• El resplandor anaranjado de la brasa se intensifica con cada calada, iluminando por un segundo sus facciones tensas y la mirada perdida en la pantalla completamente negra del televisor apagado. No es sólo el cansancio del día lo que le pesa; es la sensación de que las piezas del puzzle que es su vida han dejado de encajar.
    Suelta el aire lentamente, viendo cómo el humo se dispersa contra la madera de la mesa fría. Se pregunta en qué momento la ambición se convirtió en rutina y el silencio en una barrera infranqueable. Pero ahí está: reducido a la ceniza que sacude mecánicamente sobre el cenicero.
    Es una tortura silenciosa. Alberto odia no tener el control, pero le aterra aún más romper el equilibrio.

    «Me mira distinto, estoy seguro», piensa, para luego sacudir la cabeza con una sonrisa amarga. «O quizás sólo veo lo que quiero ver porque me estoy volviendo loco».

    Aprieta el filtro entre los dedos. El cigarrillo se acaba, pero la duda sigue ahí, ardiendo con la misma intensidad que al principio.
    Apura el último tramo del cigarrillo, sintiendo ese ligero mareo que ya no le relaja como antes. La ciudad sigue su curso fuera, ajena a sus dilemas, y él se queda ahí un momento más, postergando el regreso al mundo real, donde el silencio es mucho más denso que el humo que acaba de exhalar.
    El resplandor anaranjado de la brasa se intensifica con cada calada, iluminando por un segundo sus facciones tensas y la mirada perdida en la pantalla completamente negra del televisor apagado. No es sólo el cansancio del día lo que le pesa; es la sensación de que las piezas del puzzle que es su vida han dejado de encajar. Suelta el aire lentamente, viendo cómo el humo se dispersa contra la madera de la mesa fría. Se pregunta en qué momento la ambición se convirtió en rutina y el silencio en una barrera infranqueable. Pero ahí está: reducido a la ceniza que sacude mecánicamente sobre el cenicero. Es una tortura silenciosa. Alberto odia no tener el control, pero le aterra aún más romper el equilibrio. «Me mira distinto, estoy seguro», piensa, para luego sacudir la cabeza con una sonrisa amarga. «O quizás sólo veo lo que quiero ver porque me estoy volviendo loco». Aprieta el filtro entre los dedos. El cigarrillo se acaba, pero la duda sigue ahí, ardiendo con la misma intensidad que al principio. Apura el último tramo del cigarrillo, sintiendo ese ligero mareo que ya no le relaja como antes. La ciudad sigue su curso fuera, ajena a sus dilemas, y él se queda ahí un momento más, postergando el regreso al mundo real, donde el silencio es mucho más denso que el humo que acaba de exhalar.
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  • tomo nota de un panel en mis retinas, que se filtro sin consentimiento en mis pensamientos, un dedo traspaso mi ojo: "un nuevo Dios ha nacido del sufrimiento ajeno, quieres verlo? intenta mas de cerca. el no teme, el es el temor, te tiene de presa, no puedes hacer nada, si lo intentas enfrentar conseguiras matarlo, que obtendras con eso? su oscuridad te consumira, seras un martirio, nadie quiere eso, tu si?"

    natus ex nebulis.
    tomo nota de un panel en mis retinas, que se filtro sin consentimiento en mis pensamientos, un dedo traspaso mi ojo: "un nuevo Dios ha nacido del sufrimiento ajeno, quieres verlo? intenta mas de cerca. el no teme, el es el temor, te tiene de presa, no puedes hacer nada, si lo intentas enfrentar conseguiras matarlo, que obtendras con eso? su oscuridad te consumira, seras un martirio, nadie quiere eso, tu si?" natus ex nebulis.
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  • —No sé qué le piqué en el nuevo celular que se puso este filtro en la foto.

    || Me gané una licuadora en la posada del trabajo, mi vida ha llegado a su punto cumbre (?)
    —No sé qué le piqué en el nuevo celular que se puso este filtro en la foto. || Me gané una licuadora en la posada del trabajo, mi vida ha llegado a su punto cumbre (?)
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  • - Una noche de recuerdo. -

    [• El hombre estaría en el exterior de su hogar, mete la mano derecha en su bolsillo y luego de buscar por unos instantes, sacaría un cigarrillo. pone el filtro entre los labios, luego saca un encendedor del mismo bolsillo para encenderlo y darle suficiente calor a la punta del cigarro para dar la primera calda y soltarlo ligeramente. •]

    - Hmm... Parece que se humedecido en algún momento.. está algo feo ésto.

    [• da un pequeño suspiro y sigue funcionando por unos minutos más, antes de agarrarlo con el pulgar y anular justo en la zona entre el filtro y lo que se "consume", sacarlo de su boca y tirarlo a un costado. •]

    - si, está algo horrible..

    [• pone las manos en los bolsillos y luego mira ligeramente hacia arriba, viendo el cielo de la noche, ligeramente nublado gracias por una lluvia que pasó hace horas.

    Al ver el cielo, este le pasa por sus ojos y mente un pequeño recuerdo:

    -Una noche como aquel actual, una más oscura, fría y húmeda gracias a los árboles y también por el la estación, siendo invierno.

    El hombre estaba recostado de espaldas contra un árbol, haciendo de seguridad en una trincheras improvisadas, sin poder fumar algo para evitar cualquier inconveniente. Sentía el peso de su ropa húmeda, el de su arma colgada por un tirante de cuero en su hombro y el chaleco antibalas que tenía. Todo aquel peso y la humedad parecía quererlo tumbar hacia abajo, pero solo se mantiene de pie.

    Su líder le informo en ir hacia una ubicación hacia el norte para armar una pequeña base y tener cierta ventaja en una guerrilla que estaba pasando en aquellos momentos... Supuestamente en un pueblo abandonado, dónde llegarían a la noche.-

    Luego de unos segundos, este se queda en blanco, parecía que quería borrar algo de su recuerdo su cerebro, pero luego de unos segundos, recordaría que aquel momento tranquilo solo era un momento antes de una gran tormenta que pasaría.

    Luego de recordar nuevamente aquel momento de las bengalas y explosiones, este se le escapa una cara de cierta molestia, pero luego de un suspiro, este mira hacia abajo, luego a un costado y vería el cigarro, aún tirando humo. •]

    - creo que no estabas tan mal al final de todo... Quizás el siguiente cigarro si me matará aunque me dee un momento de alegría.

    [• luego de unos segundos y caer en cuenta que estaba hablando hacia un cigarro, esté rie ligeramente por la situación, antes de ir hacia la puerta nuevamente y entrar a su casa. •]



    •|| meee quedó sin ideas mi gente •||
    - Una noche de recuerdo. - [• El hombre estaría en el exterior de su hogar, mete la mano derecha en su bolsillo y luego de buscar por unos instantes, sacaría un cigarrillo. pone el filtro entre los labios, luego saca un encendedor del mismo bolsillo para encenderlo y darle suficiente calor a la punta del cigarro para dar la primera calda y soltarlo ligeramente. •] - Hmm... Parece que se humedecido en algún momento.. está algo feo ésto. [• da un pequeño suspiro y sigue funcionando por unos minutos más, antes de agarrarlo con el pulgar y anular justo en la zona entre el filtro y lo que se "consume", sacarlo de su boca y tirarlo a un costado. •] - si, está algo horrible.. [• pone las manos en los bolsillos y luego mira ligeramente hacia arriba, viendo el cielo de la noche, ligeramente nublado gracias por una lluvia que pasó hace horas. Al ver el cielo, este le pasa por sus ojos y mente un pequeño recuerdo: -Una noche como aquel actual, una más oscura, fría y húmeda gracias a los árboles y también por el la estación, siendo invierno. El hombre estaba recostado de espaldas contra un árbol, haciendo de seguridad en una trincheras improvisadas, sin poder fumar algo para evitar cualquier inconveniente. Sentía el peso de su ropa húmeda, el de su arma colgada por un tirante de cuero en su hombro y el chaleco antibalas que tenía. Todo aquel peso y la humedad parecía quererlo tumbar hacia abajo, pero solo se mantiene de pie. Su líder le informo en ir hacia una ubicación hacia el norte para armar una pequeña base y tener cierta ventaja en una guerrilla que estaba pasando en aquellos momentos... Supuestamente en un pueblo abandonado, dónde llegarían a la noche.- Luego de unos segundos, este se queda en blanco, parecía que quería borrar algo de su recuerdo su cerebro, pero luego de unos segundos, recordaría que aquel momento tranquilo solo era un momento antes de una gran tormenta que pasaría. Luego de recordar nuevamente aquel momento de las bengalas y explosiones, este se le escapa una cara de cierta molestia, pero luego de un suspiro, este mira hacia abajo, luego a un costado y vería el cigarro, aún tirando humo. •] - creo que no estabas tan mal al final de todo... Quizás el siguiente cigarro si me matará aunque me dee un momento de alegría. [• luego de unos segundos y caer en cuenta que estaba hablando hacia un cigarro, esté rie ligeramente por la situación, antes de ir hacia la puerta nuevamente y entrar a su casa. •] •|| meee quedó sin ideas mi gente 🗣️🗣️🗣️ •||
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  • A Dream... I remember my Dream...
    Fandom Stranger Things
    Categoría Romance
    STARTER PARA [eclipse_platinum_elephant_535]

    Hubiera jurado y proclamado a los cuatro vientos que ella, Allyson Johnson, jamás podría fijarse en un tipo como él.

    Tal vez, si hubiera podido anticiparse, si aquello no hubiera sucedido de la noche a la mañana, habría hecho algo para impedirlo. Porque sí, Ally era de esas personas convencidas de que los sentimientos sí podían controlarse. Más aún si eras plenamente consciente de los tuyos. Y ella lo era. O le gustaba creer que lo era.

    Ally había tenido que crecer demasiado pronto. Su cabeza corría siempre un par de pasos por delante del resto: pensaba demasiado, analizaba todo, le dedicaba tiempo a cada gesto, a cada palabra, a cada silencio incómodo. Necesitaba comprenderlo todo, tenerlo bajo control, ordenar el mundo en cajitas mentales donde nada se saliera del guion.

    Pero una cosa había aprendido con los años —a fuerza de golpes que aún le dolían en rincones de la memoria que prefería no mirar—: no se puede tener todo bajo control.

    Y, mucho menos, los sueños.

    ________________________________________

    Había visto a ese tío, Eddie Munson, subido sobre una mesa del comedor del instituto, desgañitándose delante de todo el mundo como si la cafetería fuera su maldito escenario privado. Recorría los tablones con las botas mientras gritaba algo sobre ovejas, ovejeros y Hellfire, ganándose miradas de asco, risas y un par de “otra vez el puto Munson” susurrados entre bandejas grasientas.

    Ally recordaba haber rodado los ojos, apoyando el codo en la mesa.

    "¿Qué demonios hace? Menudo ridículo."

    Su ceño se arrugó, el labio se le frunció con esa expresión suya de juicio silencioso. Todo en su cuerpo decía “qué vergüenza ajena”. Y sin embargo, no consiguió apartar la mirada. Se quedó mirándolo, atrapada en una mezcla rara de rechazo y fascinación, como cuando no puedes dejar de mirar un accidente aunque sepas que te va a impresionar.

    El resto del día transcurrió con normalidad. Quedó con Ashley Thompson, su mejor amiga, hablaron de tonterías y deberes, y luego se fue a casa a estudiar. O a intentarlo.
    Nada fuera de lo habitual.

    ¿Quién iba a decirle que esa misma noche soñaría con el tipo que había caminado sobre la mesa como si fuera suya?
    ¿Y que al despertar, algo en ella ya no estaría en el mismo sitio?

    ________________________________________

    Al principio no entendió qué pasaba.

    Lo supo de verdad al volver a verlo, a la mañana siguiente, en clase de ciencias.
    Él llegó tarde, cómo no: la puerta se abrió con un golpe seco, el profesor hizo ese suspiro de resignación de siempre, y el murmullo de la clase se cortó un segundo.

    Allí estaba otra vez. Chaqueta de cuero, parches, pelo rizado cayéndole por la cara, el walkman colgando, esa sonrisa que siempre parecía ir a decir algo que no tocaba. El maldito Eddie Munson.

    El corazón de Ally reaccionó antes que su cabeza. Un latido seco, distinto, como si hubiera un eco. Como si algo se hubiera movido dentro de ella la noche anterior y solo ahora se estuviera despertando. Hubo un momento en el que sintió que se le aflojaban los dedos del bolígrafo. Y entonces, como un flash, como una diapositiva, el sueño regresó de golpe.

    Eddie.

    El mismo Eddie que en la vida real era exactamente el tipo de tío que Ally decía detestar: ruidoso, caótico, sin filtro, con fama de rarito y de fracasado repetidor. Todo lo que ella había aprendido a evitar.

    ¿Entonces por qué se le calentaban las mejillas ahora, sentada en su pupitre, cuando él cruzó la clase con total descaro?

    ¿Por qué sus piernas, siempre cruzadas bajo la mesa, se descruzaron inquietas, los pies tamborileando contra el suelo?

    Se apartó el pelo de la oreja en un gesto automático y dejó caer la melena rubia hacia delante, ocultando parte de su rostro, en un intento desesperado por esconderse. Desde allí, donde él estaba, si se giraba, podría verla de perfil. Y ella no estaba preparada para sostenerle la mirada sabiendo lo que había soñado.

    ________________________________________

    Ally no era una chica cualquiera. Al menos no por dentro.

    A simple vista, en Hawkins, era una buena alumna, pocas palabras, mirada que lo observa todo. El tipo de chica a la que nadie se atrevería a llamar friki, pero que tampoco encajaba con las animadoras. Un punto medio.

    Lo que nadie allí sabía es que aquel no era el único lugar raro en el que ella había estado.

    Antes de Hawkins hubo otro sitio.

    Derry, Maine.

    Un nombre que a veces le venía a la cabeza como una mancha y del que enseguida se olvidaba, como cuando intentabas recordar una palabra en otro idioma y se escapaba justo en el último segundo. Sabía que había vivido allí. Sabía que algo importante había pasado. Pero cuanto más intentaba reconstruirlo, más se desdibujaban los recuerdos.

    Recordaba cosas sueltas, fragmentos, sensaciones que no encajaban con nada que pudiera llamar “normal”.

    Un payaso en un desagüe, la voz de alguien susurrándole que fuera a bailar, el olor a óxido y alcantarilla mezclado con algo dulzón y nauseabundo.

    Flashes: Un globo rojo flotando donde no debería, una escalera hacia un sótano…

    Y luego estaban ellos.

    Un grupo de chicos y una chica pelirroja.

    Bicicletas. Un pequeño claro en el bosque que olía a verano, a barro y a sangre seca. Una caseta improvisada bajo tierra, llena de cómics, revistas viejas y botellas de refresco vacías…

    “Beep beep, Richie.”

    Recordaba una voz concreta, aguda y rápida, disparando chistes. Unas gafas enormes. Una camiseta siempre arrugada.

    Pero nunca conseguía ver bien su cara. Cuando intentaba enfocarla, el recuerdo se difuminaba. Solo quedaba la sensación: aquel cosquilleo caliente en el estómago, la mezcla rara entre el miedo, el deseo y la seguridad.

    Pero Ally decidió que todo aquello solo fueron pesadillas de cría y una imaginación demasiado activa. Era más fácil así. Más cómodo.

    Todo eso… había quedado atrás…

    ________________________________________

    Ahora, sentada en aquel pupitre, podía escuchar cómo el profesor empezaba a escribir fórmulas en la pizarra, agradeciendo que nadie pudiera escuchar sus pensamientos.

    Se obligó a mirar al frente. A copiar el título en el cuaderno. A tomar apuntes como si todo fuera normal. Como si el corazón no le estuviera golpeando las costillas cada vez que él se movía, cada vez que sus botas chocaban contra la pata de su silla.

    Intentó convencerse:
    Es solo un chico. Un chico que no te gusta. Alguien que representa todo lo que no quieres en tu vida. Punto.

    Pero el sueño volvía. Cada noche. Cada día.

    ________________________________________

    Al día siguiente, ella volvía a estar sentada en aquel pupitre.

    El profesor llegó, dejó la carpeta sobre la mesa y saludó a los alumnos.

    —Muy bien, clase. Antes de empezar —anunció, ajustándose las gafas—, os recuerdo que hoy se publican las parejas para el trabajo trimestral. Como sabéis, es obligatorio, cuenta el treinta por ciento de la nota final y tendrá que entregarse en dos semanas.

    Quejas, risas… Todos sabían que aquel trabajo era un suplicio.

    Ally sintió un nudo en el estómago.

    No era buena trabajando con otros. Nunca lo había sido. Prefería controlar cada detalle, cada página, cada palabra. Y la idea de depender de alguien le incomodaba más que cualquier examen.

    El profesor empezó a leer la lista.

    Apellidos, nombres. Alumnos que chocaban las manos cuando les tocaban con sus amigos. Otros que resoplaban resignados…

    Y entonces, llegó el momento.

    —Munson, Edward.

    Ally no respiró.

    —Johnson, Allyson.

    Lo escuchó antes de procesarlo.

    Su primera reacción fue automática: apretar los muslos bajo la mesa, esconder la cara tras el pelo, bajar la vista a la madera gastada del pupitre.

    Pero el profesor continuó, sin detenerse. Sin darles opción a negarse.

    —Los trabajos deberán tener una parte teórica y otra práctica. Podéis elegir temática dentro del temario de este trimestre. No se permiten cambios de pareja. Y, por favor… evitad copiaros entre vosotros; lo sabré.

    Hubo risas por detrás. Alguno soltó un comentario que no alcanzó a escuchar.

    —Al igual que sabré si el trabajo sólo lo hace uno de vosotros. ¿Entendido?

    Ella seguía petrificada. No quería mirarlo, pero acabó haciéndolo, y se encontró que él… ya la estaba mirando.

    Ally tragó saliva.

    Toda la sangre derramándosele a los pies.

    El sueño volvió como un latigazo.

    La sensación de haber cruzado un límite que ni siquiera comprendía.

    El profesor siguió hablando, dando instrucciones, detallando fechas, insistiendo en la importancia del trabajo. Pero ella apenas oía nada.

    “Trabajo en pareja.”
    “Dos semanas.”
    “Munson y Johnson.”

    Cuando por fin llegó el momento, cuando los demás empezaron a moverse para buscar a sus compañeros, Ally permaneció quieta, como si el asiento la estuviera aprisionando.

    Supo que debía mirarlo, que tarde o temprano tendría que hacerlo, pero fue incapaz.

    Giró la cabeza apenas unos centímetros.
    Y lo encontró. Ahí.
    Codo apoyado en la mesa, cuerpo ladeado hacia ella, mirada paciente. Como si estuviera esperando que reaccionara.

    STARTER PARA [eclipse_platinum_elephant_535] Hubiera jurado y proclamado a los cuatro vientos que ella, Allyson Johnson, jamás podría fijarse en un tipo como él. Tal vez, si hubiera podido anticiparse, si aquello no hubiera sucedido de la noche a la mañana, habría hecho algo para impedirlo. Porque sí, Ally era de esas personas convencidas de que los sentimientos sí podían controlarse. Más aún si eras plenamente consciente de los tuyos. Y ella lo era. O le gustaba creer que lo era. Ally había tenido que crecer demasiado pronto. Su cabeza corría siempre un par de pasos por delante del resto: pensaba demasiado, analizaba todo, le dedicaba tiempo a cada gesto, a cada palabra, a cada silencio incómodo. Necesitaba comprenderlo todo, tenerlo bajo control, ordenar el mundo en cajitas mentales donde nada se saliera del guion. Pero una cosa había aprendido con los años —a fuerza de golpes que aún le dolían en rincones de la memoria que prefería no mirar—: no se puede tener todo bajo control. Y, mucho menos, los sueños. ________________________________________ Había visto a ese tío, Eddie Munson, subido sobre una mesa del comedor del instituto, desgañitándose delante de todo el mundo como si la cafetería fuera su maldito escenario privado. Recorría los tablones con las botas mientras gritaba algo sobre ovejas, ovejeros y Hellfire, ganándose miradas de asco, risas y un par de “otra vez el puto Munson” susurrados entre bandejas grasientas. Ally recordaba haber rodado los ojos, apoyando el codo en la mesa. "¿Qué demonios hace? Menudo ridículo." Su ceño se arrugó, el labio se le frunció con esa expresión suya de juicio silencioso. Todo en su cuerpo decía “qué vergüenza ajena”. Y sin embargo, no consiguió apartar la mirada. Se quedó mirándolo, atrapada en una mezcla rara de rechazo y fascinación, como cuando no puedes dejar de mirar un accidente aunque sepas que te va a impresionar. El resto del día transcurrió con normalidad. Quedó con Ashley Thompson, su mejor amiga, hablaron de tonterías y deberes, y luego se fue a casa a estudiar. O a intentarlo. Nada fuera de lo habitual. ¿Quién iba a decirle que esa misma noche soñaría con el tipo que había caminado sobre la mesa como si fuera suya? ¿Y que al despertar, algo en ella ya no estaría en el mismo sitio? ________________________________________ Al principio no entendió qué pasaba. Lo supo de verdad al volver a verlo, a la mañana siguiente, en clase de ciencias. Él llegó tarde, cómo no: la puerta se abrió con un golpe seco, el profesor hizo ese suspiro de resignación de siempre, y el murmullo de la clase se cortó un segundo. Allí estaba otra vez. Chaqueta de cuero, parches, pelo rizado cayéndole por la cara, el walkman colgando, esa sonrisa que siempre parecía ir a decir algo que no tocaba. El maldito Eddie Munson. El corazón de Ally reaccionó antes que su cabeza. Un latido seco, distinto, como si hubiera un eco. Como si algo se hubiera movido dentro de ella la noche anterior y solo ahora se estuviera despertando. Hubo un momento en el que sintió que se le aflojaban los dedos del bolígrafo. Y entonces, como un flash, como una diapositiva, el sueño regresó de golpe. Eddie. El mismo Eddie que en la vida real era exactamente el tipo de tío que Ally decía detestar: ruidoso, caótico, sin filtro, con fama de rarito y de fracasado repetidor. Todo lo que ella había aprendido a evitar. ¿Entonces por qué se le calentaban las mejillas ahora, sentada en su pupitre, cuando él cruzó la clase con total descaro? ¿Por qué sus piernas, siempre cruzadas bajo la mesa, se descruzaron inquietas, los pies tamborileando contra el suelo? Se apartó el pelo de la oreja en un gesto automático y dejó caer la melena rubia hacia delante, ocultando parte de su rostro, en un intento desesperado por esconderse. Desde allí, donde él estaba, si se giraba, podría verla de perfil. Y ella no estaba preparada para sostenerle la mirada sabiendo lo que había soñado. ________________________________________ Ally no era una chica cualquiera. Al menos no por dentro. A simple vista, en Hawkins, era una buena alumna, pocas palabras, mirada que lo observa todo. El tipo de chica a la que nadie se atrevería a llamar friki, pero que tampoco encajaba con las animadoras. Un punto medio. Lo que nadie allí sabía es que aquel no era el único lugar raro en el que ella había estado. Antes de Hawkins hubo otro sitio. Derry, Maine. Un nombre que a veces le venía a la cabeza como una mancha y del que enseguida se olvidaba, como cuando intentabas recordar una palabra en otro idioma y se escapaba justo en el último segundo. Sabía que había vivido allí. Sabía que algo importante había pasado. Pero cuanto más intentaba reconstruirlo, más se desdibujaban los recuerdos. Recordaba cosas sueltas, fragmentos, sensaciones que no encajaban con nada que pudiera llamar “normal”. Un payaso en un desagüe, la voz de alguien susurrándole que fuera a bailar, el olor a óxido y alcantarilla mezclado con algo dulzón y nauseabundo. Flashes: Un globo rojo flotando donde no debería, una escalera hacia un sótano… Y luego estaban ellos. Un grupo de chicos y una chica pelirroja. Bicicletas. Un pequeño claro en el bosque que olía a verano, a barro y a sangre seca. Una caseta improvisada bajo tierra, llena de cómics, revistas viejas y botellas de refresco vacías… “Beep beep, Richie.” Recordaba una voz concreta, aguda y rápida, disparando chistes. Unas gafas enormes. Una camiseta siempre arrugada. Pero nunca conseguía ver bien su cara. Cuando intentaba enfocarla, el recuerdo se difuminaba. Solo quedaba la sensación: aquel cosquilleo caliente en el estómago, la mezcla rara entre el miedo, el deseo y la seguridad. Pero Ally decidió que todo aquello solo fueron pesadillas de cría y una imaginación demasiado activa. Era más fácil así. Más cómodo. Todo eso… había quedado atrás… ________________________________________ Ahora, sentada en aquel pupitre, podía escuchar cómo el profesor empezaba a escribir fórmulas en la pizarra, agradeciendo que nadie pudiera escuchar sus pensamientos. Se obligó a mirar al frente. A copiar el título en el cuaderno. A tomar apuntes como si todo fuera normal. Como si el corazón no le estuviera golpeando las costillas cada vez que él se movía, cada vez que sus botas chocaban contra la pata de su silla. Intentó convencerse: Es solo un chico. Un chico que no te gusta. Alguien que representa todo lo que no quieres en tu vida. Punto. Pero el sueño volvía. Cada noche. Cada día. ________________________________________ Al día siguiente, ella volvía a estar sentada en aquel pupitre. El profesor llegó, dejó la carpeta sobre la mesa y saludó a los alumnos. —Muy bien, clase. Antes de empezar —anunció, ajustándose las gafas—, os recuerdo que hoy se publican las parejas para el trabajo trimestral. Como sabéis, es obligatorio, cuenta el treinta por ciento de la nota final y tendrá que entregarse en dos semanas. Quejas, risas… Todos sabían que aquel trabajo era un suplicio. Ally sintió un nudo en el estómago. No era buena trabajando con otros. Nunca lo había sido. Prefería controlar cada detalle, cada página, cada palabra. Y la idea de depender de alguien le incomodaba más que cualquier examen. El profesor empezó a leer la lista. Apellidos, nombres. Alumnos que chocaban las manos cuando les tocaban con sus amigos. Otros que resoplaban resignados… Y entonces, llegó el momento. —Munson, Edward. Ally no respiró. —Johnson, Allyson. Lo escuchó antes de procesarlo. Su primera reacción fue automática: apretar los muslos bajo la mesa, esconder la cara tras el pelo, bajar la vista a la madera gastada del pupitre. Pero el profesor continuó, sin detenerse. Sin darles opción a negarse. —Los trabajos deberán tener una parte teórica y otra práctica. Podéis elegir temática dentro del temario de este trimestre. No se permiten cambios de pareja. Y, por favor… evitad copiaros entre vosotros; lo sabré. Hubo risas por detrás. Alguno soltó un comentario que no alcanzó a escuchar. —Al igual que sabré si el trabajo sólo lo hace uno de vosotros. ¿Entendido? Ella seguía petrificada. No quería mirarlo, pero acabó haciéndolo, y se encontró que él… ya la estaba mirando. Ally tragó saliva. Toda la sangre derramándosele a los pies. El sueño volvió como un latigazo. La sensación de haber cruzado un límite que ni siquiera comprendía. El profesor siguió hablando, dando instrucciones, detallando fechas, insistiendo en la importancia del trabajo. Pero ella apenas oía nada. “Trabajo en pareja.” “Dos semanas.” “Munson y Johnson.” Cuando por fin llegó el momento, cuando los demás empezaron a moverse para buscar a sus compañeros, Ally permaneció quieta, como si el asiento la estuviera aprisionando. Supo que debía mirarlo, que tarde o temprano tendría que hacerlo, pero fue incapaz. Giró la cabeza apenas unos centímetros. Y lo encontró. Ahí. Codo apoyado en la mesa, cuerpo ladeado hacia ella, mirada paciente. Como si estuviera esperando que reaccionara.
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  • Bondrewd exhaló despacio, dejando que el vapor del café calentara ligeramente su rostro en aquella fría mañana, si bien no era la mejor bebida del mundo era mejor a nada, de hecho aquel café sabía a filtro olvidado y resignación pero cumplía su función, El caso de la mañana había sido un caos y el papeleo posterior, una tortura-

    -Se recargó en la mesa del área común, observando la taza como si en ella pudiera encontrar respuestas.
    Un par de carpetas mal apiladas, un bolígrafo que ya no escribía y una mancha de café que no recordaba haber hecho-

    Perfecto.....que sigue ahora....

    -Le dio otro sorbo al café, mientras miraba el reloj de pared con paciencia forzada, Estaba a punto de volver a su escritorio cuando escuchó pasos aproximarse desde el pasillo, No levantó la vista enseguida se quedó a disfrutar los pocos segundos antes de la tormenta mientras tenía una sonrisa con un aire tranquilo, como quien ya sabe que la situación podría complicarse-

    Espera.....si viene a regañarme por tomarme cinco minutos de descanso, al menos deje que termine el café, si su queja no puede esperar hay un buzón de sugerencias en la entrada...

    -Al fin giró el rostro, una media sonrisa formándose en sus labios, mezcla de cortesía y provocación meditada-

    Pero… si no viene por eso, adelante el café está caliente y apenas rellenaron la máquina de pastelillos
    Bondrewd exhaló despacio, dejando que el vapor del café calentara ligeramente su rostro en aquella fría mañana, si bien no era la mejor bebida del mundo era mejor a nada, de hecho aquel café sabía a filtro olvidado y resignación pero cumplía su función, El caso de la mañana había sido un caos y el papeleo posterior, una tortura- -Se recargó en la mesa del área común, observando la taza como si en ella pudiera encontrar respuestas. Un par de carpetas mal apiladas, un bolígrafo que ya no escribía y una mancha de café que no recordaba haber hecho- Perfecto.....que sigue ahora.... -Le dio otro sorbo al café, mientras miraba el reloj de pared con paciencia forzada, Estaba a punto de volver a su escritorio cuando escuchó pasos aproximarse desde el pasillo, No levantó la vista enseguida se quedó a disfrutar los pocos segundos antes de la tormenta mientras tenía una sonrisa con un aire tranquilo, como quien ya sabe que la situación podría complicarse- Espera.....si viene a regañarme por tomarme cinco minutos de descanso, al menos deje que termine el café, si su queja no puede esperar hay un buzón de sugerencias en la entrada... -Al fin giró el rostro, una media sonrisa formándose en sus labios, mezcla de cortesía y provocación meditada- Pero… si no viene por eso, adelante el café está caliente y apenas rellenaron la máquina de pastelillos
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  • - ¡Leave!, estos filtros son curiosos, ¡miau!
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  • -habian estado llegando muchas afirmaciones y rumores en la prensa, como tambien varios paparazzi trataban de seguir la vida de angela, ya que al parecer alguien filtro una imagen de su prometida, con otra mujer en una tienda aunque no era mi asunto no queria que siguieran molestando por lo cual me diriji a dar un comunicado, frenando y sacando esa imagen de todos lados para que dejara de estar en revistas y paginas web, suspirando levemente sacando mi teléfono llamando a angela y con voz risueña dije-

    Deberias ver las redes, la imagen ya no existe

    -dije mientras entraba en la empresa, llendo a mi oficina desordenando mi cabello-

    Si vuelves a tener mas problemas llamame sin problemas

    Angela Di Trapani
    -habian estado llegando muchas afirmaciones y rumores en la prensa, como tambien varios paparazzi trataban de seguir la vida de angela, ya que al parecer alguien filtro una imagen de su prometida, con otra mujer en una tienda aunque no era mi asunto no queria que siguieran molestando por lo cual me diriji a dar un comunicado, frenando y sacando esa imagen de todos lados para que dejara de estar en revistas y paginas web, suspirando levemente sacando mi teléfono llamando a angela y con voz risueña dije- Deberias ver las redes, la imagen ya no existe -dije mientras entraba en la empresa, llendo a mi oficina desordenando mi cabello- Si vuelves a tener mas problemas llamame sin problemas [haze_orange_shark_766]
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  • —Mermid le ha tomado una foto con filtro mientras usaba su traje,por alguna razon tiene sentimientos encontrados—
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    A veces me pregunto si los mortales comprenden el peso de un sueño. No es un simple escape, no, es una verdad sin filtros, un rostro que se revela cuando la conciencia duerme. Yo los observo en su vulnerabilidad y aún así, es allí donde más fuertes son.

    Miran el descanso como un fin del día. Para mí, es el principio de todo.

    Los he visto llorar en sus sueños por cosas que no se atreven a decir en la vigilia. He visto a niños volar sin alas, a viejos danzar sin huesos, a amantes reencontrarse en mundos que solo existen cuando cierran los ojos.

    Y sin embargo… nadie recuerda mi rostro.

    Tal vez está bien así. No necesito ser recordado, solo sentido. Como el recuerdo de una canción que alguna vez amaron, o un recuerdo que acaricia la memoria justo antes de dormir.

    Yo no soy quien sueña. Soy quien guarda los fragmentos rotos, quien da forma al silencio y lo vuelve susurro.

    Y cada noche, cuando me disuelvo en la penumbra, me permito un instante de melancolía.

    Porque incluso el dios de los sueños... también desea, a veces, ser soñado...
    A veces me pregunto si los mortales comprenden el peso de un sueño. No es un simple escape, no, es una verdad sin filtros, un rostro que se revela cuando la conciencia duerme. Yo los observo en su vulnerabilidad y aún así, es allí donde más fuertes son. Miran el descanso como un fin del día. Para mí, es el principio de todo. Los he visto llorar en sus sueños por cosas que no se atreven a decir en la vigilia. He visto a niños volar sin alas, a viejos danzar sin huesos, a amantes reencontrarse en mundos que solo existen cuando cierran los ojos. Y sin embargo… nadie recuerda mi rostro. Tal vez está bien así. No necesito ser recordado, solo sentido. Como el recuerdo de una canción que alguna vez amaron, o un recuerdo que acaricia la memoria justo antes de dormir. Yo no soy quien sueña. Soy quien guarda los fragmentos rotos, quien da forma al silencio y lo vuelve susurro. Y cada noche, cuando me disuelvo en la penumbra, me permito un instante de melancolía. Porque incluso el dios de los sueños... también desea, a veces, ser soñado...
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