• — Y la receta es: videos de gatitos cada 4 hrs. Un chocolate caliente en las tardes. Y 20 gominolas de ositos, idealmente de todos los colores. ~
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  • —¿Qué? ¿No te gusta la barba? Bueno, si me sueltas de la oreja capaz y me rasuro. O puede que no. La vida es un riesgo, nakama, debes sentirte como un pollito de colores en todo momento para disfrutarla al máximo.


    ...bueno ya suéltame.
    —¿Qué? ¿No te gusta la barba? Bueno, si me sueltas de la oreja capaz y me rasuro. O puede que no. La vida es un riesgo, nakama, debes sentirte como un pollito de colores en todo momento para disfrutarla al máximo. ...bueno ya suéltame.
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  • ༒ 𝕮𝖎𝖓𝖎𝖘 𝕽𝖔𝖘𝖆.

    La tormenta había cesado apenas unos minutos antes de que Odette cruzara el arco de piedra que marcaba la entrada a la ciudad.

    Las calles permanecían húmedas, brillando tenuemente bajo la luz de los faroles. El barro se adhería a los bajos de su falda negra mientras avanzaba sin prisa entre comerciantes agotados y mendigos que evitaban levantar la vista. El aroma a humo, cerveza agria y madera mojada impregnaba el aire nocturno.

    Al fondo de la calle principal, una vieja taberna aún permanecía abierta.

    Un letrero oxidado colgaba sobre la puerta balanceándose con el viento: El Cuervo Tuerto.

    Desde dentro escapaban risas toscas, el sonido de jarras golpeando mesas y una melodía mal tocada por algún bardo ebrio.

    Odette se detuvo frente a la entrada un instante.

    Luego empujó la puerta.

    El calor del interior la envolvió de golpe junto con el olor denso a sudor, alcohol y carne cocida. Algunos hombres giraron la cabeza apenas lo suficiente para observar a la extraña mujer de negro entrar bajo la tenue iluminación rojiza.

    Ella solo caminó hasta una mesa apartada, cerca de la pared, donde las sombras ocultaban parcialmente su rostro bajo la capucha oscura.

    El tabernero se aproximó limpiándose las manos en un trapo sucio.

    —¿Qué va a ordenar, hermana? —preguntó con cierta cautela al notar los pequeños frascos colgando de su cinturón.

    —Vino caliente. Y algo de pan, si aún queda.— respondió Odette con voz tranquila.

    El hombre arqueó una ceja.
    No parecía una monja pero tampoco deseaba hacer preguntas.

    Se alejó murmurando para sí mismo.

    La taberna continuó con su ruido habitual.
    Risas, Insultos, una pelea contenida apenas por la borrachera de los involucrados.

    Hasta que la puerta se abrió violentamente.

    Un hombre irrumpió empapado por la lluvia.

    Tropezó apenas cruzar el umbral y cayó de rodillas sobre el suelo. Respiraba agitado. Los ojos abiertos de par en par. Como si hubiese corrido huyendo de algo invisible.

    —¡La vi!— gritó con la voz quebrada.

    Nadie respondió al principio.
    Algunos soltaron risas cansadas.

    —Otra vez no, Edwin...— dijo entre dientes alguien que aparentemente lo conocía desde una mesa.

    Pero el hombre comenzó a señalar desesperadamente hacia las calles exteriores.

    —¡La Santa de los Venenos! ¡La vi en el bosque viejo! ¡Juro por Dios que era ella!

    La taberna estalló en carcajadas.

    —¿La bruja del luto?
    —Ese idiota volvió a beber aguardiente barato.
    —¿No se suponía que estaba muerta?

    Pero el hombre no reía... Temblaba.

    —¡No estaba muerta! ¡La vi caminar entre los árboles! ¡Las serpientes la seguían! ¡Y había cuerpos colgados cerca del río! ¡Hombres enfermos! ¡Todos con flores negras en la boca!

    Algunas risas comenzaron a apagarse.

    Incluso el bardo dejó de tocar.

    Edwin tragó saliva con dificultad.

    —Y entonces ella me miró...

    Un silencio incómodo recorrió la taberna.

    —¿Y cómo sabes que era “La Santa”?— preguntó finalmente el tabernero.

    Edwin señaló con mano temblorosa hacia el fondo del local, directamente hacia Odette.

    —Porque tenía esos mismos ojos.

    El silencio cayó de golpe.

    Varias miradas se clavaron lentamente sobre la mujer de negro.

    La tenue vela de su mesa iluminaba apenas su expresión serena mientras sostenía entre los dedos la taza de vino caliente que acababan de servirle.

    Entonces levantó la vista hacia el hombre.
    Y sonrió... No una sonrisa cálida, sino algo mucho peor: Una expresión tranquila, condescendiente.
    Como la de alguien que escucha a un niño describir un mal sueño que resulta ser completamente real.

    El hombre retrocedió horrorizado.

    —No... no...— balbuceó.

    Odette lentamente retiró la capucha que cubría su cabeza.

    —Deberías dejar de correr bajo la lluvia... Podrías enfermar.
    ༒ 𝕮𝖎𝖓𝖎𝖘 𝕽𝖔𝖘𝖆. La tormenta había cesado apenas unos minutos antes de que Odette cruzara el arco de piedra que marcaba la entrada a la ciudad. Las calles permanecían húmedas, brillando tenuemente bajo la luz de los faroles. El barro se adhería a los bajos de su falda negra mientras avanzaba sin prisa entre comerciantes agotados y mendigos que evitaban levantar la vista. El aroma a humo, cerveza agria y madera mojada impregnaba el aire nocturno. Al fondo de la calle principal, una vieja taberna aún permanecía abierta. Un letrero oxidado colgaba sobre la puerta balanceándose con el viento: El Cuervo Tuerto. Desde dentro escapaban risas toscas, el sonido de jarras golpeando mesas y una melodía mal tocada por algún bardo ebrio. Odette se detuvo frente a la entrada un instante. Luego empujó la puerta. El calor del interior la envolvió de golpe junto con el olor denso a sudor, alcohol y carne cocida. Algunos hombres giraron la cabeza apenas lo suficiente para observar a la extraña mujer de negro entrar bajo la tenue iluminación rojiza. Ella solo caminó hasta una mesa apartada, cerca de la pared, donde las sombras ocultaban parcialmente su rostro bajo la capucha oscura. El tabernero se aproximó limpiándose las manos en un trapo sucio. —¿Qué va a ordenar, hermana? —preguntó con cierta cautela al notar los pequeños frascos colgando de su cinturón. —Vino caliente. Y algo de pan, si aún queda.— respondió Odette con voz tranquila. El hombre arqueó una ceja. No parecía una monja pero tampoco deseaba hacer preguntas. Se alejó murmurando para sí mismo. La taberna continuó con su ruido habitual. Risas, Insultos, una pelea contenida apenas por la borrachera de los involucrados. Hasta que la puerta se abrió violentamente. Un hombre irrumpió empapado por la lluvia. Tropezó apenas cruzar el umbral y cayó de rodillas sobre el suelo. Respiraba agitado. Los ojos abiertos de par en par. Como si hubiese corrido huyendo de algo invisible. —¡La vi!— gritó con la voz quebrada. Nadie respondió al principio. Algunos soltaron risas cansadas. —Otra vez no, Edwin...— dijo entre dientes alguien que aparentemente lo conocía desde una mesa. Pero el hombre comenzó a señalar desesperadamente hacia las calles exteriores. —¡La Santa de los Venenos! ¡La vi en el bosque viejo! ¡Juro por Dios que era ella! La taberna estalló en carcajadas. —¿La bruja del luto? —Ese idiota volvió a beber aguardiente barato. —¿No se suponía que estaba muerta? Pero el hombre no reía... Temblaba. —¡No estaba muerta! ¡La vi caminar entre los árboles! ¡Las serpientes la seguían! ¡Y había cuerpos colgados cerca del río! ¡Hombres enfermos! ¡Todos con flores negras en la boca! Algunas risas comenzaron a apagarse. Incluso el bardo dejó de tocar. Edwin tragó saliva con dificultad. —Y entonces ella me miró... Un silencio incómodo recorrió la taberna. —¿Y cómo sabes que era “La Santa”?— preguntó finalmente el tabernero. Edwin señaló con mano temblorosa hacia el fondo del local, directamente hacia Odette. —Porque tenía esos mismos ojos. El silencio cayó de golpe. Varias miradas se clavaron lentamente sobre la mujer de negro. La tenue vela de su mesa iluminaba apenas su expresión serena mientras sostenía entre los dedos la taza de vino caliente que acababan de servirle. Entonces levantó la vista hacia el hombre. Y sonrió... No una sonrisa cálida, sino algo mucho peor: Una expresión tranquila, condescendiente. Como la de alguien que escucha a un niño describir un mal sueño que resulta ser completamente real. El hombre retrocedió horrorizado. —No... no...— balbuceó. Odette lentamente retiró la capucha que cubría su cabeza. —Deberías dejar de correr bajo la lluvia... Podrías enfermar.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    —Tengo los calores hasta arriba, dejadme en paz (?)
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  • Hoy hace demasiado calor otra vez 🫠 es sofocante 🫠
    Usen ropa ligera, colores claros y tomen mucha agüita fresca con este clima y si no tienes a qué salir a la calle no lo hagan, en el horario de 11 am a 6 pm
    Hoy hace demasiado calor otra vez 🫠 es sofocante 🥵🫠 Usen ropa ligera, colores claros y tomen mucha agüita fresca con este clima 🥴 y si no tienes a qué salir a la calle no lo hagan, en el horario de 11 am a 6 pm
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  • Llevaba un par de días buscando a los chicos que le había ordenado Alessandro, había sido una tarea relativamente sencilla porque los jóvenes son sumamente irresponsables y les gusta presumir hasta de sus estupideces, por lo que bastaron un par de preguntas aquí y allá y dio con o que buscaba. Ahora sólo faltaba tender la trampa y esperar a que cayeran. No pasó mucho tiempo para que llegaran al lugar donde Lorenzo y Alessandro los esperaban para darles una sorpresa que nunca olvidarían, especialmente sus familias.

    - ¿Estás seguro de esto?, jamás has matado fuera de tu territorio. - preguntó Lorenzo a Alessandro mientras miraba a los chicos inconcientes en el suelo, sin saber que ese día, despertarían por última vez.

    Alessandro Wang Balissari
    Llevaba un par de días buscando a los chicos que le había ordenado Alessandro, había sido una tarea relativamente sencilla porque los jóvenes son sumamente irresponsables y les gusta presumir hasta de sus estupideces, por lo que bastaron un par de preguntas aquí y allá y dio con o que buscaba. Ahora sólo faltaba tender la trampa y esperar a que cayeran. No pasó mucho tiempo para que llegaran al lugar donde Lorenzo y Alessandro los esperaban para darles una sorpresa que nunca olvidarían, especialmente sus familias. - ¿Estás seguro de esto?, jamás has matado fuera de tu territorio. - preguntó Lorenzo a Alessandro mientras miraba a los chicos inconcientes en el suelo, sin saber que ese día, despertarían por última vez. [flare_onyx_bear_870]
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  • Kang Woo ming All SeongHa
    Roleo con mis mejores amigos

    Busan, Corea del Sur - 14 de agosto de 2026 | 10:47 p.m.

    -el sonido lejano de los autos mezclándose con las olas golpeando la costa apenas lograba calmar el nudo que sentía en el pecho mientras caminaba lentamente por las calles húmedas de Busan... las luces de los pequeños restaurantes y tiendas nocturnas iluminaban mi rostro cansado después de salir del mercado con una bolsa colgando de mi brazo-

    -habían pasado meses... meses desde que terminó el primer ciclo universitario, meses desde la última vez que escuché su voz, desde la última vez que vi aquellos ojos que alguna vez me hicieron sentir segura... y aun así, seguía sin poder olvidarlo-

    -Kang Woo-Ming... el chico que alguna vez amé con todo mi corazón-

    -apreté con fuerza la bolsa entre mis dedos al recordar cada cosa que ocurrió entre nosotros... las promesas, las discusiones, la forma en que desapareció de mi vida sin siquiera darme una explicación real. Todavía dolía. Mucho más de lo que quería admitir-

    -levanté la mirada distraídamente mientras acomodaba mi cabello detrás de la oreja... pero entonces mi cuerpo se congeló por completo-

    -ahí estaba él parado bajo la tenue luz amarillenta de la calle, a unos pocos metros de mí... exactamente igual a como lo recordaba y al mismo tiempo completamente diferente. Mi respiración se cortó de golpe mientras mis ojos comenzaban a llenarse de lágrimas sin que pudiera evitarlo-

    -durante unos segundos permanecí inmóvil, observándolo en silencio, como si mi mente se negara a creer que realmente era él después de tanto tiempo... pero toda la tristeza, la rabia y el vacío acumulado terminaron explotando dentro de mí-

    -¡¿Por qué...?!

    -mi voz se quebró apenas salió, temblando entre el enojo y el dolor mientras daba un paso hacia él-

    -¡¿Por qué me dejaste de esa manera, Woo-Ming?!

    -las lágrimas comenzaron a caer lentamente por mis mejillas mientras lo miraba fijamente, intentando contener una angustia que llevaba demasiado tiempo guardando-

    -¡Desapareciste sin decirme nada... ni una Ilamada... ni un mensaje... nada!

    -mi respiración se volvió inestable mientras bajaba la mirada unos segundos, sintiendo el pecho arderme dolorosamente

    -¿Sabes cuánto tiempo te esperé...? ¿Cuánto tiempo llore por tus estupideces?

    -volví a mirarlo directamente, con los ojos completamente húmedos y la voz mucho más baja esta vez-

    -Yo realmente te amaba...

    -el silencio de aquella calle pareció hacerse aún más pesado mientras el viento nocturno movía suavemente mi cabello... y aun después de todo el daño, mi corazón seguía latiendo con fuerza al tenerlo nuevamente enfrente-
    [illusion_garnet_shark_798] [galaxy_cyan_sheep_845] Roleo con mis mejores amigos Busan, Corea del Sur - 14 de agosto de 2026 | 10:47 p.m. -el sonido lejano de los autos mezclándose con las olas golpeando la costa apenas lograba calmar el nudo que sentía en el pecho mientras caminaba lentamente por las calles húmedas de Busan... las luces de los pequeños restaurantes y tiendas nocturnas iluminaban mi rostro cansado después de salir del mercado con una bolsa colgando de mi brazo- -habían pasado meses... meses desde que terminó el primer ciclo universitario, meses desde la última vez que escuché su voz, desde la última vez que vi aquellos ojos que alguna vez me hicieron sentir segura... y aun así, seguía sin poder olvidarlo- -Kang Woo-Ming... el chico que alguna vez amé con todo mi corazón- -apreté con fuerza la bolsa entre mis dedos al recordar cada cosa que ocurrió entre nosotros... las promesas, las discusiones, la forma en que desapareció de mi vida sin siquiera darme una explicación real. Todavía dolía. Mucho más de lo que quería admitir- -levanté la mirada distraídamente mientras acomodaba mi cabello detrás de la oreja... pero entonces mi cuerpo se congeló por completo- -ahí estaba él parado bajo la tenue luz amarillenta de la calle, a unos pocos metros de mí... exactamente igual a como lo recordaba y al mismo tiempo completamente diferente. Mi respiración se cortó de golpe mientras mis ojos comenzaban a llenarse de lágrimas sin que pudiera evitarlo- -durante unos segundos permanecí inmóvil, observándolo en silencio, como si mi mente se negara a creer que realmente era él después de tanto tiempo... pero toda la tristeza, la rabia y el vacío acumulado terminaron explotando dentro de mí- -¡¿Por qué...?! -mi voz se quebró apenas salió, temblando entre el enojo y el dolor mientras daba un paso hacia él- -¡¿Por qué me dejaste de esa manera, Woo-Ming?! -las lágrimas comenzaron a caer lentamente por mis mejillas mientras lo miraba fijamente, intentando contener una angustia que llevaba demasiado tiempo guardando- -¡Desapareciste sin decirme nada... ni una Ilamada... ni un mensaje... nada! -mi respiración se volvió inestable mientras bajaba la mirada unos segundos, sintiendo el pecho arderme dolorosamente -¿Sabes cuánto tiempo te esperé...? ¿Cuánto tiempo llore por tus estupideces? -volví a mirarlo directamente, con los ojos completamente húmedos y la voz mucho más baja esta vez- -Yo realmente te amaba... -el silencio de aquella calle pareció hacerse aún más pesado mientras el viento nocturno movía suavemente mi cabello... y aun después de todo el daño, mi corazón seguía latiendo con fuerza al tenerlo nuevamente enfrente-
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    Maral Romanov se encontraba de pie en el centro de la capilla, su silueta negra recortada contra el resplandor de los vitrales. Habían pasado exactamente dos meses desde la noche en que su hermano Vladimir fue arrebatado. Sesenta días de un silencio sepulcral que la habían impulsado, hoy, a buscar un refugio en la antigua capilla familiar, donde las sombras parecían ofrecerle un consuelo esquivo.

    Con las manos enguantadas, Maral se acercó al altar mayor, donde un ramillete de rosas oscuras y azules recordaba los colores que tanto le gustaban a Vladimir. Su mirada, de un rojo profundo que contrastaba con la palidez de su piel, se clavó en las llamas de las velas que parpadeaban. En el fondo, otros dolientes guardaban un silencio respetuoso, pero para Maral, el mundo entero se había detenido en ese instante, en ese lugar, con la única presencia de sus recuerdos.

    Ella no vino a llorar; las lágrimas se habían secado semanas atrás. Vino a rezar, a recordarlo, a reconectarse con su memoria. Su vestido de terciopelo negro y el velo de encaje no eran solo prendas de luto, sino un recordatorio de la solemnidad de su juramento: nunca dejaría que la llama de Vladimir se apagara. Con la espalda recta, se inclinó ligeramente, cerrando los ojos para rezar en silencio, esperando que, en algún rincón de ese espacio sagrado, el espíritu de su hermano la escuchara.
    Maral Romanov se encontraba de pie en el centro de la capilla, su silueta negra recortada contra el resplandor de los vitrales. Habían pasado exactamente dos meses desde la noche en que su hermano Vladimir fue arrebatado. Sesenta días de un silencio sepulcral que la habían impulsado, hoy, a buscar un refugio en la antigua capilla familiar, donde las sombras parecían ofrecerle un consuelo esquivo. ​ Con las manos enguantadas, Maral se acercó al altar mayor, donde un ramillete de rosas oscuras y azules recordaba los colores que tanto le gustaban a Vladimir. Su mirada, de un rojo profundo que contrastaba con la palidez de su piel, se clavó en las llamas de las velas que parpadeaban. En el fondo, otros dolientes guardaban un silencio respetuoso, pero para Maral, el mundo entero se había detenido en ese instante, en ese lugar, con la única presencia de sus recuerdos. ​ Ella no vino a llorar; las lágrimas se habían secado semanas atrás. Vino a rezar, a recordarlo, a reconectarse con su memoria. Su vestido de terciopelo negro y el velo de encaje no eran solo prendas de luto, sino un recordatorio de la solemnidad de su juramento: nunca dejaría que la llama de Vladimir se apagara. Con la espalda recta, se inclinó ligeramente, cerrando los ojos para rezar en silencio, esperando que, en algún rincón de ese espacio sagrado, el espíritu de su hermano la escuchara.
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  • 𝙏𝙝𝙚 𝙎𝙝𝙖𝙥𝙚 𝙮𝙤𝙪𝙧 𝙛𝙚𝙖𝙧 𝙩𝙖𝙠𝙚𝙨 — 𝑁𝑒𝑤 𝑌𝑜𝑟𝑘 𝐶𝑖𝑡𝑦
    Fandom X-Men/Marvel y rol libre
    Categoría Otros
    La lluvia caía con una constancia incómoda, fina pero suficiente para volver la ciudad un reflejo interminable de luces deformadas sobre el asfalto. Nueva York seguía despierta pese a la hora; taxis cruzando avenidas todavía congestionadas, conversaciones perdidas entre el ruido del tráfico y pantallas gigantes proyectando noticias como si el mundo necesitara recordarles cada cinco minutos exactamente a qué debía temerle.

    Caminaba entre la multitud sin prisa real. A veces salía del Instituto únicamente para eso. Caminar, respirar aire que no estuviera cargado de discusiones políticas, reportes de ataques o estudiantes preguntándose si el mundo terminaría odiándolos antes siquiera de que aprendieran a entenderse a sí mismos. No siempre ayudaba, pero aunque había una pizca de esperanza todavía, esta misma estaba extinguiéndose poco a poco; lo sabía.

    Últimamente casi nunca lo hacía.

    Una pantalla suspendida sobre la avenida volvió a cambiar de segmento mientras esperaba junto al cruce peatonal. El logo de Stark apareció acompañado de gráficos, declaraciones oficiales y palabras cuidadosamente escogidas para sonar tranquilizadoras.

    "Modernización, seguridad, implementación avanzada del programa SENTINEL"

    Sostuvo la mirada sobre la pantalla un instante, más de lo necesario. Todavía recordaba el sonido de las voces, el ruido de las secuelas que Genosha dejó. No el de las explosiones, pero sí de todo.

    El silencio imposible de una ciudad entera reducida a humo, concreto roto y cuerpos bajo escombros mientras Centinelas seguían sobrevolando como si aquello hubiera sido una operación cumplida. Recordaba sostener estructuras colapsadas con las manos ensangrentadas buscando sobrevivientes sabiendo, incluso antes de encontrarlos, que muchos ya no estaban vivos.

    ¿Y ahora? El mundo volvía a hablar de Centinelas como si solo fueran tecnología. Como si no existieran cadáveres enterrados bajo esa palabra maldita.

    Desvió finalmente la vista, y fue ahí cuando reanudó con su andar. La multitud seguía desplazándose a su alrededor como una corriente interminable de paraguas oscuros y pasos apresurados. Personas demasiado ocupadas sobreviviendo su propia rutina como para notar los detalles bajo la capucha de su suéter, o el visor rubí que brilla con poca intensidad para pasar desapercibido. La mirada de Summers se alzó ligeramente y con reconocimiento. No de inmediato como alguien conocido, sino como una imagen mal archivada en algún rincón incómodo de su memoria reciente. El rostro apareció primero fragmentado; una fotografía granulada proyectada sobre una mesa de la sala de estrategia, expedientes abiertos entre tazas de café frío y reportes acumulándose demasiado rápido como para ignorarlos.

    Hank había mencionado su nombre también. Posible exposición a manifestaciones psiquicas no clasificadas, episodios visuales recurrentes. Patrones extraños detectados por Cerebro cerca de su ubicación durante las últimas semanas. Nada concluyente todavía, pero suficiente para mantener ese perfil bajo y observación pasiva. Mantuvo la mirada todavía hacia delante, mientras el comunicador emite la voz de Ororo del otro lado.

    Desvió ligeramente el rostro, manteniendo la mirada fija conforme continúa con el canal privado activo, con un movimiento sutil y discreto de la mano cerca del cuello de la chaqueta. —Storm —el ruido de la lluvia cubrió parcialmente su voz. Esperó apenas un segundo, y continuó —, la encontré.

    Su todo bajó automáticamente, volviéndose más serio mientras seguía caminando sin acercarse demasiado todavía.

    —La chica de los reportes de Hank. Coincide con los registros que Cerebro detectó esta semana cerca del Midtown sector —sus ojos se elevaron brevemente hacia la pantalla suspendida sobre la avenida aledaña. Las imágenes publicitarias parpadearon apenas un instante; tan rápido que cualquier persona lo habría ignorado, pero no Scott.


    Tensó la mandíbula en señal de alerta.

    —Y creo que Hank se quedó corto con las anomalías —hizo una pausa. Observó nuevamente a la pantalla tan pronto una sombra se muestra a cierta distancia. Esta observa directo a él, a la multitud, pero con especial énfasis a la chica en cuestión. —No parece consciente de lo que está pasando —añadió finalmente—. Pero algo alrededor de ella está reaccionando.

    El comunicador quedó en silencio unos segundos mientras él intenta reducir apenas el paso y la distancia.

    ¿Entonces? Ocurrió de nuevo...

    Las pantallas sobre la avenida distorsionaron la imagen al mismo tiempo. No completamente; apenas una interferencia brevemente atravesando la señal. Colores deformándose, estática, y si se prestaba la suficiente atención a las pantallas, figuras; tres ojos, uno y miles después.
    La lluvia caía con una constancia incómoda, fina pero suficiente para volver la ciudad un reflejo interminable de luces deformadas sobre el asfalto. Nueva York seguía despierta pese a la hora; taxis cruzando avenidas todavía congestionadas, conversaciones perdidas entre el ruido del tráfico y pantallas gigantes proyectando noticias como si el mundo necesitara recordarles cada cinco minutos exactamente a qué debía temerle. Caminaba entre la multitud sin prisa real. A veces salía del Instituto únicamente para eso. Caminar, respirar aire que no estuviera cargado de discusiones políticas, reportes de ataques o estudiantes preguntándose si el mundo terminaría odiándolos antes siquiera de que aprendieran a entenderse a sí mismos. No siempre ayudaba, pero aunque había una pizca de esperanza todavía, esta misma estaba extinguiéndose poco a poco; lo sabía. Últimamente casi nunca lo hacía. Una pantalla suspendida sobre la avenida volvió a cambiar de segmento mientras esperaba junto al cruce peatonal. El logo de Stark apareció acompañado de gráficos, declaraciones oficiales y palabras cuidadosamente escogidas para sonar tranquilizadoras. "Modernización, seguridad, implementación avanzada del programa SENTINEL" Sostuvo la mirada sobre la pantalla un instante, más de lo necesario. Todavía recordaba el sonido de las voces, el ruido de las secuelas que Genosha dejó. No el de las explosiones, pero sí de todo. El silencio imposible de una ciudad entera reducida a humo, concreto roto y cuerpos bajo escombros mientras Centinelas seguían sobrevolando como si aquello hubiera sido una operación cumplida. Recordaba sostener estructuras colapsadas con las manos ensangrentadas buscando sobrevivientes sabiendo, incluso antes de encontrarlos, que muchos ya no estaban vivos. ¿Y ahora? El mundo volvía a hablar de Centinelas como si solo fueran tecnología. Como si no existieran cadáveres enterrados bajo esa palabra maldita. Desvió finalmente la vista, y fue ahí cuando reanudó con su andar. La multitud seguía desplazándose a su alrededor como una corriente interminable de paraguas oscuros y pasos apresurados. Personas demasiado ocupadas sobreviviendo su propia rutina como para notar los detalles bajo la capucha de su suéter, o el visor rubí que brilla con poca intensidad para pasar desapercibido. La mirada de Summers se alzó ligeramente y con reconocimiento. No de inmediato como alguien conocido, sino como una imagen mal archivada en algún rincón incómodo de su memoria reciente. El rostro apareció primero fragmentado; una fotografía granulada proyectada sobre una mesa de la sala de estrategia, expedientes abiertos entre tazas de café frío y reportes acumulándose demasiado rápido como para ignorarlos. Hank había mencionado su nombre también. Posible exposición a manifestaciones psiquicas no clasificadas, episodios visuales recurrentes. Patrones extraños detectados por Cerebro cerca de su ubicación durante las últimas semanas. Nada concluyente todavía, pero suficiente para mantener ese perfil bajo y observación pasiva. Mantuvo la mirada todavía hacia delante, mientras el comunicador emite la voz de Ororo del otro lado. Desvió ligeramente el rostro, manteniendo la mirada fija conforme continúa con el canal privado activo, con un movimiento sutil y discreto de la mano cerca del cuello de la chaqueta. —Storm —el ruido de la lluvia cubrió parcialmente su voz. Esperó apenas un segundo, y continuó —, la encontré. Su todo bajó automáticamente, volviéndose más serio mientras seguía caminando sin acercarse demasiado todavía. —La chica de los reportes de Hank. Coincide con los registros que Cerebro detectó esta semana cerca del Midtown sector —sus ojos se elevaron brevemente hacia la pantalla suspendida sobre la avenida aledaña. Las imágenes publicitarias parpadearon apenas un instante; tan rápido que cualquier persona lo habría ignorado, pero no Scott. Tensó la mandíbula en señal de alerta. —Y creo que Hank se quedó corto con las anomalías —hizo una pausa. Observó nuevamente a la pantalla tan pronto una sombra se muestra a cierta distancia. Esta observa directo a él, a la multitud, pero con especial énfasis a la chica en cuestión. —No parece consciente de lo que está pasando —añadió finalmente—. Pero algo alrededor de ella está reaccionando. El comunicador quedó en silencio unos segundos mientras él intenta reducir apenas el paso y la distancia. ¿Entonces? Ocurrió de nuevo... Las pantallas sobre la avenida distorsionaron la imagen al mismo tiempo. No completamente; apenas una interferencia brevemente atravesando la señal. Colores deformándose, estática, y si se prestaba la suficiente atención a las pantallas, figuras; tres ojos, uno y miles después.
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  • LAS HERMANAS THOMPSON JUNTAS.

    — Cielos, mira cuánto has crecido Judith! —

    Nicole y Judith volvieron a verse, luego de mucho tiempo, Judith ya convertida en una persona completamente libre, fuera del control dea Princesa del Inframundo, ahora ha vuelto la unión que por culpa de un poder corrupto se perdió, una hermandad que nunca debió haberse terminado, pero finalmente, eso es tiempo pasado, ahora la conexión de hermanas volverá a florecer.

    Un fotógrafo que estuvo por ahí decidió tomarles esta fotografía a ellas, al llamarle la atención el estilo que tenían ambas.

    — Hey chicas! El estilo es ustedes es genial, ¿Puedo tomarles una fotografía? —

    Preguntaba el fotógrafo, entonces tanto Nicole cómo Judith aceptaron la fotografía que el fotógrafo les tomó, no sin antes que, llegara Kyle, el cuervo de Nicole a colarse en la foto posándose en el hombro de Nicole, para dar a conocerse esta tan icónica fotografía de Nicole y Judith Thompson.

    Judith Thompson
    LAS HERMANAS THOMPSON JUNTAS. — Cielos, mira cuánto has crecido Judith! — Nicole y Judith volvieron a verse, luego de mucho tiempo, Judith ya convertida en una persona completamente libre, fuera del control dea Princesa del Inframundo, ahora ha vuelto la unión que por culpa de un poder corrupto se perdió, una hermandad que nunca debió haberse terminado, pero finalmente, eso es tiempo pasado, ahora la conexión de hermanas volverá a florecer. Un fotógrafo que estuvo por ahí decidió tomarles esta fotografía a ellas, al llamarle la atención el estilo que tenían ambas. — Hey chicas! El estilo es ustedes es genial, ¿Puedo tomarles una fotografía? — Preguntaba el fotógrafo, entonces tanto Nicole cómo Judith aceptaron la fotografía que el fotógrafo les tomó, no sin antes que, llegara Kyle, el cuervo de Nicole a colarse en la foto posándose en el hombro de Nicole, para dar a conocerse esta tan icónica fotografía de Nicole y Judith Thompson. [illusion_amethyst_horse_472]
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