• ¿Algún Roleplayer Pokémon o Furry?
    Si es así, mí granja te espera
    ¿Algún Roleplayer Pokémon o Furry? Si es así, mí granja te espera
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  • #UnDiaEnLaVidaDe Elias Lowell



    Entrada de diario,
    6 de marzo.

    Otro viernes.
    ¿Qué puedo decir? Muchas cosas. El problema es que no sé cómo plasmarlas.

    Lo más fácil es: tengo miedo.

    Como cada segundo que se acerca al último día de semana y cada día que se acerca a una luna llena. Nunca se va. Puedo fingir que no está, que estoy bien, pero mi miedo es constante.

    ¿Por qué? ¿Qué es lo que hice para merecer esto? ¿Qué error cometí?

    De pequeño escuchaba como algunas personas hablaban mal de mis padres o los insultaban por la calle. En ese momento no comprendía porqué. Porqué luego los mudamos a otra ciudad... y, cuando ocurrió la desgracia hace ocho años, pude entenderlo.

    No los culpo. Nunca lo hice y nunca lo haré. ¿Por qué habrían ellos de saber que las advertencias eran reales? Creían que era otro cuento más. Pero, por desgracia, no fue así.

    Mis hermanos también están asustados. No lo dicen, pero puedo sentirlo, olerlo, verlo. A veces me miran como si fuera capaz de destrozarlos con las manos. Y quizás sea cierto, pero no quiero lastimarlos, jamás lo haría... no por voluntad propia ni estando consciente.

    Chris me lo ha dicho muchas veces: "Tranquilo, vamos a encontrar otra solución, una más permanente". Y él casi siempre se queda a mi lado (cuando no tiene otras cosas que hacer). Y sé que su miedo no es hacia mi, si no por mi. Pero no puedo fingir que creo en sus palabras, me es difícil. Siento que no hay mucho por hacer.

    ¿Qué pasa si un día los lastimo? Mi familia, las personas que no me hicieron a un lado, que me mantuvieron cerca... ¿qué pasa si un día abro los ojos y veo su sangre en mis manos, en mi boca? Es una pesadilla recurrente.

    En ocasiones me encuentro con el pensamiento que debieron haberme matado apenas nací. O apenas me vieron transformarme en... esa cosa. Sus vidas serían mucho más fáciles ahora. La de cada persona con la que me he topado en mi vida, en realidad.

    Y las de aquellas a quienes les he hecho daño. Porque lo sé. Aunque es borroso. He cometido atrocidades de las que no puedo limpiarme.

    Ahora, se está acercando la noche. Papá y Chris están preparando todo para volver a la granja. Iremos los tres y luego Chris se quedará por la noche.

    Espero no causar demasiado problemas. Por favor.
    #UnDiaEnLaVidaDe Elias Lowell Entrada de diario, 6 de marzo. Otro viernes. ¿Qué puedo decir? Muchas cosas. El problema es que no sé cómo plasmarlas. Lo más fácil es: tengo miedo. Como cada segundo que se acerca al último día de semana y cada día que se acerca a una luna llena. Nunca se va. Puedo fingir que no está, que estoy bien, pero mi miedo es constante. ¿Por qué? ¿Qué es lo que hice para merecer esto? ¿Qué error cometí? De pequeño escuchaba como algunas personas hablaban mal de mis padres o los insultaban por la calle. En ese momento no comprendía porqué. Porqué luego los mudamos a otra ciudad... y, cuando ocurrió la desgracia hace ocho años, pude entenderlo. No los culpo. Nunca lo hice y nunca lo haré. ¿Por qué habrían ellos de saber que las advertencias eran reales? Creían que era otro cuento más. Pero, por desgracia, no fue así. Mis hermanos también están asustados. No lo dicen, pero puedo sentirlo, olerlo, verlo. A veces me miran como si fuera capaz de destrozarlos con las manos. Y quizás sea cierto, pero no quiero lastimarlos, jamás lo haría... no por voluntad propia ni estando consciente. Chris me lo ha dicho muchas veces: "Tranquilo, vamos a encontrar otra solución, una más permanente". Y él casi siempre se queda a mi lado (cuando no tiene otras cosas que hacer). Y sé que su miedo no es hacia mi, si no por mi. Pero no puedo fingir que creo en sus palabras, me es difícil. Siento que no hay mucho por hacer. ¿Qué pasa si un día los lastimo? Mi familia, las personas que no me hicieron a un lado, que me mantuvieron cerca... ¿qué pasa si un día abro los ojos y veo su sangre en mis manos, en mi boca? Es una pesadilla recurrente. En ocasiones me encuentro con el pensamiento que debieron haberme matado apenas nací. O apenas me vieron transformarme en... esa cosa. Sus vidas serían mucho más fáciles ahora. La de cada persona con la que me he topado en mi vida, en realidad. Y las de aquellas a quienes les he hecho daño. Porque lo sé. Aunque es borroso. He cometido atrocidades de las que no puedo limpiarme. Ahora, se está acercando la noche. Papá y Chris están preparando todo para volver a la granja. Iremos los tres y luego Chris se quedará por la noche. Espero no causar demasiado problemas. Por favor.
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  • Las cinco.
    Fandom MENTES CRIMINALES
    Categoría Drama
    𝘚𝑇𝘈𝑅𝘛𝐸𝘙 𝘗𝐴𝘙𝐴 𝑹𝒐𝒘𝒂𝒏 𝑯𝒂𝒍𝒆
    ㅤㅤ
    ㅤㅤㅤ
    ㅤㅤ

    Nota de usuario:
    Contenido NSFW. Este starter tiene contenido sensible y referencias a crímenes debido al fandom al que pertenece. Se ruega leerlo bajo propia discreción.


    𝐹𝘓𝐴𝘚𝐻𝘉𝐴𝘊𝐾



    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝙼𝚊𝚢𝚘, 𝟸00𝟷
    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝙳𝚎𝚗𝚟𝚎𝚛, 𝙲𝚘𝚕𝚘𝚛𝚊𝚍𝚘

    Aun le daba vértigo la rapidez con la que habia escalado su carrera laboral. De la fiscalía de Seattle a los SWAT. Y antes de darse cuenta habia ingresado en la división de Seattle del FBI. Aun llegaba a esbozar una tenue sonrisa nostálgica en sus labios al recordar sus nervios cuatro años atrás cuando, en el parque Golden Gate de San Francisco habia sido el encargado de ilustrar a Dave Rossi acerca de los cuerpos encontrados. Aquel era su caso, Dave Rossi llevaba trabajando en este desde 1992, y aun asi no tuvo reparos en contar con su ayuda. Puede que fuera el propio Rossi quien pidió la promoción del joven Hotchner a la Unidad de Análisis de Conducta de Quántico… Nunca se lo dijo. Y Hotchner nunca preguntó. Pero no necesitaba saberlo.

    Como digo, habían pasado cuatro años desde que Aaron Hotchner comenzara a formar parte de la joya de la corona de la ciencia conductual en un departamento que, si bien comenzó a gestarse desde finales de los años setenta, todavia en 2001 parecía operar con pocos agentes. Y es que, por aquel entonces, Aaron Hotchner habia sido, si no bien el primer agente contratado para operar en el equipo, el primero en trabajar como agente de campo junto a Jason Gideon y Dave Rossi. Los dos hombres que crearon aquella Unidad. Era todo un logro para el joven Hotchner. Y aun entonces, cuatro años después, seguía sintiendo cierto síndrome del impostor.

    Aunque sabia muy bien como disimularlo.

    >> El primer cadáver habia aparecido hacía poco más de una semana. Marjorie Ringwall. 17 años. Secuestrada en una fiesta. Su cuerpo habia aparecido semidesnudo y semienterrado en una cuneta. Habia sido abusada sexualmente y tenía un golpe en el cráneo.

    El segundo cadáver apareció dos dias después. Stephanie Lammarck. 16 años. Desaparecida a la salida del instituto dos dias atrás. En este caso el patrón de violencia habia escalado: habia sido abusada y estrangulada con violencia. El asesino lo habia vuelto más personal. Abandonada cerca del rio.

    Fue entonces cuando la policía de Denver se puso en contacto con la Unidad. Al ver la espiral de crecimiento de violencia ejercida, Jason Gideon, Dave Rossi y Aaron Hotchner viajaron sin perder más tiempo hasta el escenario de tan cruentos crímenes. Para cuando llegaron… el tercer cadáver habia aparecido. Sally Monroe. 17 años. Abusada. Asesinada por múltiples puñaladas y abandonada en el maizal de una granja. Desaparecida el día anterior mientras regresaba de la biblioteca

    Según la policía dos chicas más habían desaparecido sin dejar rastro mientras iban a un ensayo en el instituto: Bethany Moller y Rowan Hale.

    Tenían que trabajar a contrarreloj. Los tres miembros de la Unidad revisaron los informes de la policía y en la primera hora se dieron cuenta de que el secuestro múltiple no habia sido al azar. El sudes buscaba un tipo concreto de chica. Morenas. Adolescentes. Entre los 16 y 17 años. Todas ellas habían sido raptadas en lugares donde eran vulnerables, en plena calle y desprotegidas. Los secuestros estaban cuidadosamente planeados, buscando mantener el control.

    El progresivo aumento de la violencia llamó la atención de Hotchner. La escalada de agresividad era insólita, pero tenia una explicación: el asesino tenia una obsesion por el control y experimentaba con sus víctimas. Seguía un ritual psicológico.

    Llegó el momento de establecer un perfil geográfico, delimitado por las zonas donde los cadáveres habían aparecido. No les costó demasiado tiempo triangular la zona. Aunque sí llevó más tiempo encontrar un nombre que encajase en el perfil:

    Varón. Entre 30 y 35 años. Trabajaría en algo que lo permitiera pasar desapercibido. Algo como bibliotecario, administrativo, técnico de laboratorio. Un trabajo que lo hiciera sentir inferior. Inteligente y meticuloso. Introvertido, evitaría el contacto social y no miraría a los ojos. Tremendamente obsesionado con el control seria siempre puntual y perdería los nervios con quien no lo fuera.

    Y ese perfil les dio cinco sospechosos que trabajaban en la zona cercana a la aparición de los cuerpos. Inmediatamente la comisaria envio policías a las residencias y lugares de trabajo de los cinco hombres.

    Lo tenían casi todo. Las victimas de las mismas edades, todas de cabello oscuro y ojos marrones y de carácter introspectivo. La única que no encajaba era Rowan… Rubia, ojos azules, abierta y alegre…

    -Fue un daño colateral -declaró Hotch levantándose de la mesa donde habia estado repasando el caso y acudiendo hasta la pizarra donde tenían las fotografías de las chicas- Marjorie, Stephany, Sally y Bethany son morenas, introvertidas. Chicas que pasarían desapercibidas…- señaló la foto de Rowan- Ella es quien no encaja. No iba a por ella. Pero tuvo que llevársela. Bethany era su objetivo pero no podía dejar que Rowan se fuera… Creo que por eso no la ha matado aun. No sabe qué hacer con ella.

    El escaso optimismo que habían sentido se esfumó cuando la radio informó de la aparición del cuerpo de Bethany Moller.

    -¿Señor? -preguntó un oficial desde su mesa, apartando el auricular de su teléfono y apartándolo con una mano- Hastings ha ido hasta la fábrica de toallitas de Coller Lane. Dicen que Fallon Turner no ha ido a trabajar desde hace dos dias.

    -Le tenemos… -Gideon se levantó de la mesa- ¿Qué propiedades tiene Turner? -preguntó acercándose al joven, quien se puso a rebuscar rápidamente entre los informes sobre su mesa. Tres años más tarde la Unidad de Análisis de Conducta contrataría a la mejor Analista de Sistemas del país, pero mientras tanto…

    -Tie-tiene una casa en el centro del pueblo pero heredó la granja de su familia cuando sus padres murieron hace dos años. Está deshabitada y en riesgo por embargo… -respondió el chico.

    Gideon tomó apresuradamente un post-it y anoto la dirección antes de coger su chaqueta y empezar a caminar hacia la puerta. Rossi y Hotch lo siguieron.

    >> Dos coches del FBI y dos patrullas se internaban veinte minutos más tarde en los terrenos de la familia Turner. Hotch bajó de su coche y sacó su arma. Gideon y Rossi descendieron de su coche imitando el gesto del más joven. La ávida mirada de Hotch recorrió el escenario y, al mismo tiempo que Gideon y Rossi, vio como Fallon Turner los miraba desde el interior de la casa antes de echar a correr hacia la puerta trasera. En el fondo de la habitación una mujer rubia permanecía atada a una silla.

    -¡Hotchner! ¡Ocúpate de la chica! -gritó Gideon mientras Rossi y él ya rodeaban la casa por ambos flancos.

    Aaron no perdió ni siquiera dos segundos. Derribó la puerta de madera de una patada y entró con el arma de frente, revisando toda la estancia a su alrededor. Más por protocolo y precaución que por advertencia de una verdadera amenaza. Al resolver que no quedaban más individuos, caminó hasta la habitación que quedaba a su derecha y guardó el arma en la cartuchera mientras se acercaba rápidamente hasta Rowan.

    -¿Rowan? -preguntó acercándose a ella con un nudo en la garganta temiendo haber llegado tarde. Pero al fin ella alzó el rostro de forma cansada- Soy el agente Hotchner. Estás a salvo… Estás a salvo…- dijo llevando las manos a la mordaza que llevaba a la boca y la desató- ¿Estás bien? Voy a desatarte…- sacó una pequeña navaja de su bolsillo y con rapidez soltó las bridas que la mantenían atada a la silla- Vamos a llevarte a casa, ¿de acuerdo? -dijo ayudándola a levantarse para tomarla en volandas.
    𝘚𝑇𝘈𝑅𝘛𝐸𝘙 𝘗𝐴𝘙𝐴 [RO.WAN] ㅤㅤ ㅤㅤㅤ ㅤㅤ ㅤ 🚨 Nota de usuario: Contenido NSFW. Este starter tiene contenido sensible y referencias a crímenes debido al fandom al que pertenece. Se ruega leerlo bajo propia discreción. 𝐹𝘓𝐴𝘚𝐻𝘉𝐴𝘊𝐾 ㅤ ㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝙼𝚊𝚢𝚘, 𝟸00𝟷 ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝙳𝚎𝚗𝚟𝚎𝚛, 𝙲𝚘𝚕𝚘𝚛𝚊𝚍𝚘 Aun le daba vértigo la rapidez con la que habia escalado su carrera laboral. De la fiscalía de Seattle a los SWAT. Y antes de darse cuenta habia ingresado en la división de Seattle del FBI. Aun llegaba a esbozar una tenue sonrisa nostálgica en sus labios al recordar sus nervios cuatro años atrás cuando, en el parque Golden Gate de San Francisco habia sido el encargado de ilustrar a Dave Rossi acerca de los cuerpos encontrados. Aquel era su caso, Dave Rossi llevaba trabajando en este desde 1992, y aun asi no tuvo reparos en contar con su ayuda. Puede que fuera el propio Rossi quien pidió la promoción del joven Hotchner a la Unidad de Análisis de Conducta de Quántico… Nunca se lo dijo. Y Hotchner nunca preguntó. Pero no necesitaba saberlo. Como digo, habían pasado cuatro años desde que Aaron Hotchner comenzara a formar parte de la joya de la corona de la ciencia conductual en un departamento que, si bien comenzó a gestarse desde finales de los años setenta, todavia en 2001 parecía operar con pocos agentes. Y es que, por aquel entonces, Aaron Hotchner habia sido, si no bien el primer agente contratado para operar en el equipo, el primero en trabajar como agente de campo junto a Jason Gideon y Dave Rossi. Los dos hombres que crearon aquella Unidad. Era todo un logro para el joven Hotchner. Y aun entonces, cuatro años después, seguía sintiendo cierto síndrome del impostor. Aunque sabia muy bien como disimularlo. >> El primer cadáver habia aparecido hacía poco más de una semana. Marjorie Ringwall. 17 años. Secuestrada en una fiesta. Su cuerpo habia aparecido semidesnudo y semienterrado en una cuneta. Habia sido abusada sexualmente y tenía un golpe en el cráneo. El segundo cadáver apareció dos dias después. Stephanie Lammarck. 16 años. Desaparecida a la salida del instituto dos dias atrás. En este caso el patrón de violencia habia escalado: habia sido abusada y estrangulada con violencia. El asesino lo habia vuelto más personal. Abandonada cerca del rio. Fue entonces cuando la policía de Denver se puso en contacto con la Unidad. Al ver la espiral de crecimiento de violencia ejercida, Jason Gideon, Dave Rossi y Aaron Hotchner viajaron sin perder más tiempo hasta el escenario de tan cruentos crímenes. Para cuando llegaron… el tercer cadáver habia aparecido. Sally Monroe. 17 años. Abusada. Asesinada por múltiples puñaladas y abandonada en el maizal de una granja. Desaparecida el día anterior mientras regresaba de la biblioteca Según la policía dos chicas más habían desaparecido sin dejar rastro mientras iban a un ensayo en el instituto: Bethany Moller y Rowan Hale. Tenían que trabajar a contrarreloj. Los tres miembros de la Unidad revisaron los informes de la policía y en la primera hora se dieron cuenta de que el secuestro múltiple no habia sido al azar. El sudes buscaba un tipo concreto de chica. Morenas. Adolescentes. Entre los 16 y 17 años. Todas ellas habían sido raptadas en lugares donde eran vulnerables, en plena calle y desprotegidas. Los secuestros estaban cuidadosamente planeados, buscando mantener el control. El progresivo aumento de la violencia llamó la atención de Hotchner. La escalada de agresividad era insólita, pero tenia una explicación: el asesino tenia una obsesion por el control y experimentaba con sus víctimas. Seguía un ritual psicológico. Llegó el momento de establecer un perfil geográfico, delimitado por las zonas donde los cadáveres habían aparecido. No les costó demasiado tiempo triangular la zona. Aunque sí llevó más tiempo encontrar un nombre que encajase en el perfil: Varón. Entre 30 y 35 años. Trabajaría en algo que lo permitiera pasar desapercibido. Algo como bibliotecario, administrativo, técnico de laboratorio. Un trabajo que lo hiciera sentir inferior. Inteligente y meticuloso. Introvertido, evitaría el contacto social y no miraría a los ojos. Tremendamente obsesionado con el control seria siempre puntual y perdería los nervios con quien no lo fuera. Y ese perfil les dio cinco sospechosos que trabajaban en la zona cercana a la aparición de los cuerpos. Inmediatamente la comisaria envio policías a las residencias y lugares de trabajo de los cinco hombres. Lo tenían casi todo. Las victimas de las mismas edades, todas de cabello oscuro y ojos marrones y de carácter introspectivo. La única que no encajaba era Rowan… Rubia, ojos azules, abierta y alegre… -Fue un daño colateral -declaró Hotch levantándose de la mesa donde habia estado repasando el caso y acudiendo hasta la pizarra donde tenían las fotografías de las chicas- Marjorie, Stephany, Sally y Bethany son morenas, introvertidas. Chicas que pasarían desapercibidas…- señaló la foto de Rowan- Ella es quien no encaja. No iba a por ella. Pero tuvo que llevársela. Bethany era su objetivo pero no podía dejar que Rowan se fuera… Creo que por eso no la ha matado aun. No sabe qué hacer con ella. El escaso optimismo que habían sentido se esfumó cuando la radio informó de la aparición del cuerpo de Bethany Moller. -¿Señor? -preguntó un oficial desde su mesa, apartando el auricular de su teléfono y apartándolo con una mano- Hastings ha ido hasta la fábrica de toallitas de Coller Lane. Dicen que Fallon Turner no ha ido a trabajar desde hace dos dias. -Le tenemos… -Gideon se levantó de la mesa- ¿Qué propiedades tiene Turner? -preguntó acercándose al joven, quien se puso a rebuscar rápidamente entre los informes sobre su mesa. Tres años más tarde la Unidad de Análisis de Conducta contrataría a la mejor Analista de Sistemas del país, pero mientras tanto… -Tie-tiene una casa en el centro del pueblo pero heredó la granja de su familia cuando sus padres murieron hace dos años. Está deshabitada y en riesgo por embargo… -respondió el chico. Gideon tomó apresuradamente un post-it y anoto la dirección antes de coger su chaqueta y empezar a caminar hacia la puerta. Rossi y Hotch lo siguieron. >> Dos coches del FBI y dos patrullas se internaban veinte minutos más tarde en los terrenos de la familia Turner. Hotch bajó de su coche y sacó su arma. Gideon y Rossi descendieron de su coche imitando el gesto del más joven. La ávida mirada de Hotch recorrió el escenario y, al mismo tiempo que Gideon y Rossi, vio como Fallon Turner los miraba desde el interior de la casa antes de echar a correr hacia la puerta trasera. En el fondo de la habitación una mujer rubia permanecía atada a una silla. -¡Hotchner! ¡Ocúpate de la chica! -gritó Gideon mientras Rossi y él ya rodeaban la casa por ambos flancos. Aaron no perdió ni siquiera dos segundos. Derribó la puerta de madera de una patada y entró con el arma de frente, revisando toda la estancia a su alrededor. Más por protocolo y precaución que por advertencia de una verdadera amenaza. Al resolver que no quedaban más individuos, caminó hasta la habitación que quedaba a su derecha y guardó el arma en la cartuchera mientras se acercaba rápidamente hasta Rowan. -¿Rowan? -preguntó acercándose a ella con un nudo en la garganta temiendo haber llegado tarde. Pero al fin ella alzó el rostro de forma cansada- Soy el agente Hotchner. Estás a salvo… Estás a salvo…- dijo llevando las manos a la mordaza que llevaba a la boca y la desató- ¿Estás bien? Voy a desatarte…- sacó una pequeña navaja de su bolsillo y con rapidez soltó las bridas que la mantenían atada a la silla- Vamos a llevarte a casa, ¿de acuerdo? -dijo ayudándola a levantarse para tomarla en volandas.
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  • why does god seem so quiet to my petition ﹖
    Fandom Crossover
    Categoría Suspenso
    Llevaba cinco años trabajando la catedral de Nuestra Señora de los Ángeles, tras ser recomendado por su primer mentor: Lucas Trevant, exorcista veterano del Vaticano.

    Si bien no tenía un rol demasiado importante, le gustaba dar misa, celebrar bautismos, confesar a los fieles, bendecir objetos; ayudar a las hermanas y voluntarios en el comedor comunitario, colaborar en las clases para los niños de los barrios más humildes de la cuidad.

    Fuera de eso, y solo cuando Johanna Constantine aparecía, se dedicaba a lo que realmente creía que era verdadera ayuda. Constantine le había enseñado lo que ella llamaba el sutil arte de patear culos demoníacos. Le enseñó todo lo que había aprendido de forma autodidacta sobre exorcismos y a cambio, él le ayudo a expandir sus conocimientos sobre demonologia.

    El hecho de que hubiera renunciado a su título como príncipe del infierno para convertirse en sacerdote no significaba que dejaba de serlo. La jerarquía en el infierno no funcionaba así, los demonios se lo recordaban cada vez que lo veían, pero a su vez, estaban obligados a obedecerle; por mucho que odiaran tener a un mestizo como el siguiente al trono en la línea de sucesión, le debían respeto y Rory lo sabía, por ello era un excelente exorcista, el arma secreta del Vaticano.

    Por fortuna en los últimos meses no había visto a Johanna, lo cual significaba que no habían demonios haciendo de las suyas en la tierra y se alegro por eso, no le habría gustado perderse del retiro espíritual por tener que quedarse a discutir en latín con demonios rebeldes.

    Terminó de empacar sus pertenecías y guardo en un bolsillo la estampilla de quien consideraba su tío favorito, a pesar de tener una rivalidad con su padre, Mikha'el o mejor conocido como san Miguel arcángel; uno de los pocos hermanos de su padre que no lo trataban como una abominación por haber nacido del vientre de una humana. Le echo un último vistazo a la pequeña habitación de la casa parroquial y bajo al salón principal a reunirse con el resto de grupo mientras esperaban el transporte que los llevaría a Santa Mónica, cede de muchos de sus eventos.

    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ﹙ . . . ﹚

    Luego de una hora de viaje y de acomodar sus cosas en la habitación que compartiría con el padre Xavier durante dos semanas, dejo su ropa normal y se vistió con la sotana negra, sin percatarse de que el alza cuellos blanco no estaba bien colócado. Estaba demasiado ansioso por ir a explorar el lugar, desde la ventanilla del autobús había visto las remodelaciones que habían hecho ese año. Habían construido más cabañas, colocado establos, una pequeña granja con animales bebés y adultos; colocaron un muelle en el lago artificial, algunos juegos para niños y los árboles de frutas habían crecido lo suficiente como para dar frutos y sombra.

    Se paseo por las carpas primero, saludando a las hermanas de otras iglesias que habían llevado a sus pequeños alumnos. A muchos de ellos los conocía de años anteriores, algunos habían sido monaguillos suyos.

    Continuó su camino, leyendo cada cartel colocado en la puerta de las cabañas. Encontro cambio como una enfermería mas grande, más baños, un pequeño almacén, una cafetería y una biblioteca donde pasaría gran parte de sus tardes enseñando. Por curiosidad, se detuvo en esa cabaña, las hermanas solían dejar a los niños allí para que pasaran el tiempo dibujando en lo que ellas se encargaban de otras tareas y pensó que sería buena idea entrar a pasar el tiempo con ellas, leerles un poco ya que muchos niños llegaban sin saber leer o escribir.

    Subió la escalinata de madera teniendo cuidado de no pisarse el borde de la sotana y tras dar dos golpecitos en la puerta, entró.

    Adeline Wallace
    Llevaba cinco años trabajando la catedral de Nuestra Señora de los Ángeles, tras ser recomendado por su primer mentor: Lucas Trevant, exorcista veterano del Vaticano. Si bien no tenía un rol demasiado importante, le gustaba dar misa, celebrar bautismos, confesar a los fieles, bendecir objetos; ayudar a las hermanas y voluntarios en el comedor comunitario, colaborar en las clases para los niños de los barrios más humildes de la cuidad. Fuera de eso, y solo cuando Johanna Constantine aparecía, se dedicaba a lo que realmente creía que era verdadera ayuda. Constantine le había enseñado lo que ella llamaba el sutil arte de patear culos demoníacos. Le enseñó todo lo que había aprendido de forma autodidacta sobre exorcismos y a cambio, él le ayudo a expandir sus conocimientos sobre demonologia. El hecho de que hubiera renunciado a su título como príncipe del infierno para convertirse en sacerdote no significaba que dejaba de serlo. La jerarquía en el infierno no funcionaba así, los demonios se lo recordaban cada vez que lo veían, pero a su vez, estaban obligados a obedecerle; por mucho que odiaran tener a un mestizo como el siguiente al trono en la línea de sucesión, le debían respeto y Rory lo sabía, por ello era un excelente exorcista, el arma secreta del Vaticano. Por fortuna en los últimos meses no había visto a Johanna, lo cual significaba que no habían demonios haciendo de las suyas en la tierra y se alegro por eso, no le habría gustado perderse del retiro espíritual por tener que quedarse a discutir en latín con demonios rebeldes. Terminó de empacar sus pertenecías y guardo en un bolsillo la estampilla de quien consideraba su tío favorito, a pesar de tener una rivalidad con su padre, Mikha'el o mejor conocido como san Miguel arcángel; uno de los pocos hermanos de su padre que no lo trataban como una abominación por haber nacido del vientre de una humana. Le echo un último vistazo a la pequeña habitación de la casa parroquial y bajo al salón principal a reunirse con el resto de grupo mientras esperaban el transporte que los llevaría a Santa Mónica, cede de muchos de sus eventos. ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ﹙ . . . ﹚ Luego de una hora de viaje y de acomodar sus cosas en la habitación que compartiría con el padre Xavier durante dos semanas, dejo su ropa normal y se vistió con la sotana negra, sin percatarse de que el alza cuellos blanco no estaba bien colócado. Estaba demasiado ansioso por ir a explorar el lugar, desde la ventanilla del autobús había visto las remodelaciones que habían hecho ese año. Habían construido más cabañas, colocado establos, una pequeña granja con animales bebés y adultos; colocaron un muelle en el lago artificial, algunos juegos para niños y los árboles de frutas habían crecido lo suficiente como para dar frutos y sombra. Se paseo por las carpas primero, saludando a las hermanas de otras iglesias que habían llevado a sus pequeños alumnos. A muchos de ellos los conocía de años anteriores, algunos habían sido monaguillos suyos. Continuó su camino, leyendo cada cartel colocado en la puerta de las cabañas. Encontro cambio como una enfermería mas grande, más baños, un pequeño almacén, una cafetería y una biblioteca donde pasaría gran parte de sus tardes enseñando. Por curiosidad, se detuvo en esa cabaña, las hermanas solían dejar a los niños allí para que pasaran el tiempo dibujando en lo que ellas se encargaban de otras tareas y pensó que sería buena idea entrar a pasar el tiempo con ellas, leerles un poco ya que muchos niños llegaban sin saber leer o escribir. Subió la escalinata de madera teniendo cuidado de no pisarse el borde de la sotana y tras dar dos golpecitos en la puerta, entró. [almost.saint]
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  • —Asriel viajo hasta las afueras de la ciudad, tuvo que ir volando ya que no habia otra forma, aunque de todas formas debia seguir entrenando—


    —Al llegar a los prados donde habian granjas y prados por doquier, alli fue solo cuestion de suerte en encontrar a quien buscaba, pero lo no contaba es que la otra persona lo estuviera esperando—


    :—"No esperaba verte tan pronto Azzy"


    —Asriel se volteo y vio a aquella mujer la cual reconoció al instante—


    —¿Tia Azziel?


    :—"Eres igualito a tu papá....se porque viniste Asriel...pero hay algo que tengo que preguntarte

    —¿Que sería?..


    :—"¿Los extrañas...o solo sigues tu vida?


    —Siempre los extrañe...a Rosie...A Paul...no hay un solo dia en que no piense en ellos


    :—"Yo también...."El sagrado corazon" esta ubicado en las cavernas, cerca del fuego eterno...espero que los encuentres y que te acepten....


    —Asriel viajo hasta las afueras de la ciudad, tuvo que ir volando ya que no habia otra forma, aunque de todas formas debia seguir entrenando— —Al llegar a los prados donde habian granjas y prados por doquier, alli fue solo cuestion de suerte en encontrar a quien buscaba, pero lo no contaba es que la otra persona lo estuviera esperando— 👤:—"No esperaba verte tan pronto Azzy" —Asriel se volteo y vio a aquella mujer la cual reconoció al instante— —¿Tia Azziel? 👤:—"Eres igualito a tu papá....se porque viniste Asriel...pero hay algo que tengo que preguntarte —¿Que sería?.. 👤:—"¿Los extrañas...o solo sigues tu vida? —Siempre los extrañe...a Rosie...A Paul...no hay un solo dia en que no piense en ellos 👤:—"Yo también...."El sagrado corazon" esta ubicado en las cavernas, cerca del fuego eterno...espero que los encuentres y que te acepten....
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  • ¿Que os parece este vestido? No lo veo mucho para una granja.....
    ¿Que os parece este vestido? No lo veo mucho para una granja.....
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  • *Estaban Naruto y Ace trabajando en la granja, cuidando de sus animalitos.*

    -Las niñas buenas no deben pelear entre sí. Hay suficiente para todas. Cada una tiene su espacio...
    Me gustan las conejitas, las vaquitas y las gatitas... Pero no hay razón para pelear, ninguna se va a quedar sin su alimento. Y el agua, siempre es importante.
    *Estaban Naruto y Ace trabajando en la granja, cuidando de sus animalitos.* -Las niñas buenas no deben pelear entre sí. Hay suficiente para todas. Cada una tiene su espacio... Me gustan las conejitas, las vaquitas y las gatitas... Pero no hay razón para pelear, ninguna se va a quedar sin su alimento. Y el agua, siempre es importante.
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  • Las vacaciones se acabaron, es hora de volver al trabajo de guardián.
    Aunque este lugar apeste y sea ruidoso, lo prefiero que esa granja. Todo es mejor que volver a ese sitio lleno de degenere.
    Las vacaciones se acabaron, es hora de volver al trabajo de guardián. Aunque este lugar apeste y sea ruidoso, lo prefiero que esa granja. Todo es mejor que volver a ese sitio lleno de degenere.
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  • La nieve caía con más fuerza cuando el motor del viejo camión se detuvo frente a la granja. Sarah fue la primera en asomarse por la ventana, y no necesitó ver bien para saberlo, porque sus dos James habían salido por algunas cosas que faltaban para la cena de Navidad.

    —Ya llegaron…

    La puerta se abrió, dejando entrar el frío de Montana y el sonido de botas sobre la madera.
    Sarah no dudó ni un segundo.

    —Tío Buck.

    Se lanzó hacia él con la naturalidad de quien no pide permiso para querer.
    El resto del mundo quedó en pausa por un instante.

    Detrás, James entró cargando una caja de regalos torpemente envueltos, luchando un poco con el equilibrio.

    —Llegamos a tiempo para la cena, ¿o ya se comieron todo?

    —Ni se te ocurra —respondió Sarah, sonriendo orgullosa—. Mamá dijo que nadie toca la mesa hasta que estemos todos.

    Como si la invocaran, Lorelai apareció desde la cocina, secándose las manos en el delantal. Su mirada recorrió la escena con calma: Sarah aún cerca de Bucky, James dejando los regalos en el suelo, la casa llena otra vez.

    —Ahora sí —dijo con suavidad—. Ahora está completa la casa.

    El árbol brillaba ya decorado, con adornos viejos y nuevos mezclados sin orden. James ayudaba a colocar las últimas luces, mientras alguien más ajustaba la estrella en lo alto.

    —Sigue chueca.

    —Es tradición.

    La cena fue ruidosa y cálida. Risas, historias repetidas, silencios cómodos. Lorelai servía los platos como quien cuida un ritual antiguo. James escuchaba más de lo que hablaba. Sarah observaba, guardándose el momento en el pecho.

    Al final, los regalos bajo el árbol. Nada exagerado. Todo pensado.
    Sarah miró alrededor, con el corazón lleno.
    No eran perfectos.
    No eran normales.
    Pero eran familia.

    Y en la granja Rogers, esa noche de Navidad, el mundo podía esperar.
    Porque allí
    había hogar.


    𝙎𝘛𝘌𝘝𝘌𝘕 𝙍𝘖𝘎𝘌𝘙𝘚

    𝙅𝘼𝘔𝘌𝙎 𝘽𝘼𝙍𝙉𝙀𝘚
    La nieve caía con más fuerza cuando el motor del viejo camión se detuvo frente a la granja. Sarah fue la primera en asomarse por la ventana, y no necesitó ver bien para saberlo, porque sus dos James habían salido por algunas cosas que faltaban para la cena de Navidad. —Ya llegaron… La puerta se abrió, dejando entrar el frío de Montana y el sonido de botas sobre la madera. Sarah no dudó ni un segundo. —Tío Buck. Se lanzó hacia él con la naturalidad de quien no pide permiso para querer. El resto del mundo quedó en pausa por un instante. Detrás, James entró cargando una caja de regalos torpemente envueltos, luchando un poco con el equilibrio. —Llegamos a tiempo para la cena, ¿o ya se comieron todo? —Ni se te ocurra —respondió Sarah, sonriendo orgullosa—. Mamá dijo que nadie toca la mesa hasta que estemos todos. Como si la invocaran, Lorelai apareció desde la cocina, secándose las manos en el delantal. Su mirada recorrió la escena con calma: Sarah aún cerca de Bucky, James dejando los regalos en el suelo, la casa llena otra vez. —Ahora sí —dijo con suavidad—. Ahora está completa la casa. El árbol brillaba ya decorado, con adornos viejos y nuevos mezclados sin orden. James ayudaba a colocar las últimas luces, mientras alguien más ajustaba la estrella en lo alto. —Sigue chueca. —Es tradición. La cena fue ruidosa y cálida. Risas, historias repetidas, silencios cómodos. Lorelai servía los platos como quien cuida un ritual antiguo. James escuchaba más de lo que hablaba. Sarah observaba, guardándose el momento en el pecho. Al final, los regalos bajo el árbol. Nada exagerado. Todo pensado. Sarah miró alrededor, con el corazón lleno. No eran perfectos. No eran normales. Pero eran familia. Y en la granja Rogers, esa noche de Navidad, el mundo podía esperar. Porque allí había hogar. [SteveR0gers] [JamesBarnes]
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  • ⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀ ⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ 》ᴿᵒˡ ᵃᵇⁱᵉʳᵗᵒ
    ​Irina tosió, el aire rancio del pasado raspándole la garganta, mientras se arrodillaba sobre la tierra seca y agrietada. La aparición había sido violenta - como siempre-
    Un estallido de luz fría en medio del día, seguido por el silencio ensordecedor de la nada.

    ​Se llevó la muñeca al rostro, el guante de cuero negro absorbiendo el hilo de sangre caliente que resbalaba de su nariz...Mareo, náuseas, visión borrosa el precio por viajar a través del espacio-tiempo. Pero esta vez la sensación era más profunda, un frío pegajoso que no provenía de la fatiga, sino de la misión. Sus clientes ya no pedían la mera recuperación de artefactos, ahora la exigencia era más siniestra, más… final.

    ​Levantó la cabeza. El sol se cernía como un ojo amarillo y enfermizo sobre un paisaje monocromático de tonos ocres y pardos. A cien metros de distancia, la granja o un intento de ella, era un esqueleto de madera una choza tambaleante, un granero inclinado y un molino de viento estático que parecía un crucifijo roto.

    ​Entonces los notó.
    ​Una bandada inmensa de cuervos se levantó del tejado desvencijado de la choza. No volaron hacia el cielo. En su lugar, comenzaron a describir círculos lentos y metódicos justo sobre la cabeza de Irina.
    Eran más de veinte, plumas negras como obsidiana, y sus graznidos no eran los sonidos casuales de las aves. Eran gritos roncos profundos que resonaban en el pecho de Irina, un coro de advertencia primitiva.

    ​Se detuvo en medio de la explanada, sin fuerzas ni convicción para dar el siguiente paso. La angustia le oprimía el pecho como una prensa de hierro fundido. Sabía que los cuervos no la estaban ahuyentando a ella estaban avisándole a él...​El viejo granjero, el objetivo.

    ​Mientras observaba a los cuervos girar, sintiendo sus ojos avizores sobre su nuca. ​Uno descendió y se posó en el hombro de Irina, sus pequeñas garras penetrando el tejido de su chaqueta de viaje. El pájaro no picoteó; simplemente la miró fijamente con un ojo brillante y maligno.

    ​En ese instante, la puerta de la choza se abrió lentamente, con el gemido de unas bisagras oxidadas. Un hombre de silueta curvada y piel curtida por el sol se asomó, sosteniendo una escopeta de doble cañón. No había sorpresa en sus ojos viejos, solo una paciencia infinita.

    ​──Sabía que venías —dijo el granjero. Su voz era un susurro seco, apenas audible por encima del graznido de la bandada—. Mis guardianes te trajeron el mensaje.
    ​Irina sintió cómo el corazón se le encogía, los clientes siempre le habían dicho que el objetivo no sabría que venía. Que sería un golpe limpio. El granjero, su víctima, no solo lo sabía, sino que la estaba esperando.
    ​El cuervo en su hombro levantó el pico y soltó un último y estridente graznido, como si estuviera dando la señal de ataque justo cuando el granjero levantaba lentamente la escopeta.
    Irina no se movió la repentina y punzante claridad chocaba contra su cara... había fallado antes de empezar. La misión estaba contaminada. El objetivo no era un peón ignorante, sino alguien que estaba, de alguna manera, conectado al flujo temporal, quizás incluso protegido por él.

    ​La vida de Irina dependía de ser eficiente, invisible y letal. En este momento, era visible, acorralada y completamente sin intención de cumplir la orden.
    ​El granjero dio un paso fuera de la choza. A pesar de su postura encorvada, su movimiento era deliberado.

    ​Irina sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el viento frío de ese desolado páramo. Sus clientes le habían mentido. Omitieron que este hombre era consciente de su destino y de los intentos por alterarlo. Matarlo ahora sería un acto sucio, un asesinato innecesario de un hombre que ya estaba viviendo bajo una condena.
    ​La mujer tomó una decisión en una fracción de segundo, una que equivaldría a su propia sentencia de muerte si sus empleadores la descubrían

    ​──No vengo a hacerte daño —logró decir Irina, su voz era ronca por la sequedad y la tensión.
    ​Una risa seca y breve salió de la garganta del granjero.

    ​──Ya lo sé. Pero la intención no limpia la sangre, viajera. Y tú ya tienes suficiente en la nariz.

    ​Ignorando el cañón del arma que la apuntaba, Irina Intentó correr, dar la espalda al granjero, pero la desorientación fue inmediata. Dio un paso hacia adelante y se encontró girando, tropezando con una roca inexistente en la tierra. Cayó de rodillas, el impacto enviando un chispazo de dolor por sus rótulas. Los cuervos, que habían estado sobre ellos, se elevaron en el aire graznando con más intensidad, como un coro de despedida infernal.
    ​Irina se levantó tambaleante, la cabeza latiéndole al ritmo de una máquina averiada.

    ​Escuchó el sonido distante del granjero gritando algo, quizás una advertencia, pero ella ya estaba muy lejos, la voz del hombre se deshacía en la distancia

    ​Corrió ciegamente hacia ninguna parte, apenas consciente de que sus pies golpeaban el suelo. Cada zancada era un acto de voluntad bruta contra el cuerpo que había colpasado por el viaje, no supo como pero logró alejarse lo suficiente para no ver la choza desde su ubicación actual. Irina deshidratada y cansada se dejó caer en tierra seca, no había sombra ni agua, sólo el intenso sol quemando sus retinas aún desenfocadas

    ⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀ ⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ 》ᴿᵒˡ ᵃᵇⁱᵉʳᵗᵒ ​Irina tosió, el aire rancio del pasado raspándole la garganta, mientras se arrodillaba sobre la tierra seca y agrietada. La aparición había sido violenta - como siempre- Un estallido de luz fría en medio del día, seguido por el silencio ensordecedor de la nada. ​Se llevó la muñeca al rostro, el guante de cuero negro absorbiendo el hilo de sangre caliente que resbalaba de su nariz...Mareo, náuseas, visión borrosa el precio por viajar a través del espacio-tiempo. Pero esta vez la sensación era más profunda, un frío pegajoso que no provenía de la fatiga, sino de la misión. Sus clientes ya no pedían la mera recuperación de artefactos, ahora la exigencia era más siniestra, más… final. ​Levantó la cabeza. El sol se cernía como un ojo amarillo y enfermizo sobre un paisaje monocromático de tonos ocres y pardos. A cien metros de distancia, la granja o un intento de ella, era un esqueleto de madera una choza tambaleante, un granero inclinado y un molino de viento estático que parecía un crucifijo roto. ​Entonces los notó. ​Una bandada inmensa de cuervos se levantó del tejado desvencijado de la choza. No volaron hacia el cielo. En su lugar, comenzaron a describir círculos lentos y metódicos justo sobre la cabeza de Irina. Eran más de veinte, plumas negras como obsidiana, y sus graznidos no eran los sonidos casuales de las aves. Eran gritos roncos profundos que resonaban en el pecho de Irina, un coro de advertencia primitiva. ​Se detuvo en medio de la explanada, sin fuerzas ni convicción para dar el siguiente paso. La angustia le oprimía el pecho como una prensa de hierro fundido. Sabía que los cuervos no la estaban ahuyentando a ella estaban avisándole a él...​El viejo granjero, el objetivo. ​Mientras observaba a los cuervos girar, sintiendo sus ojos avizores sobre su nuca. ​Uno descendió y se posó en el hombro de Irina, sus pequeñas garras penetrando el tejido de su chaqueta de viaje. El pájaro no picoteó; simplemente la miró fijamente con un ojo brillante y maligno. ​En ese instante, la puerta de la choza se abrió lentamente, con el gemido de unas bisagras oxidadas. Un hombre de silueta curvada y piel curtida por el sol se asomó, sosteniendo una escopeta de doble cañón. No había sorpresa en sus ojos viejos, solo una paciencia infinita. ​──Sabía que venías —dijo el granjero. Su voz era un susurro seco, apenas audible por encima del graznido de la bandada—. Mis guardianes te trajeron el mensaje. ​Irina sintió cómo el corazón se le encogía, los clientes siempre le habían dicho que el objetivo no sabría que venía. Que sería un golpe limpio. El granjero, su víctima, no solo lo sabía, sino que la estaba esperando. ​El cuervo en su hombro levantó el pico y soltó un último y estridente graznido, como si estuviera dando la señal de ataque justo cuando el granjero levantaba lentamente la escopeta. Irina no se movió la repentina y punzante claridad chocaba contra su cara... había fallado antes de empezar. La misión estaba contaminada. El objetivo no era un peón ignorante, sino alguien que estaba, de alguna manera, conectado al flujo temporal, quizás incluso protegido por él. ​La vida de Irina dependía de ser eficiente, invisible y letal. En este momento, era visible, acorralada y completamente sin intención de cumplir la orden. ​El granjero dio un paso fuera de la choza. A pesar de su postura encorvada, su movimiento era deliberado. ​ ​Irina sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el viento frío de ese desolado páramo. Sus clientes le habían mentido. Omitieron que este hombre era consciente de su destino y de los intentos por alterarlo. Matarlo ahora sería un acto sucio, un asesinato innecesario de un hombre que ya estaba viviendo bajo una condena. ​La mujer tomó una decisión en una fracción de segundo, una que equivaldría a su propia sentencia de muerte si sus empleadores la descubrían ​──No vengo a hacerte daño —logró decir Irina, su voz era ronca por la sequedad y la tensión. ​Una risa seca y breve salió de la garganta del granjero. ​──Ya lo sé. Pero la intención no limpia la sangre, viajera. Y tú ya tienes suficiente en la nariz. ​Ignorando el cañón del arma que la apuntaba, Irina Intentó correr, dar la espalda al granjero, pero la desorientación fue inmediata. Dio un paso hacia adelante y se encontró girando, tropezando con una roca inexistente en la tierra. Cayó de rodillas, el impacto enviando un chispazo de dolor por sus rótulas. Los cuervos, que habían estado sobre ellos, se elevaron en el aire graznando con más intensidad, como un coro de despedida infernal. ​Irina se levantó tambaleante, la cabeza latiéndole al ritmo de una máquina averiada. ​Escuchó el sonido distante del granjero gritando algo, quizás una advertencia, pero ella ya estaba muy lejos, la voz del hombre se deshacía en la distancia ​Corrió ciegamente hacia ninguna parte, apenas consciente de que sus pies golpeaban el suelo. Cada zancada era un acto de voluntad bruta contra el cuerpo que había colpasado por el viaje, no supo como pero logró alejarse lo suficiente para no ver la choza desde su ubicación actual. Irina deshidratada y cansada se dejó caer en tierra seca, no había sombra ni agua, sólo el intenso sol quemando sus retinas aún desenfocadas ​ ​
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