• ¿Qué será peor? ¿Fantasmas? ¿Aliens? ¿Servicio al cliente?
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  • Supongo que los fantasmas no necesitan que los recuerdes para seguirte. Solo necesitan que sigas viva.
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  • — Sabes lo que dicen, trabajar para vivir y vivir para trabajar.— Movió su cabeza y solo afirmó sus palabras, mientras tanto el silencio gobernaba la sala. — ¿Los fantasmas también necesitan currículum? ¿Les dan días de descanso?. ¿Vacaciones pagadas?. —
    — Sabes lo que dicen, trabajar para vivir y vivir para trabajar.— Movió su cabeza y solo afirmó sus palabras, mientras tanto el silencio gobernaba la sala. — ¿Los fantasmas también necesitan currículum? ¿Les dan días de descanso?. ¿Vacaciones pagadas?. —
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  • Drizz Whirlpool Owen Weekes [Luego de un fin de semana bastante acontecido con celebraciones. Bianca por fin tiene tiempo de sentarse en el sofá. Sin embargo se percata de que su departamento esta cada vez más "poblado"]

    A ver... No entiendo... ¿En que momento adopté a 2 fantasmas, 1 archimago y al mismisimo Cthulhu?. Ni idea... Owen comprendo que no tiene a dónde ir. Pero.. Oye Drizz, tu tienes casa que yo sepa. ¿Cuándo vuelves a tu cabaña en la nieve esa de la que tanto te jactas?. Así podrías llevarte a Kyrie contigo. Y Cthulhu es mi ídolo pero come demasiado. Me dejará en la quiebra y cuándo se hace grande puede destruir el edificio.
    [specter_gold_magician_349] [Ghostly_Singer_Spectrum] [Luego de un fin de semana bastante acontecido con celebraciones. Bianca por fin tiene tiempo de sentarse en el sofá. Sin embargo se percata de que su departamento esta cada vez más "poblado"] A ver... No entiendo... ¿En que momento adopté a 2 fantasmas, 1 archimago y al mismisimo Cthulhu?. Ni idea... Owen comprendo que no tiene a dónde ir. Pero.. Oye Drizz, tu tienes casa que yo sepa. ¿Cuándo vuelves a tu cabaña en la nieve esa de la que tanto te jactas?. Así podrías llevarte a Kyrie contigo. Y Cthulhu es mi ídolo pero come demasiado. Me dejará en la quiebra y cuándo se hace grande puede destruir el edificio. :STK-31:
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  • [Escena: Es un atardecer en una iglesia cuyo dios ha sido olvidado. Casi vacía, la gente llega usualmente a descansar y rezar por sus respectivos dioses.

    Elizabeth está sentada dentro de la cabina de confesiones. En el lado de escucharlas de las personas. Ella apenas y puede ver sus rostros por los patrones de la madera recién pulida. Esta ciudad le pidió un favor: atender las iglesias. Y más que nada, hacer algunas "labores" divinas de clériga Para el desdén de Elizabeth. Ella no sabe ni tres cuartos sobre ser clériga Pero la gente, al escuchar sobre ella siendo bendecida por los dioses, pensaron ella seria apta para esta labor.

    Ella espera y espera. Hasta escuchar a ~tu personaje~ entrar a la cabina por la puerta del otro lado. Ella se sorprende un poco. No esperaba que alguien viniera buscando confesarse. Aún más en una iglesia sin un dios. Aunque pensándolo bien, si no tienes un dios, no tienes a qué temerle. Confesarte en ese sentido es solo una limpieza de conciencia. Liberar fantasmas internos.

    "Bienvenido, adelante. Confiesa lo que gustes. No importa lo grande o pequeño que esto sea."

    Le invita ella a sacar sus males y dudas que sientan amenazar sus corazones... los pesos de la conciencia. La voz de Elizabeth es suave como seda, dulce y femenina como esferas de azúcar.
    [Escena: Es un atardecer en una iglesia cuyo dios ha sido olvidado. Casi vacía, la gente llega usualmente a descansar y rezar por sus respectivos dioses. Elizabeth está sentada dentro de la cabina de confesiones. En el lado de escucharlas de las personas. Ella apenas y puede ver sus rostros por los patrones de la madera recién pulida. Esta ciudad le pidió un favor: atender las iglesias. Y más que nada, hacer algunas "labores" divinas de clériga Para el desdén de Elizabeth. Ella no sabe ni tres cuartos sobre ser clériga Pero la gente, al escuchar sobre ella siendo bendecida por los dioses, pensaron ella seria apta para esta labor. Ella espera y espera. Hasta escuchar a ~tu personaje~ entrar a la cabina por la puerta del otro lado. Ella se sorprende un poco. No esperaba que alguien viniera buscando confesarse. Aún más en una iglesia sin un dios. Aunque pensándolo bien, si no tienes un dios, no tienes a qué temerle. Confesarte en ese sentido es solo una limpieza de conciencia. Liberar fantasmas internos. "Bienvenido, adelante. Confiesa lo que gustes. No importa lo grande o pequeño que esto sea." Le invita ella a sacar sus males y dudas que sientan amenazar sus corazones... los pesos de la conciencia. La voz de Elizabeth es suave como seda, dulce y femenina como esferas de azúcar.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    || Así como he estipulado en las "Reglas" al aceptar a personas en este perfil, comienzo la depuración de "fantasmas"... ||
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  • No soy de advertir pero… no tolero cuentas fantasmas (que agregan y nunca hablan mientras hablan con otros)

    Por lo que cada cierto tiempo haré limpieza, hoy no toca así que aún se está a tiempo pero si no hablan luego de un rato, lo siento y los saco, ya no les volvería aceptar la solicitud


    Gracias
    No soy de advertir pero… no tolero cuentas fantasmas (que agregan y nunca hablan mientras hablan con otros) Por lo que cada cierto tiempo haré limpieza, hoy no toca así que aún se está a tiempo pero si no hablan luego de un rato, lo siento y los saco, ya no les volvería aceptar la solicitud Gracias
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  • <<— Ahora quiero que me digas una cosa… — Mencionó Giovanni, había iniciado un interrogatorio en uno de los almacenes vacíos en ruinas que estaba a punto de colapsar, y el ayuntamiento había clausurado por la peligrosidad de su estructura. —... que me digas, ¿Quién atacó mi villa en Cagliari? — Cuestionó con una frialdad como los hielos perpetuos de Siberia Oriental.

    — Te lo diré una sola vez. Hago mi retiro personal cada año durante 4 semanas a Siberia… y cuando regreso a casa descubro que el personal y mis perros ahora están en el otro mundo… y mi esposa está desaparecida. — Narró haciéndole saber al hombre cautivo que se encontraba ante una cuestión realmente delicada, en especial al tratarse como el encargado de seguridad y acceso a su villa, ahora destruida. — Y sólo tú sobreviviste, mi jefe de seguridad en la casa. ¿Conveniente? Quizás… ¿Coincidencia? Posiblemente.—

    Había ordenado que lo trajeran directamente a San Petersburgo mientras se encontraba de viaje hacia su país natal para reunirse con la Reina, más la noticia viajó rápido a sus oidos y a Dimitri de lo ocurrido en Italia. Pero la historia era la misma, algo así como un monstruo atacó, sólo uno acabó con todos. O esas fueron sus palabras. Giovanni se había mantenido en un dejo de incredulidad y escepticismo, ante la historia tan fantástica que había relatado el guardia. Él siempre fue alguien centrado, objetivo y lógico, una historia de fantasmas y seres inexistentes no le iba a alterar los nervios sin pruebas sólidas.

    Insistió demasiadas veces, bajo tortura, intensa presión, misma que se había aplicado en el ejército e incluso en los servicios secretos, pero nada dio resultado, estaba estancado en la respuesta. Decía la verdad. Incluso se había animado a jugar Ajedrez con él para mantener una charla más “humana” y que a mitad de juego aquel bajara la guardia para soltar la sopa, pero el resultado fue el mismo. Ni siquiera las amenazas de cortarle los párpados, los dedos… o extirpar sus órganos y mandarlos al mercado negro. Nada…

    Repentinamente, el cuerpo del interrogado cayó al suelo. No hubo detonación de ningún arma de fuego, no hubo siquiera unas últimas palabras para su familia. No hubo despedida formal o promesa de manutención a la familia del hombre. La única promesa fue el no tocar a la misma… Fue un cuchillo arrojadizo lo que terminó con la vida de aquel sujeto, una cuchilla que voló desde la mano de Giovanni hasta la frente del mismo, un tiro limpio y sin intentos previamente practicados.

    Se retiró del sitio, aquel interrogatorio sólo generó más preguntas que respuestas. ¿Estaba molesto? Definitivamente ¿Iba a permitir que eso le distrajera? No, los negocios a los negocios, y el corazón al olvido para no flaquear… ya después tendría tiempo para cualquier venganza. Pero por ahora, debía enfocarse en los negocios... >>
    <<— Ahora quiero que me digas una cosa… — Mencionó Giovanni, había iniciado un interrogatorio en uno de los almacenes vacíos en ruinas que estaba a punto de colapsar, y el ayuntamiento había clausurado por la peligrosidad de su estructura. —... que me digas, ¿Quién atacó mi villa en Cagliari? — Cuestionó con una frialdad como los hielos perpetuos de Siberia Oriental. — Te lo diré una sola vez. Hago mi retiro personal cada año durante 4 semanas a Siberia… y cuando regreso a casa descubro que el personal y mis perros ahora están en el otro mundo… y mi esposa está desaparecida. — Narró haciéndole saber al hombre cautivo que se encontraba ante una cuestión realmente delicada, en especial al tratarse como el encargado de seguridad y acceso a su villa, ahora destruida. — Y sólo tú sobreviviste, mi jefe de seguridad en la casa. ¿Conveniente? Quizás… ¿Coincidencia? Posiblemente.— Había ordenado que lo trajeran directamente a San Petersburgo mientras se encontraba de viaje hacia su país natal para reunirse con la Reina, más la noticia viajó rápido a sus oidos y a Dimitri de lo ocurrido en Italia. Pero la historia era la misma, algo así como un monstruo atacó, sólo uno acabó con todos. O esas fueron sus palabras. Giovanni se había mantenido en un dejo de incredulidad y escepticismo, ante la historia tan fantástica que había relatado el guardia. Él siempre fue alguien centrado, objetivo y lógico, una historia de fantasmas y seres inexistentes no le iba a alterar los nervios sin pruebas sólidas. Insistió demasiadas veces, bajo tortura, intensa presión, misma que se había aplicado en el ejército e incluso en los servicios secretos, pero nada dio resultado, estaba estancado en la respuesta. Decía la verdad. Incluso se había animado a jugar Ajedrez con él para mantener una charla más “humana” y que a mitad de juego aquel bajara la guardia para soltar la sopa, pero el resultado fue el mismo. Ni siquiera las amenazas de cortarle los párpados, los dedos… o extirpar sus órganos y mandarlos al mercado negro. Nada… Repentinamente, el cuerpo del interrogado cayó al suelo. No hubo detonación de ningún arma de fuego, no hubo siquiera unas últimas palabras para su familia. No hubo despedida formal o promesa de manutención a la familia del hombre. La única promesa fue el no tocar a la misma… Fue un cuchillo arrojadizo lo que terminó con la vida de aquel sujeto, una cuchilla que voló desde la mano de Giovanni hasta la frente del mismo, un tiro limpio y sin intentos previamente practicados. Se retiró del sitio, aquel interrogatorio sólo generó más preguntas que respuestas. ¿Estaba molesto? Definitivamente ¿Iba a permitir que eso le distrajera? No, los negocios a los negocios, y el corazón al olvido para no flaquear… ya después tendría tiempo para cualquier venganza. Pero por ahora, debía enfocarse en los negocios... >>
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  • ---

    En este espacio en el que la tumba del frío;
    Hurta transida mi orgullo, te encontré, mi destello de la mañana.
    Agua clara, agua de cascada plena,
    vivo en el relicario de la tarde.
    y ya no existe ni mañanas, ni noches para mí.
    Porque mi Sol de media tarde, en el invierno de mi vida;
    perdura como una llama, tan de lejana mortandad.

    En el claroscuro de mi frente.

    Oh, si pudiera conmover al relicario de tus irises,
    Oh, si este sueño, consume, mi existencia sentida,
    ya no tendría.
    Un sutil esgrimido, de ser antecesor de fantasmas de ayeres;
    Más poderosa que el mismo Amor;
    En el que eres, vendaval,
    Y me retienes en los ojos de tus huracanes,
    como un engendro de ese sentimiento,
    que no hace caer más que a los ángeles en el pecado.

    La gratitud de un ser que no vislumbra, si propio atardecer;
    en un atardecer que sangra entre cartas que se callaron,
    y que fueron fumarolas de olvido.
    Y si acaso el olvido es ese un espacio, de sesgos de tardes, noches y mañanas,
    No podría si no darte, reina de las nieves,
    los suspiros que manan de mi más mortal sonrisa.

    ¿Soy un ángel que ha sido expulsado del cielo gracias a tu amor?

    Esta eres, mi canción virtuosa.
    En la que tenso las cuerdas de los violines, y creo con las trenzas,
    solo, y tan sólo para acreditarme como tuyo.

    Enterré, en los elíseos de la Luna, mi propio corazón;
    Pero, Tú, mi esperanza de valioso esgrimido.
    Construiste un exorcismo en la Soledad;
    como quién batalla con la muerte misma,
    que me ha tocado con labios de afluentes amores,
    mucho antes de existir en este plano de ardiente vida.

    Y entonces me vi contar mis rosas,
    Y me tendí en la concentración de un espacio, en el que medito,
    Reemplacé las lámparas del cielo,
    Y mi negro corazón se corrompió por el color, de tus propios labios,
    que, al arribar la claridad de una mañana fría, se torna más pérfida.

    Y me te vi danzar entre los árboles.
    Te sentí robar entre mis templos lo más preciado,
    Y en cada Aurora, con la que cada rubor de una nube sagrada,
    me escudé con un temple de acero.

    Oh, pero en este, el alba, cada vez que te hallaba;
    Mi corazón, conmovido por la alegría, se encontraba en su ser,
    lo callado del violín,
    de esa astuta Luna,
    tan celosa de haberte conocido.

    [tidal_green_hippo_246]
    --- En este espacio en el que la tumba del frío; Hurta transida mi orgullo, te encontré, mi destello de la mañana. Agua clara, agua de cascada plena, vivo en el relicario de la tarde. y ya no existe ni mañanas, ni noches para mí. Porque mi Sol de media tarde, en el invierno de mi vida; perdura como una llama, tan de lejana mortandad. En el claroscuro de mi frente. Oh, si pudiera conmover al relicario de tus irises, Oh, si este sueño, consume, mi existencia sentida, ya no tendría. Un sutil esgrimido, de ser antecesor de fantasmas de ayeres; Más poderosa que el mismo Amor; En el que eres, vendaval, Y me retienes en los ojos de tus huracanes, como un engendro de ese sentimiento, que no hace caer más que a los ángeles en el pecado. La gratitud de un ser que no vislumbra, si propio atardecer; en un atardecer que sangra entre cartas que se callaron, y que fueron fumarolas de olvido. Y si acaso el olvido es ese un espacio, de sesgos de tardes, noches y mañanas, No podría si no darte, reina de las nieves, los suspiros que manan de mi más mortal sonrisa. ¿Soy un ángel que ha sido expulsado del cielo gracias a tu amor? Esta eres, mi canción virtuosa. En la que tenso las cuerdas de los violines, y creo con las trenzas, solo, y tan sólo para acreditarme como tuyo. Enterré, en los elíseos de la Luna, mi propio corazón; Pero, Tú, mi esperanza de valioso esgrimido. Construiste un exorcismo en la Soledad; como quién batalla con la muerte misma, que me ha tocado con labios de afluentes amores, mucho antes de existir en este plano de ardiente vida. Y entonces me vi contar mis rosas, Y me tendí en la concentración de un espacio, en el que medito, Reemplacé las lámparas del cielo, Y mi negro corazón se corrompió por el color, de tus propios labios, que, al arribar la claridad de una mañana fría, se torna más pérfida. Y me te vi danzar entre los árboles. Te sentí robar entre mis templos lo más preciado, Y en cada Aurora, con la que cada rubor de una nube sagrada, me escudé con un temple de acero. Oh, pero en este, el alba, cada vez que te hallaba; Mi corazón, conmovido por la alegría, se encontraba en su ser, lo callado del violín, de esa astuta Luna, tan celosa de haberte conocido. [tidal_green_hippo_246]
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  • ― El campo de batalla sigue exigiendo la presencia incluso de fantasmas como nosotros, de reliquias que, a todas luces, pudrirse en los anaqueles del olvido deberían.

    ¿Son mi presencia aquí y mi añoranza por sentir el calor del acero y sangre una vez más, prueba de que este mundo le ha fallado a sus nuevas generaciones? ¿O es sólo evidencia de mi obstinación, un sabueso viejo al que más trucos no es posible enseñarle?
    ― El campo de batalla sigue exigiendo la presencia incluso de fantasmas como nosotros, de reliquias que, a todas luces, pudrirse en los anaqueles del olvido deberían. ¿Son mi presencia aquí y mi añoranza por sentir el calor del acero y sangre una vez más, prueba de que este mundo le ha fallado a sus nuevas generaciones? ¿O es sólo evidencia de mi obstinación, un sabueso viejo al que más trucos no es posible enseñarle?
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