un nuevo personaje que se une a la comunidad de Personajes 3D: ㅤㅤ¡[HAGR1D]! 🧬Raza: Mago 👾Fandom: Harry Potter 💼 Asistente en la Reserva de Criaturas Mágicas Es un placer tenerte por aquí 🍂. Esperamos que disfrutes creando historias, conexiones y momentos memorables en FicRol. 🧙‍♀️ Soy Arwen, RolSage de Personajes 3D. Si tienes dudas, necesitas orientación o simplemente quieres charlar, mis DMs están abiertos. En mi fanpage encontrarás guías útiles para moverte por la plataforma. 🔎 Recursos útiles para empezar: Normas básicas: https://ficrol.com/static/guidelines Guías y miniguías: https://ficrol.com/posts/147711 Grupo de Personajes 3D: https://ficrol.com/groups/Personajes3D Directorio 3D: https://ficrol.com/posts/181793 ¡Nos vemos en el Inicio! 🍁 #RolSage3D #Personajes3D #Bienvenida3D
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  • "Ten esperanza. Solo te pido eso. Un poco de esperanza"
    Fandom Harry Potter — oc
    Categoría Drama
    ㅤㅤ
    ㅤㅤㅤ𝙨𝙩𝙖𝙧𝙩𝙚𝙧 𝙥𝙖𝙧𝙖 𓍢ִ໋. ✿ Rose La—Gâre
    ㅤㅤㅤ𝘉𝘪𝘣𝘶𝘳𝘺
    ㅤㅤㅤ˚ ༘♡ ⋆。˚ 𝐅𝐋𝐀𝐒𝐇𝐁𝐀𝐂𝐊
    ㅤㅤㅤ
    ㅤㅤㅤ
    ㅤㅤㅤEl sol de verano escocia aun más en medio de la campiña inglesa, pero a Thomas le daba igual. Había tomado aquel lugar como su punto de encuentro desde el día en que la vio por primera vez. La mujer más guapa, inteligente y divertida que jamás habia conocido. La bruja con más talento y la risa más bonita que habia escuchado desde que habia abierto los ojos al mundo.

    Habían pasado tres veranos desde que supo que se habia enamorado de ella. Tres veranos y un millón de cartas de por medio. Sus cartas, sus palabras habían hecho de Hogwarts un lugar más agradable. Y después llenaron de luz y color su minúsculo cubículo en el Ministerio de Magia. Ahora, estaba deseando contarle la gran noticia sobre su ascenso. Y es que, su habilidad para encontrar magos oscuros le habia granjeado un puesto en el equipo del mismísimo Alastor Moody. No era el jefe más agradable, pero Thomas aprendía muy rapido con él. Además, aquel ascenso llevaba consigo un pequeño aumento de sueldo y el Ministerio habia asegurado que le proporcionarían una casa en el centro de Londres. Protegida, segura y a salvo.

    Resopló impaciente remangándose las mangas de la camisa y, al no saber después que hacer con sus manos, las terminó metiendo en los bolsillos de sus pantalones. Estaba deseando compartir todo aquello con Rose y decirle que antes de que pudiera darse cuenta, se casaría con ella y nadie podría volver a separarlos.

    ㅤㅤ ㅤㅤㅤ𝙨𝙩𝙖𝙧𝙩𝙚𝙧 𝙥𝙖𝙧𝙖 𓍢ִ໋. ✿ [R0SELG] ㅤㅤㅤ𝘉𝘪𝘣𝘶𝘳𝘺 ㅤㅤㅤ˚ ༘♡ ⋆。˚ 𝐅𝐋𝐀𝐒𝐇𝐁𝐀𝐂𝐊 ㅤㅤㅤ ㅤㅤㅤ ㅤㅤㅤEl sol de verano escocia aun más en medio de la campiña inglesa, pero a Thomas le daba igual. Había tomado aquel lugar como su punto de encuentro desde el día en que la vio por primera vez. La mujer más guapa, inteligente y divertida que jamás habia conocido. La bruja con más talento y la risa más bonita que habia escuchado desde que habia abierto los ojos al mundo. Habían pasado tres veranos desde que supo que se habia enamorado de ella. Tres veranos y un millón de cartas de por medio. Sus cartas, sus palabras habían hecho de Hogwarts un lugar más agradable. Y después llenaron de luz y color su minúsculo cubículo en el Ministerio de Magia. Ahora, estaba deseando contarle la gran noticia sobre su ascenso. Y es que, su habilidad para encontrar magos oscuros le habia granjeado un puesto en el equipo del mismísimo Alastor Moody. No era el jefe más agradable, pero Thomas aprendía muy rapido con él. Además, aquel ascenso llevaba consigo un pequeño aumento de sueldo y el Ministerio habia asegurado que le proporcionarían una casa en el centro de Londres. Protegida, segura y a salvo. Resopló impaciente remangándose las mangas de la camisa y, al no saber después que hacer con sus manos, las terminó metiendo en los bolsillos de sus pantalones. Estaba deseando compartir todo aquello con Rose y decirle que antes de que pudiera darse cuenta, se casaría con ella y nadie podría volver a separarlos.
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  • Solo queríamos olvidar un rato...
    Fandom Z.Y.X.S
    Categoría Original
    Escena con: Masthian Lauguez

    El taxi olía a cuero viejo y a perfume barato. Shacya iba mirando por la ventana sin ver realmente nada, con la pequeña caja apoyada sobre sus muslos y las botellas chocando suavemente entre sí cada vez que el auto frenaba. Ese sonido le resultaba extrañamente reconfortante.

    Su tarjeta ilimitada había hecho el resto. No tuvo que pensarlo demasiado. Solo tomó las botellas que sabía que a Masthian le gustaban, y una que no habían probado nunca, solo por el gusto de hacer algo impulsivo. Como antes, como cuando la vida no pesaba tanto.

    Pero ese mensaje…
    : Conseguí algo que nos hará volar

    No decía más, no explicaba nada, y eso era lo peor. Masthian nunca prometía cosas a medias.

    El taxi se detuvo frente a la casa. Por fin había llegado. Shacya no dudó ni un segundo en bajar, y el aire frío de la noche la recibió como una advertencia suave. Se quedó unos segundos frente a la puerta, observando la fachada que conocía de memoria. Cuántas veces había estado ahí… riendo hasta que dolía el estómago, quejándose de la vida, sobreviviéndola juntos.

    Cuando por fin se decidió a tocar el timbre, luego de su momento nostálgico[?] El sonido fue inmediato, como un relámpago irrumpiendo la calma de la casa.

    Podía imaginarlo del otro lado, el cabello rubio desordenado, esa forma suya de moverse como si siempre supiera algo que el resto no. Quizás sonriendo. Quizás nervioso. Quizás sosteniendo ese misterio que había prometido arrancarlos, aunque fuera por unas horas, del peso invisible que llevaban encima.

    Sus dedos se tensaron ligeramente alrededor de la caja. Y por primera vez en mucho tiempo, no sabía si lo que sentía era emoción… o el presentimiento de que algo estaba a punto de cambiar.
    Escena con: [aiderulz12] El taxi olía a cuero viejo y a perfume barato. Shacya iba mirando por la ventana sin ver realmente nada, con la pequeña caja apoyada sobre sus muslos y las botellas chocando suavemente entre sí cada vez que el auto frenaba. Ese sonido le resultaba extrañamente reconfortante. Su tarjeta ilimitada había hecho el resto. No tuvo que pensarlo demasiado. Solo tomó las botellas que sabía que a Masthian le gustaban, y una que no habían probado nunca, solo por el gusto de hacer algo impulsivo. Como antes, como cuando la vida no pesaba tanto. Pero ese mensaje… 💬: Conseguí algo que nos hará volar 🥴 No decía más, no explicaba nada, y eso era lo peor. Masthian nunca prometía cosas a medias. El taxi se detuvo frente a la casa. Por fin había llegado. Shacya no dudó ni un segundo en bajar, y el aire frío de la noche la recibió como una advertencia suave. Se quedó unos segundos frente a la puerta, observando la fachada que conocía de memoria. Cuántas veces había estado ahí… riendo hasta que dolía el estómago, quejándose de la vida, sobreviviéndola juntos. Cuando por fin se decidió a tocar el timbre, luego de su momento nostálgico[?] El sonido fue inmediato, como un relámpago irrumpiendo la calma de la casa. Podía imaginarlo del otro lado, el cabello rubio desordenado, esa forma suya de moverse como si siempre supiera algo que el resto no. Quizás sonriendo. Quizás nervioso. Quizás sosteniendo ese misterio que había prometido arrancarlos, aunque fuera por unas horas, del peso invisible que llevaban encima. Sus dedos se tensaron ligeramente alrededor de la caja. Y por primera vez en mucho tiempo, no sabía si lo que sentía era emoción… o el presentimiento de que algo estaba a punto de cambiar.
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  • Cerró tras de sí con cuidado, como si la habitación pudiera sobresaltarse con su presencia. Dado que los encantamientos de protección los incluían a él y a la brujita no tuvo problemas en poder entrar. Se quitó el giratiempos y lo guardó en el bolsillo del pantalón. Después sacó su cuaderno y la carpeta manila y las dejó sobre la encimera de la cocina.

    Se sentó primero en uno de los taburetes de la isla de la cocina y se cruzó de brazos mirando hacia la puerta con una sonrisa. Pero pensó que aquello lo haría parecer demasiado presuntuoso. Asi que se bajó del taburete y caminó hasta uno de los pilares que separaban la cocina del salón para después apoyarse en el marco de la puerta del salón. De nuevo son esa sonrisa suya.

    -Bah…

    No, definitivamente aquello no era lo suyo. Se apartó del marco y caminó con pasos suaves hacia el dormitorio de la joven, la cual quedaba justo detrás de la sala de estar. Aparecer desde ahí le daría el golpe de efecto perfecto. Porque desde allí, el sonido del exterior llegaba amortiguado, pero claro. La cerradura. El roce de la magia doméstica reajustándose.

    Acheron se apoyó junto al armario, atento. Esperar se le daba bien. Sorprender, solo cuando merecía la pena.

    ⤷ Por supuesto la auror no viajó por la red flu hasta su chimenea, porque ya no estaba conectada a dicha red, pero el final del camino, casi lo hizo corriendo, y entró en el apartamento como una tromba. Necesitaba poder pensar tranquila.

    Cuando Acheron escuchó la puerta abrirse, se irguió despacio y salió de la habitación solo cuando supo que su aparición en el salón tendría el golpe de efecto que queria.

    -Te dije que volverías a verme, ¿no? -abrió los brazos al ver allí a la bruja- Sano y salvo.

    Entonces recordó algo, alzó un dedo pidiendo una pausa y se metió la otra mano en el bolsillo.

    -¡Ah!

    Sacó el pasador de Emmeline y lo mostró victorioso.

    -Tu pasador. Tal como prometí.

    Emmeline, nada más dejar las llaves y girarse hacia el salón, vio aparecer a Acheron desde su habitación.

    Su aparición y el comentario, la asustaron genuinamente, y es que no esperaba encontrárselo allí, de nuevo con aquella mirada, con aquella sonrisa, y no pudo reprimir un agudo grito que terminó en el nombre del mago.

    — ¡AAAAAAAAcheron!



    ⸻ 𝑒𝑥𝑡𝑟𝑎𝑐𝑡𝑜 𝑑𝑒 𝑚𝑖 𝑟𝑜𝑙 𝑐𝑜𝑛 Emmeline Bletchley
    Cerró tras de sí con cuidado, como si la habitación pudiera sobresaltarse con su presencia. Dado que los encantamientos de protección los incluían a él y a la brujita no tuvo problemas en poder entrar. Se quitó el giratiempos y lo guardó en el bolsillo del pantalón. Después sacó su cuaderno y la carpeta manila y las dejó sobre la encimera de la cocina. Se sentó primero en uno de los taburetes de la isla de la cocina y se cruzó de brazos mirando hacia la puerta con una sonrisa. Pero pensó que aquello lo haría parecer demasiado presuntuoso. Asi que se bajó del taburete y caminó hasta uno de los pilares que separaban la cocina del salón para después apoyarse en el marco de la puerta del salón. De nuevo son esa sonrisa suya. -Bah… No, definitivamente aquello no era lo suyo. Se apartó del marco y caminó con pasos suaves hacia el dormitorio de la joven, la cual quedaba justo detrás de la sala de estar. Aparecer desde ahí le daría el golpe de efecto perfecto. Porque desde allí, el sonido del exterior llegaba amortiguado, pero claro. La cerradura. El roce de la magia doméstica reajustándose. Acheron se apoyó junto al armario, atento. Esperar se le daba bien. Sorprender, solo cuando merecía la pena. ⤷ Por supuesto la auror no viajó por la red flu hasta su chimenea, porque ya no estaba conectada a dicha red, pero el final del camino, casi lo hizo corriendo, y entró en el apartamento como una tromba. Necesitaba poder pensar tranquila. Cuando Acheron escuchó la puerta abrirse, se irguió despacio y salió de la habitación solo cuando supo que su aparición en el salón tendría el golpe de efecto que queria. -Te dije que volverías a verme, ¿no? -abrió los brazos al ver allí a la bruja- Sano y salvo. Entonces recordó algo, alzó un dedo pidiendo una pausa y se metió la otra mano en el bolsillo. -¡Ah! Sacó el pasador de Emmeline y lo mostró victorioso. -Tu pasador. Tal como prometí. Emmeline, nada más dejar las llaves y girarse hacia el salón, vio aparecer a Acheron desde su habitación. Su aparición y el comentario, la asustaron genuinamente, y es que no esperaba encontrárselo allí, de nuevo con aquella mirada, con aquella sonrisa, y no pudo reprimir un agudo grito que terminó en el nombre del mago. — ¡AAAAAAAAcheron! ⸻ 𝑒𝑥𝑡𝑟𝑎𝑐𝑡𝑜 𝑑𝑒 𝑚𝑖 𝑟𝑜𝑙 𝑐𝑜𝑛 [3mmlineB] ⸻
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    ¡Bienvenid@s a FicRol!
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    ㅤㅤ¡Thomas Anderson!
    Raza: Mago
    Fandom: Harry Potter — OC
    Auror en el Departamento de Seguridad Mágica de Reino Unido

    ㅤㅤ¡Rose La—Gâre!
    Raza: Bruja
    Fandom: Harry Potter




    Es un placer teneros por aquí . Esperamos que disfrutéis creando historias, conexiones y momentos memorables dentro de FicRol.

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  • — Soy Yue, el Guardián de la Luna. Para aquellos que caminan en la luz del día, mi existencia es solo un mito o el reflejo de un sueño ajeno. Pero para quienes entienden el peso de la magia, soy el veredicto final. Mi creador, el Mago Clow, me otorgó el deber de juzgar la valía de las almas, y esa es la única razón por la que tolero esta exposición con ustedes.—
    — Soy Yue, el Guardián de la Luna. Para aquellos que caminan en la luz del día, mi existencia es solo un mito o el reflejo de un sueño ajeno. Pero para quienes entienden el peso de la magia, soy el veredicto final. Mi creador, el Mago Clow, me otorgó el deber de juzgar la valía de las almas, y esa es la única razón por la que tolero esta exposición con ustedes.—
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  • I'll use you as a focal point, so I don't lose sight of what I want
    Fandom Harry Potter
    Categoría Fantasía
    STARTER

    La biblioteca siempre era el lugar seguro para Hermione, su refugio cuando necesitaba concentrarse o relajarse, y también cuando estaba furiosa y no quería soltar palabras mordaces que pocos solían entender como un insulto o un ataque, entonces necesitaba aislarse. El aroma a pergamino antiguo, de algún modo, le recordaba que mientras tuviera un libro frente a ella, el caos del mundo exterior —la nieve, los T.I.M.O. o, desde hacía unas horas, la insoportable idea de compartir un caldero con un compañero de clase tan prejuicioso como lo era Malfoy— podía quedar reducido a un ruido de fondo.

    Aún así, esa tarde nada parecía funcionar, y el silencio de la biblioteca la resultaba sofocante.

    Frente a ella descansaba el tomo de "𝑇𝑒𝑜𝑟𝜄́𝑎 𝑑𝑒 𝑀𝑎𝑔𝑖𝑎 𝐷𝑒𝑓𝑒𝑛𝑠𝑖𝑣𝑎", de Wilbert Slinkhard, libro que había leído en su totalidad dos veces antes del inicio de clases creyendo que ése año finalmente podría superar a su mejor amigo en la materia que mejor se le daba (a él, claramente). Eso no estaba ocurriendo. De hecho, esa misma mañana había vuelto a fallar al querer conjurar un hechizo durante la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Mientras Harry lograba desviar un ataque con un movimiento fluido de muñeca, ella se había quedado allí, con la cara ligeramente ruborizada de la vergüenza tras que su varita emitiera un chispazo plateado en lugar de un escudo que la protegiera en su totalidad.

    La teoría la tenía dominada. ¿Pero la ejecución? Se sentía como intentar gritar bajo el agua.

    Ya vería cómo realizarlo. Ahora debía repasar otros encantamientos, como por ejemplo...

    ...el 𝐌𝐨𝐛𝐢𝐥𝐢𝐜𝐨𝐫𝐩𝐮𝐬. Sus dedos recorrieron las líneas gastadas del manual, deteniéndose en la descripción de los "hilos invisibles". El texto explicaba cómo el hechizo debía anclarse en tres puntos de presión específicos: las muñecas, el cuello y las rodillas. "𝑄𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑙𝑜 𝑙𝑎𝑛𝑧𝑎 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜𝑙𝑎𝑟 𝑎 𝑠𝑢 𝑜𝑏𝑗𝑒𝑡𝑖𝑣𝑜 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑖 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑎 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑟𝑖𝑜𝑛𝑒𝑡𝑎", leyó frunciendo el ceño. No solo debía elevar el cuerpo, sino también sostenerlo.

    Cerró los ojos un instante, tratando de visualizar cómo debía verse el hechizo en acción. En la teoría, el Mobilicorpus era una extensión lógica de los encantamientos de levitación básicos que había aprendido en sus inicios en Hogwarts, pero éste requería una sintonía de su destreza física que aún no dominaba. Si todavía no podía crear un escudo de manera no verbal, ¿cómo esperaba manejar la complejidad de mover un cuerpo entero con la precisión que exigía el texto? Porque esa palabra, 𝐩𝐫𝐞𝐜𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧, se repetía varias veces a lo largo de la descripción.

    Al volver a abrir los ojos, las letras sobre las hojas parecieron bailar frente a ella mientras intentaba enfocarse. La frustración, que hasta entonces había mantenido controlada, se convirtió en una llama. Una que se reflejó inmediatamente en su mirada cuando la desvió inevitablemente hacia el pergamino que asomaba bajo su libro de defensa. Era la nota de Snape.

    Su profesor le había asignado una nueva tarea hacia el final de la clase de Pociones, cuando ya no quedaba nadie más que ella dentro del aula, con esa voz siseante y monótona que le recordaba lo poco que se agradaban mutuamente. Por "𝑜́𝑟𝑑𝑒𝑛𝑒𝑠 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑜𝑟", se requería una provisión extra de Poción Matalobos ya que Snape estaría abocado a otras tareas para la Orden. Era una tarea extremadamente delicada cuyo margen de error debía ser nulo, y por eso se necesitaban dos de los mejores alumnos de quinto año. Después de todo, eran pocos los que conocían la existencia de la organización, y no podían arriesgarse a involucrar alumnos de otros años.

    Pero Snape no la había emparejado con alguno de sus amigos, ni siquiera con un Ravenclaw competente que podría estar a su altura — o al menos acercarse a ella. Su compañero era el Slytherin que la odiaba, y que casualmente era también el otro alumno destacado en Pociones.

    Cada vez que leía el nombre "Draco Malfoy" junto al suyo, sentía una punzada de indignación en el estómago. La poción era una de las más peligrosas y difíciles de elaborar; un solo error en el manejo del acónito y los efectos podrían ser catastróficos. Dumbledore confiaba en ella, eso estaba claro, ¿pero por qué obligarla a trabajar con alguien que pasaba la mitad del tiempo burlándose de sus amigos?

    Y al menos ella sabía porqué estaría haciéndola los siguientes meses, como le repitió su profesor antes de dejarla ir, y cuáles eran los beneficios. ¿Pero cómo lograría convencer al otro estudiante? A pesar de su enojo, le intrigaba saber qué había en juego para su, lamentablemente, nuevo compañero. Él no podía saber de la Orden, ni tampoco que estaría ayudando a Lupin, o de seguro se reiría y no aceptaría. ¿Entonces...?

    Luego trataría de averiguarlo.

    Tener que pasar horas en una habitación en el sótano más frío del castillo compartiendo espacio con Draco Malfoy era su idea personal del infierno. El solo pensar en sus comentarios sarcásticos sobre su linaje, acompañados por esa sonrisa estúpida con aires de superioridad, o en las instancias de pelea que generaría solo para hacerla enojar, le quitaban cualquier intención de calmar su enojo.

    La fémina cerró el libro de golpe con un sonido seco que resonó entree las paredes de la biblioteca. El eco pareció despertar a Madam Pince, quien asomó su rostro por encima de una estantería de libros de Transformaciones. Un leve “Lo siento” escapó en un murmullo de sus labios antes de recoger sus cosas.

    «Precisión», recordó mentalmente mientras guardaba el pergamino de Snape dentro de su túnica. Esa palabra aplicaba al hechizo de levitación, y también a la poción que aprendería esa noche.

    Mientras bajaba las escaleras hacia las mazmorras, cargando con una mochila más pesada de lo habitual debido a los tomos extra de consulta que había pedido prestados y a los elementos que Snape le había indicado debía llevar a la sesión, una sensación distinta comenzó a abrirse paso entre la indignación. Estaba enojada aún, más de lo que le gustaría admitir, pero cuanto más vueltas le daba a la idea, más fuerza iba ganando una pequeña chispa de ambición. Un orgullo que no podía ignorar porque había sido elegida, entre tantos alumnos de aquel colegio, por el mismísimo Dumbledore para una tarea que podía salvar vidas. Y era otra oportunidad más para demostrar su valor.

    𝙳𝚁𝙰𝙲𝙾 𝙼𝙰𝙻𝙵𝙾𝚈
    STARTER La biblioteca siempre era el lugar seguro para Hermione, su refugio cuando necesitaba concentrarse o relajarse, y también cuando estaba furiosa y no quería soltar palabras mordaces que pocos solían entender como un insulto o un ataque, entonces necesitaba aislarse. El aroma a pergamino antiguo, de algún modo, le recordaba que mientras tuviera un libro frente a ella, el caos del mundo exterior —la nieve, los T.I.M.O. o, desde hacía unas horas, la insoportable idea de compartir un caldero con un compañero de clase tan prejuicioso como lo era Malfoy— podía quedar reducido a un ruido de fondo. Aún así, esa tarde nada parecía funcionar, y el silencio de la biblioteca la resultaba sofocante. Frente a ella descansaba el tomo de "𝑇𝑒𝑜𝑟𝜄́𝑎 𝑑𝑒 𝑀𝑎𝑔𝑖𝑎 𝐷𝑒𝑓𝑒𝑛𝑠𝑖𝑣𝑎", de Wilbert Slinkhard, libro que había leído en su totalidad dos veces antes del inicio de clases creyendo que ése año finalmente podría superar a su mejor amigo en la materia que mejor se le daba (a él, claramente). Eso no estaba ocurriendo. De hecho, esa misma mañana había vuelto a fallar al querer conjurar un hechizo durante la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Mientras Harry lograba desviar un ataque con un movimiento fluido de muñeca, ella se había quedado allí, con la cara ligeramente ruborizada de la vergüenza tras que su varita emitiera un chispazo plateado en lugar de un escudo que la protegiera en su totalidad. La teoría la tenía dominada. ¿Pero la ejecución? Se sentía como intentar gritar bajo el agua. Ya vería cómo realizarlo. Ahora debía repasar otros encantamientos, como por ejemplo... ...el 𝐌𝐨𝐛𝐢𝐥𝐢𝐜𝐨𝐫𝐩𝐮𝐬. Sus dedos recorrieron las líneas gastadas del manual, deteniéndose en la descripción de los "hilos invisibles". El texto explicaba cómo el hechizo debía anclarse en tres puntos de presión específicos: las muñecas, el cuello y las rodillas. "𝑄𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑙𝑜 𝑙𝑎𝑛𝑧𝑎 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜𝑙𝑎𝑟 𝑎 𝑠𝑢 𝑜𝑏𝑗𝑒𝑡𝑖𝑣𝑜 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑖 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑎 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑟𝑖𝑜𝑛𝑒𝑡𝑎", leyó frunciendo el ceño. No solo debía elevar el cuerpo, sino también sostenerlo. Cerró los ojos un instante, tratando de visualizar cómo debía verse el hechizo en acción. En la teoría, el Mobilicorpus era una extensión lógica de los encantamientos de levitación básicos que había aprendido en sus inicios en Hogwarts, pero éste requería una sintonía de su destreza física que aún no dominaba. Si todavía no podía crear un escudo de manera no verbal, ¿cómo esperaba manejar la complejidad de mover un cuerpo entero con la precisión que exigía el texto? Porque esa palabra, 𝐩𝐫𝐞𝐜𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧, se repetía varias veces a lo largo de la descripción. Al volver a abrir los ojos, las letras sobre las hojas parecieron bailar frente a ella mientras intentaba enfocarse. La frustración, que hasta entonces había mantenido controlada, se convirtió en una llama. Una que se reflejó inmediatamente en su mirada cuando la desvió inevitablemente hacia el pergamino que asomaba bajo su libro de defensa. Era la nota de Snape. Su profesor le había asignado una nueva tarea hacia el final de la clase de Pociones, cuando ya no quedaba nadie más que ella dentro del aula, con esa voz siseante y monótona que le recordaba lo poco que se agradaban mutuamente. Por "𝑜́𝑟𝑑𝑒𝑛𝑒𝑠 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑜𝑟", se requería una provisión extra de Poción Matalobos ya que Snape estaría abocado a otras tareas para la Orden. Era una tarea extremadamente delicada cuyo margen de error debía ser nulo, y por eso se necesitaban dos de los mejores alumnos de quinto año. Después de todo, eran pocos los que conocían la existencia de la organización, y no podían arriesgarse a involucrar alumnos de otros años. Pero Snape no la había emparejado con alguno de sus amigos, ni siquiera con un Ravenclaw competente que podría estar a su altura — o al menos acercarse a ella. Su compañero era el Slytherin que la odiaba, y que casualmente era también el otro alumno destacado en Pociones. Cada vez que leía el nombre "Draco Malfoy" junto al suyo, sentía una punzada de indignación en el estómago. La poción era una de las más peligrosas y difíciles de elaborar; un solo error en el manejo del acónito y los efectos podrían ser catastróficos. Dumbledore confiaba en ella, eso estaba claro, ¿pero por qué obligarla a trabajar con alguien que pasaba la mitad del tiempo burlándose de sus amigos? Y al menos ella sabía porqué estaría haciéndola los siguientes meses, como le repitió su profesor antes de dejarla ir, y cuáles eran los beneficios. ¿Pero cómo lograría convencer al otro estudiante? A pesar de su enojo, le intrigaba saber qué había en juego para su, lamentablemente, nuevo compañero. Él no podía saber de la Orden, ni tampoco que estaría ayudando a Lupin, o de seguro se reiría y no aceptaría. ¿Entonces...? Luego trataría de averiguarlo. Tener que pasar horas en una habitación en el sótano más frío del castillo compartiendo espacio con Draco Malfoy era su idea personal del infierno. El solo pensar en sus comentarios sarcásticos sobre su linaje, acompañados por esa sonrisa estúpida con aires de superioridad, o en las instancias de pelea que generaría solo para hacerla enojar, le quitaban cualquier intención de calmar su enojo. La fémina cerró el libro de golpe con un sonido seco que resonó entree las paredes de la biblioteca. El eco pareció despertar a Madam Pince, quien asomó su rostro por encima de una estantería de libros de Transformaciones. Un leve “Lo siento” escapó en un murmullo de sus labios antes de recoger sus cosas. «Precisión», recordó mentalmente mientras guardaba el pergamino de Snape dentro de su túnica. Esa palabra aplicaba al hechizo de levitación, y también a la poción que aprendería esa noche. Mientras bajaba las escaleras hacia las mazmorras, cargando con una mochila más pesada de lo habitual debido a los tomos extra de consulta que había pedido prestados y a los elementos que Snape le había indicado debía llevar a la sesión, una sensación distinta comenzó a abrirse paso entre la indignación. Estaba enojada aún, más de lo que le gustaría admitir, pero cuanto más vueltas le daba a la idea, más fuerza iba ganando una pequeña chispa de ambición. Un orgullo que no podía ignorar porque había sido elegida, entre tantos alumnos de aquel colegio, por el mismísimo Dumbledore para una tarea que podía salvar vidas. Y era otra oportunidad más para demostrar su valor. [PUREBL00D]
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