• ˖ ݁𖥔. ݁ . 𝑬𝒍 𝑫𝒊𝒂𝒓𝒊𝒐 𝒅𝒆 𝑺𝒄𝒂𝒓𝒍𝒆𝒕𝒕 . ݁.𖥔 ݁ ˖
    
𝑪𝒂𝒑í𝒕𝒖𝒍𝒐 𝑰𝑽: 𝑪𝒐𝒏𝒕𝒓𝒂𝒕𝒐 𝒆𝒏 𝑹𝒖𝒃í

    Querido diario…

    La mañana después de mi llegada al burdel no olía a pecado.

    Olía a café oscuro.

    A madera pulida.
A decisiones.
    Mirena Blackwood no me observaba como mercancía.
Me observaba como inversión.
    Yo ya había visto esa mirada antes, en salones cubiertos de oro y promesas firmadas con anillos.
En contratos disfrazados de matrimonio.
La diferencia era que aquí nadie fingía pureza.
    evaluaba mi postura o mis manos…
    Me hizo una sola pregunta.

    —¿Quién eres?

    No fue curiosidad.
Fue diagnóstico.
    Y por alguna razón que todavía no entiendo… respondí.

    Le hablé de la corona italiana que nunca se nombraba en voz alta, pero que marcaba cada cena.
De la Mansión Moretti.
Del compromiso arreglado con Nikolai Romanov.
Del anillo que pesaba más que el oro porque no era promesa… era sentencia.
    Le conté que huí.
Que rompí el espejo la noche en que entendí que mi reflejo ya no me pertenecía.
Que prefería el escándalo al encierro elegante.
    No omití nada.
    Y mientras hablaba, no me interrumpió.
    Cuando terminé, el silencio no fue incómodo.
Fue evaluador.
    Entonces sí lo dijo.

    —Eres hermosa —murmuró sin dulzura—
Y la belleza sin inteligencia es carne fresca para lobos.

    No bajé la mirada.
    Ya no.
    —No soy un cordero.

    Fue en ese momento cuando algo cambió.
    No vio una víctima.
No vio una fugitiva.
Vio a alguien que había tenido el mundo a sus pies… y aun así eligió incendiarlo.
    Me explicó cómo funcionaba su mundo.
Las chicas no eran obligadas.
Eran entrenadas.
Educadas.
Pulidas como piedras preciosas antes de tocar la vitrina

    —Aquí no se vende el cuerpo —dijo mientras servía el café—. Se vende ilusión.

    Y la ilusión es más cara.

    Los hombres que cruzaban esas puertas no eran bestias comunes.
Eran políticos.
Empresarios.
Herederos.
Apellidos que no se escribían.
Voces que no se grababan.
    No buscaban placer.
Buscaban silencio.
    Yo aún no entendía todas las reglas.
Pero comenzaba a reconocer el tablero.

    —No te arrojaré a los lobos —continuó—…
    Te enseñaré a sentarte a la mesa con ellos… hasta que olviden que podrían morderte.

    Entonces llegó la verdadera propuesta.
    Aprendería idiomas.
Finanzas.
Arte.
Negociación.
    Aprendería a leer a un hombre antes de que terminara su primera mentira.
    Me sostuvo la mirada como si ya hubiera tomado la decisión.

    —Te convertiré en algo que no puedan comprar por completo —dijo finalmente—
Lo verdaderamente exclusivo no es lo que se posee…
es lo que nunca se termina de alcanzar.

    Ahí entendí lo que había visto en mí.
    No mi historia.
No mi apellido.
    Mi contención.
    Mientras otras chicas aprendían a agradar, yo sabía observar.
Mientras ellas ofrecían, yo retenía.
Mientras suplicaban atención, yo sabía retirarla.
    No reaccionaba.
Medía.
    No buscaba protección.
Evaluaba riesgos.
    Eso no se enseña.
Se sobrevive.
    A cambio, trabajaría para ella.
    No sería exhibida.
Sería insinuada.
    La pausa antes del deseo.
La conversación que vale más que cualquier joya.
La fantasía servida en cristal fino… que nunca se vacía del todo.
    Y oficialmente…
    Sería su protegida.
    Su “hija”.
    La palabra me atravesó el pecho.
    No fue ternura.
Fue estrategia.
    Yo había dejado de ser hija la noche en que rompí el espejo.
Pero entendí lo que significaba en su mundo:
    Lo que se protege…
    se vuelve invaluable.
    —¿Y qué gana usted? —pregunté.
    Mirena llenó dos copas de vino.
El rojo brilló como rubí líquido.
    —Lealtad —respondió—…..
    Y una heredera que entienda que el poder no se implora… se administra.
    No era cariño lo que veía en mí.
Era potencial.

    Scarlett no era frágil.
Estaba sin tallar.

    Deslizó una copa hacia mí.
    —Los diamantes se forman bajo presión —dijo—
Pero el rubí… el rubí nace del fuego.

    Pensé en la corona.
En el anillo.
En la vida exhibida como porcelana.
    Allá mi destino era adornar.
Aquí… podía aprender a dirigir.

    —Acepto.

    No temblé.
    No fue un gesto maternal cuando extendió la mano.
Fue un contrato.
    Chocamos las copas.
    El sonido fue delicado.
Elegante.
Definitivo.

    Contrato en rubí.
    Después del brindis, Mirena se acercó a un pequeño escritorio y tomó una pluma.
—Si vas a renacer —dijo— necesitas un nombre que no tiemble.

    Escribió en un papel grueso, color marfil:
Scarlett Eleonor Moretti
    Mi segundo nombre.
El que mi madre pronunciaba cuando quería recordarme que la debilidad nunca fue una opción.
    Mirena observó el apellido unos segundos.
Luego, con precisión fría, trazó una línea firme sobre él.
    
Scarlett Eleonor Moretti.

    El gesto no fue desprecio.
Fue desafío.
Sentí el peso del silencio entre nosotras.
    Tomé la pluma de su mano.
Y debajo del apellido tachado… lo escribí otra vez.
    Scarlett Eleonor Moretti.
Más firme. Más mío.
    Mirena no sonrió.
Asintió.
—Bien —murmuró—
La sangre no se abandona.
Se domina.

    Entonces extendió la hoja hacia ella nuevamente.
Añadió, con tinta roja profunda, una última palabra al final del nombre

    Scarlett Eleonor Moretti Blackwood.

    El contraste era evidente.
Uno era herencia.
El otro, elección.

    —Moretti es tu origen —dijo con voz serena—
Blackwood será tu escudo.
    Observé el nombre completo.
No sentí ruptura.
Sentí expansión.
No estaba dejando atrás mi linaje.
Estaba sumando poder al mío.
    Me miré en el espejo intacto.

    No sonaba a huida.
Sonaba a advertencia.
Y comprendí algo, querido diario…
    Algunas mujeres nacen con un apellido.
Otras lo construyen.
Yo acababa de decidir portar ambos.

    — Scarlett Eleonor Moretti Blackwood ᢉ𐭩
    ˖ ݁𖥔. ݁ . 𝑬𝒍 𝑫𝒊𝒂𝒓𝒊𝒐 𝒅𝒆 𝑺𝒄𝒂𝒓𝒍𝒆𝒕𝒕 . ݁.𖥔 ݁ ˖ 
𝑪𝒂𝒑í𝒕𝒖𝒍𝒐 𝑰𝑽: 𝑪𝒐𝒏𝒕𝒓𝒂𝒕𝒐 𝒆𝒏 𝑹𝒖𝒃í Querido diario… La mañana después de mi llegada al burdel no olía a pecado.
 Olía a café oscuro.
 A madera pulida.
A decisiones. Mirena Blackwood no me observaba como mercancía.
Me observaba como inversión. Yo ya había visto esa mirada antes, en salones cubiertos de oro y promesas firmadas con anillos.
En contratos disfrazados de matrimonio.
La diferencia era que aquí nadie fingía pureza. evaluaba mi postura o mis manos… Me hizo una sola pregunta. —¿Quién eres? No fue curiosidad.
Fue diagnóstico. Y por alguna razón que todavía no entiendo… respondí. Le hablé de la corona italiana que nunca se nombraba en voz alta, pero que marcaba cada cena.
De la Mansión Moretti.
Del compromiso arreglado con Nikolai Romanov.
Del anillo que pesaba más que el oro porque no era promesa… era sentencia. Le conté que huí.
Que rompí el espejo la noche en que entendí que mi reflejo ya no me pertenecía.
Que prefería el escándalo al encierro elegante. No omití nada. Y mientras hablaba, no me interrumpió. Cuando terminé, el silencio no fue incómodo.
Fue evaluador. Entonces sí lo dijo. —Eres hermosa —murmuró sin dulzura—
Y la belleza sin inteligencia es carne fresca para lobos. No bajé la mirada. Ya no. —No soy un cordero. Fue en ese momento cuando algo cambió. No vio una víctima.
No vio una fugitiva.
Vio a alguien que había tenido el mundo a sus pies… y aun así eligió incendiarlo. Me explicó cómo funcionaba su mundo.
Las chicas no eran obligadas.
Eran entrenadas.
Educadas.
Pulidas como piedras preciosas antes de tocar la vitrina —Aquí no se vende el cuerpo —dijo mientras servía el café—. Se vende ilusión. Y la ilusión es más cara. Los hombres que cruzaban esas puertas no eran bestias comunes.
Eran políticos.
Empresarios.
Herederos.
Apellidos que no se escribían.
Voces que no se grababan. No buscaban placer.
Buscaban silencio. Yo aún no entendía todas las reglas.
Pero comenzaba a reconocer el tablero. —No te arrojaré a los lobos —continuó—… Te enseñaré a sentarte a la mesa con ellos… hasta que olviden que podrían morderte. Entonces llegó la verdadera propuesta. Aprendería idiomas.
Finanzas.
Arte.
Negociación. Aprendería a leer a un hombre antes de que terminara su primera mentira. Me sostuvo la mirada como si ya hubiera tomado la decisión. —Te convertiré en algo que no puedan comprar por completo —dijo finalmente—
Lo verdaderamente exclusivo no es lo que se posee…
es lo que nunca se termina de alcanzar. Ahí entendí lo que había visto en mí. No mi historia.
No mi apellido. Mi contención. Mientras otras chicas aprendían a agradar, yo sabía observar.
Mientras ellas ofrecían, yo retenía.
Mientras suplicaban atención, yo sabía retirarla. No reaccionaba.
Medía. No buscaba protección.
Evaluaba riesgos. Eso no se enseña.
Se sobrevive. A cambio, trabajaría para ella. No sería exhibida.
Sería insinuada. La pausa antes del deseo.
La conversación que vale más que cualquier joya.
La fantasía servida en cristal fino… que nunca se vacía del todo. Y oficialmente… Sería su protegida. Su “hija”. La palabra me atravesó el pecho. No fue ternura.
Fue estrategia. Yo había dejado de ser hija la noche en que rompí el espejo.
Pero entendí lo que significaba en su mundo: Lo que se protege… se vuelve invaluable. —¿Y qué gana usted? —pregunté. Mirena llenó dos copas de vino.
El rojo brilló como rubí líquido. —Lealtad —respondió—….. Y una heredera que entienda que el poder no se implora… se administra. No era cariño lo que veía en mí.
Era potencial. Scarlett no era frágil.
Estaba sin tallar. Deslizó una copa hacia mí. —Los diamantes se forman bajo presión —dijo—
Pero el rubí… el rubí nace del fuego. Pensé en la corona.
En el anillo.
En la vida exhibida como porcelana. Allá mi destino era adornar.
Aquí… podía aprender a dirigir. —Acepto. No temblé. No fue un gesto maternal cuando extendió la mano.
Fue un contrato. Chocamos las copas. El sonido fue delicado.
Elegante.
Definitivo. Contrato en rubí. Después del brindis, Mirena se acercó a un pequeño escritorio y tomó una pluma.
—Si vas a renacer —dijo— necesitas un nombre que no tiemble. Escribió en un papel grueso, color marfil:
Scarlett Eleonor Moretti Mi segundo nombre.
El que mi madre pronunciaba cuando quería recordarme que la debilidad nunca fue una opción. Mirena observó el apellido unos segundos.
Luego, con precisión fría, trazó una línea firme sobre él. 
Scarlett Eleonor Moretti. El gesto no fue desprecio.
Fue desafío.
Sentí el peso del silencio entre nosotras. Tomé la pluma de su mano.
Y debajo del apellido tachado… lo escribí otra vez. Scarlett Eleonor Moretti.
Más firme. Más mío. Mirena no sonrió.
Asintió.
—Bien —murmuró—
La sangre no se abandona.
Se domina. Entonces extendió la hoja hacia ella nuevamente.
Añadió, con tinta roja profunda, una última palabra al final del nombre Scarlett Eleonor Moretti Blackwood. El contraste era evidente.
Uno era herencia.
El otro, elección. —Moretti es tu origen —dijo con voz serena—
Blackwood será tu escudo. Observé el nombre completo.
No sentí ruptura.
Sentí expansión.
No estaba dejando atrás mi linaje.
Estaba sumando poder al mío. Me miré en el espejo intacto. No sonaba a huida.
Sonaba a advertencia.
Y comprendí algo, querido diario… Algunas mujeres nacen con un apellido.
Otras lo construyen.
Yo acababa de decidir portar ambos. — Scarlett Eleonor Moretti Blackwood ᢉ𐭩
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  • ╔═.✾. ═════════════╗
    𝗠𝗔𝗡𝗔𝗗𝗔 𝗖𝗢𝗟𝗠𝗜𝗟𝗟𝗢 𝗚𝗥𝗜𝗦.
    ╚═════════════.✾. ═╝

    𝐀𝐥𝐟𝐚 𝐀𝐥𝐚𝐫𝐢𝐜 𝐕𝐚𝐥𝐤𝐚𝐞𝐫.

    Nombre: Alaric Valkaer

    Edad: 48 años

    Raza: Lobo de sangre pura

    Manada: Colmillo Gris (territorio medio-fuerte, estratégico pero no dominante)

    Rango: Alfa absoluto

    Rol en la manada: Líder supremo, estratega y gobernante.

    Historia

    Alaric nació para gobernar, pero su ambición y miedo al fracaso lo convirtieron en un lobo cruel. Durante la profecía de la Luna Roja, detectó el potencial descomunal de Aerynthia y decidió sellar su poder, borrarle su apellido y forzarla a vivir como Omega. Creyó que así mantendría su dominio absoluto y aseguraría que su heredera aparente, Vaelira, consolidara su poder mediante alianzas estratégicas con otras manadas, especialmente con el Alfa más fuerte del continente.

    Su obsesión con el control lo lleva a humillar, castigar y manipular constantemente a Aerynthia.

    Personalidad

    Dominante y autoritario, implacable en la toma de decisiones.

    Cruel, frío y manipulador, sobre todo con su familia.

    Calculador y estratégico: cada movimiento es pensado para mantener y aumentar su poder.

    Teme perder control más que a la muerte.

    Habilidades

    Combate cuerpo a cuerpo avanzado.

    Estratega militar y político.

    Manipulación psicológica.

    Capacidad para detectar el potencial de otros lobos.

    Relaciones

    Aerynthia: desprecio público. La maldijo, pero reconoce su poder.

    Vaelira: heredera predilecta, la usa como instrumento para alianzas políticas.

    Colmillo Gris: mantiene respeto férreo y disciplina estricta, aunque algunos miembros cuestionan su autoridad.

    𝐕𝐚𝐞𝐥𝐢𝐫𝐚 𝐕𝐚𝐥𝐤𝐚𝐞𝐫.

    Nombre: Vaelira Valkaer

    Edad: 23 años

    Raza: Loba de sangre pura

    Rango: Hija predilecta del Alfa

    Rol: Heredera

    Historia

    Vaelira nació siete minutos después que Aerynthia. Desde pequeña, su padre la entrenó como heredera “legítima”, mientras que su hermana era moldeada para servirla. Inteligente y manipuladora, aprendió rápidamente a usar la crueldad como herramienta.

    Su objetivo: consolidar su poder y posición, incluso a costa de su propia hermana.

    Personalidad

    Ambiciosa y calculadora.

    Cruel, disfruta humillar y controlar.

    Inteligente, estratega social y política.

    No soporta ser opacada; busca constantemente superioridad.

    Habilidades

    Estratega y manipuladora social.

    Combate básico a nivel guerrera entrenada, superior a la media.

    Capacidad para leer a otros lobos y explotarlos psicológicamente.

    Relaciones

    Aerynthia: sombra, objeto de desprecio y manipulación.

    Alaric: favorita del padre, usa su posición para asegurar alianzas.

    Colmillo Gris: proyecta imagen de perfección y liderazgo.

    MANADA — COLMILLO GRIS.

    Territorio: Colinas del Norte

    Fuerza relativa: Media-alta; estratégica y disciplinada, pero no la más poderosa del continente.

    Jerarquía:

    Alfa: Alaric Valkaer

    Beta: Sumamente leal.

    Gamma: Entrenadora de guerreros

    Delta: Guerreros élite

    Omegas: Rango bajo.

    Historia y rol

    Colmillo Gris es fuerte en número y disciplina, pero no tiene magia avanzada ni aliados dominantes. Su poder depende de la estrategia y de mantener control interno.

    Personalidad de la Manada

    Estricta y jerárquica.

    Tradicionalista, con respeto a linajes y jerarquías.

    Fuerte disciplina, castigos claros y cumplimiento absoluto de órdenes.

    Algunos miembros dudan de la legitimidad de Vaelira, pero el miedo a Alaric mantiene el orden.
    ╔═.✾. ═════════════╗ 𝗠𝗔𝗡𝗔𝗗𝗔 𝗖𝗢𝗟𝗠𝗜𝗟𝗟𝗢 𝗚𝗥𝗜𝗦. ╚═════════════.✾. ═╝ 𝐀𝐥𝐟𝐚 𝐀𝐥𝐚𝐫𝐢𝐜 𝐕𝐚𝐥𝐤𝐚𝐞𝐫. Nombre: Alaric Valkaer Edad: 48 años Raza: Lobo de sangre pura Manada: Colmillo Gris (territorio medio-fuerte, estratégico pero no dominante) Rango: Alfa absoluto Rol en la manada: Líder supremo, estratega y gobernante. Historia Alaric nació para gobernar, pero su ambición y miedo al fracaso lo convirtieron en un lobo cruel. Durante la profecía de la Luna Roja, detectó el potencial descomunal de Aerynthia y decidió sellar su poder, borrarle su apellido y forzarla a vivir como Omega. Creyó que así mantendría su dominio absoluto y aseguraría que su heredera aparente, Vaelira, consolidara su poder mediante alianzas estratégicas con otras manadas, especialmente con el Alfa más fuerte del continente. Su obsesión con el control lo lleva a humillar, castigar y manipular constantemente a Aerynthia. Personalidad Dominante y autoritario, implacable en la toma de decisiones. Cruel, frío y manipulador, sobre todo con su familia. Calculador y estratégico: cada movimiento es pensado para mantener y aumentar su poder. Teme perder control más que a la muerte. Habilidades Combate cuerpo a cuerpo avanzado. Estratega militar y político. Manipulación psicológica. Capacidad para detectar el potencial de otros lobos. Relaciones Aerynthia: desprecio público. La maldijo, pero reconoce su poder. Vaelira: heredera predilecta, la usa como instrumento para alianzas políticas. Colmillo Gris: mantiene respeto férreo y disciplina estricta, aunque algunos miembros cuestionan su autoridad. 𝐕𝐚𝐞𝐥𝐢𝐫𝐚 𝐕𝐚𝐥𝐤𝐚𝐞𝐫. Nombre: Vaelira Valkaer Edad: 23 años Raza: Loba de sangre pura Rango: Hija predilecta del Alfa Rol: Heredera Historia Vaelira nació siete minutos después que Aerynthia. Desde pequeña, su padre la entrenó como heredera “legítima”, mientras que su hermana era moldeada para servirla. Inteligente y manipuladora, aprendió rápidamente a usar la crueldad como herramienta. Su objetivo: consolidar su poder y posición, incluso a costa de su propia hermana. Personalidad Ambiciosa y calculadora. Cruel, disfruta humillar y controlar. Inteligente, estratega social y política. No soporta ser opacada; busca constantemente superioridad. Habilidades Estratega y manipuladora social. Combate básico a nivel guerrera entrenada, superior a la media. Capacidad para leer a otros lobos y explotarlos psicológicamente. Relaciones Aerynthia: sombra, objeto de desprecio y manipulación. Alaric: favorita del padre, usa su posición para asegurar alianzas. Colmillo Gris: proyecta imagen de perfección y liderazgo. MANADA — COLMILLO GRIS. Territorio: Colinas del Norte Fuerza relativa: Media-alta; estratégica y disciplinada, pero no la más poderosa del continente. Jerarquía: Alfa: Alaric Valkaer Beta: Sumamente leal. Gamma: Entrenadora de guerreros Delta: Guerreros élite Omegas: Rango bajo. Historia y rol Colmillo Gris es fuerte en número y disciplina, pero no tiene magia avanzada ni aliados dominantes. Su poder depende de la estrategia y de mantener control interno. Personalidad de la Manada Estricta y jerárquica. Tradicionalista, con respeto a linajes y jerarquías. Fuerte disciplina, castigos claros y cumplimiento absoluto de órdenes. Algunos miembros dudan de la legitimidad de Vaelira, pero el miedo a Alaric mantiene el orden.
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  • El eco de las sirenas se pierde con el ventarrón nocturno. Desde las alturas, la ciudad parece tan indómita como impasible; mas el incandescente escenario teñido de neón esconde a quienes se atreven a vivir como si no existiera el peligro de la obliteración.

    Fauces impredecibles, silenciosas y disformes advirtieron, pero quienes decidieron no escuchar frustran el frágil ordenamiento que impide un nuevo colapso.

    Perseguidos, castigados. No obstante, la retribución carece de sentido ante la laxitud nacida de la necesidad. Y quien desentiende la misericordia declara que no hay lugar para la reinserción.

    No todo puede salvarse: la carne se viste de pecado, y es su labor desollar a los lobos entre corderos.

    Una sombra que se vuelve mito urbano; brutalidad que escandaliza, pero que, por algún motivo, es encubierta para no tentar a la desobediencia colectiva. Reclamarán justicia humana quienes son los primeros en ofenderla.

    El recuerdo carmesí, inmortalizado en el pavimento: una vida que solo genera decepción e hiriente frustración. La voz enmudecida y el terror se manifiestan eternamente en los maxilares; una advertencia para quienes escuchan a través de la sombra, un terror viviente para quienes temen, y absolución para aquellos a quienes encuentra bajo su rojiza mirada.

    Desnudada la carcasa de la humanidad, contempla las cuencas vacías bajo la oscuridad formada por la capucha. Una extremidad que ya no se molesta en ocultar; el reflejo de presionar y hacer crujir las contadas soldaduras del ejemplar óseo.

    Era una noche más en la nueva ciudad fundada tras la catástrofe del Limbo. Dormirán y reirán quienes necesiten refugiarse en la ignorancia; los ángeles son reales y están dispuestos a acechar desde las alturas.

    Malaventurado quien encuentre en la noche a su cómplice.
    El eco de las sirenas se pierde con el ventarrón nocturno. Desde las alturas, la ciudad parece tan indómita como impasible; mas el incandescente escenario teñido de neón esconde a quienes se atreven a vivir como si no existiera el peligro de la obliteración. Fauces impredecibles, silenciosas y disformes advirtieron, pero quienes decidieron no escuchar frustran el frágil ordenamiento que impide un nuevo colapso. Perseguidos, castigados. No obstante, la retribución carece de sentido ante la laxitud nacida de la necesidad. Y quien desentiende la misericordia declara que no hay lugar para la reinserción. No todo puede salvarse: la carne se viste de pecado, y es su labor desollar a los lobos entre corderos. Una sombra que se vuelve mito urbano; brutalidad que escandaliza, pero que, por algún motivo, es encubierta para no tentar a la desobediencia colectiva. Reclamarán justicia humana quienes son los primeros en ofenderla. El recuerdo carmesí, inmortalizado en el pavimento: una vida que solo genera decepción e hiriente frustración. La voz enmudecida y el terror se manifiestan eternamente en los maxilares; una advertencia para quienes escuchan a través de la sombra, un terror viviente para quienes temen, y absolución para aquellos a quienes encuentra bajo su rojiza mirada. Desnudada la carcasa de la humanidad, contempla las cuencas vacías bajo la oscuridad formada por la capucha. Una extremidad que ya no se molesta en ocultar; el reflejo de presionar y hacer crujir las contadas soldaduras del ejemplar óseo. Era una noche más en la nueva ciudad fundada tras la catástrofe del Limbo. Dormirán y reirán quienes necesiten refugiarse en la ignorancia; los ángeles son reales y están dispuestos a acechar desde las alturas. Malaventurado quien encuentre en la noche a su cómplice.
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  • Habia pasado todo el día entre planes y consejos con Tormund, Sir Davos y los capitanes de las casas que habían decidido unirse a su causa. Todos intentando dar su punto de vista de cual seria un mejor plan de ataque al enfrentarse contra Ramsay Bolton. El mapa sobre la mesa de la tienda estaba lleno de estatuillas de lobos, osos, hombres desollados... Un autentico ajedrez que ahora se habia convertido en un dolor de cabeza. Y, durante las dos horas siguientes, mientras Jon cavilaba y, de tanto en tanto cambiaba alguna efigie de lugar, habia estado tallando algo en un trozo plano de madera.

    Sir Davos le habia enseñado a hacerlo unas semanas atrás. Según él, calmaba el estrés de la guerra venidera. Para Jon aquello era un foco más de ansiedad. Aun así ponía en este todo su empeño. Sabia qué día era ese. El día del Nombre de Sansa. Y queria hacer algo que mereciera la pena. Puede que aun no pudiera poner Invernalia a sus pies, ese hubiera sido un gran presente, pero aquel regalo que ahora repasaba con la yema de su dedo para eliminar el serrín y las esquirlas de madera era algo real y sincero.

    Sansa entró en la carpa y Jon dejó el cuchillo sobre la mesa alzando la mirada hacia ella.

    -Dime que Tormund no te envía para hacerme pensar en otra de sus locas ideas de ataque...- dijo con cierto aire divertido y cansado mientras se acercaba a 🜲 ㅤ𝑆𝑎𝑛𝑠𝑎 𝑆𝑡𝑎𝑟𝑘.

    Tomó la mano de la pelirroja y posó sobre esta el trozo de madera tallado con el emblema de la casa Stark.

    -He pensado que puede que este al fin sea un día del Nombre feliz... -le dijo- Lo celebraremos en casa. Pronto.
    Habia pasado todo el día entre planes y consejos con Tormund, Sir Davos y los capitanes de las casas que habían decidido unirse a su causa. Todos intentando dar su punto de vista de cual seria un mejor plan de ataque al enfrentarse contra Ramsay Bolton. El mapa sobre la mesa de la tienda estaba lleno de estatuillas de lobos, osos, hombres desollados... Un autentico ajedrez que ahora se habia convertido en un dolor de cabeza. Y, durante las dos horas siguientes, mientras Jon cavilaba y, de tanto en tanto cambiaba alguna efigie de lugar, habia estado tallando algo en un trozo plano de madera. Sir Davos le habia enseñado a hacerlo unas semanas atrás. Según él, calmaba el estrés de la guerra venidera. Para Jon aquello era un foco más de ansiedad. Aun así ponía en este todo su empeño. Sabia qué día era ese. El día del Nombre de Sansa. Y queria hacer algo que mereciera la pena. Puede que aun no pudiera poner Invernalia a sus pies, ese hubiera sido un gran presente, pero aquel regalo que ahora repasaba con la yema de su dedo para eliminar el serrín y las esquirlas de madera era algo real y sincero. Sansa entró en la carpa y Jon dejó el cuchillo sobre la mesa alzando la mirada hacia ella. -Dime que Tormund no te envía para hacerme pensar en otra de sus locas ideas de ataque...- dijo con cierto aire divertido y cansado mientras se acercaba a [N.Q.Stark]. Tomó la mano de la pelirroja y posó sobre esta el trozo de madera tallado con el emblema de la casa Stark. -He pensado que puede que este al fin sea un día del Nombre feliz... -le dijo- Lo celebraremos en casa. Pronto.
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  • I'll use you as a focal point, so I don't lose sight of what I want
    Fandom Harry Potter
    Categoría Fantasía
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    La biblioteca siempre era el lugar seguro para Hermione, su refugio cuando necesitaba concentrarse o relajarse, y también cuando estaba furiosa y no quería soltar palabras mordaces que pocos solían entender como un insulto o un ataque, entonces necesitaba aislarse. El aroma a pergamino antiguo, de algún modo, le recordaba que mientras tuviera un libro frente a ella, el caos del mundo exterior —la nieve, los T.I.M.O. o, desde hacía unas horas, la insoportable idea de compartir un caldero con un compañero de clase tan prejuicioso como lo era Malfoy— podía quedar reducido a un ruido de fondo.

    Aún así, esa tarde nada parecía funcionar, y el silencio de la biblioteca la resultaba sofocante.

    Frente a ella descansaba el tomo de "𝑇𝑒𝑜𝑟𝜄́𝑎 𝑑𝑒 𝑀𝑎𝑔𝑖𝑎 𝐷𝑒𝑓𝑒𝑛𝑠𝑖𝑣𝑎", de Wilbert Slinkhard, libro que había leído en su totalidad dos veces antes del inicio de clases creyendo que ése año finalmente podría superar a su mejor amigo en la materia que mejor se le daba (a él, claramente). Eso no estaba ocurriendo. De hecho, esa misma mañana había vuelto a fallar al querer conjurar un hechizo durante la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Mientras Harry lograba desviar un ataque con un movimiento fluido de muñeca, ella se había quedado allí, con la cara ligeramente ruborizada de la vergüenza tras que su varita emitiera un chispazo plateado en lugar de un escudo que la protegiera en su totalidad.

    La teoría la tenía dominada. ¿Pero la ejecución? Se sentía como intentar gritar bajo el agua.

    Ya vería cómo realizarlo. Ahora debía repasar otros encantamientos, como por ejemplo...

    ...el 𝐌𝐨𝐛𝐢𝐥𝐢𝐜𝐨𝐫𝐩𝐮𝐬. Sus dedos recorrieron las líneas gastadas del manual, deteniéndose en la descripción de los "hilos invisibles". El texto explicaba cómo el hechizo debía anclarse en tres puntos de presión específicos: las muñecas, el cuello y las rodillas. "𝑄𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑙𝑜 𝑙𝑎𝑛𝑧𝑎 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜𝑙𝑎𝑟 𝑎 𝑠𝑢 𝑜𝑏𝑗𝑒𝑡𝑖𝑣𝑜 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑖 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑎 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑟𝑖𝑜𝑛𝑒𝑡𝑎", leyó frunciendo el ceño. No solo debía elevar el cuerpo, sino también sostenerlo.

    Cerró los ojos un instante, tratando de visualizar cómo debía verse el hechizo en acción. En la teoría, el Mobilicorpus era una extensión lógica de los encantamientos de levitación básicos que había aprendido en sus inicios en Hogwarts, pero éste requería una sintonía de su destreza física que aún no dominaba. Si todavía no podía crear un escudo de manera no verbal, ¿cómo esperaba manejar la complejidad de mover un cuerpo entero con la precisión que exigía el texto? Porque esa palabra, 𝐩𝐫𝐞𝐜𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧, se repetía varias veces a lo largo de la descripción.

    Al volver a abrir los ojos, las letras sobre las hojas parecieron bailar frente a ella mientras intentaba enfocarse. La frustración, que hasta entonces había mantenido controlada, se convirtió en una llama. Una que se reflejó inmediatamente en su mirada cuando la desvió inevitablemente hacia el pergamino que asomaba bajo su libro de defensa. Era la nota de Snape.

    Su profesor le había asignado una nueva tarea hacia el final de la clase de Pociones, cuando ya no quedaba nadie más que ella dentro del aula, con esa voz siseante y monótona que le recordaba lo poco que se agradaban mutuamente. Por "𝑜́𝑟𝑑𝑒𝑛𝑒𝑠 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑜𝑟", se requería una provisión extra de Poción Matalobos ya que Snape estaría abocado a otras tareas para la Orden. Era una tarea extremadamente delicada cuyo margen de error debía ser nulo, y por eso se necesitaban dos de los mejores alumnos de quinto año. Después de todo, eran pocos los que conocían la existencia de la organización, y no podían arriesgarse a involucrar alumnos de otros años.

    Pero Snape no la había emparejado con alguno de sus amigos, ni siquiera con un Ravenclaw competente que podría estar a su altura — o al menos acercarse a ella. Su compañero era el Slytherin que la odiaba, y que casualmente era también el otro alumno destacado en Pociones.

    Cada vez que leía el nombre "Draco Malfoy" junto al suyo, sentía una punzada de indignación en el estómago. La poción era una de las más peligrosas y difíciles de elaborar; un solo error en el manejo del acónito y los efectos podrían ser catastróficos. Dumbledore confiaba en ella, eso estaba claro, ¿pero por qué obligarla a trabajar con alguien que pasaba la mitad del tiempo burlándose de sus amigos?

    Y al menos ella sabía porqué estaría haciéndola los siguientes meses, como le repitió su profesor antes de dejarla ir, y cuáles eran los beneficios. ¿Pero cómo lograría convencer al otro estudiante? A pesar de su enojo, le intrigaba saber qué había en juego para su, lamentablemente, nuevo compañero. Él no podía saber de la Orden, ni tampoco que estaría ayudando a Lupin, o de seguro se reiría y no aceptaría. ¿Entonces...?

    Luego trataría de averiguarlo.

    Tener que pasar horas en una habitación en el sótano más frío del castillo compartiendo espacio con Draco Malfoy era su idea personal del infierno. El solo pensar en sus comentarios sarcásticos sobre su linaje, acompañados por esa sonrisa estúpida con aires de superioridad, o en las instancias de pelea que generaría solo para hacerla enojar, le quitaban cualquier intención de calmar su enojo.

    La fémina cerró el libro de golpe con un sonido seco que resonó entree las paredes de la biblioteca. El eco pareció despertar a Madam Pince, quien asomó su rostro por encima de una estantería de libros de Transformaciones. Un leve “Lo siento” escapó en un murmullo de sus labios antes de recoger sus cosas.

    «Precisión», recordó mentalmente mientras guardaba el pergamino de Snape dentro de su túnica. Esa palabra aplicaba al hechizo de levitación, y también a la poción que aprendería esa noche.

    Mientras bajaba las escaleras hacia las mazmorras, cargando con una mochila más pesada de lo habitual debido a los tomos extra de consulta que había pedido prestados y a los elementos que Snape le había indicado debía llevar a la sesión, una sensación distinta comenzó a abrirse paso entre la indignación. Estaba enojada aún, más de lo que le gustaría admitir, pero cuanto más vueltas le daba a la idea, más fuerza iba ganando una pequeña chispa de ambición. Un orgullo que no podía ignorar porque había sido elegida, entre tantos alumnos de aquel colegio, por el mismísimo Dumbledore para una tarea que podía salvar vidas. Y era otra oportunidad más para demostrar su valor.

    𝙳𝚁𝙰𝙲𝙾 𝙼𝙰𝙻𝙵𝙾𝚈
    STARTER La biblioteca siempre era el lugar seguro para Hermione, su refugio cuando necesitaba concentrarse o relajarse, y también cuando estaba furiosa y no quería soltar palabras mordaces que pocos solían entender como un insulto o un ataque, entonces necesitaba aislarse. El aroma a pergamino antiguo, de algún modo, le recordaba que mientras tuviera un libro frente a ella, el caos del mundo exterior —la nieve, los T.I.M.O. o, desde hacía unas horas, la insoportable idea de compartir un caldero con un compañero de clase tan prejuicioso como lo era Malfoy— podía quedar reducido a un ruido de fondo. Aún así, esa tarde nada parecía funcionar, y el silencio de la biblioteca la resultaba sofocante. Frente a ella descansaba el tomo de "𝑇𝑒𝑜𝑟𝜄́𝑎 𝑑𝑒 𝑀𝑎𝑔𝑖𝑎 𝐷𝑒𝑓𝑒𝑛𝑠𝑖𝑣𝑎", de Wilbert Slinkhard, libro que había leído en su totalidad dos veces antes del inicio de clases creyendo que ése año finalmente podría superar a su mejor amigo en la materia que mejor se le daba (a él, claramente). Eso no estaba ocurriendo. De hecho, esa misma mañana había vuelto a fallar al querer conjurar un hechizo durante la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Mientras Harry lograba desviar un ataque con un movimiento fluido de muñeca, ella se había quedado allí, con la cara ligeramente ruborizada de la vergüenza tras que su varita emitiera un chispazo plateado en lugar de un escudo que la protegiera en su totalidad. La teoría la tenía dominada. ¿Pero la ejecución? Se sentía como intentar gritar bajo el agua. Ya vería cómo realizarlo. Ahora debía repasar otros encantamientos, como por ejemplo... ...el 𝐌𝐨𝐛𝐢𝐥𝐢𝐜𝐨𝐫𝐩𝐮𝐬. Sus dedos recorrieron las líneas gastadas del manual, deteniéndose en la descripción de los "hilos invisibles". El texto explicaba cómo el hechizo debía anclarse en tres puntos de presión específicos: las muñecas, el cuello y las rodillas. "𝑄𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑙𝑜 𝑙𝑎𝑛𝑧𝑎 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜𝑙𝑎𝑟 𝑎 𝑠𝑢 𝑜𝑏𝑗𝑒𝑡𝑖𝑣𝑜 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑖 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑎 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑟𝑖𝑜𝑛𝑒𝑡𝑎", leyó frunciendo el ceño. No solo debía elevar el cuerpo, sino también sostenerlo. Cerró los ojos un instante, tratando de visualizar cómo debía verse el hechizo en acción. En la teoría, el Mobilicorpus era una extensión lógica de los encantamientos de levitación básicos que había aprendido en sus inicios en Hogwarts, pero éste requería una sintonía de su destreza física que aún no dominaba. Si todavía no podía crear un escudo de manera no verbal, ¿cómo esperaba manejar la complejidad de mover un cuerpo entero con la precisión que exigía el texto? Porque esa palabra, 𝐩𝐫𝐞𝐜𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧, se repetía varias veces a lo largo de la descripción. Al volver a abrir los ojos, las letras sobre las hojas parecieron bailar frente a ella mientras intentaba enfocarse. La frustración, que hasta entonces había mantenido controlada, se convirtió en una llama. Una que se reflejó inmediatamente en su mirada cuando la desvió inevitablemente hacia el pergamino que asomaba bajo su libro de defensa. Era la nota de Snape. Su profesor le había asignado una nueva tarea hacia el final de la clase de Pociones, cuando ya no quedaba nadie más que ella dentro del aula, con esa voz siseante y monótona que le recordaba lo poco que se agradaban mutuamente. Por "𝑜́𝑟𝑑𝑒𝑛𝑒𝑠 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑜𝑟", se requería una provisión extra de Poción Matalobos ya que Snape estaría abocado a otras tareas para la Orden. Era una tarea extremadamente delicada cuyo margen de error debía ser nulo, y por eso se necesitaban dos de los mejores alumnos de quinto año. Después de todo, eran pocos los que conocían la existencia de la organización, y no podían arriesgarse a involucrar alumnos de otros años. Pero Snape no la había emparejado con alguno de sus amigos, ni siquiera con un Ravenclaw competente que podría estar a su altura — o al menos acercarse a ella. Su compañero era el Slytherin que la odiaba, y que casualmente era también el otro alumno destacado en Pociones. Cada vez que leía el nombre "Draco Malfoy" junto al suyo, sentía una punzada de indignación en el estómago. La poción era una de las más peligrosas y difíciles de elaborar; un solo error en el manejo del acónito y los efectos podrían ser catastróficos. Dumbledore confiaba en ella, eso estaba claro, ¿pero por qué obligarla a trabajar con alguien que pasaba la mitad del tiempo burlándose de sus amigos? Y al menos ella sabía porqué estaría haciéndola los siguientes meses, como le repitió su profesor antes de dejarla ir, y cuáles eran los beneficios. ¿Pero cómo lograría convencer al otro estudiante? A pesar de su enojo, le intrigaba saber qué había en juego para su, lamentablemente, nuevo compañero. Él no podía saber de la Orden, ni tampoco que estaría ayudando a Lupin, o de seguro se reiría y no aceptaría. ¿Entonces...? Luego trataría de averiguarlo. Tener que pasar horas en una habitación en el sótano más frío del castillo compartiendo espacio con Draco Malfoy era su idea personal del infierno. El solo pensar en sus comentarios sarcásticos sobre su linaje, acompañados por esa sonrisa estúpida con aires de superioridad, o en las instancias de pelea que generaría solo para hacerla enojar, le quitaban cualquier intención de calmar su enojo. La fémina cerró el libro de golpe con un sonido seco que resonó entree las paredes de la biblioteca. El eco pareció despertar a Madam Pince, quien asomó su rostro por encima de una estantería de libros de Transformaciones. Un leve “Lo siento” escapó en un murmullo de sus labios antes de recoger sus cosas. «Precisión», recordó mentalmente mientras guardaba el pergamino de Snape dentro de su túnica. Esa palabra aplicaba al hechizo de levitación, y también a la poción que aprendería esa noche. Mientras bajaba las escaleras hacia las mazmorras, cargando con una mochila más pesada de lo habitual debido a los tomos extra de consulta que había pedido prestados y a los elementos que Snape le había indicado debía llevar a la sesión, una sensación distinta comenzó a abrirse paso entre la indignación. Estaba enojada aún, más de lo que le gustaría admitir, pero cuanto más vueltas le daba a la idea, más fuerza iba ganando una pequeña chispa de ambición. Un orgullo que no podía ignorar porque había sido elegida, entre tantos alumnos de aquel colegio, por el mismísimo Dumbledore para una tarea que podía salvar vidas. Y era otra oportunidad más para demostrar su valor. [PUREBL00D]
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  • San...valentin...que demonios es eso?....solo veo gente con globos...y corazones...el unico corazon que eh visto es el de mis objetivos. Porque serian bonitos....
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  • Le había enviado un mensaje a Angel Dust. ¿Por qué? Porque no había podido quitarse a ese pecador de la cabeza desde que lo había visto y, sobretodo, después de su último encuentro pues sería ciego pero no estúpido y sabía que aquella araña era algo que no debía dejar escapar habiendo decidido que, de una u otra forma, lograría atraparlo entre sus manos para tenerlo exclusivamente para él.
    No era de extrañar que hubiera conseguido su móvil desde su último encuentro y es que se había negado a quedarse incomunicado con el otro.
    Siendo aquel un día tan especial no dejaría pasar la oportunidad.

    "Hey, sweetheart." Había comenzado en un mensaje. "Sé que no pasó mucho tiempo desde la última vez pero ¿Tal vez puedas concederme el honor de volver a verte? Así sean tan solo unos segundos mi corazón se sentirá menor doloroso si te veo un momento ¿Please? ¿O acaso me harás rogar por ti?"

    Tras enviar el mensaje sólo quedaba aguardar su respuesta y su presencia, y es que había también anclado una dirección. Su dirección, específicamente. La torre de los V's que cada día crecía más y el lugar donde él vivía.
    Nada más el otro llegara sería recibido por un pequeño robot que para él servía, saludando al invitado y guiandole por las instalaciones hasta llegar a unas grandes puertas elegantes; la entrada a su habitación. Y es que apenas el otro cruzara la puerta él aguardaría a un costado de la misma aprovechando su altura para poder soltar sobre su cabeza algunos pétalos de rosa.

    La habitación estaba meticulosamente decorada. Velas rojas encendidas, algunos globos con forma de corazón colgados y otros más por el suelo, incluso había un camino de pétalos que guiaba hacia el balcón de su habitación donde tenía preparado una pequeña mesa adornada con cautela de forma romántica. Dos platos y sus respectivos cubiertos, dos copas y un vino caro. Algunos petalos más dispersos en el blanco mantel y, como centro de mesa, un florero que rebosaba en las flores más hermosas junto con un candelabro a su costado.

    — ¡Welcome, Sweetheart! —

    Saludó con cálida sonrisa y es que incluso él se había vestido con las prendas más elegantes que tenía, pero no por ello menos sensual.

    — Oh, puedes llamarme un cursi romántico. Pero siendo hoy San Valentín no pude evitar pensar en tí. No creas que tengo dobles intenciones, no podría hacerte algo así... ¿Pero tal vez una cena romántica bajo las estrellas infernales? ¿Podrías concederme ese deseo? —
    Le había enviado un mensaje a [Ange1Dust]. ¿Por qué? Porque no había podido quitarse a ese pecador de la cabeza desde que lo había visto y, sobretodo, después de su último encuentro pues sería ciego pero no estúpido y sabía que aquella araña era algo que no debía dejar escapar habiendo decidido que, de una u otra forma, lograría atraparlo entre sus manos para tenerlo exclusivamente para él. No era de extrañar que hubiera conseguido su móvil desde su último encuentro y es que se había negado a quedarse incomunicado con el otro. Siendo aquel un día tan especial no dejaría pasar la oportunidad. "Hey, sweetheart." Había comenzado en un mensaje. "Sé que no pasó mucho tiempo desde la última vez pero ¿Tal vez puedas concederme el honor de volver a verte? Así sean tan solo unos segundos mi corazón se sentirá menor doloroso si te veo un momento ¿Please? ¿O acaso me harás rogar por ti?" Tras enviar el mensaje sólo quedaba aguardar su respuesta y su presencia, y es que había también anclado una dirección. Su dirección, específicamente. La torre de los V's que cada día crecía más y el lugar donde él vivía. Nada más el otro llegara sería recibido por un pequeño robot que para él servía, saludando al invitado y guiandole por las instalaciones hasta llegar a unas grandes puertas elegantes; la entrada a su habitación. Y es que apenas el otro cruzara la puerta él aguardaría a un costado de la misma aprovechando su altura para poder soltar sobre su cabeza algunos pétalos de rosa. La habitación estaba meticulosamente decorada. Velas rojas encendidas, algunos globos con forma de corazón colgados y otros más por el suelo, incluso había un camino de pétalos que guiaba hacia el balcón de su habitación donde tenía preparado una pequeña mesa adornada con cautela de forma romántica. Dos platos y sus respectivos cubiertos, dos copas y un vino caro. Algunos petalos más dispersos en el blanco mantel y, como centro de mesa, un florero que rebosaba en las flores más hermosas junto con un candelabro a su costado. — ¡Welcome, Sweetheart! — Saludó con cálida sonrisa y es que incluso él se había vestido con las prendas más elegantes que tenía, pero no por ello menos sensual. — Oh, puedes llamarme un cursi romántico. Pero siendo hoy San Valentín no pude evitar pensar en tí. No creas que tengo dobles intenciones, no podría hacerte algo así... ¿Pero tal vez una cena romántica bajo las estrellas infernales? ¿Podrías concederme ese deseo? —
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  • No había visto a Lucifer en toda la mañana.... Una mañana particularmente melosa que le revolvía el estómago expresado en sus muecas de disgusto. Pues a donde fuera que mirara sólo podía ver el cursi romance aflorar por una fecha tan ridícula como aquella.
    El hotel decorado de una forma tan patética, claro; decisiones de la princesa. Y parejas dispersas por probablemente toda la ciudad pentagrama.
    Viendo lo visto con el soberano, habría creído participaría de tan particular celebración o habría colaborado con decoración, aún así no lo había visto. En realidad desde hacía unos días que no lo había hecho.

    Con su sombra compartió una mirada que coincidía en silenciosas palabras no pronunciadas antes de que ambos desaparecieran en la oscuridad de las sombras, desplazándose cual serpiente por ellas con un destino claro en mente ; la habitación de Lucifer. Pues si algo se había percatado del pequeño rey era su tendencia a encerrarse cuando no estaba bien y, en efecto, había tenido razón. Pues tras escabullirse bajo la puerta y emerger del otro lado, la tensión de sus orejas revelaron su sorpresa al ver tan caótica habitación inundada de patitos.
    De nuevo una mirada compartida con su sombra y es que él no haría el ridículo de intentar pasar por la montaña de patos con riesgo de que se le fueran encima, así que hizo lo más razonable; volverse a mover entre las sombras hasta llegar al lado de la cama del rey donde este dormía de momento. ¿Su aspecto? No el mejor claramente.

    Su sombra lo miró a él y enseguida supo qué quería desviando su mirada para no tener que verla en lo que retraía de forma leve sus orejas. Pero la sombra era insistente y frunciendo el ceño, bajando sus orejas, le dió un pequeño golpe regañón con el dorso de su mano antes de cruzarse de brazos. A él se le escapó un gruñido por ello, viéndole con recelo.

    — Es patético y ridículo —

    Le dijo por lo bajo para no despertar al soberano pero su sombra respondió señalando al ángel aún dormido pero que incluso así se notaba su claro decaimiento.
    Él volvió a gruñir, esta vez bajando por completo sus orejas.

    — Bien.... —

    Se resignó causando en su silueta oscura una amplia sonrisa satisfecha antes de desaparecer aunque él no hizo lo mismo. Tan solo usando su magia para desaparecer el exceso de patitos de hule. ¿Los helados, bocadillos y vino? Afuera también y todo para hacer espacio a lo más ridículo que se le pudo ocurrir.
    Y es que con su magia se había asegurado que pétalos de rosa rodearan a su majestad al decorar su cama, apenas dispersos por el suelo también.
    Algunas velas rojas encendidas dispersas por la habitación junto con globos que adornaban el suelo, algunos patitos que había permitido se quedaran también los había vestido con corazones o pequeñas decoraciones ñoñas... ¿Le estaba haciendo sentir como un ridículo aquello? Por supuesto. Incluso al punto de ocasionar un rubor sobre sus mejillas que pronto disipó para que nadie lo viera.
    Su sombra volviendo a aparecer junto con una pequeña cesta cargada de golosinas y chocolates, más alegre de lo que a él le hubiera gustado arrancándole otro gruñido.

    — Eres irritante —

    Fue todo lo que le dijo sin tomar la canasta con sus propias manos sino dejando que el otro la cargara
    Sólo cuando todo estuvo listo se acercó a King of Hell, tomando un mechoncito de su rubia cabellera para jalar suavemente en una forma de molestarle pues con algo debía de compensar tanta cursilería.

    — ¿Acaso piensa dormir todo el día majestad? Ya pasa del mediodía, no sabía que quería imitar a la bella durmiente —

    Volvió a molestarle y, aún siendo chinchado él por su propia sombra, aguardó a que el otro se despertara y sentara en la cama. Apenas dándole el tiempo a ver las nuevas decoraciones que adornaban la habitación antes de tomar el rostro ajeno con una mano desde el mentón en lo que él se reclinaba para quedar a su altura depositando un beso sobre los labios ajenos. Tan solo un pequeño beso antes de apartarse, en su mano apareciendo una de esas típicas cajas de bombones creadas para San Valentín que le enseñó.

    — Creí que esta celebración era de su gusto —
    No había visto a Lucifer en toda la mañana.... Una mañana particularmente melosa que le revolvía el estómago expresado en sus muecas de disgusto. Pues a donde fuera que mirara sólo podía ver el cursi romance aflorar por una fecha tan ridícula como aquella. El hotel decorado de una forma tan patética, claro; decisiones de la princesa. Y parejas dispersas por probablemente toda la ciudad pentagrama. Viendo lo visto con el soberano, habría creído participaría de tan particular celebración o habría colaborado con decoración, aún así no lo había visto. En realidad desde hacía unos días que no lo había hecho. Con su sombra compartió una mirada que coincidía en silenciosas palabras no pronunciadas antes de que ambos desaparecieran en la oscuridad de las sombras, desplazándose cual serpiente por ellas con un destino claro en mente ; la habitación de Lucifer. Pues si algo se había percatado del pequeño rey era su tendencia a encerrarse cuando no estaba bien y, en efecto, había tenido razón. Pues tras escabullirse bajo la puerta y emerger del otro lado, la tensión de sus orejas revelaron su sorpresa al ver tan caótica habitación inundada de patitos. De nuevo una mirada compartida con su sombra y es que él no haría el ridículo de intentar pasar por la montaña de patos con riesgo de que se le fueran encima, así que hizo lo más razonable; volverse a mover entre las sombras hasta llegar al lado de la cama del rey donde este dormía de momento. ¿Su aspecto? No el mejor claramente. Su sombra lo miró a él y enseguida supo qué quería desviando su mirada para no tener que verla en lo que retraía de forma leve sus orejas. Pero la sombra era insistente y frunciendo el ceño, bajando sus orejas, le dió un pequeño golpe regañón con el dorso de su mano antes de cruzarse de brazos. A él se le escapó un gruñido por ello, viéndole con recelo. — Es patético y ridículo — Le dijo por lo bajo para no despertar al soberano pero su sombra respondió señalando al ángel aún dormido pero que incluso así se notaba su claro decaimiento. Él volvió a gruñir, esta vez bajando por completo sus orejas. — Bien.... — Se resignó causando en su silueta oscura una amplia sonrisa satisfecha antes de desaparecer aunque él no hizo lo mismo. Tan solo usando su magia para desaparecer el exceso de patitos de hule. ¿Los helados, bocadillos y vino? Afuera también y todo para hacer espacio a lo más ridículo que se le pudo ocurrir. Y es que con su magia se había asegurado que pétalos de rosa rodearan a su majestad al decorar su cama, apenas dispersos por el suelo también. Algunas velas rojas encendidas dispersas por la habitación junto con globos que adornaban el suelo, algunos patitos que había permitido se quedaran también los había vestido con corazones o pequeñas decoraciones ñoñas... ¿Le estaba haciendo sentir como un ridículo aquello? Por supuesto. Incluso al punto de ocasionar un rubor sobre sus mejillas que pronto disipó para que nadie lo viera. Su sombra volviendo a aparecer junto con una pequeña cesta cargada de golosinas y chocolates, más alegre de lo que a él le hubiera gustado arrancándole otro gruñido. — Eres irritante — Fue todo lo que le dijo sin tomar la canasta con sus propias manos sino dejando que el otro la cargara Sólo cuando todo estuvo listo se acercó a [morningstar666], tomando un mechoncito de su rubia cabellera para jalar suavemente en una forma de molestarle pues con algo debía de compensar tanta cursilería. — ¿Acaso piensa dormir todo el día majestad? Ya pasa del mediodía, no sabía que quería imitar a la bella durmiente — Volvió a molestarle y, aún siendo chinchado él por su propia sombra, aguardó a que el otro se despertara y sentara en la cama. Apenas dándole el tiempo a ver las nuevas decoraciones que adornaban la habitación antes de tomar el rostro ajeno con una mano desde el mentón en lo que él se reclinaba para quedar a su altura depositando un beso sobre los labios ajenos. Tan solo un pequeño beso antes de apartarse, en su mano apareciendo una de esas típicas cajas de bombones creadas para San Valentín que le enseñó. — Creí que esta celebración era de su gusto —
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  • Tal vez ella no pudiera crear como su padre hacía pero, con San Valentín tan cerca, quiso poder hacer algo por el hotel y es por ello que ahora se encontraba de aquí para allá desde tempranas horas con cajas cargadas en decoraciones entre sus manos.
    Decoraciones caseras, claro. Desde hacía ya varios días que venía trabajando en ellas, cortando papeles y creando guirnaldas, también inflando globos con forma de corazón que ahora eran dispersos por el hotel.

    Hasta había hablado con Husk y estaban viendo la posibilidad de crear tragos temáticos para el día por venir.
    Tal vez ella no pudiera crear como su padre hacía pero, con San Valentín tan cerca, quiso poder hacer algo por el hotel y es por ello que ahora se encontraba de aquí para allá desde tempranas horas con cajas cargadas en decoraciones entre sus manos. Decoraciones caseras, claro. Desde hacía ya varios días que venía trabajando en ellas, cortando papeles y creando guirnaldas, también inflando globos con forma de corazón que ahora eran dispersos por el hotel. Hasta había hablado con Husk y estaban viendo la posibilidad de crear tragos temáticos para el día por venir.
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  • Seguiré la pista a ciegas y te encontraré
    Alcanzaré la altura, caeré en picado
    Y te encontraré
    Como a un animal en un combate
    Yo te encontraré
    Sentí el viento en la cara
    Vi a los lobos pasar

    Entre la oscuridad
    Intenté respirar

    Y me puse a temblar
    Pasarás sin ser visto y te encontraré
    Escoltado por tus guardianes
    Yo te encontraré
    Seguiré la pista a ciegas y te encontraré Alcanzaré la altura, caeré en picado Y te encontraré Como a un animal en un combate Yo te encontraré Sentí el viento en la cara Vi a los lobos pasar ♪ Entre la oscuridad Intenté respirar ♪ Y me puse a temblar Pasarás sin ser visto y te encontraré Escoltado por tus guardianes Yo te encontraré
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