El dojo principal estaba más ruidoso de lo normal. Sin la presencia de Takeru, sus ayudantes intentaban mantener el orden, guiando a los alumnos en sus entrenamientos, resolviendo dudas y asegurándose de que todo siguiera funcionando. Para algunos, era la primera vez que tenían que manejarlo sin la supervisión de su estricto pero confiable mentor.
Mientras tanto, en una habitación apartada del dojo, Takeru dormía profundamente. Su cuerpo, agotado después de días de esfuerzo y de la brutal paliza que había recibido, simplemente había cedido al descanso. Ni el ruido del dojo ni el bullicio de la mañana lograban sacarlo de su sueño profundo.
Junto a él, un pequeño gato descansaba, acurrucado contra su costado, su respiración acompasada con la de su dueño. La luz del mediodía entraba por la ventana, iluminando la habitación con un resplandor cálido.
Entonces, con un susurro en japonés, Takeru comenzó a despertar.
(十分な休息だ… 起きないと… クソッ…)
Parpadeó lentamente, sintiendo el peso del cansancio aún en su cuerpo, pero su mente ya estaba clara. Sus músculos protestaban cuando intentó incorporarse, pero ignoró la sensación. Miró al gato, que lo observaba con desinterés antes de estirarse y volver a dormirse.
Takeru soltó un resoplido y se pasó una mano por el rostro.
—¿Hasta los gatos tienen más disciplina que yo ahora?
Con un suspiro, se levantó. Era hora de volver al trabajo.
El dojo principal estaba más ruidoso de lo normal. Sin la presencia de Takeru, sus ayudantes intentaban mantener el orden, guiando a los alumnos en sus entrenamientos, resolviendo dudas y asegurándose de que todo siguiera funcionando. Para algunos, era la primera vez que tenían que manejarlo sin la supervisión de su estricto pero confiable mentor.
Mientras tanto, en una habitación apartada del dojo, Takeru dormía profundamente. Su cuerpo, agotado después de días de esfuerzo y de la brutal paliza que había recibido, simplemente había cedido al descanso. Ni el ruido del dojo ni el bullicio de la mañana lograban sacarlo de su sueño profundo.
Junto a él, un pequeño gato descansaba, acurrucado contra su costado, su respiración acompasada con la de su dueño. La luz del mediodía entraba por la ventana, iluminando la habitación con un resplandor cálido.
Entonces, con un susurro en japonés, Takeru comenzó a despertar.
(十分な休息だ… 起きないと… クソッ…)
Parpadeó lentamente, sintiendo el peso del cansancio aún en su cuerpo, pero su mente ya estaba clara. Sus músculos protestaban cuando intentó incorporarse, pero ignoró la sensación. Miró al gato, que lo observaba con desinterés antes de estirarse y volver a dormirse.
Takeru soltó un resoplido y se pasó una mano por el rostro.
—¿Hasta los gatos tienen más disciplina que yo ahora?
Con un suspiro, se levantó. Era hora de volver al trabajo.