• *Refunfuñando en un rincón, me consumía la rabia: ('¡Qué día de mierda, maldita sea! Uno aquí con unas ganas locas de tener acción y Adán no afloja'.) ni siquiera se pasa el mal humor.*

    —¿Y tú qué miras? ¡Sigue deslizando para baja de una vez!

    #Seductivesunday
    *Refunfuñando en un rincón, me consumía la rabia: ('¡Qué día de mierda, maldita sea! Uno aquí con unas ganas locas de tener acción y Adán no afloja'.) ni siquiera se pasa el mal humor.* —¿Y tú qué miras? ¡Sigue deslizando para baja de una vez! 💢— #Seductivesunday
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  • El tintinear de la campanilla anunció el cierre de la tienda por última vez aquella tarde. Carmina giró el letrero hacia el "cerrado" y permaneció unos segundos observando el cristal de la puerta, como si estuviera reuniendo fuerzas antes de marcharse.

    Había sido un día largo.

    Y, sinceramente, ya no estaba segura de cuándo había dejado de serlo.

    Con las manos en los bolsillos de su abrigo, caminó sin rumbo fijo hasta un pequeño parque no muy lejos de allí. El sol comenzaba a descender lentamente, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y dorados. A esa hora, el lugar estaba tranquilo; apenas algunas personas dispersas aprovechaban los últimos momentos de luz.

    Eligió una banca algo apartada y se dejó caer sobre ella con un suspiro pesado.

    Después de unos instantes, sacó un cigarrillo. Lo encendió con movimientos automáticos, fruto de la costumbre más que del deseo. Observó cómo el humo se elevaba lentamente frente a ella antes de perderse en el aire.

    —Solo necesito resolver una cosa a la vez... una sola cosa. —murmuró para sí.

    Apoyó los codos sobre las rodillas y se pasó una mano por el rostro.

    La tienda.

    Las cuentas.

    Su abuela.

    El futuro.

    Todo parecía mezclarse en una maraña imposible de desenredar.

    Soltó una pequeña risa sin humor.

    —Qué gracioso... Siempre encuentro una solución para los problemas de los demás, pero cuando se trata de los míos no tengo idea de qué hacer. —

    Dio otra calada al cigarrillo.

    Allí podía hablar sola si quería. Nadie la miraría extraño. Y, más importante aún, no tendría que fingir que todo estaba bien para evitar preocupaciones innecesarias.

    —Quizá estoy cansada... —admitió en voz baja, observando el suelo bajo sus pies. — O quizá solo estoy fingiendo demasiado bien que puedo con todo. —

    El viento movió suavemente algunas hojas cercanas.

    Por primera vez en todo el día, el silencio parecía dispuesto a escucharla.
    [dream_silver_wolf_339]
    El tintinear de la campanilla anunció el cierre de la tienda por última vez aquella tarde. Carmina giró el letrero hacia el "cerrado" y permaneció unos segundos observando el cristal de la puerta, como si estuviera reuniendo fuerzas antes de marcharse. Había sido un día largo. Y, sinceramente, ya no estaba segura de cuándo había dejado de serlo. Con las manos en los bolsillos de su abrigo, caminó sin rumbo fijo hasta un pequeño parque no muy lejos de allí. El sol comenzaba a descender lentamente, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y dorados. A esa hora, el lugar estaba tranquilo; apenas algunas personas dispersas aprovechaban los últimos momentos de luz. Eligió una banca algo apartada y se dejó caer sobre ella con un suspiro pesado. Después de unos instantes, sacó un cigarrillo. Lo encendió con movimientos automáticos, fruto de la costumbre más que del deseo. Observó cómo el humo se elevaba lentamente frente a ella antes de perderse en el aire. —Solo necesito resolver una cosa a la vez... una sola cosa. —murmuró para sí. Apoyó los codos sobre las rodillas y se pasó una mano por el rostro. La tienda. Las cuentas. Su abuela. El futuro. Todo parecía mezclarse en una maraña imposible de desenredar. Soltó una pequeña risa sin humor. —Qué gracioso... Siempre encuentro una solución para los problemas de los demás, pero cuando se trata de los míos no tengo idea de qué hacer. — Dio otra calada al cigarrillo. Allí podía hablar sola si quería. Nadie la miraría extraño. Y, más importante aún, no tendría que fingir que todo estaba bien para evitar preocupaciones innecesarias. —Quizá estoy cansada... —admitió en voz baja, observando el suelo bajo sus pies. — O quizá solo estoy fingiendo demasiado bien que puedo con todo. — El viento movió suavemente algunas hojas cercanas. Por primera vez en todo el día, el silencio parecía dispuesto a escucharla. [dream_silver_wolf_339]
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  • 。 𝗧𝗵𝗶𝘀 𝗰𝗶𝘁𝘆 𝗻𝗲𝘃𝗲𝗿 𝗳𝘂𝗰𝗸𝗶𝗻𝗴 𝘀𝗹𝗲𝗲𝗽.
    Categoría Original
    La lluvia no caía.

    Se desplomaba.

    Ácida. Enferma. Con el mismo ánimo de vivir que la mayoría de los habitantes.

    Bajaba desde un cielo sin estrellas, atravesado por anuncios holográficos que parpadeaban sobre los edificios como heridas de neón. Cada gota dejaba manchas iridiscentes sobre el asfalto, mezclándose con vómito, combustible y sangre vieja arrastrada desde algún callejón donde a nadie le importaba quién había gritado por última vez.

    La ciudad seguía viva.

    Y ese era el problema.

    Vivía como viven las cucarachas dentro de un cadáver: moviéndose entre carne podrida, comiendo lo que quedaba y fingiendo que aquello era el progreso.

    Los rascacielos corporativos se elevaban sobre los barrios bajos como dioses en vidrio blindado. Arriba, los ejecutivos bebían agua purificada y vendían guerras con sonrisas perfectas. Abajo, la gente empeñaba pulmones, recuerdos, brazos, córneas y dignidad por una noche más de calefacción, una dosis más de calma o una bala menos en la cabeza.

    Las pantallas gigantes repetían propaganda gubernamental entre comerciales de implantes militares y cuerpos sintéticos de alquiler.

    OBEDECE. CONSUME. MEJORA. SOBREVIVE.


    En mitad de aquella avenida desdentada, bajo el toldo roto de una clínica ilegal de ripperdocs, estaba él.

    El cazador.

    Nadie tenia claro si era su nombre, su oficio o simplemente una advertencia.

    Llevaba un sombrero viejo, empapado por la lluvia y deformado por años de mugre, balas y malas decisiones. El parche sobre su ojo derecho estaba hecho de cuero negro cuarteado, sujeto con una correa que le cruzaba la sien como una cicatriz más en el rostro. Un abrigo largo de fibra antibalas remendada, botas gastadas, guantes sin dedos y una camisa que había sobrevivido a demasiadas peleas para seguir llamándose así misma prenda.

    En su cintura colgaba una pistola pesada, vieja, brutal. No era elegante. No tenía luces decorativas ni asistencia inteligente. Solo era metal, con un retroceso brutal y una tendencia a dejar agujeros enormes sobre la carne humana.

    El cazador aspiró el humo de un cigarrillo y miró el cadáver del hombre tirado frente a él.

    O lo que quedaba.

    Tenía la mandíbula arrancada, cables nerviosos saliéndole del cuello como lombrices plateadas y media cara convertida en una masa brillante de carne, cromo y hueso pulverizado. Sus ojos ópticos seguían encendidos, enfocando y desenfocando el vacío mientras una voz interna repetía, completamente rota:

    — Error... Error... Error…

    El cazador soltó humo por la nariz.

    — Bienvenido al club, idiota.

    A un lado, una mujer con uniforme corporativo temblaba bajo un paraguas transparente. El logo de su empresa brillaba sobre su pecho con una pulcritud obscena, completamente fuera de lugar en una calle donde hasta las ratas parecían tener deudas.

    — Usted fue contratado para traerlo vivo. —dijo ella, intentando sonar firme.

    El cazador giró la cabeza.

    Su único ojo visible era pálido, cansado, hundido bajo una ceja marcada por cicatrices viejas. No había culpa en su expresión.

    Tampoco orgullo.

    Solo hastío.

    — Y él fue contratado para no intentar partirme en dos con unas mantis oxidadas. —respondió con voz ronca—. Mira qué noche tan llena de putas decepciones, ¿no?

    La ejecutiva tragó saliva. Evidentemente nerviosa.

    — La corporación no pagará el total.

    El cazador apagó el cigarrillo contra la chapa ensangrentada del cadáver.

    — La corporación puede meterse el contrato por el puerto neural y actualizarse hasta sangrar por el culo.

    Los drones policiales pasaron por encima, proyectando luces rojas sobre los charcos de sangre.

    Nadie se detuvo. Nadie preguntó.

    En aquella ciudad, si un muerto no bloqueaba el tráfico ni afectaba las acciones de una compañía; era simplemente decoración urbana.

    El cazador se agachó junto al cuerpo y arrancó de su nuca un chip bañado en sangre.

    Lo observó al sostenerlo entre dos dedos, viendo cómo los filamentos internos todavía chisporroteaban como nervios expuestos.

    — Al menos esto sí vale algo.

    La mujer dio un paso atrás.

    — Eso es propiedad privada.

    Él la miró.

    Pesado.

    Despacio.

    Con una paciencia tan podrida que parecía violencia concentrada.

    — Cariño, todo aquí es propiedad privada. Los edificios, la lluvia, tus órganos, mi maldito cansancio. La diferencia es que yo todavía tengo manos para tomar lo que necesito.

    Guardó el chip en el bolsillo interior del abrigo.

    Y la mujer se fue con prisa. Aterrada. Agradecida de no haber muerto.

    Entonces su comunicador vibró.

    Una llamada entrante. Número oculto. Señal encriptada.
    Demasiado limpia para venir de alguien pobre. Demasiado sucia para venir de alguien honesto.

    El cazador suspiró.

    — Fantástico. Más mierda cayendo sobre mí.

    Aceptó la llamada.

    Una voz distorsionada llenó su oído, fría como metal bajo la lengua.

    — Tenemos otro trabajo para ti.

    Él observó la avenida, las pantallas, los cuerpos bajo plástico negro, los niños con implantes baratos rebuscando comida entre contenedores marcados con advertencias químicas.

    Veía a la ciudad entera abrir la boca, masticar a su gente y pedir más.

    — Qué sorpresa... —murmuró—. Por un segundo pensé que el mundo había decidido dejarme pudrir en paz.

    La voz continuó.

    — Hay un activo que se ha rebelado. Tráela. Con vida. 

    El cazador se quedó quieto.

    La lluvia golpeó el ala de su sombrero.

    Una gota bajó por el borde de su parche.

    — ¿Con vida? Eso es complicado.

    — Solo nos sirve con vida. No lo arruines.

    Él soltó una risa baja, áspera, sin humor.

    — Pero ese es mi encanto.

    Hubo un silencio al otro lado de la línea.

    — El riesgo es elevado. La paga alta.

    El cazador cerró el ojo.

    Por un instante, pareció casi dormido de pie bajo la lluvia venenosa.

    Luego sonrió.

    Una mueca desgastada.

    Cansada.

    — Entonces supongo que volveré a vender otro pedazo de mi alma. Total, ya nadie compra el lote completo.

    Cortó la llamada.

    A lo lejos, más allá de los bloques residenciales carcomidos por óxido y pantallas pornográficas defectuosas; una torre abandonada se alzaba contra el cielo eléctrico. Sus ventanas estaban oscuras. Demasiado oscuras para una ciudad que nunca dejaba morir la luz.

    El cazador se acomodó el sombrero, revisó su pistola y empezó a caminar.

    Cada paso chapoteaba en agua sucia, sangre diluida y reflejos de neón.

    — Veamos con que me sorprende esta ciudad de mierda.

    Gruñó para sí mismo, pero siguió avanzando porque en aquel mundo nadie era libre.

    Solo existían distintos precios para la misma condena.
    La lluvia no caía. Se desplomaba. Ácida. Enferma. Con el mismo ánimo de vivir que la mayoría de los habitantes. Bajaba desde un cielo sin estrellas, atravesado por anuncios holográficos que parpadeaban sobre los edificios como heridas de neón. Cada gota dejaba manchas iridiscentes sobre el asfalto, mezclándose con vómito, combustible y sangre vieja arrastrada desde algún callejón donde a nadie le importaba quién había gritado por última vez. La ciudad seguía viva. Y ese era el problema. Vivía como viven las cucarachas dentro de un cadáver: moviéndose entre carne podrida, comiendo lo que quedaba y fingiendo que aquello era el progreso. Los rascacielos corporativos se elevaban sobre los barrios bajos como dioses en vidrio blindado. Arriba, los ejecutivos bebían agua purificada y vendían guerras con sonrisas perfectas. Abajo, la gente empeñaba pulmones, recuerdos, brazos, córneas y dignidad por una noche más de calefacción, una dosis más de calma o una bala menos en la cabeza. Las pantallas gigantes repetían propaganda gubernamental entre comerciales de implantes militares y cuerpos sintéticos de alquiler. OBEDECE. CONSUME. MEJORA. SOBREVIVE. En mitad de aquella avenida desdentada, bajo el toldo roto de una clínica ilegal de ripperdocs, estaba él. El cazador. Nadie tenia claro si era su nombre, su oficio o simplemente una advertencia. Llevaba un sombrero viejo, empapado por la lluvia y deformado por años de mugre, balas y malas decisiones. El parche sobre su ojo derecho estaba hecho de cuero negro cuarteado, sujeto con una correa que le cruzaba la sien como una cicatriz más en el rostro. Un abrigo largo de fibra antibalas remendada, botas gastadas, guantes sin dedos y una camisa que había sobrevivido a demasiadas peleas para seguir llamándose así misma prenda. En su cintura colgaba una pistola pesada, vieja, brutal. No era elegante. No tenía luces decorativas ni asistencia inteligente. Solo era metal, con un retroceso brutal y una tendencia a dejar agujeros enormes sobre la carne humana. El cazador aspiró el humo de un cigarrillo y miró el cadáver del hombre tirado frente a él. O lo que quedaba. Tenía la mandíbula arrancada, cables nerviosos saliéndole del cuello como lombrices plateadas y media cara convertida en una masa brillante de carne, cromo y hueso pulverizado. Sus ojos ópticos seguían encendidos, enfocando y desenfocando el vacío mientras una voz interna repetía, completamente rota: — Error... Error... Error… El cazador soltó humo por la nariz. — Bienvenido al club, idiota. A un lado, una mujer con uniforme corporativo temblaba bajo un paraguas transparente. El logo de su empresa brillaba sobre su pecho con una pulcritud obscena, completamente fuera de lugar en una calle donde hasta las ratas parecían tener deudas. — Usted fue contratado para traerlo vivo. —dijo ella, intentando sonar firme. El cazador giró la cabeza. Su único ojo visible era pálido, cansado, hundido bajo una ceja marcada por cicatrices viejas. No había culpa en su expresión. Tampoco orgullo. Solo hastío. — Y él fue contratado para no intentar partirme en dos con unas mantis oxidadas. —respondió con voz ronca—. Mira qué noche tan llena de putas decepciones, ¿no? La ejecutiva tragó saliva. Evidentemente nerviosa. — La corporación no pagará el total. El cazador apagó el cigarrillo contra la chapa ensangrentada del cadáver. — La corporación puede meterse el contrato por el puerto neural y actualizarse hasta sangrar por el culo. Los drones policiales pasaron por encima, proyectando luces rojas sobre los charcos de sangre. Nadie se detuvo. Nadie preguntó. En aquella ciudad, si un muerto no bloqueaba el tráfico ni afectaba las acciones de una compañía; era simplemente decoración urbana. El cazador se agachó junto al cuerpo y arrancó de su nuca un chip bañado en sangre. Lo observó al sostenerlo entre dos dedos, viendo cómo los filamentos internos todavía chisporroteaban como nervios expuestos. — Al menos esto sí vale algo. La mujer dio un paso atrás. — Eso es propiedad privada. Él la miró. Pesado. Despacio. Con una paciencia tan podrida que parecía violencia concentrada. — Cariño, todo aquí es propiedad privada. Los edificios, la lluvia, tus órganos, mi maldito cansancio. La diferencia es que yo todavía tengo manos para tomar lo que necesito. Guardó el chip en el bolsillo interior del abrigo. Y la mujer se fue con prisa. Aterrada. Agradecida de no haber muerto. Entonces su comunicador vibró. Una llamada entrante. Número oculto. Señal encriptada. Demasiado limpia para venir de alguien pobre. Demasiado sucia para venir de alguien honesto. El cazador suspiró. — Fantástico. Más mierda cayendo sobre mí. Aceptó la llamada. Una voz distorsionada llenó su oído, fría como metal bajo la lengua. — Tenemos otro trabajo para ti. Él observó la avenida, las pantallas, los cuerpos bajo plástico negro, los niños con implantes baratos rebuscando comida entre contenedores marcados con advertencias químicas. Veía a la ciudad entera abrir la boca, masticar a su gente y pedir más. — Qué sorpresa... —murmuró—. Por un segundo pensé que el mundo había decidido dejarme pudrir en paz. La voz continuó. — Hay un activo que se ha rebelado. Tráela. Con vida.  El cazador se quedó quieto. La lluvia golpeó el ala de su sombrero. Una gota bajó por el borde de su parche. — ¿Con vida? Eso es complicado. — Solo nos sirve con vida. No lo arruines. Él soltó una risa baja, áspera, sin humor. — Pero ese es mi encanto. Hubo un silencio al otro lado de la línea. — El riesgo es elevado. La paga alta. El cazador cerró el ojo. Por un instante, pareció casi dormido de pie bajo la lluvia venenosa. Luego sonrió. Una mueca desgastada. Cansada. — Entonces supongo que volveré a vender otro pedazo de mi alma. Total, ya nadie compra el lote completo. Cortó la llamada. A lo lejos, más allá de los bloques residenciales carcomidos por óxido y pantallas pornográficas defectuosas; una torre abandonada se alzaba contra el cielo eléctrico. Sus ventanas estaban oscuras. Demasiado oscuras para una ciudad que nunca dejaba morir la luz. El cazador se acomodó el sombrero, revisó su pistola y empezó a caminar. Cada paso chapoteaba en agua sucia, sangre diluida y reflejos de neón. — Veamos con que me sorprende esta ciudad de mierda. Gruñó para sí mismo, pero siguió avanzando porque en aquel mundo nadie era libre. Solo existían distintos precios para la misma condena.
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  • — Parecemos un club de debate… — El uso del humor absurdo como escudo o escape era el súper poder de Dean Winchester , el problema, o no, depende de a quien le preguntaras, era que las dos presencias celestiales que les acompañaban no parecían dar con el modo de pillar el sarcasmo.

    Hope dejó ir una risa nasal de forma divertida como respuesta a aquel comentario. Puede que el comentario no tuviera sentido en ese momento, pero el humor de Dean y sus chistes que no venían a cuento era algo que a Hope seguía maravillándole.

    —¿Qué es un club de esos? -preguntó Jack mirando a Dean de forma interrogante.

    Castiel, quien se habia mantenido en silencio, respondió.

    —Es un... club especial para personas que no hacen deporte.

    Hope rio bajito.

    —Como él -Dean señaló a Sam— Estaría en él...

    — Parecemos un club de debate… — El uso del humor absurdo como escudo o escape era el súper poder de [BxbyDriver] , el problema, o no, depende de a quien le preguntaras, era que las dos presencias celestiales que les acompañaban no parecían dar con el modo de pillar el sarcasmo. Hope dejó ir una risa nasal de forma divertida como respuesta a aquel comentario. Puede que el comentario no tuviera sentido en ese momento, pero el humor de Dean y sus chistes que no venían a cuento era algo que a Hope seguía maravillándole. —¿Qué es un club de esos? -preguntó Jack mirando a Dean de forma interrogante. Castiel, quien se habia mantenido en silencio, respondió. —Es un... club especial para personas que no hacen deporte. Hope rio bajito. —Como él -Dean señaló a Sam— Estaría en él...
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    || Buenas tardes a todos.

    Estoy intentando revivir esta cuenta, y a este personaje, al cual le tengo mucho aprecio, mas entiendo que no sea del agrado de todos.

    Connor es un homúnculo, un experimento científico con una fachada de detective privado, que busca convertirse en la cúspide la cadena alimenticia, enfrentándonse a quien sea para lograrlo.

    Quienquiera que tenga ganas de llevar alguna trama o le interese mi encapuchado, puede escribirme! Escribo casi de todo, y soy buena onda, creo.

    Por otro lado, a su vez, si alguien está buscando algún personaje distinto para SU trama, también puede escribirme, y si me interesa y/o creo que puedo llevar al mismo (mientras conozca del tema, sea hombre, y heterosexual) se los doy. No hay problema con hacer otra cuenta, y demás cosas.

    Tengo ganas de escribir, esto de ser un adulto funcional a veces cansa. (?)

    Gracias por su atención, les dejo un Connor malhumorado para su deleite.
    || Buenas tardes a todos. Estoy intentando revivir esta cuenta, y a este personaje, al cual le tengo mucho aprecio, mas entiendo que no sea del agrado de todos. Connor es un homúnculo, un experimento científico con una fachada de detective privado, que busca convertirse en la cúspide la cadena alimenticia, enfrentándonse a quien sea para lograrlo. Quienquiera que tenga ganas de llevar alguna trama o le interese mi encapuchado, puede escribirme! Escribo casi de todo, y soy buena onda, creo. Por otro lado, a su vez, si alguien está buscando algún personaje distinto para SU trama, también puede escribirme, y si me interesa y/o creo que puedo llevar al mismo (mientras conozca del tema, sea hombre, y heterosexual) se los doy. No hay problema con hacer otra cuenta, y demás cosas. Tengo ganas de escribir, esto de ser un adulto funcional a veces cansa. (?) Gracias por su atención, les dejo un Connor malhumorado para su deleite.
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  • Estaba de terrible humor. Ser llamada troglodita, descerebrada y demás insultos. Que ella no se buscó por supuesto. Sólo dijo un par de crueles verdades. (?)

    En fin. Como el hambre la pone de peor humor y no quiere tener un gesto odioso que ni ella misma se aguanta, quería comida. Comida grasienta y con mucha carne. Sabrosos triglicéridos y grasas trans para calmar su ira. (?)

    — Ah. . . Así está mejor. —

    Sonríe. Se le nota mucho más relajada después de varias mordidas y papitas. En la mesa de la hamburguesería, Kieran y Kazuha la acompañan. Así como Nicole Rendaia a quien habían "intercambiado" por Veyra,

    No sabe por qué exactamente, a decir verdad. No puso mucha atención por lo enojada que estaba. (?)

    — Bueno. . . ¿Y ahora qué? —

    Moja una papita en salsa de queso.

    — ¿Cómo vamos a cerrar esa grieta, Kieran? —

    Le pregunta directamente a él. Si él no sabe, entonces ni idea. (?)
    Estaba de terrible humor. Ser llamada troglodita, descerebrada y demás insultos. Que ella no se buscó por supuesto. Sólo dijo un par de crueles verdades. (?) En fin. Como el hambre la pone de peor humor y no quiere tener un gesto odioso que ni ella misma se aguanta, quería comida. Comida grasienta y con mucha carne. Sabrosos triglicéridos y grasas trans para calmar su ira. (?) — Ah. . . Así está mejor. — Sonríe. Se le nota mucho más relajada después de varias mordidas y papitas. En la mesa de la hamburguesería, [forever.tainted] y [K4zuha] la acompañan. Así como [vortex_emerald_pigeon_594] a quien habían "intercambiado" por Veyra, No sabe por qué exactamente, a decir verdad. No puso mucha atención por lo enojada que estaba. (?) — Bueno. . . ¿Y ahora qué? — Moja una papita en salsa de queso. — ¿Cómo vamos a cerrar esa grieta, Kieran? — Le pregunta directamente a él. Si él no sabe, entonces ni idea. (?)
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  • Oh Bianca Auditore, dejaste tu red social abierta, entonces fuí tu CM por un momento, has subido un total de 3.372 seguidores en menos de una hora, no te preocupes, no pude nada... Ofensivo.

    *Había publicado un par de opiniones políticas con un poco de humor negro con la cuenta de Bianca.*
    Oh [Freaky_Ghost_Ovni_531], dejaste tu red social abierta, entonces fuí tu CM por un momento, has subido un total de 3.372 seguidores en menos de una hora, no te preocupes, no pude nada... Ofensivo. *Había publicado un par de opiniones políticas con un poco de humor negro con la cuenta de Bianca.*
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  • [el general se encontraba a las afueras de su castillo peleando contra varios mercenarios del infierno enviados a ejecutarlo, las traiciones eran muy normales pues todas las zonas que esté conquistó fueron tomadas a la fuerza y se ganó el odio de muchos]

    Jajajajaja
    ¡Con ese golpe no me tocarás siendo tan lento! Deberás entrenar un millón de años para alcanzarme con esa velocidad

    •el general se encontraba esquivando con facilidad y acertando golpes precisos hacia puntos frágiles en los cuerpos de los mercenarios provocando que algunos salieran volando por los aires mientras que otros eran atravezados por el puño del general debido a su inmensa fuerza fisica•

    Vamos vamos sigan viniendo me encontraron de muy mal humor así que tendrán que entretenerme para que eso se me pase.. luego de ustedes tendré que visitar el mundo humano y destrozar algunas ciudades

    •la batalla continuo pero apenas duraría 20 minutos ya que la diferencia entre el general y un grupo de mercenarios era obvia, el general terminaría llevándose la victoria en aquel encuentro•
    [el general se encontraba a las afueras de su castillo peleando contra varios mercenarios del infierno enviados a ejecutarlo, las traiciones eran muy normales pues todas las zonas que esté conquistó fueron tomadas a la fuerza y se ganó el odio de muchos] Jajajajaja ¡Con ese golpe no me tocarás siendo tan lento! Deberás entrenar un millón de años para alcanzarme con esa velocidad •el general se encontraba esquivando con facilidad y acertando golpes precisos hacia puntos frágiles en los cuerpos de los mercenarios provocando que algunos salieran volando por los aires mientras que otros eran atravezados por el puño del general debido a su inmensa fuerza fisica• Vamos vamos sigan viniendo me encontraron de muy mal humor así que tendrán que entretenerme para que eso se me pase.. luego de ustedes tendré que visitar el mundo humano y destrozar algunas ciudades •la batalla continuo pero apenas duraría 20 minutos ya que la diferencia entre el general y un grupo de mercenarios era obvia, el general terminaría llevándose la victoria en aquel encuentro•
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  • Está teniendo un bajón de ánimos y eso la está poniendo de mal humor.

    Está teniendo un bajón de ánimos y eso la está poniendo de mal humor.
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  • ¿ Ahora que quieres, Kate?, no estoy de humor.

    𝙷𝚘𝚘𝚍𝚢 ᴼᴿ ꓄ꄲ꓄ꁝꏂꋬꋪꀘ
    ¿ Ahora que quieres, Kate?, no estoy de humor. [ember_sapphire_monkey_146]
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